Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5463243
No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 55 - ver ahora
Transcripción completa

Se ha puesto en contacto conmigo

un empresario criado en el barrio.

Le tiene mucho cariño al Mercado.

Dice que hará todo lo posible para salvarlo.

Para empezar se ha comprometido en donar el material

y la mano de obra necesaria para acabar las obras de la cubierta.

(PAOLO) ¡Pero bueno! -¡Es maravilloso!

-¿De verdad tú te crees

que iba a plantearme ni por un segundo estar contigo?

Cristina, no vuelvas a hablarme nunca más, Cristina, ¿entiendes?

¡Nunca más!

-¿Pasa algo? -Te voy a partir la cara.

-¿Queréis parar ya?

-¡Díselo a este! ¿Quién se cree?

-¡Es mi profesor de fotografía, papá! -¿Papá?

-¿Le has comprado la casa a Valeria?

Vamos a ver, vamos a ver...

¿Qué sentido tiene esto? Ya no estás con ella.

-Tengo mis motivos, ¿mmm?

-Ya.

Y me imagino que no serán buenos precisamente, ¿no?

-Gracias por escucharme.

Y me alegro de que hayamos solucionado las cosas.

Quién lo iba a decir, después de cómo empezamos.

-Sí. Yo también me alegro.

No la ha echado, ¿no?

Me dijiste que no querías ser

un mentiroso y un cínico como tu padre.

¿Es así como vas a hacerlo?

No.

No, no la echó.

Ella ha roto el contrato y lo ha dejado plantado.

Pienso que nunca has sentido nada por mí.

Jorge, yo solo intento que tengamos una buena relación.

¿No te das cuenta? Eres muy falsa.

¡Eso no es verdad! Pues no te creo, Celia.

Contigo todo es mentira. ¡Yo no soy falsa!

¡Falsa y cobarde! Jorge.

¿Pero qué haces?

Un amigo suyo que trabaja en el Ayuntamiento

ha dicho que tirarán la casa.

Para que supiéramos que él no tenía nada que ver.

-¿Cómo que la van a tirar? -El nuevo dueño no ha dejado dudas.

Un mensajero.

Ha traído esto.

¿Le has comprado un anillo?

No, papá. No es mío.

Este anillo es de Adela.

Jorge.

No podemos dejar esto así. Debemos hablar.

Perdóname, lo siente. No he podido controlarme.

Lo que pasa es que...

Es que me ha agobiado mucho la idea de perderte.

Vale.

¿Qué se supone que tengo que hacer ahora, Celia?

Escucharme.

Yo sé que lo nuestro no va a ningún sitio,

sobre todo porque está Lorena.

Pero... no me gustaría perderte como amigo.

Como amigo.

Un amigo que un día lo miras como si tuviera la peste

y al siguiente lo besas.

Lo siento, perdóname.

Es que me dijiste que era una falsa...

Lo he provocado yo.

No, no, no.

Pero no quiero que pienses eso. Y por eso me besas.

Arramplas con todo, Celia.

Te da igual lo que les pase a los demás con tus idas y venidas.

Es para hacérselo mirar.

Jorge, yo... No he terminado, Celia.

No he terminado.

Mira, al principio, te lo justificaba todo.

Pensaba que no debía ser fácil tu situación:

la pérdida de tu marido, la relación con tu hijo,

tu suegra, tu situación profesional.

Y me decía:

"Bah, Jorge, no se lo tengas en cuenta,

lo está pasando mal".

Pero ahora no... ahora no lo sé.

No tengo ni idea de por qué haces esto.

¿Quieres hacerme más daño?

¿De verdad piensas eso de mí?

Déjame respirar, por favor.

Deja de dar bandazos.

Estoy con Lorena y yo estoy bien, ¿eh?

Lo mío con ella va en serio.

Ella tiene muy claro lo que siente. Y yo también.

Bueno, entonces no soy la única que da bandazos, ¿no?

Lo tuyo es increíble.

No, tengo razón.

Tú decías que estabas enamorado de mí

y has tardado muy poco en encontrar a otra.

Esto no va de mí, Celia.

Va de tus dudas, de tus miedos,

de tus caprichos.

A partir de ahora, vamos a hablar solo de temas profesionales.

Lo que tenga que ver con el Mercado.

¿Esto te ha quedado claro?

Genial.

Solo hace falta que lo cumplas.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

(SUSPIRA)

(Timbre)

(Timbre)

(Timbre)

¿Qué haces aquí?

¿Dónde está?

Es tardísimo, Elías.

Bueno, siento mucho las horas,

pero necesito hablar con ella. Adela está dormida.

Bueno, pues despiértala. ¿No puedes hablar con ella mañana?

No, tiene que ser ahora. Por favor, despiértala.

Elías...

¿Qué pasa? ¿Por qué me haces esto?

Lo siento, Celia.

¿Puedes dejarnos un par de minutos?

Será solo eso, te lo aseguro. Sí.

¿Qué haces aquí, molestando a estas horas?

¿Y esto a que viene?

¿Eh? El paquetito, todo. ¿A qué viene?

Pues está bastante claro, ¿no te parece?

No quiero saber ya nada más de ti, Elías.

Y ese anillo...

Ese anillo ya no pinta nada en mi mano.

¿Lo estás diciendo en serio?

¿Toda una vida juntos y se acabó, así, por las buenas?

No, no puede acabar así.

Pues yo creo que sí.

Este matrimonio está roto, Elías.

Y no he sido yo la que se lo ha cargado.

Lo siento.

He metido la pata, la pata, no, la he cagado.

Peor no lo podía haber hecho, lo siento.

Pero he cambiado, he cambiado, Adela.

Despedí a Julia, te mandé el móvil. ¿Qué más quieres?

Lo que quieres que haga, lo haré.

Dame otra oportunidad.

No, Elías, no.

No hay más oportunidades.

¿Y sabes por qué?

Porque, a pesar de todo, me sigues mintiendo.

Tú no has despedido a Julia.

Te ha dejado. ¿Quién te ha dicho eso?

¿Lo ves?

No reconoces una verdad aunque te golpee en la cara.

¿Qué tengo que hacer con el móvil?

¿Ponerme como una histérica

a ver si encuentro un mensaje que te comprometa?

No soy tonta, Elías.

Ya me imagino que los habrás borrado todos.

Que no, que no, que no. Que no he borrado ninguno.

Te lo he mandado como estaba para que empecemos de cero.

¿Empezar de cero?

Claro.

Elías, yo ya no me fío de ti. Ya no.

No puedo después de... de tantas mentiras,

una detrás de otra.

Adela, te lo pido por lo que más quieras.

Tú.

Tú eras lo que más quería.

Y se ha acabado.

Así que no te hagas el dolido, porque tú tampoco me quieres.

No, no digas eso.

Porque yo te quiero con toda el alma.

No.

Si me quisieras, me respetarías y te pondrías en mi lugar.

Y no es el caso.

Esto se ha acabado.

Y, cuanto antes lo asumamos,

antes podremos seguir con nuestras vidas.

No, esto no se ha acabado, no me voy a rendir tan fácilmente.

Haz lo que quieras.

Ahora, por favor, márchate antes de que llame a la policía.

Si hace falta, podría pasarme con la documentación hoy mismo.

No, perfecto, cuanto antes empiece, mejor.

Sí, sí. Seguro que se pone muy contenta.

Hasta luego, muchísimas gracias.

-¿Tan temprano y ya trabajando?

¿No deberías desayunar primero? -No era una llamada de trabajo.

-Ah, ¿no? ¿Y entonces con quién hablabas?

-¿Te suena Jesús Carro?

-¿Que si me suena?

Ha sido finalista de World Photo un montón de veces. ¿Por?

-Se pondrá muy contento de saber que te encanten sus fotos.

-Sí, claro, es que hablo con él todos los días.

Me llama cada vez que duda sobre qué objetivo usar.

-Te he conseguido una plaza en su escuela.

-¿Qué dices?

-¿Qué? Pero ¿por qué?

-¿No la quieres?

-Estoy bien donde estoy.

-O sea, que no la quieres.

-Es muy complicado entrar. -A mí me lo vas a decir.

He tenido que mover Roma con Santiago para que te admitan.

Pero, bueno, por mi trabajo tengo buenos contactos.

-Ya. ¿Y la pasta?

Por lo que cobran por trimestre, pagas el curso entero de mi escuela.

-Bueno, por algo será, ¿no?

Pero no te preocupes, el dinero no es un problema.

Nos has demostrado que vas en serio con la fotografía,

así que ha llegado la hora de apostar por nuestra hija.

-¿Y cómo lo has conseguido?

Me parece muy raro que admitan alumnos con el curso ya empezado.

-Ya te lo he dicho, ha sido una odisea, te lo aseguro.

Tranquila, más tarde o más temprano, tu madre dará señales de vida.

-Cómo se nota que no es tu madre. ¿Y si le ha pasado algo?

-Ya nos habríamos enterado.

Las malas noticias corren aquí como la pólvora.

-Tienes un cuajo....

-¿Sabéis dónde está la abuela?

-¡Qué va, hijo! ¡Qué va! Nada, no sabemos nada.

No ha dicho a nadie dónde está, como si se la tragara la tierra.

-¿No estará en la casa de Comillas? -Qué va, tu madre llamó y no está.

(CHASQUEA LA LENGUA) Oye, mamá, ¿me guardas cuatro hamburguesas?

Tengo la nevera tiritando. Hace un siglo que no me das un táper.

-Ya, es que no tengo ganas de nada por lo de tu abuela.

-Anda, ya te vale.

En vez de darle más faena a tu madre, tendrías que estar aquí ayudando.

-Déjale en paz, bastante tiene él con ayudar al nuevo gerente.

No te preocupes, te pongo ocho para que congeles.

-Bueno, ¿y yo qué?

Yo tengo un lío que no veas y estoy dando el callo.

Así que, lo siento mucho, te necesitamos.

-Llevo dos días quedándome hasta las tantas a cerrar el puesto.

-Eh... Pues a ver qué hacemos. Aquí no damos abasto sin tu madre.

Te guste o no, tenemos que contratar a otra persona.

-No, no, no, no. No pienso contratar a nadie. Punto.

-Papá tiene razón.

Tú no puede seguir así.

Con el nuevo presupuesto, el dinero de la reforma no es tanto.

-Que no estamos ahora como para contratar a alguien.

-¿Y el dinero de la venta de la casa?

Digo yo que tu madre entrará en razón.

-Es cosa de ella y nada más que de ella.

No le pienso pedir un duro después del daño que le hice.

-Pues alguna cosa tendremos que hacer.

Si hay que apretarse el cinturón, se aprieta.

-No sé cómo. ¿Has visto la cuenta? -(RESOPLA)

-Espera.

Mira. La cuenta.

Está más tiesa que la nevera de tu hijo.

-¿Tú has visto el saldo?

-Sí, no quiero, me dan ganas de llorar.

-Pero de alegría, ¿no? -¿Por qué?

-¿Tú has visto esto? Mira. -¿El qué?

¿Qué...? ¿Pero qué es esto? Debe de ser una broma.

¿Trescientos veinte mil euros? -Déjame ver.

Transferencia bancaria.

Esto ha sido tu madre. Por la venta de la casa.

-Ya no hay problemas de dinero.

-¡Menos mal que tu madre ha entrado en razón!

Y alegra esa cara, mujer.

Tu madre no te ha olvidado. -No, ni yo a ella.

Pero solo me interesa saber dónde está y si está bien.

¿Te hace ilusión?

-Sí, claro.

-¿Pero...?

-Pero nada.

A ver, es una academia buenísima. -Pues ya está.

En cuanto puedas, mándame al correo una copia de tu DNI

y hacemos la matrícula.

-Papá, no voy a ir.

No quiero cambiar de escuela. -¿Cómo?

-Te lo agradezco, pero estoy bien donde estoy.

-¿A qué viene esto ahora?

-Pues a que estoy muy a gusto con los compañeros, con los profes.

Creo que estoy aprendiendo un montón.

-Vamos a ver, Noa.

Si quieres ser una crac,

debes rodearte de los mejores, es la forma de destacar.

-Pues no, no opino igual. Si vales, vales. Y punto.

Si veo que me quedo estancada, estoy a tiempo de cambiarme, ¿no?

-Es que no te entiendo.

-Bueno, tranquilo, que tampoco hay que ponerse así.

Si ella está a gusto, ya está, no hay más que hablar.

-¿Y la matrícula que ya hemos pagado?

Si me voy, no nos devuelven nada. -El dinero no es un problema.

Prefiero gastarme más dinero en una academia buena

que tirarlo con según quién.

-¿De qué gente hablas?

-Yo ya me entiendo.

-Ya, yo también te entiendo.

No tiene nada que ver con que la academia sea buena.

Lo haces por lo que pasó con Luis.

-¿Luis? Luis... ¿qué Luis?

¿Luis, tu "profe"?

-Papá tuvo un encontronazo con él. -No, de encontronazo, nada.

Fue un intercambio de pareceres.

Y, tal como yo lo veo,

ese profesor no es más que un mamarracho

incapaz de enseñar nada a nadie.

Bueno, ¿me queréis explicar qué es lo qué pasó?

-Que te lo explique él. Total, a mí tampoco ibas a creerme.

-Oye, Noa, ¿dónde vas?

(Portazo)

-No me gustó lo que vi, eso fue lo que pasó.

-¿Qué le dijiste?

-¿Tú ves normal que un profesor busque a su alumna al trabajo?

-Depende de para qué.

-Ya te diré yo para qué, para hacerle una tutoría privada.

Ese Luis tiene pinta de ser un buen pieza.

-Espera, ¿estás insinuando que estos dos están juntos?

-Si no lo están, poco les falta.

Ese muerto de hambre va a por ella.

No me gusta que un tío tan mayor ande tonteando con nuestra hija.

-A lo mejor solo son amigos.

-Sí, un amigo con derecho a roce. Vamos, Rosa.

Bueno, me voy. Tengo que ver a un cliente.

-¿No vas a terminar de desayunar? -Se me ha quitado el hambre.

(ROSA SUSPIRA)

Pues estamos apañados.

(Puerta)

(PAOLO SUSPIRA Y RESOPLA)

-¿Qué pasa con Doménico?

¿No le tocaba abrir hoy?

-Sí, pero anoche me pidió que le cambiara el turno.

-¿Anoche?

¿Anoche, cuándo?

Cuando vine de cerrar la floristería estabas más solo que la una. Chist.

¿Me vas a decir lo que pasa?

-La verdad es que no sé dónde está, Cristina.

Ayer se fue sin darme explicaciones y ahora no me coge el teléfono.

-¿Sin decirte nada?

Menudo impresentable.

-No seas tan dura con él, lo está pasando muy mal.

-Problemas tenemos todos, ¿eh?

Yo creo que está abusando de tu amistad.

Ya te lo he dicho.

-Está dolido por lo de Giuliana, el palo ha sido muy duro.

Le vamos a dar un poco de tiempo, ¿eh?

-Giuliana, Giuliana, Giuliana.

Mira, a mí me parece, sinceramente, ¿eh?,

que lo de esa mujer es una excusa.

¿Sabes lo que le pasa?

Le gusta regodearse en las desgracias.

Eso le pasa. -Cristina, no seas tan dura.

No todos pueden ser felices como nosotros.

(CRISTINA SUSPIRA)

Vale que sea tu amigo y que le quieras,

pero las cosas tienen su límite.

Mira, ahora que está trabajando Rosa,

le puedes dar un tiempo para que descanse a Doménico, ¿mmm?

-¿Qué me está diciendo? ¿Que le despida?

-Debes mirar por tu negocio.

No me mires así, ¿eh?

No me mires así.

Con lo de la reforma, no estamos para obras de caridad.

Y menos con un hombre que no se presenta a trabajar.

Tienes que mirar por tu familia.

-No, Cristina.

¿Me vas a hacer elegir entre Doménico y mi familia?

Sabes muy bien lo que pienso.

Los amigos de verdad

no son los que brindan contigo cuando todo va bien,

sino los que se quedan al final de la fiesta

para limpiar el desastre.

-"Buongiorno".

-Hey, Doménico.

-Me voy a seguir...

-Me quedaré una hora más, ¿vale?

Celia, te pido mil disculpas.

Es que anoche no pegué ojo y...

Y esta mañana me he quedado frita. Me lo imaginaba.

Por eso tampoco te he querido despertar.

Mira, si te sirve de consuelo, yo no he dormido mucho mejor que tú.

Siento mucho el numerito de anoche de Elías.

Despertó a David, ¿no?

No, no pasa nada. Ya sabes cómo son los adolescentes.

Se dio media vuelta y se quedó dormido como un ceporro.

Al final, nosotras dos, como dos idiotas,

con los ojos como platos y...

Pero, bueno, tú estás bien, ¿no? Sí, sí, sí.

Dándole vueltas a mis cosas, pero nada grave.

¿Qué era eso tan importante que te tenía que decir Elías

que no podía esperar?

Pues no le sentó muy bien que... que le enviara mi alianza.

¿Se la has devuelto?

Sí.

Por eso se puso como un loco y por eso vino a casa.

Bueno, era de esperar, ¿no?

Sí.

Sigue con la misma cantinela:

que él está dispuesto a cambiar, que le dé otra oportunidad

y que esas mujeres no significan nada.

Lo que a él no le cabe en la cabeza es que ya no confío en él y que...

Siento que... que mi matrimonio se ha roto.

Lo siento mucho, Adela.

Me da mucha pena tantos años juntos y...

Sí. Me siento como si hubiera vivido con un desconocido.

Ya me lo puedo imaginar.

¿Qué vas a hacer?

¿Le vas a pedir el divorcio?

Supongo que es lo que debería, ¿no?

Es... es lo lógico en estos casos.

Pero no estás segura.

¿Me vas a dar una explicación o no?

-¿Qué? ¿Ahora vas de jefe?

(CHASQUEA LA LENGUA) -No. Voy de amigo.

-Siento haber llegado tarde.

Te prometo que no volverá a pasar, ¿okey?

-Pero ¿lo entiendes? Que yo estoy preocupado por ti.

Que vienes aquí sin haber dormido, con esa cara.

No me gusta verte así.

¿Me vas a explicar lo que ha pasado?

-No me cogía el teléfono y fui a verla a su despacho.

-Dome, si no te coge el teléfono, por algo será, ¿no?

-La vi salir con un... con un cretino,

todo trajeado, con reloj de oro,

zapatos carísimos. -Doménico...

Giuliana es una mujer de negocios. -Ya.

-Es normal que se mueva con gente así.

-Sí, claro.

Y es normal que después de cenar en uno de sus restaurantes,

se fueron a un hotel de esos que yo nunca podré pagar.

¿Es normal, Paolo?

-¿Les has estado siguiendo?

-Esta mañana, cuando salían, no paraba de besarla.

-No puedes seguir así, de verdad, te vas a joder la vida.

-Es que no me puede hacer esto. No puede, otra vez no, Paolo.

-Oh, lo siento, Doménico, lo siento de verdad.

Pero te la tienes que quitar de la cabeza, ¿lo entiendes?

¡Olvídala ya!

-Antes debo hablar con ella.

-No, no, Doménico, no. No te va a servir.

Bueno, para lo que necesites, me tienes aquí.

-Lo sé, lo sé, Paolo. -Va.

Desgraciado, ven aquí. -Gracias, gracias de verdad.

Gracias.

Es que no sé explicarte muy bien por qué.

Y me siento estúpida diciéndote esto, pero...

Es que ¿te puedes creer que yo aún le quiero?

Pues, fíjate, yo creo que es normal.

El amor no se acaba de la noche a la mañana, Adela.

Pues eso, que estoy hecha un lío, Celia.

Y, antes de tomar una decisión tan drástica,

pues prefiero tomarme mi tiempo y...

Y llorarle y odiarle y ver lo que siento por él.

¿Tú te das cuenta de lo que estás diciendo?

Por un lado, estás segura de que no le vas a perdonar

y, por el otro, necesitas tiempo para saber qué sientes por él.

Te dije que estoy hecha un lío.

¿Y no será que en el fondo estás dispuesta a seguir con él?

No lo sé.

Mira, yo no te quiero dar sermones, que no soy quién.

Solo te pido que lo pienses, y que lo pienses en serio.

Se puede salir adelante sin un hombre a tu lado,

eso te lo aseguro.

Ya, pero tu caso es muy distinto.

Sí, es verdad, Manuel no me engañó,

pero aun así tuve que afrontar el quedarme sola.

Estaba paralizada,

pensaba que mi vida nunca sería normal,

que la tristeza iba a estar conmigo siempre.

Y, sin embargo, poco a poco fue pasando. Todo pasa.

Eso es lo que yo quiero, que pase. Y pasará.

Tú eres mucho más fuerte que yo y tienes más recursos.

(Móvil)

(Móvil)

(Móvil)

Es una clienta de la frutería que se casa mañana.

Sí. Voy a ver qué quiere.

Sonia, ¿qué tal? ¿Cómo van esos nervios?

¿Qué me dices? ¿Qué ha pasado?

Sí, claro que sigo trabajando en la droguería.

¿Y te lo dicen ahora?

Tranquila, tranquila. A ver... a ver si yo puedo ayudarte.

Voy a hablar con mi socia

y a ver si se nos ocurre una solución, ¿eh?

Venga, te llamo en un momento.

Celia. Dime.

(GERMÁN) Papá. Oye, no lo hagas, no la cagues más.

No, yo tengo que conseguir que tu madre me escuche.

Vas a empeorar las cosas.

Anoche te cubriste de gloria a las tantas de la madrugada.

¿A quién se le ocurre? ¿Y qué...?

Hay un carril bici, ¿eh?

¿Y que debería hacer? ¿Eh?

¿Me quedo con el anillo? ¿Me lo pongo de colgante?

Dale espacio, que se le pase el cabreo.

¿Con un "te quiero" y cuatro "lo siento" te perdonará?

Tengo que conseguir que vea que puede confiar en mí.

Sí, por eso borraste del móvil que le enviaste

los mensajes de Hortuño y de alguna amiguita.

¿O se lo mandaste tal cual?

¿Y de qué sirve que tu madre lea los mensajes?

¿Para hacerle más daño? No se merece que yo le haga eso.

No, pues haberlo pensado antes.

Si quieres que te perdone, lo primero es dejar de mentirle.

¿Estás para ayudarme o para hundirme más?

¿A quién se le pasa por la cabeza decirle que echaste a Julia?

¿Has sido tú?

Sí, he sido yo.

Ya te dije que iba a ser sincero con mamá.

¿Otra vez, niño?

¿Otra vez?

Si quieres ser sincero con tu madre, con tus cositas, no con las mías.

Entre otras cosas, te pago para que estés calladito.

Y ojito, ¿eh?

Si me entra un ataque de sinceridad, voy contando tu pasado de chapero.

Oye, a mí no me metas en tus líos, ¿vale?

Lo único que te digo es que, si quieres que mamá te perdone,

dale espacio.

Si no, va a seguir sin escucharte y rechazando lo que venga de ti.

(JONATHAN) Y esto le hacen veinte. -¡Gracias!

-Que tenga buen día.

Buenas, ¿tienes cambio?

Un cliente me compra una bolsita de laurel con uno de estos.

¡Hey! ¿Cambio? Eh...

(Móvil)

Sí. Perdona, voy a ver.

(Móvil)

A ver...

¿Dos de veinte y uno de diez te va bien?

Sí, perfecto. Vale.

(Móvil)

¿No lo coges?

(Móvil)

No. No estoy para asumir problemas tan temprano. Gracias.

Qué suerte poder elegir.

Ya. Bueno, te dejo, que tengo allí al rey del laurel.

Venga.

-Hola.

-Si vienes a ver a tu abuelo, llegará más tarde.

-He venido a verte a ti. Quería saludarte antes de ir a clase.

-Pues ya me has visto y me has saludado, ¿no?

Ya puedes ir a clase, no vayas a llegar tarde.

-¿De verdad vas a estar así?

-¿Así? ¿Así cómo, Noa?

-Quiero arreglar las cosas, Jona. -Tú sabrás qué tienes que arreglar.

-¿La que te tiene que pedir perdón soy yo?

-No, no me tienes que pedir nada, no te molestes.

-(SUSPIRA) No me gusta estar así.

Me enfadó mucho todo el lío que montaste, pero...

Yo también te dije cosas feas y lo siento.

-Vale.

Noa, a ver, yo también sé que la lie un poco,

pero... -Sé que viste a Luis.

-¿Te lo... te lo ha dicho él?

-Hemos aclarado las cosas y ya está todo bien.

Buenos días, Samuel, ¿puedo sentarme? -Por supuesto.

No me ha dado tiempo a desayunar en casa.

Mi chica se ha puesto mala y le he hecho un caldito.

-Nada, yo acabo de llegar.

-Buenos días, ¿qué te pongo?

-Un cortado, por favor. -Marchando.

-Oye, Javier, ¿te dio tiempo a llamar al arquitecto?

-Sí, y tengo buenas noticias:

las obras serán por la noche. -¿En serio?

-Sí, así, mira, cierran el Mercado

y los obreros no nos molestarán a nosotros ni a los clientes.

-Pues los del Mercado se van a llevar una alegría.

Cada vez que hay obra, la caja baja en picado.

-Me ha costado conseguirlo, pero mira.

¿Puedes escribir un comunicado contándolo todo?

Te he dejado un dosier con la información en la mesa.

Gracias. -¿Un comunicado?

Aquí, el comunicado lo hago yo dando la noticia por los puestos.

-¿En serio? ¿En plan pregonero?

Ya, me imagino que mandar un "mail" es demasiado moderno, ¿no?

-Unos pocos que son alérgicos a los ordenadores

y los otros son ciegos como topos, la mitad ni leen el "e-mail".

-Te creo, te creo.

-Además, qué sería del Central

sin las charlas, los chismorreos, los cotilleos...

Es la salsa de cualquier mercado, Javier.

-Hola, Germán, ¿qué vas a tomar?

-Un café, "por fa".

-Pues, nada, te va a tocar pasearte.

De todas formas, añádele a esa salsa un comunicado oficial y lo cuelgas.

¿Qué pasa?

-Que al final vamos a hacer buen equipo tú y yo.

-Cuando acabes de escribir lo de las obras,

llama a la compañía eléctrica.

A ver si pueden fraccionar

el pago este mes. -Venga.

Pues voy para allá.

Hasta luego, Javier.

-Luego te veo.

-Lorena, te dejo aquí esto.

Y quédate con las vueltas.

(LORENA) Gracias, guapo. (SAMU) A ti.

-Uy, uy, uy, qué buen rollito tienes con Samu, ¿no?

Te gustan jovencitos.

-Guárdate tu veneno para cuando te muerdas la lengua.

Bueno, no sabe muy bien

de dónde sacaste eso de "profesor conquistador",

pero está contento de que dieras la cara.

Y yo también.

-Bueno, solo hice lo que tenía que hacer, ¿no?

Decir la verdad y reconocer que la cagué a tope.

-¿Podemos olvidarnos de todo esto ya, por favor?

-Venga ya, ¿olvidarnos de qué ahora?

Ya no me acuerdo de nada, tonta.

-Te he echado de menos, idiota.

No quiero perderte como amigo.

-¿Amigos?

Ya bueno, es que no sé, Noa, yo había pensado que...

-¿Qué? -No, nada, nada, nada.

No me hagas mucho caso.

Pasando del tema. -¿Seguro?

-Sí, sí. Que sí.

-Vale.

-Oye, una cosa.

¿Te apetece que luego nos tomemos unas cañas o...?

-Claro. Guay.

-Sí, es que, bueno, tengo... tengo una cosa importante que decirte.

-Vale, pues luego me cuentas.

-Vale.

¿Querías algo? -Hablar con mi marido.

-Ha ido al almacén.

Espera un segundo.

-¿Qué quieres?

-No tenía ningún derecho a faltarte al respeto.

No pienso nada de lo que te dije ayer.

Lo siento muchísimo.

-¿Sabes lo mal que me hiciste pasar?

-Sí.

Me siento una mierda. Créeme.

Estaba furioso con Giuliana y lo pagué contigo.

No tenía que hacerlo. -Me da igual qué estuvieras pensando.

Nadie se merece las cosas que me dijiste.

-Lo sé.

Tú no sabes, Giuliana... -¿Sabes lo que pasa?

No estás amargado porque te hayan rechazado.

Tú eres un amargado.

Estaba equivocada.

Eres vengativo y oscuro.

-No me digas eso, por favor.

Giuliana ha estado jugando conmigo.

He sido su capricho de fin de semana.

Primero me utiliza y después me humilla, ¿lo entiendes?

-¿Te sientes humillado?

Espero que ahora entiendas lo que me has hecho tú sentir a mí.

No sé qué quieres de mí ni a qué vinieron esas amenazas,

pero vengo en son de paz, de hecho, quiero pedirte ayuda.

-Ay, el gerentísimo tiene problemas. -El Mercado los tiene.

Quiero poner wifi para los clientes y crear una página web nueva.

-Se dice "guay fai".

-Ya. Tú sí que eres guay.

¿Qué?

-¿Y a mí para qué me metes en todo esto?

-Todavía está en proyecto.

Estoy informando a los comerciantes, no tendrán problema.

¿Qué me dices?

-¿Qué me ofreces?

-Lo que me pidas. Tú eres el informático.

Pásame un presupuesto y vemos si se puede asumir.

-¿Y tú cómo sabes todo esto? ¿Que me estás investigando?

-¿Investigando? ¿Para qué?

Escuché a Lorena cómo se lo decía a Jorge.

Mejor sacarte un dinero extra haciendo webs que haciendo...

Bueno, que lo que sea, ¿no? O sea...

-Mira, el que llama para relajarse eres tú.

Te he dicho que eso se ha terminado.

-Lo siento, no quería ofenderte. Perdona.

-Pues deja de meter pullitas de una vez, ¿quieres?

Si quieres una página web,

pues te buscas la vida.

-Te he pedido perdón, ¿no?

¿Sabes qué te digo?

Si tan orgulloso eres como para no ayudar al Mercado,

allá tú, es tu problema.

-Doy fe.

Oye, tía, que este se ha ido sin pagar.

¡Hola! Cristina.

¡Hola!

Ha llamado Sonia, la hija del ferretero.

¿No será para anular la boda?

Me ha encargado el ramo de novia y los pétalos para los invitados.

Son unos cuantos. La boda sigue en pie.

Hay un problema con la empresa que hace los recuerdos.

Se ha incendiado la nave donde estaba el material.

No tienen tiempo para servirles el pedido.

Uy, qué horror. A mí me pasa eso y me muero.

Pues Sonia es como está: muerta.

Se ha acordado de que ahora trabajo en la droguería

y ha llamado para ayudarla con los regalos.

Vaya, lo tenéis todo bien atado, ¿eh?

Sí, pero te necesitamos

para hacer esos regalitos más especiales y originales.

Nuestra idea, a ver qué te parece a ti,

es hacer unas cestas con un perfume, un jabón,

ponerles celofán, un lacito,

y que tú les des el toque final con una flor.

¿Podemos contar contigo? Claro, para lo que necesitéis.

Ay. ¿Sí? Genial, muchísimas gracias.

Habíamos pensado en unas ramitas de falsa pimienta.

¿Lo ves demasiado? Porque necesitaríamos... ¿qué?

¿Unas cien ramitas? Más o menos.

Uy, no sé, no sé si voy a conseguir tantas.

Porque, claro, lo necesitáis para ya.

La boda es mañana a las seis de la tarde.

Tendrían que estar al menos un par de horas antes.

Se me ocurre hacerlo en dos tandas.

La primera, por la tarde, que lo envíen hoy,

y la segunda, pues mañana a primera hora.

Sí, sí. ¿Lo ves factible?

El proveedor es de confianza, seguro que se pone las pilas.

Si te escucha Sonia, te hace dama de honor.

Me gusta ayudar a la gente del barrio.

Y ganar un dinerito, porque nos pagan muy bien.

¡Claro que sí!

¡Pues vivan los novios! Voy a buscar la agenda.

Venga. De acuerdo.

(Mensaje)

Es Marisol.

Me recuerda lo de la cena convención.

¿La cosmético-ecológica? Sí, en Toledo.

¿Y cuándo es al final? Esta semana.

(Mensaje)

Vaya por Dios.

Voy a salir a hablar con ella.

Es urgente. Quiere organizarlo todo.

De acuerdo. Me quedo con Cristina. Fenomenal. Venga, hasta ahora.

Cómo ha cambiado Marisol.

Celia.

¿Qué pasa con David? ¿Está bien?

Sí, está bien, no le pasa nada.

¿Para qué me mandas este mensaje? Estaba con tu mujer.

Si sale y nos ve, hemos coincidido aquí.

Estamos en un mercado, no en mi despacho.

¿Qué quieres? Hablar contigo.

¿Y para eso has utilizado de cebo a mi hijo?

¿Quién te crees que eres? Celia.

Por favor, cálmate.

Lo que te voy a decir os afecta a tu hijo y a ti.

¿Qué pasa?

Se te avecinan gastos extras.

¿Qué? El colegio al que llevas a David.

El curso que viene costará más.

¿Y tú qué sabes del colegio de mi hijo?

Un colega proveedor de los comedores me lo ha contado.

A mí no me han avisado de nada, así que muchas gracias.

Pues ya te avisarán, no te preocupes.

Sin margen para que busques una alternativa, pero te avisarán.

Pero te va a costar doscientos euros más al mes.

Vale, muy bien, ¿y?

Que, tal como te van las cosas,

va a ser un palo duro para tu economía familiar.

Ah, ¿qué pasa, que ahora eres asesor financiero?

No, pero he pensado que me podía convertir en el mecenas

de un chico tan listo y tan especial como es tu hijo.

Venga, Elías, por favor, ¿a qué viene todo esto?

Si yo me acerco a Adela, si le pido otra oportunidad,

me va a mandar a la mierda, en cambio, a ti te va a escuchar.

Tú no tienes límites, ¿no?

Cuando se trata de recuperar a la mujer de mi vida, no.

¿Qué haces aquí?

Te estaba llamando, tu móvil está mal, no contestabas.

Ya. Eh...

Estaba en el almacén, sabes que hay poca cobertura allí.

¿Tengo que comprar algo para hoy? No hay harina para los calamares.

¿No te ha dicho nada tu madre?

Estaba rara esta mañana. ¿Qué me tenía que decir?

David, no voy a poder cocinar contigo.

Pues yo mañana tengo clase de ajedrez.

¿Puedes pasado mañana?

Verás, David, no me refiero a eso.

Tenemos que aparcar las clases de cocina durante algún tiempo.

¿Ya no quieres enseñarme cosas?

Sí, sí, claro que quiero.

¿Y por qué ya no podemos cocinar juntos?

(SUSPIRA) Verás, eh...

No tiene nada que ver contigo.

Solo que a veces hacemos cosas mal los mayores

y acaban salpicando a otras personas.

¿Y qué has hecho mal, si se puede saber?

Mi relación con tu madre, bueno, está un poquito tensa.

¿Es por eso de que estaba enamorada de ti?

Yo pensaba que tú sentías lo mismo.

¿Lo de Lorena va en serio y ya no la quieres?

No, no, no es eso, David, no es eso.

Solo que nuestra relación no pasa por un buen momento, nada más.

Venga, Celia.

Adela y tú estáis más unidas que nunca, ayúdame.

¿Me pides que traicione mi amistad con tu mujer

por doscientos euros al mes?

Dicho así suena muy ruin, pero sí, sí.

Doscientos euros y lo que sea, correré con todos los gastos.

A ella la engañas, pero a mí me estás insultando.

Te lo pedí por nuestra amistad y pasaste de mí.

Pero ¿qué amistad, por favor? ¡Estás flipando!

Por eso te propongo un trato en que los dos ganamos.

Mira, no, no te voy a ayudar. Ya veré de dónde saco el dinero.

El orgullo no es muy buen compañero de viaje

para llegar a fin de mes.

Y lo que te estoy proponiendo tampoco es tan descabellado, Celia,

tampoco es tan descabellado.

Al final, quien toma la decisión es Adela.

Te pido que me ayudes a que no caiga en el tremendismo.

Me pones enferma.

Te lo pido por favor.

Y tampoco querrás que Adela se quede en tu casa toda la vida.

Pues, después de escucharte, no me importa en absoluto.

Piensa bien lo que vas a hacer y decir.

Puedes romper un matrimonio de más de veinte años.

No, no, no, yo no voy a romper nada.

Lo has roto tú solito

con tus infidelidades.

Eso no te importó cuando viniste a mi despacho a echar un polvo.

No me hables así.

Celia, por favor... ¡Y no me toques!

Haces que me arrepienta de haberte dejado tocarme.

Pues, si tan arrepentida estás, ayúdame a que vuelva con Adela.

¿O es que no quieres?

No se merece esto.

"Verás, David".

Tu madre y yo hemos decidido distanciarnos un poco,

poner unos límites para... para no confundirnos.

¿Mmm? Y, en esos límites, ¿dónde estoy yo?

Por el momento, no voy a volver a ir a tu casa.

¿Qué tengo yo que ver con mi madre? Pensaba que éramos amigos.

Y somos amigos, David.

Solo que nuestra relación será más distante.

No podremos pasar tanto tiempo juntos.

¿Y los calamares?

Eso tendrá que esperar.

Estoy harto de que mi madre se cargue mis planes.

Si no quiere verte, que no te vea, yo quiero.

Pero no le hará mucha ilusión tener que verme por tu casa, David.

¡Pues que no te vea! David, eso es imposible.

No. Puedes venir cuando ella no esté.

Yo no le diré que has venido.

Tú madre y yo tenemos el mismo horario.

Pero somos amigos, ¿no? Claro que somos amigos.

Y eso no va a cambiar nunca.

Prométeme que vendrás a cocinar a mi casa.

Por favor. Por favor.

Por favor. Por favor.

Por favor. Por favor. Por favor. David. ¡Escúchame, David!

Iremos a mi casa a cocinar.

Será nuestro secreto.

¿De acuerdo? Ahora, cálmate, por favor.

Vale, pues nos vemos en tu casa.

Vale.

Desde luego, tampoco ha sido para tanto, hija.

¿Qué hay de malo en que una madre conozca la escuela de su hija?

-¡No soy una cría a la que hay que buscar al colegio!

¡Nunca he pasado más vergüenza! -Baja la voz.

No te tiene que oír... -¡Me da igual quién se entere!

Has ido a lo que has ido:

a controlarme y a ver si le ponías cara a Luis.

-¡Anda ya! No digas tonterías.

-Cuando me he ido, papá te habrá comido la cabeza.

-Lo único que quiere es protegerte. -¿Protegerme de quién?

Por favor, Luis es un tío superbueno,

hay que estar muy mal para pensar algo malo de él.

Conocerle ha sido lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.

-Pero, entonces, ¿hay algo entre vosotros?

-¿Y si lo hubiera qué?

-Ay, hija mía.

Dime que no estás saliendo con ese hombre.

-Tú sabrás.

¿No te has dado el viajecito para averiguar eso?

Pues sí, nos entendemos muy bien.

¿Qué tal del estómago? ¿Te sentó bien el caldo?

-Todo lo que tú haces me sienta bien.

¿Qué? ¿Estás muy liado? -A tope.

Mi padre me pidió que busque a alguien para el puesto.

Así que estoy con internet. -¿Y pagan bien?

Pregúntaselo a Jonathan.

-Vale. No hay más preguntas.

-Y no es por problemas de dinero.

Mi abuela les ha ingresado un pastizal.

-¿Por lo de la venta de la casa? -Pues supongo.

Eso o que mi abuela reventó el casino de Torrelodones esta noche.

-¿Qué pasa? ¿Que no da señales de vida o qué?

-De momento, solo da señales de que es rica.

-No sé, yo creo que la mujer estará bien, seguro.

Igual es que necesita más tiempo para digerir toda esta movida.

Pero lo de la pasta es un buen paso, ¿no?

-Pues ve y explícaselo tú a mi madre, está hecha polvo.

-Ya. -Y ahora, con el dinero,

se siente más culpable.

¿Estás bien?

Estás pálida, Carla.

-Me encontraba mejor hace un momento, pero se me ha puesto un cuerpo...

Igual si vomito otra vez se me pasa. -¿Has vomitado?

Pues tienes que beber mucha agua.

Ven aquí, anda, ven.

-Anda, si es que estar enferma contigo es un gusto.

-Mi terapia de mimos nunca falla.

Hazme caso. No hagas tonterías, es tu profesor, hija.

-Y muy bueno.

Ya puedes ir a contárselo a papá. Me piro a comer.

-Noa, por favor.

¡Noa, escúchame!

¡Noa! ¡Ah! (PAOLO) Rosa.

¡Ya estás aquí! He tenido una idea genial.

-Ahora no. -A ver qué te parece.

Te la resumo en una palabra:

fidelidad. -¿Cómo?

-Aquí es donde fallamos, en la fidelización.

Si conseguimos que nuestros clientes

se sientan parte de la familia

y que vengan a vernos al menos una vez a la semana,

nuestros ingresos subirán "alle stelle".

Estoy convencido. -¿Y cómo lo vas a hacer?

¿Vas a ampliar la oferta de las clases de cocina?

-El curso funcionó muy bien, pero no es suficiente.

Para pagar la reforma del Mercado

hace falta algo más ambicioso, ¿entiendes?

-Pero ¿algo como qué?

-Tarjetas de fidelización.

Por ejemplo, si compras nueve pizzas, la décima te sale gratis.

¿Qué te parece?

-Pues me parece estupendo.

¿Quieres que Nacho te haga un diseño chulo para la tarjeta?

-No, no, no, Rosa.

Me encantaría que las diseñaras tú.

Porque el cartel que hiciste para las clases

fue espectacular, yo quiero algo en esa línea.

-Eres un cielo, pero es que no me siento capaz.

Creo que me queda mucho por aprender. -¡Rosa!

-No. -Todos tenemos mucho que aprender.

Pero la mejor manera de hacerlo es sobre la marcha. Vamos.

-Pero, bueno, ¿adónde me llevas? -A trabajar.

Lo haremos juntos.

Así compartiremos el fracaso.

¡O la gloria!

(RÍEN)

Vale, con cuidado. -Vale, vale, solo iba a abrazarte.

Estás sensible, ¿eh? -Sí, mucho.

(Móvil)

-Buf, esto es un no pa... -Cógelo.

-Abuela, ¿estás bien?

(VALERIA) "Samuel, ¿cómo estás? Ay, qué alegría oír tu voz".

-No he parado de llamarte.

"Yo y todo el mundo. La que has liado".

¿Dónde estás? ¿Estás bien?

-Sí, sí, estoy bien, no os preocupéis.

-¿Cuándo vuelves? ¿Quieres que vaya a buscarte?

Están todos deseando... -"No, no".

"Para el carro. No voy a volver. Por lo menos, de momento".

Necesito tiempo para recuperarme.

-¿Tiempo para qué?

(Interferencias)

"Abuela, no te oigo. ¿Dónde estás?" -Prefiero que no lo sepas.

"No quiero que mientas a tus padres por mi culpa".

"Ya sabes el daño que pueden hacer los secretos y las mentiras".

-Vale, vale, como veas.

Pero cualquier cosa que necesites,

"lo que sea...".

(Interferencias)

"¿Vale?"

(Interferencias)

¿Abuela? -"¿Me oyes?"

-¡Abuela! -¿Samuel?

(Interferencias)

(Tono de colgado)

Se ha cortado.

Doménico, vete a tu casa, va.

-Estoy bien, Paolo.

-No, no estás bien, estás hecho polvo.

Te vas a tu casa, te das una ducha y te metes en la cama.

-Gracias, Paolo, te lo compensaré, de verdad.

-No quiero volverte a ver el pelo hasta mañana.

-Voy a descansar.

Gracias, Paolo.

-Otro de cincuenta. Parece que los regalan.

¿Tienes cambio? -Sí.

Un día raro, ¿eh? -Sí.

A ver si me centro.

Tengo que hacer un pedido de falsa pimienta que...

¿Y por aquí qué tal todo? -Bueno...

Doménico va de mal en peor.

Le he enviado a casa a descansar.

-¿Encima, otra tarde libre?

-Cristina, deja de meterte con él.

Giuliana lo está machacando, y yo no dejo de sentirme culpable.

¿O a ti se te ha olvidado que fuimos

los que la devolvieron a su vida?

-Fue con la mejor intención.

-Ya, pero el resultado ha sido un desastre.

Además, yo no entiendo qué te pasó por la cabeza para llamarla.

Cuando a mí me cayó una bronca cuando intenté hacerlo.

-Encima la culpa es mía ahora, ¿no?

Yo también lo hice con la mejor intención.

Y, si ha salido mal, pues mala suerte.

Ellos tendrán algo que decir.

-Sí, claro, pero... Claro que no es tu culpa, pero...

Ojalá hubiéramos dejado a Giuliana donde estaba.

Doménico está obsesionado con ella.

¿No viste cómo la miraba? -Sí.

Que hacía todo lo que ella le pedía. -Lo tenía comiendo de su mano.

Pero el alpiste le duró poco.

-Ya. Yo alucino con el poder que esa mujer tiene sobre él.

Increíble.

Ahora estoy con vosotros, ¿eh?

¿Giuliana?

Eh... Mira, soy Cristina.

Abuela, que se corta todo el rato. ¿Qué me decías?

-"¿Sabes si tus padres"

han recibido ya el dinero?

-Sí, pero te has pasado, menudo pastizal.

-Solo espero que lo sepan usar con cabeza.

-Oye...

Tengo que darte una mala noticia.

Van a... -"Sí".

Sí, hijo, ya lo sé.

Van a derribar la casa, lo sé.

"Francisco me lo ha contado".

"Parece ser que el hombre que ha comprado la casa

lo quiere solo por el terreno".

(ENTRECORTADO) "Es una cosa que tengo que asumir".

-¿Cómo? ¿Qué... qué dices?

"Abuela". -Ay, por Dios.

"Nada, que tengo mucho... en qué pensar".

-Abuela, no te oigo. ¿Dónde estás? -¿Samuel?

-¿Abuela?

-Es Valeria. (VALERIA) "Ay".

"Samuel". -¿Oye?

-Pásamela, quiero hablar con ella. -Abuela. ¡Abuela!

-Pásamela. -Mi madre quiere hablar contigo.

-No tengo nada que hablar.

"Adiós, hijo".

-¿Qué ha pasado? -Que se ha cortado.

No había mucha cobertura.

-No quiere hablar conmigo, ¿verdad?

Bueno, no pasa nada.

Lo que importa es que ahora sé que está bien, ¿mmm?

-Está hecha polvo. ¿Te importa que vaya?

-Ya estás tardando.

(RESOPLA)

Tú llévale el contrato de compraventa de la floristería

y ya verás cómo se olvida de la perfumería ecológica esa.

No sé qué decirte, no sé.

La floristería le puede hacer cambiar de idea.

Y no solo eso, papá, no solo eso.

La floristería la aleja de estar con Celia.

A ver, Cristina, la floristería es tuya y tú te has comprometido.

Es que he quedado.

Cristina, es que no piensas más que en él.

Pero ¿tú te das cuenta? Has caído en una obsesión.

No tienes otra cosa en la cabeza.

Que no es lo que tú te crees, Adela.

Que no, te juro que me encantaría ayudarte,

pero me es imposible.

-No me grites... -¡Yo te quiero a ti!

-No grites, Doménico, y no te enfades.

-¿A quién estás esperando? ¿Has quedado con este tío?

-No, basta. ¿Eh? Esto no te lo tolero.

-Por favor, por favor.

-Genaro dejó un dinero para que se dé un convite a su salud en vuestro bar.

-Ah, ¿sí?

-Y menciona expresamente tus tortillas.

Aunque solo sea para ese día,

tendrías que ponerte delante de los fogones.

-Si esa es la voluntad de Genaro, no voy a ser yo quien no la cumpla.

La web, la wifi...

Siempre cosas para reflotar el Mercado.

Ya, pues por eso te lo cuento. Porque es que no sé cómo pararlo.

Habrá que pensar en una muy buena estrategia.

Ya verás cómo se pone Hortuño cuando se entere.

La pasta que ha invertido.

¿Tú sabes algo más?

Vamos a ver, papá, que no soy detective.

Además, que nos llevamos a matar, o sea...

¿Y por qué te llevas tan mal con él? Si acaba de llegar.

¿Estás aquí tan tranquilo sin abrir el sobre?

Papá.

¿Hay algo en este sobre que te asusta?

-¿Tú no tenías que ir al bar?

-¿Puede ser que Genaro dejara escrito algo que tú preferirías no saber?

-Si no me lo cuentas, no te puedo ayudar, somos una pareja.

Cuéntamelo.

-Que no me viene la regla y estoy cagada.

-Eres un jeta que se vale de su posición y de su labia

para engatusar a jovencitas ingenuas.

-Qué mente más retorcida tienes.

Noa y yo tenemos una relación normal, sana, de respeto.

Algo que alguien como tú, claro, no entenderá jamás.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 55

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Mercado central - Capítulo 55

10 dic 2019

Jorge sigue con sus dilemas sobre Celia. David, siempre en el medio, no quiere que eso afecte a su relación con el ex chef.
Elías, desesperado tras recibir la alianza de Adela, intenta por todos los medios hacerla cambiar de opinión.
Nacho intenta sabotear los planes de su hija con Luis, pero Noa tiene un as bajo la manga.
Carmen y Nicolás siguen tras la pista de Valeria cuyos planes no convencen a la familia.
Una sorpresa inesperada impide a Carla ser honesta con Samuel.
Doménico, hundido, intenta disculparse con Cristina por haberla tratado mal, pero Cristina no está dispuesta a perdonar la humillación tan fácilmente.
Una conocida del barrio hace un encargo de última hora a Celia y Adela para hacer los regalos de su boda.
Noa quiere arreglar sus problemas con Jonathan.

ver más sobre "Mercado central - Capítulo 55" ver menos sobre "Mercado central - Capítulo 55"
Programas completos (85)
Clips

Los últimos 205 programas de Mercado Central

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios