Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 53 - ver ahora
Transcripción completa

Mira, Adela, yo entiendo que estés enfadada conmigo,

tienes motivos.

Pero no puedes pretender que me rinda.

Me voy a convertir en el marido que te mereces,

y te lo voy a demostrar, y no con palabras, ¿eh?

Con hechos.

Ahórrate el esfuerzo, hombre.

Y márchate ya, que me estás entreteniendo.

El Mercado Central es una gran familia,

así me lo explicó Jorge y no puedo estar más de acuerdo.

Ese es su gran valor.

Mi plan no es aplicar un ERE salvaje. -Ya, pero tienes un plan.

-Sí, tengo un plan.

Y en cuanto lo tenga todo bien atado os lo explicaré.

Solo puedo deciros que no incluye despedir a nadie de la plantilla.

-¿Juntar a los De la Cruz y a los Pacheco?

Por menos han empezado guerras mundiales.

Y después de ver cómo se pone tu padre nada más sacar el tema,

a ver si va a ser peor el remedio que la enfermedad.

-¿Pero a ti te parece que podemos estar peor?

-Bueno, está bien.

¿A ti no te gustaría que te advirtieran,

si te vas a casar con un sinvergüenza,

que te pone los cuernos antes de la boda?

Adela, por favor, no lo hagas.

En serio, no lo hagas.

Demasiado tarde, ya no tiene remedio.

Es imposible que pase nada entre mi madre y Paolo.

-Ya, ya lo sé. Pero él es guapo, es simpático.

Se llevan superbién.

Más que suficiente para que tu padre se suba por las paredes.

-Pues, mira, ojalá.

A ver si mi madre se da cuenta de cómo es.

Mira, me voy a ir a casa a dormir

y mañana yo me acerco y las pruebo.

Bueno, eso sería genial, ¿no, mamá?

Sí, claro.

Si quieres.

Sí, sí, quiero.

-¿Te acuerdas de los tuyos?

-Sí, si... si me ayudas.

-Paolo...

-Tú cambiaste mi vida.

Buenos días.

¿Por qué no utilizas la batidora?

No puedes comparar una muñeca humana con un aparato electrónico.

La batidora rompe las partículas. Así queda mejor.

¡Mierda! ¡Chist! Que Adela está durmiendo.

Dices que hablaste con ella más o menos.

¿Eso qué es? ¿Se va a quedar o no?

Tenemos que tener paciencia. ¿A ti no te da pena verla tan mal?

Ninguna. Me doy pena yo, que no tengo cuarto

y tengo los geles desordenados.

A veces en la vida hay que ser generosos.

No te puede importar más un champú que una persona.

Pero yo soy generoso.

Haré dos tortitas para ella.

Sabes perfectamente de lo que hablo.

Adela puede pagarse un hotel.

En Madrid hay más de 81.437 plazas hoteleras disponibles.

Le dices que se vaya a una o se lo digo yo.

Tú verás. Ah, no. No le vas a decir nada.

Mira, Adela es mi amiga. Es más, es mi socia.

Y, si yo digo que se queda, se queda.

O sea, me has mentido.

No, no empecemos con eso, David, por favor.

Que no haga lo que tú quieres no significa que te mienta.

Dijiste que hablarías con ella y no le has dicho nada.

Mira, vas a tener que relajarte un poco,

esto no es para tanto.

Y acaba con las tortitas, llegará Jorge y no hemos terminado.

Son las 8:14 y aún no ha llegado. Y dijo que vendría a las 8:00.

Bueno, ya llegará.

¿Y si no llega? Pero ¿cómo no va a llegar?

A veces la gente nunca llega porque le pasa algo por el camino.

Va a llegar. No le pasa nada. Simplemente se está retrasando.

Pensaba que a papá no le pasaría nada y ya ves.

David, no.

Escúchame, cariño.

Tú sabes que lo que le pasó a papá fue algo excepcional.

Tenemos que confiar en la vida.

No podemos pasarnos la vida

pensando que les pasarán cosas malas a los que queremos.

Confiar en la vida ¿qué significa? No significa nada.

Piensa en positivo.

No seas negativo. Tú no lo entiendes.

Jorge, desde que murió papá, es el único que me entiende.

Que me cae bien de verdad.

Bueno, pero eso es bueno.

Eso es muy bueno.

Vamos a acabar con las tortitas, que está a punto de llegar.

¿Cómo lo sabes? ¿Cómo sabes que no ha muerto?

No quiero que me deje solo.

Vale. Oye, David.

David, cariño, Jorge está bien, no pasa nada.

Tranquilo. No puedo respirar. Me ahogo.

Vale, vale. Estate tranquilo.

Respira despacio.

¿Recuerdas que me dio un ataque de ansiedad? No pasa nada.

(Timbre)

Respira, respira, hijo.

(SUSPIRA)

¿Sí? Sube.

Mira, ¿ves? Jorge ya está aquí y no le ha pasado nada.

Respira, pero tienes que estar tranquilo, David.

Por favor, relájate.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

David. ¿Todo bien?

Sí, le ha dado un ataque de ansiedad.

Está... No llegabas. Tranquila.

David. David, mírame, mírame a los ojos.

Mírame. Solo quiero que me imites. Respira conmigo.

Profundamente. No dejes de mirarme, a los ojos.

Ya está. Ya está, ya está.

David, ya está, ya pasó.

Ya está, ¿vale?

Vale. Menos mal que no te has muerto.

Oye, ¿qué tal las tortitas?

No he podido acabarlas porque tardabas mucho.

Ah, ya.

Sí, pero la masa está hecha.

A muñeca, porque la batidora parece que rompe las partículas.

Pues vamos a por ello, ¿no? Dale.

(GIULIANA HABLA EN ITALIANO)

¡Hey! -¡Hey! Buen "tornati".

-Gracias. -"Grazie".

(PAOLO) ¿Cómo ha ido a Formentera? (GIULIANA) "Benissimo".

"Vero", ¿Doménico? -El mar, la playa.

Paolo, una maravilla. -Bienvenidos.

-"Grazie, grazie", Cristina. -Es que no habéis sido

los únicos a disfrutar estos días, ¿eh?

Porque Cristina me ha regalado una noche

en el hotel donde pasamos nuestra primera vez.

-Sí, no sabéis la cena tan romántica que me preparó aquí en la pizzería.

Una cosa...

-Eh, "alora" todo estupendo, ¿no?

Todos somos felices. -Ya.

-Es que le quería quitar un poquito de estrés a Paolo.

Porque entre las clases de cocina, el restaurante...

Es que estaba desbordado llevando él solo el negocio.

Es mucho trabajo. -Ya, lo sé.

-Pero, Cristina, cuando se cierra una puerta,

como se dice, se abre una ventana. -Se abre una ventana.

-Porque estos días he encontrado a mi ayudante ideal.

-¿Le has ayudado tú? -No, no, no, no Cristina.

Que también, ¿eh?

Rosa, hablo de Rosa.

Porque me dio ella la clase en lugar de Nino.

-"Ma", ¿pero qué? "Scusa". ¿Nino no vino a ayudarte?

-No, no. No vino, no.

-"Ma scusa, ma" yo se lo pedí.

-Ya, pero... -No apareció.

-"Ma" yo insistí, ¿eh? Era todo confirmado.

-Pues nos dejó plantados, "cara mia".

Que no apareció, vamos. -Pues yo no sé qué ha podido pasar.

-Se ve que todos los hombres no cumplen tus órdenes.

-"Ma scusa", Cristina. ¿Por qué no me llamaste?

-No hizo falta.

Paolo se encargó él solo.

-Ya, pero además no queríamos molestaros en vuestra escapada.

-Ah... -Pero...

-Algunos trabajan mientras otros descansan, así es la vida.

-Bueno, "amore mio"... ¿Qué?

¿Pasamos dentro y nos tomamos un café?

(GIULIANA) "Dai", sí.

-Yo no tengo tiempo, tengo muchas cosas que hacer.

Que tengáis un buen día. -"Grazie".

-Adiós. -Vamos.

-Luego acabo con esto. -"Andiamo".

¿Te han gustado, Jorge?

Están de diez, enhorabuena.

Y gracias por la invitación.

Déjalo, cariño, que ya me encargo yo.

Prepara las cosas para el cole, llegas tarde.

Esta noche me gustaría recuperar mi cama.

No quiero dormir contigo.

David, por favor, déjalo estar.

Te lo digo muy en serio.

Tener a Adela en casa te está dando problemas.

Pues sí.

Pero tiene que aprender a ser más tolerante.

Va, es un tío inteligente y acabará entrando en razón.

No desesperes.

Eso hago, pero a veces me cuesta mucho.

Bueno.

Celia. Dime.

¿Puedes dejar eso un momento?

Es que no me gusta irme al puesto sin recoger.

Será solo un segundo, por favor.

Por favor.

(SUSPIRA) ¿No vamos a comentar lo que pasó anoche?

No sé, anoche no pasó nada.

Yo creo que sí.

Anoche entre tú y yo pasaron cosas.

Bueno, anoche fue una cena muy agradable.

A mi hijo le encanta estar contigo

y fue bonito hacer una cena para más de dos personas.

Nada más.

Tú sabes que fue algo más, Celia.

Cuando nos miramos.

Cuando nos rozamos.

Cuando nos miramos y nos rozamos, no pasa nada.

Será a ti.

Bueno, sí, pues será a mí.

Y con eso basta. Espero que te haya quedado claro.

Sí, sí. Muy claro.

Bueno, pues gracias por el desayuno.

(SUSPIRA)

(DOME Y GIULIANA HABLAN EN ITALIANO)

-"Anche io, anche io". -"Te prego".

-Sí, "torno presto, non te preocupare".

-Y, ahora, ¿quieres que te acompañe?

-"Ma no, amore".

Tú debes trabajar.

No querrás dejar a Paolo tirado otra vez.

-No, pero "torna presto", ¿okey?

-"Certo. Prestissimo".

¡"Fai bravo"! -"Anche tu".

-"Recomando".

-"Ciao, Giuliana". -"Ciao, amore".

"Ciao, ciao".

Cristina. Hola. -Hola.

-Me he quedado preocupado con Paolo. ¿De verdad tuvo mucho estrés?

-No. Bueno, sí.

Pero... vino Rosa y lo solucionó todo.

-Menos mal. Me alegro.

-Se os ve muy unidos, ¿no?

-Lo estamos.

-Te habrá explicado el mensaje que vi en su teléfono.

-No me ha explicado nada.

Porque yo no se lo he preguntado.

-Pero ¿por qué? -Porque no necesito hacerlo.

Giuliana no es una desconocida.

Confío en ella. -Ya.

Pues tiene otra relación. Es evidente.

-Giuliana es sincera conmigo.

En estos días que hemos estado juntos,

no sabes cuánto hemos hablado y cuánto he sentido su entrega.

-No, si mala actriz no es.

Pero no hace lo que dice.

-Giuliana no es así, no es una hipócrita.

Es un espíritu libre.

-¿Un espíritu libre?

Pues ten cuidado con los espíritus libres,

te dejan tirado a la primera.

Te usan como una bayeta, puf, y fuera.

Los espíritus libres son los peores. No tienen sentimiento de culpa.

-Cristina, en este momento,

estoy tan feliz de haberme reencontrado con Giuliana

que no me importa nada más.

Y, sobre todo, un estúpido mensaje.

¿Okey?

-Okey.

-¿Ya está? -Ya está.

-Voy. -Adiós.

-Hasta luego. -Adiós.

Desde las ocho llevo esperándote. Venga, no te embales, papá.

No me metas bronca,

que vengo de desayunar con un colega arquitecto.

¿Y? He conseguido lo que me has pedido.

Un presupuesto para la reforma del Mercado.

¿Es como el de Julia? Exactamente igual de abultado. Sí.

Un señor presupuesto. ¿Qué quieres que haga con él?

Fotocopias, quiero que hagas fotocopias.

Javier ha propuesto una reunión a primera hora.

Cuanto antes le llevemos esto, lo cogemos desprevenido y mejor.

Vale, pues voy a ello.

¿Qué te pasa?

Que por fin algo me sale bien, hijo. Qué gusto da que el plan avance.

Y el plan para que mamá vuelva a casa ¿avanza o retrocede?

Bueno, eso va más poco a poco.

Ya. Pues me da que, como dejes pasar mucho tiempo sin hacer nada,

le parecerá que no te importa.

Que no, que no, hijo, que no.

Lo que pasa es que tu madre todavía necesita... espacio.

Sí, sí, sí.

Pero una cosa es darle espacio y la otra es pasar.

Oye, tú ya me conoces, ¿eh?

Que yo no soy de tirar la toalla, y menos si es mi matrimonio.

Tú, tranquilo, tus padres no se van a separar, ¿mmm?

Me lo ha dejado claro, no es el momento de acercarme.

Pues sí, no es el momento todavía.

Mamá tiene que asimilar muchas cosas y tú, cambiar un poquito.

Vete a hacer fotocopias, anda.

Adiós. ¡David, qué susto!

Pensaba que... que estabas en clase. No.

Teníamos charla de orientación universitaria.

Me he quedado a hacer la maleta.

Ah, ¿es que te vas de viaje?

Me voy a casa de un amigo.

¿Y... tu madre lo sabe?

No, no lo sabe, pero da igual, le da lo mismo.

Pero ¿cómo le va a dar lo mismo, hombre?

No, tienes que avisarla.

A las madres nos importa lo que hacen los hijos.

Ya se enterará cuando vuelva.

No, no, David. Tienes que hablar con ella.

Además, así no se asustará cuando vuelva.

Y tendrás que explicarle a casa de qué amigo vas,

cuándo vuelves... Esas cosas, ¿no?

Le importas más tú que yo.

Eso es imposible. No digas bobadas.

¿Cómo va a importarle más una amiga que su hijo?

Tu madre se desvive por ti.

No se desvive. Si lo hiciera, te habría echado ya.

¿Y te ha echado? No.

Prefiere que yo esté incómodo, le importas más que yo.

Vaya, lo siento.

Sabía que te incomodaba tener gente en casa,

pero no sabía que tanto.

Se lo dije a mi madre, pero le da igual.

Escucha, no te preocupes y deshaz esa maleta,

que yo voy a hacer la mía.

No quiero que lo pases mal y tengáis problemas entre vosotros.

No, me marcho yo.

No, David, espera. Espera un momen...

"Hola, soy Celia. En este momento no puedo atenderte".

"Deja un mensaje. Gracias".

Celia, llámame urgentemente, por favor.

David se acaba de marchar de casa con una maleta.

Me ha costado la vida,

pero ahí he estado, dándolo todo, y al final...

Al final, ¿qué?

Pues que tengo otro arquitecto. Y creo que este es perfecto.

Sabía yo que ibas a ser el mejor candidato para la gerencia.

No cantemos victoria hasta que no tenga el contrato firmado.

Y tengo una idea para promocionar el Mercado

que, a poco que funcione, nos va a traer muchas cosas buenas.

¿Se puede saber qué te pasa, tío?

¿Sigues mosqueado con Lorena por hablar de tus tapas en la radio?

Me parece que estás exagerando un poco.

Es una radio local, no el "New York Times".

A ver, si me impongo una norma para no salir en los medios,

será por algo.

Hay que saber colocarlos a tu favor. Sí, pues ya me dirás cómo.

Una de las razones por las que dejé la cocina

fue precisamente porque no soportaba ese mundillo.

Pues yo quiero promocionar el Mercado en los medios.

Es la mejor manera de conseguir clientes y capital.

Espero que no te opongas. No, no.

Por mí, adelante, mientras no me obligues a salir.

Bueno, y, con Lorena, ¿qué? ¿Qué pasa?

¿Con Lorena qué pasa?

Jorge, que nos conocemos. ¿Qué?

No sé qué impresión te ha dado, pero...

Tengo la impresión de que estás con ella,

pero no estás con ella.

¡Hey! ¿Qué tal? ¿Cómo estás?

-Te estaba llamando, no contestabas.

-Tengo el móvil en silencio, creo.

-¿Te han dejado solo? -Sí, sí.

Dome se ha ido a una cosa de pedidos y mi padre está en la asamblea.

¿Qué haces con esa maleta?

-Es que no soporto a Adela.

Me ha dejado sin cuarto

y duermo con mi madre, como si tuviera cinco años.

-¿Dormías con ella cuando tenías cinco años?

-A veces, sí. ¿Tú no?

-Sí. Sí, sí, bueno, sí.

Los días de tormentas.

Los truenos y relámpagos, ¿sabes? Que no me gustan mucho.

-A mí, la aspiradora o el microondas, porque hacen mucho ruido.

-¿Y dónde te vas a largar?

-A tu casa.

-¿Cómo que a mi casa?

-Hasta que se vaya Adela.

-A ver, a ver, David, a ver.

¿No crees que estás exagerando?

-Me desordena todos los champús

y se sienta en mi sitio para desayunar,

usa mucho perfume y monopoliza a mi madre.

-Parece que no te gusta ni que respire, tío.

-Pues a veces respira muy fuerte.

Llora todo el día, se le tapona la nariz.

-Lo ha dejado con Elías, lo sabe todo el mundo.

Lo mal que lo tiene que estar pasando.

-Podría pasarlo mal en su casa y no en la mía.

-A ver, que no puedes ser tan egoísta.

Tío, ¿y si un día es tu madre o tú el que lo está pasando mal?

-He pasado malas situaciones y no me he ido a casa de nadie.

-Ah, ¿no?

¿Y esa maleta qué es?

David, tío, tienes que intentar... relajarte.

¿No te enseñan empatía en ese colegio?

-No quieres que vaya a tu casa porque no me soportas.

Dices que eres mi amigo, pero es mentira.

Que os he visto juntos. Y a mí no se me escapa ni una, amigo.

Hasta hace poco estaba colgado de otra mujer.

Ah, y... ¿no se te ha pasado?

(RESOPLA)

Pues no lo sé si se me ha pasado o no se me ha pasado.

El otro día estuve en su casa, cenando, como amigos.

¿Y qué? ¿Qué pasó?

(RÍE) Nada.

No pasó nada. Con ella nunca pasa nada.

Y me parece que puede pasar de todo.

(RESOPLA) Pobre Lorena. Ya, Javier, ya.

Mira, un poquito sé de relaciones

y te puedo asegurar que un clavo no saca otro clavo.

Es curioso, buscas la excelencia en la comida y no en el amor.

Una frase muy certera.

(Móvil)

Salvado por la campana.

Piénsalo. Ya.

¡Lorena! Perdóname un segundo.

Eh... ¿Tienes un momentito?

Quería hablar. No.

Voy al banco a por cambio.

Vuelvo al bar, que Noa está sola. Y después hay reunión.

Vale, vale.

(SUSPIRA) Vale.

Pues empezamos bien, la primera reunión y llega tarde.

Buenos días a todos, disculpad el retraso.

Soy el nuevo gerente.

Algunos no me conocéis, pero ya tendremos ocasión.

El primer punto del orden del día es el tema de la obra.

Por razones que no vienen al caso,

la arquitecta que se encargaba de la reforma,

Julia Miralles, no podrá continuar.

Sí, no puede continuar porque tiene mucho trabajo

y supondría que nos retrasase esto otra vez.

Así que hemos decidido no contar con ella,

pero ya he contactado con otros arquitectos

y tengo un nuevo presupuesto.

(CARMEN) ¿Y cómo sale?

Pues igual, Carmen, igual.

La obra es la obra. -Un momentito, por favor.

Me he movido y he contactado con otro arquitecto

y afortunadamente su presupuesto es muchísimo más razonable.

Por favor.

-Javier, pero ¡esto es una maravilla!

-Por favor, ¡como que nos ahorramos una pasta!

-Según mis cálculos, unos dos mil euros por puesto.

Muy buena gestión, Javier. Enhorabuena.

-Toma. Esto ya no lo necesitamos "pa na".

Hombre, el presupuesto no está mal.

El arquitecto habrá querido tirar a la baja, supongo,

pero hay que ver la calidad de los materiales.

-Cumple el estándar del Ayuntamiento y del Colegio de Arquitectos.

Es un estudio con larga trayectoria.

Saben lo que hacen. (CARMEN) No me lo puedo creer.

Nos acabas de quitar un peso de encima.

Reducir la derrama, para muchos de nosotros,

es reducirnos la angustia.

(JAVIER) Me alegro. Estoy para facilitaros la vida.

Hay otra cosa que quería comentaros.

He contactado con una amiga que trabaja en televisión.

-¿Esto para qué? ¿Tenemos que hacer otro vídeo?

-No, queremos hacer un reportaje sobre el Mercado.

Puede ser una buena ocasión para encontrar un patrocinador,

alguien que, al verlo, quiera apoyar la renovación.

-Pues me alegro, esa idea la tuve yo y nadie me hizo caso.

Más vale tarde que nunca, mujer.

-Bueno, pues esto es todo por el momento.

Muchas gracias a todos.

(PAOLO) Gracias, Javier.

¿Estás contenta, Carmen? -Bueno.

Elías, quería saludarle.

De tú, que tampoco soy tan viejo.

Pues encantado de conocerte.

Eres el presidente de la asociación de comerciantes.

Cuenta conmigo para lo que quieras.

Muy bien, pues me alegro mucho. Lo mismo digo.

(JONATHAN) ¡Jesús! ¡Jesús!

Toma, que te lo has dejado.

-Ah, gracias.

-Oye, oye, oye.

¿Cómo... cómo vas?

No, es que, a ver, me he enterado de lo de Valeria y tal...

-Cómo no.

Pues yo ando divinamente, ya me ves.

Ahora he quedado con una vieja amiga.

-Hombre, Jesús, divinamente no se te ve.

Las cosas como son.

-Mira, tú dedícate a lo tuyo y olvídate de este viejo.

¿Y tú cómo vas?

¿Avanzas con lo de mi nieta?

-Te hice caso en un par de consejos,

pero algo hice mal y la cagué bien.

-Pues lo siento.

No debí aconsejarte.

Está claro que no sé nada de ese tema.

Yo también creí en el rollo del amor.

¿Y cómo me ha ido?

Amargado.

El amor es un asco.

(GIME)

(Puerta)

¡David!

Corre, llama a tu madre, por favor.

Está muy preocupada buscándote.

No deberías haberle dicho nada. No me has dejado otra opción.

El disgusto que se llevaría si no la aviso.

Ahora se pondrá muy contenta al ver que has cambiado de opinión.

No, no he cambiado de opinión.

Vengo a por las llaves de la casa de mi abuela.

Me iba a quedar con Andrea, me ha fallado.

No, no. Tú no te vas a ningún lado.

Mira, yo ya he sacado mis cosas y tu habitación ya está libre.

¿Qué te pasa en los ojos? ¿Has llorado?

Sí, es que...

Es que tengo muchas cosas encima, pero ya se me pasará.

Y no quiero hacer otra escena.

¡David!

¡David, hijo!

Esto se está volviendo una costumbre y yo ya me estoy enfadando.

¿Qué está pasando aquí?

Tres días de alegría y cuarenta mil de desesperación.

Eso es el amor.

Así que, si no te ha salido bien lo de Noa, tan contento.

Eso te ahorras. -No me lo creo.

-Espera.

Espera unos años y me lo cuentas.

-Si tú estuviste con tu mujer la pila de años.

-Otro ejemplo.

Me quiso, la quise.

Estábamos de locura.

Y se murió.

No sabes lo que sufrí.

-¿Y los años buenos que vivisteis no valieron para nada?

-Ahora mismo, Jonathan, no lo sé.

Dudo de todo.

-Eso es porque estás dolido con lo de Valeria,

pero ya se te pasará. -No.

No voy a consentir que me hagan daño otra vez.

La gente, en el amor, también hace daño.

Te rompen el corazón solo para su beneficio.

El amor es egoísta.

-¡Oye! ¡Oye! Eh... Luis.

¿Tienes... tienes un segundo? -Sí.

-Es que me gustaría pedirte un favor.

-Si quieres volver a trabajar como modelo,

lo llevan en Secretaría. -No. No tiene que ver con eso. Es...

Es sobre Noa.

Es que, bueno, verás, me gustaría que no la tomaras con ella.

-¿Te ha mandado hablar conmigo? -No, no.

Y me gustaría que no se enterase de esta conversación.

Es simplemente que, a ver, las ideas...

Eh... Bueno, que esas ideas se las metí yo en la cabeza.

-¿Qué ideas?

¿Lo del profesor acosador? -A ver.

Más bien lo del profesor conquistador

que intentaba aprovecharse de ella y tal, que...

Pero que... que sí, que fue cosa mía.

-¿Y te gusta Noa?

Ah, no, claro, tú estás enamorado, ¿no?

¿Y no te parece un movimiento rastrero?

-¡Que sí! Que la cagué. Eso era lo que quería decirte.

Que metí la pata hasta el fondo y me gustaría que...

que Noa no pagara los platos rotos.

Vamos, que... que soy un idiota. Nada más.

Por eso me iba a ir a casa de la abuela,

pero ya no me voy.

No, la que se va soy yo.

No quiero causar más problemas.

No. Adela tampoco se va.

Que sí. ¡Que no!

Hoy es ella la que está mal, pero mañana podrías ser tú o yo.

Lo dijo Andrea.

Bueno, pues si Andrea lo dice...

En el colegio me hablaron de la empatía.

Al parecer, es bueno tenerla.

Me alegra mucho oír eso.

Es difícil establecer un porcentaje,

porque no tengo datos cuantitativos al respecto.

Pero, cualitativamente, creo que Adela está peor que yo.

Bueno, sí.

Básicamente estoy hecha un trapo, pero gracias por comprenderlo.

Al menos yo no lloro. Me molestan las lágrimas.

Pues entonces procuraré no llorar.

Bueno, yo tengo que irme.

Tengo que disculparme con alguien y mirar las notas de mis trabajos.

No tardes. Venga.

(SUSPIRA)

(Puerta)

Este hijo mío me da la vida, pero, a veces, me agota.

Celia, siento muchísimo los inconvenientes.

No... no podía imaginarme que se pondría así.

Yo creo que le estás viniendo muy bien.

Le cuesta mucho ponerse en la piel de los demás.

Es como si tú y yo intentamos hacer un triple salto mortal de espaldas.

¿Tú crees? Sí.

Quédate, Adela, por favor. Le haces mucho bien, y a mí también.

Gracias.

Venga, nos vamos al puesto. Hay que hacer dinero, ¡socia!

(PAOLO) ¡"Buongiorno", Rosa!

-Perdóname, de verdad.

Es que vengo del banco, no sabes como está.

-No te preocupes, tranquila.

Mira, si quieres puedes empezar a limpiar la barra.

-Vale, estupendo.

(PAOLO SILBA)

-Oye, tú estás de muy buen humor, ¿eh?

-Ah, sí, sí.

-¿Qué pasa? ¿Has tenido un buen día?

-Es un buen día para mí y para todo el Mercado.

-¿Y eso?

-¿Sabes lo que ha hecho Javier, el nuevo gerente?

-No, ¿qué ha pasado? -Ha encontrado un nuevo arquitecto,

que nos ha hecho otro presupuesto, mucho mejor.

Nos ahorra un montón de dinero.

Rosa, que vamos a poder reformar el Mercado.

-Pero, bueno, eso es fantástico, ¿no? -Sí, sí, yo estoy en racha, ¿eh?

Porque ahora estas buenas noticias sobre el Mercado

y ayer por la noche, con Cristina, fue fenomenal.

-Uh, me alegro mucho de lo de ayer, ¿eh?

¿Sabes? Es que al matrimonio, de vez en cuando,

hay que meterle una inyección de novedad,

la rutina es muy mala.

-Es pésima. -Sí.

-La inercia es el veneno de las relaciones.

Mira que yo estas últimas semanas

lo he pasado muy mal, ¿eh?

Pero, bueno, es que yo y Cristina nos queremos,

pero imagínate los que no se quieren.

-Las crisis se superan con voluntad y con mucho cariño.

-Eso es.

Porque, sobre todo cuando te conoces desde hace mucho tiempo,

tienes que atreverte.

Tienes que poner cuidado, cariño, cada día.

Porque, si caes en la rutina, ¡hasta luego!

-Además, ¿sabes qué pasa? Que nos creemos que son conocemos.

Y no, hemos cambiado.

A ver dónde se quedaron aquellos chavales

enamorados ¿hace cuánto? ¿Veinte, treinta años?

-Veo que eres de las mías, ¿eh?

Que no nos rendimos, ¿eh?

-Yo soy de las antiguas, Paolo.

Yo pienso que el matrimonio es para toda la vida.

-Vivan los antiguos como nosotros, Rosa.

Es que me encanta que nos entendamos tan bien.

Es que elegir a los buenos compañeros de trabajo

es el secreto de una vida feliz.

Ven aquí.

(RÍEN)

-Ay, espera. -Ay, que me he enganchado.

-Sí, se me ha enganchado el reloj. -Sí.

¿Estás? -Sí, sí. Ya está.

(NACHO) ¿Qué pasa aquí? -¡Nacho!

-Ya está. -No es lo que piensas, ¿eh?

-Se me ha enganchado el reloj. -Un accidente laboral, ¿"vero", Rosa?

-No, no, si yo no pienso nada.

Venía a preguntar a mi mujer a qué hora paráis para comer

para venir a buscarla.

-Es que hoy tengo turno corrido, cariño.

Pero, si quieres, pásate a las dos y te preparo algo.

-No, vas a estar ocupada trabajando y no me puedes hacer caso,

yo prefiero esperarte en casa.

-Lo que tú quieras,

pero a mí no me importa prepararte algo suculento.

-Eso.

-Me alegra ver lo bien que lo pasáis trabajando.

No hay nada como trabajar con alegría.

¿No? -Eso es.

Alarga la vida. Lo dicen todos los estudios.

-Bueno, pues me voy.

Adiós, cariño.

Eh... "Ciao".

-"Ciao", Nacho.

-¿Te puede decir una cosa? -Dime.

-Yo creo que hasta mi marido se ha dado cuenta.

Hacía muchísimo tiempo que no trabajaba tan contenta.

-Así tiene que ser siempre.

Porque tienes una sonrisa muy bonita. Y nunca deberías perderla.

-¡Oh, "grazie"! -¡Va!

¡Ahora, a trabajar contenta!

Gema, siento mucho lo de tu marido, de verdad.

Es que era encantador, era tan buena persona...

Pero eso ya no era vida.

Además, que eres joven, mujer.

Tienes tres hijos. Debes luchar por ellos.

Así que mucho ánimo.

Adiós, guapa.

(SUSPIRA) -Qué cariñosa con los clientes.

-Es una vecina del barrio de toda la vida.

Es lo peor que llevo del trabajo: lo de las coronas.

-He dudado si venir a hablar contigo o no,

pero creo que lo que te tengo que contar nos atañe a los dos.

-Pues ya me dirás.

-Sinceramente, entre tú y yo, ¿tu matrimonio va bien?

-Va como todos los matrimonios.

Es que llevamos muchos años y hay altibajos.

-Y ahora estáis en horas más bajas que altas, ¿o me equivoco?

-Paolo y yo nos queremos mucho.

Estamos haciendo todo lo posible por mantener viva la chispa.

-Pues, a tenor de lo que acabo de ver en la pizzería,

Paolo la chispa la tiene en otro lado.

-¿Paolo? -Ajá.

-Eso es imposible. -Abre los ojos, Cristina.

Tú no has visto lo que yo.

-¿Qué dices? ¿Cuándo? ¿Con quién?

-Ahora mismo, con mi mujer, mientras están trabajando.

No veas qué sobeteo.

-¿Con tu mujer? -Ajá.

-¿Me dices que Rosa...?

-Que no, tú no has visto bien. -No pensaba contarte nada.

Rosa y yo llevamos una temporadita regular.

Voy a la pizzería y me los encuentro abrazados y, encima, riéndose.

-Que los veas abrazados no tiene nada que ver.

Paolo es efusivo con todo el mundo. ¡Míralo, mira!

-Bueno, eso seguro.

Pero, no sé, Rosa y él,

tanto tiempo juntos y en un sitio tan pequeño.

A lo mejor ese roce, esa bromita continua,

los lleva a hacer alguna tontería.

-Que no, que lo que dices es una locura.

Que no tiene sentido.

Yo no he visto nada entre ellos, ¿eh? -Bueno, pues yo sí.

Y Rosa está cambiada.

Ese rollo de la pizzería la está cambiando.

-Igual es que le gusta el trabajo.

-Hace un minuto he visto cómo tu marido la abrazaba.

¿Tiene las manos muy largas?

-Paolo es italiano. Saca el lado mediterráneo.

Parece mentira que no lo conozcas.

-Lo conozco y por eso me sorprende que achuche a una empleada.

Pero si tú quieres mirar para otro lado...

He venido a avisarte, es lo que tenía que hacer.

-De verdad, que puedes estar tranquilo.

Paolo no es ningún donjuán. Todo lo contrario.

-Ojalá me equivoque y sea una paranoia mía.

Eso espero.

Por el bien de todos.

(Puerta)

¿Por qué has tardado tanto?

Estaba dando un paseo.

Necesitaba que me diera el aire.

Mierda de reunión. ¿Fue mal?

¿Le has colado el presupuesto? No.

¿Y eso?

Javier se ha presentado con un presupuesto más barato.

¿Te lo crees?

O sea, un presupuesto normal, ajustado a la realidad.

Este tocapelotas nos va a dar...

Ya sabíamos que era un tío muy capaz.

Y si un tío así apuesta por la renovación,

pues sí, nos va a traer problemas.

No te preocupes, un niñato pijo no se va a interponer en mis planes.

Ahora lo importante es que esto no llegue a oídos de Hortuño.

(Timbre)

Con la racha que llevo, ya verás como es Hortuño.

(RÍE)

Ginés. Qué alegría, no te esperaba por aquí.

Ni yo tampoco pensaba pasarme,

pero acabo de saber que Javier Quílez es el nuevo gerente.

¿Cómo lo has permitido? ¿Sabes la fama que tiene ese tío?

(SUSPIRA) Mira, lo han votado los comerciantes en la asamblea.

No he podido hacer nada.

Yo tenía propuesto otro candidato, pero no me lo han comprado.

He sabido que ha conseguido un presupuesto más económico.

Y que una televisión llegue al Mercado y haga un reportaje.

Lo tenéis todo controladísimo, ¿no?

¿Tú lo conoces de algo?

Hace tiempo le ofrecí llevar un hotel y ¿sabes lo que me dijo? Que no.

Va de íntegro por la vida.

Nos puede fastidiar, y mucho.

Bueno, tranquilo, que ya nos estamos encargando personalmente de ello.

Es cuestión de tiempo que lo echemos.

Eso espero.

Mientras Javier Quílez esté dentro del Mercado,

vosotros dos no vais a volver a ver ni un duro.

Andrea. -¿Sí?

-Que me voy, me ha llamado Javier.

-Vale, aquí está todo controlado.

-¿Seguro? -Sí, sí.

-Venga. ¡Gracias! -Nada, hasta luego.

¡Doménico!

Los "cannoli" para la mesa 5, que están esperando.

(DOMÉNICO) ¡Ya va!

-No te he oído llegar.

Pareces un ninja.

¿No estabas enfadado?

-Sí, pero quizás tenías razón.

-¿Cómo que quizás tenía razón? Siempre tengo la razón.

-Adela llora porque está triste.

-Elemental, mi querido Watson.

Bien, David. -Intento comprenderla.

-¡Claro! En eso se basa la amistad, tío.

En ayudar a tus amigos cuando están mal,

ponerte en su lugar

y en soportar que te digan cosas que a veces no te gustan, ¿sabes?

-Yo siempre digo la verdad.

-Y por eso está bien que entrenes para cuando los demás te la decimos.

-A veces sueltas charlas que pareces mi tutora.

-¿Ves, tío?

Ya me estás atacando otra vez porque no te gusta lo que te digo.

-Bueno, no, no me gusta.

Gracias por los consejos y ya no estoy enfadado contigo.

-Claro, que para eso están los amigos.

-¿No era ese tu amigo? ¿Ya se va?

-Al final le cogeré cariño, ya verás.

No hay quien se aburra con él.

-Pues cuídalo mucho, Andre.

Amigos así son los mejores.

-¡"Cannoli"! ¡"Cannoli"! ¡Vamos!

-Disculpad el retraso. He puesto uno más para compensar.

Que aproveche.

-¡Eh, Doménico! -Paolo.

-Ven aquí. -Dime.

-Nos acaba de enviar un mensaje Javier,

el nuevo gerente del Mercado.

Porque están los de "España Directo" en el puesto común.

Nos quieren hacer una entrevista.

-¿"España Directo"?

-Un programa de televisión muy importante.

-¿Y por qué nos quieren entrevistar?

-Porque Javier está convencido

de que tenemos que atraer la atención sobre el Mercado.

-Ya. -Porque un mercado que se renueva

podría atraer a patrocinadores.

¿Entiendes? -Sí.

-¿Quieres hacer la entrevista tú, por favor?

-No, de verdad, por favor, no quiero salir.

-¡Ah, Doménico!

Escucha, Rosa ahora se ha ofrecido para hacer la entrevista, está allí.

-Genial, entonces ya estamos representados.

-Ya, ya, pero Rosa lleva aquí horas trabajando.

Seguro que va a hablar del Mercado,

pero yo necesito que se hable de la pizzería.

¿Entiendes? -Ya.

-Eh. Va, por favor, hazla tú la entrevista.

-No, Paolo, hoy no.

-Doménico, pero tú te tienes que ir acostumbrando a hacer entrevistas.

Porque, con la novia que tienes, eso va a ser el pan de cada día.

-¿"Ma" qué dices? Giuliana no trabaja en la televisión.

-Pero, por lo que nos ha dicho, sus restaurantes tienen mucho éxito.

Ella, cada día, un evento gastronómico,

una entrevista...

-Eso es verdad, lo sé.

-Eh. Además, Doménico,

cuando uno es pareja de alguien,

tiene que participar de los éxitos del otro.

¿Me entiendes?

Y Giuliana es una mujer de éxito.

-Paolo, y... ¿nos ves como una pareja?

-¿Yo? Yo ya os veo casados, Dome.

-¿En serio? -¡Claro!

¿Cuándo hago bromas sobre estas cosas?

No, de verdad, estoy muy contento, ¿eh?

-Yo también estoy muy feliz con Giuliana.

-Que yo también estoy muy contento por Cristina,

porque por fin hemos resuelto nuestras crisis.

-Estáis bien ahora, ¿no? -Sí, sí.

Bueno, ahora sí, pero, ya sabes,

hemos pasado un periodo que ella estaba como rara, distante.

Amigo, yo tenía pavor a perderla. (GIULANA) "Ciao, ragazzi".

-Hey. -"Ciao".

"Ciao, amore". -Giuliana.

-¿Cómo va? -Buenísimo.

-Paolo, "ti vole dire, he stato parlando" con Nino.

No me explicaba por qué os dejó tirados.

-No te preocupes, Giuliana.

La clase de Rosa fue un éxito. -Sí, "io capito".

Pero yo necesitaba entender el por qué.

La mujer del jefe de sala se puso de parto.

Sí. Un niño prematuro de urgencia.

Y "alora" Nino tuvo que quedarse al restaurante.

-¿Pero ahora el niño y la madre están bien?

-Sí, están estupendamente. -Ah.

Es más, ha dicho que, "per" pedir disculpas,

os quiere invitar a cenar a Cristina y a ti.

-¡Yo, encantado!

Pero los dos nos tenéis que acompañar.

-¡"Ma" no!

Es una cena para parejas, ¿no? -Claro.

-Para los dos.

-Pero ¿qué hay mejor que un plan de parejas?

Va, Doménico, ¿te apuntas?

-Por mí, genial. -Eh.

Porque, además, yo tengo que hacer ensayos.

Porque, cuando llegue el momento,

espero que me escojáis como vuestro testigo de boda, ¿no?

-Seguro que sí, Paolo. -Ah...

-Serás tú el testigo, ¿verdad, Giuliana?

Y llevo en este mercado toda mi vida.

Y... y no puedo imaginarme haciendo otra cosa.

Y no es solo por el puesto, es también...

Bueno, es todo, es mi familia y...

Y es que ahora cambiar y romper con todo...

Mmm... Vamos, que yo, en este momento,

con lo de la obra del tejado y con lo de mi marido que...

Oye. ¿Podemos cortar un momento, por favor?

Eh... ¿Podemos empezar de nuevo?

Es que estoy en un día un poco... Vamos, no estoy a lo que estoy.

¿Cómo va la cosa?

Regular, para qué te voy a engañar.

Mira, Adela lleva cuatro tomas ya, no da pie con bola.

Lo peor es que parece que hay una epidemia, no es la única.

¿A quién más han entrevistado?

Rosa, que es una institución en el Mercado.

Estuvo correcta, sin chispa.

Luego Cristina, que tiene muy buena imagen, joven, con estilo.

Nada, a por uvas.

Y luego Jesús de la Cruz, que tiene que dar un toque de solera,

también estaba en la parra.

No sé qué les pasa a todos.

Bueno, no te preocupes, que luego lo editan.

Quitan la parte mala y dejan las frases buenas.

Si hubiese frases buenas, pero no es el caso.

Ya, bueno, no es fácil hablar delante de la cámara.

Y menos con un tema tan personal para ellos.

El Mercado es su vida.

Oye, ¿por qué no te animas tú? No, no.

Sabes hablar delante de la cámara. No me voy a exponer, no, de verdad.

Javier, mira, yo estoy completamente bloqueada.

¿Por qué no llamas a otra que hable con los de la tele?

Que no tengo el día. Tranquila, Adela, no pasa nada.

¡Carmen!

Carmen, ven... ven aquí. -¿Qué?

Mira, están los de la tele haciendo entrevistas.

¿Hablas tú con ellos?

Tienes la cabeza mejor amueblada.

No, si yo no voy arreglada ni nada.

Si estás divina siempre. -Estás natural, es lo que buscan.

Anímate. -Si pensáis que lo puedo hacer.

Mirad, ella es la dueña de la carnicería.

Seguro que os lo explica la mar de bien.

Carmen, solo tienes que explicarles

qué es tu puesto para ti y qué significa el Mercado.

Bueno, pues para mí el Mercado no es solo un grupo de puestos.

Es... Son los clientes.

Somos las personas que trabajamos aquí, día a día, codo con codo.

Es... es... es todo.

Yo me he criado en este mercado.

Hasta me he distanciado de... de mi madre

por intentar salvar el Mercado.

Si ahora mismo cierran el Mercado, yo pierdo el puesto, es que...

A mí se me quitan las ganas de vivir.

Así de sencillo.

Perdón.

Perdón.

Hola, buenos días.

¿Qué? ¿Te gustaron las algas exfoliantes?

Porque, si quieres, te saco más, ¿eh?

¿O no? ¿O prefieres llevártelas también hoy puestas?

Te puedes ahorrar los sarcasmos, Adela.

Ya sé que le has contado a mi novio que me acuesto con tu marido.

¿Cómo se te ha ocurrido?

Pues, mira, porque tenía el día caritativo.

Pobre, que sepa con quién se va a casar.

Pues que sepas que has hecho el ridículo.

Alejo está al tanto de mis aventuras, y yo de las suyas.

Ah, ¿sí? No me digas.

O sea, que los dos sois iguales

y os dedicáis a fastidiar la vida de los demás.

Qué bien, qué bonito. No.

Más bien somos honestos y consecuentes.

Al contrario que otros, no nos gusta la hipocresía.

Pues, mira, me parece estupendo.

Pero tú tienes tu vida y yo tengo la mía.

Y mejor harías en no perjudicar a los demás con...

Espera, ¿cómo lo llamáis vosotros? Ah, sí, pareja abierta. Muy abierta.

Sí, una pareja en la que intentamos comprendernos

y no castrarnos como tú a tu marido.

Sí, se ve que os comprendéis muy bien el uno al otro,

pero el respeto a los demás os lo pasáis por el forro.

Bien poco te importó

si acostarte con mi marido me hacía daño.

Lo que no entiendo es por qué tienes que hacer un drama de todo esto.

Tu marido te quiere. A su manera te es fiel.

¿Qué te importa que tenga sexo con otras?

Pero ¿quién narices te crees tú que eres?

¡Lo que a mí me importe o no es cosa mía!

Adela, es solo sexo. Mira, bonita,

los acuerdos de cada pareja son cosa suya.

Y lo que significa la sexualidad y la fidelidad también.

¿O es que tú me vas a dictar cómo vivir?

Hola, cariño. Lorena.

Oye, me ha dicho Jorge que te has emocionado con los de la tele.

-Ay, menudo papelón he hecho.

Qué vergüenza.

¿Mi madre? ¿La has visto? -No, pero tiene que estar al caer.

-No va a venir. -¿Cómo no va a venir?

-¿Y tu padre? ¿Va a venir?

-Claro que va a venir, claro... Mírale, ahí está.

(JESÚS) Solo estaré una hora.

Y no me pienso mover de la barra. Las mesas las sirves tú.

Átame esto.

-Claro, papá. Muchas gracias por venir a ayudarme.

-¿Cómo estás, Jesús? -Harto.

Entre mi hija y mi nuera... Cada dos por tres estoy ayudándolas.

-Hola, suegra. -¿Qué pasa?

¿No había otro sitio donde quedar para comer?

Con la de bares que hay en el barrio.

-Aquí se come muy bien y estamos al lado del puesto.

-¿Sí? Te puedo decir yo cincuenta que están al lado.

Pero qué equivocada estás.

Vas a perder a tu marido, Adela,

y, lo que es peor de todo, te vas a morir insatisfecha.

Deberías revisar esas creencias tuyas.

Con la de hombres que hay en el mundo,

¿por qué aferrarse a uno?

¿Sabes? Tienes razón y voy a hacer lo que me acabas de decir.

Ahora mismo voy a llamar a Alejo.

¿Para qué? ¿Que para qué?

Hombre, porque como el sexo es solamente sexo,

pues me voy a acostar con él.

¿Qué te parece? Así estamos de empate.

Ah, no. Que no te hace gracia.

Vaya por Dios. ¡Qué castradora!

No sé ni por qué me ofendo, si no eres más que una verdulera.

¿Cómo me has llamado?

¿Eh? ¡Verdulera!

¡Eh, eh, eh!

¿Qué pasa, Adela?

La eminencia esta,

que ha venido a provocar la muy cretina.

¿Te importaría marcharte? Ya nos has tocado las narices.

Mira, te lo voy a dejar meridiano:

olvídate de mí y yo me olvidaré de ti y de tu marido.

Vale, vale, vale, vale.

(SUSPIRA)

Ya lo siento, qué desagradable.

Pues no sabes lo a gusto que me he quedado.

Bueno, te has desahogado, eso está bien.

No sé si valía la pena ponerse a la altura de esa petarda,

aunque no me he dejado comer el terreno.

Como hace tu hijo.

David no es que sea justamente un ejemplo de relaciones personales.

Pero me sirve para ver que no debo tener miedo de decir lo que pienso.

Eso es verdad. En eso David es un maestro, sí.

Para que veas.

Yo también aprendo de vivir con vosotros.

(SUSPIRA) Gracias.

Bueno, pues os he preparado una mesita.

Y el menú de hoy está espectacular.

-Aunque, si no quieres comer menú, podemos pedir la carta, Valeria.

-Eso, tú gasta el dinero que no tienes.

-Cómo les gusta a algunas hablar de dinero.

Se nota que están todo el día pensando en ello.

-Mira, mejor nos vamos a la pizzería.

Ah, no, que ahí hay otra De la Cruz.

Son como una plaga.

-¡El que se va soy yo!

-No. Espera, papá.

No, espera, papá.

-Que no, que no, que no soy tonto.

Que me habéis preparado una encerrona.

(LORENA) No me puedes dejar sola. (JESÚS) Ya sois todos mayorcitos.

¡Ya te apañarás! -No, espera, Jesús.

Quiero que oigas lo que voy a decirles a mis hijos.

Te interesa.

-Lo que tú hagas, Valeria, dejó de interesarme hace días.

-Aguanta un poco y ya me lo dirás.

Felicidades, Carmen.

Enhorabuena, Nicolás.

Y le dais también la enhorabuena a Elías

y a todo el que estaba en contra.

Lo habéis conseguido.

He vendido la casa de Comillas.

(JESÚS) ¿La casa?

Querrás decir esa ruina.

-Sí, las cuatro paredes donde vivieron mis padres y mis abuelos.

Donde yo me crie y me hubiera gustado

pasar el resto de mi vida en buena compañía.

Pero no pudo ser. (CARMEN) Mamá, yo...

-Tú ahora cállate, Carmen, te lo pido por favor.

Y tú, Jesús, mírame.

Porque es lo que querías, ¿no?

Verme hundida.

Pues hundida estoy.

-Entre nosotros ya está todo hablado. -No, falta mi parte.

Sí, es verdad, me acerqué a ti por interés y por desesperación.

Hice mal, porque te oculté mis intenciones.

Pero eso fue al principio.

Lo que nunca fue mentira es lo que sentí por ti después.

Me enamoré de verdad,

como solo lo había hecho cuando tenía veinte años.

Y, si tú quieres desaprovecharlo, pues allá tú.

Así que ya podéis estar tranquilos, tenemos el dinero.

Un pastizal.

¿Y para qué?

Para ser infeliz.

Al menos, yo.

¿Paolo y Rosa? ¡Eso es imposible, hombre!

Me parece una forma fea y cobarde de limpiar tu conciencia.

Mira, no sé qué pensar.

Cuando Nacho ha venido a contármelo, he pensado que podría ser.

-Hola. -Hola. ¿Puedo ayudarte en algo?

-Eh... Sí, venía por unos cactus, pero ¿qué has dicho de mi padre?

La idea de estar a malas contigo me mata.

Y la de no verte también.

¿Entonces?

Pues quiero ser sincero contigo.

Hay otra mujer.

Me ha llamado el productor del equipo de televisión

para decirme que estaban encantados contigo.

Al parecer les has facilitado muchísimo el trabajo.

-Ese reportaje es muy importante. Este mercado es parte de mi vida.

-Va a quedar genial. Y, en gran parte, gracias a ti.

-Doménico es el síntoma, no la enfermedad.

¿El síntoma de qué?

De que ya no estoy enamorada de Paolo, Adela.

Has hecho mucho más de lo que te corresponde.

Y mucho más de lo que le corresponde a tu sueldo,

que sabemos que mucho no es.

Es lo que hay. Ya hombre, ya.

Pero es una pena que alguien como tú, de tu valía,

se tenga que conformar con eso, ¿no?

¿Mmm?

Yo podría solucionar ese problema, si quieres.

Buenas.

Jorge, ahora no es el momento. Celia, no estoy hablando contigo.

Tú ya me has dejado claro todo, ¿mmm?

Han traído esto para ti, Adela.

¿Para mí? Ajá.

No estamos hechos para estar juntos.

-¿Y... y todo eso no ha significado nada para ti?

-No, "ma" no seas dramático.

"Ma" tu y "io" tenemos una química "especiale",

seguramente única.

Pero una pareja son muchas más cosas, Doménico.

-Han emitido el reportaje y ha sido todo un éxito,

sobre todo en Internet.

Al parecer se ha viralizado y está causando muchísimas simpatías.

Quería felicitaros a todos y en especial a Carmen Pacheco.

Tu testimonio está llegando al corazón de muchísima gente.

(CARMEN) Ay. -¡Brava, Carmen!

(Aplausos)

-Déjalo, Luis, está todo bien. -Ya la has oído. Déjalo.

-¿Por qué la has agarrado? -Me ha dado la gana.

¿Pasa algo? -Te voy a partir la cara.

-¿Queréis parar ya?

-Como vayas con el cuento a tu padre o a quien sea,

te las vas a tener que ver conmigo.

Esto es una cosa entre tú y yo.

Es mejor tenerme como abuelo que como enemigo.

¿Estamos?

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Mercado Central - Capítulo 53

05 dic 2019

Celia vuelve a marcar las distancias con Jorge.
David pide asilo a Andrea, que lo empuja a aprender empatizar con Adela.
Paolo y Doménico están ilusionados por haber recuperado el amor, pero las cosas no son lo que parecen.
Javier dinamita los planes de Elías, que paga las consecuencias con Hortuño.
Jesús mueve, sin querer, la conciencia de Jonathan, que se sincera con Luis.
Nacho, celoso de la relación entre Paolo y Rosa, trata de inocular celos en Cristina.
Javier lleva a la prensa al mercado y Carmen se rompe delante de las cámaras.
Lorena y Nicolás llevan a cabo su plan de la intervención y Valeria sorprende a todos con una noticia bomba.

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