Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 50 - ver ahora
Transcripción completa

Ya le has parado los pies al colega.

-¿Se puede saber qué te pasa?

Solo me ha tratado como una adulta y yo he hecho el ridículo.

-Ya te he dicho que lo siento. -La culpa es mía por hacerte caso.

-Solo quería hacer lo que hacen los colegas, ayudar.

-Si quieres que lo sigamos siendo, déjame en paz.

Lo siento mucho,

pero lo que yo he sentido por ti jamás lo he sentido por nadie.

¿Tú te crees que yo soy tonta o qué?

Yo no sé de qué me ha valido quererte tanto

ni aguantar tus desplantes y tus enfados.

Porque tú no quieres a nadie, Elías, a nadie.

Solo te quieres a ti mismo. No digas eso, no es verdad.

Llevamos treinta años juntos. Treinta años que acabas de convertir

en una mierda de mentiras, de cinismo y de engaños.

Lore, no me puedes dejar sola en esto.

Me prometiste que me ayudarías.

No puedo seguir viendo cómo mi padre humilla a mi madre.

¡Antes me vuelvo a ir de casa!

-Vale.

Pásate esta tarde por aquí cuando salgas de clase, ¿vale?

-¿Por qué, qué estás pensando? -Tú déjame a mí.

-Muchas gracias por ser tan valiente, de verdad.

Y por traer a Giuliana de vuelta a mi vida.

-Espero no haberme equivocado.

Mira, a veces,

los recuerdos del pasado nos impiden ver lo bonito del presente.

-Es que ahora mi presente es con ella.

Y espero que lo entiendas.

Jorge hace poco tuvo algo con una mujer.

Ah, ¿sí?

No lo sabía.

Ya, me lo imaginaba, por eso... por eso te lo digo.

Se ve que tuvieron sentimientos fuertes,

pero... pero que la cosa no cuajó.

Y... ¿tú sabes quién es?

Es Celia.

Aquí tenéis las lasañas.

Tres carajillos, ¡ya mismo van!

¿Dónde está Noa cuando se la necesita?

David, cariño, te he dicho antes, te vuelvo a decir ahora,

es que no es el momento de ponerte a hacer tapas.

¿Me quieres ayudar con la vajilla?

Así puedo atender a las mesas, me espera la gente.

-No puedo, las tapas son importantes.

Me faltan ingredientes y utensilios.

Tu rallador no funciona, ralla mal.

(LORENA SUSPIRA) Ya ves.

-No encuentro muchas cosas, la cocina está muy desordenada.

Cuando entras, la desordenas más, no encuentro nada.

-Bueno, pues ya, si eso, otro día ya yo me pongo a ordenar.

-Me faltan cosas para las tapas. No hay carrilleras.

Ni tampoco hay manzanas. Tengo que hacer un puré de manzanas.

Sin manzanas, no puedo hacer un puré.

-Claro, tiene toda la lógica del mundo:

no hay manzanas, no hay puré de manzanas.

Pero es que ahora

no puedes estar aquí.

-¿Por qué no?

-Porque tengo el bar lleno.

Tengo que atenderles, estoy sola...

-Dime dónde están las manzanas. -Va, va, ya va.

Tres carajillos. -Tengo que hacerlo como dice Jorge.

O se va a enfadar. La cocina es una ciencia exacta.

Sin los ingredientes, no puedo hacerlo bien.

Quiero hacer las cosas bien, Jorge... -¡Cállate, por favor!

Jorge no está,

este no es el bar de Jorge, este es mi bar.

Y aquí se hacen las cosas como yo digo.

Si quieres seguir cocinando, te vas a casa de Jorge.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

(JESÚS) Adela.

¿Cómo estás?

Cansada. Mmm.

Dormir fuera de casa es lo que tiene.

No he querido decirte nada esta mañana.

Yo tampoco estoy en mi mejor momento.

Pero, una cosa...

Bueno, no quiero meterme donde no me llaman.

Pues entonces no lo hagas, Jesús.

¿Por qué te has ido de casa?

Ha debido ser algo muy gordo, no la típica bronca entre matrimonio.

Elías tampoco quiere hablar del tema.

Esta mañana me dijo

que era una tontería y que cenaríais juntos,

pero ya veo que no.

Muy mal se ha tenido que portar mi hijo

para que tomes una decisión así.

Te agradezco muchísimo que estés intentado,

de verdad. ¿Ha sido infiel?

No quiero ni puedo hablar de Elías, por favor.

No sé qué va a pasar con nuestro matrimonio.

La rutina es muy mala para el matrimonio,

acaba pasando factura.

Los hombres a veces no arreglan las cosas dentro de casa

y buscan la solución fuera.

Y nos equivocamos.

Además, la enfermedad de Elías con su problemilla tampoco ayuda.

Es una forma muy elegante

de tratar un asunto bastante feo.

No... no quiero disculpar a Elías, pero, haya pasado lo que haya pasado,

seguro que está muy arrepentido.

Yo te pido que le des otra oportunidad.

Por Elías, por mí y por Germán.

Ya sabes que te aprecio mucho.

Eres uno de los pilares de la familia.

Y no quiero perderte.

Jesús, yo te lo agradezco muchísimo.

Tú mejor que nadie sabes lo que es la traición.

Y recuperarme de esto

me va a llevar tiempo.

Ay, hola, mama. Que estás aquí.

(SUSPIRA)

No hace falta que te diga que el puesto no es lo mismo sin ti.

Esta mañana, la cantidad de clientas que han preguntado por ti.

-Quita.

-Que... yo entiendo que sea difícil perdonarme,

a mí también me costaría.

Pero quiero que sepas que... que estoy muy arrepentida.

Por todo.

Ojalá las cosas pudieran ser como antes.

Yo voy a hacer todo lo posible para que así sea.

-Solo estoy aquí para recoger mis cuatro cosas.

No voy a volver a trabajar en este puesto.

-¿Y qué vas a hacer? -Yo venía aquí a echaros una mano,

no porque me hiciera falta.

-No puedes decirlo en serio. -Como si no me conocieras.

-No puedes hacer esto. -Pues ya está hecho.

Tenme preparada mi parte de los beneficios,

vendré cada mes a buscarla.

-Buenas tardes, Valeria.

Me alegro de verte aquí.

-Disfrútalo, es la última vez.

-Tenemos que arreglar las cosas.

No puedes vivir en casa de Concha.

-No tenemos nada que arreglar.

No he sido yo la que se ha portado como una miserable.

No tienes perdón.

-Mama...

Mama...

Mama, espe...

-No te preocupes, Carmen, yo hablaré con ella.

"Allora". -Ajá.

-Bizcocho de soletilla. -Sí.

-"Amaretto e" almendra.

"Credo" que está todo menos las flores.

Mira que espero que lleguen "per" tiempo, ¿eh?

Me encanta el "zuccotto",

yo creo que es el mejor postre del mundo.

Pero no es fácil.

-Pero a ti los postres siempre se te han dado bien.

Aún me acuerdo del "sfogliatelle" que hiciste en Nápoles. ¿Te acuerdas?

-Yo me acuerdo de ese día.

Pero, sobre todo, por lo que pasó después, en la sobremesa.

-Giuliana, pensaba que deberíamos celebrar este reencuentro.

¿Por qué no hacemos una escapada por los viejos tiempos?

Le puedo pedir un par de días libres a Paolo.

"Ma, Doménico, molti obblighi".

"È stato bellísimo" el reencuentro.

Pero no puedo "lasciarlo" todo para irme con "te" un fin de semana.

"Anche se" me gustaría mucho.

-Ya, pero las mujeres de éxito tenéis derecho a tomaros un descanso.

-Sí, ¿"ma come facio"?

-Aquí están las flores comestibles.

Pero que, si es mal momento, me voy y vengo luego.

-No, no, no, Cris, de verdad.

Tengo que atender a unos clientes que acaban de entrar.

Giulina. -¿Sí?

-Luego te ayudo con lo que falta para la clase.

-"Grazie, caro. Ciao". -"Ciao".

Chao, Cristina. (AMBAS) Chao.

-Veamos que hay aquí.

Esta, no...

Si es esto lo que tenemos, pues estas tendrán que valer,

¿no? -Pues sí.

-¿"Perché" tengo la "sensazione"

que no te hace muy feliz "la mia presenza" aquí?

-¿Por qué dices eso?

-¿Sabes, Cristina?

Creo que tienes mucho cariño a Doménico.

Más que a Paolo, incluso.

-No sé lo que estás insinuando, pero te estás equivocando de lleno.

-Si tú lo dices.

-Doménico es amigo de la familia, todos le tenemos mucho cariño.

-Ya.

A Doménico se le coge cariño muy rápido.

"Ma non ti preoccupare".

"Perché io" te lo robaré solo un par de días.

Me lo llevo.

"Ciao". -Chao.

Has trabajado muy bien, David.

¿Por qué no te vas a casa, descansas y terminas los deberes?

Ya los tengo hechos.

Y Adela vive con nosotros y me pone muy nervioso.

Así que prefiero estar aquí cocinando.

Pero, si Lorena no me desordenara todo,

lo terminaría antes.

Bueno, tranquilo.

Ya sabes que la cocina es tiempo y paciencia.

Y yo creo que has hecho mucho por hoy.

Vete a casa y descansa.

La vas a tener solo para ti, Adela está aquí trabajando.

Hasta los mejores chefs descansan a veces. Tira, venga.

Me lo dices porque ella no quiere que trabaje aquí.

¿Verdad?

Da... David.

David, no te vayas así. ¡David!

(SUSPIRA) Es un chico muy especial y muy sensible,

hay que tener paciencia con él.

Y solo quiere ayudar.

(SUSPIRA) Ya, ya lo sé.

Lo siento, no tenía que haberme puesto así.

Pero, Jorge, también te digo que es que ayudar ayuda poco,

lo tengo todo el día detrás de mí, persiguiéndome, pidiéndome cosas.

Y luego con las tapas se pone superexigente,

tan... tan tiquismiquis como tú.

Claro, lo ha aprendido de ti.

Es que estoy sola, no doy abasto.

Cuando está Noa, todavía, pero es que...

No puedo estar a David y a los clientes. Lo siento.

Ya, claro.

Si estás tú, genial, pero...

Es que yo sola no... no me da tiempo.

Yo sé que es tu amigo, le quieres mucho, le quieres ayudar,

pero es que me da más trabajo del que me quita.

Mira, sé que a veces es difícil tratar con él,

pero le hace mucha ilusión cocinar.

Creo que sería un palo para él si le digo que no vuelva.

No.

No, lo siento, lo siento, Jorge, pero...

Es tu problema, es tu movida.

Yo no quiero que esté aquí mareando, al final la va a acabar liando.

Yo no quiero perder clientes por esto.

Lo siento.

No, no, no. Lo entiendo.

No lo digo por esto, sino por lo de esta mañana.

Lo que te dije de tu ex y de los cocineros.

Yo... No es asunto mío, no tengo derecho.

No, no pasa nada.

Todos decimos cosas de las que nos arrepentimos

cuando nos calentamos.

Yo el primero, así que ya está, olvidado.

Bueno, voy a ver si rescato a Javier.

Lo he dejado con el italiano, el palique que tiene...

Luego te veo.

(SUSPIRA)

Elías.

Perdona, que no te había visto, tengo la cabeza en otro sitio.

No solo la cabeza es lo que tienes en otro sitio últimamente.

¿Qué quieres decir?

Que no soy idiota.

Que una mujer no se va de casa por una pelea por los platos sucios.

Tú y yo nos entendemos.

Tiene gracia que seas tú

el que venga a darme consejos de mujeres, a ti,

que te gustan más que a un tonto un lápiz.

Sí, me gustan las mujeres.

Pero yo nunca he engañado a tu madre. Y tú lo sabes.

Pero, cuando se murió, bien que te pusiste al día.

No eres nadie para darme lecciones. No te confundas.

Si yo me fui con otras mujeres es para tapar el hueco que dejó ella.

Mientras estuvimos juntos nunca le fui infiel,

no hubiese soportado perderla por un capricho estúpido.

Tampoco quiero perder a Adela.

¿Y qué piensas hacer?

Adela es una mujer extraordinaria,

no quedan muchas como ella.

O sea, que ya puedes pensar algo para recuperarla, y rápido,

porque esta vez no te va a perdonar por un anillo

o por una cena en un restaurante caro.

"(RÍE)"

¿Te ha dado mucha chapa el italiano? Qué va, es encantador.

Y se ve que disfruta con su trabajo y con tener el negocio aquí.

Eso no lo dudes.

La verdad es que este sitio es una maravilla:

el edificio, los puestos, la gente.

Una maravilla algo anticuada,

pero una maravilla. Sí lo es, sí.

Y es verdad lo que decías:

sois como una gran familia, y eso se nota.

Me voy a dejar la piel en sacar este sitio adelante.

No podemos permitir que desaparezca, y menos por culpa de Hortuño.

No sabes cómo me alegro de que estés aquí.

Confío en tu experiencia para sacar adelante esto.

Pues manos a la obra, que hay mucho por hacer.

Oye, eh... No quiero parecer indiscreto y...

Si no quieres, no me respondas.

Cuando nos hemos cruzado con Germán,

me ha parecido que os conocíais.

Sí, coincidimos en un bar de copas. Tenemos algún amigo en común.

Ah. Oye, tú no te vayas a poner celoso.

Que solo tengo ojos para ti.

Más te vale.

Bienvenido al Mercado Central.

Habría que revisar ese nombre.

Sí, si quieres morir lapidado

por una turba de tenderos cabreados, hazlo.

Te dejo. Oye, que comience tu reinado.

Gracias, amigo.

La elaboración del "zuccotto" no es demasiado complicada

si se sabe cómo.

La clave está, como en todos los postres,

en ser muy precisos con los tiempos "e" la cantidad,

en concreto, con el azúcar y el frío.

Todo lo demás es cariño y disfrutar haciéndolo.

Un poco como el sexo,

sin la obligación de quedarse a dormir después.

Bueno, el toque final, las flores.

Que son comestibles.

Estas, en concreto, no son mis favoritas,

pero no han podido conseguir otras.

Luego os pasaré una lista con las flores adecuadas.

Y aquí tenéis... el delicioso "zuccotto",

un pasaporte para la felicidad para cualquiera que lo pruebe.

¿Quién se anima?

(Llaman)

¡Adelante!

-Hola. -¿Qué tal?

-Buenas. -Soy Javier Quílez.

El nuevo gerente.

Y tú eres Samuel, ¿no? -Mi sonrisa me delata, ¿no?

Aunque esta silla es una buena pista, ¿eh?

-Tengo entendido que vas a ser mi ayudante.

Quiero tenerte cerca para que me ayudes en mis dudas.

Al principio, serán muchas. -Muy bien.

-Vamos a trabajar mano a mano.

Vamos a llevarnos bien, verás. -Seguro.

-¿Y tú eres...? -Mi padre.

-Soy Nicolás, el responsable de mantenimiento.

-Ah.

-Y, como dice Samu, su padre.

-Pues encantado de conoceros a los dos.

Para empezar, Samuel, necesito que me hagas

el informe con el organigrama del Mercado,

para saber quién es quién y su tarea.

Y un documento en que me cuentes cuáles han sido tus competencias.

Y tú, Nicolás, lo mismo. (NICOLÁS) Ajá.

-El informe con tus funciones. -Muy bien.

-Pues, sin prisa, pero, cuanto antes lo tengáis, mejor.

(Móvil)

¿Me disculpáis? -Sí, claro.

Vamos, Samu.

-¿Sí?

Sí.

(Puerta)

Le gusta mandar al nuevo, ¿eh? -Parece un hombre trabajador.

Jorge dice que es muy buen profesional.

Yo, mira, Samu, si consigue salvar el Mercado

sin que nos cueste un riñón, yo encantado.

No está la familia para tirar el dinero.

-Creo que lo va a hacer bien, se ve un tío competente.

Un poco motivado pero competente.

-Vamos. -Anda, que tengo mucho lío.

(Mensaje)

(Mensaje)

Eh... ¡Un aplauso "per" Giuliana!

Ha estado fantástica, ¿sí o no?

Ahora haremos una breve pausa

y luego seguiremos con la segunda parte de la clase.

"Grazie a tutti", ¿eh? Nos vemos luego.

-Gracias.

Giuliana... -¡Doménico!

-"Tu sei stato no brava, sei stato ¡bravissima!".

-"Oh, Madonna".

-Sabía que eras una buena cocinera, pero no que fueras

una profesora tan encantadora.

-¡Giuliana! -Paolo, "caro".

-¡"Grazie mille"!

Ha sido una clase maravillosa.

Yo no sé cómo agradecértelo.

No hay dinero para agradecértelo. -"Ma" no todo es dinero.

"Non ti preoccupare", algo se me ocurrirá.

Voy a por mi bolso.

"Ciao, cara". -Chao.

¿Cómo es? Pues bastante bueno.

Y preparado, tiene experiencia en hostelería.

Qué bien.

Lo que nos faltaba, un grano en el culo.

Eso seguro, porque viene con muchas ganas.

Dice que se va a dejar la piel por el Mercado,

así que fácil no nos lo va a poner.

Ya puedes ir avisando a Hortuño.

¿Estás bien, papá?

No, hijo, no, no estoy bien.

A mí lo de tu madre me tiene...

Bueno.

Algo tendremos que hacer

para que este niñato no reviente nuestros planes.

¿Cuento contigo?

¿Para ocuparme del gerente o de mamá?

Germán, por favor, no hagas bromas con lo de tu madre,

que el asunto es serio. Bueno.

Bueno, por lo menos lo reconoces, es un primer paso para arreglarlo.

Lo que pasa es que la cosa pinta muy mal.

Esta mañana se ha presentado tu madre aquí sin avisar y...

Se ha enterado de que tengo el otro teléfono.

Papá... papá, no aprendes, ¿eh, colega?

Pensaba que te habías deshecho de él. Te está saliendo muy caro.

Te lo pillé yo y, ahora, mamá. ¡Germán, ya! Ya, de verdad.

Si me vas a echar la chapa con todo esto, ahórratelo, ¿eh?

Sé perfectamente lo que he hecho.

La has cagado con mamá. Y de qué manera.

Mira, hijo.

Lo que yo he tenido con otras mujeres ha sido solo sexo,

te lo juro.

Sexo, no me importaban nada, me acostaba con ellas.

Y punto, se acabó.

Yo sigo enamorado de tu madre como el primer día, te lo juro.

Lo que pasa es que te va a costar un poquito que un juez te compre eso.

Suena raro, ¿verdad?

Pues no estoy loco.

Estoy lleno de contradicciones, como todo el mundo.

No soy ni mejor ni peor persona que nadie.

Venga, no seas tan duro contigo mismo, por favor.

(RESOPLA)

Mira, todo eso de... de asumir las propias contradicciones

está bien, está bien, lo he oído muchas veces.

En las películas.

No es lo mismo con tu padre y tu madre.

No, hijo, no.

Tú no tienes nada que ver con esto.

Pues, mira, en eso... en eso también te equivocas.

Yo soy tan culpable como tú de todo esto.

Sabía lo que le estabas haciendo a mamá

y se lo oculté.

Así que, a mi manera, yo también la he traicionado.

No, Germán, no pienses eso.

¿Qué ibas a ganar contándoselo?

¿Hacerle más daño?

(PAOLO HABLA EN ITALIANO)

(DOMÉNICO HABLA EN ITALIANO)

-Cristina, a ver si nos puedes ayudar con esto.

Doménico tiene pensado hacer una receta muy buena

pero un poco original. -Mmm.

-Y yo creo que tenemos que hacer algo más divertido.

Para estar en la línea de la clase de Giuliana.

-¿Cuáles son las opciones? -Hay...

-No queremos condicionarte.

Tú conoces muy bien la cocina napolitana,

elige lo que más te guste.

-"Amore mio".

-Por mí, el ragú napolitano.

-¡"Brava"!

-Os habéis puesto de acuerdo, ¿eh? -No, no.

-"Scusate, ¿eh? Paolo, caro".

Antes me decías que no sabías

cómo pagarme el favor. -Eh.

-Se me ha ocurrido algo.

-Solo tienes que decirlo.

-Me tienes que hacer un favor inmenso, lo sé,

pero ¿tú podrías dar dos días libres a Doménico?

-"Certo".

-Me gustaría tanto que conociera

"la mia casa" en Formentera.

-¿Y eso?

Me habías dicho que no podías irte.

-"Caro", pero tú me has dicho

que también una mujer de éxito necesita descansar.

-Ya. -Y me ha salido un asunto urgente.

Tenemos que estar allí esta misma noche.

Estoy comprando billetes.

(PAOLO) ¿Esta noche? (GIULIANA) Sí.

-Eh... Giuliana. Lo siento, a mí me encantaría,

pero yo necesito a Doménico para la clase de esta tarde.

(GIULIANA) Mmm... -Nadie sabe hacer

el ragú como él.

-Pero eso tiene fácil solución. (PAOLO) ¿Qué?

-Te presto a Nino. (PAOLO) ¿A Nino?

-"Il miglior chef del mio ristorante".

-¿Nino... Nino Torelli?

-"Certo", ¿interesado? (PAOLO) ¿"Ma vero"?

"Certo" que estoy interesado.

Para mí será un honor tener a Nino

como profesor y compañero.

-Entonces compro los billetes y "chiamo subitto" a Nino.

(PAOLO) ¡"Grazie mille"!

-Sí. Dos billetes.

"È, certo, business".

(DOME) ¡"Grazie"! (CRISTINA) Yo me marcho.

También tengo un negocio que atender. -"È certo, amore mio".

¡Hey! -¡"Grazie, Paolo, grazie"!

-A Nino Torelli. -"Bello".

-Y tú, a Formentera.

Aquí tienes, ¿te gustan? -Oh... Están preciosas.

Eran sus flores favoritas.

Anda, dime qué te debo. -Nueve euros.

-Toma, quédate con la vuelta.

-Gracias. -A ti.

-Valeria, hola.

¿Podemos hablar? Un momento.

Va a ser solo un segundo.

Por favor. -No.

-Pero ¿por qué? ¿Dónde vas? -No te importa.

-Pero solo será un momento, por favor.

-¿Quieres saber dónde voy?

Al cementerio, a visitar la tumba de mis padres.

Ahora mismo solo me fío de los muertos.

Son los únicos que no te darán una puñalada por la espalda.

-Escucha, Valeria.

Yo sé que no debería meterme,

pero que sepas que estamos muy preocupados por ti.

Nos gustaría que volvieras a casa. -Yo no quiero volver.

-Pero somos tu familia, tu única familia.

Tu sitio está con nosotros, Valeria.

Estás muy enfadada con Carmen, y con razón,

pero Samu lo está pasando muy mal, se siente culpable con todo esto.

Y ya sabes lo que te aprecia.

Por favor, si no quieres hacerlo por nosotros,

hazlo por él, pero vuelve.

-¡A mí no me cuentes cuentos, Nicolás!

Para empezar, Samuel está viviendo ahora con Carla,

así que no creo que eche mucho de menos a su abuela.

Y, de Carmen, una cosa te voy a decir:

si de verdad le importa mi felicidad,

¿por qué le contó eso a Jesús?

-(SUSPIRA) Verás, no es tan simple.

No andábamos muy bien de dinero y Carmen estaba desesperada.

Mira, en cuanto a ti,

siempre te he dicho las cosas a la cara.

Y no voy a empezar ahora a cambiar.

A ti nunca te ha importando cómo me lleve yo con mi hija.

A ti lo único que te interesa

es que no se le acabe el chollo del puesto,

porque, si no, te tienes que buscar un trabajo de verdad.

Llevas veinticinco años viviendo de las Pachecas.

Y, si por ti fuera, seguirías veinticinco años más.

Así que no me digas que sufres por nosotras,

porque a ti lo único que te mueve

es no quedarte solo con tu mierda de sueldo.

Buena suerte con la mierda de padres que te han tocado.

Lo siento por dejarte solo, pero no puedo hacer otra cosa.

-No, déjala, Samu.

Está muy enfadada con tu madre.

No hay nada que hacer.

-Sí, hay algo que podemos hacer:

arreglar el desastre que ha provocado mamá.

Que Jesús perdone a la abuela y vuelva con ella.

-(SUSPIRA)

-Si vuelve a ser feliz, perdonará a mamá.

¡Hola! -¡Hola!

Qué bien, ¿no? -¿"Cosa"?

-Te vas a Formentera con Giuliana. -Ya.

-¿Cuándo salís?

-Pues prácticamente ya.

Giuliana ha ido a casa a preparar la maleta.

Me recoge aquí con un taxi y nos vamos.

-Bueno ¿y qué sabes de su vida ahora?

-¿A qué te refieres?

-No parece que haya pasado tanto tiempo desde que estuvisteis.

No sé. ¿Tiene familia? ¿Tiene hijos? ¿Está con alguien?

-No lo sé, no se lo he preguntado.

Y, la verdad, no me preocupa demasiado.

-Mira, yo sé que esto no es cosa mía. -Ya.

-Pero te tengo que decir algo antes de irte.

-¿"Cosa"?

-Giuliana está con alguien, tiene pareja.

-¿Cómo lo sabes? -Lo vi en un mensaje de su teléfono.

Porque el teléfono estaba en la barra y... y lo vi.

Pero... pero ese mensaje

es de una pareja, te lo digo yo.

-Cristina, ¿por qué haces esto?

-¿Yo? -Sí.

-No soportas verme feliz con otra mujer, ¿es esto?

Pensaba que tenías las cosas claras, que querías estar con Paolo.

-No quiero que te haga sufrir.

Esa mujer está jugando con nosotros.

-¿"Ma" qué dices, Cristina?

-Se ha dado cuenta de lo nuestro.

No le importas, Doménico.

(CHASQUEA LA LENGUA)

-¿Y a ti?

A ti si te importo, ¿eh?

¿Un perfume para su mujer? Sí.

Mire, a ver qué le parecen estos.

Son unas fragancias naturales con unos aromas muy originales.

Seguro que le encanta. Ajá.

Mire, este es muy delicado.

Mmm. No está mal.

Pero estaba buscando algo más... más pasional.

¿Cómo que... que más pasional?

Es un perfume para su mujer, ¿no?

¿Cómo? No entiendo.

¿Que no me entiende?

Como no lleva el anillo puesto...

Lo mismo se lo ha quitado por algo.

A lo mejor no es para su mujer, sino que es para su amante.

¡Adela, Adela! Seguramente...

Yo me encargo del caballero, ¿sí?

¿Qué es lo que quería, perfumes?

¡Gracias por venir, gracias, lo siento!

¡No puedes tratar así a un cliente, Adela! ¿Qué te pasa?

No lo sé, Celia, no lo sé.

Lo siento.

No sé, no sé qué me ha pasado, es que...

Vale. Es que...

Vale. Mira, perdóname. Las dos sabemos qué te ha pasado.

¿Por qué no te vas a casa y descansas?

Se me ha ido la cabeza.

¡Ay! Vale, vale, vale.

Ya, ya, ya está. Ya está.

Estoy bien.

Es que me ha dado como... como un bajón.

Pero no pasa nada, estoy bien. No hace falta que te disculpes.

Estás mal y necesitas desahogarte. Lo entiendo.

Bueno.

Os dejo.

Lo bueno que me enseñó el accidente fue a... valorar a mi familia.

Siempre están ahí.

Da igual lo que hagas luego o lo que pase,

siempre, siempre están ahí.

Sin condiciones.

Por eso me duele tanto que mi abuela y mis padres estén así.

Ni siquiera se hablan. Y es todo por el dinero.

-Te entiendo perfectamente.

Yo no tengo una familia como la tuya tan unida.

Pero lo entiendo.

Tu abuela debe estar pasándolo fatal por lo que ha pasado con tu madre.

Y, aunque Carmen la ha cagado, al final tendrá que perdonarla.

-Acabas de entrar en la familia, no las conoces.

-Sí te conozco a ti.

Y algo bueno tienen que tener con un nieto y un hijo como tú.

Guapo. -Tú.

Germán, yo no sé si voy a poder aceptar esto.

Es que... es que me duele mucho.

Pienso que estoy como en una pesadilla,

pero... pero me pellizco y no, veo que es real.

Tan real como que acabo de decirle a un cliente

que le está poniendo los cuernos a su mujer, así,

porque...

Lo siento.

Lo siento, ojalá hubiera hecho algo antes.

¿Qué ibas a hacer tú?

Si tu padre nos ha engañado a nosotros dos todo este tiempo.

(RESOPLA)

Germán, ¿qué pasa?

¿A qué viene esa cara?

Vale... Eh... Ahora te vas a enfadar.

Y, lo siento, pero yo no quiero ser como papá,

un mentiroso y un cínico, no quiero ser su cómplice.

(RESOPLA)

Yo sabía que papá te estaba engañando.

Lo sé, lo siento, lo siento...

Enfádate si quieres, tienes todo el derecho.

Vete. Vete, Germán.

¿Qué? No, mamá, por favor. Vete.

Vete. Lo he hecho muy mal.

Me siento una mierda, pero... ¡Vete, por favor! ¡Fuera!

¡Vete! ¡Quítate de mi vista!

¡Quítate de mi vista!

Oye, ¿qué te parece si, además de los carteles,

hacemos unos "fliers"

y que Andrea los reparta con las pizzas?

-No lo sé, Rosa.

¿Hace falta?

Es que ya ves cómo está.

Todo vendido.

Creo que los carteles que hiciste ya funcionaron muy bien.

-¿Seguro? No vas a tener que poner más dinero.

En la imprenta... -Rosa.

No es el momento de hablar de esto.

Ya ves que los alumnos ya están entrando

y, además, Giuliana tenía que enviarme a Nino Torelli,

el mejor de sus cocineros, para sustituir a Doménico.

Pero, como ves, ni ha llegado ni me contesta al móvil.

(RESOPLA) Apagado, ¿te parece posible?

¡Santa Madonna!

-¿Y por qué no das tú la clase?

-No.

-"No", ¿por qué no? -No puedo, Rosa.

-¿Por qué?

-Tengo miedo escénico.

-Ah.

Bueno, y entonces ¿qué vamos a hacer?

-Soy un buen cocinero, soy el rey de la pizza.

Bueno, menos cuando quiero cambiar los ingredientes, pero..

Pero lo de dar clases se me da fatal.

-Ya.

¿Y qué... y qué vas a hacer? -No lo sé.

Seguro no puedo cancelar el curso ahora,

pero no se me ocurre otra solución.

-Oye, tengo una idea. -¿Qué?

-Verás, llevo veinte años cocinando en el Central

y yo sí sé hacer un ragú.

-¿En serio? -¡Sí!

No lo he hecho en el bar, pero sí en casa.

-No es exactamente lo mismo.

-Vale, sí, no es lo mismo, pero escúchame:

o alguien enseña a esta gente a hacer un ragú

o vas a tener que devolver el dinero.

-A ver, ¿tú estás segura?

¿Te sientes capaz de dar una clase ante esta gente?

-Sí. ¿Por qué no?

-Bueno, por ejemplo, porque... porque no eres napolitana.

-Bueno, pero ¿eso qué más da?

Por favor, déjame intentarlo.

-No, Rosa, imposible.

No, es que he anunciado la presencia de un verdadero cocinero napolitano.

Y... Sin ofender, pero tú eres de aquí.

Y ellos se sentirían defraudados.

-Vale, sí, yo soy española,

pero también soy mediterránea, ¿no?

Y, además, somos pueblos hermanos. Mírame.

¿En qué me diferencio yo de una italiana?

¿Eh? -Rosa, estás loca.

-¡Sí, Paolo! -Bueno, para empezar,

mi nombre no es Paolo, sino que es Paolo.

-Paolo.

-Rosa, es evidente que no hablas italiano.

-Bueno, pero puedo ser como Doménico, ¿no?

Una italiana que lleva muchos años viviendo aquí en España.

Con meter un palabro así italiano.

¡"Capisci"! -Pero no es solo el idioma.

También es el tono, los gestos, la expresividad.

-Por favor, déjame intentarlo.

Por favor. -¡Ah, Rosa!

Es que tú eres de aquí,

del barrio de toda la vida, ¿y si te conocen?

-Si yo no conozco a esta gente de nada,

es evidente que no son de aquí.

Venga, confía en mí.

-Vamos, va, vete a cambiar.

Además, es Lorena la que manda en el bar

y ella decide quién entra y quién no en su cocina.

No la podemos obligar.

Cariño, ¿tú eso lo entiendes? Pues no, no lo entiendo.

Yo soy ordenado y se me da mejor cocinar que a ella.

Si me dejara practicar, las tapas me saldrían perfectas.

Si ya lo sé, cariño. Eso ya lo sé yo.

Lo que pasa... Un segundo.

(Timbre)

Hola.

Hola.

¿Vengo en buen momento?

Mira, me está dando un día...

Está enfurruñado, Lorena no le deja estar en el bar.

No debiste prometerle nada si no ibas a poder estar con él.

Ya, ya, lo sé.

Parece que David es demasiado para Lorena.

¿Me dejas hablar un momento con él?

Le traigo un regalo.

Pasa.

Hola, ¿cómo estás, David?

Te lo acaba de contar mi madre.

Te he traído un regalo.

¿Un libro? Sí.

Un libro de cocina.

Ajá.

¡Y escrito por ti!

Me lo publicaron hace años.

Es un libro de recetas

donde cuento mis secretos, mi forma de hacer las cosas.

Cocina tradicional con mi toque personal.

¿Te gusta?

¿Cuándo empezaste?

Uf, hace muchos años, en mi casa.

-Ahora vamos a empezar con la segunda parte de la clase,

dedicada, como hemos dicho, al ragú napolitano,

seguramente unos de los platos estrellas de... de nuestra "cucina".

Y... hacerlo...

Bueno, por hacerlo vamos a...

Tenemos la presencia de una gran cocinera

que está dando mucho de hablar

en el panorama gastronómico madrileño.

Eh... Con todos vosotros, ¡Rossa della Croce!

Un aplauso, por favor. ¡Rosa!

(IMITA ACENTO ITALIANO) "Grazie, grazie, grazie".

"Caro Paolo".

-(SUSURRA) Rosa, pero no te pases, por favor, que nos la jugamos.

-"Ciao", ¿"come stai tutti" el mundo?

Yo "sono felicissima" de estar aquí.

"Alora", vamos a preparar un ragú "napoletano", ¿eh?,

acompañado de una pasta italiana "al dente", ¿mmm?

¿De acuerdo? Podéis tomar nota.

¿Sabes dónde es realmente difícil aprender a cocinar?

En casa.

Debes improvisar con lo que tienes y agudiza el ingenio.

En el restaurante, es más fácil, tienes de todo.

Pero también tienes que inventar.

Sí, bueno, hasta cierto punto.

Cuando llegan los clientes, se acabó.

Tienes que sacar los platos, que no se queden fríos.

Sí, eso tiene sentido.

Tengo la sensación de que contigo nos hemos saltado una etapa.

La de la familia, la de cocinar en casa.

David, yo no puedo estar contigo todo el día en el bar.

Pero, con ese libro, podrías cocinar solo aquí, en casa.

Y cualquier duda yo te la resuelvo.

¿Te parece?

Gracias, Jorge. Me lo leeré ahora mismo.

Vale.

(SUSURRA) Bueno.

(SUSURRA) Gracias. Parece que asunto resuelto. Bueno.

La lie yo, tenía que resolverlo yo. (RÍE)

Bueno. Eh...

Quería comentarte una cosita.

Dime.

Yo no sabía que Lorena me iba a mencionar en la entrevista.

Mira, Jorge, ya está. Ya está, lo dejamos.

¿Todo bien? Sí. Te acompaño a la puerta.

Vale.

Gracias. Chao. Chao.

A mí también me gusta a Jorge.

Como a ti.

Deberías decirle lo que me dijiste el otro día,

que estás enamorada de él.

No, cariño, no.

Eso no se puede decir, es un secreto.

¿Por qué? Si tú también le gustas.

Es obvio que la mujer oscura de la que me habló eras tú.

Pero no le hacías caso, por eso se fue con Lorena.

Vamos a ver, David, escúchame.

Esto es asunto mío,

y yo decido qué hago y cómo lo hago, ¿lo entiendes?

¿Y si me pregunta? Pues no dices nada.

Es un secreto, hijo.

Pues ya lo he contado.

Vamos a ver, ¿a quién se lo has contado?

A Adela. ¡Ay, Dios mío!

Mira, da igual, podía ser peor.

¿Por qué? Por nada.

Pero, a partir de ahora, no se lo dices a nadie.

¿Prometido? Prometido.

Gracias.

A ver ese libro.

(PAOLO RÍE)

Yo no me lo puedo creer

que no se hayan dado cuenta de que no eres italiana.

-¿Rossa della Croce?

Bueno, Paolo,

te podrías haber esforzado más para buscarme un nombre artístico.

-Y ese acento italiano, ¿de dónde lo has sacado?

¡"Mamma mia"!

-¡"Mamma mia"!

Pues yo que sé. Supongo que de oírte a ti.

No sé. -¡"Ma, io non parlo così"!

"¡Ma, io non parlo così"!

¿Ves cómo lo clavo?

-"Certo, certo".

-(PRONUNCIA MAL) "Sherto, sherto".

-Rosa, "grazie".

-No, gracias a ti. ¿Sabes?

No me acostumbro a no venir todos los días a trabajar al bar.

Así que ponerme a cocinar me ha sentado muy bien,

porque lo echaba mucho de menos.

-Entonces, ¿eso de dejar el bar va en serio?

-Ajá.

-Es que yo no me lo puedo creer.

Llevas toda la vida aquí.

Y se te veía tan feliz.

Mira, yo, si tuviera que dejar la pizzería,

me sentiría muy perdido.

Te lo digo, a mí me sacan de aquí solo cerrando el Mercado.

-¡Ay, no digas eso! Que no lo quiero ni pensar.

-¿Vas a dejar también la lucha por la renovación?

Se te veía tan implicada...

-Pero sigo implicada. -Ah.

-Es que no me queda más remedio.

Excepto Nacho, toda mi familia trabaja aquí, en el Mercado.

Hasta Noa está echando una mano en el bar.

Y, además, soy una De la Cruz,

¿tú sabes lo que pesa ese apellido aquí?

-Rosa, dime la verdad: ¿por qué dejas el bar?

-(SUSPIRA)

¿Qué tal tu primer día? Bien, bien.

Mucho trabajo por delante, pero voy viendo las prioridades.

Pues eso ya te lo digo yo: salvar el Mercado.

¿En serio? Yo pensaba que era el wifi gratis, Jorgito.

-Eh, ¿qué pasa? -¿Qué pasa, Samuel?

No te he visto en todo el día. -Ya.

-Estamos casi cerrando y todavía no tengo tu informe.

-He estado muy liado.

-Ya, ya te he visto, con la chica de la limpieza.

-Es mi novia.

-Como si es tu prima.

No te despistes en horas de trabajo.

-No estoy despistado.

-Ah, ¿no? -No.

-Pues que te diga este,

que, por un despiste tuyo, el almacén hecho un océano.

Bueno, a ver, digamos que son cosas que pasan.

Todos hemos sido jóvenes, tú también, aunque no te acuerdes.

Sí, me acuerdo muy bien,

pero hay madurar, sobre todo, con responsabilidades.

-Mañana a primera hora tienes el informe encima de la mesa.

-Si es a segunda hora no pasa nada.

-A primera.

-Hasta mañana.

-Jorge. Chao.

Tira.

Es que es muy difícil trabajar con Lorena, ¿sabes?

Y, además, tenemos miradas distintas sobre cómo enfocar el negocio...

-Ya, pero tú marcas el rumbo.

Ella, por lo que he visto, te sigue, ¿no?

-Paolo, es que no me apetece hablar de esto.

Perdóname, es que... -No.

Para mí es remover viejas rencillas familiares

y no... no me apetece.

-No, si yo te entiendo, ¿eh?

Yo tuve un problema familiar cuando vine a Madrid.

-Ah, ¿sí? -Sí, sí.

-Mi madre decía que la había abandonado.

No me lo perdonó.

Estuvo meses sin hablarme. -Ya.

-Pero, por suerte,

como se dice, el tiempo lo cura todo.

Y hoy no dudo ni un momento

en coger el primer avión para ir a verla si me necesita.

Eso te lo digo porque...

Rosa, todo pasa.

Pero la "mamma" es siempre la "mamma".

Y Lorena siempre será tu hermana.

Pase lo que pase, ese vínculo no se va a romper.

Y algún día la necesitarás

y ella estará allí para ti, estoy seguro.

Ah, Rosa, Rosa, "la famiglia".

-Fuente de tantas alegrías...

-...como disgustos.

Mira, yo me arrepiento del tiempo que hemos perdido mi madre y yo,

porque ese tiempo nunca lo vamos a recuperar.

Por eso, no te deseo que te pase lo mismo, Rosa.

Intenta arreglar las cosas con tu hermana,

no dejes que vuestra relación se pierda.

(Móvil)

-Ay, perdóname, ¿eh? Disculpa.

Dime, Noa.

Bueno, tranquila, cariño.

Venga, voy para allá. Voy enseguida, hasta ahora.

-¿Qué pasa? -Perdóname, cielo.

Tengo que ir al bar. Vengo enseguida, ¿eh?

Hasta ahora. -Hasta ahora.

(SUSPIRA)

¿Qué ha pasado, dónde está Lorena?

-Estaba agotada y le he dicho que se fuera.

Es que no encuentro las llaves de la caja.

-No te preocupes, que yo sé dónde están, espera.

Madre mía, como tenéis esto, ¿no?

Toma.

¿Y estos albaranes?

-Ay, me ha dicho que los archive, se me había olvidado.

-¿Has cargado las cámaras? -No, no me ha dado tiempo.

-Bueno, no te preocupes.

Te encargas de eso y yo, cuando acabe el lavavajillas,

lo hago yo, ¿vale?

¿Voy colocando las sillas? Venga.

Oye, ¿qué tal las clases de fotografía?

-Bien, bueno... Poco a poco.

-Y, por aquí, ¿todo bien?

-Pues... más o menos.

Mira, hay una tía... Se ha ido sin pagar.

Igual la conoces, es una rubia que siempre lleva los labios de rojo.

-Claro que la conozco. ¡Pobrecilla! ¿Sabes qué pasa?

Que está enganchada al juego.

Se lo gasta todo en el bingo

y luego no tiene dinero hasta principios de semana.

No seas muy dura con ella porque bastante tiene con lo suyo.

-¡Rosa!

-¡Hola!

-¡Cómo me alegro de verte por aquí! (ROSA RÍE)

Yo también, Pedro, gracias. Os echo mucho de menos.

-Me alegra mucho verte de nuevo, al pie del cañón.

-Gracias.

-Qué pesado.

Está todos los días igual.

Pero tiene razón.

Todos te echamos un poco de menos.

¿No echas de menos el bar?

-Déjalo, ¿eh, Noa?

Porque te estoy viendo:

me has llamado para que me dé un ataque de nostalgia

y para que me replantee lo de dejar el bar, ¿no?

-Si no vuelves, te vas a arrepentir mucho, mamá.

Pero si es que a ti esto te da la vida.

Tú no estás hecha para pasarte el día en casa,

planchando y ordenando armarios, y lo sabes.

-¿Y tu tía Lorena está al tanto del plan?

-Ha sido idea suya.

-Ya.

-A Lorena le gustaría mucho que volvieras.

A todos nos gustaría.

Bueno, a todos menos a papá, claro.

(ROSA SUSPIRA)

Leer con prisas es igual que comer con prisas.

No lo disfrutas igual. Ya me lo he leído dos veces.

¿Qué libro? ¿Este? ¿Cuándo?

Entre anoche y esta mañana. Vine al salón para no despertarte.

O sea, que no has dormido nada.

A lo mejor está enfadada porque me lo merezco,

por cubrirte y por ser tu cómplice.

¿A que no le dijiste que me chantajeaste para que te contratara?

Eso no afecta a tu conciencia, ¿a qué no?

Mira, yo no puedo seguir siendo tan falsa con Adela.

Oye, Celia... "No, escúchame".

Se lo voy a contar.

Lo prefiero a que se entere por otro lado.

Todos buscamos nuestro propio interés y nuestro egoísmo.

Si no, pregúntaselo a Valeria.

Al principio... -Voy al baño.

Ya estoy harta de oírte hablar de esa señora.

Para mí es muy duro no poder...

No poder ser el que era antes.

Yo necesitaba el sexo para sentirme vivo

y como... tú no quieres que yo tome pastillas,

probé con otras mujeres.

Esto es el colmo.

Ahora tengo yo la culpa

por no querer que te diera un infarto.

¿Tú crees que a mí me gusta estar con un marido que no pue...?

¿Un marido que no puede ser como antes?

¿Te apetecería trabajar conmigo?

-¿De traductora? -No, en serio, Rosa.

Yo necesito ayuda, y no solo con las clases, ¿eh?

Doménico se ha ido unos días a Formentera

y yo no doy abasto. -Ya.

-Además, estoy seguro que mi amigo, muy pronto,

se irá definitivamente con Guiliana.

Se ha ido enfadado,

no está en el cole y no me coge el teléfono.

Esto es por culpa mía.

¡No! No. Sí.

Celia, David no quiere que esté en casa y yo lo entiendo.

Y tú has sido muy amable conmigo, pero es mejor que me marche.

Solo espero que, si te pido algo, tengas claras tus prioridades.

-Tranquilo, que las tengo clarísimas.

Si no, no llevaría aquí tanto tiempo.

He cumplido.

Y nadie me ha dicho cómo hacer mi trabajo.

¿Y sabes lo que creo?

Que eres una hipócrita y una cobarde.

Y que vienes a calentarme la cabeza con tus historias

y hacerme confidente de cosas que yo desprecio

y justificar lo injustificable.

¿Y sabes qué? Que estoy harta.

¡Harta!

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Mercado Central - Capítulo 50

02 dic 2019

Lorena habla con Jorge sobre David. Su cercanía al chaval no acaba de convencerla. ¿Lo hace por él o por Celia?
Sus descubrimientos sobre Giuliana mueven a Cristina a actuar.
Rosa colabora con Paolo y Noa insiste en que su madre vuelva al bar.
Nicolás y Samuel saben que para que Carmen y Valeria arreglen sus problemas necesitan la ayuda de Jesús.
Javier, el nuevo gerente, tiene intención de poner el mercado patas arriba.
Germán se confiesa con su madre. Era consciente de la verdad sobre Elías.

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