Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 49 - ver ahora
Transcripción completa

He pensado mejor eso de ser gerente de este mercado.

¿Y?

Y que acepto el puesto.

Espero que estés contento, tío.

¿Contento? Me voy a poner a llorar.

¡Cuánto tiempo! Estás...

estás bellísima.

-"Mamma mia".

-¡Cristina! -No sabía que trabajabas aquí.

-Estoy trabajando aquí ahora, sí. -Fíjate.

-Estoy muy feliz de verte. -Y yo.

Que parece que quieres que te lleve al huerto

a hacerte fotitos al amanecer. -¿Y qué pasa si quiero eso?

Yo hago con mi vida lo que quiero. -Ah. Pues muy bien.

Guay, adelante, libertad ante todo.

Pero cuando te haya camelado y te deje por la siguiente,

no vengas llorando, ¿eh? Que nos conocemos.

Quiero que mi presencia te recuerde que un día abrirás los ojos

y te darás cuenta de todo.

-¿Te has vuelto adivina, o qué?

-Y cuando llegue ese día,

seguramente Nacho haya conseguido alejarte

de tu familia, de tus amigos...

Oye..., todo este rollo que sueltas de experimentar y abrir la mente,

te debe funcionar muy bien con tus alumnas, ¿no?

Deben caer como moscas.

-O sea, lo que me faltaba por oír. Pero ¿tú que te crees, niña?

¿Qué te estoy diciendo esto para ligar contigo?

¿Tan enfermo me ves como para tener que hacer esto?

Me lo dijo el empleado el otro día, me dijo que era una cornuda,

y yo encima me sentí culpable por haberle creído.

Eres la única que puede hacer que tu hermana no quede

en manos de un manipulador. No puedo.

La tiene completamente anulada. No, no, no te creas.

Nacho no hubiera llegado tan lejos con lo de la boda

sino hubiera visto en ti un peligro real de influir en Rosa.

Te tiene miedo. Sí, eso es verdad.

Igual estamos a tiempo de hacer que tu hermana abra los ojos.

Después de la conversación que tuvimos esta mañana

y que tú no entrabas en razón,

se lo he tenido que contar a Jesús.

-Iba a vender la casa.

Iba a vender la casa y el terreno para pagar la reforma del puesto.

Ya sé que no son horas.

Pero ¿puedo quedarme aquí?

Elías me está engañando.

Pasa, pasa, por favor.

(RÍE) Silvana, Silvana,

qué mala eres.

Oye, que no te he llamado en todo este tiempo

porque he estado muy liado, Ya sabes que yo estoy a mil cosas,

pero te compensaré esta tarde.

Sí, te lo prometo.

Vale, oye, quedamos a las siete y media donde siempre.

¿Vale?

Un beso, guapa.

-Jesusín, no veas,

tardas menos que yo en olvidar una relación.

-¿Ya te has enterado?

-Es lo que tiene trabajar en un mercado,

que te enteras de las cosas casi antes de que pasen.

-Ninguna mujer... se merece el suspiro de un De la Cruz,

y menos una Pacheca.

Buenos días.

-¿Sí? ¿Seguro?

No, no, papá, déjalo, de verdad. Solo café.

-¿No vas a comer nada?

No se puede dirigir una empresa con el estómago vacío.

Es que tengo el estómago cerrado, no me entra nada.

Debiste ir al hospital, como te dijo Adela.

No tiene que ver con lo que me pasó ayer.

-¿Y con la bronca con mamá tiene algo que ver?

Me llamó anoche.

Me dijo que habíais discutido

y que ya hablaríamos.

Son cosas que pasan.

Bua.

Lo siento, abuelo, pero se nota cuando no hace el café mamá.

-Tu madre aún no se ha levantado. -No ha dormido en casa.

-¿Cómo que no ha dormido? No, no ha dormido en casa.

¿Tan grave fue la bronca? Hemos discutido y punto.

No me toquéis más lo huevos. ¿Estamos?

-¿Y sabes dónde ha ido?

No, no lo sé.

Pero no te preocupes, que seguro que vuelve hoy

para que pueda prepararte tu cena favorita.

-Cuida de ella, hijo,

Adela... vale su peso en oro.

Te lo dice alguien con conocimiento de causa,

porque hay cada pájara por ahí...

Bueno..., me voy al mercado.

-Adiós, abuelo.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Mira, mamá es la mejor mujer del planeta

y está supercabreada contigo.

¿Qué ha pasado?

El...

el informe que escribió el imbécil del médico que me atendió

que puso no sé qué de la ingesta de medicamentos.

Me dijo que fue Julia la que llamó a la ambulancia

mientras estabais en tu despacho. Claro.

Julia está trabajando en el proyecto para el mercado.

Venga ya, papá.

¿Te crees que mamá es tonta, o qué?

Dos más dos son cuatro.

Lo que no entiendo es por qué le haces esto.

No tienes ni idea de lo que es un matrimonio.

Pues anda que tú.

Oye, escúchame,

yo quiero a tu madre con locura, ¿me oyes? Con locura.

En todos estos años, ha habido momentos buenos, momentos malos;

ahora estamos pasando por un bache.

Pero me he visto obligado a buscar fuera de casa

lo que no encuentro dentro de la mía.

Además de egoísta, machista.

No me siento, ni mucho menos, orgulloso de lo que hice.

Y eso mismo es lo que le he dicho a tu madre.

Y le he dicho que voy a hacer lo que sea,

lo que sea, para conseguir que me perdone.

Prepárate para picar piedra por un tiempo.

He dicho lo que sea.

Hijo...,

no le cuentes esto a nadie.

Y muchos menos en el mercado,

ya sabes que hay mucha gente que nos tiene ganas,

no les des más carnaza. Tranquilo,

no soy tan descerebrado como piensas.

¿Te veo luego?

Sí, hombre, sí. En un rato.

Oye, hoy conocemos al nuevo gerente, ¿no?

Sí, sí. A ver de qué palo va.

Eso es. A ver de qué palo va, estate atento.

Por si se pone tonto y le tenemos que meter mano.

Vale.

Y tú céntrate en lo tuyo con mamá,

que ya vas servidito por una temporada.

(Puerta cerrándose)

(LLORA) Es que no paro de darle vueltas.

La de veces que me ha dicho Elías

que se quedaba en el despacho porque tenía mucho trabajo.

Dios mío, ¿cómo he podido estar tan ciega?

No te tortures más, mujer.

Lo intento, pero es que no puedo.

Es que me parece todo increíble.

Es como si estuviera en una película.

Celia, ¿cómo he podido estar tan ciega?

¿Cómo?

Sé que es difícil, pero ahora tienes que intentar calmarte.

Y así poder pensar en qué es lo que quieres hacer.

¿Qué es lo que quiero hacer?

Lo que quiero es ir a un abogado y pedir el divorcio.

Bueno, decidas lo que decidas,

quiero que sepas que siempre puedes empezar de cero.

Te lo digo por propia experiencia.

Dios mío, después de lo que ha pasado...,

¿cómo puedo ser tan tonta de decir que le sigo queriendo?

Tú misma lo has dicho.

Son muchos años y el amor no se acaba de un día para otro.

Ya lo sé.

Pero mi relación ya no volverá a ser como antes.

¿Tú te fiarías de alguien que te la juega de esta manera?

Tiene que ser difícil, sí.

Pero es que tengo mucho lío.

Si tuviera un poquito de dignidad,

yo no le perdonaba, acababa con todo.

Pero es que no sé cómo hacerlo.

Buenos días. Por decir algo. Buenos días.

Cariño.

David, gracias por dejarme tu habitación.

Me has hecho un gran favor.

Ya. Pues me gustaría volver a dormir en ella.

Si tienes problemas con tu marido... David, por favor.

¿"David" qué?

Es lo que me contaste ayer,

que su marido ha hecho algo malo, discutieron, y por eso vino.

Es que básicamente, eso es lo que pasó.

Y si es él quien hizo algo malo, ¿por qué no lo echaste?

Buena pregunta.

Porque necesito poner distancia de por medio.

Pero no te preocupes, pronto vas a recuperar tu habitación.

Te lo prometo.

Y ahora, si me disculpáis, voy al servicio.

Claro.

Pues el jueves me traes tres más, ¿te queda claro?

Hasta luego.

-Jesús, Jesús.

Entiendo que no quieras cogerme el teléfono,

pero deja que me explique.

Te lo pido por favor, solo te pido eso.

-Mírame a los ojos

y dime que lo que me contó tu hija el otro día no es verdad.

-No todo es blanco o negro.

-Te he hecho una pregunta muy sencilla.

-Al principio, reconozco que me acerqué a ti por interés,

pero después, cuando te conocí mejor,

descubrí la complicidad que había entre nosotros y todo cambió.

Dejaste de ser el señor De La Cruz

para ser el hombre del que me enamoré.

Y sigo enamorada.

¿Es que tú no sientes lo mismo?

Esa es la única verdad que nos debería importar.

-¿Has terminado?

Porque entre tú y yo no tenemos nada más que hablar.

David.

Yo sé que esto es muy difícil para ti, lo sé.

Pero tenemos que esforzarnos un poco y ayudarla.

Adela es nuestra amiga.

No, es tu amiga.

Yo solo quiero recuperar mi cama,

no quiero dormir en la tuya, das muchas patadas.

No me gusta que Adela viva aquí.

Me quita la habitación y el sitio para desayunar.

Ya lo sé, pero tenemos que tener paciencia.

Échate cereales.

Además, esto va a ser temporal.

Pero ¿temporal cómo? ¿Un día, dos días, una semana?

No lo sé.

Lo único que sé es que Adela está hecha polvo y que nos necesita.

Además, ¿a que a ti no te gusta que te riña cuando estás triste?

¿A que no? No.

Pues ya está.

Pero si tiene problemas con su marido,

no sé por qué eso tiene que afectarme a mí.

¿Como es tu nombre?

Maribel...

Herrera.

Perfecto, Maribel,

pues sí, te espero esta tarde.

Sí, sí. "Ciao, ciao".

Qué bien.

Ya puedo colgar el cartel de completo

para la masterclass de cocina napolitana de hoy.

-¿En serio? Enhorabuena.

Te he traído estas flores para animar el ambiente.

-"Grazie, amore mio". ¿Sabes qué?

Tenemos que conseguir que la gente repita.

Porque si hacemos una clase al mes,

vamos a sacar un buen pico que nos ayudará a pagar la reforma.

-¿Tú crees que lo hará bien? -¿Quién?

¿Giuliana?

Seguro.

La mujer tiene mucha experiencia.

-¿Y Doménico? ¿No ha llegado aún?

-No ha dado señales de vida.

Eso es que la cita de anoche

ha durado más de lo esperado. -Eso no lo sabemos.

A lo mejor ha ido a hacer algún recado.

-Sí, sí, ahora se llama hacer recados.

Cristi, ¿no viste la cara que puso cuando vio a Giuliana?

Parecía que había visto a La Madonna en persona.

Solo le faltó arrodillarse y besarle la mano.

-Qué exagerado eres.

Yo vi mucho teatro, y por parte de los dos.

No creo que Doménico esté tan, tan enamorado de esa señora.

-"Amore mio".

Qué poco conoces a mi amigo.

Cuando vio a Giuliana, Doménico me pidió el día libre.

Eso, Doménico no lo hizo en la vida, ni siquiera con 40 de fiebre.

-Anda, tú sí que tienes fiebre.

-Sí, sí, ya verás tú.

Pero yo estoy seguro que el amor ha triunfado otra vez.

Y todo gracias a esta maravilla de mujer que tengo delante,

que está en todo

y trajo de vuelta a Giuliana a la vida de Doménico.

Yo solo espero que tanta pasión no le pase cuenta a Giuliana

porque, a según qué edades, los excesos se pagan

y yo la necesito a tope para las clases de esta tarde.

-Tú siempre pensando en lo mismo.

-Yo solo pienso en el "amore".

-Tira, que va entrar alguien y nos va a ver, hombre.

A ver qué te parece.

Qué maravilla.

¿De qué es? ¿De almizcle? Sí.

Y flores blancas.

La verdad es que con el café todo me huele igual.

Pero a ti se te da bien. Ya.

Pues yo creo que podríamos llamar y encargar diez más, ¿no?

Pásame el número del distribuidor.

Toma. Pide 15.

Así, cuando llegue tu cumpleaños, ya sé que regalarte.

Ay, perdona, perdona, Adela,

lo siento mucho, con lo bien que íbamos.

Deja de darle vueltas al tema, por favor.

Sí.

Me alegro de que hayas sido tan pesada

para sacarme de casa, porque si me llego a quedar allí,

estaría subiéndome por las paredes. Claro que sí.

Tienes que estar ocupada y activa y tienes que tener la mente en frío.

Ya pensarás más adelante lo que vas a hacer.

No sé cómo voy a poder pagarte todo lo que estás haciendo por mí.

Gracias. No pasa nada.

Tú harías lo mismo, ¿no?

Pues ya está.

Hola, Adela.

Si no te importa,

voy a salir fuera.

Adela, por favor, Adela.

Supongo que sabrás perfectamente a qué viene este desplante, ¿no?

Porque como las mujeres os lo contáis todo.

Sí.

Me puso al corriente anoche, sí.

¿Anoche? Adela está durmiendo en mi casa.

Supongo que te habrás dado cuenta

que, aparte de socias, también somos amigas.

Bueno, pues espero, por el bien de los dos,

que no confundas la amistad con meter la pata hasta el fondo.

Sí, claro. Claro.

Se lo conté todo en cuanto entró por la puerta.

¿Quién te crees que soy?

Celia, perdóname.

Es que últimamente, no sé ni lo que digo.

No pasa nada.

Tampoco me siento cómoda con esta situación.

Supongo que es el precio que debo pagar por acercarme a ti.

Cuando te acercaste a mí...,

no te importó mucho que estuviera casado,

ni lo que sintiera Adela.

Cuando me acerque a ti, no conocía a Adela.

De todas formas, es igual, no tengo excusa.

No puedo mirarla a la cara, y me siento fatal.

Pues por eso mismo creo que tendrías que ayudarme.

¿Ayudarte?

¿Y qué más puedo hacer para ayudarte?

Convéncela de que me dé otra oportunidad.

No te quiere dar otra oportunidad. Inténtalo por lo menos, ¿no?

Inténtalo.

Yo sé que esto suena muy raro...,

pero yo quiero a mi mujer.

Madre mía, Elías, ¿tú te estás escuchando?

Lo siento, pero no..., no te voy a ayudar.

Ahora, vas a recoger lo que has sembrado.

Celia, te lo estoy pidiendo por favor.

Adela no se merece esto,

no se merece un hombre como tú.

Y no se merece una amiga como yo.

No.

Si me perdonas, voy a llevar las tazas al bar.

Y por eso, la iniciativa de renovar la carta,

porque en realidad la idea es una renovación íntegra del mercado:

traerlo pues un poco al siglo XXI.

Convertirlo en un espacio urbano,

pero a la vez que tenga el aroma de barrio.

Y, bueno, está todo el mundo invitado

a probar las tapas del Central.

No hemos perdido las tapas tradicionales, es decir:

el pimiento del piquillo, el huevo frito,

la tortilla de patata, la patata revolcona, el torrezno.

Lo que pasa es que hemos introducido piezas con un corte más innovador:

estamos trabajando ahora la flor de calabacín con salmón,

el tataki de atún con ajo blanco.

Son recetas inspiradas, con todo el respeto,

en chefs de primera línea. -¿Como Jorge Santos?

¿Colaboró él en la muestra gastronómica?

-Sí, colaboró, pero, como te decía, tuvimos que anular la muestra

porque tuvimos un problema de suministros.

Pero, bueno, lo importante en realidad es

que estas tapas que la gente se quedó con ganas de probar...

-Pero ¿Jorge Santos fue el que realmente...?

-Sí, Jorge Santos fue el que realmente...

Vamos a ver, Jorge nos ayudó de manera altruista.

Y él nos ha pedido expresamente

que no se publicite su presencia en el Mercado,

y menos en el bar.

La cuestión es que...

A ver, a mí sí que me gustaría decir, porque es verdad

y yo no creo que a él le moleste; vamos, espero que no,

que trabajar con él para mí ha sido una experiencia única,

ha sido inigualable.

Es decir, Jorge lo que sabe hacer, que nadie sabe hacer, es

mezclar lo moderno con lo innovador y sin perder la esencia...

(Tintineo de tazas)

Uy. ¿Podemos parar un momento?

-Sí, claro. -Vale.

Perdona, es que no te había oído.

Hacemos un reportaje de radio para promocionar el bar.

Solo venía a traerte las tazas.

Te dejo, no sea que se te corte... la inspiración.

Perdona.

¿Esa es la ternera del ganadero nuevo?

Madre mía, qué buena pinta tiene, ¿no, Carmen?

Y sobre todo, buen precio.

Yo creo que si le encargamos más género a esta gente,

igual sacamos más beneficio para ir pagando la reforma, ¿no?

-Sí.

-Bueno, veo que tienes mucho lio.

Te dejo ya tranquila.

Por cierto, ¿por dónde anda tu madre?

-Ni idea, no sé nada de ella desde que hablé con Jesús.

-Ya.

Es que esta mañana, ni la he escuchado levantarse.

Se ha ido muy temprano. -No ha dormido en casa.

Ha dormido en casa de Concha.

Me lo tengo merecido. -Mujer...

No te martirices, ya sabes el pronto que tiene tu madre.

En cuanto se le pase el enfado, aclararéis las cosas.

-Es que esta vez, no es como las otras.

Por mi culpa ha perdido las dos cosas que más quiere:

a Jesús y la casa de Comillas. -Pero, cariño, no seas dramática.

¿Cómo va a querer a un De la Cruz antes que a su hija?

-¿Cómo va a quererme si le he partido la vida en dos?

-Si lo único que has hecho ha sido velar por el bien de la familia.

Si no se hubiera encaprichado tanto en la reforma de la casa,

tú no tendrías que haber llegado tan lejos en hacerle ver

que el futuro de la familia no está en Comillas,

sino aquí en el puesto.

-No sé, Nicolás, le he hecho mucho daño.

Mucho.

Pues sí. Yo creo que la entrevista fue bastante bien.

Es posible que traiga clientes, ojalá, ¿no?

Lorena, esto está raro.

Qué perspicaz.

¿Qué has hecho?

Que no había cilantro y he puesto perejil.

(RESOPLA)

Lorena, la receta es la que es, ¿no?

Experimentos, los justos.

"Lorena, la receta es la que es; experimentos, los justos".

Pues si el jefe me permite, ahora mismo voy a ir a la cocina

y me voy a autoflagelar con la espátula.

Genial, permiso concedido.

Y después de flagelarte mucho,

vas a por cilantro y hacemos el curry como Dios manda.

Esto, no.

Hola. Celia.

¿Quieres probar un solomillo al curry versión Lorena?

No, gracias. Mira. este albarán es tuyo.

Han llegado unas cajas al puesto. Si no te importa retirarlas...

Vale. Voy enseguida, gracias.

Una cosa. Pensaba que tu negocio era

la tienda de delicatessen, no el bar.

Sí, lo es.

No entiendo ese tono, pensé que habíamos quedado como amigos.

No lo sé. No lo tengo yo tan claro.

Oye, discúlpame.

¿Ha pasado algo?

Que tienes amigos que prefieren no publicar un reportaje

para guardar tu intimidad,

aunque eso suponga no volver al periodismo.

Y tienes amigas que pueden decir lo que quieran sobre Jorge Santos

con tal de darle publicidad al bar.

No lo entiendo, es que me he perdido. Perdóname.

Pues pregúntale a tu amiga.

Lorena...,

¿tú le has dicho a la periodista

que las tapas que se sirven en el bar son mías?

Cuando puedas, quítame las cajas del puesto.

Sí.

¿Lorena?

Sí.

Quiero decir no.

Quiero decir, ella preguntó y yo...

no lo negué.

Insistía y..., bueno, acabé diciéndole que sí,

que habías colaborado para hacer las tapas.

Que eres un crack y que estábamos orgullosísimas

y que estábamos muy felices

porque estuvieras trabajando con nosotros, y ya está.

No te culpes más, por favor.

Además, te voy a decir una cosa,

la obligación de una madre es ayudar a su hija,

y tu madre, en todo lo de la reforma del puesto,

lo único que ha hecho ha sido esconder la cabeza.

-Si iba a vender la casa, iba a sacrificarse por todos,

¿y cómo le he pagado yo? Traicionándola.

-¿Y por qué no te lo dijo? -Sí me lo dijo, pero ya era tarde.

-Madre mía.

-Solo tenía que velar por que no le faltara de nada,

y le he destrozado la vida. ¿Cómo va a perdonarme?

-Es que tu madre tiene también lo suyo, ¿eh? Perdona.

-¿Y tú qué has hecho para ayudar con la reforma?

Tragar con lo que han ido decidiendo los demás

y esperar a que venga la Virgen. -Carmen, tranquila.

Que yo no tengo la culpa de que tu madre...

-Primero, me dejas sola con el marrón de la reforma

y después, ¿vienes a darme palmaditas en la espalda?

-Lo único que quiero es que te animes.

-Pues enhorabuena, mira qué animada estoy.

Gracias por nada.

Fantástico.

O sea, que han asociado mi nombre a estas tapas.

Vale.

¿Y dónde está el problema?

El problema es que no es lo mismo venir a ayudarte de vez en cuando

a que la gente crea que aquí se sirven tapas de Jorge Santos.

¿Y qué pasa por eso? Porque las tapas son buenas,

y que se utilice tu nombre para atraer clientes

no creo que sea tan malo. No es eso.

No todo el mundo va a juzgar de manera tan benévola estas tapas.

Este mundillo es muy estricto,

irán a degüello a buscar el más mínimo fallo.

Yo no creo que vayan a venir en peregrinación

para ver tus tapas y criticarlas.

No creo que sea para tanto, Jorge.

Vale, lo siento.

Lo siento. Voy a la frutería a comprar cilantro

y lo cambio por el perejil. ¿Ves?

Ahí lo tienes,

hacer un curry sin cilantro.

Bueno, es mi versión, un poco improvisada,

no creo que sea para tanto. Lorena, sí lo es, ¿eh?

La gente no va a juzgar

las simpáticas tapas de Lorena de La Cruz,

sino las tapas del chef Jorge Santos.

¿Así hablabas a tus cocineros?

¿Así hablas a la gente?

¿Así de perfeccionista y de exigente te pones?

¿Con tu ex también lo hacías? ¿Por eso rompisteis?

No sé a qué viene hablar de mi pasado,

no tiene nada que ver con esta cagada.

Tiene más que ver de lo que te crees.

Muy bien. Pues aquí te quedas con tus tapas.

Al final, ha quedado muy profesional, ¿eh?

-Hasta yo me apuntaría.

-"Amore mio",

pero si quieres,

cuando volvamos a casa, yo te hago una masterclass solo para ti.

Tú solo tienes que ponerte el delantal.

-Concéntrate, que esta tarde tiene que salir todo perfecto.

¿Te ayudo a repasar los dosieres de las recetas?

-No, no hace falta, bastante has hecho ya.

Llevas aquí todo el día, y tú también tienes un negocio que atender.

-"Buongiorno".

-¡Pero bueno!

Esa mujer, Giuliana, hace milagros.

Hasta has vuelto a hablar italiano.

-Paolo... Siento el retraso.

Cuando quieras, me quedo el tiempo que haga falta

para recuperar las horas.

-Déjate de tonterías.

Lo importante es que tú y Giuliana hayáis recuperado el tiempo perdido.

Y, por lo que veo, las fuerza también, ¿no?

Porque el reencuentro ha dado mucho de sí, ¿o no?

-Teníamos muchas cosas que explicarnos.

-Sí, sí, "parole, parole".

Va, va, cuenta, ¿al final te has quedado hasta el desayuno?

-Paolo, ya hablaremos de eso, por favor.

Ha ido todo muy bien, hemos estado muy cómodos,

como si nos hubiéramos visto tan solo hace unos días.

-Sí, sí. Tú siempre tan correcto.

Pero ¿el reencuentro ha sido completo?

¿La llama del amor se ha encendido otra vez?

¿Eh?

-Si os vais a poner a hablar como machotes, mejor vengo luego.

Hasta luego. -Hasta luego, "amore mio".

(LLORA)

Perdona, David. No sabía que habías vuelto del colegio.

Vengo a coger el cargador y picar algo antes de ir al mercado.

Pero tú haz como yo si no estuviera, ¿de acuerdo?

Vale.

¿Los salvamanteles?

En el cajón bajo la encimera.

¡Para! ¡No puedo concentrarme!

Ay. Perdona.

Me caliento el caldo y me lo tomo en la habitación

y te dejo tranquilo.

¡Bravo el amigo mío!

Lo importante es que Giuliana haya descansado, ¿eh?

Porque yo la necesito a tope para las clases de esta tarde.

-Claro, Paolo,

puedes estar tranquilo, vendrá seguro.

Mira, tú...

tú eres increíble.

No, de verdad, eres increíble,

como los planes de loco que organizas para complicarme la vida.

-Pero si estás encantado.

-Volver a verla ha sido...

-Ven aquí.

Te veo contento. -Paolo.

Te debo una, de verdad, esta vez. -No, no.

A Cristina.

Fue ella la que llamó a Giuliana.

-¿En serio? -Sí. Pero tú no le digas a Giuliana

que lo de las clases era una excusa para juntaros.

Se ha apuntado mogollón de gente.

Esto va a ser un éxito, Doménico.

Así ganamos todos, ¿no?

-Sí. Ganamos todos, claro.

-Va, a trabajar.

No me mires así, que me siento fatal.

Piensa que, a veces, en la convivencia,

hay que ser un poco empático, ¿no?

La convivencia entre mi madre y yo era perfecta.

Necesito de mis rutinas para sentirme bien.

Sí, ya, pero...

Es que no siempre se puede controlar que no haya cambios.

Mi madre y yo estábamos muy bien como estábamos, los dos solos.

Ya. Ya lo sé.

Pero tienes que ser un poquito más flexible,

y no lo digo por mí, que te prometo que estaré solo unos días.

Entonces, no tengo ninguna necesidad de ser flexible.

Pero es que la relación con tu madre siempre es susceptible de cambiar.

Tu madre es joven. A lo mejor, en un futuro,

quiere rehacer su vida con otra pareja.

Y tendréis que adaptaros los dos.

Esa es una posibilidad que he tenido en cuenta.

Y más desde que mi madre me contó lo de Jorge.

Aunque, al final, todo ha salido mal.

¿Lo de Jorge?

Mi madre me dijo que estaba enamorada de él.

Ah, ¿y él qué piensa de eso?

Él me contó que le gustaba mucho una mujer,

pero que no le hacía mucho caso.

¿Y no sería Lorena?

Te he dicho que no le hacía caso, y Lorena sí que le hace caso.

Sí. Yo creo que es mi madre.

Vaya.

Qué buen detective eres.

Es cuestión de lógica, aunque los neurotípicos no la uséis.

Tampoco te entiendo mucho a ti,

pero mi madre dice que no lo diga para no meter la pata.

A mí ya puedes decirme lo que quieras, faltaría más.

Después de robarte la habitación. Sois muy raros.

Cuando dos personas se quieren, se lo dicen y se van a vivir juntas.

Pero casi nunca es así.

Normalmente, empiezan las mentiras y los líos, y después, discuten.

Ya, pues entonces, yo soy una neurotípica de manual.

¿Sabes? A veces, en las relaciones, no solamente cuenta el amor.

Mi madre siempre dice que si hay amor, todo es posible.

Sí.

Digamos que casi todo es posible.

(Microondas)

Me sirvo el caldo

y seguimos hablando del amor, ¿te parece?

No, esa es mi taza. ¡Suéltala, por favor!

Bueno, tranquilo, ya cojo... ¡Ponla donde estaba!

¡Con el asa a la derecha! Que sí, que sí.

David, ¿estás bien?

David.

Mira, recojo todo esto y me vuelvo al mercado.

Pero tranquilízate, por favor.

Toma, corazón. -Muchas gracias.

-Y que se te pasen pronto los mareos. -Adiós.

-Carmen, anda, vete a casa a comer algo, yo me quedo hoy aquí.

-Es que no sé lo que haría sin ti.

Si no me importa quedarme un rato, de verdad.

Además, hoy tampoco tengo mucho lio. -Si lo digo por lo de antes.

Vienes a consolarme y lo que hago es echarte la bronca.

-Ah. Bueno, yo ya ni me acordaba, fíjate.

No, te he tratado fatal.

Pero es que últimamente, con todos los líos del mercado,

lo de Samuel y Carla, el dinero que he perdido,

mi madre...

Es que te juro que no puedo más.

-Venga, cariño, ya está, ya está, no pasa nada.

-¿Con quién he ido a pagarla? Contigo.

Que eres el que más me cuida y el que más me quiere.

-La confianza es lo que tiene.

-No es verdad lo que he dicho.

Tú siempre estás ahí para mí, en las duras y en las maduras.

Y ahora, te necesito más que nunca.

-Yo le dije al cura: "A esta mujer, lo que haga falta;

en la pobreza y en la riqueza, en la salud y en la enfermedad".

¿Te acuerdas o no?

-Fue el día más feliz de mi vida.

Es que ahora estoy tan triste, Nicolás, tan triste.

-¡Carmen, cariño!

Tranquila, ya verás como se soluciona todo.

(CARMEN LLORA)

-¡Vamos, cariño!

Ya está.

-Yo no puedo estar así, no puedo.

Me voy a casa de Concha a hablar con mi madre.

-No, no, no.

Espera, Carmen. Yo creo que es mejor que se calme la cosa.

No es el momento, hazme caso.

(Timbre)

Mi padre no está.

-Sí, ya lo sé, está en la frutería.

Pero no quiere hablar conmigo.

-Pues entonces, yo poco puedo hacer.

-¿Puedo esperarle aquí? Necesito hablar con él en privado.

-Es que no sé a qué hora va a llegar

y debo estar en diez minutos en el bar, así que si me disculpas.

-Ya veo que las noticias vuelan.

-Es muy feo lo que he oído.

-Vamos, que...

no soy bien recibida en esta casa.

¿Te puedo pedir un favor?

Si ves a tu padre, ¿le dices

que lo único que le pido es que me dé una oportunidad para explicarme?

Le quiero con toda mi alma, da igual cómo empezara todo.

-No, no da igual.

Tiene todo el derecho a estar dolido.

-Sí, ya lo sé,

pero yo pensaba que eso de enamorarse solo les pasa a los jóvenes,

pero tu padre me enseñó que el amor no tiene edad.

Me abrió los ojos, y después de que le he conocido más,

todo cambió, te lo juro, todo.

-Anda, pasa, puedes esperar aquí hasta que yo acabe de comer, ¿eh?

-Gracias.

No sabes lo duro que es

que la persona que quieres piense que la estás engañando.

Y te estoy diciendo la verdad, te lo juro, Lorena.

-Valeria, ¿no me la estás liando a mí también?

-Te juro por mi nieto Samuel que te estoy diciendo la verdad.

Créeme.

-Sí, te creo.

-¿Lo dices en serio? -Sí, sí, Valeria.

-Pues, por favor,

habla con él. Te lo pido por favor.

-Bueno, vale, lo intentaré, pero no sé si va a funcionar.

Ya sabes cómo es mi padre.

En ese caso, es mejor que te distancies un tiempo de él.

Hasta que las cosas se vuelvan a encauzar.

-Tienes razón.

Yo entiendo que tu padre esté enfadadísimo conmigo.

Yo también lo estaría.

Bueno, no te quiero entretener más.

Solo con que lo intentes, a mí me das la vida.

Gracias, Lorena.

Pues gracias.

No me vuelvas a hacerme esto en la vida.

¡Qué susto me has dado, Germán!

¿Hacerte el qué? ¿Cómo el qué?

Irte de casa sin dejar el café preparado para el desayuno.

¿A ti qué te parece?

O sea, ¿que eso es lo único que echas de menos?

¿Mi café?

¿Cómo estás? ¿Dónde has pasado la noche?

En casa de Celia.

Pero estoy bien, tranquilo, dentro de lo que cabe.

Es que papá es un imbécil.

(RESOPLA)

¿Habéis hablado? Sí.

Por encima, pero sé más o menos por dónde van los tiros

y no tiene excusa, para variar.

Siento haberme ido de esa manera, pero es que...

no podía mirarle a la cara. No me extraña.

Es que, de verdad, no entiendo lo qué le pasa, no... no lo sé.

Pero también te digo que, por el bien de los dos,

tendríais que hablar cuando la cosa esté más calmada.

Por el bien de los tres.

Es que, claro, ¿tú me ves viviendo solo con papá y el abuelo?

¿Cómo no te voy a echar de menos?

¿A mí o a mi café?

A los dos.

Sabes que eres irremplazable, mami.

Y papá también lo sabe.

No le des más vueltas, papá,

todos sabemos cómo se las gasta la Pacheca.

-Por mí, como si le cae un rayo y la parte por la mitad.

-Bueno...

-He hecho planes esta tarde con una amiga,

con eso te digo todo.

-Pero bueno, ¿has vuelto a las andadas?

-De donde nunca debí salir.

-Yo ya... me voy, me voy para el bar.

Papá,

Valeria vino hace un momento.

-¿No le dejarías que se acercase a la cubertería de plata?

-No.

Solo quería pedirte la oportunidad de explicarse.

Estaba destrozada, papá. -Seguro.

Conozco bien esas lagrimitas.

Lágrimas de cocodrilo.

-Pues fíjate, a mí me parecía sincera.

Ha venido a pedirte perdón.

-Vaya dos que os habéis juntado.

-¿Perdona?

-Ahora resulta que el pedir perdón es el nuevo deporte nacional.

Cada uno tiene que apechugar con lo que hace,

y pensar primero sus consecuencias.

-¿Ahora estás hablando de mí?

Papá, lo tengo asumido, ya sé que no me crees, me da igual.

s-Para que te crean, no es suficiente decir la verdad,

hay que vivir acorde a esa verdad

y, en tu caso, es normal tener dudas.

-Estoy harta de llevarme palos

cuando solo intento ayudar a mi familia.

-Por favor, ¿perdona? -Espera, espera. Déjame a mí.

¿Tú crees que esto es una familia?

Elías separándose de Adela,

la chica escapándose cada dos por tres

y vosotras dos que no os podéis ver ni en pintura.

-Perdona, perdona. ¿Qué pasa con Elías y Adela?

-Pregúntale a tu hermano,

porque Adela no ha dormido esta noche en casa,

ni creo que tampoco vaya a dormir hoy.

¿De qué familia estamos hablando?

El único consuelo que me queda

es saber

que tu madre no está aquí para verlo.

-Bueno, yo me voy.

-Oye, papá, ¿qué es eso de Elías y Adela, por favor?

¿Me lo puedes contar?

Él la ha cagado totalmente.

Y aunque vaya con esos aires de machito alfa ridículo,

sabe que te necesita más que a nada en el mundo.

¿Y que te ha mandado, a que hables conmigo?

No, no. Porque sabe que eso no le funciona.

Pero está dispuesto a hacer lo que sea para que le perdones.

Pues gracias por venir a verme entonces.

Y pase lo que pase entre tu padre y yo,

puedes contar conmigo para lo que necesites.

Porque aunque pases mucho de mí, pero tienes madre para rato.

Y tú, un hijo de por vida.

Bueno, me voy adentro,

que tu abuelo está de una mala leche que no te imaginas.

Anda, lo que te faltaba.

Ánimo con los De la Cruz.

No trabajes tanto, Jorge, que no está de moda.

Ojalá se pudiera elegir.

Me lo apunto para la próxima vida.

Seguro que con el nuevo gerente, nos forramos en dos días.

Por cierto, ¿se sabe algo ya? ¿Dónde está? ¿Quién es?

Sí.

Mira aquí lo tienes. Javi.

Luego te veo. Chao.

Hola.

Oye, ¿tienes un segundo? Me gustaría hablar contigo.

-¿De qué? ¿De lo buen tío que eres y de lo chungo que es mi profe?

-Vale, tía, sé que me pasé un montón, y lo siento.

De hecho, he venido a pedirte perdón.

-¿Crees que puedes ir soltando mierda de la gente sin conocerla?

-Tía, no quiero que te hagan daño.

-Pues entonces, deja de inventarte cosas.

Por tu culpa, he quedado como imbécil delante de Luis.

-¿Por qué?

¿Ha pasado algo, o qué?

-Le eché en cara todo lo que me dijiste,

que se aprovecha de que es el profe

para ir metiendo ficha a las tías de la escuela.

-¿Y cómo se lo tomó? Que se hizo el loco, ¿no?

Como si lo viera, tío.

-Pues no. Me dijo que si no me gustaba

cómo daba las clases, me podía ir buscando otra escuela.

-Bueno, no te pongas así, que tampoco es para tanto, ¿no?

Por lo menos, ya le has parado los pies.

-Pero ¿se puede saber qué te pasa?

Lo único que ha hecho es tratarme como a una adulta,

y yo he hecho el ridículo. -Vale, ya te he dicho que lo siento.

-La culpa es mía por hacerte caso. -Hice lo que hacen los colegas:

ayudar. -Si quieres que lo sigamos siendo,

déjame en paz de una vez.

-Perdona, llego tarde.

Es que vamos de drama en drama.

-¿Por qué? ¿Qué ha pasado? -Pues tu abuelo y Valeria,

que han roto de mala manera;

y tus tíos, que parece que se separan.

-¿Elías y Adela? ¿Por qué?

Hortuño, tengo novedades sobre el nuevo gerente del mercado.

Llámame cuando puedas, por favor.

(Timbre)

Contéstame a una pregunta.

Y piénsate muy bien la respuesta, Elías,

porque necesito que seas sincero conmigo.

Dime.

¿Cuántas mujeres ha habido antes de Julia?

¿Qué pasa,

que han sido tantas

que necesitas tiempo para acordarte de todas?

No digas tonterías, ¿eh?

Lo de Julia fue un error, solo uno.

Además, Julia no me importa nada.

¿Me estás diciendo

que has sido capaz de poner en riesgo tu salud

por alguien que no te importa nada? Pues sí.

Suena estúpido, pero sí, de verdad. Pues no sé qué me sienta peor,

si saber que eres capaz de jugarte la vida

por echar un polvo con la primera que pillas

o que cualquiera te importe más que yo.

Nadie me importa más que tú, nadie.

Por eso me arrepiento tanto.

Pero te juro que ha sido solo una vez,

no hay más mujeres. No te tortures más pensando en eso.

(Móvil)

¿No lo coges?

Ya se cansará. Ahora, lo importante somos tú y yo.

Ese no es tu móvil. ¿De quién es?

Adela, no es lo que estás pensando.

No me digas que tienes un móvil para tus amantes, ¿es eso?

Es eso, ¿verdad?

Ese móvil me lo regalaron cuando compré los de la empresa.

Lo uso para el trabajo, nada más. ¿Sí?

Sí. Pues déjame ver la agenda.

Adela, por favor. ¿"Adela, por favor" qué?

Déjame ver la agenda.

(CUELGA)

Está bien, no te he dicho toda la verdad.

Sí.

Ha habido más mujeres.

Ya.

Pero solo ha sido sexo, de verdad.

Solo sexo.

Yo te quiero. ¡Deja de mentirme, por favor!

Te estoy diciendo la verdad.

Lo siento mucho,

pero lo que yo he sentido por ti jamás lo he sentido por nadie.

Pero ¿te crees que soy tonta, o qué?

Yo no sé de qué me ha valido quererte tanto,

de aguantar tus desplantes y tus enfados.

Porque tú no quieres a nadie, Elías, solo te quieres a ti mismo.

No digas eso, que no es verdad, que llevamos 30 años juntos.

Sí. 30 años que acabas de convertir en una mierda de mentiras,

de cinismo y de engaños.

Pero ¿sabes qué?

En el fondo, me alegro.

Porque ahora sé que estaba enamorada...

de esto.

Así que Adela se ha marchado de casa.

-Menuda familia, tío; vaya panorama.

Porque no te olvides de que mi madre se sigue creyendo

toda la basura de mi padre. -Ya.

Y eso es lo que más debería preocuparnos, la verdad.

-¿Quieres saber la última de mi padre?

-Sorpréndeme.

-Pues el otro día, me amenazó con poner a mi madre en mi contra.

¿A que no sabes cómo?

Yéndole con el cuento de que su hija está de parte de su tía Lorena,

la bruja mala que tanto daño le ha hecho.

-Y así hace que aún me odie todavía más.

-Es que es un manipulador.

-Si la separa de nosotras, definitivamente tiene camino libre

para hacer lo que le dé la gana, para controlarla.

-Y lo peor es que lo va a conseguir.

Hablemos con Elías y con el abuelo, para que hagan algo.

-No, no van a hacer nada.

Porque tu abuelo no se cree ni una palabra de lo que le digo

y, además, aunque lo niegue, no se quita de la cabeza a Valeria.

-Pues no sé, pero debemos hacer algo ya.

-Hay que sacar a tu madre de esa casa como sea.

No sé, solo se me ocurre intentar que vuelva a trabajar en el bar.

-Ya, si ya lo había pensado, pero ¿cómo lo hacemos?

¿Tú no podrías hablar con ella?

No sé. Invéntate que, si no vuelve,

tenéis que cerrar el bar, o yo qué sé.

-Ay, Noa, es que yo le prometí a tu madre

que no volvería a meterme en su vida si ella no me lo pedía.

-Lore, no me puedes dejar sola en esto.

Me prometiste que me ayudarías.

Yo no puedo seguir viendo cómo mi padre humilla a mi madre.

Te juro que antes, me vuelvo a ir de casa.

-Vale.

Vale. Pásate esta tarde por aquí a última hora,

cuando salgas de clase, ¿vale? -¿Por qué? ¿Qué estás pensando?

-Tú déjame a mí.

Hola.

-Hola.

¿Ya has terminado de contarle los detalles de tu cita a Paolo?

Se te ve contento, ¿no? Se ve que te lo pasaste bien.

-Supongo que para eso llamaste a Giuliana.

¿O me estoy equivocando?

-No sé por qué lo hice, la verdad.

-Seguramente porque los dos sabemos

que esta historia solo podía acabar haciéndonos daño

a nosotros y a toda la gente que queremos.

-Sí. Se nos estaba yendo de las manos.

-Ya.

Y... muchas gracias por ser tan valiente, de verdad.

Y por traer a Giuliana de vuelta a mi vida.

-Espero no haberme equivocado Mira, a veces...,

los recuerdos del pasado nos impiden ver lo bonito del presente.

-Es que ahora, mi presente es con ella.

Y espero que lo entiendas.

-Estás aquí. -Eh.

-Y veo que muy bien acompañado.

-Ella es Cristina. -Encantada, Cristina.

-Hola.

Igualmente. -Es la mujer de Paolo.

Regenta la floristería.

-Ah, Cristina.

Gracias por haberme invitado a la masterclass.

No sabes lo feliz que me has hecho.

-Eh. Que nos ha hecho.

Precisamente de eso estábamos hablando, ¿verdad?

-Sí, sí. -¿Nos vamos?

-Sí. -Ya has visto que Paolo

está de los nervios. -Un poco.

-Y así te puedo preparar un bello capuchino de los míos

antes de empezar la clase. -"Mamma mia", Doménico.

No sé cómo he podido estar todo este tiempo sin ti.

-"Andiamo?". -Sí.

Una cosa.

He cambiado de idea.

Para la receta del masterclass,

creo que voy a hacer el zuccotto.

-Bellísimo. -¿Te gusta?

-Perfecto.

-Cristina, ¿tú podrías conseguirme

flores comestibles para esta tarde?

-Uy, esta tarde, muy difícil, ¿eh?

-Si es un problema, lo dejamos,

pero yo creo que a tu marido le placerá

porque es un postre de los que no se olvidan.

-Ya.

-Cuenta con ellas. -"Grazie".

-"Andiamo?". -"Andiamo".

-"Ciao". -"Ciao".

-"Ciao, cara". -"Ciao, ciao". "Ciao".

Hola.

Hola.

Voy a por café.

Yo he venido a por unos jabones.

Son tan buenos que se venden solos.

Tengo que pasarme un día por el puesto con tiempo

para ver las cosas que tenéis. Claro.

(LLORA) Cuando quieras.

Adela...,

lo siento.

Ya lo sé.

Elías me está engañando.

Y no una vez, sino...

Que pueda que tenga amantes desde Dios sabe cuándo.

No llores, por favor. Es que...

Lorena, ¿qué es lo que he hecho mal? No, no, no, no, no.

Tú no has hecho nada mal.

Mi hermano es un imbécil.

Es un idiota que no sabe la maravilla de mujer que tiene.

Pero es que yo le he querido tanto, y ahora...

¿Qué hago ahora?

Ya lo sé, ya sé que lo ves todo negro, pero...

pero eres una mujer muy fuerte, Adela.

Tú vas a encontrar la manera de seguir adelante.

Y sabes que toda la familia te apoya.

No sé, no estoy tan segura.

Puede que sean años engañándome,

y no me quito de la cabeza que alguien lo ha tenido que saber.

Adela... Es que...

me siento tan estúpida y tan perdida y...

No, tú no eres estúpida.

Tú eres una mujer increíble,

mi hermano es a quien debería caérsele la cara de vergüenza.

Él no ha estado a tu altura.

Él es quien ha faltado a tu confianza, Adela.

Y las relaciones...

se basan en eso, en la confianza.

Por supuesto.

Lorena.

Yo quiero contarte una cosa.

Lo hago con buena intención, porque...

nunca me ha gustado que te pasasen cosas desagradables.

¿Qué? ¿Qué ocurre?

Verás.

Jorge, hace poco,

tuvo algo con una mujer.

Ah, ¿sí?

No lo sabía.

Ya me lo imaginaba, por eso... por eso te lo digo.

Se ve que tuvieron sentimientos fuertes,

pero que la cosa no cuajó.

¿Y... tú sabes quién es?

Quiero que lo sepas para que...

para que seas cauta.

Porque se te ve muy ilusionada con él,

y yo espero que os vaya muy bien

porque se ve que es una buena persona. Pero...

si quiero que sepas esto es

para que te protejas.

Vale. No sé cómo.

No te expongas, Lorena.

Ve poco a poco,

y no le des tu confianza hasta que no se la haya ganado.

Adela, ¿yo la conozco?

Eso da igual.

No, a mí no me da igual.

En serio, que...

Adela..., dímelo.

Es que yo creo...

Adela...

Por favor.

Es Celia.

Va, ya va. Tres carajillos. Un momentito.

-Tengo que hacer las cosas como las dice Jorge,

porque la cocina es una ciencia exacta.

Sin los ingredientes adecuados, no puedo hacerlo bien

y yo quiero hacerlo bien porque... -¡Cállate! ¡Por favor!

Lo que me has hecho no tiene perdón. -¡Mamá!

¡Mamá!

¡Mamá! Espera.

(CARMEN LLORA)

-No te preocupes, Carmen, yo hablaré con ella.

¿Por qué tengo la sensación

que no te hace muy feliz la "mia" presencia aquí?

-¿Por qué dices eso?

-¿Sabes, Cristina?

Creo que tienes mucho cariño a Doménico...,

más que a Paolo incluso.

Yo tampoco quiero perder a Adela. ¿Y qué piensas hacer?

Adela es una mujer extraordinaria.

No quedan muchas como ella.

O sea, que ya puedes pensar algo para recuperarla

y rápido.

Para empezar, Samuel,

necesito que me hagas el informe con el organigrama del mercado

para saber quién es quién y cuál es su tarea

y adjúntame un documento en el que me cuentes

cuáles han sido tus competencias.

Y tú, Nicolás, lo mismo:

un informe con tus funciones. -Muy bien.

Sabía lo que le estabas haciendo a mamá

y se lo oculté, así que,

a mi manera, yo también la he traicionado.

No, Germán, no, no pienses eso.

¿Qué ibas a ganar contándoselo?

Me tienes que hacer un favor inmenso, lo sé.

Pero ¿tú podrías dar dos días libres a Doménico?

-"Certo".

-Es que me gustaría que conociera la "mia" casa de Formentera.

A ti nunca te ha importado cómo me lleve yo con mi hija,

a ti lo único que te interesa es

que a tu mujer no se le acabe el chollo de puesto

porque si no, a lo mejor, te tienes que buscar un trabajo de verdad.

Llevas 25 años viviendo de las Pachecas

y, si por ti fuera, seguirías 25 años más.

No soportas verme feliz con otra mujer, ¿es esto?

Pensaba que ya tenías las cosas claras,

que querías estar con Paolo.

-No quiero que te haga sufrir.

Está jugando con nosotros, ¿no lo ves?

Estaba buscando algo más... más pasional.

Seguro que es un perfume para su mujer, ¿no?

¿Cómo? No entiendo.

Como veo que no lleva el anillo puesto,

lo mismo se lo ha quitado por algo.

Y este perfume no es para su mujer, si no para su amante.

O alguien enseña a esta gente a hacer un ragú

o tendrás que devolver todo el dinero.

-A ver.

¿Tú estás segura?

¿Te sientes capaz de dar una clase a toda esta gente?

-Sí. ¿Por qué no?

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Mercado Central - Capítulo 49

29 nov 2019

Adela necesita saber la verdad sobre las infidelidades de Elías y no piensa parar hasta conseguirlo.
La rutina de David se ve alterada por la presencia de Adela en su casa.
Jesús y Valeria no pasan por su mejor momento. El De la Cruz está muy reacio a perdonar a la Pacheca.
Carmen paga con Nicolás los problemas con su madre.
Elías manda a Germán a descubrir quién es el nuevo gerente y el chico se lleva una incómoda sorpresa.
Lorena sabe que hubo algo entre Jorge y Celia. Las dudas la inundan.
Noa quiere ayudar a su madre, pero Nacho no se lo pone fácil.
Doménico está muy agradecido por la presencia de Giuliana. Cristina, por su parte, está muerta de rabia.

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