Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 48 - ver ahora
Transcripción completa

Se puede arreglar si ponemos de nuestra parte.

-Escúchame bien.

Las dos son hijas tuyas, pero tienes que decidirte:

o estás del lado de Rosa o del de Lorena, tú verás.

-Mi madre ha perdido sus ahorros por mi culpa.

-¿Por tu culpa?

-A ver, yo vi un negocio que parecía bueno y...

Y ella me dejó el dinero y...

Ha sido un timo. -¿Un timo?

Ay, por Dios, por Dios. -Por eso está tan desesperada.

Si hubiera salido bien, no te habría dicho de vender la casa

y te dejaría en paz.

-Pues, si tengo que venderla,

pues la vendo.

-Hay un contraluz muy fuerte.

-Bueno, pues eso es algo que puedes evitar si te mueves un poquito...

-Eh... ¿Qué hago? ¿Me pongo en otro sitio o...?

(LUIS) No, ahí, un momento.

Mira, trabajar con esta luz te da una libertad enorme.

-¿Y qué más dijeron?

-Eh... "Vale, te creo. Mi hija se propasó contigo".

Eso, tu padre. Nacho decía otras cosas.

-¿Qué cosas decía Nacho?

-No le parecía bien

que una mujer se insinuase a su cuñado.

-Quiero que mamá sepa la verdad y haga las paces con su hermana.

-¿Que sepa la verdad?

Yo le voy a contar la verdad.

Que no la quieres, que prefieres a tu tía.

Si soy yo el que se lo cuenta, va a pensar que es una estrategia.

Es que lo es. Ya.

Pero basada en una verdad:

se lo ligó por interés, eso le tienes que contar.

Yo no soy la persona, no me corresponde.

Yo no tengo trato con tu padre. Carmen.

Tienes que ser tú la que vaya a hablar con él.

Payaso, ¡me has puesto perdido! ¡Quita!

-¡Eh! ¡Oye! Tranquilo, ¿eh? -¡Eh! ¡Eh!

-Con respeto. -Tú te callas, ¡idiota!

-¡Pero bueno! Pero ¿y este imbécil?

-Pues, ya ves, los clientes del bar, que a veces...

Elías, ¿qué te pasa?

(GIME DE DOLOR) Elías, ¿qué te pasa?

¿Qué te pasa?

(LLORANDO) Elías.

Ay, por favor.

Hola, sí, necesito una ambulancia, por favor.

Es que no sé qué ha pasado.

Estoy en una reunión de trabajo y mi cliente, de repente,

se ha echado la mano al pecho y se ha desmayado.

Sí, varón, cuarenta y cinco o cuarenta y seis, más o menos.

No, no, está inconsciente.

Pues, no sé, un infarto a lo mejor, sí...

Respira, respira.

Sí, sí, vale.

Calle... calle Infante Orgaz, número seis,

segundo B.

No, B de Barcelona.

Vale.

¡Vengan rápido, por favor!

(LLORA)

(Móvil)

(Móvil)

Ay...

(Móvil)

Eh... Hola, Adela, soy... soy Julia.

¿Julia? ¿Qué Julia?

"Julia, la arquitecta".

Nos conocimos el otro día en el despacho de Elías.

Estoy ahora aquí con él.

A ver, por favor, ¿puedo hablar con mi marido?

"Es que, verás, Adela, estábamos...

estábamos viendo un presupuesto y de repente"

se ha empezado a encontrar mal y le ha pasado algo.

¿Cómo? "No te preocupes".

"He llamado a una ambulancia, vienen de camino".

Pero ¿qué ha pasado? Por favor, pásame con Elías.

"Se ha desmayado, estoy intentando reanimarle".

"No, por favor. Voy para allá".

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Muy bien, el informe para su cardiólogo.

Muchas gracias. Iré a verlo cuanto antes.

Hoy mejor que mañana. -Muchas gracias por todo.

Deberías hacerle caso al médico e ir al hospital.

Que no, mujer, que no te preocupes. Estoy mucho mejor.

(SUSPIRA) Elías.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo estás?

No ha pasado nada, ha sido un mareo y ya está, ¿eh?

Cuando me han dicho que...

que estabas inconsciente, me he puesto en lo peor y...

Pensaba que no te volvía a ver.

¡Anda, anda, anda, no seas exagerada, mujer!

Dicen los médicos que seguramente ha sido

el desvanecimiento por el estrés, por el cansancio y todo esto.

Al final, la culpa la tiene esta mujer.

Los presupuestos que me mandan los arquitectos...

Si has montado todo esto para que te haga una rebaja,

no te va a servir de nada.

No te molestes, no vas a entender nada.

Pero ¿qué es esto que pone aquí de ingesta de... Sildenafilo?

¿Qué es eso? Bueno, Elías.

Yo te dejo en buenas manos.

Así que, cuando te recuperes y estés más tranquilo,

ya hablamos del presupuesto.

Adiós, Adela.

Adiós, Julia.

Qué susto se ha llevado, ¿eh?

Pobrecita, si no llega a ser por ella...

Recuérdame que le mande un buen regalo para su boda.

Anda, deja... déjate de regalos ahora.

Ay...

Qué tontería, ¿eh?

Dome, yo creo que el primer día podíamos centrarnos

en un par de clásicos napolitanos. -Ajá.

Por ejemplo: "pasta di patate". -Sí.

-Y "pizza margherita".

Y luego, poco a poco, iremos subiendo de nivel.

¿Cómo lo ves?

-Yo incluiría también un postre para el primer día.

"Tiramisù", "babà", "sflogliatella"...

Lo que veas más sencillo, ¿qué dices?

-Tienes razón.

Los alumnos tienen que salir de aquí contentos.

-Entonces, no te olvides el "limoncello".

-(RIENDO) Ah, cómo sabes tú, ¿eh?

Dome, ya verás, después de esas clases,

nos van a conocer en todo Madrid.

-Estoy seguro de eso. -Hola.

-Hola. -Hola, Cristi.

-Ya han llegado los dosieres. (PAOLO) Qué bien.

-Traigo estos centros.

-Perfecto.

(Móvil)

Eh, Dome,

¿podrías bajar un momento al almacén a coger un par de sacos de harina?

Que vamos cortos.

-Claro, voy. -"Grazie".

(Móvil)

Hola. ¡Ey, Gustavo! ¿Cómo estás?

Bien, bien. Dime.

Ah, ¿ya está aquí en Madrid? Ah, perfecto.

Sí, sí, sí. Gustavo, muchas gracias, ¿eh?

Lo dicho, te debo una.

Cuando quieras. Chao, chao.

Cristi, ya está de vuelta.

-¿Quién está de vuelta? -Giuliana. Ha vuelto de Napoli.

-¿Qué haces? -La voy a llamar.

-Espera. -¿Qué pasa?

-No la vas a llamar así de sopetón.

Tendrás que pensar qué le vas a decir.

-Está todo pensado.

Con la excusa de las clases,

le voy a pedir una charla sobre la cocina napolitana.

Y, cuando llegue aquí y vea a Doménico,

estoy seguro de que "l'amore" y la emoción

harán todo el resto.

-Yo pienso que es una locura, ¿eh?

-Pero ¿qué pasa? ¿Por qué?

¿No quieres que Doménico sea feliz?

-Claro que quiero que sea feliz.

Pero por encontrarse con la mujer que le dejó tirado hace años

no se pondrá a bailar sevillanas.

-Giuliana siempre fue especial para él.

Yo estoy seguro de que, al verla,

el fuego de la pasión se volverá a encender.

-Ha pasado demasiado tiempo. La gente rehace su vida.

-Pero no Doménico. Él está bloqueado allí.

Se merece otra oportunidad.

-No le va a hacer ninguna gracia.

Acuérdate cuando se vino aquí a Madrid por ella

y le dejó así, sin más. -Ya.

-¿Tú cómo te sentirías si a mí, de repente,

me llama un ex intentando retomar la relación?

-No, Cristi, tú no tienes ningún "ex".

Los he matado a todos.

-Ah, ¿lo ves? No te gustaría.

Es que no, no lo hagas, Paolo.

Este encuentro no le va a traer nada bueno a nadie.

¿Qué sentido tiene remover el pasado ahora?

-Bueno, puede que tengas razón. -¿Mmm?

-Como siempre. -Mmm.

-No quiero que Doménico se hunda aún más.

Así que, Giuliana Luchifora,

"addio per sempre".

Elías, ¿qué es eso del Sildenafilo o como se llame eso?

No tengo ni idea, no...

Bueno, dicen los médicos que probablemente sea

el componente de las pastillas que estoy tomando para la migraña.

¿Para la migraña? Ajá.

Hace días que tengo unos dolores de cabeza tremendos,

como hacía mucho tiempo.

¿Por qué no me lo has dicho?

Pues porque no quería preocuparte y, aparte, me estaban haciendo bien.

Pero, claro, no me leí el prospecto y resulta

que están contraindicadas para personas con hipertensión.

Elías, por favor, pero... pero ¿cómo se te ocurre?

Que parece que tenga un crío en casa, ¿eh?

Justo lo que me hacía falta, ¿no?

Tengo un amago de infarto

y ahora mi mujer me echa una bronca.

Ay, perdona, perdona.

Es que estoy muy nerviosa.

Se me ha hecho eterno llegar hasta aquí.

Tranquila, que no te voy a dejar viuda todavía.

Ay, no digas eso ni en broma.

¿Todavía estamos así?

No me digas que aún no has hablado con la chica que te gusta.

-Qué va, Jesús, si soy un "pringao", macho.

He llegado tarde.

-Con veinte años no se pueda llegar tarde.

-Uy, que no.

Si las tías pasan de mí, Jesús:

o no quieren nada conmigo

o, cuando les voy a dar el bocado, se enrollan con otro.

-¿Y esta qué? ¿Te ha hecho la cobra o se ha liado con otro?

-No, no, qué va, pero, bueno, que yo sepa, claro.

Anda tonteando con uno que...

Qué "pringao". -¿Es de tu pandilla?

-Qué va, si yo a ese solo le he visto una vez.

Por las fotos que cuelga en Internet,

va del rollo este, no se si me entiendes.

Como... cultureta guay, ¿sabes?

De estos que suben un día una foto en internet salvando una ballena

o al día siguiente suben una de una puesta de sol en Formentera.

-Bueno, cada uno se lo monta como puede.

Tienes que espabilar.

-Que no, Jesús, que no.

Este tío, mucha fotito y mucha pose guay,

pero seguro que es un "pringao".

Pero, bueno, que debe tener a mogollón de chavalitas engañadas.

No paran de darle "likes".

-¿Chavalitas? -Sí.

-¿Qué edad tiene?

-¿Ese? ¡Yo qué sé!

Tendrá treinta y nueve o cuarenta palos.

Si le saca un porrón de años a...

A... a la chica que me gusta.

Sí, pero, vamos, que ya me pillaré yo una camarita de esas, ¿eh?

La tiene embobada.

-¿Pero es fotógrafo?

-Eh... Sí, sí, es fotógrafo.

Pero, bueno, que ya está, que paso de rayarme con la pava esta.

-Eh, un respeto, ¿eh? -¿Cómo?

-Esa pava es una chavalita, ¿no?

-Sí, sí, claro, una pava real no es, ¿eh?

-¿Es morena?

-Sí.

-Y seguro que es muy guapa, ¿no?

-Mucho.

-Y, según dices,

está embobada con la camarita, ¿verdad?

-Sí...

-Pues te digo un poco de respeto

porque esa "pava", como tú le dices, es mi nieta.

-No se te escapa ni una, ¿eh, abuelo?

-Por eso he llegado donde he llegado.

-Que no salga de aquí.

Que, como te he dicho, ella pasa de mí

y está todo el día con el profe este, ¿vale?

-No me fastidies que es su profesor.

-Sí. Pero no veas cómo le tira la caña, ¿eh?

Y cómo la recoge ella.

-La madre... Mira, hazme un favor.

Vete a por ella con todo, hijo.

Hay que demostrarle al tipo ese

que, donde esté un tío con pantalones bien puestos,

no hay fotitos que valgan.

(NACHO) ¿Qué es eso tan importante que tengo que ver?

(ROSA RÍE)

¡Chan!

¿Te gusta?

Es el cartel para el curso de Paolo.

¿Qué te parece?

-Bueno, no está mal.

-La fotografía es de Noa, ¿eh?

Está muy bien, ¿no?

-Eso es amor de madre y lo demás son tonterías.

-¿En serio no te gusta? A mí me parece que es muy buena.

-No es que no me guste, es que se nota que está empezando.

-Claro.

-Con el tiempo lo irá haciendo mejor.

-(SUSPIRA) Bueno ¿y qué me dices del cartel?

-Mucho mejor que la foto, la verdad.

Tiene algunos pequeños fallos, pero nada grave.

Si me lo hubieses pedido, te habría ayudado.

-A buenas horas.

Además, no te vi muy entusiasmado cuando te hablé del proyecto.

-Estoy hasta arriba de trabajo, tenías que haberme insistido más.

-No importa. ¿Sabes qué?

Que me ha gustado mucho tirarme yo sola a la piscina.

-Enhorabuena, lo has conseguido, te has tirado en plancha.

-¿En plancha?

-Cariño, aprender a escribir a máquina

no te convierte en novelista, ¿no?

Con el diseño ocurre igual.

A conocimientos básicos, pues resultados básicos.

Pero tiene mucho mérito, ¿eh?

Ya te he dicho que los fallos no son tan graves.

-¿Y me puedes decir cuáles son? Porque yo no los veo, la verdad.

-(SUSPIRA) Vamos a ver, en primer lugar,

yo no hubiera escogido ese tipo de letra,

es muy básica, muy tosca.

Luego la imagen, no es la adecuada.

Eh... Creo que tiene demasiados elementos.

Yo hubiera escogido un único concepto visual.

Luego, el color de las letras, tampoco me apasiona,

es muy poco original.

-Ajá. -Espera, no pongas esa cara.

Que no está tan mal. -Ya, ya lo veo, ya.

-Tú me has pedido mi opinión e intento ser constructivo.

Nadie aprende a diseñar de repente.

El próximo te saldrá mucho mejor.

-Ya. -Rosa, ya estoy contigo.

Eh, pero si te has traído al gran maestro, ¿eh?

Hola, Nacho. -No, solo pasaba por aquí.

No tengo nada que ver con esto.

-Va, Rosa, déjame ver tu trabajo, "tua creazione".

-¿Sabes qué pasa? Que es el primer cartel.

Me voy a ir para trabajarlo un poquito más.

-No. -Y mañana te lo enseño.

-No, no, no, no, no, Rosa. De eso nada, no.

Le echamos un ojo juntos y lo comentamos, va.

-Es que Rosa quería darle otra vuelta.

¿Verdad, cariño? -Sí.

-Si nos das tiempo, podemos hacerte uno nuevo.

-¿Cómo voy a encargar uno nuevo si no he visto el viejo?

Además, seguro que esto está genial.

(ROSA SUSPIRA)

Perdona, he tenido que aparcar un poco lejos.

-No, por favor, no te preocupes, te he llamado sin tiempo.

¿Qué, quieres algo? Invito yo.

-Ponme un botellín. -Botellín.

-¿Dónde tenemos al chef?

-Eh... El chef no va a venir.

No le he avisado.

-Ah, ¿no? -No. Te he llamado yo.

He conseguido tu teléfono investigando en su agenda.

Espero que no te moleste.

-Mientras no se moleste él... -No, no, no, no.

Estoy segura de que no. Hay una buena razón para hacer esto.

-Cuando dije que era el fan número uno de Jorge quizá exageraba,

pero, si lo que quieres es ligar conmigo,

ya te digo yo que puedes buscarte un buen discurso, te va a costar.

-No...

¿En serio? Pero si yo había notado quimi...

Llamo al hotel, había reservado una habitación.

Creí que íbamos a darle. -No, no.

Que me lo pienso. -Piénsatelo, piénsatelo.

-Voy a por un albornoz y vamos para allá.

-Eh... Javier.

Te he llamado porque necesitaba hablar contigo.

Fui yo quien te propuso para gerente del Mercado.

Jorge no tenía nada que ver, no sabía nada,

le pilló por sorpresa.

No le di ni siquiera tiempo para preguntarte y...

Y, bueno, ahora tú lo has rechazado y...

Tiene a todo el Mercado en su contra. -Entiendo.

Te has precipitado un poco, sí. -Sí.

La historia de mi vida.

Te pido, por favor,

que vuelvas a valorar la propuesta y no solo por Jorge,

es que de verdad creo que eres el candidato ideal.

-Agradezco mucho tu interés, pero te diré lo mismo que a Jorge:

no estoy interesado.

-¿Estás seguro?

Te oí decir que necesitabas un cambio de aires,

que por eso dejabas el hotel.

Y, me vas a perdonar, he leído tu currículo, es impecable.

Sé que has toreado en plazas mucho más grandes que esta,

mucho más grandes.

Esto sería para ti, ¿qué? ¿Un paseíto en barca?

-No tienes que engañarme,

sé que tenéis algunos frentes abiertos.

He oído algo en la radio.

-Sí, los tenemos,

pero tienen nombre y apellido, necesitamos a alguien como tú.

Necesitamos un crac que pueda combatir a Hortuño.

No te lo he explicado, Hortuño es... -Espera, ¿Hortuño?

¿Ginés Hortuño? -Sí, ¿lo conoces?

¿Pero adónde vas?

-Lo voy a colgar a la puerta ahora mismo.

-Pero ¿te ha gustado? -¿Si me ha gustado?

¡Me encanta!

Pero míralo: llamativo,

alegre, lleno de color, de vida.

¡Es brillante!

¿Puedes imprimir cien para mañana?

-Eh... Sí.

-Y, Nacho, atención,

porque Rosa te va a quitar los clientes en dos días.

(ROSA SUSPIRA)

(RÍE) ¿Qué haces tú aquí?

Necesitaba hacer unas compritas, y, bueno...

Ya, ¿tan lejos de tu casa?

No.

He pensado mejor eso de ser gerente de este mercado.

¿Y?

Y que acepto el puesto.

Espero que estés contento. (RESOPLA)

¿Contento? Me voy a poner a llorar.

¿Y no me vas a dar un abrazo, hombre?

Oh... El peso que me quitas de encima.

Ya sabes que cualquier excusa es buena con tal de arrimarme a ti.

Lo has hecho por eso, ¿no?

Claro que sí. Qué peligro tienes.

Lástima que seas tan asquerosamente hetero, amigo.

¿Qué te ha hecho cambiar de opinión?

Tenías razón, te debía una.

Si no fuera por ti,

estaría muriéndome de pena y aburrimiento en esas bodegas.

Ya, pero esta mañana esa razón no era suficiente.

Hay algo más. Alguien más. Hortuño.

Tenías que haberme dicho que os hace la vida imposible.

¿Conoces a Hortuño? Por desgracia.

Y no voy a permitir

que un tipejo como él arruine la vida a tanta gente.

¿Has currado con él? No.

Y ese fue precisamente el problema.

Me ofreció dirigir uno de sus hoteles, le dije que no,

y desde ese momento intentó hacerme la vida imposible.

No le gusta que le lleven la contraria.

Exacto.

Cuando rechacé su oferta,

empezó a decir que yo era adicto al juego,

que era un peligro para las empresas contratarme.

Tuve suerte de que nadie o casi nadie le creyera.

Ese tipo me lo hizo pasar muy mal.

Menudo bicho.

Hay que pararle los pies.

Cuenta conmigo para lo que necesites.

Lo mismo digo, compañero.

¿Pues sabes qué?

Que nos vamos a tomar un vinito.

(RÍE) ¡Muy rico! ¿Cuándo fue la última vez?

Pues hoy nos vamos a poner al día.

Oye ¿y tú cómo te has enterado de lo de Hortuño?

Por Lorena.

Nos hemos visto antes.

Se sentía culpable por haberte metido en un marrón

y quería arreglarlo.

Pues lo ha arreglado de maravilla.

Estaba muy contenta. Ya.

Y yo me alegro de que a esa chica le gustes tanto.

Es muy maja.

Sí, sí que lo es.

¿Dónde está? No lo sé, antes estaba en el bar.

Bueno, vamos a acabar esto y luego hablamos de Lorena.

Muy bien.

Por los viejos tiempos, amigo. Todavía me aguantas, ¿no?

(Puerta)

Sí. No, tranquilo, ahora estamos entrando por la puerta de casa.

No, no hace falta que vengas.

Si Elías dice que se siente bien, que solo ha sido un susto.

Pues supongo que el estrés.

Yo también creo que debería ir al hospital,

pero ya conoces a tu hijo, que es cabezón como él solo.

Oye, en serio, me encuentro bien, por favor.

Ya lo estás escuchando, Jesús.

Bueno, venga, vale. Gracias por llamar. Hasta luego.

¿Para qué tienes que ir al hospital? Nada.

Un mareo que me ha dado.

Hombre, te ha dado un amago de infarto, Elías.

¿En serio? Sí. Se ha desmayado en el despacho.

Han llamado a la ambulancia. Oye, no seáis tan exagerados.

El médico ha dicho que estoy bien, yo me encuentro bien. Se acabó.

¿Has podido revisar la nueva ruta de transportes?

¿Tú te vas a poner a trabajar ahora?

¿Por qué no? Aprovecho que está Germán.

Es un momento. Ni hablar.

Tú te vas ahora a la habitación y descansas hasta la cena.

Venga. Adela...

Adela, nada. Venga, a la habitación.

Míralo tú, anda.

(SUSPIRA)

¿En serio no es nada grave?

No, no es grave. ¿Seguro?

Que yo había quedado, pero, si quieres, me quedo.

No, no hace falta.

Venga, vete con tus amigos y relájate.

Que ya ves para qué sirve el estrés.

Si necesitas algo, me llamas, ¿vale?

Oye, ¿a ti no se te olvida nada?

Adiós, mamá. Pásatelo bien.

(Puerta)

La disfunción eréctil...

¿Y esto?

Esto es una disculpa en forma de bombones de macadamia.

No hacía falta.

Sí, sí hacía falta.

Siento mucho cómo me puse con lo de Javier.

No... Tú no te mereces una bronca, te mereces un monumento.

Por favor.

Gracias.

No, en serio, estaba un poquito alterado

y siento mucho cómo me puse, de verdad.

No, lo siento yo.

Aunque Javier haya dicho que sí,

no quita que yo sea una bocazas. ¿Qué dices?

Si lo has resuelto. Pero no puedo ir así por la vida.

¿Así, cómo?

Pues arrastrando a la gente con mis locuras.

Acabo haciendo daño a todo el mundo. A mí me encantan tus locuras.

¿Me oyes? ¿Mmm?

No paro de cagarla, Jorge. Estoy cansada.

Lorena, ¿qué te preocupa?

Si es por las tapas, les vamos a presentar la nueva carta

a Elías, a tu padre, a quien haga falta.

Les va a encantar.

Mi familia no da un duro por mí.

Y supongo que me lo he ganado a pulso.

¿Tú te estás oyendo?

¿Mmm?

¿Dónde está la chica guerrera y optimista?

¿Mmm? Que te he dicho que estoy cansada.

¿Cansada o preocupada?

Las dos cosas.

Lorena, el bar, solucionado.

Lo de Javier, solucionado.

¿Qué más te preocupa?

He hablado con ella.

-¿Con ella? ¿Quién es ella? -Sí.

Giuliana.

He conseguido su contacto por Internet.

He quedado para hablar con ella de los cursos.

-Pero, a ver, si antes casi me tiras el teléfono al suelo

para que no hablara con ella. -Sí.

-¿Qué ha pasado?

-Lo he pensado mejor y creo que tienes razón.

Doménico no se merece ser infeliz.

-¡Ay, qué bien, "amore mio"!

No sabes cómo me alegro de que estemos de acuerdo.

Porque Doménico nos ha ayudado mucho,

con la pizzería, con Andrea.

Encontrar a Giuliana es lo mínimo.

-Y, además, si Giuliana es el amor de su vida

y siente lo mismo,

¿quiénes somos para impedir su amor? -Eso es.

Porque, si hay amor, el resto no importa.

-Pronto lo sabremos.

-¡No!

Es ella.

"Mamma mia".

Es que hacía mucho tiempo que no la veía.

-Tiene sus añitos la señora, ¿eh?

-Ya, es un poco mayor que Doménico, sí.

-Pensé que eran de la misma edad.

-Oye ¿y si la cosa no funciona?

-Tiene que funcionar. No nos podemos echar atrás ahora.

-¿Y por qué no? -No.

-Es que yo, ahora que la veo,

no es la misma mujer de la que yo me acordaba.

¿Y si le pasa lo mismo a Doménico? -Pues habrá que correr ese riesgo.

-No lo sé, ¿eh?

Porque Doménico es una "bellisima" persona,

pero tiene un pequeño problema, que le encanta vivir en el pasado.

Y, cuando vea que Giuliana no es la misma mujer

de la que él se enamoró cuando era un chaval,

igual se nos hunde, y mucho.

-A lo mejor eso le sirve para cerrar esta etapa de su vida.

-Pero yo no sé si Doménico está listo para esto.

¿Eh? -Sí.

-No, no, Cristi, mejor que yo hable con ella.

La llevo al Central y hablamos allí de las clases.

-¡No, no! ¡Espérate! -Que sí, que yo sé.

-(SUSURRA) ¡Que viene, que viene!

-¡Giuliana!

-¡Doménico! "Ma non ci posso credere".

-Cuánto tiempo.

Estás... estás "bellisima". -Sí...

¡"Mamma mia"!

"Non sapevo" que trabajases aquí.

-Estoy trabajando aquí, sí, ahora. -Oh...

-Estoy muy feliz de verte. -¡Y yo!

Tengo miedo.

¿Miedo de qué?

Tengo miedo de contarte algunas cosas y que me juzgues

y que... que lo vuelva a perder todo otra vez.

No vas a perder nada, Lorena.

Estoy aquí para escucharte, no para juzgarte.

Puedes contarme lo que quieras, por favor, confía en mí.

Han pasado algunas cosas.

Perdona el numerito.

Eh, no hay nada que perdonar, ¿me oyes?

Vale.

Me... me voy al bar, que lo he dejado solo.

Vale.

Hola.

Hola, ¿cómo estás?

Bueno, no tan bien como vosotros.

Me gusta mucho verte feliz, te lo mereces.

Toma, tu factura de la luz.

Estaba entre mis cosas.

Muchas gracias. Muchas veces.

(NOA) Mira esta.

(RIENDO) Mira esta.

Es que molan mucho, ¿eh? -Ya.

Seguro que se nota mucho la mano de Luis.

-¿Cómo? -¿Eh?

Que el tío bien que hacía por agarrarte.

-¿Perdón? -¿Qué?

¿Me vas a negar que estaba haciendo por arrimarte cebolleta en el parque?

-Si quieres, me corrige la posición con un palo.

Estaba haciendo su trabajo. -¡Venga ya!

Noa, ¿de verdad que no ves lo que busca?

Nivel uno de profesor asaltacunas, tía.

-¿Y tú qué sabrás si no terminaste ni la ESO?

-Pues, mira, tía, no tendré muchos estudios,

pero no me hacen falta para ver de qué va.

Profesor que se pone súper a tope ahí,

con su alumna, "mira qué foquito", "mira qué luz tan bonita", ¿para qué?

Cuando te quieras dar cuenta, ya te ha metido el trípode y todo.

A ti y a todas las que se pongan por delante, claro.

-¿Tú eres imbécil o qué te pasa? Anda, tira para el Mercado.

-Ah, vale, vale, vale. Que ya sé lo que pasa.

Te crees que lo tuyo es especial, ¿no?

-Mira, tienes unos celos que no puedes con ellos.

-¿Celos? Si yo lo digo porque somos amigos, tía,

y me preocupo por ti.

-Pues deja de preocuparte, ¿vale? Que ya sé cuidarme yo solita.

-Eso lo dices ahora,

pero espérate a que el asaltacunas vaya a saco por ti, ¿mmm?

No sé si sabes que no parará hasta que caigas.

Esto lo habrá hecho con mil pardillas como tú.

-¿Y tú qué sabrás?

-Pues, mira, no tendré estudios, pero tengo ojos,

y he visto y he oído cosas que... -¿Que qué?

-Pues que es un pichabrava.

Pregúntales a tus compañeras de clase, a ver qué te dicen.

-No tienes ni idea de cómo es Luis. -Pues igual no tienes ni idea tú.

Que parece que deseas que te lleve al huerto a hacer fotitos.

-¿Y qué pasa si quiero? Hago con mi vida lo que quiero.

-Ah, pues muy bien, guay, adelante. Libertad ante todo.

Pero, cuando te haya camelado y te deje por otra,

no me vengas llorando, ¿eh?, que nos conocemos.

¿Adónde vas?

-Al huerto.

A hacer fotos.

Rosa.

-¿Cómo quieres que te diga que no quiero saber nada de ti?

-No fuiste tú quien le contó a papá lo de la boda, fue Nacho.

No he venido a pedirte perdón.

-¿Entonces a qué has venido? ¿A malmeter contra mi marido?

-Escúchame, por favor. -¿Qué quieres que escuche?

No me convencerás de que Nacho es mala persona porque no lo es.

-Tengo asumidísimo que no me crees, y no sabes la pena que me da.

Así que tienes que ser tú quien se dé cuenta

de la clase de persona que es tu marido.

-Sé perfectamente cómo es Nacho.

-No, no lo sabes.

Y ojalá algún día des el primer paso para darte cuenta.

-¿Algo más? -Sí.

Me voy, te dejo en paz, me largo.

Pero quiero que sepas, aunque sea cuando me veas de lejos,

que tienes que recordar algo.

-¿Todo el daño que me has hecho?

-Quiero que mi presencia te recuerde

que un día abrirás los ojos y te darás cuenta de todo.

-¿Te has vuelto adivina o qué?

-Y, cuando llegue ese día, seguramente Nacho haya conseguido

alejarte de tu familia, de tus amigos.

Seguramente pienses que tu vida se ha derrumbado,

que lo has perdido todo.

Ese día, acuérdate de que, por muchos años que hayan pasado,

por mucho que pienses que lo nuestro está roto,

solo tienes que llamar a mi puerta,

porque yo siempre estaré allí,

para lo que necesites.

Siempre estaré allí,

esperándote, siempre.

-Me esperan en casa.

(SUSPIRA)

Llegar antes de tiempo a la clase no ayuda a subir la nota, ¿eh?

-Pues da gracias a que he venido,

no me esperaba otra clase por la tarde.

-Ya he visto las fotos del otro día. -¿Y qué te han parecido?

-Interesantes.

-Ah, ¿solo interesantes?

He pasado tiempo retocándolas. Sobre todo, las del estanque.

-Son las que menos me han gustado.

-Vaya.

-Ya te dije que trabajar con agua es difícil.

-Y las de Jonathan de esta mañana, ¿qué tal?

-Pues no están nada mal.

Mejor que las de las primeras clases.

-Algo es algo.

-Tienes mucho que aprender, Noa,

pero vas por muy buen camino.

Yo creo que haremos de ti una gran fotógrafa.

Lorena.

Jorge, antes...

No soporto verte triste.

Cuéntame lo que te pasa, Lorena, por favor, necesito saberlo.

Cuéntamelo porque, si no, no tendré más remedio que...

invitarte a cenar.

Por favor, cuéntamelo.

La confianza es la base de toda buena relación, ¿no?

Jorge...

Deberías ser menos exigente y soltarte un poquito más.

-¿Cómo? -Mira, la fotografía es como la vida.

Se afronta con la mente abierta a nuevas experiencias.

Hay que enamorarse de lo que uno hace, ponerle pasión.

Sin pasión, todo es mediocre y mucho más aburrido.

-Y a mí me falta pasión, claro. -Pues sí.

-Ya. -¿Y sabes por qué te pasa todo esto?

Porque tienes miedo.

Tienes miedo de ser tú misma,

de que tus fotos te desnuden y te sientas expuesta ante los demás.

-Y, según tú, ¿qué debo hacer para solucionar eso?

-Pues dejarte llevar.

Olvidarte de los tabús,

de lo que la gente piense o deje de pensar.

No eres tú contra el mundo, Noa, eres tú con el mundo.

Tú decides lo que haces, cómo lo haces y con quién lo haces.

-Ya.

Y, si lo hago con un hombre maduro

que me va a enseñar la fotografía y la vida,

mejor que mejor, ¿no? -¿Cómo?

No, a ver, creo que te estás equivocando.

-Y tú me vas a enseñar el camino, claro.

Oye, todo este rollo que sueltas

de experimentar y abrir la mente

te debe funcionar bien con tus alumnas.

Deben caer como moscas. -Lo que me faltaba por oír.

Pero ¿tú que te crees, niña?

¿Que te estoy diciendo esto para ligar contigo?

¿Tan enfermo me ves como para hacer esto?

-No sé, no te conozco tanto como para saberlo.

-Pues, si no me conoces tanto, no saques conclusiones sobre mí.

Sobre todo, si me pueden fastidiar la vida.

Mira, yo soy así.

Soy directo, sin rodeos,

y me gusta tratar a mis alumnos como iguales,

no como niñatos, este es mi estilo.

Si te gusta, adelante,

y, si no, hay muchas escuelas en Madrid.

-No tengo nada en contra de tu escuela.

-Pues a trabajar, hemos perdido bastante el tiempo.

Debes estar acostumbrada a que los chicos te vayan detrás.

Pero yo soy tu profesor y tú eres mi alumna,

eres tú la que tienes que ir detrás de mí.

Vamos. -¿Y a dónde vamos?

-A buscar nuevas localizaciones.

Y nada del estanque, que la foto te sale como el culo.

Venga, vamos.

Me voy de Madrid.

¿Cómo que te vas de Madrid?

No puedo más, no aguanto más a mi familia.

Espera, espera, a ver si me queda claro.

¿No habías vuelto precisamente por eso?

¿Para recuperar el tiempo y reconciliarte con ellos?

Sí, y lo he intentado, no sabes cuánto lo he intentado,

pero... no encajo en esta familia.

Y ellos se encargan cada día de recordármelo.

¿Y a dónde te vas?

Tengo una amiga en Berlín.

Ella tiene una tienda de bisutería.

Siempre me tienta para que me instale y la ayude.

Y creo que sí, creo que iré.

Soy muy buena con la bisutería.

Ya.

¿Y qué pasa con lo nuestro?

Creí que esto funcionaba, que iba bien, ¿no?

Jorge, eres un encanto. (RÍE)

Pero no me vas a decir ahora que estás enamorado de mí

y que no quieres que me vaya, ¿no?

No me parece justo eso.

No sé lo que es justo ni lo que no es justo, de verdad.

Nos lo hemos pasado muy bien juntos, pero...

Ha sido poco tiempo,

es mejor cortarlo de raíz antes de que suframos,

de que alguien se sienta traicionado o salga herido.

Eh, eh, eh, no quiero que te vayas.

Eres tan especial.

Te voy a recordar siempre.

Siempre nos quedará Berlín.

Lorena, ¿de qué va todo esto?

¿Eres de los que no aceptan un no?

¿Pensabas que me iba a tragar todo esto?

¿Por qué no me dices la verdad?

Ya te la he dicho. Pues no te creo, Lorena.

Te vas porque has discutido con tu padre y con tu hermana, ¿tú?

Los De la Cruz pasáis la vida discutiendo,

es vuestro pan de cada día.

¿Esperas que me crea que te vas por eso?

Tiene que haber algo más.

Soy una mujer peligrosa, Jorge.

Soy una loca, una mentirosa, una perdida, yo saldría corriendo.

Pue no me voy a ir a ningún sitio.

Así que cuéntamelo, por favor.

¿Qué haces?

Adela, oye,

¿qué estás haciendo?

¡Adela, Adela!

¡Oye, ya está bien! ¿Qué pasa aquí? ¿Que eres un mentiroso?

¿Que el Sildenafilo no es para las migrañas?

¿Que lo tomas para que se te levante cuando estás con esa golfa?

Vamos a calmarnos y me dejas que te explique.

¿Vale? ¿Qué me vas a explicar?

¿Que eres un hipócrita, un liante, y siempre lo has sido?

¿Y que yo soy una imbécil por haberte creído todos estos años?

No, entre Julia y yo no hay absolutamente nada,

lo de hoy ha sido una... ¿Qué es lo de hoy?

¿De qué hablas, Elías, de qué?

Me lo dijo el empleado el otro día, me dijo que era una cornuda.

Y yo encima me sentí culpable por haberle creído.

¿Te crees que yo no te echo de menos en la cama?

Lo siento. La diferencia entre tú y yo

es que yo no ando por ahí mendigando sexo, ¿y sabes por qué?

Porque lo que siento por ti está por encima de cualquier cosa.

Y, sobre todo, porque, aunque no te lo merezcas,

también te respeto.

¿Dónde vas, Adela?

Adela... Adela, lo siento.

¡Adela! Adela, por favor.

Tú sabes que yo te quiero, ¿verdad?

Y que yo sin ti no soy nadie.

No te equivoques,

conmigo tampoco es que hayas sido gran cosa.

Adela.

Te lo pido por Dios.

Por Dios, escúchame.

Lo siento, soy un imbécil.

Lo que te he hecho no te lo mereces, lo siento mucho.

Pero ha sido la primera y la última vez, te lo juro.

Elías, ten al menos algo de decencia y deja de mentirme.

La otra noche, cuando querías tomarte la dichosa pastillita,

me dijiste que era la última y me prometiste que la tirarías.

¿Cuántas cajas tienes?

¿Las tienes escondidas en el despacho?

Para cada una de tus amantes. ¡Que no, que no!

Te juro que no es así.

Adela, ¡Adela!

¿Dónde vas a ir?

La verdad es que no lo sé.

Pero lejos de ti.

¿No te das cuenta? Esto es una locura.

¿Qué le vamos a decir a la familia?

Entre la familia y tu bragueta, tú ya has elegido.

Que lo disfrutes.

(Portazo)

¿Y sabes lo que más me duele de todo?

Que mi padre no me ha creído, fingió que me creía,

pero no ha confiado en mí ni un solo segundo.

Siempre, siempre se ha puesto de parte de Nacho.

Solo quiere que me aleje de ellos. No me creen, no me cree nadie.

El que tendría que alejarse es Nacho, y bien lejos.

Qué hijo de...

¿Jorge, tú me crees?

Lorena, mírame.

Por supuesto que te creo.

No sé por qué has tardado tanto en contármelo.

Porque soy una idiota.

No.

Y no puedes irte, lo sabes, ¿no?

Debes quedarte y demostrarles a tu padre y a tu hermana

que el imbécil de tu cuñado es un manipulador y un cerdo.

Ojalá fuera tan fácil. No será fácil, Lorena.

Pero ya se nos ocurrirá algo, ¿eh?

Vamos a darle en la cara a tu padre con la nueva carta,

no tiene nada que envidiar a la de Rosa.

Soy la oveja negra de la familia, mi padre no confía en mí...

Pero yo sí confío en ti, Lorena, sí confío en ti.

Si te vas, Nacho seguirá ensuciando tu nombre

y Rosa tendrá motivos para creerle, y eso sí que no.

Pobre Rosa, lo que va a tener que aguantar.

Solo tú puedes hacer que tu hermana no quede en manos de un manipulador.

No puedo, la tiene completamente anulada.

No, no, no te creas.

No hubiera llegado tan lejos con lo de la boda

si no hubiera visto en ti un peligro real de influir en Rosa.

Te tiene miedo.

Sí, eso es verdad.

Igual estamos a tiempo de hacer que tu hermana abra los ojos.

¿Tú crees?

Estoy seguro.

Va a salir bien, ¿me oyes?

Va a salir bien.

¿Tienes un minuto? Tengo que hablar contigo.

-¿Qué quieres?

-Verás, yo sé que nuestras familias han tenido sus más y sus menos,

pero es que he estado ocultando una cosa por respeto a mi madre,

y... y no la voy a ocultar más.

-Venga, al grano.

-Es que esto no es fácil de explicar, Jesús.

Las cosas entre mi madre y tú han ido muy lejos,

mucho más lejos de lo que pensábamos.

-Bueno, ¿quieres soltarlo de una vez?

-Mi madre no se fijó en ti porque le gustases especialmente.

-Vaya novedad, ¿te crees que lo mío fue un flechazo?

Las cosas se han ido dando poco a poco.

-No, a mi madre lo único que le interesaba de ti era el dinero.

-Esto es cosa de Elías, ¿no?

No me extraña que le haya dado un susto el corazón,

todo el día maquinando no es bueno. -Que no, que no.

Mi madre estaba obsesionada con la casa de Comillas.

Perderla le quitaba el sueño.

Así que se obcecó con que tenía que seducirte

para que tú le pagases la reforma de la casa.

Bueno, y lo ha conseguido.

-Valeria no es capaz de hacer eso.

-Tú no conoces a mi madre.

Por esa casa es capaz de todo.

Bueno, la quiere más que a mí.

Bueno, y más que a ti, claro.

-¿Y por qué me cuentas esto ahora?

-Te lo tenía que haber contado desde el principio,

pero era traicionar a mi madre, y al final la he traicionado, pero...

Pero es que yo no podía permitir que este engaño siguiera adelante.

Yo lo siento mucho.

Lo siento.

-¿Pasa algo? ¿Qué pasa?

-Tengo que ir al almacén.

-¿Qué has hecho?

-Pues no me has dejado otra opción, mama.

Después de la conversación que hemos tenido esta mañana,

pues... pues se lo he tenido que contar a Jesús.

-Iba a vender la casa.

¡Iba a vender la casa y el terreno para pagar la reforma del puesto!

-¿Qué?

-Que Samuel me lo ha contado, que os han timado.

-Lo siento, mama, pero ya es tarde.

-Eres una desgraciada.

(RESOPLA)

¿Otra vez merluza?

Sí, otra vez merluza.

Si no te gusta, vete a la cocina y hazte lo que quieras.

¿Quieres agua? Sí.

Pues venga.

¿Será posible?

Lo siento, perdona.

¿Qué te pasa, mamá? Llevas así desde que hemos llegado.

Nada, no me pasa nada.

¿Es por algo que he hecho? No.

¿Por algo de la tienda? No.

¿Has discutido con la abuela? Hijo, no.

Entonces es por Jorge.

Cena, que se va a enfriar.

Es por él. ¿A que sí?

Algo tiene que ver, sí.

¿Ya no sois amigos?

Sí somos amigos, lo que pasa es que,

bueno, no tan amigos como a mí me gustaría.

Eso es que te gusta.

Sí, sí que me gusta.

Se lo tenía que haber dejado más claro.

Díselo.

No puedo hacer eso, cariño.

Ahora Jorge está con otra persona, ya lo sabes.

Yo he sido una tonta, he dejado pasar el tren por un error

y ahora estoy pagando las consecuencias.

¿Jorge y tú vais en tren?

No, mi vida, es una forma de hablar.

De todas formas, da igual.

Ahora cada uno ha cogido un camino diferente.

(Timbre)

¿Esperamos a alguien? No.

¡Adela!

Celia...

Ya sé que no son horas,

pero ¿puedo quedarme aquí?

Elías me está engañando.

Pasa, pasa, por favor.

Celia, ¿cómo he podido estar tan ciega? ¿Cómo?

Es difícil, pero lo que tienes que hacer es intentar calmarte.

Y así poder pensar qué es lo que quieres hacer.

¿Que qué es lo que quiero hacer?

Quiero ir a un abogado y pedir el divorcio.

Bueno, pues decidas lo que decidas,

quiero que sepas que siempre puedes empezar de cero.

Te lo digo por experiencia.

Mírame a los ojos

y dime que lo que me contó tu hija el otro día no es verdad.

-No todo es blanco o negro.

-He hecho una pregunta muy sencilla.

Haz que me dé otra oportunidad.

Adela no te quiere dar otra oportunidad.

Yo quiero a mi mujer, ¿eh?

Madre mía, Elías, ¿tú te estás escuchando?

Lo siento, pero no. No te voy a ayudar.

Vas a recoger lo que has sembrado.

La llama del amor se ha encendido otra vez, ¿eh?

-Si os vais a poner a hablar como machotes, mejor vengo luego.

Hasta luego. -Hasta luego, "amore mio".

Oye, pensaba que tu negocio era la tienda "delicatessen", no el bar.

Sí, lo es.

No entiendo ese tono, pensé que éramos amigos.

Pues no lo sé, no lo tengo yo tan claro, fíjate.

Oye, discúlpame, de verdad. ¿Ha pasado algo?

¿Lo de Jorge?

Mi madre me dijo que estaba enamorada de él.

¡Ah! ¿Y él que piensa de eso?

Me contó que le gustaba una mujer, pero que no le hacía mucho caso.

¿Y no sería Lorena?

No le hacía mucho caso, y Lorena le hace mucho caso.

Sí. Yo creo que es mi madre.

-¿Así hablas a la gente? ¿Así de perfeccionista y de exigente?

¿Con tu ex también lo hacías? ¿Por eso rompisteis?

No sé a qué viene hablar de mi pasado.

No tiene nada que ver con tus tapas.

Tiene mucho más que ver de lo que crees.

Muy bien, pues aquí te quedas con tus tapas.

-¿Y tú que has hecho para ayudar?

Tragar con lo que han ido decidiendo los demás

y esperar a que venga la Virgen.

-Bueno, tranquila, que yo no tengo la culpa de que tu madre...

-Primero, me dejas sola con el marrón de la reforma.

¿Y después vienes a darme palmaditas en la espalda?

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Mercado Central - Capítulo 48

28 nov 2019

El paso de Elías por el hospital abre los ojos a Adela: sus sospechas sobre Elías eran ciertas.
Celia le confiesa a su hijo sus sentimientos por Jorge.
Paolo ayuda a su amigo Doménico a reencontrarse con el amor de su vida y Cristina se sorprende cuando descubre que Giuliana no era exactamente el tipo de mujer que ella imaginaba.
Nacho vuelve a hacer de las suyas con Rosa.
Noa se ve incapaz de frenar sus sentimientos por Luis. Jonathan no acaba de ver bien la relación de ambos.
La lucha por la gerencia del mercado continúa. Jorge no piensa dejar que Elías se salga con la suya.
Lorena no aguanta más la situación con su familia, pero Jorge no está dispuesto a permitir que se rinda.
Carmen está dispuesta a lo que sea para romper la relación de Valeria con Jesús. Se lo juega todo a una carta.

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