Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 47 - ver ahora
Transcripción completa

Doménico siempre dice

que Giuliana fue la única mujer que le llegó al corazón.

-¿Y si está casada?

¿Y si no se quieren ver porque no terminó bien?

-"Amore mio".

Es muy bonito que te preocupes por Doménico,

pero no hace falta, de verdad.

-Si está pasando un mal momento,

lo mejor es que le arrimes el hombro para que llore, les encanta.

-No sé, eso me parece de gente mayor.

Las chicas ahora no necesitan muleta. -Bueno, vamos a ver, vamos a ver.

Yo te hablaba en plan consuelo, ¿eh? Que eso vale para todos.

Cuando alguien está flojo,

aprovechas y atacas.

-Tenemos un problema. -Ya.

Que no te gusta.

-Por el contrario, Rosa.

¡Que me encantan todos! El problema es que...

No sé cuál elegir. (ROSA RÍE)

-¿Por qué me das esto? -Es una tarjeta de mi escuela.

Buscan modelos para un ejercicio de retratos al aire libre.

No sé, preséntate. Seguro que te cogen.

Y, además, tú tienes mucho rollo.

-¿Qué... qué quieres decir?

-Tienes un "look" que mola mucho como modelo de fotografía.

-Tú envenenas.

Y has envenenado a papá

contándole todas esas mentiras que ha dicho Nacho.

-¿Pero qué estás diciendo?

Yo no le he contado nada a papá.

-No, claro, lo sabe porque ha consultado su oráculo, ¿no?

Enhorabuena, hermana,

porque, si querías hacerme daño, lo has conseguido.

A Hortuño y a mí nos interesa que estés aquí

para que nuestro plan salga adelante.

Germán, no nos lo pongas difícil, que no nos va a gustar,

y déjate ya de tonterías.

(SUSPIRA)

¿Cuál es el siguiente movimiento?

-Me ayudaste en una situación difícil.

Puedes contar conmigo cuando quieras, en serio.

-Vale, entonces ¿somos amigos?

-¡Claro que lo somos!

-No quieres cuidar de tu familia,

antes están el bar y los De la Cruz.

Y yo siempre he sido lo último para ti.

Con todo lo que yo he hecho por ti.

¿Tú ves en qué me convierte a mí eso?

En alguien muy importante, en alguien muy especial.

No, me convierte en un objeto sexual.

Y métete esto en la cabeza:

no voy a volver a acostarme contigo.

No, Celia, escúchame. ¡Nunca!

Eso está hecho, hombre, te lo digo yo.

Además, te va a gustar la responsabilidad.

Pues yo no lo veo tan claro. ¡Que sí, hombre!

Te conocen todos, conoces a todos.

Vas a ser un gran gerente, eres espabilado...

Tienen que votarme, pero yo no lo veo tan fácil.

Facilísimo, ¿y sabes por qué? A ver.

Porque no tienes competencia.

Nadie ocupa ese puesto y urge hacerlo, ¿eh?

Pídeme un cafelito, anda.

Celia, ¿qué tal?

Todavía no ha llegado nadie. Bueno, he llegado yo.

Sí. Voy al puesto.

Aprovecho este ratito y adelanto inventario.

Quédate, quédate, Celia, si esto está a punto de empezar.

Aparte, aprovecho para decirte que...

Perdona, yo lo último que quería era molestarte, de verdad.

Es que no sé qué me pasa, contigo no consigo explicarme bien.

Y yo lo único que quiero que sepas es que hay una conexión especial...

Perdona, perdona.

Creo que aquí hemos venido a hablar del gerente nuevo, ¿no?

¿O me equivoco? De otra cosa no quiero hablar.

(PAOLO) "Buongiorno". -¿Cuántos cafés pongo, chicos?

A mí, uno. -Uno, aquí.

Bueno. Eh... Un momento de atención,

por favor.

Ya sabéis que la reunión... (CARMEN) Ay.

Ya no se espera ni a la hora, vamos.

Menuda educación.

Lo dicho.

Ya sabéis que en la reunión de hoy

solo hay un punto en la orden del día,

que es la elección del nuevo gerente.

La confirmación de Samu en su puesto.

Eso hay que valorarlo porque, como sabes,

hay mucha gente que no está de acuerdo con su gestión

por los motivos que ya conocemos.

Que algunos no compartimos.

-No, que hagan lo que quieran. -Es que no da igual.

Es que no da igual. Es que tú eres ayudante de Lola.

Durante su baja, lo has hecho genial. Lo lógico es que el puesto sea tuyo.

Bueno, tampoco es el momento de crear polémicas ahora, ¿no?

Yo solo exijo que se valore la opción de mi hijo.

Muy bien, pues tomamos nota todos, ¿verdad?

Eh... Quiero que sepáis

que he estado dándole muchas vueltas, muchas vueltas.

Queremos que el Mercado vaya bien.

-No, bien, no, Elías, nos interesa que vaya superbién.

Y yo, en este sentido, ya estoy trabajando en una iniciativa

de la que pronto os hablaré.

-¿Para la pizzería o para todos?

-Si mi idea funciona, beneficiará a todos los puestos.

¿Y de qué se trata?

Pues... Oye.

No nos desviemos.

Hacemos primero una cosa y luego lo que queramos, ¿sí?

-Cómo le gusta mandar.

He estado dándole muchas, muchas vueltas, al asunto,

buscando el candidato perfecto

y creo sinceramente que he dado con el idóneo

para que ocupe el puesto de gerente.

Germán.

¿Qué Germán?

Germán de la Cruz.

¿Germán, tu hijo?

Sí, Germán, mi hijo.

Alguien al que conocéis muy bien y él os conoce a vosotros muy bien,

que es de total confianza,

que está disponible para incorporarse ya.

Que está... Elías, perdona que te interrumpa.

No tengo nada en contra de Germán, con respeto.

Esto es un pelín irregular, ¿no?

Un poquito endogámico. Anda, tú cállate.

Que, si no fuera por tu culpa, no estaríamos así.

Mira, Carmen... Oye, ey, ya está bien, ¿no?

Jorge.

Yo lo hago simplemente porque aquí, de toda la vida,

siempre el gerente ha sido un hijo de un comerciante.

Siempre lo hemos hecho así.

Oye, Germán está trabajando en mi empresa, ¿eh?

Es importantísimo, hace una labor fundamental.

Yo estoy dispuesto a cederlo por el bien del Mercado.

Que seas capaz de comparar a Germán con Samuel...

Ni se me ocurriría,

a Germán jamás se le habría inundado el almacén de Jorge como a tu hijo.

¡No te metas con mi hijo!

Si ha habido una fuga en el agua no es culpa suya.

-Yo tengo una alternativa.

No vas a tener que ceder a tu hijo porque Jorge

tiene el candidato ideal. ¿Yo?

Sí, sí, no te hagas el modesto.

Jorge conoce al tipo perfecto para esto.

Es un tipo magnífico,

con un currículum impecable.

Explícaselo, Jorge.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Los últimos años ha estado trabajando

como gerente en una cadena de hoteles.

Y anteriormente en una distribuidora de vinos muy importante.

Se llama Javier, Javier Quílez.

Es perfecto.

-A mí me parece muy bien.

¿Ese tío quién es? ¿Quién lo conoce? No será tan bueno, está en el paro.

-No, no, no, no, no, no está en el paro.

Ha dejado su trabajo anterior voluntariamente

porque necesitaba un cambio de aires.

-Magnífico. Aquí lo tendrá.

-Bueno, ¿votamos?

Pero ¿cómo vamos a votar?

¡Tendremos que hacerle una entrevista!

Bueno, además,

¿ese chico quiere el puesto?

-Quiere, quiere, seguro, seguro que quiere, votamos.

A ver, los candidatos son Javier, Samuel y Germán.

Votos a favor de Javier.

Votos a favor de Samuel.

Votos a favor de Germán. Déjalo, anda.

Bueno, pues la democracia ha hecho su función.

Ha ganado Javier.

-Bueno, no pasa nada.

-Tengo el puesto de ayudante.

(CARMEN) Ya. Esto no tiene sentido.

Menuda la que me has liado.

La próxima vez, avísame.

¿Qué haces metiéndote en mis asuntos?

¿Cómo?

Tú ya no tienes que sacrificar a Germán.

Germán tiene su trabajo.

Tenemos al candidato más cualificado.

Todos contentos.

Todos contentos...

(SUSPIRA)

-¿Cómo pueden preferir a alguien que no conocen

a alguien como tú?

Con todo lo que ha hecho esta familia por este mercado...

-Yo no quiero líos. He metido la pata y se acabó.

-Elías nos quería colar a su hijo.

-Con lo pijo que es, no le veo comiéndose marrones.

-Le ha salido el tiro por la culata, solo le ha votado él.

-No quiero perder ni un minuto con el Mercado.

Estoy centrado en mi negocio.

-He disfrutado tanto viendo cómo se hundía Elías.

Parecía el Titanic.

¿Y Carla dónde está? -Se ha ido a por la furgoneta.

En media hora hemos quedado con el tío.

-¿Podéis vosotros con todo?

¿Hay muchos paquetes? -Sí.

Son veinticinco tabletas y veinticinco ordenadores.

Y he estado mirando

y por cada tableta podemos sacar trescientos pavos

y por ordenador, ochocientos.

-¡Son más de treinta mil euros! -Sí.

-Más de lo que habéis pensado. -¿A que está bien?

Si va bien, seguiremos haciendo negocios.

-¡Ay! ¡No sabes la alegría que me das!

¡Es que me has alegrado la mañana!

Con ese dinero podemos pagar la derrama de la cubierta del tejado,

reformar el puesto y dejar en paz a tu abuela.

-Pues por eso lo he hecho, mama, para quitarte preocupaciones.

Y por la abuela.

Parte de esos beneficios irán a la casa de Comillas.

-Tu abuela ya no necesita ese dinero porque la reforma de Comillas

la va a pagar Jesús de la Cruz, la mitad es suya.

A mí, esa casa ni fu ni fa. Por mí, mejor que la vendiera.

Pero dice mucho de ti.

-Ay, perdona, amor, que tenía que echar gasolina, ¿vamos?

-Venga, rapidito.

Luego tengo que coger cosas del despacho.

-Hala, que vaya bien. (SAMU) Chao, mama.

-Ay, Dios...

Voy a llamar al proveedor de aceites esenciales, ¿te parece?

Sí, claro, estupendo. Y gracias, ¿eh?

Le voy a pedir que nos mande unas muestras,

y las probamos, ¿sí?

Sí, muy bien, muy bien. Gracias. Venga.

Oye, ¿te parece si pongo la papelera aquí?

Será más práctico, ¿no?

Pero que si no te gusta... Ponla, ponla ahí, sí, no pasa nada.

Gracias por llamar al proveedor, no te he dicho nada.

Nada. Además, mira, no me responde.

Gracias por hacer la contabilidad.

No, mujer, luego nos ponemos juntas y la revisamos.

Si estamos de acuerdo, genial. Bien.

Cuando hable con el proveedor, te cuento lo que comentemos.

Menudo par de bobas.

De verdad, nos estamos pasando de la raya.

Ya...

Es que no hace falta que nos consultemos todo

ni tomar las decisiones juntas, y menos las más tontas.

La comunicación está bien,

pero no vamos a debatir el color de los bolis.

Es que no es práctico. Es un rollo.

Lo que no quiero

es pelearme contigo. No, no.

Me llevé un disgusto. Y yo.

¿Sabes por qué? Pues porque te encanta este negocio.

Y porque, además de muy buena socia,

te estás convirtiendo en muy buena amiga.

Y me hacía falta, ¿eh?

Que llevo toda la vida rodeada de hombres.

Tú también te estás convirtiendo en una buena amiga.

No sabes cómo te admiro.

Por cómo llevas vivir sin un marido

y cómo estás sacando adelante a tu hijo.

Eso da mucha confianza. Y no abunda, ¿eh?

Y está bien tener alguien en quien confiar, claro.

Sí.

(Mensaje)

Ay, mira, un mensaje de Elías.

Ajá. Sí, es que le pedí el contacto de un gestor.

Estoy un poco liada con el tema de los trámites.

Pues eso es muy importante,

no sabes el trabajo que te ahorra un gestor.

Oye, si no te sabe mal, voy a ir un momento al baño.

Claro.

Ya estamos. Te estoy pidiendo permiso otra vez.

(RIENDO) ¡Eh! Muy buenas.

Desembucha: ¿qué es tan importante que no me puedes contar por teléfono?

¿No puede uno quedar con su amigo de buena mañana para tomar un café?

Siéntate, anda.

Vaya tela.

Ahora que no trabajo, prefiero no madrugar.

Pero no te lo tendré en cuenta porque eres mi debilidad.

Tengo una propuesta que hacerte, laboral.

Y creo que puede ser interesante.

Y quería hacértela aquí, "in situ",

para que te puedas llevar el contrato.

¿Contrato? Ajá.

Uy, ¿no estarás buscando un socio para tu "delicatessen"?

La alimentación de calidad me gusta, tiene futuro,

pero no sé si me veo como tendero, Jorge.

Algo más interesante que eso.

Verás, estamos buscando una persona honesta, con ideas,

con experiencia, extremadamente atractiva,

para que ocupe el puesto de gerente del Mercado.

Y creo que ese puesto es perfecto para ti, Javier.

¿Qué me dices?

Pues te lo agradezco muchísimo, pero, no sé, me pilla así de sopetón.

No sé si me veo de gerente de un mercado.

Es perfecto, Javier.

Sé que más pronto que tarde vas a volver a trabajar.

¿O ya te vas a jubilar?

He acabado muy quemado de la hostelería, ya lo sabes.

Además, necesito un cambio de sector.

Un poquito de tranquilidad.

Y, oye, que estoy muy bien de año sabático.

Ya me lo imagino, pero es horario de oficina.

No es como un hotel.

La oficina del gerente está cerrada los sábados.

Con esto te lo digo todo. Que no, que no.

Es muy pronto para volver a la vorágine.

Te lo agradezco, pero todavía no.

Javier, te conozco, no vas a pasar mucho tiempo en casa sin hacer nada.

Y esto lo haces tú con los ojos cerrados.

Sabes que, cuando me meto en algo, me meto hasta el cuello.

Lo sé. Bueno, aquí tú marcas los tiempos,

el ritmo lo decides tú.

¿Que prefieres implicarte a tope? Genial.

¿Que quieres cubrir expediente? Genial.

Que no, piénsalo, tú y yo somos colegas.

Si la cago, no querría dejarte en mal lugar.

Javier, de verdad, sé perfectamente cómo trabajas.

Conozco tus capacidades. No me vas a defraudar.

Escúchame, por favor.

Suena tentador, pero no me interesa.

Muchísimas gracias, ¿vale?

Venga, te dejo.

Te debo una cena. Cuando quieras.

Pero, bueno, por favor, ¿cómo pueden tardar tanto?

A ver...

¡Ay, por fin!

¿Cómo habéis tardado tanto?

Venga, enséñame lo que hemos comprado.

-Espera. -Dame.

Pareces un niño en Navidad, déjame ver.

¿Qué pasa?

¿Ha pasado algo? (CARLA) Más o menos.

-Lo siento, te pido mil perdones.

-¿Por qué? ¿Qué pasa? Me estáis asustando.

-Que nos han timado.

-¿El qué? ¿Cómo?

-A ver, quedamos con el tío.

Y nos ayudó a subir unas cajas, y estaban bien, estaban impecables.

Le dimos la pasta y nos fuimos. -¿Y?

-Pues que, cuando volvimos,

Samu abrió una de las cajas y se encontró...

Esto. -¿El qué?

-Esto.

-¿Y esto?

-Esto no pesa, esto no pesa.

Es una carcasa de las que ponen en los escaparates.

-Que no hay nada dentro, son de pega, son de juguete todas.

-Pero esto será la de prueba. ¿Habéis mirado todas las cajas?

¿Son así? -Todas.

-Todas iguales, están todas las cajas igual.

-Pero esto... ¡es una estafa!

Lo que tenemos que hacer es ir a la policía.

Cogemos un albarán, el papel que os han dado, y...

-Que no hay albarán ni hay papel ni hay nada.

Era una tienda en quiebra, y al final...

-¿Y se han llevado nuestro dinero así?

-Lo siento mucho, la culpa es mía.

Pensaba que era listo y soy imbécil. -Ya, no te machaques.

Somos los dos unos pardillos.

-¿Has hablado con Lucas? Tu amigo. -Dice que era de fiar.

-¿Y al otro le has llamado? -Sí, y no está operativo.

No tiene manera de localizarle.

Ya está, que no, que no.

Él está hecho polvo también.

-No me lo puedo creer.

No me lo puedo creer.

Si es que, en cuanto me lo dijiste, dije es que esto no, esto huele mal.

Pero es que, claro, dije:

"Carmen, no seas ceniza, que siempre piensas lo peor,

dale un poco de confianza a tu hijo, tienen que tomar iniciativa".

-Lo siento, lo siento mucho, mama.

-Eran casi todos nuestros ahorros.

Estamos en la ruina, ya está.

A ver cómo se lo cuento yo a tu padre y a tu abuela.

Es que me van a matar. -No, no, mama.

Trabajaré día y noche de lo que haga falta.

De lo que sea. -Es muchísimo dinero.

Necesito mucho más dinero, hay que pagar la cubierta. Es que no.

Es que lo tengo que conseguir como sea, como sea.

-¿Adónde va?

-No lo sé, pero parece que la que se va a comer el pato es mi abuela.

¿Qué?

¿Cuándo se incorpora?

Nunca.

Ha dicho que no.

¿Cómo? No.

No, si es el curro perfecto, es lo que quería.

Sin presiones, sin agobios. Es para él.

Ya, pues, ya ves, dice que por ahora no es el momento.

Como se enteren todos de que no lo teníamos tan atado,

me van a crucificar.

No, no, espérate, no adelantemos acontecimientos.

Podemos volver a hablar con él.

Explicarle verdaderamente las ventajas que tiene este trabajo.

¿Pero se lo has dicho? Se lo he dicho todo, Lorena, y nada.

Que nos hemos precipitado. Bueno, que te has precipitado.

Pero porque pensaba que iba a decir que sí.

A ver, ¿quién rechaza un trabajo así?

¿Quién lo hace estando en el paro?

Pues, mira, él.

No me puedo dejar liar por ti porque al final...

(SUSPIRA)

No te he puesto una pistola para que lo recomiendes, ¿no?

No, no.

Mira, da igual.

De verdad, lo hecho hecho está.

Cuando Elías se entere, se me tirará al cuello.

Y Carmen, ni te cuento.

Me pondrá la cabeza como un bombo. No, no.

Y, en este caso, con razón. Espérate.

Déjame encontrar la manera de solucionar esto.

No hay manera, Lorena.

Que no se puede ser así todo el rato.

¿Así cómo?

¡Pues así, tan impulsiva! ¡Tan imprudente!

¡Hay que pensar las cosas antes de actuar!

Lo siento.

Quería ayudar y, al final, te he perjudicado a ti, lo siento.

Bueno, mira, tengo cosas que hacer.

Si me hubieran dicho hace unos años

que terminaría ennoviada con Jesús de la Cruz,

me hubiera caído de culo.

Pero mira la vida cómo es. -Desde luego.

-A ver, tu vuelta.

Y las costillas, ya verás qué ricas. -Muchas gracias.

-Hasta el martes, Nieves.

Hija, siempre con esa cara de funeral.

Como no aprendas a relajarte, te saldrán unas arrugas

que ninguna crema las quitará. -Mama.

El cutis es la menor de mis preocupaciones.

-¿Y qué pasa ahora?

Que cuando no es una cosa es la otra...

Hay que ver lo positivo de la vida, estamos de paso.

-Pues mi paso debe ser un calvario. -Anda, qué exagerada.

Hay que dar la vuelta a los contratiempos.

Si no, mira, por ejemplo: la casa de Comillas.

Gracias a que está en ruinas,

mira el proyecto que tenemos Jesús y yo.

-De eso tengo que hablarte. -Estoy tan contenta.

Tengo unas ganas de que empiece la obra...

Es todo tan bonito.

La lluvia nunca me ha importado.

Aparte que te digo que Cantabria tiene un microclima.

-Mama, que... que es que ha pasado un...

Que ha habido un contratiempo.

Y nos vas a tener que ayudar.

-Bueno ¿y cuándo no te he ayudado yo?

A ver, dime, ¿qué pasa?

-Que... que no tenemos dinero.

Ni para la reforma del puesto ni para la derrama del tejado.

-¿Y yo de dónde lo saco?

-Pues de dónde va a ser, de la venta de la casa de Comillas.

-No la quiero vender.

-Lo sé, pero esto es una situación de emergencia.

-No va a poder ser.

Mi futuro está encarrilado y esa casa es parte, ¿comprendes?

-Sí, pero estamos entre la espada y la pared.

O vendemos la casa o nos vamos a pique.

-Yo no soy un banco.

Ahora, esa es responsabilidad tuya y de tu marido.

Y, si me apuras, hasta de tu hijo, que ya es un hombre.

Yo ya cumplí. -A Samu ni me lo nombres.

¡El puesto es de las dos,

no de mi marido! -Sí.

Lo que pasa es que ya me deslomé aquí muchos años.

Y ahora es tu turno, Carmen, ¿comprendes?

Yo tengo derecho también a mi jubilación.

Digo yo, vamos.

-Necesitamos dinero. La casa de Comillas es prescindible.

Hasta ahora has vivido sin ella.

-Es que ese es el tema, no quiero vivir como hasta ahora.

Que quiero rehacer mi vida con Jesús

en Comillas, en mi pueblo, ¿comprendes?

-Pues esto es lo que hay.

-¿Pero tú sabes la suerte que he tenido al encontrarme con Jesús?

¿Un hombre que me quiere

y está dispuesto a vivir conmigo en Comillas?

Me pides un imposible.

-Ahora estás con Jesús, mañana puede que no.

-¿Qué me quieres decir?

¿No quieres que rehaga mi vida? ¿Tan egoísta te has vuelto?

-O sea, te da igual perder el puesto y la egoísta soy yo.

¡Pero quién piensa aquí en sí misma!

-Voy a hacer como que no te he oído.

-Es la verdad, la quieres escuchar o no.

Vas a lo tuyo y dejas tirada a tu familia.

-Me he sacrificado muchos años por esta carnicería y por ti.

Antes era mi obligación, pero ahora es tu turno, Carmen.

Deja de quejarte

y sácate las castañas del fuego, que ya está bien.

-¿Y para qué te has sacrificado tanto si nos vamos al garete?

¿Es que te da lo mismo?

-Pues ¿sabes qué te digo?

Que sí, que me da lo mismo.

¡Que yo también tengo derecho a una vejez tranquila!

¡Así que, si solo tienes para mí reproches, ahí te quedas!

No sé ni para qué me preocupo en renovar la carta,

para lo que va a servir...

-¿Por qué lo diga el abuelo?

¿Qué te ha dicho ahora?

-Que le deje el campo libre a Rosa, en el bar y en todo.

Alguien le ha ido con el cuento de lo de la boda y...

-¿Qué dices? ¿Quién?

-Pues me imagino que Rosa.

-Es que es flipante que se crea esa mierda.

-Sí, pues se la cree. Y tu abuelo también se la cree.

-Cuéntale tu versión, explícale la verdad.

-Si ya lo he hecho, no hay manera.

Con este sambenito que tengo de cabeza loca...

Imagínate, yo con tu padre, si imaginarlo me da repulsión.

Mírale, ahí viene. Me voy, no quiero liarla más.

(JESÚS) Hola, hija. -Hola, padre.

(JESÚS) Noa, cariño, ¿cómo estás?

-Bien, a punto de irme a clase.

Oye, abuelo. -Dime.

-No te pases tanto con la tía Lorena.

-No me paso,

pero alguien tiene que pararle los pies.

Y me toca a mí, que soy su padre.

-Que no, abuelo, que la tía ha cambiado.

¿No ves cómo se esfuerza?

Dale un voto de confianza. -¿Crees que se lo merece?

-Por supuesto.

Si nadie confía en ella, ¿cómo va a confiar en sí misma?

No podemos seguir criticándola siempre.

-Quizá, pero te voy a decir una cosa.

No te metas entre tu madre y tu tía.

Una hija tiene que estar siempre al lado de su madre.

-Sí, ¿aunque esté equivocada o, peor, mal informada?

-No son temas que te atañen.

Hazme caso.

Para eso estoy yo.

-Tengo miedo de que, si la tía no se siente apoyada,

se marche y no la volvamos a ver.

Y yo no quiero eso.

Y creo que tú tampoco lo quieres.

(MÓVIL) "El número que ha marcado...".

-¡Bah! Apagado o fuera de cobertura.

-Inténtalo con mi móvil.

Igual ve tu número, lo reconoce

y por eso no lo pilla. -Da igual, se ha deshecho del móvil

y de todo.

Es un profesional. A este no le pillamos.

-Menudo cerdo.

-¿Cómo me ha podido engañar así? ¿Cómo he podido ser tan imbécil?

-Yo creo que tenemos que ir a comisaría y denunciar.

-Y ¿qué les decimos?

"Mire, íbamos a vender estos productos como nuevos".

"Ah, y le hemos pagado en negro". -Ya.

-No puedo, voy a meter en un lío a mi madre.

¿Y esa cara?

-Pues ya sabes. Diferencias con tu madre.

-Ven, pasa.

¿Qué ha pasado?

-Bueno, yo me voy a pillar unas patatas.

¿Alguien quiere algo?

-Pero ¿patatas? Si es la hora de comer.

Se te quitará el hambre.

-Si yo zampo como una lima, no te preocupes.

(Puerta)

Mira, Jesús, solo te puedo decir una cosa:

ojalá Lorena no hubiera vuelto.

Lo único que sabe es sembrar el caos.

-Y yo te digo que no tenemos que ser tan duros con ella.

Mi hija ha cambiado. -¿Y lo mal que lo está pasando Rosa?

Lo siento, yo no puedo mirar hacia otro lado.

Lorena es una cabra loca

que hace daño a todo el que intenta ayudarla.

-Son hermanas y tienen que reconciliarse.

Y nosotros tenemos que ayudarlas, no ponerles palos en las ruedas.

-¿Reconciliarse para qué?

Tú perdonas a Lorena y mañana te lía otra peor.

No, lo siento, Jesús.

Mira, yo no sé si es envidia,

complejo de inferioridad o mala leche,

pero no tengo por qué aguantarlo, ni Rosa.

-Pues tendréis que darle otra oportunidad.

Se equivocó, vale, pero eso pasó hace muchos años

y... y todo iba muy bien hasta que tú sacaste el tema.

-No se merece que la perdonemos. Rosa no lo va a hacer.

-Bueno, pero, entre los dos, podemos convencerla.

-Que no, Jesús, que aquello fue muy gordo, ¿vale?

Te dejo, tengo que hacer cosas. -Espera.

Te creo.

Pero se puede arreglar

si ponemos de nuestra parte. -Escúchame.

Ya sé que las dos son hijas tuyas, pero tienes que decidirte:

o estás del lado de Rosa o del de Lorena.

Tú verás.

(SAMU) Cuéntame, ¿qué ha pasado?

-Lo de siempre: la casa de Comillas.

-¿Otra vez con la casa de Comillas?

¿Pero qué le pasa a mi madre? ¿No te iba a ayudar Jesús en eso?

¿Qué más le da a ella? Ya se le pasará.

-No, no se le va a pasar, hijo.

Me ha puesto entre la espada y la pared.

-¿Qué te ha dicho?

-Pues dice que, si no la vendo, perdemos el puesto.

-Ya.

-Yo no sé, hijo, por algún motivo, tu madre está sin un duro.

Y dice que la única salida es vender la casa.

Pero lo peor es cómo me habla.

Que me ha dicho que solo pienso en mí.

-No, eso no es verdad.

Si mi madre te dice esto

es porque estará agobiada y... y preocupada.

Y ya está. -No, lo dice porque lo cree.

Llevo toda la vida sacándole las castañas del fuego

y se ha acostumbrado.

Hijo, es que es muy difícil hacerle entender

que yo también tengo derecho a mi vida.

-Que no, abuela, que no.

Que si mi madre ha recurrido a ti es porque no encuentra otra salida.

Lo ha intentado todo, te lo juro.

-No, no lo creo.

Está en contra de la casa de Comillas desde el principio.

Y ahora, con Jesús por medio, pues todavía más.

-Te voy a confesar algo que me da muchísima vergüenza.

Mi madre ha perdido sus ahorros por mí.

-¿Por tu culpa? ¿Pero de qué estás hablando?

-Yo vi un negocio que parecía bueno y...

Y ella me dejó el dinero y...

Ha sido un timo.

-¿Un timo?

¡Ay, por Dios! ¡Por Dios! -Por eso está tan desesperada.

Si hubiera salido bien,

no te hubiera dicho nada de vender la casa de Comillas.

-No me ha dicho eso, ¿por qué no ha empezado por ahí?

-Bueno, pues por cubrirme.

Por cubrirme, abuela.

Yo no sé cómo he podido ser tan imbécil, tan burro.

Y vosotras, discutiendo.

-Por favor, no, no, no te angusties, por Dios.

Los negocios son así, a veces funcionan y a veces no.

Hay mucho desaprensivo por ahí

que se aprovecha de la necesidad ajena.

(SAMU SUSPIRA)

Lo que sí te puedo decir,

mi madre lo último que querría es que vendieras Comillas.

Sabe lo importante que es para ti. Está destrozada.

-Por Dios.

Pues, si tengo que venderla,

pues la vendo.

Ya está.

(JESÚS) Esto tenemos que zanjarlo.

-¿Tú ves normal que se insinúe a su cuñado?

Pues yo no lo admito.

-Mira, veníais de una boda, ¿no?

A lo mejor tú empinaste el codo más de la cuenta

y la malinterpretaste

y tomaste su alegría por lo que no era.

-Sabré yo lo que bebí o dejé de beber.

-Vale, bien. Muy bien.

Lorena se propasó contigo,

pero ¿qué sentido tiene remover aquello?

¿Me lo quieres explicar? -No estoy removiendo nada.

Me preguntaste qué pasaba entre ellas y yo te lo conté.

¿Ahora la culpa es mía? -No.

Lo que quiero es que no se rompa la familia.

Lorena no es la misma que hace cinco años.

Ha cambiado.

-Estáis ciegos. -Cuidado, ¿eh?

-No quiero que me metáis más en esto, ¿vale?

-Mira, yo solo quiero contar con tu apoyo,

como cuento con el de Noa.

-¿Has hablado con Noa de esto? -Pues sí.

Y tiene más sentido común que todos vosotros juntos.

(NOA) ¿Pero qué haces aquí, tío?

Pensé que no ibas a venir, no me has dicho nada.

-Pues ya ves. Al final me he animado.

Y, como dices que pagan algo, eso que me llevo por mi cara bonita.

(NOA RÍE) Superguay, tío.

-Sí, tía, así hacemos algo juntos y distinto.

A ver si lo hago guay, ¿no? -Seguro que sí, tranqui.

Lo único que hace falta para ser modelo es paciencia.

-Buah, de eso me sobra.

Después de haber currado con Las Pachecas...

-Oye, ¿mi familia te ha dejado salir del curro?

-Sí, sin problema.

Si tu abuelo no es un ogro. Lo tengo dominado.

-Sí, bueno, porque le pillas enamorado.

-A ver si le dura el enamoramiento hasta que le pida un aumento.

Oye, y hablando de la movida esta de las fotos,

lo que me extraña es que sea aquí, de repente, en medio de un parquin.

En tu clase, en la escuela, ¿no? -Ya, es que, para empezar,

Luis quiere que dominemos la luz natural.

-Ya, Luis.

A ver si no acaba diciendo que las fotos son una mierda.

-Ay, tío, olvídalo, de verdad.

Al final, he tenido hasta suerte. -Ya.

-Me ha ofrecido esta clase para recuperar las que me salté.

(LUIS) ¡Buenas! -Hola.

-Bueno. -¿Qué tal?

¿Bien?

-No tenía claro si me ibas a dar plantón.

¿Tienes todo? -Sí. Todo.

-Vale, pues pásame la cámara.

-Eh... ¿Y yo qué hago?

-Empezaremos por lo más sencillito.

Ponte en la mesa.

Vente para acá, Noa.

Vale...

-¿Así? -Sí, ahí, tal cual.

Va.

Aquí...

Vale, ponte tú.

-Vale.

-Abre mucho el diafragma,

que el fondo quede como muy roto, ¿vale?

Tienes que tener cuidado con el foco, eso es.

-Ya, pero hay un contraluz muy fuerte.

-Bueno, eso es algo que puedes evitar

si te mueves un poco.

Un poquito...

-¿Qué hago? ¿Me pongo en otro sitio? -No, no, ahí, un momento.

Mira, trabajar con esta luz te da una libertad enorme,

pero el secreto está en saber analizarla

y usarla para lo que hagas.

-Ya, bueno, es muy fácil decirlo, pero...

-El secreto es tomar decisiones rápidas

y tirar buenas fotos

usando solo el diafragma y el encuadre.

Mira cómo cambia. ¿Ves?

-Ah, vale, ya lo pillo.

-Eso es.

Y para los retratos puedes usar un poco de "backlight".

-¿De qué? -Un contraluz suave de fondo. Mira.

No, no te muevas. Un momento. -Se me está durmiendo la pierna.

-Un buen retratista capta los secretos del personaje,

su vulnerabilidad,

lo que pasa desapercibido a primera vista.

Por eso al fotógrafo le cuesta exponerse al objetivo.

-Ya, por eso los fotógrafos prefieren quedarse al otro lado, ¿no?

-Eso es.

¿Tú tienes secretos, Noa?

-¿Yo? No, yo soy un libro abierto. ¿No me ves?

-¿Ya?

-Sí, un momento. Vale. -Sí. Eh... Vale, voy.

-Cuidado con el foco. -Sí... Ah...

-No, aquí. -Vale.

¿Ahí? -Esto es.

-Vale.

¿Por qué me lo preguntas?

Si te lo he dicho ya diez mil veces.

-He estado hablando con Nacho.

-¿Con Nacho? ¿Esto te lo ha contado Nacho?

-Sí.

-¿Y tú dejaste que yo creyera que te lo había contado Rosa?

-No me di cuenta, lo siento.

-Papá, Nacho es un mentiroso.

-Lorena, tranquila.

Si yo solo quiero que me lo repitas otra vez.

-¿Pero tú te puedes creer que le he puesto la mano encima a Nacho?

Por favor, si es un señor que me repugna de toda la vida.

-¿Y por qué cuenta esa historia?

-Porque es un controlador y un manipulador.

Y tiene miedo de que yo le abra los ojos a Rosa.

Papá, ¿qué pasó con lo del curso de fotografía de Noa? ¿Eh?

-Bueno, a ver. -No, a ver, no, no te hagas el tonto.

-Bueno, sí.

La verdad es que lo del curso de Noa no fue normal.

-Y tanto, y tanto que no fue normal.

Le dice a Noa que no tiene dinero para pagarlo

y le hace creer que ella no tiene talento.

Vas tú a pedirle explicaciones y sí que tiene dinero y se lo paga.

Y al día siguiente Rosa deja el bar. Por favor.

-Sí, sí, sí, a veces Nacho se comporta un poco rarito,

pero de ahí a enfrentaros a las dos hermanas porque sí, pues...

-Vale, pues no me creas.

-Espera, espera, Lorena, espera.

Te creo, hija, te creo.

Si tú dices que no pasó nada en la boda,

no pasó nada.

-¿Sabes lo que pasó en la boda?

Que fue Nacho quien me metió mano a mí.

Yo le paré. Punto.

-Vale. Me quedo con eso.

-¿De verdad?

Papá, ¿me crees?

¡Oh, por favor!

No sabes lo reconfortante que es oír eso, de verdad, papá.

-Yo lo único que quiero es que haya paz entre vosotras.

-Y yo, papá.

Muy bonito todo. Muy colorido.

¿Qué haces aquí? Como no contestas a mis mensajes...

Adela puede venir.

Te esperaba en el almacén.

¿Cómo tengo que decirte que no quiero verte?

Ni en el almacén ni en ningún sitio.

¿Me vas a dejar que te explique? Deja de mandarme mensajes.

Adela lo ha visto y he tenido que buscar una excusa.

A ti te gusta engañar, pero a mí no.

Y no quiero hacerle daño. ¿Me vas a escuchar?

No, no quiero saber cuáles son tus explicaciones.

No es no.

Así que búscate otro conejillo de Indias

para demostrarte a ti mismo

que puedes funcionar sin las pastillas.

Tampoco hace falta ser tan desagradable, ¿no?

No estoy siendo desagradable, Elías.

Pero entiende que no me gusta esto, yo no me quiero complicar la vida.

Así que, por favor, déjame en paz.

Porque, si no, voy a tener que abrir la boca y no quiero.

Muy bien, no te preocupes,

que no te voy a volver a molestar nunca más.

Sí, sí, sí. No, no, no.

Si te va bien a esa hora, por mí, perfecto, ¿eh?

Elías. Sí.

Elías. Oye, tengo muchas ganas de verte.

¡Elías!

¿Qué quieres, Carmen? ¡Que tengo que hablar contigo!

Si vienes a hablar de mi padre, de tu madre, olvídate,

que ya habías tirado la toalla. Es que me equivoqué.

A ver si nos aclaramos, primero una cosa y después...

Ya, ya, ya, es que... A ver, escúchame un momento.

No quiero que tu padre ayude a mi madre.

Así que tenemos que colaborar.

¿Y a qué se debe ese cambio de opinión?

Pues tengo que mantener una familia. No quiero perder el puesto, ya está.

Pues muy bien, me alegro de que hayas entrado en razón.

Si han perdido la cabeza, alguien tendrá que pensar por ellos.

Sí. Es una pena, pero una casa en Comillas

es un lujo que no nos podemos permitir.

Bueno, hombre, pues me alegra oírtelo decir.

¿Y qué, me vas a contar cuál es tu plan para parar este disparate?

Porque habrás venido a poner en marcha

eso que solo querías hacer "in extremis", ¿no?

¡Uf, pero madre mía!

Esto qué pinta tiene.

No sé cuál elegir, ¿cuál me recomiendas?

-Cuidado. Jorge no me ha dado su autorización.

-¿Su autorización para qué?

-Hasta que no están en la barra, no se pueden comer.

-Pues voy a ponerlas en la barra.

-Es un gran chef. -Mmm, sí que lo es.

-Y yo soy un gran pinche. -No lo dudo.

-Según la teoría de las diez mil horas,

si invierto unas diez horas a la semana,

en veinte años seré un experto en cocina.

-Mira, en veinte años, yo seguiré fregando platos.

-Aunque también podría invertir unas veinte horas a la semana

y ser un experto en diez años.

Invertir cuarenta horas para serlo en cinco años

no lo veo nada factible.

-Yo no sé mucho de esa teoría, pero tengo la sensación

de que puedes ser un experto en lo que te dé la gana

utilizando muchísimo menos tiempo, David.

¿Qué pasa? ¿Qué miras? -No lo sé.

-¿El... el pelo?

-No veo nada diferente.

-Ay, David, me estás poniendo un poquito nerviosa.

-Tu padre ha dicho que has cambiado, pero no lo veo.

-¿Mi padre? ¿Mi padre ha dicho eso? ¿Cuándo?

-Hace un rato.

-Pero ¿te lo ha dicho a ti?

-No, a mí, no. A Nacho.

-¿A... a Nacho? ¿Y qué más le ha dicho a Nacho?

-Hablaban de cosas que han pasado hace muchos años.

Pero yo no te conocía, así que no veo la diferencia.

-¿Y qué más dijeron?

-Eh... "Vale, te creo, mi hija se propasó contigo".

Eso, tu padre. Nacho decía otras cosas.

-¿Qué cosas decía Nacho?

-Que no le parecía bien

que una mujer se insinuase a su cuñado.

-David.

¿Tú estás seguro de que eso ha sido exactamente lo que han dicho?

-Yo no tengo problemas de audición.

Aparecen a partir de los cincuenta años.

Y yo tengo diecisiete.

¿A dónde vas?

-Quédate un momento en la...

-¿Y si viene un cliente? -En cinco minutos estoy aquí.

-Ya, pero ¿y si pide algo? ¡Lorena!

(MUJER) Hola, perdona.

Eh... Eh.

¿Me estás diciendo que tu madre se ligó a mi padre por el interés?

¿Que se ha acercado a él solo por el dinero?

Menuda pájara.

Bueno, una Pacheco.

Ni que los De la Cruz fuerais hermanitas de la Caridad.

Chist, no estás en condiciones

de darme ninguna lección de moralidad, ¿eh?

Pero, bueno, ¿tú me has escuchado? Te quedas con lo que te da la gana.

Que eso fue al principio,

pero ahora sí que está enamorada de verdad.

Que lo que tú quieras.

Eso no quita que el arranque no fuera bonito.

No sé para qué te cuento nada. Estás desesperada.

Pero no quiero hacer daño a mi madre. Es mi madre, ¿entiendes?

Desde que murió mi padre, no la veía tan ilusionada.

¿Tú sabes lo que tienes que hacer? ¿El qué?

Ir tú a hablar con mi padre. No, yo, ¿por qué?

Porque tienes más credibilidad que yo en este tema.

No, no, no, te lo he contado para que te ocupes tú.

¿Pero no te das cuenta de que mi padre está enchochado?

Si soy yo el que se lo cuenta,

pensará que es para separarlo de tu madre.

Es que lo es. Ya.

Pero basado en una verdad.

Se lo ligó por interés. Es lo que le tienes que contar.

No soy la persona, no me corresponde.

Yo no tengo trato con tu padre. Carmen.

Tienes que ser tú la que vaya a hablar con él.

Tú, la que acabe con este disparate.

"(Timbre)"

Hola, emprendedor.

Hola, arquitecta.

No querrás pasar, ¿no?

Oh, si insistes...

¿Te apetece tomar una copa? No, gracias.

Vaya.

Es que soy de gustos dispares.

Un día me apetece una cosa y al otro, nada.

El otro día me pareció entender que querías mantener los encuentros

en un ámbito estrictamente profesional.

Vamos, que me lo dejaste bastante claro.

Y eso te pareció muy mal, ¿no?

Me pareció un desperdicio.

Hay cosas que hacemos bastante bien, además de trabajar.

Sí, hay cosas que hacemos... bastante bien.

Pero el trabajo es importante.

Y darse un gusto de vez en cuando, también.

¿O te has vuelto de esos

que solo viven para trabajar? No, hombre, no.

Tú ya sabes que yo tengo la increíble habilidad

de combinar el ocio con el negocio.

Ya, y por eso me has invitado hoy aquí, ¿no?

Para hablar del presupuesto de la cubierta.

Eso es.

Para hablar.

Sobre todo, para hablar.

Porque tú ya sabes

que yo soy muy concienzudo con las cosas que encargo.

Ah, y yo con lo que entrego. Ah, ¿sí?

Se me había olvidado cuánto me gustan tus besos.

Pues no te preocupes, que te voy a refrescar la memoria.

¿Ponemos un poco de música?

Bueno. (RÍE)

Creo que he ganado la apuesta. (RÍE)

¿Ves como la gente no cambia?

Pues llevas razón, sí, sí.

Aquí estamos tú y yo otra vez.

Perdona, es que estoy buscando una música,

pero no la termino de encontrar.

Ay, Elías, si tú y yo no necesitamos música.

Es verdad, no necesitamos nada.

¿Por dónde íbamos?

¿Te parece por aquí abajo?

Ey, poco a poco...

¿Qué te pasa, Elías?

Te noto nervioso.

¿Tienes miedo de que entre tu mujer y nos pille o...?

¿Quieres que vayamos a otro sitio? No, no, tranquila.

Es que me gusta saborearte despacio, ¿mmm?

Yo sí voy a tomar esa copa.

¿Qué haces aquí?

-Pasaba por aquí y he venido a ver a mi hija.

A ver cómo le iba

compatibilizando las horas del bar con el curso que le hemos pagado.

Estamos tan orgullosos de ti.

-Papá, aquí no está mamá.

No te tires el rollo de padre perfecto.

-¿Qué me quieres decir? -Pues que no cuela.

Cuando está mamá eres de una manera, cuando no, de otra.

-No sé por qué dices eso.

Soy tu padre,

no tengo que cambiar cómo te trato cuando está tu madre o no está.

-Ya. ¿Y con Lorena?

Con ella tampoco cambias, ¿no?

-Ah... O sea, que todo esto es por tu tía.

Me lo tenía que haber imaginado.

Hay que ver la influencia que tiene sobre ti.

No te creas nada de lo que te dice.

-Papá, soy mayorcita, sé lo que veo.

No necesito que nadie me diga lo que tengo que creer y lo que no.

-Si te oyera tu madre...

Si supiera que en este lío estás del lado de tu tía y no del suyo.

-No hay ningún lío, solo hay una persona

que siempre tiene mucho interés en montarla

para que mamá y Lorena no se lleven bien.

-No te olvides de que soy tu padre, háblame con un poquito de respeto.

-¿Te vas a ir ya o vas a seguir dándome la chapa?

-No seas impertinente.

He tenido una charla muy interesante con tu abuelo.

Si se la cuento a tu madre,

no te recibirá con los brazos abiertos.

-¿Ahora encima quieres meter por medio al abuelo?

Lo tuyo es muy fuerte, papá.

-¿Por qué defiendes a tu tía?

¿No ves que es una inmoral y una mentirosa patológica?

-¡No estoy del lado de nadie!

Quiero que mamá sepa la verdad y haga las paces con su hermana.

-¿Quieres que sepa la verdad?

Yo le voy a contar la verdad:

que no la quieres, que prefieres a tu tía.

-No te creerá.

-¿Qué no me creerá?

¿Te lo demuestro?

Perdona que esté tan pesado con lo de la música.

Pero es que estaba buscando un...

Un disco de jazz buenísimo.

¿Te gusta el jazz?

Sí, pero, de verdad, si no hay música, no me importa.

Ya, ya.

Te pongo un poco de hielo.

¿Sabes qué pasa? Que a mí tomarme una copa me relaja,

me viene bien, hoy he tenido un día muy estresante.

Oye, que, si no te apetece, lo dejamos, ¿eh?

No, me apetece muchísimo.

Y, contigo, más.

Ya no espero nada de ti,

pero no voy a permitir que tu madre sufra otra vez.

-¿Crees que yo quiero que mamá lo pase mal?

Podrías ayudarme a que se lleven bien en vez de estar atacando a Lorena.

(NACHO SUSPIRA)

-¡Uy, perdona! -¡"Mecagüen"...!

-Perdona. Me has arrollado, ¿eh?

-¡Mira por dónde vas, payaso!

-Eh, ¿cómo me has llamado?

-¡Me has puesto perdido! -Te limpio.

-¡Quita, coño! -Eh, tranquilo.

-Eh. -La tratas con respeto.

-¡Tú te callas, idiota! -Pero, bueno, ¿y este imbécil?

-Pues, ya ves, los clientes del bar, que a veces...

-¿Tú estás bien? No te habrá montado ningún pollo antes, ¿no?

-No, qué va, estoy bien.

-Pero ¿le conoces de algo? ¿Es un habitual del bar?

-Bueno, de vista. Sí.

-Bueno, en fin.

Te he traído este trípode, para que ensayes exposiciones largas.

-Jo, pues muchísimas gracias.

-Me han entrado ganas de partírselo en la cabeza.

Qué desagradable, ¿no? Qué chulo. -Sí. Mucho.

-¿Nos tomamos algo y así te cuento cómo sacarle mejor partido?

Ya se me ha pasado el estrés.

Elías, ¿qué te pasa?

(GIME DE DOLOR) Elías, ¿qué te pasa?

¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa?

¡Elías!

(LLORANDO) Oh, Dios... Por favor.

¡Elías! ¡Oye, oye! ¡Ay, no!

¡Elías! ¡Elías! Ay...

¿Qué es eso del sildenafilo o como se llame eso?

No tengo ni idea, no...

Bueno, dicen los médicos que probablemente sea

el componente de las pastillas que tomo para la migraña.

¿Para la migraña?

Pues te digo un poco de respeto

porque esa pava, como tú le dices, es mi nieta.

-Que no salga de aquí.

Que es que, como te he dicho, ella pasa de mí

y está todo el día con el profe este, ¿vale?

-No me fastidies que es su profesor.

-Sí, pero no veas cómo le tira la caña, ¿eh?

Y cómo la recoge ella.

-La madre...

-Me ha gustado mucho tirarme a la piscina sin la ayuda de nadie.

-Enhorabuena, lo has conseguido. Te has tirado en plancha.

-¿En plancha?

-Aprender a escribir a máquina no te convierte en novelista, ¿no?

Con el diseño ocurre lo mismo.

A conocimientos básicos, pues resultados básicos.

-Sé que tenéis algunos frentes abiertos.

He oído algo en la radio.

-Sí, los tenemos.

Pero tienen nombre y apellido.

Necesitamos a alguien como tú.

Necesitamos un crac que pueda combatir a Hortuño.

No te lo he explicado.

Hortuño es un cons... -¿Hortuño?

¿Ginés Hortuño?

-Sí, ¿lo conoces?

-Si es el amor de su vida y siente lo mismo,

¿quiénes somos para impedir su amor? -Eso es.

Porque, si hay amor, el resto no importa.

-Pronto lo sabremos.

-No...

¿Es ella?

-Crees que lo tuyo es especial, ¿no?

-Mira, tienes unos celos que no puedes con ellos.

-¿Celos? Si yo lo digo porque somos amigos, tía,

y me preocupo por ti.

-Pues deja de preocuparte por mí, ya sé cuidarme yo solita.

-Eso lo dices ahora.

Pero espérate a que el asaltacunas vaya a saco a por ti, ¿mmm?

-No, a mi madre lo único que le interesaba de ti era el dinero.

-Esto es cosa de Elías, ¿no?

No me extraña que le haya dado un susto el corazón.

La disfunción eréctil...

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Mercado Central - Capítulo 47

27 nov 2019

Los planes de Elías de nombrar gerente a Germán son frustrados por un candidato más cualificado: Javier, el amigo de Jorge.
El nuevo negocio de Samuel no parece ser la mina de oro que él creía. Por otro lado, Carmen está dispuesta a todo para conseguir que Valeria cambie de opinión respecto a la casa de Comillas.
La relación entre las hermanas De la Cruz no mejora a pesar de la intervención de Jesús. Elías, por su parte, descubre la verdad sobre la pelea y toma medidas en el asunto.
Jonathan quiere algo con Noa, pero la chica solo tiene ojos para Luis.
Un encuentro entre Elías y Julia, la arquitecta, acaba en fiasco.

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