Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 43 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué insinúas, Carmen?

El reloj que te dio Hortuño

era para que no nos dieran la ayuda del Ayuntamiento.

(RÍE)

Pues muy bien.

Mira, estoy harto, ¿mmm?

No voy a mover ni un dedo por este mercado.

Yo ahora me siento culpable por haber dudado de mi marido.

A ver, Adela, es normal dudar cuando alguien te cuenta algo así.

Pero yo sabía que no era posible.

No solamente porque Elías me quiere y no me haría una cosa así,

es porque...

Bueno, es que Elías tiene un pequeño problemilla.

Desde hace algún tiempo,

no puede hacerlo si no es con pastillas, ya me entiendes.

Pero, como sufre del corazón, tampoco las toma

porque se jugaría la vida.

¿Te gusta Ibiza?

¿A quién no?

Soy dueño de uno de los mejores hoteles de la isla.

Un cinco estrellas en la playa de Talamanca.

Tienes una "suite" cuando quieras.

Llamas, preguntas por mi secretaria y ella se ocupa de todo.

Todos los gastos pagados.

Lorena sigue siendo la misma egoísta de siempre.

-Pero, vamos a ver,

aparte de ser hermanas, trabajáis juntas.

¿Cómo vas a cortar con ella si os veis todos los días?

-Es que para eso es para lo que quería verte, papá.

Para decirte que no voy a trabajar en el bar.

-Mi padre sintió que yo le había humillado delante de mi abuelo.

Y su reacción fue, pues... manipular a mi madre y enfrentarla a Lorena.

-¿Enfrentarlas para qué?

-¡Pues para que dejara el trabajo!

Y se quedara todo el día metida en casa, tío.

Ahí es donde él puede anularla, ¿sabes?

Lo que tenemos que hacer

es averiguar cómo acabamos con Romeo y Julieta.

Claro...

¿A ti se te ocurre algo, Carmen? Eh...

Yo sé una cosa que si la digo igual sí funciona.

Si puedo, no lo uso.

Si lo tengo que usar, lo uso.

Que seas feliz con Doménico y tira para adelante.

No tengo nada con Doménico. Pues no te preocupes.

Hay muchos en el Mercado. Te vale cualquiera menos yo.

Igual alguno casado, pero te da igual.

(REPARTIDOR) Una firmita. -Muy bien.

Gracias.

No, pero espera. Aquí solo... hay cruasanes.

Faltan los... los "muffins".

¡Faltan los "muffins"!

¡Espera un momentito! -¿Me atiendes?

Llevo aquí once minutos. -Sí, David, dime.

-Café con leche y dos "muffins". -¿Dos "muffins"?

Eh... tengo cruasanes de chocolate recién hechos.

¿Quieres cruasanes?

-Un café con leche y dos "muffins".

-Te pongo el café.

Sí, sí, ya voy, lo sé. -¡Aquí! ¡Aquí!

-Un momentito. Las tostadas. -Perdona.

-Patatas revueltas. ¡Voy!

-¡Date prisa!

-¿Me pones un café?

-Sí, papá, espera un momentito, es que tengo el bar "petao".

-Te veo un pelín agobiada.

-Como no venga Rosa, ya me pego un tiro.

-¿Rosa? Tu hermana no va a venir.

-¿Cómo que no va a venir?

-Ha dejado el bar. Creía que lo sabías.

-No, no lo sabía. ¿A santo de qué?

-Tú me dirás.

No me ha dado muchos detalles.

Solo que no podéis estar juntas.

Habéis vuelto a discutir, ¿no?

-Sí, hemos discutido,

pero, vamos, no, no... no ha sido nada, papá.

-Habrá sido un "nada" muy importante

porque no quiere volver a poner los pies aquí.

-Ya sabes cómo es Rosa, hace una montaña de un grano.

-Si no me lo quieres contar, no me lo cuentes,

pero estaría bien que le pidieses disculpas.

-¿Por qué le tengo que pedir disculpas?

-¿No quieres que vuelva?

-Yo no he hecho nada.

-¿Y por qué no quieres contarme lo que ocurrió?

-Papá, escúchame... -No, no, escúchame tú a mí.

No es la primera vez que os peleáis ni será la última,

pero quiero que lo arregléis rápido porque no quiero veros enfadadas.

Además, tú no vas a poder con todo.

No es fácil atender a los clientes, recibir a los proveedores, cocinar...

Todo a la vez.

-Pues claro que puedo.

Puedo perfectamente con esto y con muchísimo más.

Tengo a Noa. Un momentito, por favor.

Y, si me ves muy liada,

te pones el delantal, entras y echas una mano.

¿Crees que no soy capaz? -Igual vuelvo luego.

(DAVID) ¿Tienes mis "muffins"?

En veinte minutos debo estar en el colegio.

Y tardo unos once minutos en llegar

y tengo nueve para despedirme de mi madre,

ir al baño, pasar por la tienda de Jorge...

-Sí, me ha quedado claro que tienes mucha prisa.

¡Que tenéis todos muchísima prisa!

Tu "muffin".

(SUSPIRA)

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

El mercado ya no cuenta con la ayuda del Ayuntamiento.

Y eso nos conviene, pero todavía no es suficiente.

¿Cómo que no?

Con esa ayuda muchos no podrán pagar la renovación.

Tú lo has dicho. Muchas personas, no todas.

Debemos conseguir que sean todas y que no tengan alternativa.

Ya ¿y cómo vas a hacer eso?

Inflando los presupuestos.

Que sea tanto el dinero que tienen que desembolsar

que se planteen otra vez la posibilidad de vender.

¿Tú crees?

Algunas lo tienen claro. Mira las Pachecas.

Esas van a ser las primeras. Me consta que no tienen liquidez.

Bueno, el presupuesto es el que es. Además, todas lo conocen.

Germán, los presupuestos cambian constantemente, ¿eh?

Solo tenemos que encontrar un arquitecto que nos haga el favor:

al principio rebajar costes y después que, "cachis",

han surgido una serie de imprevistos.

Hay que cambiar la cubierta,

las zonas comunes hay que pintarlas, etcétera.

Y ya tienes a la persona para hacer esto, ¿no?

¿Qué estamos haciendo Celia?

¿Intentando trabajar?

Me refiero a ti y a mí.

No tengo tiempo para esto, estoy liada.

Precisamente a eso me refiero.

Aquí estamos los dos, trabajando, mirándonos de reojo,

haciendo como que no pasa nada, y es evidente que sí que pasa.

A mí no me pasa nada. Estoy estupenda.

Eso es mentira, Celia.

Jorge... Mira, y sé que es mentira

porque ayer me pasé contigo.

Y mucho.

Y me siento fatal.

Mira, te dije muchas tonterías.

Tú tienes todo el derecho a estar con quien te dé la gana

y yo no soy nadie para reprocharte nada.

Así que te pido por favor

que aceptes mis disculpas.

He hablado con Julia Miralles,

una amiga, tiene un estudio de arquitectura.

Vaya, que lo tienes todo atado.

¿A ella también?

Diríamos que Julia nunca ha sabido darme un no por respuesta.

(CARRASPEA) ¡Buenos días!

Buenos días.

Necesito un buen café. ¿Habéis dejado?

¿No has descansado? Me he pasado la noche en vela.

Yo me voy. Eh... No me esperéis para comer.

Pero recuerda lo que te pedí, ¿eh? ¿El qué?

Germán, te dije que buscaras a alguien para el puesto.

Y, además, es urgente.

Que me paso muchísimas horas en la droguería.

Pues hoy te lo arreglo.

Venga, a ver si es verdad.

¿Me lo vas a contar?

¿El qué?

Por qué no has podido dormir.

Por lo que me dijo el tipo ese de que tenías una amante.

Es que por un momento le creí y ahora no me perdono

haber creído antes a un resentido que a mi propio marido.

Pero tú eres tonta, de verdad.

Sí. Si sabes que para mí

la única mujer eres tú.

Te lo digo en serio. Todo esto, agua pasada.

¿Seguro? Segurísimo.

¿Y para ti?

Nunca más voy a volver a dudar de ti.

Te lo prometo.

(SUSPIRA)

La verdad es que yo tampoco estuve muy fina.

Creo que... que la bofetada fue un poco excesiva.

Un poquito. Lo siento, me dijiste unas cosas...

No, Celia, no.

Estaba pidiendo una buena bofetada a gritos.

Y me vino muy bien, ¿eh?

Porque me reactivó la circulación de la piel

y ahora la mandíbula ya la tengo perfectamente encajada, ¿mmm?

No, en serio.

Me ha quedado muy claro que no quieres nada conmigo.

Y cada vez estoy mejor con Lorena.

Así que, ya está, las cartas boca arriba y todos tranquilos, ¿no?

Sí, así mejor...

Pues arreglado, ¿no?

Sí.

Vale.

Te dejo trabajar. Vale.

Oye, qué raro que no haya llegado todavía Rosa, ¿no?

-Está enfadada con su hermana.

-¿Y ahora qué ha pasado?

-Qué más da, ya se le pasará.

¿Qué querías enseñarme?

-¡Ah! Pues que nos han hecho ya los presupuestos.

Han hecho tres, así que yo quería saber

el que crees tú más conveniente.

-No lo sé, Valeria, coge tú el que veas mejor.

-No, Jesús, ahora estamos juntos en esto.

Tenemos que ponernos de acuerdo en todas las decisiones.

Te los dejo aquí, mientras tú les echas un vistazo,

yo me voy a hacer unos recados.

-Pero es que la casa sigue siendo tuya,

yo no voy a opinar.

-Que no, Jesús, que ya no es solo mía.

Que ahora es de los dos.

-Qué raro suena.

"Nuestra casa".

-Mucho, pero me encanta.

Siempre pensé que Comillas iba a ser

el sitio donde iba a pasar el final de mi vida.

Pero nunca pensé que fuera el lugar

donde empezar una nueva vida,

y menos acompañada.

-No sabes las ganas que tengo de que llegue ese momento.

¿Qué estás comiendo, hijo?

Pedí un "muffin", pero Lorena me dio esta magdalena rancia.

Te he dicho que no quiero que comas bollería.

¿No había nada más saludable?

Con los dos euros no me daba para una tostada de aguacate.

Anda, tira, ya hablaremos luego.

Es que tengo que hablar con Jorge.

¿Has visto la hora que es? Es que no llegas al cole.

¿Me ayudas con un asunto?

Sí, claro. Dime.

Mañana en el colegio es la fiesta de aniversario

y todos tenemos que colaborar.

Algunos se ocupan de la música, otros de la decoración...

¿Y qué vas a hacer tú?

Yo he propuesto encargarme del cáterin.

Pero, vamos a ver, David, hijo, si tú no sabes cocinar, cariño.

Es lo que se me ha ocurrido

para no colaborar con los demás. ¿Y qué les pasa a los demás?

Que no me caen bien. Ah, vale.

Y lo vas a hacer conmigo porque te caigo bien.

Porque tienes talento y, sí, me caes bien.

¿Me ayudarás? No, no.

No, cariño, hijo.

Jorge tiene mucho que hacer, está trabajando.

No, no te preocupes. Estaré encantado de ayudarte.

En esta lista hay tres listas.

Los ingredientes que me gustan,

los que no me gustan y los que me dan igual.

Cuantos más ingredientes de la primera lista haya, mejor.

Muchas gracias. De nada.

No tienes la obligación.

No lo hagas... No, no es ninguna obligación.

Me encanta pasar tiempo con tu hijo.

Y los retos me encantan.

Bueno.

¡Chist! Eh.

¿Qué? ¿Que qué?

Míralos.

Romeo y Julieta.

Sí, parecen dos adolescentes

jugando a las casitas con doscientos mil euros.

¿No ibas a hablar con tu madre? He hablado con ella.

Pero no hay manera: hemos discutido y se reafirma más en su decisión.

No va a cambiar de opinión. Pues mi padre tampoco.

Son el hambre con las ganas de comer.

Se pasan todo el día juntos.

¿No me dijiste que tenías un as en la manga?

Sí, claro, pero es que, si lo uso, mi madre no me vuelve a hablar.

Entonces, no es un as,

es una bomba atómica, ¿no? Claro.

No lo quiero utilizar a no ser que haya otra opción.

No nos quedan muchas. Tienes que hacer algo.

Convence a tu padre para que no se meta.

Mi padre...

Si tu madre es testaruda, el mío ya ni te cuento.

Elías, tú has conseguido cosas muchísimo más difíciles.

Cuando quieres algo, nadie te detiene.

Esta es una de estas ocasiones.

Tienes que hacer algo para parar esto sí o sí.

Bueno.

Ya, bueno, pero el curro te va bien, ¿no?

Y te da para llegar a fin de mes.

Pues ya está, no te rayes.

Claro, si es que...

-¿Tú qué haces aquí? -Solo será un momento, ¿vale?

-Ni un momento ni mierda. Tú no trabajas aquí, fuera.

-Eh, oye, te tengo que dejar, ¿vale? Eh... Luego hablamos.

Sí, bueno, en el Mercado, que, ya sabes, las paredes oyen.

Vale, venga, hasta luego.

No te preocupes, me voy. -No sé por qué has entrado.

-Me he quedado sin batería y tenía llamar. ¿Qué pasa?

-No quiero que me metas en tus líos.

Los chanchullos, a tu casa.

-Estaba hablando con mi hermana.

-Ah, con tu hermana. -Sí, ¿qué pasa?

-Por la que aceptabas dinero.

-Mira, paso de aguantar tus puyas, ¿vale?

-¿Se puede? -¿Qué quieres?

-Pues os buscaba a los dos.

Ramiro me ha dado este aviso.

Se ve que hay una fuga de agua en los almacenes.

-Luego me pongo.

-Hay que llamar a un fontanero, se encharca ya.

-Pues que esperen, he quedado para comprar con Carla cosas de la casa.

Y tú, fuera de aquí. Cuando vuelva, no te quiero ver.

-Venga, Fernando Alonso.

¿Qué le pasa?

¿Puedo sentarme?

Si no vienes a tocarme las narices, puedes sentarte donde quieras.

Total, que sigues enfadado, ¿no?

Normal, después de la encerrona de ayer...

Para algunas cosas os ponéis de acuerdo en seguida los hermanos.

Oye, por cierto,

a ver si haces algo con tus hermanas, están insoportables.

Se pasan todo el día discutiendo y Rosa no quiere trabajar en el bar.

Como si no tuviera yo bastantes problemas con los míos.

Bueno, pues déjalas, que ya se arreglarán.

No lo tengo yo muy claro. ¡Pues dos problemas tienen!

Que solucionen sus problemas, ya son mayorcitas.

Pero yo no he venido a hablar de eso.

Venía a hablar de... a pedirte una disculpa.

Creo que ayer te presionamos demasiado.

Pues estupendo.

A ver si tampoco lo haces ahora.

Oye, relájate un poco, ¿no?

Mira, Elías, te conozco perfectamente.

Tú no te has sentado en esta mesa

para pasar un rato agradable con tu padre.

Si vienes a convencerme de que no invierta en la casa,

ya te puedes largar, porque no voy a cambiar de idea.

Y me parece bien y lo entiendo.

Y no vengo a hablar de la casa de Valeria.

Ah, ¿no? No.

¿Entonces de qué vienes a hablar?

De ti. ¿De mí?

Nos ha sorprendido a todos tanto lo de la casa de Valeria

que nos hemos olvidado de los más importante:

tus sentimientos.

¿Mis sentimientos?

Pero ¿qué estamos, en el consultorio de Elena Francis?

¿Podemos hablar en serio?

A ver, mis sentimientos están clarísimos.

Tú quieres a Valeria.

Mira, hijo, no siento algo así desde tu madre.

Y eso está muy bien, papá, eso está muy bien.

Es maravilloso, fantástico, muy bien.

Pero me preocupa.

Este amor que sientes es fabuloso.

Pero te está cambiando, papá.

No eres el mismo y no sé si me gusta verte así.

¿Y eso es malo? Pues no lo sé.

Es malo si... si te hace daño, ¿no?

Eso no tiene por qué pasar.

Pero puede pasar, puede pasar, papá.

Tú ya sabes cómo va esto, no eres nuevo.

Al principio, todo va cuesta arriba.

El amor, todo idílico, fantástico.

Pero, de repente, las cosas se tuercen,

y van cuesta abajo.

No siempre se tuercen.

Mira Adela y tú.

Todas las parejas tienen problemas. Lo sé. No soy un ingenuo.

Yo sé que Valeria y yo tendremos problemas,

pero no me preocupa en absoluto.

¿Sabes por qué?

Porque lo vamos a resolver juntos.

Eso es lo que piensas ahora, pero en el futuro...

Futuro nos queda poco.

Siempre me lo estáis recordando y tenéis razón.

He tenido la inmensa suerte de encontrar el amor por segunda vez

y voy a hacer todo lo posible para disfrutarlo.

Y qué mejor manera que pasar los últimos años de mi vida

con una mujer maravillosa, en nuestra casa.

Porque esa es nuestra casa.

Que os enteréis todos de una vez.

Os guste o no os guste, no voy a dejar pasar

esta segunda oportunidad que me ha dado la vida.

-Pero, a ver, ¿has encontrado curro ya o no?

-Qué va, tío. Es que ¿sabes qué pasa?

Yo no tengo un padre que me enchufe en su empresa.

-Tío, cállate, anda, que tengo una cosa para ti, ridículo.

-"Ridículo", dice.

-¿Te molaría currar en la frutería?

-Eh... Depende.

Pero de jefe para arriba, que ya no quiero cargar cajas.

¿Qué pasa? ¿De qué te ríes?

-Ya tenemos a mozos de almacén.

A ver, alguna caja tendrías que cargar, eso seguro,

pero buscamos a alguien que se ocupe del puesto.

-Ya. Y... ¿tu vieja?

-Tiene otras cosas que hacer.

Necesitamos a alguien de confianza

y eres el primero en el que he pensado.

-Pues gracias, tío,

pero la verdad es que no sé si después de...

Bueno, no sé si es buena idea volver a currar en el Mercado.

-Va. Te pagaré más que las Pachecas.

-¿Cuánto más? -Un diez por ciento.

-Que sea un veinte.

¿Qué? -No, que no que no.

Ahora es lo que hay, un diez.

Si te lo curras, igual podemos hablar de un aumento de sueldo.

Oye, te recomiendo que lo aceptes.

Que seas el primero de la lista no significa que no haya diez más.

-Pues a vender fruta. -Mañana empiezas.

Bienvenido al Central, otra vez.

-Las fresas, los kiwis, los "malacatones",

vamos, que me lo quitan de las manos.

Uf, madre mía, este es aún peor.

¿A ver?

¡Uf!

¡Calla! ¿Sabes a quién me recuerda?

A mi suegra.

No me extraña.

Pero, Celia, todo esto huele a rancio, ¿eh?

Sí, ya lo sé, pero son las colonias que tenía aquí Serafina.

Y las clientas de toda la vida todavía vienen a comprarlas.

Ya, pero aparte de esto y de las ecológicas,

deberíamos incorporar unos perfumes más modernos

y captar un público más joven.

No, no creo que tenga salida.

Yo creo que podríamos incorporar un par de líneas

y ver cómo las vendemos, ¿no?

De momento, no quiero.

A lo mejor más adelante, pero ahora no quiero más desembolso.

Venga, sal. Yo lo ordeno.

Sal.

(PAOLO) "Buongiorno, signorine".

(AMBAS) Buenos días.

-Me han dicho unos pajaritos

que ahora vendéis jabones y cremas ecológicas.

¿Es verdad eso?

Sí, y también vendemos perfumes. ¿Buscas alguna marca en particular?

Ah, no, no. Buscaba más bien una crema corporal o hidratante.

De esas que huelen bien. Ah, pues estás de suerte.

Tenemos una línea masculina que te va a encantar.

Ah, no, no es para mí, ¿eh? Es para Cristina.

Es que no le he traído nada de Napoli y quería hacerle un regalito.

Qué detalle. Ya.

Sabes lo que dicen, ¿no?

"El amor es como una planta, hay que regarla cada día".

Ay, Celia, lástima que la tuya con Doménico

se haya secado tan pronto.

Bueno, ya sabes cómo son estas cosas.

El amor tiene que surgir y, si no surge, pues...

Ya, pero también hay que darle oportunidades, ¿no?

Digo... Que no todo sale a la primera.

No echar la toalla. Hay que tener paciencia.

Sí. A ver qué te parece esta.

Mmm... O esta otra.

No, prefiero esta. ¿Sí?

¿Me la puedes envolver, por favor? Sí, claro.

Y, Celia, lo que te decía.

¿Por qué crees que yo y Cristina

tenemos una relación tan sólida y especial?

Porque los dos no tiramos la toalla.

Seguimos luchando cada día para tener vivo nuestro amor,

como el fuego de un horno de leña.

Si de una cosa estoy seguro en esta vida

es de que ni Cristina ni yo

dejaremos nunca que este fuego se apague.

Qué bonito... Toma.

Gracias. Mira.

Cóbrame de aquí. Sí.

¿Vas a querer copia?

No, gracias.

Lo que te decía, que...

Yo estoy seguro que pronto encontrarás otro hombre

que volverá a encender tu fuego

como hace Cristina conmigo.

Pues, bueno, gracias, ¿eh? ¡Hasta luego!

Adiós.

(CRISTINA) Un momento.

Oye, ¿qué pasa? ¿No me vas a saludar?

-Cristina, lo he estado pensando y quiero acabar con lo nuestro,

entiéndeme.

Habíamos quedado que, cuando Paolo regresara de Napoli, pararíamos.

-Ya, pero...

¿Cómo quieres hacerlo?

Yo no puedo verte todos los días

como si no pasara nada. -Lo sé.

Por eso lo mejor será que me marche.

Lo mejor para no caer en la tentación es no tenerla delante.

-Ah, eso sí que no.

-Por favor, Cristina.

Yo bastante mal me siento

con haber traicionado la amistad de Paolo.

No quiero cargar también con la culpa de haber destrozado una familia.

-Es que eso no va a pasar.

-¿Y cómo puedes estar tan segura?

Si seguimos así, pasará. Y lo sabes.

No. Esto tiene que acabar ya.

-Vale. Vale, sí, sí, tienes razón.

Tienes razón, sí.

Esto hay que pararlo y...

Y lo pararemos. -Ya.

-No nos volveremos a dejar llevar así nunca más, ¿mmm?

Pero eso sí te digo:

no hace falta que te vayas a ningún sitio.

-Eso es lo que crees ahora, pero en cuanto volvamos a vernos...

-No, no, no. Podré controlarme, lo sé. Soy capaz.

Por favor, no te vayas, no quiero que te vayas.

-Lo siento.

Es lo mejor. -Es que no es lo mejor.

Si te vas ahora, me vas a dejar destrozada,

¿no lo ves?

No lo voy a soportar.

Y eso sí que destrozará a mi familia.

-Andrea. -Hola.

-¿Qué haces aquí? ¿Tú no tienes que estar en clase?

-Tenía la hora libre. Mamá, tengo que hablar contigo.

-Ya. Os dejo. Chao, Andrea.

(AMBOS) Hasta luego.

-Es sobre María, mi novia.

Qué pronto has venido.

-Hola, papá.

¿No decías que era urgente?

-Es por el bar.

-Oh...

-¿Te parece normal la manera de abandonarlo?

-A ver, ya hemos hablado de esto. Tengo mis razones.

-Ah, ¿pues me las quieres contar?

Mira, Rosa,

si es grave lo que ha pasado, necesito saberlo.

-¿No has hablado con tu hija?

-Lo he intentado, pero no ha soltado ni prenda.

¿Lo harás tú?

(Puerta)

-¡Ya estoy aquí!

¿Qué pasa, papá?

-¿Se te ha olvidado decirme que venía ella?

-¿Si lo hubieses sabido, habrías venido?

(ROSA SUSPIRA)

(ANDREA) "Es que está muy rara".

Y yo no sé si es por mí,

porque no me quiere ver, porque pasa de mí, o por otra cosa.

¿Debería decirle que la quiero?

No, es que me raya toda la cabeza,

a ver si al decirle que la quiero es cuando pasa de mí.

Estoy hecho un lío. ¿Tú qué harías?

-Ay, no lo sé, cariño, no lo sé.

-No quiero liarla.

Le he escrito una carta romántica, como hacías con papá.

Para que vea lo que siento. Te la voy a leer.

-Ahora no tengo tiempo, ¿vale?

-Aunque sea solamente el principio. -Luego hablamos de esto.

Tengo la cabeza en otro sitio. Luego lo hablamos.

(SUSPIRA)

Cuando veo así a Paolo, no puedo evitar pensar en lo que...

Bueno, en lo que me ha pasado.

¿Y si Elías me está haciendo lo mismo

y yo estoy en la inopia igual que Paolo? ¿Mmm?

Pero tú habías hablado con Elías y están las cosas aclaradas, ¿no?

Bueno, sí, pero una cosa es lo que diga y otra lo que haga.

La cabeza me tiene loca.

No he podido pegar ojo dándole al run, run.

Y sí, ya sé que he jurado y perjurado que no...

Pero tú no sabes lo convincente que puede llegar a ser Elías.

Si lo conocieras,

sabrías que es de los que se sabe salir con la suya.

No le des más vueltas a la cabeza, tienes que confiar en él, ¿no?

Sí, supongo que sí...

Venga, vamos con la normativa.

Hay unas palabras que... Sí.

Esto no es, esto no es... ...son complicadas.

Aquí. Sí, aquí.

Este es el que más me cuesta.

Cuanto antes solucionemos lo que os pasa,

antes podrás volver al bar.

De aquí no se mueve nadie hasta que os hayáis reconciliado.

-Eso te funcionaba cuando éramos unas crías, pero ya no.

-Espera, Rosa, espera, espera.

Habladlo al menos.

-No tengo nada que decirle.

-¡Ya está bien de hacerte la víctima!

-¿Que no lo soy?

-¡No! No lo eres.

Y podrías dejar de hacérnoslo creer a todos.

-¿Tú te das cuenta de lo que tengo que aguantar?

Volvió y os dije que traería problemas.

Me dijisteis que era una rencorosa, que la perdonara. Y lo hice, ¿no?

Lo hice por vosotros.

¿Y qué estoy recibiendo a cambio?

¡Sufrimiento! -¡Si sufres es porque quieres!

(ROSA SUSPIRA)

Eres una experta, ¿verdad?, en el arte de hacer daño.

Esta vez me ha tocado a mí, pero, tranquilos,

porque pronto os tocará el turno al resto de la familia.

-Eres una paranoica. -¡Y tú una malnacida!

-¡Bueno, basta! ¡Ya está bien! ¡Ya es suficiente!

¿Qué ha pasado para que os habléis con tanto odio?

-¿Quieres saberlo? Te lo voy...

(Móvil)

(ROSA SUSPIRA)

-¿Sí?

Sí, soy yo.

Espera un momento.

Tengo que resolver un asunto urgente.

No os vayáis de aquí. (ROSA) Por favor.

-Sí, dímelo. Sí.

Cuéntame exactamente lo qué ha pasado.

-¿Y en serio que ha cerrado?

-Sí. Yo sabía que le iba mal. -Ah.

-Pero cuando fui a Napoli para ver a mi madre,

pasé por delante

y vi que tenía la persiana bajada con un pequeño cartel.

"En venta".

¿Te lo puedes creer? -No.

-Con las alegrías que no había dado la "trattoria" de Gio.

La "trattoria" de Gio, "vero".

"¡Ma che pacata!". -Ya.

-¿Y nadie que la quiera coger? ¿Posible?

-De momento parece que no.

Y está en pleno centro de Napoli. -Por eso digo.

-¡Pensaba que te lo había dicho! -Eso no.

-Pero te lo cuento ahora porque anoche, cuando me acosté,

pensaba en el restaurante y me acordé de Gio.

¿Tú te acuerdas de que Gio, en su "trattoria",

daba clases de cocina?

-Sí. Yo no fui nunca, pero me acuerdo.

-Yo sí, yo era un buen cocinero, pero un profesor horrible.

Bueno, pero eso no es importante.

Lo importante es que aquí, en Madrid,

en muchos restaurantes, eso de las clases de cocina funciona.

-¿Y lo quieres hacer? -¡Sí!

Quiero que demos clases de cocina napolitana

aquí, en la pizzería.

-Pues no es mala idea, Paolo.

Los cursos de cocina ahora están muy de moda,

y con todos esos concursos de televisión...

-Por eso.

-Podría funcionar, Paolo. Buena idea, bravo.

-Me alegro de que te guste.

Te voy a necesitar como profesor.

Eh, Dome, va, no pongas esa cara.

Ya lo sabes que a mí lo de dar clases no se me da bien.

Pero no te preocupes, te voy a subir el sueldo.

-"Ma" no es por eso, Paolo. -¡Hola!

-Hola. -Hola, "amore mio".

-¿Está por aquí Andrea?

-No, ha venido a por un "cannolo",

pero se ha vuelto a clase ya.

-Ah... -Pero ven aquí.

Que yo tengo algo mucho mejor para ti.

-Que yo sepa, no estamos celebrando nada.

-Ya. Pero yo celebro cada día que paso contigo.

Va, ¡ábrelo! -Espera.

Muchas gracias.

-¿Te gusta? -Esta crema es muy buena.

Pero es que no me gusta que te gastes dinero en estas cosas.

Debemos ahorrar para la reforma.

-"Amore mio", no te preocupes.

Porque ahora yo y Doménico

nos vamos a convertir en los masterchefs del Mercado

y tendrás todo el dinero que quieras.

-¿Pero eso qué significa?

-Paolo quiere que nos pongamos a dar clases de cocina napolitana.

-Sí. -Ah, pues eso está genial, ¿no?

Se me ha ocurrido pensando en Gio. ¿Te acuerdas?

El de la "trattoria" napolitana que cierra.

-Que era mal profesor.

-Eso, pero un gran cocinero, ¿eh?

Bueno, voy adentro por los clientes.

-Así que al final te quedas.

-No he cambiado de idea.

Me iré de la pizzería,

solo que aún no he encontrado la manera de decírselo a Paolo.

-Ahora no lo puedes dejar en la estacada.

Está tan ilusionado con los cursos.

-Ya encontrará otro cocinero que le ayude.

-No. Él no necesita un cocinero.

Necesita a un amigo.

-¿Y qué amigo, Cristina?

¿Un amigo que le está traicionando, eso necesita?

Es mejor que me tenga lejos.

Y, Cristina, por favor, no me tomes por un cretino.

Deja de hacer ver que te preocupas por él,

los dos sabemos por qué no quieres que me vaya.

-Claro que no quiero que te vayas.

Pero es por el mismo motivo que tú, ¿no?

-Yo te he dicho que quiero irme.

-Ya, pero no se lo has dicho a él.

Ni se lo has insinuado, ¿y sabes por qué?

Porque tú tampoco quieres que acabe esta historia.

-No hay ninguna historia entre nosotros, Cristi.

-Ah, ¿no?

¿Y cómo llamas a esto que tenemos?

Dímelo, dime que no significa nada para ti.

-Yo...

Yo... yo quiero...

(SUSURRA) Perdona.

(SUSPIRA)

-Pues, entonces, cuéntaselo.

Estoy deseando que se lo cuentes. ¿Y por qué?

Porque me la sopla. ¿Y sabes por qué?

¡Porque es mentira!

-Si estás tan segura, ¿por qué no se lo has dicho a papá?

-¡Porque es ridículo, Rosa! ¡Porque esto es absurdo!

-No permitiré que ensucies el nombre de mi marido con tus mentiras.

-(RÍE) Por favor, ¡pero cómo puedes estar tan ciega!

-Bueno, ¿qué? ¿Me lo vais a explicar de una vez?

Vale.

No os lo voy a volver a preguntar.

Ya os apañaréis.

Lo que no quiero es que volváis a caer en el pozo.

Lo que ha pasado es grave,

pero por eso no tienes que dejar el bar.

Llevas veinte años ahí, Rosa.

Eres el alma del Central desde el primer día.

Has estado al pie del cañón a las duras y a las maduras.

No lo has abandonado jamás.

Ni siquiera cuando desapareció Noa, que te querías morir.

(ROSA SUSPIRA)

-Rosa, el bar te salvó. Y te puede salvar otra vez.

-No, papá.

Entonces ese era mi lugar, pero ahora ya no porque está ella.

-Bueno, ya encontraremos la forma de que no esté.

-Pues entonces dejo el bar.

-No, no. No quería decir eso.

Podemos hablar con Elías y que haga turnos

y así estáis las dos y coincidís lo menos posible.

-Bueno, por mí bien, de momento.

-¿Y tú, Rosa?

Perdona, el metro iba fatal.

-Nada, tranquila.

-Oye, ¿qué tal tu primer día?

-Pues la escuela pinta muy bien.

A ver, hoy solo ha sido una presentación y poco más.

Pero, vamos, pinta muy guay.

Lo que el profesor... Bueno, eso ya no sé.

-Ya.

-¿Qué... qué te pasa? Que estás como de bajón.

-Tu madre.

-Ya te habrás enterado de que deja el bar.

-Sí, me he enterado esta mañana de que ha dejado el bar, sí.

-Qué movida.

No paro de pensar que todo ha sido culpa mía.

-¿Pero cómo va a ser culpa tuya, cariño?

Es tu padre, que le tiene comida la cabeza.

Y es que no hay nada qué hacer.

-Ya, pero si yo no le hubiera pedido el dinero al abuelo,

él no se habría cabreado.

-¿Eso qué tiene que ver, Noa?

-Pues mucho tiene que ver. Cuando se cabrea, la paga con todos.

Y, sobre todo, contigo, te tiene miedo.

Por eso ha convencido a mamá de que deje el bar.

Para separarla de ti.

-Sí, tu padre quiere separarnos, pero no es por lo que piensas, Noa.

Tu padre se está vengando de mí.

-¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

-Déjalo, da igual, da igual.

-Lore.

Va, ¿qué ha pasado?

-Noa.

Tu padre le contó a tu madre que hace años, en una boda,

yo intenté... intenté entrarle, intenté... calentarle.

-¿Qué? Pero eso en mentira.

-No, no es mentira.

Pasó algo de eso.

Esa noche pasó algo, pero fue exactamente lo contrario.

Tu padre me intentó meter mano y yo le paré.

Pero no se lo conté a tu madre por no hacerle daño y ahora mira.

-¡Cómo se puede ser tan asqueroso!

Lo siento, Lore, no... no tenía ni idea.

(NOA RESOPLA)

Lo siento.

(ROSA) Bueno.

Ya veo que no me echáis mucho de menos.

-Pues al revés.

Estábamos hablando

de cómo podemos convencerte para que vuelvas al bar.

-Pues no os preocupéis.

Solo he venido a recoger mis cosas y me voy.

-Mamá, ¿en serio vas a ser tan cabezota?

Y luego soy yo la inmadura, ¿no?

-Esto no es una cuestión de madurez.

Pregúntale a tu tía.

Ella sabe perfectamente cómo hemos llegado hasta aquí.

-Sea lo que sea lo que ha pasado, seguro que lo podéis solucionar.

-Se trata de una puñalada trapera, hija.

Eso no se puede perdonar.

-A ella también le duele estar así. -¿Quieres dejar de defenderla?

No sabes de lo que estás hablando,

pero tú ya has decidido que ella tiene la razón.

-No, mamá, no es eso...

Es que...

-¿Y tú qué? ¿Eh?

Esto es lo que querías, ¿no?

Poner a mi hija en mi contra.

-Pero ¿qué dices?

Rosa, te estás equivocando tanto.

-No, cariño, no.

Me equivoqué el día en el que pensé

que tú y yo podíamos volver a ser hermanas.

"¿Jonathan?". Sí, mamá.

Es de confianza y cae muy bien a las clientas del Mercado.

Las Pachecas dicen que no da un palo al agua.

¡Anda, anda! Esas se quejan siempre de todo.

Yo he trabajado con él codo con codo en la carnicería y se deja la piel.

Ya, pero ¿no hay otras opciones?

Madre mía, Rosalía.

Pero dale una oportunidad, mamá. Que es buen tío y curra bien, créeme.

Si no te mola, en unas semanas buscamos a otro,

ya ves tú el problema.

Bueno, está bien.

Hola, Juani. Oye ¿y tu padre? ¿No viene a comer?

No, no. Ha quedado con la arquitecta.

¿Cómo? ¿Cómo dices?

Ha quedado con una amiga arquitecta por lo de la reforma del Mercado.

Una tal Julia Miralles.

Ah, ya, ya.

Oye, ¿por qué no vas subiendo tú a casa?

Acabo de recordar que tengo que hacer una cosa.

Vale. Ahora te veo.

Buenos días.

(RÍE) Bueno, no sabes qué alegría cuando he recibido tu llamada.

Oye, estás estupenda, ¿eh?

Tú también.

No me puedo quejar. Aunque el trabajo no me deja vivir.

¿Sigues con la frutería y la empresa de transportes?

Eso siempre, siempre.

Pero, aparte, ahora tengo muchos más proyectos,

estoy mucho más liado.

Soy el propietario del bar del Mercado Central,

soy el presidente de la asociación de comerciantes.

En fin. Por eso te he llamado. ¡Uh! ¿Por el Mercado?

Sí. Necesito un proyecto arquitectónico.

Ay, vaya...

Yo creyendo que me llamabas

para quedar y recordar viejos tiempos.

Bueno, bueno, bueno.

Una cosa no quita la otra.

Vamos a hacer el trabajo

y después... después ya veremos qué pasa.

¿Qué necesitas?

El Mercado va a acometer una reforma importante,

nos obliga el Ayuntamiento.

Algo he leído, sí. Ajá.

No hay problema con el dinero, el presupuesto lo podemos inflar,

sin reparar en gastos. El sueño de todo arquitecto.

Sabía que te iba a gustar.

¿Cuál es el pero?

No hay peros.

Absolutamente todos los clientes piden rebajas en los presupuestos.

Ninguno da cheques en blanco.

Y menos aún si se trata de un edificio público.

Pues nosotros no.

Tenemos una subvención muy importante

y los comerciantes están dispuestos a aportar lo que haga falta.

¿Esto no tiene nada que ver con el chanchullo

que hizo el arquitecto original con la reforma de la cubierta?

¿Cómo te has enterado de eso?

No es ningún secreto.

Lo hablaron en la tertulia radiofónica de Valledor.

Elías, si quieres que me meta en esto,

tendrás que ser sincero conmigo.

Y yo te garantizo toda la discreción que puedas necesitar.

Pero tiene que ser un secreto.

Estoy segura de que no va a ser el único que vamos a compartir.

"(Mensaje)"

(LORENA) "Hola, guapo. ¿Cómo estás?".

"¿Tienes planes para comer?".

"Tengo una mañana de mierda

y no me vendría mal un poco de compañía,

bueno, de tu compañía".

"Podemos pillar algo en la pizzería, si te apetece. Un beso. Chao".

Lorena, verás, es que hoy me viene regular.

Me quedan cosas por hacer en la tienda

y luego voy a ir a casa de Celia porque he quedado con David

para ayudarlo a hacer un trabajo para el colegio.

Si te parece, me paso luego por el bar, ¿vale?

Un besote. Chao.

Aliarte con Hortuño ha sido una buena decisión.

Puedes aspirar a mucho más que a repartir aguacates.

¿Eso significa que puedo contar contigo?

Eso dependerá de cómo me vayas a pagar el favor.

Seguro que se me ocurre alguna manera.

A ver si es la misma en la que pienso yo...

¿Estás segura de lo que vas a hacer?

Según tengo entendido, te vas a casar dentro de poco.

El mes que viene, precisamente por eso.

Costará mucho más encontrar la ocasión.

(Timbre)

Perdona.

(Timbre)

Adela, ¿qué haces aquí?

A ver si te apetecía que comiéramos...

juntos.

Hola. Hola, ¿qué tal?

Te presento a Julia Miralles,

la nueva arquitecta para la reforma del Mercado.

Adela, mi mujer.

Encantada. Igualmente.

¿Os he interrumpido?

No, no, si ya casi habíamos terminado.

De hecho, yo debería ir tirando ya.

Voy con mi prometido a probar el menú de la boda.

Ah, que te vas a casar. Sí.

Felicidades.

Gracias.

Bueno, Elías, si quieres, luego me paso a cerrar los detalles.

Hablamos luego.

¿Adela?

¿A qué has venido?

Ya te lo he dicho.

¿Tú te crees que yo soy tonto?

Tú no vienes nunca al despacho.

Muy pocas veces has venido.

Y te presentas justo hoy, que he quedado con una mujer, ¡hoy!

Con una excusa de patio de colegio.

¿Qué pretendes? ¿Controlarme?

Hemos hablado de esto, ¿no?

Quedamos en que íbamos a confiar el uno en el otro.

Y mira lo que estás haciendo.

Lo siento.

Es que Germán me ha dicho que estabas con ella y...

y no he podido evitarlo.

Me he puesto a pensar y no podía parar.

Lo siento. Bueno, perdóname tú a mí también...

No pasa nada.

Sí, sí que pasa.

Si he venido es porque... porque te quiero con locura y...

Pero tienes razón, no hay razones ni motivos.

Y, además, es que me da muchísima rabia.

Te juro que no volverá a pasar.

No voy a volver a dudar de ti.

Te lo juro.

Tampoco vamos a hacer una montaña de esto,

¿verdad? No.

Anda.

Anda, no seas tonta, no pasa nada.

(ROSA) Creo que me equivoqué.

-¿Mmm?

-Con el bar.

No lo tenía que haber dejado.

-¿Por qué dices eso?

-Porque son veinte años, Nacho. Lo voy a echar mucho de menos.

-Bueno, es normal.

Seguramente te cueste un poco acostumbrarte, como todo.

-Ya, pero el Central forma parte de mí.

Creo que mi padre tiene razón.

-¿Has hablado con tu padre? -Bueno, hablar...

Me ha hecho una encerrona, ¿sabes?

Para ver si me reconciliaba con Lorena.

-¿Y lo has hecho?

-Pues claro que no. Jamás le perdonaré lo que hizo.

Y eso me enfada, ¿sabes?

Porque es que yo siempre tengo que pagar sus culpas.

Me fastidia y soy yo la que dejar el bar.

¡Pues no! Lo tenía que haber dejado ella, ¿no?

-¿Y qué vas a hacer? ¿Vas a hablar con tu hermano?

-Seguramente pensará lo mismo que yo.

Porque, mira, Lorena acaba de llegar,

no tiene ningún vínculo con el Central.

Además, se ve a la legua que no sabe gestionar sola el bar.

Es un desastre, Nacho.

Si tiene que elegir entre una de las dos,

blanco y en botella.

-Bueno, ya sabes que yo te apoyaré decidas lo que decidas, ¿no?

-Gracias, amor.

¿No te ibas a comer con Jorge?

-Sí, pero tenía otros planes, y no me apetecía irme a casa.

-Genial, así me voy yo ya a clase.

Te lo he dejado todo hecho una mierda.

-No te preocupes, ya lo recojo yo.

-¿Seguro?

-Se me ha quitado el hambre, no comeré.

-No me extraña.

¿Por qué dejas que mi madre te diga esas cosas

en vez de contarle la verdad?

-Porque ya lo he intentado, Noa.

Podría enseñarle un vídeo de lo que pasó aquella noche,

que nunca me creería.

Está tan acostumbrada a echarme la culpa de todo,

a pensar mal de mí, que...

Es imposible que vea que se ha equivocado.

-¿Siempre ha sido así entre vosotras? -Siempre. Desde que éramos pequeñas.

Y, sobre todo, con los hombres.

Yo no tenía ni dieciséis años

y ya me acusó de robarle a su novio Antonio.

-¿Lo hiciste? -¡Claro que no!

Lo que pasa es que él la dejó porque se aburría con ella,

necesitaba alguien más cañera, como yo.

Pero yo no me lie con él.

Pero eso a ella le dio igual.

Fue la primera vez que me dijo que todo le salía mal por mi culpa.

Y desde entonces eso le ha servido para explicarlo todo.

-Pues basta ya, Lore.

No puede justificarlo todo con esa excusa de mierda.

-Noa, a estas alturas,

no podemos hacer nada por cambiar a tu madre.

-Pues sí, sí podemos.

Si le quitamos la máscara a mi padre y contamos cómo es.

-No, eso ya no funciona.

Nacho la tiene controladísima.

-Ya, entonces ¿qué hacemos?

-Protegerla.

No podemos dejar que tu padre la siga aislando.

Yo ya no puedo hacer nada, pero tú sí.

Noa, tu madre te necesita más que nunca.

No podemos dejar que él se la quede para él solo.

-Si vuelves al bar, será una lástima.

Las ilusiones que me había hecho... -¿Ilusiones?

-Nada, es igual.

Mientras tú seas feliz, qué importa.

-No, cariño. ¿Qué es lo que te preocupa?

-¿Te acuerdas cuando dejaste la asociación?

-Sí. -Entonces también tenías dudas.

Y después te diste cuenta de que estabas mucho mejor,

que te habías quitado un peso.

-Ya, cariño, pero es que no es lo mismo.

Llevo toda mi vida trabajando en ese bar.

Es que no sé hacer otra cosa.

-Eso no es verdad.

Quizás ahora te lo parece, pero puedes hacer lo que te quieras.

Y ahora tienes una oportunidad de demostrarlo.

-¿Y qué hago ahora Nacho? ¿Qué hago?

-Te gusta la costura.

Podrías apuntarte a un curso de patronaje, de diseño.

Mira, dejar el bar te abre un montón de posibilidades.

Y por fin podrás vivir sin que nadie decida por ti:

ni Elías, ni tu padre, ni tu hermana.

Podrás ser la Rosa que tú quieras ser.

-¿Sabes qué me pasa?

Que miro hacia adelante y es que veo la nada, Nacho.

Y me produce mucha angustia.

-Y a mí también, amor.

Sé que tomar una decisión así no es fácil,

pero siempre me tendrás a tu lado apoyándote.

Como yo te he tenido a ti,

¿eh?, en los peores momentos.

-Si yo no he hecho nada. Aquí el fuerte siempre has sido tú.

-Si he podido serlo es porque te tenía a ti.

Y de eso se trata, Rosa,

de apoyarnos el uno en el otro cuando nos caemos.

Por eso, tomes la decisión que tomes, no te vas a equivocar,

porque, sea lo que sea,

nos enfrentaremos juntos a ello y lo superaremos.

-Tienes razón.

Si estamos juntos, nada puede salir mal.

-¿Entonces no vas a volver al bar?

-Pues... no.

Voy a mirar hacia adelante.

Por favor, vamos a sentarnos, vamos a hablar tranquilamente.

-Yo no... -Entre Nacho y yo...

-No quiero hablar de eso, ¿estamos?

Para mí es muy doloroso.

-Por favor. -No quiero hablar de nada.

Es más, sería mucho mejor

si no volviéramos a dirigirnos la palabra.

¿Qué insinúas?

No, no insinúo nada. Te lo estoy diciendo.

Has perdido el norte y eso afecta a todo.

Y también a la relación con Andrea.

Ya no me necesita tanto,

es un adolescente y pasan de los padres.

Cristina, los hijos siempre necesitan a los padres.

Incluso cuando no lo parece.

¡Yo no sirvo para esto! Lorena, para empezar, respira, ¿eh?

Y deja de pensar cómo hacía las cosas Rosa

y hazlas a tu manera.

Y si el bar se tiene que llamar el bar de Lorena, adelante.

No me veo capaz. Sí.

Solo necesitas un poquito de ayuda.

Y ahí entro yo, si no te importa, claro.

No, no es un error. Los he pedido yo.

¿Por qué?

Son los perfumes de los que hemos hablado para jóvenes.

Pero hemos quedado en que no los íbamos a comprar.

Además, son muy caros. Bueno, los he pagado yo.

Ya pero yo no quiero que tú corras con estos gastos.

Me encanta tenerte aquí, cerquita.

¿Recuerdas cuando me ayudabas diseñando?

-Uf. Hace años de eso.

No está bien que lo diga, pero no se me daba nada mal dibujar.

-No, lo hacías muy bien. Seguro que todavía tienes buena mano.

¿Por qué no vuelves a hacerlo? Me vendría bien una ayudante.

¿Cuento o no contigo para lo que te he ofrecido?

Sí, aunque no te lo mereces.

Te haré ese presupuesto y lo engordaré

como si fuera un gorrino en vísperas de San Martín.

Sabía yo que podía contar contigo.

¿Sabes? Ahora para él es muy importante

tener un modelo que seguir.

Y la verdad es que te está cogiendo mucho cariño.

Y yo a él también.

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Mercado Central - Capítulo 43

21 nov 2019

Adela empieza a plantearse si ella también está siendo una ingenua con Elías, al igual que Paolo con Cristina.
Elías se reencuentra con una “amiga” del pasado.
Jesús intenta mediar entre sus dos hijas mientras Nacho, una vez más, hace de las suyas manipulando a su mujer.
Jorge quiere arreglar sus problemas con Celia y decide ayudar a David antes que ver a Lorena.
Elías intenta sin éxito que Jesús se replantee su relación con Valeria.
Doménico quiere poner fin a su affaire con Cristina, pero ella no está dispuesta a ponérselo fácil.
Jonathan entra a trabajar en Frutas y Verduras De la Cruz.

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