Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 42 - ver ahora
Transcripción completa

Yo sé que lo que te voy a pedir es algo muy raro.

Mi matrimonio depende de que no digas nada.

¿Nada de qué?

Bueno, más bien, de que no desmientas nada.

Es que le he contado a Paolo

que tú tienes...

Que tienes algo con Doménico.

Está de lujo contigo y no pienso ser yo quien la líe.

-Si te callas, no tiene por qué pasar nada.

-Ojalá algún día le eches valor y seas capaz de decírselo.

Como se entere por otro lado, la vas a mandar al hoyo.

Y te acordarás de esta conversación.

Entre Doménico y yo no ha pasado nada.

Anoche ocurrió lo que ocurrió y ya está.

Anoche, no, esta mañana.

¿Esta mañana? Esta mañana, eso es.

Pero de verdad, yo ahora mismo no estoy centrada en el amor.

Tengo mucho que hacer con mi familia y con mi negocio.

Voy a poner la casa a nombre de los dos.

-¿Perdona?

¡Es la herencia de la abuela Roberta!

-Ya, pero lo que no voy a permitir

es que Jesús se gaste ese dineral

y que no conste en las escrituras.

¿Algún problema con el delicadito?

Hemos estado hablando de lo de la radio.

Sabe que conozco a Raúl Balledor.

Ya.

¿Y es grave?

No.

Rosa, vives con un manipulador y un mentiroso.

¡Llevas toda la vida creyéndole! -¡Ya está bien, cállate!

¡No te permito que hables así de Nacho!

Siempre has hecho lo mismo, ¿verdad?

Siempre has destruido todo lo que yo he creado a mi alrededor.

Sé perfectamente de qué va esto.

Tú y Ortuño podéis estar tranquilos.

No os voy a fallar.

Eso es lo que quería oír.

Porque juega el Estu y lo televisan.

Si quieres, puedes venir a verlo a casa.

-¿A tu casa?

-Sí, pero una cosa te voy a decir.

Acostúmbrate, porque no me vas a ver casi el pelo.

(RÍE)

-No pienso volver a casa y menos, dejar a Carla.

¿Vale?

-Yo llevo las birras.

Tenemos reserva en el restaurante.

¿Tú tienes hambre?

No sé, pregúntamelo dentro de una hora.

¿Una hora?

Que sean dos.

Tú, modesto, no, no eres mucho.

Bueno, pues habrá que ir otro día

a conocer el restaurante que me querías enseñar.

Siento que hayas perdido la reserva.

¿Sí? Pues yo no lo siento en absoluto.

¿Estás bien? Sí.

¿No te parece que estamos yendo demasiado rápido?

No. ¿A ti sí?

No, no, para nada. Ah.

Por si te parecía que había sido demasiado inesperado.

No.

Los planes improvisados dicen que son los más interesantes.

Sí, en este caso...

(Mensaje de móvil)

Qué raro.

¿Qué pasa?

Mi hermano, que dice que vaya para casa ahora mismo.

¿Para casa? Sí.

Venimos de allí.

Que él está yendo.

Reunión familiar urgente.

Pues si la organiza un poquito antes, nos pilla in fraganti.

Ya te digo.

Eso es lo que tienen los planes improvisados.

La próxima la hacemos en mi casa.

Allí no tendremos este problema.

Vale.

Vale.

Pues me voy. Vale, pues te vas.

Adiós. Chao.

Buenas.

¿Qué, cómo va esa caza de clientes?

No he vendido nada. A estas horas no hay clientes.

Ahora se anima todo un poco. Tú sí que estás animado.

¿Por qué lo dices? Te ha besado en la boca.

Bueno, un beso, un pico.

Tu comunicación no verbal dice que estás contento.

Has cogido un vino para celebrarlo. ¿Sois novios?

¿Novios? Bueno, no sé.

Nos estamos conociendo, estamos bien juntos.

Ya veremos dónde lleva eso. ¿Y la mujer de la que me hablaste?

Pues mira, me he enterado de que está con otro chico

y he decidido dar un paso adelante con Lorena.

¿Y esa cara?

Creí que Lorena te gustaba.

Me cae bien, pero creo que estás con ella porque era tu única opción.

No, no, Lorena me gusta de verdad y mucho.

Y lo que es mejor, yo le gusto a ella.

Con la otra eso no pasaba.

Solo le traía malos recuerdos.

No os entiendo, sois muy raros.

Esta vez es muy fácil, David.

Me ves animado, ¿no? Cuando busques una pareja,

quédate con alguien que te haga sentir así.

Lorena es luz

y la otra, oscuridad y problemas.

Por la luz.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Vale, te llevas todo esto al puesto, por favor.

Eh, tú.

Contigo quería hablar. -Pues dime.

-¿No tuviste huevos de decirle a tu padre

que la culpa de que la mercancía no llegara fue tuya?

-Se lo dije y siento que pagaras las consecuencias.

-Me han puesto en la calle. -Lo sé.

Fue mala suerte que se averiara la furgoneta.

-Mala suerte la tuve yo,

que he perdido el trabajo y no tuve la culpa de nada.

-Yo te lo arreglo, deja que hable con mi padre.

-No, no, déjalo.

No pienso trabajar con una gentuza como tu familia.

-Cuidado con lo que dices.

Te he pedido perdón y te he ofrecido mi ayuda.

-Y yo te digo que te metas tu ayuda por donde te quepa.

Quería decirte que eres un mierda.

-Muy bien, muy bien.

Pues ya está, ya lo has dicho. Venga.

¿Por qué le hablas así a mi hijo? ¿Tú quién te crees que eres?

Soy el que tu marido ha despedido por la cagada de tu hijo.

Ah.

El del pedido que no llegó a Boadilla.

Si mi marido te ha despedido, será por algo.

Tú no te enteras de nada. ¿Qué?

Ni de cómo lleva el negocio tu marido

ni de lo que hace cuando no le ves.

¿Y eso qué quiere decir?

Un día me cruce en la puerta

del despacho de tu marido con una mujer.

Muy guapa, por cierto.

Y que salía abrochándose la blusa.

Y no eras tú.

¿Y quieres que me crea algo así viniendo de ti?

Si has venido a malmeter a cuenta de tu despido,

ya te puedes largar con viento fresco.

A ver, ¿para qué va a tener tu marido un despacho?

Que reparte fruta al por mayor, que no es un ministro.

¡Haz el favor de largarte o llamo a la Policía!

Ya me voy, pero eso no va a cambiar que seas una cornuda.

Y una ingenua.

No, hombre, no, ese pedido lo tienes que llevar a Cabeiro.

A Cabeiro, junto a Porto do Son, eso es.

Eso es.

¿Ha pasado algo?

Nos vemos en Porto do Son. Te tengo que dejar.

Siéntate, hermana, por favor. Siéntate.

A mí Adela ya me ha puesto al día.

Lo que ha pasado, básicamente, que papá ha perdido la cabeza.

-¡A ver si la pierdes tú de un guantazo!

-Oye, a ver si dejáis de poneros gallitos.

Me habéis dicho que hemos quedado para hablar tranquilamente.

Si no es así, me marcho. Llevas razón, perdona.

-¿Puedo saber qué has hecho?

Se ha comprometido a rehabilitar la casa de Valeria en Comillas.

Pero no una reforma de pintura, cambiar el baño, no, no.

Estamos hablando de una inversión de 200 000 euros

que va a salir del dinero de la familia.

-De la familia, no, de mí.

Del negocio familiar, papá.

De mi negocio.

¡Ese negocio pertenece a todos!

-Tú eres consciente de que Valeria no te lo va a poder devolver.

-No es un préstamo, es una inversión.

(RÍE) Porque Valeria

va a poner el 50 por ciento de la casa a mi nombre.

¿Qué inversión, papá?

¿Estamos tontos o qué?

¿200 000 euros por la mitad de una casa en ruinas?

Es que nadie la va a tasar por el doble de ese valor.

Ni siquiera has visto la propiedad.

Está frente al mar y Comillas es una zona privilegiada.

Me da igual, ese dinero lo necesitamos

para reformar el bar y la frutería.

Estás poniendo en riesgo la estrategia empresarial.

-Deberías habernos consultado una decisión así.

-¡Soy vuestro padre y no tengo que pediros permiso de nada!

Esto nos afecta a todos los De la Cruz.

No, esto nos afecta a todos los Pacheco.

¿No te das cuenta? Si haces eso,

la mitad de la casa será de Jesús De la Cruz.

-A cambio, nada más y nada menos,

que de 200 000 euros.

Más de 30 millones de las antiguas pesetas.

Lo dices como si la fuera a regalar.

-Cada año que pasa eres más egoísta.

No piensas en nada, ni en tu nieto.

-¿Qué tiene que ver? -Que es su herencia.

-¿Ya me vuelves a enterrar? Vamos a ver.

Si Jesús no me da ese dinero, perdemos la casa.

Que me la quieren tirar, Carmen.

-Ya te lo he dicho mil veces. Ese solar vale muchísimo dinero.

Si lo vendemos, podemos reformar el puesto

y pagar la cubierta, que todos comemos de este mercado.

-¿En qué quedamos?

¿Te preocupa la herencia de tu hijo o quieres vender el solar?

-Porque me preocupa la herencia de mi hijo quiero vender el solar.

-Pero salvamos la casa.

-Por favor, dile algo.

-Eso es entre vosotras, yo mejor no hablo.

-Que esto nos afecta a todos. Y, sobre todo, a Samu.

En su condición, si nosotros faltamos,

solo le vamos a dejar deudas. -Eso sí que no.

No utilices a mi nieto para hacerme sentir culpable.

Hasta ahí podíamos llegar.

La casa es mía y haré con ella lo que considere oportuno.

-Y a los demás, que nos den.

-Se trata de mi vida, Carmen.

Y ni tú ni nadie me va a decir cómo debo vivirla.

Papá tiene razón, es su vida.

-¿Cómo que es su vida?

Es el dinero del negocio familiar.

-Papá se ha enamorado de Valeria y ha decidido vivir su futuro

invirtiendo su dinero en una casa en la playa.

-¿Qué sabrás tú de amor?

-Has dicho que íbamos a hablar con tranquilidad.

-Sí, de dinero, Lorena.

Vamos a hablar de dinero, no de amores otoñales.

Del patrimonio familiar, del futuro de nuestros hijos.

Pero a ti eso te da igual, porque como vas a tu aire.

-Voy a mi aire, pero formo parte de esta familia.

-Hasta que decidas largarte, como haces siempre.

Rosa tiene razón, esto no va de que papá se enamore.

Que nos parece fenomenal.

Esto va de proteger los intereses de la familia.

Tengo un hijo y pienso en su futuro.

-¡Bueno, basta!

Por si no os habéis dado cuenta, todavía no me he muerto.

Así que dejad de repartiros mi herencia.

¿Y cuál es tu plan, papá?

¿Cuál es, seguir viviendo así, dilapidando el din ero?

¿Para dejarnos con una mano delante y otra detrás.

Yo he levantado este negocio de la nada y no permito

que me digáis lo que tengo que hacer con mi dinero.

Lo voy a invertir en la casa de Valeria.

Y si no os gusta, no vengáis a visitarnos.

Tranquilos.

Ya disfrutaremos los dos de las vistas al mar,

de los paseos en la playa.

De un atardecer en el Cantábrico, de una ración de rabas.

Lamento trastocar tus planes de heredarme en vida.

Pero tengo el firme propósito de durar muchos años.

Y los voy a vivir en la casa que a partir de ahora

será mía y de Jesús. -Que deja de ser la casa familiar.

-Una casa en la que no has puesto los pies

en muchos años y que tú querías vender.

No sé por qué eres tan pesetera.

Yo no te he crido para que fueras así.

Hay cosas más importantes en la vida.

-Que no es el dinero, que esa casa era la herencia

de la abuela Roberta, que heredó de sus padres y tú, de ella.

Y tú le quieres vender la mitad de esa casa

a Jesús De la Cruz, a un De la Cruz.

-¿Qué quieres decir con "a un De la Cruz"?

Ni que fuera un delincuente.

-No mueve un dedo si no saca tajada de ello.

-Va a poner el dinero porque me quiere.

-Si la abuela Roberta levantara la cabeza...

-Si mi madre levantara la cabeza,

estaría muy contenta de que gracias a la generosidad de Jesús,

vamos a salvar del derribo la casa que tanto quería.

-¿Y tú no vas a abrir la boca?

-Yo estoy casado contigo, pero no soy un Pacheco.

También te digo que Jesús nunca se ha caracterizado

por su generosidad, precisamente.

-Mamá.

Piénsatelo bien. Todavía estás a tiempo de dar marcha atrás.

-Lo he pensado mucho y la decisión está tomada.

Esa casa es mi sueño y ahora se va a hacer realidad.

Si tanto te molesta,

es tu problema.

(Suspiro)

Te voy a poner una muestra de crema de manos.

Muchas gracias. Hasta luego. Adiós.

¡Adela! ¿Puedes venir un momento, por favor?

El negocio va viento en popa.

¿Ah, sí? Sí.

Bueno, mira, una buena noticia.

Una chica se acaba de llevar un lote entero

de jabones y cremas hidratantes para un regalo.

¿Y esa cara?

Nada, que hoy me duele la cabeza.

Yo también pongo esa excusa

cuando no quiero hablar de mis problemas.

Estoy bien, de verdad.

No pasa nada, si no quieres hablar, está bien.

Pero no vas a vender ni un kiwi con esa cara.

No, ni un kiwi, ni una crema ni nada de nada.

Adela.

Si quieres desahogarte, estoy aquí.

Tú me ayudaste mucho con la crisis de ansiedad y te debo una.

Es algo que me han contado.

¿Qué, una mala noticia? Sí, si es que es verdad.

Pero yo no me la creo.

Pero ¿qué te han dicho, mujer?

Me han dicho que...

Que Elías tiene una amante.

¿Y quién te ha dicho eso?

Un trabajador al que despidió sin motivo.

Lo más probable es que sea mentira y que lo haga por despecho.

Pues claro que sí. Claro que sí, estoy convencida.

Habrá sido por venganza por haberse quedado en la calle.

Ya, pero es que no me sonaba a que estuviera mintiendo.

Me ha sonado muy convincente.

¿Tenía pruebas? No.

Bueno, dice que un día vio a una mujer

saliendo del despacho de Elías arreglándose la ropa.

¿Y qué mujer, te ha dado algún detalle, sabe quién es?

No.

¿Y tú has hablado con Elías?

No, quiero calmarme antes y no ir en caliente.

Pero yo confío en mi marido. Pues ya está. Ya está.

¿Y si lo que dice ese hombre es verdad?

Que no, Celia.

Seguro que es un cuento que se ha inventado para vengarse.

¿Para qué vas a estar aquí sufriendo

por algo que no sabes si es verdad o es mentira?

Yo lo mato.

Primero mato a Elías.

Pero luego la mato a ella.

No tengo ganas de discutir, Carmen.

Hoy no.

-No sé por qué estás tan mustia, con el regalazo de mi madre.

-¿Regalo, dices?

Tu madre está engatusando a mi padre para pegarle un sablazo.

-¡Es justo al contrario!

Tu padre se aprovecha para quedarse con la mitad de la casa.

-¡La casa se cae a cachos, por el amor de Dios!

-¡Que ese solar vale un dineral!

¡Está en la zona más cotizada de Comillas!

-Mi padre ha puesto 200 000 euros.

Estoy segura de que no vale ni la tercera parte.

-Vale mucho más. Pero no es el dinero.

Esa casa era de mi abuela y tendría que haberla heredado yo.

-Ibas a heredar una ruina y gracias al dinero de mi padre,

vas a heredar la mitad de una casa reformada frente al mar.

-Tu padre es un especulador, por eso quiere invertir.

-¡Y tu madre es una lianta que vive a costa de nuestra familia!

-¿Qué has dicho? -¡Lo que has oído!

-¡No hables así de mi madre! -¡Eh!

¿Se puede saber qué os pasa?

Se oyen vuestros gritos por todo el mercado.

-Está insultando a mi madre.

-Yo estaba aquí muy tranquila. Tú has venido a provocarme

diciendo que mi padre se aprovecha de tu madre.

-¡Es que es la verdad! -Un poco de calma.

-¿Y tú qué quieres?

-He venido a pedirte un par de botellas de cava.

Se me ha acabado y no puedo hacer el cóctel de la casa.

Pero me encuentro esta guerra entre Montecchi y Capuleti.

-Capuleti será Jesús.

-Luego dice que no provoca.

-Os lo digo en serio.

Estáis dando un espectáculo.

Todo esto es por la historia de amor entre Jesús y Valeria.

-Es una historia de ladrones.

-De una lianta. -¡Basta!

Ahora os dejo y podéis seguir tirándoos de los pelos.

Pero dame dos botellas de cava. -Es que no tengo botellas.

-¿En serio, Rosa?

¿Qué culpa tengo yo de todo esto?

-Que no, cariño, de verdad, no tengo botellas.

Vete a pedírselas a Jorge. -Muy bien.

Eso haré, sí.

Os dejo seguir con lo vuestro.

Solo os falta sacar un par de pistolas y batiros en duelo.

Pero cuando tenemos problemas, tenemos que hablar, no gritar.

Sobre todo, cuando queremos a los otros.

A lo mejor tiene razón.

(SUSPIRA)

Hola, cariño.

Aquí, comprobando el agujero que nos va a provocar

la donación de mi padre por la dichosa casa de Valeria.

Hemos hablado con él y no hay manera.

Tenemos que hablar.

¿Qué ocurre?

No lo sé, dímelo tú.

¿A qué te refieres?

Elías, ¿tú qué es lo que haces en tu despacho?

No sé, supongo que lo que todo el mundo, trabajar.

Y recibes a gente, ¿no?

Sí, recibo a gente.

Proveedores, distribuidores, empresarios.

Efectivamente, sí.

¿Y recibes también a mujeres?

Pues sí, también recibo a mujeres.

La mayoría son hombres, pero afortunadamente,

cada vez hay más mujeres. ¿Por qué lo preguntas?

Pues porque alguien me ha dicho

que vio salir de tu despacho a una mujer

muy guapa y que no había ido

allí a trabajar, precisamente.

Alguien. (ASIENTE)

¿Y quién te ha ido con el cuento? ¿Es o no es cierto?

No es cierto. ¿Quién te ha ido con el cuento?

El trabajador al que despediste la semana pasada.

¿En serio?

(ASIENTE)

(RÍE)

Adela, tú no eres tonta, ¿no?

Al revés, eres muy lista.

¿Le vas a dar credibilidad a ese tipo, en serio?

Está resentido y haría o diría lo que fuera para fastidiarme.

Sí, eso es lo primero que yo he pensado.

Normal.

Pero pudiendo inventarse otra cosa, ¿por qué algo así?

(RÍE)

¿De qué te ríes? Porque maldita la gracia.

En el fondo, lo veo gracioso. Será muy en el fondo.

Porque era bastante sincero.

De verdad, que esto me lo digas tú...

Tú, que sabes mejor que nadie

que no puedo tener relaciones con otra mujer.

¿O has olvidado mi problemilla? No, no lo he olvidado.

¿Y tú crees que yo me jugaría mi vida

por tener una aventurilla?

No lo sé, ¿lo harías?

(SUSPIRA)

Adela.

Yo jamás me he acostado con ninguna otra mujer

ni en el despacho ni fuera de él.

Nunca te he sido infiel. ¿Y sabes por qué?

Porque te quiero demasiado.

Lo siento.

¿Cómo? Que lo siento.

Siento haber desconfiado de ti. Ya.

Pero es que ese hombre parecía muy sincero.

Perdona. ¿Qué?

Que perdones.

Si la culpa no es tuya.

Ni de ese pobre infeliz.

Está clarísimo que hay alguien más poderoso detrás.

¿Quién? Ortuño.

¿Qué? Ortuño.

¿Cómo va a ser Ortuño, qué gana destrozando nuestro matrimonio?

Lo mismo que ganaba regalándole a Jorge el reloj,

desenchufando las cámaras o lo de la radio, difamándonos.

¿Qué gana? Enfrentarnos, amargarnos la vida.

¿Estás seguro de que está detrás de todo esto?

No sé, lo que sí sé es que es más listo que el hambre.

Ya, y yo he entrado al trapo como una imbécil.

Cariño.

Ven aquí, anda.

Yo jamás pondría en peligro lo que hay entre tú y yo.

Que no se te olvide.

Las dos familias vamos a ser víctimas

de la decisión de tu madre y de mi padre.

-Totalmente de acuerdo.

Salimos perjudicados de esta decisión absurda.

-¿Entonces, por qué no dejamos de discutir?

Y unimos fuerzas.

Intentamos que alguno entre en razón y dé marcha atrás.

-Uh, mi madre es una cabezona, no va a dar marcha atrás.

Le he suplicado que se lo pensara

y no te digo dónde me ha mandado porque...

-Ya, mi padre es igual.

Nos hemos reunido con él y no nos ha hecho ni caso.

-¿Entonces, qué hacemos? -No sé.

Yo creo que al único que puede escuchar es a Elías.

A mi hermana y a mí no nos hace ni caso.

Creo que va a ser nuestra única esperanza.

Rosa, perdonad. ¿Sabes dónde está Elías?

En la frutería no está. Ni idea. ¿Por qué lo buscas?

Samu me ha entregado esta carta.

Está a su nombre como presidente de la asociación.

Y está certificada. -La resolución del tejado.

-Madre mía. Después del programa de radio,

yo creo que no nos lo van a dar.

A mí se me ha ocurrido algo

para intentar contrarrestar lo que dijo ese tipo.

Germán, ¿puedes venir un momento?

-Sí, ¿qué pasa?

Les estaba contando que te he pedido

que hables con Balledor. ¿Diste con él?

Eh...

Sí, claro. ¿Y?

Pues...

A ver, yo te advertí que era un cretino.

Dice que el tema no da más de sí.

¿Cómo que no...?

¿Qué clase de periodista no escucha a las dos partes?

Uno vendido a los políticos de la oposición en el ayuntamiento.

Lo único que le mueve es echar mierda al gobierno de ahora.

No os extrañe que detrás de todo esto esté Ortuño.

Todo aclarado.

Ah, que has hablado con Elías. Sí.

Y ha dicho que es mentira. ¿Lo ves?

Ese hombre solo se quería vengar. Sí.

Elías cree que no ha sido iniciativa de ese hombre,

sino que alguien le ha mandado a sembrar cizaña.

¿Y quién?

Ortuño, el que quiere comprar el mercado.

Ah. ¿Y qué interés tiene en malmeter en vuestro matrimonio?

Porque quiere ensuciar el nombre de Elías.

Lo mismo que hizo con Jorge mandándole ese reloj tan caro.

Quiere desestabilizarnos.

Le ha salido el tiro por la culata.

Ya está.

Ya, pero me siento culpable por haber dudado de mi marido.

Es normal dudar cuando alguien te cuenta algo así.

Pero yo sabía que no era posible.

Y no solamente porque Elías me quiere

y no me haría una cosa así.

Es porque...

Es que Elías tiene un pequeño problemilla.

Desde hace algún tiempo, no puede hacerlo si no es con pastillas.

Ya me entiendes.

Pero como sufre del corazón, tampoco las toma

porque se jugaría la vida. Vaya, lo siento.

A ti te lo puedo contar porque ahora que somos socias,

acabaremos siendo buenas amigas, ¿no?

Estaba haciendo albaranes. Si me echas una mano...

Sí. Mira.

Bueno, ¿Qué? Abre la carta ya.

Está a nombre de Elías.

Bueno, ¿qué más da? Rosa es su hermana.

Era la presidenta.

Ábrela tú. -Sí, trae, no pasa nada.

-¿Qué?

(SUSPIRA)

Lo que nos temíamos.

-¿Para qué ha servido tanto vídeo y tanta historia?

Qué pérdida de tiempo. Como la muestra gastronómica.

¿Se puede saber qué haces tú para ayudar al mercado?

Porque es muy fácil criticar lo que hacen los demás.

Yo dije que el vídeo había que mandarlo a la televisión.

Y puse un solomillo de primera para la muestra que está en la basura.

¿Que las cámaras se desconectaran también fue culpa mía?

Mía no y tú estás en todo lo que sale mal.

¿Qué estás insinuando?

Que a lo mejor el reloj que te regaló Ortuño

era para asegurarse de que no nos dieran la ayuda.

Pues muy bien.

Mira, estoy harto.

No voy a volver a mover un solo dedo por este mercado.

Mi puesto es el más moderno. No necesita una gran reforma.

Todo lo que he hecho ha sido por el bien común.

Ahí os quedáis.

Que cada palo aguante su vela. ¿Estamos?

¿Qué?

¿Nacho? -¡Hola!

-¿Qué haces aquí?

-Tengo un rato antes de una reunión.

¿Y tú, no cerrabas hoy el bar?

(ROSA SUSPIRA)

No puedo más. Lo va a cerrar Lorena.

-¿Todo bien?

-Estoy cansada, nada más.

-¿Quieres que me quede en casa?

Suspendo la reunión. -No, no, gracias.

Lo único que quiero es darme una ducha y meterme en la cama.

-Pero ¿ha pasado algo?

-¡Buf!

Pregúntame qué no ha pasado.

-Otra vez Lorena, ¿no?

-Si solo fuera eso...

Pero es que es todo, Nacho.

-A ver, tranquila, siéntate y me cuentas.

(ROSA SUSPIRA)

A veces siento que todo mi mundo se derrumba.

-No digas eso. Me tienes a mí.

-Y a Noa, si ya lo sé. Menos mal que os tengo.

Del resto de la familia, ni hablamos.

Mi padre ha perdido el norte con lo de la casa de Valerie.

-Valeria y Carmen le van a sacar todos los cuartos.

Menudas son. -Ya la he tenido con Carmen.

-¿Ah, sí? -Hombre.

Se cree que su madre le está haciendo un favor a mi padre.

-Como tu padre tarde en alejarse, va a salir escaldado.

Aunque bueno, visto de otro modo,

así tendríamos un sitio para ir de vacaciones.

-Yo no pienso poner un pie en esa casa, así te lo digo.

Como para aguantar a las Pachecas. -Estaba bromeando.

-Y encima Lorena, en vez de hacer recapacitar a mi padre,

se pone de su parte en esta locura.

-Deberías aceptar que en tu hermana nunca vas a encontrar un apoyo.

-Yo soy tonta, Nacho.

Tú mejor que nadie sabes lo que me ha costado

aceptar su vuelta.

Estaba ya tan ilusionada...

y me vuelve a decepcionar.

-Y lo hará una y otra vez. Pero ya sabes lo que dicen.

Cuando alguien te engaña, es culpable la primera vez.

Las siguientes son culpa tuya por dejarte engañar.

-Anda, que menuda racha.

Y han llamado del Ayuntamiento, que no nos dan la subvención.

-Bueno, no te preocupes por eso.

-¿Cómo no me voy a preocupar?

-Quiero decir, Rosa, que llegado el momento,

con mi sueldo tendremos bastante para vivir.

-Pero es que no se trata de eso.

Estamos hablando de mi trabajo, Nacho.

Y del mercado, que es el lugar donde yo he vivid9o.

-Lo sé, lo sé.

Pero no necesitas aferrarte a ese mercado para ser feliz.

Que te sientas libre de hacer lo que creas.

No sé, Rosa, piénsatelo.

Sé que ese mercado simboliza uno de los mejores momentos de tu vida.

Pero a lo mejor es mejor dejarlo ahora.

Antes de que ese bonito recuerdo se estropee.

Estáis vendiendo mucho.

Sí, es un no parar. Estoy contenta.

¿Y vosotros qué tal?

Cuando no está Jorge, las ventas se reducen un 10 por ciento.

Él sabe aconsejar a la gente para que se lleven otras cosas.

Claro.

Por cierto, ¿dónde está? No le he visto en su puesto.

Se ha ido con Lorena porque ha discutido con la carnicera.

¿Qué ha pasado?

Han llamado del Ayuntamiento y no van a pagar la reparación.

¿No me digas?

Esa sí que es una mala noticia, con lo que se ha esforzado Jorge

para que nos dieran esa ayuda. No nos sale una a derecha.

Dice que no va a hacer nada más por el mercado

porque la carnicera le ha echado la culpa.

¿Carmen?

Esta mujer tiene el don de sacar a la gente de quicio.

Espero que con Lorena se le pase el enfado.

Bueno, para eso están los amigos.

Para animarnos cuando tenemos un mal momento.

Pero él y Lorena no son amigos, son novios.

Que ya ha llegado la carta del Ayuntamiento.

Muy bien, ¿la has traído?

No, no hace falta porque como no te encontraban,

la ha abierto la tía Rosa. -¿Y qué dice la carta?

-Que el Ayuntamiento no les ha concedido la ayuda.

No va a dar ni un duro para arreglar el mercado.

Bueno, hombre, menos mal. -¿Cómo se lo ha tomado el chef?

-Pues mal, como era de esperar.

Carmen la ha tomado con él. La Pacheca, como siempre.

Haciendo amigos.

¿Y Jorge te ha vuelto a preguntar por el periodista?

Sí, me ha preguntado y le he dicho que he hablado con él,

pero que no ha querido colaborar.

Lo que tú me dijiste. Muy bien, buen trabajo.

¿Novios? Sí.

Los vi besarse esta mañana.

Él dice que ya se verá, pero que están muy bien juntos.

Eso es casi como ser novios.

Pues sí, se parece mucho, la verdad.

Dudaba entre Lorena y otra mujer, pero se ha decidido por Lorena.

¿Y te ha dicho por qué?

Estaba enamorada de la otra, pero descubrió que estaba con otro.

No sería feliz con ella. ¿Estaba enamorado?

Sí, pero dice que Lorena es luz y la otra, oscuridad.

¿Eso te ha dicho?

¿Tú sabes quién podría ser? Pues no, no lo sé.

Y no me importa.

Será alguna amiga del barrio, yo qué sé.

¿A ti no te gusta Jorge? No, no me gusta Jorge.

Pues hacíais muy buena pareja. Yo pensaba que seríais novios.

A mí Jorge me cae muy bien.

Eso ya lo sé, cariño.

Pero las cosas no funcionan así.

No lo entiendo, para mí hacéis mejor pareja que él y Lorena.

¿Sabes lo que pasa? Que tú eres el hombre de mi vida.

¿Me dejas que te dé un abrazo?

Gracias.

Venga.

Sabía que eras un buen fichaje. No sabía que eras un crack.

(RÍE)

¿Te gusta Ibiza?

¿A quién no?

Soy dueño de uno de los mejores hoteles de la isla.

Un cinco estrellas en la playa de Talamanca.

Tienes una suite para ti cuando te dé la gana.

Llama, pregunta por mi secretaria y ella se ocupa de todo.

Todos los gastos pagados.

¿Qué, no le vas a dar las gracias?

No hace falta, se lo ha ganado. -No, gracias.

-Los buenos fichajes se merecen una buena prima.

Sobre todo, cuando ganan partidos.

Sigue así.

Os dejo.

Ten cuidadito.

(RÍE)

Te has quedado mudo.

El año pasado, cuando fui a Ibiza,

no me dejaron entrar ni al bar de este hotel.

Ya ves, ahora no solo vas a poder entrar en el bar.

Te vas a alojar en la mejor suite de ese hotel.

Pero ¿lo decía en serio?

Completamente. Igual que el sobre de dinero que te dio.

¿A que ahora ya te pesa menos haberle mentido a Jorge?

Escúchame, Germán.

Así funcionan las cosas.

Hay un precio que pagar, sin duda.

A mí me va a caer toda la mierda del mundo

con el tema del arquitecto.

Y a ti...

Sí, he tenido que tragarme la culpa

por fastidiar la muestra gastronómica.

Por haber planeado lo de la radio.

Así es. La pregunta es:

¿Compensa?

Porque si es así y seguimos al lado de Ortuño,

esto no es más que el principio.

Y escúchame bien.

Vamos a poder hacer lo que nos salga de las narices.

No, si me parece estupendo. Pero me compensará

siempre que me des un fin de semana libre para pirarme a Ibiza.

(RÍE)

¿Querías verme?

Te advierto que si es para seguir dándome la tabarra

sobre la casa de Valeria, he dicho mi última palabra.

-Anda, siéntate.

Que no es por eso por lo que te he llamado.

-Estás muy seria.

¿Es algo grave?

(ROSA SUSPIRA)

Es importante. -Se trata de tu hermana.

-Pues sí, ¿cómo lo sabes? -Porque tengo ojos en la cara.

¿Qué ha pasado, por qué habéis discutido ahora?

-Prefiero no hablar de eso.

-Os pasáis la vida discutiendo. Si no es por una cosa, es por otra.

Tenéis que dejar de pelearos, que no tenéis 12 años.

-Pero es que esta vez se ha pasado de la raya.

Lorena y yo hemos terminado.

-¡Que barbaridad, que es tu hermana!

-Que me da igual. -No te da igual.

¿Qué ha ocurrido para que estés tan enfadada?

-No quiero hablar de esto.

-Rosa, dímelo ahora... -¡Que no!

¡Que no es asunto tuyo! -No me hables así.

-Lo siento, papá, es que estoy muy nerviosa.

Perdóname, de verdad.

No puedo explicártelo, es un tema personal entre ella y yo.

Lo único que puedo decirte es que ya no hay reconciliación posible.

-La familia es lo más importante, Rosa.

-Mi familia es mi marido y mi hija.

-Entonces, se trata de Nacho.

-De verdad, es que no quiero darte explicaciones, papá.

Lorena me ha hecho daño, lleva toda la vida haciéndome daño.

He dicho basta, se acabó.

-A mí también me han dolido muchas cosas que me ha hecho tu hermana.

Sobre todo, cuando no vino al entierro de tu madre.

Pero ahora ha vuelto y parece más centrada.

Tenemos que estar juntos.

-Lorena sigue siendo la misma egoísta de siempre.

-Vamos a ver, aparte de ser hermanas, trabajáis juntas.

¿Cómo vas a cortar con ella si os veis todos los días?

-Es que para eso quería verte, papá.

Para decirte que no voy a trabajar en el bar.

-¿Dejas el bar? -Sí.

-¿Cómo que dejas el bar?

-Anda, ven aquí.

Cuanto antes lo sepáis todos, mejor.

Lorena y yo no podemos seguir trabajando juntas.

Me quito de en medio porque lo único que quiero es vivir en paz.

-¿Qué te ha pasado con la tía? -No sé qué ha pasado entre ellas.

Tu madre no quiere contarlo.

-Sea lo que sea, habladlo y lo solucionaréis.

-Espero que respetéis mi decisión.

Me ha costado mucho tomarla.

Pero no hay vuelta atrás.

(CARRASPEA)

(Timbre)

Carmen, qué sorpresa, pasa. Hola, ¿qué tal?

Supongo que vienes por la carta del ayuntamiento.

Eh...

Nos han dado para bien.

No vengo por eso. Está relacionado, pero no.

¿Una cervecita? No, no, déjalo.

Bueno, siéntate, por favor. Sí, venga.

Tú dirás.

Tenemos que parar a tu padre y a mi madre.

Ah, lo de la casa de Comillas.

Además de pagar la reforma, tenemos que pagar el tejado.

Ese dinero nos vendría muy bien, porque mi familia no es rica.

Y la mía puede dejar de ser rica

si mi padre le da esos cientos de miles de euros.

Lo que quiero es vender la casa o el solar, si la tiran.

Y hacer frente a lo que se nos viene encima.

Ah, vale, vale, vale.

No, si a mí me pasa igual.

Me vendría muy bien contar con todo ese dineral.

Estamos de acuerdo en que esa idea es absurda.

Estamos de acuerdo. Bien.

De hecho, hemos hablado con mi padre.

No hay manera, no cambia de opinión.

Rosa dice que eres el único que lo puede conseguir.

Pues ya me dirás cómo.

Cuanto más insista, más se va a enrocar en su posición.

¿Y tú con tu madre no puedes hablar?

Es muy tozuda, están cortados por el mismo patrón.

No, si a tozudos en esta familia...

Pues a mí no se me ocurre otra cosa

que darme cabezazos contra la pared pensando en ese pastón.

Yo tengo una idea.

¿Cuál?

Es un poco desesperada, pero la situación...

¿Cuál? Inhabilitar a tu padre.

Y la tía, como si no me conociera.

Buscar curro es el curro más difícil que he hecho.

Y el peor pagado, por cierto.

(RÍE)

Eh...Noa.

¿Hay alguien ahí? -¿Qué?

Perdón, ¿qué decías?

-No, nada.

Decía que buscar curro es una mierda.

Pero tendré que hacerlo si quiero encontrarlo.

-Sí, claro.

-Madre mía, Noa.

Eres la leche dando ánimos a los colegas.

-Perdona.

¿Sabes algo del zapatero?

-El zapatero sé que...

-Samu me dijo que te recomendó para trabajar con él.

-No lo sabía.

Sé que al final ha contratado a su sobrina o no sé qué movidas.

-Pues no sé, tío.

-Pues si no sabes tú, imagínate yo.

-Oye, Jona, lo siento, hoy no tengo un buen día.

-¿Qué te pasa?

¿No estás contenta por hacer el curso de fotografía?

Venga, Noa, que trabajas en el bar, no te quejes.

Ya me gustaría tener tu suerte.

-Tampoco es para tanto.

Ganarse la vida como fotógrafa es muy difícil.

-Pues mírame a mí.

Que no tengo casi estudios.

Que a lo máximo que aspiro es a currar

de reponedor en cualquier supermercado.

Eh, te lo digo en serio, me cambiaba por ti ahora mismo.

Pero así.

¿Qué te pasa? -Perdona.

Perdona, es que...

Estoy harta de vivir a trompicones.

No sé, tampoco es que esté pidiendo una vida de pija.

-Qué va, tía, Noa, si tú nunca has sido una pija.

Tú también las has pasado canutas.

(LLORA)

-Noa.

Oye, ¿qué te pasa?

-Pues que la he cagado, Jona.

Es que la he cagado del todo.

Es que siempre lo tengo que hacer todo mal.

-¿Qué pasa, de qué hablas, Noa?

Eh.

-Pues que mi madre va a dejar el bar.

Se ha cabreado con Lorena y va a dejarlo.

-Vale, lo siento, pero no sé qué culpa tienes tú de eso.

-¡Pues toda, Jonathan, toda!

La culpa es mía por empeñarme en hacer el curso.

-No me estoy enterando de nada. ¿Qué pasa?

-Que yo le pedí el dinero a mi padre.

-Sí.

Y él pasó de ti, ¿no?

-Claro, y me fui a ver a mi abuelo.

Eso le sentó fatal a mi padre y se cabreó.

-Pero al final te lo paga, ¿no?

-Porque mi abuelo le echó una bronca.

-A ver, Noa, no estoy entendiendo

qué tiene que ver todo esto con que tu madre deje el bar.

-Que mi padre sintió que le había humillado delante de mi abuelo.

Su reacción fue manipular a mi madre y enfrentarla a Lorena.

-Pero ¿enfrentarlas para qué?

-Para que dejara el trabajo.

Y se quedara todo el día metida en casa.

Ahí es donde él puede anularla, ¿sabes?

Además, sabe que es lo que más le puede joder

y lo ha conseguido.

-Pues sí que es retorcido tu viejo.

-Ahora entiendes por qué no tengo ilusión por el curso.

Porque mientras yo esté fuera,

mi padre le podrá seguir haciendo la vida imposible a mi madre.

Y ahora, encima, a tiempo completo.

-No te preocupes, Noa.

No sé, todo se va a solucionar, ya lo verás.

Ya verás como todo va a mejor.

¡Que no, Carmen, es un disparate, inhabilitar a mi padre!

Mi padre está como un roble y tiene la cabeza perfectamente.

¿Qué motivos argumentamos?

Que no.

Pues ya me dirás tú. ¿Tienes otra idea?

De momento, aunar fuerzas.

Crear un frente común.

Los Pacheco y los De la Cruz, unidos.

Está claro que a por uno de ellos solo no podemos ir.

Eso hace que el otro cierre filas

en torno a él y sean indestructibles.

¿Me sigues? ¿Eh?

Carmen.

¿En qué radica su fortaleza? ¿En qué?

En que juntos se creen invencibles.

En su amor. ¿Qué tenemos que hacer?

¿Qué? Separarlos.

Huy. Acabar con ese amor.

Es que quiero que mi madre sea feliz.

No quiero que le venda la casa a Jesús.

Pero están muy bien juntos. ¿Quieres o no pararles los pies?

Tenemos que hacer lo que sea para que dejen ese plan.

Hombre, si no hay más remedio...

Es que no lo hay, no hay más remedio.

Hay que averiguar cómo acabamos con Romeo y Julieta.

¿A ti se te ocurre algo? Eh...

Yo sé una cosa que si la digo, igual sí funciona.

¿Y me la vas a decir?

Es que...

Es que no lo tengo claro. Es un as en la manga

que no quiero utilizar a no ser que sea estrictamente necesario.

Si puedo, no lo uso.

Pero si lo tengo que usar, lo uso.

¡Uh! Perdona, lo siento. No te preocupes.

Oye, que...

Me he enterado de la negativa del Ayuntamiento.

Lo siento, menudo jarro de agua fría.

Yo he hecho lo que he podido. Tu idea era buenísima.

De no ser por el periodista, todo hubiera ido fenomenal.

Claro.

Pues sube a explicárselo a Carmen.

Ya, ya me he enterado

de que se ha puesto a gritar y te ha culpado.

Ya sabemos cómo es Carmen, no le hagas ni caso.

No, no, ninguno.

Por lo que a mí respecta, esto acaba aquí.

Que se ocupe otro de tener ideas para reflotar el mercado.

Bueno, Jorge, no me digas que vas a tirar la toalla ahora.

No, esto no va de tirar la toalla,

sino de que otro tire del carro.

Mira, nadie, en ningún momento

han valorado ni mi esfuerzo ni mi dedicación.

Me han puesto de vuelta y media.

Que se encargue otro. ¿Elías no es el presidente?

Pues que lo haga él.

Igual tú podrías hablar con él, ¿no?

¿A qué viene eso ahora?

No sé, sois amigos, tenéis buena relación.

¿No vas a dejar de reprocharme que me acostara con él?

Dios me libre de reprocharte nada, Celia.

Aunque igual es a Doménico al que no le gusta la idea.

¿Le has contado tu historia con Elías?

Mi historia con Elías se reduce a una tarde

y con Doménico, ni siquiera. Cristina me...

¿Sabes qué? No te tengo que explicar nada.

¿A ti qué te importa lo que haga?

¿Tú no estás con Lorena? Sí.

Y estamos muy bien juntos.

Me gusta mucho. Qué poco entusiasmo.

Fíjate.

A lo mejor haces todo esto para darme celos.

(RIENDO) Claro.

Por extraño que te parezca, el universo no gira en torno a ti.

Estoy con ella porque me gusta.

Sí, claro, porque ella es luz y yo soy oscuridad.

Era así, ¿no? Sí.

David, ¿no?

No sabe guardar un secreto. No tiene filtros.

No era un secreto y no le dije de quién hablaba.

Afortunadamente, no lo dedujo.

A lo mejor no soy tan problemática y tan oscura como tú te crees.

No pretendía que llegara a tus oídos.

Da igual, da igual.

No me extraña que tengas esta opinión de mí.

Entiendo, aunque me duela, que he sido muy injusta contigo.

Ya, si ya da igual.

Sí, supongo que ya es tarde.

¿De verdad, Celia?

¿Ahora te vas a dar cuenta de que has sido injusta conmigo?

¿Ahora que empiezo una relación con otra chica?

¿En serio?

Mira, ya está, que seas feliz con Doménico y tira para delante.

Que no tengo nada con Doménico. Pues sigue buscando.

Te vale cualquiera menos yo, ¿no?

Igual alguno está casado, pero te da igual.

¡Imbécil!

No es fácil atender a los clientes,

recibir a los proveedores, cocinar, todo al mismo tiempo.

-Puedo perfectamente con esto y puedo con muchísimo más.

Además, tengo a Noa. Un momentito.

Si me ves muy liada, entras y echas una mano.

¿Te crees que no soy capaz?

Los presupuestos cambian constantemente.

Solo tenemos que encontrar un arquitecto

que nos haga el favor de rebajar costes

y después, mecachis, han surgido una serie de imprevistos.

Tenemos que cambiar las cubiertas, pintar las zonas comunes.

No me pasa nada, estoy estupenda.

Eso es mentira, Celia. Jorge.

Y sé que es mentira porque ayer me pasé contigo.

Y mucho. Y me siento fatal.

Que ya no es solo mía, que ahora es de los dos.

-Qué raro suena.

Nuestra casa.

-Mucho, pero me encanta.

No te preocupes, estaré encantado de ayudarte.

En esta lista, hay tres listas.

La primera son los ingredientes que me gustan.

La segunda, los que no me gustan y la tercera, los que me dan igual.

Cuantos más de la primera haya, mejor. Muchas gracias.

Ramiro me ha dado este aviso de avería.

Hay una fuga de agua en los almacenes.

-Luego me pongo.

-No, ya, que se está empezando a encharcar.

-¡Pues que esperen!

He quedado para comprar con Carla cosas de la casa.

Se pasan todo el día juntos.

¿Tú no dijiste que tenías un as en la manga?

Sí, claro, pero es que si lo uso,

mi madre no me vuelve a hablar en la vida.

Entonces, no es un as, es una bomba atómica.

Claro, por eso no lo quiero utilizar.

A no ser que no haya otra opción. No quedan muchas.

Necesitamos a alguien de confianza

y eres el primero en el que he pensado.

-Pues gracias, tío, pero...

No sé si después de...

No sé si es buena idea volver a currar en el mercado.

-Te pagaré más que las Pachecas.

-¿Cuánto más? -Un 10 por ciento.

-Que sea un 20.

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Mercado Central - Capítulo 42

20 nov 2019

Adela descubre las infidelidades de Elías, pero éste no piensa dejar que su matrimonio se rompa. A través de David, Celia descubre la imagen que Jorge tiene de ella. Un comunicado del ayuntamiento acaba con las ilusiones de los comerciantes.
Germán sufre: boicotear el mercado hiere a personas que el chico quiere. Tras su bronca con Lorena, Rosa toma una decisión que deja en shock a toda su familia. Los Pacheco y los De la Cruz debaten la decisión de Valeria y Jesús respecto a la casa de Comillas. Carmen y Elías saben que si quieren que el plan no prospere deben crear una alianza.

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