Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 40 - ver ahora
Transcripción completa

O sea, que te pido dinero para el curso,

me dices que no y me llevo la bronca por decírselo al abuelo.

¿Por qué lo hacéis tan difícil? -No, tú lo haces difícil.

-Déjame en paz, me la suda lo que estás diciendo.

-¿No quieres saber que ayer hice la transferencia de la matrícula?

Ahora que sé que confías en que el mercado saldrá adelante

y que la cosmética ecológica te parece un buen negocio,

tengo algo que contarte.

Pues dime.

Me he asociado con Celia.

Vamos a hacer como que eso no ha pasado nunca.

Ya, pero es que ha pasado.

Te has acostado con el marido de la que va a ser tu socia.

No va a ser, es mi socia. Bueno.

Se ha ido a Comillas a hablar con Francisco.

Le han dado unos meses para reformar la casa.

Imagínate. Si no, la tiene que vender.

Está hecha polvo porque esa casa es todo para ella.

-Lo sé, lo sé.

-Por eso le quería hacer la tarta de plátano, como no tengo dinero.

-¿Cuánto le piden por la reforma? -Ni idea, una barbaridad.

Que te entre en la cabeza que no va a volver a pasar.

Me ha entrado, no te preocupes, ha quedado muy claro.

Si yo no lo viera perfectamente claro,

no me estaría asociando con tu mujer. ¿Vale?

Ahora que ha quedado todo tan perfectamente claro,

lo fundamental es centrarse en el negocio.

¡Yo solo he dado mi opinión,

pero tú me acusas de ir en contra de mi gente!

¿Piensas que voy a sabotear el negocio de mi mujer?

¡Te espero en casa!

Jorge, ¿cómo has podido decir eso?

No dudes en contarme cualquier cosa de la que te enteres.

-Sin problema.

-¿Quiere esto decir que estás de nuestro lado?

-Quiere decir que estoy del lado donde haya dinero.

-¡Ah!

Se acabaron las mentiras. O le cuentas a Carla

que conducías el coche y que yo no soy un ladrón

o se lo cuento yo.

Tú decides.

A mí la idea me parece una soberana estupidez.

Y a Ortuño ya lo has oído. Es una ingenuidad, hombre.

A mí me parece bastante buena idea.

¿Unos tenderos hablando maravillas de sus puestos?

Eso no le interesa a nadie. Eso funciona, te lo digo yo.

Y más, si luego se hace viral.

Que no, que a un funcionario no se le mueve una pestaña

por mucho que a un tendero se le caiga una lágrima.

Vale, pero ¿a un concejal?

Eso es otra cosa.

La imagen es lo que importa.

Eso sí puede ser. Claro que puede ser.

Les importa quedar bien.

¿Y cómo puedes quedar mejor que siendo sensible

a las demandas de un grupo de humildes tenderos

tratados injustamente por un especulador?

Pues sí, ahí llevas razón.

Has hecho bien en decírmelo.

¿Esto a quién se le ha ocurrido, a Jorge?

A Jorge. Es un grano en el culo.

No se doblega mi para atrás. Jorge no para

hasta que el Ayuntamiento no cambie de opinión

y ponga el dinero para la cubierta.

Ya. Vamos a hacer una cosa.

Te vas a pasar por el mercado, te vas a dar una vuelta,

te vas a enterar de qué piensa el Ayuntamiento del vídeo.

¿Me estás pidiendo que sea vuestro espía?

¿Espía?

Infiltrado, habla con propiedad. ¿Te parece mal?

No, no pasa nada.

Yo pego la oreja y me entero.

Muy bien.

¿Ahora no me dirás que es peor estar conmigo que estar a la gresca?

Para estar a la gresca hay que ser dos, no me rayes.

No me rayes, con el carácter que tienes y lo que te quiero.

Bueno, bueno, bueno.

Qué gusto da veros sin tiraros los trastos a la cabeza.

No seas tan exagerada.

No, tengo memoria, que es muy distinto.

Harta estoy de vuestras broncas y de que me pillen en medio.

Bueno, ¿qué ha pasado aquí?

Pues que parece que el niño está empezando a sentar la cabeza.

¡Vaya por Dios! ¿Y eso?

Algún día tenía que madurar.

Yo nunca he perdido la fe.

No, tú no, pero tú no eres objetiva.

A ti te parece que todo lo que hace es supergracioso, superbién...

Porque lo es, es mi hijo.

¿Podemos...? Esta conversación es horrorosa.

¡Germán!

¿Podéis parar de hablar de mí?

No. ¡Papá!

O sea... ¡Que, no, que no, oye!

¿Qué quieres que te diga? Estoy muy contento.

Y te lo tengo que decir.

Pues ya lo has dicho. Mira, hijo.

Sinceramente, hemos tenido

muchas diferencias, muchas discusiones, peleas.

Ha habido momentos en que yo veía que había puntos

que eran irreconciliables.

Y ahora, no.

¿Qué quieres que te diga?

Me siento muy orgulloso de ser tu padre.

Adela, no. ¿Qué pasa?

Se va a poner a llorar.

Eso sí que no, por favor, mamá.

(RÍE)

¿Y a tu padre no le das un beso?

No, que pinchas.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Una cosa sí me escama. Que Germán haya renunciado

a lo de las cestas sin presentar batalla...

Dime la verdad. ¿Cómo lo has conseguido?

Hablando con él, solo hablando con él.

Está empezando a sentar cabeza. Sí, sí, muy bonito.

Pero hasta ahora estabais todo el día de bronca

y de repente, sois uña y carne.

Algo habrás hecho para convencerle.

Y no me digas que no, que conozco tus métodos.

El único método que he utilizado ha sido la negociación.

Le he dicho que la idea me parece buena,

pero no es el momento y lo ha entendido.

Y le he adelantado un dinerito. Ah, bueno, el palo y la zanahoria.

¿Te parece mal?

No, ya te he dicho que estoy encantada

de veros a partir un piñón. Menos dolores de cabeza.

(Mensaje de móvil)

¿Qué pasa?

Mi padre, que se ha ido a Comillas a ver a Valeria.

¡Jolines, pues ya le ha dado fuerte!

Pero él tiene que quedarse esta tarde en el puesto.

Claro, de ahí el mensaje.

Para que lo sustituyas. Me viene fatal.

Tú verás.

Esto es lo que tiene casarse con un De la Cruz,

que te comes los marrones de todos.

Ve pensando en contratar a un mozo más.

Porque yo tengo que echar más horas en la droguería.

Sí, hombre, tu caprichito de montar otra empresa

me va a costar dinero a mí.

No, no, a los dos.

Huy, está... ¡Mmm, qué buena pinta!

-Sí, tiene muy buena pinta.

Pero esta la pago yo.

-Que no, tío, que estás en el paro, pago yo.

-Aunque sea un parado, me puedo marcar un punto contigo.

Venga, anda, sírvete.

-No, sírvete tú. -Que no, cuelga tú.

-¡Uuu, me estás poniendo muy nerviosa!

-¿Yo? -Sí, sí, tú.

He hablado con mi jefe y si quieres, te hace una entrevista.

-¿En serio?

Tía, qué guay. Muchas gracias.

-Nada. -A ver si hay suerte.

Bueno, a ver si hay suerte y Samu no se entera.

-¿Por qué dices eso?

-Porque no me extrañaría que intentara joderme este curro.

-No te pases con él, está picado por lo de la pasta.

Se le va a pasar, sois colegas.

-Éramos colegas, que es distinto.

Mira, Carla, del tema de la pasta prefiero no hablar.

-Bueno, va, sé un poquito más positivo.

Fuera de aquí la gente no sabe que pillaste la pasta de la caja.

Céntrate en dar buena impresión en la entrevista y ya está.

-Esa es otra movida.

No he hecho una entrevista en mi vida.

-¿Qué? -Te lo juro.

Y fijo que la lío pardísima.

-¿Nunca has buscado curro?

-No, cuando me contrataron en la carnicería,

me conocían de toda la vida.

No tuve que impresionar a nadie.

-Impresionar tampoco es la idea.

Lo importante es que te conozcan,

que eres de fiar, que eres un currante.

-Lo que te digo, eso las Pachecas lo conocían de mí.

Y Rosa, igual, en el bar.

-Vale, no te preocupes, vamos a ensayar la entrevista.

Primera pregunta.

(RÍEN)

¿Qué te atrajo de este puesto?

-Eh...

¿Sueldo?

-No cuela. Me juego lo que quieras

a que el sueldo de este puesto es una chusta,

pero da igual, mejor eso que nada.

-A ver, dispara otra vez. -Vale.

-¿Qué te atrajo de este curro?

(JONATHAN RÍE)

Mm...

Mi...mi amiga Carla

trabaja con vosotros.

-Eso está bien, pero les va a molar más

que digas algo rollo: "Me atrajo el equipo humano".

A ellos les mola mucho que digas todo el rollo

de qué puedes aportar a la empresa,

que admiras mucho la forma que tienen de currar.

Bla, bla, bla. ¿Sabes?

-Jo, tía, sí que controlas.

-Es que no sabes la de entrevistas que he tenido que hacer.

Venga, va, otra pregunta.

Según tu opinión, ¿por qué eres adecuado para el curro?

-¿Qué pasa, de qué habláis?

-¿Quieres pizza? -No.

-Hablamos de nuestras cosas.

-¿Qué cosas tenéis? -Las que no te importan.

No tienen que ver contigo.

-¿Estás seguro? -Sí.

-No discutáis. -Yo no discuto con este.

-Yo tampoco tengo nada que discutir. -Eres un bocazas.

-¿Me acabas de llamar bocazas?

Mira, Samuelito, contrólate,

que te la estás jugando, hermano.

-Yo no soy tu hermano.

-Contrólate, Samuel. -¿O qué?

-¡Bueno, vale ya! -¿Me vas a pegar?

-Mira, Carla, me voy.

-No hemos terminado. -Se me ha quitado el hambre.

-Quédate, por favor. -No, me voy.

Porque como me quede, voy a decir cosas

de las que a lo mejor me arrepiento. ¿Lo pillas?

Te dejo la pasta.

-Esto es un asco, tío, yo no os entiendo.

-No sabe lo que dice, es un fantasma.

Aquí tienes.

-Gracias, Lorena.

¿Te pongo alguna cosa?

-Solo he venido a recoger a Rosa.

-Pues no está, ha salido a un recado.

-No hace falta que me des conversación.

Ya espero tranquilamente leyendo el periódico.

-Ya sé que no necesitas una niñera.

Quiero hablar contigo.

-Aquí me tienes.

-Tenemos una conversación pendiente.

-Tú dirás, soy todo oídos.

-Mira que la he aplazado, que me decía a mí misma:

"Lore, espera un poco, Nacho no puede ser tan capullo".

Pero han ido pasando los días y, por desgracia,

me he dado cuenta de que mi intuición era buena.

-¿Y qué intuición es esa?

Porque viniendo de ti me espero cualquier cosa.

-Eres un mal bicho, Nacho.

Eres un tío peligroso.

-¿Qué te has tomado, a cuenta de qué me sales con esto?

-Eres basura, eres una mala persona.

Desde que conociste a mi hermana,

te has dedicado a anularla y a manipularla.

Y a tu hija también le haces la vida imposible.

No me extraña que se fuera.

-¡Anda ya, Lorena!

Qué imaginación tan calenturienta has tenido siempre.

Cómo te gusta el drama.

Pero esta vez te estás pasando un par de pueblos.

-Tus tretas ya no funcionan conmigo.

-¿Qué dices, estás chalada?

-Y mira que casi me engañas.

Me manipulaste para que no le contara

cómo habían sido las cosas con Noa.

Pero no me la vuelves a dar. -Para el carro, guapa.

Callaste porque te dio la gana

y porque se lo prometiste a mi hija.

No vuelques sobre mí tu mala conciencia.

Tú solita tomaste la decisión.

-Ya sabía que me ibas a contestar eso.

Pero me he sentado aquí para decirte

que yo ya no me creo tus mentiras.

Qué buenas las hacen aquí.

Hasta frías están buenas. ¿Dónde vas?

Todavía tienes un rato.

-Si estamos en este plan, yo paso.

Cuando se te haya pasado y me cuentes lo que te pasa,

me pegas un toque. -No es tan difícil.

Eres mi novia y estás siempre de su parte.

-¡Jonathan es tu colega antes que yo, tu novia!

Me parece ridículo que estéis así por una cagada que ha hecho.

-¿Una cagada? -Sí, la ha cagado, es verdad.

Pero en la vida hay que dar segundas oportunidades.

-¿Sí, estás segura? -¿No lo crees?

-Lo dices porque a lo mejor no te afecta.

-Claro que me afecta. Jonathan es mi colega también.

Además, ayer estrenamos nuestro piso y parece que no te haga ilusión.

-Claro que me hace ilusión.

-Si yo la cagara, me gustaría tener otra oportunidad.

-Si yo hiciese algo que te doliera, como ocultarte algo

por una buena razón, ¿me perdonarías?

-A lo mejor sí. -Pues yo te digo que no.

¿A que esto es cosa del pánfilo ese

con el que andas enredada ahora?

-Jorge no tiene nada que ver con esto.

Eres tan machista que piensas que todas las mujeres

necesitamos un hombre al lado para que piense por nosotras.

-Jorge te ha metido estas ideas en la cabeza, como si lo viera.

Es un encantador de serpientes.

Para sentirse el rey del gallinero necesita despreciar a los demás.

-Te estás describiendo a ti mismo.

Eres un narcisista.

Te pasas la vida aprovechándote de todo el que tienes alrededor.

Y machacándonos.

Sobre todo, si somos mujeres.

-Ya estamos otra vez con la retahíla de reproches.

¿Es así como estás poniendo a Noa y a Rosa en mi contra?

-Para eso ya te bastas y te sobras solito.

A Rosa la tienes engañada, pero con Noa no vas a poder.

-Ten cuidado con lo que dices.

-Vaya.

Ya salió el auténtico Nacho.

¿Me estás amenazando?

-Te estoy avisando.

Ten mucho cuidado.

Por muy familia que seamos,

si te tengo que parar los pies,

te los pararé.

A ti y a tu amiguito el chef,

que anda por ahí desacreditándome.

-Aquí el único que se dedica a desacreditar eres tú.

Y ya me da igual si boicoteaste la muestra culinaria.

-Pues claro que te da igual, porque yo no fui.

Y esa muestra no es más que un montaje

de ese imbécil para impresionaros a Rosa y a ti.

Ahora te tiene comido el tarro.

Pero algún día te darás cuenta de que ese solo va a lo suyo.

¿Y a quién recurrirás entonces?

A la familia, como siempre que metes la pata.

-Estoy a esto de que todo el mundo vea la clase de persona que eres.

De momento, lo sabe Jorge, lo sabe tu hija y lo sé yo.

Pero queda tan poco para que mi hermana se entere.

Y eso es lo que más me importa.

Tu abuelo no puede venir al puesto y yo no puedo ocuparme.

Vaya, pues qué marrón.

La que está fija eres tú, el abuelo solo echa una mano.

Bueno, poca mano. Cuando le da la gana,

me deja en la estacada. Y a las pruebas me remito.

Necesito que me pases las facturas y los albaranes

para ponerme con la contabilidad.

Eso lo acumulo y al final del trimestre se lo paso al gestor.

Bueno, pero me mandas una copia. Por favor.

Estamos bajando las ventas y quiero saber por qué.

¿Ahora tú también me vas a fiscalizar?

No, mamá, solo hay que estar encima.

Eso es lo que digo yo con la droguería.

Quiero pasarme por ahí todos los días

y no voy a poder atender el puesto como antes.

¿Y si el abuelo no puede?

Ya he dicho que necesitamos otro mozo.

¿Perdona? Sí, alguien fijo.

Con tu abuelo, desde que está con Valeria, no podemos contar.

¿Tú sabes la de pasta que vale eso?

¿De dónde sacamos una persona de confianza para dejarla sola?

Yo he empezado un negocio con una nueva socia.

Si quiero que prospere, tendré que echarle horas.

La única que sabe vender soy yo.

No sé de dónde te ha salido lo de los jabones eco.

Primero me haces una auditoría y ahora me pones en duda.

No, yo solo digo que no le veo futuro.

Otro que se cree muy listo.

Tú sabrás, yo confío en ti a muerte.

Pues claro que sabré y tú busca un dependiente.

De acuerdo, pero no será rápido.

Encontrar a una persona no es fácil.

Tampoco necesitamos un ingeniero nuclear para vender kiwis.

La gente no solo viene al puesto por el producto, viene por el trato.

Si el abuelo se va apartando, normal, se hace mayor,

prescindir de ti es muy kamikaze, las ventas van a bajar.

Ya, a ti tu padre te ha dado una masterclass.

A mí no me hagas la pelota.

Que nadie es imprescindible y yo tampoco.

A mí me pareces fundamental. Germán.

Cuando tu madre, que te ha salvado tantas veces el culo,

te pide ayuda, haz el favor de callarte y apoyarme.

Te apoyo y a muerte.

Solo digo que no es el mejor momento

y que lo podías dejar para más adelante.

Es que me parece mentira. Con lo mal que te has llevado

con tu padre y lo mucho que te pareces.

A ver, que se acabó la discusión.

No te estoy consultando, te estoy informando

de que necesito ayuda en el puesto.

Así que ponte las pilas.

¿Mm? Vale.

Acompáñame a la frutería.

No, voy a por una Tónica. ¡Huy, qué saludable!

Bueno, yo voy a vender fruta.

Pero no eches en saco roto lo de contratar a alguien.

Lo valoraré.

No sé, igual me he pasado un poco.

Qué va, mi padre sabe cómo cabrear a cualquiera.

No te sientas mal, se lo merecía.

No, tenía que haberme quedado callado.

Sobre todo, por tu madre, es buena tía.

No se merecía comerse una bronca así.

De buena, es tonta.

Yo flipo cómo no se da cuenta de con quién está casada.

Ya. -Hola, prima.

¿Me pones una Tónica? -Claro.

-¿Qué tal va el vídeo?

Ya lo hemos entregado al Ayuntamiento.

¡Qué máquinas! Os habéis dado mucha prisa.

Esta semana había reunión de presupuestos.

Queremos que reconsideren lo de la cubierta.

-Flipas cómo ha quedado, te va a encantar.

-Seguro. -Bueno, a ver.

No es un vídeo profesional.

Refleja perfectamente lo que pretendíamos.

El mercado tiene una historia hecha por personas.

Y si nos dejan sin mercado, nos arruinan la vida.

Creo que le va a gustar. Al menos, le hará recapacitar.

Una imagen auténtica es más impactante.

-Os veo demasiado optimistas.

Tened cuidado, porque luego el batacazo duele más.

-Pero si a ti la idea te parecía bien.

-Sí, pero dudo mucho que nos vayan a dar la ayuda por el vídeo.

¿Por qué dices eso? Veréis.

He pasado por el centro de mayores.

He hablado con un trabajador.

Ellos solicitan esa ayuda todos los años

para hacer arreglos, actividades

y nunca se la conceden.

-A lo mejor no la necesitan tanto.

-¿No se la van a dar a unos viejecitos

y nos la van a dar a nosotros?

Que por cierto, les hemos intentado tangar en el primer presupuesto.

Yo prefiero ser positivo. Prefiero creer.

Este mercado da de comer a mucha gente.

No me refiero solo a los clientes.

¿Y tú cómo lo ves, Germán, tengo razón o no?

-No lo sé, tía, pero podrías llamar al Ayuntamiento y sondear un poco.

-¿Llamar yo?

-Has sido presidenta de la Asociación de Comerciantes.

Fijo que conoces a más de un funcionario.

-Sí, conozco a mucha gente.

Otra cosa es que me quieran dar información privilegiada.

-Tú llama.

A ver cómo les ha caído el vídeo. No perdemos nada.

Sí, estaría bien saber cómo respiran. ¿No?

-Sí, sí. Germán tiene razón, mamá, llama.

-Pues mira, sí, les voy a llamar.

Hola, Carla. -Hola.

¿Quieres el agua? -No, luego lo limpio.

-A ver cuándo venís tú y Carmen al pisito a verlo.

A ver, es enano, pero podríamos organizar una cenita.

Mientras estemos los cuatro, cabemos.

Solo tenemos cuatro sillas. Cinco, con la de Samu.

Me haría mucha ilusión que vinierais.

-Gracias, pero igual es mejor dejarlo para más adelante.

-Claro. -Hasta ahora.

Eh...escucha, es que...

Samu, últimamente, está cabreado con todos

y está muy raro conmigo.

Me sabe muy mal que tú y él todavía estéis enfadados.

Pero no sé.

No es por mi culpa, ¿verdad? -¡Tranquila, no lo es!

-Ya.

Es que no sé, no quiere contarme nada.

Algo gordo ha tenido que pasar.

-Si él no quiere contártelo, yo tampoco debo, Carla.

En cualquier caso, son cosas nuestras,

cosas de familia, no te preocupes.

-Ya, pero es que me duele porque tendríamos que estar contentos.

Nos hemos ido a vivir juntos

y es como para estar todo el rato de subidón,

pero está mal contigo, con Jonathan y no entiendo nada.

-No te agobies, no tiene que ver contigo.

-Esto me cuesta creerlo, la verdad.

Todo iba fenomenal hasta que decidimos vivir juntos

y ahora está todo el día de mala leche.

-Se le pasará, hazme caso.

Tarde o temprano hablaremos y lo arreglaremos.

De todas formas, es normal que haya tensión entre padres e hijos.

-Sí, eso espero.

Eh...

Hay otra cosa que te quiero preguntar.

-Dime.

-Es sobre Jonathan y el dinero.

Samu me ha dicho que ha metido la mano en la caja

y que por eso ya no curra con vosotros.

-Verás, no es fácil.

Madre mía, lo que me ha costado hablar con esta mujer.

Me han pasado con siete departamentos.

-¿Y qué te han dicho?

-Que han recibido el vídeo y que lo han visto.

¿Y les ha gustado?

Mal no les ha parecido.

-Me estás poniendo nerviosa. ¿Podrías ser más clara?

-Ha escuchado una conversación de los concejales

y uno de ellos estaba impresionado y nos ha defendido.

¿Nos defendía, en serio? Sí.

Decía que entendía que hubiésemos inflado los presupuestos

porque estábamos desesperados.

-¿Y los otros concejales cómo lo veían?

-No lo sé, pero parece ser que los estaba convenciendo.

¿Se van a replantear lo de la ayuda para el tejado?

Ella no me lo ha asegurado.

Pero por lo menos se lo están pensando.

-Se empieza arreglando el tejado y acabamos salvando el mercado.

Os dije que el vídeo les iba a gustar.

Esto hay que celebrarlo.

-Bueno, tranquilos, que ya os veo. No os adelantéis.

-Mamá, no seas cortarrollos.

Voy a por vino y brindamos. Que corra el vino.

(ROSA) Bueno.

(SUSPIRA)

Ya sé que lo que ha hecho es muy fuerte.

No sé, igual hablando con Carmen puede recuperar su puesto.

-¿Te lo ha pedido Jonathan? -No, es cosa mía.

Me sabe mal que por un error ahora se vea en el paro.

Le gustaba mucho este curro y lo hizo por necesidad.

-Cuando alguien al que se lo das todo te roba...

-Está muy arrepentido y lo hizo por su hermana.

-A mí no tienes que convencerme. Sé que es un buen chaval.

Eso lo sé.

Además, de hecho, ha empezado a devolvernos el dinero.

-¿Sí? No lo sabía.

-Es que él es un chico muy discreto, muy humilde.

-Sí. -Y ha dicho que...

Que nos dará el resto cuando tenga trabajo.

-¿Carmen se está planteando volverle a coger?

-Eso ya es otro tema.

Carmen una cosa así no la perdona tan fácilmente.

Le cuesta trabajo volver a confiar.

Es mejor que le demos tiempo.

Es mejor que ni tú ni yo nos metamos en esto.

-¿Samu sabe que Jonathan está devolviendo el dinero?

-Lo sabe.

-Pues entonces no entiendo por qué están todavía enfadados.

Son como hermanos.

-Porque mi hijo es orgulloso.

Le cuesta perdonar cuando se siente herido.

-Ya, pues qué pena.

Porque el rencor solo trae disgustos.

-Carla, te dejo, que tengo mucho lío hoy.

-Vale.

¡Oh!

Toma.

¿Qué es?

Son muestras de los geles y las cremas.

¡Ah! ¿Son para que las probemos nosotras?

Sí, y para que se las regalemos a los clientes.

Así conseguimos que vuelvan.

No, no, no.

Tienes que tener un montón de trabajo.

Que no me cuesta nada.

¿Sabes lo que pasa? Ahí iba a colocar otras cosas.

¿Y dónde pensabas colocar las muestras?

Deberían estar a la vista, ¿no?

Sí, lo que pasa es que ahí pongo

las cosas que más se venden para que destaquen.

Ah.

Perdona, Celia.

Estoy tan acostumbrada a funcionar a mi aire

que he entrado como una apisonadora.

Tu criterio me enriquece.

Si me paso de mandona, dímelo, con toda confianza.

Es mejor hablarlo. No te preocupes.

No quiero empezar con mal pie por tonterías.

Para que el negocio vaya bien, debemos tener comunicación.

Totalmente de acuerdo.

Le he dicho a mi hijo que busque a alguien para la frutería.

Quiero venir aquí todos los días unas horitas.

¿Crees que hay trabajo para las dos?

Mujer, yo creo que un negocio como este

depende mucho del trato personalizado a los clientes.

Entre dos se atiende mejor.

Ya, pero me da miedo que desatiendas la frutería

y estemos aquí viéndolas venir.

En el peor de los casos, podemos repartirnos la jornada.

Llevar un negocio sola es muy esclavo, yo lo sé.

Sí, eso es verdad.

Si hoy tuviera la tarde libre, me iba a ver a mi hijo.

¿Está con la abuela?

Sí, hasta que yo esté mejor.

Si ya estás bien, mujer.

Sí, ya no tengo ansiedad.

Pues venga, vete a buscarle.

Sí, hombre, ahora.

Que sí, que me encargo yo. Tengo al mozo en la frutería.

Lo que tienes que hacer es coger a tu hijo y llevártelo a tu casa.

Ya le hecho un ojo a los dos puestos.

Por la tarde no hay movimiento.

¿Tú estás segura? Que sí, mujer. Venga, corre.

¿Segura?

Que sí, venga.

Ay, Adela, gracias.

Muchas gracias. Adiós.

Hasta luego, chicos. Chao.

Va con prisas.

Parece que el vídeo les ha gustado.

Se van a replantear lo de la reforma de la cubierta.

Qué bien, no sabes cuánto me alegro

de que el Ayuntamiento haya reaccionado positivamente.

Sí, nos hacía falta una buena noticia, que llevamos una racha...

Aunque debo decirte que tu mujer fácil no lo ha puesto.

Es que Carmen ha tenido unos días complicados.

Supongo que por eso lo vería todo negro.

Pero ¿va todo bien en casa? Sí, cosas sin importancia.

Ya sabes cómo es la convivencia, tiene que haber de todo.

¿Me das un segundito? Claro.

Dime, Carolina.

¿Una hernia?

Sí, el Clínico, sí, sí.

Vale, gracias por avisar.

¿Malas noticias?

Mi hijo Marcos, le están operando de urgencia.

¿Te vas para el hospital o qué?

Sí, no le quiero fallar ahora que volvemos a tener buena relación.

¿Te importa quedarte con el puesto? Cerrarlo da mala imagen.

No puedo, Jorge, que tengo un lío...

Vienen los de mantenimiento y tengo que atenderles.

Ya veo cómo me las arreglo.

Y me voy, que me estarán esperando.

Que no sea nada lo del chico. Gracias.

Lorena, ¿tienes un minuto? Sí.

¿Te importaría quedarte un momento en el puesto?

Me ha surgido un imprevisto. Sí, Noa está en el bar.

No sabes cómo te lo agradezco. ¿Todo bien?

Sí, resuelvo un tema y vuelvo. Vale, vale, corre.

Yo me ocupo de esto, no te preocupes.

De verdad, te debo la vida.

Ya me lo cobraré. Hecho. Chao.

No soporto que estén así después de tantos años.

-No sé.

¿No hay manera de que se perdonen?

-Ojalá.

Pero es que cuando están juntos, saltan chispas, de verdad.

-Es heavy, tía.

Les conozco desde hace muchísimos años

y siempre se han llevado como hermanos.

No me cuadra que se peleen así.

-Aquí, en medio, sin saber qué hacer.

-Tampoco me imagino a Jonathan pillando pasta de la caja.

-Ya.

-Y a él te aseguro que lo conozco perfectamente.

Es mi mejor amigo.

Bueno.

Tuvimos un lío en el pasado.

-¿Qué dices?

-¿No lo sabías?

-No. -Bueno, no fue importante.

(CARLA SUSPIRA)

No sé, tía.

A ver si se te ocurre algo para hacer que se perdonen.

-No sé.

Es que a veces es mejor no meterse.

-Ya.

No sé.

Es que, encima, Jonathan quiere devolver el dinero.

Y Samu está haciendo como que no se entera.

Pasa de él. -Yo no diría que pasa.

El zapatero estaba buscando a alguien para currar

y me dijo que Samu recomendó a Jonathan.

-¿Qué dices? No me ha dicho nada.

-Samu ahora intentará hacerse el duro.

Pero, en el fondo, Jonathan es Jonathan.

-¿Tú crees que se pueden arreglar?

-No sé.

Depende de si realmente quieren.

-Lo que habría que hacer es juntarles

para hacer que hablen sí o sí.

¿Sabes?

-¿Cómo, en plan encerrona?

-¿Por qué no?

-Desastre.

-O puede ir muy bien.

Aquí te dejo un par de currículos

y si se los puedes entregar a clientes o conocidos,

me haces un favor, ¿vale? Gracias.

-¿Qué tal, Jonathan, cómo vas?

-No te esfuerces, no tienes obligación de quedar bien.

-Acompáñame, que tengo que entregar unos papeles.

Jonathan, yo no te lo digo por quedar bien,

sino porque me preocupo por ti.

-No te preocupes tanto, que ya me las apaño yo solito.

¿Qué pasa, que tu hijo te ha ido con el cuento?

-No sé de qué me hablas. -Ya.

-Samuel y yo no pasamos por el mejor momento.

Hablamos poco. Sobre todo, él a mí.

-¿No te ha contado que le di un ultimátum?

¿Que o le contaba él la verdad a Carla o se la contaba yo?

-Cuando te digo que apenas hablamos, no exagero.

-Pues no me da ninguna pena. Estoy hasta las narices

de que me enmarronéis con vuestras movidas.

No solo me quedo sin curro, sino que tengo que aguantar

que Samuel diga que soy un chorizo.

-Eso no es así. -¿Cómo que no?

-No. -Pregúntaselo a Carla.

-Ya he hablado con ella y no tienes que preocuparte.

-¿Cómo no me voy a preocupar? Piensan que soy un ladrón.

-Le he contado que piensas devolvernos el dinero.

Ella te defiende.

-Ya. -Te aprecia.

-Samuel la manipula y la pone contra mí.

Tu hijo, con tal de quedar bien, le da igual todo.

-Yo no creo que la manipule, de verdad.

Se han ido a vivir juntos, es normal que hayan hablado.

Ella está molesta porque estáis distanciados.

-¿Ahora que conoce la verdad sobre el accidente,

se van a vivir juntos, para qué?

¿Para qué, para controlarla, para manipularla?

Estoy hasta las narices del rollito que se trae.

-Samuel no quiere controlarla, no es ese tipo de hombre.

Tú lo conoces perfectamente, eres su amigo.

-Manipularla, mentir, controlarla, me da lo mismo.

Antes éramos colegas y por eso le defendía y le protegía.

Pero ha pasado de mí como de la mierda.

-Ten paciencia, todo llegará.

Él tampoco está pasando por un momento fácil.

-Es un egoísta y siempre lo ha sido.

Le da igual que los demás estemos hechos mierda.

Le dices de mi parte que le den.

-Yo entiendo que estés molesto, de verdad.

Pero Samuel quiere a Carla.

Se han ido a vivir juntos como cualquier pareja.

-¿Y no es una estupidez, una relación basada en una mentira

como este mercado de grande no es una estupidez?

-Él es consciente y estuvo a punto de decirle la verdad.

De cargar con las consecuencias.

Estaba convencido. Su madre y yo no queríamos.

Si no lo hizo, es porque no pudo hacerlo.

-No pudo, ¿no? -No pudo.

-Pobrecito, ¿verdad? Pobrecito, pobre Samuel.

-Su abuela le convenció. -Ninguno pensáis en Carla.

Si se entera, le vais a arruinar la vida.

-No removamos más el pasado, de verdad.

Bastante hemos sufrido ya todos.

-Ya, pero esto no se puede tapar para siempre.

-Depende de nosotros.

Acuérdate de cómo era Carla cuando llegó.

Una chica triste, sin ilusión, y ahora está alegre,

llena de ilusiones.

No la amarguemos más. Por favor.

Por favor.

Conste que te lo dije. Sí, es verdad.

Y te pareció una estupidez. Sí, llevabas razón.

Tocar la fibra sensiblera de los funcionarios ha funcionado.

Sobre todo, la de los concejales.

Todo lo que pueda dañar la imagen del Ayuntamiento

les hace reaccionar así.

Los políticos ya sabes cómo son. No los nombres, que me enveneno.

¿Qué vamos a hacer ahora?

No lo sé, Germán, no lo sé.

Hay que parar esa obra como sea.

Está complicado, ¿eh?

Tiene que haber otra forma de ponerles trabas,

de que no consigan renovar.

Tengo una idea. ¿Te acuerdas de lo que dijo la tía Rosa?

¿El qué?

Igual es una tontería. Dímelo.

Habló del centro de mayores,

que nunca les dan las ayudas que piden al Ayuntamiento.

Si la prensa se entera de que el Ayuntamiento está ayudando

a comerciantes y los financia y deja tirados a los mayores...

Eso no suena mal.

Eso no es ninguna tontería.

El Ayuntamiento da dinero a empresarios

y desatiende a los ancianitos. Es un escándalo.

Cualquier concejal recularía si la prensa se echara encima.

¿Tú dónde has aprendido a pensar así?

¿Yo? En casa, viendo al abuelo.

Qué gracioso eres.

Tiene más mala leche que tú.

Pues los tres compartimos genes, de ahí has sacado esa astucia.

Los genes y las series de televisión que veo.

Para que digas que no sirve estar pegado a la pantalla.

De todas formas, a tu plan le falta algo muy importante.

Un periodista que trabaje en un medio potente.

Eso no es ningún problema.

Tengo un amigo que tiene un programa de radio.

Le pido ayuda y listo.

¿Cómo de amigo es, de qué lo conoces?

No, no me lo cuentes, no quiero saberlo.

Dime simplemente, ¿es de fiar?

Totalmente.

Es bueno afianzar esa amistad con un regalito.

La gente funciona mejor por dinero que por amor a la verdad.

Creo que podemos añadir otra cosa para hacer más chungo al mercado.

A ver, cuéntame, Maquiavelo.

Lo del chanchullo del arquitecto por el que se pararon las obras.

Eso haría más polémica la ayuda.

No creo que el Ayuntamiento lo pase por alto.

Lo que yo te digo, Rasputín y Maquiavelo juntos.

¿Has pensado en dedicarte a la política?

Escucha, papá, en serio.

¿Tú eres consciente de lo que pasaría

si eso se hace público?

A lo mejor se saben cosas que no te interesa que se sepan.

Soy consciente, hijo.

Yo fui el que creó ese chanchullo con el arquitecto.

¿Y estás dispuesto?

No te he contado que tengo una socia.

Así ya no voy a tener que hacer frente yo sola a la tienda.

¿Qué te parece?

Es Adela, la de la frutería, tiene mucha experiencia.

Me ha pasado todas estas muestras para que las pruebe.

Son de productos ecológicos. ¿Quieres verlas?

No la abras. ¿Por qué no?

Si la abres, ya no se puede vender.

Ya, cariño, pero las muestras sirven para esto.

Para regalarlas a los clientes.

Además, si no las probamos, no sabemos qué estamos vendiendo.

Uf, mira qué bien huele.

Como está hecha con productos ecológicos...

¿Ecológicos o biológicos?

Es lo mismo, ¿no?

No. ¿Y me lo dices ahora?

No me has preguntado.

Me lo vas a tener que explicar.

¿Has visto cómo te necesito, cariño?

Si hacemos un gran equipo.

David.

Quería decirte que estos días he estado

un poco, no sé cómo decirte...

Errática, dispersa, desordenada.

Sí, todo eso.

Supongo que sin quererlo,

te he presionado más de lo que eres capaz de asumir.

No debí contarte lo del ataque de ansiedad.

Quizá me sentía un poquito sola.

Eres lo único que tengo, mi vida.

De verdad que siento mucho haberte alterado.

Pero a veces las personas, sobre todo, los neurotípicos,

nos equivocamos y queremos arreglar las cosas

en el momento para evitar un mal mayor.

Eso pasa cuando tomas decisiones sin tener en cuenta la estadística.

Si me hubieras preguntado, te habría dado datos.

Seguro que hay estudios sobre el mejor momento del día

para dar una mala noticia. Seguro.

Si quieres, lo miro. No, no, cariño.

Pero te lo agradezco para la próxima.

Entonces me voy a mi cuarto. No, no, espera un momento.

Quería decirte una cosa importante.

Y quiero que te la grabes en la cabeza.

Yo no soy como papá.

No, claro, tú eres una mujer. No, no me refiero al físico.

Me refiero a lo demás.

En muchas cosas soy peor que tu padre y ya lo sabes.

Pero por mucho que me equivoque

y por mucho que no me salgan las cosas,

no te voy a dejar solo nunca.

¿Lo entiendes?

Sí.

Yo no abandono, David. No es mi carácter.

Y voy a estar contigo siempre, pase lo que pase.

¿Te queda claro?

Es buena.

Creo que se venderá bien.

Cuando lleguen a Hamburgo, les va a saber más rico.

Y acuérdense, el embutido ibérico,

a temperatura ambiente.

"Vielen danke und gute Reise".

¡Ah!

¿Perdona?

¿Y eso qué significa?

Muchas gracias y buen viaje.

¿Hablas alemán? No, chapurreo.

Me hago siempre lío con el acusativo, el dativo.

Mira que estuve un año viviendo en Berlín.

Parece que te han entendido perfectamente.

Buena compra, iban cargados de bolsas.

Sí, una que sabe seducir a sus clientes.

Te has hecho rapidito con el puesto.

Por cierto, he acabado con el Albariño.

No sé si te queda o tienes que pedir más.

¿Se puede saber qué has hecho para vender todas las botellas?

Pues nada, lo que hay que hacer,

ponerle creatividad, ganas.

Había una botella fría, he sacado una copita,

la he dado a probar y se han acabado las existencias.

Vale, pues no sé cómo darte las gracias.

Me sacas de un apuro, me haces la caja de la semana.

Por favor, no te vayas nunca. ¿Qué tal tus gestiones?

Sí, sí, está todo perfecto.

(SUSPIRA)

Te iba a soltar un rollo, pero te digo la verdad y acabamos antes.

Han operado a mi hijo de urgencia.

¿No me digas, está bien? Sí, sí.

Está bien, se ha quedado con mi exmujer

y mañana le dan el alta.

Ah, buenísimo, me alegro mucho.

¿Y no vas a preguntarme por qué no te lo he contado antes?

¿Que no me has contado qué, que tienes una vida anterior?

Lo raro sería que no la tuvieras. Ya, ya.

Quiero decir, que mi hijo Marcos es mayor, no es un niño.

Jorge, no me tienes que dar explicaciones.

No, pero hay mujeres a las que no les gusta salir con...

Y hay hombres a los que no les gusta...

Sí, porque lo ven con una carga. Tranquilo, Jorge.

Sé perfectamente que me estás contando esto

porque notas que lo nuestro va muy en serio.

Ya.

Bueno, no sé.

No, no, ya lo has dicho. Ya lo has dicho.

Pues sí, ya lo he dicho. Ahora me voy.

Lo has dicho. Sí.

Lo he oído. Sí.

Hola.

Lorena me ha dicho que has pasado por el bar para buscarme.

¿Por qué no me has esperado?

-Estabas liada.

-No, solo he salido a hacer un recado, pero he vuelto enseguida.

-No me gusta estar de más.

No quiero que tu hermana piense que voy a vigilarla.

-¿Te pasa algo?

¿Estás otra vez mal con el estómago?

-No. -¿Seguro?

Nacho, que nos vamos al médico inmediatamente.

No te lo calles, como la vez que salí y te pusiste tan malo.

-Que no, que del estómago estoy bien.

-¿Entonces, por qué estás así?

-Da igual, de verdad, no te agobies.

-He hecho algo que te ha molestado.

-Que no, que no. No sé qué ganas sabiéndolo.

-Por favor, esto no es una cosa de ganar o perder.

Estamos aquí para ayudarnos.

Si tienes una preocupación, a mí me gustaría conocerla.

-La gente hace cosas muy sucias.

Una persona inocente

y pura como tú es mejor que no sepa.

-Me estoy empezando a preocupar. ¿Me lo cuentas?

Por favor.

-Es tu hermana Lorena. -¡Adiós!

¿La ha vuelto a liar?

-Me tiene preocupado. -¿Por qué?

Yo ahora la veo muy centrada.

-A mí me parece la misma de siempre. -Que no, Nacho.

Está trabajando como la que más.

-Ojalá el tema fuera ese.

-¿Y cuál es el tema?

Bueno, pues tú dirás.

Pues mira, hijo.

He estado pensando en el tema de la radio.

Yo creo que va a ser mejor que ocultemos

lo de mi chanchullo con el arquitecto

y nos centremos en los jubilados.

A ver, papá, aunque nosotros lo escondamos,

se va a saber, mi amigo es periodista.

Es un tema jugoso. Mucha gente está al tanto.

Ya, pero un buen amigo se podrá controlar.

No te puedo garantizar nada. Es un riesgo que hay que correr.

Si no lo ves, dejamos el plan. Que no, hijo, que no.

No es que lo vea o lo deje de ver, hay que parar esa obra como sea.

Míralo por otro lado.

Dar mala imagen, en el fondo, te beneficia.

Nadie va a sospechar de ti si esta información te perjudica.

Sí, visto así, sí, llevas razón.

Venga, adelante, llama a tu amigo.

Vamos. Muy bien.

Has tomado la mejor decisión. Ya.

Va a salir todo de perlas, ya verás.

Te puedes ir despidiendo del puñetero tejado.

Raúl, holi.

Soy Germán.

¿Cómo estás?

Cállate.

Te quiero proponer una cosita que te va a gustar.

No, que no es eso.

Mira, Rosa, ¿cómo te lo diría yo?

Tu hermana es un virus.

Contagia su enfermedad allá por donde va.

Y lo que me da miedo es que su influencia sea dañina para ti.

Y no hablemos ya de Noa.

Y me da pánico que por su culpa acabemos distanciándonos.

-Pero ¿qué estás diciendo, Nacho? Eso es imposible.

Que no, ella no se puede interponer entre los dos.

-¿Tú crees? -Lo creo, la conozco muy bien.

Ella me quiere mucho y a Noa también.

Cariño, ella no va a hacer nada malo.

No.

-No lo sé, Rosa. Igual no la conoces tanto.

-A ver, es cierto que Lorena vive la vida a su aire,

pero de ahí a perjudicarnos...

Que no, que pongo la mano en el fuego.

-Verás.

No te lo he querido contar nunca porque sé que a una persona

sensible como tú esto le puede hacer mucho daño.

Pero tengo que hacerlo.

¿Te acuerdas de la boda de vuestro amigo Ricardo?

Fuimos hace unos años. -Sí, fuimos los cuatro.

-Tú te volviste antes con Noa porque quería irse.

-No me acordaba de eso, es verdad.

-Yo me quedé porque no me quedaba otra.

Nos comprometimos a traer a Lorena.

-Menos mal, porque esa noche se puso a beber.

-Exacto.

Me costó convencerla de que subiera al coche.

Evidentemente, estaba muy borracha y una vez en el coche,

en un momento dado...

-¿En un momento dado, qué?

¿Quieres terminar? -Que se me echó encima.

-¿Cómo, que se puso enferma? -No, Rosa.

Que intentó algo más, que quiso liarse conmigo.

-¿Contigo? -Yo le paré los pies.

La llevé a su casa y punto.

Pero fue muy incómodo, muy desagradable.

¿Qué persona intenta liarse con el marido de su hermana?

Es asqueroso solo de pensarlo.

-Nacho, ¿no pasó nada? -Claro que no.

Porque yo no quise.

Recuerdo que al poco, tu hermana decidió irse.

No sé si tuvo que ver con aquello.

Pero yo me alegré, la verdad.

Era tan desagradable tenerla cerca.

Hacía que me sintiera incómodo, sucio, no sé.

Culpable.

-¿Culpable por qué? Dices que no hiciste nada.

-Da igual, aunque no hagas nada.

Cuando alguien se sobrepasa contigo,

de alguna forma te sientes fatal contigo mismo.

Por lo menos, yo.

-¿Y has estado todo este tiempo con eso dentro, Nacho?

Ahora entiendo por qué no querías quedarte a solas con Lorena.

Lo siento tanto, mi amor.

Lo siento.

¿Cómo ha ido por aquí?

-Ha ido bien, perfectamente.

-Doménico.

Veo que no has perdido el tiempo.

Están rajando de nosotros en la radio.

Que si nos van a dar un dinero por la cara.

Que si los viejecitos, los del asilo,

están desatendidos y el dinero va para nosotros.

El chanchullo con el arquitecto.

Sé que lo que te voy a pedir es algo muy raro.

Mi matrimonio depende de que no digas nada.

¿Nada de qué?

Más bien, de que no desmientas nada.

Le he contado a Paolo que tú tienes...

Que tienes algo con Doménico.

Creo que igual estoy quedando con Lorena

para olvidarme de la rara.

Quizá estás enamorado de ella. Mi madre siempre dice

que tú no eliges el amor, sino que el amor te elige a ti.

Tu madre tiene mucha razón.

Cuanto antes habléis y os entendáis,

antes conseguiréis sacar la llave de aquí.

-No seas plasta. -Ya sabes cómo funciona.

"Good luck". -¡Carla, no espe...!

Rosa, fue una situación muy extraña, muy incómoda.

Decidí no darle importancia y olvidarla, ya está, se acabó.

-Pues a él no se le olvidó. Y te voy a decir una cosa.

Tu versión no tiene nada que ver con la suya.

-Claro, porque Nacho no tiene el menor problema

en soltar mentiras por esa boca de sapo.

-¿Y a quién tengo que creer,

a mi hermanita alcohólica, que iba borracha esa noche,

o a él, que no probó ni gota?

-Diga lo que diga, estoy condenada.

Raúl Valledor.

¿Raúl Valledor?

He estado investigando a ese tipo y estudió en el San Gregorio.

Tú estudiaste ahí también. Sí, sí.

¿Lo conoces? Sí, si iba a mi clase.

Es un trepa de cuidado.

Ya imagino. ¿Podías hablar con él y pedirle que venga al mercado?

Cuando quiera. ¿Al mercado, para qué?

Para contarle nuestra versión.

Con la reforma va a quedar espectacular.

-Ya veréis, cuando esté acabada, nos vamos a ir allí a celebrarlo.

No te precipites, que la casa es de Valeria

y le pones en un compromiso. No, compromiso ninguno.

La casa está para eso. -La casa está para tirar.

Así que menos promesas y más dinerito.

-Tranquila, que del dinero me encargo yo.

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Mercado Central - Capítulo 40

18 nov 2019

Samuel teme que Jonathan le cuente la verdad a Carla. Nicolás interviene.
Lorena y Nacho tienen un encontronazo. Lorena piensa que Rosa acabará dándole largas a su marido, pero Nacho no tiene intención de dejar que eso pase.
Jesús se ha ido a Comillas en busca de Valeria.
Elías no se fía de lo que Jorge pueda hacer para sacar adelante la reforma del mercado y pide a Germán que espíe a los comerciantes.
El plan de Jorge de mandar al ayuntamiento los testimonios de los tenderos da sus frutos.
Adela pide a Germán que busque a alguien para atender la frutería. Ella quiere centrarse con Celia en la droguería.
Celia decide ir a buscar a David para llevarlo de vuelta a casa.
Jorge le confiesa a Lorena su pasado.

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