Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 37 - ver ahora
Transcripción completa

Yo quiero que te quedes a echar una mano a Doménico.

Hoy ya tenemos una reserva para diez personas,

aparte de las habituales.

Uno no puede solo.

Y tú tienes la floristería.

No nos lo podemos permitir, de verdad.

-Vale, así lo haremos.

No te llevaré a una tasca ni debes preocuparte por el dinero.

¿Por qué? ¿Dónde vamos?

A un dos estrellas.

El cocinero fue uno de mis mejores chefs hace años

y, por primera vez, voy a tirar de influencias.

Así que prepárate para cenar rico y gratis.

Vale.

Tú no sabes lo que significa perder esta casuca para mí.

-Deja de hacerte la víctima.

-¿Por qué me hablas así?

-Te has ligado al arquitecto para darle celos a Jesús

y te ha salido mal.

Y eso pasa por manipular y mentir.

Yo ya sé el local y el tipo de negocio que quiero.

Vale.

Quiero comprarle la floristería a Cristina.

Pero ¿a ti Cristina te ha dicho que la quiere vender?

No.

Pero estoy segura

de que tú la convencerás para que me la venda.

Tú no sabes que yo... -¿Qué, qué? ¿Qué me quieres decir?

-Pues que yo...

(SUSPIRA)

Yo estoy enamorado de ti.

Hasta las trancas.

Y me muero de miedo de pensarlo.

Ahora sé perfectamente

que tú no has venido a que mire tu plan de ventas.

Qué inteligente eres.

Inteligente, no, pero listo, mucho.

Pues ya lo siento.

Siento romper tu fantasía.

Tú todavía no sabes cuál es mi fantasía.

Ni ganas.

¿Seguro? Ajá.

¿De verdad no sientes nada?

Buenos días.

Le llamo para anular el pedido de cestas

que ha realizado en Delic Fruta.

Eh... No, no, todo está en orden.

Nos hemos visto obligadas a cesar el negocio.

Sí, sí, el cierre es definitivo, sí.

Pero no se preocupe,

en unos días tendrá devuelto el importe en su tarjeta.

Eso es, muchas gracias. Que tenga un buen día. Adiós.

¿Cómo que cierras el negocio?

He visto que era inviable.

¿Y eso desde cuándo?

¿Tú tienes algo que ver?

¿Ya no se dan los buenos días? Papá no tiene nada que ver.

Elías.

Mamá, que es cosa mía.

No podía asumir los pedidos yo solo.

Bueno, pues contratas a alguien para que te ayude y ya está.

Mira tú qué problema. Ya, si solo fuera eso...

Contaba con la furgoneta de la empresa para los repartos.

Y van a tope con la fruta. Que no.

No hay manera de que puedan. No, maneras las hay.

Otra cosa es que haya voluntad.

¿No quedamos en que le ayudarías? Sí.

Y esa era la intención, pero no es el momento.

Elías, que es un negocio estupendo.

Y no me cabe ninguna duda,

pero necesita una mínima infraestructura.

Estamos hablando

de tener una furgoneta y un conductor disponible.

Que no se puede empezar la casa por el tejado.

Germán, tienes lo más importante: la materia prima y los clientes.

El Hotel Vancouver está encantado.

Y ya aparecerán más clientes.

Vale, mamá, te lo agradezco.

De verdad, muchas gracias, pero es mejor así.

Como tú veas.

Y a ti ya te vale, ¿eh?

(Puerta)

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Tú ya sabes que te esperan negocios mucho mejores.

Solo tienes que quererlo. ¿Como cuáles?

Ayudarnos a Hortuño y a mí, por ejemplo.

Que paso de vuestras mierdas de mafiosos.

Pues gracias a nuestras "mierdas de mafiosos",

como tú lo llamas,

de aquí a dos años estamos en un ático nuevo.

Me da igual, papá, que me da igual.

No haré nada para arruinar la vida de los del Mercado.

Lo has hecho una vez.

Sí, y será la última.

Da gracias que no se lo conté a mamá y al abuelo.

No lo has hecho porque no descartas volver a trabajar para nosotros.

Si no lo he hecho es porque no soy un sinvergüenza como tú.

No te vi con tantos remilgos

cuando boicoteaste la muestra gastronómica.

Así que un poco sinvergüenza sí que eres.

Ya.

A ti quizás te la suda la gente del Mercado,

que pierdan los trabajos, que se queden si nada,

pero, a mí, no.

Es que no se puede ser tan dramático, Germán, de verdad.

"Que lo pierdan todo". Que no va a ser así.

No lo perderán todo, recibirán sus compensaciones.

Ajá, y serán ridículas.

Pero ¿a quién quieres engañar, papá?

Hay que estar muy mal de la cabeza para hacer lo que hacéis.

Que te quede claro que no formaré parte de esto.

(Móvil)

(Móvil)

Sí, soy yo.

Nada, alguien muy tozudo necesita ver las cosas de otra manera.

Buenos días.

-Has llegado muy temprano.

¿Hace mucho que estás aquí?

-Desde las ocho, no podía dormir.

He decidido venir y avanzar el trabajo.

-Yo tampoco he podido pegar ojo.

Si necesitas más harina, podemos ir al almacén.

-Tengo suficiente para hoy, gracias.

¿Quieres un café? -No.

-Mmm.

Estaba pensando que esta noche podemos hacer algo,

no sé, ir a cenar a algún sitio del centro,

lejos del barrio.

-Te lo agradezco, pero no hace falta, de verdad.

-¿Esto va a ser así a partir de ahora?

-¿Así cómo?

-Como si no hubiera pasado nada.

-Claro que no, lo que ha pasado ha pasado y lo tengo muy claro.

-Y para mí ha sido muy importante.

No me metí a la ligera en el almacén.

-Y yo tampoco. -Ah.

-Pero no se puede volver a repetir.

-Ay.

Ya entiendo.

Estás hecho un lío.

-Yo no estoy hecho un lío.

Hay algo que tengo muy claro: eres la mujer de mi mejor amigo.

-Ya. Bueno, los dos lo sabíamos y nos dejamos llevar ayer, ¿no?

-Mira, no me pude controlar, pero fue un error.

-¿De verdad piensas eso?

-Solo sé que no he dormido

porque desde entonces me estoy arrepintiendo.

Ya está. -Yo le he dado muchas vueltas.

Y ocurrió lo que tenía que ocurrir.

Dime que para ti no significó nada.

-¿Nada? Al contrario, significó muchas cosas.

Significó poner en peligro mi amistad con Paolo.

Saber que quizás te estaba haciendo un daño irreparable.

Correr el riesgo de que jamás me perdonaras mi debilidad.

Todo eso significó.

-¿Y lo que sientes?

¿Qué pasa con lo que sientes, con lo que sentimos?

-No estoy seguro de que sintamos lo mismo.

-Pero ¿cómo puedes decir eso?

Para mí es importante lo que siento y tan real como lo del almacén.

¿Qué me vas a decir? ¿Que lo de ayer fue solo un revolcón?

-Lo siento si te he hecho creer otra cosa.

Las chuletas son las mismas que llevas todas las semanas.

-No me han salido igual de buenas.

-Pues ya lo siento, pero nadie ha venido a quejarse.

-Pero bueno...

-¡Ni "pero bueno" ni "pero malo"!

Si no te gusta la carnicería, te vas a otra.

Llévate esto.

Hombre. -Pero, bueno, ¿qué estás haciendo?

-Esta mujer es insoportable, de verdad.

-Pero... -No hay día que no venga a protestar.

-Es una clienta de toda la vida, no estamos para perderlas.

-Por mí, como si se opera.

-Mamá, no, ahora sales, te disculpas

y le ofreces un kilo a mitad de precio.

-Oye, pero ¿qué haces? -Me vas a escuchar.

-Devuélvemelo. -No hasta que me hagas caso.

-¡Que me lo des ya!

-¿Qué te pasa? Que estás insoportable hoy.

-(SUSPIRA)

Ay, hija, es verdad, perdóname, hija,

pero llevo toda la mañana intentando localizar a Francisco.

No hay manera. -¿Y para qué quieres hablar con él?

-Sé que es el culpable de que hayan declarado mi casa en ruinas.

-¿Y qué?

-Pues que algo tendré que hacer.

-Tiene un expediente de ruina.

Solo puedes reformar y no tienes el dinero.

Cuanto antes lo asumas, mejor.

-Que me dejes ya.

¿Y si fue una gamberrada? ¿Eh?

No sé, algún chaval que quiso hacer una gracieta.

Pues menuda gracia, ¿no?

No, está claro que fue Hortuño. Hortuño está detrás de todo esto.

Y nos hubiera venido muy bien la muestra

para dar publicidad al Mercado, atraer gente

y recaudar fondos para el tejado.

Como llueva, va a ser una gracia. Ya.

¿Sabes qué es lo peor? ¿Qué?

Que desde ahora nos costará implicar al resto de los puestos en algo

porque saben que Hortuño estará ahí, esperando,

para hundirlo todo.

-Nos la ha liado, pero bien.

-No podíamos prever una cosa así.

Además, estábamos tan concentradas con la muestra...

Ha podido ser cualquiera.

-Me hubiera encantado pillarle en el momento

para cogerle bien de los..., ¿sabes?, y...

Cuando te pones sutil...

Mmm. Mmm.

Mirando el lado positivo, las tapas salieron de maravilla.

Si queremos repetir la muestra, sabemos que saldrá bien.

-Hicimos un buen equipo.

-Claro, y podemos seguir siéndolo.

Podemos incluir las tapas de manera permanente.

Las flores de calabacín no, son caras y complejas de hacer,

pero ¿el tataki?

¿Y los montaditos de sardinas? Entrecapas.

Bueno, sí, como sea.

¿Qué dices, chef?

¿Cuándo os he dicho "no" a algo?

Pues a mí cada cinco minutos cuando cocinamos juntos.

Tú eres muy lista, ¿no?

Seguiré haciendo tortillas.

Se me da bien. Sí.

Ay, espera.

¿Cómo tienes esta noche para ir a lo del restaurante?

¿Esta noche? Ajá.

Te dije que me avisaras con tiempo.

A ver, Lorena, no depende de mí.

Les pedí que buscaran un hueco.

Hoy se les ha caído una reserva

y esperan a que les llame para que nos la guarden.

Vale, pues, vale, confírmales, confírmales.

Pero deja que me arregle, no quiero ir oliendo a fritanga.

Vale, luego confirmamos la hora. Vale.

Tendrías que empezar a llamar

a inmobiliarias. -¿Para qué?

-Para vender la casa, mama.

-Antes de venderla, me corto una mano.

-¿Y vas a dejar que la derriben y desaparezca para siempre?

-Aunque la vendiera,

está en un mal estado que nadie la va a querer comprar.

-¿Por qué no van a invertir en un sitio así?

-Pues porque la reforma es muy elevada

y eso no es negocio.

-¿Qué más da que no lo sea?

-Es que como está la casa la tendría que dar casi regalada.

-La casa está mal,

pero el terreno no ha perdido valor, que está en primera línea.

-Es que lo que yo no quiero es que construyan unos adosados.

Eso sí que no. -Pues lo especificas en el contrato.

Que se tiene que dejar el edificio. Y ya está, mama, esas cosas se hacen.

Y con el dinero que nos den reformamos el puesto y nos sobra.

-¿Que nos den?

Deja de hablar de la casa como si fuera de todos.

Que todavía no me he muerto.

-Cuando dices cosas así...

-Hay otra solución. -Ah, ¿sí? ¿Cuál es?

-Pues podíamos rehipotecar el piso y costear la reforma.

-¿Te has vuelto loca?

-Si conseguimos un buen trato, lo podemos asumir perfectamente.

-¿No rehipoteco el piso para la reforma del puesto

y lo rehipoteco por la casa de Comillas?

-Es que el piso es tan tuyo como mío.

-No voy a poner el piso en peligro por un capricho absurdo.

-¿Eh?

-¿Todo bien?

-Ahí te quedas.

-¿Quieres que hable con ella? -No, déjala.

No me hace caso, va a hacértelo a ti.

Ya se le pasará.

-¿Has visto a Samuel hoy?

-Qué va. Me he levantado y ya se había ido.

-No sabes si ha hablado ya con Carla, ¿no?

-No, ni lo sé ni quiero saberlo, la verdad.

-Le he llamado varias veces, no me lo coge.

Como no sepamos algo pronto, yo no puedo vivir así, ¿eh?

-Cuando llegue yo a casa, ya hablaré con él.

-No, Carmen, no podemos esperar.

No. -¿Y qué quieres que haga?

-Pues vete al despacho, a ver si ha venido ya, creo que sí.

Y apechuguemos con lo que haya hecho.

Sea lo que sea.

Así que esta noche toca cita, ¿eh?

Bueno, no es una cita cita, es...

Tengo un contacto que tiene un restaurante con estrellas.

Y tu hermana no conocía ese sitio.

Y he pensado que puede ser interesante llevarla, no sé.

A ver si lo entiendo.

Un hombre atractivo y soltero

invita a una mujer atractiva y soltera

a un restaurante con estrellas,

pero eso no es una cita.

Bueno, a ver, dicho así, pues sí, suena a cita, sí.

Hombre, yo creo que sí, ¿no? Pero, vamos, tú mismo.

(RÍE)

La verdad es que hacéis una buena pareja.

Eh, Rosa, a ver, pareja.

Eh... Que vamos a salir a cenar y ya está.

Dos personas que se están conociendo.

Tu hermana es muy interesante y...

Y yo no sé si le gusto igual un poquito, no sé.

Es una cena sin importancia.

Sin importancia, tampoco, es una cena que...

No sé lo que es, vamos a salir a cenar y ya está.

Ya está, no me des explicaciones, ya sois mayorcitos.

¿No? Pues ya está.

(RÍE) Pues sin etiquetas.

(RÍE) Vale. Cenamos y ya está.

Sin etiquetas.

-Sí que estamos de buen rollo, ¿no?

Con lo mustia que te has levantado.

-Bueno, es que Jorge me estaba animando un poco.

-Ah, ¿sí?

¿Y cómo la has animado exactamente, Jorge?

¿Le has enseñado otra de tus recetas exclusivas de chef famoso?

¿Mmm?

(ROSA SUSPIRA) Cóbrate el café.

Luego me paso a mirar lo de las tapas para la carta, ¿vale?

(CARRASPEA)

¿Se puede saber a qué ha venido eso?

-No, sé, dímelo tú. ¿Qué narices te traes con ese?

-Por favor, Nacho, si estábamos charlando de buen rollo.

-Ya me conozco ese buen rollo.

-Cariño, de verdad, no te imagines cosas raras.

-No tengo que imaginarme nada,

he visto cómo te habla y cómo te mira.

-A ver.

A ver, eso es una tontería, ¿vale?

Porque Lorena y Jorge van a salir esta noche.

Tienen una cita.

Entonces, si está interesado en alguien no es en mí.

-Eso no importa.

Que salga con ella no significa que deje de flirtear contigo.

-Pero que no estaba flirteando conmigo, cariño.

-¿Cómo puedes ser tan inocente?

Jorge es el típico tío

que flirtea con todas, ¿no te das cuenta?

-Bueno, yo no he sentido en ningún momento que...

-Porque te tiene engañada.

Te ha regalado los oídos con que eres buena cocinera.

Te ha deslumbrado con unos trucos de cocina.

Te ha hecho reír y tú has bajado la guardia.

-Mira, él siempre ha sido muy amable conmigo,

pero de ahí a que... -Créeme, Rosa, ¿eh?

Jorge no es de fiar.

-Me cuesta creerlo.

-Cariño, porque tú nunca te das cuenta de estas cosas.

-Eh... ¿Quieres un café o algo?

-Hazme caso, ¿vale? Ese tío es un seductor de pacotilla.

-No sé.

(NACHO SUSPIRA)

(SUSPIRA)

-Samu, ¿tienes un momento?

-Estoy un poco liado, cuando acabe si quieres...

-Es solo... ¿Has hablado ya con ella? -¿Con quién?

-Con Carla. Sobre el accidente.

-No, no le he dicho nada.

-Menos mal, has hecho bien, solo te traería problemas.

¿Qué pasa? ¿Pasa algo más?

-Quería decírtelo

cuando acabara mi jornada. -¿Decirme qué?

Samu, ¿qué son esas maletas? ¿Qué pasa?

-(SUSPIRA)

Son treinta euros.

-¿Le puedes añadir esta tarjeta?

-Sí, claro.

"Gracias por todos estos años y los que tenemos por delante".

Qué bonito.

-¿Estás bien?

-Sí, perdona, estas rosas me traen recuerdos muy tristes.

Toma, aquí tienes. -Gracias.

Cristina...

¿Sí? ¿Qué te pasa? ¿Te ha dicho algo?

Ay, no, no, si es un cliente de toda la vida, es...

Es por Doménico.

¿Otra vez, Cristina?

Deja ya de marear la perdiz.

Ay, es que no lo entiendes, siento algo muy fuerte por él.

Lo que tú sientes tiene otro nombre que me lo callo.

Apártate de Doménico antes de que te arrepientas de algo.

No. Cristina...

Adela, anoche me acosté con él.

¡Cristina!

Ya lo sé, ya lo sé.

Es que no... no lo pudimos evitar.

Estábamos los dos solos y... Una cosa llevó a la otra.

Ya me imagino. Madre mía.

Cuando lo tengo delante, se me nubla la razón.

Bueno, pues míralo de esta manera:

lo mismo tenía que pasar esto para ver que es un error.

Es lo que dice él.

¿Ves? Que ha sido un error horrible.

Dice que no siente lo mismo que yo.

Esta mañana nos hemos visto y que no quiere saber nada de mí.

Ya. ¿Y tú? ¿Tú quieres saber algo de él?

Pues yo no lo sé, Adela, no lo sé.

Él dice que lo está pasando fatal.

Ahora se hace el atormentado.

Dice que esto no se puede repetir, que teme por su amistad con Paolo.

Como si esto le importara anoche, ¿sabes?

Ay, Adela, ¿qué hago?

Yo te entiendo, hijo, pero ¿irte a vivir con ella?

-Nunca he sentido esto por nadie.

Amo a Carla y quiero compartir mi vida con ella.

-¿Cómo vas a empezar? ¿Con una mentira?

-¿Prefieres que se lo cuente? -No.

Claro que no. -Ya está.

-Pero hay un abismo de ocultárselo a irte a vivir con ella.

-¿Qué es mejor?

¿Decírselo y que me deje para siempre?

-Tú no la quieres.

-Pero ¿qué dices ahora?

-Dices que solo puedes mantenerla a tu lado si la engañas.

¿Qué manera de querer es esa? -¿Crees que es fácil?

Callarme, cargar con la culpa.

Pues no, no lo es, es insoportable.

Me como la mierda para que sea feliz, para protegerla, para que no sufra.

-Te proteges a ti, eres un egoísta. -¿Qué dices ahora?

-Mira, yo entiendo que estés confundido.

Vamos a llamar a tu terapeuta.

Hablas con él y tomas una decisión. -La decisión está tomada.

Me voy, que me espera Carla.

-Samu.

Samu.

Hijo, piénsatelo bien, te estás equivocando.

Ninguna relación soporta una mentira así.

-A lo mejor la mía sí, es fuerte. -Si os conocéis hace dos días.

Tú no sabes lo que es la convivencia con una mujer.

Es difícil en circunstancias normales,

imagínate en las tuyas. -¿Por qué lo dices?

¿Por la silla de ruedas?

-¿Cómo voy a decir eso?

No, yo sé que tú has vivido todo lo que te has propuesto.

Pero una mentira es peor que una silla,

te vas a encerrar en una cárcel.

-Muy bien. Tengo que repartir el correo.

-Te encierras con la persona que quieres.

La verás cada día: cada mañana, cada tarde, cada noche.

Y cada vez que la mires pensarás que la estás engañando.

Al principio te será fácil fingir, pero con el tiempo será insoportable.

Y ella lo va a notar, Samu. -¿Como lo notaste tú con papá?

-Entonces lo tendrías que entender.

A ver, hijo, Nicolás es el mejor marido

y el mejor padre.

Yo no sé si hizo bien ocultando lo que ocultó,

pero yo lo he asumido, lo hizo para protegernos a los dos.

-Esta carga es mía, yo decidiré qué debo hacer con ella.

-Hijo, por favor. -No te metas más en esto.

Si no, me perderás a mí.

-Solo espero que no te arrepientas.

Lo primero es quitarte a Doménico de la cabeza

y salvar tu matrimonio.

Eso es muy fácil decirlo,

pero a ver cómo lo hago teniéndolo en la pizzería.

Tendréis que libraros de él, pero esta vez de verdad.

¿Qué pasó con la oferta esa que le pasó Jorge de un restaurante?

¿El Covadonga? Ese.

Pues nada, que renunció.

Está muy a gusto trabajando ahí.

No lo sacamos ni con agua caliente.

Pues tenéis que echarlo, Cristina.

Que no, que eso no va a poder ser.

Es amigo de Paolo, su mejor amigo. Nunca haría eso.

Es que mientras no tenga otra opción...

Mira, esto que se me está ocurriendo quizá suena muy marciano, pero...

Podría funcionar. ¿El qué?

Tienes que decirle a Paolo que quieres trabajar en la pizzería.

Teniéndote no necesita a Doménico y lo puede dejar ir.

¿Cómo voy a hacer eso?

No tendría tiempo para atender el puesto.

Bueno, podrías venderlo.

¿Vender la floristería? Yo te la compro.

¿Tú? Sí, te pago lo que quieras.

Es un buen negocio y, además, salvas tu matrimonio.

Es un trato perfecto.

No lo sé, Adela.

A mí me gusta mucho mi trabajo, no me veo haciendo pizzas.

No quieres dejar de ver a Doménico.

Oye, eso no es verdad. No suenas muy convincente.

Ya se me ocurrirá algo, seguro que encuentro una solución.

Pues no tardes.

Con Doménico al lado,

esto es una bomba de relojería que puede estallar.

Piénsatelo, ¿mmm?

Hola, Francisco.

Soy yo otra vez, la pesada de Valeria.

Supongo que estarás muy ocupado, no te quiero molestar,

pero he estado pensando...

Bueno, creo que no nos despedimos de la mejor manera.

Y a ver qué te parece si nos viéramos y lo arregláramos.

Bueno, ya me dirás algo, ¿vale?

Un beso. Adiós.

-Valeria. Venga, vamos a tomar un vermú.

Quería invitarte a cenar esta noche.

Valeria, que estoy hablando contigo.

-Ay, perdona.

¿Qué... qué me decías?

-Quiero llevarte a una marisquería en La Latina.

Es de un amigo mío de Pontevedra.

Te va a encantar.

-Lo siento, hoy no puedo.

-Pues mañana, no tenemos prisa.

-Mañana tampoco voy a poder, lo siento.

-¿Qué pasa? ¿Tan mal fue la última vez?

Creía que habías estado a gusto. Yo lo estuve.

-Y yo también, si no es eso.

Es que... Es que tengo que salir para Comillas ahora mismo.

-¿Ha pasado algo?

-Sí. Bueno, a ver, nada grave.

Unos problemillas que tengo con la casa.

Y seguramente me tendré que quedar allí un par de días

para resolver unas gestiones.

-Podríamos aprovechar.

-¿Aprovechar el qué?

-El viaje.

Yo te acompaño y así hacemos esa escapada que tenemos pendiente.

-¿A Comillas?

-¿Por qué no? Yo no la conozco.

¿Y qué mejor guía que tú para acompañarme?

-Ya, pero yo no voy a estar para hacer muchas visitas turísticas.

-No vas a estar encerrada todo el día con el papeleo.

-Tengo que hacer muchas cosas además de eso.

-Mmm. ¿Y qué mejor que ir acompañada?

Venga, mujer, que te vas a aburrir.

Y lo peor de todo es que yo aquí solo me voy a aburrir más.

No, no, cógelo.

-No, si es Francisco.

Ya volverá a llamar.

-¿Os llamáis a menudo?

-¿No te pondrás celoso ahora?

-No, no sé, pero creía que ya no os veíais.

-Hablamos de vez en cuando por la casa.

-Por la casa.

-Por la casa, Jesús, por la casa.

-Ya.

Pero no tiene nada que ver Francisco con que no quieras que vaya allí.

-No he dicho que no quiera.

-¿Vas a verte con él, Valeria?

-Bueno, sí, seguramente, porque tenemos que hablar

de temas relacionados... -Ya, sí, entendido.

-No, no lo entiendes.

Nos veremos porque tengo que resolver un asunto de la casa, ya está.

No tienes nada que temer.

-Tal como te estás comportando, no sé qué pensar.

-Lo único que tienes que saber es que voy a cerrar un asunto.

Y lo tengo que hacer sola.

-Pero ¿por qué? ¿A qué viene tanto misterio?

-Te lo contaré cuando llegue el momento.

Pero tú no te preocupes, confía en mí, anda.

-(SUSPIRA) -¿Mmm?

-Bueno, ¿aquí no sirve nadie o qué?

-Si es que Paolo se ha ido a ver a su madre.

Y Doménico... es un sinsangre.

No sé cómo he podido dudar de él con el tema del reloj.

-Ya, si Jorge es un pedazo de pan.

Menos cuando se mete en la cocina, que se vuelve un ogro.

-Para él, la cocina no es un juego.

-Ya no se dedica a eso.

Debería disfrutarlo, relajarse, tomárselo un poco más a la ligera.

-Bueno, es que una cosa es tomarse las cosas a la ligera

y otra muy distinta...

-"Otra muy distinta"... ¿Qué?

-Nada, que Jorge y tú sois muy diferentes.

Solo es eso. -¿Qué te crees, que no lo sé?

Somos como el día y la noche.

Él es diligente, trabajador, profesional, elegante, guapo.

Y yo soy... Yo soy...

Sí, yo soy todo lo que tú estás pensando.

-No sabes lo que pienso.

-Sí, que esta cita va a ser un desastre.

¿A que sí?

-No. No.

Creo que va a salir muy bien. Deseo que salga muy bien.

Lo que pasa es que vas a tener que poner un poquito de tu parte

y ser... menos tú.

-Ah.

A Jorge le gusta cómo soy yo.

Es más, le flipa cómo le desquicia.

-Muy bien. Allá tú.

Yo solo te digo que vayas con cuidado.

-Pero ¿cómo que con cuidado? ¿Qué quieres decir?

-A ver, Lorena, que vayas despacio.

Que, no sé,

que vayas descubriendo las cosas que tienes en común con él

y que las disfrutes.

Que no le lleves siempre la contraria.

No sé, si te gusta, pues no le dejes escapar.

Sería una pena.

-¿Dices que para conquistar a Jorge debo evitar llevarle la contraria?

-Me has entendido perfectamente. -Sí, te he entendido.

Estás diciendo que, si no quiero asustarle,

tengo que convertirme en una sumisa.

-Oh, por favor, yo solamente te digo que seas agradable, cariño.

Y que no te pongas a discutir con él por tonterías, como haces siempre.

-¿Como haces tú con Nacho?

-(SUSPIRA)

Me han dicho que me buscabas.

Sí. Pues aquí estoy.

¿Me haces un favor? ¿Me pasas esa caja?

Sí.

Gracias.

Mmm, qué bien huelen.

Son los jabones de romero y eucalipto

que me ha mandado Marisol.

Sí, ya me ha comentado

que habías quedado encantada. Sí.

Los jabones son una delicia.

Pero ¿tú has probado las cremas?

Te lo dije.

Son una maravilla. Voy a tener que hacer otro pedido.

Pues me alegro muchísimo.

Sí.

¿Sabes? El negocio está yendo muy bien.

Pero ahora tengo problemas

con el papeleo. Uf.

Y por eso me apetecía hablar contigo, porque...

Me ha llegado esto.

¿Qué es?

Es una carta del Ayuntamiento.

Me piden las facturas que justifiquen mi subvención.

Sí. ¿Y cuál es el problema?

Bueno, con ese dinero tenía que haber hecho la reforma del puesto

o adquirir productos que cambiaran la orientación del negocio.

Es lo que estás haciendo, ¿no?

No.

El dinero lo utilicé para el colegio de David.

Así que ahora no tengo ninguna factura que justifique nada.

Así que, si el Ayuntamiento se entera,

pues me obligarán a devolver el dinero

y seguramente me denuncien por fraude

y puedo entrar en la ruina.

A ver, Celia, ¿cómo no has pensado en eso en su momento?

Pues ya lo sé.

Pensé que, cuando llegara este momento,

ya lo solucionaría.

Y es ahí donde entras tú.

Pues yo no sé cómo puedo ayudarte, la verdad.

Pues puedes hablar con Marisol.

Lo haría yo misma,

pero yo creo que todavía no tengo suficiente confianza con ella

para pedirle algo así.

¿Pedirle el qué?

Bueno, es un tema delicado.

Rosa, es que os he oído discutir a Nacho y a ti.

-¿Y qué has oído exactamente?

-Que se ha puesto celoso de Jorge.

-Bueno, sí.

Es que pensaba que Jorge me estaba tirando... los tejos.

Y le ha molestado.

Pero, vamos, es normal, ¿no? -¿Normal?

¿Te parece normal que reaccione así?

-Solamente quería protegerme.

-Rosa, tú no necesitas que nadie te proteja de ningún hombre,

a lo mejor deberías ser tú la que se protegiera de Nacho.

-¿Qué quieres decir con eso?

-Pues que Nacho tiene celos, son infundados y son enfermizos.

Y te hace sentir culpable.

-Igual he hecho algo que a Jorge... -Tú no has hecho nada.

No has hecho nada, ¿no lo ves?

Nacho te acusa de cosas y consigue que tú te lo creas.

-Pero, ¿entonces a quién tengo que creer?

¿A Nacho o a Noa y a ti,

que estáis todo el día echándole mierda en lo alto a Nacho?

¡Por favor!

¡Ah!

-Rosa.

(Golpe)

Que no, hombre, que no, ¿cómo va a hacerte facturas falsas?

No serían facturas falsas, el pedido se lo iba a hacer igual.

La cosa sería cambiar las fechas

para que coincidan con la subvención, no es tan grave.

Celia, sigue siendo un fraude.

Mira, todo el mundo

hace chanchullos con las facturas alguna vez.

Que yo sepa, Marisol nunca lo ha hecho.

Y no seré yo quien le pida que empiece ahora.

Te lo pido por favor.

Lo siento, no puedo.

No te lo pediría si no estuviera desesperada.

Celia, me sabe muy mal que hayas llegado a esto,

pero entiéndeme tú a mí.

No puedo pedirle que ponga en riesgo su negocio

por tu inconsciencia.

(SUSPIRA)

Ya te dije que no es nada fácil llevar un negocio.

Y también que me ibas a ayudar.

Y eso es lo que he hecho, ¿eh?

Te pasé el contacto de Marisol, te aconsejé de muchas cosas.

Incluso te ofrecí que fuéramos socias,

pero tú preferiste seguir adelante sola.

Tienes razón.

Lo siento, de verdad.

No, lo siento yo.

No tenía derecho a pedirte algo así, ya está.

Bueno.

Cualquier otra cosa que necesites... No te preocupes, yo me apaño sola.

¿Y cuándo quiere irse?

-Hoy mismo, tiene las maletas hechas en el despacho.

-Todo esto es por mi culpa, Carmen.

-Da lo mismo de quién sea la culpa, hay que pararle.

-¿Cómo lo hacemos?

Cuando a Samu se le mete algo entre ceja y ceja...

-Pues ¿qué quieres que te diga? Hay que convencerle.

Si se va a vivir con esa chica, no va a aguantar la culpa.

Lo va a terminar contando.

Y puede acabar en la cárcel. Y tú.

-Si la cárcel es lo de menos.

Me da miedo cómo reaccionará Samu si esa chica lo deja y lo denuncia.

Lo perdemos. -Hay que hacer algo.

Antes de que sea tarde. -Es imposible.

-No, no digas eso.

-Carmen, que se van a vivir hoy juntos.

Si se entera de que hacemos algo, lo perdemos para siempre.

-Acabará entendiendo que lo hacemos por su bien.

-Nuestra relación pende de un hilo, no puedo arriesgarme.

-¿Nos cruzamos de brazos viendo cómo se va al precipicio?

-Quizá hay una manera.

No me quiere ver a mí, no tiene nada en tu contra.

-¿Y qué?

-Pues que igual no se iría de casa si yo no estoy.

(SUSPIRA) Por eso se quiere mudar.

-¿Te quieres ir de casa?

-Igual es lo mejor para todos, Carmen.

Para Samu, que se quedaría en casa, y también para ti.

-¿Por qué para mí?

-Los dos sabemos que todavía no me has perdonado por lo que hice.

Y si me has dejado volver

es porque no quieres oír a la gente chismorrear.

-Eso da igual.

-No da igual, tengo que asumir mi responsabilidad,

tengo que salvar de nuevo a mi hijo.

Aunque eso suponga... perderte a ti. -A mí no me tienes por qué perder.

-Lo que hice fue imperdonable.

-Lo hiciste para protegerlo y lo harías otra vez, ¿no?

-Una y mil veces, daría mi vida por él.

Es cierto. -Pues igual que yo.

Pero esto ahora, por eso, hay que hacerlo juntos.

-(SUSPIRA)

¿Eso quiere decir que me perdonas?

Muchas gracias, Carmen.

Tú no sabes lo mal que me he sentido.

(SUSPIRA)

No lo sabes, de verdad, pensaba que te perdía.

-No me vas a perder nunca y tampoco vamos a perder a Samu.

Haremos lo que sea por ayudarle, pero los dos juntos.

¿Vale? -Los dos juntos.

-Los dos juntos.

Y este chocolate que os regalo es para que lo probéis con ese licor.

Es una pasada. Gracias, chicos.

Si te hago una buena compra, ¿me regalas un chocolate belga?

No. (CHASQUEA LA LENGUA)

Los regalos son para los clientes especiales.

Y ellos me compran desde que abrí el puesto.

Y tú, nada.

Bueno, pues nada, entonces me tendré que conformar

con una cena en un restaurante de lujo.

Vale.

¿Has confirmado? ¿Te recojo a las nueve?

Sí, recógeme directamente en el bar, ¿vale?

¿No decías que no querías ir oliendo a fritanga?

Ya. Es que no quiero dejar a mi hermana cerrando sola.

Sí, por si aparece algún moscón

y tiene que venir Nacho a espantarlo.

Ese es mi cuñado.

El comentario que ha hecho antes no es medio normal.

¿Creía que ligaba con tu hermana?

Sí. Es que no he dicho nada.

Ya, pero eso a él le da igual.

¿Siempre ha sido tan celoso?

No lo sé, nunca hemos tenido mucha relación.

Vaya, que nos odiamos.

Y, desde que he vuelto,

le veo hacer unas cosas muy feas con mi hermana.

La controla, la manipula. ¿La manipula cómo?

Pues le hace sentir culpable todo el rato.

Al menor síntoma de iniciativa por su parte, se lo boicotea.

Y estoy seguro de que el otro día fingió estar enfermo, ¿eh?

Se fue a Urgencias solo para arruinarle la noche.

Lorena, si lo que me dices es verdad,

tu cuñado es un maltratador de libro.

Ya.

(RESOPLA) Suena horrible.

No, bueno, que igual... igual me he pasado,

no lo conozco de nada, no tengo trato con él, perdona.

No, no, no, tienes toda la razón.

Mi cuñado es un maltratador.

¿Ya soy una cliente especial?

Sabes que no necesitas el chocolate para serlo.

Gracias. De nada.

Además, sabes que esto es un buen sustituto, ¿no?

¿De qué?

Sí, estoy aquí, sí.

La pregunta era si es posible

que se retrase el plazo de presentación de las facturas.

Sí, sí, claro, las tengo todas.

Pero mi gestor está de baja y tendría que hacerme con ellas y...

No.

No, no me quiero exponer a una multa.

Bien, no se preocupe porque tendrá las facturas a plazo.

Sí, claro. Muchas gracias.

Celia. ¿Sí?

Quería pedirte disculpas por lo de antes.

He estado un poco brusca. No, no pasa nada.

He pensado que voy a hablar con Elías.

A lo mejor se le ocurre algo... No, no, por favor.

No le metas en esto, por favor. Escúchame.

Él tendrá alguna idea. No, por favor, no, en serio.

Tengo que hacer muchas llamadas. ¿Estás bien, Celia?

No puedo respirar, no puedo. Celia, ¿qué te pasa?

No sé. Tranquila, respira, tranquila.

(RESPIRA AGITADAMENTE) ¡Un poco de agua, por favor!

¡Celia, Celia, tranquila!

(RESPIRA AGITADAMENTE) Tranquila, ¡Celia! Respira.

Respira, respira profundamente, Celia.

(RESPIRA AGITADAMENTE) Agua.

¿Querías algo?

-Pues la verdad es que sí.

Quería comentarte una cosa.

Tengo una noticia.

Una buena noticia.

-Pues tú dirás.

-Me han aceptado en la escuela de fotografía.

Acabo de recibir el "e-mail" ahora mismo.

-Pues qué bien.

-Sí.

Papá, aún no he terminado.

-(SUSPIRA) Adelante.

Cuéntame, estoy interesadísimo.

-El curso cuesta seis mil euros, todo el año.

-¿Me lo dices a mí por algo?

-Yo no tengo seis mil euros, papá.

-Entonces no podrás hacerlo.

-Esperaba que mamá y tú me prestarais el dinero.

-¿Y por qué íbamos a hacer eso? Ya eres mayor de edad, ¿no?

Tú decidiste apuntarte a esa escuela sin consultárnoslo.

-Creí que os parecía bien que estudiara fotografía.

-A mí no me parece ni bien ni mal.

Pero, si eres muy adulta para marcharte de casa

y hacer sufrir a tu madre,

también lo eres para pagarte ese curso.

-(SUSPIRA)

Siento mucho el numerito.

Pero ¿cómo lo vas a sentir, mujer? Tranquila.

Es que nunca había perdido los nervios de esta manera.

Lo siento.

¿Has sufrido alguna vez ansiedad?

Bueno, lo normal.

Pero algo así como... de no poder respirar, nunca, la verdad.

Igual deberías decirle al médico que has tenido un ataque de ansiedad.

No creo que sea tan grave como para ir al médico.

Hombre, el cuerpo te ha dado una señal

y lo peor que puedes hacer es ignorarla.

Mira, lo que deberías hacer es

tomarte el día libre, cerrar el puesto y marcharte a casa.

No, no puedo hacer eso,

tengo que llamar al Ayuntamiento... Ay.

Deja. Tengo...

Chist. Si ni siquiera puedes hablar de eso.

Te voy a traer una tila, ¿vale? Ve.

Tranquila, tranquila, respira.

Ah.

Soy una fracasada, Adela. No digas eso.

Me lo dijiste.

¿Qué te dije?

Me dijiste que todo esto me iba a quedar muy grande

y que no... que no lo hiciera.

Y no te quise hacer caso, me convencí a mí misma

de que podía sacar el puesto adelante,

me convencí de que no iba a necesitar a mi suegra,

de que podría sacar adelante a mi hijo.

Y me creí que iba a poder hacerlo solo yo.

Ah.

Ha sido todo un error, todo un error, de verdad.

Desde que puse un pie en este mercado.

Yo me tenía que haber quedado calladita.

No todo ha sido un fracaso, ¿eh?

(LLORA) Oye, escucha.

Mira tu puesto, ¿mmm?

Hace meses nadie hubiera dado un duro por él.

Y lo estás convirtiendo en algo atractivo y con futuro.

Ahora mismo no creo que tenga mucho futuro, por Dios.

Hombre, con esa actitud, seguro que no.

¿Dónde está la Celia que conocimos? ¿Eh?

¿Dónde está la madre capaz de hacer lo que sea por su hijo?

Y, sobre todo,

¿dónde está la Celia que entró por aquí

y no dejó que nadie la pisoteara

a pesar de tener al Mercado en contra?

¿Dónde está?

Esa mujer no puede inventarse facturas.

Te agradezco mucho que me quieras animar,

pero hay que reconocer cuando uno ha perdido.

De eso nada, tú no has perdido.

Mira, escucha.

Te voy a ayudar, ¿mmm? Con las facturas.

Voy a hablar con Marisol y encontraremos una manera.

¿En serio? Sí.

Pero con una condición.

Lo que tú me digas.

No quiero escuchar la palabra "fracaso".

¿Entendido? (LLORA) Sí.

¡Eh!

Toma. Gracias.

Te sentará bien, ¿vale?

Gracias.

Venga. (SUSPIRA)

Bueno, pues ¿qué quieres ahora?

Creo que esta mañana he sido bastante claro.

Sí, sí que lo has sido, has sido muy clarito.

Y un poco injusto, ¿eh? Lo de "sinvergüenza" me ha dolido.

¿Y para eso me has traído?

¿Qué pretendes? ¿Que me disculpe o algo?

No, quiero saber, ahora que has cerrado tu negocio,

tus planes: ¿vas a seguir en la empresa?

Pues no lo sé.

Durante un tiempo, sí,

para que mamá y el abuelo no sospechen,

pero ya me buscaré un curro mejor.

No sé, ya veremos.

¿Ya veremos?

Me conozco yo tus "ya veremos".

¿Qué quiere decir esto?

Que te conozco perfectamente, Germán, que soy tu padre.

Sé que vas a empezar con el "ya veremos"

durante un tiempo y después, cuando menos me lo espere,

volverás a tirar tu vida a la basura

saliendo por ahí de juerga, de fiesta.

No encontrarás nada que te motive.

Eso no es cierto.

La única vez que te he visto con iniciativa laboral

ha sido para fastidiarme,

es lo único que te empuja para trabajar.

Y es una lástima,

porque tú y yo podríamos hacer muy buen equipo.

Ya, papá, pero es que ya te he dicho que paso de tus mierdas.

Quizá solo necesitas escuchar a alguien más convincente que yo.

(Timbre)

Justo a tiempo.

Ve a abrir.

Doménico.

-Ahora no puedo.

He dejado la pizzería sola. -A la mierda la pizzería.

Vas a escucharme quieras o no.

Tengo una pregunta, responde con sinceridad.

Si Paolo no existiera, ¿tú cortarías esto que vivimos?

-Paolo existe, Cristina.

-Es una hipótesis.

-Es tu marido y mi mejor amigo y es no lo podemos cambiar.

-No respondes a mi pregunta.

-Porque es imposible responderla.

-No. Porque eres incapaz

de decirme que no. -Ah.

-No puedes esconder lo que sientes aunque quieras ocultarlo.

-Yo no oculto "proprio" nada.

-Sí, lo ocultas todo el tiempo.

Como si el hecho de estar casada con Paolo

borrara lo que estamos sintiendo. -Lo has dicho ahora: estáis casados.

No quiero romper vuestro matrimonio ni mi amistad con Paolo, por favor.

-Yo tampoco.

Llevo veinte años con Paolo, yo le quiero.

Si te preocupa eso, puedes estar muy tranquilo.

-No sé, Cristina.

-Yo siento algo muy profundo por ti.

¿Y qué hago? ¿Le doy la espalda? ¿Hago como si no existiera?

-Es lo mejor para todos. -No.

Me niego a pensar que sentir esto que siento

y dejarlo que se pudra es lo mejor.

Eso acabará con mi matrimonio con Paolo.

Porque esta ilusión que yo siento por ti...

Esto me destrozaría la vida.

Se lo reprocharía a Paolo y...

Y yo no quiero vivir así, Doménico, no quiero.

-Cristina...

¿Y cuando Paolo vuelva? -Todo volverá a ser como antes.

Todo volverá a la normalidad.

Pero ahora...

¿Qué hacemos con esto?

Estamos tú y yo.

Nadie más.

Ven.

Tu padre me ha dicho que eres un muchacho de principios

y que presumes de ellos.

Pero, si llegado el caso te molestan, no pasa nada por dejarlos de lado.

-Eso no es verdad. -Ah, ¿no?

Mentirle a tu padre para aprovecharse de la infraestructura de su empresa

en beneficio de tu propio negocio es un tanto cuestionable.

Por no hablar de esas iniciativas laborales

un tanto sórdidas en las que te viste implicado.

-¿Qué le has contado a este? -No te enfades con él.

Todo lo que me cuenta de ti me gusta mucho.

Eres ambicioso, eres valiente.

Me lo demostraste con tu intervención en la muestra gastronómica.

-Ya, pues yo no quería fastidiar a nadie.

-Pero lo hiciste.

Es lo que más me gusta de ti.

No te importó que fueran amigos de toda la vida,

incluso familiares.

Cumpliste sin pestañear. Yo quiero alguien como tú a mi lado.

-Veo que no te lo ha contado todo.

Ya le he dicho que no pienso hacer algo así.

-Y no vas a volver a hacerlo.

No... a cambio de nada.

Esto... es tuyo.

¿Qué pasa? ¿No vas a cogerlo?

¿Te da vergüenza o es por fidelidad a los comerciantes del Mercado?

¿Te digo una cosa?

Ellos lo cogerían sin dudarlo.

Aunque te fastidiaran a ti o a toda tu familia.

-No, no, no es eso.

-¿Entonces qué es?

Coge lo que te corresponde y habrá más.

Vas a poder escoger el lugar que te dé la gana en la empresa

una vez desaparezca el Mercado.

Vas a poder llegar tan lejos como quieras.

Qué bien hablas, Hortuño.

Pero ya te dije que puede llegar a ser muy tozudo.

Bueno, la tozudez se puede curar muy rápido.

Germán.

¿Crees que tus principios valen más que todo ese dinero?

No te estoy pidiendo que me paguéis la escuela,

solo que me prestéis el dinero, os lo devolveré.

-¿Cómo lo vas a devolver? ¿Trabajando a ratos en el bar?

-Está bien, puedo vender fotos.

-Sí, te las van a quitar de las manos.

-¿No me vas a contar qué ha pasado?

-Casi que mejor pregúntaselo a él.

-Tío, me estás agobiando. ¿Tan grave es?

-No, Carla, que no te agobies.

De verdad, pregúntale a él y...

Y, si quiere, que... que te cuente.

Y, para rematar el día, me roban la cámara.

-No, no, ¿qué dices?

-Esa cámara cuesta casi dos mil pavos.

Verás cuando se entere mi padre.

David.

Cariño, ¿estás bien?

Hijo, David, me estás asustando.

¡David, contéstame! Quiero ir con la abuela.

¿Ahora?

Me va a cuidar mejor que tú. Quiero ir con ella.

¿Qué ha pasado con Jonathan, me lo cuentas?

-A mí, nada, no tengo ningún problema con él.

-Eso no es verdad.

Le he dicho que hable contigo para encontrar curro y se ha negado.

Y eso no es normal.

-Él sabrá por qué.

-¿Qué está pasando?

Su mujer trabaja en el Mercado y es encantadora, me cae fenomenal.

Así que no.

Pero...

Pero me insiste, tía, y me busca a todas horas.

Además, no sé qué es, pero hay algo irracional,

hay algo físico que de alguna manera me atrae

y la última vez que estuve con él fue como si desconectara la cabeza

y como si perdiera el control y...

Ay, no lo sé, por favor.

¿Crees que puedes convencerme de que no me vaya a vivir con Carla?

Mamá lo intentó y la mandé a la mierda.

Igual que a ti: ¡vete a la mierda!

-Samuel. -¡No, ni Samuel ni nada!

La biblioteca y el centro de ancianos

han solicitado una ayuda al Ayuntamiento.

Y no habrá para todos.

Creo que tenemos las de perder,

lo del arquitecto no se olvidará tan fácilmente.

Bueno, por favor, si a alguien se le ocurre una idea,

que la ponga encima de la mesa, porque el plazo termina esta semana.

-No sé, tendrías que estar contento y feliz

porque hoy nos vamos a vivir juntos.

Yo al menos me siento así. -Y lo estoy.

Lo estoy, Carla. -Pues no lo parece.

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Mercado Central - Capítulo 37

13 nov 2019

Los planes de Carla y Samuel tienen muy preocupada a Carmen, pero para ponerles freno primero debe reconciliarse con su único apoyo, Nicolás.
Aunque Doménico parece querer poner fin a su affair con Cristina, ésta no parece tener ninguna intención de dejarlo ir. La cosa está que arde entre ambos.
Elías y Hortuño quieren a Germán de su parte. Necesitan a alguien que les haga el trabajo sucio.
Celia, angustiada ante la posibilidad de perder la subvención, solicita la ayuda de Adela.
Valeria se dispone a marcharse a Comillas para tratar de arreglar el asunto de la casa. Jesús se ofrece a acompañarla.
Jorge y Lorena se preparan para su cita, mientras Nacho, confundido por los celos, hace de las suyas.

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