Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 34 - ver ahora
Transcripción completa

Estoy enamorada de ti, pero yo sé que tú no me correspondes.

No pasa nada, lo sé. Así que no te preocupes,

que no te voy a volver a acosar, ni a seguir ni nada.

-Cristina. ¡Cristina!

Yo voy a luchar con uñas y dientes para que se renueve el mercado.

Pero no va a ser fácil.

La idea es muy buena, pero la coyuntura no es la apropiada.

¡Para una vez que recibo los elogios de Jorge,

tienes que llegar tú con tu negatividad

y con tus pegas para amargarme la semana!

-¿No será que tu inseguridad te ha jugado una mala pasada

como siempre que compites con Lorena?

-Pues mira, no, porque mi hermana se estaba quedando detrás.

¡Es que soy imbécil por haber tirado la toalla por tu culpa!

Jonathan no trabaja con nosotros. -¿Cómo que no?

-No, se ha despedido hace un rato.

Que reorganizasen las rutas de transportes

para minimizar costes. ¿Y tú qué has hecho?

(Portazo)

¿Qué está pasando aquí?

Me acaban de llamar del supermercado de Boadilla.

¡Quieren anular el contrato porque no ha llegado el pedido!

Bueno, cálmate, que todo tiene una explicación.

¡Tus muertos! ¿Qué ha pasado?

Uno de los encargados del almacén se ha equivocado

y ha anulado el pedido.

¿Tienes planes, has quedado con el colega ese para irte de farra?

-No, claro que no. -¿Pues entonces?

¿Vamos al cine, escojo yo la peli?

Venga.

-Venga, vale. -¿Sí?

No es buena idea irnos de viaje.

-Si es por lo que te he dicho sobre mi familia, no te preocupes.

-No, no. -No arreglo nada quedándome.

-No es eso.

-No te entiendo.

-Me he precipitado proponiendo esta escapada.

Claro que te entiendo, Joaquín.

Sí, hombre, yo también tengo un negocio de cara al público.

Ya.

¿Y no hay manera de que reconsideres...?

Te pido por favor que te lo pienses.

En el próximo pedido te hago un descuento del 10 por ciento...

Ya, que llevas razón.

Bueno, hombre, pues gracias por tu sinceridad.

También te digo una cosa.

Te voy a llamar cada dos por tres hasta que vuelvas con nosotros.

Y lo dicho, lo siento.

Enhorabuena, hijo. Acabas de llegar a la empresa

y nos has hecho perder un cliente de toda la vida.

Lo siento, papá, fue mala suerte que se averiara la furgoneta.

Yo tampoco pensaba... Ese es el problema, no piensas.

Que no piensas.

Te dije que no empezaras ese negocio,

que no lo pusieras en marcha,

que dejaras las cestitas y los lacitos, pero tú, nada.

Como el que oye llover, a la tuya.

Es una buena idea y lo sabes.

Dame un par de días, un par de días

para mejorar la distribución y te juro que en dos, tres meses

hemos recuperado lo que te he hecho perder.

Si la cagas una vez, la culpa es tuya.

Si la cagas dos veces, la culpa es mía.

Que no la voy a cagar.

La venta online es el futuro.

Es el presente. ¡Ya está bien de estupideces!

Si quieres montar ese negocio o lo que te salga de las narices,

lo haces, pero con tu dinero.

Y arriesgas tu patrimonio, no el mío.

Esta empresa es mía, se hace lo que yo digo.

¿Queda claro?

Toda la vida criticando al abuelo.

Que si es un borde, que si nunca se fía de nadie.

Y eres peor que él.

Al abuelo me lo dejas fuera de esto.

Te molesta que te comparen con él, ¿verdad?

No me extraña, es lo que tiene salir perdiendo siempre.

Si con algo he salido perdiendo en esta vida,

ha sido con mi hijo.

Que no le basta con tirar su vida a la basura,

sino que es capaz de venderse por cuatro duros.

Será que he tenido un buen maestro.

Lo que pasa es que comparado contigo, soy un simple aprendiz.

Igual tendríamos que preguntarle a mamá

qué piensa de las visitas que recibes en tu despacho.

Anda, corre.

Ve corriendo, anda, cuéntale, atrévete.

Pero antes, si no te importa,

le explicas por qué has perdido un contrato de miles de euros.

Y le cuentas cómo te he defendido delante del abuelo.

El que le debe algo alguien eres tú a mí, niño.

A ver si te enteras. Yo que tú, me quedaba calladito.

¿Me vas a mandar a otro matón para que me rompa la cara?

No tientes tu suerte.

Mira, aunque no te lo parezca,

he hecho todo esto para impresionarte

y para que te sintieras orgulloso de mí.

¿Sabes lo que me haría sentirme orgulloso?

Que mi hijo, por una vez en su vida,

no pido más, hiciera lo que le pido.

Eso sí que sería una sorpresa, hijo mío.

(Portazo)

(SUSPIRA)

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Estoy esperando un pedido de latas de conservas.

Cuando llegue, compruebas que está todo,

firmas el albarán y listo.

¿Le doy la mano al transportista cuando se vaya?

Bueno, si te ha caído bien, sí. Y si lo ha traído todo.

Es importante que seas amable con los clientes.

No me interesa que se vayan a la competencia.

Y tiene que llegar Nicolás a arreglarme un enchufe.

Bueno, si se digna a aparecer.

Cualquier cosa que necesites, cualquier duda, estoy en el bar.

Vale.

Hola. Hola.

¿Qué haces aquí, cariño? ¿Has terminado los deberes?

Hace un rato, estoy ayudando a Jorge.

Ya te dije que eso lo teníamos que hablar.

No hay tiempo, la muestra de tapas es mañana, me necesita ahora.

Díselo tú.

Intentaré que sea el menor tiempo posible.

Lo tengo todo apuntado, va a salir bien.

Cariño, ¿me dejas un momentito con Jorge?

No, porque le vas a decir que no me deje solo en la tienda.

¿Te importaría salir a ver si ha llegado el de las conservas?

En la furgoneta pone Conservas Marín.

¿Conservas Marín? Vuelvo enseguida.

Diga lo que diga, no le hagas caso.

No.

Creo que no está preparado para quedarse solo en la tienda.

(RÍE)

Tu hijo te conoce muy bien. Te lo digo de verdad.

Ayer estuvo hasta las tantas terminando los deberes

para poder estar aquí hoy.

Y crees que si le despido ahora, va a estar menos alterado.

Te lo digo de verdad.

Tiene que centrarse en el cole.

Sabes perfectamente que tiene eso más que controlado.

Otra cosa es que no te guste que pase tiempo conmigo.

No, no, para nada, eso no es.

Pues entonces, no lo entiendo.

Tengo miedo. Eso es lo que pasa.

¿De qué?

David es un todoterreno, lo ha demostrado mil veces.

Le pueden robar, engañar o venir tres o cuatro clientes

a la vez y ponerse nervioso.

Ojalá pase esto último.

Que llevo una semana con la tienda vacía.

(SUSPIRA)

Pues anda que yo...

Hey.

-¡Doménico!

¿Qué haces por aquí?

No me libro de ti ni dándote el día libre.

-He quedado con una amiga para enseñarle la pizzería.

-¡Ya era hora! Por fin la conozco.

Imagino que ella será tu misteriosa amiga especial.

-Hola.

-¿Y tú dónde estabas?

Me tenías preocupado.

-Sí, perdona, he visto tus llamadas perdidas.

-He ido a buscarte y Adela me ha dicho

que tenías que hacer unos recados, pero no sabía dónde.

-Sí, tenía que llevar unas flores

para una boda a San Francisco el Grande.

-¿Por qué has ido tú, no había mensajeros disponibles?

-La clienta quería que fuera yo personalmente.

Es Mar González, la wedding planner tan conocida de Madrid.

-Bien visto, amore mío.

Porque una boda llama a otra boda.

Y quién mejor que tú para llenarlas todas de flores.

-Ah, eso es así. -Cuidado con Doménico.

Porque cualquier día de estos te hará un pedido para su boda.

-¿Cómo?

-Que vamos a conocer a su novia.

-Ah. -La estamos esperando.

Cuéntaselo, Doménico.

Yo acabo esto. Llamadme cuando llegue.

-Sí.

-Bella.

-Ciao, Dome.

-¡Vaya!

¿No había otro sitio donde traer a tu novia que la pizzería?

-¿Y qué más da, si últimamente me sigues a todas partes?

-Te pido perdón por lo del parque, me comporté como una adolescente.

Y también te pido perdón por pedirte explicaciones.

Pero has puesto mi vida patas arriba.

-Eso me lo tomaré como un halago

viniendo de una mujer tan especial como tú.

Pero Cristina, sinceramente,

creo que más que enamorada, estás confundida, equivocada.

-¿Tú qué sabes?

Si te lo he soltado a lo bruto,

es porque necesitaba contarlo, no porque espere nada.

-Ya, pero...

-No, déjame, que tengo que hablar contigo.

(SUSPIRA)

Yo soy una mujer casada. -Ya.

-Con un hombre al que quiero mucho. -Lo sé.

-Y tú tienes tu novia. Es imposible que tengamos nada.

Pero yo me conozco.

Y yo no me puedo quedar con esto aquí dentro.

Así que, como decía mi abuela,

más vale una vez colorado que cien amarillo.

-¿Amarillo, qué dices?

-Sí, que prefiero serte sincera a hacer el paripé

cada vez que me cruce contigo y con tu novia.

-Tú eres una mujer muy valiente, de verdad.

-Sí. -Pero estás muy equivocada.

No te cruzarás con mi novia porque yo no tengo novia.

-Claro, ahora vas a decir

que la chica del parque no es tu novia.

Es tu prima del pueblo, que te trae mantecados.

¡Venga, Doménico! -Casi lo clavas.

Lucía es como una hermana para mí.

Y es ella la que tiene novia.

Viene a que la conozca.

Capito?

-Ah. -Lucía.

¿Qué tal, cómo estás? -Bien.

-Hola.

Encantado. Cristina.

-Hola. -La pizzería.

Dale una oportunidad. No sé.

Además, tú misma puedes controlarlo.

Lo tienes enfrente, le echas un ojo.

Más de una vez le he dejado más libertad

y he tenido que venir corriendo a ayudarle.

¿Cuándo fue la última vez que pasó?

David se hace mayor.

Cada vez más autónomo, más independiente.

No lo controles tanto, no lo necesita.

David me va a necesitar siempre.

Ese es tu miedo, no el suyo.

No sé.

¿Han aparecido? No ha llegado todavía.

Pues entonces, tendrás que esperarlos aquí.

(CARRASPEA) ¿Puedo, mamá?

¿Puede, mamá?

No te voy a quitar ojo de encima.

Fuera, que tengo mucho trabajo.

¡Anda!

Todo suyo.

Es que no sé cómo le aguantas.

¿Qué es lo que te ha hecho?

Me ha prohibido seguir con el negocio.

¿Por qué, qué ha pasado? Si es que todo iba perfecto.

Lo único que he hecho ha sido reorganizar las rutas

de las furgonetas para poder encajar la entrega de las cestas.

(SUSPIRA) ¿Y?

Pues que se ha averiado una furgoneta

y un pedido no ha llegado cuando debía llegar

y el cliente se ha mosqueado y ha cancelado el contrato.

¿Y eso lo sabe tu padre?

¿Tú qué crees?

Lo sabe hasta el abuelo.

Si me dejara seguir con lo de la web,

podríamos recuperar lo que hemos perdido con el supermercado.

Vamos por partes.

¿Me estás diciendo que la has cagado con tu padre

y se ha enterado tu abuelo?

El abuelo se ha enterado a medias. ¿Cómo que a medias?

Sabe que hemos perdido el cliente,

pero papá le ha hecho creer que fue culpa de un operario.

Si lo he entendido bien,

tu padre te ha cubierto y lo va a despedir.

Pues eso parece, sí.

Ah, pues fantástico.

Tú metes la gamba y un pobre hombre

que no tiene la culpa se va a la calle.

No sé por qué estás tan enfadado.

¿Te vas a poner del lado de papá otra vez?

¿Cómo eres tan egoísta?

¿Egoísta por qué?

Yo te apoyé con lo de las cestas.

Y te animé a que siguieras con el negocio.

Lo único que te pedí fue que no descuidaras la empresa familiar.

Y tú pierdes un cliente.

No, yo... ¡Déjame acabar!

Y dejas que otro cargue con la culpa

de algo que no ha hecho.

¿Qué culpa tengo de que a papá se le vaya la olla?

Y encima, eso.

Tu padre lo que ha hecho ha sido despedir a ese hombre

para salvarte el culo delante del abuelo.

Si me dejaran seguir con la web, lo contrataría yo mismo.

¿Sabes la de pedidos que hay?

Lo del hotel Vancouder era el principio.

Si invertimos en marketing, podremos conseguir más clientes.

¿Te crees que te han llamado porque les ha encantado tu publicidad?

Qué inocente.

¿Fuiste tú?

El director es amigo mío desde el instituto.

¿Por qué no me lo dijiste?

Porque confiaba en ti.

Y en tu proyecto. Y quería que tú confiaras en ti mismo.

Ah, y ya no confías en mí. Germán.

No dejes que la ambición personal te ciegue.

Aquí, lo primero es la empresa de la familia.

A veri si se te mete en la cabeza.

(SUSPIRA)

Vale, vale, ¿y qué se supone que tengo que hacer?

¿Olvidarme de algo que sé que funciona?

Para empezar, tranquilizarte.

Y después, hacer todo lo que te diga tu padre.

¿Te ha quedado claro o te hago un croquis?

Venga.

A ver, entonces, Jorge, una tontería.

Mañana, la presentación.

¿Si servimos las tapas en platos de plástico no será cutre?

-Vamos a tener que servir un montón.

No tenemos vajilla suficiente.

Yo compraría más. ¿Sí, tú crees?

Sí, por si tenemos que darles un golpe de calor

en el microondas antes de servirlas.

El plástico no vale. Apúntalo.

-Estos pequeños detalles marcan la diferencia.

No, lo que marca la diferencia es la calidad de las tapas.

Y os han quedado de 10.

No, te han quedado de 10.

Si no es por ti, no nos hubieran quedado tan ricas.

Por eso vas a encabezar nuestro cartel.

¿Qué cartel? El de la presentación.

Que sepan quién ha dirigido este cotarro.

Entiendo que queráis hacer un cartel

para darle publicidad al evento.

Pero ni se os ocurra poner mi nombre en él.

Porque os mato a las dos.

-Te dije que no le iba a gustar la idea.

-No nos vamos a llevar todo el mérito. No sería justo.

Lo digo en serio, no me sentiría cómodo.

Ha sido un placer ayudaros y me lo habéis puesto muy fácil.

¿Sí? Sí.

¿Estás orgulloso de nosotras? Completamente.

Sois el equipo perfecto.

Rosa pone el talento y Lorena pone...

La energía. Qué poca vergüenza, mamonazo.

(RÍE)

Hacía mucho que no me lo pasaba tan bien.

Pero de verdad, el nombre, no. En serio.

Ya veremos si te hacemos caso. Más te vale.

Además, el mérito ha sido vuestro.

En la cocina, con talento y cariño se llega muy lejos.

Y de eso vais sobradas.

Sobre todo, tú, Rosa.

(ROSA RÍE) ¡Pero bueno!

Anda, ven aquí, que eres más majo que las pesetas.

-¿Interrumpo algo?

-Hola, Nacho. -Hola, cariño.

-Estábamos dándole las gracias por lo que nos ha ayudado.

-Nos van a salir unas tapas que vas a flipar.

Lorena, tú y yo tenemos cosas pendientes en la cocina.

¿Ah, sí? Sí.

¿Necesitas mi energía ahora? Por favor.

Te la voy a dar. Venga.

Sí.

He estado viendo el programa, tres "Masterchef" seguidos.

¿En serio? Sí.

¿Y eso?

-Perdóname.

Odio que discutamos.

(SUSPIRA) Yo también.

-No quiero que pienses que no te valoro.

-Ya lo sé, Nacho, pero...

Es que a veces tengo la sensación

de que cuando me ilusiono con algo, a ti te molesta.

-¿Cómo me va a molestar?

Reconozco que a veces me paso de sincero.

Soy consciente de que tanta sinceridad

puede ofender a una persona tan sensible como tú.

-Sabes que le doy muchas vueltas a las cosas.

-Sí, demasiadas y eso tampoco ayuda.

Solo te pido que no te tomes tan a pecho mis comentarios.

-Gracias, amor.

-¿Nos vamos a dar una vuelta?

Podemos ir a tomar un café. -No puedo, lo siento.

Estamos ultimando detalles con Jorge.

-Venga, mujer, anímate.

No creo que te echen mucho de menos.

-¿Y eso? -¿No ves el tonteo que se traen?

Para mí que tu hermana ya ha sacado la caña de pescar.

-¿Tú crees?

-Míralos.

¿Tienes un minuto? -No.

-¿Has podido hablar con los de la basura?

Es que el contenedor de vidrio está hasta los topes

y siguen sin pasar para vaciarlo.

-Ya llamaré. ¿Algo más?

-Ya sé que estás muy liado. Quería saber cómo estás.

-¡Una mierda te importa cómo estoy!

Si te importara, no habrías hecho lo que hiciste.

Coge la puerta y lárgate.

Y a partir de ahora, conversaciones de curro y poco más.

¿Qué os pasa?

¿Por qué le tratas así? -¿Qué quieres, abuela?

-Pues verte feliz otra vez.

Y si me entero de por qué Jonathan ya no trabaja con nosotras

y por qué tu madre ha mandado a tu padre a dormir aquí, mejor.

-Eso pregúntaselo a ellos.

-Pero ¿tú te crees que yo soy tonta?

Me estáis ocultando algo.

Yo ya no estoy para secretitos.

¿Qué pasa, Samuel?

(SUSPIRA)

No puedo más, abuela.

-Pero ¿por qué?

Pero ¿qué te pasa?

No te puedo ver así, por favor.

Desahógate conmigo.

¿Qué te pasa, Samuel?

-Soy un asesino.

Una tarjeta, por si quiere hacer un pedido por internet.

Toma.

Hay gente que no sabe lo que es una papelera.

No he vendido nada, mamá.

Bueno, yo tampoco.

No compares, según un estudio de negocio, el tuyo está obsoleto.

Y el de Jorge no. Nunca más va a querer que le ayude.

No seas exagerado, David.

Para tu información, hasta el gran Jorge tiene días flojos.

Y hoy es uno de esos días.

Pero he hecho todo lo que me ha pedido.

Preguntar a los clientes, sonreír aunque no tenga ganas.

Ya, lo sé, te he estado mirando.

Lo has hecho fenomenal, de 10.

Sí, pero la caja está a cero. Hay que tener paciencia.

Quedan dos horas antes de que el mercado cierre.

Las cosas pueden cambiar. Me lo cuentas en la cena.

Vale.

Ahora que lo pienso, no tengo nada para cenar.

Tenemos media cebolla y un puñado de acelgas.

¿Otra vez acelgas? Ya, ¿verdad?

Voy a coger una lata de bonito y otra de...

pimiento del piquillo y nos hacemos una ensalada.

¿Cuál me recomiendas? Déjalo, mamá.

Solo quieres comprar algo para que me sienta mejor.

Mira que eres listo, no hay quien te la cuele.

Le he fallado a Jorge. De eso nada. Mírame.

Lo estás haciendo fenomenal. Cualquier chaval de tu edad

no sabría llevar este puesto ni la mitad de bien que tú.

Ya ves tú lo que he hecho, la caja está a cero.

Pero olvídate ya de la caja.

Has atendido el teléfono, a los proveedores,

has atendido muy bien a los clientes.

Estoy convencida de que van a volver.

Si ese ha tirado la tarjeta. Sí, ya lo sé.

Tú has hecho lo que debías hacer, repartir las tarjetas.

Y Jorge estará encantado porque has repartido unas cuántas.

Bueno, estaba en la lista.

Ya lo sé.

Y estoy muy orgullosa de ti.

Nicolás, tú también estás en la lista.

-¿Qué lista? -Tienes que arreglar el enchufe.

-Ahora, no, que tengo mucho lío. -Se lo prometiste a Jorge.

-Sí, le dije que pasaría.

-Las promesas hay que cumplirlas. Lo dice mi madre.

¿Tu madre no lo decía?

-¿Dónde está ese enchufe?

-Ahí, debajo del mostrador.

Felicidades, lo has hecho muy bien.

Jorge se va a poner muy contento.

A lo mejor hasta te pide que seas su socio.

Tendría que valorar si me conviene.

Sí, claro.

No te tortures más, hijo.

No te tortures más. -Yo los maté.

Maté a su hermana y a José.

-Fue un accidente, métetelo en la cabeza.

-Eso no sirve de nada. -Te dejó sentado en esa silla.

-Yo estoy vivo y ellos están muertos.

Y todo, por conducir borracho.

Por mi culpa.

-¿Lo sabe ella?

-Solo Jonathan.

Mi padre le untaba todos los meses para que tuviera la boca cerrada.

Mamá también lo sabe. No sé cómo voy a mirar a Carla.

-¿Y de verdad crees que castigándote así

te vas a sentir mejor?

-No quiero sentirme bien.

Debería estar muerto.

-Pero no lo estás y eso es lo único que importa.

-Pero sería lo justo.

-La vida te ha dado una segunda oportunidad.

Y has sufrido mucho para llegar donde has llegado.

Solo por tu esfuerzo y por todo tu coraje

te mereces empezar otra vez de cero.

-¿Empezar de cero?

¿Cómo voy a empezar de cero con Carla?

-Si tan culpable te sientes, es el momento

de reparar todo el daño que has hecho.

-Ojalá pudiera cambiarme por Laura.

No dejo de pensarlo desde que me levanto.

Pero no puedo.

-Es verdad, no te puedes cambiar por su hermana.

Pero sí que puedes hacerla feliz.

¿Recuerdas cuando llegó al mercado?

Siempre estaba sola, no hablaba con nadie.

Parecía enfadada con el mundo. Y ahora, mírala.

Vuelve a sonreír.

Y todo eso es gracias a ti.

-No puedo.

No puedo mirarle a los ojos.

No.

No sé qué decirle. Yo la quiero, pero...

Pero no puedo.

-¿Me aceptas un consejo de abuela?

No se lo digas.

-No puedo hacerle eso.

Bastante daño le he hecho ya.

-Hijo.

La verdad, a veces, es como la carcoma.

No se ve, pero está ahí destruyendo todo poco a poco.

Si la quieres como creo que la quieres,

no se lo digas.

-¿Y vivir con esa mentira toda la vida?

-Con el tiempo se aprende a olvidar.

Hijo, el amor es un misterio.

Pero también es un milagro.

Llega cuando llega y como llega.

Y tú ya tienes bastantes cosas de las que arrepentirte.

No lo dejes pasar de largo.

¿Tú no te ibas a la sierra con la Pacheca?

Cambio de planes.

¿Qué pasa?

Ya se ha cansado de ti, ¿no? Mucho habéis durado.

Nadie se ha cansado de nadie.

He sido yo el que ha anulado el viaje.

¿Por qué?

Si te encanta la sierra.

Y las mujeres. ¿Cuál es el problema?

El problema es que me gusta más de lo que pensaba.

¿La sierra o la Pacheca?

Déjate de cachondeítos, ¿vale?

Yo pensé que simplemente estabais tonteando.

Eso pensaba yo hasta que...

¿Hasta qué?

Hasta que te has dado cuenta de que merece la pena de verdad.

No sé cómo ha ido camelándome para tenerme como me tiene.

¿Cómo te tiene? Mal, hijo. Muy mal.

Desde que murió tu madre, todo han sido tonteos, jueguecitos.

Nada serio.

Pero esta mujer ha sabido tocarme donde duele.

Y no quiero perderla.

¿Qué tiene que ver con la sierra?

¿Tienes miedo a perderla por Guadarrama?

No quiero cagarla, ni aquí, ni en la sierra ni en ninguna parte.

¿Te estás oyendo? No te pega nada.

¿No será que Valeria te está presionando más de la cuenta?

No, si ella se lo ha tomado muy bien.

Con toda naturalidad.

Eso es lo que me asusta.

Vamos a ver, papá.

Has encontrado el amor de tu vida y ella también.

¿Y en vez de disfrutar y dejarte llevar, te vas de varetas.

Pues eso es lo que yo te digo.

Papá, te ha tocado la lotería.

Y a ella también.

Así que ahora mismo te vas a por Valeria,

te vas a la sierra o donde quieras y te cobras el premio.

¿No será que le estoy dando demasiadas vueltas?

¿Tú qué crees?

Oiga, el que está ahí dentro, salga y devuélvame a mi padre.

¿Tú eres idiota o qué?

Pues si la Pacheca quiere mambo, va a tenerlo.

Menos mal, ese es mi padre, por fin has vuelto.

¡Vamos!

¿Qué tal con el chef?

¿Os está dando buenas ideas?

No sabes qué meneo le ha pegado a la carta.

Este tío entra en la cocina y hace magia.

Me alegro mucho por vosotras.

Yo estoy dándole vueltas a ver cómo actualizo el puesto.

Bueno, renovarse o morir.

Sí. Pregúntale al chef.

Yo necesito un milagro.

Estoy pensando en vender productos ecológicos.

A mí con eso me tienes ganada.

¿Sí? Sí.

Pues te tomo la palabra.

No sé muy bien qué hacer.

Por un lado, sé que el que no arriesga no gana.

Pero por otro, como me salga mal, me pillo los dedos bien.

Ya, no es fácil.

Hace años estuve a punto de montar un negocio de cosméticos.

Ten cuidado. ¿En serio?

¿Y qué tipo de producto?

Pues mira, conocí a un tío en Jordania...

Bueno, un rollete, ya sabes. Sí.

El tío me propuso vender

barro del mar Muerto, que está muy cotizado.

Le solté 2000 pavos para la primera partida

y el tío se quedó con los 2000 pavos, no volví a verle,

ni el barro del mar Muerto ni a la madre que lo trajo.

(CARRASPEA) Señoras. -Patatas bravas.

¡Bueno! ¿Quién las prueba?

Celia, ¿te animas? Sí, sí.

Es un clásico, con un puntito original.

Pararas bravas con salsa de la Rouge.

-Mírale, si es que hace magia.

Ah, vamos a probarlo.

Está... Está potente.

Está como para abrir botellines y botellines

con mirarlo solo. Están riquísimas.

Enhorabuena.

-Gracias.

Bueno, me marcho porque Nacho me va a matar.

¿Cómo que te vas? Tenemos las sardinas en harina.

Lo siento muchísimo, es que me tengo que ir.

Bueno, Lorena, le echas tú un cable.

-¿Quién se queda en la barra? -Noa está viniendo.

-¿Qué quiere Nacho ahora, no sabe que estamos liadas con las tapas?

En una hora tengo que estar en el puesto.

Os espero en la cocina, a la que sea.

Por si te quedas con hambre. Gracias.

¿No te cansas de que disponga de tu tiempo?

-¡Venga, Lorena, no te enfades!

Encima de que te echo un cable.

-¿Un cable para qué?

-Venga, no disimules.

Así te quedas a solas con él.

-¿Con Jorge, de qué estás hablando?

-Yo no me he dado cuenta, me lo ha dicho Nacho.

Pero es que es evidente que te gusta.

-¿A mí, Jorge? -¿Sí o no?

-Vamos a aclararnos, por favor. Esto es trabajo.

-No, no, no.

Venga, por favor. ¿Te gusta o no te gusta?

Hay confianza, ¿no? Digo yo.

Dime que no es atractivo.

-Bueno, sí, tiene su rollo.

Mira, me pone, me pone.

-Lo sabía. -Ya.

En eso os entretenéis tu maridito y tú.

(RÍE)

Venga, tira para la cocina.

¿Has visto "El cartero siempre llama dos veces"?

Pues ten cuidado con la harina, Jessica Lange.

Venga.

-Me das miedo, hermana.

Si la conoceré yo.

Te dejo aquí... Hasta luego.

Hasta luego.

Aquí tiene. -Muchas gracias. Chao.

Mamá, he vendido tres botellas de vino por 220 euros.

Y Nicolás ha reparado el enchufe y ha cambiado una bombilla.

Qué bien.

Pensaba que estaría toda la tarde sin hacer nada, como tú.

¿Tan mala vendedora crees que soy? Solo hay que ver la caja.

¡Eh, eh, eh!

No, ni se te ocurra, listillo.

Seguro que no has hecho ni 20 euros.

No, pero ya me gustaría verte ahí vendiendo medias y pinzas.

A ver cuánto tardabas en sacar 220 euros.

Menos que tú, seguro.

Ya verás.

¿Qué, cómo lo ves?

¡Huy, está perfecto!

Estás hecha toda una profesional.

Con tanto recadito, me paso más tiempo aquí que en mi frutería.

Es verdad, soy lo peor. No, yo lo hago encantada.

Y espero que esta escapada

haya servido para quitarte a Doménico de la cabeza.

Calla, que al final me ha pillado.

Sí, sí. ¿Cómo?

Que me ha pillado siguiéndole.

Por Dios, Cristina, un poquito de dignidad.

Me moría de vergüenza, no sabía dónde meter la cabeza.

¿Y qué le has dicho? Ahora viene lo mejor o lo peor.

Le he dicho que estaba enamorada de él.

Tú estás fatal, pero fatal. ¿A quién se le ocurre?

Yo no puedo estar callada. Me he quedado relajada.

Claro, tú, casada, él, con novia, pero relajadísima.

Que no es la novia, la chica del parque es una amiga.

Y amiga, amiga porque es lesbiana.

¿Y por qué estás tan contenta?

Ibas a verlos juntos para quitártelo de la cabeza.

No dejo de pensar ni un segundo en él.

Pues estupendo.

¿Y ahora, qué?

¿Ahora, qué?

Pues nada o todo, yo qué sé.

¿Cómo que todo, qué significa todo?

A ver.

Desde que le di el beso, no me ha negado que yo le guste.

¿Tú te estás escuchando?

En todas las conversaciones que hemos tenido,

y las he repasado varias veces,

no hay un solo momento que me diga que no siente lo mismo que yo.

Que no soy su tipo. ¿Sabes por qué no me lo ha dicho?

Oyéndote me hago una idea, pero sácame de dudas.

Porque yo también le gusto.

Una historia de amor preciosa, salvo por un pequeño cabo suelto.

Paolo.

Ay, Adela, calla.

Estoy como una cabra, ¿verdad?

¿Qué vas a hacer, dejarle?

Pues la verdad es que no sé.

-Buenas. -Viene a recoger un pedido.

Luego seguimos. Que te crees tú eso.

Atiende al cliente y me aclaras lo del cabo suelto.

Que sí.

Valeria.

Mire, han llegado los nuevos pintalabios de la temporada.

Hay muchos colores nuevos.

Como este rojo, que es parecido al que lleva o este.

-Es que no estoy para tonterías.

-Vender no es una tontería, es lo que hacemos todos.

Incluso usted. -Perdona, tienes razón.

Es que no estoy ni para pintalabios ni para nada.

-Tome.

-Te he dicho que no quiero nada. -Usted pruébelo.

Y si sigue enfadada, me lo devuelve.

Si le alegra, me lo paga mañana.

-Eres bueno vendiendo.

-Es que me fijo mucho. Usted y su hija son muy buenas.

Hacen que los clientes se vayan contentos.

-Bueno, pues dame este rojo y dame ese rosita claro.

-Serán 19,90.

¿Efectivo o tarjeta? -Efectivo.

Toma, y te quedas con el cambio.

¿Ves como no era tan difícil?

Desde luego, tiene mérito sacarle 20 euros a la Pacheco.

Eres un crack, lo reconozco.

Si me decido a hacer lo de los productos eco,

me va a venir muy bien alguien como tú.

No necesitas a nadie.

Si me acabas de decir que soy una patata como vendedora.

Lo eres, pero hagas lo que hagas, hazlo bien.

Eso dices tú siempre.

¿Eso digo yo? (ASIENTE)

Pues tendré que hacerme más caso a mí misma.

Puedo enseñarte los trucos que he aprendido.

¿Te atreves? Claro que sí, cariño.

Contigo, al fin del mundo. Vamos.

Le van a encantar.

Venga, hasta luego. -Hasta luego.

¿Qué, ya has terminado? Yo sí.

Pero tú no.

Me falta saber qué piensas hacer con Paolo.

¿Qué pasa con tu marido?

No me líes, todavía no ha pasado nada entre Doménico y yo.

Si tú misma lo estás diciendo: todavía.

Cristina, o cortas esto de raíz

o es cuestión de tiempo que os acabéis liando.

No lo entiendo, ¿por qué me tiene que pasar esto a mí?

A ver, que no tenemos 15 años.

¿Te vas a cargar un matrimonio que funciona

para enrollarte con un tío al que no conoces?

Y que es el mejor amigo de tu marido.

Que esto no es un rollo, Adela.

¿Qué culpa tengo yo de haberme enamorado?

¡Y dale!

Una cosa es enamorarse de alguien

y otra cosa es encapricharse con alguien.

Y tú ya sabes lo que me pasa, ¿no?

Te has montado una película para salir de la rutina.

Pero ni eres Meryl Streep ni esto son "Los puentes de Madison".

¿Qué tiene de malo salir de la rutina y sentirse viva?

Que tú hayas renunciado a tener lo que te mereces

no significa que los demás tengamos que hacer lo mismo.

Eh, que esto no va sobre mí.

Esto va sobre ti. O por lo menos, eso creía.

No te cuento esto para que me juzgues, sino para que me ayudes.

No, tú no me cuentas esto para que te ayude.

Tú me cuentas esto para que te anime a seguir con esta película.

Pero ¿sabes lo que te digo?

Que lo siento, si quieres cargarte tu matrimonio, hazlo tú solita.

¡Venga, hombre!

(SUSPIRA)

Un penique por tus pensamientos.

-¿Perdona?

-Nada, es una cosa que me decía un novio inglés

cuando me veía con la mirada perdida.

Nunca le conté que me estaba enrollando con su mejor amigo.

Sí, sí se lo conté.

Le escribí un mensaje.

Bueno, hablemos de cosas importantes.

¿Mi padre te ha hecho una de las suyas?

-Tu padre tiene lo suyo.

-Qué me vas a contar a mí, que le conozco desde que nací.

¿Qué te ha hecho?

-Que a estas horas tendríamos que estar llegando a una casa rural

y mírame, tomándome un cortado, más sola que la una.

-¿No me digas que te ha dejado plantada?

-Con la maleta hecha.

-¿Se puede ser más bruto y más insensible?

Ya verás cuando me lo eche a la cara.

-No, no le digas nada.

La culpa es mía por hacerme ilusiones.

-Pero ¿cómo no te vas a hacer ilusiones?

Si te morreó aquí, delante de todo el mercado.

-Pues ya ves, flor de un día.

Así son los hombres.

-Bueno, mujer, no nos pongamos tan drásticas.

Las primeras fases de las relaciones son así.

Hay baches, cuesta un poco. -Nuestra relación ni ha empezado.

Nos hemos quedado a las puertas de todo.

-Mi padre es un poco así, Valeria, tiene prontos.

Luego se le pasa. -Que haga lo que le dé la gana.

Bastante tengo con lo que tengo

como para estar sufriendo por las esquinas.

Yo ya no estoy para estas cosas.

-Valeria, el amor no tiene edad.

Señoras, ha sido un placer. Dejo esto por aquí.

Tengo que volver al puesto.

Lo del fuego ya está listo, sácalo cuando quieras.

La que tengo una edad soy yo.

Y tengo una familia que me necesita.

Así que primero, los míos, después, yo

y después de mí, otra vez yo.

-Si lo tienes tan claro, tienes razón.

-Claro que sí.

Y si tu padre no quiere saber nada de mí, peor para él.

Ponme unas gotitas de coñac. -¿Unas gotitas?

Un chorro entero te voy a echar.

Te lo has ganado, invita la casa.

¡Ya está bien de tanto pensar en los hombres!

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

¡Hombre, el empleado del mes! Por fin te encuentro.

-Buenas.

-¿Dónde has estado? No te he visto el pelo.

-Archivando unas cosas.

-Vale, pues venga, recoge, que nos vamos.

-¿Adónde?

-A Lavapiés. Marta, mi colega actriz,

me ha dejado entradas para que le vayamos a ver.

-El teatro me da una pereza... -No, es un rollo monólogo.

Es superdivertida, nos vamos a mear.

-¿A qué hora es? -A las 10, en La Cueva.

-¡Bueno!

-¿Qué pasa? -Ah, que no has estado.

-No, ¿por? -Porque es una cueva de verdad.

Tiene millones de escaleras. Por ahí no paso.

-Y no estará adaptado. -Qué va, es un antro.

-Bueno, pues pasando.

Pues vamos a dar una vuelta. -Que no, de verdad, vete tú

y ves a tu amiga, que tengo mucho curro.

-Paso de ir sola. Me quedo aquí, contigo.

Y te ayudo. -No, ni de coña.

Tardo más en explicarte las cosas que en hacerlas yo.

Si no vas, tu amiga se va a mosquear.

(SUSPIRA)

-¿Qué pasa, Samu?

Vale que te duela el hombro.

Pero estás muy raro conmigo.

No me mandas mensajes, no haces ni una llamada.

No sé, y ahora te digo de hacer algo juntos

y pasas de mi cara.

-He tenido un día de mierda.

-¿Qué día te piensas que he tenido yo?

Hemos pasado de estar a punto de irnos a Londres

a no vernos ni en pintura.

Pensaba que podíamos hacer algo juntos, pero me equivocaba.

A Germán no le pongas, no viene a cenar.

Estará por ahí inventándose otra de sus maravillosas ideas

para cargarse la empresa.

Anda, no seas cruel.

Lo de vender online es buena idea y lo sabes.

Solo le faltó tiempo para pulirla.

¿Tiempo?

En dos días se ha cargado uno de mis mejores clientes.

Nunca sabes si funciona algo hasta que no se prueba.

Tratándose de ese lumbreras ya te digo cómo terminan.

Mal. Mira que se lo dije.

Deja el negocio, no te metas en eso todavía.

Pues nada, como el que oye llover,

dale que te pego con las cestitas.

Tal vez yo no fui tan tajante.

¿Cómo?

A mí no me parece tan mala idea.

Así que le eché una mano

sin que lo supiera buscándole clientes.

Oye, Adela.

Quedamos en que remábamos juntos en esto.

Ya, pero te conozco y conozco a tu padre.

Es escuchar internet y os ponéis a la defensiva.

No es nuestro negocio, no vendo lo que no conozco.

No, es que es verdad.

La verdad es que o nos ponemos las pilas

o en dos años las ventas online nos comen.

La fruta tiene mala venta por internet.

No tiene mala venta, antiguo.

Tu hijo te ha lavado el cerebro.

Tampoco hay que ser un lince para darse cuenta.

La inversión que necesita para saber si funciona es mínima.

El problema no es la inversión. ¿Cuál es?

Que tu hijo quiere correr antes de empezar a andar.

¿Quiere montar un negocio? Muy bien, que lo haga.

Con su dinero, no con el mío. Eh, con el nuestro.

¿O mis participaciones en la empresa no valen igual?

Te recuerdo que estamos en gananciales.

No se me olvida nunca. No sé a qué viene eso.

Viene a que ese dinero también puede servir

para invertir en lo que yo crea conveniente.

Sí, pero lo de las cestitas es de todo, menos conveniente.

Te equivocas. ¿Cuánto tiempo llevas

sin ver a Germán tan ilusionado con algo?

¿Cuánto tiempo? Ya se le pasará.

No, porque es tan tozudo como tú.

¿Qué te cuesta darle una oportunidad?

¿Que qué me cuesta? Miles de euros.

Ya hemos perdido un cliente. Solo uno, menos mal.

Eso ha pasado porque lo hizo a escondidas.

Pero si le apoyamos, pronto dará beneficios, estoy convencida.

¿Qué hacemos, le dejamos que se salga con la suya?

Es que la suya, como dices tú, también es la nuestra.

Además, si le dejaste poner un pie en la empresa,

no puedes cortarle las alas.

Ahora que estamos en el mismo barco.

¿Y si se equivoca? No, no lo hará.

Se pasó de frenada y lo sabe.

Estoy segura de que ha aprendido la lección.

Nos estamos metiendo en un jardín con esto de internet...

Piensa en el futuro, el nuestro y el del mercado.

Si funciona bien, es una oportunidad para todos.

Yo no estoy aquí para salvar a nadie.

Cada uno que se salve a sí mismo. Anda, si a ti te encanta.

A ti lo que te fastidia es que si Germán monta esa web,

no vas a controlar nada

porque no tienes ni puñetera idea de cómo funciona.

¿A que es eso?

Vamos a dejar el temita, vamos a tener la fiesta en paz.

Te prometo que lo estudio con detenimiento

y ya veremos qué hacemos.

Ya te digo yo lo que hacemos.

Tirar para delante sí o sí.

Mira, tío, no soy tonta.

Has estado raro conmigo todo el día.

-Carla, vete a ver a tu amiga.

-Quieres que me vaya sin ti. Que no.

¿Por qué no quieres venir conmigo?

-No puedo, ya te lo he dicho.

-Ya.

Estás superliado con el curro.

Mira, Samu, lo siento mucho

si te he hablado mal o he estado borde.

-No, no tienes la culpa de nada.

Soy yo el que la ha estado cagando todo el rato.

-¿Por qué dices esto ahora?

-Porque sí, porque...

Me frustra lo del viaje a Londres.

-¿Por qué dices esto?

Te encontrabas mal. ¿Dónde está el problema?

-El problema soy yo, Carla.

Cuando no es una cosa, es otra.

Cuando no es el hombro, es esta mierda de silla.

Estoy siempre limitándote. -Esto te lo voy a decir una vez.

Mírame bien.

Yo lo único que quiero es estar contigo.

Y me da igual si es en Londres, en Nueva York,

en China o comiendo pipas en la plaza.

¿Te enteras?

-No quiero ser una carga para nadie.

-¿Qué dices, tío, de qué vas?

El día que te tenga que llevar en brazos hablamos.

No me gusta que te pongas así. -Pues yo lo veo así.

-Yo también lo veía todo negro. ¿Te acuerdas?

Y fuiste tú quien me ayudó a ver las cosas de otra manera.

-Tú te mereces otra cosa.

No esto.

-No.

Yo no te pienso dejar así. Ni de coña.

Yo no voy a parar hasta que seas feliz.

Tú lo conseguiste conmigo, así que yo también puedo.

-¿De verdad eres feliz?

-¿Tú qué crees, tonto?

Es tu culpa.

¿Qué?

¿Nos vamos al japo?

Me da igual si no quieres comer porque no tienes hambre.

Lo único que quiero es que te sientes a mi lado

y que me mires como me estás mirando ahora.

-Muy bien.

Pero ¿qué te gusta más, el sushi o yo?

-No sé, tendría que probarlo.

-¿Ah, sí? -Sí.

-Prueba, entonces.

-A ver.

Hay cosas que no sabes. ¿Sobre qué?

Sobre el mercado.

Cosas que afectan al futuro.

Y que nos afectan a todos.

Vale, pues cuéntamelas.

Primero debes hacer algo por mí, sin preguntas.

Lo que tú digas.

¿Qué te parece si nos escapamos a comer?

En plan cita romántica. Hace tiempo que no lo hacemos.

-Me encantaría, mi amor, pero hoy no puedo irme

a la hora de comer del bar.

-¿Por qué no?

-Porque es la muestra gastronómica.

-Ya, pero las tapas están preparadas.

-Bueno, sí, más o menos. No puedo, cielo.

Ayer ya me fui y los dejé solos

a Lorena y a Jorge. No puedo.

Tengo que echar una mano. -Podemos hacerlo.

¿Sabes dónde está tu hijo?

He subido al despacho y no estaba.

Por cierto, hay una colcha y una almohada.

¿Se está quedando a dormir? ¿Samuel? No, no.

Eso es de Jonathan.

De vez en cuando duerme allí la siesta.

Ese niño nació cansado.

Tantas emociones, tantos disgustos, no me compensa.

-Pero... -No, no es que no me gustes.

Eres un buen hombre y me río contigo.

Pero es mejor dejar las cosas como están.

Y cada uno, que siga por su camino.

-Supongo que no puedo aspirar a nada más que ser amigos.

-La amistad entre personas que han sido algo más es extraña.

¿Qué te parecería si fuéramos socias?

¿Socias, cómo? En el puesto.

Con toda la línea ecológica.

Yo tengo experiencia como vendedora,

llevo toda la vida en el mercado y me conozco a las clientas.

Además, soy muy amiga de Marisol y tengo capital para invertir.

¿Me estás pidiendo que me aleje de mi amigo?

-No, tú puedes seguir viendo a Paolo cuando quieras.

Tu amistad con Paolo no peligra.

Mi matrimonio, sí.

Así que te pido por favor que aceptes el trabajo.

Ayer salí con Carla porque me lo dijo la abuela.

Intenté disfrutar, pero no pude. No pude.

Es difícil sabiendo que eres el asesino de su hermana.

Tú no tendrás miedo, ¿no?

Porque entonces, no te reconozco.

-¿Cuándo he tenido yo miedo?

Simplemente, me quiero tomar las cosas con calma.

No me voy a lanzar a su yugular a la primera de cambio.

-¿Por qué no? A lo mejor es lo que tienes que hacer.

Sin pensarlo, tú vas, te tiras, lo enganchas

y le pegas un beso en los morros.

Lo peor que puede pasar es que se quede cortado.

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Mercado Central - Capítulo 34

08 nov 2019

El error de Germán le hace perder la confianza de Elías.
Nacho mueve sus hilos, quiere a su mujer lejos de Jorge.
David parece haber encontrado una gran vocación en el mercado. Celia, en cambio, sigue sin encontrarla.
Cristina renueva su ilusión por Doménico. Adela no tiene muy claras las intenciones de su amiga.
Valeria, ante el plantón de Jesús, ha decidido poner fin a su historia. Jesús, sin embargo, no se olvida de la matriarca de los Pacheco.
Valeria hace ver a Samuel que su relación con Carla es buena para ambos. Samuel está muy indeciso.

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