Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 33 - ver ahora
Transcripción completa

Bueno, pues tú céntrate en la fruta, que no necesitas a nadie más.

Y para empezar es suficiente.

Me voy a poner con eso "right now".

Pero no descuides lo que te mande tu padre.

Tranquila. No tendrá ninguna queja. Por favor.

Es eso lo que te molesta, ¿no?

¿El qué? ¿Qué me molesta? Pues eso.

Que Adela me esté ayudando con todo esto.

Y vienes a decirme que el negocio no funcionará.

Mira, me malinterpretas.

Ya. Yo para ti quiero lo mejor.

Te lo digo de corazón. Pero sé realista.

Es que soy realista.

Sacaré este negocio adelante.

Y ni tú ni nadie me va a desanimar.

Es que no sé, funciono por instinto,

y tú tienes mucha disciplina y protocolo.

Pues gracias a esos protocolo y disciplina esto saldrá bien.

Así que o te pones las pilas... ¡No!

No, Jorge. Te lo pido, no nos dejes colgadas ahora.

Te prometo que lo voy a hacer todo superbién.

Ajá. Pues empieza por limpiar todo esto.

Paolo me ofreció trabajo en mi peor momento.

No tengo intención de dejarle.

De dejaros tirados ahora, entiendo.

A nosotros no nos dejas tirados.

Está decidido, Cristina.

Siempre si os parece bien, claramente.

Claro que sí.

Ven aquí, amigo mío.

¿Ahora trabajas aquí de cocinero?

No, es algo puntual. Ayudo a Rosa y a Lorena.

¿Y quién se ocupa del puesto?

Pues nadie. He tenido que cerrarlo.

Pero eso es malo para el negocio.

Ya, pero no puedo estar en dos sitios a la vez.

Yo podría ocuparme, mientras tú estás aquí.

No sé si es buena idea.

¿Dices que superé el accidente gracias a ti?

No. Solo quiero que sepas que Jonathan y yo lo hicimos por tu bien.

Solo queríamos protegerte.

Yo no necesitaba ninguna protección.

¡Habrías acabado en la cárcel!

Te recuerdo que esto ha sido idea mía.

Ya...

Y Jorge te ha dicho que estaba muy bien, ¿no?

Y tú te lo has creído.

Si es lo que piensa, ¿por qué iba a decirme otra cosa?

Para que no te sientas mal. ¿No ves?

Estaba en el cementerio.

Viendo la tumba de Laura Rivas.

¿A qué vas tú...? -Porque yo la maté.

¿Cómo...? -Yo la maté, mamá.

¿Qué dice, Nicolás?

Soy un asesino.

Ya verás cómo el día a día aquí te mantiene la cabeza ocupada.

Bueno, a ti y a todos. -Estar entretenido no cambiará nada.

Sé que lo que ha pasado ha sido horrible.

Pero lo superarás, como superaste el accidente.

No puedo.

Sí que puedes. -No puedo.

Claro que sí. -Que no puedo entrar.

Que estoy acojonado. ¡Tengo miedo!

¿Qué le voy a decir a Carla?

Nada. No le vas a decir nada.

¿Le miento?

¿Contarle la verdad le devolverá a su hermana? No.

Y eso hará que rompáis la relación.

Debo decirle la verdad. -¿La verdad?

La verdad es que tú y Carla sois felices juntos.

Tú me lo has dicho.

Mucho más felices de lo que erais hasta el accidente.

Esa es la verdad, Samu.

¿Quieres que se pierda? -No tengo derecho a ser feliz.

Todo el mundo tiene derecho a ser feliz.

Además, si se lo cuentas, puede ir a la Policía.

Pues a lo mejor debo asumir las consecuencias.

Solo así estaría en paz. -No. Así te buscarías la ruina.

Y se la buscarías a tu padre y a Jonathan.

No. Tienes que recapacitar.

Pasar página... y aprender a vivir con ello.

Que no puedo.

¡Que no puedo esconder todo, como hizo mi padre!

¡No puedo hacer eso!

Toma.

Trae, dámelas.

Lo he dejado todo bien recogido.

Nadie se dará cuenta de que he pasado la noche en el despacho.

Vámonos, Samu.

¿Cuánto durará esto? ¿Cuándo vais a perdonarme?

Samu, lo hice pensando en ti.

Yo no creo que pueda perdonarte nunca.

Lo siento.

Carmen, tenemos que hablar.

No te vayas.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Y se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada olor, color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Sí, la cesta romántica lleva fresas en temporada.

Si no, las sustituimos por moras o frambuesas.

Sí, hombre, siempre.

Nuestras mejores frutas, de la mejor calidad, claro.

Muy bien. Pues dígame su dirección, por favor.

Muy bien.

¿Código postal?

Muy bien. ¿A qué hora quiere que entreguemos el pedido?

Entre 9:00...

Sí, descuide, que esta tarde lo tiene ahí.

Eso es. Muy bien.

Pues muchísimas gracias. Gracias por confiar en Delifruta.

Que tenga un buen día. Chao.

Sí, soy yo otra vez.

Te he mandado otro pedido. Sí, otro de los... Sí.

Te mando un correo y te explico los detalles.

Pero tiene que salir esta tarde.

Son 10 pedidos en total.

Sí. Asegúrate de que lleguen en el horario previsto.

¿Vale? Mira, absoluta prioridad.

Deja lo que estés haciendo y ponte en marcha ya.

Venga, hasta ahora.

(Móvil)

¿Sí?

Sí, soy yo. Sí. Delifruta, eso es.

¿Qué...? Perdone, ¿puede repetirlo, por favor?

¿Del Hotel Vancouver?

Sí. Claro que colaboramos con hoteles, claro.

Sí, mire... Sí.

El email está en la web.

Sí. Mándenos sus necesidades y le enviamos un presupuesto.

Claro, muy bien. Pues muchas gracias.

Muchas gracias. Será un placer hacer negocios con ustedes.

Adiós, buenos días.

¡Uh!

Temblad, empresarios de España, que aquí llega Germán de la Croix.

Carmen. Por favor...

¿Dónde ha ido Samu? -A casa.

Quizá debería hablar con él.

No. Es mejor que no vayas por casa.

La bolsa de aseo, para que no tengas ni que subir.

Pero entonces ¿no puedo volver hoy? -No.

Yo necesito tiempo para pensar.

Y Samuel no quiere verte.

¿Y cuánto va a durar esto? -No lo sé, Nicolás.

Igual para siempre.

No puedes estar hablando en serio. Esto es una locura.

Una locura es que me ocultaras algo así.

Que soy tu mujer y su madre. Debiste contármelo.

¡Tenías un trato con Jonathan!

Le necesitaba para librar a nuestro hijo de la cárcel.

Es donde estaría de haberse sabido que él conducía el coche, Carmen.

Debiste contármelo, que también es mi hijo.

Yo solo lo hice para protegeros. Créeme.

Pues mira, has destruido la familia.

No es justo, Carmen. (CARMEN) Es lo que hay.

Mientras Samuel y yo decidimos qué hacer, seguirás en el despacho.

Me voy a cuidar a mi hijo.

Cariño... ¡Carmen!

¿Qué haces aquí?

Eh... Nada. Unas llamadas.

¿No te funciona el móvil? Sí.

Pero estaba por la zona y... Has dicho: "¡Venga!

A ocupar el sitio de mi padre. Si esto un día será mío".

¿Verdad? No vayas por ahí, que sabes que no...

¿Y qué haces en mi silla? Anda, levanta.

Llevas aquí medio telediario y ya te crees el dueño de esto.

Pues no, claro que no. Ah, ¿no?

Pues no pongas más los pies encima de esta mesa.

¿Quieres este sitio? Muy bien. Gánatelo.

Pues precisamente debo hablarte de algo.

Si es sobre el temita tuyo de internet, no tengo tiempo.

Papá, que será un minuto. Solo me hace falta medio

para saber que es una tontería.

¿Eso es lo que crees?

¿Cestitas de frutas?

En serio, ¿cestitas de frutas?

¿Esa es tu idea para hacerte rico?

El abuelo empezó con una frutería, y ahora repartimos

a muchísimos supermercados. Sí.

Camiones enteros, niño. No cestitas.

Es que solo es el principio. Y el final.

No quiero volverte a oír hablar de ese tema.

¿No te das cuenta de que esto es una buena idea para nuestra empresa?

Nuestra empresa...

Vale.

Vale, para tu empresa. Pero dame una oportunidad, por favor.

Creo que funcionará. ¿"Creo"?

¿Cómo que "creo", niño? Tú no crees nada.

Tú haces lo que yo te digo y punto, como todos mis empleados.

¿Por qué no damos una oportunidad...? Que te digo que no.

¿Hablo en chino o qué?

Te pedí hacer la hoja de ruta. ¿La has terminado ya?

Casi la tengo. ¿Casi?

¿La has terminado?

Está controlado. Muy bien.

Arreando.

No. Me quedo a trabajar aquí. No.

No ¿qué? Que no te quedas aquí.

¡Qué rancio eres, colega!

Tú dices que no, pero no te fías de mí.

Escúchame, colega.

Te recuerdo que trabajas aquí porque me estás chantajeando.

Tú querías entrar en la empresa familiar. Enhorabuena.

Date con un canto en los dientes. Esto es lo que hay.

Fuera, que tengo que llamar y no me gusta tener público.

Cestitas...

(GERMÁN SUSPIRA)

(Puerta abriéndose)

Toma, Mónica. Verás qué rico te queda el estofado.

Una carne de primera. -Gracias.

Ya me darás la receta, ¿eh?

Hola, Mónica.

Te han dejado sola defendiendo el fuerte.

Yo me atrevo con todo.

No lo dudo. -Ni idea de dónde está mi hija.

Y Jonathan está en el almacén.

¿Todo listo para el viaje?

Sí. Ya he hecho la maleta antes de salir de casa.

Luego paso a buscarla.

Estupendo.

Tengo unas ganas de perder todo esto de vista...

No sé qué pasa, pero está el ánimo muy caldeado en casa.

Algo pasa entre Nicolás y Carmen, pero no sé qué es.

Quizá no es el mejor momento para viajar.

Si quieres, aplazamos el plan. -¿De qué serviría?

Si no me cuentan nada.

Quizá necesiten tu ayuda.

Pues que la pidan. Pero si no me cuentan nada, ¿qué hago?

De verdad, entendería que en un momento así

quieras estar con los tuyos. No pasa nada.

Anulamos la reserva. No, de eso nada.

Tú y yo nos vamos a disfrutar de la casa rural y de todo lo demás.

Yo estoy deseando. ¿Tú no?

Mucho.

No me despegaré de ti ni un minuto.

Pero ni un minuto.

Bueno, luego nos vemos.

Pero chico, qué pronto has venido.

El tartar hay que cortarlo fino, sin que se desmenuce.

(LORENA) Pero ¿no era en láminas?

Eso es el tataki, no el tartar.

Vale. ¿Y estos están bien o demasiado grandes?

Los has picado demasiado, pero pueden valer.

Ve aliñándolos. Vale.

Rosa, ¿cómo va lo tuyo?

Eh... Es que no sé muy bien...

¿Qué no sabes, cortarlo?

No sé si voy a...

a saber hacerlo como tú quieres.

Bueno, hazlo a tu manera. Prueba.

Es que a mí estas cosas modernas...

Es un tartar. Es lo más fácil del mundo.

Ya, pero es fácil para ti

porque está acostumbrado a estas recetas.

Yo soy más de comida tradicional, casera.

Pues ayer me diste un buen consejo. Y era moderno.

Lo de las berenjenas fue un invento de mi madre.

No te quites mérito.

¿Cómo vas, Lorena? Ya está hecho el aliño.

Colocamos las mesas y te vas, ¿eh?

Te lo agradezco mucho, Paolo. -Es lo menos que puedo hacer.

Paolo, no me debes nada. (PAOLO) Te debo mucho.

Pero no puedo pagártelo.

Me gustaría subirte el sueldo para compensar el trabajo que rechazaste,

pero no puedo.

Estoy contento aquí, Paolo.

Y yo quiero que lo estés aún más.

Así que tienes el día libre. Va.

Yo te lo agradezco en el alma.

Y espero no hacerte mucho estropicio, de verdad.

Ay, Doménico. No se hable más.

Yo soy tu jefe y esto es una orden: fuera de aquí.

Caramba con tu marido. No sabía que fueras tan tirano.

Sí. Aquí se hace lo que yo diga.

(DOMÉNICO) Necesito el día libre. -Y yo le obligo a que se lo tome.

Pero hombre, sin dudarlo.

Obedece sin rechistar.

¿Has oído a Adela? Va, fuera de aquí.

Está bien, pero si esto se llena de gente, me llamas y vengo.

Que sí, pesado. -Voy a coger mi chaqueta.

(PAOLO) Será posible.

Doménico es tan responsable que hasta le cuesta pedir un día libre.

Pero estoy seguro que ahora, gracias a mí,

podrá ver a esa mujer que le ha robado el corazón.

¿Él te ha dicho eso?

No. No directamente, pero yo le conozco.

Es la única explicación.

Si no, ¿para qué va a pedir un día libre?

Ahora os veo, ¿eh?

(CARRASPEA)

¿Pusiste solo una cucharada de lima? Hay más.

Es que me gusta... potente.

¿Potente? Es una bomba, Lorena.

La lima mata el sabor del atún.

Parece como si en vez de haber matado el sabor, hubiera matado un gatito.

¿Vas a tener salida para todo lo que diga?

Sí. Ya te veo, ya.

Eso a la basura.

Uy, esto me lo como yo, que solo me he tomado un café.

Mientras tu hermana disfruta de su sorbete de lima,

tú y yo podríamos ponernos con lo de la berenjena que me dijiste.

¿Sabes qué? No me parece buena idea.

Mejor le quitamos la berenjena. ¿Por qué?

Pues porque...

No quiero experimentar. Hacemos tu receta y ya está.

Rosa, si se tratara solo de hacer una receta,

la escribo y la hacéis vosotras.

Ya... La cocina es creatividad.

No quiero experimentar.

Ya está. Hacemos tu receta. Punto.

Vale.

¿Va todo bien conmigo, Rosa?

Vosotras me pedisteis ayuda.

Si no te gusta cómo dirijo la cocina, lo entiendo.

Me vuelvo al puesto y ya está.

Claro que nos gusta. Nos encanta cómo la diriges.

¿Verdad que sí, Rosa? Tú no te vas a ninguna parte.

Sí. Mira, vamos a hacer una cosa.

Mejor me encargo yo de las mesas y os quedáis vosotros aquí, ¿vale?

Tú, cambia esa cara.

Necesito que te quedes hoy en la floristería.

¿Has perdido el juicio? ¡No! ¡Adela, por favor!

Necesito que me cubras. Ni se te ocurra.

No dejaré que persigas a Doménico.

Chao. Chao.

Chao.

Claro...

¡Adela, que le pierdo de vista!

Esto es absurdo. Lo necesito para olvidarme de él.

Necesito verlo con esa mujer, dándole la mano, besándola...

Alma de cántaro, solo te harás más daño.

Que no. Necesito que se rompa ese hechizo.

Dejaré que deje de ser ese hombre misterioso que me imagino.

Conseguiré que esa relación sea real para mí. Por favor, ayúdame.

Tú estás como una cabra.

Adela, que estoy desesperada.

Trae. Ya me ocupo yo. ¡Ay, gracias!

(SUSPIRA)

Que tengas un buen día.

(RESOPLA)

Creía que estaría Valeria.

No. Se va unos días de viaje. Ha ido a casa a por la maleta.

¿Y Samuel?

En casa. No ha venido a trabajar.

¿Cómo está?

¿Cómo va a estar? Destrozado.

Lo siento. Lo siento mucho.

¿Ahora lo sientes?

Pues haberlo pensado antes de lanzar la bomba.

¿Vas a decir que no sabías lo que hacías?

No podía seguir ocultándoselo más tiempo.

Si no te pagaban, dirás.

Yo no he hecho esto por dinero.

Pero es que el dinero lo cogiste, Jonathan.

Y no fueron cuatro duros.

No llegábamos a fin de mes, y Nicolás decía:

"Un imprevisto". Y el imprevisto eras tú.

La idea del dinero fue de él.

Yo al principio me negué, pero...

De verdad que mi hermana lo necesitaba.

Solo por eso lo acepté.

No se hace eso a un amigo.

Venga ya, Carmen.

Me callé durante años por eso, porque soy amigo de Samuel.

Por protegerle.

Lo hubiera hecho aunque Nicolás no me hubiera pagado.

¿Por qué no seguiste callado?

¿Sabes lo que es mentirle a tu mejor amigo tanto tiempo?

No, ¿verdad?

Samuel me vio el otro día cuando le devolví el dinero a Nicolás.

Sabía que escondíamos algo.

Lo único que podía hacer era contarle la verdad.

Pues has acabado con nosotros.

Mira, Carmen.

No tengo por qué seguir escuchando esto.

¿Qué vas a hacer? -Largarme de aquí.

¿Vas a ir a la Policía?

¿Qué clase de persona crees que soy?

¿Eh?

¿De verdad crees que podría denunciarle?

¿Esa es la clase de persona que crees que soy?

Es que yo no sé quién eres. Que cogiste el dinero.

Mira, sí. Vete a tomar el aire, date una vuelta. No, no.

Estamos muy alterados. Cógete el día. -No me voy a coger nada, Carmen.

Estoy hasta las narices de Nicolás, de ti y de todos. ¡Dejadme!

Y sí, me voy.

Pero no a tomar el aire.

Mira, dejo el trabajo.

Dejo el trabajo y toda esta basura. ¡Se acabó!

(CHISTA)

¿Dónde está tu hermana?

No lo sé. Supongo que necesitaría tomar el aire.

Oye, ¿qué ha pasado antes?

¿He sido yo? No, no.

Es por otra cosa.

Seguro, ¿no?

Cuando estaba en el restaurante,

perdía los nervios en la cocina y lo pagaba con mi equipo.

No, no. ¿No he sido brusco con ella?

De verdad que no. Yo creo que está a la que salta...

por otra cosa.

Además, ha sido ella la que te ha hablado mal a ti.

Ya...

Una de las razones por las que dejé el restaurante

fue porque... no me gustaba nada la persona en la que me convertía.

Estaba todo el día enfadado, de gritos, enfurruñado,

y bueno...

O sea, que si yo hubiera trabajado en La Fanega

y te doy a probar mi sorbete de atún...

Te hubiera mandado a hacer los baños,

las cámaras, y a limpiar los extractores.

Y a fregar con un cepillo de dientes. Eso también.

Hoy has trabajado mucho mejor.

Vaya, gracias.

Me he esforzado mucho.

Sobre todo en no ser un caos.

Bueno, el caos, si es controlado, puede ser bueno.

Pero si hay control... ya no es caos.

Lo que usted diga.

Ese es tu terreno. En eso tú eres la jefa.

Termina con eso.

Buenos días, Celia. Hola.

Qué flores tan bonitas. ¿Te gustan?

Sí. Se las llevo a Fermín.

Es el cumpleaños de la mujer,

y quiere darle una sorpresa.

Ya. Ya sabes.

Tras la aventura extramatrimonial, más le vale tenerla contenta.

Cambiando de tema: he hablado con Marisol.

La de los productos ecológicos. Sí.

Le encantaría conocerte. A ver si os ponéis de acuerdo.

Adela, yo siento mucho haberte molestado,

pero lo he pensado y creo que no es buena idea.

Pero ¿por qué?

(SUSPIRA) Porque no tengo dinero para invertir.

Si me dijiste que tenías el dinero de la subvención.

Ya, pero ese dinero lo tengo que utilizar en reformar el puesto.

Ay... No me dan los números.

¿Y qué vas a hacer, volver a las fajas?

Pues sí. A ver si consigo darle salida.

Aunque sea parte del material.

No lo sé. No lo entiendo.

Has cambiado de idea de un día para otro.

No puedo lanzarme así a la aventura. Puedo perder lo poco que tengo.

Te ha dado miedo.

Escucha: los productos de Marisol son una apuesta segura.

Hazme caso. Ya, pero también son caros.

Eso supondría tener que cambiar la orientación entera del puesto.

Y debería hacer un estudio de mercado, y no soy empresaria.

Bueno, pero tampoco eres droguera ni mercera.

Ya, pues por eso mismo.

Bastante lío tengo ya con esto como para vender lo que no conozco.

A ver, que tampoco son ordenadores de última generación.

Este es un puesto muy pequeño, Adela.

Y si me sale mal, pierdo todo lo que tengo.

No es como vosotros en la frutería.

Si no vendéis las frutas más caras, no os va a pasar nada,

porque tú sabes que vendes las manzanas

y las naranjas de toda la vida.

¿Tú has hablado con mi marido?

¿Por qué?

Tú has hablado con Elías.

Eso de las manzanas y las naranjas de toda la vida es suyo.

Que le tengo mucho cariño a mi marido,

pero ¿qué sabe él de cosmética ecológica?

Bueno, sabe de negocios. Pero no lo sabe todo.

Que no es Bill Gates ni Amancio Ortega. Ya quisiera él.

Ya, pero tiene experiencia, y yo no. A ver, Celia.

La experiencia se consigue trabajando.

No le hagas caso a nada de lo que te ha dicho.

Si crees en ti y en tu proyecto, tira adelante con él.

Ese es el problema: que no me veo capaz.

Al menos no en este momento.

No te entiendo. Si estabas animada. Ya...

Pero no pensaba con la cabeza, y ahora quiero ser lógica.

(Móvil)

Alicia.

Pero ¿dónde estás?

Estoy buscándote en el parque. No te veo.

Ya, ya.

Estoy aquí, en un sitio, pero no sé. Hay un río, sí.

Espera.

Espera. Intento venir más por acá, ¿sí?

Continúa hablando conmigo, por favor.

Así veo si te encuentro en algún sitio.

No. Es que no te veo aún.

Espera, que continúo, ¿vale? Continúo caminando.

Será más para allá.

(Móvil)

(SUSURRA) ¡Mierda!

Adela, ¿qué quieres? "Saber cómo vas".

¿Cómo se te ocurre llamarme ahora? Casi me pilla por tu culpa.

A ver, ¿dónde estás? En el parque.

¿Y qué, ya la has visto? ¿Ya se ha encontrado con ella?

Sí, los he visto, sí. "¿Y cómo es?"

No sé. De tan lejos no se ve bien.

Oye, no se te ocurra acercarte. "Es mona, no sé".

Ni guapa ni fea, del montón.

Pues entonces, si ya la has visto, ya está. Venga.

Nunca había visto así a Doménico.

"¿Así cómo?" Contento.

Se le veía riéndose todo el tiempo.

Porque estará feliz el hombre.

Completamente feliz.

Ya, pero lo dices como si fuera una tragedia.

No sé, alégrate por él.

Y alégrate por ti, porque era eso lo que querías.

Sí, si yo me alegro por él, imagino.

Pero es duro verle así con otra mujer, Adela.

Eh, un momento, Cristina. Vamos a ver.

Ya tienes lo que querías. Has visto que ella no es un fantasma

y que Doménico está feliz con ella. Fin de la misión. Puedes volver.

No, no. Necesito saber adónde van.

"Cristina, no seas masoca. Lo que haces es de locos".

Ahora no puedo hablar. Luego te cuento.

"No, Cristi...". Adiós.

¿Dónde están?

Han desaparecido.

Ya podía estar dando vueltas buscándote.

Pues haberme llamado.

Estabas comunicando.

Estaba hablando con Cristina. ¿Con Cristina?

¿Dónde está?

Pues haciendo unas gestiones.

Ah, unas gestiones. Bueno. Sí.

Pasas más tiempo aquí que en la frutería, ¿eh?

Bueno, podéis apañaros sin mí.

Además, me gusta estar entre flores. Me relaja.

Claro, las flores, entre flores.

Venía a invitarte a comer.

Por aquí cerca. Pero ¿qué hora es?

No, después, mujer. Ah...

Es que... han abierto un asturiano en la plaza.

Dicen que se come divinamente. Está de bote en bote.

Bueno, pues vale. Bueno.

Oye, he estado antes con Celia.

Me ha dicho que hablaste con ella

quitándole de la cabeza la idea de vender productos ecológicos.

No. Yo no le he quitado la idea a nadie.

Pero a mí me dijo lo que iba a hacer y le di mi opinión.

Ya. Pues te la podías haber ahorrado, ¿eh?

La has hundido en la miseria. Vamos, ahora lo ve todo negro.

¿Tú por qué tenías que decirle nada? ¿Y qué iba a hacer?

Estaba metiéndose ahí en un negocio.

Iba a emprender algo que no puede asumir.

Además, sin hacer ni un número. No.

Pero ¿tú quién eres para repartir carnés de emprendedores?

Bueno, algo de los negocios sé.

Digo yo, vamos. ¿Sí?

¿De la cosmética ecológica también?

Los negocios son negocios. Da igual.

Da igual lo que vendas: flores, verduras, potingues. Da igual.

Oferta, demanda. Inversión, beneficios. Negocios.

Sí, pero yo tenía mucha ilusión.

Y tenía un contacto estupendo que yo le proporcioné.

Y tiene un puesto que no le da un duro.

Es su única forma de salir del hoyo. O de cavarlo más profundo aún.

Yo lo que no entiendo es a qué viene tanto interés por tu parte.

¿A ti qué más te da lo que haga o no Celia?

Hija, porque no veía el negocio.

¿Cómo iba a dejarla emprender algo así?

¿Qué habrías hecho?

No. Tú no ves ningún futuro a nada que no se te ocurra a ti.

Es como con Germán.

No te bastaba con cortarle las alas a él.

También has tenido que hacerlo con Celia.

Es que son casos muy parecidos.

Germán tampoco está listo para emprender un nuevo negocio.

Debe empezar desde abajo, como hice yo.

No. Las cosas ya no funcionan como cuando tú empezaste.

Y Germán sí sabe cómo funcionan ahora.

Se llama internet.

Una cosa que a ti te suena a chino. Bueno, vamos a dejarlo.

¿Reservo para las 14:00?

No, no te molestes. Ya picaré algo en el bar de Rosa.

Además, tengo que esperar a Cristina.

Ah, ¿que tienes que esperarla? Sí.

Mucho tarda para hacer unas gestiones.

Pero como tiene aquí a la tonta de su amiga trabajando gratis...

Así llevo yo también un negocio. Te está tomando el pelo.

Lo hago encantada.

Se aprovecha de ti.

(IMITA BURLÁNDOSE) Se aprovecha de ti.

¡Oh!

Mierda.

¡Uy!

¡Qué casualidad! -(DOMÉNICO) Y tanto.

¿Qué haces por aquí, tan lejos del mercado?

Como te lo cuente no te lo crees.

Claro, viniste a buscar flores silvestres para tu tienda.

No, hombre, no. No se trata de eso.

¿De qué se trata entonces?

De un perro.

¿De un perro? (CRISTINA) Sí.

A una clienta se le escapó el perro, y lo estaba buscando.

¿Aquí, en este parque?

Bueno, qué lejos vive esa clienta de la floristería, ¿verdad?

No, no. Ella vive en el barrio. (DOMÉNICO) Ya.

Pero pasea de vez en cuando al perro en este parque

porque al perro le encanta.

Y ha pensado que igual el perro había venido aquí.

¿Y buscabas su rastro entre los matorrales?

Es que es pequeño, y he pensado: "A ver si se ha metido dentro".

Ya...

¿Y tu clienta?

¿Mi clienta?

La dueña del perro. También estará buscándolo, ¿no?

Sí, claro. (DOMÉNICO) Ya.

Pero ella lo busca por el barrio.

Ah. -Entre unos vecinos

nos hemos distribuido por zonas.

Habéis organizado una batida.

Justo.

Debe de querer mucho a su perro,

y vosotros a ella. -Mucho.

Es que quiere al perro como si fuera su hijo.

¿Y cómo se llama? (CRISTINA) Mari.

¿El perro se llama Mari?

¡No, no! Mari es mi vecina.

Clienta. (DOMÉNICO) Ya.

El perro se llama Rocky.

Rocky. No es muy original.

¿Y de qué raza es?

El perro, no la dueña.

No. Es un...

Es un chucho pequeño.

Es que... el perro lo abandonaron, y ella fue a la perrera

a conseguirlo, y por eso le tiene tanto cariño.

Ya...

Lo voy a buscar, ¿eh? -Sí.

Rocky.

(SILBA)

¡Rocky! ¡Rocky, ven!

Cristina.

Ahora me vas a decir qué haces por aquí.

¿Por qué llevas toda la mañana siguiéndome?

¿Cuándo te has dado cuenta?

Al poco de salir del mercado.

Pensarás que estoy como una cabra. -No.

Estoy confundido. No entiendo por qué lo has hecho.

Pues porque quería ver con mis ojos lo que he visto.

¿Qué es lo que crees que has visto?

Lo he sabido en cuanto os he visto besaros, reíros...

Espera. -Mira, yo...

Yo estoy enamorada de ti.

Eso no es cierto.

Pensé que se pasaría al verte, pero... ha sido al contrario.

Cristina, ya sabes... -En serio, sé bien lo que siento.

Estoy enamorada de ti. Pero sé que tú no me correspondes.

No pasa nada. Que yo lo sé.

Así que no te preocupes, que no te voy a volver

ni a acosar, ni a seguir ni nada. Venga.

Cristina.

¡Cristina!

¡Espera, Cristina!

¡Cristina!

(SUSPIRA)

(Puerta cerrándose)

(Tintineo de llaves)

(TARAREA) ¡Hola, cariño!

No esperaba encontrarte tan pronto en casa.

Tenía plancha atrasada y no había mucho jaleo en el bar.

Lorena podía arreglárselas sin mí.

Oye, cielo, por cierto, necesitas comprarte calcetines.

Porque tienes algunos pares llenos de agujeros.

Bueno, a ver si me acuerdo.

Oye, ¿serafina no vendía calcetines?

Pues antes sí. No sé, le preguntaré a Celia.

¿Qué tal el trabajo?

Hoy ha sido un día estupendo.

¿Recuerdas el estudio de arquitectura que me pidió cambiar su identidad?

¿Eso es en lo que has trabajado el fin de semana?

Exacto. Pues hoy les he enseñado mi propuesta y han salido encantados.

Pero lo mejor es que de aquí me saldrá otro trabajo.

El padre de uno de los arquitectos es CEO de una gran constructora,

y están interesados en renovar su imagen.

Me ha dicho que le pasará mi contacto.

Vaya, me alegro.

Si me sale este encargo, facturaré un buen pico.

Tenemos que celebrarlo.

Hace tiempo que no nos hacemos un viaje.

¿Qué tal un fin de semana en Londres?

Ya hemos estado un par de veces.

Bueno, pues Nueva York. Tú no lo conoces.

Demasiado lejos para un fin de semana.

Y yo no tengo ganas de viajar.

¿Qué te pasa? Te noto muy alicaída.

Nada. Llevo una mañana un poco así.

Ya sabes, el bar, que me chupa mucha energía.

Ya...

¿Por qué no lo dejas?

A mí me va muy bien.

No hace falta que te agobies con ese trabajo que solo te da problemas.

Tampoco hay que exagerar.

Hay días y días. Ya está. Ya se me pasará.

Si no te pasaras el día en ese bar,

podríamos disfrutar un poco más de la vida.

Salir, divertirnos, viajar...

Ni siquiera te alegras cuando te digo que tengo un encargo importante.

(Puerta cerrándose)

Hola. He pasado a buscarte al bar,

pero Lorena me ha dicho que ya te habías ido.

Sí, cariño.

¿Me ayudas a poner la mesa?

Voy a recoger esto y termino de hacer la comida.

Paolo, ponnos un par de limoncellos, por favor.

Marchando. Puedo, ¿no?

Yo no tengo nada que celebrar.

No. No es... una celebración. Es...

Es una disculpa.

¿Una disculpa por qué?

Porque me siento un poco responsable de verte tan desanimada.

Llegaste a contarme lo de los productos ecológicos,

que ibas a montarlo, con una ilusión

que al decirte yo lo que pensaba te la quité.

Bueno, tú me diste tu opinión, nada más.

No me debes ninguna disculpa.

Pues a mí sí.

Dijiste que mi limoncello no valía para nada.

No se me ha olvidado.

Ya sabes cómo soy. Lo hago por fastidiar.

Pero a mí me dolió en el alma. Estoy muy orgulloso de mi limoncello.

Bueno, pues tómate uno con nosotros. Invito yo.

Ya me gustaría. (RÍE)

¡Ah!

Voy a atender la terraza.

Disfrutadlo. Gracias.

Está muy bueno.

Mira, Celia.

Sé que a veces me meto donde no me llaman.

Lo sé. Sí.

Pero no sé, me sentía en la obligación...

de prevenirte, de advertirte

sobre los riesgos que estabas a punto de correr.

Te sentiste en la obligación.

¿Por qué? No tienes que protegerme de nada.

Oye, no, ¿eh?

No vayas por ahí, que no es.

No. Esto no tiene que ver con lo que pasó entre nosotros.

Yo a ti te aprecio.

Y...

Te digo una cosa: yo sé cosas que tú no sabes.

¿Qué cosas?

Pues mira, yo sé que todos pensáis

que la renovación del mercado será la bomba,

y que tendremos todos unas ventas de tente y no te menees.

Y tú no piensas que vaya a ser así.

Yo solo sé que las cosas nunca son tan fáciles.

Y que nos enfrentamos a un enemigo muy poderoso.

Hortuño no acostumbra a perder.

No me has respondido. ¿Qué son esas cosas que desconozco?

Solo puedo decirte que la situación no es tan fácil como se piensa.

Y ya te digo demasiado. Te pido discreción.

¿Insinúas que la batalla está perdida?

Celia, soy el presidente de la Asociación de Comerciantes.

Ya. Tengo mi puesto de frutas,

la empresa de transporte y compré el bar.

Yo voy a luchar con uñas y dientes para que se renueve el mercado.

Hasta el final.

Pero... no va a ser fácil.

No me imaginaba que la cosa estaba tan fea.

Pues sí. ¿Entiendes ahora por qué quería advertirte?

¿Por qué no es el momento de jugártelo todo a una carta?

La idea es muy buena, que sí,

pero la coyuntura no es la apropiada.

Bueno, pues te agradezco mucho que me lo hayas contado.

Yo no quiero que cunda el desánimo

entre los empresarios y la gente del mercado.

Así que por favor, te pido absoluta discreción.

No, claro. No voy a decir nada. Tranquilo.

(SUSPIRA)

Trae.

Pues ¿sabes qué, mamá?

Que cuando he pasado por el bar,

Lorena me ha dado a probar una de las tapas que estáis haciendo.

Una con sardinas y beicon.

Sí, entrecapas lo llama Jorge.

Entrecapas...

Qué nombre más cursi y pretencioso. Eso siempre ha sido un montadito.

Se llame como se llame, estaba buenísimo.

Y además, Jorge me ha dicho que la idea de añadirle berenjena al atún

fue tuya. (ROSA) ¿Al final se la ha metido?

Cómo es...

Oye, ¿quieres que decoremos el bar para la muestra?

No sé, podríamos pedirle a Cristina unos centros de flores para las mesas

o unas guirnaldas. (NACHO) Va a parecer una verbena.

Que es una degustación. Tampoco hay que exagerar.

Una degustación de tapas preparadas con el que fue el chef de La Fanega.

Es un acontecimiento, papá. -Pero Jorge no quiere protagonismo.

A él le gusta quedarse en segundo plano.

Sí, pues es una pena.

Estoy segura de que si se supiera que la mitad de las tapas son suyas,

más gente vendría a la muestra.

Ni que fuera Ferrán Adrià.

Pues cocina que flipas.

Y es muy majo además.

Y lo que dice mamá es verdad:

no se da ninguna importancia pese a lo bueno que es.

Pues yo no había oído hablar de su restaurante.

Y si lo cerró, quizá no le iba tan bien como dice.

A ver, que ha acabado vendiendo vino y aceitunas en el Mercado Central.

(GRITANDO) ¿Quieres callarte ya, que no paras de criticarlo todo?

Nada te parece bien. A todo le buscas inconvenientes.

No paras de criticar el bar, a Jorge, a las tapas...

¡Qué cansino eres, de verdad!

Solo doy mi opinión. ¿Acaso no puedo?

No, no das tu opinión.

Haces lo que siempre haces cuando me ilusiono por algo:

aguarme la fiesta. -Eso no es verdad.

Pero si has conseguido fastidiarme la experiencia de cocinar con Jorge

y con mi hermana, con lo bien que lo pasaba.

¿Y yo te lo he estropeado?

Para una vez que soy yo la que destaca,

para una vez que recibo los elogios de Jorge por mi trabajo,

tienes que llegar tú con tu negatividad y con tus pegas

para amargarme la semana.

¿No te habrá jugado tu inseguridad una mala pasada?

Como siempre que compites en algo con Lorena.

Pues mira, no.

Mi hermana se estaba quedando detrás. ¡Es que soy imbécil!

Soy imbécil por tirar la toalla. ¡La he tirado por tu culpa!

Y ahora mi hermana está aprendiendo y cocinando con Jorge.

(IRÓNICA) Muchísimas gracias, mi amor.

Muchísimas gracias por tu apoyo incondicional.

Vale, no, escúchame.

Te vas al taller donde está la furgoneta,

trasladas toda la carga y te vas a toda pastilla

al supermercado de Boadilla. ¿Estamos?

No, no. Ya hablo yo con ellos y se lo explico.

No. A mi abuelo y a mi padre no le digáis nada.

Esto lo arreglo yo solito.

¿Cómo?

¿Que el transportista habló con mi padre? ¿Estás seguro?

Vale. Cuelga el teléfono.

Ahora te llamo.

Vale, no te preocupes.

Está todo solucionado. Solucionado.

El puesto de Boadilla no ha podido abrir

porque no le ha llegado el pedido. ¿Sabes lo grave que es eso?

Papá, se ha quedado tirada una furgoneta en la autopista.

Pero he mandado otra a por el pedido.

Germán, que ya he hablado con el conductor.

Se han quedado tirados en la otra punta de Madrid

porque estaban repartiendo cestitas de Delifruta.

Sí, sí.

Pero porque se ha averiado.

Si no, habría hecho todo sin problema.

¿Te dije que no pusieras en marcha ese proyecto?

¿Te lo dije? Sí, ¿verdad?

¿Por qué me desobedeces?

Estaba seguro de que sería un éxito.

En un día he tenido más de 10 pedidos.

Y me han llamado del Hotel Vancouver...

¡Que me da igual!

Como si te llaman de la Casa Real.

Esta empresa la llevo yo.

Las decisiones las tomo yo, y se hace lo que yo digo y punto.

Dios. ¿Es que no ves que mi idea tiene un potencial increíble?

Yo solo veo que por ese potencial increíble

he perdido un cliente de toda la vida.

Germán, te pedí una cosa.

Solo una: que reorganizases las rutas de transporte

para minimizar costes, ¿verdad? ¿Y tú qué has hecho?

(Puerta cerrándose)

(JESÚS) ¿Qué pasa aquí?

Me han llamado del supermercado de Boadilla.

Quieren anular el contrato porque no ha llegado el pedido.

Bueno, cálmate, que todo tiene una explicación.

Tus muertos. ¿Qué ha pasado?

(CARRASPEA) Pues el...

Uno de los encargados del almacén.

Se equivocó y anuló el pedido por error.

¿Me estás tomando el pelo? Para nada, papá.

Ojalá. Ya está en la calle. No te preocupes.

Es lo que ha pasado.

Pero el pedido va de camino.

Llegará tarde, pero llegará.

Oye, ¿tú no tenías un viaje?

Es verdad. ¿Qué haces aquí todavía, abuelo?

¿Cómo queréis que me vaya si me llama un cliente cabreado como una mona?

No te preocupes, que está solucionado. Anda, vete.

No hagas esperar a Valeria. Eso.

Y pasáoslo muy bien.

Y deja bien alto el pabellón de los de la Cruz.

¡Idos los dos a hacer puñetas!

(Puerta cerrándose)

(SUSPIRA)

Eh, Róber. ¿Qué tenemos?

Hay lío. Déjame, ya sigo yo.

Que me ha tocado venir.

(CARMEN) Hombre, hijo.

Al final has venido. Me alegro.

Bueno, ya me has dicho antes que si me quedaba allí me comería la cabeza.

Bueno, Carla tenía el primer turno. Ya se habrá ido.

Eso espero. No podría ni mirarla a la cara.

Bueno, hijo, poco a poco.

Toma.

Y el proveedor de Segovia estará al caer.

Sí, a eso voy.

Pues eso pesará. Que te ayude Jonathan.

Ya, pero ya no trabaja con nosotros.

¿Cómo que no? -Que no.

Que se ha despedido hace un rato.

(CARLA) ¡Estás aquí!

Antes pregunté por ti. Decían que no venías.

Creíamos que ya no estabas.

Al final me he tenido que quedar más.

Se han roto unas botellas y estaba todo hecho un Cristo.

Pero me alegro. Así te veo.

Pues yo me voy... al muelle de carga.

Venga, hasta luego. -Chao, mamá.

Yo me voy, que tengo trabajo.

¿Estás bien?

Porque te he enviado muchos mensajes

y no me has respondido. -Perdona.

Me quedé sin batería. Toma, Pilar.

¿Cómo estás del hombro?

Bien. Mejor.

Me tienes que dar el parte del hospital.

¿Cómo?

Te harían un informe en Urgencias, ¿no?

¿Para qué lo quieres?

Para escanearlo y mandárselo a los del concurso.

Me dijeron que así no perderemos el viaje,

e iremos cuando estés mejor.

Lo tengo en casa. Esta tarde se lo mando.

Qué va, no me importa. Si ya me estoy ocupando yo.

Solo me falta el informe. -¡Que te digo que lo hago yo!

Tú ya has hecho bastante.

¿Seguro que estás bien?

(SUSPIRA) Sí, perdona. No me lo tengas en cuenta.

Me duele un poco el hombro a veces.

Si me has dicho que estabas mejor. Igual deberías descansar.

No, no. Me viene bien estar aquí para distraerme.

Pues hablando de distracciones, vamos luego al cine.

No sé...

¿Qué pasa, has quedado con ese colega para irte de farra?

No, claro que no.

¿Pues entonces?

¿Nos vamos al cine? Escojo yo la peli.

¡Venga!

Venga, vale. -¿Sí?

Nos vemos luego.

Chao.

¿Ya nos vamos?

He dejado la maleta en el despacho de Samuel.

Me quito el mandil y vamos a buscarla.

Escucha, Valeria. (VALERIA) Oye, por cierto...

Que he mirado unas rutas por internet preciosas para hacer senderismo.

No es buena idea.

Tienes razón.

Para pasear ya tenemos el retiro.

Mejor aprovechamos el tiempo para hacer "otras cosas".

El viaje, Valeria.

Me parece que no es buena idea irnos de viaje.

Si es por lo que te he dicho esta mañana sobre mi familia,

tú no te preocupes, de verdad.

No... -No arreglo nada quedándome.

No es eso.

No te entiendo.

Creo que nos hemos...

Que me he precipitado proponiendo esta escapada.

Bueno, yo al principio también pensé que esto era un poco atropellado.

A mí también me daba miedo dar este paso. Es lógico.

Lo siento mucho.

Pero ¿qué ha pasado?

¿Qué ha cambiado?

No lo sé.

Pero no puedo hacerlo.

Solo es eso, no puedo.

Lo siento.

(Pasos alejándose)

Si con algo he salido perdiendo en esta vida...

ha sido con mi hijo.

Que no le basta con tirar su vida a la basura,

sino que es capaz de venderse por cuatro duros.

Será que he tenido un buen maestro.

Lo que pasa es que comparado contigo soy un simple aprendiz.

Igual tendríamos que preguntarle a mamá

qué piensa de las visitas que recibes en tu despacho.

Cuidado con Doménico,

porque cualquier día de estos te hará un pedido para su boda.

¿Cómo?

Que por fin vamos a conocer a su novia.

¡Ah!

No te quitaré ojo de encima.

Ahora fuera los dos. Tengo mucho trabajo.

Anda. (CARRASPEA)

Todo suyo.

Yo te apoyé con las cestas,

y te animé a seguir con el negocio,

y lo único que te pedí fue que no descuidaras la empresa familiar.

Y tú a la primera pierdes un cliente.

No, yo... ¡Déjame acabar!

Y encima dejas que otro

cargue con la culpa de algo que no ha hecho.

Anda, ven aquí, que eres más majo que las pesetas.

¿Interrumpo algo?

Hola, Nacho. (NACHO) Hola, cariño.

No, le dábamos las gracias a Jorge por todo lo que nos ha ayudado.

Nos van a salir unas tapas que vas a flipar.

Quería saber cómo estás. -Una mierda te importa cómo estoy.

Si te importara no habrías hecho lo que hiciste.

Coge la puerta y lárgate.

Y a partir de ahora hablaremos de curro y poco más.

Esta mujer ha sabido tocarme donde duele.

Y no quiero perderla a ella también.

¿Qué tiene que ver eso con la sierra?

¿Temes perderla andando por Guadarrama?

No quiero cagarla. Ni aquí, ni en la sierra ni en ninguna parte.

(SUSURRA) ¿A mí, Jorge? (ROSA) ¿Sí o no?

¿Qué dices?

A ver, vamos a aclararnos. Esto es trabajo.

No, no. Venga, por favor.

Vamos a ver: ¿te gusta o no te gusta?

Hay confianza, ¿no? Digo yo.

Dime que no es atractivo.

Bueno, sí, tiene su rollo, pero...

Mira, me pone.

Lo sabía.

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Mercado Central - Capítulo 33

07 nov 2019

Samuel es incapaz de enfrentarse a Carla y la evita. Carmen y su marido no pasan por su mejor momento.
Nacho vuelve a hacer de las suyas con Rosa.
Jorge colabora con Rosa y Lorena para la muestra gastronómica.
Valeria y Jesús planean su escapada. Valeria está nerviosa y Jesús tiene muchas dudas.
Cristina decide seguir a Doménico para averiguar quién es la mujer misteriosa que ha atrapado su corazón.
Celia se replantea seguir adelante con su idea para el negocio, ¿es la decisión correcta?
Germán continúa con su negocio a espaldas de su padre, pero las cosas no salen al gusto del joven De la Cruz.

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