Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 31 - ver ahora
Transcripción completa

¿Lo que me dio Jonathan? -Le vi pasarte un sobre con dinero.

-Eh... El sobre.... Sí, claro, bueno,

es que lo he ingresado esta mañana en el banco.

Es un... préstamo que le hice hace un par de meses.

-Ya.

-Podríamos echar el cierre y... -Que sí, Paolo, no estoy de humor.

-Ya lo veo que no estás de humor. Pero ¿qué te pasa?

-Estaba tan tranquila leyendo, llegas tú y me asustas.

-"Amore mío", perdona.

No quería asustarte. -Vale. Paolo, de verdad, ya.

-Está bien, ya me voy.

No sé qué te pasa conmigo, pero te dejo en paz.

-Pero menudo peluco...

Debe de haber un error, no he comprado ningún reloj.

¿A ver?

No, no es un error, pone "Jorge Santos Ruiz".

Hay una tarjeta, ¿la miro?

Por favor.

No pone de quién es, pero pone:

"Muchas gracias".

-¿Me perdonas? ¿No estás enfadado?

-Estoy enfadadísimo, pero conmigo mismo.

Porque no he conseguido que confíes en mí.

Si confiaras en mí, me hubieras pedido el dinero,

yo te lo hubiera dado y santas pascuas.

-Tú no tienes la culpa de nada. -La tengo.

Soy un hombre que siempre he recurrido

a los engaños y a las mentiras para conseguir mis fines.

Y el que siembra recoge.

-Te prometo que no te voy a mentir más.

Vosotros dos me habéis tomado por imbécil.

Pero ahora mismo me vais a decir qué está pasando aquí.

No está pasando nada. Basta.

No pienso aguantar ni media mentira más.

-Hice una lista de restaurantes adaptados.

Y he encontrado una guía por internet

de cómo viajar a Londres en silla de ruedas.

-Unas ganas de estar allí... -Yo también, muchísimas.

Cuando Germán se enteró de que yo fui

el que contrató al tipo para que le diera la paliza,

me pidió trabajar en la empresa.

Yo sentí que, después de meter la pata como lo hice, se lo debía.

¿Tú cómo descubriste que tu padre estaba detrás de la paliza?

Se lo dije yo.

¿Para qué hostias era el dinero? -Para que mantuviera la boca cerrada.

Cuando saliste del coma, no recordabas nada.

No era José el que conducía el coche.

El que iba al volante eras tú.

(CARLA) Ya estoy aquí.

Vaya cabeza.

¿Qué? ¿Nos vamos?

Mi amor, espabila, que tenemos que pillar el avión.

¿Qué pasa? ¿Nos estamos dejando algo?

-Que no le pasa nada, es que está empanado.

Venga, tira.

-Me estás preocupando, ¿qué te pasa? ¿Me vas a decir lo que te pasa?

-No le pasa nada, es que... -Sí me pasa, sí.

Me duele el hombro mucho.

-Yo pensaba que estabas bien ya.

-Y yo también.

Pero, no sé, me habré confiado y...

Pues el dolor vuelve.

-¿Por qué no has dicho nada? -No quería preocuparte.

Y porque creía que se iba a pasar, pero me duele más que al principio.

Así que lo siento, pero no... no puedo viajar así.

-Vale, bueno, no pasa nada, Londres va a estar ahí siempre, ¿no?

Lo primero es lo primero, nos vamos al hospital a que te vean.

-Ya... ya le acompaño yo, ¿vale?

-No, voy a pillar un taxi. (SAMU) No.

Quédate, llama a los del sorteo y a ver si nos devuelven el dinero.

-A menos de dos horas... -Pues vale.

Que nos lo cambien para otro día u otro mes.

Habrá un seguro para esto, ¿no?

-Pues yo qué sé, los papeles que te mandaron están en la furgo.

-Bueno, pues encárgate de ello, por favor.

-Vale, vale.

Bueno, pues... pues me llamáis cuando sepáis algo.

(SAMU SUSPIRA)

¿Cómo que conducía yo?

-Lo siento, hermano.

Lo siento mucho.

-No, eso no es verdad.

-Sí, sí que lo es.

No te acuerdas de nada porque ibas muy ciego.

Al principio, conducía José.

Le pediste que te cambiara el sitio, que te dejara conducir.

Y, bueno, José iba más pedo que ninguno

y... lo hizo.

Os cambiasteis de sitio y ni os pusisteis el cinturón.

Yo iba detrás, descojonado.

No ibas conduciendo ni cinco minutos

cuando chocamos contra el coche de la hermana de Carla.

-¿Por qué dijiste que conducía José?

-¿Tú qué crees?

No tenías carné, hermano, te hubieras metido en un lío gordo.

Cuando te despertaste del coma,

tu padre y yo vimos que no recordabas nada.

Y Nicolás me pidió que dijera que conducía José.

Y, no sé, yo estaba nervioso y no sabía qué decir

y me pareció bien, no... -¿Bien?

¿Cómo ostia puede estar bien?

-Bueno, el daño ya estaba hecho.

Que tú fueras a la cárcel no iba a devolverle la vida a Laura.

-Y que mi padre te ofreció dinero. -No lo hice por dinero.

Lo habría hecho

aunque no me hubiera dado ni un céntimo de la pasta, ¿vale?

-Joder, Jonathan.

Tenías que habérmelo contado. -¿Para qué? ¿Contártelo para qué?

-He matado a dos personas, debo saberlo.

-Fue un accidente, ¿vale?

-¿Y la policía? ¿Se lo tragó?

-José y tú salisteis disparados por el cristal

y os encontraron en el suelo.

El coche era de José, ¿no?

Y era el único que tenía carné.

Todos dieron por hecho que José conducía.

Y, bueno, cuando me preguntaron a mí, pues... pues lo confirmé.

¿Estás bien? -¿Cómo voy a estar bien?

Ahora sé que maté a José y a la hermana de mi novia.

Y mi amigo no me decía nada, mi padre le daba dinero.

-Lo siento, tío. -Cállate.

-Que no, Samu... -¡Que te calles!

No quiero volver a escucharte en tu puta vida.

En tu puta vida.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Toma, esto debe de ser tuyo, te lo dejaste aquí ayer.

-¿Esto qué es?

¿El famoso reloj con el que te ha comprado Hortuño?

No sabemos quién lo manda.

Y te aseguro que no es para mí, ha habido un error.

-Pues aquí pone tu nombre.

-Te lo ha regalado Hortuño

para agradecerte los servicios prestados.

Y, por la pinta que tiene, debe estar muy agradecido.

Si tanto te gusta, quédatelo, yo no lo quiero.

Anda, ¿y eso?

¿Tu socio no ha acertado? No es mi socio, Valeria.

Y es evidente que ha habido un error, ¿mmm?

Lo primero, porque no conozco de nada a ese tío.

Y lo segundo... No tienes que darme explicaciones.

Sobre todo, si es para contarme milongas.

Está claro que eres un vendido, lo sabe todo el Mercado, ¿o no?

No tengo nada que ver con Hortuño, ni siquiera lo conozco.

-Y, si no te conoce, ¿por qué te hace regalos tan caros?

Está claro, ¿no?

(SUSPIRA) Quiere dejarme como lo que no soy ante el Mercado.

Si no, ¿por qué me mandaría aquí el reloj?

¿Los sobornos se entregan en público?

-Bueno, a lo mejor fue un error.

El de la paquetería te vio aquí y te lo dio.

Si te lo hubiera dado en el local o en tu casa,

nadie se habría enterado

y ahora lo llevarías puesto tan contento.

Jorge tiene razón.

¿No veis que todo esto es demasiado burdo?

A Hortuño no le interesa que salvemos el Mercado,

¿y qué se le ocurre?

-¿Dividirnos? Exacto.

Y no podemos dejar que eso ocurra.

Debemos permanecer unidos para salvar el Mercado Central.

Y por mis narices que lo vamos a salvar.

Es evidente que Jorge y yo no somos íntimos amigos.

Pero sé que no se aliaría con una alimaña como Hortuño.

Gracias. No, no te equivoques.

Que no lo hago por ti.

Lo hago por el Central, que es mi vida.

Y la mía.

Por eso nunca haría nada que pudiera perjudicarlo.

Lo sé.

¿A ti te ha quedado claro, Valeria?

Apúntamelo, Rosa.

Ayúdame, anda. Sí.

No corras.

Hola. Hola, cariño, buenos días.

Ayer hablé con la abuela. Está mustia.

¿Mustia?

Sí, como las flores que tira Cristina cada lunes.

Le pregunté si estaba bien y me dijo que sí,

pero era una mentira de neurotípico.

Luego admitió que no estaba bien y que no había dormido.

¿Sabías que quien duerme ocho horas tiene la mitad de probabilidades

de tener una enfermedad mental que quien duerme cinco menos?

Pues no, no lo sabía.

Y yo creo que la abuela no duerme mucho.

Por eso he pensado hacerle un regalo, para que se sienta mejor.

Ah. Sí, claro, claro.

Aunque no sé muy bien qué regalarle, porque ella tiene de todo.

Y, si quisiera algo, se lo compraría ella misma,

le sobra el tiempo y el dinero.

Creo que deberíamos regalarle algo que ni siquiera ella sepa que quiere.

Una sorpresa.

He pensado dos cosas.

Una es un libro de estadística, como el mío.

Siempre dice que nos parecemos mucho.

Y a mí me encanta.

Aunque podría darle el mío, que ya está todo subrayado.

Y la segunda es un aspirador sin cable,

porque siempre me regaña por dejar migas

y con uno la mesa quedaría muy limpia.

Aunque a ella le molesta mucho el ruido.

No sé si le molesta más las migas o el ruido.

¿Tú qué crees?

¿De qué?

Mamá, ¿me estás escuchando?

Sí, claro que sí.

A ver, ¿cuáles son las dos ideas?

Eh...

Ay, cariño, lo siento, no te escuchaba, tienes razón.

Estoy muy concentrada en algo.

¡Hola!

Hola, Rosa.

¿Has pensado lo que hablamos ayer de Nacho?

-Pensaba que ayer lo había dejado claro.

-Ay, mamá, por favor.

-No quiero hablar del tema. Llegas tarde.

-Perdona, tenía que hacer unos recados de primera hora.

-No pasa nada, Lorena, pero la próxima vez llama avisando.

-Tienes razón, lo siento, lo haré.

Oye, ¿sabéis cuál es el Manhattan,

el bar que estaba al lado de la peluquería de mamá?

-No, ni idea.

-No sé ni dónde está la peluquería.

-Bueno, da igual.

El caso es que han cambiado la carta.

¿Y sabéis qué han hecho para promocionarla?

Se han inventado una degustación y han salido a la calle

a ofrecer sus canapés a la gente para ver si les gustaban.

-¿Sí? ¿Y estaban ricos?

-No sé, no me ha dado tiempo a comprobarlo,

pero se me ha ocurrido una cosa.

Vamos a hacer aquí una muestra gastronómica.

-¿Tú qué quieres? ¿Cambiar la carta?

-No, no, no, no.

Sería un evento, un evento de un día.

Eh... Llamamos a los tenderos del Mercado.

Les decimos que traigan aquí sus productos

y que los vamos a publicitar. -¿Para qué?

-¿Cómo que para qué? Para atraer gente nueva al Mercado.

El dinero que saquemos lo invertimos en la renovación.

-Pues no me parece una mala idea.

-Es lo más bonito que me has dicho desde que estoy aquí.

No es que no sea una buena idea, es que es una idea buenísima.

¿Y sabes qué más haremos?

Inventar tapas nuevas para probarlas con el público.

-Sí que quieres cambiar la carta.

-No, no. (ROSA) Sí, sí.

-Se trata de introducirla solamente ese día para ver si triunfan, ¿eh?

¿Qué te parece? -Pues que no.

Que no, Lorena, porque yo sé

cómo le gusta mi tortilla a los clientes.

Sé el picante que le tengo que echar a la salsa brava.

No sé por qué tenemos que innovar.

-¿Te molesta que le haga un regalo a la abuela y a ti no?

No.

Mi vida, ¿qué tontería es esa? Me encanta que le hagas un regalo.

¿Seguro? Seguro.

¿No estás celosa? No, no estoy celosa.

Estoy buscando productos nuevos para el puesto.

Me has pillado cuando pensaba que encontraba algo,

pero... pero no, no he encontrado nada.

Así que, venga, soy toda tuya, ¿vale?

A ver, venga, regalos para tu abuela.

Bien.

¿Has pensado si en el puesto habrá algo que le guste?

Es que las cosas que tienes ahí...

No, no, no, las cosas que tengo, no, las cosas que tenemos.

Te encanta decir que es de los dos.

El puesto sí, pero las cosas que vendes son una chusta,

son feas y poco útiles. Vaya por Dios.

Bueno, no todas, pero la mayoría sí.

Una colonia, por ejemplo, ¿se salva?

La abuela es muy maniática con los olores.

A ella le gusta... el olor a gasolina y a naranjas.

Podría regalarle naranjas.

Es mejor que un bidón de gasolina.

Pero estoy convencida de que tiene naranjas en casa.

En el frutero, en la nevera.

Un gel de baño.

Solo usa geles ecológicos porque, si no, le salen sarpullidos.

Sí.

Ahora los productos ecológicos están muy de moda, ¿no?

Cada vez se venden más.

¿Entonces le regalamos naranjas?

Sí, una malla de naranjas está bien.

(SUSURRA) Productos ecológicos.

-¿No sabes el dicho?

"Si sigues haciendo lo que siempre has hecho,

nunca llegarás más lejos que donde siempre has llegado".

-Pero, vamos a ver,

creo que nos ha ido muy bien adonde hemos llegado, ¿no?

-Sí, nos ha ido muy bien, pero estamos estancados.

Hay que... renovarse.

Hay que... hay que darle una vuelta a la carta.

Mira, mira Paolo, se ha inventado una pizza nueva.

-Por favor, Lorena, eso no ha sido un buen ejemplo, ¿eh?

-Estaba asquerosa. -Es que ese no es el tema.

Por lo menos lo ha intentado.

Tenemos que innovar.

Lo decís todo el rato, tenemos que renovar el Mercado.

-Mira, me parece muy bien.

Hay que innovar, darle la vuelta a las cosas...

Pero aquí sabemos hacer lo que sabemos hacer.

Y, hasta ahora, nadie se ha quejado.

-Nadie se ha quejado porque eres una cocinera maravillosa.

Precisamente por eso tienes que hacer recetas nuevas,

te van a salir increíbles. -¿Me explicas qué sabes tú de cocina?

-Pues no, no sé nada.

Pero, bueno, anda que no habrá cursos "online" por internet.

Te olvidas de lo más importante:

tenemos un chef de primera línea a la vuelta de la esquina.

Jorge.

-¿Jorge, chef?

-¿Chef? No solo es chef.

Jorge fue dueño y jefe de cocina de La Fanega.

Por favor, nos vamos a divertir mucho

y él va a estar encantado de ayudarnos.

-Sí, pero, que yo sepa,

Jorge acabó hasta el gorro de la cocina, ¿eh?

Y no creo que sea el momento adecuado para arrimarnos a él.

Lo digo por lo del regalo de Hortuño.

Ha tenido una bronca con Valeria. Ha salido Elías a defenderlo.

-¿Tú también vas a hacer caso a las habladurías?

¿Qué ha dicho Jorge?

Que ese regalo no tenía que ver con Hortuño.

Pues yo le creo.

Por favor, vamos a hacerlo.

-Pero si yo no digo que no a la muestra, Lorena.

Pero con nuestras propias tapas.

¿No?

Si vieras la cantidad de restaurantes

que se han ido al traste porque han querido innovar...

-¿Y a cuántos les han dado una estrella Michelin?

Noa, ¿a ti qué te parece? ¿No sería divertido?

-Pues claro que sí, mamá.

Todo lo que sea hacer cosas nuevas y tener ilusión por ellas es bueno.

-¿Ves?

-Venga, anda, no seas cagona.

¿No quieres una estrella Michelin?

-O dos, ¡no te digo!

(REFUNFUÑA) Bueno, vamos a ver, vamos a ir por orden.

Primero vamos a hablar con Jorge. -Ah, vale, yo hablo con él.

La tengo en el bote.

"Amore mío". -Ay.

-Recién hecho y calentito.

Como a ti te gusta. -Oh, muchas gracias. ¡Uh!

-Te has ido muy pronto, ¿no?, esta mañana.

-Sí, es que tenía que ir al banco.

-Ni te he oído levantarte.

-No quería hacer ruido para no despertarte.

-Ahora estamos los dos despiertos, podemos desayunar juntos, ¿no?

Y así charlamos de nuestras cosas. -Es que tengo un trabajo...

Mejor hablamos luego tranquilamente, ¿vale?

Y gracias.

(CRISTINA SUSPIRA)

-Dome, ¿has visto qué hora es? -Paolo.

Perdóname.

-Si cada uno venimos a la hora que queremos, eso es un caos, ¿eh?

-Ya, lo sé... ¿Ya ha venido alguien?

-No, Dome, esa no es la cuestión.

Tenemos que respetar nuestras responsabilidades.

Si no estoy en todo, esto se hunde.

-Paolo, ¿qué te pasa?

-Nada. -¿Nada?

(CHASQUEA LA LENGUA) Ya te conozco. Cuéntame, anda.

Siéntate, ¿eh?

(LORENA) ¿Qué me dices? ¿Te parece buena idea?

-Tiene muy buena pinta.

-¿De verdad? -Ajá.

-¿Cuento con la carnicería El Tejo para las jornadas gastronómicas?

-Claro, a mí, todo lo que sea sacar dinero para la renovación

me parece perfecto.

Ya me dirás qué hacemos.

-Qué bien, Valeria. Pues ya hablaremos, ¿vale?

Oye, ¿te has hecho algo?

-¿Algo? ¿De qué?

-Es que estás muy guapa.

-Tú, que me miras con buenos ojos.

Bueno, eso y que te he dicho que sí a tu plan de montar aquí un "sarao".

-No, no, es la piel que la tienes como... como muy luminosa.

-Huy, gracias. La verdad es que estoy muy feliz.

Y, si una está bien por dentro, se notará por fuera.

-Ah, o sea, que estás a partir un piñón con mi padre.

Cómo me alegro. -Yo también.

-Esa imagen de crápula que ha dado desde que se murió mi madre

es porque se sentía muy solo.

Pero encontrar a alguien con quien hablar así, de tú a tú,

le ha venido muy bien.

Hablando del rey de Roma...

Te voy a traer un cafetito. -Vale.

-¡Papi! Mua.

-Buenos días, princesa.

-Buenos días, truhan.

(PAOLO) ¿Puedo hacerte una pregunta? -Claro, pregunta lo que quieres.

-¿Tú me encuentras atractivo?

-¿Qué pregunta es esa?

-Es que últimamente ya no hago tantos deportes como antes.

Y... -Ah.

-Los años pasan y yo siempre he tenido éxito con las mujeres.

-No tanto como tú, pero...

Siempre he tenido mi público.

Pero ahora...

¿Tú crees que sigo teniendo algo de "sex appeal"?

-Paolo, ¿a qué viene ahora todo eso? Perdóname.

-Cristina. -Eh.

-Que anoche se hizo la dormida.

-¿Seguro?

-Sí, en la cama.

-Estaría cansada, ¿tú nunca estás cansado?

-¿Yo? Nunca. -Eh.

-Ah.

Y ella, hasta hace dos días, tampoco.

Pero, ahora, yo no sé, como... Se hace la distraída, me esquiva.

-Yo no le daría importancia. -No, es que no es solo eso.

¿Por qué fingir? ¿Por qué hacerse la dormida?

-A lo mejor porque te conoce y ya sabía que te ibas a poner así.

-Ya, pero es que a mí la falta de comunicación me mata.

(RESOPLA) Digo...

Ella puede no querer regar los geranios, ¿no?

Pero... pero que me lo diga.

-¿Regar los geranios? ¿Qué has dicho? No lo he entendido.

-Eh, que... "Andare al letto", "Dar una ripassata", "Fare l'amore".

-Ya lo pillo.

Pero, Paolo, sinceramente,

yo creo que le estás dando demasiada importancia

a algo que no la tiene.

-¿Cómo que no la tiene? "È certo" que la tiene.

No, es que últimamente hay algo que no fluye.

Cristina está muy rara.

¿Tú crees que nuestro matrimonio está en crisis?

-¿En crisis?

¿Por una vez que se hace la dormida? -No, no.

No es una vez, ¿eh?

El otro día también me rechazó en la floristería.

Esto es una crisis en plena regla.

-Paolo, anda, no digas tonterías.

Las relaciones de pareja siempre tienen altibajos,

si no, serían muy aburridas, ¿o no? -Ya.

-Lo vuestro es algo sólido.

Eso lo ve cualquiera.

-Dome, pero ¿qué sabes tú de relaciones largas?

Digo, que hace un tiempo ya que vas de soltero, ¿no?

-Ya, ya, pero os veo.

Y créeme si te digo que me gustaría a mí tener lo que tú tienes.

-Ya. -Eh.

-Tienes razón, amigo mío.

-En fin. -"Grazie".

No, igual tienes razón y exagero, como siempre.

-El caso es que me apetecía que estuviéramos más tiempo juntos.

Y he preparado un planazo.

Me gustaría llevarte a un sitio que me fascina,

¿qué me dices?

¿Te apetece una escapada?

-Claro.

¿Y cuándo? ¿Y dónde?

-El cuándo te lo diré cuando lo cierre.

Y el dónde me gustaría que fuera una sorpresa,

si no te importa.

-Bueno, pero dame una pista, que sepa qué ponerme, por lo menos.

-Solo te diré que te va a encantar.

Por cierto, estás muy guapa.

-Ay, gracias.

(Móvil)

-Ah, es el muelle, tengo que cogerlo.

¿Sí? ¿Qué pasa?

¿Ahora?

Bueno, vale, ahora voy para allá.

Sí, sí, sí.

Tengo que irme.

Luego nos vemos.

¿Estás bien?

-(TRISTE) Sí, sí, sí.

-¿Te ha dicho algo mi padre? Porque puede ser muy bruto.

-No, qué va, todo lo contrario. Ha dicho que si nos vamos de viaje.

-¿Y no te apetece?

-Claro que me apetece.

-¿Entonces?

-Es que ni siquiera me ha dicho dónde vamos.

-Ah...

Conociendo a mi padre, que le gusta la sierra,

seguro que ha alquilado una casita rural, qué bien.

(VALERIA SUSPIRA)

-¿Hay algo que no me estás contando?

-Sí, sí... No, no. -¿No?

-No, no, no importa.

-A mí me lo puedes contar, ¿eh? -No creo.

-¿Por qué no? -¡Porque no!

Ay, perdona. Perdona, hija, si no es por ti.

Bueno, sí, es por ti.

-Pues entonces cuéntamelo.

-Es que me da vergüenza.

Me da no sé qué hablar contigo de esto, que eres su hija.

-No entiendo nada.

Bueno, me voy. Perdona por insistir.

-No, no, espera.

Ay, qué vergüenza, por Dios.

Es que tu padre y yo

todavía no hemos pasado una noche juntos a solas.

-Ya va siendo hora, ¿no? -Ay, por Dios.

-Quiero decir, no tenéis quince años, Valeria.

Las cosas deben fluir. Si todos los problemas fueran esos...

¿En qué andas tan concentrado?

Mira.

¿Qué es?

Una propuesta de ampliación de la empresa.

Es una web de pedidos de cestas de frutas para celebraciones.

¿Qué te parece?

Bueno, tiene muy buena pinta, ¿no? Sí.

Puedes encargar cestas para, no sé, celebrar el nacimiento de un bebé,

para hacerle un regalo original a tu novio o a tu novia,

para animar a personas enfermas...

¿Y esto lo has hecho todo tú?

Sí. Aún no la he colgado en la red, es una versión de pruebas,

pero se trata de hacerle la vida más feliz a otras personas

con nuestras mejores frutas.

A ver, como una página web de ramos de flores,

pero con kiwis y aguacates.

Ya, pero es que tienes las cestas,

los precios... Sí.

Pero por poner algo, tengo que hacerle muchos retoques.

Tengo que mejorarla.

Le quiero poner más links, contactos, eh...

Links, pero a otras páginas. No sé.

Y quiero que las cestas de frutas

se mezclen con frutos secos, con chocolates, con chucherías,

con vinos... ¿Con vino?

Con vinos. Nos podemos asociar con otros comerciantes del mercado.

Jorge, por ejemplo. Ajá.

Comprar los productos a buen precio y ganamos todos.

¿Te gusta?

¿Cómo no me va a gustar? Si es una idea estupenda.

Hace algún tiempo, hará unos diez años,

ya le dije a tu padre que pusiéramos un anuncio

para llevar fruta a domicilio, pero no lo convencí.

Prefería centrarse en la otra rama del negocio:

los transportes, la distribución a supermercados...

Ya. Pues a ver si ahora sí que se deja convencer.

¡Pues claro que sí!

Con este pedazo de web que has hecho, seguro.

Oye, tengo que reconocer que lo mismo me precipité un poco

diciendo que no era buena idea que entraras en el negocio familiar.

Eso sí, te pido una cosa:

no descuides lo que te mande tu padre,

y menos por esto.

No, claro que no.

¡Ah! Espero que le haga la misma ilusión que a ti la página.

Sí.

(SUSPIRA) Le faltan un par de ajustes.

Cuatro cosillas. Y la lanzamos a las redes sociales.

Y empezamos a hacer publicidad de Delic Fruta.

¿Delic Fruta?

Me gusta cómo suena. Sí, ¿no?

Este nombre queda más molón.

Es que Cestas De la Cruz quedaba como de pueblo.

Con todo el cariño para los pueblos. Dónde va a parar.

Me encanta verte así, tan activo, y no ahí tirado

y sin ilusión.

Y te ha servido todo lo que has estudiado de informática.

Pues claro que sí, ¿tú qué te pensabas?

Cuidado ahí.

No voy a decirte lo que pensaba.

¿A ver?

Sí, me puedo encargar de la selección de vinos.

Cogeré unos de buena calidad y que estén bien de precio,

que atraigan a la gente al Mercado

y que nos deje algo de caja, es de lo que se trata.

Exacto.

Me decís qué día os viene bien, me va bien cualquiera.

Jorge.

Es que quería pedirte una cosa más.

Dime.

Pensaba introducir una tapa nueva el día de la muestra,

por hacer algo diferente.

Si es actualizar... Vale.

Pues se me ha ocurrido una receta buscando en internet

y he empezado a prepararla,

pero no estoy segura de si me está saliendo muy bien.

Ya. Bueno, en la cocina, no todo sale a la primera, ¿eh?

Es probar hasta que des con lo que quieres.

Ya. Es que... me han dicho que tú eres chef, ¿no?

Y yo quería preguntarte si tú serías...

Si te parece que le echo mucho morro, punto en boca, me piro, chao.

Pero... ¿Tú serías capaz de echarle un vistacito a mi receta?

A ver qué te parece.

Sí, claro. ¿Sí?

Croqueta de morcilla con manzana y chocolate.

Atrevido. Sí, ¿verdad?

Estuve buscando recetas innovadoras y originales,

pero que guardaran el corte casero.

Pero no me acaba de salir.

Ya. ¿Son las proporciones que has usado?

Sí.

Demasiada harina, ¿verdad?

Sí, yo pondría casi la mitad. Lo sabía.

Y la dejaría hervir más, así la masa queda más densa.

Claro, es que eso no lo pone la receta.

La gente no cuenta sus secretos en la receta.

La propia proteína de la leche y la grasa emulsionan,

así quedan más compactas.

Ah. Bueno, ya me contarás.

¿Mmm? Vale.

¿Y lo puedes bajar? Sí.

(Puerta)

Hola, familia. Ven, ven, Elías.

Mira lo que ha hecho tu hijo, te va a gustar.

Es una nueva rama del negocio familiar: Delic Fruta.

Para enviar cestas de fruta por internet.

Ah, bien. Bueno, no solo fruta.

También quesos, frutos secos, vinos...

Muy bonito.

Eh... Después lo veo, tengo un poco de prisa,

venía solo por unos albaranes.

Vale.

Eh... Pásate después por el despacho.

Y lo veo con tranquilidad y te doy mi opinión, ¿te parece?

Vale.

Bueno, por lo menos no ha dicho que no.

Que sí, hombre, ya verás.

Vale, entonces las croquetas te parecen bien.

Sí, está muy bien.

Cuidado con el chocolate, que no se te vaya la mano.

O creerán que es un postre.

No, muy poquito, apenas que se note, ¿no?

Eso es. Vale.

En realidad, no es la única tapa que quiero meter.

Quiero introducir más.

Quiero preparar más recetas ese día

y chequearlas con los clientes.

Y las que funcionen las quiero meter permanentemente en la carta del bar.

Muy bien.

Lo que pasa es que...

Bueno, Rosa y yo, ya sabes, a ilusión y ganas no nos vence nadie,

pero de experiencia y conocimientos de cocina

estamos un poco justitas, ¿sabes?

Todos hemos sido primerizos alguna vez.

Cualquier duda que tengáis, pregúntame.

Vale.

Es que quería ir un puntito más allá.

¿Tú... te meterías con nosotras en la cocina de vez en cuando?

¿Yo? Eh... No puedo, Lorena, tengo mucho lío con la tienda, no...

Mira, Jorge, a lo mejor le estoy echando mucha cara,

pero para mí lo ideal es que un par de horas al día

las invirtieras trabajando con nosotras en la cocina.

(SUSPIRA)

Mira, Lorena, te seré franco.

Yo ya no soy chef.

Es una etapa de mi vida que quedó atrás.

Ya, es que no me estás entendiendo. Te pagaríamos.

No, eres tú la que no me entiende.

Por ahí no van los tiros.

(SUSPIRA) Mira, acabé muy quemado, ¿mmm?

Me trae muy malos recuerdos aquella etapa.

Una cosa es hablar de comida y cocinar para uno mismo, pero...

Meterme en una cocina profesional,

es que solo de pensarlo me da mal rollo.

Pero, Jorge, esto es una cosa puntual.

Hasta que hagamos la muestra.

Jorge, escúchame, es por el Mercado.

Todo lo que saquemos es para la renovación del Mercado.

Y tú amas el Mercado, el Mercado es muy importante para ti.

Tú no puedes vivir sin el Mercado.

¿Y por nosotras? ¿Harías esto por nosotras?

¿Te importa? Sí.

Gracias.

¿Tú también dudas

de mi compromiso con este mercado? No.

No sé cómo decir que no conozco a Hortuño.

Pero si yo te creo. Lorena, no es personal, ¿eh?

Si tenéis cualquier duda o consulta, estoy en el puesto.

Espera, Jorge, por favor.

Lorena, meterme en la cocina, rotundamente no, ¿mmm?

Hola, ¿qué tal?

Hola. ¿Cómo va el reportaje?

Pues ya lo terminé, pero parece que no ha gustado mucho.

Ah, vaya, lo siento.

No, no pasa nada.

Mira, todo esto me ha hecho darme cuenta

de que tengo que ser realista, y mi realidad es este puesto.

Es lo que nos puede dar de comer, así que tengo que sacarlo adelante.

Bueno, eso está muy bien.

Pero no te rindas,

que es muy bonito tener sueños y luchar por ellos.

Sí.

No te preocupes, estoy muy concentrada en esto.

¿Tú te has fijado? Míralo.

Esto es de Serafina.

No tiene nada mío, absolutamente nada.

Además, a ella ni siquiera le daba dinero tampoco,

así que tengo que darle un vuelco, tengo que ponerlo bonito,

darle mi toque y conseguir que sea rentable.

¿Has pensado ya por dónde empezar?

Sí.

Voy a vender productos ecológicos.

He hablado con Daniel.

Le encanta entrar en internet y ver las estadísticas de todo.

Y me ha dicho que los productos eco han subido un 30 % este último año.

Es un negocio en auge.

¿A ti qué te parece?

¿A mí? Sí.

A mí me parece una idea estupenda.

Sí, ¿verdad? Sí.

Yo compro productos ecológicos. El desodorante, por ejemplo.

Qué bien.

Lo que pasa es que ahora es muy fácil decirlo

y muy complicado ponerse a ello.

Estoy mirando en internet por dónde empiezo.

¿Quieres que te ayude?

No, no, no, no.

Tú estarás liadísima con la frutería.

¿Sabes lo que haré?

Hablar con la que me vende el desodorante, es amiga mía.

Tiene unas cremas maravillosas,

que fabrica en un pueblecito de la Sierra.

Todo con productos naturales.

Adela, por favor, por favor, no te molestes.

Si no es ninguna molestia. Igual a ella también le conviene.

Que yo sepa, solo vende a los que van a comprar.

Puede ser una idea estupenda que vendas sus productos aquí.

Y, además, ganaríais las dos.

No se pierde nada por intentarlo.

Pues no, no se pierde nada.

Pues ya está, la llamo hoy mismo.

Gracias. Hasta luego.

Ay, Dios...

Hola.

¿Mmm? (JESÚS) Hola.

-¿Ya has terminado en el muelle? -Sí, si era una tontería.

Los proveedores quieren que esté.

-Ya. Es que te estaba buscando porque...

Perdona, antes no he estado muy efusiva con la sorpresa.

No... no me la esperaba.

-Claro, por eso se llama "sorpresa".

Si la esperases, se llamaría...

¿Qué es lo contrario de "sorpresa"?

-No sé. ¿"Matrimonio"?

No, en serio.

De verdad que tengo muchas ganas de que hagamos algo juntos solos.

-Ya somos dos. Me alegro.

-Bueno, ¿ya me vas a decir dónde tienes pensado llevarme?

-¿Y chafar la sorpresa? De eso nada.

-Anda, dame una pista por lo menos.

¿Ropa de abrigo o de baño?

-Lleva algo de abrigo y un calzado cómodo,

por si se nos ocurre dar un paseo.

-Ya, pero ¿un abrigo en plan un anorak

de esos que te pones para dar paseos por el campo?

¿O un abrigo de esos elegantes como para ir al teatro?

-Tú siempre estás elegante.

-Ya lo sé, ya lo sé.

Pero, de las dos opciones, ¿cuál?

-El abrigo. Pero no vamos a ir al teatro.

-Ah. ¿Vamos a ir a otro espectáculo?

-Bueno, depende de lo que consideres tú "espectáculo".

A mí, un chuletón de buey siempre me parece espectacular.

-Me vas a llevar a comer.

-¿Hay algo que nos guste más a nosotros?

Pero no te pienso decir dónde.

-No, a Helsinki, ya lo estoy viendo.

¿Para que me voy a poner un abrigo y zapatos cómodos para comer?

-Si, al final, te lo tengo que contar todo.

Te voy a llevar a un restaurante de la Sierra que conozco

donde hacen la mejor carne de buey del mundo.

Tienen ganadería propia

y unas vistas únicas de la sierra de Guadarrama.

-¿Y dónde vamos a dormir?

-¿Dormir?

Bueno, el restaurante tiene un salón con unos butacones y chimenea.

Si quieres, podemos echarnos una siesta allí

mientras hacemos la digestión de la comilona.

-No, en serio, en serio. ¿Cuántas noches has reservado?

-Eh... No tengo que contártelo todo, deja algo para el misterio.

-No, es que las sorpresas son para los niños.

Quiero ir a los sitios preparada.

-Bueno, pues he reservado dos noches.

En... en una casa rural. -Ah.

-Pero no te voy a decir el nombre, que ya me has sacado bastante.

-Y más que te sacaré. No tendrá moqueta el suelo, ¿no?

-¿Y a ti qué te importa?

-Es que, si tiene moqueta, yo no voy, ya te lo digo.

Soy muy escrupulosa, anda. (PAOLO) Amor.

¿Están listas las flores para las mesas?

-Sí, estoy en ello, te las iba a llevar ahora.

-Es que no había nadie en la pizzería y no tenía nada que hacer.

Bueno, nada mejor que venir a ver "la mia bella amada".

-Ahora te las saco, ¿vale?

-¿Te has enterado de la muestra gastronómica?

-Sí, claro. -Ha sido una idea de Lorena.

Y nosotros vamos a participar con la pizza, claro.

-Bueno, aquí están, ¿mmm?

-Cristi. -¿Mmm?

-¿Tú crees que nuestro matrimonio está en crisis?

-Oh, ¿esa tontería? Yo no creo en esas chorradas.

-¿Y por qué lo has rellenado?

-¿Está rellenado?

Ah, pues habrá sido Adela, es suya, la he dejado ahí para devolvérsela.

Claro, tiene motivos para pensar

que su matrimonio está en crisis, lo de Elías.

-Ya.

Cada matrimonio tiene lo suyo.

Tú y yo, por ejemplo, ¿no?

Cristi, dime la verdad.

¿Anoche te hiciste la dormida?

-¿Anoche? ¿Anoche cuándo? -Sí.

En la cama, cuando me acosté.

Me... me acerqué, pero no me hiciste ni caso.

-Te acercaste, ¿no? No me di cuenta.

Sentí que te metías, pero entre sueños.

Sí. -¿Entonces no me rechazaste?

-¿Yo? No. ¿Cuándo te he rechazado yo a ti?

¿Qué te parece si esta noche nos vamos a cenar,

vamos a bailar al sitio de salsa que me gusta

y te compenso por lo de ayer?

Buscaos un hotel.

-Ay, que no me des ideas.

Yo me voy a llevar esto.

Y... esa es tuya.

-Sí.

Ah, sí, sí, gracias.

-Nos vemos luego.

¿Y esto?

Es una tontería.

Esta mañana estaba aburrida.

Y, nada, me he puesto a hacer uno de estos test absurdos.

Y ya sabes cómo es Paolo,

hace un castillo de un grano de arena.

Ya. Y le has dicho que lo he rellenado yo.

Sí, lo siento, sí.

¿Y por qué me has puesto de excusa?

Joder, que a Paolo le falta tiempo para ir cascándolo por el Mercado.

Que no, mujer, le diré que ni se le ocurra.

Júrame que no se lo va a decir a nadie.

Que Paolo no sabe guardar un secreto.

Que no.

Esta noche vamos a cenar, a bailar, se le olvidará.

¿Y a ti qué te pasa, no te apetece?

Sí, pero es que para cenar tengo que cerrar diez minutos antes.

Tiene que venir un pedido, y si viene en ese tiempo...

Ya espero yo, que tengo un mozo en la frutería.

No, que siempre te estoy pidiendo favores.

Si lo hago encantada. Ya cierro yo.

(SUSPIRA)

Toma.

Oye, si me lo dices con esa cara, como que se me quitan las ganas.

Sí, lo siento.

Muchas gracias.

Cristina, ¿qué te pasa?

¿A mí? Sí.

A mí, nada.

Oh, madre mía...

(LLORA)

Me parece muy buena idea. ¿Sí?

Tienen buena salida los productos ecológicos.

Sí. Así le doy una orientación diferente

y renuevo el puesto, lo que me pide el Ayuntamiento.

Ya, yo estoy de renovaciones...

¿Qué ha pasado?

Lorena quiere renovar la carta del bar

y me ha pedido ayuda.

¿Y qué le has dicho?

Que no.

Que si tiene cualquier duda o quiere que le aconseje,

pues vale, que me pregunte, pero meterme en la cocina, no.

No me trae buenos recuerdos. Bueno, ya te lo conté.

Ay, perdóname. ¡Nicolás! Sí.

¿Vienes por lo del enchufe?

Ahora no tengo tiempo, Jorge.

Hace una semana que te lo pedí.

¿No tengo otra cosa que hacer aparte de tu enchufe?

Sí, pero formo parte del Mercado, podías buscarme un hueco, ¿no?

Y no dejarme para el último.

Ahora me pillas mal, de verdad.

En cuanto tenga un rato, me paso.

¿Vale? Ya.

Aunque también le podías decir a tu amigo Hortuño

que te mande un electricista.

Oye, Nicolás, deja de tocarme la moral, ¿eh?

Que me canso con tanta broma.

(CRISTINA) No me lo quito de la cabeza, solo pienso en él.

Ya se te pasará.

Esto es como la fiebre.

Eso espero, pero es que mientras me siento tan... tan miserable.

Venga, no digas eso, mujer.

Tampoco has matado a nadie.

Me siento como...

Como si estuviera siéndole infiel.

A Paolo, ¿entiendes?

Porque, para mí,

hacer como que todo está bien, como que no pasa nada,

para mí eso... eso también es ser infiel, ¿no?

A ver, tampoco está tan mal.

Mira, te has obsesionado con Doménico, vale,

pero son cosas que pasan.

Tampoco es un drama.

Lo importante es que... es que no afecte a tu matrimonio, ¿mmm?

¿Cómo no va a afectar? Si estoy fingiendo con mi marido.

Estás pasando un bache.

Y todos los matrimonios pasamos por baches.

¿Cuánto tiempo llevas con Paolo? ¿Veinte años?

Después de casi veinte años,

no es tan raro que te cuelgues con alguien,

sobre todo, por la cosa esta de lo prohibido, del morbo.

Pero lo importante es que no hagas nada,

nada de lo que te puedas arrepentir.

Adela...

No.

¿Qué has hecho?

Le he dado un beso.

Pero tú estás de atar. ¿Y si se lo cuenta a Paolo?

No se lo va a contar.

¿Y tú cómo lo sabes?

A ver, tienes que cortar esto y pasar página

antes de que Paolo se entere y sí que se lía.

Que no, que no, si... si eso no me preocupa.

Lo que me preocupa es que cada día viéndole

esto puede ir de mal en peor, ¿entiendes?

Sí, en eso llevas razón.

Pero ¿y qué vas a hacer?

¿Despedirle?

Ten cuidado.

Como Doménico se cabree, sí que puede decírselo a Paolo.

No, creo que esa no es la solución.

Lo que tengo que pensar es cómo alejarme de él,

porque, si no, esto va a acabar muy mal, ¿eh?

Esto va a acabar fatal.

Ay, qué agobio, chiquilla.

(SUSPIRA)

(SUSPIRA) Venga.

Nos vamos a ir a tomar unos vinos tú y yo.

-Oye, ¿tú te has despedido de Samuel? A mí no me ha dicho ni mu.

Ni un mensajito de "hemos llegado, estamos bien".

-Está con su novia en Londres, no está para mensajitos a su madre.

-No te digo que haga como nosotros, mandábamos cartas de cuatro folios,

pero un mensajito es un minuto.

-Igual allí no tiene datos móviles. -No tiene datos...

Le voy a cantar las cuarenta cuando vuel...

Oye, ¿esa no es Carla?

-Oye, Carla, ¿qué haces aquí?

-Nada, que, como al final no nos hemos ido,

he anulado los días libres que pedí, por si más adelante los necesito.

¿Cómo está Samu, que no me contesta?

-Creíamos que estaba contigo.

-Yo no le veo desde que se fue al hospital.

-A ver, que para nosotros estabais en Londres.

-No, si al final no fuimos a Londres

porque a él le dolía un montón el hombro y...

Y Jonathan le acompañó. ¿No os lo ha contado?

-Que no, que no ha dormido en casa, ¿no estaba contigo?

-Que no, que yo la última vez que le vi fue ayer

y le estoy llamando y no contesta.

(CARMEN) Ay, Dios. (NICOLÁS) Oye, ¿y Samuel?

-Eh... Ni idea.

-A ver, Carla dice que estaba contigo en el hospital.

-(DUBITATIVO) Sí, y estuvimos allí.

Le hicieron unas pruebas, pero no sé más.

-¿Y dónde le dejaste? -No contesta.

-En un taxi. Salimos del hospital. Él tiró para vuestra casa.

Y yo, para la mía. -No, es que a casa no ha ido.

-¿Cómo que no? -¡Que no, que no, que no sé!

¿Y si le ha pasado algo? -Calma.

-¿Y si está tirado con la silla? -No, debe haber una explicación.

¿No lo ha hecho nunca antes esto?

-No, no, no, no venir a casa a dormir y no avisarnos, nunca.

Voy a empezar a llamar a los hospitales.

Jorge, no le hagas caso a Nicolás.

Lo has oído, ¿no? Sí.

Pasa de él, ya está. Ya.

Si fuera solo él.

No entiendo por qué nadie me cree, no es complicado.

Vamos a ver.

El Mercado pasa por un momento muy delicado

y todos están a la que salta.

Nadie se fía de nadie, mucho menos de los recién llegados.

Además,

parece que quien tiene más interés en que este mercado se cierre

te ha regalado un reloj.

Lo raro sería que confiaran en ti, ¿o no?

¿Tú también crees que yo he denunciado la obra?

Tú sabes que no, Jorge, por favor.

(SUSPIRA)

Mira, no sé, a lo mejor no sería mala idea

que ayudaras a Rosa y a Lorena en el bar.

Todos verían que estás comprometido con el Mercado.

O sea, tengo que purgar un pecado que no he cometido, ¿es eso?

No, no es eso.

Yo te lanzo la idea.

Tú verás.

Celia.

¿Te importa echarle un ojo al puesto?

Voy a decirle a Lorena que cuenten conmigo.

Ah, sí, ya te has enterado, ¿no? Sí, sí, sí.

No, es una cosa que se le ha ocurrido a mi hermana,

que ella lo llama...

Eso es, muestra gastronómica, sí.

¿Qué más te han contado?

No, no te preocupes, no te preocupes,

no se va a celebrar, ya te lo digo yo.

Que no, que no.

(Timbre)

Que la promotora sea mi hermana, que no hay ningún problema, hombre.

Yo tengo claras mis prioridades.

Sí.

Que sí, no te preocupes que eso no se va a hacer, ¿eh?

Oye, te tengo que dejar.

Lo dicho, una genialidad, ¿eh?

Adiós.

Venga, va, siéntate, señor Elías, que le cuento.

Venga, hijo,

a ver en qué has estado trabajando todo este tiempo.

(CARRASPEA) Una nueva rama para el negocio.

Se llama Delic Fruta.

Como las webs de ramos de flores,

que tú eliges un ramo y te lo traen a tu casa.

Bueno, a tu casa o donde estés. Ajá.

Pero con cestas de frutas. Mmm.

Pero ¿no me dijiste que ibas a meter también

frutos secos, quesos, vinos?

Sí, para que sean más exclusivas,

podemos asociarnos con otros comerciantes del Mercado.

¿Y qué pasa? Que no te mola la idea.

No entiendo por qué tenemos que meter a otros en esto.

Papá, pues te lo acabo de explicar.

Para que las cestas sean más exclusivas.

Además, así renovamos el Mercado a nivel internet, que falta le hace.

No, no, para.

¿No qué? Que no, no. (CHASQUEA LA LENGUA)

Que no, que no, que no... ¿Cómo que no?

¿Por qué no? Si es una idea buenísima.

Llevamos el apellido fuera del Mercado

y del cutrerío de los transportes.

Los transportes no son ningún cutrerío.

A ver, es una forma de hablar.

Ya me has entendido.

Esto es una cosa moderna.

Nos puede dar mucha pasta a todas.

¿A todas?

¿Qué te encargué que hicieras esta semana?

(SUSPIRA) Que reorganizara las rutas de los transportes

para hacerlos más eficientes. Ajá. ¿Y?

¿Y qué? Pues que estoy en ello.

Casi lo tengo. Di que sí a la página y lo termino.

¿Tú llegas aquí de nuevo y ya vas de listillo o qué?

¿Crees que puedes llamarnos a todos "antiguos" y todas estas cosas?

Porque a ti se te ha ocurrido la genial idea

de meter frutita en unas cestitas con lacitos y celofán.

A ver, papá, que yo solo quiero aportar.

No digo que el modelo de negocio sea malo,

solo quiero ampliarlo.

¿Quieres aportar algo a la empresa?

Pues haz lo que te he dicho, las dichosas hojas de ruta.

(SUSPIRA) Pero ¿por qué? ¿Por qué?

Porque lo digo yo, niño. Porque lo digo yo.

(SUSPIRA)

(Puerta)

Y venga facturas.

¿Me vas a explicar qué está pasando?

-Te he dicho todo lo que sé. -Mira, chaval.

Te conozco como para saber cuándo me estás mintiendo.

Y me estás soltando una trola que no te la crees ni tú.

Me vas a decir dónde está Samuel.

Porque, si no, te vas a enterar, ¿eh?

-Samuel lo sabe todo.

-¿Cómo todo? ¿Qué sabe?

-Nos vio cuando te di el sobre con el dinero.

Empezó a preguntarme y al final pues... pues me lo sacó.

-Pero ¿tú eres imbécil?

¿Qué significa que te lo sacó?

-Me inventé una excusa, que era para un préstamo,

pero no se lo tragó.

-Joder, ¡me lo habías jurado!

-Samu es mi mejor amigo y me sentía fatal mintiéndole.

-Sí, ¿no? Cuando te soltaba pasta no te sentías tan fatal.

-Eso no ha tenido que ver.

-¿Dónde está, Jonathan? ¿Dónde está Samuel?

-No lo sé, Nicolás.

-Como le haya pasado algo a mi hijo, te vas a enterar, te vas a enterar.

Ya está, se acabó, yo voy a la policía ya.

-¿Qué les vas a decir? -No sé, ¡que lo busquen!

¡Que pongan la ciudad patas arriba!

Suena delicioso. Sí.

E imposible. ¿Imposible por qué?

Porque no es temporada de flores de calabacín.

Siempre es temporada de todo en alguna parte del mundo.

Hay que saber a quién llamar.

¿Tú podrías conseguirlas? Cuenta con ellas.

¿Lo has encontrado? -No.

Bueno, sí, se dejó la tablet.

La tiene conectada y vinculada al teléfono.

Lo he localizado con el GPS.

-¿Y dónde se ha metido? -Está aquí.

-El cementerio.

-¿Qué ha ido a hacer allí?

-Es donde está enterrada Laura Rivas.

Pues tú dirás lo que quieras,

pero creo que tendríamos que tomar ejemplo

y renovarnos un poquito.

¿"Reno" qué? ¿Qué dices?

Lo de las cestas regalo por internet que ha inventado Germán.

Yo creo que deberíamos ayudarle en Delic Fruta.

Modernizarse no siempre es garantía de éxito.

Rosa, ¿qué te parece si le pedimos a Lorena

que nos deje la cocina, que atienda el bar,

así no está desatendido, y tú y yo nos quedamos con esto?

Yo, lo que tú digas. (LORENA) Ah. Muy bien.

He captado el mensaje.

Me voy al bar, no sea que al chef le dé un ataquito.

¿De qué vas a tener nervios tú?

Con la cantidad de mujeres con las que has estado.

Sí, muchas.

Era un pasatiempo, un juego en el que tenía todas las de ganar.

Ya. Y Valeria te importa más que eso, ¿no?

-¿Te da miedo el tema del sexo? -¡Chist!

-No creo que mi padre te enseñe algo que no sepas ya.

-Es que hace años que no estoy con un hombre.

-Ah... Años.

-Desde que enviudé, nada de nada.

No puedo presentarme a alguien que hace años que no me ve

y proponerle a alguien que ni conozco.

Es Doménico.

¿No lo tenéis contratado en la pizzería?

El negocio no va bien.

Nos da mucha pena prescindir de él, pero es que los números no salen.

Tu padre es de la vieja escuela, no le gusta arriesgar y todo eso.

Pero no es tonto, y nunca se opondrá a un negocio que sea bueno.

Tienes que hacerle ver que funciona con los números encima de la mesa.

¿Me estás diciendo que siga adelante con Delic Fruta sin su permiso?

-No entiendo por qué me ha llamado.

-Bueno, porque eres muy buen cocinero, ¿no?

-Pero no les he dejado ningún currículum.

-Hemos adelantado trabajo. Es que me encanta cocinar con él.

-Por lo menos, la experiencia ha servido para eso.

Porque lo que son las tapas... -¿Qué pasa? ¿No te han gustado?

-No están mal, pero tampoco son nada del otro mundo.

No hay que ser un profesional

para ver que la berenjena se carga el atún.

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Mercado Central - Capítulo 31

05 nov 2019

La verdad sobre el accidente rompe la relación entre Samuel y Jonathan. Samuel desaparece, y nadie consigue encontrarle.
Mientras Elías intenta defender a Jorge en el bar para salvar su propia reputación, Hortuño le encarga una misión más para sabotear el mercado.
Germán tiene una idea para ampliar el negocio, pero Elías no lo tiene nada claro.
Lorena quiere montar una muestra gastronómica y renovar algunas tapas de la carta. Le pide ayuda a Jorge.
Jesús propone un plan a Valeria, que ella interpreta a su manera.
Paolo teme que su matrimonio esté en crisis, pero Doménico se lo quita de la cabeza.
Celia tiene la idea de vender jabones y cremas ecológicas en el puesto y Adela quiere ayudarla.

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