Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 30 - ver ahora
Transcripción completa

Como le vea la cara, no voy a parar hasta partírsela.

-¡Vaya, hombre! -¿Qué pasa?

-Que no va a poder ser. -¿Por qué?

-Porque el servidor está vacío, "empty server".

-¿"Empty" qué? -Esta cámara no funciona.

-¡No me fastidies!

-Tres años sin mantenimiento. ¿Qué quieres?

Yo no soy ningún mentiroso.

-Estabas delante cuando Jorge puso

mi Fantasía di mare sobre las nubes.

-Cuando te fuiste cambié de opinión.

Esa pizza es un batiburrillo sin identidad.

Eso fue exactamente lo que dijo.

Ya os digo yo cómo mejorar el mercado.

-Bueno.

-Arreglando las cámaras de seguridad,

que nos ha costado un dineral ponerlas

y ya no funcionan. -¡Funcionan perfectamente!

-¿Estás seguro?

-Las compruebo cada día y esta mañana estaban conectadas.

-¡La madre que lo parió!

Lo siento, de verdad.

Pensé que estaba haciendo lo mejor para ti.

No sé qué más decirte, Paolo.

La próxima vez solo dime la verdad, nada más.

A veces duele mucho, sí.

Pero es lo que todos necesitamos.

Porque todo lo demás nos hace perder el tiempo.

Y a veces, aún peor.

Nos hace perder un amigo.

Yo solo quiero proteger a mi hijo.

-Haz lo que te dé la gana.

Pero conmigo no cuentes. Toma.

-Jonathan.

Es una Virgen muy napolitana.

-¿Dónde lo habéis encontrado?

No creo que sea muy popular por aquí.

-Me he recorrido todas las tiendas religiosas.

Milagro, ha aparecido.

-Cuando se le mete algo entre ceja y ceja,

no para hasta conseguirlo.

-No sé qué decir, de verdad. Muchísimas gracias.

¡Pero Lorena, qué guapa estás! -Tú también.

-Bueno, ¿qué, nos vamos?

-¿Tu marido no estaba regular?

-Ha vomitado dos veces.

Pero no creo que se vaya a morir por una indigestión.

Le he preparado un caldito y a la cama.

Ya estoy aquí. Sí, cariño.

¿Te quedas a cenar? Sí.

No, David, no puedo. Otro día, ¿vale?

Vale.

Espero que a tu editor le guste la historia.

Sí.

Titulares no le van a faltar.

(RÍEN)

Es que... (ROSA CHISTA)

-Es que ha sido muy bueno. -Noa, por favor.

Tu padre está durmiendo.

-Me estaba acordando de lo que le ha dicho Lorena

al pesado que intentaba ligar con nosotras.

-Ay, es que tu tía se pone muy graciosa

cuando se pone borde con los tíos.

-¿Borde, mamá? Ha sido cruel.

"Me gusta tu pelo. ¿Te gustó Estambul?".

(RÍEN)

-Yo eso no lo he entendido.

-Mamá, porque eran implantes.

Y los tíos van a Turquía porque salen más baratos.

-¡Por favor, por eso tenía el pelillo así de raro!

-Y Lorena empeñada en que le diera el nombre

de la clínica para recomendársela al abuelo.

-Menos mal que no lo ha oído,

con lo orgulloso que está de haberse quedado calvo...

-Al final, el pobre hombre ha salido huyendo.

De verdad, yo pensaba que me meaba de la risa.

-Cariño, hacía tanto tiempo que no me lo pasaba tan bien.

Bueno, por favor, ¿y Cristina?

-¡Madre mía! -¡Cómo baila la condenada!

-Sí, sí, estaba desatada, la "dancing queen".

Bueno, tú también te has tirado como una loca a la pista de baile.

-Sí.

-Ha sido una gran noche, sí.

Hay que repetir, ¿eh?

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¿Qué haces despierta tan tarde?

Cariño.

Es que no podía dormir.

Me he levantado para terminar el artículo.

¿La entrevista a Jorge?

Sí. Más que una entrevista, es un perfil.

¿Y tú qué haces despierto? Fui al baño y vi la luz.

(ASIENTE) ¿Puedo leerlo?

Sí, claro. Así me dices qué te parece.

Ahí te falta un punto. ¿Dónde?

Has puesto dos puntitos y son tres.

Es verdad, gracias. ¿Me lo arreglas?

Anda, cada vez lees más rápido.

No lo he terminado. Ya me lo imagino.

¿Se puede saber por qué? No me interesa.

Cómo me gusta tu sinceridad, hijo mío.

Cuentas los problemas de Jorge y yo no los quiero saber.

Ya, pero se supone que Jorge es tu amigo.

Y cuando alguien es tu amigo, te interesas por él.

Yo me intereso por Jorge,

por las cosas de ahora, no por las de su pasado.

Si le ocurre algo ahora, me preocupo.

Ya, cariño, lo que pasa es que el pasado importa.

Todos somos como somos por lo que hemos vivido.

¿O no?

Pero yo no puedo ayudarle con las cosas que le pasaron

antes de conocerme y prefiero no saberlo.

Pero entiendo que lo quieras publicar

para que te vuelvan a contratar como periodista.

Vamos a ver, Jorge ha querido compartir todo esto conmigo.

Yo no he ido a investigar su vida personal.

Compartirlo contigo no es compartirlo con todo el mundo.

Pero está muy bien escrito, seguro que les gusta.

Si me duermo en diez minutos, recuperaré la media de ocho horas.

Sí, cariño, vete a descansar.

(SUSPIRA)

¡Ay, cómo me gusta eso!

Mañana voy a tener los pies como dos morcillas de Burgos.

-La verdad es que ha sido una gran noche.

-Sí. -Tenemos que salir más.

-Sí, pero la próxima vez que no sea entre semana.

Mañana nos va a costar levantarnos para ir a abrir el bar.

¡Oh!

Bueno, yo creo que me voy a ir a la cama.

Mi amor.

(RÍEN)

Buenas noches. -Que descanses.

Enseguida voy.

¡Uf!

¿Nacho?

¿Nacho?

-¿Qué pasa?

-Pásame el móvil. Que tu padre no está en casa.

Pásame el móvil. -¿Has mirado en el baño?

-Sí.

-¿Dónde está a estas horas?

-Pues no tengo ni idea.

-"¿Rosa?" -¿Nacho, dónde estás?

-"Tranquila, en un taxi, volviendo a casa".

-Pero ¿cómo no me has dicho que habías salido?

-"He ido a urgencias".

-¿A urgencias?

¿Qué es lo que ha pasado? -"Nada, estoy bien.

Cuando os habéis ido, me he puesto peor, he vuelto a vomitar,

me he asustado y he ido al hospital".

-¿Y cómo no me has llamado inmediatamente?

-"¿Y fastidiarte la noche? No, mujer".

-¿Y qué te han dicho, te han hecho alguna prueba?

-"Sí, me han hecho análisis, de todo.

Dicen que no es nada grave, que será un virus".

-¿Entonces, estás bien?

-"No te preocupes".

Ya estoy llegando.

Enseguida te veo, mi amor.

-"Vale, cariño, hasta ahora".

-Mamá, que ya te ha dicho que está bien.

No ha sido más que un susto.

-Por lo menos, no ha sido nada grave.

-Mamá, deja de preocuparte, es un virus en el estómago.

-Ya, cariño, pero... -¿Qué?

-Que me había dicho que se encontraba mal.

No me tenía que haber ido. -Mamá.

-No me tenía que haber ido.

¿Él, en urgencias y yo, de marcha?

No, eso no está bien, cariño.

Eso no está bien.

No está bien.

Cuando vi las obras del tejado del mercado, me puse inquieto.

Qué le vamos a hacer, no tengo paciencia.

Pero te pido disculpas por la bronca del otro día.

Sirvió para confiar de nuevo en ti.

Estoy contento, incluso feliz.

(RÍE)

Ya te dije que no te ibas a arrepentir

de hacer negocios conmigo.

¿Cómo se lo ha tomado nuestro amigo?

Uno de estos días me voy a pasar por su tienda.

La comida es uno de mis vicios y tiene productos de primera.

No te preocupes, Jorge no es ningún problema.

¿Seguro?

Seguro, seguro.

Diríamos que he hecho como... una carambola.

No solo he paralizado las obras, sino que la mayoría

de los tenderos piensan que el responsable es él.

(RIENDO) Me tienes impresionado.

¿Te puedo preguntar cómo has hecho eso?

No puedes. Cada maestrillo tiene su librillo.

(RÍE)

Qué discreto.

Digamos que la mayoría de los comerciantes

están convencidos de que ha sido Jorge quien les ha denunciado.

Ese tipo podría traernos problemas.

No, es inofensivo.

La gente bien motivada y unida tiene mucha fuerza.

Y el tal Jorge tiene carisma.

Podría unir a la gente, infundir ánimo a la tropa.

Que no, de verdad, Ortuño, confía en mí.

Ahora mismo el problema es otro.

Bueno, puedes contar conmigo. ¿Cuáles son tus inquietudes?

La estrategia que he diseñado ha tenido sus daños colaterales.

Mi amigo, el arquitecto, que nos hizo un gran favor,

se ha quedado con el culo al aire.

El ayuntamiento le va a poner una multa de muchísimo dinero.

Se va a cerrar muchas puertas para volver a hacer nuevas obras.

Y...

Y seguramente con esto se le pase el disgusto.

Bueno, has dicho que era tu amigo.

Pues los amigos de mis amigos son mis amigos.

Y me gusta tenerlos contentos.

¿No nos fallará?

Por favor, yo respondo por él.

Volvamos a Jorge. Con él no sirven los cheques.

Que no, Ortuño, que no es ningún problema.

Jorge, como mucho, es una piedra en el zapato.

Ese es el problema. Una piedra en el zapato

te puede impedir correr cuando vienen mal dadas.

Voy a asegurarme personalmente de dejarle fuera de juego.

¿Qué vas a hacer?

Cada maestrillo tiene su librillo.

Hasta pronto.

Tómate luego esta manzanilla.

Seguro que te asienta el estómago.

-Ya estoy mejor, cariño.

-¿Se te han quitado las náuseas?

-Todavía estoy un poco revuelto.

El médico dijo que los síntomas irían desapareciendo.

Estos virus duran 24 horas.

-¿Te has puesto el termómetro? -Estoy bien.

Anoche, cuando me tomé la temperatura, tenía 39.

-Y yo, por ahí de juerga.

-Me empezó a doler la cabeza, me entró una tiritona

y me mareé de tanto intentar vomitar y no tener nada que echar.

-No me tenía que haber marchado. ¿En qué estaría yo pensando?

-Hubo un momento que me asusté.

Me dolía un montón la tripa y no podía ni moverme.

-Tenías que haberme llamado. ¿Por qué no lo hiciste?

-No quería estropearte la noche.

-Pues deberías haberlo hecho.

-Para un día que sales con tus amigas y con Noa...

-Ya, pero es que ahora me siento culpable.

-Y todo ese tiempo esperando a que me atendieran.

Solo.

Había otros pacientes con sus familiares.

Es un sitio tan deprimente.

-La próxima vez me llamas, esté donde esté.

-No va a volver a pasar.

-No me pienso mover de tu lado.

-Que solo ha sido un susto.

Todo se ha quedado en nada. -Te lo digo en serio.

Si te vuelve a pasar algo, lo que sea,

me da igual, un resfriado, no me moveré de tu lado.

Voy a cuidarte como tantas veces has hecho tú conmigo.

-A mí me encanta hacerlo, ya lo sabes.

Te lo pasarías bien. ¿Qué hicisteis?

-El idiota.

Solo de pensar que estaba haciendo el bobo por ahí

mientras tú tenías fiebre y dolores,

se me quitan las ganas de volver a salir.

Bueno, cariño, voy a terminar de recoger la cocina.

¿Quieres que te traiga algo?

¿Un vasito de agua, lo que sea?

Os habéis vuelto a equivocar.

Os dije tres sacos de humus

y me habéis enviado tres sacos de mantillo.

Claro que estoy segura. Míralo en el mail.

Bueno, que yo no puedo estar toda la mañana con esto.

Que me traigáis lo que os he pedido, que tengo un cliente.

Adiós.

-Cristina, podía esperar, no tengo prisa.

-No, me los quería quitar de encima, son muy pesados.

Siempre hacen mal los pedidos.

-Solo quería volver a darte las gracias

por la imagen de Nuestra Señora de Constantinopoli.

Tiene un significado muy profundo para mí.

-Me alegro. Te dije que me había fijado en tus medallas.

-Y yo nunca he sido muy religioso.

De niño iba a la iglesia con mi familia.

Rezaba en el colegio, pero...

De adolescente me separé un poco de todo eso.

-Empezaste a juntarte con malas compañías...

-Sí, estaba todo el día en la calle con los chicos del barrio.

Y tonteábamos con la camorra.

¿Sabes que en Nápoles mucha gente

lleva estampitas y medallas religiosas?

Más por una cuestión popular que por fe, muchas veces.

-¿Tú tienes fe en ella?

-Eh...

Mi madre se puso muy enferma.

Los doctores nos dijeron que no creían

que se fuera a poner bien y que le quedaban meses de vida.

Y mi padre, mis tías y toda la familia

se reunían en casa para rezar por mi madre.

Yo no sé por qué, pero decidí hacerlo por mi cuenta.

Todos los días iba a la iglesia a rezarle

a una imagen de Nuestra Señora de Constantinopoli.

Le pedía a la Virgen que curara a mi madre y yo le prometía

alejarme para siempre de la mala vida.

-¿Y cuánto tiempo estuviste yendo a rezar a la iglesia?

-Un año entero. -¡Uh!

-Al final, mi madre mejoró, salió del hospital y volvió a casa.

Y yo me aparté de las calles.

Y precisamente desde entonces,

he intentado no apartarme más del recto camino.

Y por esto me conmovió tanto tu regalo.

Muchas gracias, ¿vale?

-De nada. -Me voy a trabajar.

Gracias, Alberto. Que tengas un buen día.

A ver, Sergio.

Aquí tienes.

-Hola, mi amor. ¿Qué, tengo cartas?

¿Te has hecho ya la maleta?

Si quieres, te plancho algo, que ahora voy a casa.

-No, está todo bien. -¿Quién te lleva al aeropuerto?

Podría llevarte tu padre. -¡Papá no me lleva a ningún sitio!

-Samu, me gustaría que hicieras un pequeño esfuerzo

para entender a tu padre. -¿Un esfuerzo?

Es normal que chantajee a mi novia para que me deje.

-Tu padre cometió un error. -No le defiendas más, por favor.

-Es la mejor persona que conozco. -Yo no lo tengo tan claro.

¿Qué se trae con Jonathan?

¿Qué favores le está pagando? -¿De qué hablas?

-Ayer le vi dándole un sobre con dinero.

¿De qué va esto, mamá? -Yo qué sé.

No te pongas paranoico.

Le estaría devolviendo algún dinero

que le pagamos de más en unas horas extra.

Ni tu padre ni yo tenemos nada contra ti.

-Contra Carla sí, ¿no? -Tampoco.

Lo que pasa es que tu padre, bueno, yo también lo pienso un poco,

si algo va mal... -No va a ir mal.

-El hecho de que estuvieras en ese coche

puede llevaros a una discusión que te haga mucho daño.

Tu padre reaccionó de forma exagerada porque se asustó.

Solo quiere que seas feliz, igual que yo.

-No me esperaba lo que ha hecho.

-Habla con él, no te vayas con este resquemor.

Le perdonas y te vas de viaje sin malos rollos.

A ver, Samu.

Tú sabes lo que ha sufrido esta familia, ¿no?

No merece la pena estar enfadado por algo

que sí, lo entiendo, lo has pasado muy mal,

peo que sabes que es una tontería.

Lo sabes mejor que nadie, Samu.

(SUSPIRA)

Samu.

Pilar, tengo tu vino. Te lo acerco luego.

¿Qué vas a hacer con todo eso? Qué susto.

Tirarlo a la basura.

Todas estas cosas llevan aquí años.

Algunas, décadas. Se lleva mucho lo vintage.

En lencería femenina me temo que no.

Las fajas de color carne no han recibido

el revival que merecen. Ya.

¿Vas a tirar las cajas? Vienen los del reciclaje.

¿Te echo una mano? Vale.

Pues cualquier día de estos se vuelven a poner de moda.

Y te vas a arrepentir.

Sería un buen reportaje para cuando vuelvas al periódico.

Eso no va a pasar.

¿El qué, el revival de las fajas o que vuelvas al periódico?

Ninguna de las dos.

¿En serio? En serio.

¿No te han aceptado la entrevista que me hiciste?

Es que no la he mandado.

Porque no crees que les pueda interesar.

No.

Seguro que les interesa. Estoy muy orgullosa.

El reportaje ha quedado fenomenal.

Principalmente, el mérito es tuyo.

No.

Y tengo que darte las gracias

por contarme cosas muy íntimas y muy personales.

Ya, bueno.

Pero no lo entiendo. Me dijiste que un reportaje así

te abriría las puertas de la profesión, ¿no?

No merece la pena, Jorge.

Siento mucho no haberte ayudado.

Me has ayudado un montón.

Me he demostrado que aún sé escribir.

Eso, seguro. Y podrás volver al periodismo cuando quieras.

Pues mira, eso sí que no.

Me he dado cuenta de que este negocio cambia muy deprisa

y llevo mucho tiempo desconectada.

El periodismo ya no es para mí.

¿Y qué vas a hacer entonces?

Agarrarme a lo único que tengo.

¿A la droguería?

Droguería, mercería, tienda de chuches, sex shop, lo que sea.

Admito sugerencias. Pues...

Lo del sex shop no ha sonado nada mal.

Mira, todavía puedo sacarle partido a las fajas.

Hay mucho fetichista raro.

Me encanta que te lo tomes así.

Con esa actitud, saldrá bien.

Sí, como tú, tu puesto.

Algo que te gusta, que haces con pasión.

El negocio va bien. No hay ningún secreto.

Trabajar duro y creer en uno mismo.

Cualquier cosa que necesites cuenta conmigo.

Te tomo la palabra. Vale.

¿Dónde habrá puesto los papeles este hombre?

Hombre, Germán.

Me viene fenomenal que estés aquí.

Ayúdame a meter estas cosas en la nevera.

Lo siento, no puedo.

Papá me espera en el mercado, he venido a por unas facturas.

¿No deberías tomártelo todo con un poco más de calma?

Hasta hace dos días no podías moverte de la cama.

Y ahora no paro. Estoy haciendo lo que quería.

Estoy trabajando codo con codo con el abuelo y papá.

A saber qué os traéis entre manos.

Me sorprende el cambio de opinión de tu padre

de la noche a la mañana.

¿Sabes dónde están las facturas de la empresa de transportes?

Papá dice que las trajo para revisarlas,

pero no las encuentro.

Creo que es esto.

Las quité de en medio porque me daba miedo que se ensuciaran.

Vale, genial, pues está casi todo.

Te he hecho una pregunta.

¿Qué has hecho para convencerle de que te deje trabajar con él?

Eh...

Pues no lo sé, mi encanto irresistible, imagino.

Te estoy hablando en serio.

Mamá, yo creo que tienes que poner los congelados en la nevera

porque si no, se van a estropear.

Tu padre quería que volvieras a estudiar.

Y yo también.

Ya, pero yo no quiero estudiar, mamá.

Y tampoco me quiero deslomar descargando camiones.

Quiero aprender el negocio.

Hasta ahora, siempre que habías planteado esta posibilidad,

tu padre se había cerrado en banda.

¿Qué es lo que ha cambiado?

Pues...

No lo sé.

Supongo que ha visto que es lo mejor para mí y para la empresa.

Que no podemos estar todo el día a la gresca.

Ya.

¿Y tiene algo que ver la paliza que te dieron?

¿Qué quieres decir?

No sé.

Pero ¿estás usando lo que te ha pasado

para convencerle de que haga lo que quieres?

¿Cómo?

No, no sé, estoy esperando que tú me des la respuesta.

(RÍE)

Ya, mamá, ¿sabes qué pasa? Que yo no soy como tú.

Que maniobraste para que las Pacheco me echaran.

No, supongo que papá habrá visto que puedo aportar ideas.

Que puedo hacer que el negocio crezca.

¿No me crees capaz de hacerlo?

Claro que sí.

Yo siempre he creído mucho en tu valía.

Pues eso, muchas gracias, mamá.

Y ahora, sí que me voy.

"I love you".

Vamos a ver, esto es muy sencillo.

Tienen que vaciar el contenedor todas las semanas.

Los del bar me están almacenando los cascos

en el muelle de carga y eso no puede ser.

No, no, no, mañana, no, hoy.

Me voy de viaje esta tarde y quiero dejarlo solucionado.

Muchas gracias, eso está mejor. -Samu.

¿Son los del reciclaje? -Sí.

-¡Jo, ya les vale! Menos mal que les has puesto firmes.

-¿Necesitas algo? -No.

Venía a ofrecerme para llevaros a Carla y a ti al aeropuerto.

-Ya has hablado con mamá, ¿no?

-No, fui yo quien le dije que me encantaría llevaros.

-No hace falta, vamos en la furgoneta de Carla.

-Mira, Samu.

Lo que hice fue una estupidez y no volverá a ocurrir nada igual.

Lo hice por el miedo que me da pensar que puedas sufrir.

Que vuelvas a caer en el pozo del que tanto te costó salir.

Y yo sé que no es excusa.

Pero un padre es capaz de hacer lo que sea

con tal de no ver sufrir a un hijo.

-Mamá tiene razón.

-Eso hace muchos años que lo sé.

-No pienso irme a Londres enfadado contigo.

-¿Entonces, me perdonas?

-Eres un Elías de pacotilla.

-Yo no estoy hecho para estas cosas.

¿Me dejas que os lleve en coche?

-No hace falta, pero otro favor podrías hacerme.

-Claro, dime.

-Londres es muy caro y estoy pelado.

Quiero llevar a Carla a cenar.

Si me prestas algo de dinero. -Claro.

Lo único es que no llevo nada encima ahora.

Me acerco al cajero y te lo doy.

-¿Y el sobre que te dio Jonathan?

-¿Lo que me dio Jonathan?

-Sí, le vi pasarte un sobre con dinero.

-Eh... ¿El sobre?

Sí, claro, bueno.

Lo he ingresado esta mañana en el banco.

Es un préstamo que le hice hace un par de meses.

-Te hemos visto todos cara de banquero.

(RÍE)

Sí, pero a ti no te voy a pedir que me lo devuelvas.

Será un regalo para que vayas a cenar con tu novia.

-Muchas gracias. -Venga, voy a sacarlo.

Y si os pensáis lo de llevaros, me lo dices.

Sí. ¿Otra vez?

¡Que no! -Perdona, Samuel.

-Lo siento, Jesús, no puedo. -¡Oye!

-¡Tiene que estar solucionado hoy porque me voy a Londres!

No es mi problema si no saben hacer su trabajo.

Hola, Jesús. Hola.

Voy a hacer limpieza e inventario una vez a la semana.

Así tengo una excusa para cerrar y tomar un aperitivo contigo.

Cerrar una vez por semana no me parece buena idea.

Es verdad, mejor solo media jornada.

Cuatro horas a la semana suponen dos jornadas menos.

No te lo recomiendo, estás en pérdidas.

Aunque son asequibles, porque tus únicos gastos corrientes

son la luz y tu sueldo.

Y mi sueldo asciende a cero euros al mes.

Exacto, así que ahora abres el puesto para pagar la luz.

¿Tú crees que sería más rentable cerrar el puesto?

No, no sería rentable en ningún caso.

Pasarías de no ganar dinero a perderlo.

Eso, sin hablar de impuestos. Huy, no, quita.

Mejor vamos a tomarnos el vermú.

Si al final no vas a trabajar de periodista

y tenemos que cerrar el puesto, ¿de qué vamos a vivir?

Cariño, lo del inventario era una broma.

Ah, entonces creo que tenemos un poco más de margen.

Cuatro meses o cinco si vendes el stock a precio de coste.

Vale, tenemos cuatro meses

para reflotar el puesto. ¿Qué propones?

¿Cambiar la droguería por otra cosa?

Sí.

Podría confundir a los clientes. ¿Qué clientes, cariño?

Yo había pensado en vender cosmética.

Colonias, cremas, maquillajes. Es un sector al alza.

Los españoles gastamos unos 150 euros al año

en perfumería y estética, más que la media europea.

¿Lo ves rentable?

Las ventas suelen concentrarse en las grandes superficies.

No sé cómo iría en un mercado de barrio.

¿Entonces, qué propones?

Podrías vender productos para móviles.

Fundas, cargadores.

¿No se te ocurre otra cosa con más glamour?

Los márgenes son enormes

y el espacio de almacenamiento, pequeño.

Y todo el mundo tiene móvil. Ya.

Pero no me veo vendiendo fundas de móviles.

He estado hablando con Jorge.

Dice que el éxito de un negocio es vender algo que te guste.

¿Volvéis a ser amigos?

Sí, claro, ¿por qué lo dices?

Pensaba que estabais enfadados.

No.

Bueno, es verdad que últimamente he estado

un poco dura con él.

Y con todo el mundo.

Me regañabas por cualquier cosa.

Pero ya estás más contenta.

Además, no va a volver a pasar.

Ya estoy acostumbrado, pero me alegro

de que hayáis hecho las paces.

Claro.

Vamos dentro, que creo que va a llover.

Tira.

Es muy listo.

Tendrías que haberle oído.

Ha conseguido que mi madre se sienta culpable.

-Con lo bien que se lo pasó, que decía que había que repetir.

-Pues ahora dice que nunca más.

Se piensa que la decisión la ha tomado ella.

Ha sido mi padre, que le ha manipulado.

Te das cuenta, ¿no? -Sí, claro.

Le dice que está encantado de que salga con sus amigas

y cuando está a punto de irse, le dice que está enfermo.

Se lo inventa para que ella se sienta culpable por no quedarse.

-Tenemos que abrirle los ojos a mi madre.

Mi padre hace con ella lo que le da la gana.

-No va a ser fácil. Vamos.

Hola, Rosa.

-Anda que no habéis tardado.

¿Me traéis lo que os encargué? -Claro.

-¿Y el pollo de la Franca? -Ahí lo tienes.

-Estupendo.

Veréis que consomé más rico preparo.

A tu padre le va a sentar estupendamente.

Por cierto, le voy a llamar, a ver qué tal está.

-No está en casa. -¿Cómo que no?

-Acabo de pasarme y no estaba.

-Este hombre no tiene arreglo.

Debería haberse quedado descansando.

Se habrá encontrado mejor y se ha ido a trabajar.

-O tal vez no está tan mal como dice.

-¿Eso qué quiere decir?

-¿No te parece raro que papá se encuentre mal

la única noche que decides salir a divertirte?

-No, raro, no, me parece una coincidencia.

¿Se puede saber qué insinúas?

-Que ayer estaba perfectamente. Y cuando supo que salíamos,

empezó a encontrarse mal y se fue a urgencias.

Y esta mañana estaba como una rosa.

-¿Tú le estás escuchando?

-No sé, a mí también me pareció raro lo de anoche.

-¿Os habéis vuelto locas o qué?

¿Creéis que ha fingido ponerse enfermo?

Pero ¿por qué?

-¿Para que no te diviertas ni vivas tu vida?

-Eso es una tontería.

Se alegró muchísimo cuando le dije que iba a salir con mis amigas.

Además, ni siquiera me llamó cuando estaba en urgencias.

¿Y sabes por qué? No, no te rías.

Para no fastidiarme la noche.

-¿No te das cuenta, mamá? Lo que ha hecho es conseguir

que te sientas culpable para que no vuelvas a salir.

-¿Tú te das cuenta de lo que estás diciendo?

Pero ¿qué te pasa? Estás llena de rencor.

Te inventas unas historias increíbles, cariño,

para hacerle daño a tu padre, como que te rompió el móvil.

-Que yo me invento historias, ¿no?

-Sí. -¿Y el informe de urgencias?

¿Tú lo has visto? -No.

-Pídele que te lo enseñe.

Ni siquiera fue al hospital.

-Bueno, mira, yo no voy a seguir con esta conversación.

¿Estás escuchando las tonterías que está diciendo?

-Yo solo te pido que pienses tranquilamente

en todo lo que ha pasado.

-De verdad, no me hagáis esto.

Por favor, otra vez no, por favor.

-Solo está intentando... -Te está comiendo el coco.

Sí, y conmigo no lo vais a conseguir. Conmigo, no.

Sí, va a ser difícil, sí.

(NOA SUSPIRA)

"Había descubierto que pese a llevar tantos años casada,

nunca había sentido la intensidad

de ese fuego que le devoraba por dentro.

Cayó en la cuenta de que aquello era la pasión.

Desear estar en los brazos de un hombre

al que, pese a ser un desconocido,

estaba dispuesta a entregarle sus intimidades más ocultas".

¡Ay!

¡Qué susto me has dado! ¿Estás tonto?

-Amor.

Solo he venido a darte un besito. -Sí, anda, no seas pesado.

-Es que ya es la hora de comer.

Podríamos echar el cierre... -Que no estoy de humor.

-Ya veo que no estás de humor. Pero ¿qué te pasa?

-Estaba tan tranquila leyendo y llegas tú y me asustas.

-Amore mío, perdona.

No quería asustarte. -Paolo, de verdad, ya.

-Está bien, ya me voy.

No sé qué te pasa conmigo, pero te dejo en paz.

"Cada día que pasaba sin estar entre los brazos de él

se le antojaba un día perdido.

Entonces comprendió que necesitaba liberarse de las ataduras

que no hacían posible entregarse a aquella pasión".

Lo de la cerveza está muy bien, pero ¿por qué invitas tú?

Te la debo. ¿Por?

Pero si no has utilizado lo del reportaje.

Es que no es por el reportaje.

Últimamente he estado alterada y lo he pagado con David y contigo.

Todos tenemos malos momentos.

Yo quiero que mis malos momentos

se queden atrás y poder seguir adelante.

¿Tienes las cosas muy claras?

No sé si claras, pero sé lo que no quiero.

Ajá.

No quiero vender a un amigo por un reportaje.

Tampoco quiero dejar que se hunda la droguería,

aunque no sé qué haré con ella.

Eso está muy bien.

Por eso.

¿Estás bien?

Sí.

Tengo la sensación de que no terminas

de aprobar lo que digo. No, no.

Te agradezco que no utilizaras lo que te conté

y me encanta que hayas superado el bache en el que estabas.

Venga, Jorge, en serio, puedes ser sincero conmigo.

Dime si te ha molestado algo de lo que he hecho.

No, nada, de verdad.

(SUSPIRA)

Verás, Celia, yo...

Yo también tengo las cosas claras y tengo claro lo que no quiero.

Y no quiero volver a sufrir.

Y estoy un poco confundido porque no sé con qué ojos me miras.

Si ya no te recuerdo a tu marido, no sé.

No te lo dije como algo malo, todo lo contrario.

Ya, ya.

¿Qué esperas de mí?

Bueno...

Nada en concreto, yo quiero que seamos amigos.

Bueno, pues en eso estamos los dos de acuerdo.

¿Amigos?

Sí.

Vale.

Gracias de nuevo. La próxima es mía.

Hasta luego.

¡Ahora no te me escapas!

-Jesús, me estoy comiendo un triste bocata

porque tengo mucho que hacer. -¿Te vas de viaje?

-Sí, a Londres. No puedo hablar contigo.

-Solo te voy a robar dos minutos.

¿Eh?

-¿Qué quieres?

-Que me expliques por qué me has mentido.

Eso es lo que quiero.

-Yo no te he mentido. -¿Otra vez?

-No sé a qué te refieres.

-Las cámaras de seguridad.

-Eso ya está arreglado, no te preocupes.

-Mira, no me toques las pelotas, chaval.

Que al final, me voy a cabrear.

Las cámaras nunca han estado rotas.

Me lo ha dicho tu padre.

-Ah, sí, sí, tienes razón, me has pillado.

-¿Por qué no me quisiste enseñar las imágenes?

Justo cuando mencioné a tu abuela,

te inventaste que estaban estropeadas.

-Sí, es verdad.

-¿No quieres que tu abuela y yo salgamos juntos?

¿Tienes algo contra mí? -No es eso.

-¿Entonces? No te dejaré marchar hasta que no me lo cuentes.

-Joder.

Es...

Es por las entradas del fútbol.

-¿Qué pasa con las entradas?

-Jesús, estás preguntón hoy.

Te lo cuento todo, pero no te enfades.

-Vale.

(LORENA) Hola, Jorge, ¿qué te pongo?

Ya me he tomado una cerveza, pero ¿sabes qué?

Ponme otra. Tienes cara de necesitarla.

¿Tanto se me nota?

Supongo que no debe ser muy agradable que vayan diciendo

que eres el culpable de que se pararan las obras del tejado.

Ya, quieren cargarme a mí ese muerto.

Me da igual, tengo la conciencia muy tranquila.

Si te sirve de consuelo, yo nunca me he creído

que tú te chivaras al ayuntamiento.

Te lo agradezco. Brindo por eso.

No es tu estilo.

Ya. Es el precio que me toca pagar

por disputarle el puesto de presidente a tu hermano.

Está claro que no le gusta que nadie le haga sombra.

Mi hermano siempre ha sido un gallito.

Cómo le gusta mandar y más, que le obedezcan.

Seguro que de pequeño ya era así.

No lo sabes tú bien. -George.

Este paquetito es para ti.

A ver. Chao, "pescao".

Chao.

¡Pero menudo peluco!

Debe haber un error, no he comprado ningún reloj.

A ver.

No es un error, pone Jorge Santos Ruiz.

Hay una tarjeta.

¿La miro? Por favor.

No pone de quién es, pero pone "Muchas gracias".

Valeria.

Estaba esperándote.

-Vengo de hablar con mi nieto.

Te debo una disculpa.

-Va, Valeria... -No, déjame hablar.

Lo que he hecho es imperdonable.

Nunca quise faltarte al respeto.

Y lo he hecho vendiendo las entradas que me regalaste.

-Samuel ya me ha dicho que no... -Espera.

Quería saldar la deuda que tengo con Francisco.

Me molestaba mucho deberle dinero.

Y quería quitármelo del medio.

-Yo me ofrecí a prestarte ese dinero.

-Ya, pero no quería que pensaras

que me acercaba a ti por tu chequera.

Y al final, he hecho algo aún peor.

-Y te inventaste lo del robo del bolso.

-Encima, eso, otra mentira.

Entiendo que no quieras volver a saber nada de mí.

Me lo tengo merecido por tonta.

Pero quería darte las gracias

por los buenos momentos que hemos pasado juntos.

Han sido unos días maravillosos.

Siempre los voy a guardar con cariño en mi memoria.

-¿Ya está?

-¿Qué más quieres? Te he pedido perdón.

Intentaba explicarte por qué lo hice.

-No, que quiero hablar yo.

-Claro.

-Toma, para que vayamos los tres, Samuel, tú y yo.

Lo bueno que tiene el fútbol es que se juega todas las semanas.

No son de palco, como las otras, ni el partido es tan bueno.

Pero no están mal.

-¿Me perdonas?

¿No estás enfadado?

-Estoy enfadadísimo, pero conmigo mismo.

Porque no he conseguido que confíes en mí.

Si confiaras, me hubieras pedido el dinero,

te lo hubiera dado y santas pascuas.

-Tú no tienes la culpa de nada. -La tengo.

Yo soy un hombre que siempre he recurrido

a los engaños para conseguir mis fines.

Y el que siembra recoge.

Y no quiero cometer el mismo error contigo.

Ni que tú lo cometas conmigo.

-Te prometo que no te voy a mentir más.

-Si necesitas dinero o cualquier otra cosa, me lo dices.

Y juntos lo resolveremos.

-Trato hecho.

-¿Mariscada y fútbol, entonces?

-Mariscada y fútbol.

-Trae, que las guardo yo.

No vaya a ser que te las roben.

-Mira la parejita.

Tu abuelo, con la Pacheca.

Esto es más grande que Barcelona.

(VALERIA RÍE)

Tienes todas las mercancías aseguradas.

Todas.

¿Declaras todo el cargamento? Claro.

Si declaras menos, la prima no sería tan alta.

¡No, qué va!

Con el seguro no te andes con chanchullos, que no compensa.

Hazme caso, con el seguro ándate con pies de plomo.

¿Qué, enseñándole el negocio?

Pues sí, aprende rápido el tío.

Me tiene cansado con tanta preguntita, pero bueno.

Cuanto antes aprenda,

antes te podrás retirar y dejarme al frente.

¿Qué dices, desgraciado? Me queda cuerda para rato.

Que no me des. ¡Oye!

Míralos, padre e hijo, en perfecta sintonía.

¿Qué quieres decir con eso, querida?

Vosotros dos me habéis tomado por imbécil.

Pero ahora mismo me vais a decir qué está pasando.

No está pasando nada. Basta.

No pienso aguantar ni media mentira más.

¿Elías?

Germán sabe que fui yo el que contrató al tipo

para que le diera la paliza.

Ah, pero ¿que tú también lo sabías?

¿Desde cuándo?

Me enteré después, cuando estabas en el hospital.

¿Es el e-mail que quieres que imprima?

-El que te reenvié de mi amiga Sonia.

Sí, que ha estado cinco años en Londres

y me indica todos los sitios por ver.

-Pero ¿sabe que nos vamos solo dos días?

-Dos días dan para mucho.

Por cierto, te he hecho una lista de restaurantes adaptados.

Y he encontrado una guía por internet

de cómo viajar a Londres en silla de ruedas.

-Tengo unas ganas de estar allí. -Yo también.

-Madre mía, pero dejad algo para el hotel.

-Con la lista de excursiones, no creo ni que lo pille.

(RÍE) Vaya tela.

-Mierda, me he dejado el pasaporte.

-En media hora tenemos que salir. -Que sí. Mua.

-Mua. (RÍE)

Qué suerte tenéis, cabronazos.

Con las ganas que tengo de pisar London.

¿Te imaginas al Jona hablando inglés?

Hello, soy el Jona.

(RÍE) -Calla, anda.

Qué idiota. Algún día iremos los tres.

-Como no me toque en un sorteo, lo llevo claro.

Si es que estoy tieso.

¿Te puedes creer que el fin...?

No, el mes que viene hay un conciertaco de los gordos.

Y no tengo para pillarme una entrada.

Así no se puede. -Pide un adelanto.

-¿Y qué más, me estás vacilando?

-Pues a mi padre. -¿Y qué más?

-No es la primera vez que te deja dinero.

-No, qué va, tu padre, no.

-Ayer os vi pasándoos un sobre con dinero

y dice que le estabas devolviendo un préstamo.

-Bueno, sí, pero eso fue una vez.

-¿Para qué era?

-Bueno, Samu, movidas mías.

Bueno, ¿qué, cómo os vais al aeropuerto?

Como tardéis más, no cogéis el vuelo.

-Tenemos tiempo de sobra. No soy gilipollas.

¿Por qué le pediste dinero a mi padre?

-Bueno, porque...

Quería comprarme una mesa de mezclas para pinchar.

Sí, ya sabes que me mola.

-¿Te mola? -Sí, mola.

-¿Y cómo no me la has enseñado? -Porque...

Porque todavía no me ha llegado.

La pedí por internet y no... -Mientes como el puto culo.

¿No te estará intentando chantajear, como a Carla?

-¡Qué dices, Samu! ¿Qué sentido tendría

que me chantajeara si le devolví al dinero?

Piensa un poco. -Sí, eso es verdad.

¿De qué va todo esto?

¿Qué os traéis mi padre y tú?

-Mira, pregúntaselo a él. -Ya se lo he preguntado.

Y me ha mentido.

Y que un padre mienta a su hijo es normal,

pero tú eres mi amigo. No me jodas.

Dime para qué era el dinero.

No hace falta que te diga

que tu madre no tiene nada que ver con esto.

Cuando Germán se enteró de que yo había sido

el que contrató al tipo para que le diera la paliza,

me pidió trabajar en la empresa.

Yo sentí que después de haber metido la pata, se lo debía.

¿Cómo descubriste que tu padre estaba detrás de la paliza?

Se lo dije yo.

Se lo dije yo porque lo vi con miedo

y no quería que estuviera así.

La culpa fue del tipo este. Si no se hubiese extralimitado...

Es lo que tiene contratar matones para que te hagan el trabajo sucio.

Ya está todo solucionado y ya ha recibido su merecido.

¿Y qué quiere decir eso? ¿Qué has hecho, papá?

Pues he hecho lo que tenía que hacer.

Ese tipo no se va a acercar más a ningún miembro de mi familia.

Ah.

Y tú lo sabías.

Sí.

Y no me parece mal.

Yo alucino con vosotros dos.

Alucino, no.

No se podía ir de rositas después de hacer lo que hizo.

Esto ya pertenece al pasado

y cuanto antes quede atrás, mejor.

Eso es, el pasado es pasado.

Hay que mirar al futuro, que pasa por que trabajes conmigo.

Pero a partir de ahora, no más mentiras.

¿De acuerdo?

El dinero era para mi hermana. ¿Vale?

Desde que su novio la dejó sola con mi sobrino,

va muy mal de pelas. El dinero era para ella.

-¿Por qué no me lo dijiste? -Te lo estoy diciendo ahora.

-No te creo.

Cuéntamelo todo. -Te lo estoy diciendo todo.

Mi hermana necesitaba pasta y tu padre me la prestó.

-¿Y por qué tanto secreto?

Cuando le dabas el sobre, él quería que te lo quedaras.

Y tú estabas muy incómodo devolviéndole el dinero.

Así que dime, por favor, qué coño os traéis mi padre y tú.

-Que te lo explique él. -¿Que me explique qué?

¿Para qué hostias era el dinero?

-Para que mantuviera la boca cerrada.

-¿De qué estás hablando? -Para que no dijera lo que sé.

Lo que solo tu padre y yo sabemos.

No era José el que conducía el coche.

-¿Cómo?

-Cuando saliste del coma, no te acordabas de nada.

Pero no era José el que conducía el coche.

El que iba al volante eras tú.

-Ay, ya está.

Ya estoy aquí. ¿Nos vamos?

Me acabo de enterar de que he matado a José

y a la hermana de mi novia.

Y que no me decías nada porque te daban dinero.

-Lo siento, Samu. -Cállate. ¡Que te calles!

No quiero volver a escucharte en tu puta vida.

Te lo ha regalado Ortuño

para agradecerte los servicios prestados.

Y por la pita que tiene, debe estar muy agradecido.

Si tanto te gusta, quédatelo, yo no lo quiero.

Anda, ¿y eso?

¿Tu socio no ha acertado?

No es mi socio.,

Cristina. -¿Eh?

-Que anoche se hizo la dormida.

-¿Seguro?

-Sí, en la cama.

-Estaría cansada. ¿Tú nunca estás cansado?

-¿Yo? Nunca.

Sería un evento de un día.

Llamamos a los tenderos del mercado.

Les decimos que traigan aquí sus productos

y que los vamos a publicitar. -¿Para qué?

-¿Cómo que para qué? Para traer gente nueva al mercado.

Y el dinero que saquemos lo invertimos en la renovación.

-Pues no me parece una mala idea.

Me apetecía que estuviéramos más tiempo juntos.

Y he preparado un planazo.

Me gustaría llevarte a un sitio que me fascina.

¿Qué me dices? ¿Te apetece una escapada?

-Claro.

Ven, mira lo que ha hecho tu hijo, te va a gustar.

Es una nueva rama del negocio familiar: Deli Fruta.

Para enviar cestas por internet.

Ah, bien. Bueno, no solo fruta.

Quesos, frutos secos, vinos.

Muy bonito.

Después lo veo, tengo prisa. Venía solo a por unos albaranes.

Vale.

Qué vergüenza, por Dios.

Es que tu padre y yo

todavía no hemos pasado una noche juntos a solas.

-Pues ya va siendo hora.

-Ay, por Dios.

-No tenéis 15 años, Valeria. Las cosas tienen que fluir.

Si todos los problemas fueran esos...

Tengo que darle un vuelco, ponerlo bonito,

darle mi toque y conseguir que sea rentable.

¿Y has pensado ya por dónde empezar?

Sí, voy a vender productos ecológicos.

Bueno, aquí están.

-Cristi. -¿Mm?

-¿Tú crees que nuestro matrimonio está en crisis?

Le podías decir a tu amigo Ortuño que te mande un electricista.

Deja de tocarme la moral,

que estoy empezando a cansarme con tanta broma.

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Mercado Central - Capítulo 30

04 nov 2019

Nacho ha ido a urgencias mientras Rosa estaba de fiesta.
Celia duda sobre publicar su entrevista con Jorge o no.
Elías confiesa a Hortuño que Jorge es su piedra en el zapato. Hortuño actúa en contra de Jorge.
Jesús consigue que Samuel le explique la mentira de Valeria sobre las entradas.
Cristina se prenda más de Doménico tras escuchar la historia de su infancia.
Carmen quiere que su marido y su hijo resuelvan sus diferencias. Nicolás tiene su propia versión sobre el asunto de los sobres a Jonathan, y éste no puede evitar confesarle a Samuel toda la verdad.

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