Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 29 - ver ahora
Transcripción completa

"¿Investigaciones Ventura?" -Soy Nicolás.

¿Cómo va la investigación? ¿Hay alguna novedad?

Ya. Pues sí, la verdad.

Esperaba resultados, aunque fuera poca cosa.

Hace pocos días, pero digo yo que no tiene que ser tan difícil.

Es una chica normal, no Osama Bin Laden.

Yo quería darte un susto.

Pero por tu bien, para que la cosa no fuera a más.

¿Me estás diciendo lo que creo que me estás diciendo?

Yo fui el que contrató al tipo para que te diera una paliza.

Tengo también otra idea sobre otro reportaje,

este sería una entrevista.

A...

a Jorge Santos, el chef.

Sí, ese.

Creo que sería bastante interesante

porque no ha concedido ninguna desde que dejó los fogones.

Sí, sí, sí, sí.

Sí, bueno, ahora mismo estoy trabajando en eso, sí.

¿Te interesa?

Vale, muy bien. Bueno, pues...

te voy contando cómo va el tema

y, con lo que sea, quedamos. ¿Te parece?

Vale. Gracias, Raúl.

Espero no interrumpir nada importante.

No, hombre. Estamos organizando una salida

para celebrar todas juntas el cumpleaños de Cristina.

Y nos hace mucha ilusión, la verdad.

-Solo chicas, ¿eh?

-Ah, pues... qué bien, me parece estupendo.

Sobre todo por ti, te vendrá muy bien salir y divertirte.

Nadie se lo merece más que tú.

¿Te escondes de alguien? ¿O no quieres que se sepa

que te dedicas a esto por alguna razón?

No hay ninguna razón. No hay nada oculto, nada oscuro.

No quiero que me entrevistes. Respeta mi decisión.

Antes era cocinero, ahora soy tendero y estoy bien así.

Además, es parte de mi pasado, no quiero hablar de ello.

¿Es difícil de entender? No, no.

Seguro que tienes mil historias que contar más interesantes.

Germán está mejorando

y yo he resuelto los problemas que tenía de trabajo,

así que podré ir contigo

y con Samuel al partido.

¿Estás contenta?

-Mucho.

-Eh... Eh... ¿Perdona?

¡Hola, mami!

¿Qué está pasando aquí?

Esta pizzería está protegida por la camorra.

Si robas a él, le robas a nosotros.

Si te veo de nuevo,

nos hemos entendido, ¿no?

"Ma" vete, va.

(HABLA EN ITALIANO)

-¿Quién era ese?

-El que me estaba quitando el dinero. Él y su colega.

Pero Doménico ya les ha puesto las pilas.

Samuel, soy tu abuela.

Dime que no has vendido las entradas del fútbol.

Por Dios, Samuel, coge el teléfono, por Dios.

Tu madre necesitará pronto ingresar en un centro especializado.

Esos centros son muy caros,

y yo... podría hacerme cargo de todos los gastos.

A tu madre no le faltará de nada, te lo prometo.

-¿Y tú por qué harías todo esto?

Si no conoces a mi madre y tampoco me conoces a mí, casi.

-Yo solo quiero que hagas una cosa por mí:

aléjate de mi hijo.

-¿Cómo?

Pero ¿cómo puede ser tan mala persona?

Hostia, tío, no me esperaba esto de tu padre.

Y mira que todo el mundo conoce a Elías de la Cruz.

Pero se ha pasado siete pueblos. -Y dice que lo hace por mi bien.

Lo hace para protegerme, ¿no estás flipando?

-La misma excusa de siempre.

Ya te pueden estar jodiendo la vida, siempre es por tu bien.

-Ya, me quería proteger tanto que casi me mata.

Qué huevos. -Yo no pienso tener hijos, tío.

(SUSPIRA)

Y ahora, ¿qué hago, prima?

¿Seguir como antes, todo el día de fiesta ji, ji, ja, ja?

¿Para qué?

-No sé.

Al menos, para joder a tu padre, ¿no? -No, qué va, tía.

Si es que todo esto de la paliza me ha cambiado el rollo, pero así.

Que vale, sí, lo ha organizado todo el mafias de mi padre,

pero me podía haber pasado de todas formas.

-Es que era un rollo muy chungo eso que te habías buscado, ¿eh?

-Ya.

Me estaba yendo a la mierda yo solo.

Tanta fiesta, tanta locura.

Y es lo que tú dices, que lo hacía para dar por saco.

Pero no lo voy a hacer más.

No por él, por mí.

No quiero pasar por esto otra vez ni de coña.

-Ya. -Pero no puedo dejar

que se salga con la suya.

Que la ha cagado

y tiene que pagarlo, pero vamos.

Si se piensa que esto no va a tener consecuencias,

lo lleva clarinete. -Vete de casa.

Yo tengo que quedarme para abrirle los ojos a mi madre,

quiero que se dé cuenta de una vez

de lo manipulador y mala persona que es mi padre, tío.

Pero si no fuera por eso, ya te digo que yo no estaría aquí.

Pero... tú no tienes que quedarte.

Tus padres se llevan bien, ¿no?

-Sí.

-Pues yo me iría, tío.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¿Me buscabas?

Siéntate, por favor.

-Germán, ¿te pongo algo? -No, gracias, Paolo.

He venido a hablar con mi padre, pero ya me voy.

-Cualquier cosa, estoy por aquí, ¿eh? -Perfecto.

Ayer, cuando llegué a casa, ya estabas durmiendo,

y esta mañana, cuando he salido, seguías encerrado en tu habitación.

Tenía muchas cosas en la cabeza.

Bueno, quería decirte que ayer, con la discusión,

pues no terminé de explicarme bien.

No, no, no, si te explicaste perfectamente.

No sabías qué hacer conmigo

y enviaste a un matón para que me diera una paliza.

Yo quería que te dieran un susto, no una paliza.

Vale, pues dejémoslo en un susto de muerte,

porque casi me matan.

Ya te pedí perdón ayer. Si llego a saber...

A ver, papá, ya está ¿eh? Ya te disculpaste ayer.

Es lo que tiene ir siempre a saco para conseguir lo que quieres,

que a veces las cosas...

se te escapan de las manos un poquito.

El condenado gen De la Cruz.

Pues igual es eso, no lo sé.

Hijo, yo...

Es que no me sale otra cosa que pedirte perdón una y otra vez.

A mí también se me fue un poco la pinza.

Un poquito, sí, ¿no?

Estaba rabioso contigo y con mamá.

Y quería haceros daño, y, bueno, que llegué a lo que llegué.

Ninguno de los dos medimos bien nuestros actos.

Un clásico en esta familia.

Pero, de cualquier forma, quiero que sepas

que me alegro mucho de poder tener esta conversación contigo.

A mí tampoco me entusiasma estar todo el día peleándome contigo.

Ya.

Y además, a mamá todo esto le está afectando mucho.

Bueno, por mamá no te preocupes.

No lo lleva muy bien. Pero no te preocupes,

es mucho más fuerte que tú y que yo juntos.

Lo superará como ha superado otras cosas.

¿Tú crees que también superaría

saber que... le eres infiel?

Ay, ¿tú le has visto por ahí? -¿A quién?

-¿A quién va a ser? Al niño.

Le he buscado por todo el mercado, le llamo, no me coge.

Durmió en casa, porque la habitación parecía una leonera.

-Estará por ahí de cachondeo.

-Mírale, el fantasma de la ópera.

¿Se puede saber dónde te metes que llegaste ayer a las tantas?

-A ti qué te importa, mamá.

-A mí no me hables así. No vives en una pensión.

Si vives bajo mi techo, te pediré las explicaciones que quiera.

-En cuanto pueda, me largo y no me vuelves a ver en la vida.

Te quedas con este chantajista. -¿Qué chantajista?

¿Qué dices de tu padre?

-Ah, ¿que no te lo ha contado?

-¿El qué? ¿Qué me tiene que contar?

-Claro, porque sabe que hay que ser muy sinvergüenza

para hacer lo que ha hecho.

¿Cuánto ibas a ofrecerle a Carla para joderme la vida?

¿Eh?

-Pero ¿de qué habla? -Lo hice por tu bien, hijo.

-¿Por mi bien? Carla y yo nos queremos.

Si hemos superado lo del accidente, ni tú ni nadie nos separará.

-Pero ¿cómo se te ocurre?

Darle dinero para que lo deje. Pero ¿a ti qué te pasa?

-No sé, a mí también me da miedo que le haga daño,

pero de ahí a chantajearla... -Estoy dispuesto a todo.

Con tal de no ver otra vez a Samu hundido en el pozo.

-Pero ¿tú estás mal de la cabeza o qué?

-Vete tú a saber las intenciones que lleva esa chica.

¿Y si esconde algo? -Pero, por Dios, ¿qué va a esconder?

Mira..., cálmate, ¿eh, Nicolás?

Y no hagas nada más.

Yo creo que sí, que sí, que lo superaría.

Otra cosa es que estuviera dispuesta a seguir viviendo contigo.

¿Esto a qué viene?

¿De verdad que mamá no te ha pillado nunca?

Yo no le he sido nunca infiel a tu madre, nunca.

Ahórrate el teatro, papá.

¿Qué, ya le has pagado las facturas a Castro?

Ya está todo solucionado. ¿Por qué?

Porque te cogí el móvil, papá.

Y vi el mensaje de Rita.

No sé de quién me hablas. ¿No?

Supongo que a ella la debes tener más contenta que a mamá,

porque se la veía muy interesada en volver a verte

"una última vez".

Mira, a mí no me gusta sacarle la mierda a nadie,

y menos de esta manera.

Ya se te ve, se te ve lo preocupado que estás con el tema.

Pero, llegados a este punto,

pues si mamá tiene que saber la verdad,

oye..., que la sepa, ¿no?

Además, supongo que tirando del hilo de Rita,

van a salir algunas amiguitas más.

¿O me equivoco?

Tengo una pregunta, papá:

¿cómo lo haces

para cumplir con ellas en la cama?

Me imagino que con unas pastillitas, ¿no?

Eso...

eso realmente le va a doler a mamá.

¿Qué quieres?

Que me readmitas en la empresa.

Y ni de mozo de carga, ni de repartidor.

Estaría arriba, trabajaría contigo. No estás preparado.

Déjame demostrarte que sí. Y acabemos con esta guerra ya.

¿Serías capaz?

¿De verdad serías capaz de irle a mamá

y contarle toda esta película que te has montado?

Tú lo has dicho antes...,

es el maldito gen De la Cruz.

¡Va, daos un poquito de caña, por favor,

que en un rato tengo esto otra vez lleno de furgonetas!

-Samuel. -Si te mandan mis padres, ahórratelo.

-¿Qué mosca les ha picado ahora? -Da igual. ¿Qué quieres?

-¿Qué pasó con las entradas? ¿Las recuperaste?

-Qué va. -Ay, por favor, Samuel.

Mi relación con Jesús depende de ellas.

-Lo sé. Le ofrecí 80 pavos más de lo que nos dio por ellas y nada.

-Pues ofrécele 100, 200.

-500. Va a dar igual, es un partidazo y no hay entradas.

-Qué hartura de fútbol.

-Lo siento, he hecho lo que he podido.

-¿No hay otra cosa mejor que ver a unos niñatos detrás de una pelota?

-A mí me gusta el fútbol, pero prefiero el básquet.

Bueno, te dejo.

Vamos a ver, vamos a ver, Ramiro, por favor, de verdad,

deja el móvil ya y date un poquito de brío.

Venga, llévame esto para allá.

-¿Qué..., cómo van las ventas hoy?

¿Dan para que cojas un descanso y te tomes un café conmigo?

-No puedo, tengo a Carmen sola en el puesto.

-Yo también estoy muy solo.

Anda, ven un rato a hacerme compañía.

-Que no puedo, de verdad.

Que llevo toda la mañana de picos pardos.

-¿No me estarás dando largas?

Hemos hecho público lo nuestro, no te vengas atrás.

-Querrás decir que has hecho público lo nuestro,

porque tampoco te hubiera costado preguntarme a mí primero

antes de plantarme un beso delante de todo el mercado.

-Pero vamos a ver, ¿no era esto lo que querías?

-Ese no es el tema.

-Pues pronto empezamos con discusiones.

-Ni discusión ni gaitas.

A ver, ¿que la gente sepa lo nuestro te afecta a ti

o nos afecta a los dos?

-A los dos. -Pues eso.

Que sea la última vez que tomas una decisión así

sin contar conmigo primero. -Amén.

Te prometo que, desde hoy,

te voy a pedir consejo hasta para hacer la quiniela.

-Así me gusta.

-¿A qué hora vengo a buscarte para lo del partido?

Yo creo que con un par de horas, para tomarnos unas cañas,

estaría bien, ¿no? -Eh...

Bueno, luego hablamos de eso. -Eh. ¿Qué pasa, qué pasa?

No me digas que no puedes venir, porque la vamos a tener.

-Es que...

tengo una mala noticia.

Por eso estoy tan cruzada.

-Ya me parecía a mí que esa cara de pomelo no era normal.

-Me han robado las entradas. -¿Qué?

¿Y por qué no me lo has dicho antes?

-Porque no sabía cómo enfocar el tema.

Sabía que te ibas a poner hecho una furia.

-¿Y cómo fue? -Pues anoche,

después de echar el cierre,

me tiraron aquí en la puerta del mercado

y se llevaron el bolso. -La madre que los parió.

Siempre lo mismo.

¿Y te han hecho daño?

-No, fue más el susto que otra cosa.

-¿Y sabes quién fue?

Porque si es uno de por aquí, me lo dices y le arranco la cabeza.

-No, no, fue... un chaval joven.

Pasa que llevaba una capucha puesta y no le vi la cara.

Bueno, ¿y que ha dicho la Policía?

-¿Qué Policía? -Ah, ¿qué no le has denunciado?

-Sí, hombre, encima de perder el bolso,

voy a perder la mañana en comisaría.

-Te voy a decir lo que me dijiste tú antes a mí.

Si te vuelve a pasar algo así, me llamas,

y que no te importe la hora que sea. ¿Estamos?

-Te lo prometo.

Ahora, a Carmen y Nicolás ni una palabra de todo esto, ¿eh?

Que son capaces de acompañarme hasta para ir lavabo.

Y tú y yo ahora,

lo que necesitamos es mucha intimidad.

-Todo lo que podamos...

y más. -Anda.

De verdad, qué pena,

con las ganas que tenía de ir contigo al Bernabéu.

-Ya habrá tiempo para eso. Ahora, lo importante es

que te repongas del susto ese que tienes en el cuerpo.

Ya buscaré yo la fórmula para quitártelo.

-¡Anda, tonto!

Quita, quita, quita, quita.

"Buongiorno". -Eh.

-Hola.

-"Grazie mille", amigo mío. -"Perché?".

-Andrea ya me ha contado lo que hiciste anoche.

Echaste a dos macarras de la pizzería.

-Mira, espero que no vuelvan por aquí.

-Más les vale,

porque como los vea, no respondo. -Ya.

-Pero ¿por qué Andrea a mí no me dijo nada?

No lo entiendo, parece que no se fía de mí.

-¿Qué no se fía de ti? Son cosas de la edad.

Seguramente Andrea quería solucionar el problema

sin tener que llamar al padre.

Y por eso a mí me explicó

que esos desgraciados llevaban días robándole.

Pero porque no soy su padre. ¿No?

-Pobre Andrea. -Ya.

-Yo pensando que cogía el dinero para gastárselo con María.

-Tranquilo, que son cosas de chicos, Paolo.

Me voy... me voy a trabajar, ¿vale? -Vale.

Qué suerte poder contar con él, ¿eh?

-Y que lo digas.

-Cristi,

tenemos que organizarle algo,

lo que ha hecho se merece otra fiesta napolitana.

-¿Otra fiesta? -Que sí.

A Doménico le encantó la cena que le preparamos.

-No le vi yo con muchas ganas de celebrar nada.

-Qué sí, qué sí, "amore".

Además, podremos invitar a sus amigos.

Le va a encantar. Estoy seguro.

-Ay, ¿no decías que estaba enamorado?

Pues igual la podemos invitar a ella.

-Bueno, algún lío tiene, pero...

no tengo idea ni de quién es ni de cómo es su nombre.

Sabes cómo es Doménico, que no suelta palabra.

-Igual que tú. -Ya.

Por eso somos el equipo perfecto.

Pero yo le estiro la lengua a ver si suelta la prenda.

-¡Ay, no, quita, quita! No, no le molestes.

¿Y si le hacemos un regalo?

-Me parece una idea genial. ¡Yo me encargo!

-No, no, me encargo yo.

Que tú tienes muy buena voluntad,

pero luego, el resultado... Acuérdate del túnel del aire.

-Ya. -Yo me encargo.

-"Amore mio",

qué suerte...

que tengo yo.

-Son clientes.

Hasta luego.

¡Hombre!

Ya era hora de que salieses de la cueva.

Hola, mamá. ¿Qué haces aquí?

¿Has quedado con Jonathan?

No. Estoy trabajando.

¿Trabajando? Sí.

He sido readmitido en la empresa familiar.

¿Readmitido por quién?

Porque tu abuelo puede decir lo que quiera,

pero tu padre tiene la última palabra.

Para el carro.

Que papá ya lo sabe y le parece bien.

A ver, Germán,

hemos tenido bastante lío últimamente en casa,

así que te pido que no tenses más las cosas con tu padre.

Que no, que está todo bien.

Esta mañana hemos tenido una conversación sincera,

de hombre a hombre, y por fin le he convencido.

Tú no me estarás liando, ¿verdad? Qué no.

Anda, ven y échame una mano, ven.

Pregunta:

En esta columna, ¿se pone la fecha del pedido

o la fecha de la llegada del producto?

En esta, va el pedido. Sí.

Y la fecha del producto viene aquí. Vale.

Y luego...,

al final...

Hola.

Hola.

Que no me lo han comprado.

¿El qué no te han comprado?

El reportaje que hice del mercado.

Dicen que no encaja con la línea editorial.

Venga ya, ¿en serio? Sí.

Ya lo siento.

Bueno, mirándolo por el lado bueno,

te ha servido para que vuelvas a escribir.

Sí.

Y la parte buena es que les he sugerido otro tema...

y parece que les ha gustado bastante.

Bien. ¿Ves como tienes que ser tú la que se mueva y proponga cosas?

Nadie va a ir a tu casa a tocar la puerta.

A estas alturas de mi vida, me ha quedado claro.

¿Y de qué vas a escribir?

Bueno, si no es un secreto. No, no, no, no.

El tema que le ha gustado mucho al editor es...

es una entrevista.

¿A algún famoso?

Era famoso, pero se ha apartado de la vida pública un poco.

Les...

les he prometido una entrevista a Jorge Santos,

el exchef de La Fanega.

Ah.

No deberías prometer nada que no puedas cumplir.

Ay, venga, Jorge, que te lo pido como un favor personal.

Si no les llevo la entrevista a esta gente,

voy a quedar fatal con ellos. Sí, vas a quedar fatal.

Mira, solo necesito seis o siete buenas preguntas

y ya está, no te molesto más.

Genial, pues te voy a dar la primera respuesta: No.

¿Dónde está mi padre?

Estará por ahí con su novia.

Ah.

Anda que liarse con la Pacheca...

Tú también lo has hecho genial con Germán, ¿eh?

¿Dónde está?

En el muelle de carga.

Me ha dicho que ha hablado contigo y que, a partir de ahora,

se va a encargar de comprobar las entregas.

¿Es verdad eso?

Sí, es verdad.

Elías...,

¿y a qué viene eso ahora? ¿A qué viene eso ahora?

Podías habérmelo consultado, por lo menos.

Adela, yo vi al niño en casa, deprimido, no quería salir.

Salió el tema de volverlo a admitir en la empresa

y me pareció una buena forma de animarlo.

Había que animarlo a que volviera a estudiar,

no a trabajar en el mercado. Ese era nuestro objetivo.

De verdad que no te entiendo, Elías. Adela...

Luisa, ¿vas a comprar o no? Es la tercera vez que pasas.

Venga, hombre.

¿Y qué querías que hiciera, eh?

Mi hijo termina en un hospital por mi culpa,

porque yo encargué una paliza. ¿No te parece un buen motivo?

Sí, claro que lo es. Para todo el mundo menos para ti.

Y tú, ¿por quién me tomas? No, ¿por quién me tomas tú a mí?

Te conozco desde hace demasiado tiempo

como para tragarme el cuento de que le has readmitido

porque te sientes culpable.

Son años conviviendo contigo y tus tejemanejes.

No me tomes por tonta, ¿eh?

No lo entiendo, porque tu historia es muy interesante.

Además, Jorge, no te imaginas lo que me ha costado dar este paso.

Mira, Celia, entiendo lo que...

No, no, no, no es eso.

Ah.

Es que me ha costado horrores venir a pedirte por favor

que me ayudes.

¿Y sabes por qué?

Por una cosa que me dijo mi suegra el día que falleció Manuel.

Creo que estás mezclando las cosas. Déjame explicarme, en serio.

Me echó en cara que no conseguiría salir adelante sola,

sin un hombre que me sacara las castañas del fuego.

Y por eso...

por eso me he resistido tanto

a aceptar la ayuda de los demás, sobre todo la tuya.

Mira, Celia, no es el momento.

¿Por qué no?

Si solo va a ser media hora, ni un minuto más, te lo prometo.

Tú sabes que tengo el agua al cuello.

Y con esta entrevista,

pues se me abrirían las puertas de la editorial.

Jorge, por favor.

Por favor.

Lo siento...,

ya sabes mi respuesta.

(SUSPIRA)

¿Podemos dejar de discutir? ¡No, no podemos!

Bueno... ¿Tú sabes lo duro que ha sido

ver cómo Germán iba haciéndose cada día más daño, eh?

¿Y tener que tragarme

que contrataste a no sé quien para que le dé una paliza?

¿Vamos a empezar otra vez con eso? No sabes lo que me has hecho sufrir,

tú y él, los dos, con esta guerra.

¿Para qué? ¿Para qué?

Para estar ahora en el mismo punto en el que empezó todo.

Bueno, yo creo que todavía podemos hacer algo.

Ah, ¿sí?

¿Qué vamos a hacer, Elías? ¿Qué vamos a hacer?

Si ya se ha salido con la suya.

Este no va a volver a coger un libro en la vida.

Después de todo lo que llevamos pasado.

Venga, ya pasará, ¿eh?

Déjame.

Elías, atención, no me pises lo mojado.

Ponme un café.

Marchando.

-Hombre, a ti te estaba yo buscando. -Hola, Nicolás.

Ya me has encontrado. ¿Qué pasa con las obras del techo?

¿Cuándo van a venir a terminarlo?

¿Las obras del techo?

Anda que me tenéis contento.

¿Pasa algo?

Alguien, no sé quién ha sido, ha llamado al ayuntamiento

y les ha contado el acuerdo que tenemos con el arquitecto.

Espera, espera, espera. ¿Saben que engordamos el presupuesto?

¿Tú qué crees? Por eso han parado la obra.

Y espérate que no vengan a por mí,

porque el que está dando la cara soy yo.

Es que hay que tener muy mala leche. Y ser un imbécil, Paolo.

Que esto nos afecta a todos.

No paro de darle vueltas a ver quién ha podido ser.

Solo se me viene un nombre, por como se puso en la reunión.

Pero no creo que se haya atrevido. ¿Quién?

-¿De quién hablas, de Jorge? -No, no, no.

Eso no puede ser, ¿eh?

Jorge nunca haría una cosa así. -Claro, hombre, no, no, no, no.

Aunque es cierto que el otro día, se puso en la reunión

muy enfadado contigo, ¿eh?

¿Y no notáis que está como un loco

por ser el presidente de la asociación?

Y cómo se puso con el proyecto y con el arquitecto

y el acuerdo que teníamos. Me cuesta creerlo.

Y a mí, ¿eh? Y a mí, cuidado.

Pero puede que tengas razón. -No, Nicolás.

-Que no te puedes fiar de nadie. Que no.

Vamos con pies de plomo con esto.

No podemos crucificar a nadie antes de tiempo.

Hasta no tener pruebas, no se lo decimos a nadie.

-"Mal nascala miseria".

En este mercado, siempre estamos con lo mismo:

no salimos de una y ya estamos en otra.

(PAOLO SUSPIRA)

¿Quieres un café? Vamos a echarlo.

Aunque tengo un lío... Ya, ya.

¿Qué pasa, joven?

-¿Qué tal estás, chaval?

Oye, oye, un momento.

¿Tienes mucho lío hoy?

-Hombre, pues un poco.

Con todo el tema de las obras del tejado, imagínate.

¿Tú sabes quién las ha parado? -Ni idea.

Pero ya sabes a lo que se dedica el ayuntamiento siempre,

a tocar las pelotas, ¿no? -Eso es verdad.

-Oye..., ¿podríamos echarle un ojo

a las imágenes de las cámaras de seguridad?

A la fachada principal.

-Sí, claro, ¿qué pasa?

¿Qué están otra vez forzando cerraduras o qué?

-Más o menos.

-Cómo está el percal, de verdad.

¿Y sobre qué hora fue más o menos?

-Entre las nueve y las diez de anoche.

-¿Tan pronto?

A esas horas es muy complicado que hagan nada,

si aún hay gente en el mercado. -Ya, es que no van por ahí los tiros.

-Entonces, ¿qué estás buscando? -Te voy a ser sincero.

Pero que no salga de aquí. ¿Puedo confiar en ti?

-Por favor, don Jesús, la duda ofende.

Soy el gerente del mercado, en funciones, sí,

pero si algo pasa, debo enterarme el primero.

-Eso también es verdad.

Pero no vayas con el cuento a tus padres,

se lo he prometido a Valeria. -¿A mi abuela?

-La atracaron anoche cuando salía de cerrar el puesto.

-¿Qué? Pero si no me ha dicho nada. -Porque no quiere que os preocupéis.

-¿Y está bien? Mira que si le cojo al tío...

-No, no, tranquilo, tranquilo. Lo peor ha sido el susto.

Algún mal nacido vino por detrás y le dio el tirón del bolso.

-Qué sinvergüenza.

-La pobre se preocupaba más por las entradas del fútbol

que por otra cosa.

-¿Qué ha pasado con las entradas?

-Que tu abuela las llevaba en el bolso.

Estoy por ir a la puerta del Bernabéu y, si le pillo,

se las come allí mismo.

-No, el ladrón igual es del Atleti. Seguramente ya las haya encasquetado.

-Tú mira el monitor, que tiene que salir.

-A ver. -Y como le vea la cara,

no voy a parar hasta partírsela.

-Vaya, hombre. -¿Qué pasa?

-Pues que no va a poder ser, Jesús. -¿Por qué?

-Porque el servidor está vacío. "Empty server".

-¿"Empty" qué?

-Eso viene a significar que esta cámara no funciona.

-No me fastidies.

-Tres años sin mantenimiento, ¿qué quieres?

Bueno, mira.

Buenos días, ¿un poco de pizza?

¿Le apetece? Es una receta nueva.

Señorita, un poco de pizza.

-Cariño,

creo que tu nueva creación no tiene mucho éxito.

-Pero es que no lo entiendo.

Ni las han tocado.

-Igual es que no tienen hambre.

-Ya.

"Amore mio", pruébala tú, por favor. Dime qué te parece.

-Es que está recién salida, igual quema un poco.

-Así está mejor, recién hecha.

Es que necesito saber qué le pasa a mi Fantasía di mare,

hoy ya he retirado siete casi intactas.

-A ver.

-¿Qué?

-Mmm. -¿Está buena?

-El sabor, original es.

-Ah, eso es lo que buscaba yo, algo nuevo.

Pero a la gente la sacas del tomate y la mozzarella y se pierde.

David.

¿Te apetece un poco de pizza?

-Sí, pero de esa no.

-¿Por qué? ¿Qué le pasa a esta pizza?

Que los ingredientes son un sinsentido.

Le sobran las algas

y la sal de trufa con curry es una mezcla horrible.

-Cristi,

¿qué te parece nuestro crítico gastronómico?

-Muy sincero.

-Anda, va, entra dentro

y te doy un pedazo de Quattrostagioni que no te la acabas.

Está evidente que el único que tiene algo de buen gusto es Jorge.

-Bueno, a él tampoco le gusta.

-A ver, chaval,

una cosa es que no te guste la pizza, que tampoco lo entiendo,

pero otra es que malmetas con el gusto de los demás, ¿eh?

-Yo no soy ningún mentiroso. -Pero si tú estabas delante

cuando Jorge puso mi Fantasía di mare sobre las nubes.

-Pero cuando te fuiste, cambió de opinión.

"La pizza es un batiburrillo que carece de identidad",

eso fue exactamente lo que dijo.

-¿Un batiburrillo?

¿Qué es un batiburrillo?

-No quieras saberlo.

Vente, David, te voy a dar un trozo de pizza, ven.

¿Cuatro estaciones?

Venga.

Un pincho de tortilla por aquí.

Muchas gracias. De nada.

-Rosa, ¿has hablado con tu hermano?

¿Sabes algo de las obras? -¿Quieres tomar algo?

-No, he dejado a mi madre sola en el puesto.

-Carmen. -¿Qué pasa?

-Los del ayuntamiento conocen nuestro arreglo con el arquitecto

y han parado las obras. -¿Cómo se han enterado?

-Por una llamada anónima. Según Elías, fue alguien del mercado,

pero no sabemos quién. -Pero vamos,

el del pincho de tortilla tiene todos los números y algunas letras.

-Nicolás, no te embales.

Mi hermano te ha dicho que no tenemos pruebas contra él.

Chicos, ¿pasa algo?

No, nada. Estábamos hablando de las obras.

Hay que ver, ¿eh? Menuda faena.

-Sí, menuda faena nos has hecho, ¿no?

¿Perdona? Se te debió quedar mal cuerpo

al final de la reunión porque nadie te hizo ni caso,

y nos lo pagas llamando al ayuntamiento

para que paren las obras. Carmen, ¿qué me estás contando?

Yo no he llamado a nadie.

Tengo las mismas ganas de que acaben las obras.

Si tienes problemas con Elías, te lo llevas a un callejón

y arregláis lo que tengáis que arreglar,

pero no fastidies a todo el mundo. No he llamado a nadie.

-Nos la clavas por la espalda. Hay que tener poca vergüenza.

Nicolás, de verdad, ya vale de faltar al respeto.

Que si nos ponemos a faltar... ¿Qué pasa?

¿Crees que nos quedaremos de brazos cruzados

mientras nos hundes el negocio? No te hace falta nadie para eso.

-¡Eh, eh! ¿De qué vas? -¿Perdona?

-Oye, oye, oye. Un poco de tranquilidad.

-Pero ¿qué festival estáis montado aquí?

-Nada, papá, nada.

Que estamos poniendo en común algunas ideas, ¿no?

Para mejorar el mercado.

-Ya os digo yo cómo mejorar el mercado.

-Bueno... -Arreglando las cámaras de seguridad,

que nos ha costado un dineral ponerlas

y ya no funcionan.

-¿Cómo que no funcionan? Funcionan perfectamente.

-¿Estás seguro? -Vamos.

Las compruebo casi cada día y esta mañana estaban conectadas.

-La madre que lo parió.

Ah, y otra cosa.

Si de verdad os importa el mercado,

dejad de discutir en público;

estáis dando una imagen lamentable a los clientes.

-Sí, lárgate.

Que a ti te da igual que nos boicoteen el mercado.

-¿Quién nos está boicoteando?

-Aquí, al caballero.

No se le ha ocurrido otra cosa mejor para fastidiar a tu hijo

que llamar al ayuntamiento para que paren las obras.

Que dejéis de acusarme de una vez.

-Va, no lo niegues. -No habrás sido capaz.

-Claro, no ha podido ser nadie más que tú.

-¿Te crees que, porque vendes algas japonesas

y cuatro mierdas más a precio de oro,

eres mejor que nosotros?

Ten cuidado con quién te metes,

porque puedes salir escaldado.

Mira, a mí no me amenaza nadie.

Y menos por algo que no he hecho.

Rosa, apúntame esto, por favor. Sí, claro.

Buenos días.

Eh, cabezón. -¿Qué pasa?

-Vamos a comprar unos bocatas al bar y nos vamos al parque a comer.

-Eh... A ver,

déjame que hable con la jefa. ¿Sabes por dónde para?

-Estará con el lumbreras de mi padre. -El lumbreras, dice.

¿A vosotros qué os pasa?

Que tu padre lleva todo el día como muy rayado, ¿no?

-Pues que es un sinvergüenza.

Le ofreció pasta a Carla para que desapareciese del mapa.

-¿Qué dices, loco?

¿Se le ha ido la pinza o qué? -Ya ves.

Pero ¿sabes lo que más me jode?

Que crea que todo el mundo es tan rastrero como él

y les puede comprar. -Me hizo sentir como una mierda.

-Normal, ¿y a quién no?

Hay que ser un desgraciado para aceptar eso.

-Tu padre no da para más, no le des más vueltas.

-Ya, pues es lo que le he dicho yo. ¿Por qué no pasas de él

y nos vamos a comer al parque, y así nos olvidamos de todo?

-Venga. -Id yendo vosotros, ¿vale?

Que yo tengo que acabar de colocar todo esto.

Si no, luego, tu madre, ya sabes.

Nos vemos luego, ¿vale? -Vale.

-Vale. Hasta luego, moreno.

Mierda.

¡Eh, Jorge!

¿Tienes un segundo?

Uf, me temo que no, tengo un poco de prisa.

Llévate un trozo para el camino de mi Fantasía di mare.

No, gracias. Que sí, un cliente se la ha dejado.

Sería una pena dejarla ahí, ¿no?

Aunque, ¿sabes qué?,

hay algo que me da aún más pena.

¿Sabes lo que es? No.

Que un amigo me mienta.

Cuanto me di la vuelta, te faltó tiempo para machacarme, ¿no?

Espera, ¿cómo fue lo que dijiste?

Ah, sí,

que "esa pizza es un batiburrillo

sin identidad", ¿no?

Paolo...

Jorge, ¿por qué no me lo dijiste, que mi pizza sería un fracaso?

No sé, estabas tan... ilusionado.

Me lo contabas con tanto entusiasmo

que no veía el momento de decirte la verdad, no sé.

Ya.

Mucho mejor echarme flores para luego, dejar que me estrelle.

No, no. Las cosas, hasta que no las pruebas,

no sabes si funcionan o no. Pero tú sí lo sabías.

Y he estado perdiendo tiempo, dinero y clientes.

¿Por qué?

Porque me he fiado de ti.

Porque gracias a ti, pensaba que iba por buen camino.

Lo siento.

Lo siento de verdad.

Pensé que estaba haciendo lo mejor para ti.

No sé qué más decirte, Paolo.

Pues la próxima vez,

solo dime la verdad, nada más.

A veces, duele mucho, sí,

pero es lo que todos necesitamos.

Porque todo lo demás, Jorge,

nos hace perder el tiempo.

Y a veces, aún peor,

nos hace perder un amigo.

Hombre,

a ti te estaba yo buscando.

Toma. Aquí tienes.

-¿Qué es esto?

-Lo último que me diste hace dos semanas.

Me gustaría devolvértelo todo, pero no lo tengo,

se lo fui dando a mi hermana;

que ya sabes que, desde que el Sebas se fue,

no tiene ni para comprarle zapatillas a mi sobrino.

-Razón de más para que te lo quedes. -Que no quiero tu dinero.

-Jonathan, no irás a contarle nada a Samu, ¿no?

Como se te ocurra abrir la boca... -Nicolás, te he dicho mil veces

que no le voy a contar nada a nadie. -¿Ha insinuado algo la chica esa?

-No ha insinuado nada.

Están flipando igual que yo, pero por otros motivos.

-No han tardado en irte con el cuento.

-Es lo que tiene ser su mejor amigo.

Y yo, mientras, aceptando tu dinero. -Pues si sois tan amigos, ayúdale.

¿Cómo crees que se sentirá Samu si se entera de que él conducía?

¿De que él mató a su hermana? -No mucho peor que yo.

No mucho peor que yo.

-Yo solo quiero proteger a mi hijo.

-Haz lo que te dé la gana, pero conmigo no cuentes. Toma.

-Jonathan.

Por lo menos, cómprale algo a tu sobrino, ¿no?

-Puf.

¿Ya estás más tranquilo? -"Amore mio".

Qué relajante es la verdad.

¿Lo ves?

Esta frase habría podido decírsela a Jorge.

-Tampoco hace falta que machaques al pobre.

Lo habrá dicho sin maldad.

-Ya. Es lo que tiene ser un "bienqueda".

Se dice así, ¿no? -Sí, se dice así, cariño, sí.

-¿Sabes qué?

Me gusta como nuevo nombre para mi pizza: La Bienqueda.

Y el nombre no es lo único que voy a cambiar de la receta.

-Está muy bien, ya ha vuelto mi Paolo.

-¿Y ese paquete, qué es? -Es el regalo de Doménico.

-Ah, a ver, ¿qué le has comprado? -Le he comprado, pues...

-¡Uy!

¡Doménico!

Ven aquí.

Venga. -Voy.

Para ti.

-¿Qué es esto?

-Cristina y yo queremos agradecerte

de haber salvado a Andrea de estos dos macarras.

-No era necesario.

-Es un detalle.

Es Santa María de Constantinopla. ¿Te gusta?

-¿No le ves la cara?

Está claro que le gusta, ¿eh?

Si hasta se ha emocionado y todo.

Es una virgen muy napolitana.

-¿Dónde lo habéis encontrado?

No creo que sea muy popular por aquí, ¿no?

-Me he recorrido las tiendas religiosas del centro.

Y al final, pues, milagro, ha aparecido.

-Es que cuando a Cristina se le mete algo entre ceja y ceja,

no para hasta conseguirlo.

-No sé qué decir, de verdad.

Muchísimas gracias.

-De nada, amigo mío.

Esto tenemos que celebrarlo.

Y ahora.

-Pero... ¿cómo has sabido que soy devoto de Santa María?

¿Te lo ha dicho, Paolo?

-No, no, no, no, me fijé en tus medallas.

Bueno, me dejé llevar y parece que he acertado, ¿no?

Resulta que eres un hombre muy religioso.

-Digamos que tengo muy buena razón para serlo.

Pero, Cristina, esto es algo...

-Licor de café para todos.

-No, no, no, para mí no.

-Sí, sí, "amore mio".

Brinda con nosotros, va. -No, no que me conozco tus brindis,

y nos quedamos aquí hasta las 21:00. -¿Y qué prisa tienes?

-Tengo la celebración del cumpleaños con las chicas.

Debo ir a la peluquería, ponerme guapa.

-"Amore mio",

tú no tienes que ponerte guapa,

tú eres guapa.

¿O no, Doménico? -Claro.

-Ahí os dejo, pareja.

-¿Brindamos? -Va.

-"Un belonocino e festeggiamo".

-¿Te gusta o no? -"Ma"... ¡Cómo no!

El tetrabrik va al cubo amarillo.

Ay, cariño, no creo que se vaya a acabar el mundo

porque un envase de leche acabe en el contenedor del cartón.

(Timbre)

¿Has quedado con la abuela?

No. Ay, calla,

que va a ser la Policía que viene a detenerme por el tetrabrik.

No creo que la Policía se ocupe de eso.

David...

Ya sé que no son horas, pero...

¿tienes un momento?

Sí, claro. Por favor, pasa, pasa.

¿Has venido por lo de Paolo?

No, no, no.

He venido porque tenías razón,

las mentiras nunca son buenas.

Y creo que tu madre se merece un poco de sinceridad por mi parte.

David, cariño, ¿te importa tirar la basura?

¿Sí?

Gracias.

Bueno, pues nada, pasa.

Ven por aquí.

¡Ya salgo!

-¡Qué guapa!

A ver cuándo te pones así para salir conmigo.

-Bueno, cuando quieras.

Si te apetece, el sábado nos podemos ir a cenar

y luego, me llevas a bailar por ahí.

-Para bailar estoy yo.

-¿Por qué? ¿Qué te pasa?

-Nada, que llevo desde anoche con el estómago del revés.

-¿En serio? ¿Y por qué no me has dicho nada?

-No quería preocuparte.

-¿Quieres que te prepare una manzanilla?

-No, esta tarde me tomé una y, buf,

a los dos minutos ha salido por donde ha entrado.

-Pero bueno, ¿tan mal estás?

-También he vomitado el desayuno.

Aunque esta mañana, no tenía este dolor.

-Noa, manda un mensaje a tu tía Lorena

y dile que vamos a ir un poco más tarde.

-¿Un poco, cuánto? -Que no, que no. Tú sal a divertirte.

Ya me las apañaré yo como pueda. -Sí, hombre.

Yo de juerga por ahí y tú vomitando por las esquinas.

Te voy a calentar un caldito, ¿eh? Y esperamos a ver qué tal te sienta.

Si te he dicho que no a la entrevista,

no es por rencor, ni porque no quiera ayudarte.

Supongo que hablar de mis tiempos en La Fanega

todavía me resulta muy doloroso,

por eso intento de evitarlo.

Bueno, tenía entendido que fue todo un éxito.

Sí, sí, sí, lo fue, lo fue.

Sobre todo, al principio.

No me lo podía creer,

todo lo que había soñado se estaba cumpliendo:

era dueño de mi propio local,

la gente me conocía, me daban premios,

había una larga lista de espera...

Sí, Manuel y yo intentamos ir varias veces,

pero siempre estaba completo. No me extraña.

Ahora eso sí, en mi cabeza no había hueco para nada más:

trabajo, trabajo, trabajo.

No soportaba la mediocridad,

necesitaba controlarlo todo.

Y poco a poco, sin darme cuenta, me fui convirtiendo...

en un gilipollas engreído

y, lo que es peor, un adicto al trabajo.

No te pega nada.

Ya.

Mi hijo Marcos daría buena fe de ello.

El primer cumpleaños que pasé con él...

tenía nueve años.

Nueve.

Me lo perdí todo:

su infancia,

su día a día. Todo.

Lo ignoré por completo.

¿Sabes cómo me lo pagó él?

Haciéndose cocinero como su padre.

Bueno, es para estar orgulloso, ¿o no?

O para echarse a llorar.

Creo que lo hizo para pasar más tiempo conmigo.

Y ni por esas.

Yo nunca he estado para él.

Nunca.

Así de buen padre soy.

Aunque como marido tampoco soy mucho mejor.

Carolina, mi mujer, era subchef en el restaurante.

Éramos... un buen equipo, trabajábamos codo con codo.

Pero yo no podía soportar que nadie fuera mejor que yo.

Nadie.

Ni ella.

Lo siento, pero no puedo imaginarte discutiendo con tu mujer

por ver quién reduce mejor una salsa de vino tinto.

Pues ese fue nuestro día a día durante los primeros años.

Nos hicimos mucho daño.

Mucho.

De hecho, ella fue la única que se dio cuenta

e intentó frenarlo.

Me suplicó una y mil veces

que cerráramos el restaurante durante unos meses

y que nos fuéramos los tres a Sudamérica,

de mercado en mercado,

como cuando nos conocimos.

Bueno, pues ese es un buen plan.

¿Fuiste o...?

¿Sabes qué le dije?

No.

Que se fuera a donde le diera la gana,

pero sin mí.

Y lo hizo.

Vaya si lo hizo.

(Timbre)

¿Qué es eso de que llegáis tarde? ¿Dónde está tu madre?

-¿Ves lo que te dije?

Casualmente, a mi padre le duele el estómago.

Dice que lleva toda la tarde vomitando.

Qué casualidad, ¿no?

-¿Y qué hace tu madre?

-No sé, ahí dentro con él. Creo que le ha preparado un caldo.

-Bueno, lo de este hombre es increíble.

-Lo peor de todo es

que sabe cómo hacer que mi madre se sienta culpable:

"Tranquila, tú vete y pásatelo bien, ya me las apañaré yo".

-Manipulador de manual, ¿eh?

-Mira, le tengo tan calado.

Es que es increíble, es que siempre se hace la víctima.

¿Sabes lo que me ha costado morderme la lengua?

-Has hecho bien. Mejor no montar un pollo ahora.

Me sabe mal por tu madre,

le hacía mucha ilusión lo de salir estar noche.

-Pero, Lorena, qué guapa estás. -Tú también.

-Bueno, ¿qué, nos vamos?

-Pero ¿tu marido no estaba regular?

-Bueno, ha vomitado dos veces,

pero no creo que se vaya a morir por una indigestión. Chist.

Le he preparado un caldito, y a la cama.

¿Qué? ¿Nos vamos?

-Nos vamos.

-No sé si me apetece más que nos vayamos a cenar

o a echarnos unos bailes.

-¿Cuándo has visto a una De la Cruz hacer algo con el estómago vacío?

-Es que como no estemos comiendo en diez minutos,

me piro a por un kebab. -Esta es De la Cruz, pero De la Cruz.

(RÍEN)

(Puerta cerrándose)

Me dejó una nota en la mesa un lunes por la mañana

y me di cuenta por la noche de que me había dejado.

Estaba demasiado ocupado

ideando la carta de verano del restaurante.

Vaya historia.

Hasta que no perdí a mi mujer y a mi hijo

no me di cuenta de lo poco que me importa el restaurante.

Y llegó un momento en que no me importaba nada.

Me sentía sin ganas, sin fuerzas,

vacío.

Por suerte, mi hermano estuvo ahí para...

sacarlo todo adelante.

Por supuesto, intenté... intenté recuperarla,

le supliqué, le rogué que volviéramos juntos,

que todo sería como al principio.

Pero fue demasiado tarde.

Carolina quería rehacer su vida...,

sin mí.

Ay, Jorge, perdóname.

Lo siento, de verdad, siento haber insistido,

haber sido tan pesada. No tenía ni idea de esto.

No, no, no.

Ahora ya sabes por qué dejé atrás los fogones:

para empezar de cero...

y, sobre todo, para centrarme en lo que realmente es importante.

Ya estoy aquí. Sí, cariño.

¿Te quedas a cenar? Sí.

No, no, David, no puedo, no puedo.

Otro día, ¿vale? Vale.

Bueno, espero que a tu editor le guste la historia.

Sí.

Titulares no le van a faltar.

Te acompaño. No, no, déjalo.

Te veo mañana.

(SUSPIRA)

Ya estoy llegando.

Enseguida te veo, mi amor.

-"Vale, cariño. Venga, hasta ahora".

-Mamá, que ya te ha dicho que está bien.

No ha sido más que un susto. -Bueno,

por lo menos no ha sido nada grave.

-Ay, mamá. Deja de preocuparte, por favor.

Que es un virus en el estómago. Que no es nada.

-Ya, cariño, pero... -¿Qué?

-Que me había dicho que se encontraba mal.

No me tenía que haber ido.

Volvamos a Jorge.

Con él no sirven los cheques.

Que no, Hortuño, que no. Que no es ningún problema.

Jorge, como mucho...,

es una piedra en el zapato.

Voy a asegurarme personalmente de dejarle fuera de juego.

¿Qué se trae con Jonathan?

¿Qué favores le está pagando? -¿De qué hablas?

-Ayer le vi dándole un sobre con dinero.

¿De qué va esto, mamá?

-Pues yo que sé.

Samu, por Dios, no te pongas paranoico.

Quiero esto, aprender el negocio. Sí, pero es que, hasta ahora,

siempre que habías planteado esta posibilidad,

tu padre se había cerrado en banda.

¿Qué es lo que ha cambiado?

Pues...

no lo sé.

Supongo que habrá visto que es lo mejor para mí

y lo mejor para la empresa; que no podemos estar a la gresca.

Ya.

Principalmente el mérito es tuyo, pero no.

Y tengo que darte las gracias

porque me has contado cosas muy íntimas y... muy personales.

Ya, bueno, no.

Es que Londres es muy caro y yo estoy pelado.

Quiero llevarla a cenar a un restaurante,

así que si me prestas dinero... -Claro.

Lo único es que no llevo nada encima ahora,

pero me acerco un momento al cajero y te lo doy.

-Creía que tendrías el sobre que te dio Jonathan.

-¿Lo que me dio Jonathan?

-Sí, le vi pasarte un sobre con dinero.

Al final, mi madre mejoró.

Y salió del hospital y volvió a casa.

Y yo me aparté de las calles.

Y precisamente desde entonces,

he intentado no apartarme más del recto camino.

Y por esto me conmovió tanto tu regalo.

Muchas gracias, ¿vale?

-De nada. -Me voy a trabajar.

Yo también tengo las cosas claras y tengo claro lo que no quiero.

Y no quiero volver a sufrir.

Y estoy un poco confundido, por qué no sé con qué ojos me miras.

Si ya no te recuerdo a tu marido. No sé.

Tenemos que abrirle los ojos a mi madre, Lore.

Mi padre hace con ella lo que le da la gana.

-No va a ser fácil, ¿eh?

Vamos.

Justo en el momento que mencioné a tu abuela,

te inventaste que las cámaras estaban estropeadas.

-Pues sí, sí, es verdad.

-¿Qué pasa? ¿Que no quieres que tu abuela y yo salgamos juntos?

¿Tienes algo contra mí? -No es eso.

-No te voy a dejar ir hasta que no me lo cuentes.

-Joder.

Pues es...

Vale, te lo cuento todo, pero no te enfades.

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Mercado Central - Capítulo 29

31 oct 2019

Germán chantajea a Elías para que le admita en el negocio familiar.
Elías pone a los comerciantes en contra de Jorge.
Nacho intenta arruinar la salida de Rosa con las chicas.
Pese a su negativa inicial, Jorge accede a dar una entrevista a Celia.
Valeria hace creer a Jesús que le robaron las entradas para el fútbol, pero él no tarda en descubrir la mentira.
Paolo fracasa con sus creaciones culinarias.
Cristina hace un regalo a Doménico que le conmueve.
Jonathan se siente culpable y decide devolverle el dinero a Nicolás. Samuel es testigo del intercambio.

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