Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 27 - ver ahora
Transcripción completa

¿No ves que si se descubre la verdad,

Samu se quedará hecho polvo? ¿No sois colegas?

(GRITANDO) ¿No te importa o qué? -Pues sí.

Y por eso no le diré a nadie que era Samu quien conducía.

Aunque no me des ni un euro más. Me da igual.

No quiero saber nada más de dinero, de sobres ni de nada.

No quiero más chapas sobre Samu.

¡Se acabó! -Eh... Yo...

Por cierto, gracias por lo que me has dicho antes.

Te has pasado un pelín, pero tenías razón.

Me he puesto las pilas.

De hecho, estoy escribiendo un reportaje

y quiero ofrecérselo a un amigo que edita un suplemento dominical.

Bueno, bien. ¿Y sobre qué?

Pues sobre lo que veo aquí todos los días:

la renovación del Mercado Central y sus gentes.

El tema es que Doménico está raro. Muy raro.

Yo no le veía así desde... (SUSPIRA)

¿Desde cuándo?

Desde que estaba enamorado de Juliana.

Entonces perdió la cabeza completamente.

En mi opinión, se ha vuelto a enamorar otra vez.

Ah...

Pero ¿te ha dicho si está con alguien?

No. No me ha dicho nada, pero por lo que lo conozco

y por lo raro que está,

yo creo que la mujer no le corresponde.

Como no te toque, con la que has liado...

Mañana es el sorteo. -¿Cuál es el premio?

Un fin de semana a Londres para dos.

(JONATHAN) No.

Eh, te llevarás a tu "brother" de siempre, ¿no?

No me puedo creer que te lleves a tu pibita.

Si no lleváis dos semanas, calzonazos.

Aún no lo he pensado, pero...

¿tú conoces Londres?

Acabamos de empezar la relación. No sé dónde vamos.

Como para que asumas mis deudas.

De eso nada, ni hablar.

¿Y qué harás con Francisco? -Pues no sé.

Ya veré. Ya se lo iré pagando.

Y si tengo que tragarme 10 llamadas suyas al día,

me las trago, que no pasa nada.

Y otra cosa: a partir de ahora,

yo pago la mitad de las cenas o lo que sea que vamos a hacer.

(EMOCIONADA) Siempre es la misma historia.

Mi padre manipula a todo el mundo y yo quedo como una idiota.

No, cariño. Tranquila. Yo estoy contigo. Yo estoy a tu lado.

Pues igual es hora de que te enteres de la historia entera.

¿Qué quieres decir? ¡Que tu hijo se prostituye!

Sí. Lo he visto en internet. He visto el anuncio.

Que él me lo ha reconocido.

¿De dónde crees que sacaba para la ropa y las fiestas?

¿De dónde lo iba a sacar?

(SOLLOZA)

(Puerta abriéndose)

¿Qué haces, cariño?

No has venido siquiera a la cama.

¿Para qué?

No iba a poder dormir.

Habría descansado más si Germán me hubiera dejado quedarme con él.

Ya...

Te entiendo perfectamente.

Parece que fue ayer.

(SUSURRA) Míralo...

¿Te acuerdas?

A él le encantaba sentarse en mi regazo.

"¿Papá, puedo conducir hoy, llevarlo yo?".

Le encantaba. Era viejo el coche, pero le encantaba.

Era su refugio favorito.

Se escondía allí siempre que yo le regañaba o tenía algún problema.

Se sentía seguro porque le recordaba a ti.

Eras su héroe...

y te adoraba.

(SUSPIRA)

Elías, Germán sigue siendo nuestro pequeño.

Nuestro niño.

Se imagina que debemos protegerle, no mandarle al hospital.

Lo siento mucho. Juro por Dios que lo siento.

Yo solo quería que le dieran un susto.

No, Elías. No quiero más justificaciones ni disculpas.

No. Nada.

Ni tampoco pienso consolarte.

No, ni tampoco lo pretendo.

Pero bueno, déjame que te explique lo que hice.

Ya sé lo que hiciste.

Y lo entiendo perfectamente.

¿Te parece bien?

Cada vez que pienso en Germán prostituyéndose...

Es que me falta el aire.

No podemos dejar... que se haga esto.

No podemos dejar que haga esto con su vida. Es que...

Por una vez... el fin justifica tus métodos.

Bueno...

Pues me alegro de que lo entiendas.

Lo que no entiendo es cómo coño lo has hecho tan mal.

Se trataba de darle un susto, no una paliza.

Lo sé, me equivoqué. Contraté a este imbécil y se le fue la mano.

¿Y qué piensas hacer?

No, ya he hablado con él.

Ah, que ya has hablado con él.

¿Y eso es todo?

Tu padre tiene razón.

Tú no sabes hacerte respetar delante de tus hombres.

¿Qué quieres que haga?

¿Qué hago? No puedo denunciarlo. Lo contraté yo.

Pues no lo sé.

Pero ese animal le ha dado una paliza de muerte a tu hijo.

¿Qué crees que quiero que hagas, darle un abracito?

¿Tú qué te crees, que yo no quiero partirle las piernas a ese imbécil?

¿Eh? Pero no serviría de nada, Adela.

Elías, haz lo que tienes que hacer.

Me voy a la ducha, que me duele la cabeza mucho.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Y se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada olor, color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

(PAOLO HABLA EN ITALIANO)

Chao, mamá.

(HABLA EN ITALIANO)

Está un poco triste la pobre.

Se ha muerto una amiga suya.

Vaya. Paolo, lo siento, de verdad.

Ya, pero estaba enferma desde hace tiempo.

¿Y ella está bien?

¿Quién, mi madre? -Sí.

Ella tiene una salud de hierro.

¿Sabes por qué? -¿Por qué?

Porque es la mujer más alegre

del barrio de Montecalvario. (RÍE)

(HABLA EN ITALIANO)

Eso es.

Cómo me gusta oírte hablar napolitano, "disgraziato".

Ya, Paolo.

Por favor, ponme dos caprese y cuatro infusiones de rooibos

para la mesa cinco.

Cuatro infusiones de rooibos. -Sí.

(SUSPIRA)

La caprese se acompaña con un buen café, un capuccino ristretto.

Exacto. ¿Y qué le vamos a hacer?

Ahora lo que vende son las infusiones y la comida sana.

Ya...

¡Eh, Andrea! -Andrea.

¿Has dormido? -(ANDREA RESOPLA)

Mira, acabo de hacer un café ristretto.

Esto seguro que te despertará.

¿Lo quieres? -Sí.

Muchas gracias. -Ah, Andrea.

¿Cuento contigo para los repartos de hoy?

Sí. -Bien.

Dome, voy a por las tartas.

Tú ocúpate de los rooibos. -Vale.

Pero necesitamos efectivo. Estamos casi sin "cash".

Ahora voy a buscar cambio. -Vale.

Andrea, anoche hice las cuentas

y faltaba el dinero de los repartos.

¿Tú lo has puesto en la caja?

No. Estaba cansado y estaba matado.

Lo tengo aquí. Ahora lo pongo.

No te preocupes.

Te dejo la caja abierta, Andrea. ¿Vale?

Y... ¿todo bien, Andrea?

Sí, claro. Llego tarde a clase. -¿Seguro?

Sí. Es que quedé con un compañero. Todo bien.

De verdad. -Bueno...

(CIERRA LA CAJA)

(CARMEN) Toma, guapa. Verás cómo te sale bueno el cocido.

El chorizo es que vas a flipar. Te va a encantar.

¡Eh, eh! ¿Dónde vas? ¡No!

¿Otra vez por este pasillo? ¿No podéis pasar por otro sitio?

¡Que me llenáis todo de polvo! ¡Me espantáis la clientela!

¡Oye, guapo, escúchame!

¿No me vas a atender? ¿Con quién debo hablar entonces?

¡Eh! ¿Dónde vas tú con eso? -¿Adónde voy a ir?

A dejar el suministro de carne de todos los días.

No, ya te lo llevas al almacén.

Mira la que están montando. No podemos dejar aquí más género.

Te iré pidiendo el género según lo necesite.

¿De verdad me vas a marear todo el día?

Deberíamos tener una conversación

y hablar de... incluso de un aumento de sueldo.

Claro. Pues cuando quieras hablar de un aumento

te vas a hablar con los del INEM para cobrar el paro.

¿Entendido? ¡Por favor!

Pero bueno, ¿qué pasa aquí?

¿Qué le has hecho al muchacho? -Bueno...

Le digo que tiene que ir y venir del almacén me pide un aumento.

¿Es que no se da cuenta de lo que supone pagar su sueldo?

Qué se va a dar cuenta ese.

Los jóvenes no saben lo que vale el dinero.

Ni tú, que haces lo mismo.

Estamos con la soga al cuello y tú despilfarrando pasta.

¿Tú qué sabes si despilfarro? ¿Qué, me estás fiscalizando?

Miré las cuentas para ver cuánto hacía falta para reformar el puesto.

Y me llevé alguna sorpresa.

Como una mariscada de 150 pavos. Te has pegado un buen homenaje, ¿no?

Es que quería tener un detalle con Jesús.

Pero que bueno, que yo me doy homenajes con mi dinero.

Tu dinero... Aquí las dos nos dejamos la piel,

y las dos tenemos que apoquinar cuando toca reformar el puesto.

Mira, rica, cuando yo te estaba dando la teta

ya estaba aquí con tu padre dejándome el lomo por este puesto.

Así que no debo darte explicaciones ni disculparme por darme un capricho.

Es que no lo entiendo.

Has pasado de ligarte a Jesús para sacarle pasta para lo de Comillas

a pagarle mariscadas. Es que no lo entiendo.

Pues ya lo ves, tengo otros planes. Voy a vivir la vida.

No te voy a dar más explicaciones. -No, ni yo las quiero.

Pero el 50 por ciento de este puesto es tuyo.

Debes pagar media reforma.

¿Sí? ¿Cómo, a ver? ¿De dónde saco el dinero?

Pues ni lo sé ni me importa.

(Móvil)

El que faltaba.

Tengo a Francisco que me está acosando por 900 euros.

Ya me dirás de dónde saco el dinero para la reforma.

Pues puedes empezar por no pegarte la vida padre.

Esa no es tu vida, mamá. Ni te la puedes permitir.

(CLAVA LOS CUCHILLOS)

(Móvil)

(Deja de sonar)

(CHASQUEA LA LENGUA)

(Móvil)

Hola, Hortuño. No pude cogerte el teléfono antes.

Estaba ocupado. Cuéntame.

"Me da igual lo que hagas. No vuelvas a colgarme".

Oye, que no soy uno de tus matones. Yo no acepto órdenes.

No te me pongas chulito, Elías.

No cumples con tu palabra, y ya te advertí de las consecuencias.

"¿De qué hablas?". De las obras del mercado.

"¿O creías que no iba a enterarme?".

Yo debía empezar esas obras para asegurarme la presidencia,

pero es puro paripé. No se van a terminar en la vida.

Más te vale.

No te conviene que me arrepienta de haber confiado en ti.

Te lo aseguro.

Escúchame una cosa: conmigo no funcionan las amenazas.

¿Estamos? Además, no te hacen falta.

En serio, tronco, ¿de qué va tu vieja?

Está insoportable y se pasa un huevo conmigo.

Ya. ¿También la escupes cuando hablas? Igual tiene que ver.

Que te den, capullo.

¡Hola, chicos! -Hola.

Aquí, viendo cómo mi amigo se mete con mi madre,

me insulta y se come mi muffin.

Están brutales.

No pensé que la mermelada de higo fuera a gustarme.

¿Os habéis metido 12 muffins?

¡Qué bestias! -Eh, que yo solo me he comido cuatro.

Aquí el bestia es tu... novio o lo que sea.

Pero tranquila. Hoy me echo unas flexiones o unas canastas y ya.

Samu, lo siento, pero esto no es bueno ni para ti ni para nadie.

Tengo el estómago a prueba de bombas.

¡Sí, joder!

¡Que me ha tocado! ¡No hagas planes!

¡Que gracias a la cerveza sin alcohol nos vamos a Londres!

¿Qué? -¿En serio?

¡No me lo puedo creer! -¡Sí!

No puedo creer que vayas a traicionarme por...

Sí, obvio. Pero tranquilo, que te lo compensaré.

Te traeré el imán más hortera... ¿Sí?

Hola, mira, soy Samuel Pacheco.

Me ha llegado el email del viaje a Londres.

Llamaba para confirmar. Sí.

Sí, claro que llevo acompañante.

Carla Rivas.

Vale. ¿La confirmación del hotel me la mandáis al email también?

Ah, perfecto. Sí.

Sí, sería una habitación doble... con dos camas.

Vale. Muy bien, gracias.

Hola. ¿Se puede? (SAMUEL) Hola.

Sí, claro. Pasa. Hasta luego, Jonathan.

Siéntate. Gracias.

Bueno...

Muy bien. Muchas gracias.

(Fotos)

Anda, deja las fotos y métete aquí para contentar a tu madre.

¿Qué tal vas con el proyecto de foto? Te veo muy motivada.

Sí. Me pareció muy buena idea inspirarme en el mercado.

Espero que les guste. Quiero entrar en la escuela como sea.

Ay, qué orgullosa estoy de ti

y de que persigas tus sueños.

Tengo mucho que demostrarme a mí misma. Y sobre todo a mi padre.

Él no quería que estudiara Fotografía.

Nunca ha creído en mí.

Y eso poco a poco me ha ido llenando de inseguridad.

Tu padre no tiene ni idea. Tú tienes mucho talento.

Me preocupó mucho lo que me contaste ayer sobre él.

(SUSPIRA) Mi madre vive más engañada que nadie, Lore.

Llevo mucho tiempo viendo cómo la manipula y la controla.

La controla...

Un día le pillé cotilleando su móvil mientras ella se duchaba.

Pero mi madre no se da cuenta de nada.

Parece que soy la única que conoce su otra cara.

¿Qué? No te acabas de creer que mi padre sea así, ¿no?

No, Noa, es que...

Pues ayúdame a desenmascararle.

Así lo verás tú con tus propios ojos.

Si yo te quiero ayudar, Noa.

Si no es eso.

Pero tu madre casi no me habla. En estos momentos me odia.

Ya. Siento haberte puesto en esa situación.

Bueno, quizá podamos arreglar esto juntas.

Pero debes hablar tú primero con tu madre

y contarle por qué hablábamos y por qué no pude contárselo.

No creo que vaya a escucharme.

Pero lo intentaré, vale.

Tu madre te escucha mucho más de lo que tú te crees.

Anda, tráete los huevos y hacemos las tortillas.

Toma. Los recortes que Lola ha ido recopilando del mercado.

¿Lola?

La gerente.

Ah, no la conozco. Quédatelos, haz copias si quieres

y ya me lo devolverás.

Vale, muchas gracias. Me va a venir muy bien.

¿Necesitas algo más?

Sí.

En realidad, aparte de los datos y de la historia del mercado

me gustaría darle un enfoque más personal.

Me gustaría reflejar las relaciones humanas, las historias personales...

Creo que eso es el verdadero alma del Mercado Central.

Así que...

¿A ti te importa si te entrevisto?

¿A mí? Sí.

No, para nada.

¿No prefieres a la gerente o a algún propietario?

Bueno, sí, aparte lo haré, pero me interesa mucho

saber cuál es tu día a día y tu visión del mercado.

Hombre, cierto es que yo me he criado aquí.

Tengo muchas anécdotas e historias que contar.

Pues soy todo oídos.

Pues empezamos por la del "boys" del mercado.

¿El "boys"? El novio de la pescadera.

El tío se paseaba por aquí... Hola, mamá.

¿Qué, no tienes trabajo?

Necesito unos carteles de precio.

Con los obreros, necesito ofertas para atraer clientes.

Vale, luego, que estoy en una entrevista con Celia.

Le cuento la historia del "boys". ¿Te acuerdas?

Sí. Hago un reportaje sobre el mercado, y me está ayudando.

¿Reportaje? Sí.

¿Ahora eres periodista?

Pues sí. Ah...

Desde que terminé la carrera.

Pero aparqué la profesión, y ahora la estoy retomando.

No me interesa. Y no dejaré que te aproveches de mi hijo.

A mí no me importa que me entreviste. -Ya, pero a mí sí.

Ella no hace nada bueno por nadie.

Y después de lo de Serafina no merece ayuda.

Lo que pasó con Serafina no fue plato de buen gusto.

Y te diré más:

creo que tú hubieras hecho lo mismo si se tratase del pan de tu hijo.

¿Tú qué sabes? No me conoces.

Bueno, al final Serafina está bien con su churri.

Y me alegro. Pero eso no tiene nada que ver.

A ti no te importa el mercado, ni ninguno de nosotros.

No voy a permitir que nos exhibas para ganar dinero.

Bueno... No pasa nada, no quiero causar problemas.

Muchas gracias por todo.

Hasta luego.

¿Se puede saber qué te pasa?

¿Por qué te pones así? -Me sobran los motivos, y lo sabes.

A esa, ni agua.

Y deja el telefonito y ponte con los precios, chato.

Que sí, que me pongo con los precios. -Pues eso.

Será posible... ¿Dónde está?

El dinero, desaparecido.

¿Qué dinero? ¿Qué ha pasado?

Ayer Andrea se olvidó de poner el dinero de los repartos en la caja.

Y lo puso esta mañana. Pero no está.

Pero el dinero no desaparece así como así.

¿Seguro que lo dejó ahí?

Sí. Bueno... Me dijo que lo hizo. Doménico.

¿Sí, Paolo?

Esta mañana viste a Andrea poner el dinero en la caja, ¿no?

No, Paolo. Estaba trabajando. No le presté atención.

Pero lo vi acercarse a la caja para dejar algo, eso sí.

Entonces ha desaparecido.

Alguien ha metido la mano en la cajita.

No puede ser. Nadie pudo colarse detrás de la barra.

Y yo y Doménico nunca dejamos la caja abierta.

Claro que no.

Pues si no ha sido un cliente, habrá sido uno de dentro.

¿Alguien del personal?

Tendría sentido, pero no soy un ladrón.

Y jamás traicionaría a Paolo.

Doménico, yo nunca he dudado de ti.

¡Cristina!

Debe haber otra explicación.

Y a mí solo se me ocurre una.

¿Andrea? ¿Para qué iba a hacer algo así?

Si necesita dinero, solo debe pedirlo.

A menos que no quisiera decirnos en qué iba a gastarlo, porque...

(SUSPIRA Y HABLA EN ITALIANO)

(RÍE) -¿Qué?

Seguro que se ha gastado el dinero con su chica.

¿Con su chica? ¿De qué hablas? -Sí, Cristina.

Son jóvenes enamorados, y necesitan intimidad.

Seguro que se lo gastó en una habitación de hotel

o algún sitio por ahí. -¿Andrea?

Si solo es un crío. -Que no.

Nuestro hijo ya se ha hecho un hombre.

Y los hombres a veces hacemos locuras por amor.

(RÍE) ¿Verdad, Doménico?

(CIERRA LA CAJA)

Hola, Celia. Hola. ¿Qué tal?

¡Anda!

Perdona, ¿puedo? Sí, claro.

Madre mía. Es que esta soy yo, ¿sabes?

Acababa de entrar a trabajar en el bar

y gané un concurso de tortilla entre los bares del barrio.

Fíjate... Es que hasta salimos en el periódico local.

Pues no me extraña, Rosa. Tu tortilla está riquísima.

Gracias.

¿Y todos estos recortes? ¿De dónde los has sacado?

Me los dio Samuel. Hago un reportaje sobre el mercado.

Anda. ¿Y eso?

Yo es que soy periodista, pero dejé de ejercer, y lo estoy retomando.

Qué interesante, ¿no? ¿Sí, te lo parece?

Claro. Pues qué alegría.

A la Pacheco le ha sentado fatal.

Aún me guarda rencor por lo de Serafina.

¿Te acuerdas? Sí.

Pues para ella soy una intrusa en el mercado. En fin.

No le hagas ni caso.

No, ¿verdad? No.

A mí esto me parece una idea genial,

porque además, si lo publican,

será publicidad buena para el mercado.

Eso es. Claro.

Qué alegría. Oye, Rosa.

¿Me quieres ayudar?

Estoy entrevistando a los trabajadores del mercado.

¿Quieres hacerme una entrevista? Sí.

¿A mí? Sí.

Venga. Si yo no tengo nada interesante que decir.

Hombre, un montón de cosas.

Si tienes un rato ahora, te invito a un café y hablamos.

Es que... Que no, Celia. Que yo no sé qué decirte.

Pues a mí se me ocurren muchas preguntas.

Por ejemplo: cuándo y por qué empezaste a trabajar en el bar.

Si tu familia tiene negocios propios.

Mira, si me acompañas al bar, te invito yo al café y hablamos.

Hecho. ¿Sí?

Sí. Guardo esto, espera.

¿Te importa que lo ojee? No, claro.

Ya está. Madre mía.

Toma. Gracias.

Es que a mí nunca me pareció bien trabajar para la familia.

Porque al final, todos los conflictos laborales

acaban pasando factura, ¿sabes?

Y yo no quería vivir a la gresca con mi padre.

Como mi hermano el mayor.

No. ¿Por qué te quedaste en el mercado?

Si querías independizarte, pudiste irte fuera.

Si es que yo no me quería ir de aquí.

Yo amo este mercado. Para mí esta es mi casa.

Es como mi segunda familia. Ya.

La verdad, aquí uno se siente

como si fuera parte de algo más grande.

Pues mira, no lo sé, pero a mí me gusta pensar

que yo pongo mi granito de arena

para que el mercado siga dando de comer

a todas las familias que vivimos en él.

Además, atrayendo a la gente del barrio.

Gente que conocerás muy bien. Tienes una visión privilegiada.

Todo el mundo hablará contigo.

Sí, la verdad.

Viene mucha gente, mucha, sobre todo por las mañanas.

Vienen muchísimos viejecitos. Ay...

Sí. Se pasan la mañana. No compran porque no tienen un duro.

¿Sabes? Pero lo que buscan es conversación, charla... No sé.

¿Ves cómo tenías muchas historias que contar?

Oye, por cierto, ¿tú conoces la historia de "boys"?

Eh... ¿Qué te parece si te la cuento en la pizzería?

Vale. ¿Sabes qué pasa?

Que como me meta aquí, no nos van a dejar tranquilas.

Fenomenal. Me la empezó a contar Samuel...

Mira, tía, es esta.

Buah, qué pasada, chaval. -Vaya flipada.

Joder, pues yo quiero ir aquí antes de ir al Buckingham Palace.

Tía, ¿y este móvil? ¿Es nuevo? Mola mazo.

Sí. -Bueno, bueno.

¿Qué hacéis aquí, eh? ¿Os estáis escaqueando del curro?

Pues la verdad es que sí.

Carla me ha contado lo de Londres y le enseñaba un par de tiendas.

¿A que mola?

¿"Cyber-K"? Qué originales, ¿no?

Todo el mundo ha escuchado hablar de esa tienda de Camden Town, ¿no?

¿Y tú quieres ir a Londres para ir de compras?

No lo entiendo. -Entre otras cosas.

Pero tranquilo, que te traeremos algo chulo.

Ni te molestes. Yo lo que quiero es viajar.

Y ya lo haré, con colegas que no sean unos traidores como vosotros.

Jona, por favor, no seas dramas.

¿Qué hay de malo?

Están enamorados y quieren pasar un finde romántico.

Bueno, pues... nunca he estado tan pillado

como para poner por delante a una piba de los colegas.

Bueno, pues ya lo estarás.

Sí. Cuando encuentres a la chica adecuada te acordarás de esto.

Ya, bueno. Me voy, que tengo que seguir con el curro, ¿vale?

Si no, la Pacheca...

¿Sabes? Venga...

Hasta luego. -Chao.

Pero qué raro, tía.

¿Tú crees que se ha picado de verdad porque Samu me lleva a mí?

Qué va, tía. Se ha picado un poco, pero en unos días se le pasará.

Pues menos mal, tía.

Ya estoy nerviosa por lo del viaje, y no quiero malos rollos.

Nerviosa ¿por qué? Que te vas un finde con tu novio.

Es para gozártelo. No estés nerviosa.

Que ya lo sé, pero nunca he ido al extranjero,

ni he pillado un avión. Mira, me vas a llamar pava,

pero pienso en aeropuertos y te juro que me acojono.

Tía, en el avión estarás dos horas.

No te rayes, que se te pasará volando.

No es ni el vuelo ni el viaje, ¿no? ¿Qué te pasa? A ver.

Que con Samu estoy muy bien,

pero nunca hemos pasado tanto tiempo juntos.

Y este va a ser un finde... intensito.

Bueno, tranquila.

Tendréis tantas cosas que hacer y que ver

que no tendrás tiempo para aburrirte de él.

Ya, pero no son los días lo que me preocupa. Son las noches.

Ya. Hablamos de sexo, ¿no?

Es que no sé si pasará algo o no, porque no sé si Samu puede...

Ya sabes.

Ya. A ver, yo también me lo he preguntado,

pero claro, no se lo he preguntado.

Es que yo tampoco. No me he atrevido, y ese es el problema.

Pero es tú eres su novia. Debéis hablar de vuestra intimidad.

Os afecta a ambos.

No quiero cagarla con Samu y ponerle en una situación violenta.

Bueno, más violento será como no sepas a qué atenerte en el hotel.

Joder... -Mira, tía...

Con Samu se puede hablar, y te quiere mucho.

Y aunque este tema le cueste, no te lo pondrá difícil.

Es que yo no quiero que piense

que esto es lo más importante.

Hay muchas formas de tener sexo, y con él podría probar cosas nuevas.

Bueno, pues díselo así.

Mira, si no puede, le tranquilizará.

Y si puede, le pondrá como una moto.

Mira que eres burra.

Buah... Pero mira, tienes razón.

Voy a dejar de estar rayada y voy a hablar con él.

Pues es que la pobre pescadera no sabía que su novio

era un chico de compañía.

Que la utilizaba para intentar contactar o conseguir

posibles clientes en el mercado.

Sí. -¿Cómo no estás en el bar?

Ya está tu otra hija, y una sobra. -¿Cómo?

Pues eso, que a esta hora no hay muchos clientes.

¿No os importa que os acompañe mientras me termino el puro?

No, no.

¿Qué tal está Germán?

Vengo de verle.

Le están repitiendo pruebas, pero creo que todo bien.

Ah, me alegro. Anda, que menudo susto.

Sí. Perdonad.

¿Qué le pasó? ¿Está bien?

Sí. Ha tenido un accidente, pero no es nada grave.

Vaya... Pues me alegro que no sea nada.

¿Y qué haces tú con esos recortes?

Yo ayudé a Lola a juntar esa colección.

¿Sí? Se los ha prestado Samuel.

¿Sabes qué pasa? Que Celia es periodista.

Escribe un artículo sobre el mercado.

Ah, ¿sí? -Sí, me estaba entrevistando ahora.

A ver, era periodista.

Confío en que este artículo me ayude a volver. Pero ya veremos.

Si vas a volver al periodismo, ¿qué pasaría con la droguería?

Es que es pronto para plantear eso.

De momento lo estoy intentando. Nada más.

Ah. -¿Tú sabes quién puede ayudarte?

Mi padre.

Porque él y Valeria son los que más saben del mercado.

Yo encantado.

No hay cosa que más me guste que escucharme hablar.

Pues muchas gracias, Jesús.

La verdad es que sí, cuando tú quieras.

Pues pásate luego por mi casa y te cuento lo que quieras.

Tengo unas fotos que te va a encantar ver.

Por tu casa tampoco hace falta. Está Germán convaleciente.

Que no molestas, mujer.

Te lo digo porque tengo allí mucho material.

A no ser que tengas problema en ir a mi casa.

¡No, no! Claro que no.

Bueno, pues no hay más que hablar.

Te espero después de comer, de 15:30 a 16:00.

¿De acuerdo? Venga.

Hasta luego, papá. Gracias.

Bueno, ¿seguimos?

Sí, venga. ¿Por dónde íbamos?

El chico de compañía.

Vamos, cariño. Venga.

Al sofá, y siéntate.

(Móvil)

Tienes que comer, que se ve que has comido poco en el hospital.

Voy a prepararte algo. Gracias, mamá, pero no tengo hambre.

Está bien. Esperaremos un poco.

Pero luego tienes que animarte y comer algo.

Ya. Tienes que coger fuerzas.

Es que no...

Tengo el estómago cerrado. No puedo comer, no puedo dormir.

(SUSPIRA) Ya, cielo.

Nos hemos llevado un buen susto.

Pero lo importante es que ya ha pasado todo y estás bien.

No. No lo estoy, mamá.

Bueno...

Pero no puedes dejar que eso siga haciéndote daño.

Debes superarlo y salir adelante.

Tu madre tiene razón.

Toma, coge.

A ver si te ayuda a superarlo.

Pero... si son las llaves de tu viejo coche.

Tú siempre lo has querido, ¿no?

Está en Sepúlveda, muerto de risa. Pues ya es tuyo.

Joder... Muchas gracias, papá.

No...

No me lo esperaba para nada, vaya. Bueno.

Es mi forma de pedirte disculpas.

Yo también me equivocaba, y no te lo he puesto fácil.

Es la primera vez que te disculpas conmigo.

Me estás empezando a asustar, papá.

Bueno, pues yo te prometo que desde ahora será distinto entre nosotros.

Quizá no comparta tu opinión, pero prometo escucharte.

Y voy a respetar tus decisiones.

(SUSURRA) Gracias, papá.

(SE QUEJA) Perdona.

(SUSPIRA)

¿Qué ha pasado aquí? ¿Cómo te has hecho esto?

Fui yo.

Con el cansancio y los nervios le pillé la mano con la puerta.

Oh. Eso tuvo que doler.

Bueno, tampoco es para tanto.

Vamos a la cama, que el médico dice que tienes que reposar.

¿Eh? Vamos, venga.

Vamos.

(Susurro ininteligible)

Ya se ha ido tu tía, ¿no?

Mira, si quieres, voy yo terminando de enjuagar

y tú te pones a secar, y acabamos antes.

No te preocupes. Yo me apaño bien.

No, si ya lo veo. Me tienes impresionada.

Antes, cuando me ayudabas en el bar, no dabas pie con bola.

Y ahora estás hecha una estupenda camarera.

Es que me tocó fregar muchos platos fuera de aquí.

Ah, ¿sí? ¿Has trabajado en restaurantes?

Sí, y en bares de copas,

en tabernas, en cadenas de comida rápida...

Aunque en esas no aguanté mucho.

Vaya. Tienes muchas cosas que contarme.

¿Y cómo eran esos restaurantes?

¿Te gustaría volver a trabajar en alguno de ellos?

No. Prefiero quedarme aquí.

Me cae mejor la jefa.

Eso me gusta, ¿eh?

Bueno, quería decir las jefas. Me he olvidado de la tía.

También me gusta mucho trabajar con ella.

Ya...

Mamá, Lorena es un gran apoyo para mí.

En el bar y fuera de él.

Mira, sé que estás muy unida a tu tía.

Pero Lorena me ha hecho daño a mí y a mi familia

y yo ya no puedo volver a confiar en ella. No puedo.

Yo te hice daño cuando me marché de casa.

Y me has perdonado. -Pero no es lo mismo. Eres mi hija.

Y Lorena tu hermana.

A un hijo se le perdona todo.

Y a Lorena... le he perdonado muchas cosas.

Pero fui yo quien la puso en esa situación.

Le hice prometer que se callaría.

Mira, su obligación era romper esa promesa

y hablar con nosotros.

Ah, ¿sí? -Sí.

Pues yo no estaría aquí entonces.

Me habría sentido traicionada y me habría alejado más.

Mira, mamá.

Yo vine por lo del corte en la mano.

Pero también porque Lorena me contó lo mal que lo estabas pasando.

No creo que se merezca que la sigas castigando por eso.

Samu. Eh.

¿Dónde te has metido?

Estaba de compras mientras los obreros iban a por material.

¿Qué quieren, enterrarnos?

Antes de meter más tendrán que sacar.

Ya lo sé. Las obras son un caos, pero hace falta paciencia.

¿Perdona?

¿Paciencia? Mira, lo que necesito es espacio

para que los clientes puedan acercarse y comprar.

En cuanto vengan hablo con ellos.

Sí, hazlo. O tendré que cerrar el puesto.

Oye, una pregunta, tú que sabes de esto.

¿Me recomiendas un restaurante para llevar a Carla?

Vamos a pasar el finde en Londres.

Sí, hombre, claro.

Te recomiendo lo que tú quieras. Cuando hagas bien tu trabajo.

Céntrate en que los obreros hagan lo que deben.

Y déjate de novias.

Señor, sí, señor.

(SUSURRA) Joder...

(Pasos acercándose)

Ay, hijo. Por fin. Al fin te encuentro.

¿Tú también me regañas por lo de las obras?

No, cielo. Si para echar broncas ya está tu madre.

Eso es verdad. Ya me ha contado vuestra movida, ¿no?

Hoy se ha peleado con todos. -Ya.

Tiene el carácter de tu abuelo.

Menos mal que tú sacaste mis genes.

Por eso me entiendo mejor contigo. -¿Qué quieres, abuela?

Si me haces la pelota es por algo.

No. No te hago la pelota.

Claro. Espera. No querrás que te deje dinero.

Ay, por favor, Samuel.

No te lo pediría si no estuviera desesperada.

Necesito lo justo para adelantárselo a Francisco

y que me dé un poco de tregua. -¿Lo justo cuánto es?

No sé, 500 o 600 euros. Así le doy algo también a tu madre.

¿Quinientos pavos? Olvídate, abuela. Lo siento.

Lo necesito para lo de Londres.

¿No te pagan los billetes y el hotel?

Pero tendré que moverme y comer en algún sitio.

Y Londres es muy caro.

Por favor, Samuel.

No te lo pediría si no estuviera desesperada de verdad.

Si me lo prestas, te lo devuelvo con intereses.

Que no puedo. Pídeselo a tu novio rico.

Hablando de tu novio, ¿no te regaló entradas para el Bernabéu?

Sí.

Pues tengo un colega que las coloca y te sacas una pasta.

Si ya lo había pensado, pero...

Es que... me daría vergüenza si Jesús se entera que...

Que no tiene por qué enterarse. Piénsalo bien.

Podrías sacar más de lo que me pides. -¿En serio?

Para ahorrarnos la comisión de mi colega, te la vendo por internet.

Es ilegal, pero vendemos un boli por 1000 y regalamos las entradas.

¿Y qué le digo yo a Jesús? Está feo vender su regalo.

Pues no le digas nada.

Lo ves conmigo en casa y si pregunta, lo has pasado genial.

Tú necesitas la pasta. Además, lo dices siempre:

ojos que no ven...

Corazón que no siente.

Está bien. Hazlo.

No tengo otra solución.

(SUSPIRA)

(Timbre)

Hola, Celia.

Pero... Venía a ver a Jesús. Sí, ya.

Las casas están comunicadas. Ah.

Pero pasa, no te quedes ahí.

Ahora saldrá Jesús. No, no.

¿Estás bien? Estás pálida. No, estoy bien. Perdona. Es que...

¿Qué tal Germán? Jesús me dijo que estuvo hospitalizado.

Sí, pero ya le han dado el alta. Ya se pasó el susto.

Pues me alegro. Es una buena noticia.

Que estoy pensando que si está convaleciente vuelvo otro día.

No quiero molestar. No te preocupes.

Está durmiendo en su habitación. Ah, ¿sí?

Pero siéntate. Como en tu casa. Venga.

Mira. ¡Muy buenas, Celia!

Ah. Traigo material para tu reportaje.

Qué bien. Prepárate. Tenemos para rato.

¿Sí? Ay, Jesús, muchísimas gracias.

De todas formas, he estado pensando, y ¿no quieres que lo pospongamos?

Habréis pasado una mala noche con Germán en el hospital.

Mujer, deja de sufrir. Mira qué feliz haces a mi suegro.

Le has dado la excusa perfecta para hablar de su tema favorito.

Vamos, periodista. Empieza a tomar notas.

Me voy a la cocina.

Gracias.

Mira.

Se acabó el descanso. Necesito que vuelvas al bar.

Quedé para comer con Nacho.

Vale, vete tranquila. Voy para allá.

Lorena.

Dime. ¿Alguna cuenta abierta?

No, no es eso.

Eh...

Hay una cosa que necesito comentarte.

¿Ocurre algún problema?

No, al contrario. Estoy muy satisfecha con tu trabajo.

Y esa es una de las cosas que te quería decir.

Gracias. Se agradece oírlo.

Soy yo la que debe darte las gracias.

Y no solo por todo lo que me has ayudado en el bar.

(SUSPIRA) También por la paciencia que has tenido conmigo.

¿A qué te refieres exactamente?

Pues que he sido muy injusta contigo

y a pesar de eso tú no te has apartado de mi lado.

Ni pienso hacerlo, Rosa.

Pero no hablamos de mi trabajo en el bar, ¿no?

No. He hablado con Noa.

Y me he dado cuenta...

que te debo... más de una disculpa.

No.

No es necesario. -Sí es necesario.

He volcado sobre ti toda la frustración de lo que ha pasado.

Y no tenía ningún derecho.

Bueno, Rosa, eres humana.

Supongo que es muy duro por lo que has pasado, y...

Es que mira, yo no había entendido que recuperé a Noa gracias a ti.

No, yo solo me acerqué a ella. Ella tomó las decisiones.

Sí, pero ella decidió volver

porque te escuchó a ti.

No lo habría hecho si la hubieras traicionado.

Me costó mucho ocultártelo, de verdad.

Odiaba verte sufrir, Rosa.

Lo único que quiero decirte es que has hecho muy bien,

porque de habérmelo dicho a mí,

yo habría tomado cartas en el asunto...

y la habría perdido para siempre.

Pues gracias por comprenderlo.

Gracias a ti.

Mi hija te puso en una situación muy delicada.

Y tú la has manejado con muchísima madurez.

Siempre estaré en deuda contigo.

No. No digas eso. Vamos a abrazarnos y ya está.

Las hermanas de la Cruz abrazándose de nuevo.

Pensé que no volvería a verlo.

Cariño, siento mucho haberte hecho esperar,

pero mi hermana y yo teníamos pendiente una reconciliación.

Me alegro mucho por las dos.

La situación se estaba haciendo difícil.

Todos necesitamos un poquito de paz.

Y si todo se ha arreglado ya, ¿nos vamos a comer? Tengo hambre.

Sí, claro.

Hablamos luego.

Churri, ¿a que no sabes qué estoy comprando por internet?

¿Museo Madame Tussauds? -El museo de cera de Londres.

El más famoso del mundo. Lo busqué por internet y flipas.

Tú sí que flipas. ¿A quién le gustan los museos de cera?

Venga, si es lo más cerca que estaremos de ver a Cristiano.

Madre mía. Bueno, si yo veo el museo de cera,

a ti te toca acompañarme a un musical.

¿Y te ríes de mí por lo del museo de cera?

Eso es de viejunos.

No tienes ni idea.

Fuera prejuicios y confía en mí. Te gustará más de lo que crees.

Tú sí que me gustas. -Ah, ¿sí?

Sí.

Oye. -Dime.

Que...

Hay algo que quiero hablar contigo, y no quiero que te sientas incómodo.

A ver, pesas un poco, pero estoy bien.

Que te dejes de tonterías. Que no es eso.

¿Por qué pediste camas separadas?

No quería que pensaras que intentaba forzar nada.

¿Te ha molestado? -No.

Qué va.

Pero no sé, que...

Pensé que igual tenías algún problema con...

No, tranquila.

Es normal la duda. No todos en esta situación pueden.

¿Tú sí puedes?

Con ayuda, pero sí.

¿Qué dices, con... una pastilla?

Inyecciones.

¿Qué? No.

¿Quieres probarlo?

¿Ahora?

Ahora.

Coge esa bolsa de la silla y cierra la puerta.

¿Estás loco? No vamos a hacer esto aquí ahora.

Ya. Pero tú cierra y vemos lo que podemos hacer.

¿Eh? -Estás chalado.

(CRISTINA) Pues a ver qué te dicen.

Nada, que no lo cogen.

Pero ¿por qué se van? A mí tampoco me dan explicaciones.

¿Dónde está este chico?

No se pueden ir así. Han dejado el mercado patas arriba.

Los andamios están sin fijar.

Yo... Estamos todos igual. No sé nada.

No eres tú quien debe hablar.

Es el que falta, Elías.

Es el presidente de la asociación y el responsable de las obras.

Está en el hospital con su hijo.

Y nadie sabía que los obreros se irían.

No, y no van a volver.

¿Cómo? La obra se ha parado.

¿Cómo que no van a volver? Eso me ha dicho el arquitecto.

Nos han retirado el permiso.

Pero ¿por qué?

Pues eso intento averiguar. Pues ya os lo digo yo, ¿eh?

Ya os lo advertí.

El Ayuntamiento no va a tolerar ninguna irregularidad,

y nos han cortado el grifo por los chanchullos de Elías.

Vas un poco rápido tú acusando. No.

Será un problema burocrático o una confusión que solucionaré.

Ah. ¿Cuándo?

Porque igual vas un poco tarde, ¿no?

¿O tenemos que recoger nosotros el jari que hay en el mercado

hasta que convenzas a los obreros para que vuelvan? ¿Es eso?

Oye, lo siento mucho, de verdad. Y siento no haber estado aquí.

Pero estaba en el hospital, con mi hijo.

Que sí, que lo entendemos.

Tú estabas donde debías. Lo primero es la familia.

¿Cómo está Germán? Bien. Ya le han dado el alta.

Por eso he podido venir aquí.

Cuánto me alegro. Un abrazo para él. -Y otro para Adela, que menudo susto.

Le doy un beso a los dos. Y ahora que todo va bien,

tranquilos que haré todo lo posible para que avancen las obras.

Estamos seguros de ello.

Gracias.

Y por el tema de los andamios, que está todo empantanado...

¿Cómo dices tú? El jari, ¿no?

Pues no te preocupes. Si es necesario, los quito yo mismo.

Ya mañana no estarán.

Asumiré todas las responsabilidades como presidente de la asociación.

Con todas las consecuencias.

¿Eh?

Adiós.

Hasta luego.

Elías.

Me alegro de que Germán esté bien.

Vale, hombre. Vale.

Anda...

(SUSURRA) Qué fuerte. -Sí, sí.

Mira. Esto es cuando inauguramos la nueva frutería de la Cruz.

Mi mujer y yo levantamos juntos el negocio.

Estábamos muy ilusionados.

Teníamos toda la vida por delante.

Pues pueden estar orgullosos. Lo hicieron muy bien.

Pudieron gestionar el negocio, ampliarlo...

Y muchos puestos no han logrado sobrevivir.

Sí, muchos se quedaron en el camino.

Sí. Demasiados.

Más del 30 por ciento de los puestos han cerrado.

¿Con quién posa aquí?

(Pasos acercándose)

¡Vaya! Vas a tener que venir a entrevistarme más veces

para que mi nuera me ponga café con pastas.

Adela, no tenías que molestarte.

Molestia ninguna. ¿Tomas el café con leche?

Sí.

Familia, que hay problemas con las obras...

Vaya. Perdón, no sabía que teníamos visita.

Celia ha venido a entrevistarme. Porque nos va a hacer famosos.

Bueno. No puedo prometer tanto.

No sé si me lo publicarán, así que...

¿A que no sabías que era periodista?

No. No tenía ni idea. Pero bueno, no quiero molestaros.

Seguid con vuestras cosas. Sí. Yo también tengo quehaceres.

Tomaos el tiempo que haga falta,

y si me necesitáis, avisad.

Cariño, hay más café hecho, si quieres.

Aún no me ha dicho con quién está. Parece alguien importante.

Lo siento.

Han pasado muchos años, y mi memoria no es lo que era.

Ni mi vejiga tampoco.

Perdona, que debo ir al servicio. Sí, sí. Claro.

¿Se puede saber qué haces aquí?

Lo siento, perdona.

Tu padre me insistió y... Me da igual lo que te insista.

No puedes venir sin decirme nada.

Tienes razón. Me voy ahora mismo.

Lo siento mucho. Sí.

Lo siento. Celia, ¿ya te vas, tan pronto?

Sí. Perdona. Es que me tengo que marchar.

Me ha llamado mi hijo y tengo que recogerle.

Gracias, y siento la molestia.

¿Le dices a Jesús que lo siento y que me llevo esto?

Es un poco retraída, y empezó mal en el mercado,

pero... parece buena persona, ¿no?

Sí, no sé. Puede ser.

Sí, sí. ¿Cómo está Germán? Bien.

Ha comido y ha caído rendido.

¿Sabes?

Cuando le he visto dormido en su habitación me he echado a llorar.

He pasado mucho miedo estos días.

Bueno... Pues ya está, no te preocupes, ¿eh?

Ya está otra vez con nosotros, en casa.

Pues espero que ahora todo vaya bien y que nada haga peligrar la familia.

Debes hacer el esfuerzo de salir de casa.

No se puede vivir con el miedo en el cuerpo.

Es que no puedo, mamá. No puedo.

Temo encontrarme con el tío que me pegó.

Que no volverás a encontrártelo. ¿Y cómo lo sabes?

Seguramente no lo veas nunca más.

¿Por qué? Podría estar esperándome ahí fuera.

No, seguro que no. ¿Cómo lo sabes?

¿Cómo sabéis que no volverá? Que ese tío era un sádico.

Verás cómo es mi padre en realidad.

Aunque será difícil que mi madre sepa que la manipula.

La tiene totalmente abducida.

la única forma sería...

dejarle en evidencia delante de mi madre.

¿Y si hacemos un plan donde él no pueda entrar?

No sé, algo de chicas. Eso le pondría de los nervios.

Lo boicotearía, porque no soporta que mi madre haga cosas sin él.

Mira, Andrea, a mí no me puedes engañar.

Nací en Nápoles, crecí en la calle. Huelo los problemas a distancia.

¿Me vas a contar qué está pasando?

Estoy metido en un buen lío.

Es que no sé qué hacer.

Pues empieza a hablar conmigo. Confía, ¿no?

¿De verdad no sabías que tu padre y mi madre están juntos?

Te juro que no tenía ni idea.

Ponte las pilas. Se están volviendo locos.

Al menos mi madre, que se gasta lo que no tiene.

Esta mujer nos va a arruinar. Te lo digo.

¿Mi padre con la Pacheca? Jo...

¿Has entrevistado a Jorge?

Porque es al que debes entrevistar. Es un cocinero buenísimo.

¿Jorge es cocinero? ¿Y por qué yo no sabía eso?

¿Tú no conocías el restaurante La Fanega?

Sí, claro. Pues él era el chef.

Bueno el chef, era el dueño.

Sería un puntazo la entrevista. Nadie sabe que trabaja aquí.

Como es tan discreto...

Los vegetarianos se volverán locos.

(HABLA EN ITALIANO)

Hola. -(PAOLO) ¡Eh, Andrea!

Tienes que probar esto.

La pizza de wakame.

La nueva gran especialidad de Casa Giordano.

Está buenísima.

Que cómo me siento.

Pues un imbécil, papá.

Un imbécil que pensaba que podía ganar dinero sin esfuerzo

y que nunca le pasaría nada malo, porque era muy listo.

Germán, voy a decirte algo...

que te hará ver las cosas de otra forma.

¿De acuerdo?

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Mercado Central - Capítulo 27

29 oct 2019

Elías boicotea un plan del mercado.
Celia comienza a recabar información para hacer un reportaje sobre el mercado y recibe la ayuda de casi todos los comerciantes.
A Samuel le toca un viaje que pretende disfrutar con Carla.
Carmen abronca a Valeria por no tener ahorros. Valeria necesita dinero urgentemente para pagar a Francisco.
Noa media con Rosa para que perdone a Lorena por no haberle dicho que sabía dónde estaba.

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