Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 26 - ver ahora
Transcripción completa

Voy a seguir defendiendo el mercado le pese a quien le pese.

Yo no tengo tu dinero, Elías,

pero ofrezco mi determinación, mi entrega.

Y, sobre todo, mi integridad.

¿Qué estás diciendo, que yo no la tengo o qué?

No lo sé. El movimiento se demuestra andando, Elías.

Y qué llevo haciendo yo toda mi puta vida, ¿eh?

Mucho antes de que tú supieras siquiera de la existencia

del Mercado Central. ¿Votamos?

¿Guapo? ¿Votamos?

(HOMBRE) ¡Eh, eh!

No. No hace falta.

¿Para qué?

Visto lo visto, no tiene ningún sentido.

Dice también que eres una mujer que no se conforma

con pasar con la vida como espectadora,

que sabe lo que quiere y va por ello.

-¡Doménico!

Lo que nos pasó fue una mierda.

Pero sí, yo creo que podemos dejarlo atrás.

¿Tú crees?

Te estaba diciendo

que me haces sentir cosas que hace mucho tiempo no sentía,

que vivir las cosas contigo es como vivirlas por primera vez.

Como ser joven otra vez.

Y quiero que vivamos muchas cosas juntos.

Ella es Carla, mi novia.

-¿Qué novia ni qué novia? ¡Si no llevamos ni una tarde!

-Pero qué tarde, ¿eh? -¡Anda, que tienes una telita, tú!

-Bueno, soy Noa, encantada. -Hola.

¿Qué tal?

Quería darte las gracias

por no celebrar la victoria de Elías.

No te entiendo.

Sí, bueno, me parece un detalle

y significa mucho para mí.

Vamos a ver, no te equivoques, Jorge.

Es que esto no se trata ni de Elías ni de ti.

No es una competición entre los dos

y no soy una damisela en apuros a la que tengáis que conquistar.

No he ido a la celebración

al tener mucho que hacer en el puesto.

¡Solo tú y yo sabemos que era Samuel el que conducía el coche!

No se lo he dicho a nadie y te juré que no lo pienso hacer.

-¿Y qué pasa con Samuel? ¿Y si de repente lo recuerda?

-¿De repente? ¿Después de cuatro años?

Samuel no se acuerda de nada de aquella noche.

Pero hay más cosas que no le he contado a nadie.

¿Cómo cuáles?

Como que eres la primera mujer

que ha conseguido excitarme en mucho tiempo

sin necesidad de tomar una pastilla.

Si has sido tú el que me ha dicho que saliera,

que tenía que recuperar mis rutinas y pasármelo bien.

Iba a ir a la exposición con mamá.

-A mí no me hables así.

-Pero ¿cómo te estoy hablando?

Si te estoy hablando bien. -Por la cuenta que te trae.

Sabes que tienes todas las de perder.

Esto te lo ha hecho uno de esos

que te busca por Internet, ¿a que sí?

¿Quieres que se entere mamá? Fue un cliente.

¿A que ha sido un cliente?

Sí, pero no se lo digas.

Pero ¡mira a quién tenemos aquí! Buenos días, cariño.

¿A qué hora llegaste? (NOA) Tarde.

-¿Te lo pasaste bien?

-Sí.

-¿Y bebiste mucho, hija? Porque tienes mala cara.

-No, no bebí.

-¿Te pasa algo?

Más que salir con tus amigos parece que vienes del funeral.

-No, nada, solo que...

hoy tampoco he dormido bien y tengo sueño acumulado.

-¿Vas a desayunar?

-No, es que tengo prisa.

Voy a ver una escuela de fotografía que me han dicho que está guay.

-¿Ah, sí? ¡Qué bien!

¡Vas a hacer un curso de fotografía!

-De momento solo voy a ver cuándo son las pruebas de acceso

y de qué van y eso.

-¡Madre mía, hija mía!

Pero ¿qué golpe le has dado? ¿Te funciona?

-Me lo rompió papá anoche.

-¡Anda ya! ¿Cómo que te lo rompió? Se te caería, ¿no?

-Sí, es que...

-Se cabreó porque llegué tarde y me lo rompió.

-Ay, no digas tonterías.

Fue sin querer, supongo. -Se me cayó sin querer.

-¿Ves?

-Mamá, no se le cayó.

Se cabreó porque llegué tarde, me lo quitó de la mano,

lo tiró y lo pisó delante de mí.

-No. No te acuerdas bien porque ibas bebida,

pero se me cayó cuando lo cogí para dártelo.

-¿Cómo tienes los huevos de mentirme a la cara?

-Tranquilízate, ¿vale? Nadie está mintiendo.

Es solo que no te acuerdas bien. -Eres un mentiroso.

-Bueno, ya está bien, ¿eh? Ya está bien.

A ver, Noa, ¿por qué iba querer tu padre romperte el móvil?

-¡Te lo he dicho! Se cabreó porque llegué tarde.

-Pero ¡si fue él que insistió para que salieras con tus amigos!

-¡Eso le dije yo y se cabreó más! -Vamos a ver.

Si tu padre dice que se le cayó,

no entiendo por qué dudas de su palabra.

Además, ¿no habíamos dicho

que a partir de ahora todos íbamos a poner de nuestra parte

para que esto funcionara?

-¡Pues eso díselo a él, que está loco!

¿No te das cuenta de que hace lo mismo de siempre?

Manipular y contar las cosas a su favor para quedar él bien.

(ROSA) No hables así de tu padre, ¿vale?

-Tampoco sé para qué te lo cuento.

Siempre le das la razón a él.

-Eso no es verdad, ¿eh?

¡Noa! Por fa...

(Puerta)

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Nacho.

¿Qué ha pasado?

-¿Qué quieres que pase?

Que tu hija es una mentirosa y una marrullera, eso es lo que pasa.

(ROSA SUSPIRA)

-¿Acaso crees que está diciendo la verdad?

-No, claro que no.

-Mira, yo ya no sé qué más hacer con ella.

Intento que nos llevemos bien, pero no hay manera.

Tiene una fijación conmigo...

Cada cosa que digo o hago se la toma como un ataque personal.

-Mira, cariño, está muy nerviosa.

Lo que no puede ocurrir es que tú le entres al trapo.

-Pero ¡si es lo que hago!

¿No has visto que no le he dicho nada?

Era para decírselo. Hay que ser retorcida

para decir que le he roto el móvil.

Pero, bueno, no te preocupes.

Mira, por más que me provoque,

voy a tener toda la paciencia que haga falta.

¿De acuerdo, cariño?

¿Has entrado a verlo? No, pero tiene que estar despierto.

Le he oído toser.

Elías.

¿Qué vamos a hacer con él?

No lo sé, Adela, hija, no sé. El niño está...

No, no.

Seguid hablando de mí, no os cortéis.

¿De quién quieres que hablemos, hijo?

Nos tienes muy preocupados.

¿Qué pasa, no puedes dormir?

No. Tengo como... como náuseas. No he dormido ni media hora.

No pensarás que te voy a traer el desayuno

o que te voy a dar algo para la resaca, ¿verdad?

No te lo he pedido.

Es que ya está bien, Germán.

Esta manera tuya de vivir tiene que acabar. Mírate.

Mírate cómo estás.

Si tú quieres matarte saliendo por ahí hasta las tantas,

metiéndote en peleas

y echando tu futuro por la borda... Mira, allá tú,

pero yo no pienso quedarme aquí

cuidándote como si fuera una imbécil.

Anda, vámonos.

Tenéis razón.

Es que no...

No voy bien así, no...

¡Ah!

(SUSPIRA) Llevo toda la noche pensando y...

Es verdad. Es verdad, estoy...

estoy jugando con fuego

y me estoy destrozando la vida yo solo.

A ver.

Todavía no has hecho nada que no pueda arreglarse.

Yo, sinceramente, no me creo nada, Adela.

Elías. Déjalo, mamá, si es que es normal.

Es normal que no se fíe de mí, pero...

Prometo que se han acabado las tonterías, de verdad.

No sé qué voy a hacer con mi vida,

pero que esta no es la vida que quiero...

eso sí que lo sé.

Bueno, ahora sí que os voy a tener que hacer un desayuno bien rico.

Da igual, ya...

Luego ya voy yo. No, no digas tonterías.

¿Os hago unos huevos revueltos y pan frito

y desayunamos todos juntos como lo hacíamos los domingos?

Gracias, de verdad, no tengo hambre. No me encuentro bien.

Eso es por la resaca, hombre. Sí.

Desayuna bien. Claro que sí.

Venga, voy a hacerlos.

Y, venga, nos sentamos en la mesa y desayunamos como Dios manda.

¡Venga, flojo, vente ya!

Oye.

¡Niño, Germán!

¡Oye! ¡Oye!

¡Adela! Oye.

Germán, ¡Germán!

Germán, ¿me oyes?

¡Germán! Sí, 112, ¡emergencias!

Germán, ¿qué te pasa?

(MUJER) Te queda mucho por hacer, Celia.

Lo sé, lo sé.

Mira, la subvención solo es una ayuda.

Tú eres la que tiene que levantar este negocio.

Estoy en ello, de verdad.

Lo que pasa es que quiero estudiarlo bien

para no dar luego pasos en falso. De acuerdo,

pero ponte a trabajar, que el puesto no se va a renovar solo.

¿De acuerdo? Lo haré. Gracias.

Pero, ¿tú qué haces aquí?

Te has olvidado de darme el dinero de la excursión.

Hoy era el último día para pagar. Dios.

¿Quién era esa? Tienes cara de preocupada.

Era una funcionaria del Ayuntamiento.

Ha venido sin avisar.

Quería ver los cambios que hemos hecho en el puesto.

¿Qué cambios? Si no hemos hecho cambios.

Ya, por eso estoy tan preocupada.

No podemos hacer cambios porque no tenemos dinero.

Pero tú tenías una subvención. ¿Ya te la gastaste?

Sí. Lo gasté en pagar tu colegio.

¿Y se lo has dicho?

Pues no, David, ¿Cómo se lo voy a decir? No lo va a entender.

Se supone que el dinero es para hacer la renovación.

Y si no la hacemos, no me van a dar la segunda parte.

¿Y qué vas a hacer?

No lo sé. Pero tendrás algún plan, ¿no?

No.

Pero sabías que esa mujer iba a venir a ver

si lo renovaste con la subvención.

Sí, sí que lo sabía,

pero pensé que iba a vender más. Este puesto es una ruina.

Y pensé que los del Ayuntamiento

no iban a venir tan pronto y sin avisar.

O sea, que tenías un plan, pero te ha salió mal.

Sí.

Además, no sabes cómo era esta funcionaria.

Hijo, una borde.

Y eso que me he esforzado mucho en llorarle,

pero no ha servido de nada.

¿Has llorado?

No, no he llorado. Es una forma de hablar, David.

¿Y voy a tener que dejar el colegio otra vez?

Pero ¡claro que no, David! No. Vamos a ver.

Hijo, ven aquí.

Escúchame, quiero que estés tranquilo.

Ya se me ocurrirá algo, ¿eh? ¿Un plan?

Un plan, eso es. Lo que pasa es que esta vez

va a ser un plan mucho mejor y va a funcionar.

Vale. ¿Vale?

Me tengo que ir, llego tarde. Claro que sí.

¡Ey, muy buenas! ¿Cómo tú por aquí?

He ido a pedirle dinero a mi madre para la excursión.

Hoy era el último día para pagarlo.

Hace mucho que no te veía. ¿Cómo estás? ¿Todo bien?

La verdad es que no, pero mi madre ha dicho que lo va a solucionar.

Me tengo que ir. Vale.

Paolo, ¿me traes la cuenta?

-Ahora mismo, Carla. -¡Paolo!

-¡Hombre! ¿Dónde estabas? Que he tenido que desayunar sola.

-He madrugado para ir a la Junta del Distrito a por esto.

-A ver, ¿qué es esto que es más importante que desayunar conmigo?

-Los carteles de las fiestas del barrio.

-¿Me has echado mucho de menos?

-Sí.

-Pues yo un montón. -¿Ah, sí?

-Ajá. -¿Un montón?

-Un montón. Mucho.

Sí.

-¡Ey! "Perduto è tutto il tempo che in amore non si spende", ¿eh?

-Vale, vale, ya, Paolo.

Hay que rebajar un poquito el nivel de azúcar, ¿eh, Samu?

-¡Paolo!

Cuélgame esto por ahí. Es el cartel de las fiestas del barrio.

-Perfecto, luego lo haré. -Gracias.

¿Y qué, has dormido bien?

-Poquito, pero bien. Cero resaca.

-¿Lo pasaste bien anoche?

-Bastante bien.

Sí.

-Pues prepárate, porque esto es solo el principio.

-¿Ah, sí? -Sí.

Voy a hacer que tengas el novio que mereces.

-Eso espero, porque, que sepas,

que estás a prueba. -¿Sí?

-Sí. Un mes de prueba. Y si no estás a la altura,

te tendré que dar puerta.

-No, claro. Tú prueba, prueba.

-¿Pruebo? Sí, pruebo. -Prueba, prueba.

-Vale ya de prueba. -¿No pruebas más?

-No pruebo más, que llego tarde.

-Bueno, pues nada.

-¡"Ciao, bello"! -¡Adiós!

-"Ciao, ragazzi". -Adiós, chicos.

(JESÚS) "Entonces,"

¿qué somos? ¿Novios? -¡Uy, novios!

A mí me da vergüenza decir que tengo novio.

Parece una quinceañera.

¿Qué tal "compañeros"? -¿Compañeros?

Mejor no le ponemos nombre a esto, ¿no?

-Mira, yo no sé cómo llamarle, pero lo que sí sé

es que hacía mucho que no estaba tan a gusto con nadie.

-Por favor te lo pido, Valeria.

Tened cuidado de dónde ponéis las cajas de la carnicería.

Antes he salido cargado del almacén y he tropezado con una.

-(GRITA) ¿Y cómo sabes que era nuestra caja?

-¿Porque lo ponía, el nombre vuestro? -¡Ah!

-Pero, bueno, vamos a ver.

¿Tenéis que estar todo el día peleando?

¿No os cansáis?

-¿De pelear con esta señora? Nunca.

-¿Qué pasa, cómo está Germán?

Me ha dicho Lorena que sus padres le llevaron al hospital.

-Ya sabes lo mismo que yo.

Me dijeron que llamarían cuando supieran algo.

-Papa, si te enteras de algo me lo dices.

No quiero molestar a Elías con el teléfono.

Me voy, que tengo que ir a comprar café, que se nos ha acabado

y el proveedor no viene hasta mañana. Hasta luego.

-No me habías dicho nada de tu nieto. -Porque no es nada grave.

El chaval salió anoche hasta las tantas

y seguro que ha tenido una bajada de tensión.

-No se habrá dado cuenta de nada, ¿no?

-Pues no sé qué decirte. A mí no se me nota,

pero a ti te salen corazones por las orejas.

-¡Ay, anda ya! No te lo tengas tan creído, ¿eh?

"Ciao, amore mio".

Doménico, ¿has visto alguna vez a un hombre más afortunado que yo?

Yo puedo dar besos a la mujer más guapa del mercado.

¿Qué digo del mercado? ¡De todo Madrid!

-Para ya, Paolo, por favor.

-Y se ruboriza, porque además es tímida.

Es un ángel, ¿sí o no? Dome. (RÍE)

Amor, bajo un momento al almacén.

No te vayas, ¿eh? Te veo ahora.

-¿No piensas decirme nada?

-¿De qué?

-¿Pues de qué va a ser?

De lo que pasó ayer.

-No creo que tenga nada que decirte.

-Pues yo sí.

Me gustaría saber qué es lo que piensas.

-Es que ayer no pasó nada, Cristina.

Me besaste,

pero fue un accidente que no debe repetirse. Punto.

Paolo es mi mejor amigo. Precisamente, el único que me queda.

Y jamás lo traicionaría.

Cristina.

Eres la mujer de Paolo

y para mí eso es sagrado.

En la vida hay líneas que nunca deben cruzarse.

-Sí, si precisamente yo pensaba decirte lo mismo, que...

que no sé lo que me pasó.

-Ya. -Se me cruzó el cable,

pero que no te preocupes, ¿eh?

Que puedes estar tranquilo, que no va a volver a pasar.

-Vale.

-Voy a colocar las... -Ya.

¿Por qué no quieres que se sepa lo nuestro?

-Es por el mercado. ¡Esto es como un pueblo!

No quiero que estén cotilleando a nuestra costa.

-Ah, ni yo tampoco. Que se despellejen entre ellos.

Oye, tengo una cosa para ti. Toma.

-¿Y esto qué es? -Un regalo.

-¿Unas entradas?

¿No serán para la ópera?

-Jamás te haría algo así.

-¡Ah! ¡Son para el Santiago Bernabéu!

-¿No me dijiste que eras del Madrid? -La verdad es que siempre lo he sido.

Desde que era pequeña y vivía en Comillas.

Lo primero que hicimos

mi difunto marido y yo al llegar a Madrid

fue ir a ver la Puerta del Sol y después el Santiago Bernabéu.

-Pues me alegro, pero hay una pega. No sé si podré ir,

porque como mi hijo y mi nuera están en el hospital,

tengo que hacerme cargo de los negocios.

Pero puedes ir con tu nieto.

-¿Sí? No, mejor me espero. A ver si al final no es nada

y puedes venir tú también.

-No, mujer. Ya iremos tú y yo otro día. ¡Será por partidos!

-No, pero te habrán costado un ojo de la cara.

-¿Y para qué es el dinero

si no para gastártelo en los seres queridos?

(Móvil)

Ay, espera.

-Cógelo, por mí no te preocupes, ¿eh? -No.

Si es que no quiero hablar con Francisco.

-A lo mejor se ha arrepiente de haberte dejado

y quiere una segunda oportunidad.

-Oye, perdona, que la que le dejó fui yo, ¿eh?

Y por ahora no me arrepiento.

No, si es que me está llamando

porque le encargué un proyecto para que hiciera una reforma

en mi casa de Comillas.

Dijo que me la iba a hacer gratis

y ahora me pasa esa factura por despecho.

-¿Mucho dinero? -950 euros,

pero no me da la gana pagárselos.

Ni siquiera voy a hacer la reforma. -Eso no es mucho.

-Sí, no será mucho para ti, que vas sobrado,

pero para mí ya te digo yo que sí.

¡Si yo no he ahorrado en mi vida! Estoy sin un duro. Vivo al día.

Además, aunque lo tuviera,

¡no me da la gana de pagárselo, hombre!

(Móvil)

Bastante tengo yo con lo que tengo.

(Móvil)

Qué pesadito, ¿eh?

-Va a seguir llamándote hasta que le pagues.

Yo te lo presto, me lo devuelves cuando puedas.

-No, Jesús, de ninguna manera vas a darme tú dinero.

-No, no, no te lo doy. Es solo un préstamo.

Va, no seas tonta.

Así nos quitamos a ese pesado de en medio.

-¿Eh? -Está bien.

(TOSE)

Toma.

Gracias.

De nada. Qué entusiasmo, mujer.

Lo siento, de verdad, es que no tengo un buen día.

Hoy ha venido la funcionaria del Ayuntamiento

y dice que como no vea cambios significativos en el puesto

no me da la segunda parte de la subvención.

Ya. ¿Y qué pensabas, que no iban a venir?

Mira, Jorge, no sé por qué te he dicho nada.

Para que me lean la cartilla ya tengo a David.

Ahora mismo necesito soluciones y no sermones.

Ya. ¿Y dinero?

Pues sí. De la subvención,

de vender fajas o de lo que sea.

Como puedes comprobar, aquí no viene nadie.

Y no me extraña.

Si no venían antes, cuando estaba Serafina,

¿por qué iban a venir ahora?

Celia, no has cambiado nada. Todo sigue igual.

Si es que lo mío no es vender fajas ni bragas ni colonias.

Vale. ¿Y qué es lo tuyo?

Pues, mira, soy licenciada en Periodismo.

No ejercí mucho tiempo, la verdad.

Menos del que me gustaría. Era buena, se me daba bien.

Ah, mira, no lo sabía. ¿Y por qué no vuelves?

Porque cuando uno

sale del negocio, luego es muy difícil reincorporarse,

pero ya lo intenté, ¿eh? Ya.

Mira, hace unos años yo estaba igual que tú,

trabajando en un sitio que no me gustaba nada.

Hasta que dije: "Basta, hasta aquí".

A ver, sí da un poquito de vértigo,

pero tienes que tomar las riendas de tu vida, Celia.

Lo que sea, pero no puedes estar aquí viendo pasar

el tiempo sentada, quejándote y sin hacer nada.

¿Sin hacer nada?

Estoy sacando adelante a mi hijo, superando el suicidio de mi marido.

Si eso es no hacer nada...

Celia, no he dicho eso.

Eres una madre maravillosa

y entiendo perfectamente tu situación,

pero creo que no debería servirte como excusa.

David es cada vez más independiente

y tú deberías buscar un nuevo camino.

Decide a qué quieres dedicar tu vida.

¿Quieres ser tendera? Adelante, cambia el género, el local...

¿Periodista? Adelante también.

Escribe, ve a las redacciones de los periódicos,

haz algo, muévete. Ya lo hice.

Llamé a todos mis contactos y nadie me ofreció nada.

A lo mejor eres tú la que debe ofrecer algo.

No es lo mismo llamar a un contacto para pedir trabajo

que presentarse en una redacción con un reportaje en la mano.

¿No?

Quédate con las tijeras, tengo otras.

¿Ya has traído el café?

-Sí. -Pues fenomenal,

porque tengo preparadas las tortillas.

-¿Por qué no dejas de ponerte creativa y haces lo que debes hacer?

-No vas a perdonarme nunca, ¿no? -Mira, la verdad es que no.

¿Por qué lo tendría que hacer?

No te importó verme sufrir por Noa

cuando sabías perfectamente dónde estaba.

-Claro que me importó, pero Noa... -No, no, te importó más

lo que quería que lo que yo necesitaba.

-No, no. Eso no es verdad, porque Noa

me pidió... -¡Perdona!

Mira, Lorena.

Te he perdonado un montón de veces,

te he perdonado muchas cosas, pero esto...

esto no te lo voy a perdonar.

-Creo que estás exagerando un poco. -Creo que no estoy exagerando nada.

Tú y yo tenemos que trabajar juntas

porque es el negocio de Elías y es el jefe.

No, escúchame. A partir de ahora,

tú y yo vamos a hablar lo imprescindible, ¿estamos?

Y, por cierto, tu trabajo está fuera.

En las mesas y lavando vasos.

Este es mi territorio. ¿Te ha quedado claro?

Pues andando.

Flipo contigo, ¿eh?

Hace poco no podía ni verte y le tienes comiendo de tu mano.

De mayor quiero ser como tú.

-Bueno, ¿tú puedes ir al banco e ingresárselo a Francisco?

-Tengo mucho lío, abuela, ¿por qué no vas tú?

-No, es que no quiero tener que dar explicaciones a tu madre.

-Bueno, déjamelo y mañana me paso.

-No, mañana no. Entonces ya voy yo.

Si es que estoy deseando ingresárselo a ese desgraciado,

a ver si se olvida de una vez por todas de mí, hombre.

-Al final no era tan pardillo el arquitecto, ¿eh?

En cambio, de la Cruz

me ha sorprendido, fíjate.

Se me ha caído un mito.

Al final me da pena y todo. -Bueno, que...

que a mí Jesús me parece un señor muy agradable, ¿eh?

Que lo de sacarle el dinero ha sido un plan de antes

de conocerle, pero ahora que le estoy conociendo más...

-¿No vas a pedirle dinero para lo de Comillas?

-Es que lo cortés no quita lo valiente.

Si está forrado y tiene interés por mí,

lo normal es que también tenga interés por que yo sea feliz.

-¡Claro, claro! -¡Ah!

-Tienes un morro, abuela.

¿Esto son entradas para el fútbol? -Sí.

Para el Bernabéu. Me las ha regalado Jesús para que vaya contigo.

-¡Olé, olé y olé!

-Pero trae, no tengo yo muy claro que las vaya aceptar.

-¿Por qué? Tú tienes que aceptarlas, abuela,

que está coladito. No puedes rechazar un regalo así.

-Ya veremos. Yo, de momento, me voy para el puesto

que luego tengo que ir al banco.

-Vale. -Adiós.

-Venga, chao. ¡Abuela!

-¿Qué? -La puerta, por favor.

-Ay, señor.

¡Uy! ¿Qué? Mandándole mensajitos a la churri, ¿no?

-Estamos buscando hueco,

pero no hay manera, estás todo el día encima.

-He visto a Samu y a Carla juntos.

-Ya.

-Hace unos días hablé con ella

para que le dejara en paz, pero no me ha hecho caso.

-Están saliendo, me lo ha dicho Jonathan.

-¿Lo sabías? ¿Cuándo pensabas contármelo?

-No sé, cuando surgiera el tema, Carmen.

-Estoy encima tuyo, pero no me cuentas las cosas.

-No quise agobiarte antes de tiempo.

-Pues estoy agobiada.

-No sé, quizás podría...

pedir que la trasladaran a otro mercado.

-¿Tú crees que dejarían de verse?

-Seguramente no. -Entonces, ¿qué hacemos?

-No lo sé.

-Me vuelvo para el puesto.

(CHISTA) Te dejo un rato solo,

así puedes quedar con la otra.

-Es que no se puede ser tan guapo, cariño.

Todo son problemas. (CARMEN RÍE)

Hala.

¡Eh! ¿Tú dónde vas?

-Tranqui, la abuela está en el puesto.

-¡Mi madre no se puede quedar sola en el puesto!

-Carmen, tú ya vas para dentro ¿no? Déjame que haga un descanso.

-En diez minutos te quiero ahí.

Diez.

Bueno, ¿qué?

Sin rodeos, Paolo, dime lo que te parece.

-No te voy a mentir.

No está rico, le falta algo.

Parece que no lo hayas hecho tú.

Es que yo no lo entiendo. ¿Qué te pasa?

El tiramisú siempre lo clavas. Es tu postre estrella,

pero la crema de mascarpone, huevo y azúcar

no está bien batida. -Ya.

-¿Y el bizcocho?

Parece que te hayas olvidado de mojarlo en el café.

-Creo que me he despistado pensando en otra cosa mientras lo hacía.

Y ya sabes, en la cocina hay que estar al 100 %

o pasa esto. -Sí, sí.

Pero ¿en qué estabas pensando? ¿Te preocupa algo?

-No, no.

-Dome, tú tienes algo.

-"Niente", Paolo, "niente".

(PAOLO MURMURA EN ITALIANO) ¡No puedo con los "nientes" falsos!

Cristina me hace lo mismo.

Cuando le pasa algo, "niente, niente, niente".

-Paolo, yo no soy Cristina y a mí no me pasa nada.

Voy... voy a hacer otra bandeja, va.

-Dome, espera.

¿Tienes algún problema con tu exsocio Álvaro Montes?

-No.

-Entonces, ¿qué es? ¿No trabajas a gusto conmigo?

-"Ma che"...

-Dome.

No será un problema de mujeres, ¿eh?

¡Esto es!

"L'amore".

(CHISTA)

-Nada, eso, que cuando llegué estaban allí esperándome.

-¿Los tres? -Sí, los tres.

-¿Y qué hicisteis?

-¿Cómo que qué hicimos? Lo que se hace en un botellón,

estábamos con birras hablando de chorradas.

-¿Qué chorradas?

-Nicolás, ¿en serio me vas a hacer un interrogatorio todos los días?

Lo digo porque te he prometido mil veces

que no le voy a decir nada a nadie, ¿vale? Relájate.

-No hasta que vea a esa chica lejos de Samu.

-¿Y qué hago yo? -Lo que sea,

pero debes conseguir que le deje. -Pues no.

No voy a conseguir nada. Es mi colega y no pienso meterme entre él y Carla.

-No puedes dejarme tirado, Jonathan.

-¿Que no? Pues yo creo que sí que puedo, ¿vale?

Y me da igual lo que me pagues.

-Vamos a ver. ¿No te das cuenta de que si se descubre la verdad,

Samu se va a quedar hecho polvo? ¿No sois tan colegas, eh?

¿No te importa o qué?

-Pues sí.

Por eso ya te he dicho que no voy a decir

que era Samu el que conducía, ¿vale?

Aunque no me pagues ni un euro más, me da igual.

No quiero saber nada más ni de dinero ni de sobres ni de nada.

¡No quiero más chapas sobre Samu!

¡Se acabó! -¡Eh! Yo...

¿Tienes cambio? Me quedé seco.

Sí, claro.

Aquí nadie viene con billetes grandes.

Con dos de 100 me vale.

Toma. Gracias.

Por cierto, te quería dar las gracias

por lo que me has dicho antes.

Te has pasado un pelín, pero tenías razón.

Y me he puesto las pilas.

De hecho, estoy escribiendo un reportaje y se lo quiero ofrecer

a un amigo que edita un suplemento dominical.

Bueno, bien. ¿Y sobre qué?

Sobre lo que veo aquí todos los días.

La renovación del Mercado Central y sus gentes.

Puedo hablar de cómo los negocios se tienen que reformar,

puedo hablar de la gentrificación en Madrid, de las sagas familiares,

de los puestos... (RÍE)

Oyéndote hablar, suena interesante.

¿Verdad que sí? Me encanta.

Le voy a llevar el reportaje hecho

y se lo voy a dar en mano.

Si me lo compra, será un pequeño gran paso.

Estoy asustada, hace mucho que no escribo.

Seguro que lo haces estupendamente.

Gracias.

Tienes... clientes. Vale.

Y esto me lo llevo.

Me las habías regalado.

Ya, pero he pensado que prefiero que me sigas necesitando.

Cuando tengas que abrir un paquete. Vale.

¿Lo has probado?

-Sí.

¿Qué ha pasado? -No lo sé.

Pregúntaselo a Doménico.

-¿La especialidad de Doménico no eran las pizzas y los postres?

-Sí, bueno, hasta el mejor escribano de vez en cuando hace un borrón.

El tema es que Doménico está raro. Muy raro.

Yo no le veía así desde...

-¿Desde cuándo?

-Desde que estaba enamorado de Giulianna.

Entonces, perdió la cabeza completamente.

En mi opinión,

se ha vuelto a enamorar otra vez. -Ah.

¿Te lo ha dicho él? ¿Está con alguien?

-No, no me ha dicho nada, pero por lo que lo conozco

y por lo raro que está,

yo creo que la mujer no le corresponde.

Aún no me puedo creer lo que ha pasado.

Mujer, son cosas que pasan.

¡Elías, no me digas más que son cosas que pasan!

A tu hijo por poco lo matan de una paliza.

Perdona, perdona, es que...

uno siempre piensa

que estas desgracias les pasan a otros

y mira tú por dónde, nos ha tocado a nosotros.

Bueno, lo importante es que está bien y que está recuperándose.

Tendríamos que habernos quedado con él.

Hija, si no quiere, qué le vamos a hacer. Ya no tiene 15 años.

Normal que no quiera que estemos allí y que... total,

no íbamos a poder hacer nada.

Pero es que hubiéramos hecho algo.

Mira cómo estaba. No se podía mover.

Para eso están las enfermeras. No le hacemos ninguna falta, mujer.

(Móvil)

Espera, que está sonando el teléfono. Ay, es tu hermana.

Hola, Rosa.

Perdona que te moleste, bonita, pero es que estoy llamando a Elías

y no me lo coge.

Ah, será que lo tiene en silencio. Acabamos de llegar del hospital.

"¿Y cómo está Germán?"

Mejor. Le han dejado en observación, pero no parece que tenga nada grave.

¿Qué es lo que ha pasado exactamente? Es que no me contáis nada.

Nada, ayer salía de un bar

y se le acercaron unos macarras y le pidieron la cartera.

Y como él no se la dio, que ya sabes cómo es,

se la cogieron a la fuerza y luego le dieron una paliza.

¡Madre mía! ¿Y le han roto algo?

Parece que una costilla,

nada para lo que le podía haber pasado.

Entonces, ¿por qué lo han dejado ingresado?

Porque ayer se mareó y perdió la consciencia.

Y le han querido dejar en observación precisamente

para hacerle algunas pruebas.

"Si necesitas que te eche una mano

en lo que sea, me lo dices. ¿De acuerdo?

Dadle muchos besos de nuestra parte".

Gracias, Rosa, y gracias por llamar. Un beso.

¡Buf!

Eo.

Tranquilo, que se va a poner bien.

Si le llega a pasar algo malo de verdad

no me lo hubiese perdonado en la vida.

¿Y a qué viene eso ahora, Elías? Ni que tú tuvieras la culpa.

¿Qué has hecho, Elías?

Dime...

dime que no es verdad.

Adela, yo...

yo solo quería que el niño reaccionara,

así que se me ocurrió contratar a uno

para que le diera un pequeño susto y cambiara de vida.

Tú estás loco.

La idea era simplemente que le asustara,

de verdad que lo siento, pero el niño se resistió.

Pero ¿qué querías? ¿Que se dejara moler a palos?

(Pasos)

¿Cómo está mi nieto?

Lo han dejado en observación,

pero se pondrá bien. Claro que sí.

Una paliza no es suficiente

para dejar fuera de combate a un de la Cruz.

Ah, Elías, ya he llamado a los de los camiones

y he resuelto todo lo que tenías pendiente.

Muchas gracias. Me voy a la reunión.

No, no. A la reunión voy yo.

No, tú quédate aquí, que ir de hospitales es muy cansado.

Qué no, qué no. No voy a permitir

que la primera reunión en la que soy presidente,

faltar. No lo voy a permitir.

Aparte, necesito hacer algo, no puedo estar de brazos cruzados.

Te acompaño al mercado. Venga, pasa.

Adiós.

(Puerta)

Por aquí.

Por aquí.

Ve repartiéndolos.

Lo que os acabo de dar es el presupuesto

para la reforma del tejado del mercado, ¿eh?

Perdone, señor presidente.

¿Lo del aire acondicionado que iba a pagar de su bolsillo para cuándo?

¿Al final del mandato, como los políticos de verdad?

Hombre, eso todo a su debido tiempo, Jorge.

Como verás y comprenderás, no es prioritario, ¿no?

Elías, ¿este gasto es realmente necesario?

Imprescindible, Paolo, imprescindible.

La uralita está muy vieja, hay que cambiarla.

Y sabemos que el amianto

es perjudicial para la salud. No queda más remedio.

De todas formas, vamos a poner unos paneles tipo sándwiches.

Es lo más barato que hay, ¿eh?

¿Esto a ti te parece barato?

Estamos hablando de cambiar el tejado entero del Central.

Es algo muy "heavy",

son 1200 metros, ¿qué querías?

De todas formas, como sabéis, mi contacto

va a inflar la factura que le vamos a pasar al Ayuntamiento.

Lo que sobre de la subvención nos ayudará a la reforma

de cada puesto del mercado, ¿eh? Grande, Elías.

Menos mal que estás tú en estas cosas, porque si no,

la broma nos salía mucho más cara, ¿eh?

Bueno, gracias. Otra cosa.

He estado hablando con los que se van encargar

directamente de la obra,

de cambiar el tejado. Les he dicho que no podemos tener cerrado

el mercado mucho tiempo,

así que he conseguido que me lo hagan,

después de discutir mucho, que nos lo hagan en tres días.

¿Tres días?

O sea, que al final será más caro. No solo hay que poner lo que cuesta,

sino que hay que sumarle lo que vamos a dejar de ganar

por tener el puesto cerrado tres días.

No. Nosotros no nos lo podemos permitir, ¿eh? ¿Cerrar?

-Yo y Cristina tampoco.

Bueno, vamos a ver, vamos a ver.

Todos sabíamos, cuando votamos "sí" a la reforma,

que eso conllevaba algunos sacrificios.

¿Qué queréis? ¡Oye!

Vamos a ver, me parece un plazo muy razonable tres días.

Lo normal es que tarden una semana. Aparte, he llegado a un acuerdo

para que bajo cuerda estén haciendo horas extras.

¡Bravo! ¡Empieza el "show" de Elías y sus chanchullos!

¡Vamos a ver, finas hierbas!

Primero te quejas de que son tres días el mercado cerrado,

ahora te quejas de que hagan horas extras.

¿Qué quieres, hijo? ¡Eres como la gata Flora!

¿Sabes qué pasa? Que al final todo esto

nos puede salpicar a los demás, a todos.

¿De verdad creéis que el Ayuntamiento

no va a investigar las facturas infladas? ¿En serio?

Jorge, ¿qué quieres que hagamos?

Lo que nos ahorramos seguro será más de la multa que nos podría caer.

-Sí. Y a mí tampoco me gusta, pero no le veo otra salida.

Celia, ¿tú qué opinas?

No me gusta, pero si no inflamos el presupuesto,

no me puedo hacer cargo de la reforma.

Por supuesto, por supuesto. Sí.

Todos queremos hacer las cosas bien, claro que sí.

Si no tiramos un poquito de picardía,

no nos salen las cuentas, pero ni a mí ni a nadie.

Claro, y tú estás en tu salsa, ¿no?

Te mueves de maravilla entre la mentira, el trapicheo...

Pero ¿sabes qué pasa? Que eso no va conmigo.

No. ¿Y qué es lo que te va a ti, hijo?

Nada que tenga que ver contigo.

No os llevéis esto a lo personal, ¿eh? Por favor.

No, tranquilo, Paolo.

No es la primera vez que lidio con mafiosos como él.

¿Me estás llamando mafioso? Ya está.

¿Me llamas mafioso?

¡No montéis un numerito, por favor!

¿Que no monte un numerito? ¿Tengo que aguantar

que este imbécil venga a insultarme?

No, Elías, no es un insulto. En tu caso es una definición.

Venga, Jorge, por favor.

¿Sabes qué pasa? La gente como tú acaba cayendo.

Me preocupa que salpique a los demás.

Luego no digáis que no os advertí. ¡Vete ya!

Eso, hijo.

¡Vete ya!

¡Eh, colegui!

Voy a empezar a cobrarte un plus como recadero, ¿eh?

-¿Esto qué es ahora?

-¿Cómo que qué es, capullo, si los sabes perfectamente?

-¿Se puede saber qué os traéis entre manos?

-Aquí mi primo es un chanchullero de cuidado, ¿sabes?

-Para que toque la lotería, debes comprar.

-Cuando os ponéis en este plan de amiguitos

con secretitos, de verdad...

-Son unas cervezas sin alcohol. Y hay una promoción

de que si mandas la etiqueta, sortean algo y te toca...

-¿Qué hizo el cerebrito de tu novio?

Ha mandado los códigos de la cerveza del Central, ¿qué te parece?

-¡Qué cabrón!

-Como no te toque, con la que has liado...

-Mañana es el sorteo. -¿Cuál es el premio?

Un fin de semana en Londres para dos personas.

-No.

Eh, te llevarás a tu "brother" de toda la vida, ¿no?

No me puedo creer que te vayas a llevar a tu pibita.

No llevas ni dos semanas, ¿cómo eres tan calzonazos?

-Aún no lo he pensado, pero...

¿Tú conoces Londres?

-Ojalá. Me encantaría.

Pero, bueno, no pensemos en esto ahora,

que estos juegos están todos amañados.

Lo hacen para que la gente pique y luego no gana nadie.

-¿Me estás llamando tonto?

(JONA TOSE) -Me está llamando tonto, Jona.

-Eres el típico tonto

que se cree muy listo. -¡Ahí va!

-¿Y si me llevo al moreno a Londres?

-Di que sí, hermano, confío en ti.

Eres mi ídolo, voy contigo al fin del mundo.

-¿Lo estás oyendo?

Cuando quieras, puedes empezar a hacerme la pelota.

-Eres el tonto más guapo de todo el mercado.

-¡Buah!

Mamá, me he dejado las llaves de casa. ¿Me dejas las tuyas?

-Cualquier día te vas a dejar la cabeza.

Oye, mira, una cosa sí te voy a pedir, ¿eh?

Toma.

Por favor, no quiero más broncas como esta mañana.

-Ahora es culpa mía, ¿no? -Yo no sé quién tiene la culpa.

Sí sé que le has faltado el respeto a tu padre.

-¡Yo flipo! O sea, me destroza el móvil,

te lo cuento, ¿y te pones de su parte?

-De parte de nadie. Somos una familia

y no me gusta que discutamos así. -¿Qué quieres?

¿Le doy las gracias por romperme el móvil?

-Baja el tono, ¿eh?

Somos tu familia

y merecemos un respeto.

-Ah, yo no me merezco respeto, ¿no?

Porque me faltas al respeto cuando no me crees.

¿Y el móvil nuevo quién me lo paga? Porque no tengo un duro.

-No tienes dinero porque no trabajas.

-¿Ahora también me vas a reprochar eso?

-Mira, Noa, no quiero discutir más.

Oye, tengo una idea.

¿Por qué no nos echas una mano en el bar?

Así ganarías dinero y además, no sé, nos veríamos más a menudo.

-¿Y el examen de ingreso para la escuela de fotografía?

-Solamente serían unos horas, hija.

Y creo que si te organizas, puedes hacer las dos cosas a la vez.

Es más,

si no sales entre semana por las noches,

podrías ganar tiempo y, además, no te meterías en líos.

-O sea, todo esto es para que no salga.

-No, es para que te centres

y para tenerte cerca, cariño.

Y para que pasemos más tiempo juntas.

¿Qué me dices?

-Bueno, vale, pero solo unas horas.

-Solo una horas, pero empiezas hoy.

-¿Ah, ya? -Sí. Mira, ¿ves esto?

Es tu uniforme, cariño.

Me voy al almacén a por el mío, ¿vale?

-¡Ay, lo siento tanto por ti,

pero estoy tan contenta por mí!

Porque ahora te voy a ver más.

No te preocupes, que si tienes que estudiar yo te cubro.

-Tranquila, tampoco creo que me vaya a morir por recoger cuatro mesas.

-Venga, que yo te ayudo. Empecemos por aquellas.

Tenemos que hablar.

-¿Qué pasa? -Es urgente.

-¿Qué es tan importante?

Tengo que ir a ver a mi nieto al hospital.

-Es por el préstamo que me has hecho esta mañana.

-Ah, ¿necesitas más dinero? -No, no es eso.

Es que no lo puedo aceptar. -Pero si solo era un préstamo.

-Ya, pero no sé si iba a poder devolvértelo.

-No me lo devuelvas, no me hace falta.

-No, Jesús.

No quiero que nuestra relación se enturbie con dinero de por medio.

-¿Por 950 cochinos euros? ¡No digas tonterías!

-No son tonterías. No quiero que pienses que me aprovecho de ti.

-Mira que eres rebuscada.

¿Por qué voy a pensar yo eso? Si fui yo el que te ofrecí el dinero.

-Si ya lo sé, pero es que estar con alguien de tu posición

siempre va a ser una tentación.

Tú siempre vas a tener más dinero que yo,

y yo no quiero ser de esas mujeres

que dependen de su pareja para todo.

-Mujer, para todo... pero un regalo de vez en cuando...

-Bueno, con las entradas de fútbol ya voy que chuto.

Acabamos de empezar nuestra relación. No sé adónde vamos,

como para que asumas mis deudas. De eso nada, ni hablar.

-¿Y qué vas a hacer con Francisco? -No sé.

Ya veré. Ya se lo iré pagando.

Y si me tengo que tragar diez llamadas suyas al día,

pues me las trago, que tampoco pasa nada.

Y otra cosa, a partir de ahora

yo voy a pagar la mitad de la cenas o lo que sea que vamos hacer.

¡La próxima te invito yo!

Te voy a llevar a una marisquería que te va a encantar.

-¡Ay! -¡Anda, anda, quita, quita!

Habéis tenido bronca esta mañana, ¿no?

-Lo de siempre.

-¿Lo de siempre? ¿Qué es lo de siempre?

-Que mi padre es un manipulador y un mentiroso.

¿Te has enterado de lo que ha pasado?

-No. He oído algo de un móvil, pero no he escuchado bien.

-Anoche, como llegué tarde y oliendo a cerveza, según él,

me coge el móvil, lo estampa contra el suelo

y lo pisa delante de mi cara.

-¿En serio?

-Sí. Lo peor de todo es que se lo cuento a mi madre

porque me ha visto el móvil roto y el tío dice que no, que se le cayó.

Y va mi madre y le cree.

Encima dice que no le falte al respeto.

¡Venga, por favor!

-Por eso te fuiste de casa.

No aguantas esas cosas de tu padre, ¿verdad?

-Mira, lo que no aguanto es ver a mi madre sometida.

Porque él va ahí, poco a poco, que casi no te das cuenta.

Vamos, no me daba cuenta ni yo hasta que pasó lo de Román.

-¿Lo de Román? ¿Quién es Román?

-Román era un camarero que trabajaba con mi madre.

Y se llevaban genial. Además, como eran unos yonquis del campo,

se apuntaron a un club de senderismo los domingos.

Y mi padre, como es un celoso

y un posesivo, empezó a meter mierda de Román

hasta que consiguió que mi madre le despidiera.

-¿Y qué le contó?

-Yo qué sé, ya no me acuerdo,

pero poco a poco le fue comiendo la cabeza a mi madre

y, al final, el pobre Román en la calle.

Lo que más me duele es que mientras Román estuvo aquí,

mi madre estaba feliz.

Se lo pasaban guay currando juntos

y así hacía otra cosa que no solo trabajar.

-¿Y tú no le dijiste nada a tu madre? -Sí.

Se lo conté y tuvimos otra movida.

Vamos, que solo sirvió para empeorar las cosas.

(SOLLOZA) Siempre es la misma historia, Lore.

Mi padre manipula a todo el mundo

y la que queda como una idiota soy yo.

-No, cariño, tranquila.

Yo estoy contigo, de verdad, yo estoy a tu lado.

-Te juro que todo lo que te cuento es verdad.

-No hace falta que lo jures. Te creo.

Mira, Noa, si te digo la verdad, a mí...

tu padre me da muy mal rollo.

-Es mucho peor de lo que te piensas.

¿Sabes por qué me he quedado en casa?

Para proteger a mi madre.

Ojalá se divorciasen.

¿Y seguro que no quieres que vaya?

Vale, pues mañana a primera hora nos vemos.

Intenta descansar. Un besito.

Era Germán, ¿no?

Sí.

Le han dado muchas pastillas y dice que le duele menos,

que se iba a dormir ya.

¿Y los médicos qué dicen?

Nada nuevo.

Mañana se pasarán a verlo.

Cada vez que lo pienso...

¿Cómo has podido mandar a que le den una paliza a tu hijo?

Ya te he dicho que no era mi intención.

Mi intención era, simplemente, que se llevara un susto.

Lo que fuera. Así no se arreglan las cosas, Elías.

¡Tu hijo está en el hospital por tu culpa!

Y tú no haces más que empeorarlo todo.

Bueno, todo no.

Ha dicho que después de esto se va a plantear muchas cosas.

¿Ah, sí? Sí.

¿Cómo reaccionará cuando se entere de lo que montaste?

A lo mejor ahora sí que lo perdemos para siempre.

Es que no se va a enterar.

Ya.

¿Y qué es lo que quieres? ¿Que yo no se lo cuente?

¿Y por qué ibas a contárselo?

Porque es la verdad

y tiene derecho a saberla.

¿La verdad? Sí.

¿Te interesa mucho la verdad?

Sí.

A lo mejor va siendo hora

de que te enteres de la historia entera.

¿Qué quieres decir?

¡Que tu hijo se prostituye!

Sí. ¡Lo he visto en Internet! He visto el anuncio.

Él me lo ha reconocido. ¿De dónde te crees que sacaba

para la ropa, las fiestas...? ¿De dónde coño lo iba sacar?

¿Qué querías, que dejara que siguiera con esa vida?

¿Autodestruyéndose?

¿Que seguramente me he equivocado? Sí.

¿Que no era la forma? De acuerdo. Pero ¿tú? ¿Tú qué hubieras hecho?

Tu padre tiene razón.

Tú no sabes darte a respetar delante de tus hombres.

¿Qué quieres que haga?

¿Qué hago?

No lo puedo denunciar, lo contraté yo.

Pues no lo sé,

pero ese animal le ha dado una paliza de muerte a tu hijo.

¿Qué crees que quiero que hagas?

¿Darle un abracito?

¿Tú qué te crees?

Que yo no le quiero partir las piernas a ese imbécil, ¿eh?

Pero no serviría de nada, Adela.

Elías.

Haz lo que tienes que hacer.

Es que no lo entiendo. ¿Has pasado de ligarte a Jesús de la Cruz

para sacarle la pasta para la reforma de la casa de Comillas

a pagarle las mariscadas? No lo entiendo.

-Ya lo ves, que tengo otros planes. Voy a vivir la vida.

No voy a darte más explicaciones, Carmen.

-No estás cumpliendo con tu palabra y te advertí de las consecuencias.

"¿De qué estás hablando?" De las obras del mercado.

"¿O creías que no me iba a enterar?

Yo tenía que empezar esas obras para asegurarme la presidencia,

pero es puro paripé, no se van a terminar en la vida, hombre.

Más te vale.

No te conviene hacer que me arrepienta

de haber confiado en ti. Te lo aseguro.

-¡Que me ha tocado! -Quita, hombre.

-¡No hagas planes!

Gracias a las cervezas sin alcohol, nos vamos a Londres.

-¿Qué? -¿En serio?

-¡No me lo puedo creer! -Sí.

Yo no me puedo creer

que vayas a traicionarme por... -Sí.

-Un día le pillé cotilleándole el móvil mientras estaba en la ducha.

¡Es que mi madre no se da cuenta de nada!

Parece que soy la única que le ha visto su otra cara.

¿Qué? No te acabas de creer que mi padre sea así, ¿no?

-No, es que... -Ayúdame a desenmascararle, Lore.

Así lo verás tú con tus propios ojos.

-Alguien ha metido la mano la cajita.

-No puede ser, Cristina.

Nadie puede haberse colado detrás de la barra.

Yo y Doménico en ningún momento la dejamos abierta.

-Claro que no.

-Si no ha sido ningún cliente, habrá sido alguno de dentro.

-¿Alguien del personal? Tendría sentido.

-Vais a tener tantas cosas que hacer y que ver

que no te dará tiempo para aburrirte de él.

-Ya, pero no son los días lo que me preocupa.

Son las noches, ¿sabes?

-Ya. Hablamos de sexo, ¿no?

-Es que no sé si va a pasar algo o no,

porque ya no sé si Samu puede... Ya sabes.

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Mercado Central - Capítulo 26

28 oct 2019

Nacho manipula la situación en casa. Noa le confiesa a su tía Lorena la verdad sobre su marcha.
Germán está en el hospital. Elías confiesa a Adela la verdad sobre el ataque a su hijo.
Valeria le devuelve el dinero a Jesús.
Doménico le deja claro a Cristina que entre ellos no puede haber nada, pero Cristina se muestra esperanzada cuando Paolo le cuenta que Doménico está enamorado de alguien.
Jonathan rompe su acuerdo monetario con Nicolás, pero éste está decidido a separar a Carla y a Samuel.

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