Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 25 - ver ahora
Transcripción completa

Carla es la hermana de Laura Rivas.

-Mmm...

-La chica que murió en el accidente que dejó paralítico a tu hijo.

-Quería regalarte una experiencia inolvidable y mira.

-Sí, no lo voy a olvidar,

pero preferiría que me llevases a un restaurante.

¿Cómo pensaste que me podía gustar algo así?

Si no me subo ni a la noria.

-Comprenderás que si algún día, por la razón que sea,

la vida me pone en la tesitura de tener que elegir entre los dos,

elegiré a mi hija.

Es muy importante que lo tengas claro.

-Y espero que te guste, ¿vale?

-Estos días he estado pensando

en lo mucho que he echado de menos mi vida y a mi gente.

Así que no me pienso ir a ningún lado.

¡Germán!

¡Germán!

¿Qué quieres? Ven aquí.

Estoy saliendo de la ducha.

¡Que vengas aquí, coño! ¡O vienes o voy yo por ti!

Qué pesado, que ya voy.

¿Qué pasa? Lo tienes que decir todo a gritos.

Qué plasta, colega. ¿Qué?

(GRITA) ¿Esto qué coño es? ¿Que qué es esto?

De aquí sacas el dinero, ¿no? ¡Contéstame!

De aquí sacas el dinero, ¿no?

¿No me lo vas a negar siquiera?

¿Qué pasa, Germán? ¿Qué pasa, coño?

¿Le debes dinero a alguien o algo? ¡Dímelo, hostia!

No, no. ¿Entonces?

Lo estás haciendo ya para joderme definitivamente, ¿no?

"¡Me voy a cargar a mi padre!".

No, para sacarme algo de pasta. Ya está, papá.

Te estás drogando, ¿no? Dime la verdad.

Te estás drogando. No me meto nada.

No me tomes por gilipollas, que te hago análisis de sangre.

Vale, alguna "pasti" me tomo de vez en cuando,

pero este dinero no es para drogas.

Es para mis gastos, para no estar pidiéndoos.

Pero ¿qué gastos? Pero ¿qué gastos, coño? ¿Qué gastos?

¿Cuánto llevas haciéndolo?

Solo... lo he hecho cinco o seis veces.

¿Solo cinco o seis veces?

Pero ¿con quién? ¿Qué clase de tíos te tocan? Joder.

Normales, que necesitan que les escuchen.

Pero ¿qué escuchar, gilipollas?

¡Si uno quiere que le escuchen, va al psicólogo, a la iglesia!

(Puerta)

¡Se escuchan los gritos desde el ascensor!

¿Se puede saber qué pasa ahora? ¿Que qué pasa? ¿Que qué pasa?

Pues qué va a pasar, lo de siempre, el niño.

Todo el día flojeando, vagueando... No aguanto más.

Germán, tienes que ponerte las pilas pero ya, ¿eh?

¿Desde cuándo llevas a la sopa boba?

No queréis que me toque los huevos,

pero no tengo curro por vuestra culpa.

¡No me toques los huevos tú a mí! ¡Elías!

Lo único que queremos es que vuelvas a estudiar.

Otra vez con lo mismo...

Y las veces que haga falta, niño, las veces que haga falta.

Pues... Lo siento, lo siento, pero paso.

Es que estoy harto de discutir siempre por lo mismo.

Paso. ¿Y te crees que nosotros no?

Mira, vamos a hacer una cosa.

Nos ahorramos diez minutos de "a ver quién grita más"

y yo me voy a mi cuarto, que es donde termino siempre y...

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Llevo unos días queriéndote preguntar una cosa, Noa.

Durante todo este tiempo que has estado fuera,

¿a ti te ha pasado algo?

-¿Algo de qué?

-No sé, es que te noto rara.

-Bueno, mamá, tú misma lo has dicho.

Es que son muchos cambios en muy poco tiempo.

-Ya, pero como no me has contado nada de tu vida:

qué has hecho, dónde has estado, con quién...

-No, tranquila, ya... ya tendremos tiempo.

Pero tampoco es que haya mucho que contar.

-Madre mía, es que no me puedo creer que estés aquí.

¿Me das un abrazo?

-Sí.

-(SUSPIRA) Te he echado tanto de menos, cariño.

Lo he pasado fatal.

Pero esto es lo que a mí me daba fuerzas: saber que algún día

volvería a abrazarte, que estarías aquí,

las dos, sentadas en el sofá.

Germán. Germán, espera, hijo.

No tengo nada que hablar contigo. Pero yo sí.

Muy bien, dime lo que quieras.

Pero te advierto una cosa: como me vuelvas a tocar un pelo,

te la devuelvo.

Te dejaré una cosa clara:

no consentiré que tu madre se entere de lo que haces.

No se lo digas, yo no se lo pienso decir.

No vas a volver a hacerlo.

Lo que yo haga no es asunto tuyo. Yo creo que sí.

Y, desde ahora, o vuelves a los estudios o te denuncio.

¿Pero tú te estás escuchando?

¿Me vas a denunciar por salir de paseo con tíos,

por dejar que me inviten a cenar o por acostarme con ellos?

Porque, aunque te joda, no es delito ninguna de las tres cosas.

Sabes que soy perfectamente capaz

de meterte droga en la mochila y denunciarte.

Prefiero ver a mi hijo en la cárcel que verlo cómo hace la calle.

"Cómo hace la calle".

Papá, eres un casposo, colega.

Estás avisado.

(DAVID) Dices que haga cosas nuevas y una que me gusta...

Llevar pedidos a los vecinos del barrio, ¿eso te gusta?

¿Ser el recadero de Jorge?

Sí, tengo un mapa y me gusta andar. (SUSPIRA)

Y eso fomenta mi independencia, como dicen en el cole.

Mira, he dicho que no y es que no.

Pero ¿por qué no? Pues porque lo digo yo, y punto.

Oye, David. David, ¡David!

(SUSPIRA)

Hemos empezado bien el día, ¿no?

Hola. Yo acabo de discutir con mi hijo.

Mira, es que hay veces que...

De verdad.

Completamente de acuerdo.

Pero palabra por palabra.

(SUSPIRA)

Buenos días. Qué familia más madrugadora, ¿no?

-¿Qué pasa, que tú tampoco podías dormir?

-No, me despertaste al levantarte.

-Ay, lo siento.

He intentado no hacer ruido, ¿eh? -No pasa nada.

Tengo cosas que hacer. ¿Quién quiere un café?

-¡Yo! -Yo no, gracias.

-Voy al baño y te lo preparo. -¿Qué vas a hacer hoy?

-Pues no sé, todavía es muy temprano para hacer planes.

-Hay una exposición en el Thyssen.

"Los impresionistas y la fotografía". Me he acordado de ti.

Porque sé que te gusta mucho.

¿Qué te parece si vamos estar tarde, las dos?

-Pues me apetece mucho, mamá,

pero no sé si quiero pasarme toda la tarde en un museo.

-Ay, venga, que yo tengo muchas ganas de ir.

Bueno, tengo ganas de ir y de estar contigo.

Las dos, solas.

-Ya, pero pensaba quedar con mis amigos,

que hace mucho que no les veo.

-Te puedo asegurar que tus amigos

no te han echado de menos tanto como tu madre.

-Ya, pero es que hay algunos que ni siquiera he visto aún.

-Vale, vale, no te voy a agobiar.

-Venga, anda, ya quedaré con ellos.

-¿Sí? (RÍE)

-¿Esa exposición hasta cuándo está?

-Pues hasta enero, creo.

-Pues deja que se vaya con sus amigos.

Tiene que recuperar sus rutinas.

Ver a su gente, divertirse.

Sin pasarse, ¿eh?

Que ayer con Germán la liasteis parda.

Ya iréis otro día, ¿mmm?

-Sí, claro, claro.

-¿Sí? -Sí, no hay prisa.

-¿Lo dejamos para otro día entonces? -Sí.

-Pues me voy a duchar, a ver si me espabilo.

(NACHO SUSPIRA)

-¿Crees que he estado muy pesada?

-No, es normal que quieras pasar tiempo con ella.

Como también que ella quiera pasarlo con sus amigos.

Es ley de vida.

-Gracias, cariño.

Sé que no te parecía una buena idea que volviera.

Pero, ya ves, si todos ponemos de nuestra parte,

esto va a ir muy bien.

-Seguro. -Oye.

¿Tú no me ibas a hacer un café?

-Oh, marchando.

(SUSPIRA)

Yo sueño con que algún día Germán tenga ya la vida ordenada, ¿sabes?

No sé, con un trabajo fijo,

con su casa, con su pareja, la que sea.

Pero, claro, no está muy por la labor el niño.

Ya, pues imagínate David.

Aparte de la edad que tiene, súmale la falta de su padre

y, encima, el ásperger y echa cuentas.

Tú, por lo menos, tienes un diagnóstico,

el mío no sé ni lo que tiene.

¿Tan mal está la cosa?

Inenarrable.

Bueno, vamos a cambiar de tema. Sí.

Parece una competición del hijo más difícil.

Si es que todos los padres tienen problemas con sus hijos.

Lo que pasa que algunos los aceptamos

y otros compiten para ser los padres del año.

Calla, estos son los que organizan

una fiesta de cumpleaños solo para su hijo.

"Fiesta en el parque de bolas, pero solo para el mío".

"¿No podemos ir todos?". "No, es que el mío es especial".

Qué barbaridad.

Venga, te invito a un café

y así seguimos criticando a los padres y a los niños.

O a los nuestros, que es mejor. (RÍE) No, muchas gracias.

Para hablar de tu hijo, mejor con tu mujer.

Termino de limpiar y te dejo, ¿vale?

-Sé lo que haces aquí.

-¿Limpiar?

-No te pases de lista.

Sé que has venido al Mercado buscando a Samuel.

-No sé por dónde va esto, pero no me gusta ni un pelo.

-Claro, una chica joven, guapa, "espabilá"

no ha encontrado trabajo en todo Madrid,

solo aquí, en el Mercado Central.

-Pues eso mismo digo yo.

Si sabes otro curro mejor, me lo dices.

-A mí no me hace gracia. Quiero que te alejes de Samuel.

-Mira, no sé a qué viene esto, no te entiendo.

Anoche estábamos de buen rollo y de repente...

-Luego me enteré de quién eres.

Eres la hermana de Laura Rivas.

No sé qué pretendes acercándote a mi hijo,

pero no me gusta.

-Samu es mayorcito para saber a quién debe acercarse y a quién no.

-Como si tiene cien años, le protegeré toda la vida.

Así que te voy a pedir, no, te voy a exigir que le dejes en paz.

-¿Protegerle de qué? Yo no quiero hacerle ningún daño.

-Claro, ya lo hemos visto.

-No sabes cómo me arrepiento

de haberle empujado el otro día. -No.

No me preocupa ese dolor,

me preocupa un daño que le puedas hacer emocional.

Samuel vivió un infierno después del accidente.

Y salió gracias a su padre y a mí.

Y ninguno queremos que vuelva a hundirse.

-¿Y te crees que yo no? -Conozco a mi hijo.

Y ahora lo entiendo todo.

Desde que tú das vueltas por aquí,

se le han abierto heridas que estaban cerradas.

-Igual ahora no te acuerdas,

pero yo perdí a una hermana en ese accidente.

Y no era ella precisamente la que iba borracha conduciendo.

-No, ¡y mi hijo tampoco!

Y se quedó en una silla de ruedas sin tener culpa ninguna.

El que conducía era José, el chaval que se murió.

-¡Ya lo sé, pero Samu y Jona pasaron toda la noche de farra con él,

bebiendo y metiéndose de todo!

¡Y mi hermana salía del curro!

¡Se pedía todos los turnos en el hospital

para poder sostener a mi familia, a mi hermana y a mí!

Samu no fue el único que perdió algo esa noche, ¿sabes?

Ni el único que lo pasó muy mal.

Yo tampoco quería acercarme a él, pero las cosas,

yo qué sé, han surgido así, y nos ha costado mucho,

un huevo, pero lo hemos conseguido,

hemos intentado dejarlo todo atrás y ser amigos.

Así que no entiendo por qué tienes que venir ahora a separarnos.

-Porque quiero lo mejor para él.

Y, si lo que dices es verdad y eres su amiga,

deberías dejarle en paz.

No le haces ningún bien.

(Puerta)

¿Qué quieres?

-Hombre, yo también me alegro de verte.

No, que quería saber cómo estás.

No te veo desde que te sacaron de aquí en ambulancia

y como no contestas a mis mensajes...

-Pues por algo será, ¿no?

No, estoy mejor.

El médico se empeña en que lleve esto,

pero he venido a trabajar.

Ya casi no me duele.

-¿Cuánto tiempo tienes que llevarlo?

-Un poco, depende de cómo evolucione.

-Pues a lo mejor evolucionarías más rápido

estando en casa reposando y no cortando costillas aquí.

-Eso no es asunto tuyo.

Así que déjame en paz, que ya sé cuidarme yo solita.

-Vale, vale, vale, ya me voy.

Pero, espera, que te tengo que...

Yo no sé dónde lo tengo...

Ah, aquí está, sí.

Mira, es la tarjeta de una fisio a la que voy yo de vez en cuando.

Y hace milagros.

-No, gracias.

Ya sé a qué tipo de fisioterapeutas vas tú.

-Valeria, no me gustaría dejar las cosas así.

-¿Así cómo? -Así, sin aclarar.

Lo que te dije el otro día no es verdad del todo.

Disfruto mucho de tu compañía, sí.

Pero no te veo solo como amiga.

Tienes la habilidad de sorprenderme y hacerme reír.

Y, además, me pareces una mujer muy atractiva.

Quería que lo supieras.

-Bueno, pues ya lo sé.

-¿Qué te parece si retomamos lo que fuera que teníamos

y... y donde lo dejamos?

-Es que no teníamos nada.

Tú lo dejaste bien claro.

-Ya te he dicho que lo siento. -No, no lo has dicho.

Has dicho que mentiste el otro día, no que lo sientas.

-Vale, pues lo siento.

Y perdona si no he sido sincero.

¿Qué? ¿Podemos seguir viéndonos?

-Mmm. Aquí en el Mercado, cuando quieras.

Ahora, si te refieres a vernos de otra manera,

gracias, pero no.

-Bueno, no tenemos que formalizar nada si no quieres.

Podemos tomárnoslo con calma.

Seguir divirtiéndonos juntos.

-Yo no quiero compartir mi tiempo

con alguien que se avergüenza de mí por tener la edad que tengo.

Y, sobre todo, no quiero fingir que soy quien no soy

para gustarle a alguien.

-Yo no te he pedido que finjas nada.

Me gustas como eres.

-Y a mí me gusta el pasodoble de toda la vida,

el de bailar agarrado, no la salsa fusión esa.

-Tampoco me gusta la salsa fusión.

Si hace dos días no sabía lo que era.

-¡Si no te importa, tengo un puesto que atender!

(NOA) Gracias.

-¿Gracias por...? -(RIENDO) ¿Por?

(SUSPIRA) Pues por todo, Jona.

Por cubrirme,

por estar siempre ahí.

Sé que lo has tenido que pasar fatal teniendo que mentir por mi culpa.

-La verdad es que ha sido un poco movida.

-Ya.

-Pero, bueno, yo también siento haberte fallado.

Tu tía me tendió una trampa y caí como un gilipollas.

-Anda, no digas tonterías, bastante hiciste ya.

-¿Y... cómo van las cosas por casa?

¿Mejor?

-Bueno, parece que mejor.

Al menos, lo estamos intentando.

-Entonces...

¿Te... te quedas?

¿Sí?

-Me quedo. -¿Sí? ¡Sí!

Ven aquí.

¿No venís a la asamblea?

Es que alguien tiene que quedarse.

Bueno, por un ratito que cierres no creo que pase nada.

Me parece que este no es el lugar apropiado

para pedir votos en contra de mi hijo.

Jesús, no he venido a pedir nada.

Creo que la asamblea es importante. Cuantos más estemos, mejor.

Tiene gracia.

El último en llegar nos dice a los que llevamos toda la vida

lo que es importante para el Mercado.

(SUSPIRA) Bueno, haced lo que queráis, ¿eh?

-Esto hay que celebrarlo, ¿no? -Hombre, ya te digo.

-¿Por qué no nos vamos a la Fuente de la Reina

y hacemos botellón como antes y lo celebramos?

-Tío, qué cutre. -¿Cutre? ¿Ahora vas de pija?

Si nos lo hemos pasado allí de puta madre.

Pero, bueno, claro, lo mismo tú ya ni te acuerdas.

Porque te pillabas allí cada ciego que para qué.

-Ah, yo sola, ¿no? -Sí, sí, tú sola.

-Sí, pues sí que me acuerdo, sí. -Sí, ¿de todo? ¿Eh?

¿De la noche que acabamos dentro de la fuente también?

¿Eh? -Bueno.

Pues sí me acuerdo, sí. -Sí, seguro.

-Si acabamos liándonos. No me voy a acordar.

-Pues... Sí, sí que te acuerdas.

-Claro. -Yo pensaba que no te acordabas.

Porque como luego nunca lo hablamos.

-Bueno, tío, porque fue una cosa, pues eso, de niñatos que van ciegos.

-¿Sí? De niñatos que van ciegos. (RESOPLA)

Pues yo me quedé un tiempecillo pillado contigo.

-¿En serio?

-Bueno, a ver, tampoco te vengas arriba,

pillado en plan: "Pues... pues esta tía tiene un polvazo".

Tampoco es que me enamorara ni nada.

-Ya, ya. -Sí, sí.

-Pues sí que lo pasábamos bien, sí.

-Sí, tía. -Lo echo de menos, ¿sabes?

-¿Lo echas de menos?

Oye, pues podemos volver.

Esta noche te recojo,

pillamos unas birras y hacemos botellón allí.

Como en los viejos tiempos.

-Venga. Pero una cosa.

-¿Qué?

-¿De verdad no me vas a dar un trozo de bocata?

¡Con la pintaca que tiene!

-Oye, pero ¿que tienes hambre o qué?

-Mmm. Y lo tenías ahí escondido.

Es que eres mala persona. -Oye, que estoy en mi descanso.

Dame mi bocata, me vas a matar de hambre.

(Algo cae)

¡Me cago en la leche!

A ver, Jesús, si no quieres contarme lo que te pasa, no me lo cuentes,

pero está claro que a ti te pasa algo.

Perdona, pero no es cosa tuya.

Pues no sé yo qué decirte.

Si vas a estar de ese mal humor y soltando tacos,

a lo mejor es cosa mía.

Y, además, que no me gusta verte así y no poder ayudarte.

Es un asunto de faldas.

No me digas.

¿Qué? ¿Un amor no correspondido?

Algo así.

He metido la pata con alguien que me importa.

Hasta el fondo la he metido.

Qué novedad, yo pensaba que tú no tenías ese tipo de relaciones.

¿Qué tipo? Pues no sé, serias.

Pensaba que te echabas rolletes y cada uno por su lado.

Hasta ahora ha sido así.

Oye, no te habrás quedado pillado con una jovencita de esas de...

Qué va.

Ay, Dios mío. Que has dejado a una embarazada.

Para, para, que, cuando se te dispara la imaginación, eres un peligro.

No, no van por ahí los tiros.

Ay, pues, chico, si no me cuentas...

Bueno, te voy a contar.

Pero me gustaría que no saliera de aquí.

Entre nosotros.

Ni a Elías, ¿eh?

Ni a Elías. ¿Seguro?

Prometido.

Bueno, pues hace unos días

empecé una relación con alguien de mi quinta.

Ella iba muy rápido.

Y yo le pedí que fuera más despacio.

Y, claro, me ha mandado a tomar viento.

Y no sé cómo arreglarlo.

Ni si merece la pena.

Hombre, Jesús, pues cómo no va a merecer la pena.

Mira, ya sé que suena a topicazo,

pero hay trenes que solo pasan una vez en la vida.

Y, perdona, pero a tu edad cada vez van quedando menos trenes.

Hombre, gracias. Es que es verdad.

Te conozco desde hace... ¿qué? ¿Treinta años?

Y desde que se murió tu mujer

es la primera vez que veo que te tomas en serio una relación.

Jesús, si esa mujer te importa, si no es una más, ¿qué duda tienes?

No, si la que duda es ella.

Ah, pues, entonces, ya sabes,

pico y pala y a trabajártela, siempre se ha hecho.

No sé si estoy en edad para hacer esas tonterías.

Hombre, si fueran tonterías no estarías así.

Jesús.

Que, si te importa, tendrás que luchar por ella, ¿o no?

Cuando tienes razón, tienes razón. Tendré que currármelo.

Pues sí.

Gracias.

No, si yo lo digo por mí.

Porque otra mañana así contigo y con ese careto

y pido la baja por depresión.

Lo tomabas solo, ¿no?

Sí, gracias, pero no... no quiero.

¿Y David? En el cole, ¿no?

Sí, claro.

Oye, ¿por qué has metido a David en todo esto?

¿Dónde he metido yo a David?

Él no tiene por qué pagar por lo que pasó entre nosotros.

Creo que le hacía ilusión ser repartidor.

Chico de los recados.

Mira, llámalo como quieras.

Era una buena oportunidad para que socializara.

¿Por qué le has dicho que no?

Pues, la verdad, Jorge, pensé que podías estar incómodo

y he preferido que no...

¿Ahora te preocupas por lo que yo sienta?

Un poco tarde, ¿no?

Bueno, a ver, ¿nos vamos callando, por favor?

La reunión de hoy es para elegir

un nuevo representante para la asociación.

Ya veo que estáis casi todos los propietarios,

faltan algunos, pero yo he avisado a todo el mundo.

Elías y Jorge son los nuevos candidatos.

Y, si queréis, empezamos y les damos la palabra.

¿Bien? Venga, pues todo vuestro. Vale, gracias, hermana.

Bueno,

ya nos conocéis a la familia De la Cruz.

Llevamos toda la vida en el Mercado dejándonos la piel,

trabajando día a día, luchando.

Resulta que mi hermana, por cuestiones personales,

no puede seguir siendo la presidenta

y ella sabe, igual que sabéis todos,

que yo voy a hacer lo imposible

para que no se cierre el Mercado Central, ¿mmm?

Jorge ha tenido la peregrina idea de proponer una votación.

Que, si queréis, la hacemos, aunque a mí me parece absurdo.

No sé dónde ves lo absurdo en otro candidato

que crea que puede gestionar mejor que tú el Mercado.

Ya, pero es que no puedes.

Tú no puedes.

No conoces esto como yo.

No tienes mis contactos, no puedes.

Que, por otra parte, ya que estamos, quiero anunciaros que,

para agilizar la reforma con el Ayuntamiento

y todos los trámites

he decidido patrocinar de mi bolsillo

la instalación del aire acondicionado.

(CARMEN) Ah. Sí. -Qué bueno.

-Bueno, es estupendo, ¿no? (PAOLO) Muy bien, ¿eh?

(LEE) "Elsa, a través del espejo, contemplaba la habitación,

que solo unos meses antes le había parecido fría e impersonal

y ahora sentía tan cercana.

El hombre, sentado en un rincón,

fumaba lentamente y paseaba la mirada sobre el cuerpo desnudo de ella.

Elsa se sentía en paz,

como si siempre hubiese pertenecido a ese lugar".

-Buenos días.

¡Hola!

-Ay, un momentín.

Ay. Dime.

-Si estás muy ocupada, vuelvo en otro momento.

-Ay, perdona.

Disfruto con este libro como hacía tiempo que no me pasaba.

-Sí, a veces crees que lo tienes leído todo

y de repente viene alguien y te sorprende.

¿Eh? -¿Alguien?

-Algún libro, quería decir.

-Ah, sí. -Oye, ¿de qué va?

-No es de lo que va, sino de cómo lo cuenta la autora.

Es como si me conociera.

Como si sintiera lo que siento yo ahora mismo.

-¿Y qué sientes tú ahora mismo?

-Es que es muy largo de explicar, pero...

Si quieres, cuando lo acabe de leer, te lo dejo.

¿Eh? -Bueno.

-¿Qué? ¿Te pongo un ramito de flores para una de tus conquistas?

-No, quiero algo especial.

-¿Cómo de especial? -Mucho.

Algo elegante pero no demasiado serio.

Con clase y original.

-Ah, pues muy bien. Cómo ha cambiado el cuento, ¿eh?

¿Qué fue de eso de "un ramito de flores cualquiera"?

-Bueno, la gente evoluciona.

-Eso está muy bien.

Pues espérate... Mira, tengo por aquí... Aquí está.

El catálogo de ramos especiales. -Ah.

A ver.

Este, quiero este.

-Muy buen gusto, sí, señor, pero ¿has visto el precio?

-Me da igual lo que valga, es para alguien importante para mí.

-Bueno, eso está muy bien. Espero que no tengas mucha prisa.

Hay flores de aquí que no las tengo.

Y son muy difíciles de conseguir,

a lo mejor tardo días en encontrarlas.

-¿Y si haces unas llamadas y dices que es muy urgente?

-Es que mañana no es día de repartos.

-Bueno.

Toma.

Para que pagues un chaval de esos que atraviesan Madrid en bicicleta

y te traen lo que quieras.

-Sí que tienes interés, sí.

(Puerta)

(SAMUEL) Bueno, bueno.

(Puerta)

¿Escaqueándote del trabajo a estas horas?

-Que ya he terminado. -No, si a mí me da igual.

Yo vengo a lo mismo.

-Yo pensaba que para buscarme a mí.

-Hombre, a ver, eso un poco también, ¿eh?

Me sorprende que lleves aquí un mes

y ya te sabes los escondites para descansar, ¿eh?

-Que no, que estaba...

Te estaba esperando para empujarte la silla

si necesitabas, pero ya veo que no.

-Espera, mira.

Mira, ¿eh?

Tenía que haberte hecho caso antes de ir al médico.

Me ha dejado el hombro... ¡Ah! -¿Qué te pasa?

-¡Ah, mierda! -¿Qué pasa?

¿Dónde? ¿Dónde? -(RÍE)

-Eres idiota, tío.

-Quería conseguir que te acercaras.

Y te has acercado. -No me hace gracia.

-Vale, perdón.

-(RESOPLA Y CHASQUEA LA LENGUA)

¡Pero qué maravilla! A ver, perdonad.

¿No veis lo que hace Elías?

(CARMEN) Sí, claro, ahorrarnos un dineral.

El aire acondicionado cuesta un pico. Oye.

¿Esos aparatos tienen calor también?

Sí, hombre, un condensador frío-calor.

Ay, por favor, voy a extrañar muchísimo

lo de asfixiarme en verano y helarme en invierno.

-A lo bueno se acostumbra uno rápido,

ya lo verás.

-No te saldrá barata, ¿lo has pensado bien?

Sí, sí, está bien pensado, bien presupuestado...

La instalación general, de todo el mercado,

corre de mi cuenta, ¿mmm?

A lo mejor cada uno tiene que pagar el "split" que ponga en su puesto.

Si hay alguien que de momento no tenga ese dinero,

yo se lo adelanto y me lo dará, ¿eh?

(PAOLO) Bravo, Elías.

Así para mí se acaba lo de tener una toallita detrás del mostrador

para secar el sudor... (RÍE)

...sin que me vean los clientes. ¿No lo veis?

Está comprando los votos.

¿Y tú de qué vas?

Perdona, pero esto lo tenía decidido antes de pensar en ser presidente.

¿Y lo comunicas ahora, justo antes de una votación?

Sí, ¿por qué no? Es un buen momento.

Estamos todos reunidos, es muy difícil reunirnos.

Por otra parte, quiero que sepáis que esto lo hago

porque me da la gana, porque quiero.

Para mí, el Mercado Central es muy importante.

Independientemente del resultado de la votación, lo voy a hacer.

Pues, mira, genial, yo ofrezco lo mismo.

El aire acondicionado para todos. Ya lo paga Elías.

Seguiré defendiendo este mercado le pese a quien le pese.

Yo no tengo tu dinero, Elías,

pero ofrezco mi determinación, mi entrega

y, sobre todo, mi integridad.

¿Qué estás diciendo, que yo no la tengo?

No lo sé, el movimiento se demuestra andando, Elías.

¿Y qué llevo haciendo yo toda mi puta vida? ¿Eh?

Mucho antes de que tú supieras

de la existencia del Mercado Central.

Bueno, ¿votamos? ¿Votamos? Guapo.

No. No, no hace falta.

¿Para qué?

Visto lo visto, no tiene ningún sentido.

(ROSA SUSPIRA)

Enhorabuena. Muchas gracias.

De nada.

¿Qué?

¿Una cervecita?

Venga, va.

Invita el nuevo presidente de la Asociación de Comerciantes.

Vamos. -Enhorabuena.

Gracias, guapa.

(SUSPIRA) Nos hemos quedado sin monedas.

¿Me puedes cambiar?

¿Tienes el cambio para la pizzería?

-¿Por qué me has regalado ese libro?

-Por tu cumpleaños.

-No, pero ese en concreto.

-Ah, no te está gustando.

-Me está encantando. Nunca me había pasado con un libro.

Es como si...

Como si la autora me lo estuviera diciendo.

-Sí. -Como si supiera lo que yo siento.

Me identifico con su protagonista.

Siento...

sus inquietudes, sus miedos, sus deseos.

Bueno, algunos no sabía ni que los tenía.

-Yo lo leí hace muchos años,

pero no sabía por qué estaba tan seguro que te iba a gustar.

Bueno, no soy un hombre de muchos amigos,

pero sí de muchos libros.

-Pues has acertado de pleno.

Me faltan algunas páginas,

pero, si no se tuerce, se convertirá en mi libro favorito.

-Me alegro, de verdad.

-Es curioso, apenas me conoces y has dado en la diana.

-Bueno, algo de ti sí sé.

Sé que eres una mujer inteligente,

sensible, apasionada, con mucha iniciativa.

-Como la protagonista.

-Como la protagonista.

Y sé también que eres una mujer

que no se conforma con pasar por la vida como espectadora,

que sabe lo que quiere y va a por ello.

-Doménico.

Ay, Dios.

Cuando estoy contigo me pasa algo que siempre he odiado:

bajo la guardia.

-Eso es bueno, ¿no?

-Pues, para mí, no.

Yo no quiero que la vida me dé más patadas.

-Pero eso es algo que no se puede prever.

-Sí que se puede prever.

¿Nunca te han dado un puñetazo sin esperarlo?

-¿A quién? ¿A mí? ¿Qué dices?

-En los gimnasios me gusta hacer boxeo.

Y los monitores siempre dicen lo mismo:

siempre tienes que estar con la guardia alta.

Porque, si te dan un puñetazo y tienes la guardia baja,

te pueden mandar a la lona.

Pero, si te pillan con la guardia alta,

te duele mucho menos.

-Y tú vas siempre con la guardia alta.

-Desde lo de mi hermana, sí.

Samu, yo no me esperaba ese golpe, ¿sabes?

Y... me dejó hecha polvo.

Pero ¿sabes qué?

Estoy cansada de estar siempre

con esa coraza, ser la chica fuerte, a la que le da igual todo.

-No se puede estar todo el rato con la guardia alta.

-Lo que nos pasó fue una putada.

Lo que os pasó.

A ti, a mi hermana,

a José.

Pero, no sé, igual... Igual es verdad lo que dicen, ¿no?

Que de una cosa horrible puede salir algo bueno.

-A ver, a ver, espera, espera un momento.

A ver si me hago ilusión y me pongo a celebrarlo.

¿Te estás refiriendo... a ti y a mí?

¿A intentarlo?

-Lo que nos pasó fue una mierda.

Pero yo creo que podemos dejarlo atrás.

¿No crees?

-Podemos, podemos... Podemos dejarlo atrás, seguro.

Carla, tú me gustas mucho.

Eso sí, una cosa muy seria te voy a decir.

Si lo intentamos, esto no va a ser un rollete.

-Ah, ¿no? -No.

Si lo intentamos, esto va a ser a hostia.

Valeria.

-¿Qué quieres? -Son para ti.

-Te dejé claro que no quiero saber nada de ti.

-Espera, te quiero decir algo.

-Tienes tres minutos, tengo cosas que hacer.

-Bueno, he estado pensando lo que hablamos el otro día.

Y creo que la juventud es una etapa muy bonita

porque encuentras cosas nuevas y te parece todo maravilloso,

pero, según van pasando los años,

pues ya ves que no es todo tan maravilloso

y... y acabas siendo un desconfiado.

-¿Es lo que me querías decir? ¿Que hacerse mayor es una mierda?

Ya lo sabía, gracias.

-No, quería decirte

que has conseguido algo que ni los coches deportivos,

ni las mujeres jóvenes,

ni mi puesto en la empresa... -No, no, espera.

Creo que este va a ser un momento importante.

No quiero vivirlo con este trasto puesto.

-¿Te ayudo? Así. -No, espera. Ay.

Sí. -Ahí.

-Sigue, ¿por dónde ibas? -Yo sé por dónde iba.

Te estaba diciendo

que me haces sentir cosas que hace mucho tiempo que no sentía,

que vivir las cosas contigo es como vivirlas por primera vez,

como ser joven otra vez.

Y quiero que vivamos muchas cosas juntos.

Si vienes con ganas de discutir, paso.

¿Vale? -¿Y de invitarte a una cerveza?

-(RESOPLA) Trae, anda.

¿Sin alcohol?

-Sí, es que sortean un viaje a Londres.

Cuando la bebas, dame la etiqueta. -Qué tío.

Al final consigues que te perdone todo el mundo.

-Bueno, he conseguido eso y... un poco más.

-No.

-Estamos juntos.

-Ah.

-Hola. -Hola.

-¿Qué? ¿Ya te ha contado este?

-¿Que si me ha contado qué?

¿Lo de que al final te has quedado con el más capullo?

¿Con el que más te ha puteado? -Tampoco te pases, ¿eh?

-Estoy de coña, fiera.

Si me alegro mucho de que estéis juntos.

No, de verdad.

Tú, evidentemente, no sabes lo que te pierdes.

Te has equivocado mazo, pero...

De verdad, me alegro mucho, "bro".

Se acabaron los malos rollos.

-Gracias. -Pues ya está.

-¿Qué? ¿Al final te apuntas?

-Es que Noa y yo nos íbamos a ir de botellón juntos.

Sí. -Ah. Muy bien.

Bueno, no os hemos presentado.

Ella es Carla, mi novia. Noa.

-¿Qué novia ni qué novia, si no llevamos ni una tarde?

-Pero qué tarde, ¿eh?

-Anda, que tienes una telita tú...

-Bueno, soy Noa, encantada. -Hola.

¿Qué tal?

-¿Qué? ¿Os venís?

-No sé, es que tampoco queremos cortaros el rollo, ¿no?

-¿Pero qué rollo?

Anda, déjate de tonterías y veníos.

Hace mucho que no nos vemos.

-Ya. -Sí, venga.

Nos pillamos unas birras de verdad.

Solo tú compras esta mierda. -Y de comer, tengo hambre.

(JONA) Sí. (SAMU) Invitas tú.

(JONA) Sí. (NOA) ¡Que te calles!

(JONA) Invita a comida. (CARLA) ¡Anda, tira!

(JONA) A cerveza de verdad, yo qué sé.

(SAMU) Invitas tú, y punto.

Ven aquí. (JONA RÍE)

(Tormenta)

Ay, hola.

¿Has visto qué hora es?

Sí. Ya, es que tengo mucho lío.

¿Querías algo?

No.

Bueno, sí, quería...

Quería darte las gracias

por no haber ido a celebrar la victoria de Elías.

No te entiendo.

Sí, bueno, me parece un detalle.

Y significa mucho para mí.

Vamos a ver, no te equivoques, Jorge.

Es que esto no se trata ni de Elías ni de ti.

No es una competición entre los dos

y yo no soy una damisela que tengáis que conquistar.

No he ido a la celebración porque tengo muchas cosas que hacer.

Y no tienes que darme las gracias.

De la misma manera que no tendrías nada que reprocharme

de haberme ido a tomar una cerveza.

¿Lo entiendes?

Sí, claro.

Parece que contigo nunca sé cómo acertar.

Vale.

Si no te importa...

Sí, claro.

Madre mía, Nicolás, que te has pasado tres pueblos.

Estaba yo ahí tan tranquilo, tomándome... hidratándome,

y vienes con estas prisas, ¿qué es tan urgente?

-Estabas de botellón con Samuel, ese es el problema.

-¿Y? Ni que fuera un crío, macho. Se puede tomar un par de cervecitas.

-Bueno, depende de con quién. -Bueno, cuidado.

Que estábamos con Noa, y joder. -¿Y Carla no estaba?

-Bueno, yo he quedado con Noa,

si Samu ha quedado con alguien más, no lo sé.

-No, sí que lo sabes, os he visto iros juntos.

-Si nos has visto, ¿para qué preguntas?

-Porque quiero que me digas si Samuel y Carla están juntos.

-¿Y este interrogatorio? Pregúntaselo a ellos.

-¡Te lo pregunto a ti porque tú y yo tenemos un trato!

-Pues sí, están juntos.

Qué más da, tarde o temprano te ibas a enterar, ¿no?

-¿Y me lo dices así, tan tranquilo?

Vamos a ver, Jonathan.

(SUSPIRA) Tú y yo teníamos un trato.

-No, no teníamos nada.

Tú no querías que se acercaran,

pero yo no soy el cortarrollos de nadie.

-¿Y te parece que esa chica le conviene a Samu?

-¡Y yo qué sé, Nicolás, yo qué sé!

Sé es que no puedo impedir que Samuel haga su vida.

Que esté con Carla o con quien quiera.

-¡A ver, es que Carla no es una chica cualquiera!

¡Es la hermana de Laura Rivas!

-¿Crees que hace falta que me lo recuerdes?

-¿Y qué pasa si Samu se acuerda de lo que pasó en el accidente?

¡A ver si se te mete en la cabeza, Jonathan!

¡No voy a permitir que Samuel pase por el mismo infierno!

¡La quiero fuera de su vida!

-Que no tiene por qué enterarse.

Solo tú y yo sabemos que era Samuel el que conducía el coche.

Yo no se lo he dicho a nadie y te he jurado que no lo haré.

-¿Y qué pasa con Samuel? ¿Y si de repente lo recuerda?

-¿De repente, después de cuatro años?

Samuel no se acuerda de nada de aquella noche.

-Por Dios, no puede enterarse nunca, eso le mataría.

-Tranquilo, Nicolás.

Todo el mundo se tragó...

Incluso la policía se tragó que José era el que conducía.

Créeme, la verdad no se sabrá nunca.

-Eso espero.

¿Qué? ¿Trabajando hasta tarde?

Sí, he estado liada con lo de la subvención.

Oye, muchos papeles, ¿eh? Buah.

Si quieres te echo un cable, ¿eh?

No, bastante has hecho ya.

Así que presidente.

Pues sí, pues sí, eso parece, sí. Te eché de menos en la celebración.

Ya te digo que tenía mucho lío.

Pero enhorabuena. Muchas gracias.

Tampoco te creas que me hace demasiada ilusión,

yo, por el Mercado, vamos.

Me da pena por Jorge, no ha tenido opción.

¿Te ha sentado mal?

¿El qué? Que fuera tan claro con él.

No, no, no, para nada.

A mí me gusta la gente clara,

que dice las cosas como las siente, o sea, sin rodeos.

Pues muchas gracias.

Me gustan las mujeres que dicen las cosas como las sienten.

Y que hacen lo que quieren. No empecemos, ¿eh?

No va a pasar nada entre nosotros. Que sí, mujer, que ya lo sé.

Pero, mira, deja que te diga algo. Elías.

He estado casada muchos años,

pero no soy tonta y conozco a los tíos.

A ver qué me vas a decir.

¿Que soy especial? Pues sí, eso ya lo sé.

Tanto como otras, porque hay otras.

¿Y con ellas te ha funcionado?

Tú no me conoces, ese no es mi estilo.

Yo, cuando quiero algo, voy a por ello sin palabrerías.

Conmigo lo vas a tener crudo, y te lo digo de verdad.

No pierdas tu tiempo porque no vas a conseguir nada.

Los dos sabemos

que bajo esa apariencia de mujer dura, independiente,

tienes las mismas inseguridades que todos.

¿Que todos? Ay, por favor.

El todopoderoso Elías de la Cruz tiene inseguridades, no me digas.

Pues sí, sí, las tengo.

Y eres la primera persona a la que se las he confesado.

¿Lo dices por lo que me has contado de tu hijo?

Sí. Sí.

Pero hay más cosas que no le he contado a nadie.

¿Como cuáles?

Como que eres la primera mujer

que ha conseguido excitarme en mucho tiempo

sin tomar ninguna pastilla.

(SUSPIRA)

¿Esto era lo que me querías decir?

Mira, es que me siento muy violenta hablando de todo esto contigo,

así que... buenas noches.

¿De dónde vienes?

-De por ahí.

-Esa no es una respuesta.

-No tengo quince años, no tengo que decirte adónde voy.

-A mí me parece que sí.

Y con quién has estado, también.

-He estado de botellón con Jonathan, Samuel y otra amiga.

¿Contento?

-¿Qué otra amiga?

-Carla. No sé si la conoces, trabaja en el Mercado.

(Mensaje de móvil)

-Ha sonado un mensaje, ¿no miras de quién es?

-Luego.

Es Samuel, me manda una chorrada.

-Qué mal hemos empezado, ¿no?

Acabas de volver a casa y el primer día la lías con Germán.

Y hoy vuelves a salir hasta las tantas

con gente que ni conoces.

Y encima vienes oliendo a alcohol y contestándome con chulería.

-No te estoy hablando con chulería.

Y no huelo a alcohol, me he tomado dos cervezas.

-¿Dos cervezas te parecen pocas?

¿Entre semana?

-Si has sido tú el que me ha dicho que saliera,

que tenía que recuperar mis rutinas y pasármelo bien.

Me iba a ir a la exposición con mamá. -No me hables así.

-¿Pero cómo te estoy hablando?

Si te estoy hablando bien. -Por la cuenta que te trae.

Sabes que tienes todas las de perder.

(Mensaje de móvil)

(SUSURRA) Me voy a la cama.

No hagas ruido, no quiero que despiertes a tu madre.

(RESOPLA)

¿Qué? ¿No vienes a la cama?

¿Eh? No.

No, no, si es que no me entra el sueño.

Para estar dando vueltas y despertarte.

¿Es por algo del Mercado?

No.

Ya. Es por el niño, ¿no?

¿Cómo hemos llegado a esta situación?

Es por la edad, ya se le pasará.

O no.

O, a lo peor, cuando se le pase

ya es demasiado tarde y ha estropeado su vida.

No, ya verás como se arregla todo. ¿Tú crees?

Yo solo veo que va a peor.

Mira la discusión con mi hermana porque salió con la niña.

No te preocupes por Rosa.

Ya he hablado yo con ella y las cosas están bien.

Es que ya ni nos escucha.

Antes yo era el poli malo, tú, la poli buena,

pero es que ahora nos odia a los dos.

No, no nos odia.

Solo que no le van las cosas bien

y lo paga con quien tiene más cerca, ya está.

Dime la verdad.

¿Tú no crees que lo estamos perdiendo?

Puede que sí.

(Puerta)

Germán... Germán, ¿qué te ha pasado?

Germán, ¿qué ha pasado? Nada.

¿Cómo que nada? Si estás fatal.

Que me he peleado, no es para tanto.

Debe verte un médico. Me visto y te llevo.

Que no, mamá, no seas histérica, solo son unos golpes.

¿Y si tienes una hemorragia interna?

No iré a Urgencias en mitad de la noche

para que me digan que guarde reposo.

Si mañana me sigue doliendo, ya iré.

Pues claro que te va a doler mañana, y pasado.

Voy a por hielo.

Una pelea, ¿no?

Sí.

Un gilipollas que le iba buscando la boca a todo el mundo.

¿Y dónde?

¿A ti qué te importa?

Me importa. ¿Dónde?

En un bar que tú no conoces.

¿Y no ha salido nadie a ayudarte, ni a separaros ni nada?

No, la gente no se mete en peleas que no le conciernen.

¿Tú te crees que yo soy imbécil o qué, niño?

Te lo ha hecho uno de esos amiguitos que te busca por internet.

¿Quieres que se entere mamá? Ha sido un cliente.

¿A que ha sido un cliente?

Sí. Pero no se lo digas, por favor.

Manda huevos.

A ver, quítate la camiseta. No seas plasta, mamá.

Pero si estás fatal.

¿Quién te ha hecho esto?

Pues... unos yonquis.

Estarían con el mono.

Querían robarme la cartera y me han dado de hostias.

¿Y te la han robado? Sí, y la chupa.

Pues habrá que ir a denunciarlo. Hostia, mañana, ¿vale, mamá? Mañana.

Ahora necesito descansar.

Ahora le llevo un antiinflamatorio.

Oye, ¿tú no crees que te has pasado un poco?

Te dije que le dieras un susto y casi me lo matas.

No, no, no, de esto vamos a hablar tú y yo personalmente.

Se cabreó porque llegué tarde.

Me lo quitó de la mano, lo tiró al suelo y lo pisó.

-No, no te acuerdas bien porque ibas bebida.

Se me cayó cuando lo cogí para dártelo.

¡Adela! Oye.

Germán, ¡Germán!

Germán, ¿me oyes?

Sí. 112, Emergencias.

Haré todo para que tengas el novio que mereces.

-Bueno, eso espero, que sepas que estás a prueba.

-Qué pesadito, ¿eh?

-Seguirá llamándote hasta que le pagues.

Yo te lo presto, ya me lo devolverás cuando puedas.

-No, Jesús, de ninguna manera.

Vas a darme tú dinero...

-No, no, no te lo doy, es solo un préstamo.

Bah, no seas tonta.

Así nos quitamos ese pesado de en medio.

Tienes que tomar las riendas de tu vida, Celia.

No puedes estar aquí viendo pasar el tiempo,

sentada, quejándote y sin hacer nada.

Saco adelante a mi hijo, supero el suicidio de mi marido.

Si te parece no hacer nada...

Tú y yo tenemos que trabajar juntas,

este es el negocio de Elías y él es el jefe.

No, escúchame.

A partir de ahora,

tú y yo vamos a hablar lo imprescindible.

-¿Entonces qué es? ¿No trabajas a gusto conmigo?

-"Ma che...".

-No será un problema de mujeres, ¿eh?

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Mercado Central - Capítulo 25

25 oct 2019

Elías esconde a Adela el origen del dinero de Germán. Decide escarmentar a su hijo.
Jorge es humillado por Elías durante la votación de la presidencia.
Nacho desvela su verdadera naturaleza ante Noa.
Jesús confiesa sus verdaderos sentimientos por Valeria.
Cristina sufre estar cerca de Doménico.
El amor triunfa entre Samuel y Carla. Nicolás desvela la verdad sobre el accidente que dejó a Samuel en una silla de ruedas.
Jesús insiste en demostrarle a Valeria que está hecho un chaval.
Lorena revoluciona la pizzería y abruma a Doménico.
Samuel, Carla y Jonathan consolidan su amistad.

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