Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 24 - ver ahora
Transcripción completa

No, no estoy hablando de eso.

Le has dicho que hace dos días que lo sabes

y que callabas para protegerme. -He tenido que improvisar.

No tenía sentido que se enfadara con los dos.

-¡Ja!

Estabas con Elías y la otra noche no te fuiste sola a tomar esa copa.

No es asunto tuyo. No, no.

Claro que no, es tu vida.

Solo que no me gusta que me mientan.

Verme sufrir durante todo este tiempo

y no hacer nada.

¡Nada por evitarlo!

¡Eso no es por mi bien, eso es de ser un egoísta!

¡Ay! -Lo hablamos camino del hospital.

-¡No, tú no vienes a ningún sitio!

-¡Pero Carmen!

-¡No sé qué le pasa, pero la culpa la tienes tú!

¡Ay!

Cristina, felicidades. -Gracias.

-Por favor, deja eso, que ya me encargo yo.

-Se recoge cuando se levantan los clientes.

-Sí, estaba terminando de atender...

-No sé cómo te organizas.

Pero ¿esta es la imagen que queremos dar?

Una terraza así espanta a los clientes.

-Bueno, lo siento, Cristina.

No me ha dado tiempo a recoger esas mesas.

Solo tengo dos manos. -Mira, esto me suena a excusa.

Porque Paolo lleva años con la pizzería.

Y él puede solo con todo.

-Bueno, la verdad, no sé a qué viene todo esto.

Si hay algún problema, podemos hablarlo.

-¡Mira quién está ayudando a mi amigo!

Felicidades otra vez, amore mío.

Dome, perdona el retraso.

-No pasa nada.

-¿Dónde has estado?

-He tenido una reunión con un proveedor italiano de especias.

No sé si firmaré con él.

Huele esta albahaca.

-Huele muy bien, sí. Deja eso un momento

y ayuda a Doménico, que no puede con el trabajo.

-¿Todo bien por aquí? (CRISTINA ASIENTE)

-¿Bien?

Benissimo.

Voy a terminar de recoger la terraza.

No quiero que la mala imagen espante a los clientes.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¿Qué ha pasado con Doménico? La tensión cortaba el aire.

-¿Tú no lo ves? -¿Qué?

-¿Esto es forma de tener la terraza?

-Ha acabado ahora el turno de comidas.

Estaba él solo.

Es normal que se haya acumulado un poco de faena.

-Sabía que lo ibas a justificar.

Te ciega la amistad y no ves que no está a la altura.

-Pero... -No está.

-Pero si tú misma estabas encantada con él.

¿Es porque no ha recogido un par de mesas?

-Quieres mucho a tu amigo.

No eres objetivo. Él lo sabe y abusa de ti.

-Doménico se desloma de trabajo y tú lo sabes.

No tiene ningún sentido lo que estás diciendo.

-Es inútil, no quieres escuchar.

Nada. -¡Cristi!

¡Eh, va!

(SUSPIRA)

-Paolo.

¿Cristina te ha dicho por qué está tan enfadada conmigo?

-No, lo siento, Doménico.

No tengo ni idea de lo que le pasa a Cristina.

¿Habéis tenido algún roce cuando te ayudó en la pizzería?

-No, trabajamos muy bien juntos.

O así creía yo.

Pero está claro que hay un problema.

Me alegro de que no haya sido nada, cariño.

Sí, no te preocupes por la reunión.

Cuando termine, te llamo y te cuento.

Venga, un beso.

Y dale otro a mi suegra. Chao.

-¿Qué tal está Valeria?

-Bien, le han puesto un collarín

y le han mandado antiinflamatorios y reposo.

Se quedará con ella, creo.

A saber qué hacían para terminar con un collarín.

Eso me gustaría saber a mí. -Luego le preguntamos a papá.

Vamos a empezar, que ya está aquí todo el mundo.

Gracias por venir.

Siento haberos avisado con tan poco tiempo.

Pero necesitaba comunicaros mi decisión lo antes posible.

Bueno, como muchos de vosotros ya sabéis,

mi hija Noa ha vuelto a casa.

-Ha sido una alegría para todos. -Lo sé. Gracias, Nicolás.

Y espero que entendáis que lo primero ahora para mí

es pasar tiempo con mi hija.

-Claro. -Y centrarme en mi familia.

-Claro que sí, Rosa.

-Por eso he decidido delegar mis funciones

como presidenta de la asociación en mi hermano Elías.

Espero que estéis de acuerdo. -Creo que habría que consensuarlo.

-Nicolás.

-Vale, está bien, no está Carmen y yo no tengo voto.

Por mí, perfecto.

Me parece bien. -A mí también.

-¿Sí, estamos todos y todas de acuerdo?

No.

Yo no lo estoy.

No tiene derecho a ser presidente solo porque seas su hermana.

Si decide renunciar al cargo,

deberíamos elegir por votación quién es el nuevo presidente.

Por mí, no hay ningún problema. Lo hacemos.

Pero no creo que haya muchos candidatos

dispuestos a comerse este marrón.

Y si los hay, que levanten la mano los voluntarios, venga.

Muy bien, pues ya está.

¿En serio, Jorge?

Elías ya tiene bastante control sobre este mercado.

Ha llegado el momento de que alguien empiece a velar

por los intereses de los demás comerciantes.

Aquí todo el mundo sabe que no hay nadie más indicado

para velar por sus intereses que yo.

En cambio, tú no tienes nada que ofrecerles.

Dejemos que lo decidan ellos. Dejemos.

Bien, tenemos dos candidatos para la presidencia.

Pero sois muy pocos los propietarios que estáis aquí.

Si os parece, dejamos la votación para mañana.

Así me da tiempo de avisar a todos. ¿De acuerdo?

¿Cerramos la sesión hoy? -Gracias, Rosa.

-Pues perfecto. Gracias a todos y a todas.

Nicolás. -Dime.

¿Tienes un minuto? -¡Ay!

-No quería asustarte. -No, no me has asustado.

Es que me he pinchado con una espina.

-Está claro que he hecho algo que te ha molestado.

No sé qué es, pero lo siento.

Te agradecería si me hablaras claro.

-Me molestó ver la terraza empantanada.

-Te conozco poco, Cristina, pero lo bastante para saber

que no me tratarías así solo por dos mesas sin recoger.

No eres tan injusta.

-Bueno, siento mucho si me pasé.

Es que dormí muy mal e igual estaba de mal humor.

¿Algo más?

-Solo que seas sincera conmigo. Paolo es un hermano para mí.

Nunca me perdonaría hacer algo que le ofenda a él o a su familia.

-Ah, no, no me ha ofendido nada.

-Pero no entiendo ese cambio de actitud.

Hasta hace nada teníamos muy buena relación.

-He visto una cosa que no me ha gustado.

-¿Has visto una cosa? ¿De mí?

-He visto tu tatuaje y sé lo que significa.

-¿Y te preocupa mi tatuaje?

-Me preocupa que haya alguien de la mafia, sí.

-No tienes nada que temer.

Lo hice cuando era un crío confundido.

Hace años que no tengo nada que ver con la camorra.

-¿Y por qué lo sigues teniendo? ¿Por qué no lo has borrado?

-Me gusta llevarlo, me recuerda mis errores del pasado

y mi promesa de no volver a repetirlos.

¿Tú de qué coño vas?

Me dijiste que ibas a apoyar mi candidatura.

Tengo tanto derecho como tú a presentarme.

No tienes dos dedos de frente.

¿Crees que me vas a ganar, en serio?

No lo sé, Elías.

Pero pareces preocupado.

(RÍE)

La gente empieza a cansarse de tus chanchullos.

La gente se va a ahorrar un dineral con mis chanchullos.

Mira, eso no lo sé.

Conmigo no tendrán que preocuparse de ningún tipo de corrupción.

Ni de estar todo el tiempo al borde de la ley.

Claro.

Pues nada, hombre, tú sigue ahí, en tus mundos de Yupi.

Mañana te demuestro que el único que piensa así eres tú.

La ley.

Fue por necesidad, por supervivencia.

Nápoles es una ciudad complicada.

Y tienes razón, no fui inteligente ni me siento orgulloso de esto.

Pero tampoco tenía muchas más puertas a las que llamar.

-Ya.

¿Qué trabajos hacías?

¿Cometiste algún delito?

-Bueno, nada de lo que hacíamos era precisamente legal.

-¿Y alguna vez has tenido, no sé, has tenido que...?

-Si lo que intentas preguntar es si maté a alguien, no, no.

Nunca hice esta tipología de trabajo.

-Mm.

-Entiendo que te asustara pensar

que tu marido era amigo de un asesino.

-Ese tatuaje significa venganza en la camorra.

Y yo pensé que...

-Veo que te has informado bien.

-Sí. -Bueno.

Me alegro de que hayamos hablado.

Voy a terminar de trabajar. -Vale.

Jorge, ¿tienes un minuto?

Sí, dime.

Es que me he quedado preocupada después de la reunión.

Si lo hubiera sabido, habría convocado elecciones.

No, verás, no he comentado nada

porque ha sido una decisión de última hora.

Pues me alegro mucho.

Creo que tú también eres un buen candidato.

¿Te puedo hacer una pregunta? Sí.

Verás...

Te he notado un poco tenso con mi hermano.

¿Hay algún problema con Elías?

No, no, ninguno.

Hoy no tengo un buen día, solo eso.

Ya, bueno.

¿Necesitas cambio? No, no, gracias.

Voy a pedírselo a mi cuñada, a ver si hago las paces con ella.

Ayer tuvimos un mal día. La familia es complicada.

Ya.

Bueno, te dejo.

Hasta luego.

¿Tienes cambio?

Es que tengo la caja seca y veo que estás bastante sobrada.

¿Y por qué no vas al banco, como hacemos todos?

Porque no tendría una excusa para venir a ver a mi cuñada

y pedirle perdón por la discusión de ayer.

Lo siento mucho, Adela.

Fui muy injusta con Germán.

Yo no creo que el chiquillo haya tenido la culpa de nada.

Yo también lo siento, pero te agradezco que lo digas.

Y yo no quería atacar a Noa tampoco.

Solamente intentaba... Lo sé, lo sé.

El problema es mío, que me disparo con el tema de mi hija.

¿Sabes qué pasa?

Que no puedo asumir que ella no es ese angelito

que me he montado en la cabeza.

La tengo aquí, quería que todo fuera perfecto

y no para de darme problemas.

Nadie es un Ángel, Rosa. Y nosotras, menos.

Ya. Pero tienen mucha suerte

de tener unas madres que los quieren a pesar de todo

y que los defienden con uñas y dientes.

La verdad es que tienen mucha suerte.

Anda, dame esos billetes de 50 y te los cambio.

(SUSPIRA)

Gracias por ahorrarme el paseo al banco.

¿Quieres también de 10? Sí, por favor.

A ver.

Mira, aquí van 80.

Y toma estos dos. Gracias, guapa.

Paolo, ¿qué haces? ¿Estás bien?

-Sí, sí.

Me he puesto nervioso al ver a esta jovencita en mi pizzería.

-Qué tonto eres. -Antes de que empieces

a decirme que esto tenía que hacerlo Doménico,

le he pedido yo que se ocupe del tiramisú.

-No, si te quería decir... -Déjame hablar, por favor.

Necesito que entiendas que Doménico es más que un empleado.

Es mi mejor amigo, mi hermano.

-No, si lo entiendo y siento mucho lo de antes.

Es que estaba muy nerviosa y preocupada porque...

Yo no sabía cómo decírtelo.

-¿El qué?

-He visto el tatuaje de Doménico y he investigado su significado.

-La camorra napolitana.

-¿Lo sabías y no me has dicho nada?

-En nuestro tiempo, las calles de Nápoles estaban llenas

de chiquillos que hacían recados para la camorra.

Doménico fue uno de ellos durante un tiempo breve.

-Hablas como si no fuera peligroso.

-Claro que sí, pero...

Es más común de lo que crees.

Los jóvenes lo tenían jodido cuando no había trabajo.

Y la camorra les ofrecía una salida.

Pero la mayoría lo dejaban cuando encontraban otra cosa.

-Ah.

Que yo sé que tú no tienes ningún tatuaje.

¿Te lo pudiste hacer en algún momento?

-¿Quién, yo? (RÍE)

Mi padre me tenía trabajando en la trattoría desde niño

para que no jugara con pistolas. Amore mío, no te preocupes.

Tu marido siempre ha sido un hombre de bien.

-Me alegro.

-¿Segura? Porque no lo parece.

-Claro, no digas tonterías.

Me alegro de que desde pequeño fueras un...

Un honrado trabajador.

Y ahora que hemos hecho las paces,

¿por qué no me cuentas qué pasa con Noa?

¿Sigue pensando en marcharse?

Será posible.

Lo siento, cariño.

Pero no te agobies, dale tiempo, igual cambia de opinión.

No lo sé.

Yo estoy agotada, ya no puedo pensar en nada.

¿Y Nacho, Nacho qué dice?

¿Nacho? Nacho no ayuda.

Cada vez que hablamos de Noa acabamos discutiendo.

Ya, la situación os está pasando factura.

Mira, ayer tuvimos...

Tuvimos una bronca...

No sé, cada uno ve las cosas de una manera.

Y yo ya no sé quién tiene razón.

No nos ponemos de acuerdo.

Sé perfectamente de lo que me hablas.

¿Sabes la de veces que hemos discutido por Germán?

Supongo que los hijos ponen a prueba los matrimonios.

Sí, pero solo porque les dejamos hacerlo.

Elías y yo hemos tomado la decisión

de cortar con esa dinámica y de proteger nuestra relación.

No es fácil. ¿Cómo lo hacéis?

Hay que aprender a separar las cosas.

Seguramente, Nacho y tú no vais a estar de acuerdo en todo.

Pero debéis proteger vuestro matrimonio como a vuestra hija.

Pero son cosas distintas. Pero igual de importantes.

Nuestros hijos ya son mayores para hacer sus vidas.

Y debemos empezar a preocuparnos por las nuestras.

A lo mejor tienes razón, pero yo...

Rosa, Noa, antes o después, como todos los hijos,

se marchará definitivamente.

Y lo único que te quedará es tu matrimonio.

Me llevas de rally. -¡Que tengo prisa!

-Al final, me estrellas. -¡Qué te voy a estrellar!

-Aquí, apárcame aquí, aquí estoy bien.

-¡No hables así, que no eres un coche!

-Soy más un cyborg, medio humano, medio máquina.

-Hijo, no dices más que tonterías.

Te han dicho reposo absoluto, no te muevas.

Si quieres moverte, llamas a tu padre.

Voy con tu abuela. -¿Cómo está?

-Pues dolorida, pero bien.

La he dejado descansando.

Me voy a descansar un poco. No quiero sustos.

Prométeme que no harás el bruto. -Te lo prometo.

-Ay.

¿Qué tal el médico, cómo estás?

-Bien, un antiinflamatorio y un calmante.

-Estará mejor dentro de poco. Todo, gracias a ti.

Le has hecho cambiar de opinión al cabezota este.

-Igual es porque soy igual de cabezota que él.

-Te debo una disculpa. He sido muy dura contigo.

Sé que fue un accidente. -No tienes que disculparte.

Entiendo por qué te enfadaste.

Aquí me tienes para lo que necesites.

-Muchas gracias, guapa. Bueno.

Os dejo solos, tortolitos. -¿Tortolitos?

Qué viejuna. No le hagas ni caso.

-¡Huy, pero si te has puesto rojo como un tomate!

-Me da vergüenza escucharle decir esas cosas.

-No sabía que eras tan sensible y tan cagueta.

Pareces un niño.

¿Tu madre te hace saltar los colores y te da miedo el médico?

Colega, no te piques, estoy de coña.

-Sí, me acojona, me acojona ir al médico.

Pero no porque sea un niño.

Da igual, no lo entiendes.

Ecco qua.

Nada como un buen ristretto

para aguantar hasta el turno de la noche.

-Dome, es que no puedo quitármelo de la cabeza.

-¿Cosa?

-Tú sabes por qué Cristina estaba tan rara contigo.

-Sí, te dije que hablaría con ella y me lo explicó.

No le hizo gracia descubrir mi tatuaje de la camorra.

La verdad, no la culpo.

-Sí, sí, me lo dijo.

Le asustó al principio.

Pero al final, le hizo más gracia de lo que parece.

-Pero ¿qué dices?

-Lo sabrías si hubieras visto la cara que puso de decepción

cuando le conté que en vez de estar en la camorra

pasé mi juventud trabajando en la trattoría de mi padre.

-Bueno, decepción, me parece extraño.

-Te lo juro, me lo dijo todo con sus ojos.

Comparada con la tuya, mi vida le parece aburrida.

Siempre ha sido así.

Los chicos buenos aburrimos a las mujeres.

-Paolo, tu mujer te adora y lo sabes.

-Sí, pero ya nada de mí le sorprende.

Igual Cristina necesita nuevas emociones.

-Por favor, sois la pareja más unida que conozco.

Y a todo el mundo le pesa un poco la monotonía.

Mira, tú eres cocinero. -Sí.

-Eres un buen cocinero. -Certo.

-Pues empieza a echarle un poco de pimienta a la relación.

-Lo intento, Doménico.

Pero es más fácil en la cocina.

-Hoy es su cumpleaños. ¿Vas a hacer algo?

-Claro que sí. Ya lo tengo todo preparado.

Como cada año, le he comprado un regalo en su joyería favorita.

Y esta noche nos vamos al restaurante de siempre.

Ella dice que no le apetece, pero yo sé que le gusta.

-Ya. -¿Qué pasa, Dome?

-Eh...

-Madonna.

Tienes razón, ahora lo entiendo.

Cada año, lo mismo.

No me extraña que esté aburrida de mí.

-Lo bueno es que aún estás a tiempo para cambiar los planes.

No repetir lo de todos los años. -¿A tiempo, qué tiempo?

Hoy es su cumpleaños.

-Pero Paolo, piensa.

Vives en Madrid y tienes un millón de posibilidades.

¿Qué crees que quiere Cristina? -¿Qué quiere?

Quiere no aburrirse.

-Piensa en una experiencia que le sorprenda.

Nada de cena ni de joyas.

-Pero ¿qué experiencia?

-Deja volar tu imaginación.

-Ya tengo la idea perfecta.

Me ha llegado un mail esta mañana, a ver si lo encuentro.

Aquí, ya está.

¿Qué te parece?

-Ya.

¿Seguro que es buena idea? -É certo.

Cristina quiere emociones fuertes. Las tendrá.

Grazie, amico mio.

-Nada, Paolo.

¿Te imaginas lo que significaría para mí inmovilizarme el brazo?

Me volvería un dependiente total, incapaz de mover ni mi propia silla.

-No lo había pensado así.

-Me costó salir del hoyo y acostumbrarme a esta silla.

Pero creo que no superaría perder la poca independencia que me queda.

-Samu, eres muy fuerte.

Y yo no sé si hubiera podido llevarlo tan bien.

-No lo llevo tan bien.

Sigo teniendo las mismas pesadillas.

Empezaron cuando desperté del coma.

Y no podía levantarme de la cama.

Sueño que algo me persigue

y yo corro.

Corro muy rápido.

Hasta que siento un dolor muy fuerte y me desplomo.

-¿Sabes qué es lo que te persigue?

-No, no consigo verlo.

A veces pienso que...

si dejo de correr,

si lo encaro,...

superaré las pesadillas.

-Tiene sentido.

Estoy segura de que lo vas a conseguir.

-No estoy tan seguro de que tú puedas conseguir

superar esa visión de verme con el torso desnudo.

Vas a comparar a todos los tíos conmigo y es injusto para ellos.

-Ya, no lo sé, es que...

Creo que también voy a empezar a tener pesadillas.

-Ya, ya, lo sé, lo siento, no sé si para compensarte

puedo invitarte a cenar una pizza esta noche.

-Ni idea, depende del hambre que tenga.

-Ya.

(RÍE)

¡Serás idiota!

Tu llamada me ha sorprendido.

No esperaba que te hicieras con el puesto de tu hermana.

Si te sorprende, es porque todavía no me conoces.

Ya te dije que me pareces la clase de hombre

que consigue lo que se propone.

Sí, empiezas a ver quién es tu socio.

Me estoy haciendo una idea.

¿Quieres una copa?

No, gracias, hoy no.

Y ahora que eres el presidente de la asociación de comerciantes,

¿cuáles son tus planes?

Pues mis intenciones son muy claras.

Lo primero, atacar al punto débil de todo comerciante.

Las finanzas.

¿Y cómo vas a hacerlo? Inflando el presupuesto.

Que vean que la reforma es inasumible.

Muy buena idea.

Gracias.

Para poder hacer eso hay que tener acceso a las cuentas.

Y que yo sepa,

tú no eres el presidente de la asociación de comerciantes.

No me la juegues, Elías. Lo sé todo.

Que un tal Jorge te desafió y que mañana hay votación.

Esa votación la ganaré, no te quepa duda.

Acabas de mentirme a la cara.

Jorge, lo único que está haciendo es retrasar lo inevitable.

¡Yo voy a ganar porque la mayoría de los comerciantes están conmigo!

¡Porque confían en mí!

Yo no soy como esos comerciantes.

Si me la juegas, tendrás que pagar las consecuencias.

Tú y yo somos socios porque tenemos un interés común.

Encárgate de lo tuyo, que de lo mío me encargo yo.

Bueno.

Por el interés común, espero que cumplas lo prometido.

¿Cómo te has enterado de lo que pasó en la reunión?

(RÍE)

Si te sorprende, es porque no me conoces.

Y si no quieres conocerme mejor, no me falles

y no vuelvas a mentirme nunca.

Ciao, amore mio.

-¿Qué pasa? Me llamas diciendo que cierre la floristería

sin darme explicaciones y luego no apareces.

-Solo me faltaba un pequeño detalle.

Ya lo tengo todo preparado. -¿Para qué, de qué hablas?

-De tu cumpleaños.

-¡Uf! -Hoy es un día especial.

Aunque a ti no te guste celebrarlo,

non posso fare a meno di fare un regalo a sorpresa.

-Que no sé de qué se trata.

-No, este año no te voy a llevar a nuestro restaurante.

Ni nada de joyitas.

Quiero que este cumpleaños sea especial y único.

Un recuerdo para toda la vida.

-Me pones nerviosa. ¿De qué se trata?

¿Para mí? -Ábrelo.

-Ah, pues es muy...

Es muy bonito, muchas gracias.

-Este no es tu regalo.

Solo necesito que te lo pongas.

Espera, que te ayudo. -A ver.

Estás loco. -Puede ser.

Ven conmigo.

-¿Adónde me llevas? -Tienes que confiar en mí.

-Yo confío, pero ¿adónde me llevas?

-Vieni con me. Va, ahora lo verás.

¿Cuánto tiempo vamos a seguir así?

Porque me parece una tontería. ¿Así, como?

Lo sabes perfectamente.

Parecemos dos idiotas y esto tiene que parar.

Celia, no sé qué problema tienes ahora, pero estoy trabajando.

Si no te importa, me gustaría seguir haciéndolo.

Tranquilo. Vale.

No te debo ninguna explicación, pero te la voy a dar.

No te equivoques, no te la he pedido.

Me da igual, la vas a escuchar.

Porque es evidente que estás dolido y lo siento mucho.

Lo que ha habido entre Elías y yo no ha significado nada.

Y muchísimo menos pretendía hacerte daño, ¿vale?

Si te preocupaba hacer daño a alguien, debiste pensar en Adela.

¿No?

Y pienso en ella. (ASIENTE IRÓNICAMENTE)

Por eso me siento tan arrepentida.

Fue un momento de debilidad.

Me sentía sola, estaba triste y me dejé llevar.

Pero no pasa nada porque no va a volver a ocurrir.

Y oye, solo por curiosidad,

¿lo dices para convencerme a mí o para convencerte a ti misma?

Mira, Elías no me importa nada en absoluto.

Así que te agradecería

que dejaras de montar números y comportarte como un crío celoso.

Y tú deja de faltarme al respeto.

No soy ningún chiquillo celoso ni me gusta montar números.

No es mi estilo.

¿Y cómo llamas a lo que ha pasado en la reunión?

Tú nunca habías querido ser el presidente.

Solo querías enfrentarte a Elías.

Celia, no eres el centro del universo.

Si me he enfrentado a él, no es por ti.

Es para defender mis propios intereses.

No me fío de Elías.

Te creería si no hubiera visto tanta rabia en tu mirada.

Los ojos no engañan.

(RÍE)

Perdóname, lo siento.

Mira, no quiero incomodarte más.

Me gustaría que pudiéramos hablar de una forma sincera.

Creo que es la única manera que tenemos

de normalizar las cosas.

Está bien, seamos sinceros.

No soporto a Elías.

No respete a nada ni a nadie y se cree el amo del mundo.

Erais amigos antes de que yo entrara en la ecuación.

Amigos, no, precisamente.

Mira, igual me has abierto los ojos.

Y lo que he visto no me gusta.

No me gusta ni como presidente ni como amigo. No confío en él.

No estás siendo sincero. ¿Ah, no?

No, tu problema no es con él, es conmigo.

Tampoco confío en ti.

Vale.

Entonces, creo que no hay mucho más que hablar.

Hazlo.

Sigue hablando.

Me interesa mucho lo que tengas que decir.

(NOA RÍE) -Echaba de menos esto, tía.

Estar en un banco sentados, bebiendo unas cervezas.

¿Tú no? -Claro que lo echaba de menos.

-Si lo echabas de menos, ¿por qué no te quedas?

¿Eh?

-Porque las cosas en mi casa están muy jodidas, tío.

Flipas con la bronca que han tenido mis padres.

Mi madre ha estallado y todo, por mi culpa.

Además, les he escuchado decir que lo mejor es que me marche.

-¿En serio?

-Lo ha dicho mi padre, pero mi madre no le replicó.

Supongo que piensa que lo mejor es que me pire y le deje tranquila.

-No, tía, no.

No creo que tu madre piense eso.

Ya lo pasó mal la primera vez y esta no será distinta.

¿No te ha dejado bastante claro que te necesita?

-¿Qué pasa?

Eh, ¿sigues enfadado?

Tío, lo siento.

El otro día se me fue la pinza. -¿Y eso?

¿Qué os pasa a vosotros dos?

-Nada, una tontería.

El otro día pensé que me podía ayudar a conseguir mandanga

y cuando me dijo que no, me lo tomé mal.

-Te lo tomaste mal. Casi acabamos a hostias,

pero te lo tomaste mal. -Ya te he dicho que lo siento.

Va.

-Vale, yo también dije cosas que no pensaba.

-Me llamaste maricón de mierda. Ahí patinaste un poco.

-Vale, yo también lo siento. -A ver, a ver.

¿Te cabreaste porque no tenías nada que meterte?

¿Tan enganchado estás?

-Relaja, primita, que no soy ningún yonqui.

Estaba cabreado con mis padres y lo pagué con Jona.

Tú deberías entenderme porque tu familia también te vuelve loca.

-Pedazo de chupa.

-Ya sé que está guapa, pero no me la sobes.

-Una cazadora así debe costar unos 400 palos.

¿De dónde la has sacado?

-Rompí mi hucha de cerdito y voilà.

-Voilà.

La de cerdito, no te lo crees ni tú.

En fin, que me da igual, tampoco me interesa.

Me piro a currar con la Pacheca antes de que salga a gritarme.

-Venga. -¡Quita, hombre!

Qué, has vuelto al business, ¿no?

-Necesitaba un trabajo en el que se valore mi talento.

-Ya sabes que no tengo problemas con lo que hagas con tu vida.

Pero los vas a tener tú como no seas más discreto.

Córtate un poco, tus padres van a mosquearse.

-Mis padres no tienen ni idea de lo que cuesta esta chupa.

Les daría algo si lo supieran.

Gracias por preocuparte por mí, primita.

Pero tranquila, lo tengo todo controlado.

-Ya, todo controlado.

Te has convertido en un gran amigo y me importas mucho, Jorge.

Pero tienes que entender que no va a pasar nada entre nosotros.

¿Por qué Elías, Celia?

¿Te atraen los hombres casados?

¡Oh!

Ni los hombres casados ni Elías en particular.

Pues entonces, lo entiendo menos aún.

Necesitaba sentir que alguien me ayudaba a salir

de ese pozo de mierda en el que estaba.

Aunque fuera solo por unas horas.

¿Y ese alguien era Elías, precisamente?

Sí, precisamente.

Claro, es un ejemplo de sensibilidad masculina.

Lo contrario.

No necesitaba a nadie con quien hablar.

No, tú necesitabas a alguien que te...

Dilo como quieras.

Pero sí.

Necesitaba vida.

Porque tanta muerte a mi alrededor me estaba ahogando.

Y lo entiendo, Celia.

Lo entiendo perfectamente.

Lo que no se me mete en la cabeza es que fuera Elías.

¿Elías?

A lo mejor podía haber ido a buscarte a ti.

Lo siento.

No, tranquila.

Me ha quedado muy claro que no te gusto.

Es que me gustas.

Es que me gustas demasiado, ese es el problema.

Que me recuerdas mucho a mi marido.

Que te miro y veo a un hombre bueno,

a un hombre sensible, a un hombre inteligente.

Y frágil y me asusto.

Perdóname, no te quiero ofender.

Cualquier mujer estaría encantada de estar contigo.

Menos tú.

Es que yo no quiero un hombre a mi lado.

No lo quiero, yo no quiero una pareja.

Yo lo único que quiero es que seamos amigos.

Amigos.

Porque un amigo nunca iría a Adela a contarle lo que sabe.

Claro.

No te lo he dicho por eso. No, ya lo digo yo.

Quédate muy tranquila en ese sentido,

no voy a contarle nada a nadie.

No es asunto mío. Vale, gracias.

De nada.

Y ahora, si no te importa, voy a seguir trabajando.

Soy un hombre trabajador.

Puedes añadir eso a tu lista.

Enseguida, las pizzas.

-Gracias. -Muchas gracias.

¡Ay, mierda!

-Cuidado.

-Ni una cerveza me puedo tomar ya.

-No seas drama queen.

Un poco de reposo y se te va a pasar.

O igual tendrías que estar descansando.

-¿A qué te crees que he venido?

Una buena pizza y una cerveza son curativas para mí.

Brindo por la buena medicina. -Anda, que vaya telita tienes.

(RÍE)

-¿Qué te pasa? Te has quedado "empaná".

-Nada, que estaba mirando a estos de aquí.

Y me acordaba del selfie se la paz que hicimos con Jonathan.

-Estará enfadado que te cagas.

Ayer estaba jodido y me porté como un idiota con él.

-Estaba más preocupado que enfadado.

Habla con él, lo entenderá.

-Tendría que haberle dicho de cenar y arreglar las cosas.

Me siento fatal por no decírselo. -No hubiera podido.

Me ha dicho que le tocaba cerrar el puesto.

Seguro que saldrá tarde.

-Bueno.

Así, por lo menos, paso un rato a solas con mi churri.

-¡Pero qué churri, chaval, no te flipes!

Esto no es una cita. -¿Esto no es una cita?

-No. -Vamos a ver, por favor.

A ver si es que yo...

Estar cenando con un tío buenorro...

-¡Oh! -Espera.

¿Que te atrae salvajemente y no es una cita? ¿Entonces, qué es?

-Deja de decir tonterías o te jodo el otro hombro.

(RÍE)

Mierda, mis padres.

No mires, no mires. -Vale, vale.

(RÍE)

-Hola, parejita. -Hola.

-Hola.

-Le acababa de decir lo que me apetecía una pizza.

-Hay mesas dentro, mamá.

-Con lo bien que se está aquí.

¿No os importa que cenemos con vosotros?

-Hombre... -Pues hala.

¿Qué haces ahí parado? Siéntate, cariño.

-Bueno, ya veo que ha aumentado la familia.

-Sí. -¿Queréis algo más?

-Yo voy a tomar una cerveza con gaseosa y él, un agua con gas.

De comer, nada, porque con estas pizzas nos sobra.

(SUSPIRA)

Hombre, si está aquí el señor marqués de la casa.

Cuánto honor.

Sí, para mí también es un placer verle, señor Elías.

¿Qué tiene pensado para que disfrutemos

de su presencia en el hogar, cómo va a deleitarnos?

¿Estando toda la tarde tirado en el sofá?

Ahí ha estado muy fino porque voy a hacer eso.

Eh...

Take it easy, man.

No te pongas violento o te traigo a la poli.

A partir de ahora, vas a acatar mis normas.

¿Has visto "El sargento de hierro" y se te ha subido a la cabeza?

Paso de esto, me voy a la ducha.

¿Qué coño haces?

Te digo muy en serio lo de la poli. No me toques.

No vas a desperdiciar tu vida y mi dinero.

¡Qué dinero, si no me das un duro!

¡He invertido una fortuna en ti desde que naciste! ¿Para qué?

¡Para que te conviertas en un imbécil

que no coge las riendas de su vida!

¡No me dejáis cogerlas!

Me habéis jodido cuando he intentado trabajar.

Os importa una mierda lo que quiera hacer con mi puta vida.

No me hables así.

-¿Qué está pasando? Tranquilizaos los dos.

-Díselo a él, yo estoy muy tranquilito.

Solo quería ir a darme una ducha.

¡El niño de los cojones!

Si estoy contigo, Elías, pero estas no son las formas.

Se lo ha ganado a pulso. Es que ya está bien.

Insolencias, faltas de respeto, ya está bien.

Tienes razón, pero estas reacciones no te ayudan en nada.

Estoy preocupado. Estoy preocupado de verdad.

Este está metido en algún trapicheo.

No, no, hablé con él. ¡Hombre!

No, estoy segura de que estaba siendo sincero.

No está vendiendo drogas, de verdad.

¿Y de dónde saca el dinero?

Sale todos los días de fiesta.

Se acaba de comprar unas zapatillas carísimas.

¿Esa chaqueta es tuya? Primera vez que la veo.

Eso es de Germán. ¿De dónde saca el dinero?

Vale, tranquilízate.

Volveré a hablar con él, a ver si me entero de qué está pasando.

Pero tranquilízate, ahora no puedo, ahora me tengo que ir.

Tranquilo y hablo con él.

Venga.

Hasta luego.

Samu ve esas velas debajo de la Virgen, se acerca,

y se pone a cantar el cumpleaños feliz a todo lo que da.

-¡No!

¡No me lo puedo creer!

-Tenía cinco años. ¿Siempre tienes que contar lo mismo?

-El curo tuvo que parar de dar la misa

de la risa que le entró, por favor.

Era más mono de chico. -De chico.

-Qué pena que hayas crecido. -¿Prefieres cambiarme pañales?

-Eso, cuando podía ponérselos. Estaba siempre desnudo.

-¡Mama!

-Te despistabas cinco minutos y se había quitado la ropa.

Un día, en el colegio... -Un día, en el colegio, nada.

Nos tenemos que ir. ¿Tienes las entradas del cine?

-Sí, sí, la tuya te la envié al móvil.

-Pues venga. -¿Al cine ahora?

No es buena idea.

El médico te dijo que debías guardar reposo.

-Por eso me voy al cine y no a jugar al basket.

Estoy bien y Carla me puede ayudar con la silla.

-Sí, yo me ocupo de que no se mueva, no os preocupéis.

-Déjalos, hombre. No pasa nada.

Cuando acabe la peli, a casa. -Que sí, pesados.

(RÍE)

Hala. -Adiós.

-¡Pasadlo bien!

Qué buena parejita hacen.

A Samuel le gusta mucho esa niña.

-Demasiado. -¿Demasiado por qué?

Es verdad que al principio

la niña era muy borde y muy estirada, pero...

Cuando la conoces, te das cuenta de que es todo corazón.

-No es buena idea, Carmen.

Esa chica no va a traernos nada bueno.

-¿A ti qué te pasa con Carla?

Te has pasado la noche con cara de amargado.

Solo has hablado para atacarla. -No la estoy atacando.

Solo intento proteger a tu hijo. Esto no lo puede entender.

-No, no lo puedo entender.

Tendrás que cambiar de actitud. A Samu le gusta y a mí también.

-No te gustaría tanto si supieras quién es Carla.

-¿Quién es Carla?

-Te lo voy a contar porque es mejor que lo sepas.

-Me estás asustando, como sea una tontería...

-Carla es la hermana de Laura Rivas.

La chica que murió en el accidente que dejó paralítico a tu hijo.

Reconoces este olor, ¿verdad? -No me lo puedo creer.

¿Has hecho el pastel de manzana? -Sé que lo echabas de menos.

Aprovechando que Lorena tiene que cerrar el bar,

he decidido darte una sorpresa.

-Desde luego que me la has dado.

No me esperaba un detalle así

después de la discusión que tuvimos.

-Por eso lo he hecho.

Esto es una declaración de intenciones.

No me gusta que estemos peleados. -A mí tampoco.

Sabes que lo eres todo para mí.

-Nos queremos, cariño.

No podemos permitir que los problemas nos enfrenten.

Nos necesitamos para resolverlos.

-Pase lo que pase, voy a estar ahí siempre.

-Eso es lo que yo necesito, sentir que somos uno.

Que nos podemos apoyar, que somos un equipo.

Nacho, tú siempre me has dado fuerzas

y necesito que lo sigas haciendo.

Necesito sentir que eres mi roca.

(SUSPIRA)

-¿Puedo probar ese pastel? Estoy salivando.

-Espera, todavía no he terminado.

Hay otra cosa muy importante que necesito decirte.

-Claro, quiero que me hables de todo lo que te preocupe.

-Verás, me dolió mucho sentirme engañada por tu y por mi hermana.

Y precisamente por eso, quiero ser muy honesta contigo.

Porque no quiero que pases por lo mismo que yo

ni que te sientas traicionado.

-¿Por qué iba a sentirme así?

-Porque aunque te quiero con toda mi alma, Nacho,

la persona más importante para mí es y siempre será Noa.

¡Cómo me duele! Creo que me he roto la espalda.

-¿Cómo? Si estabas flotando en el aire.

-¿Flotando? Flotando.

Estaba tan tensa que se me ha agarrotado el cuerpo.

-Lo siento, amore mío.

Quería regalarte una experiencia inolvidable y mira.

-Y no lo voy a olvidar.

Pero hubiera preferido ir a un restaurante.

¿Cómo has pensado que me gustaría? Si no me subo ni a la noria.

No me gusta que me zarandeen.

-Quería hacerte sentir que volabas.

Que es como me siento yo cuando estamos juntos.

-Sí, cariño, pero yo no te pongo la ropa interior del revés.

Como ese puñetero túnel del aire. -No es un túnel del aire.

Es un simulador de caída libre...

Voy a prepararte algo para cenar.

Lo siento. -Sí, sí, sí.

Ay.

-Oye.

¿Qué hacéis aquí, no cenabais fuera?

-¿Cenar? Casi vomito la comida.

-Paolo quería sorprenderte con una experiencia emocionante.

-¿No le habrás dado la idea?

En venganza por lo de esta mañana.

-No, te lo prometo.

Y no seas tan dura con él, lo ha hecho con toda la ilusión.

-No, si lo sé. Es que el pobre no da una.

La próxima vez que se le ocurra una locura de estas

avísame para que se la quite de la cabeza.

-Lo siento, no puedo traicionar la confianza de mi amigo.

Ni reventarle sus sorpresas.

-Pues si lo quieres, deberías hacerlo por él.

He estado a punto de matarlo. Yo...

Tengo unas ganas de que pase este día ya...

-Pero todavía no ha acabado.

Y me temo que te quedan aún más sorpresas.

-No me digas que tiene más cosas preparadas.

-No, tranquila, esta vez la sorpresa es la mía.

Pero...

No te hagas ilusiones, solo es un humilde regalo.

Bueno, me alegro de poder dártelo a tiempo.

Y espero que te guste. ¿Vale?

"El paisaje que le rodeaba siempre era el mismo.

Pero ella no, algo había cambiado.

¿Qué ansiaba tanto?

Sencillamente, la vida".

Necesito que me entiendas.

-Y lo hago.

Por supuesto que nuestra hija es lo más importante para los dos.

-Entonces comprenderás que si algún día, por la razón que sea,

la vida me pone en la tesitura de tener que elegir

entre los dos, elegiría a mi hija.

Es muy importante que lo tengas claro.

-Suena como a una amenaza.

-No, mi amor, no, una amenaza no.

Es una realidad.

Y si me amas como creo que me amas, sé que lo entenderás.

Por encima de todo, soy madre.

¿Podrás aceptarlo?

-Claro.

-¿Sí?

Gracias, cariño, por comprenderlo.

Gracias.

Me voy a dar una ducha. Y luego saco el pastel del horno.

¿Hola?

¿Te estás quedando sordo o qué? He saludado al entrar.

-Sí, ya te he oído.

-¡Qué bien huele! ¿Mamá ha hecho...?

-Sí, le ha dado por cocinar.

-Seguís cabreados, ¿no? -¿De verdad te preocupa?

-Me preocupa mamá.

Pero me alegro de que te haya plantado cara

es la primera vez que te pone en tu sitio.

-Siento decepcionarte, hemos hecho las paces y estamos bien.

Por eso huele a pastel de manzana.

-¿Y por qué pareces cabreado? Deberías estar contento, ¿no?

-Porque cada vez que te veo pienso en el daño que nos has hecho.

-¿Te crees que soy la única que hace daño?

-Desde que naciste, lo hemos dado todo por ti.

Y tú nos lo has pagado rompiendo la familia.

-Escúchate. Me echaste el día en el que me empezaste

a tratar como si fuera el enemigo.

-¿Que yo...?

Mira, he renunciado a entenderme contigo, es inútil.

Hace tiempo que perdimos la complicidad que teníamos.

-Sí, en cuanto dejé de hacer todo lo que tú querías.

-No ves lo egoísta que eres, ¿verdad?

¿No tienes bastante con destruir mi familia,

que quieres hacer lo mismo con mi matrimonio?

-¿También tengo la culpa de tus problemas con mamá?

-Nuestro único problema eres tú, Noa.

Desde que has llegado, has abierto una brecha entre tu madre y yo.

-¿Sabes qué, papá? Deberías darme las gracias.

No sé a quién ibas a culpar de todas tus mierdas

si yo no estuviera aquí.

-Cuando eras pequeña, yo era tu héroe.

Mira el desprecio con el que me tratas ahora.

¿Para qué has vuelto, para arruinarme la vida?

¿Qué te he hecho para que me odies tanto?

-¡Hola, cariño!

Llegas justo a tiempo. ¿Quieres un poco de tarta?

-Un poco, no, un trozo bien grande.

-¡Estupendo! Ración doble para todos.

Ser un cobarde.

-¿Qué?

-Querías saber qué has hecho para que te odie tanto.

Eso, no soporto ver lo cobarde que eres.

-Ten cuidado con lo que dices.

-Espero que esté buena.

-Seguro que sí, cariño.

Cariño, muchas gracias.

No sabes cuánto tiempo llevaba soñando con esto.

-Bueno, probadla antes de hablar,

porque no sé si me ha salido bien, he perdido la práctica.

-Si sabe igual que huele, estará deliciosa.

-A ver, cielo.

¿Así quieres? -Sí, gracias, mamá.

-Venga.

-No has podido ser más oportuna.

-¿Y eso?

-Este pastel es perfecto para celebrar la noticia.

Estos días he estado pensando

en lo mucho que he echado de menos mi vida y a mi gente.

Así que no me pienso ir a ningún lado.

Me quedo en casa.

-¡Ah!

Bueno, cariño, no sabes lo feliz que me haces.

Toma, cielo.

¡Ay!

Ay.

¿Qué pasa? Lo tienes que decir todo a gritos.

¡Qué plasta, colega! ¿Qué?

¿Esto qué coño es?

¡No entiendo por qué vienes a intentar separarnos!

-Porque quiero lo mejor para él.

Y si lo que dices es verdad y eres su amiga,

deberías dejarle en paz.

¿Te quedas, sí?

-Me quedo. -Ven aquí.

Sé que eres una mujer que no se conforma

con pasar por la vida como espectadora.

Que sabe lo que quiere y va a por ello.

Esto no va a ser un rollete.

Que si te importa, tendrás que luchar por ella.

Cuando tienes razón, tienes razón.

Creo que le hacía ilusión ser repartidor.

Era una buena oportunidad para socializar.

¿Por qué le has dicho que no? Pensé que estarías incómodo.

Y he preferido que no.

¿Te preocupas por lo que yo sienta?

No puedo impedir que Samuel haga su vida.

Ni que esté con quien Carla.

-¡Vamos a ver, es que Carla no es una chica cualquiera!

¡Es la hermana de Laura!

-¿Hace falta que me lo recuerdes?

-¿Y qué pasa si Samu se acuerda de lo que pasó en el accidente?

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Mercado Central - Capítulo 24

24 oct 2019

Jorge no piensa permitir que Elías se salga con la suya respecto a la asociación de comerciantes. Celia le pide que controle sus celos y acaba revelándole la verdadera razón por la que no podría estar con él.
Mal día para Elías. La presidencia se le escapa de las manos por momentos mientras que Hortuño no deja de presionarle. Además, descubrir de dónde saca su hijo ese misterioso dinero es la gota que colma el vaso.
Rosa quiere reconciliarse con Lorena y Nacho mientras Noa tantea la idea de quedarse en casa.
Doménico desvela un secreto de su pasado.
Paolo decide organizarle a Cristina un plan de cumpleaños lleno de emoción.
Nicolás revela a Carmen la verdad sobre la identidad de Carla.

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