Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 23 - ver ahora
Transcripción completa

A mí me da una sensación extraña ese tipo. A mí no me gusta.

Es que creo que no es de fiar. Creo que esconde algo.

¡Eso es precisamente lo que me resulta tan interesante!

¡El peligro!

Bueno, pues tú ten cuidado, por si acaso.

Lo que pasó fue un error.

Y ya te lo he dicho, no suelo liarme con tíos casados.

Pero ¿por qué? ¿Tan mal estuvo?

Es que no se trata de eso.

Me alagas muchísimo, pero no insistas.

Ya lo entiendo, lo entiendo. Tienes miedo a no poder resistirte.

Lo entiendo, suele pasar.

¿Le pegaste?

¿A tu madre? -Yo qué sé, tío.

Discutimos y se me fue la pinza.

Es que, cada vez que me acuerdo, me muero de pena.

Yo lo que bailo es salsa fusión.

-¿Y eso qué es?

-Ah, tendrás que esperar a la siguiente cita para averiguarlo.

¿Qué te pasa? ¿Te duele el hombro?

¿Es del golpe del otro día? -Que no.

Estoy harto de que se aprovechen de mí.

-Es por el golpe. Se hace el fuerte, pero tiene el hombro lesionado.

-¿Para qué hablas?

Qué buen economista. Mucho te está durando.

Porque la fiesta con Noa también la pagaste tú, ¿verdad?

¿Me estás haciendo una auditoria? No eres mi jefe.

No, soy algo peor, tu padre.

¡Ese es! A ver, ¿qué significa?

-Mamá, esto es de la camorra italiana.

Esto es de la mafia napolitana.

-¿O sea que Doménico es un mafioso?

Noa es como es.

Y no hay sitio para ella en nuestras vidas.

Es mejor que se vaya... -Ay, por favor.

-¿Me pasas la mermelada?

-Uy, esta no es la de siempre.

-La he comprado en la tienda de Jorge.

Es artesanal, tiene menos azúcares que las normales.

-Y seguro que cuesta el doble también, claro.

-No me importa pagar si es más sana.

-Le quitan el azúcar y meten cualquier otra porquería.

-¡Joder! -Noa, esa boca.

Anda, trae.

-Puedo sola.

-Toma, haz palanca con el cuchillo, anda.

-Si es del puesto de Jorge, no será muy buena.

Paolo me contó que intentó colarle unas anchoas bastante malas

porque quería quitárselas de encima.

-¿En serio? -¡Mierda, con la puta mermelada!

-¡Vale ya! ¡No son formas! ¿Cuántas veces te lo tengo que decir?

-Tranquilo, no me lo tendréis que repetir.

-Pero, hija, ¿por qué dices eso?

-Pronto me iré y así os dejaré desayunar tranquilos.

Es lo que queréis, ¿no?

-No quiero que te vayas. Te lo he dicho mil veces.

-Ya. Pero es que, si me quedo, solo os haré daño.

Es lo que dijiste anoche. Lo mejor para todos es que me marche.

Bueno, y tú no le replicaste, a ti te pareció bien.

-Noa, no sé qué te pareció entender,

pero te aseguro...

-Papá, no me trates como si fuera idiota, ¿vale?

Sé perfectamente lo que oí.

Además, tampoco sé de qué me sorprende,

si hasta has intentado pagarme para que me vaya.

-¿Cómo dices?

-Le di dinero para que fuera tirando, nada más.

-Mamá, te está engañando. Y no es la primera vez...

-¡Noa, basta!

-¿Lo vas a negar?

¿Eh?

¿Vas a negar que sabíais dónde estaba y que se lo habéis ocultado?

-¿Es eso cierto, Nacho?

-Todo tiene una explicación.

-Sí, que tú eres un hipócrita de mierda.

Y tú, una mentirosa.

Por mí, os podéis ir los dos a tomar por culo.

-Rosa...

-Ahora no.

-Por favor, te juro... -¡He dicho que ahora no!

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¿Estás más calmada?

No sabes cuánto lo siento.

-Nacho, dime que no es verdad lo que ha dicho Noa.

-Solo en parte.

-¿Es verdad que le diste dinero?

-Sí, pero no para que se fuera. Eso es absurdo.

-Entonces ¿para qué?

-Sabía que acabaría yéndose. Todos lo sabíamos.

Solo quise que lo hiciese con algo de dinero.

-¿Y por qué no me lo dijiste?

-¿No habrías estado de acuerdo?

-Esa no es la cuestión. -Responde.

¿Querías que volviera a irse sin nada?

-Claro que no, pero... -¿Lo ves? Tú habrías hecho lo mismo.

Solo quise ahorrarte el dolor de decidirlo.

-Tenía derecho a saberlo.

-Saberlo implicaba enfrentarse a todo de nuevo,

a su marcha, a todo ese dolor. Solo quise ahorrártelo, Rosa.

Para protegerte.

-¿Para protegerme? -Solo de eso soy culpable.

-Ay, venga, ¿cómo puedes decir eso?

¿Cómo puedes decir que es lo mejor para mí

si has estado todo este tiempo ocultándome el paradero de Noa?

Habría dado un brazo, Nacho,

la vida entera por saber dónde estaba.

¡Creía que la había perdido para siempre!

¡Me estaba volviendo loca, joder!

-¡Y te daba igual! -No.

¡No es cierto! -¡Cada día me veías sufrir más y más!

¡Me veías caer en un pozo oscuro!

¡Y no hiciste nada! -¡Es que no me dio tiempo!

-¡Ay, no me vengas con mierdas!

-Me enteré de dónde estaba dos días antes de que apareciera.

-¿Y por qué no fuiste a por ella? -Porque fue un "shock".

¿Vale? No supe cómo reaccionar.

Necesitaba aclararme.

Pensar en la mejor forma de traerla de vuelta.

Y también pensar en si era lo más conveniente o no.

-¡Claro que lo era!

¡Claro! -Sí, ahora lo veo.

Por eso decidí que iba a contártelo.

Y justo entonces... apareció.

-Oh, Dios mío.

(SUSPIRA)

-Ojalá hubiera sabido antes donde estaba...

para que no hubieras tenido que cargar con toda esa angustia

durante tanto tiempo.

Lorena debería haberme dicho antes dónde estaba.

-Lorena...

¿Desde cuándo lo sabía?

-No lo sé.

Supongo que desde que puso los pies aquí.

-Lorena no...

-Ya lo sé. Yo tampoco me lo podía creer.

Esa es otra de las razones por las que callé.

No quise poner en riesgo vuestra relación

ahora que empezabais a llevaros bien.

Se te veía tan feliz trabajando con ella en el bar.

Rosa, lo único que he hecho todo este tiempo es protegerte.

A ti. A mí. A nosotros.

Y a Lorena.

Si al hacerlo te he hecho daño, te ruego que me perdones.

Dime que me perdonas, Rosa.

Por favor.

Ya puedes decir misa, que te vas al médico ahora mismo.

-¡Que ya, papá, joder! ¡Ah! -¿No ves que no puedes seguir así?

-Si me dejarais tranquilo... ¡Mira!

-Tu padre tiene razón. Que te miren el hombro.

-No te metas. -Sí, si no entras en razón.

-No soy un niño, mamá. -¡Pues deja de comportarte como uno!

¿Por qué esa fijación de no querer ir al médico?

-¡Porque no es nada! -No lo puedes mover.

-Ya se me pasará, mamá. -Eso no se pasa ignorándolo.

Venga, vámonos, que tenemos cita dentro de media hora.

-¡Ya puedes llamar y anularlo, que yo no voy a ir! ¡Joder!

-Ay, hijo, déjalo. Si ya sabes cómo se pone con los hospitales

desde el accidente... -Algo tenemos que hacer.

Si sigue forzando el hombro, va a empeorar.

-Cuando se pone así, no entra en razón.

-Quizá tu madre pueda convencerlo, ¿no?

Ella tiene mano izquierda con Samu. -Lo ha intentado, y nada.

-Si no ha podido ella, no sé quién va a poder.

-Mira, a mí se me ocurre alguien.

-No creo que sea buena idea, Carmen. -¿Tienes una mejor?

¡Carla! ¿Puedes venir un momento, por favor?

-¿Vas a pegarme otra bronca?

-No, te voy a pedir un favor. -¿Después de cómo me trataste ayer?

-Es para Samu.

Necesitamos que le ayudes.

-¿Yo?

-Igual puedes convencerle para que vaya al médico.

-No. Ya lo intenté,

intenté hablar con él, y no me escuchó.

-Si está así, es por tu culpa.

Tú le empujaste, ¿no?

Pues se la debes.

¿Lo vas a hacer o no?

¿Todavía sigues con el dosier que te pidió Elías?

(RESOPLA) Ya está casi todo.

Solo me faltan los informes de cuatro propietarios, que son...

Ricardo, el de la pescadería, Encarna, la de los huevos,

¿y quién era el otro?

Ramiro.

Con Ramiro tengo que hablar.

Siempre deja las cajas para reciclar en la puerta de mi almacén.

¿Y ya te aclaras con tanto papeleo?

Me aclararía más si no me distrajeras, ¿eh?

Oído cocina. Aquí te dejo esto. Gracias, chao.

Te las has dejado.

-(SERIA) Gracias.

-¿Estás bien?

-¿Tú no tenías que irte a trabajar?

-No podía irme dejándote así.

-Oye, ahora no es el momento.

-Rosa... -Que estoy ocupada, ¿vale?

-Bueno, puedo llamar al trabajo y decir que llego más tarde.

-(SUSPIRA) Buenos días.

¿Quieres que te ponga algo? No.

Tengo la reunión con el ayuntamiento por lo del dosier. ¿Lo tienes?

Rosa, me dijiste que lo tenías hoy. Bueno, y lo tendré.

Lo tendré. Ahora mismo me iba a pasar...

para ayudarles. Es que...

Les he dicho lo que necesitaba, pero es que son muy mayores.

Son mayores, van a su ritmo y no tienen las cosas informatizadas.

Pero lo único que necesito es un poco más de tiempo.

¿Qué dices? Tengo la reunión ahora en el ayuntamiento.

Diles que mañana lo tengo.

Te lo prometo, sin falta. Te lo prometo.

-¿Seguro que lo vas a tener?

-Claro que sí.

-Rosa, sé que lo dices con la mejor intención,

pero mírate, no das abasto.

-Lo único que necesito es un poco más de tiempo.

-No es cuestión de tiempo, sino de energía.

Y a ti ya no te sobra.

No pretendas sacar adelante un negocio,

arreglar la relación con nuestra hija y ahora resolverles el marrón

a los propietarios que te han dejado tirada.

Tu marido tiene razón. Tienes que aflojar.

-Vale, voy un poco cuesta arriba con esto

porque estáis metiendo mucha prisa,

pero lo voy a hacer.

-Podrías soltar un poco de peso, para empezar.

Quizá tomándote un descanso en la asociación.

-Pero ¿cómo voy a hacer algo así?

Perdona, los propietarios confían en mí.

Hasta ahora lo has hecho genial.

-Estoy seguro de que entenderían que te tomaras un descanso.

Más en un momento tan delicado.

El mercado se juega mucho con la renovación.

-Pues precisamente por eso quiero ser la primera en ayudar.

-Ya sé que quieres, pero ¿puedes? -Claro que puedo.

Rosa...

Hoy perdemos una reunión con el Ayuntamiento.

¿Qué va a ser mañana?

Pero, por favor, que solo son unos dosieres.

No, no son solo unos dosieres.

Está en juego el futuro del mercado.

Otro fallo más como este y todo se puede ir al traste.

El futuro del mercado,

el sustento de los comerciantes y las familias de aquí.

¿De verdad quieres cargar con todo eso?

La verdad es que, si pasara algo así, no me lo perdonaría.

(SUSPIRA) Venga.

Está bien.

Está bien, encárgate tú.

¿Yo? No, no, no.

Sí, encárgate tú. Que no.

Por favor, Elías.

Eres el adecuado. Todos confían en ti.

Tienes experiencia a la hora de negociar.

Así que eres la persona adecuada para sustituirme.

Está bien, pero solo de forma temporal.

Cuando te repongas, vuelves a ser la presidenta de la asociación.

Voy a llamar al ayuntamiento, a ver si puedo retrasar la reunión.

Gracias.

¿Hortuño?

Al habla el nuevo presidente de la asociación.

(RÍE)

¿Estás ocupado? -No voy a ir al médico.

-No, si ya me quedó claro ayer. No he venido por eso.

Aunque ahora que sacas el tema... -¡Abuela!

-Mira que eres cabezota, ¿eh?

-¿Y ese chándal? -Te gusta, ¿eh?

-Hombre, gustar no sería la palabra.

-Es que me siento un poco oxidada y estaba pensado en hacer ejercicio.

-Sí no has hecho deporte en tu vida.

-Oye, también he tenido mis buenos tiempos.

A ver si te vas a creer que eres el único deportista de la familia.

-Bien. ¿Y qué tenías pensado?

Crossfit, bodypump, bikram yoga... -¿Eh?

¿Tú tienes conectada la Internet?

-Sí.

-Necesito que me busques una cosa.

-Espero que sea un chándal nuevo, ese parece de las Olimpiadas del 92.

-Qué obsesión tenéis con lo nuevo.

Un chándal es un chándal, sea del año que sea.

Y este es precioso, ¿o no?

¿Me vas a decir que no? -¿Qué quieres buscar?

-Pues una clase de salsa fusión.

¿De salsa qué?

-¿De verdad, Samuel?

¿Tan moderno y no conoces el baile de moda?

Si está causando sensación en los gimnasios de todo el mundo.

Necesito que me busques un vídeo de esos

que te enseñan a bailarlo bien. -Vale.

¿Y estás segura de que no prefieres un tutorial de chachachá?

-¿Qué dices? Quita, eso es de lo más aburrido.

Yo necesito algo más dinámico, que me ponga las pilas de verdad.

-A ver, ven a ver si es esto.

-¡Ahí, dale!

-¿Este? -Eso, eso, eso.

¡Oh!

-Abuela, ¿tú estás segura de que quieres hacer... esto?

-¡Claro que sí, mira qué bien se lo pasan!

-Esto no puede ser bueno. -¿Me lo puedes mandar al móvil?

-Sí, el caso es que luego sepas abrirlo.

-Oye, guapo, que soy mayor pero no inútil, ¿eh?

-Hala, ya lo tienes.

-Ay, sí, ya está.

Pues muchas gracias.

Ah, por cierto, sobre el médico... -Adiós, abuela.

Bueno, al final entre el nieto de Ramiro y yo

hemos ayudado a los propietarios a rellenar lo que faltaba.

¿Y ya los tienes todos? ¡Sí, señora!

Esta tarde presento el dosier.

Qué suerte tengo de que lo hayas hecho tú,

yo no habría sido capaz.

Tienes cosas más importantes en las que centrarte.

Sí, pero no te equivoques, ¿eh?

El mercado para mí es muy importante.

En cuanto esté lista, quiero volver a la asociación.

Y yo estaré encantado de cederte la presidenta.

Querrá decir que has solucionado los problemas con tu hija.

-Rosa, ponme un carajillo.

-Sí. Hombre, contigo quería yo hablar.

-Cargadito, ¿eh?

¿No tienes trabajo que hacer?

No le vuelvas a dar ni un duro a Germán, ¿estamos?

Yo no le he dado nada a tu hijo. Oye, que no soy imbécil.

Ahí te equivocas.

¡Te lo estoy diciendo muy en serio! Ni un duro más a Germán.

Bastante tengo con las juergas que se pega

como para que le pagues sus vicios.

Que no le he dado nada.

¿Y te tengo que creer?

¿Por qué iba a ocultártelo?

Germán me pidió dinero, pero le mandé al carajo.

Si lo quiere, que lo gane, como hacemos todos.

(Móvil)

Sí.

Ahora salgo.

Sí, espérame fuera.

A la entrada del muelle, sí.

¿Qué pasa?

Nada. Un asunto que tengo que resolver.

¡El carajillo!

Oye, no se lo cargues tanto a papá, ¿eh?

¡Te parecerá bonito! ¡Y a plena luz del día!

-Buenos días, Carmen.

-¿No tienes vergüenza? ¡Que te ha visto todo el mundo!

-No tengo tiempo para eso. -Nunca me he metido en tu vida.

He oído comentarios, pero nunca he opinado.

Lo que hagas con ellas me la trae al pairo.

-Pues nadie lo diría. -Ahora es distinto.

-¿Por qué? -¿Por qué va a ser? ¡Por mi madre!

-Tu madre no tiene nada que ver.

-¿Vas a negar que os veis?

-No, y lo paso estupendamente con ella.

-Y ese es el problema.

Mi madre no es una mujer para pasar el rato,

se merece más. Para empezar, un poquito de respeto.

-Que yo respeto a Valeria, ¿eh?

-Sí, ya lo he visto.

Mira, esta vez no se lo voy a contar,

no quiero hacerle daño,

pero, si vais a tener una relación en serio,

tendrás que dejar este tipo de transacciones.

-¿Qué relación? Te estás equivocando.

-¿Me lo vas a negar?

-No sé qué te habrá contado, pero Valeria y yo no estamos juntos.

-Igual lo quieres llevar con discreción

porque te gusta tener esa imagen de casanova.

Conmigo no tienes por qué fingir. -Te estás equivocando.

-¡Jesús, basta! ¡Que sois pareja!

-¡Qué pareja ni qué parejo!

Tu madre y yo somos amigos, ¿vale?

Y no tengo que dar explicaciones a nadie, y menos a ti.

¡Y déjame de tocar las pelotas de una vez!

-Pero bueno...

Hola. ¿Tú no deberías estar en el bar?

Bueno, yo cerré anoche y hoy abre Rosa.

Qué bien vivimos algunos. Oye, que yo curro como una mula.

Ya, pero a ti lo de madrugar como que no.

Vale, soy una chica nocturna, pero cumplo mis horarios.

Y esta rutina que estoy haciendo la estoy disfrutando.

Hija, a ver si cunde el ejemplo en alguno, porque tu sobrino.

¿A que no se ha levantado? Creo que no.

Manda huevos el niño.

Dale tiempo. ¿Tiempo?

Le voy a dar otra cosa, le voy a dar.

¿Ves? Te pasas el día reprochándole y echándole broncas.

Consigues que se te ponga en contra.

¿Y qué hago? ¿Eh? ¿Qué hago?

¿Le río las gracias? ¿Se lo consiento todo?

Germán va a encontrar su camino él solito.

Ya se dará cuenta de que no quiere tirar su vida por la borda.

De momento no le veo muy por la labor.

De hecho, está encantado.

Si por lo menos le faltara el dinero, pero ni eso.

¿Y de dónde lo consigue? ¡Y yo qué sé!

Papá dice que no, que él no se lo da.

Es que no estamos hablando de calderilla, ¿eh?

Se acaba de comprar unas zapatillas carísimas.

Sale todos los días de juerga, con lo que vale eso.

Y no hablamos solo de alcohol.

A ver, ¿qué quieres decir?

Adela le ha encontrado pastillas.

No me sorprende. Porque, si no, a ver cómo aguanta el ritmo.

No, ya hablé con él de eso.

No te tienes que preocupar, de verdad.

No sé yo qué decirte.

Porque, de consumir al trapicheo, hay un paso.

¿Es que tú crees que él pasa drogas?

No lo sé, hermana, no lo sé, pero...

¿Y si lo está haciendo?

Es que ya no estamos hablando de una fase rebelde.

Ya hablamos de que está cometiendo un delito grave.

¿Pero tú tienes pruebas? No, no las tengo.

Pero tengo una corazonada.

Bueno, no te precipites. Seguro que hay una razón.

¿Tú crees?

Seguro.

No sé.

Por qué no hablas tú con él.

Sí, habla tú con él.

Se lleva muy bien contigo. Confía en ti.

A ti seguro que te lo cuenta.

Nos llevamos bien, pero no creo que quiera confesarme un delito.

Hermana, si de verdad ha tirado por ahí, tenemos que hacer algo.

¡Que tu sobrino puede acabar en la cárcel, joder!

Vale. Vale, hablaré con él.

Pero, Elías, no te puedo prometer nada.

Venga. Gracias. De nada.

¿Cuánto? Mucho gasoil le has echado tú, ¿no?

¿Tienes el justificante?

Sin justificante no hay dinero, te lo digo siempre.

¿Y tú para qué vas? No piensa uno, no piensa otro.

Vaya dos cabezas pensantes. Me duele la boca de decíroslo:

sin justificante, el gasoil lo pagáis vosotros.

¿Qué tal, chaval? Ayer nos quedamos a medias.

¿A medias de qué?

Estábamos hablando del negocio, nos interrumpieron...

¿No te acuerdas? No nos interrumpieron.

No tenía más preguntas.

Ah, muy bien.

¿Y qué? ¿Qué estás haciendo ahora?

Extrapolar. ¿Eh?

Es calcular el valor de una variable en un punto en función

con unos datos con las mismas características que el primero.

Apasionante.

Mucho.

A partir de los datos que me diste ayer,

puedo establecer estimaciones estadísticas

del volumen de mercancías que mueves en un año,

Así puedo optimizar tus gastos de transporte.

¿Esta línea que sube qué es?

El dinero que tu empresa se ahorraría si siguiera estos parámetros.

Ah, coño, pues sí que es interesante, sí.

Si quieres, te puedo ayudar con esto.

No, ya me diste los datos que necesito.

Bueno, pero te puedo dar muchos más datos.

Los sueldos, las subvenciones, las bajas laborales...

Si el mundo de la gestión empresarial está lleno de datos.

Para aburrir vamos.

Los datos nunca aburren.

Bueno...

No, sigue con estas cosas que tú haces,

porque, si me gustan a mí las extrapolaciones estas,

lo mismo te contrato como contable. ¿Cómo lo ves?

Ya trabajo para Jorge.

No podría compaginar los estudios con dos trabajos.

¿Jorge te paga?

No, lo hago por amor al orden.

Le estás haciendo un favor, no estás trabajando para él.

Soy un defensor del esfuerzo remunerado,

que no te engañen. Es lo que mueve este país.

¿Tú quieres más datos?

Te voy a dar datos.

Toma.

Extrapola ahí.

Extrapola...

Ya estoy aquí.

Qué bien me han venido dos horitas más de dormir, ¿eh?

No te das cuenta de lo bueno que es descansar

hasta que no lo haces.

¿Qué tal? ¿Has ido muy de culo sin mí?

-¿Desde cuándo sabías dónde estaba Noa?

-¿Quién te ha dicho eso?

-No me lo niegues, ¿eh?

No me lo niegues porque no respondo.

Lo sabías, ¿verdad?

-Sí, lo sabía, pero... -Serás hija de puta.

-Rosa, escúchame un momento... -Si es que...

¿Sabes qué? Pensaba que habías cambiado.

Que podíamos volver a tener una relación normal de hermanas,

pero sigues siendo la misma Lorena egoísta y mezquina de siempre.

-No podía decírtelo. -Ah, ¿no? ¿No podías?

¿Y cómo es eso, Lorena?

¿Qué pasa, no has encontrado el momento adecuado?

Durante todas las horas que hemos pasado juntas desde que has vuelto,

no has encontrado el momento adecuado, ¿verdad?

Por ejemplo, cuando me veías llorar.

No. O cuando me veías con ataques de ansiedad.

Tampoco, ahí tampoco, ¿verdad?

-No tenía otra opción, de verdad.

-Por favor, eso no te lo crees ni tú. -¿Cómo que no me lo creo?

Noa era capaz de cogerse un avión.

Me dijo que, si te lo contaba, se iba al extranjero.

-¡Me da igual lo que te dijera!

¡Me lo tenías que haber dicho! ¡No sabía si estaba viva o muerta!

-Sí lo sabías. Te dejó una nota.

-No me digas lo que me dejó, me sé esa puta nota de memoria.

¿Tú para qué has venido aquí? ¿A darme lecciones?

¿O a reírte de la imbécil de tu hermana,

que no sabe hacer nada de nada, como siempre?

-No pretendía hacer eso.

-Mira, te voy a decir una cosa:

si este bar no fuera de Elías, te echaba a patadas.

-Por favor. -¿Por favor?

¿Por favor? ¿Qué por favor?

¡Joder! ¡Es que no quiero ni verte!

-Lo último que quería era hacerte daño.

-Sí, claro.

Total, que el 32,15 %

de todas las exportaciones que hacemos de Marruecos

son de judías verdes.

¿Lo tienes?

No preguntes si lo tengo cada vez que me das una cifra.

Es para asegurarme de que metes el dato correctamente.

Yo nunca cometo errores.

Muy bien. Vamos a ver qué más tenemos.

Ah, mira, tenemos...

Holanda, Francia o Portugal período 2016-20818. ¿Cuál prefieres?

Hay que hacer los tres. El orden es indiferente.

Bueno, muy bien.

No sé, ¿qué país te gusta más? David.

Llevo más de media hora esperándote en el puesto.

Estaba ocupado. Haciéndole perder el tiempo a Elías.

Perdona si te ha molestado. No le he molestado.

Él ha venido a molestarme.

Pero ahora no me molesta, me está ayudando.

Lleva razón. Me he ofrecido a ayudarle con el trabajo.

¿Portugal 2016?

Portugal 2016, vamos allá.

Vamos a ver, David,

habíamos quedado en que me esperabas en la droguería.

Pero debo terminarlo. En otro momento.

Venga, para dentro.

Hacemos una cosa, te doy los papeles,

terminas tú de meter los datos tranquilamente

y, cuando puedas, me los devuelves, ¿vale?

Gracias. A ti.

Adiós, rapaz.

Rosa, cada decisión que he tomado ha sido por el bien de todos.

Y Nacho también. -Oh, venga.

No es lo mismo. Una cosa es saberlo unos días antes

y otra, callarte durante semanas.

Además, no le eches ahora la mierda a Nacho.

Porque él se calló, sí,

pero para protegerte a ti y para que no nos peleáramos.

-¿Perdona?

-¡Dios mío! -No, Rosa, espera. Espera.

¿Qué coño le has dicho a mi hermana?

-No he sido yo, ha sido Noa.

Se ha pillado un berrinche y lo ha soltado todo.

-No, no hablo de eso.

Le has dicho que hace solo dos días que lo sabes

¿y que callabas para protegerme?

-Algo tenía que decirle. No sabes cómo se ha puesto.

-¿Y por eso le has mentido?

-La veía capaz de romper nuestra relación,

además de la vuestra.

He tenido que improvisar, entiéndelo.

No tenía sentido que se enfadara con ambos.

-(RÍE)

-Estoy seguro de que es cuestión de tiempo

que lo acabéis arreglando. Sois hermanas.

Te perdonará, te ha perdonado muchas cosas ya.

Pero, hasta que eso ocurra, Rosa necesita confiar en alguien,

tener a su lado a alguien en quien pueda confiar.

Imagínate que no lo tuviera.

Se hundiría aún más.

Mira, lo siento, ¿vale?

No ha estado bien, pero fue lo único que se me ocurrió

para hacerle el menor daño posible.

-El menor daño posible... -No soporto mentirle a Rosa,

pero lo he tenido que hacer por su bien, porque la quiero.

La quieres, ¿no? Asume esto como un mal menor.

-Como un mal menor.

No me va a volver a hablar en su vida.

-Ya me ocuparé yo de que no sea así. Confía en mí.

Ya lo verás. Todo se arreglará.

Que no se trata de eso, Celia, ya te lo he dicho.

Solo quería hacerle un favor a tu hijo.

No tienes que hacer méritos conmigo.

Pero ¿qué méritos?

En serio, me hace mucha gracia ver que le interesa mi empresa.

Y lo de las extrapolaciones que hace es muy interesante.

Me alegro, pero te agradecería que no metieras a David

en medio de todo esto.

¿En medio de qué?

Mira, te he dicho que esto ha sido un desliz

y que no se va a volver a repetir.

¿Y eso que tiene que ver con nada de nada?

Bastante tengo con ver a Adela en el mercado

como para que ahora te dediques a pasar tiempo con mi hijo.

Así que ahórrate estas aproximaciones.

Celia, perdóname. ¿Qué?

Pero creo, sinceramente, que me estás malinterpretando.

Bueno, entonces no te importará dejar a David en paz.

No, no me importa. Pero me he comprometido con el chico.

Bueno, pues rompes tu compromiso.

Seguro que no es la primera vez.

Además, tampoco se va a acabar el mundo.

Y es que aparecen las cajas delante de la puerta de mi almacén

y es un engorro.

Ya. ¿Y no imaginas quién pude ser?

Tu padre dijo que lo iba a consultar y que me diría algo,

pero esta mañana seguían ahí.

Es o Ramiro o Raúl. Ambos tienen la puerta al lado de la mía.

No te preocupes, ya hablaré luego con ellos.

Vale. Oye, no han vuelto a entrar, ¿no?

¿Quién?

Los chicos que se colaban en el mercado.

No, es verdad. Hace tiempo que no vienen.

Raro, ¿no? Pues sí.

Que yo sepa, el techo de la pollería sigue roto

y nadie ha hecho nada.

¿Tu padre no fue a la policía?

Sí, pero no le han hecho mucho caso.

Bueno, igual no eran del barrio y estaban de paso.

Espero que no vuelvan hasta que arreglemos el techo.

Ya.

Adelante.

-¿Interrumpo?

No, ya me iba.

Mírame lo de las cajas y me dices algo.

-Venga, chao. Chao.

-Adiós.

No te quejarás, al menos he picado la puerta.

-¿Vienes a limpiar? -No, ya lo hice ayer.

-La papelera vuelve a estar llena. Si me la vacías, me harías un favor.

-Una cosa, ¿no habrás visto un anillo por aquí?

-¿Un anillo, cómo? -Así, con dos calaveras y plateado.

-No, no he visto nada. -¿Te importa si lo busco?

-¿Es muy caro?

-No, qué va. Si es que es de mercadillo.

Pero, no sé, es que hacía mucho que no me compraba nada, ¿sabes?

Que no me compraba nada que no necesitara

solo por la ilusión de tenerlo.

Lo importante no es el dinero, sino el significado que tiene,

recuperar la ilusión perdida.

Aún me faltan datos, pero, con lo que tengo,

puedo deducir que el del frutero es el puesto más eficiente del mercado.

Pues mira tú qué bien.

¿Sabías que el frutero tiene este puesto

y tiene otros dos más en otros mercados?

Y tiene una empresa de transportes con una flota de más de 20 camiones.

No lo sabía.

Pero por qué no dejas de llamarle "el frutero" todo el rato,

que tiene un nombre. Se llama Elías.

Me faltan los sueldos.

¿El qué?

Los datos de los asalariados.

¡Elías me los había prometido! No, no.

No te mueves de aquí. Necesito esos datos para el trabajo.

No necesitas más datos. No quiero que molestes a Elías.

Para él no es ninguna molestia. Lo es.

Él dijo que no. Cariño, solo intenta ser amable.

Y ser amable es lo contrario de mentir.

Sí, pero sabes que a veces las personas no dicen toda la verdad

para evitar un mal mayor.

¿Qué mal mayor? Pues...

Dañar los sentimientos de otra persona, por ejemplo.

Elías no puede dañar mis sentimientos porque no me conoce.

Cariño, a veces la gente lo hace porque quiere ser amable.

Él está siendo amable y tú estás malinterpretándolo.

Eso no lo sabes porque no estabas allí.

Ya está bien, por favor.

Parece que te moleste más a ti que a él.

Mira no digas tonterías, ¿eh?

¿Y por qué te enfadas? ¡No estoy enfadada!

Pero, como sigas llevándome la contraria, me voy a enfadar.

Hola.

Mira qué gran reserva me acaba de llegar...

"Burdeos. Denominación de origen Saint-Émilion. Francia".

¡"Touché"!

¿Me ayudas a colocarlos?

No lo sé. Mi madre dice que molesto.

Pero, bueno, David, no digas esas cosas.

Tú sabes que Jorge está encantado con tu ayuda.

Entonces ¿a Jorge le puedo molestar, y a Elías no?

No le hagas ni caso.

Está obsesionado con el negocio de Elías para el trabajo.

No estoy obsesionado.

Es el negocio más interesante de este mercado.

El tuyo ahora creo que es simple para lo que necesito.

No pasa nada. Lo importante es que esté bien el trabajo,

el negocio da igual. ¿Puedo ordenar los vinos?

Sí, claro que puedes.

Vale. Pero no te inventes nada, Lo haces a mi manera.

Tu manera es aburrida, pero vale.

Oye, ¿ha pasado algo con Elías? No.

No, bueno, es que no me cae muy bien.

¿No?

Creía que sí. Después de todo lo que ha hecho por ti, ¿no?

Bueno, gracias a él te dieron la subvención.

Sí, y se lo agradezco,

pero no quiero agobiarle ni que David le moleste mucho.

Bueno, no creo que a Elías le importe.

Bueno, no le quiero deber más favores

ni dar más que hablar ni nada.

¿Dar que hablar

por que ayude al chaval con un trabajo del cole?

Bueno, yo me entiendo. Cosas mías.

¿Por qué no le echas un ojo? Porque creo que te la va a liar.

Sí.

No sé. No lo veo por ningún lado.

¿Estás segura de que te lo quitaste aquí?

-Sí, sí, eso espero. Porque, si no, la otra opción...

Es que se me cayó en la basura cuando limpiaba el puesto común.

-Pues no lo veo por aquí.

Si se cayó en el contenedor, ya te puedes despedir de él.

Te puedes comprar otro igual.

-Que no, tío, que no, que este anillo es único.

Y no quiero intercambiarlo y sustituirlo así como así.

¿Y si llamas a la empresa de recogida de basuras y preguntas?

-¿Y les digo que rebusquen?

-Yo qué sé. ¡Que lo intenten!

-¿Cómo van a encontrarlo? ¡Es buscar una aguja en un pajar!

-¿No harías eso por mí?

-Carla, pues sí, pero... -¡Samu!

Me lo debes.

Después del lio que me armaste por todo lo de la furgoneta,

esto es lo mínimo que podrías hacer. -Y lo haría.

Lo haría si estuviera en mi mano.

Ojalá pudiera ayudarte, pero me pides un imposible.

-Si te pidiera algo más fácil, ¿lo harías?

-Por supuesto.

-Me alegra oír eso. Hay algo que puedes hacer por mí.

Lo que sea.

-¿Me lo prometes?

-Sí.

A ver.

¿Qué necesitas?

-Que vayas al médico y que te mire ese hombro.

-¿Qué? -¿Te vas a echar atrás?

-¿Qué tiene que ver esto con nada?

-Hace un momento me ibas a ayudar con algo que era imposible,

y ahora, que te pido algo que no lo es, ¿te vas a negar?

-¿Ha sido un juego para convencerme? -Todo lo que te he dicho es verdad.

Lo de la ilusión.

Que la había perdido y que no sabía si la iba a volver a recuperar.

Como un anillo en el vertedero.

Y sabes perfectamente qué sensación es esta,

lo has vivido.

Pero no te conformaste, ¿verdad?

Y te recuperaste.

Te llenaste de mierda hasta el cuello,

recuperaste tu ilusión, encontraste tu anillo.

-Lo del médico no tiene nada que ver con esto.

-Claro que sí.

Volver al hospital es volver al vertedero.

Y lo entiendo. Tienes miedo y lo entiendo.

Pero, Samu,

eres mucho más fuerte que todo eso. Yo lo sé.

Además,

es algo que te he dicho yo y has prometido que lo vas a hacer.

-Carla, de verdad, cuando te pones cabezota...

-¿Esto es un "sí"?

-Sí, iré.

-Genial.

Ah, y no te preocupes por mí, ¿eh?

¡Que este anillo no lo pierdo ni de coña!

(LORENA) ¿Hola?

(GERMÁN) Buenas.

-¿Vienes a comer? -(ASIENTE)

¿Estás solo? -Sí, y no hay nada en la nevera.

¿Pido algo por la "tablet"?

-Quiero hablar contigo.

-Vale.

¿Qué? ¿Te has vuelto a pelear con Rosa?

-No.

He oído que se está trapicheando con drogas en el mercado

y quería saber si tú sabes algo.

-¿Qué? ¿Te quieres pegar un fiestorro?

-(RÍE) No.

¿Sabes algo o no?

-Pues no, no. No me suena que haya ningún "dealer".

Pero ¿de qué estamos hablando? ¿De pastis?

-No sé, yo creo que un poco de todo.

-Pues no, ojalá lo hubiera, me ahorraría un montón de viajes.

-No, venga, Germán, en serio.

-¿Qué? Ni que tú fueras una santa.

-Ya, precisamente por eso, porque no soy una santa.

Germán, es que me han dicho que el que pasa se parece a ti.

-Uy, qué guapo.

-Estoy hablando en serio. ¡No te rías, no hagas bromas!

-Vale. ¿De dónde has sacado eso?

-¿Estás pasando o no? -¡Claro que no!

Pero ¿tú qué clase de vida te piensas que llevo?

-Pues no lo sé. Dímelo tú.

Te compras zapas de supermarca. De algún sitio sacarás la pasta, tío.

-Y lo primero que piensas es que tu sobrino es un camello.

-Sí, lo he pensado.

-En vez de pensar, como una persona normal,

que tengo ahorros.

-¿Tienes ahorros?

-De verdad, estoy flipando mucho ahora mismo.

-Germán...

Por favor, júrame que no eres tú.

¡Que te lo juro! Que te lo juro mil veces si quieres.

Hasta me peleé con Jona por no darme el móvil de un "dealer".

Pregúntaselo a él si quieres.

¿Qué necesidad tengo de hacer eso si soy un narcotraficante?

-No, tienes razón. Perdóname.

Perdóname. -Deja de decir tonterías ya.

-Tienes razón. (RESOPLA)

Si sé que no eres tú.

Pero se está cuestionando tanto la imagen del barrio.

Que si entran en el mercado, que si ahora pasan drogas...

No quiero que te relacionen con esas mierdas, tío.

-Vale, vale.

Pues puedes estar tranquila.

¿Qué prefieres?

¿Hamburguesa o pizza?

-Japo.

-Muy bien.

Pues kebab se ha dicho.

A ver...

Ay, ay, ay... ¡Cuidado!

Perdón.

Muchas gracias.

"Bragafaja compresora".

Muy sexi, ¿eh? Sí, es para el puesto.

Ya, hombre. Yo sé que tú utilizas una ropa interior mucho más fina.

Perdona, era una broma.

No, no pasa nada.

Perdóname tú a mí, esta mañana he estado un poco seca contigo.

Y debo agradecerte que estés ayudando a David con el colegio.

Está entusiasmado. Ah, ¿sí?

Sí, sí.

Me alegro mucho. Nos hemos entendido muy bien.

Sí, yo también me alegro.

Tienes que entender que David es un chico especial

y que no me gusta que esté con gente que no conoce.

Bueno, pues ya nos conocemos.

Y su madre y yo también nos conocemos.

Si quisieras, nos conoceríamos más.

Elías, por favor... Ey, Celia, no, no.

Que te lo estoy diciendo como amigo.

Conocernos como amigos.

Después de lo dicho esta mañana me ha quedado claro.

Pero otra copa podríamos tomar. Hola, Jorge.

Hola, Jorge.

Bueno, pues ya me dirás. Sí.

Adiós, Jorge.

¿Otra copa?

¿Qué? ¿Perdona?

Es lo que ha dicho Elías. Otra copa, ¿no?

¿Estabas escuchando la conversación?

No, pero en un sitio así es inevitable.

Y me ha llamado la atención que ha dicho "otra" y no "una".

Mira Jorge no sé lo que crees que has escuchado o...

No, es suficiente, de verdad.

Ahora me queda claro

por qué no querías que David se acercara a él.

No hay nada que entender.

Celia, ¿hay algo entre vosotros?

¿Perdona?

Porque es eso lo que está pasando, ¿no?

Estás con Elías y la otra noche no fuiste sola

a tomar esa copa, como me dijiste.

No es asunto tuyo.

No, por favor, claro que no. Es tu vida.

Solo que no me gusta que me mientan.

Estás con Elías, saliste a tomar algo...,

y nada más, claro.

¿Sabes?

Dicen en mi tierra que "la que calla, otorga".

Pues dicen en la mía

que "la que calla es porque no tiene nada que decir".

Claro.

¿Mamá no está?

-Estará a punto de llegar.

¿No piensas darme ninguna explicación?

-¿De qué?

-Teníamos un trato, Noa.

Pensaba que podía confiar en ti, pero, como de costumbre,

tu comportamiento irresponsable ha mandado todo a la mierda.

-Ahora es todo culpa mía, ¿no?

-Sí. ¿Qué te costaba quedarte callada?

-¿Pretendes que me calle cuando me queréis fuera de casa?

-¿Y qué te importa eso si eres la primera que quiere irse?

Primero te vas y no quieres volver, pero vuelves.

Te abrimos las puertas, pero dices que te irás.

Y, cuando lo asumimos, te enfadas y dices que no te vas.

¡Joder, Noa, aclárate!

(Puerta)

-¿Qué significa esto?

-Cariño, te he preparado una comida especial.

-¿Y con eso ya está todo arreglado?

-No, claro, pero...

-¿Se puede saber qué os he hecho para que me tratéis así?

Siempre ocultándome cosas, despreciándome, haciéndome sufrir...

De Lorena podría esperar algo así, pero de vosotros...

Dime, hija, ¿qué te he hecho yo?

Dímelo.

Porque quizás hice algo terrible que no recuerdo. ¿Es eso?

¿Me estás castigando por, no sé, un error que cometí?

¿Y tú?

¿También me estás haciendo pagar por algo? Todas esas mentiras

que me has soltado conscientemente...

¿Es por eso o simplemente porque te querías reír de mí?

-Claro que no, Rosa. -Bueno, ¿y por qué me tratas así?

De verdad, te lo pregunto con toda sinceridad, Nacho.

Porque, si he hecho algo, dímelo.

Dime qué es, por favor, para que pueda rectificar.

-No has hecho nada malo. -Algo tiene que haber.

Algo de lo que no soy consciente,

porque, no sé, por más vueltas que le doy

es que no consigo comprender... qué pasa.

La única explicación que encuentro es, no sé, que... no lo recuerdo.

Que...

Que os he hecho algo terrible y lo he olvidado.

Y, si es así, os pido perdón.

-Cariño...

Sé que todo esto debe ser muy confuso para ti,

pero soy yo quien te tiene que pedir perdón.

Reconozco que me he equivocado,

pero siempre he querido que estés bien.

¿Quieres dejar de decir eso, joder?

¡No paras de repetirlo, y estoy harta de oírlo, Nacho, harta!

¡"Es por tu bien, es por tu bien, es por tu bien"! ¡Basta!

¡Ya está! ¡Se acabó!

Nadie engaña a su mujer por su bien, nadie.

Verme sufrir durante todo este tiempo...

y no hacer nada, nada por evitarlo.

Eso no es por mi bien, Nacho. ¡Eso es ser un egoísta!

¡Y no te lo voy a perdonar jamás!

¡Valeria!

-¡Hombre, ya era hora, dichosos los ojos!

Pensé que me ibas a dejar plantada. -Un caballero no hace esas cosas.

Y un caballero tampoco llega 15 minutos tarde.

¿No te vas a cambiar?

-No va a hacer falta.

-Uy, yo creo que sí.

La salsa fusión es de lo más exigente,

vas a sudar un montón.

-No he venido a bailar.

-¿Cómo que no?

No me digas que tienes otros planes.

Ya me dirás qué hago yo en chándal si no hacemos ejercicio.

¿No me podías haber avisado? -No he tenido tiempo.

-Si no es cuestión de tiempo. ¿Para qué tenemos los móviles?

-Es que no quería contarte esto por teléfono.

-¿Contarme qué?

-Siéntate un momento.

-¿Qué me siente?

-Sí, por favor.

-No quiero.

-¿Cómo que no quieres?

-Nunca pasa nada bueno después de un "siéntate, por favor".

-¿Por qué tienes que hacer las cosas tan difíciles?

-Ah, ¿soy yo la que pone las cosas difíciles?

Eres tú el que cambia los planes a su antojo.

-¡Siéntate!

Venga.

Lo que te quiero decir es que estoy encantado contigo

y lo paso muy bien cuando estamos juntos.

-Yo también. -Pero vamos a dos velocidades.

Yo me conformo con nuestra relación de amistad,

y tú quieres ir más allá.

-Bueno, yo no sé dónde quiero ir. Nos estamos conociendo.

-Tú y yo nos conocemos de sobra, Valeria.

No juguemos a eso.

Está claro que quieres algo más serio.

-Nunca te he presionado con eso. -Ya me entiendes.

-No, no te entiendo.

Hasta hace nada, estábamos genial,

y, de repente... -Me lo ha dicho tu hija.

-¿El qué?

-Que estás buscando una relación formal conmigo.

Y yo no estoy preparado para eso.

No quiero darte falsas esperanzas y luego defraudarte.

Así que es mejor que pongamos freno a esto.

-¿Quieres poner freno a esto?

Pues muy bien, lo ponemos. Por mí no hay ningún problema.

-Pues me alegro. -¿Sí? Yo me alegro más.

¿Y sabes por qué?

Porque serías un lastre para mí.

-¿Yo un lastre? -¡Sí!

¡Un pan sin sal,

alguien que sería incapaz de seguir mi ritmo

y de satisfacer mis demandas de energía!

-¿Qué energía? ¡No me hagas reír! -Ah, ¿sí?

¿Quieres que te lo demuestre?

Pues muy bien.

Ahora vas a ver lo que te has perdido

por darme la patada, Jesús de la Cruz.

Míralo bien, porque ya no lo vas a tener.

¡Ay, el cuello! ¡Que me he roto el cuello!

(NACHO) No te preocupes, no será nada.

-¡Me duele mucho!

-¿A quién se le ocurre lanzarse a hacer esa salvajada?

-Salvajada la que me has hecho tú. -¿Yo?

-Pero ¡mamá! ¿Qué te ha pasado?

-¡La culpa de todo la tiene él!

-¿Qué le has hecho, desgraciado? -¡Yo nada! ¡Ha sido ella sola!

-¡Me cago en la salsa fusión! -¿Qué dice?

-¡Se puso a bailar como una loca! -¿Por qué?

-Quería demostrar que soy un viejo y que no puedo seguir su ritmo.

-¡Y eso es lo que eres!

¡Un viejo sin sangre en las venas! ¡No sirves para nada!

¡Un cobarde y un mostrenco! -¡Mamá, cálmate, te vas a poner peor!

-¡Peor me voy a poner como no me lo quites de mi vista!

-Pero ¿qué le has hecho?

-Ya te he dicho que nada. -¡Y una mierda!

¡Ay! -Mejor hablarlo camino del hospital.

-Tú no vienes a ningún sitio. -Pero, Carmen...

-No sé qué ha pasado, pero está claro que tienes la culpa.

-(VALERIA) Carmen. -Aquí te quedas.

¡Aléjate de ella! ¿Está claro?

Vale, pues eso.

-Ay, me he roto el cuello.

-¿Cómo vas a romperte el cuello? No seas exagerada.

-Te lo digo yo. -(CARMEN) Qué bruta.

(VALERIA) No voy a volver a andar. No voy a volver a bailar.

(CARMEN) Tonterías. ¿Puedes mover las piernas?

-¡Ay, las piernas! -(CARMEN) Ah, que están abrochadas.

Elías no puede ser presidente solo porque tú seas su hermana.

Si decide renunciar al cargo,

deberíamos elegir por votación quién es el nuevo presidente.

Por mí no hay ningún problema, en serio.

He visto tu tatuaje y sé lo que significa.

-¿Y te preocupa mi tatuaje?

-Me preocupa que haya alguien de la mafia, sí.

Noa, antes o después, como todos los hijos,

se marchará definitivamente,

y a ti lo único que te quedará es tu matrimonio.

¿Tu madre te hace saltar los colores y encima te da miedo el médico?

Colega, no te piques, estoy de coña.

¿Qué te parece?

-Ya, ya.

¿Estás seguro que es buena idea? -"É certo".

¿Cristina quiere emociones fuertes? Las tendrá.

Lo primero, atacar al punto débil de todo comerciante, las finanzas.

¿Y cómo vas a hacerlo?

Inflando el presupuesto, que vean que la reforma es inasumible.

Muy buena idea.

Gracias.

Para poder hacer eso hay que tener acceso a las cuentas.

Y, que yo sepa, no eres el presidente de la Asociación de Comerciantes.

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Mercado Central - Capítulo 23

23 oct 2019

Rosa cede ante la presión de Elías.
Elías le pide a Lorena que investigue de dónde saca el dinero Germán.
Jorge intuye que hay algo entre Elías y Celia.
Carla convence a Samuel para que vaya al médico.
El romance entre Jesús y Valeria sufre más de una turbulencia en su intento de hacer “cosas de jóvenes”.

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