Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 21 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué pasa? ¿También quieres esto?

-Si te gusta, quédatelo.

Ya sumaré el coste a los honorarios.

-Toma, desgraciado.

Y lárgate de mi vista.

Empezaba a sentir que... que no tenía miedo.

Por eso me dolió tanto lo de la "furgo".

-¿Te puedo pedir un favor? -Dime.

-Conmigo no te la pongas.

La coraza, digo.

Es que te queda mucho peor que el traje de holandesa.

Te voy a llevar a un sitio con poca gente y muchas velas.

-Por ahí vamos bien, De la Cruz.

Me vine a Madrid por ella.

Dejé mi trabajo en Nápoles, mis estudios.

Vine para recuperarla, pero no pudo ser.

Giuliana tenía una nueva vida y ya...

no había hueco para mí.

¿Ahora estás trabajando o disfrutando?

No sé, dímelo tú.

Hora de volver a casa.

-Puedo caminar solito. -Sí, sí, sí,

puedes caminar, pero ahora no.

Era para ver cuando nos reunimos para hablar del Mercado Central.

Te lo voy a servir todo en bandeja.

¡Noa!

Ay, estás aquí.

Has vuelto. Sabía que ibas a volver.

-¿Cómo está tu mano?

-Está bien. Ha sido...

un corte sin importancia.

-Joder. Es que Jonathan me asustó tanto...

-¿Jonathan?

-Bueno, ha sido una casualidad.

No sabía nada de él, y justo le he hablado esta tarde

y me ha dicho que te llevaron al hospital.

-Estamos conectadas tú y yo, ¿eh? -Otra como su tía Lorena:

me voy y volveré cuando me dé la gana,

y a la familia que le den.

-Venga, abuelo, no seas malo.

-Habló la rebelde de la familia.

¿Qué pasa?

¿No le vas a dar un abrazo a tu abuelo?

-Sigues igual de cascarrabias que siempre.

-Creí que ibas a decir "más joven". -Bueno, eso también.

Y perdona por lo de tu cumple.

Me habría gustado celebrarlo contigo.

-Hace tiempo que no cumplo años, ¿no me ves?

Esas miserias las dejo para esta gente.

-Noa. Ven aquí, anda.

-Cuánto tiempo.

Noa, me alegro muchísimo de verte.

Yo también.

Yo os dejo, que... que seguro que tendréis mucho que hablar.

¿Cómo estás?

-Bueno, venga, ya está. No me la robéis.

Que tiene muchas cosas que contarme, ¿verdad? ¿Tienes hambre?

¿Quieres darte una ducha mientras te preparo algo?

-No, no tengo hambre.

-Estás cansada, ¿verdad?

Luego, te instalas en la habitación,

está como la dejaste.

-Mamá, no me voy a quedar.

-¿Cómo?

-He venido para ver cómo estabas. Y ya me quedo más tranquila.

-Ah, y te quedas más tranquila.

¿Y qué pasa con tu padre y conmigo? -Rosa.

Ahora no.

-¿Cómo que no?

¿Tú has pensado

lo "tranquilos" que estábamos sin saber dónde estabas?

-Mamá, ¿tenemos que hablar de esto ahora?

-¿Y cuándo quiere la señorita hablar? ¿Eh?

¿Cuando me rompa una pierna, un brazo o cuando a tu padre...?

-Mamá, por favor.

-Noa tiene razón, no es el momento de hablar de esto.

-Por favor,

no te vayas, por favor. No me hagas eso.

-No me puedo quedar, mamá.

-Pero ¿por qué? -Vamos a calmarnos un poquito.

Ha sido un día muy largo, ha sido un día muy intenso.

Estamos aquí, vamos a descansar.

Vamos a encajar esto, por favor.

Noa.

Quédate esta noche.

Mañana vemos.

-Solo por esta noche.

Por favor. Hazlo por tu madre.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Pues es una sorpresa que hayas venido tan temprano.

Quería ver que sigues entusiasmado con el proyecto.

Bueno, según los motivos que tenga para estarlo.

Los dos sabemos que ese mercado tiene los días contados.

Estamos de acuerdo, ¿no?

No.

No. Depende.

Depende de cómo y de quién lo gestione.

Aparte, hay una cosa que está clarísima.

Si finalmente se vende el Mercado Central,

yo pierdo el bar...

y el puesto de frutas.

Lo que es lo mismo, las almendritas de mi negocio.

No me jodas, Elías.

Con lo que te voy a ofrecer,

te puedes montar una frutería de dos plantas en la calle Serrano.

Seguro, seguro.

Pero eso...

eso puede ser un éxito...

o una absoluta ruina.

Ya.

Hablemos claro, ¿qué es lo que quieres?

De entrada, tú sabes que...

si me pongo de tu lado, yo me juego mucho, ¿verdad?

Yo haré que sea rentable para ti. No sé.

El Mercado Central...

Ahí trabaja toda mi familia, ¿sabes?

Mi mujer,

mis dos hermanas.

Por no hablar de la cantidad de amigos

a los que tendría que traicionar.

Mira, Elías, sé que lo que te estoy pidiendo

no es una decisión fácil.

Pero te puedo asegurar que es muy rentable,

para ti y para tu familia. Y en cuanto a lo de tus amigos...

Es una oportunidad de hacer nuevas amistades.

Es que ya no tengo edad para eso.

Ah, ¿no?

¿Tú sabes la cantidad de cosas

a las que yo tengo que renunciar, por una cantidad que, sinceramente,

es muy mejorable?

Tienes razón, las cifras son muy frías.

¿Y si le añadimos algo más tangible?

A ver.

Un ático, en la promoción de pisos que tengo enfrente del mercado.

200 metros cuadrados, 4 baños, 2 terrazas,

una de ellas con jacuzzi.

Te vendría muy bien para ti y para tu familia.

Y para tus nuevos amigos. Sí, sí, seguro.

Seguro que viene muy bien. Y está muy bien.

Como limosna está muy bien.

Me gustas.

Me gusta que mis socios

no se dejen impresionar fácilmente.

¿Tus socios? Claro.

En algo tendrás que invertir el dinero que te voy a hacer ganar.

¿O traerás chirimoyas de Andalucía toda tu vida?

Oye, perdona, pero no me ha ido nada mal

trayendo chirimoyas desde Andalucía, ¿no?

Elías.

Hazme rico...

y yo te haré rico a ti.

Es ahora o nunca.

Quiero que esta semana acabes siendo

el presidente de la Asociación de Comerciantes.

Ah, que eres tú.

-Buenos días. Psss.

Creo que ya se ha levantado.

-Sí, me parece haberla oído en el baño, ¿no?

-Sí, está ocupado.

Le he preparado su desayuno favorito.

Y luego, me encantaría que nos fuéramos por ahí,

no sé, a hacernos las uñas. Bueno...,

mejor que nos vayamos de compras, seguro que necesita algo.

-¿Y el bar?

-Eh...

Llamaré a Jonathan, a ver si puede ayudar a Lorena.

-¿Y no es mejor esperar un poco?

-¿Esperar, a qué?

-Anoche, nos volvió a dejar claro que no tiene intención de quedarse.

-Pero anoche estaba muy cansada.

Después de este desayuno, ya verás como cambia de opinión.

-Puede ser, pero vamos a darle tiempo y a dejarle su espacio.

-Nacho, yo solamente quiero pasar el día con ella,

quiero saber qué le pasa.

Es que se fue tan de repente.

-A eso voy. No la atosigues con preguntas, ¿eh?

Si la presionas, se pondrá de malas y volverá a coger la puerta.

-Ya.

Hola.

Buenos días, cariño.

¿Cómo has dormido?

-Regular.

-Pues mira lo que te he preparado:

zumo de naranja, tostadas con jamón y tomate

y cruasán de chocolate.

Para que luego digas. -No tengo hambre.

-Bueno, como veas.

-Bueno, pues yo me voy a trabajar. -Sí.

-No fuerces mucho, ¿vale?

-Si te apetece,

puedes venir luego al bar y nos tomamos algo.

-Eh... No puedo quedarme mucho tiempo, ya te lo dije.

-¿Y cuánto es para ti mucho tiempo?

-Me marcho ya.

-Pero, hija,

si ni siquiera hemos tenido cinco minutos para hablar.

-Bueno, mamá, pero yo estoy bien.

Y tú también estás bien, ¿no? -Sí.

Bueno, podía estar mucho mejor.

Mira, no quiero presionarte, cariño.

Y además, vas a hacer lo que quieras, pero...

¿por qué no te quedas unos días?

-Mama, de verdad, que no puedo.

Tengo cosas que hacer.

-Pero así ves a Jonathan y a Germán, han preguntado mucho por ti.

En realidad, todo el mundo ha preguntado por ti.

¿Y si te quedas solamente hasta el fin de semana?

Por favor.

Hazlo por mí.

-Me quedo unos días, ¿vale? -Gracias.

-Pero solo unos días.

-Me haces tan feliz, cariño.

Entonces, ¿qué? ¿Comemos juntas?

-Vale, a las dos me paso por el bar.

-Estoy tan contenta de que estés aquí.

El amor da hambre, ¿eh?

-Y el alcohol también. Toma un poquito.

-No, gracias, no.

-Vaya fiesta os pegasteis ayer. ¿A qué hora os acostasteis?

-No lo quieras saber.

-Si es que no tenéis edad ya. -Niño...

-¡Dome, ese ruido!

Un poco de piedad, por favor.

-Ay, ay, ay, Paolo, que te haces mayor, ¿eh?

-Me han dicho que os bebisteis hasta el agua del florero.

-La verdad es que lo dimos todo.

-Andrea.

Sobre todo, tu padre. -Ya, ya.

-Pero valió la pena.

¿Qué? El amor da mucha hambre, ¿no? -Otro igual.

-¿Eh, gordito? -Que no estoy gordo papá.

-Ya verás en la fase dos.

-¿Qué es la fase dos? -Deja al niño, por favor.

-Imagino que hoy habrás vuelto a quedar con María.

Porque cuando la primera cita va bien,

se tiene prisa de volver a quedar.

¿Eh?

¡Te he pillado!

¿Y adónde la vas a llevar? ¿Eh?

¿A tomar algo, a un concierto? -Al cine, papá.

-¡Uy! -Al cine.

-Vas fuerte, ¿eh?

Porque el cine es el lugar ideal para la fase dos,

la doble eme:

meter manos.

-Paolo, por favor, vuelve al siglo XXI, hijo.

-Andrea, que yo sé que ahora solo escuchas

al "consigliere" este, ¿eh?

Pero hazme caso esta vez.

Tú la llevas al cine,

y os vais a poner a la última fila.

Alejados del pasillo,

donde... el ángulo oscuro de la sala.

Ahí os podréis meter mano cuanto queréis.

-Estás hecho un romántico, tío.

Comeos esto, que no tengo hambre. Adiós, chicos.

-¡Y que la peli sea iraní!

Porque cuanto más aburrida la peli,

menos distracciones.

-No le hagas caso a tu padre, Andrea.

Es la resaca.

-Ay.

"L’amore".

Qué belleza, ¿eh?

Volver a sentir esas...

mariposas en el estómago...,

esas ganas de seguir sufriendo.

-Yo no sé qué le ves de bueno a esa revolución de hormonas.

-Sí, que no te puedes concentrar,

que sigues pensando en la otra persona todo el día:

dónde estará, qué estará haciendo,

qué llevará puesto, estará pensando en mí...

¿O no te acuerdas ya, Cristina?

-Cualquiera diría que estás deseando enamorarte otra vez.

-¿Yo?

Imposible.

Porque yo ya estoy enamorado de ti,

hasta las trancas.

Dime que no tendrías ganas de volver a tener 15 años

e ir con tu Paolo a ver cine iraní.

¿Eh? -Quita, quita, qué sufrimiento.

Que yo estoy muy bien como estoy.

-Eso es verdad.

Todavía eres fresca como una rosa.

"Amore mio".

-No, déjala.

-Paolo.

(RESOPLA)

Cóbrame cuando puedas, anda.

Ahora mismito.

Te manejas bien con una mano.

Bueno, es que...

soy una mujer, no lo olvides.

Además, la mano que coge el dinerito, esta la tengo intacta.

Ya lo veo, ya.

Imagino que cortar jamón no puedes.

Si necesitas, me ha llegado uno de Guijuelo ya cortado

que es espectacular. Ah, ¿sí?

Guárdame un paquetito, para mi Noa. Cuenta con ello. Chao.

¡Hasta luego!

Me meto en la cocina.

-Quién la ha visto y quién la ve. Menudo cambio.

-Hacía tiempo que no la veía tan animada.

¿Tienes un minuto?

Es sobre Noa.

-¿Qué pasa? Rosa me ha dicho que se queda unos días.

¿Ha cambiado de idea o qué? -No es eso.

Ya has visto que Rosa sigue contenta.

-¿Y cuál es el problema? ¿Te da miedo que se enzarcen?

-No. Unos días pasan volando, Lorena.

Pero tu hermana...,

no sé si está preparada para llevarse otro palo tan pronto.

¡Joder!

Menuda faena.

¿Perdona? ¿Tienes algo para las manchas?

Mira cómo me he puesto subiendo el toldo.

Sí, creo que tengo algo por aquí. Espera un poquito.

Prueba con esto.

A mí me pasó el otro día y me fue muy bien.

Pues mil gracias. Dime qué te debo. Ah... A ver.

7,90.

Pues toma.

Eso sí, cuando llegues a casa, ponla a remojo

porque a lo mejor te deja cerco.

Es la segunda vez que me la pongo, ¿te lo puedes creer?

Bueno, pues nada. Ya me contarás a ver qué tal.

Gracias, ¿eh?

¿Y qué tal todo por aquí? ¿Eh?

¿Te vas adaptando a la fauna del mercado?

Ya sé que no debería decirlo, pero es que hay cada espécimen.

Sí. Bueno, ellos también se van adaptando a mí.

Por lo menos, ya nadie me deja encerrada.

Me enteré por Cristina, lo siento.

Bueno, Cristina y Jorge me están ayudando mucho.

Las Pachecas no tanto, ¿no?

No, no tanto.

Tampoco han sido las únicas que te lo han puesto difícil,

que te lo hemos puesto difícil.

Quería pedirte disculpas por haber estado tan a la defensiva.

Sí, yo sé que Serafina era aquí toda una institución

y la queríais mucho, y lo ha pasado muy mal,

pero te aseguro que yo también he sufrido.

Ya. También sé por Cristina que no lo has tenido fácil.

¿Quién lo tiene fácil hoy en día?

Tienes razón,

pero hay cosas que más o menos las puedes ver venir.

Hay otras veces en que la vida te da cada golpe...

Es verdad, pero hay que seguir adelante, hay que luchar.

Bueno... Pues claro que sí.

Pues me alegro de que las cosas estén más tranquilas.

Y si te podemos hacer algo para ayudarte,

nos tienes a mi marido y a mí para lo que necesites.

Gracias otra vez. En serio.

Yo casi siempre estoy en el puesto, y Elías está a mil cosas,

pero si le pides un favor, seguro que te lo hace.

Está bien saberlo. Eso sí, ándate con ojo,

porque seguro que te lo quiere cobrar.

Mi marido no da puntada sin hilo.

Aquí somos una gran familia, ya lo irás viendo.

Vale. Gracias.

Nada.

Ay, Dios.

En el fondo, lo que quiere es tenerla cerca, retenerla.

Pero Noa no se va a dejar mangonear.

-Pero ¿tan mal ves a mi hermana?

-Sí, y tengo miedo de que cuando se vaya,

se quede peor de lo que está.

-Vamos a ver, Rosa tiene que asumir que Noa ya no es una niña.

Que es una mujer adulta.

-Eso es fácil de decir, pero ya la conoces.

-Al menos sabe que no se fue en contra de su voluntad.

Eso le tranquilizará.

-Los primeros días puede que sí, pero en menos de una semana,

la tenemos otra vez llorando. -Pues estaremos pendientes.

Si se pone a llorar, para consolarla, si se da el caso.

-Por suerte, aún confía en nosotros.

Por eso, no sé si es mejor que no se entere.

-Nacho, no...,

no podemos seguir ocultándole esto. Si se entera de que...

-Si se entera de que sabíamos dónde estaba Noa y no dijimos nada,

no nos lo perdonará. Y si pierde la confianza en nosotros,

se sentirá tan perdida, tan engañada...,

que es capaz de hacer cualquier tontería.

-Sí, tienes razón.

Menos mal que no salió el tema ayer. -Pero saldrá.

Y no podemos permitir que tu hermana se hunda más todavía.

-Hablaré con Jonathan para que si se la encuentra,

no meta la pata, ¿vale? -Gracias.

Intentaré convencer a Noa de que es mejor no sacar el tema.

Espero que, por una vez, piense un poco en su madre.

-Perdona, ¿me puedes poner un café? -Sí, va.

Es una historia muy triste. Doménico lo dejó todo:

la familia, el trabajo, los amigos.

Y se vino a Madrid para estar cerca de ella.

Si, y ella le vio llegar y pensó: "¿Este viene a cortarme el rollo?".

Y la chica cogió la maleta y tiró para Italia.

Como si lo viera. Pues no vas desencaminada.

No, ya me lo imaginaba. Qué fuerte, ¿no?

Renuncias a todo lo que tienes, lo das todo por alguien

y luego, pasan de ti.

Pues sí.

No me extraña que el pobre tenga esa cara de estreñido todo el día.

Y eso que lo que te estoy contado hace ya unos años.

Bueno, pero hay quien supera las rupturas en 20 minutos

y hay quién no lo consigue en 20 años.

La que está loca de contenta es mi cuñada Rosa.

Ay, no me extraña. Si desapareciera Andrea del mapa,

me tendrían que internar en un psiquiátrico.

¿Y cómo está la chica?

Pues yo la he visto muy bien.

Un poquito más delgada, pero muy bien.

Toma.

Igual, no sé...

Igual se fue detrás de un novio.

¿No? Pues a saber.

Mira, igual le han roto el corazón, igual que a Doménico.

Cristina, deja ya el tema de Doménico,

parece que no pase otra cosa en el mundo.

Lo siento. La historia me tiene fascinada.

Ya. Ya te veo, ya.

Que digo yo

que de qué pasta tiene que estar hecha la tal Giuliana

para dejarle tan hecho polvo. Cristina, pareces nueva.

La chica no estaría enamorada y le dio puerta.

Fin de la historia.

La que parece que está enamorada eres tú.

¿A qué viene eso?

Es que estás todo el rato: "Doménico esto, Doménico lo otro".

A ti te pone un poquito, ¿eh?

Reconócelo. Anda, mujer.

Que no, que no, que no. No es mi tipo para nada.

Me parece una historia tan triste.

¿Otra vez, Cristina?

Vamos a ver, que el mundo está lleno de historias tristes,

no sé por qué te afecta esto tanto. Ay, chica, pues no lo sé.

Igual como Paolo y yo estamos tan felices,

me cuesta trabajo pensar que haya gente tan infeliz

por culpa del amor. ¿Y tú cómo sabes que él es infeliz?

Mírale dos segundos a los ojos y me cuentas.

¿Y cuánto tiempo has estado mirándole tú?

Cariño, soy yo otra vez.

¿Tú no te acuerdas que habíamos quedado para comer?

Te estoy esperando en el bar.

Cuando oigas este mensaje, llámame, ¿vale?

Venga.

Hasta luego.

Te quiero, ¿eh?

Nada, que no lo coge. Pero ni el móvil ni el fijo de casa.

-Es el cuento de nunca acabar.

A lo mejor se ha ido a hacer algún recado

y ha dejado el móvil en casa. -Venga ya.

No se separa del móvil ni en la ducha.

Cuanto más intentas estar a buenas con ella,

más difícil te lo pone.

Ya puedes esperar sentada.

-Ay. Vamos a darle un margen, Nacho. -Sabe que quieres hablar con ella,

que andas como loca para que te cuente qué es de su vida,

¿crees que le importa lo más mínimo? -No te embales.

-No se va a presentar, Rosa, lo único que busca es hacer daño.

-¡Ya está bien, por favor! La oíste anoche.

Ha vuelto porque está preocupada por mí.

-Vete tú a saber a qué ha vuelto.

-Bueno, me da igual, ¿eh? Tenemos a Noa otra vez en casa

y no estoy dispuesta a perderla otra vez.

¡Bueno!

Yo que esperaba veros brindando y mira cómo os encuentro.

¿Te has enterado ya? Tenemos a Noa otra vez en casa.

Que sí, que ya me ha puesto Adela al día.

¿No ves como, al final, todo sale bien?

Sí. -No sé si lo de Noa tiene arreglo.

-Bueno, ya está bien.

Es que había quedado con ella para comer hace ¿cuánto, media hora?

Bueno, y no da señales de vida.

Pues estará con cualquier amigo.

Ya sabes que a estas edades, el reloj lo llevan de adorno.

-Lo que pasa es que Noa va a la suya. Si fuera mínimamente consciente

de todo el daño que le está haciendo a su madre,

estaría aquí como un clavo. Pero no, mejor hacerla sufrir más.

-Bueno, tú tampoco estás ayudando demasiado.

Nacho.

¿Comemos tranquilamente?

Es que Jonathan me lo pintó tan mal que me daba miedo no venir.

-Ya. Yo la he visto esta mañana en el bar y tan campante.

-Ya.

La movida es saber si fue un accidente

o es que a mi madre se le fue la olla.

No sé, tío, yo la veo bien. Pero ¿y si está haciendo paripé?

-¿Y qué vas a hacer? ¿Te vas a pirar otra vez?

-Me lo estoy pensando.

Es que ahora mis padres van de guais conmigo, ¿sabes?

Todos son sonrisitas, buen rollo,

pero a la que me descuide, hay movida.

-Sí, otros flipados como mi padre y mi madre.

-No voy a ir a comer con mi madre.

No sabes la tensión que hay en mi casa.

-Si es que no me extraña que te largaras.

Que, por cierto, ya te vale, asquerosa.

Anda que has mandado algún mensaje en este tiempo.

-Ya, tío, lo siento.

Es que estaba superagobiada, de verdad.

Necesitaba... un tiempo para pensar.

-¿Y... qué haces?

¿Vives con colegas, o dónde?

-Bueno, ha sido un poco odisea, la verdad,

pero sí estoy compartiendo piso, y bien.

Y de trabajo, pues bueno,

a veces me llaman de un bar de copas.

Pero me pagan una mierda, y en negro. -En negro.

-Pero bueno, me vale para no tener que ver el careto a mi padre.

-Mira, no te quejes.

No te quejes, que para padre chungo ya está el mío.

Últimamente, no para de putearme.

No quería que trabajara en la empresa familiar.

Convencí a mi abuelo para trabajar en la empresa familiar,

y el tío no paró de joderme.

Y lo de mi padre, pues mira, yo qué sé,

que ya lo tengo asumido, pero lo de mi madre...

Eso lo llevo fatal. -Pero ¿y qué te pasa con tu madre?

Si siempre os habéis llevado genial. -Pues eso se ha terminado.

Que la muy cabrona fue a hablar con las Pacheco

para que me despidieran de la carnicería.

Eso no se lo perdono en la vida.

-Yo de ti me piraba de casa hoy mismo.

-Claro, y dejar la suite en el hotel De la Cruz

para compartir piso con dos o tres matados más.

-Vale, muchas gracias, primo. -Lo tuyo es distinto.

Le has echado un par de ovarios y eso hay que celebrarlo.

-Te voy a llevar a un garito que te va a flipar.

-Venga. -Venga, vámonos.

¿Conoces el Credo?

-Joder, primita, sí que vas fuerte.

¿Tú sabes la de chusma que hay ahí metida?

Anda. Tira para el Credo, so golfa.

Si te entra alguno, di que estás conmigo.

¿Qué tal estaba todo?

Buenísimo, como siempre, hermana. ¿Y qué queréis de postre?

A ver, tenemos macedonia de frutas, tarta de limón, tarta de arándanos,

cuajada casera...

Que no me tortures más, que no quiero nada más.

¿Y tú, Nacho?

-Nada, estoy bien.

-Nada.

Noa sigue sin aparecer.

Oye, perdona por lo de antes, ¿eh?

Es que esta niña me tiene todo el día con el alma en vilo.

Pero ¿qué perdona ni qué perdona? No te preocupes.

Además, no le des más vueltas.

Cuando menos te lo esperes, aparece como si nada hubiera pasado.

Los jóvenes son así,

te lo digo yo que sé de lo que hablo.

-¿Hasta cuándo les dura la tontería?

Lo digo para ir haciéndonos a la idea.

Oye, tenéis a Noa en casa,

sabéis que está bien. ¿Qué más queréis?

-Bueno, eso si no se ha ido ya. De verdad, por favor.

Un poquito más de positivismo.

Te tengo que comentar una cosa del ayuntamiento,

pero hoy no es el día, ya te lo diré.

¿Qué pasa?

Nada, no pasa nada.

Quieren unos informes de los cambios y las reformas

que vamos a hacer en el edificio, pero ya lo hablamos.

¿Quién lo quiere, el ayuntamiento? Claro, el ayuntamiento.

No tenía ni idea, es que no me han pedido nada.

No, ya. Si ya lo sé.

He ido esta mañana allí a hacer otras gestiones

y me han visto y me lo han comentado.

¿Y qué quieren? Porque hace nada, les mandé un mail.

Diciéndoles por dónde iban a ir los tiros.

Y lo han recibido, eso me han dicho.

Pero, al parecer, quieren un informe más al detalle.

De todo lo que tenemos que hacer. Cuando dicen "todo", es todo.

Qué cubierta vamos a poner, el aire, la calefacción...

-¿Qué mosca les ha picado a estos ahora?

Pues agárrate, que ahí no queda la cosa.

Quieren también un informe detallado de cada puesto del mercado

y por separado, ¿eh? Y la lista de los Reyes Godos.

Pues la quieren en dos días.

¿Perdona?

Mira...,

como mucho, yo te puedo tener esta semana organizado un poco

el listado de todos los gastos generales.

¡Ah!

¡"La madre che mi portava"!

-¿Otra vez?

-Lo que me faltaba. ¡Ah!

-Te dijo el "fisio" que hicieras los ejercicios

y tú, como el que oye llover. -¿Cuándo los hago?

Estoy todo el día metido aquí.

-Pide ayuda a Doménico, que para algo le has contratado,

que te ayude a montar las mesas. -No me machaques.

-Si ya lo sé, cariño, pero es que estamos cada dos por tres así.

-Lo siento, estaba liado preparando la masa.

(DOMÉNICO HABLA EN ITALIANO)

-Doménico, no es tu culpa.

Soy yo, que me hago viejo.

Hoy viene el grupo de estudiantes de la Escuela de Danza.

-Pero ¿no vienen los viernes?

-Sí, pero hoy celebran el cumpleaños de no sé quién.

-Hay una reserva de 18.

-19.

Porque el profesor también se apunta.

-¿Adónde vas?

-Al ambulatorio,

a que me pinchen un antiinflamatorio para caballos.

Pues no vamos bien. Pero ¿qué es lo qué pasa?

Pues pasa que me han dejado caer, tú sabes cómo son allí,

que si no están los informes, pues que el tema se paraliza.

Y no estamos para llevarnos mal con el ayuntamiento.

Bueno, no te preocupes,

ya me los camelo yo para que me den más tiempo.

Rosa, me vas a perdonar, pero sí me preocupo.

A partir de ahora, esto va a ser el pan nuestro de cada día,

y tú no estás para que te mareen. ¿A ti qué te pasa?

¿Eh, Elías?

¿Te parece que no llevo bien la asociación?

Para nada, al revés.

Desde que estás al frente, esto va como un tiro.

Pero, desde que está aquí Noa,

a lo mejor tienes que dedicarle más tiempo a ella.

-No veo yo que Noa quiera pasar más tiempo con su madre.

-Bueno, eso por un lado. Y luego, por otro:

si no me encargo yo, ¿quién se encarga de esto?

No lo sé.

Ahora, estoy un poquito más libre. Si quieres, te echo un cable.

No, gracias, hermano. De verdad que no.

No, esta es mi labor.

Y además, te voy a decir una cosa.

Aunque me veas así, el hecho de que Noa esté aquí

me da fuerzas para tirar hacia delante con todo.

Pero no seas cabezota.

Sabes lo que te van a marear desde el ayuntamiento.

Déjame a mí, yo controlo a la trup esta del mercado.

Los pongo firmes enseguida. En dos días tengo los informes.

Oye, guapo, a ver si te crees tú

que eres el único De la Cruz en el mercado.

Que a mí también me respetan.

Yo creo que incluso más que a ti, listillo.

Pero si nadie está diciendo lo contrario.

Nacho, díselo tú.

Con lo que tenéis en casa es suficiente.

-Si ella dice que puede...,

es que puede.

-Amén.

Y hala, levantando el campamento, que tengo mucho que trabajar.

Vas al ambulatorio, que te pinchen, te vas a casa y a la cama.

-Hombre, ¿y quién sirve las mesas?

-Llamas y dices que estás enfermo. -No, de eso nada.

-¿Y qué quieres, cerrar la pizzería una semana

como la última vez que te hiciste el fuerte?

-Bueno, me encargo yo. No hay problema.

-No, Doménico. Tú solo no puedes con un grupo tan grande.

-¿Y Andrea? ¿No está?

-Andrea no puede, está ensayando.

-¿Y Lorena? Que la última vez funcionó muy bien.

-Sí. -Lorena ahora trabaja en el bar.

-Ya, pues...

Bueno, Doménico, pues cuenta conmigo.

Cuando cierre la floristería, vengo y te ayudo.

-No, Cristina, no puede ser.

Ayer volvimos muy tarde

y esta mañana, a las siete ya estabas en pie.

No, no, tú tienes que descansar. -No, eso tú.

Te vas a casa, te metes en la cama y no vuelvas.

-Pero no puede ser esto. -Que no, Paolo, que no.

Hazme caso. No vuelvas por lo menos hasta mañana.

Venga. -Sí, Paolo, es mejor.

-"Grazie".

-"Ciao", Paolo.

-Ah.

Paolo, ¿te encuentras bien?

Estaba mejor cuando tenía 20 años.

Pero los 25 me han sentado fatal.

Ya verás tú cuando llegues a esa edad.

Bueno, cuídate.

(Móvil)

¿Sí, dígame?

Sí, soy yo.

Pero... ¿qué ha pasado? ¿Se encuentra bien?

Voy ahora mismo. ¿Cuál es la dirección?

De acuerdo, muchísimas gracias.

¿Le ha pasado algo a Germán?

Mete esto tú dentro, por favor. Sí, sí.

-¿Qué pasa? -Espero que no sea nada.

Bueno, pues a ver qué tal se nos da esta noche, ¿no?

-Seguro va a ir todo bien, no te preocupes.

Ya lo verás.

¿Te ayudo? -No, no, no, no. Entra, entra.

Entra tú.

Con esto hacen 20.

Gracias.

Hola.

¿Quería maquinillas, de afeitar?

¿Desechables o recambiables?

Esas.

Estas.

Vale, ¿algo más? No, nada más.

¿Lo apuntas en la cuenta de Adela? No he traído la cartera.

No, Adela no tiene cuenta.

Ah, ¿no? ¿No tiene cuenta?

Os he visto esta mañana hablando, parecíais muy amigas.

Elías, no tengo ninguna intención de decirle a tu mujer

dónde estuviste anoche. Sé lo que pasó, por qué pasó,

y también sé por qué no va a volver a pasar.

¿Tan claro lo tienes? Porque para mí fue increíble.

Bueno, pues luego me paso y te las pago, ¿eh?

Adiós, chavalote.

¿Qué tal, cariño? ¿Cómo ha ido el cole?

Mal. ¿Mal por qué?

Tengo que presentar un trabajo por los días que no fui.

Jolín, de verdad que no dejan pasar una.

¿De qué es el trabajo?

Me han pedido que elija un negocio y lo analice.

Ah, bueno, pues puedes analizar la droguería.

Siempre dices que esto más que un negocio es una ruina.

¿Qué gráfico presento? ¿Una flecha bajando al infinito?

Pues muchas gracias por los ánimos.

No, si no te estaba animando. No me digas.

Te recuerdo que este negocio, o como le quieras llamar,

es nuestra única fuente de ingresos. Si apenas tiene entradas ni salidas.

Me quedaría un trabajo muy pobre. Vale, me ha quedado claro.

Deja de humillarme, ¿eh?

Voy a hablar con un comerciante serio.

Hola, Jorge.

Necesito que me ayudes con una cosa.

¿Ahora? Me pillas con las manos en la masa.

¿También trabajas en la pizzería? ¿Cómo?

Eso que llevas es vino, no es masa para pizza.

Sí, sí, es vino.

Lo de la masa es algo que...

Da igual. Dime, ¿qué quieres?

¿Me ayudarías con un trabajo del cole?

Sí, claro. ¿Qué necesitas?

Dime el flujo neto de tu caja.

(RESOPLA)

Si te parece, lo hablamos luego, ¿vale?

Que me coges con un poco de lío. Pásate por el puesto y te lo cuento.

A mí no me mires.

Si no te vale mi negocio, vas a tener que buscarte la vida.

¡No entiendo qué estás haciendo con tu vida, Germán!

¿Qué pretendes? ¿Otra vez?

Y las que haga falta.

¿Lo haces para llamar la atención? Si no, es que no me lo explico.

Primero, las pastillas; ahora, esto. Las pastillas no eran mías.

Y tampoco eres tú al que he tenido que ir a buscar a comisaría.

Me tienes contenta, muy contenta.

Pero que yo no he hecho nada, mamá.

Estábamos Noa y yo tan tranquilos en el bar y...

En un bar al que, según me han dicho en comisaría,

van un día sí y otro también porque hay hasta tiroteos.

Qué exagerados. Si lo de los tiroteos fue hace seis meses.

Que me da igual. Que me da igual. Que madures de una vez.

Si quieres que te tratemos como a un adulto,

compórtate como un adulto. Vale, ¿me dejas que te explique?

¿Sí?

Que lo de ir a ese antro ha sido idea de Noa.

Te recuerdo que es tu prima pequeña.

Pequeña, pero echada para adelante, porque no veas.

Hace mucho tiempo que no voy a ese sitio, te lo prometo.

Estábamos tan tranquilos en la barra tomando algo, a nuestro rollo,

ha venido un tío a meterle ficha, y a la muy bruta

no se le pasa nada más por la cabeza que tirarle el gin-tonic.

Tomando gin-tonics a las 16:00 de un día de diario.

Pues fantástico. Y ahí se ha empezado a liar todo.

Ha venido un tío que ha empujado a otro...

Hasta que ha llegado la Policía.

No entiendo qué ganas tenéis de meteros en follones,

¡no lo entiendo!

(SUSPIRA)

Yo no entiendo muchas de las cosas que hacéis tú y papá, y me callo.

Ya veo lo que te estás callando.

Ahora resulta que la culpa de todo es mía y de tu padre.

Pues mira, ayudar no es que ayudéis mucho.

La verdad. Muy bien, muy bien.

O sea, primero haces el imbécil; luego, te pones en peligro tú,

pones en peligro a tu prima, con la que tiene en casa,

y resulta que eres la víctima. ¿Ahora de qué vas?

¿De madre preocupada? No tienes derecho a ponerte así.

Pues tú tampoco entonces.

Si de verdad te importara lo que me pasa,

no habrías ido a hablar con Carmen para que me echara.

Eso que les he ahorrado, porque me acabas de demostrar

que sigues siendo el irresponsable de siempre.

Flipo.

¿Dónde está mamá?

-Tu madre no está.

¿Hablamos?

-No me apetece. -Será solo un momento.

Si te parece, mejor no le decimos de dónde venimos.

¿Cómo se os ocurre meteros ahí, con toda esa chusma?

¿Así quieres ganarte la confianza de tu madre?

-Bueno, tranquilos,

mañana me voy, ya no tendréis que preocuparos por mí.

-Si esto va a ser siempre así,

no seré yo quien te suplique que te quedes.

-Qué raro.

-Tú verás lo que haces.

La que me preocupa es tu madre.

-Ya te he dicho que no voy a volver a ese garito.

-Eso espero.

Si le explicamos que casi te linchan en un bar de mala muerte

y mañana te vas, la que se muere es ella,

y no es una forma de hablar. -Es más fuerte de lo que crees.

-¿Y tú qué sabes si no has estado para verla?

Suerte tiene de tenernos a tu tía Lorena y a mí

cada vez que le das un disgusto. -Suerte, sí.

-Mira, Noa, no sé si es eres consciente

de lo mal que lo está pasando tu madre,

pero si quieres hacerle un último favor antes de desaparecer,

no le cuentes nada de lo que ha pasado hoy,

te lo pido por favor.

-Por mí no se va a enterar.

-Gracias, de verdad.

Y ya puestos,

tampoco le haría ningún favor enterarse

de que tu tía Lorena y yo sabíamos dónde estabas.

-No te cansas de maquinar, ¿eh?

-Algún día te darás cuenta de que todo lo que hago,

lo hago para protegerla. -Ya.

-Toma.

-¿Qué es esto?

-No quiero que te vayas a cualquier cuchitril.

-¿Y qué pasa si no me voy?

-Quedarte aquí no es buena idea.

-Bueno...

Esto sí que es amor de padre.

-He ido a recogerte a la comisaría, ¿no?

-¿Qué es lo que pasa con la comisaría?

-¿Qué haces tú aquí?

¿No estabas en el bar?

-No, hoy cierra Lorena. Estaba recogiendo la cocina.

¿Estás bien, hija?

¿Por qué ha ido tu padre a recogerte a la comisaría?

-Estoy bien, mamá. No ha sido nada, solo una pequeña bronca en un bar.

-¿Una pequeña bronca y has acabado en la comisaría?

-¡Mamá, no empieces!

-Vale, vale, sí. Bueno...

Si quieres, luego me lo cuentas.

¿Has comido? Como tampoco has venido por el bar.

Mira, si quieres, podemos merendar, ¿no?

Nos sentamos y hablamos tranquilamente.

-¡Dios, mamá, basta!

Pero que no tenemos nada de qué hablar.

¡Y a ver si te va entrando en la cabeza

que no me pienso quedar a vivir en casa!

¡Joder! ¿Cuántas veces te lo tengo que repetir?

-Bueno,

perdóname, hija, es que...

yo solamente quería... hablar contigo.

(LLORA) Perdón.

-Ya tienes lo que querías, ¿no?

Pues yo todavía no.

Si tantas ganas tienes de perderme de vista,

ya puedes ir preparando otro como este.

-Cuenta con él.

Doménico, después de lo que bebimos anoche

y que te acostarías a las mil después de cargar con Paolo,

estarás molido. -He puesto el piloto automático.

-Uy, pues entonces, igual que yo, no te creas.

-Cuando quieras, te relevo, ¿eh? -No, si de momento aguanto.

Pero me tienes que dar conversación. -Claro, ¿y...

de qué quieres que hablemos?

-De lo que estábamos hablando antes de que te fueras a llevar a Paolo.

-No me acuerdo. -Mentiroso.

-Ah.

Giuliana, Giuliana, Giuliana.

Pero eso ya es agua pasada, ¿no?

-Si tú lo dices...

-Todo el mundo tiene una historia que le ha marcado.

No soy el único.

-Lo que me extraña es que no apareciese ninguna Giuliana

después de tantos años en tu vida. -No.

"Devi mescolare meglio la farina". Espera.

-Te estás haciendo el loco.

-Hazlo así.

Mejor.

Ya está.

-No hace falta que te pongas tan misterioso conmigo,

que ya hay confianza. -Sí.

Antes era diferente, quería otras cosas,

pero ahora no quiero atarme a nada.

Digamos... que soy un espíritu libre.

Un espíritu libre; eso suena a cliché.

Lo dices porque no te has vuelto a enamorar.

-Si por enamorar quieres decir perder la cabeza, no.

Ni me ha pasado ni me volverá a pasar más.

-Bueno, eso no se puede saber, ¿eh? -¿Y por qué no?

-Porque a veces, las cosas pasan y no las puedes controlar.

Es como cuando...

cuando te vas a subir en la montaña rusa

y aparecen esas mariposas en el estómago antes de caer.

-Yo te digo que soy perfectamente capaz de controlarme.

Por lo menos, en una montaña rusa.

-¡Anda ya! Uy, uy, perdona.

Ay, la estoy liando. -No pasa nada.

No pasa nada. A mí me pasa cada dos por tres.

Y siempre suelo llevar una camisa limpia encima.

El camarero,

el camarero es como un bebé,

es raro el día que no acaba manchado.

Mira.

¡Aquí está!

-Tengo que ir a la floristería, se me había olvidado

que tengo cosas que hacer. Ahora nos vemos.

-Ya. Bueno...

Lo importante en un mercado como este no es

que el cliente se gaste 100 euros una vez al año,

por ejemplo, en Navidad.

Es más interesante hablarle de los productos,

hacerle ver que no hace falta una ocasión especial

para abrir una buena botella de vino o un producto de calidad,

y que se gaste cantidades más pequeñas,

pero todos los meses.

¿Y el margen de beneficios?

Pues eso depende del producto.

Los de proximidad dan más beneficios.

¿Puedo ver las cuentas de resultados del año pasado?

Oye, tú no trabajarás para Hacienda, ¿no?

Ya te dije que es para un trabajo del cole.

¿Puedo verlo o no? Sí.

Lo que pasa que ahí me has pillado.

Eso lo lleva un gestor amigo mío.

¿Te molesta? No.

Estoy aprendiendo mucho de Economía.

¿Qué tal llevas el trabajo, cariño? Mal. Este negocio tampoco me sirve.

No sé ni cómo salen las cuentas.

Venga, ¿por qué no te vas a casa y acabas los deberes de inglés?

Que los tienes olvidados.

¿No vienes?

Sí, luego, dentro de un ratito, que estoy esperando a un proveedor.

Pero a la cena llego seguro, ¿vale?

Sí, como ayer, que saliste un momento y volviste a la 1:19.

¿Qué sabrás tú si cuando llegué estabas dormido?

Anda, tira. Hoy no llegues tan tarde, ¿vale?

Gracias, Jorge. Aunque no me hayas ayudado nada.

Toma, llévate la gorra.

De nada, ¿eh? Gracias a ti.

Oye, no le hagas ni caso, que le estás ayudando un montón.

Ya. No sé yo.

Sobre todo, con lo de la carta de su padre.

Ya. Bueno, no sé.

Lo vi tan... apurado que me pareció una buena idea

para despedirse de él. Pues funcionó.

Ayer fuimos con su abuela al cementerio, y escucharle fue...

fue un bálsamo para todos.

Muchas gracias, Jorge, ayer cerramos muchas heridas.

Bueno, me alegro.

Y espero que tu suegra no vuelva a las andadas.

No, ya no. Estoy segura.

Ah, mira qué bien.

Y por eso decidiste salir a celebrarlo

hasta la una y diecinueve de la mañana.

No, bueno...

No tenía nada que celebrar,

lo que pasa es que me dio por salir a tomar una copa.

Ya está. ¿Con tu suegra?

No me digas que os habéis hecho íntimas.

No sé, no lo veo.

¿Eh?

Eh...

No, hombre no. Es que...,

bueno, tenía que salir a que me diera un poquito el aire

y a organizar mis ideas y... Ya está.

Bueno, eso está bien.

Oye, si alguna vez te apetece tomar una copa,

en compañía,

no hace falta que esperes a quedarte encerrada en el mercado.

Bueno, voy a ver si llega el proveedor y...

Y yo voy a seguir con esto. Venga. Sí, claro.

"Ciao, amore mio". -¿Qué haces aquí?

-No podía más, en casa me aburría como una ostra.

He ido a la pizzería, pero Doménico me ha dicho

que has venido a cerrar la floristería.

-A última hora me entró un pedido, pero ya está servido.

¿Qué tal tu espalda? -Mejor.

El antiinflamatorio que me pincharon era para elefantes.

-Que no te duela no significa que puedas bailar.

-No, no, quita, quita.

Ya bailamos bastante anoche.

He venido a echar una mano por aquí,

pero Doménico dice que lo tiene controlado.

-Doménico y yo, que me cansado de echar harina en las pizzas.

Tengo las manos molidas.

-Qué haría yo sin mi maestra pizzera.

Sí que me echabas de menos.

-Mucho.

-Pero no sé yo si con el medicamento este...

-A ver quién puede más, si el antiinflamatorio o tu mujer.

-Cristi, que nos van a ver.

-Pues luego pasamos el platillo.

-Pero hay mucha gente por aquí. -Ay, vale, entra.

-Pero ¿qué haces? -¡Entra!

-¡Cristina!

Que a ti te pone hacerlo con un enfermo, ¿eh?

-No tienes tú mucha pinta de enfermo.

-Bueno, a ver sigo con la espalda, el antiinflamatorio...

-Sí, bueno, tú estate quietecito, que ya... ya puedo yo.

Qué gracia tienen estos del palermas.

¿Puedo?

Claro, mi vida, pasa, siéntate.

¿Me das un masajillo en los pies?

Anda, dame.

Manda cojones el niño, ¿eh?

Como si no tuviera bastante con salir entre semana,

ahora se va de juerga con la prima por los bares.

Es que ya le vale. Chist.

Que está ahí.

¿Qué vamos a hacer con tu hijo?

Pues no lo sé, Elías, no lo sé.

Según tu hermana, armarnos de paciencia

y aguantar a que pase el chaparrón. ¿Qué hermana?

Lorena, ¿no? Pues anda, que el referente...

Bueno, por lo menos sabe de lo que habla.

Hasta ahora, presionarlo y andar de bronca en bronca

tampoco es que haya servido de mucho.

Ya.

Pues nada, nos quedaremos de brazos cruzados

y veremos cómo se estrella

y después, irán papa y mamá a recoger los cachitos.

Pues sí, no nos queda otra.

Lo importante es que vea que estamos juntos en esto.

Ya.

Con lo fácil que era pastorearlo cuando tenía diez años.

Bueno, bueno, entonces no decías lo mismo, ¿eh?

Que estabas siempre diciendo aquello de:

"A ver si cumple ya los 20 años y vive su vida y nos deja en paz".

Es verdad.

Ahora que te digo una cosa, ¿eh?

Esto de ser padre no está pagado.

¡Au! ¿Qué?

Que me haces daño. Que yo no he sido.

La de gente que hay aquí y tengo que ser yo.

¡Ay, no! Chist.

Que no. Estate quieta.

¡Que no! ¡Ay! ¡Oye!

Que no. Estate quieta.

De verdad.

¡Ah!

Cierra los ojos.

Cierra los ojos, confía en mí. Un, dos, tres, duerme.

Chist. ¡No hagas trampa!

Ay.

Ay.

Quieta.

Vámonos a la cama.

No, que están durmiendo.

Qué desastre, de verdad.

Eh.

No te machaques más.

Otro día irá mejor.

Es que estoy hasta las narices ya de esto.

Encima, el dolor de cabeza este que me está matando.

Bueno, no te quedes mucho aquí.

Te espero en la cama.

No sé por qué quieres apartar a Rosa de la asociación.

Ni lo sé ni me importa, la verdad.

Pero estoy dispuesto a ayudarte.

Bueno, pues te lo agradezco.

Lo que digo es que no me gustaría que alguien se liara con mi marido.

Y te digo una cosa, ¿eh? Si yo estuviera soltera,

yo no me acostaba con un hombre casado.

Es cuestión de principios; ¡será que no hay hombres!

Te propongo una cosa: si quieres, salimos los tres.

Bueno, si tiene que pasar algo entre Carla y tú, pues...

pues adelante. Yo no me pienso meter.

Estás pintando las cosas de un modo que no son,

y yo por ahí no paso ¡porque no me da la gana, y punto!

¡Rosa!

¿Tú me apoyarías si Rosa decidiera

delegar en mí como presidente de la asociación?

Sí, claro, nadie conoce el mercado mejor que tú.

¿Cuándo me vas a invitar a comer?

¿O vas a seguir mareando la perdiz? -No, justo venía a eso.

He encontrado el restaurante perfecto.

-Será bonito, ¿no? Que a mí las tascas no me van.

-Precioso y romántico, a la altura de la compañía.

¿Por qué te fuiste?

-Como si no lo supieras.

-Es que no lo sé, hija.

Vale que, no sé, no nos llevábamos bien,

pero hay muchas familias en las que pasa eso.

Y los hijos no desaparecen sin más.

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Mercado Central - Capítulo 21

21 oct 2019

Rosa y Nacho convencen a Noa para que se quede unos días, pero en realidad Nacho tiene otros planes.
Elías intenta que Rosa deje la presidencia de la asociación de comerciantes.
Germán y Noa tienen un altercado en un bar. La relación de Germán con su madre empeora.
Cristina no puede dejar de pensar en Doménico.
Celia se siente culpable tras su encuentro con Elías. Le oculta lo ocurrido a Jorge.
David tiene que hacer un trabajo para clase y le pide ayuda a Jorge.

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