Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 19 - ver ahora
Transcripción completa

Este puesto al que has tirado los cuatro tomates, señorito,

es el origen de la empresa De la Cruz.

Lo monté con tu abuela,

y gracias a él no falta un plato en la mesa

desde hace 40 años.

¡Cuarenta años! ¿Y tú me lo pagas así?

Si viviera tu abuela

se avergonzaría de tener un nieto como tú.

Le das el uso que necesites.

Te puedo ayudar a arrancarla. ¿La probamos?

Vale. Venga, arriba.

Dale.

Oye, y el vídeo que os mandó, ¿era cariñoso o...?

No. Volvió a dejarnos claro que no quiere saber nada de nosotros.

Está claro que Noa no ha cambiado.

Si quisiera encontrarnos, sabe dónde estamos.

Dejarla sin techo solo para ir de salvador. ¿De qué vas?

Aléjate de Carla, ¿vale? -Lo siento pero no.

Carla me mola, tío.

Y no se merece estar con alguien tan rastrero.

Cuando me fui de casa ¿por qué no me vinisteis a buscar?

Te fuiste tú. Nadie te echó.

Era una niña, papá.

Puede que hace años yo me acercara a ti

para poner celosa a tu amiga Patricia,

pero Cristina,

desde que me miraste a los ojos,

yo supe que quería seguir mirando esos ojos toda la vida.

Estoy enamorado de esa mujer.

Y lo único que espero es poder estar a su altura.

Pues no tienes que subir escalones para estar a su altura...

Envié el video diciendo que estaba bien.

Me lo contó tu padre.

Pero no se lo dijo a tu madre.

Qué cabrón.

Dice que es para protegerla, pero...

¿Tú quién eres?

¿Y qué haces aquí, en mi casa, y en pelotas?

¡A la calle ya! ¡Fuera

¡Lo que me faltaba por aguantar! ¡Fuera!

¡Tus cosas, venga!

No te quiero volver a ver aquí. Si vuelves, te reviento la cabeza.

¡Fuera ya! ¿Se te va la pinza o qué?

¿Quién es ese chico? ¡Un ligue de tu hijo!

¿Te parece normal tratarle así? Elías, por favor.

No me gusta que metas gente a escondidas.

¿Qué a escondidas? ¿Qué dices?

¿Os despierto a las 5:00 para presentaros?

¡Tranquilizaos los dos!

Aquí no traigas a tus ligues. No los traigas.

Pues a mí no me parece tan mal. Adela.

Me parece inaceptable que lo saques a empujones.

¡No me jodas! ¿Eh? Que de mí no se ríe nadie.

¡Pero vamos a ver, egocéntrico!

¿Quién se estaba riendo de ti?

¿Tú qué te crees, que yo no me doy cuenta

que esto lo haces para provocarme?

¿El qué? ¿Echar un polvo?

Sí, si la tía Lorena se trae a un tío a casa

también vas a echarlo. Y las amigas del abuelo.

Él las trae solo para fastidiarte.

Lo del abuelo ya está hablado y solucionado.

Y los tres no tenéis nada que ver,

que sois personas distintas. Pues ya me dirás por qué.

Germán, ¿cómo se llama ese chico? Llámale inmediatamente

para pedirle disculpas por el comportamiento de tu padre.

Yo qué sé cómo se llama.

No tengo su teléfono. ¿No es tu novio?

Lo conocí anoche en un bar.

¿Ahora qué?

¿También te parece bien que meta a cualquiera en esta casa?

La próxima vez, hijo, te vas a un hotel.

Sí, ¿con qué dinero?

Dame mi paga y me voy encantadísimo.

Eso si estudiases. Pues dame el dinero

de la furgoneta a Soria. No debías decirle nada al abuelo.

Qué mentiroso. Ya ni palabra tienes.

No te pases, que te cruzo la cara. ¡Venga!

Hace tiempo que quieres. ¿Te reviento la cabeza?

¿Te doy dos hostias? ¡Ya está bien!

¡Se acabó la discusión!

Me voy a la ducha, troglodita.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Y se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada olor, color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Pero es que a mí eso me da igual.

Prefiero que se traiga aquí a quien quiera

a que esté... ¡vete tú a saber dónde!

Claro. Tú encima ponte de su lado.

A ti lo que te pasa es que te lo quieres ganar

porque sabe que fuiste tú la que hizo que lo echaran.

Elías, ¡que tiene 22 años!

Si le hubieras pillado con una chica y no con un chico

¿te hubiera dado igual? Oye, tú, perdona.

Que hace ya años que acepté que era maricón.

Bueno, gay. A mí lo no me parece bien

es que se traiga los ligues aquí, a...

Un poco de decencia.

Por lo menos él tiene sexo. A lo mejor es eso lo que te molesta.

¿Has visto sus pupilas?

¿También te parece bien que se ponga ciego a pastillas?

Mira quién habla. El que necesita pastillas para poder hacerlo.

Muy bien...

(Puerta abriéndose)

(Portazo)

Mamá, en diez minutos me voy al colegio.

Vale, cariño.

¿Has cogido dinero para el almuerzo?

¿Desde cuándo sabes de mecánica?

Bueno, siempre me han gustado las motos.

Tu padre y yo teníamos una cada uno antes de que nacieras.

¿Y eran como ésta? No.

Eran muy grandes. Mil centímetros cúbicos.

Viajábamos mucho. Y ¿adónde fuisteis?

Pues mira, al principio íbamos con un grupo de amigos

y viajábamos mucho por Europa.

Después empezamos a ir los dos solos.

Los fines de semana, a la sierra, subir y bajar puertos.

¿Y arreglabais vosotros las motos?

Es que a veces, cuando vas por la carretera,

no sabes dónde vas a encontrar el taller, y te apañas.

¿Y de dónde sacas los repuestos?

Pues improvisas un poco.

Una vez, cuando estábamos de vacaciones por Marruecos,

estábamos cruzando la sierra del Atlas.

A tu padre se le rompió el cable del embrague.

¿Sabes cómo lo arreglamos?

Con un alambre de un gallinero.

¿Funcionó?

Tuvimos que andar 80 kilómetros por carreteras de tercera,

superdespacio, porque tu padre no podía cambiar de marcha.

Tardamos tres o cuatro horas en llegar a un taller.

¿Por qué dejasteis la moto cuando yo nací?

¿Dónde querías que te metiéramos? ¿En un sidecar?

La vida de motero no es compatible con la paternidad,

así que las vendimos.

¿Por mi culpa?

¡No!

Te voy a decir una cosa.

Me encantó dejar el manillar de mi moto

por el del cochecito de mi bebé. Venga, vamos.

Date prisa, que al final llegas tarde al cole.

(SUSURRA) Eso es.

¿Por qué lo hizo?

¿Qué hizo quién? Mi padre.

¿Por qué se suicidó?

¿Eso fue por mi culpa?

Vamos a ver, David... No.

Tu padre te quería con todo su corazón.

Y no quiero que pienses que fue culpa tuya

porque no fue tu culpa en absoluto. ¿Lo entiendes?

Me voy al colegio.

No quería hacerte llorar.

No estoy llorando. Y no voy a llorar.

Pero es mejor que te vayas al colegio.

Venga, que llegas tarde.

Quería hablar contigo de lo de ayer. -La cagaste siguiéndome, Nacho.

Ya, pero dime que no vas a contarle a tu hermana que vi a Noa.

Por supuesto que se lo voy a contar. En cuanto encuentre el momento.

No puedes hacerlo. Sería un gravísimo error.

¿Un error? -Si quieres a tu hermana,

no puedes contarle lo de ayer.

Precisamente porque quiero a mi hermana

le voy a contar que su hija está bien

y que su hija está vida, obviamente.

¿Tú no te alegras de verla?

Pues confirmarlo me tranquiliza, claro.

Te tranquiliza... No te alegra.

No te voy a mentir: preferiría que no estuviera tan cerca,

que se hubiese ido a vivir más lejos.

Pues no creo que su madre prefiera lo mismo.

Rosa no sabe qué le conviene. Y tú me demuestras que tampoco.

Rosa es su madre y está sufriendo. -Si se lo dices va a ser mucho peor.

Hazme caso, Lorena. Solo conseguirás que sufra más todavía.

¿Cómo voy a conseguir que sufra más

sabiendo que su hija está bien y que su hija está viva?

Porque Noa no va a volver, Lorena.

Estaba a punto de volver, Nacho.

Si tú no me hubieras seguido. No sé por qué coño te plantaste allí.

Quería comprobar con mis propios ojos cómo estaba.

Sí, pues eso solo sirvió para espantarla.

También me demostró que es mejor que las cosas se queden como están.

¿Qué quieres decir? -Noa nos ve como una amenaza.

Por eso salió corriendo nada más verme.

Y es ella la que es una amenaza para nosotros.

Sobre todo para Rosa. -Es horrible eso que dices.

Ya lo sé. Pero es la pura verdad.

¿Me estás diciendo que no quieres que Noa vuelva a casa?

No. Me duele mucho admitirlo pero no.

Nos haría la vida imposible.

Así era antes de que se fuese y así volvería a ser.

Rosa no lo soportaría.

Lorena, hazme caso. Rosa y Noa no pueden vivir juntas, ¿vale?

Es así de simple.

Si Rosa y Noa se juntan, se sientan tranquilamente y hablan...

y se perdonan, podrán empezar de cero como una madre y una hija normal.

¿Y? En un mes volverían a estar igual.

No es que no se quieran, Lorena, es que son incompatibles.

Vale.

¿Y qué propones? Porque mira cómo está Rosa.

Rosa se pondrá bien. Es solo cuestión de tiempo.

Se acostumbrará a la ausencia de Noa

y seguirá con su vida. Con nuestra vida.

Y Noa que haga la suya.

Nacho, es muy triste eso que estás diciendo.

Es mejor eso que las peleas diarias, los reproches,

los chantajes emocionales, los golpes...

Si Noa no llega a irse, no sé cómo habríamos terminado.

Y prefiero no saberlo.

¿Tan horrible era la convivencia?

Ni te imaginas. Una pesadilla.

Desde fuera solo se veía la punta del iceberg.

En realidad, dentro de casa era muchísimo peor.

Aun así, Rosa tiene derecho a saber dónde está su hija.

Mira, si Rosa retoma la relación con Noa, querrá que vuelva.

Si vuelve, es lo que te he dicho, el infierno.

Y si no vuelve, que es lo que yo creo que pasaría,

Rosa volvería a estar en la casilla de inicio,

como cuando Noa se fue la primera vez. Peor.

Lo mejor es que las cosas se queden como están.

¿De verdad crees que Rosa se va a olvidar de Noa,

que solo necesita tiempo?

A tu hermana le pasará lo mismo que le pasó a tu madre contigo.

Al final estaba más tranquila cuando no sabía nada de ti.

¿Todavía estás aquí? Creía que os habíais ido todas.

Tenemos que hablar.

Muy bien, ¿lo podemos hacer mientras desayuno algo?

Porque tengo una gusa...

No. Porque quiero que me prestes atención.

¿Qué es esto?

A ver... Estaban en tu cuarto. En el suelo.

No son mías. Se le habrán caído a mi amigo.

¿A tu amigo? De ese que ni siquiera sabes cómo se llama.

¿Otra vez, mamá? Vale que me dé el sermón papá, pero tú...

Eh, que yo nunca me he metido en lo que haces,

pero quizá se te está yendo un poquito de las manos.

Pues es que no tengo nada mejor que hacer que divertirme.

¿No te gusta?

Haberlo pensado antes de hacer que me echaran.

Ah, ahora la culpa de que te drogues es mía.

Que esas rulas no son mías. No me tomes por imbécil.

Pues no me trates como a un crío.

¿Me las das para que se las dé a mi amigo?

Pues no, estas van al váter.

Mamá, dámelas, dámelas. Que no, Germán. Ni se te ocurra.

¿Qué pasa?

Aquí tu cuñada, que ahora va de puritana. Eso pasa.

Me voy a la calle a desayunar.

¿Estás bien?

Pues no.

Rosa, ponme un café rapidito,

que Adela me ha dejado solo ante el peligro

y tengo que volver al puesto. -Pues sí que estamos buenos, ¿no?

Lorena me ha llamado, que tampoco viene.

¿Y eso? -Y yo que sé, papa.

Que no sé, que algo le ha sentado mal.

Buenos días.

(ROSA) Buenos días.

Espérate un momento, Jesús.

Me interesa tu opinión como hombre de buen gusto que eres.

¿Mi opinión de qué?

Toma, Valeria. A ver si he acertado. -¿Un regalo?

Pero si no es mi cumpleaños... -Eso da igual.

Una mujer como tú debería recibir regalos

todos los días del año.

¿No estás de acuerdo, Jesús?

¡Es precioso, Francisco!

Ay, mira, Rosa, mira.

(ROSA) Es monísimo, ¿no? (VALERIA) Coge...

Parece que he acertado.

(VALERIA) Ay. A ver.

Ayúdame a ponerlo.

¿Qué tal me queda?

Espectacular. ¿Verdad, Jesús?

Si te gusta la bisutería...

Bueno, tengo que volver a trabajar.

Pero...

Anda, ponme un carajillo.

Sí, se les oía, un no parar...

Me da igual que se acueste con quien quiera.

Lo que me preocupa es esto.

¿Dónde estaban?

En su cuarto. En el suelo, al lado de la cama.

Y dice que no son suyas, que eran del otro chaval.

A lo mejor es verdad. Sean de quien sean,

no me gusta que mi hijo coquetee con las drogas.

Uno no lleva esto encima para consumo privado.

A lo mejor su amigo trapichea.

Pues peor me lo pones.

Porque no quiero que se relacione con traficantes.

He dicho que trapichea. Será un camello.

Lo mismo me da, Lorena. Ya.

¿Quieres que hable yo con él?

Pues a lo mejor a ti te escucha.

Vale, lo intentaré. Pero yo no me preocuparía.

Germán es un tipo listo.

Sí, pero es que es muy cabezota. Igual que el padre.

Y están todo el día buscándose las cosquillas.

Y cada vez va a peor.

Y en una de estas acabará haciendo alguna barbaridad

solo para molestar a Elías.

Ay, qué dos. Es rivalidad que no va a ninguna parte.

Y es que además nos está afectando a Elías y a mí.

No estamos pasando por nuestro mejor momento

y las preocupaciones y los problemas con Germán

solo hacen que discutamos y nos distanciemos más.

¿Qué? ¿Qué estás pensando?

Que mi hermano te quiere muchísimo.

Y yo a él. Mucho.

Pero entre unas cosas y otras... en fin... déjalo.

Bueno, yo no te puedo ayudar con Elías.

Pero yo te aconsejo que hables con él.

Y yo me ocupo de Germán.

A ver si escucha a la voz de la experiencia.

Pues a ver si es verdad.

Bueno, ¿y tú no deberías estar abriendo el bar?

Sí, he llamado a Rosa.

Es que me encontraba mal. Me quedo aquí esta mañana.

Pues estamos buenas las dos...

Yo le he pedido a tu padre que se encargara de abrir el puesto.

¿Has visto la cara que ha puesto Jesús?

Se moría de celos. Por poco no le da algo.

Pero ¿a ti te gusta el colgante? -Me encanta.

Y además has hecho muy bien en no decirme nada,

porque así no he tenido que fingir sorpresa.

Se lo ha tragado como un infeliz.

Es bisutería, pero de la buena.

Lo digo por su comentario...

Eso demuestra que el monstruo de ojos verdes

estaba comiéndole por dentro.

Bueno, dime cuánto te ha costado.

Nada. El colgante es un regalo, Valeria.

Hombre, pero es parte de nuestro plan.

No dejaré que lo pagues. De ninguna manera. ¿Cuánto ha sido?

De verdad, Valeria. Acéptalo como muestra de nuestra amistad.

Pero Francisco, no me parece bien que encima de que me estás ayudando

con todo este paripé, tengas que poner dinero de tu bolsillo.

Hacía mucho que no me lo pasaba tan bien.

Eres una mujer extraordinaria, Valeria.

Graciosa, inteligente, guapa...

No me ha costado ningún trabajo interpretar mi papel.

¿A que fue divertido?

Mucho.

Lo que no entiendo es por qué montas todo esto

por un hombre como Jesús.

Si él no es capaz de darse cuenta

de lo que se pierde dejando pasar a una mujer como tú,

es que no te merece.

Vaya, Francisco, muchas gracias.

Eres todo un caballero.

Lo digo porque es lo que pienso.

Y por eso me gustaría seguir viéndote.

Pero... no para dar celos a nadie.

Para conocernos mejor.

No sé qué decirte, Francisco...

Bueno, el colgante es una manera de pedirte que salgas conmigo.

Nos llevamos muy bien juntos los dos, ¿no?

Congeniamos, nos reímos...

¿Por qué no seguir haciéndolo por el puro placer de hacerlo?

¿Qué me dices?

Pues ya hablamos en otro momento, que ahora tengo que ir a trabajar.

Cerveza.

Y un trozo de pizza.

Toma, pon unas flores de estas en cada mesa, ¿vale?

Prefiero flores en mi mesa que diamantes en mi cuello.

Qué bonito, Doménico.

No es mío, lo leí en un libro.

Oye, que no me has contado lo de tu cita...

Prefiero no hablarlo.

¿No fue bien?

Cuéntame que pasó.

Mamá, un desastre todo. Un desastre total.

Yo llego y veo a María que está hablando con otro chaval,

y no me hizo ni caso. Nada.

Y como no sabía cómo llamar su atención,

pues hice caso al gran consejo de papá.

¿De qué consejos hablas?

Tu consejo para ligar con María. -¡Ah! ¿Qué tal fue?

(CRISTINA) Lo acaba de decir, un desastre.

¿Un desastre? (ANDREA) Sí, un desastre.

María no me hizo caso y casi me llevo una leche.

¿De María? -No, del novio de su amiga.

A ver, Andrea, pero yo no te dije que te pelearas con nadie.

A ver. Me dijiste que si no me hacía caso,

me acercase a una de sus amigas para darle celos.

Como tú con mamá. -No me lo recuerdes...

Pero esa chica no tenía que tener novio.

Yo que sé si tiene novio. Me acerqué a la más guapa,

porque al menos me podía ligar a alguien que me interesase.

Como hiciste tú con mamá.

¿Dejáis ya el temita? -Pero claro, la chica tenia novio

y, obviamente, el novio vino a por mí. Lógico.

Tú y tus estrategias.

A ver, Andrea, que no pasa nada.

Está lleno de "belle ragazze".

Si con María no ha funcionado es porque no era para ti.

Seguro que encontrarás tu media naranja.

Que sí. Que a mí me da igual eso. Que yo quiero estar con María.

Pero en el mundo hay más mujeres que hombres.

La tuya todavía te está esperando.

Solo tienes que encontrarla.

A por la siguiente, hijo mío.

Déjame en paz, hombre. -Anda, que...

El corazón no entiende de cantidades, ¿verdad, cariño?

¿No has ido a trabajar?

No, le he pedido a tu padre que se encargara del puesto.

Yo... te estaba esperando.

Adela, yo no quiero discutir más.

Y yo tampoco.

Si es que precisamente lo que quiero es que dejemos de discutir.

(EMOCIONADA) No me gusta nada estar así.

Pues ya somos dos.

No tenía que haberte llevado antes la contraria con Germán.

No lo volveré a hacer.

No, si es el niño, que tiene la habilidad

de sacar lo peor de mí. Bueno, pues a partir de ahora

haremos frente común.

Pero lo que sí que tienes que tener es un poco más de paciencia con él.

Que sí, Adela. Si es mi culpa, que estoy que salto por todo.

Ya, ya. Estas últimas semanas has estado sometido a mucha presión.

Es que la empresa, mi padre, el niño... Tela.

Ya, y yo no te he ayudado precisamente.

Y antes...

Antes te he dicho cosas horribles...

Oye, que yo no soy nada si no te tengo a ti a mi lado, ¿eh?

Y antes he tenido la sensación de que querías estar lejos de mí.

No, Elías. Eso no va a pasar nunca.

Ya, pero últimamente te he fallado en demasiadas cosas y...

He llegado a pensar que podía perderte.

Tú eres el hombre de mi vida.

Y mientras estemos juntos,

podremos con todo lo que se nos ponga por delante.

Con todo.

Lo siento.

¡Uy, perdona! Perdona.

Jolín con la manguera.

¡Jonathan, espera, espera!

¿Qué tal, Carla? -Toma.

Esto lo que he reunido de momento. -¿Lo de la multa?

Que no, que ya te dije que no hace falta,

que ya me lo darás. -¡Que no, tío!

Que yo prefiero írtelo pagando de momento.

¡Píllalo, venga! -Vale.

Pero lleva la cuenta, que al final te cobro intereses.

Intereses no, pero a unas cañas sí te voy a invitar

para darte las gracias por este cable.

Que no, de verdad. -Sí que hace falta.

Para darte las gracias y para decirte

que siento mucho todo esto.

Eso fue por el güisqui, que estaba medio caducado.

Bueno, sí, eso... y el pronto que tengo yo que a veces telita.

Ya, si ya me voy dando cuenta.

Pero luego, cuando me conoces mejor, te das cuenta que todo es fachada

porque en el fondo soy muy maja.

Eso me gustaría. Conocerte mejor.

Pues ¿te hacen o no esas cañas? Que hoy termino antes...

Venga, va. Hecho.

Si es que... molas mucho, Jonathan.

¿Te lo han dicho?

¿En serio?

Bueno, como colega.

O sea, que molas mucho, no que me molas mucho.

No, si ya... ya te había entendido.

Vale. -Sí.

Bueno, voy a continuar currando. Nos vemos después, no te olvides.

¿Y Samuel?

¿Y Samuel? -Él sí que te mola, ¿no?

Con él sí que tendrías más que una amistad.

A ver, es verdad que al principio Samuel me caía como el culo

y que después al conocerle pues es verdad que es un tío muy...

muy sensible y muy especial.

O sea, que te gusta.

Sí.

Es acojonante...

(CARLA) Lo siento. No te lo tenía que haber dicho.

Una persona supersensible y superespecial...

Guau, no sabes cuánto.

¿Qué quieres decir? -Que te la ha colado.

Como hace con todo el mundo.

¡Pobre Samuel! Siempre de buen rollo y de buen humor

a pesar de la gran putada que le ha tocado vivir.

No te burles de él. -Él se burla de ti, Carla.

De todos. -¿Por qué dices eso?

¿Qué por qué digo eso? ¿Sabes? ¿Sabes quién llamó a la Policía

para denunciar que tu furgoneta llevaba varios días

en la puerta del mercado? ¿eh? ¿No lo sabes?

¡Venga ya, Jonathan! -Venga ya nada.

Eres una ingenua, tía.

Así de retorcido es el bueno de Samuel.

Te deja en la calle para luego ponerse la capa de Supermán

y sacarte de la mierda en la que él te ha metido.

No te creo.

¿No me crees?

Tú misma.

¿Te apetece un poco de pizza? -No tengo hambre.

No has comido nada, ¿quieres? -Si es que me tiene muy preocupada.

Nunca le había visto tan tristón.

A su edad, el mal de amores te deja hecho polvo.

Quiero ayudarle, pero en estos casos

lo último son los consejos de una madre.

Y el padre tiene la sensibilidad de un mandril.

¿Y quieres que lo intente yo?

Ay, ¿no te importa?

Claro que no.

Pues muchas gracias. A ver si tú tienes más suerte.

Voy a intentarlo.

¿Qué estás estudiando? -Química un poquito.

Interesante. Todo es química, ¿sabes?

La pizza, por ejemplo.

La fermentación de la masa es lo más importante para que quede bien.

Mira, como David, que dice que todo son matemáticas.

(DOMÉNICO) Sí, pero los números son fríos.

En cambio, la química tiene que ver directamente

con nuestra felicidad o nuestra tristeza.

Es todo cuestión de hormonas.

Ya...

(DOMÉNICO) Tú por ejemplo, Andrea. Ahora estás así, pasándolo mal,

porque tienes las hormonas revolucionadas

por culpa de esa chica. ¿Cómo se llama? ¿María?

Entre María y yo no hay ningún tipo de química.

Algunas reacciones requieren tiempo.

Yo dejo la masa de la pizza fermentando 24 horas.

Perdona, Nico. María no es una pizza, tío.

(DOMÉNICO) No.

Pero las prisas tampoco son recomendables

cuando quieres conquistar a una mujer.

Ayer te precipitaste intentando llamar su atención.

¿Me precipité? ¿Precipitarme? La cagué del todo.

Hasta el fondo metí la pata.

Pero que da igual, que es que no...

Que no me acercaré más a ella y ya está.

¿Ya no te gusta? -Pues claro que me gusta.

Soy yo el que no le gusta a ella. Eso está claro.

Y tampoco voy a hacer el ridículo.

Si te sigue gustando no deberías darte por vencido.

¿Y qué hago?

Cometiste un error, Andrea, pero puedes rectificar.

No sabes lo que María piensa de ti.

Aún no le has dado la oportunidad de conocerte.

¿Por qué va a querer conocerme? Qué tontería.

Porque eres un chaval sensible y creativo, diferente al resto.

Un friki. -Que toca la guitarra.

En mis tiempos, esa era la mejor herramienta para ligar.

Y no creo que las cosas hayan cambiado tanto.

¿Y qué hago, le canto una canción?

¿Tú qué quieres, que me maten a collejas en el instituto?

Lo que digo es que permitas que María sepa cómo eres.

No intentes acercarte a ella con mentiras o trucos.

Dile lo que sientes. Así de sencillo.

Eso de sencillo tiene muy poquito.

Deja que hable tu corazón.

No tengas miedo al fracaso, al rechazo.

¿Y qué hago si me manda a la mierda?

Al menos lo habrás intentado.

Pero si te manda a la mierda, es que te habrás equivocado de chica.

Siempre puedo cantarle una serenata.

Aunque las collejas me las voy a llevar igual, así que...

Hola.

¿Qué, comiendo tan pronto? -Sí, es que me moría de hambre.

¿Quieres comer conmigo? No me lo voy a acabar.

¿Hoy no curras? -Me he tomado el día libre.

¿Qué ha pasado con tus padres?

Que hemos tenido una agarrada pero buena.

Si es que el viejo es un cavernícola.

A mí me lo vas a decir. De pequeño era peor, ¿eh?

Tenía que ser insoportable. -Siempre, siempre

diciéndome lo que tengo que hacer.

Como me saca diez años, se debía creer que era como mi padre.

Como si no tuviera suficiente con tu abuelo.

Es que no me extraña que te fueras de casa.

Luego se casó...

y tu madre le mejoró, ¿sabes? Le... no sé, le suavizó.

No sé qué decirte...

Últimamente me mete cada brasa casi tanto como él.

Tu madre es una tía estupenda. Pero está preocupada y es normal.

¿Cómo que es normal?

Yo también estaría preocupada. -Tú, ¿por qué?

Lo de las pirulas.

Venga, tía, ¿tú también?

Germán, yo vivía en Ámsterdam

y mi dieta se basaba en birras, porros y MDMA.

Ah, ¿entonces?

Entonces ¿qué? Pues eso, que al principio todo es muy guay

pero luego te pasa factura, tío.

Pues a ti se te ve estupenda. -Ya, porque lo paré a tiempo.

Estuve muy cerquita de caer al abismo, ¿eh?

Además, no estamos hablando de una noche

que te comes una pasti y ya está.

Había muchas pastillas en esa bolsa, tío.

A ver, que ya le he dicho a mi madre que no son mías.

¿Son de tu amigo? -Sí.

Se dedica a pasarlas en un local al que voy de vez en cuando.

Bueno, vale, me lo creo.

Pero no me creo que nunca te hayas drogao.

No. Yo lo que te digo es que controlo.

Nadie controla.

Sobre todo, si usas las drogas para tapar movidas.

¿Qué movidas?

No lo sé. Dímelo tú.

¡Has conseguido que vuelva a sonreír! -¿Yo?

Tu hijo es un gran chico.

¿Qué haces esta noche?

¿Cómo qué hago? -Sí, que qué planes tienes

cuando cerramos la pizzería por descanso.

Nada en especial.

Algo harás. Saldrás al cine, al teatro...

Yo soy un poco ermitaño. Me gusta estar solo, tranquilo.

¿Por qué no vienes a cenar hoy con Paolo y conmigo?

No, muchas gracias. -¡Sí! Una cena entre amigos.

Será divertido, ya verás.

Tres son multitud. ¿No se dice así?

El que decía eso no llevaba mucho de casado.

Con tantos años de matrimonio se agradece a veces una carabina.

¿Una carabina?

Era la persona que acompañaba a los de novios

para que no estuvieran solos.

Igualmente vosotros querréis hablar de vuestras cosas.

Doménico, Paolo y yo estamos hartos de hablar de nuestras cosas.

Pero... yo no soy un buen conversador, precisamente.

Paolo te diría que incluso soy un poco aburrido.

Porque Paolo habla hasta debajo del agua.

Anda, hazlo por mí.

Así no tendré que escuchar sola sus peroratas.

Siempre ha sido así.

Y en napoletano habla aún más y más rápido que en español.

Cuando lo escucho hablar con su madre por teléfono

hablan tan alto y tan rápido que parece enfadado.

En Nápoles nunca se habla bajo, ni en los funerales.

Bueno, ¿qué, te apuntas?

¿Y... seguro que a Paolo le parecería bien?

Paolo se enfadará si rechazaras mi ofrecimiento.

Anda, y tráete a quien quieras, ¿eh? -No será necesario.

Pero acepto encantado la invitación.

(SUSURRA) Me voy. -Vale. Chao.

Yo no te pido que me lo cuentes a mí,

pero tienes que hablar con alguien, Germán.

Tienes que sacártelo del pecho. Que te deje respirar.

No sé lo que te pasa pero no te lo van a curar las drogas.

Acábate el sándwich.

¿Alguna vez has estado enamorada?

El amor...

Eso sí que es una droga.

El subidón más grande, el mono más chungo.

Pues yo solo he estado enamorado una vez.

Suéltalo, cariño.

Es que es una puta mierda, Lorena...

Ya, ya lo sé. Puede doler mucho.

Y más si está muerto...

Lo siento. Lo siento muchísimo. No lo sabía.

Él no había salido del armario nunca.

Lo llevábamos en secreto.

Yo he estado con otros chicos,

pero con José era la primera vez que me enamoraba.

¿Qué le pasó?

Iba en el coche... en el que estaban Samuel y Jonathan.

No lo sabía.

Iban a una fiesta de una amiga a la que le molaba José.

Y él no quería ir, pero Jonathan se burló.

Y José se picó y se puso al volante.

Iba muy borracho...

Germán, ¿nadie sabía que José y tú estabais juntos?

(SUSURRA) No.

Y le echo muchísimo de menos. -Mi amor, ya lo sé.

Es que me duele tanto acordarme de él...

Déjamela dentro, por favor. Gracias.

Al final has conseguido arrancarla.

(SUSPIRANDO) Sí. ¿Celia?

¿Va todo bien?

Sí, nada. Que tengo un día muy tonto.

No pasa nada, ya se me pasará.

Pero ¿ha pasado algo con la moto? No.

Bueno, que me ha traído muchos recuerdos.

Se trataba de que fueran buenos.

Pensé que te gustaba conducir moto y todo eso.

Me encanta.

Lo que pasa que he recordado lo feliz que era

cuando hacía kilómetros con Manuel los fines de semana.

¡Pues ya está! Quédate con esos buenos recuerdos,

y los malos para fuera.

¿Y cómo se hace eso, Jorge?

¿Cómo evitas lo malo y te quedas con lo bueno?

Porque yo no puedo.

Intento fingir que no pasó, pero pasó

y se llevó por delante todo lo bueno. Todo.

Supongo que ahora me tocaría a mí decirte todos los tópicos, ¿no?

Que mires hacia delante, que pases página.

Pero me da que mucho no te ayudaría.

¿No? ¿Sabes? Hago lo imposible

por no pensar en Manuel y en la putada que me hizo...

Celia, date tiempo.

Sé que es otro tópico, pero a veces solo eso soluciona algunas heridas.

Ya, ¿y cuánto tiempo?

Porque el año que viene por estas fechas

David recordará el cumpleaños de su padre

y me preguntará por qué lo hizo.

¿Y qué le respondo? Porque no lo sé. No sé por qué me odiaba tanto.

No, Manuel no te odiaba, Celia. No digas eso.

¿Y quién haría algo así si no es por odio? Dime.

Estaba enfermo, tú me lo dijiste. Tenía una depresión.

Mucha gente tiene depresión y no hace lo que él hizo.

Tenía que haber pensado en las consecuencias.

Debía haber pensado en qué situación me dejaba a mí y a mi hijo.

Es que no sé qué hice yo

para merecer algo tan horrible.

¿Tan difícil era vivir conmigo?

Celia, no fue culpa tuya, ¿me oyes?

No fue culpa tuya.

Pues yo no puedo evitar sentirme culpable, ni David.

¿Qué le cuento yo ahora, Jorge?

¿Cómo le digo que su padre prefirió morir antes que verlo crecer?

Da igual, no me hagas caso.

Estoy nerviosa, nada más. (SUSPIRA)

No sé qué decirte, Celia. No sé...

¿Llevo la moto al garaje? ¡No!

No, de verdad. Me viene muy bien.

¿Seguro? Sí, seguro.

Se me había olvidado la sensación de libertad que te da la moto.

Bueno...

Y la he recuperado gracias a ti.

Eres un gran hombre, Jorge.

Gracias.

(RESPIRA PROFUNDAMENTE)

Pues aquí está tu compra y la vuelta.

Y que tengas un buen día. Hasta luego, gracias.

Ya he hablado con Germán.

¿Y? ¿Te ha contado lo que le pasa,

por qué está últimamente tan... revolucionado?

Yo no me preocuparía mucho.

Tu hijo es un chico muy listo.

Está pasando por un bache, pero va a salir, Adela.

¿Un bache? Pero ¿qué bache?

No es nada grave, te lo prometo.

Y si no es nada grave, ¿por qué no puedo saberlo?

¿Por qué no puede contarme qué le pasa para que pueda ayudarle?

Porque lo tiene que solucionar por sí mismo.

Adela, tienes que darle un poquito de margen, ¿vale?

Confía en él.

Ya, me estás diciendo que él no confía en mí.

No me ha perdonado que le pidiera a Carmen que lo despidiera.

Es una decisión que tomaste porque creías que era lo mejor para él.

Bueno, pues él acabará entendiéndolo.

Ahora deja que tome sus propias decisiones, ¿vale?

Ten un poco de paciencia.

Lorena, eso no es fácil.

Es mi hijo y veo cómo lo pasa mal.

Y no puedo quedarme de brazos cruzados.

Pues hazle saber que vas a estar con él en todo momento,

pero dale espacio. Adela, por favor, no cometas

los mismos errores que cometió mi padre conmigo.

Lorena, si tu padre hubiera encontrado una bolsita de droga,

no habría sido ni la mitad de comprensivo contigo

de lo que he sido yo con Germán. Adela, la droga no era suya.

Decía la verdad. No te preocupes por ese lado.

Pero entonces ¿qué le pasa?

Pues nada que no se pueda curar con el tiempo.

Dale espacio, no es ningún niño. Deja que tome sus propias decisiones.

Trátale como lo que es, un adulto.

Vale.

Voy a hacer lo que tú dices,

pero me va a costar ¿eh?

Oye, y... procura que Elías... no le machaque demasiado.

He seguido tu consejo y he hablado con él esta mañana.

Parece que las cosas están mejor. ¡Bien!

Pues utiliza tu influencia para que no afloje un poco, ¿vale?

Yo prometo estar muy pendiente de Germán, ¿vale?

(SUSURRANDO) ¿Vale?

Lorena.

Muchas gracias.

De verdad.

Rosa, ya estoy aquí.

Perdona, que esta mañana tuve un dolor de cabeza...

No te preocupes. Ahora estamos muy tranquilos.

Oye, se han dejado aquí una revista.

Déjala en la barra por si la reclaman.

¡Qué lámpara más chula!

¿Qué pasa, que quieres decorar algo?

Pues para mi habitación no vendría mal,

que está exactamente igual que cuando me fui de casa.

Creía que tu idea era mudarte por tu cuenta.

Esa es mi idea cuando pueda.

Pero bueno, la lámpara se puede mudar conmigo.

Hola, cariño. Ponme una caña y algo de picar, que vengo canino.

¿Qué estáis viendo?

Nada, una... una lámpara que a lo mejor me compro. ¿Te gusta?

Muy moderna, sí. Me gusta.

Pues si no es muy cara, igual me la compro.

A nosotros también nos vendría bien hacer algún cambio en casa.

(ROSA) ¡Anda ya! ¿Qué dices?

Si cambiamos los muebles del salón por unos nuevos hace... ¿dos años?

Nos vendría bien un sitio

para cuando nos llevamos trabajo a casa.

Luego acabas con el ordenador en la cocina

cuando tienes que mandar mails.

Mira este escritorio. Es pequeño, elegante. Igual te cabe.

Échale un vistazo.

Pero bueno, ¿y dónde quieres que metamos esto?

No sé.

En el cuarto de Noa, por ejemplo.

¿Quieres vaciar la habitación de Noa?

(NACHO) Vaciar no. Darle uso.

Podríamos llevar algunas cosas al trastero y ya está.

A lo mejor esa no es la mejor idea del mundo,

pero puedes pensar en darle un aire nuevo a la casa,

reorganizar un poco las cosas, ¿no?

No sé.

Yo no quiero "reorganizar" nada.

¡Kiko!

¿Hola? ¡Kiko!

Ay, qué susto. Perdona, no te quería asustar.

Busco a uno de mis chicos.

Nada, tranquilo, que estoy... haciendo un poco de limpieza.

Es increíble la de porquería que tenía esta mujer.

¿Serafina? Sí.

Sí. Adela estuvo un par de veces en su casa

y dice que la tenía llena de trastos.

Pues eso tiene un nombre y se llama síndrome de Diógenes.

¿Tú sabes? Si unimos todas estas labores de ganchillo

podríamos cubrir el planeta entero. ¡Mira!

Pues a lo mejor es la solución al calentamiento global.

Una funda de ganchillo para cubrir el planeta.

Ya que estás aquí, quería agradecerte lo de la subvención.

Anda, mujer. Un par de llamadas y listo.

Bueno yo hice docenas de llamadas y nada, así que gracias.

Bueno, yo tengo mis contactos. Gente que me debe favores.

Si te hace falta otra vez, me lo dices y sin problema.

Espero que no haga falta. Ojalá.

Tiene que ser duro sacar adelante a tu hijo tú sola.

Pues sí. Sí, es duro.

Además, David exige mucha atención. Demasiada.

Pero es muy listo, dice todo el mundo.

Sí, sí. Es que tiene problemas para expresar empatía,

para relacionarse con los demás, para socializar.

O sea, que aparte de requerir mucha atención,

no devuelve mucho cariño.

Sí que lo hace.

A su manera, pero lo hace.

¿Tú sabes lo que te vendría bien?

Desde mi punto de vista.

Salir un poco. Estás ahí siempre estresada.

Sal, diviértete, socializa un poco.

Tómate una copa, un gin-tonic.

Aquí al lado los hacen fantásticos.

No soy yo mucho de gin-tonics.

El que dice gin-tonic dice un cóctel, una cerveza, un vino.

Lo que sea, mujer, Venga, anímate.

Tomamos algo, celebramos lo de la subvención.

Te prometo que conmigo no te vas a aburrir. ¡Venga!

Ya veo que acostumbras a conseguir siempre todo lo que te propones.

¿Eso es un sí?

Gracias por la invitación,

pero estoy llena de mierda.

Bueno, quizá otro día...

Quizá...

Hay que comprar mayonesa. Se nos ha terminado.

Pero si acabo de meter dos tarros en la despensa.

¿Dónde? -Ahí, al lado de las latas de tomate.

La mayonesa siempre la guardamos en la cámara.

La empezada. Pero estos tarros están sin empezar.

Siempre es siempre.

Bueno, perdona. Lo tendré en cuenta. -Hombre.

A ver si te vas a poner también a reorganizarme la cocina.

Estás siendo injusta conmigo.

¿Injusta yo? Injustos vosotros, que queréis que me deshaga

de todas las cosas de Noa.

Queréis que me olvide de ella.

No, lo que no queremos es que sigas sufriendo.

Anclándote a algo que ya no se puede evitar.

Ya... -Noa está bien, estoy segura.

Está viviendo su vida, como hice yo.

Sí, pero tú has vuelto, ¿verdad?

Y cuando has vuelto, no te has encontrado tu habitación

convertida en una oficina, ¿no?

Ni a tu padre, que es como es, se le ha ocurrido una cosa así.

Ya, ¿y de qué sirve eso?

Son solo cosas, Rosa.

Lo que estoy intentando decirte es que...

Es que tienes que... empezar a pensar en ti.

Lorena, da igual... Ya está, ¿vale?

La habitación de Noa se queda como está.

Me voy a hacer las tostas, y tú, por cierto,

baja por el aceite, que te lo has dejado abajo.

No me vas a dejar estas cajas aquí en medio.

Me da igual. Llamas a los chicos y que se las lleven ahora.

Pues como no las quites, ya las quitaré yo de en medio.

Pues lo que te digo: avisado estás.

¡Joder! ¿Sabes el día que llevo? -¿Tú estás mal de la cabeza?

Hay que estar muy jodido para hacer lo que tú has hecho.

Jonathan...

Carla, te lo puedo explicar. -Claro, tienes una explicación.

Siempre tienes una explicación para todo.

Pues no, para esto no.

Lo único que quería era recuperar nuestra relación.

No sé, acercarme a ti, poder ayudarte.

Pero ¿tú te estás oyendo?

¿Me has denunciado a la Policía para ayudarme?

No te denuncié a la Policía.

Yo llamé para que se llevaran la furgo.

Esa furgoneta era mi casa. ¡Es mi casa!

¡Me has dejado en la puta calle, cabrón!

Lo tenía todo pensado.

Se duerme mejor en el almacén que en ese cuchitril.

(CARLA) ¡Muchas gracias!

Muchas gracias, de todo corazón. Tú sí sabes hacer favores.

Y gracias por la multa. ¡Me ha ido de puta madre!

Carla, la intención era buena. -¿Tú te piensas

que por ir en silla de ruedas puedes hacer lo que quieras

y luego decir que era con buena intención

y esperar que la gente te perdone?

Estabas cerrada en banda.

No sé, y me he equivocado. Lo sé y lo siento.

Pero lo único que quería era que reaccionaras.

Lo único que has conseguido es perderme para siempre.

Tú decías que prefieres que la gente te odie

a que sientan pena por ti.

Pues tranquilo, porque yo no siento ninguna pena por ti.

Vale, Carla. Espera. -Déjame.

Carla. -¡Que me dejes!

(Quejidos)

¡Joder!

¡No, para!

(Microondas en funcionamiento)

(Timbre del microondas)

(JADEA)

Jorge cree que debería escribirle una carta a papá

para contarle todo lo que se me quedó aquí.

¿Y lo vas a hacer? Yo paso de cartas.

Prefiero ir al cementerio y contárselo en persona,

aunque los muertos no sean personas.

Le pediré a la abuela que me acompañe.

Te pasas el día criticándole, pero sois iguales.

Pareces su fotocopia.

Pues mira, llevas razón.

Y tú lo has dicho y lo has visto, ¿eh?

A lo mejor ese es el problema.

En que a lo máximo que puedo aspirar

es a ser una mala copia del original.

Mira, si por un momento, aunque solo sea por un segundo,

se te ha pasado por la cabeza quitarte de en medio,

tú tienes que contármelo. -Nacho...

No. ¿Cómo puedes pensar que yo iba a hacer...?

(NACHO) No puedo más, Rosa.

Yo no puedo más.

Hay algún pero, ¿verdad?

Eres culto, elegante, guapo...

Un cañón de infantería, que diría mi madre.

¿Pero...?

Pero yo no siento lo mismo que tú sientes por mí.

Me conformo con que me invites a un vino.

Bueno...

Entonces espero que este "escenario"

esté a la altura de tus expectativas.

La verdad, no vengo con ninguna expectativa.

Vengo con la mente muy abierta.

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Mercado Central - Capítulo 19

17 oct 2019

Celia se viene abajo recordando a su marido. Elías aprovecha para acercarse a ella y proponerle una cita.
Germán sigue en su espiral autodestructiva. Lorena descubre que hay una razón oculta para que Germán se sienta tan mal.
Nacho le confiesa a Lorena que no quiere que su hija vuelva para evitar más sufrimiento.
Rosa tiene un accidente.
Jonathan explica a Carla que Samuel provocó que se llevaran su furgoneta. Carla y Samuel tienen un encontronazo.
A Cristina le gustan los consejos sobre el amor que Doménico da a Andrea.
Francisco confiesa sus sentimientos reales a Valeria y le propone convertir la farsa en realidad.

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