Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 18 - ver ahora
Transcripción completa

Lo único que tienen entre ellos es una relación mercantil.

El único que hace el ridículo eres tú.

-Bueno, lo de que es arquitecto lo dices tú.

Para mí que es un gigoló.

Me prometiste que te pensarías meterme de nuevo en la empresa.

Y me lo he pensado. Y mucho.

Ah. ¿Entonces?

Vamos a dejar las cosas como están.

Resulta que a Paolo le gustaba otra, una amiga mía.

Y se puso a ligar conmigo para darle celos.

¡Anda, mujer, qué dices!

¿Cómo va a fijarse en otra, con lo guapa que eres?

Eres un bombón.

Lo que me tiene dándole vueltas es por qué se quedó conmigo.

Lo que nos ha hecho Sandro en Marruecos

es una faena y de las gordas.

-Llevarse a los conductores a la competencia.

-¿Que ha hecho qué?

No me apetece seguir necesitando tanto a mi suegra.

Lo estás haciendo bien. Muy bien.

Solo digo que a lo mejor todavía estás en fase de duelo.

¿Te importaría dejar de juzgarme?

Quédate un rato y yo qué sé, compartimos el bocata.

-No, no, da igual.

-¿Te he dejado sin palabras?

-Ser el tío simpático que tiene

respuestas ingeniosas para todo es agotador.

¡No eres capaz de gobernar ni a tu mujer ni a tu hijo!

¿Cómo vas a dirigir una empresa?

(TOSE)

Buenos días.

¡Joder, ya te vale!

Pero si no son ni las ocho.

¿A qué hora has llegado? No lo sé.

Muy tarde.

Mm. ¿Y qué vamos a hacer hoy?

¿Estar tirado en el sofá, igual que ayer?

No eres mi jefe, no tengo por qué estar dándote explicaciones.

Perdona, pero soy tu padre y vives en mi casa.

Así que sí tienes que darme explicaciones.

En ese caso, se las tendría que dar al abuelo, que la casa es suya.

Si me dejaras currar en la empresa familiar,

no estaría todo el día en casa sin hacer nada.

Pero claro, tú solo me quieres para los marrones.

Soy gilipollas por haberte ayudado. Habla bien, ¿eh?

Me pegué un palizón con la furgoneta

porque me dijiste que lo tendrías en cuenta.

Y te faltó así para metérmela doblada.

Si no hubieras ido al abuelo con el cuento de Sandro...

Sí, claro, será por eso. Lo de contárselo fue luego.

Qué rollo tienes. ¡No, rollo tienes tú!

"Papá, quiero trabajar".

Dos trabajos has perdido en una semana.

¿Por qué será que los he perdido?

¿Otra vez estáis discutiendo, desde por la mañana?

¡Tiene la cara de decir que no me duran los trabajos!

Sé que las Pacheco me despidieron por tu culpa.

Vale que no me quieras contratar en la empresa familiar.

Pero putear a tu hijo para que lo echen de su curro

me parece muy fuerte. ¿No?

No fue tu padre. Adela, déjalo.

Me da igual lo que piense de mí.

No me parece justo que cargues con las culpas.

Fui yo.

¡Joder, mamá!

¡Me parece muy heavy!

¡Si no estabas a gusto en ese trabajo!

Lo hacías por fastidiar a tu padre.

No intentes arreglarlo porque es peor.

Vamos a ver...

¡Que lo dejes! ¡Oye!

Tu madre ha hecho esto por tu bien,

porque quiere que vuelvas a la facultad.

No se me había pasado por la cabeza que hubieras sido tú.

¿Después de lo que hablamos el otro día?

Al final, sois los dos igual de rastreros.

Oye, no te pases. ¡Me ha mentido a la cara!

Hemos hablado de esto un montón y, además, de buen rollo.

No sé cómo has podido.

De este me lo esperaba, pero de ti...

Sabía que te pondrías así y no quería que nos distanciáramos.

Cuando me dijiste que pensabas volver a estudiar,

me puse muy contenta...

Iba a volver a estudiar, pero con engaños.

Ahora no vuelvo ni de coña. No tiene nada que ver.

Mira, mamá, da igual.

Da igual, ¿vale?

Qué triste, de verdad.

En serio, es muy chungo no poder confiar en nadie de tu familia.

(Portazo)

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

(SILBA)

Eh, moreno.

Guapo.

(RÍE)

-Qué contento te veo esta mañana.

-¿Por qué no iba a estarlo?

-Porque es muy temprano, porque estamos currando como pringados.

-Ya. -Bueno, yo, claro.

Que llevo esperando una hora

unos pedidos para la carnicería a tu vieja y tal.

-¿Por eso tienes ese careto? Habla con tu jefa.

-¿Sabes a quién me he encontrado en los almacenes?

-¿A quién?

-A Carla, tío.

-¿De verdad? -Sí.

-Qué novedad, trabaja aquí. -Ha dormido aquí.

-¿En serio? -Ya lo sabes.

Solo tú pudiste abrirle la puerta.

-La grúa se llevó su furgoneta.

¿Querías que la dejara dormir en un parque?

-Podrías habérmelo contado. Me echaste la bronca.

-Te dije que no nos enfadáramos por ella, nada más.

-Me dijiste que la dejáramos.

No me dijiste que era para poder picar piedra por detrás.

¿Eh?

-Te lo iba a contar. -Seguro.

-Me quitaste de en medio.

-Eso no es así. -Sabes que sí.

Estás deseando que tenga problemas

para colgarte la medalla de salvador.

-¿Qué medallita?

¿Tú no la habrías ayudado? -Sí.

Pero no a tus espaldas.

-Bueno, tú no estabas y pensé en llamarte.

Pero íbamos a ser dos ridículos babosos viendo cómo se instalaba.

-Se te cae el culo por ella.

-¡Bueno, vale ya!

-¿Vale ya de qué?

No pienso quedarme sin hacer nada mientras tú te la trabajas.

-¿Vas a ir a por ella?

-¿Y por qué no?

-Muy bien.

¡Ay!

-Bueno, a ver, hija.

No podemos estar sin dirigirnos la palabra.

Yo no estoy enfadada. ¿Y tú?

-¿De qué quieres que hablemos, si tú no me cuentas nada?

-¿Qué quieres que te cuente?

-Lo que te traes entre manos con el arquitecto ese.

Y qué tiene que ver con el dinero que te falta

para reformar la casa de Comillas.

-A ver, te lo voy a contar.

Pero prométeme que no me vas a juzgar.

-¿Desde cuándo te importa lo que pensemos?

Haces lo que te da la gana.

-Estoy utilizando a Francisco, el arquitecto,

para darle celos a Jesús.

-¿Jesús De la Cruz?

¿Desde cuándo te gusta Jesús?

-Desde que necesito un dineral para arreglar mi casa.

-No lo entiendo.

-A ver, a Jesús le sale el dinero por las orejas.

Y siempre está presumiendo de gastárselo con sus conquistas.

Pues yo voy a ligármelo

y a sacarle lo que necesito para mi reforma.

-Estás loca. Lo sabes, ¿no?

-Hemos dicho que no me ibas a juzgar.

Además, si mi plan sale bien,

nos beneficiamos todos.

-A mí no me metas en esto.

-Que su dinero da para mucho.

-¿Y el arquitecto está en el ajo? -Claro, también sale ganando.

Además de sacar el encargo para la obra,

se lo está pasando divinamente jugando a ser mi pretendiente.

-Lo dicho, una locura.

-Tú déjame a mí, que yo sé lo que me hago.

Ahora, hija, lo que me sentó fatal

es que insinuaras que no te quiero como lo hacía tu padre.

-Lo siento, mama.

Pero a veces pienso que solo piensas en ti.

-Sé que no soy tan cariñosa como lo era él, soy más seca.

Pero eso no significa que no me preocupe por los míos.

Eres mi única hija.

¿Cómo no te voy a querer?

-Lo sé, mamá.

(RÍE)

-Bueno, ¿y ahora qué pasa?

-Que me estoy acordando de lo que me dijo Jesús.

Que se cree que el arquitecto...

Se cree que es un gigoló.

(RÍEN)

-¿Tú ves como está funcionando mi plan?

Bueno, anda, hala, hala, a currar.

Mira, ¿ves?

La presión en frío permite la extracción

de una mayor cantidad de jugos vegetales,

minimizando la oxidación y conservando intactos

los nutrientes de la fruta.

Lo que viene siendo una licuadora de toda la vida.

¡No seas carca, por favor!

Esto es una inversión, está de moda en Nueva York.

Lo está petando en el mundo.

¿Sabes cuántos zumos tenemos que hacer para amortizar el cacharro?

-Estáis hablando de la máquina de prensado en frío.

-Tu hermano se cree que no sale a cuenta.

-Pues ya te digo yo que sí.

¿No quieres que modernicemos el bar?

El movimiento se demuestra andando.

Anda, cómprala.

Ahora, ya te digo yo que esto termina en el trastero,

junto con la máquina de hervir arroz que era tan imprescindible.

Toma, llévate una piñita de regalo y esto se lo das a Ramón.

Él ya sabe lo que es.

Bueno, hasta luego.

¿Qué pasa, Germán?

¿Echas de menos el mercado?

-Sí, mazo.

(RÍE)

Si no fuera por la pasta iba a pisar yo este mercado.

Pero bueno, tú caso es distinto.

¿Eh?

Tú que siempre vas de sobrado.

¿Cuánto duraste en el puesto de las Pacheco, tres días,

y uno te lo cogiste de baja. -Yo no voy de nada.

-Tranquilo, que estoy de coña.

Si en el fondo hasta te echo de menos.

Ya sé que estábamos picados y que currábamos poco juntos,

desde que no estás tú, me están haciendo hacer

lo que hacíamos los dos juntos.

-¿Te dan mucha caña? -La de siempre.

Me piro, tengo mucho que hacer.

-Eh, eh, eh.

Necesito que me pases el teléfono de un colega.

-Germán, mis colegas...

A ver, ¿de quién?

-Del que te pasa las pastis.

-¿Qué pastis, de qué estás hablando?

-Pastis, costo, farlopa.

Sé que tienes un colega que trapichea y le quiero comprar.

-A ver, Germán, no conozco a nadie que se dedique a eso.

-Sé que tienes un colega que te pasa material.

-¡Te estoy diciendo que no conozco a nadie que se dedique a eso!

Además, no lo necesito porque yo no compro esa mierda.

-Ya, me río en tu cara, chaval.

Hemos salido de fiesta, te he visto desfasar.

-Porque me lo habrá pasado alguien.

-Vale.

Vale, vale, vale.

Ya sé lo que pasa, que tú también trapicheas

y tienes miedo de que te gorronee.

Tranquilo, que tengo pasta.

-¿De qué vas, tronco?

¿Como te han echado a ti quieres echarme mierda?

-Quiero pillar unas pastis y que me digas dónde.

-¿A las 11 de la mañana, eres un puto yonqui?

-Yonqui lo será tu padre.

-¡No me empujes, maricón!

¡Quietos, quietos, parad!

¡Se te va mucho la olla! ¿Sois tontos o qué?

A ver. ¡Déjame! Vale.

Tranquilo, ¿eh?

¿Qué pasa? Lo que a ti no te importa.

No te hagas la preocupada. No me hago nada.

No quiero verte en peleas.

¿Qué pasa, que tienes la conciencia sucia?

Lorena, ¿me pones un café solo? Traigo buenas noticias.

Me alegro.

Porque aquí solo vienen proveedores con facturas

o gente con catálogos de maquinitas que valen un pastón.

Será bueno de cara a la renovación y traerá gente al mercado.

Bueno, parece que la charla del otro día tuvo su efecto.

Vengo de hablar con el dueño del parking

y hará un descuento a nuestros clientes.

¿Cuánto descuento? No hemos hablado de porcentaje.

Parece bastante receptivo. Bueno.

¿Bueno, cómo que bueno, Elías?

Tú mismo lo has dicho en las asambleas.

Que ese tío es un pesetero, que es muy difícil de convencer.

Que está cerrado en banda. Es verdad, Elías.

Sí. Pero llegas pavoneándote de que has conseguido

algo genial para el mercado y tampoco es para tanto.

La gente que viene al mercado es la gente del barrio.

¿Y cómo viene la gente del barrio? Andando.

Precisamente por eso.

La gente de fuera no viene porque no puede aparcar.

Ahora que el parking será gratis, la cosa cambiará.

¡Qué gratis ni gratis! ¿De dónde sacas que es gratis?

Conociendo al prenda, no va a ser muy espléndido.

Bueno, eso ya lo veremos.

Yo que tú, antes de contárselo a la gente,

acordaba con él el descuento.

Más que nada, para no hacer el ridículo en las asambleas.

Muchas gracias por tus palabras de ánimo.

De nada.

¿Vais a comprar una licuadora de prensado en frío?

¿A que tú sí la conoces? Sí, y me flipan estos zumos.

Pues vas a tener un cliente fijo.

¿Ves? Ahí lo tienes. ¿Ahí tengo qué?

Si Jorge es cliente fijo ya y se conforma

con los zumos de siempre ya me dirás tú qué ganamos.

Voy a cortar pan.

Elías, una cosita, a ver si me entero de qué va esto.

Quieres que renovemos y cuando proponemos algo

tú solo le ves pegas. ¿Es eso?

¿Si proponéis chorradas? Sí.

Chorradas, no, Elías, cambios. Cambios pequeños, pero cambios.

Y muchos cambios pequeños conforman uno grande.

Y tampoco hay que perder la perspectiva de dónde estamos.

Esto no son las galerías Lafayette de París.

Es un mercado humilde de barrio.

Pero los ingresos de mucha gente dependen de esa renovación.

Aunque solo por eso, vamos a tener un poco más de fe.

Y hay que intentar ser feliz, aunque juguemos en segunda.

Tú invitas.

¿Y, qué te parece?

Es una idea brillante.

Elías cree que es un petardo.

Que al mercado solo viene gente del barrio.

Porque los de fuera no tienen dónde aparcar.

Lo que le he dicho.

No, está muy bien, Jorge.

Es que Elías solo piensa en su negocio.

Pero tú piensas en los demás. Y haces cosas.

Ya.

Y más cosas que me gustaría hacer,

pero no es fácil tener ideas para reflotar esto.

Pero yo estoy seguro de que todo irá bien.

Ojalá fuera yo tan optimista como tú.

No te lo creas, ¿eh?

Que yo también tengo mis momentos.

¿Va todo bien con tu amigo Domenico?

Sí, con Domenico, todo bien.

No, el problema es Cristina.

Se ha enfadado conmigo.

Eso es normal en las parejas.

Nuestros enfados, normalmente, duran dos minutos.

Pero este...

Este está durando mucho y no sé por qué se ha enfadado.

¿Y no tienes ni una ligera idea?

Ninguna.

Sé que es por algo que he dicho, pero yo

parlo tanto, digo tantas cosas que no sé cuál le ha enfadado.

Pregúntaselo.

-Jorge.

Hola.

Huele a quemado, ¿tienes algo en el horno?

-¡La focaccia!

Abre.

¡Oh!

¡La Madonna!

(SUSPIRA)

Hoy no tengo la cabeza donde tiene que estar.

Igual deberías hablar con Cristina

antes de que prendas fuego a la pizzería.

No quiero meter la pata.

Yo creo que es mejor dejar pasar tiempo

y que se vaya olvidando. Error.

Cuanto más tardes en pedir perdón, mayor será el cabreo.

A mí me pasaba con mi ex, con Carolina.

Si no hablábamos en el momento lo que estaba pasando,

se quedaba dentro, empezaba a crecer y acababa explotando.

No es buena idea.

¿Tú qué piensas, Domenico?

-Yo no puedo opinar.

Nunca he estado casado.

Bueno, chicos, os dejo.

He dejado a Samu en el puesto y no me fío.

Que... No sé, habla con Cristina.

Flores y pídele perdón. Ha funcionado toda la vida.

Jorge, Cristina lleva una floristería.

Ya, ¿y?

¿Cómo voy a regalarle flores?

¿Se las compro a ella? Arruino el romanticismo.

Si se las compro a la competencia, me arruina a mí.

Pues regálale otra cosa. No sé, bombones.

Un perfume o un buen vino.

No, no, no.

Ya lo tengo.

¿Qué es lo que desarma a las mujeres?

¿Eh?

El humor.

Siempre le ha encantado mi sentido del humor.

Esta mañana vi por internet una cosa...

Mira, ¿eh?

Te mandan a casa a un actor bajito,

un pequeño angelito vestido de Cupido,

que canta el mensaje que tú le pidas.

Podía contratarlo para que pida disculpas a Cristina de mi parte.

Paolo, a ver, tú la conoces mejor que nadie.

Pero mandarle un actor vestido de querubín para pedirle perdón,

de entrada, brillante no me parece la idea.

No sé, dale una vuelta.

Dale una vuelta.

Puedes con eso y con más. Ánimo.

Chao, chicos.

Es que tiene razón.

Los tomatitos, los pimientos y las alcachofas.

Adela, grazie mile, tenía que pasar yo.

No me cuesta trabajo, tranquilo.

Adela, tengo que pedirte un consejo

como amiga de Cristina.

Es que yo no soy muy de dar consejos.

¿Qué puede hacer un hombre arrepentido

que ha hecho enfadar a su mujer, pero no sabe qué ha hecho,

para pedirle perdón?

¿De verdad no sabes lo que has hecho? ¿Cómo eres tan gañán?

A ninguna mujer le gusta que le hagan sentirse el segundo plato.

¡Era eso!

Grazie, Adela!

¡Era eso!

Qué tranquilito está esto.

-A esta hora, entre el desayuno y la comida, pues...

-Pues mejor.

Porque así te cuento lo de anoche.

Qué noche.

-Pero bueno, ¿qué pasa, quedaste con Francisco?

-Me llevó a la ópera. No sabes qué espectáculo.

Una escenografía, unos trajes.

-No sabía que eras aficionada a la ópera.

-Ni yo, hasta anoche.

Lo que pasa es que Francisco entiende mucho de ópera.

Y con un señor que te explica todo, se disfruta el doble.

Y me llevó a ver, nada más y nada menos, "La Traviata", de Verdi.

Y nada menos que en el Teatro Real.

No sabes qué cosa tan bonita.

-Y tan cara, ¿no?

Porque os tuvo que salir por un pico las entradas.

-Yo de eso no tengo ni idea.

Francisco, que es un señor de los de antes,

no me deja pagar nada, pero nada de nada.

Te diría que fueras a verla, pero no hay entrada hace meses.

Pero Francisco conoce a mucha gente y se las consiguen.

-Qué lástima, ¿verdad? -Pero yo te la cuento.

Es una historia preciosa basada en una novela de Dumas.

"La dama de las camelias". De amor.

-Mejor me espero a que salga la película.

-Es un noble que se declara a una chica.

Y la chica le da calabazas.

Y le regala una flor, una camelia,

y le dice que vuelva cuando la flor se haya marchitado.

-Que estaba por la labor. -¡Hombre!

Es que cuando aparece un señor así en la vida de una,

a ver quién le dice que no.

Total, que se enamoran y se van a vivir al campo.

Pero ella descubre...

-Escucha, no me cuentes el final, por si la veo.

-Te encantaría.

-Y digo yo que después de la ópera

no te llevaría directamente a casa.

-Pues claro que no, menudo es Francisco.

Qué hombre, qué energía.

Me llevó a un restaurante elegantísimo.

Y adivina quién estaba. -¿Dumas?

-Pues casi.

Casi todos los artistas de la ópera.

El director, la soprano.

Y no sabes qué gente tan encantadora.

Se levantaron a saludarnos.

-Francisco conoce a mucha gente. -¿Ese?

Ese conoce hasta a San Pedro. El restaurante era de un amigo.

Y qué platos, hija, qué comida.

Elegantísimo, originalísimo.

-Y carísimo, ¿no?

Porque si estaban comiendo allí todos los artistas de la ópera...

-De eso no tengo ni idea.

Como él paga todo...

Pero vamos, como se conoce la carta de memoria,

pidió él y acertó de pleno.

-Vamos, una noche 10. -Sí.

Pero de cómo remató la noche no te voy a contar nada

porque soy una señora.

Bueno, por eso y porque me tomé algún cóctel de más

y no me acuerdo bien. -Qué peligro tienes, Valeria.

Qué peligro.

-Anda, ponme un pincho.

-Marchando ese pincho.

¿Has salido a por un café?

Sí, y a tomar un poquito el aire también.

¿Y tú?

Tenía que traer un pedido aquí al lado.

¿David ha vuelto al cole? Sí.

Está muy contento.

Y yo, feliz de verle con su rutina.

Qué bueno.

Celia, quería pedirte perdón por la conversación de ayer.

No, yo también quería pedirte perdón.

Es un tema que no tengo superado

y me enciendo cuando sale a relucir. Lo siento.

No, por favor. Lo siento.

No mires, no mires. ¿Qué pasa?

Es el tío que me robó la moto.

¿Dónde? Ahí, al fondo.

¿Esos dos, quién? El del tattoo.

Hay que tener poca vergüenza para venir después de lo que hizo.

Le voy a cantar las cuarenta. No, eh, eh.

¿Qué dices, dónde vas a ir?

¿Qué vas a hacer? Algo tendré que hacer.

Llamamos a la Policía, que es lo que se hace.

Pero entre que llamas y vienen, se van a largar.

Voy yo.

Voy yo.

Y estás segura de que es él, ¿no?

No quiero cantarle las cuarenta y que solo se le parezca.

Casi seguro que es él.

¿Casi seguro?

Déjalo, Jorge, llamamos a la Policía.

No, no, voy.

Pero hay que tener mucho morro para venir aquí

sabiendo que se puede cruzar contigo.

No sabe que yo tengo un puesto en el mercado.

Quedamos aquí, nada más.

No lo sabe. No.

Vale.

Pues voy.

Jorge, déjalo. No, escucha, déjalo.

Vamos a llamar a la Policía. ¿Qué sabemos de este tío?

Uno, que es un delincuente y dos...

Que tiene un brazo como tu muslo de ancho.

Sí, sí lo tiene.

Bueno, pero hablando se entiende la gente.

Voy, aclaro el tema y ya está.

Déjalo, Jorge. No.

¿Qué va a pasar? No te muevas de aquí.

Vale.

(CARRASPEA)

Chicos.

¿Qué tal, cómo estás?

Soy Jorge, ¿cómo estás?

Venga, que...

A ver...

¡Oh!

(TOSE) ¡Jorge!

¡Jorge! ¿Estás bien?

¿Estás bien? Sí, sí.

(TOSE) Perdóname, lo siento.

No, que me ha cogido mal. Jorge, lo siento.

¿En el estómago? ¡Mm!

¡Oye!

¿Qué estás haciendo?

Estoy comprobando si estos tomates están en su punto.

A ver qué te parece.

¿Tú estás gilipollas o qué te pasa?

Me he levantado con ganas de tirar tomates.

¿Estás drogado?

¿Estás drogado?

¿No te vale con drogarte por la noche, que vienes puesto?

Si voy puesto o no, ¿qué te importa?

Me han dicho que te has peleado con Jonathan. ¿Qué te pasa?

Me pasa la mierda de vida que tengo.

¿Mierda de vida, coño? Si no te falta de nada.

¡Solo te pedimos que estudies y no lo haces!

¡Qué pesados, que no quiero estudiar!

¡Que no tires más tomates!

-Pero ¿qué coño haces?

-Estoy hasta los huevos de todo.

-¿Tirando tomates al puesto se te va a pasar?

¡Eres un niñato! Parece mentira que seas un De la Cruz.

Total, para lo que me sirve. Si no me dejáis trabajar aquí.

De aquí te fuiste tú. Porque no parabas de putearme.

Te avergüenzas de mí, ¿no? -Viéndote es para avergonzarse.

-Vergüenza os tendría que dar vender estos tomates.

Están pasados.

-¿Qué coño estás haciendo? Papá, te vas a hacer daño.

¡Como si me va la vida!

¿Le vas a doblar el brazo a tu abuelo?

No te lo voy a perdonar nunca.

-Abuelo, no te pongas intenso, son cuatro tomates de nada.

-Este puesto al que has tirado los cuatro tomates, señorito,

es el origen de la empresa De la Cruz.

Lo monté con tu abuela.

Y gracias a él no falta un plato en la mesa

desde hace 40 años.

¡40 años! ¿Y tú me lo pagas así?

Si viviera tu abuela,

se avergonzaría de tener un nieto como tú.

-¿Sabes las putadas que me han hecho mis padres?

-¡Ni lo sé ni me importa! Este puesto es mío.

¡Y si lo tocas, me estás tocando a mí!

-Vale, vale, entendido.

-¿Adónde te crees que vas?

Ahora mismo limpias todo esto.

¡Vamos!

Ya no eres capaz ni de controlar a tu hijo.

Ponme agua y un ibuprofeno, que me va a reventar la cabeza.

¿Y Rosa?

Está en el almacén. ¿Qué ha pasado?

Tu sobrino, que es gilipollas.

Pero ¿qué ha hecho? ¿Qué ha hecho?

Ha montado un numerito.

Ha empezado a tirar tomates, papá delante.

¿Se ha puesto a tirar tomates? Sí, yo creo que viene drogado.

¿Y papá qué ha dicho? ¿Qué le va a decir?

Le ha dicho de todo.

Ya sabes que Germán es el ojito derecho de papá.

Pues a partir de ahora hay un antes y un después.

Le ha dicho de todo.

Con lo que es el puesto para papá.

No sé cómo ha sido que he terminado yo también

recibiendo, no sé cómo lo hago.

La culpa es mía por no tener al niño controlado.

¿Qué le estará pasando a este chico?

Germán es un buen tío.

Pues no lo sé, hermana. No lo sé.

Últimamente, haga lo que haga, diga lo que diga,

parece que es todo para provocarlo, es una lucha constante.

Y esto ya me tiene superado.

Todo lo que tengo alrededor se desmorona.

Hasta el mercado me lo quieren quitar.

No, tranquilo, eso no va a pasar, lo vamos a salvar entre todos.

Y si no, a tomar por culo la empresa familiar,

que no es tan importante.

Como te oiga papá...

Es verdad, solo me trae problemas con mi padre y con mi hijo.

Estamos optimistas, ¿eh?

Me recuerdas a mí hace algún tiempo.

Pero bueno, toqué fondo, me sirvió para coger impulso

y ahora estoy aquí intentando ser feliz.

Ya.

Para ti es muy fácil decirlo.

No tienes responsabilidades familiares.

Ni la empresa familiar depende de ti.

Yo no. No puedo mandarlo todo a la mierda y empezar de cero.

Claro que puedes, Elías.

Tú no necesitas estar en esta empresa.

¿Y papá no puede contratar a otro que se responsabilice de esto?

Si no quieres estar aquí, si no estás a gusto, te puedes ir.

Si hay alguien capaz de reinventarse, ese eres tú.

Maribel, un café.

(Móvil)

(Móvil)

Sí, será solo un segundo.

Sal. Sí, estoy fuera.

Sales por la puerta y a la izquierda me vas a ver.

En cuanto salgas, te veo.

Un segundito. Yo no te veo.

A ver, ya estoy. Al otro lado.

¿Cómo estás, te duele el estómago?

No, estoy perfecto, lo que me duele es el ridículo que he hecho.

Anda, anda. Y no haber recuperado tu moto.

Así que bueno... ¿Qué?

Que te he traído esta.

¿Me has comprado una moto? ¡No!

No, mujer, es un préstamo.

Mi hijo la tenía en el garaje y he ido a por ella.

No es gran cosa, igual tienes que hacerle alguna revisión.

No sabía que tenías un hijo.

Sí, al final he podido tener una buena relación con él.

No ha sido fácil, pero...

Bueno, pero esa es otra historia.

Que... Que aquí la tienes.

¿Y tu hijo no la necesita?

No, ni siquiera vive aquí.

Pero ¿se lo has dicho? No, no ha hecho falta.

Estaba muerta de risa en el garaje.

Si la necesita, que me la pida y se la devuelvo.

¿Eh?

Le vendrá bien que alguien le dé un poco de trote.

Jorge, gracias, de verdad, muchas gracias.

Pero no puedo aceptarla.

No, por favor. No, no.

Es un préstamo.

Si algún día te compras una, me la devuelves y ya está.

¿Mm?

Yo tenía una superparecida a esta.

Es un modelo clásico.

¿Puedo...? Dale, dale, por favor.

Ese es el fallo, fino no va.

De estar tanto tiempo parada.

¿Me dejas que pruebe? Sí, prueba, prueba.

Dándole un poco más... No.

Ya, es que ha estado mucho tiempo parada y no...

Pero le cambias el sistema de arranque y tienes moto...

Las piezas de estas motos son carísimas.

Me va a costar más arreglarla que comprarme una nueva.

No sé, pensé que te haría ilusión.

No, me hace mucha ilusión.

Me encanta.

Las motos me recuerdan mucho a Manuel.

La que me robaron me la regaló él.

Pues ya está, no se hable más. Es tuya, en serio.

Le das el uso que necesites y te puedo ayudar a arrancarla.

¿La probamos?

Venga, arriba, dale.

Mejor que un agua con gas te iría un Bloody Mary.

-¿Por qué? -Porque es mejor para la resaca.

Te he oído contar que anoche se te fue la mano con los cócteles.

-Un poquito. -¿Un poquito?

Has dicho que no te acordabas de nada.

-A lo mejor he exagerado un poco.

-Eso he supuesto.

Como cuando has dicho que la ópera era maravillosa.

¿No querrás decir que aguantaste dos horas sin dormirte?

Y cuando has contado que conociste a los artistas

y que era una gente encantadora.

Un poco estirados, ¿verdad?

O como cuando has dicho que el restaurante era elegantísimo

y unos platos muy originales.

A mí me suena a que te fuiste con hambre.

Porque es un sitio de esos que te clavan

y que tienes un camarero pendiente de servirte la copa,

pero de comer, lo que se dice de comer, poquito.

Vamos, que te cuesta trabajo encontrar la comida en el plato.

-Pues sí, ¿para qué te voy a engañar?

En cuanto llegué a casa, ataqué la nevera

y me comí un salchichón. -Ya me parecía a mí.

-Y la ópera, eso no se acaba nunca, por Dios.

Cuando pensé que había terminado, quedaban dos actos.

Y no te dejan levantarte ni para ir al baño.

Eso no es un espectáculo, es una tortura.

(RÍEN)

-Tenías que conocer el palco del Bernabéu.

45 minutos de fútbol espectacular.

Y 15 minutos de barra libre con primeras marcas.

Cinco camareros cortando jamón.

Tapas variadas.

-Si es en ese plan, me aficiono al fútbol.

(RÍEN)

-Buenas tardes.

-¡Ay, hola! -Hola, bombón.

¿Qué, nos vamos?

-Sí, claro.

Adiós, tú.

(RÍEN)

Bueno, ¿qué, dónde me llevas esta tarde?

¡Ah!

-¿Te ayudo?

-Sí, gracias.

Sabes eso de quien mucho abarca poco aprieta.

Me quería ahorrar dos viajes y he trabajado el doble.

-Entre los dos, es un momento.

Eso mejor lo llevo yo,

no vayamos a tener otro accidente.

-Gracias, Nacho, de verdad.

-Anda.

¿Cómo has visto hoy a Rosa?

-¿De ánimo?

Ya sabes, pura amabilidad.

Luego entra en la cocina, se encierra en su mundo.

No para de darle vueltas a lo mismo.

-No levanta cabeza. -Oye, Nacho.

Rosa me ha contado lo de la pelea con Noa.

La versión es completamente diferente.

-¿Qué te contó? -Que fue ella quien agredió a Noa.

-¿De verdad, eso te dijo?

-Está tan superada por lo que pasó, tan ciega por su hija

que es incapaz de aceptar la realidad.

-¿Tanto como para inventarse algo así?

-No es que lo crea, es que lo dijo la psicóloga.

Distorsiona la realidad como mecanismo de defensa.

¿Es tan difícil para una madre

aceptar que su hija se ha ido porque sí?

Busca excusas, aunque sean inventadas.

O sea, ella cree que fue ella quien agredió a Noa.

Piénsalo, no tiene sentido. ¿Cómo se partió la muñeca?

-Dice que cuando fue a darle una torta,

Noa apartó la mano y se hizo daño.

Y no fue una rotura, fue un esguince.

-Solo por apartar la mano se hizo un esguince.

No, Lorena, fue una rotura.

Y fue Noa quien le agredió.

Ella es el origen de todas las crisis de Rosa.

-Tú no la echas de menos, ¿no?

-¿A quién, a Noa? Sí, claro, soy su padre.

Pero si ella no quiere vernos... Lo dejó por escrito.

-Bueno, quizá más adelante cambie de idea.

¿El vídeo que os mandó era cariñoso o...?

-No, volvía a dejarnos claro que no quiere saber nada de nosotros.

Está claro que Noa no ha cambiado.

Si quisiera encontrarnos, sabe dónde estamos.

Tú lo tienes que entender mejor que nadie.

Tú hiciste lo mismo, ¿no?

Te fuiste y no quisiste que nadie te buscara.

Tío, Jonathan, mil gracias, te lo juro.

Me has salvado la vida, de verdad.

De verdad.

-Procura cambiarla cada dos o tres días de ahí

para que no te vuelvan a poner otra multa.

-Oye, una cosa por otra.

Mala suerte que te pongan una multa, que la grúa se lleve la furgoneta.

Pero buena suerte tener colegas como tú,

que te dejan la pasta para recuperarla.

Muchas gracias, de verdad.

Bueno, que me voy a currar.

Tengo que currar un montón para poder devolverte la pasta.

-¡Eh, eh!

Le has dejado la pasta para recuperar la furgo?

-Pues sí, ¿qué pasa?

Una pena que no necesite tu ayuda para quedarse en el mercado.

-Para eso lo has hecho, ¿verdad?

Para joderme el plan y no porque te interese su furgoneta.

-¿Qué plan?

-Es una forma de hablar.

-Ya.

¿Tú no tenías un amigo que era munipa?

-Adri, ¿por? -No, por nada.

Me parece superraro que la grúa haya venido a por su furgoneta,

cuando hay coches que llevan muchos días y nadie dice nada.

-No sé qué quieres decir. -¿No lo sabes?

Porque yo creo que sí.

Es porque alguien ha puesto la denuncia.

-¿Crees que he sido yo?

-Por una pava eres capaz de eso y mucho más.

Pero te has pasado tres pueblos.

¡Dejarle sin sitio donde dormir para ir de salvador!

-¿Y tú, qué?

Que lo has hecho para que yo no quede bien con ella.

Mira, te voy a decir una cosa.

No te metas en medio.

(RÍE)

-Aléjate de Carla. -Lo siento, pero no.

Estoy hasta los huevos de que seas el centro de atención.

De apartarme para que consigas lo que quieras. Carla me mola.

No se merece estar con alguien tan rastrero.

-No, con alguien como tú. -Con quien ella decida.

-Bien.

Ya veremos.

(CHISTA)

¿Una mandarina?

No, gracias.

¿Os habéis enterado de lo de la Pacheca?

Por lo visto anoche fue a la ópera con el hombre ese tan guapo

con el que se pasea y no hace más que presumir.

Como para no enterarse.

Se lo va contando a todo el mundo.

Ya hay que tener ganas de ir a la ópera.

Si te gusta esa música, que hay gente para todo,

te pones un CD en tu casa

y escuchas la ópera tan a gusto en tu sillón.

Pero no, hay que gastarse 100 pavos para pintar la mona.

A la mujer le gusta salir.

Lo que le va es el postureo.

¿Desde cuándo le va a gustar la ópera?

Me confesó que estaba deseando que se acabase.

¿En serio, eso te ha dicho?

Sí.

Y que después fueron a cenar a un restaurante pijo.

Y se fue a su casa muerta de hambre.

Pues mira, se lo tiene merecido por querer aparentar.

-¿Por qué no me vinisteis a buscar?

-¿Qué quieres decir?

-Creo que está muy claro.

Cuando me fui de casa, ¿por qué no me vinisteis a buscar?

-¿Tenemos que hablar de eso? Te fuiste tú, nadie te echó.

-Era una niña, papá.

Me gustaría saber si en algún momento tuvisteis

la curiosidad, si os preguntasteis si me pasaba algo,

y si me pasaba algo, qué era lo que me pasaba.

-No te aguantabas ni tú.

Y yo tiré la toalla.

¿Qué necesidad tenía de gastar esfuerzo, tiempo y dinero

en un billete no sé dónde para que al llegar allí

me mandaras a paseo?

Decidí que era mejor invertir esos esfuerzos en tus hermanos,

que se quedaron apoyando el negocio familiar.

Yo sí lo pensé.

Más de una vez.

Pensé en ir a por ti a Italia o cuando estuviste en Francia.

Ir allí y traerte si hacía falta por los pelos.

Pero pensé que si te habías ido

era porque no querías estar con nosotros.

No sé si acerté o me equivoqué.

Decidí respetar tu voluntad, aunque me doliera.

Eso es lo que querías, ¿no? Que te dejásemos en paz.

No sé a qué viene eso de por qué no te fuimos a buscar.

Lorena, ¿estás bien?

-Me acabo de dar cuenta

de que tengo que hacer algo muy importante.

-Anda, que...

Ahora viene con esas.

Bello amore mío.

Tatán. Bombones.

Para la mujer más dulce y más guapa del mundo.

-Un bonito detalle.

Sobre todo, si me hubieran operado de apendicitis.

-Cristina.

¿Tú sabes qué es un "chiacchierone"?

-Ay, Paolo, no estoy de humor para hablar en italiano.

-Es una persona que habla, habla y no para de hablar.

-Un charlatán. -Eso, sí.

Sé que a veces me porto como un charlatán.

Y que a veces digo tonterías. -A veces.

-A veces. A veces no.

Pero cuando uno habla mucho,

a menudo las cosas importantes

quedan enterradas debajo de las tonterías.

Pero ahora quiero ser conciso

y decir solo cosas importantes y ninguna tontería.

Puede que hace años yo me acercara a ti

para poner celosa a tu amiga Patricia.

Pero...

Cristina, desde que me miraste a los ojos,

yo supe que quería seguir mirando esos ojos toda la vida.

Y...

Cuando me sonreíste...

All'improviso fue como si la discoteca

se convirtiera en la mismísima Capella Sixtina.

Fue como si una Madonna marmórea esculpida por Bernini

descendiera de los cielos y se pusiera delante de mí.

Desde aquel día, amore mío,

nada es igual para mí.

Porque desde aquel día,

lo único que quiero volver a mirar cada día

son esos ojos y esa sonrisa que me enamoraron.

Yo te quiero, Cristina.

Y otra cosa te voy a decir.

Que si no te gustan los bombones...

-¿No decías que ibas a ser conciso?

-He dicho muchas tonterías.

-¡No sé qué pasa, que os da a todos por besaros en público!

Perdona, ¿tienes cinco minutos?

-La verdad es que no. -Intentaré que sean menos.

Ya te dije que conozco a Valeria de toda la vida.

Nunca hemos sido amigos, pero sí colegas en el mercado.

Y aquí, en el Central, eso es sagrado.

Nos protegemos los unos a los otros.

No me gusta verte con Valeria porque no sé lo que buscas.

Pero ahí no tienes nada que rascar.

-Perdona, no tengo más ganas de oír tus tonterías.

-Pues me vas a oír.

Quiero que dejes de hacer el paripé.

-No sé de qué estás hablando.

-Yo creo que sí.

Esas inversiones en entradas para el Real,

restaurantes caros, esos paseos por el mercado,

esos besitos de quinceañeros delante de todo el mundo

no te van a servir de nada.

Así que es mejor que lo dejes

y evitaremos a Valeria un disgusto.

-No había oído tantas tonterías juntas en mi vida.

Mira, Jesús. Jesús te llamas, ¿no?

-Sí.

-Cuando me tomaste por acompañante de pago me pareciste un idiota.

Pero ahora creo que no he conocido a nadie tan ridículo.

Sé perfectamente que Valeria no es rica.

Pero tiene otras muchas cualidades

que solo a un idiota como tú le pasarían desapercibidas.

-¿Que te crees, que no sé que además de estar estupenda, es inteligente?

¿Que tiene un sentido del humor para caerte de culo?

¿Que solo una risa suya puede alegrarte un mal día?

Por favor, Francisco, que tú la estás conociendo.

Pero yo sé esas cosas desde hace muchos años.

-Yo no la habría descrito mejor.

Y por todas esas cosas

y por muchas otras que no conoces ni vas a conocer

estoy enamorado de esa mujer.

Y lo único que espero es poder estar a su altura.

-Pues no tienes que subir escalones para estar a su altura.

-Pues a lo mejor, pero ¿sabes qué?

Que tampoco hay demasiada competencia por aquí.

Tú dirás, no tengo mucho tiempo.

-Llevo todo el día pensando en cuando hice lo mismo que tú.

Esa huida hacia delante, no sabía bien de qué huía.

Necesitaba escapar de algo que no me gustaba.

-Sí, puede que sea lo que hago. ¿Y qué?

-Luego me he dado cuenta de que hubiera necesitado

que me hubieran preguntado qué me pasaba.

Cómo me sentía.

-No, a mí me da igual.

No les necesito para nada.

-Eso no es verdad, Noa, aunque lo niegues.

Estoy segura de que te encantaría que vinieran a buscarte.

Que te preguntaran qué te ha pasado.

Que te pidieran perdón por lo que te han hecho.

Así que...

Estoy aquí para decirte que me importas mucho,

que me importas de verdad.

Que estoy aquí para lo que necesites.

Me he enterado de que tu madre y tú os peleasteis.

Que llegasteis a las manos.

Pero no sé quién pegó a quién, Noa.

-Eh...

Las dos perdimos los papeles.

Yo no entendía por qué ella hacía algunas cosas.

Pero he venido para dejarte claro

que te hice una promesa y la cumplí.

Le envié el vídeo a mis padres diciendo que estaba bien.

Si no me crees, es tu problema. -Sí, sí que te creo.

Me lo contó tu padre.

Pero no se lo dijo a tu madre.

-Qué cabrón.

-Dice que es para protegerla, pero...

-Ya.

¿Qué hace él aquí? ¡Me has vendido!

-¡Noa, cariño, espera!

-¿Se puede saber qué mierda haces aquí?

(SUSPIRA)

¿Has visto sus pupilas?

¿También te parece bien que se ponga ciego a pastillas?

Mira quién va a hablar.

El que necesita pastillas para hacerlo.

Lo mejor es que las cosas se queden como están.

-¿De verdad crees que Rosa se va a olvidar de Noa,

que solo necesita tiempo?

-Le pasará lo mismo que le pasó a tu madre contigo.

Al final estaba más tranquila cuando no sabía nada de ti.

Es que no tengo nada mejor que hacer que divertirme.

¿No te gusta? Haberlo pensado antes de hacer que me despidieran.

¿Tengo la culpa de que te drogues?

Esa rulas no son mías. ¡No me tomes por imbécil!

Pues no me trates como a un crío.

¿Me las das para que se las dé a mi amigo?

No, van directas al váter.

Mamá, dámelas. ¡No, Germán, ni se te ocurra!

¿Qué tal me queda?

-Espectacular.

¿Verdad, Jesús? -Si te gusta la bisutería...

Bueno, tengo que volver a trabajar.

No sé, es verdad que al principio Samuel me caía como el culo

y después, al conocerle, es verdad que es un tío muy...

Muy sensible y muy especial.

-O sea, que te gusta.

-Sí.

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Mercado Central - Capítulo 18

16 oct 2019

Germán se entera de quién está detrás de su despido del puesto de las Pacheco.
Jonathan ayuda a Carla a recuperar su furgoneta.
Nacho sigue a Lorena cuando ésta va a encontrarse con Noa.
Paolo descubre por qué está enfadada Cristina e intenta que le perdone.
Jesús está celoso de la relación entre Valeria y Francisco.

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