Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 15 - ver ahora
Transcripción completa

A Jorge le gustaría echarte la mano encima.

Qué mal pensada eres, Carmen.

Aunque te parezca extraño,

hay gente que ayuda de manera desinteresada.

Seguro, si está todo el día con tu hijo,

no es porque te esté rondando.

¿Cómo que me ha mentido?

No ha ido a ver a Luz. ¿Qué estás diciendo?

Esta mañana se pasó a comprar una planta...,

y me dijo que hace dos meses que cerró la consulta.

Todo se paga, de una manera o de otra.

La amistad, el cariño, el amor...

El problema es cuando no tienes con qué pagarlo, como tú.

Me gusta Carla.

De verdad.

-A mí también me gusta Carla.

No voy a dejar que arruines tu futuro

por ese empeño de demostrarle a tu padre

que tienes la cabeza más dura que él.

Mira, mamá, lo siento, pero no voy a volver a estudiar,

y no me puedes obligar.

Ahora, perdóname, pero tengo que volver a mi trabajo.

La improvisación en el jazz, por ejemplo, es muy importante.

-¿Y cómo sabes lo que debes tocar?

-Eh... (RÍE)

Lo mejor es que te lo enseñe, ¿no? Es más fácil.

¿No hay más solución que echarlo?

Es la solución para acabar con el enfrentamiento con su padre.

Este favor te lo pido como madre...

No me vas a decir nada que no haya escuchado.

-Sí. Te voy a decir que tus padres están desquiciados,

están yendo a terapia.

(LORENA) Tu madre es la que está peor.

El otro día le montó un pollo a Jonathan.

Le quiso quitar el móvil

porque pensaba que tenía pistas sobre ti.

Y hace unos días se obsesionó

con que te había visto en una foto de un periódico portugués.

Estuvimos toda la tarde llamando,

intentando localizar el bar que salía en la foto,

pero, al final, se convenció de lo que veíamos todos,

que no eras tú.

Está desquiciada, Noa.

-No me gusta que mi madre sufra.

-¿Por qué no vuelves?

-Porque no puedo, Lore.

Ni puedo ni quiero.

Por mal que lo estén pasando ahora,

era mucho peor cuando yo estaba en casa.

-Pero ¿por qué? ¿Qué pasó?

-Cosas, ya sabes.

-No, no sé. ¿Qué cosas?

-Pues... mierdas, gritos, malos rollos. No sé.

Parece que no me lo quieres contar, y yo no he venido a darte lecciones,

¿Quién soy yo? Tú eres mayorcita,

yo soy un desastre.

La cago por minutos.

Pero yo me he sentido muy sola y no quiero que te sientas así.

-Te he echado mucho de menos.

-Y yo a ti.

A tus padres les vendría bien saber dónde estás.

Saber que estás bien.

-Lorena, ni se te ocurra decirles que me has visto.

¡Lorena, no!

Si se enteran, no me dejarán en paz. Tengo derecho a vivir mi vida.

-Vale, una vez, que te vean una vez.

Y se quedan tranquilos. -Mira...

Como se lo digas, cojo un vuelo y me voy al culo del mundo.

Entonces seguro que no me volvéis a ver.

-No les digo nada, okey.

Y te voy a dar el dinero. Me imagino que estarás tiesa, ¿no?

Vale.

Pero antes tienes que hacer algo por mí.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Carmen, no puedes hacerme esto.

-¿Adónde vas? -No me toques los cojones.

Ya lo sabes. -¿Yo?

¿De qué hablas? ¿Qué ha pasado?

-Que me ha echado. Me voy a la puta calle.

-¿Cómo?

-Enhorabuena, te has salido con la tuya.

Ya no me tienes que seguir poniéndome verde.

-Eh, tranquilito.

Es cierto que me han jodido tus escaqueos,

pero yo no le he dicho nada a Carmen.

-Pues nada, ahora toda para ti.

-Pero ¿por qué te despide?

-Siempre les han tenido manía a los De la Cruz.

La mierda es que se me cayó un trozo de carne.

Y dice que el otro día falté a trabajar.

Yo flipo, que me ha echado por faltar una mañana a trabajar.

¡La llamé, avisé de que estaba enfermo!

-Espera, espera.

Tu padre, tío.

El otro día le vino con el cuento a Carmen.

-¿Mi padre? -Sí, sí.

Dijo que no estabas enfermo. Intentó que te despidieran.

-Ah, ¿y me lo dices ahora?

-Yo qué sé, al final no pasó nada.

-¡Claro que ha sido mi padre! ¡Es la típica maniobra suya!

(RÍE) -¿Y qué vas a hacer ahora?

-¿Qué voy a hacer?

Pues no lo sé, pero te juro que esto no se va a quedar así.

Hola. Hola.

¿Qué tal con la psicóloga?

Bien, bien, muy bien.

¿De qué habéis hablado?

No sé.

Pues de muchas cosas, pero no te puedo contar nada.

Me ha dicho que no hable contigo de las sesiones.

Ya te he dado demasiados detalles. Ah, ¿sí?

Sí, sí. Bueno...

No sé qué de las parcelas de privacidad

y otras cosas que me ha dicho.

Bueno, pues no te pregunto más.

¿Has comido?

Sí, en el Central.

¿Y Luz es simpática?

¿Hum? ¿Luz?

La psicóloga, cariño.

Ah, sí. Ya sabes cómo soy para los nombres.

Sí.

¿Si es simpática?

Ni lo es ni lo deja de ser, es psicóloga. Es una psicóloga.

Ya sé que no puedo preguntar,

pero..., es que tengo curiosidad por saber cómo lo hace esta mujer.

Porque los resultados que consigue son espectaculares.

Sí.

Es realmente buena.

Bueno...

En realidad, lo que me gustaría saber...

es cómo lo has hecho tú.

¿Yo? Sí.

Yo no he hecho nada, hablar. Es lo que he hecho.

Así se solucionan los problemas, qué maravilla.

Supongo que tenía un bloqueo

y esta mujer lo que ha hecho es desbloquearlo.

No quiere decir que esté curado. No, claro.

Tendrás que volver, ¿no? Eso es.

Sí, en eso hemos quedado. Sí.

¡Basta ya, Elías!

¿Qué pasa? ¿Cómo que qué pasa?

¡Que ya sé que no has ido a ninguna psicóloga!

¿Y de dónde sacas eso?

Luz Argüelles cerró el centro hace dos meses.

Ya no ejerce. Ni aquí ni en la China.

¿Y por qué me diste su teléfono?

Porque no lo sabía, me he enterado más tarde.

Pero ¡ese no el tema, Elías! No.

Lo que quiero saber, ahora mismo,

es cómo lo hiciste.

Cómo me hiciste el amor.

Estoy esperando.

Me tome una pastilla.

Te tomaste una pastilla.

Una de esas que no quieres que tome.

Celia... ¿Y David?

Había quedado para seguir organizando el almacén.

Pues olvídate, se ha ido a casa.

¿Y está bien? Es que no me ha llamado.

No, perfectamente.

Pero ya te digo que no le esperes, no va a volver, ni hoy ni nunca.

Así que... Vaya. ¿Y qué le pasa?

Ni idea.

Oye, ¿no se ha rayado por algo que he dicho...?

No, tú no has dicho nada.

Ya sabes cómo es David, es un chico especial.

Tampoco hay que darle muchas vueltas.

Fíjate, pensé que estaba cómodo ayudándome a organizar.

¿Seguro que no está enfadado conmigo?

Seguro, no te preocupes.

¿Y tú?

¿Yo qué? ¿Estás enfadada conmigo?

¿Por qué iba a estar enfadada contigo?

Pues no lo sé, es lo que parece. Pues no.

¿Seguro?

Bueno, mira, ya que insistes, te lo diré.

Sí que estoy un poco molesta contigo.

¿Y te importaría mucho explicarme por qué?

Porque tengo la sensación

de que estás utilizando a mi hijo para acercarte a mí,

y eso no me gusta nada, me hace sentirme muy violenta.

¿Crees que yo haría algo así?

Pues no lo sé, dímelo tú.

Porque yo he sido honesta,

He dejado claro que no va a pasar nada entre tú y yo.

Me parece muy injusto y muy feo que me acuses de utilizar a tu hijo.

¿Tan miserable crees que soy? A ver, yo no he dicho eso.

Pero es evidente que no lo haces porque David te caiga bien.

Soy su madre y sé lo difícil que es tratar con él.

Sé la paciencia que hay que tener.

No es uno de esos chicos que cae bien.

Resulta que a mí me cae muy bien.

Aunque no te lo creas. Incluso tú me caes bien.

He visto que necesitabas ayuda y me he prestado a dártela, nada más.

Ya, pero no te he pedido ayuda, ni a ti ni a nadie.

Puedo arreglármelas sola.

¿Por qué te cuesta dejarte ayudar?

El amigo te ayuda cuando uno lo está pasando mal.

Yo no lo estoy pasando mal. Déjalo, en serio, por favor.

¡Estoy harta de que me digan qué es lo que me pasa

y que me digan qué es lo que necesito para ser feliz!

Es mi vida y son mis problemas, y yo lo arreglaré.

Gracias. ¿Por qué eres tan orgullosa?

¡Todos en nuestra vida hemos necesitado a alguien!

Eso no te convierte en una persona menos capaz.

Mira, da igual. No entiendes nada.

No, no lo entiendo. Explícamelo...

¿Y para qué? Vas a seguir dándome la brasa con que me quieres ayudar.

¿Para qué?

Es por tu suegra, ¿no? Es eso.

Quieres demostrarle que puedes sacar esto sola adelante.

¿Y a ti qué te importa, Jorge? Déjame en paz.

Celia, eso es muy loable... y muy difícil también.

Ah, muy bien.

También piensas que no voy a ser capaz

de levantar esto sin ayuda, ¿no?

Pues te voy a decir una cosa.

Lo voy a hacer yo sola, todo.

Si crees que siendo amable conmigo me voy a enamorar de ti,

estás muy equivocado, eso no va a ocurrir nunca.

¿Te enteras?

Claro. (CARRASPEA)

Si quieres estar sola, no seré yo quien te lo impida.

Y no te preocupes, no volveré a meterme en tu vida.

Me encantaría decir que ha sido un placer conocerte,

pero no me gusta mentir.

Las cosas no son exactamente así. Si he hecho esto, ha sido por ti.

No, no. No me vengas con esas.

Lo hiciste para hacerme creer que habías ido a la psicóloga.

Y que, de una manera fulminante, te habías curado en una sola sesión.

Y voy yo... y me lo creo como una imbécil.

Tampoco nos pongamos dramáticos. Encima.

¡Eres un egoísta... y un estúpido!

Prefieres poner en peligro tu vida

antes que admitir que tienes un problema

y que necesitas ayuda.

Adela, yo te juro, de verdad,

te juro que yo iba a ir a la psicóloga. Iba a ir.

Pero luego pensé que lo podía arreglar por mí mismo.

Pero ¿de qué estás hablando, Elías? ¿De qué hablas?

¡No has solucionado nada!

¡Te has tomado una pastilla que podía haberte matado!

Bueno, matado, no exageremos,

que ya sabes cómo son los médicos con esas cosas.

¿Te has parado a pensar cómo me sentiría yo...

si a ti te pasa algo?

No, ¿verdad?

Te voy a decir una cosa, Elías.

Como tú te tomes otra de esas pastillas,

nuestro matrimonio se acabó.

Para siempre.

Sí, y eso sí que va a ser de forma fulminante.

Y lo digo muy en serio.

Así que tú verás lo que haces.

(EN ITALIANO) "Questo è incredibile".

Hace más de media hora que esperamos.

-Tómatelo con calma, Paolo, cabrearse no sirve de nada.

Bueno, a mí me desahoga mucho.

Tuve una bronca con mi madre....

-¿A qué hora tenía la reunión?

No puedo esperar todo el día. ¡Tengo trabajo!

-A las 15:00.

Solo me ha dicho que tenía novedades sobre el Mercado.

Perdona, ¿qué novedades? ¿A quién esperáis?

-A Elías.

Ha llamado a Carmen para vernos, parece que ya se sabe algo más.

Ah, me quedo, me interesa mucho.

Sí.

-No es por nada, pero a ti no te han convocado.

Bueno, a lo mejor se le ha pasado.

O no. Quizá no quiere que estés. Nos ha convocado solo a nosotros dos.

Mira, os guste o no, yo también trabajo aquí

y esto me afecta. Tengo derecho a saber lo que pasa.

Y esta vez no me vais a dejar al margen.

Vale, a mí me da lo mismo, para mí eres una más.

Vamos, que solo faltaría...

-Mira, aquí está.

No podemos esperar todo el día.

No me toques los cojones, no es el día.

Pero... Paolo, ¡ahora no!

Bueno, vamos allá, que el tema es largo.

No he convocado a todos porque el tema es delicado

y prefiero hacerlo en "petit comité",

¿Entendido, Paolo? ¿Qué?

-Pues esta no estaba convocada.

Si es un secreto, yo tendría cuidado.

Porque esto no es "petit comité".

Carmen, por favor. Carmen...

Celia también es de los nuestros,

deja ya de malmeter, estás todo el día así, hija mía.

Vamos al tema.

Vamos a ver.

Vengo de la reunión con el ayuntamiento.

He estado comentándoles el tema de cambiar la cubierta,

que les compete a ellos.

Se han hecho de rogar,

decían que no,

pero, como hay precedentes con otros edificios,

al final... han tenido que tragar.

¡Bien!

¿Y van a dar algo para los puestos? Porque el mercado y yo estamos secos.

No.

Para los puestos tenemos una partida de 20 000 euros.

-¿Cómo? ¿En serio?

¿20 000 euros?

20 000 euros. Pero ¿de dónde han salido?

Bueno, esto que os voy a comentar, esto no se lo podéis decir a nadie.

-Díselo a ella también, es la infiltrada.

Os lo digo a todos, os pido absoluta discreción.

¿Estamos?

Yo tengo un amigo arquitecto.

Él se va a encargar de toda la obra.

Quitarán la cubierta, la uralita, y pondrán una nueva.

No sé exactamente los detalles,

pero pondrán los últimos materiales que se están poniendo ahora.

¿Estamos? (TODOS) Sí.

Bueno..., mi amigo le va a pasar un presupuesto al ayuntamiento.

Un presupuesto de 10 000 euros.

Está un poquito inflado, pero no demasiado, para que cuele.

Aquí tienes.

¡Hombre! ¡Ya estás aquí!

-Rosa, no tengo ganas de discutir.

Siento haberme ido, pero tenía que hacer lo del DNI.

-Espera... -Me ha llevado más tiempo. Lo siento.

Siento haberme ido en mi primer día

y haberte dejado tirada. -Que no pasa nada, Lorena.

-¿Qué?

-Si tienes que salir, no pasa nada.

-¿En serio? -En serio.

Y perdóname, me pillaste en un mal momento.

Supongo que lo que me pasa es que tengo miedo.

-¿Miedo? ¿De qué?

-Pues, no sé, de no hacer bien las cosas,

de que no nos entendamos,

de meter la pata también contigo...

No te lo he dicho,

pero me alegra mucho que estés de vuelta.

¿Sabes?

Perder a Noa ha sido muy duro para mí.

Muy duro.

A ver cómo te lo explico, que estés aquí...

Siento como si la vida me hubiera dado otra oportunidad

para hacer las cosas bien.

Somos hermanas.

Ya sé que eso no significa que nos tengamos que llevar bien.

De hecho, conozco a algunos hermanos que se matarían,

pero no es esa la familia que yo quiero.

Vamos a tener que poner mucho de nuestra parte,

pero..., creo que merece la pena, ¿no?

-Por supuesto.

Me alegro mucho de que pienses así, Rosa.

-No quiero perderte a ti también, Lorena.

No lo soportaría.

-Yo también quiero que las cosas salgan bien.

-¡Dame un abrazo! -¡Te he echado mucho de menos!

-Por mí podéis seguir, ¿eh?

Da gusto veros.

Así se tienen que tratar las hermanas.

¡Venga, otro abracito!

Para una alegría que le dais a vuestro padre...

-Padre, la gente no viene aquí a ver cómo nos abrazamos.

-El negocio lo lleva tu hermana.

Ella sabe lo que quieren los clientes; tú obedece.

-Papá, ¿la quieres dejar en paz?

¿Siempre tienes que estar con tus pullitas?

-No hace falta que la defiendas, no es tontita.

-¡Míralo! ¡Papá, por favor!

-Que no es un insulto, son bromas entre nosotros.

Tú no lo entiendes.

-Ya. -Yo tampoco lo entiendo a veces.

-¿Ves? No lo entiende.

A partir de ahora, nos vas a tratar bien a las dos:

ni pullitas ni bromitas, ¿estamos?

¿Qué? ¿Quieres un café?

-Cualquiera te dice que no.

Pero que sea para llevar, que está el puesto solo.

-Lorena, un café.

Para llevar. Y descafeinado, porque se tensa.

¡Marchando!

En la obra púbica es lo normal.

Hay que untar a mucha gente...

Mientras que no nos pasemos, cuela. ¿Estamos?

Desafortunadamente, en Italia pasa lo mismo.

Pues aquí..., qué te voy a contar.

El presupuesto es de 10 000 euros para cambiar la uralita

y poner la cubierta nueva. ¿De acuerdo?

A medida que empiece la obra,

van a surgir una serie de imprevistos.

Imprevistos que mi amigo arquitecto ya tiene previstos.

¿Presupuesto para esos imprevistos?

Otros 10 000 euros.

Y esos 10 000 euros los tendrá que asumir también el ayuntamiento.

-Vale, tu amigo es un listo y se queda 10 000 euros.

¿Eso en qué nos afecta? Eso digo yo.

No. Mi amigo no se va a quedar nada.

10 000 y 10 000, 20 000; la partida que vamos a tener para la reforma.

A ver, no entiendo.

¿El arquitecto hace el proyecto gratis?

No, es que no es gratis. Bueno, sí es gratis.

Lo que mi amigo gana es que se adjudica la obra entera

y se abre la puerta para otras obras municipales.

-Ya. -Pero ¿no va por concurso público?

Este país está lleno de sinvergüenzas.

Bueno, Carmen, eso te lo explico otro día.

Vosotros, por favor, confiad en mí.

Tengo unos amigos que me deben favores

y me los estoy cobrando.

-"Veramente", Elías, consigues todo lo que te propones.

¡Bravo, amigo mío!

(GERMÁN) Hola. (LORENA) Hola.

-Vaya, si dieran un premio a la cara más triste del año,

te lo llevabas seguro.

¿Todo bien?

-Todo como el culo. Carmen me ha despedido.

Tengo una rabia que me subo por las paredes.

Seguro que es cosa de mi padre.

-No lo dudes. Siempre quiere salirse con la suya.

No para hasta que no lo consigue.

-Conmigo no va a poder, ya te lo digo.

Si quiere guerra, la tendrá. No me pienso achantar.

-¿Quieres una tapita buena, para que se te pase el disgusto?

-Mira, una de bonito con pimiento y anchoa...

-¿Con doble de pimiento?

-¡Con mucho pimiento, por favor!

-Tenemos que hablar de lo de Noa.

-¿Por qué? No me digas que la has encontrado.

-¡No, ojalá! Es por las llamadas que recibe Jonathan desde ese número.

Lo he comprobado, y no tiene nada que ver con Noa.

-¡Ah, no fastidies! ¿Jonathan no tiene contacto con ella?

-No, no tiene contacto con ella.

Menos mal que no lo dijimos nada a tu tía,

le hubiera dado un tabardillo.

-Pero ¿por qué se pone tan nervioso el tío

cuando recibe llamadas de ese número?

Es un poco raro. -Pues... no lo sé.

Pero, vamos, con Noa no habla.

-Debe de ser el teléfono de un camello.

Que ese le da al alpiste mucho más que yo.

-Chico, eso no es asunto mío, mejor no meterse ahí.

-Dejemos el tema...

-¡Uy!

¿Habéis terminado ya con vuestros secretitos?

-No son secretitos.

Son confidencias de tía y sobrino...

-Bueno, aquí la tienes, con doble de pimiento.

-Gracias, tía. -¿Quieres algo más?

-Bueno, puestos a pedir...

Una tonelada de cariño.

-¿Una tonelada de cariño?

Oh...

Te como.

¿Tú sabes lo mejor que te ha pasado?

Que ya no vas a volver a trabajar con Carmen: es una pesada.

-Es pesadísima, ¿sabes? -Y mala.

-¡Malísima!

¡Mala bruja! -Muy mala.

¡Es brutamente mala! -¡Que te come, que te come!

(AMBAS RÍEN)

Siento mucho el asalto.

Es que tengo una cosa muy urgente que hablar contigo

y tu padre me ha dado la dirección, espero que no te moleste.

Por favor, para nada.

Siempre estoy dispuesto a ayudar a un compañero.

¿Una copita? ¡No, no, no!

Gracias.

Cuéntame, ¿en qué te puedo ayudar? El caso es que tengo un problema.

Para mí es un problema, a ti igual te parece una tontería.

No, si para ti es un problema, para mí nunca será una tontería.

Siéntate y me lo cuentas.

He visto cómo has solucionado los temas del mercado

e igual esto te parece una bobada.

Verás, tengo un tema pendiente.

Y, como tú eres una persona muy influyente

y tienes muchos contactos,

a lo mejor me puedes ayudar.

Y sé que no soy una persona muy querida en el mercado

después de lo que pasó con Serafina, pero...

Eh, eh, no te equivoques, en absoluto.

Yo hubiera hecho lo mismo que tú.

En los negocios, los sentimentales no llegan muy lejos.

Puede que ahora sí, que te duela un poco,

que te sientas incomoda, pero con el tiempo se pasa.

Y te diré más.

Todos estos del mercado hubieran hecho lo mismo que tú.

Lo que pasa es que es muy fácil criticar desde fuera, hombre.

Pero ya te digo yo que no, así que tranquila,

conmigo puedes hablar con total confianza.

Cuéntame, ¿qué pasa?

Gracias.

A ver, el caso es que he pedido una subvención

como mujer emprendedora. (ASIENTE)

Por eso estoy trabajando en el puesto,

porque es una de las condiciones para poder acceder a la ayuda.

Claro. Bien. ¿Cuál es el problema?

Que todavía no sé si me la han concedido,

y necesito el dinero.

Lo necesito para poder pagar el colegio de David.

Antes me ayudaba mi suegra, pero ahora me está presionando

y me quiere quitar la custodia del niño y...

Sé que suena horrible, pero es lo que hay.

No voy a llorar... No... Ay, por favor.

No, no... ¿Quieres un poco?

No, gracias.

Tranquila, mujer, tranquila.

Si yo te contara las locuras que he hecho por mi hijo...

Es normal, mujer.

El caso es que no sé muy bien qué hacer.

Y no quiero equivocarme, no quiero...

No quiero perder a mi hijo.

Pero tampoco le quiero hacer daño sin querer.

Me siento perdida y muy sola desde que Manuel se fue y...

Oye, oye, eh, tranquila.

No estás sola.

Yo estoy aquí y yo te voy a ayudar.

¿De verdad?

Claro, mujer, claro, claro.

Vamos a hacer varias cosas.

Lo primero, voy a hacer un par de llamadas al ayuntamiento.

A ver si podemos acelerar lo de la subvención;

si te la han concedido o no.

Seguramente es un tema burocrático, administrativo,

estas cosas son muy lentas,

pero, si tocas las teclas adecuadas, creo que lo podemos acelerar.

¿Eh? Te lo agradezco mucho.

No te preocupes, te tengo informada.

No te molesto más. Gracias.

¿Sabes, Elías? Te va a parecer superexagerado,

pero me has salvado la vida.

Anda, anda, anda, no digas tonterías.

Nada, nada.

Nada, mujer, de verdad.

Cuando llame, te aviso. Vale.

Gracias. A ti.

Qué majos son Carla y Jonathan.

Menuda sorpresa, te quejarás de amigos, ¿eh?

-¿Lo de la "escape room"? Sí, no estuvo mal.

-Y la bronca que les he echado..., pero ¿qué sabía qué hacían?

Creía que se estaban escaqueando del trabajo.

-Se lo curraron un montón.

-Lo que os habéis currado es la botellita de güisqui;

os la habéis bajado casi enterita.

Tu amigo del alma.

¡Venga, date vidilla! -¿Qué pasa?

-Ey.

-Va, Samu.

-Ve tú, mama, ahora voy, ¿vale? -Ah.

¿Por qué me mentiste?

-Yo no te mentí, hermano. No te dije la verdad,

que no es lo mismo. -No me vaciles.

Cada día me decías que Carla no te gustaba para mí.

Y esta mañana, con el güisqui, le dices que te gusta.

-Si lo dije, sería porque es la verdad.

-Ah, ¿te gusta de verdad?

-Sabes cómo son estas cosas:

una tía se te mete en la cabeza, y no lo controlas.

Es así de loco.

-Vaya tela. -¿Qué quieres que haga?

Tú siempre lo dices, la tía es mazo de especial, lo sabes.

Además, llevas semanas dándome la vara.

No tengo la culpa de haberme pillado.

-Ya está, nadie tiene la culpa. Esas cosas pasan.

Como lo de Rafita y Raúl con la rubia esa.

-Ya ves, colega.

Y ahora ni se hablan, ¿no?

Oye, hermano...

No nos va a pasar una mierda así, ¿no?

-No lo sé, no creo. Es la primera vez que nos pasa,

a saber por dónde nos da, pero no debería.

-Sería una movida mazo de gorda pelearnos ahora por una tía.

-Seriamos gilipollas.

Y ella no ha dicho que le gustamos ninguno.

-O no le gusta nadie hay tías muy raras.

-O tiene novio, ¿te imaginas? -O novia, no la conocemos tanto.

-Mira, una cosa. Sería lo mejor que nos podría pasar,

así no nos pelearíamos por ella: no tendríamos nada que hacer...

-Sería una solución mazo de guapa, la verdad.

-Y los tres tan colegas, y punto.

-Oye, ¿y si le preguntamos?

-Pero ¿qué dices, Jonathan? ¿No te has tomado la medicación?

-¿Qué pasa, no hay huevos o qué? -Sí, hay huevos.

Pero se lo preguntas tú, que a mí me da la risa.

-Mejor, tú, que tienes más confianza. -La idea ha sido tuya.

Pregúntaselo tú. -Pregúntaselo tú, machote.

-Cállate. -Tienes más confianza.

-No tengo tanta confianza como tú te crees.

¿Puedo pasar?

Hortuño.

Claro, puedes pasar, por favor.

Tiene buen color eso que estás tomando.

Pues mejor sabor.

¿Quieres una? Si eres tan amable.

Cuéntame.

¿En qué te puedo ayudar?

Lo sabes perfectamente, no me hagas hablar por hablar.

(RÍE)

Si te refieres..., siéntate,

Si te refieres a que si sé que eres tú

el que está detrás de la compra del Central,

evidentemente, sí.

¿No ves? ¿Quién te lo dijo?

No hizo falta que me lo dijera nadie.

Esa promoción de viviendas nuevas

que estás haciendo delante del Central

habla de tus planes.

El andamio, la lona, el logo de tu empresa

es toda una declaración de intenciones.

Yo nunca me escondo, Elías.

Estoy muy orgulloso de todos mis proyectos.

De este especialmente.

Supondrá un gran cambio para el barrio.

Esto ya no hay quien lo pare.

Bueno, yo no estaría tan seguro.

Mis compañeros y yo estamos trabajando duro.

Creo que sabes que el ayuntamiento nos ha dado un año

para demostrar que el mercado sigue vivo.

Eso es una mera formalidad. Todo el mundo sabe

que ese modelo de negocio ya no vende.

Es solo cuestión de tiempo.

Yo creo que no.

Vamos a remodelar el mercado y los puestos.

Y, cuando demostremos que el mercado sigue siendo atractivo

y un edificio emblemático para el barrio,

vamos a parar tu proyecto. ¿Y sabes por qué?

Porque no vamos a permitir que destroces nuestro barrio.

Hablas muy bien, claro y con convicción;

creo que deberías dedicarte a la política.

(RÍE) No es un mundo de caballeros, prefiero trabajar.

Me gustas, Elías.

No se equivocaban quienes me dijeron que viniera a verte,

creo que podríamos llegar a entendernos.

Bueno, siempre estoy dispuesto a negociar.

Los que me conocen dicen que no soy fácil,

pero estoy dispuesto a escuchar. ¡Inténtalo!

Bien.

Según tengo entendido,

eres el líder del "movimiento para la salvación del mercado".

¿Correcto?

Oficialmente somos una asamblea de comerciantes.

Soy un portavoz con cierta autoridad.

No seas modesto, Elías.

Ambos sabemos que eres la pieza clave de este conflicto.

No te equivoques.

Soy un tendero que está dispuesto a escucharte.

Pero, si vienes a convencerme de que abandonemos el Central,

de verdad, no pierdas el tiempo.

Elías, yo no he hecho una fortuna

perdiendo el tiempo con charlas amistosas,

te lo garantizo. ¿Sabes lo que creo?

Que eres una de esas personas que consigue todo lo que se propone.

Como yo.

Por eso he venido a verte.

Porque te voy a hacer una oferta, una muy buena:

que te unas a mí.

¿Puedo?

Sí, claro.

Ay...

Reconócelo: te sientas conmigo para descansar de ese pie.

Eso y porque te veo preocupada.

Te conozco bien, Adela.

Solo hay que verte la cara.

Bueno, no ha sido el mejor día de mi vida, no te lo voy a negar.

Vuestra generación es tremenda.

Hacéis de un problemilla insignificante

una montaña.

Y os pasa a todos: a ti, a Elías, a Rosa...

La vida no es tan complicada como creéis.

La hacéis vosotros difícil

con esa manía de querer controlarlo todo.

¿Qué sabrás tú de los problemas de los demás?

No me fastidies, Jesús.

El otro día estuve hablando con Rosa.

Hablamos de Noa.

Le dije que se había ido porque es demasiado orgullosa

para someterse y obedecer a sus padres.

Y no ha vuelto por lo mismo, por puro orgullo.

Pero ya se le pasará.

Es cuestión de paciencia.

Sí, es posible.

Pero esa es la solución fácil:

esperar a que las cosas se resuelvan solas.

No. Hay que tomar la decisión correcta en cada momento.

¿Y qué hace Rosa?

¡Irse al psicólogo con su marido! Para mear y no echar gota.

A lo mejor no te he entendido bien. Claro que me has entendido.

Digo que tienes mucho más que ganar si cambias de bando.

Ya.

Pero es que aquí hay muchas personas

que tienen una cosa que se llama "principios",

no sé si te suena de algo.

Sí, sí me suena. ¿Y a ti te suena una cosa que se llama "dinero"?

El problema es que el dinero y los principios

no suelen compaginar muy bien.

Mira, sé que lo que estás haciendo es muy loable

y que todos los comerciantes te estarán muy agradecidos,

pero ese mercado tiene las horas contadas.

Eso ya lo veremos.

Claro que lo veremos, más pronto que tarde.

Todavía no has escuchado mi oferta.

¿Me vas a ofrecer otra vez dinero? Ya te he dicho que no.

No.

No te voy a ofrecer dinero.

Te voy a ofrecer una fortuna,

más de lo que podrías ganar en siete generaciones

trabajando de sol a sol. ¿Qué?

¿Te podría interesar? Mira...,

ese mercado es importante para mí.

No es solo el lugar de trabajo.

Es importante para mí, para mi familia

y para otras muchas familias

que se han dejado la piel trabajando ahí.

Yo ya sé que para ti es complicado de entender,

pero..., es que es lo que hay. (SUSPIRA)

Elías, no pareces un sentimental.

Así que no dejes que los sentimientos

te impidan cerrar el negocio de tu vida.

Veo que te gustan las cosas que son caras, a mí también.

El problema es que hay que pagarlas.

Piensa en lo que te he dicho, la oferta podría caducar.

Gracias por venir a verme.

Menudo problema tenéis los hombres de esta familia con los psicólogos,

no podéis ser más rancios y más ignorantes.

¿Qué problema hay en buscar ayuda profesional?

Para eso están. ¡Ni que os fueran a comer!

Sí, ya me dijo Elías

que también pensabais llevar al psicólogo a Germán.

¿Eso te dijo?

¡Menuda tontería!

¡Si hay que llevarlo al loquero por eso, tú me dirás!

Y con Rosa, lo mismo, lo que pasa es que no insisto con ella

porque está muy frágil y se lo toma todo a la tremenda.

¿Y a Elías le dijiste eso?

Claro.

Con todas las letras.

Mira, Jesús,

otro día, haz el favor de no calentarle la cabeza a Elías.

Que luego pasa lo que pasa.

Habéis tenido bronca, ¿eh?

Ya sabía yo que no se había dormido viendo la televisión.

A mí no me engañáis.

No te hagas ilusiones, no te voy a contar nada más.

Ni yo te voy a preguntar.

Ahora, que, si quieres desahogarte, aprovecha,

porque justo hoy tengo tiempo.

Es que tu hijo es tan egoísta y tan manipulador.

Ya sabes que los De la Cruz no somos fáciles de manejar.

Somos como la nitroglicerina, explotamos fácilmente.

Pero no te engañes, que tú eres igual.

Si no fueras tan fuerte, tan lista y tan decidida,

no habrías aguantado ni medio minuto a su lado.

Tú eres la clase de mujer que necesita mi hijo.

Y lo sabes, Adela.

Lo que me pregunto es si yo necesito un hombre como Elías.

Tú no necesitas a nadie.

Si estás con él es porque quieres.

De eso estoy seguro.

Di algo, llevas ahí un rato callado como un pasmarote.

-No lo sé, mamá.

Es una carta de pago del proveedor, pero, si has pagado...

La enviaría antes de ver la transferencia.

-Escríbeles y diles que ya está pagado.

No sea que se asusten y se ansíen.

-¡Qué día, hija!

¡Vaya día!

Claro, tanto ir y venir a la cámara...,

al final me he resfriado.

Yo ya no estoy para estos trotes.

No sé por qué has tenido que despedir a Germán.

Era algo zángano, pero nos venía de perlas.

Me tienes esclavizada, hija.

Mírame, si no puedo ni respirar.

-Abuela, tampoco exageres.

-Y, encima, sin un duro.

-¿Otra vez vas a empezar con la casa de Comillas?

-¡No es por la casa, que no tenéis ambición, hombre!

Os conformáis con ir tirando,

y así no vamos a salir nunca de pobres.

-Me voy a ir, me estoy poniendo negra solo de escucharte.

Descansa y, cuando quieras, te vienes.

O no, como tú quieras.

-(SUSPIRA) -¿Estás bien, abuela?

-¿Bien?

Estoy con un pie en la tumba, ¿no me ves?

-Yo te veo de maravilla. -Sí.

-¿Cómo va tu plan para cazar un rico?

-Pues... ahí voy.

Ahí voy.

Lo que pasa es que los viejos se las saben todas.

Pero yo también tengo mis armas, y tarde o temprano caerá.

-Así que ya tienes un objetivo.

Bien, abuela, bien. ¿Y quién es?

¿Le conozco?

-Eso no te lo voy a decir.

-¿Trabaja en el mercado?

-Tampoco te lo voy a decir. -Trabaja aquí o habrías dicho que no.

¿Tendero o propietario?

-Chico, con un tendero no tengo ni para pipas.

Hay que apuntar más alto, tu abuela lo vale.

-Propietario, entonces, vale.

¡No! No, no...

¿Él...? -Jesús de la Cruz, ¿quién va a ser?

-Abuela... -Si vas de caza,

hay que ir a por el ejemplar más gordo y lustroso.

Y ese está forrado. -Pero De la Cruz...

-¿Y qué quieres? Es el único que se mantiene en pie sin andador.

-Pero los Pacheco y los De la Cruz hemos sido rivales siempre,

como los Capuleto y los Montesco.

¡Sois el Romeo y la Julieta de la tercera edad. ¡Qué historión!

¡Elías!

Me ha comentado Rosa que ha llegado el informe

sobre la reparación del techo

y el presupuesto para la renovación del mercado

y que está bastantemente bien.

Sí, parece que hemos tenido suerte, ha salido bien.

Oye, quería darte las gracias

por hacerlo todo tan rápido y tan bien.

No sé qué habríamos hecho sin ti.

Te lo agradezco. Pero a mí también me gusta cuidar de mis negocios.

Ya, pero eres el único del mercado que tiene otros negocios que atender

y perfectamente podrías haberte centrado en ellos y dejarnos solos,

y no lo has hecho.

De verdad, que eso te honra. (SUSPIRA) Ay, mira, Jorge,

si te digo la verdad,

más de una vez también he pensado en vender.

¿En serio? Por centrarme en mis otros negocios.

Ya.

En las franquicias, los transportes...

Eso es lo que de verdad me da dinero, lo otro...

Pero también te digo,

para mí, el Central es algo especial.

Date cuenta que en ese puesto de frutería

mis padres se han dejado media vida trabajando,

y, gracias a eso, hoy tenemos el pequeño imperio que tenemos.

O sea, que, para mí,

defender el Central con uñas y dientes

es... una obligación.

Es admirable lo que haces, de verdad.

Te lo agradezco.

Porque, ahora mismo, cualquier ayuda es poca.

Y te digo una cosa:

si queremos sacar el Central hacia delante,

tenemos que remar todos juntos, ir como una piña,

porque, hacer que el Central salga adelante, no va a ser fácil.

Cuenta conmigo para lo que necesites, Elías,

lo que sea.

Pues se agradece.

Otra cosa, ¿sabes si Celia viene hoy por aquí?

Ni idea, ¿por?

No, porque quería comentarle un asunto.

Bueno, si puedo ayudarte en algo..., si no es personal, claro.

Bueno, es un poco exagerado, pero...

Prácticamente, le he salvado la vida.

¿Y eso?

No sé, imagínate, estoy en mi despacho,

se abre la puerta, aparece ella, llorando,

desesperada, se echa en mis brazos...

¿En serio? Si, sí, sí, totalmente.

Al final, lo que quería era información sobre las subvenciones.

(ASIENTE)

Y, bueno...

Empezamos a hablar, le dije que no se preocupara...

Ya sabes cómo es el Ayuntamiento..., pagar, paga,

pero, a la hora de pagar, no tiene prisa.

Ya. Así que le dije:

"Déjame hacer un par de llamadas".

Toqué un par de contactos

y conseguí la información de las subvenciones,

y no solo eso.

He conseguido que le adelanten el dinero.

Qué bueno. Hombre y tanto.

Aunque, la verdad, ¿qué es lo importante?

Solucionarle el problema a la pobre chica.

Eso es lo importante.

Y, entre tú y yo,

cualquiera le dice que no a una chica tan guapa.

Claro. (RÍE)

Bueno, no te entretengo más, que tengo mucho lio.

Una cosa si te pido, por favor,

no le comentes nada, me gustaría decírselo personalmente.

Venga. Venga, chao.

A ti te estaba buscando. ¿Cómo se puede ser tan rastrero?

¿Ves? No todo el mundo me admira tanto como tú.

Hijo, ¿qué ha pasado ahora?

Lo sabes perfectamente,

has hecho que las Pacheco me despidieran.

¿En serio? ¿Te han despedido?

Mira, me alegro enormemente, pero yo no tengo nada que ver.

Me da igual que no lo reconozcas, sé que has sido tú.

Esta vez no te vas a salir con la tuya, te lo prometo.

¡Te odio papá! No sabes cuánto.

Los hijos...

No solo son un coñazo,

sino que, además, te salen por un pico.

La peor inversión que he hecho en mi vida.

(VALERIA) Yo no quiero romance, hijo.

Solo quiero engatusarlo para sacarle los cuartos.

Como hacen las lagartas esas que tanto le gustan.

Pero en esa liga no puedo jugar, ya tengo una edad.

-Si tenéis la misma edad.

Los dos, quiero decir.

-¡Eh, no te pases!

Que me saca tres años; eso, a mi edad, es un mundo.

El problema es que está obsesionado con las jovencitas.

Mientras las pueda pagar, claro.

No sé, a lo mejor tengo que rendirme

y dejar de hacer el ridículo yo también.

-Anda, abuela, no seas antigua, por favor.

Tú no tienes nada que envidiarle a esas tías.

Tú eres culta, simpática, conversación tienes un rato, ¿o no?

Y eres tozuda, así que no puedes abandonar ahora,

A mí me decepcionarías. ¡Además un Pacheco no se rinde jamás!

Y menos ante un De la Cruz. ¿Sí o no?

-Pues tienes razón.

¿No voy a poder yo con ese carcamal? Con lo que yo he sido...

-Y eres, abuela, y eres.

Mis amigos me lo dicen: "¡Cómo está tu abuelita, Samu, menudo pibón!".

Y yo digo: "Pues ¡claro!".

-Pero qué bien mientes, truhan.

Pero yo te lo agradezco.

Tú sabes tratar a una mujer.

No me extraña que las tengas locas.

-Entonces ¿qué?

-¡Se va a enterar ese viejo de quién es Valeria Hinojosa!

-Eso es.

Ey, ¿qué tal?

-Aquí, sacando brillo a mi currículum.

-Oye, Carla, siento mucho lo de esta mañana.

No me refiero a la parte divertida, esa ha estado bien.

Sino a la otra, la que no es tan divertida.

Me imagino que te hemos incomodado con nuestras declaraciones

o lo como quieras llamar.

-Yo lo llamo "chorradas", si te parece bien.

-Bueno, me gustaría que lo olvidaras, si no lo has olvidado ya.

Quiero que seamos amigos, y no o solo los dos,

sino los tres, con Jonathan también, me lo ha dicho.

¿A qué hora terminas?

Si quieres, nos tomamos algo por ahí los tres.

-Estoy liada. Mejor otro día, ¿vale?

-Te esperamos, no pasa nada.

Me atas la mopa a la silla y te hago de coche escoba.

Me doy unas vueltas y te lo dejo como los chorros del oro.

Venga, anímate.

-Te he dicho que no me apetece, no seas brasas.

-¿Por qué te ha molestado tanto?

-(SUSPIRA)

Pero ¿vosotros de qué vais?

¿Os creéis que podéis decirme que estáis pillados

y ahora, como si nada, ir a tomar cafés?

¿Vosotros qué os habéis creído? -El güisqui.

Que nos sienta fatal.

Se nos va la boca. Pero mira el lado positivo:

hemos sido sinceros, ahora sabes lo que hay.

-Samu, me la suda vuestra sinceridad.

Me repatea el hígado.

Las cosas estaban bien como estaban,

¿por qué siempre tenéis que complicarlo todo

con vuestras chorradas? -Eso es que no vienes, ¿no?

-¡Vete a la mierda! ¿Crees que estoy para bromas?

-Vale, lo siento.

Solo quiero solucionar lo que ha pasado.

Me gustaría que, como mínimo, fuéramos amigos.

-¡Como mínimo!

¿Y como máximo qué? ¿Hermanos de sangre, marido y mujer?

¡Tú flipas mucho, chaval!

-¡Yo qué sé!

¡Yo que sé si a ti te gusta Jonathan o si te gusta otro!

-¡Ay, claro!

Claro, qué bonito sería que te dijera

que, después de tanta resistencia,

por fin ha pasado lo inevitable:

he sentido una fuerza arrebatadora

que me ha hecho enamorarme locamente de ti...

¡Ah, no! ¡No, de los dos, de ti y de tu colega!

¡Por fin veo la vida de color, de verdad!

¡Doy gracias al cielo por haberme puesto en este mercado

y haber conocido a esos pedazos de hombres!

¿Eso quieres oír?

¿Sabes qué? Que te digo que las cosas no funcionan así, ¿vale?

La realidad es la que es, ya me gustaría a mí poder cambiarla.

-Te voy a decir una cosa, Carla.

El pasado no lo podemos cambiar, pero el futuro depende de nosotros.

-(RÍE) ¡Guau!

(RÍE)

(Mensaje al ordenador)

(NOA) "Hola".

"Bueno, esto no es fácil para mí, pero aquí estoy".

"Como veis, me encuentro perfectamente".

"Si os mando este vídeo, es para que no os preocupéis por mí".

"Ya sé que tendréis muchas preguntas que hacerme,

pero lo importante es que estoy bien y que no necesito nada".

"Por favor, os pido no me busquéis".

"De verdad",

prefiero que las cosas sigan como están.

Yo soy más feliz y seguramente vosotros también.

"Así que respetad mi decisión".

Necesito estar fuera de casa

para aclararme y para saber qué quiero hacer con mi vida.

"Si queréis, me podéis escribir a este correo".

"Y, cuando pueda, os contestaré".

Por favor, no me pidáis que vuelva...

Porque no lo voy a hacer.

"He tomado una decisión

y ya tengo la edad suficiente para saber lo que hago con mi vida".

(Puerta)

-¡Ya estoy en casa!

-¡Hola, amor!

-(SUSPIRA)

¿Todavía trabajando?

-He terminado hace un rato.

Estaba haciendo tiempo hasta que llegaras.

No llevas ni una semana y ya has metido mano a la caja.

-No he metido mano. Lo he devuelto.

Ya está. ¿Qué pasa? -Sí que pasa. ¿Para qué lo querías?

-¡La estamos obligando a elegir! -¿Y qué pretendías?

¿Qué te dejara la vía libre por declararte primero?

-Podías esperar a que respondiera, ¿no?

-Una mierda.

-Es el que no tiene teína, ¿verdad? -Eso es.

-Pues ese, que luego Francisco se pone nervioso

y no hay quien lo pare.

-¿El de vainilla le va bien? -Sí.

Sí, que Francisco es muy goloso.

-Tú y yo teníamos un trato.

-Y lo seguimos teniendo. -No me lo parece.

La verdad, si la cosa sigue así,

¿por qué te tengo que seguir pasando sobres?

-Nicolás, yo no he roto el pacto.

Nadie sabe lo que pasó. No me puedes decir nada.

¿Qué haces, papá? ¡Dámelo! -¿Quién es esta chica tan guapa?

-¡Que no es gracioso! ¡Dámelo!

-¡Madre mía! -¡Para ya, en serio!

¡Para ya, tronco!

Si no inviertes y le das un nuevo aire,

lo que hagamos los demás con los puestos

no va a tener importancia.

Sí, pero es mejor idea que te metas en tus asuntos,

que bastante tienes tú ya con lo tuyo.

Yo cumplí con mi parte.

-¿Y se supone que debo creerte?

-¿Te mando un pantallazo? ¿Qué quieres?

-"No, Noa".

Quiero que ese mensaje llegue a su destino.

Y más vale que sea pronto;

si no, le pienso decir a tus padres dónde estás y cómo localizarte.

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Mercado Central - Capítulo 15

11 oct 2019

Lorena y Noa se encuentran. Noa no quiere que Lorena cuente a Nacho y a Rosa que se han visto.

Adela descubre que Elías le mintió sobre la terapia.

Celia pide ayuda a Elías con la subvención. Jorge se siente decepcionado.

Elías recibe una oferta de Ginés Hortuño, el promotor inmobiliario.

Valeria tiene dudas sobre su relación con Jesús.

Samuel y Jonathan no están dispuestos a romper su amistad por Carla.

Germán acusa a Elías de haber provocado su despido.

Nacho tiene una reacción inesperada cuando recibe un mail de Noa.

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