Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 14 - ver ahora
Transcripción completa

¡Qué preciosidad!

"Póntelo esta noche para cenar. Será lo último que te quite".

David me está ayudando

a ordenar los vinos. ¿No te importa? No. Así está entretenido. Gracias.

Nada.

¿Quieres trabajar con tu hermana?

¿Cuándo empiezo?

¿Ahora mismo?

Nada impide.

Ven, que te enseño el bar.

Tengo latas de anchoa en oferta.

Te van a quitar las pizzas de las manos.

Si son buenas... ¡va!

¿Sí? Sí.

David, acércame 10 latas de anchoas. ¿De las malas?

¿Cómo que de las malas?

¿Él no quería una escape room? Pues va a tenerla.

Lo vamos a montar nosotros aquí,

en el mercado.

Hay noticias.

¿De Jonathan? -Sí.

Quizás no es nada, pero ha recibido un par de llamadas muy raras,

se ha puesto nervioso y no ha cogido el teléfono

conmigo delante.

¡No, escúchame tú a mí! ¡No vamos a volver!

He dicho que no, Asunción.

Mira, por mucho que te empeñes y por muchas trabas que nos pongas,

no vamos a volver, porque lo podemos hacer nosotros.

Supongo que esto será mérito de la terapeuta.

Bueno, yo creo que es mérito tuyo.

¡Ya te he dicho que no! Es que no puede ser.

Venga, Carmen, ¿cuántas veces me he quedado media hora más?

¿Eh? No, no. ¿Y cuántas horas extras me he quedado a hacer sin cobrar?

Solo te pido un favor, no puedes decir que no.

Aunque quisiera no podría. ¿Y la semana que viene?

No. Si no, no te lo pediría ahora. -Pero es que es imposible.

Hoy vienen dos proveedores y les tengo que pagar.

Si al final del día hacemos buena caja,

igual te puedo adelantar algo. Es que no puedo hacer más, lo siento.

Carmen, déjalo, de verdad.

Voy a por el costillar que me has pedido.

Pero no tardes, que no puedo dejar a Germán solo y tengo una reunión.

Buenos días, Carmen. -Buenos días.

¿Ya discutiendo de buena mañana? -Uf, hija, ¡la guerra que dan!

Oye, que yo no he abierto la boca. -Bueno, si no es uno, es el otro.

Adelantos, días libres...

¿Eso te ha pedido Jonathan, un adelanto?

Sí, y no creo que fuera para nada bueno.

Seguro que para irse de marcha.

Bueno, si fuera para irse de marcha no te lo pediría con tanta urgencia.

Bueno, en fin. ¿Qué? ¿Has venido a saludar o quieres algo?

Sí, mi hermana me ha dicho que te recuerde lo de la reunión.

¡Ah, sí! Ahora en cuanto venga Jonathan, voy para allá.

¿Y carne picada? Para las hamburguesas.

Lo que te pide ella normalmente.

Ahora te lo prepara Germán y en un ratito vienes a por ello.

Muy bien. Pues nada, sigo con mis recaditos.

Hala, buen día. -Adiós.

Dos kilos de carne picada, arreando. -Marchando, jefa.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Y se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada olor, color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Paolo, me he quedado sin azúcar. He mandado a Lorena a comprarlo.

No te preocupes. Yo ahora lo tomo sin azúcar.

Que estoy echando tripa. ¿Qué tripa?

Estás hecho un toro, italiano.

Aquí tienes, sin azúcar.

"Grazie".

Y este, para ti.

Hala. Ya estoy aquí. ¿Esperamos a tu hermano?

Mira, por ahí viene. Perdonad,

pero me han entretenido en el almacén.

Vamos rapidito, por favor, que he dejado solos a los tarambanas,

y no los quiero dejar mucho así. (PAOLO) Jorge nos explicaba

el desastre de la reunión con los comerciantes.

A ver, vinieron cuatro gatos.

Y los que vinieron no quieren ni oír hablar de renovaciones.

Claro. Lógico y normal. -Bueno, ¿tú no tenías que hablar

de algo del techo, Nicolás? -Ah, sí. La cubierta.

Nada, que quedan trozos con aislamiento de uralita

que debimos haber cambiado hace años.

¿Uralita? Pero ¿no se prohibió? En el 2005.

Y es obligatorio sustituirla si aparecen filtraciones de agua.

Pues aquí cuando llueve se llena el mercado de goteras.

Claro, exacto. A ver,

yo puedo hacer una ñapa para reducir las goteras,

pero la sustitución de las planchas de uralita

la tienen que hacer técnicos especializados.

¿Subirte ahí arriba a hacer reparaciones? No.

Es peligrosísimo. Te caes y te desgracias.

Yo no quiero más sillas de ruedas en casa.

Nicolás, pero ¿eso quiere decir que eso nos está envenenando a todos?

Que no hombre, que no. Nicolás,

tú también poniendo nerviosa a la gente y preocupándola.

No. Yo solo he dicho que eso lo tiene que hacer una empresa autorizada.

Que así lo dice la ley.

O sea, más dinero. Pero vamos a ver.

Si es una cuestión de seguridad general del edificio,

debe de hacerse cargo el ayuntamiento, ¿no?

Puede... Sí, sí. En teoría sí, lo tiene que hacer el ayuntamiento.

Lo único que el ayuntamiento quizá nos quita la uralita,

nos paga, pero va a pagar tarde.

Ya. Que tenemos que adelantar el dinero.

Y si le sumamos lo que nos costará el proyecto de la reforma, tú dirás.

Y sabéis la actitud que siempre tuvo el ayuntamiento:

muchas exigencias, ninguna ayuda.

Esto es el cuento de nunca acabar.

Ahora los gastos que cada uno tenga que asumir

para la renovación de los puestos,

tenemos que añadir la derrama por el techo...

Pues habrá gente que no pueda asumirlo.

Bueno, Celia, por ejemplo.

Menudo panorama. ¿Y ahora qué hacemos?

Si hubiéramos vendido...

¡Otra vez! ¡Qué barbaridad! ¡Por favor!

Oye, escuchadme.

Sois todos la alegría de la huerta.

¡Arriba esos corazones, hombre!

Tengo una idea...

que como salga bien, nos soluciona todos los problemas.

(ROSA) ¿Y qué, nos vas a contar esa idea o qué?

No.

No voy a desvelar todavía todas mis cartas.

Debo hacer un par de llamadas al ayuntamiento,

tener un par de reuniones, y cuando ya la cosa esté bien atada,

hacemos otra junta y se lo decimos a los comerciantes.

Pero tranquilos, que va a salir todo bien.

(ROSA) ¿Entonces qué, ya está?

¿Disolvemos la reunión?

Pues pasadme los cafés, que tengo que trabajar.

Luego me acerco a pagártelo. Deja, te invito yo.

No, apúntalo a mi cuenta.

No, a ti también, que tienes mucho lío.

Pues a mí me pones un café bien cargado y unas porras.

Marchando.

Yo os dejo, que David estará esperándome en el puesto.

¿Qué David? El hijo de Celia.

¿Qué le pasa con Celia? Está todo el día con el hijo.

¿Tú qué crees? Está coladito por ella.

¿Te lo estás imaginando o te lo ha dicho?

No, al principio me lo negó, pero está más claro que el agua.

Jorge bebe los vientos por la viuda.

Hasta luego.

Hola.

Cristi, ¿quién era?

Me suena su cara, pero...

Luz Argüelles.

No, no caigo.

Sí, tenía la consulta por aquí.

¿Es médico? -Psicóloga.

Ah, ahora me acuerdo. Tenías su tarjeta por ahí, ¿no?

Exactamente, sí.

¿Y esa cara que tienes? ¿Te ha dado alguna mala noticia?

Me temo que sí.

¿Y?

¿Quieres explicármelo?

Le apunté el teléfono a Adela,

por si le podía servir de ayuda para Elías,

por su problema, ya me entiendes.

¡Mandaste a Elías a una loquera!

¿No tuviste suficiente con la que montaste con el "vibratore"?

Yo solamente me limité a sugerirle que podría servirle de ayuda.

Yo no tenía mucha confianza en que Elías

fuera a una profesional. -No me digas más.

Elías fue a ver a la psicóloga

y la cosa acabó mal, ¿no? -No, no, no.

Elías le ha contado a Adela

que los consejos que le dio la psicóloga fueron fabulosos.

¿Y cuál es el problema?

Que me ha contado que hace casi dos meses que cerró la consulta.

¿Y eso? ¿Cómo puede ser?

A ver. El teléfono era de la consulta.

Sí. -¿Entiendes?

La consulta ha cerrado.

Elías no ha ido a la consulta.

Elías ha engañado a mi amiga.

¿Y ahora qué hago yo?

(JONATHAN RÍE)

Ya, tía, ya lo sé, Carla, pero no he podido escaquearme.

No, que...

¿Que ya está todo preparado?

Genial, pues de lujo.

Sí, sí. No te preocupes, que lo llevo al despacho con cualquier excusa.

Vale. Pues en un rato nos vemos.

En una hora o así, ¿no?

Vale. Pues de lujo.

Venga, chao.

Pues aquí tiene. Muchas gracias, señora.

Buenos días.

¿Qué, se ha llevado todas las chuletas de cordero que quedaban?

Sí. -Pues ya sabes, colegui.

Al almacén a por más.

Y date prisita que tengo muchas cosas que hacer

y necesito que te quedes al frente.

Qué rapidito olvidas que te ayudé el otro día.

Venga. Vete a por las chuletas y no me toques las pelotas, ¿eh?

¿Ya está lo mío? -Sí.

Tienes tu carne picada ahí preparada. Pídesela al tolai este.

(JONATHAN) ¡Tolai!

Debe de ser esto.

Aquí tienes.

Apúntaselo a mi hermana, ¿vale? -Vale.

Por cierto...

¿Sabes quién me llamó ayer?

Ni idea.

Mi sobrina.

Noa.

Conmigo no tienes que disimular. -No sé de qué hablas.

¿A ti también te ha pedido pasta? -¿A mí? A mí nada.

Jonathan, nos la ha pedido a los dos. Está metida en algo gordo.

¿Te ha dicho para qué quiere el dinero?

A mí me llamó ayer por primera vez.

¿Desde cuándo está en contacto contigo?

Hará dos meses o así.

Tiene que ser duro, ¿no?

Saberlo, no poder decírselo a mi hermana ni a Nacho.

Ya, eso es lo peor.

Sí, a mí me hizo jurar que no lo diría.

Y a mí. Pero no sé cuánto tiempo podré mantener mi palabra.

Hazme caso, Cristina.

Es mejor no meterse en medio de una pareja.

Sobre todo si es la pareja de Elías De La Cruz.

Mira, me dan igual tus argumentos. ¡Elías ha mentido a mi amiga!

Así que tengo que decírselo a Adela. -A ver, Cristina.

¿Qué me dices tú siempre en estas situaciones?

¿A qué te refieres?

Anda, ábreme.

Cuando me dices que no sé tener la boca cerrada.

Que eres un bocazas.

Bueno, a veces lo expresas con un poco más de elegancia, pero me dices:

"Discreción, Paolo, discreción".

Ya, pero porque tú le largas todo al primero que pasa.

Esto es algo que incumbe a una de mis mejores amigas.

No lo voy a pregonar, pero se lo tengo que decir.

Es un argumento muy delicado, Cristina.

Elías se molestó mucho cuando supo que Adela te lo había contado.

Elías es un sinvergüenza.

Al que es mejor no tener como enemigo.

Pero no puedo permitir que trate a mi amiga como si fuera tonta.

No todas tienen la suerte que tienes tú.

Paolo, que estoy hablando en serio.

Tú verás, Cristi.

Pero meterse en un matrimonio siempre es una pésima idea.

Luego no digas que no te lo he dicho, ¿eh?

Es que en este periodo todo son problemas...

Ahora resulta que también hay un problema con la uralita del tejado.

¿Y eso qué significa? -Dinero.

Significa que nos costará dinero. A propósito de dinero...

Tengo que ir al banco a recoger unos papeles.

¿Podrás echarle una mano a Doménico con la terraza?

Sí, claro que sí. Avísame cuando te vayas.

"Grazie, amore mio".

Y hazme caso: no te metas más entre Adela y Elías.

¿Vale? -Vale.

¿Y has hablado con ella o también os habéis visto?

Hasta ahora solo por teléfono.

¿Hasta ahora?

¿Has quedado con ella?

¿No te lo ha dicho?

¿No te lo ha dicho cuando habéis hablado?

Jonathan, necesito verla. Dime dónde y cuándo habéis quedado.

Llámala y pregúntaselo tú.

Llámala tú, que no tengo aquí el teléfono.

Es que... la tengo con otro nombre,

por si lo ve la peña cuando me llama y tal.

Sí, sí. Yo también.

Qué cabrona. No has hablado con Noa ni de coña.

Te lo has inventado. Siempre llama desde número oculto.

Jonathan, se acabó.

Esto es insostenible y lo sabes perfectamente.

Estás agotado de mentir a mi hermana.

Tú también lo estás pasando mal. Eres su amigo.

Está muy bien lo que estás haciendo, pero ya no... ya no más.

Dime dónde y cuándo habéis quedado.

Que Noa me mata si te lo digo.

¿Tienes la pasta que necesita?

No, ¿no?

Yo sí la tengo. Solo se la voy a dar en persona.

Joder, Lorena... -Jonathan, por favor,

no te puedes seguir comiendo el marrón. Yo soy su familia.

Déjame quitarte este peso de encima.

(NICOLÁS) ¡Eh!

¿Cómo va ese tobillo, Jesús?

Prácticamente recuperado.

Dentro de nada estoy bailando otra vez.

Eso son las friegas con alcohol de romero de mi suegra.

Escucha, ¿te tuviste que quitar los pantalones para el masaje?

¿Hubo... "final feliz"?

No fastidies, Nicolás.

Oye, si a mí me parecería fenomenal, ¿eh?

Los dos estáis solteros y sin compromiso.

Con todos mis respetos, tu suegra no es mi tipo.

Jesús, no puedes pretender seguir ligándote veinteañeras.

El cuerpo tiene un límite. Los años no perdonan.

Eso háblalo por ti. Yo estoy mejor que a los 30.

En algún momento tendrás que dedicarte a las de tu edad.

¿Por qué? A mí me gustan las mujeres que me gustan.

Antes, ahora y siempre.

Sí, pero a las mujeres que te gustan ya no les gustas tú.

Eso no es verdad.

Yo me puedo ligar a la mujer que quiera.

Y te lo demuestro cuando quieras.

¿De qué te ríes tú?

Bueno, tranquilo, no te enfades. Estaba bromeando.

Bueno, me voy, que tengo mucho lío. No sé qué hago aquí.

Hola, Jesús. ¿Qué te pongo?

Lo que tú quieras, guapa.

Muchas gracias. -No te ha molestado, ¿verdad?

No, qué va. Si esas cosas le animan a una.

Pues te lo diré más a menudo. -Pero que no se entere Paolo.

Si tú no se lo dices nada, yo tampoco.

¡Qué peligro tienes! ¿Qué te pongo?

Un café, por favor. -Venga, ahora te lo traigo.

(SAMUEL) Jona, si tú no tienes nada que hacer, yo sí.

-Que sí, lo que tú digas.

A ver, ¿qué es tan importante que no puede esperar un momento?

Ahora lo verás, hermano. Sorpresa.

¿Qué coño está pasando aquí?

Si desobedece las reglas de la sociedad, lo envían a prisión.

Si desobedece sus reglas allí, nos lo envían a nosotros.

Bienvenido a Alcatraz.

Nadie ha escapado nunca de aquí, y nadie lo hará.

A no ser que encuentres la clave y resuelvas el enigma.

Chicos, que no pasa nada porque el otro día

no pudiese entrar en el escape room.

Y no quiero que montéis uno cutre aquí.

Que la idea del escape room era hacer algo los tres,

algo divertido, diferente, así que ¡da igual dónde!

Y los presos no tienen nada que decir de lo que hacen.

Hacen lo que se les dice.

Deja de soltar diálogos de peli de Clint Eastwood.

"La fuga de Alcatraz". Un clásico.

Es mítica. De nuestras favoritas.

Colega, pensaba que estabas improvisando.

En Alcatraz no dejamos nada a la improvisación.

Y el reloj está en marcha, recluso.

Tictac.

Si quiere ser el primero en abandonar la Roca

tendrá que darse prisa.

(CARLA) Venga, que nos lo hemos currado.

¿Qué pasa, que te da miedo no superar la prueba?

Tictac, tictac... -Vale, vale.

Vale, juego.

(CARRASPEA) Creo que sé cómo salir de aquí.

También de la peli.

¿Eh? -¿Eh?

Venga, va, primera prueba.

Toma, Jesús.

Aquí tienes tu café.

No tomaba cafés así desde que fui de viaje a Venecia con mi mujer.

También tu hija lo hace, ¿sabes? Le he enseñado yo.

¿Qué pasa? ¿Me estás echando del local?

No. Pero me pregunto por qué prefieres tomarlo aquí,

cuando puedes tomarlo en el bar de Rosa.

No sé qué estás insinuando.

Que a lo mejor esperabas que te lo trajese Cristina.

No te entiendo.

Entre ella y yo no hay secretos, Jesús.

Me ha contado lo que ha pasado.

Espero que no intentes ligarte a mi mujer.

No sé qué te ha contado, pero...

¿Insinúas que me ha mentido? -No, no.

Pero a lo mejor lo ha malinterpretado.

Yo solamente quería ser amable con ella.

Jesús, los italianos no hacemos bromas con estas cosas, ¿eh?

El matrimonio es sagrado.

No seas absurdo, Paolo.

¿Cómo voy a intentar ligar yo a tu mujer?

¿Absurdo? ¿Porque ahora Cristina no es suficientemente guapa para ti?

Yo no he dicho eso. -¿Entonces admites que te gusta?

Claro que me gusta...

Bueno, la verdad...

¡Jesús!

No veas la cara que has puesto...

¿Te ha gustado mi interpretación de Otelo,

"il moro di Venezia"? -Joder, Paolo.

Qué susto me has dado.

Creía que estabas en serio. -Hombre.

¿Cómo voy a ponerme yo celoso contigo?

¿Qué quieres decir?

Que ya nos conocemos, Jesús,

que sabemos que te encanta soltar piropos, ¿no?

Pero cómo voy a creerme yo que un hombre como tú

pueda tener algo con una mujer como Cristina.

¿Un hombre como yo?

Que a Cristina le encantan tus galanterías, ¿eh?

Pero sabe perfectamente que eres inofensivo.

¿Inofensivo?

Ay, Jesús.

Que a mí no me importa que la piropees.

Pero cuidado, ¿eh?

Se mira, pero no se toca.

¿Eh? (RÍE)

Disfruta de tu café, Casanova...

Me voy al banco.

Rosa, ponme un café bien cargado.

Ponlo para llevar, que tengo prisa. (LORENA) Espera, ya se lo pongo yo.

Oye. ¿Qué?

¿Por qué no te vienes ahora al despacho conmigo...

y me ayudas a cuadrar las cuentas?

Me encantaría, pero no puedo dejar el puesto.

Bueno, pues esta noche, en casa.

Y nos hartamos de cuadrar cuentas.

Cafetito cargado para la señorita,

y el azúcar, que ya veo que no hacía falta.

Pues muchas gracias.

Pero ¿qué pasa con vosotros?

Que parecéis dos quinceañeros con tanto arrumaco.

Pues así me siento yo, como un quinceañero.

Y luego recuerdo que tengo que cuadrar estas cuentas

y envejezco 20 años del tirón.

Hablando de cuentas, archivé los albaranes de la semana pasada,

y el pedido de la semana que viene ya está.

Pero si lo iba a hacer yo en la hora de la comida.

Pues eso que te ahorras. Hay que pagar la cerveza hoy.

¿A ti te importaría venir también al despacho y cuadrar mis cuentas?

Sí, ahora mismo voy.

Hoy parece que le han dado cuerda. Es que no ha parado ni un segundo.

¿No ves cómo tenía razón?

¿En qué? En que hacéis un gran equipo.

Que tú necesitabas un ayudante y tú necesitabas un trabajo.

Que yo ya tenía trabajo.

Bueno, tenías un trabajo... vamos.

Vas a comparar ese trabajo a estar aquí,

al lado de tu casa, con tu familia.

Oye, oye, no te pongas medallitas, ¿eh, Elías?

Que si Lorena está trabajando aquí

es porque nos hemos puesto de acuerdo,

no por tus cositas raras que haces. -Eso digo yo.

Menos humitos, menos humitos.

¡Pero si son las dos iguales!

¿No veis el equipo que hacéis?

Sobre todo para meteros conmigo.

Menos humitos, menos humitos. Anda, dame un sobre de azúcar.

¿A que te digo que me lo pongas tú?

¿David? Mamá.

¿Dónde vas, cariño?

Jorge dice que le ayudo mucho ordenando el almacén.

Ah, bueno, eso está muy bien. ¿Y a ti te divierte?

Bastante. ¿Sabías que existen más de mil variedades de uva?

Y solo en España hay más de 200 clasificadas.

Pues no, no lo sabía.

Me voy al almacén, que Jorge me espera.

Vale.

Cristina, perdona, ¿tienes un minuto?

Dime.

Chica, quería pedirte perdón.

La otra noche estaba muy nerviosa y dije cosas que no debía.

Y sobre todo... en un tono que no debía.

Lo siento.

A veces, los problemas con los hijos nos hacen perder los papeles.

A mí me pasa lo mismo con Andrea. Así que no te preocupes.

Ya, lo que pasa es que con David pues es todavía más complicado y...

Ya, ya me lo imagino.

Disculpas aceptadas.

Estoy un poco desbordada, la verdad.

Y no porque tenga mucho trabajo, ya podía...

Bueno, es que Serafina tenía una clientela

sobre todo de gente muy mayor.

Sí. Que se han ido muriendo

y se han ido cambiando de barrio.

Aprovecha la renovación para darle un aire diferente a esto.

Ya, pero es que yo no tengo dinero para asumir el gasto de la reforma.

Merece la pena el esfuerzo.

Estoy convencida de que conseguirías atraer nuevos clientes.

He pedido una subvención...

¿Ves? Pues seguro que te la conceden,

y mira, con el dinero, pues puedes devolver la vida a la droguería.

Espera, mira.

Toma.

¿Para mí? Sí.

Los cactus son la prueba

de que aunque en la vida haya circunstancias muy difíciles,

la vida sigue adelante.

Solo hay que saber resistir

y aprovechar al máximo los pocos recursos que tengas.

Es que los míos son casi inexistentes.

Mira, ya verás que esa subvención

será como un día de lluvia en el desierto:

lo que necesitas para florecer.

Ay, Cristina, tengo tantos agujeros. Es que si solo fuera la droguería...

Ya verás, mujer.

Además, dicen que los cactus absorben las malas energías.

¿Sí? Sí.

Pues lo voy a poner en el puesto.

A ver si consigo que algún cliente se pare a comprar.

Ay, ya verás cómo sí.

Anímate, mujer.

Me tengo que ir. -¿Adónde?

Un recado. Me tengo que ir.

Pero lo hago y vengo. -Pero ¿a esta hora?

En cinco minutos esto se llena de gente para el vermú.

¡Tía! Es que tengo cita para renovar el DNI desde hace semanas.

Pues por eso no hace falta que vayas.

Llamo yo a un contacto, te da cita para otro día y ya está.

No vas a pedir un favor por una tontería así. Voy, lo hago y vengo.

No puedo creer que me vayas a hacer esto sin avisarme.

Tu hermana tiene razón. Me saltó la alarma esta mañana.

No me acordaba. Así que voy, lo hago y vengo.

Pero ¿cómo no me has avisado antes?

Pues porque sabía que te ibas a poner así.

Pero por Dios, ¿así cómo?

¿No llevas diciendo toda la mañana que jopé,

que qué bien estoy trabajando, que te quito curro?

Bueno, pues tienes todo hecho ya. Voy, hago el recado y vengo.

No pasa nada.

Oye, las cosas no funcionan así, ¿eh, Lorena?

Pronto empiezas a hacer lo que te da la gana.

Rosa, te juro que te lo compensaré. Te lo juro.

A ver si no ha sido buena idea contratarla.

Cristi, quería agradecerte por el capote de antes en la terraza.

Y he pensado que esta noche podríamos...

hacer una cena romántica en casa.

Con vino blanco fresquito y spaghetti al pesto...

Uy, no sé yo si el pesto va a ser muy romántico.

Lo digo por el ajo.

"Amore mio, l'aglio è un afrodisiaco".

¿Y con la pizzería qué hacemos?

Porque ya no tenemos a Lorena. -Doménico puede apañárselas solo.

No habrá mucho movimiento...

En la pizzería, porque en nuestro dormitorio...

¡Parad, por favor! Que os ve todo el mundo. ¡Parad ya!

¿Qué pasa, Andrea?

¿Ahora te avergüenzas de tus padres?

Hombre... -Deberías estar feliz

que vives en un hogar donde reina "l'amore".

Oye ¿y tú qué haces aquí? ¿No tendrías que estar en clase?

Sí, pero me he saltado un par de clases para practicar.

Ah, y lo dices así, como si nada.

¿Y tú no le vas a decir nada? -Cristi, él sabe lo que hace.

Además, saca buenas notas, ¿no?

Si quiere tocar más la guitarra, es porque lo necesita, ¿no?

Claro. Y me he saltado Química y Biología. Que no me van a quedar.

Y Andrea... Esta noche podrías ir al cine, ¿no?

Digo, no todo va a ser estudio en esta vida.

Es que no me gusta mucho ir solo.

Mejor me pongo una serie en casa o algo.

Ya, pero es que tu madre y yo

esta noche queríamos estar un ratito a solas.

No sé si me entiendes. Una cena romántica,

un vino, una... -¡Vale, vale, vale!

No hacen falta más detalles, que ya os he visto antes magrearos.

-Cualquiera que te oiga.

Es solo un beso. -Que sí, mamá, que me busco plan

para dejaros la casa sola para vosotros...

Lo mismo le digo a David si quiere dar una vuelta.

¿David, quién, el hijo de Silvia?

¿Después de la que nos montó su madre la otra noche?

Es que me sabe mal cómo se fue el otro día del concierto.

No sé, yo creo que lo podríamos arreglar.

(PAOLO) Por favor.

Búscate otro amigo, porque lo último que necesitamos ahora

es que Celia nos eche otra bronca.

(CRIS) Ella ha estado hoy aquí y se ha disculpado.

Y yo creo que no es malo que quede con David.

Ya, Cristi, pero yo no quiero tener nada que ver con esta mujer.

"Per favore". Andrea, búscate otro plan.

A ver si nos damos menos besitos y nos aclaramos más,

porque vosotros me dijisteis que le invitase al concierto.

Ya, pero ahora mejor dejar las cosas como están, ¿de acuerdo?

Vale, vale, pues no sé, ya me busco algo para...

que hagáis lo que tengáis que hacer.

No tiene amigos. A mí no me parece mal que quede con David.

Ya, Cristina, pero ya hemos hablado, ¿eh?

Es que nos ha salido un "ragazzo molto especiale".

Bueno, tú ves pensando lo de esta noche, ¿eh?

"Amore mio".

Voy a la pizzería. -Cuidado.

¿Qué, has dejado solo el puesto?

He salido a tomar un poco el aire, sí.

Te vendría bien aprender a hacer ganchillo.

Para matar el tiempo. A Serafina le funcionaba.

Ah... Gracias por el consejo.

Claro, que si cae algún cliente en tu puesto,

ya está Jorge ahí para atenderle, ¿no?

No pierde la ocasión de echarte una mano.

Pues sí, sí.

Afortunadamente, algunos en este mercado son buenos compañeros.

A Jorge le gustaría echarte la mano encima, ¿no?

Qué malpensada eres, Carmen.

Aunque te parezca extraño, hay quien ayuda desinteresadamente.

Seguro. Si está todo el día con tu hijo

no es porque te esté rondando.

Mira, a mi hijo lo dejas en paz.

Es que es el truco más antiguo del mundo, cariño:

te haces amiguito del hijo

para que la madre te vea como un posible padrazo

y te cuelas en la cama.

Que a mi hijo ni le nombres.

Pero si no pasa nada. Él es separado, tú eres viuda.

Teniendo en cuenta que es de los pocos que te aguantan en el mercado,

no me extraña que te arrimes a él.

¿Sabes, Carmen?

Un día te vas a morder la lengua y te vas a envenenar.

Solo sabes criticar a los demás. Estás muy amargada.

No, lo que pasa es que la verdad escuece.

Y acabo de dar en el clavo.

Mira, hazme un favor y vete a la mierda, ¿eh?

Sí, me voy. Tengo cosas que hacer. Claro.

Hasta luego.

Mamá, no comeré en casa.

Picaré algo en la tienda de Jorge. No, de ninguna manera.

Ayer cociné mucho para la comida para hoy.

La comemos mañana o esta noche.

Que no. Y ya está bien de ayudar a Jorge.

Pero aún faltan los cavas y los vinos blancos.

Si quieres ayudar, ayúdame a mí en la droguería.

Pero si no hay clientes. No discutas conmigo, por favor.

Yo quiero ayudar a Jorge.

Más que ayudarle le estás incordiando.

No puedes pegarte a él todo el día. Pero eso no es verdad.

Él dice que conmigo va más rápido. ¡Bueno, ya está bien!

¿No te puedes limitar, ni una vez, a hacer lo que digo?

Te tengo que decir las cosas mil veces para que me hagas caso.

¡Oye, David!

¡David, ven aquí!

Tictac, tictac...

¿Cuánto tiempo le queda? -Quince segundos...

Catorce... -Me queda el último dígito. Espera.

Diez, nueve,

ocho... -Joder, Samu, ¡hazlo ya!

¡Espera, espera, espera! A ver, la última pista es

el año de "La fuga de Alcatraz".

Si se refiere a la peli, se estrenó en 1979...

Cuatro, tres, dos... -¡Ah, no!

Claro, es el año de la Fuga de Alcatraz basado en la peli, 1962.

¡Buen trabajo!

¡Eres libre! Hay que celebrarlo... Unas cañas.

No, que sé dónde guarda Lola una botellita.

¿Qué Lola, la bruja? -¿Qué bruja, tía?

La gerente. A la que suple Samu.

Hay unos vasos de plástico en ese cajón.

Venga, va. -¡Guau!

Aquí. -Me habéis hecho sudar.

¿Y tú qué? -Toma.

A ver quién curra ahora.

Venga va, dale. -Ah... tu llenito.

Ahí, ahí. Vamos a brindar.

Eh, ha molado, ¿eh?

Sí, os lo habéis currado un montón. -Sí. Venga.

¡Por Frank Morris y sus muchachos!

Que fueron los primeros

en escapar de la Roca. -¡Bu!

¿Cómo que "bu"?

Tienes que llevar a Paolo a ese restaurante.

Porque os va a encantar. Vamos, seguro que os encanta.

Eso sí, tenéis que reservar con tiempo.

Me dijo Elías que le costó mucho encontrar mesa, ¿eh?

Ya. ¿Y fuisteis a algún sitio después de cenar?

Directamente a casa.

Vaya.

No me digas que la noche acabó como me imagino...

Pues sí.

Vamos, que Elías... ¿volvió a funcionar?

Sí. Y ha sido increíble.

Como hacía muchísimo tiempo.

Vamos, con decirte que... que me costaba seguirle el ritmo.

Un poco raro, ¿no?

Quiero decir, un cambio tan radical,

de la noche a la mañana.

Pues dímelo a mí, que me pilló por sorpresa.

Pero según me ha explicado,

los consejos de la psicóloga han conseguido desbloquearle.

Vamos, que... que todo era mental, y sobre todo el estrés.

Bueno, y que a él le preocupa mucho todo lo que pasa con Germán.

Sobre todo desde su salida del armario,

y que Germán está muy rebelde...

Y todas esas cosas acaban afectando al deseo sexual.

Ya. Pero esos resultados tan espectaculares

con una sola sesión...

Parece milagroso.

Bueno, un milagro del que tú tienes mucho qué ver.

No, no, no. Sí, sí, sí.

De no ser por ti...

Yo me limité a darte el contacto de Luz.

Pues ella ha venido a iluminar mi vida de nuevo.

¿Y te ha dicho Elías si seguirá yendo a verla?

Todo indica que el problema está resuelto.

Vamos, a mí ya me pareció un triunfo que, sabiendo cómo es,

accediera ir a consulta.

Y encima para hablar de un tema tan delicado.

¿Y si se vuelve a... bloquear?

Que no, Cristina.

Que si se trata de un problema psicológico,

te aseguro que ya está superado.

Vamos, que ha vuelto a ser el de antes.

Hace un momento

pretendía que fuéramos al despacho a...

a ya sabes tú qué.

Vaya, lo que yo digo. Un milagro.

No, mujer. Es mérito suyo.

Quería demostrarme que me quiere.

Se ha tragado su orgullo, ha pedido ayuda

y vuelve a ser el de antes.

A ver, Adela...

¿Qué ocurre, Cristina?

¿De verdad no te parece sospechosa

una recuperación tan rápida, tan inmediata?

¿Qué quieres decir con... sospechosa?

Adela, que...

que nadie se cura de nada yendo una sola vez a terapia.

¿No te das cuenta?

¿De qué tengo que darme cuenta, eh?

A ver, Cristina,

dime lo que estás pensando.

Que Elías... que Elías te ha mentido.

¿Cómo que me ha mentido?

Que no ha ido a ver a Luz. ¿Qué dices?

¿Acaso te lo ha dicho ella? No hace falta.

¿No?

Hacía mucho que no venía por aquí.

Esta mañana se pasó a comprar una planta y...

y me dijo que hacía casi dos meses que cerró la consulta.

Ay, Adela, que yo...

que yo lo siento mucho. Yo no sabía si decírtelo.

Pero no puedo permitir que siga engañándote.

(JESÚS) Pues este es mi puesto.

Todo de primera calidad.

¡"Cuidadini", que se te van a salir los ojos de las órbitas, Paolo!

¡Jesús!

Esas maravillas no puedes guardarla para ti solo.

La belleza hay que admirarla y compartirla.

¡Qué mono! -Anda, vámonos,

que se le van a salir los ojos de las órbitas otra vez.

Permiso.

Eh, ¡Jorge! Sí.

¿Qué te parece? Hola.

Hola. -Esto sí que es una delicatessen,

y no las conservas que tienes en tu puesto.

Desde luego.

Ya me dirás qué le has dicho para engañarla.

Bueno, cuando quieras quedamos y te lo explico.

Hecho. Vámonos, Antonia,

que hay mucho moscardón suelto.

Qué guapo, ¿no? Este chico... -Bueno, no tanto.

Hola, Nicolás. A ti quería verte. -Pues tengo un lío...

¿Qué te parece mi amiga? -Muy guapa.

Seguro que está contigo por amor. -No me falte el respeto.

Aunque usted sea el bedel de aquí este sitio a mí...

¡Eh! El encargado, soy el encargado, ¿eh?

Que todo esto funciona gracias a mí.

Si no fuera por eso, el mercado se quedaría a oscuras,

sin agua y cerrado a cal y canto. Así que cuidadito con bedel.

Encargado de mantenimiento e infraestructuras.

Bueno, bueno, bueno, Nicolás.

No te ofendas, que haya paz...

y amor.

Sobre todo, amor. -Gracias.

Oye, me apetece comprar unos frutos secos.

Ah, pues mira.

En el pasillo a la derecha al fondo, hay un puesto.

Yo te espero aquí, guapa. -Vale. Ahora te veo.

Mira que he visto miseria y cosas tristes en mi vida, ¿eh?

Pero lo tuyo es para nota.

¿No te avergüenza? -¿El qué?

¡Ah! ¿Lo dices por mi amiga? No, no me da vergüenza.

Igual te crees que estás yendo de tío macho.

Pero lo único que eres

es un viejo patético haciendo el ridículo.

¿No te cansas de hacer el tonto?

Vamos a ver, me parece que estás perdiendo la memoria.

Esta chica es una de las que viste el otro día.

Salí con ellas,

y tuvimos tan buen rollito que la he vuelto a ver.

Mira, te lo voy a explicar,

porque creo que eres más tonto todavía de lo que pensaba, ¿eh?

Por el interés te quiero, Andrés.

En esta vida todo tiene un precio.

La diferencia está en pagar por adelantado o a plazos.

Y yo ya no tengo edad para firmar letras.

Conmigo todo es al contado.

Pues a mí me parece muy triste

tener que pagar por unas migajas de cariño.

Las cosas importantes de la vida, las que valen la pena, son gratis.

Todo se paga, de una manera o de otra.

La amistad, el cariño, el amor...

el problema es cuando no tienes con qué pagarlo, como tú.

Oye, estos pistachos tienen una pinta buenísima.

Yo tengo que venir más a menudo,

porque es todo tan cuqui...

Buenas tardes, querida Valeria.

Nos vemos pronto... o no.

Bueno...

Pues ya está. Muchas gracias por acompañarme.

Ha sido un placer.

Oye, tienes mi número de teléfono,

así que bueno, si te apetece que nos volvamos a ver, ya sabes.

No creo que volvamos a vernos, pero muchas gracias por todo.

Eres una mujer estupenda.

Eres un sol, Jesús.

¿Sí? Pues creo que no todos opinan igual.

¡Pero qué sabrán ellos!

Oye, a ver un momento, ¿la Lola esta tiene algo más de comer

que no sean estas galletas? ¿Unos quesitos o algo?

Que solo me he tomado un café esta mañana

y se me está subiendo esto a la cabeza.

Creo que lo único comestible que hay aquí es eso,

y no sé cuánto lleva abierto... -Eh, que si queréis

voy de un salto al almacén y pillo unos salchichones.

Que esta mañana he descargado un par de cajitas.

Y además, ¿a que no sabéis qué, eh?

Tengo las llaves.

Este cabrón quiere mangarle la mercancía a tu vieja.

Ya, ya lo veo, ya. Y seguro que no es la primera vez...

¿Qué dices, tú, pringado? Yo nunca he robado nada del mercado.

¿Nada? -Nada.

¿Nunca? -No.

Ya, bueno, ¿y los salchichones estos, qué? ¿Pensabas pagarlos?

Carla, pero eso no sería robar. Sería como una cosa muy distinta.

Sería como... recolectar la riqueza

para repartirla y cubrir una necesidad básica, ¿no?

Algo así, ¿no?

En este caso es dar de comer al hambriento.

Es que es muy anticapitalista. ¿No te lo había dicho?

Y a mucha honra. ¿Qué pasa? -Bueno, pues entonces

no te va a importar robarle a un empresario, ¿no?

A ver, Carla, pero una cosa es robar y otra es colectivizar.

Y yo lo que propongo con los salchichones

es colectivizarlos.

Y como todo el mundo sabe, es algo completamente distinto.

Pues sí. -Pues yo a veces

sí que mango cosas, ¿eh?

¿En serio? -Sí. Pues yo qué sé.

Eh... pintalabios, o la mierda esta de cosmética,

¿sabes? -Productos de primera necesidad.

¡Eh! No pienso gastarme ni un duro

por nada que tenga que ver

con la tiranía de belleza a la que nos someten a las mujeres.

Bueno, ¡otra revolucionaria! -A ver.

Claro que sí, ¡brindemos! -Pero no te pintes las uñas,

no te pintes los labios y no tendrás que robar nada.

Si es que soy una esclava del sistema. ¡No puedo evitarlo!

Esclava.

Y ahora que estamos de confesiones, Jona:

¿hay alguien que te guste?

A mí me gustan todas. Ya lo sabes.

¿Y Carla también?

Carla es un quesito, tío. -¡Qué asco!

¿Qué pasa? ¿Cómo se llamaba ese... Boren... "borenauer"?

Digo si te gusta de verdad.

Pero ¿de qué vas, tronco? ¿Ahora te vas a poner en serio?

No, estoy de broma. ¿Qué pasa, no quieres responder?

Venga, va.

El puto juego de la verdad, ¿no?

Me gusta Carla.

De verdad.

Y a mí también me gusta Carla.

Pero eso no es ninguna sorpresa, ¿no? -Bueno...

¿Qué pasa, que queréis colectivizarme o qué?

¿Qué haces aquí?

Llevo una hora buscándote por todas partes.

Y tú y yo ya hablaremos luego.

¡Ah! ¡Me cago en sus muertos! ¡Germán!

Germán, ¿te has hecho daño, hijo? ¡Déjame!

Que ya puedo yo solo, joder.

Oye, a mí no me hables así, ¿eh? ¿Me oyes?

¡Que estoy harta de que me toméis por el pito un sereno!

Está el suelo lleno de grasa...

Bueno, pues te fijas, que siempre tienes una excusa.

A ver qué le digo a Carmen.

Esto se ha echado a perder y no lo va a poder vender.

Ya hablo yo con ella y le explico lo que ha pasado.

No, gracias.

No soy ningún niño.

Ya hablaré yo con ella. Germán.

Yo solo quiero ayudarte. Muy bien, pues habla con papá

y convéncele para que me deje trabajar en la empresa.

No en el puesto, ni de mozo. Con él, llevando el negocio.

¡A mí no me hables de tu padre!

Y tú vas a retomar los estudios.

Y dale... Que ni de coña.

Prefiero seguir con las Pacheco.

¿No te das cuenta de que lo que quiero

es que tú tengas un futuro más brillante?

Si no quieres estudiar Informática, estudia otra cosa,

pero estudia algo que te apasione.

Yo no entiendo por qué no puedo tener ese futuro

en la empresa. ¿A las órdenes de tu padre,

y todo el día a la gresca? Que es como estáis todo el rato.

¿O crees que sería distinto cuando trabajarais juntos?

¿Es mi culpa que se pase el día echándome la bronca?

La que no tiene la culpa soy yo.

¡Y ya estoy harta!

¡Estoy harta de ti, de tu padre, de tu abuelo, de todos!

Si siempre te pones de su parte. No me pongo de parte de nadie.

¡Que lo que yo estoy es en medio! ¡¡Y se acabó!

Y no voy a dejar que arruines tu futuro

por ese empeño de demostrarle a tu padre

que tienes la cabeza más dura que él.

Mira, mamá, lo siento pero no voy a volver a estudiar.

Y no me puedes obligar.

Y ahora perdóname, pero tengo que volver a mi trabajo.

(SUSURRA) Joder...

Ya verás lo buenos que te salen.

Carmen, ¿tienes un momento?

Sí, claro. Dime. Voy al grano.

Echa a Germán.

¡Uy! Ya le puedes decir a Elías

que no tengo problemas con Germán. No tengo intención...

No, esto no es cosa de Elías.

Te pido que esta conversación quede entre nosotras.

Y por supuesto, no le digas nada a Germán.

¿Y tú por qué quieres que lo eche? Es lo mejor para él.

La única razón por la que mi hijo trabaja aquí

es para desafiar a Elías. Y lo mismo ha hecho con los estudios: dejarlos.

Y esto no puede seguir así.

Si es que no tengo queja de Germán. Ya me imagino.

Pero yo ya he visto a mi cuñada echar su vida por la borda.

Y lo mismo está pasando con Noa. No quiero que le pase a mi hijo.

Pero ¿no hay más que esta solución?

Es la única que se me ocurre

para acabar con su enfrentamiento con su padre.

Este favor te lo pido como madre.

Ponte en mi lugar.

Cuando Samuel tuvo el accidente y tú estabas en el hospital,

yo te tendí una mano

a pesar de las rencillas que hay entre nuestras familias.

Ahora soy yo la que te pide ayuda.

Y perdona que haya sido tan directa. No lo he hecho con mala intención.

(RESOPLA)

Eh, hola.

¡Eh! No sabía que me habías visto. ¿Qué haces ahí?

Nada. Esperar a mi madre.

Pues aquí no creo que te encuentre nunca, la verdad.

Mejor. Porque no quiero verla.

¿Habéis discutido?

No, pero ella dice una cosa y luego otra. No es coherente.

Ya, eso me suena un poco. Mis padres hacen todo el rato lo mismo.

Me dicen una cosa y luego me la prohíben y...

A mí me han prohibido ayudar a Jorge.

¿Y por qué no quieren que le ayudes? -No lo sé.

Mi madre me dijo que hablase contigo y ahora no quiere.

¿Por qué?

Supongo que es porque no quieren que tu madre se enfade.

Ella siempre está enfadada.

¿Y por qué te fuiste del concierto, tío?

Los sitios muy abarrotados de gente me ponen nervioso.

No lo sabía. -Sí, los Asperger

tenemos dificultades en la interacción social básica.

Los neurotípicos pensáis que somos bichos raros.

¿Los neuro qué? ¿Neurotípicos has dicho?

Sí. La gente que no tenéis Asperger, ni autismo, ni nada.

Bueno, yo no soy Asperger pero en mi clase, aun así,

me llaman bicho raro.

¿Por qué?

Pues porque me gustan cosas que a la gente no le gusta.

Por ejemplo, me gusta el jazz y a ellos el trap,

el reggaetón, y esa basura.

¿Y por qué te gusta el jazz? -Pues...

porque creo que es la música más libre que hay.

La improvisación en el jazz, por ejemplo, es muy importante.

¿Y cómo sabes lo que debes tocar?

Eh...

Yo creo que lo mejor es que te lo enseñe. Lo más fácil.

Si toco aquí ahora, ¿te agobias, o no?

Bueno, aquí no hay mucha gente. No creo que me agobie.

Pues vamos. Vente.

Vamos a ver.

No, no, espérame. Escúchame, Noa, por favor.

¡Ese gilipollas de Jonathan! No podía cerrar la boca.

No, no le eches la culpa, no. Le he engañado yo con malas artes.

Me da igual. -No te ha traicionado.

Escúchame, por favor. -Sé todo lo que me vas a decir.

Y paso.

¡Soy Lore! Tu tía Lore.

La oveja negra de la familia.

Sí, hasta que aparecí yo.

No les diré a tus padres dónde estás si tú no quieres.

Pero por favor, un minuto.

¿Saben que estoy en Madrid?

No, no lo saben. Jonathan te ha guardado el secreto.

Solo lo sé yo.

¿Y qué es lo que quieres?

Lo primero, saber si estás bien. -Pues ya me ves.

Jonathan me contó que habías vuelto.

Sí.

Me he cansado de dar tumbos por ahí.

Pierdes el tiempo, Lore.

No me convencerás de que volver, como tú.

Ay, Noa, si es que tú eres

exactamente como era yo.

Te has ido, haciéndote la fuerte, diciendo no necesitas a nadie...

Es que no necesito a nadie. -No es verdad.

Porque si no, no mantendrías el contacto con Jonathan.

Bueno, ahora queda claro que eso ha sido un error.

Tengo el dinero que le has pedido.

Pues dámelo y deja que me marche.

¿Estás metida en algún lío? ¿Tienes algún problema?

¿Te pasa algo? -No, no. Qué va.

Mira, Lore, lo único que quiero es que me dejéis en paz.

(LORENA SUSPIRA)

Yo he dormido en la calle, Noa.

He vagado por ciudades sin dinero.

Lo he pasado realmente mal.

La vida, Noa, puede ser muy cabrona.

Solo quiero que si te pasa algo,

si se te tuercen las cosas, sepas pedir ayuda.

Sé cuidar de mí misma.

Y has dicho que no me ibas a soltar la charla

y es justo lo que haces.

Mira, si no me quieres dar el dinero...

Antes necesito que me escuches.

No me vas a decir nada que no haya escuchado ya.

Sí. Te voy a decir que tus padres están desquiciados,

que están yendo a terapia.

¿Por qué te fuiste?

Tu padre. El otro día, cuando te quedaste en casa,

le vino con el cuento a Carmen. -¡Claro!

Si es la típica maniobra suya.

¿Y qué vas a hacer?

No sé, pero te juro que esto no se va a quedar así.

¿Qué pasa? ¿Cómo que qué pasa?

Que ya sé que no has ido a ninguna psicóloga.

¿Y de dónde sacas eso?

Porque Luz Argüelles cerró el centro hace dos meses.

Ya no ejerce. Ni aquí, ni en la China.

Lo voy a hacer yo sola, ¡todo!

Y si crees que siendo amable vas a hacer que me enamore de ti,

estás muy equivocado, porque eso no va a ocurrir nunca.

¿Te enteras? Claro.

Pelearnos ahora por una...

Seríamos gilipollas. Y ella no ha dicho nada.

Igual no le gustamos.

Oye, ¿y si le preguntamos?

¿Qué dices? ¿Qué dices, Jonathan? ¿No te has tomado la medicación hoy?

¿No hay huevos?

No quiero perder a mi hijo,

pero tampoco quiero hacerle daño sin querer.

Y me siento perdida y muy sola desde que Manuel se fue y...

Eh, eh, Celia, oye, eh... Tranquila.

No estás sola. Yo estoy aquí y yo te voy a ayudar.

Tienes que ir por el ejemplar más gordo y más lustroso.

Este está forrado. -Sí, pues Jesús de la Cruz...

Es el único de mi edad que sigue en pie sin andador.

Vale, pero es que los Pacheco y los De la Cruz

siempre hemos sido rivales.

Por eso he venido a verte.

Porque te voy a hacer una oferta, una muy buena:

que te unas a mí.

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Mercado Central - Capítulo 14

10 oct 2019

Jesús no utiliza el bastón y agrava su lesión.

Lorena descubre que Jonathan está en contacto con Noa y le convence para que le diga dónde está.

En el mercado, a los problemas financieros para remodelar los puestos se une el problema con la cubierta.

Cristina descubre que Elías no está yendo al psicólogo y se lo cuenta a Adela.

La amistad entre Andrea y David se afianza.

Jonathan y Samuel confiesan sus sentimientos a Carla.

Celia prohíbe a David que ayude a Jorge.

La relación familiar en casa de Elías es un infierno. Adela se ve obligada a intervenir

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