Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 10 - ver ahora
Transcripción completa

Lorena no es tan retorcida, ¿eh?

-Ofrécele tú el trabajo. Verás lo que tarda en decirte que sí.

Flipo, abuela. ¿Has liado a un pardillo

para que te pague la reforma? -Oye,

no vengas a hacerme reproches, bastante tengo con los de tu madre.

Has jugado con los sentimientos de los demás.

Y sabes tocar las teclas adecuadas

para conseguir lo que quieres, ¿verdad?

Pero se te ha acabado el chollo.

Estás haciendo el ridículo.

-¿Perdona?

-No sé qué buscas saliendo con chicas que podrían ser tus nietas.

Pero la imagen que das es bastante lamentable.

Bueno, abre y comprobamos quién es.

(Timbre)

¿Qué pasa? Que tienes un lío, ¿no? No.

(Teléfono)

Pero ¿eres tú?

-¿Tanto ha cambiado, Serafina?

-¡Qué va! Si sigues siendo el hombre más atractivo de la tierra...

-Y tú, la mujer más exagerada del mercado.

¡Bienvenida!

¡Me alegro mucho de tenerte con nosotros!

Prometo molestarte lo menos posible.

No digas tonterías, ¿qué vas a molestar?

Si estás en tu casa.

A mí también me ha gustado pasar tiempo con... "alguien".

Bueno. Bueno.

¡Eh! ¿Qué pasa, Paolo?

Ponme una cervecita y una "prochuto", va.

Una "prosciutto", ¿"capisci"?

"Prosciutto".

¿Tanto te cuesta decirlo bien? -Bueno, relaja. Tranquilo.

Le estoy dando duro a mis clases de italiano,

no me presiones. -Sí. No sabes ni español.

-¿Qué pasa, "bro"? -Pues fundido.

Hemos jugado contra el Alcobendas. Esos son fuertes.

-Os han metido una paliza y quieres irte a casa.

-¡Qué dices! Hemos ganado, y yo he metido 14.

-¿Qué? Al final te va a fichar la NBA.

He metido la última canasta, la decisiva. En el último minuto.

Yo estaba ahí, y veía el reloj arriba,

y los segundos pasaban y nadie tenía cojones a tirar.

Y, de repente, me la pasan, y pienso: "Qué cabrones,

quieren que tire yo".

"Pues muy bien. Con un par. Y vas y lo haces".

-Y la metes. -No.

Se me pone un tío delante de dos metros.

Le esquivo, observo, miro el puto reloj, quedan 15 segundos...

¡Y pam! -Y la metes. (RÍE)

Muy bien, habrán flipado, ¿no?

Especialmente María.

-No lo sé. No me he fijado si estaba. -Ya.

María siempre está. La tienes loquita.

-Bah, paso. -¿Que pasas?

Bueno, claro. Como ahora solo tienes ojos para Carla...

-¿Qué Carla?

-¿Cómo que quién es Carla? La de los quesos, tío.

-No sé. Es la primera vez que escucho hablar de Carla.

-¡Ja, ja! Qué gracioso eres, ¿no?

En fin, ¿salimos esta noche o qué? -Venga.

-¿Aviso a José?

-¿José?

-Ah, que tampoco te acuerdas de José, ¿no?

-Sí, pero...

-Venga, tío, que José se apunta a todas.

¿Te acuerdas de la última?

Que subimos las escaleras de su casa con él

porque no podía, el capullo.

-No me acuerdo.

-Bueno, eso tampoco me extraña, esa noche tú también ibas fino.

-Venga, voy a mandarle un mensaje. -No.

-¿Qué pasa?

¿Habéis tenido movida y yo no me he enterado o qué?

-No, pero prefiero que no venga.

-Bueno, pues nada.

Pasando de José.

(ACENTO ITALIANO) Bueno, ¿qué, Paolo?

¿Me traes esa pizza o no me la traes? -Ahora me pongo, ansioso.

Acabo de abrir el horno, se está calentando.

-Pero tráeme la cervecita, estoy seco.

-Cógela tú, está en la barra. -¿Que la coja yo?

Cuando vayas a la carnicería, te vas a cortar tú la carne.

-Ya voy yo, no te preocupes. Me pido otra.

-¿Samu?

-¿Qué?

-¿Puedes andar?

-Claro que puedo. -No, tú no puedes andar.

-¿Paolo?

-¿Cómo no voy a poder andar? -Que no.

-Si no, ¿cómo voy a jugar al básquet?

-Pero porque juegas en silla de ruedas.

-Samuel, ¿"tu puoi camminare"?

-Sí. Puedo andar, claro que puedo. ¿Qué es lo raro?

¿Y cómo que en silla de ruedas? -Tío, después del accidente.

-¿Qué accidente? -Tuviste un accidente de coche.

-¿Yo? -Que íbamos los tres.

Y José murió.

¿Cómo va a morir José?

Si lo ibas a llamar para salir... -¡No!

¡No puedo llamarlo, está muerto!

-¡Vale ya! Me estáis acojonando. -José murió en el accidente.

-Está muerto. -Te quedaste paralítico.

-¡Que no, hostia! ¡Que yo puedo andar!

¡Puedo andar!

"¡Puedo andar!"

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz en la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Ah, entonces, el neceser era suyo entonces.

¿Qué neceser? Me he levantado esta noche a mear;

lo he visto en el baño y he pensado: "Será de una amiguita del abuelo".

Esas visitas ya se han acabado. Y menos con tu tía instalada aquí.

¿Se va a quedar mucho tiempo?

No creo. El que haga falt...

Ah. Ya veo que lo tenéis muy claro.

Hasta que encuentre un sitio que pueda pagarse.

Eso será un mes, digo yo, ¿no? ¿Y al abuelo le parece bien?

Hombre, me ha costado un poco convencerlo,

pero después ha entrado en razón.

Una cosa es que entre en razón y la otra, que se lo ponga fácil.

Bueno, por nosotros no va a ser.

Que, por cierto,

tendríamos que arreglarle un poco su antigua habitación,

para que se sienta más a gusto.

¿Qué le pasa ahora?

Tu padre no la ha cambiado desde que Lorena se fue.

¿Y? Y esas cortinas..., ¡Dios mío!

Pasaré a comprar unos nuevos nórdicos.

Si quieres, mientras, se puede quedar este finde en la mía.

¿No vas a estar?

Eh, no.

Me voy a la sierra con unos colegas, de casa rural.

Ah, mira.

Muy buena idea, que te dé un poquito el aire del campo.

Sí, el aire del botellón es lo que le va a dar.

¿Qué te crees? ¿Que van de senderismo?

A ver, papá, que el grupo con el que voy es muy tranquilo.

La idea es descansar y estar en la piscina,

aún hace buen tiempo.

Ya me lo dirás tú y tu cara de resaca el lunes por la mañana.

Te quejarás del curro que me he pegado esta semana.

Pues, mira, no; no me quejo.

Ah. Entonces, no te importará pagármela ya.

La verdad que no me importa, pero es que se cobra a fin de mes.

Ya, pero necesito que me lo avances para el fin de semana.

Debo pagar mi parte de la casa,

del coche... Del whisky, del vodka,

y de lo que no es alcohol.

Elías, dáselo.

Qué más te da ahora que dentro de unos días.

Pues es verdad.

(CARRASPEA)

Aquí tienes.

Perdona. ¿Solo esto?

Es lo que te corresponde.

Me dabais más con la paga semanal.

Ya. Pero no he sido yo el que ha decidido ponerse a trabajar

en un empleo no cualificado.

Ese es el sueldo. Pero con esto no me llega, papá.

No voy a poder ir.

(CHISTA) Pues haberlo pensado antes.

¿Mamá?

¿Qué? Tu padre tiene razón.

Da gracias que te avanza el dinero. En un trabajo normal no lo tendrías.

Si os tendré que dar las gracias por tenerme explotado. ¡No te jode!

Perdona, a ti nadie te obliga a ponerte a trabajar.

Si no te gusta lo que hay, ya sabes qué hacer.

(Portazo)

Este no me aguanta ni otra semana.

Buenos días, Jorge.

¡Serafina!

Es muy temprano. ¿Qué hace por aquí?

Bueno, pues que cuesta mucho dejar los viejos hábitos.

He abierto los ojos a las seis de la mañana.

Como todos los días de los últimos 20 años.

¿Y viene a seguir con la protesta? ¡Uy! ¡Quita, quita!

¿No ves que no traigo la silla?

Ya se me ha terminado a mí mi etapa de revolucionaria.

Y también de dependienta del mercado.

No me diga que nos deja.

Te juro que pensaba llegar hasta el final

para recuperar el puesto,

pero, hijo, la vida, a veces, tiene otros planes.

Ya. Quién le iba a decir a usted

que encontraría a su amor de juventud.

Exacto.

Y yo ya tengo una edad como para dejar pasar trenes, hijo.

Eso hace que no me duela irme.

Y no quiero que lo interpretes mal.

Que os voy a echar de menos a todos, pero, sobre todo, a ti, hijo.

Y yo a usted, Serafina.

No se preocupe, nosotros no nos vamos a mover de aquí.

Ya. Siempre puede venir

a hacernos una visita.

Y usted, para mí, siempre será una clienta preferente.

Ay.

Y yo te traeré puntillitas para que estén a juego con las demás.

No, no hace falta.

Si, bueno, con estas... Ya ha hecho mucho.

No, no se preocupe. No se moleste. Sabes que no es molestia, lo sabes.

¿Y sabes qué?

Que voy a hacerle un centro de mesa a Celia.

Uno bien grande.

Eso está muy bien.

O sea, que no le guarda rencor.

Bueno, al final me quitó el puesto, pero me dio a cambio otra cosa:

la oportunidad de mi amor con Lorenzo.

Y no hay mejor regalo que ese. No. No lo hay, hijo.

Y, si te lo dan, cógelo bien fuerte.

No lo sueltes nunca.

No. Anda, dame un abrazo, Jorge, hijo.

Muchas gracias por todo.

A disfrutar de su nueva etapa, se lo ha ganado.

Usted que puede. Uy, no lo dirás por ti.

Bueno, si yo le contara... Pero ¿qué tontunas estás diciendo?

¿Qué mujer en su sano juicio no iba a querer estar

con el hombre más bonito del mundo?

Ay, ay, gracias. ¡Guapetón!

Hale, Jorge.

Adiós, hijo.

Que vaya muy bien. Adiós.

David, quítate el pijama, que son casi y media.

¿No has oído lo que te he dicho?

Tengo que acabar la página. Bueno, pues ya la acabarás,

que llegamos tarde.

Es la última vez que te lo digo. Si no, mira, te quito el ordenador.

¡Mira, una noticia sobre el Mercado!

¿Qué dice?

¿Ahora sí quieres que lo lea?

Venga, anda, que no tengo todo el día.

Título: "El Ayuntamiento

obliga a los comerciantes del Mercado Central

a renovar sus puestos".

Subtítulo uno:

"El consistorio impone la reforma como condición

para evitar la venta del histórico recinto".

Subtítulo dos... ¿Es muy grande la noticia?

Abre la sección de local.

Ay, Dios mío, se va a enterar todo el mundo.

No era ningún secreto.

Ya, pero tampoco era algo

que le fuera contando a posibles inquilinos.

Nadie lo va a querer alquilar

con tal de no hacerse cargo de la reforma.

¿Estabas engañando a la gente? No.

No. Yo no estaba engañando a nadie.

Estaba omitiendo información, que no es lo mismo.

Sí que lo es. Bueno... Ya da igual, David.

Nadie va a querer alquilar el local.

Y eso que me había quitado de encima a Serafina.

Mira, la noticia viene con una infografía.

Salen los costes de la renovación.

¿Quieres verlo? No, cariño, no hace falta. Gracias.

Es mucho dinero. No tenemos tanto dinero.

¡Uh! No me lo recuerdes.

Podrías pedirlo.

Como si fuera tan fácil.

Según mis cálculos,

tienes un 87 % de probabilidades de que te lo den.

¿De qué estás hablando, David?

De la Cámara de Comercio.

Mira.

A ver.

¿Qué? ¿Todo bien?

Hace media hora que debías relevarme. Ya, perdona.

Es que he llamado al banco porque me habían cobrado de más.

Ve al puesto, que está desatendido.

Yo voy a desayunar a casa.

Tú te has levantado con el pie izquierdo, ¿eh?

No quiero meterme donde no me llaman...

Si no quieres meterte, no te metas.

Es por Lorena, ¿verdad?

Sí, es por Lorena.

No me hace gracia tenerla en casa. ¡Jesús, por Dios!

Que Lorena es tu hija.

Sí. Es mi hija cuando le conviene.

Me siento fatal.

No tendría que haber ido a la tienda de Mara Echevarría.

Y así no hubieras sabido que no trabajaba allí.

Se pilla primero a un mentiroso que a un cojo.

Tarde o temprano me hubiera enterado. Bueno, sí. Seguro que sí.

No entiendo por qué tienes que reprocharle eso.

Eso y 30 000 cosas más.

Puedo cargar toda la flota de furgonetas De la Cruz

con las cosas que tengo que echarle en cara a mi hija.

Eso es lo que no hay que hacer con los hijos, Jesús. Mira a Germán.

Nos las ha hecho de todos los colores,

¿y qué quieres que hagamos? Perdonarle.

No compares, Adela, no compares. ¡Eh, eh!

Germán ha tenido una adolescencia muy difícil, y tú lo sabes.

Pero nosotros estamos ahí,

porque somos sus padres y tenemos que apechugar.

No sabes la de cosas que he tenido que aguantar yo a Lorena.

Sí que lo sé. Elías lo pasó muy mal

cuando su hermana estuvo enganchada a las drogas.

Y yo, ya sé que no es lo mismo, pero también sufría.

Tú lo dices: no es lo mismo.

Jesús, Lorena ha cambiado mucho y se merece una segunda oportunidad.

¿Segunda? Ya le he dado tres, cuatro, cinco...

Y le darás todas las que haga falta.

El rencor no sirve para nada, solo te perjudica a ti.

¿De qué libro de autoayuda has sacado eso?

De este.

Eso no tengo que leerlo en ninguna parte

Yo lo sé.

Y tú lo sabes también.

Mira, Jesús, te conozco más que tu hijo.

Y sé que te mueres de ganas por perdonar a Lorena.

Lo que pasa es que eres más orgulloso que un gato tuerto.

Bueno, hace media hora que tenías que estar aquí,

y seguimos de cháchara. Bueno, ya voy.

Piensa en lo que te he dicho.

Mira, sin desayunar, no puedo pensar.

Jesús, entonces, cuando estés atiborrándote a chistorra y huevos,

le das un par de vueltas, ¿quieres?

Podrías escribir un libro, ¿eh?

Te forrarías.

Ah.

Pensé que no había nadie.

-¿Has perdido los modales en todo este tiempo?

-Buenos días, papá.

-Vaya hora de levantarse. Son más de las 10:00.

-Y aquí estás tú desayunando también, ¿no?

-Por segunda vez.

Llevo más de cuatro horas en pie.

-¿Y te vas a meter eso entre pecho y espalda?

-¿También vas a decirme lo que tengo que comer?

-Hombre, lo digo por tu colesterol.

-¡Tiene cojones la cosa!

Llevas años sin dar señales de vida

y ahora te preocupas por mis arterias.

-Vale, vale, vale... Cierro el pico.

Y no te preocupes,

no me vas a tener que soportar mucho más por aquí.

-Ya sabes que puedes quedarte todo lo que necesites.

-Sí. Una cosa es que pueda y otra es que quieras.

-Tengo que reconocer que, cuando me lo dijo Elías,

no me hizo mucha gracia.

-Ah, ¿sí? No me había dado cuenta.

-Además, me mentiste con lo de la "boutique".

-¿Eso es lo que te jode?

¿Que una De la Cruz

no se codee con lo mejorcito del barrio de Salamanca?

-Lo que me jode es que pases de los 40

y hayas echado tu vida a la basura.

Bueno, no me jode. Me duele.

Porque ningún padre quiere eso para su hija.

Lorena, espera. -(LORENA RESOPLA)

A ver, si no me explicas los gráficos,

no me entero de nada.

"En 2017 el PAEM ofreció más de 2217 ayudas..."

Para, para, para. ¿El PAEM?

El Programa de Ayuda Empresarial para Mujeres.

Y tú parece que cumples todas las condiciones:

viuda con un hijo al cargo, estudios universitarios,

paro de larga duración... Ya.

Entonces, con esto, podría pedir una ayuda para la droguería.

(ASIENTE) ¿Desde cuándo sabes tú esto?

Un par de días.

¿Y por qué no me has dicho nada? Tampoco me lo preguntaste.

Ay, David, por favor.

Mira, aquí pone que estoy dentro del plazo.

Esta misma mañana pido información.

Venga, anda, vete a vestir.

Venga, que llegamos tarde.

¿Se puede saber dónde está tu amiga?

-¿Qué amiga? -¡Carla!

¡Mi amigo del mercado de Valdemoro

me ha dicho que no se ha presentado a trabajar!

-No lo entiendo. Me dijo que estaba encantada.

-Se ha desencantado rápido.

-Le habrá pasado algo. -¿Qué le va a pasar?

Habrá encontrado otra cosa y ni se ha dignado a llamar.

-Eso no lo sabes.

-Y por su irresponsabilidad, he quedado fatal;

él no tiene quien le abra el puesto y va a perder dinero.

-No te preocupes.

Está todo solucionado. -Pero ¿qué haces aquí?

-Perdona, sé que no se hace así. -¡Puedes estar segura!

-Creíamos que te había pasado algo. -He hablado con tu amigo

y le he pasado el contacto de una amiga

que puede ocupar el puesto.

-Ese no era el trato. -Tiene mucha más experiencia que yo.

Tu amigo va a salir ganando.

-¿Por qué has rechazado el curro?

-Porque prefiero quedarme a currar aquí.

Hay más buen ambiente. -¡Aquí no hay nada para ti!

-Si Samu dijo que había un puesto vacante para limpiar.

-Lo hay. -No. Esa plaza está cubierta.

-Ya, ¿tan rápido? -Es lo que hay.

-Esa limpieza la lleva una contrata.

Pueden pillar a Carla y mandar a la otra tía a tomar...

A limpiar a otro sitio. -No es tan fácil.

-Tienen muchos clientes, les da igual. Me encargo.

-No. Ya les llamaré yo.

-No te harán caso, mejor llama el gerente del mercado.

-(RÍE) -En funciones.

-Que no, que no. Que ya te... Que lo hago yo.

Pero, si aceptan, empezarás hoy, sin excusas.

-Estoy a vuestra entera disposición.

Te lo juro.

-Eso espero.

(CARLA RESOPLA)

Espero que no te hayas convertido en una finolis

que solo toma quinoa para desayunar, como tu cuñada.

Que conste que esto es una excepción.

No quiero que te acostumbres a levantarte a estas horas

ni a que te traigan el desayuno como si fueses la reina de Saba.

-Antes siempre me lo hacías. -Siempre no.

Solo los domingos y en la casa de Sepúlveda.

-Había que coger fuerzas para las excursiones, ¿eh?

-(SABOREA) -Jo, me metías cada paliza.

-Oye, que nadie te obligaba a ir, ¿eh?

Tus hermanos se quedaban a dormir en casa, con Consuelo.

-Porque Rosa y Elías eran unos flojos.

-En cambio, tú...

Mira que llegamos a caminar kilómetros.

Y tú, tan pequeñita...

Ni una sola vez te oí quejarte.

-Por mucho que me quejara, no íbamos a llegar antes, ¿no?

¿Sabes lo que aprendí contigo?

Que si estás en medio del monte,

por mucho que te duelan los pies, solo te queda seguir caminando.

Oye, papá, ¿y ya nadie va a Sepúlveda?

Quiero decir, Adela y Elías sé que no.

Pero ¿Rosa y Nacho?

Jo, a Noa le encantaba la sierra.

-Noa iba cuando era pequeña.

Pero se le pasó cuando llegó a la adolescencia.

Decía que allí se aburría.

Solo pensaba en emborracharse con sus amigos.

-¿Con Germán? -No, con su primo salía poco.

Con Samuel, y con ese Jonathan, siempre estaba con él.

-Ah, ¿sí? ¿Eran novios?

-¿Novios?

Noa es demasiado guapa para ese.

-Papá, ¿tú por qué crees que se fue Noa?

-No lo sé.

¿Por qué te fuiste tú?

¿Tú crees que me van a dar el curro?

-Sí, hombre, sí.

-Muchas gracias.

-Conque "buen ambiente".

¿No?

-Este mercado mola.

La gente es maja.

-(ASIENTE) "Maja".

-Sí. -Ya.

Entonces, no te quedas por ninguna otra razón...

-Claro que sí.

-Porque me pilla más cerca del barrio.

Si es que Valdemoro está a tomar por culo.

-Está lejos, sí. -Sí.

-Y nada más.

-Nada más.

Cuando tengas los papeles preparados para el contrato, me llamas.

-(ASIENTE) Sí. Claro.

-Vale. Vale. -Vale. Vale.

-Muy bien. -Muy bien.

-Chao. -Chao, chao.

(RÍE)

Jorge, ya tengo la cerradura nueva. ¿Te va bien si te lo coloco ahora?

¿Vas a montar mucho lío? No te darás cuenta y estará hecho.

Vale. Vale.

Habrá durado poco la nueva decoración, ¿eh?

Escucha, le vas a dar un disgusto a Serafina.

No creo que vuelva por una buena temporada.

Me he cruzado con ella y parecía que le hubiese tocado la lotería.

Bueno, algo parecido. Sí. Entre tú y yo, prefiero que se vaya.

Si fue capaz de sellar la cerradura de la mercería y colgarme el muerto,

no quiero ni imaginarme cómo habríamos terminado.

Al final, vas a tener que darle las gracias a Celia.

Desde luego. Por cierto,

vaya detallazo ir a buscar a ese hombre a la residencia, ¿eh?

Sí. Sí, lo fue. Es buena gente.

No, si Samu también lo dice.

Está claro que nos precipitamos al principio al juzgarla.

Y yo el primero, ¿eh?

Pero no me negarás que llegó al mercado

como un elefante en una cacharrería, vaya.

Nosotros tampoco se lo pusimos fácil.

A poco que la conoces,

te das cuenta de que esa mujer no hace nada a mala fe.

No debe ser fácil estar en su situación.

Una chica joven, viuda, con un niño con Asperger...

Esa mujer está hecha de otra pasta.

Y, por lo que veo, la pasta está al dente, ¿no?

Bah, ¿qué dices?

Jorge, que no me chupo el dedo.

A ti la Celia te gusta.

No digas tonterías.

Tengo la sensación de que has pasado mucho rato con ella

desde que llegó al mercado.

Si la dejáis encerrada y tengo que venir a rescatarla,

ya me contarás. Eso fue cosa de Carmen.

No me cambies de tema.

¿Hay algo entre vosotros o no? No.

Pero te gustaría.

Me gustaría ahora, que no está Serafina,

que se alquile el puesto y podamos seguir con nuestra vida.

Vaya, es peor de lo que pensaba.

No solo te gusta Celia,

sino que, además, ella no quiere nada contigo, ¿no?

¿Te importa acabar la cerradura?

Ya termino.

Abuelo, por fin te encuentro.

¿Me puedes echar una mano?

-Yo ya no estoy para cargar cajas.

-No. Con esto no.

Que me voy de casa rural con los colegas

y que no me llega para gastos.

-Ya te vale, solo me buscas cuando necesitas dinero.

-No, eso no es verdad. -¿Por qué no se lo pides a tu padre?

-¿Mi padre? Es que ya me ha avanzado una semana, pero no es suficiente.

-Pues trabaja más y tendrás más dinero.

Así es la vida.

-Para cuando lo tenga, hará demasiado frío.

Ahora es el momento.

Siempre lo decías cuando íbamos con la abuela a Sepúlveda.

-Qué sabrás tú de Sepúlveda, si hace años que no vas.

-Pues por eso. La casa rural está supercerca

y podríamos hacer excursiones como las que montabas tú.

-¿Excursiones?

De la mesa a la nevera para coger hielo, eso haréis.

-Abuelo, por favor. -(SUSPIRA)

-Venga, Jesusín.

Venga...

¿Qué está pasando aquí?

A ver si te voy a tener que dar explicaciones yo a ti ahora.

Sí, porque resulta que este de aquí es mi hijo,

pero, además, es mi empleado. Y mío también.

No sé por qué el pobre chaval

no puede ir a desconectar con sus amigos

después de una semana de trabajo.

El pobre chaval te está tomando el pelo.

¡Eh! ¿Dónde crees que vas?

-Tengo que entregar este pedido a Méndez, señor Elías.

¿Cuándo decías que te ibas?

Esta noche, al acabar mi turno.

Sabes que el mercado abre los sábados por la mañana, ¿verdad?

Quedamos que los sábados no iba a trabajar.

Pero este no va a poder ser.

Llega un pedido muy importante y te necesitamos.

No. Eso es mentira. Eso es lo que hay.

Eres un empleado de De la Cruz.

Debes estar preparado para estos incidentes.

¿Qué incidente? No es un incidente, es una putada.

Llámalo como te dé la gana.

Bienvenido al mundo laboral.

¿Tú no querías trabajar? Pues ya sabes.

Mañana, a las 8:00, ¿eh? En el muelle de carga.

¿Adónde vas con ese careto, chaval? Vas a espantar a los clientes.

-Mi padre me acaba de joder el finde.

-No me digas. ¿Ya no te vas a la sierra?

-Pues no, no me voy.

Resulta que, si no estoy, el mercado se hunde.

Es que solo lo hace para dar por culo.

Desde que curro con él, me da los trabajos más duros, y ahora esto.

-Solo a ti se te ocurre currar con tu familia.

-Pensaba que sería una buena idea, que tendrían manga ancha.

Que hay confianza, joder.

-No. Precisamente por eso no van a hacer favoritismos.

Aquí la gente larga mucho, tío.

-Tú aquí estás bien, ¿no?

-¿Con las Pacheco, dices?

Sí.

Carmen y Valeria son como dos mamás.

-¿Y no les interesaría contratar a otro dependiente?

-(RÍE) No lo dirás por ti, ¿no?

-No sabes cuánto le jodería a mi padre

que empezara a trabajar ahí.

-Ya, pero no creo que pueda ser.

-Siempre dicen que no dan abasto, ¿no?

-Ya. Pero ahora estoy yo.

Y no creo que puedan pagar otro sueldo.

-Tú eso no lo sabes. Que no, tío, que no seas pesado.

Además, estarías peor que con tu padre.

-¿No decías que estabas tan contento?

-Y lo estoy.

Ya me he acostumbrado, pero tú... Vamos a ver, Germán.

¿Has pensado en los pedazos de carne que hay que despiezar? ¿Eh?

¿Has pensado en eso?

¿Y el frío que hace en la cámara? -Es cuestión de acostumbrarse, ¿no?

-Que no, que no durarías ni dos días.

Y eso si no te cortas un dedo antes o una mano

con los cuchillos que tenemos...

Además, que tampoco ganarías mucha más pasta, tronco.

No te rayes.

-Macho, es que visto así... -Claro.

Si por eso te lo digo. -(SUSPIRA)

-Dentro de nada, tu padre dejará de tocarte los huevos.

Ahora lo hace pues para marcar territorio, tío,

pero dentro de nada se relajará. Ya verás.

-Jonathan, ¿quieres dejarte de cháchara?

Prepara el pedido de la señora Fernández.

-Voy. Voy. Seguimos hablando luego.

-Sí. Voy a entregar el pedido a Méndez,

que no quiero más malos rollos con mi padre.

-Venga.

-¿De qué hablabas tanto con Germán? -Este... Este está flipando.

¿Sabes qué dice? -¿Qué?

-Que quiere currar en la carnicería. -¿Y eso?

-Pues ya ves... Pero tranquila, ya le he quitado la idea.

-¿Por qué? Igual nos venía bien algo de ayuda.

-¿Cómo que por qué, Carmen?

Germán haría de todo menos ayudar.

No, paso, que me acabaría comiendo sus marrones.

Dame las gracias, te he librado de una buena.

-Ahí tienes el pedido.

(PAOLO) Una vez estaba preparando una masa come esta,

y un cliente me pide que la lance al aire

para hacer una foto.

Y yo le digo: "¡Yo soy 'napoletano', no soy malabarista!".

(Risas)

-Deberías haberle dicho lo que sabe el "pizzaiolo" a Napoli:

(AMBOS) "La buona pizza no se amasa, ¡se abofetea!".

(Golpes)

Eso es lo que tendría que haber hecho con la cara de ese cliente.

-No sé cómo lo haces, Doménico,

pero, desde que estás aquí, solo se escuchan risas.

-Yo no he hecho nada.

-"Eso non é vero".

Desde que estás tú, tengo más tiempo libre

y yo sé cómo y con quién invertirlo bien, ¿eh?

-¡Paolo! -Eso explica el buen humor.

-Ah, eso nunca falta.

Y más que vamos a necesitar.

-¿Te ha contado este que vamos a tener que renovar el negocio?

-Lo he leído en el periódico. ¿Tenéis ya alguna idea?

-Muchísimas.

El local es grande, tiene infinitas posibilidades.

De hecho, yo me pondría hoy mismo a cambiar cosas.

-Si hace dos días no querías ni oír hablar de la renovación.

-Eh... Pero al final voté a favor, ¿no?

Eso es lo que importa.

Además, si la mayoría ha decidido una cosa,

¿de qué sirve resistirse y amargarse?

La vida sigue.

¿"É vero", Doménico?

-¿Y qué ideas tienes?

-Por ejemplo, podríamos empezar por cambiar la fachada.

Podríamos poner un rótulo más rústico, ¿eh?

De madera.

Y, luego, dos banderas, una italiana y "l'altra napoletana".

-Yo creo que está un poco visto.

¿No crees?

Que hay muchas pizzerías así. -Señal que funciona.

Debemos potenciar la identidad de nuestra pizza, ¿no?

-La identidad no tiene nada que ver

con carteles rústicos ni banderas, Paolo.

Lo importante es la experiencia del cliente.

-Pero la experiencia es comerse la pizza.

-Es mucho más que eso.

-Es la decoración, el tacto del mantel,

los platos de cerámica...

Que todo sea propio de una auténtica casa napolitana

y no una franquicia barata.

-Eso suena muy bien, ¿eh?

-Y luego está el menú.

-Oye, que mis pizzas son las mejores del barrio.

-Son fantásticas, Paolo,

pero no le iría mal un poco de variedad.

Incluso algo de experimentación.

Ahora mismo tienes las seis pizzas básicas y poco más.

-Cristi, ¿tú también piensas que somos básicos?

Siempre está bien tener más para elegir, ¿no?

-No sé, quizás tenéis razón.

-Mira, podemos hacer una lista con posibles variedades,

solo para hacernos una idea.

Y luego vemos. "Piano piano".

-Voy al lavabo, me lavo las manos y nos ponemos.

-Gracias.

Y perdona.

-¿Perdona por qué?

Reconozco que al principio no veía con muy buenos ojos

que trabajaras aquí.

Me equivoqué.

En todo caso, esto es algo temporal.

El tiempo que supere mi bache.

-No, no, de eso nada.

Nosotros somos una escuadra, Doménico.

Un equipo como antes.

Y esto es solo el principio, ¿eh?

Amigo mío, ya verás.

No nos vendría mal que nos echara una mano.

-Hija, pero precisamente Germán de la Cruz...

-Sería genial; devolverles la pelota, no me digas que no.

-No, hija, encantada de hacerlo.

Lo que me da miedo es que nos salga el tiro por la culata.

Que ese chico no ha pegado un palo al agua.

-Lo mismo que ha dicho Jonathan. -Si lo dice Jonathan, por algo será.

-Puede ser por su interés.

Porque... no quiere enseñarle el trabajo

o tiene miedo a perder el suyo. Menudo es Jonathan.

-No lo veo. A ver si vamos a tener de morros a los De la Cruz

y encima vamos a cargar con un inútil.

-Mamá, que no es un pacto con el diablo.

Si no funciona, le echamos y santas pascuas.

-Tú lo único que quieres es liarla.

-Vas captando la idea.

¡Germán, guapo, ven un momento!

Es que me ha dicho Jonathan

que igual querías trabajar con nosotras. ¿Sigues interesado?

-Ah, o sea... No sé.

Es que me ha pintado un panorama que creo que no es para mí.

-Ya, pero Jonathan es muy exagerado.

El trabajo es muy llevadero.

Lo único que debes hacer es mover mercancía de acá para allá,

y aquí, en el puesto, cosas sencillas.

Y cobrarás más de lo que estás cobrando ahora.

-Ah, bueno, pues, no sé, visto así...

-¿Sí? ¿Podrías empezar hoy?

-Sí. Sí, sí, sí. Claro.

Mañana tendría que librar, porque tengo un compromiso.

-¡Pues empezamos bien! -Que no. Que no.

Que no pasa nada. No importa.

-Vale. Pues sí. Claro. Contad conmigo, sí.

Muy bien. Pues ¡qué alegría me das!

Mira, vas a irte al almacén

y me traes dos cajas de hamburguesas. -¡A sus órdenes, jefa!

-Olé. -¿Cómo que jefa? ¿Qué pasa aquí?

-A partir de hoy curramos juntos.

¿A que mola, chaval?

-Espero que no tengamos que arrepentirnos de esto.

-No.

¿Qué?

¿Qué haces? ¡Cuidado! -¡Ay, perdona, no te había visto!

¡Lo siento! -No te preocupes,

hoy llevo neumáticos de lluvia.

-¡Joder! Aún no le he pillado el tranquillo a la manguera.

-El secreto es apuntar para abajo. Es más fácil que vender queso.

Y, además, el traje te queda mejor.

-Siempre he sido más de zapatillas que de zuecos, la verdad.

-Me encanta verte así. -¿Cómo?

-¿Sin gorrito? ¿Sin gorrito holandés?

-De buen humor.

Quién me iba a decir que limpiar mierda

iba a sacar lo mejor de mí.

-Te queda mucha alegría por salir todavía.

Cuando menos te lo esperes va a salir a chorro,

como el agua de la manguera.

-¡Guau! ¿Siempre hablas como un libro de autoayuda o qué?

-He leído unos cuantos, algo se me ha pegado.

-¡Anda, tira, que te pego otro manguerazo!

-Te denuncio por abusar de un discapacitado.

-¡Que me dejes trabajar, hombre!

(RÍE CARLA)

Ey. Samu...

Qué bien tenerla por aquí todos los días, ¿no?

¿Por qué lo dices?

Por nada.

A ver, Carla es solo mi amiga.

No sé. La estoy ayudando porque lo está pasando mal.

Es lo que hacen los amigos, ¿no?

Ya. ¿Y tú eso te lo crees de verdad o lo dices solo para convencerte?

¿Tanto se me nota?

Bueno... Lo que no entiendo es por qué te avergüenza reconocerlo.

No. No me avergüenzo, Jorge. Solo que... es difícil.

Es imposible, diría yo.

Ya. Solo es imposible lo que no se intenta, chaval.

Si realmente te gusta esa chica, ve a por ella.

Antes de que aparezca otro y sea demasiado tarde.

(Timbre)

No, no. Yo no sé dónde está Germán.

Ya, pensaba que vendría a comer, pero al final no se ha presentado.

Pues no lo sé, Jesús.

Si lo veo, le diré que le estáis esperando en el puesto.

¿De acuerdo?

Sí, no te preocupes.

Venga, adiós.

Adiós.

Cristina, qué sorpresa. Hola, ¿te he pillado comiendo?

No, no. Ya casi había terminado.

Pasa, siéntate.

Perdona que me presente así,

pero quería darte esto fuera del puesto.

¿Esto qué es? ¿Un regalo? No. Un detalle.

Por cubrirme en la floristería.

Pero qué tontería.

No debiste molestarte. Ni que fuera la primera vez.

Por eso, son muchas veces

y nunca te lo agradezco como es debido. Anda, ábrelo.

Bueno, pues muchas gracias.

Espero que te guste.

Como no sé si tienes, te he comprado el más básico.

Se puede cambiar.

¿Qué?

Pero ¿esto...? ¿Qué te parece?

Como me decías que Elías y tú no acababais de funcionar,

pensé: "Por lo menos ella que no se quede con las ganas".

Es que... Es que no sé qué decirte. Porque yo nunca...

¡No me digas que nunca has usado uno! Eso no puede ser.

Pues no. No pensaba que fuera necesario.

Ay, mujer, eso pensamos todas hasta que lo probamos.

Sí. Yo empecé con este, es fabuloso. Ya verás.

Pero ¿tú tienes uno? ¿Y lo sabe Paolo?

Claro, mujer. Si, a veces, lo usamos juntos.

Ahí está la gracia. Tampoco hace falta que des detalles.

Lo único que te digo es que no debes renunciar a nada

por culpa de tu marido.

¿Eh?

Mira, esto puede ser mejor que un amante.

O incluso la chispa que él necesita para..., ya sabes.

Ah, ¿sí? ¿Tú crees?

Tú date una oportunidad, y ya me contarás.

Bueno, pero es que no sé ni cómo se usa.

Chica, no tiene secretos.

"On", "off", como los hombres.

¿Ves?

He hablado con ella y está contenta. Qué guay que se haya quedado, ¿no?

-(ASIENTE)

-¿La has visto con la manguera?

-No, no. -Ni te acerques, que te empapa.

Menudo peligro social.

-¿Patata o muerte?

-¿Y eso qué significa? -Es un dicho irlandés.

¿No lo conocías? De cuando la gran hambruna.

O comes patatas o palmas.

-Eso no va conmigo, así que no me toques las patatas.

-¿Has estado en Irlanda? -Pero unos meses nada más.

Creía que iba a ser para toda la vida, ¿eh?

Te enamoras y te crees que es para siempre.

-¿Te enamoraste de un irlandés?

-Ay, cuando un pelirrojo te roba el corazón...

-Yo soy más de rubias, fíjate.

-Bueno, es cuestión de gustos,

pero, chico, se te cruza la persona adecuada

y eres capaz de dejarlo todo, ¿eh?

La verdad es que siempre he pensado que es por lo que se fue Noa.

¿No le conocíais algún novio? Erais muy amigos, ¿no?

-Sí, mucho.

A él le hubiera gustado ser algo más. ¿Verdad, Jona?

-Ah, ¿sí?

-Nos enrollamos un par de veces, pero nada importante.

-Noa no estaba para liarse con nadie.

Decía que no quería atarse, y menos con alguien como este.

Cosa que también lo entiendo. -(IRÓNICO) ¡Qué gracioso eres! ¡Trae!

-Eso es violencia. Te has quedado sin patatas.

-¡Tío, patata o muerte! -¡Que me dejes en paz!

-Yo también era así, ¿sabes?

-¿Así, cómo?

-Pues como Noa.

Decía que no quería atarme, que quería ser libre...

Pero, luego, en cuanto conoces a un chico,

te vuelves loca, te vas al fin del mundo...

-Bueno, me tengo que ir al trabajo.

-Lo que no hice nunca fue desaparecer así, ¿sabes?

Quiero decir, con mi familia, sí, porque no quería que me agobiaran,

pero siempre mantuve contacto con un amigo.

-Yo no sé dónde está tu sobrina, ¿vale?

-Ya lo sé.

-Bueno...

-No dejarías que la familia sufriera si lo supieras.

-Pues claro que no. -Claro que no.

¡Elías, a ti te quería yo ver!

Me han llegado unos solomillos que da gloria verlos.

¿Qué? ¿Te aparto unos cuantos? Sí, Carmen, gracias.

Gracias por el detalle.

Adela y tú tenéis buen paladar.

Con vosotros da gusto, sabéis apreciar la carne de primera.

Eso sí, no te van a salir baratos.

No tengo inconveniente en pagar por las cosas lo que haga falta.

Eso sí, que merezcan la pena.

¿Te aparto cuatro? ¿Uno para cada uno?

Aparta cinco. Ah, que tenéis a Lorena en casa, ¿no?

Cinco, y rapidito, que tengo prisa.

En cuanto el chico los traiga de la cámara.

Que está por llegar.

-Carmen, Josefina pregunta si tienes sus hamburguesas.

-¡Ay, se me han olvidado! Ahora las preparo.

Bueno, después me paso y los recojo. ¡No, no, no!

Si el chico está a punto de llegar. Mira, si es que está aquí ya.

¿Tú qué coño haces aquí?

-¿Yo? Mi trabajo.

-Germán, ¿no le habías dicho a tu padre

que trabajabas con nosotras?

-No me ha dado tiempo.

-Bueno, no te preocupes, Elías, que le vamos a tratar fenomenal.

(Móvil)

Joder, Noa, por fin.

Te llamé el otro día, pero no me lo cogiste.

-"Sí, ya lo sé, pero no podía, tenía a tu madre encima".

Si me dieras un número al que devolverte las llamadas...

-Por favor, si cada vez que llamo me tienes que decir lo mismo...

Oye, necesito que hagas una cosa por mí.

"No, Noa, no. Vale ya".

No sé cuánto tiempo podré aguantar esto.

Tienes que volver.

-Tío, por favor, no me hagas esto ahora.

Ya sabes por qué me fui.

-"Sí, pero tiene que haber otra manera, tía".

Si vuelves, puedes quedarte conmigo o con quien sea,

ya nos las apañaremos. -"Que no puedo, Jona".

-Pues ¿sabes qué?

"Tu madre cada día está peor

y tu tía Lorena no para de hacer preguntas".

-¿Lorena está en el barrio?

-Sí, sí.

Supongo que estará una temporada.

-¿Te lo ha dicho ella? -"No, qué va.

Me lo ha dicho Germán".

Dice que se está quedando en casa de tu abuelo.

Vamos, que pinta que, de visita, no está.

"¿Noa?"

¿Estás ahí?

-Sí, sí. Tengo que colgar. -"¡Noa, joder, no, no...!"

¡No me...!

Cojonudo.

¿Y qué pasa con la frutería, niño?

¡Que es el negocio de la familia!

Mira, me da igual.

¿Sabes qué pasa? Veo más futuro en la industria cárnica.

Me pagan mejor y los sábados libro.

Tú lo que tienes es la cara de cemento armado.

La ley del mercado.

Si quieres, tú me mejoras las condiciones

y vuelvo sin problema. ¡Es el negocio de la familia, niño!

Razón de más para tratarme bien, ¿no crees?

-Elías.

Tus solomillos.

Toma. 50 euros.

Esto no va a quedar así.

¿Te pillo bien?

Sí, sí. Bueno, iba a cerrar para comer y... ¿Necesitas algo?

Sí. Sí. Bueno, hablar contigo.

Sí. Yo también quería hablar contigo de lo de ayer.

Sí, claro. Eso también. Sí. Que, bueno,

me dejé llevar por la situación y quizá malinterpreté...

No, eso tampoco. No.

¿No? No. Bueno, quiero decir que...

(RESOPLA) Que solo fue un beso. Tampoco pasa nada.

Sí. Lo que pasa es que lo último que quiero

es crear una situación violenta. No. Para nada. Para nada.

Si es que, en realidad, pues fue muy bonito, ¿no?

Lo que quiero decir es que me sentí muy halagada

y que hacía mucho tiempo que no tenía un pretendiente.

Que tampoco lo estoy buscando, ojo.

Eso me ha quedado claro ya. No te preocupes.

Jorge, pero es que no es por ti. O sea...

De verdad, quiero que entiendas que, en mi vida,

solo hay hueco para un hombre, y ese es mi hijo.

Claro, sí. ¿Seguro?

Sí. Lo entiendo perfectamente.

Tienes razón. Solo fue un beso. ¡Nada más!

No hay que darle vueltas. No.

Lo dejamos ahí.

Mejor lo dejamos olvidado, asunto olvidado.

¿Qué asunto? Eso.

(AMBOS RÍEN)

¿Mañana de papeleo? Sí.

Para la subvención.

¿Subvención?

Sí. Una de la Cámara de Comercio para ayudar a mujeres emprendedoras.

La verdad es que tengo muchas papeletas,

así que espero que me la den,

porque me solucionaría mucho la vida, la verdad.

¡Eso es maravilloso! Sí.

Ahora que no tienes a Serafina espantándote los inquilinos,

esto lo alquilas en nada.

Hum, no creo.

¿Que no? Seguro. Hazme caso, ¿eh?

Esto se va a alquilar, puf...

Cuando menos te lo esperes, estarás rehaciendo tu vida.

Y olvidándote del mercado,

que solo te ha dado quebraderos de cabeza.

No, Jorge, no me has entendido, que no voy a alquilar el puesto.

Una de las condiciones de la subvención

es que yo debo llevar el negocio.

¿Vas a llevar tú la droguería? (ASIENTE)

Por eso me alegro mucho de que, bueno,

todo haya quedado arreglado entre tú y yo porque...

si las cosas van bien, pues voy a...

Voy a estar aquí todos los días.

Vaya.

Pues cruzo los dedos para que te den la subvención...

Sí. Gracias. De nada.

Es un gusto tenerte como amigo. De verdad que sí.

Voy a... Sí, sí.

Quitarlo.

Ya está.

¡Con las Pacheco!

¡El niño se ha ido a trabajar con las Pacheco!

¡Son ganas de tocar los cojones!

Si le hubieras dado el finde libre...

Al finde siguiente, hubiese pedido otra cosa,

y se nos sube a la parra.

Tampoco te preocupes, si ahí no va a durar.

Qué va, hombre.

No has visto la cara de satisfacción de Carmen.

Esa, con tal de jodernos, le consiente al niño lo que sea.

¡Le está pagando más que yo!

¿Esto es tuyo?

Sí.

No.

Quiero decir, que no...

No lo he usado. Vamos, que es nuevo.

Que ni siquiera sé cómo funciona.

Era solo por curiosidad. Que no, que lo entiendo.

A ver, Elías,

no quiero que te lo tomes a mal. ¿Yo?

¿Por qué me lo voy a tomar a mal?

Hemos hablado de lo que te sucede. Si no puede ser, no puede ser.

No pasa nada. No.

Sí que pasa. Bueno, sí, pasa.

Si, en la medida de lo posible, le podemos poner remedio...

Claro, si le podemos poner remedio en la medida de lo posible...

A ver, que, quizás, hasta podríamos jugar juntos, ¿no?

A mí me va más el póquer.

Ay, Elías. No seas así.

Quizás te ayudaría.

No te entiendo.

Bueno, pues que lo mismo entre juegos...

se te despertaba algo, ¿no?

No creo que sea una buena idea.

Pero ¿por qué no? Pues porque no.

Siento ser así, tan egoísta, pero estas cosas no me van.

¿Cómo lo sabes si no lo has probado?

Porque lo sé.

Porque estas cosas se saben, se...

Para mí sería muy doloroso verte a ti...

Que, en fin, que no podemos hacer el amor de una forma normal.

Está entendido.

Así que no te preocupes.

Pero, si tú lo quieres utilizar, puedes, estás en tu derecho.

No. Si yo lo he comprado por curiosidad.

A mí tampoco me van estos chismes.

No, no lo voy a utilizar.

¿Tienes un momento?

-Ahora no, estoy hasta arriba.

-He estado hablando con Samu y con Jonathan.

-¿Y qué?

-Creo que Jonathan oculta algo sobre Noa.

-(SUSPIRA) Ay, Lorena...

-Rosa, juraría que sabe dónde está.

-Jonathan no sabe nada. Ya te lo digo yo.

-¿Cómo puedes estar tan segura? -(SUSPIRA)

Conozco a Jonathan desde hace años.

Jamás me ocultaría algo así. Es un buen chico.

-A mí me parece que sabe algo. -Ah, te lo parece.

-Sí. Le pregunté por Noa, se puso nervioso

y luego le pillé hablando por teléfono. Me miró con una cara...

-¿Sospechas de él por una mirada?

-Es una intuición, no sé explicarlo. -(TAJANTE) Te lo explico yo, ¿vale?

Ese chico del que estás hablando se desvivió por encontrar a mi hija.

Como yo y como todos los que sufrimos su desaparición.

Bueno, tú no, porque tú no estabas, claro.

Así que no me vengas con intuiciones,

ni intentando arreglar las cosas en dos días.

Pero ¿qué es lo que pretendes? ¿Qué quieres conseguir con esto?

-¿Qué pasa aquí?

-Solo quería ayudar.

-Si quieres ayudar, deja de remover la mierda para nada.

-A ver, Lorena, ¿cuántas veces debo repetírtelo?

No alimentes las fantasías de Rosa

sobre nuestra hija. -Nacho...

-¿No me entiendes cuando te hablo?

No tienes ningún derecho a meterte en nuestra vida. Ninguno.

-No me puedes pedir que no me preocupe por mi familia.

-Esta sí que es buena.

¿Acaso te preocupabas cuando tu madre se estaba muriendo

y preguntaba por ti?

¿Te digo las veces que tu familia te ha necesitado

y no has estado aquí?

-No estás siendo justo. -Ni tú sincera.

Vas de hermanita preocupada,

y solo quieres ganarte a Rosa para trabajar en el bar.

-¿Qué? -Sí. Que ya nos conocemos, Lorena.

Sabes tocar las teclas adecuadas para conseguir salirte con la tuya.

-Qué curioso.

Es exactamente lo mismo que me dijo mi hermana.

-Señal de que te conoce bien. -¿Y sabes qué es más extraño todavía?

Cuando consigo un acercamiento con ella, le ofrezco mi ayuda,

y me manda a paseo.

-Si insinúas que la manipulo... -No, no lo insinúo.

Lo afirmo.

-Si abrirle los ojos respecto a ti es manipular...,

sí, lo admito.

Y lo seguiré haciendo si hace falta, por su bien.

-Eres un cabronazo.

-Mira quién fue a hablar.

Siempre lo has conseguido todo a base de chantajes emocionales.

Y, cuando no lo has conseguido, has dejado a la familia destrozada.

-No es verdad.

-No consentiré que vuelvas a hacerle daño.

Ya ha sufrido suficiente por tu culpa.

Así que, si te queda algo de decencia,

te aconsejo que cojas la maleta y te vuelvas por donde has venido.

Será lo mejor para todos.

¿Qué haces? ¿Qué haces, Rosa? -Soy su madre, ¡dámelo!

¡Enséñamelo! -¿Estás loca? ¡Eh, eh, eh!

Nadie quiere humillarte. Es mi intimidad, Adela.

También es la mía.

Necesitaba hablarlo con alguien.

Confío en Cristina.

Cariño, ¿qué haces aquí? ¿Por qué no estás en el colegio?

No me han dejado entrar. ¿Quién no te ha dejado?

Dicen que, hasta que no pagues las facturas, no puedo volver.

¿Te han dicho eso en el colegio?

Os hace gracia nuestra vida sexual, ¿verdad?

Os reiríais mucho cuando regalaste un vibrador a Adela, ¿a que sí?

Pensé que lo de Carla iba a funcionar. Era complicado.

-Desde luego. Ella es complicada.

-No, ella no, la situación.

No puedo ser tan imbécil de enamorarme de Carla.

-Necesito que vigiles a Jonathan.

Que te enteres de con quién habla por teléfono,

con quién se manda mensajes...

-¿Por qué me estás pidiendo esto?

-Porque tengo razones para pensar que Jonathan sabe dónde está Noa.

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Mercado Central - Capítulo 10

04 oct 2019

Lorena sospecha que Jonathan puede estar en contacto con Noa.
Germán, harto de Elías, toma una decisión para herirle donde más le duele.
Un regalo de Cristina a Adela provoca que ésta discuta con Elías.
Jorge, tocado por el rechazo de Celia, confía en que alquile el puesto y deje de ir por el mercado, pero ella acaba sorprendiéndole con su decisión final.
Doménico tiene ideas para la pizzería que sorprenden gratamente a Cristina.
Carla se queda a trabajar en el mercado. Samuel confiesa a Jorge que la chica le gusta.

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