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Para todos los públicos Medina en TVE - Tres Festival de Granada - ver ahora
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(Música)

La convivencia,

coexistencia y diálogo interreligioso han sido

una constante en los países árabes de Oriente Próximo

y del Mediterráneo.

Así ha sido, porque las tres religiones monoteístas,

y en particular el cristianismo y el islam,

son originarias de la región.

No son credos importados ni ajenos a la cultura social de la población.

Queridos amigos, "salam aleikum". Saludos y bienvenidos.

Todas las religiones monoteístas han contribuido a perfilar los usos

y costumbres de la población independientemente de la religión

que cada uno practique en su esfera personal.

En ese sentido,

este debate no se dirige únicamente a los especialistas,

tiene también en cuenta a un público más amplio,

sensibilizado por este importante tema.

"Más que un diálogo interreligioso,

que en los países árabes, particularmente en Oriente Medio,

siempre ha existido y es parte de la cotidianidad,

el profesor e investigador universitario Pablo Sapag,

afirma que haría falta reforzar el diálogo,

el conocimiento interregional,

que en esta zona del mundo

se trabaja más el conocimiento en profundidad

y con matices de un mundo árabe,

al que tanto debe Europa en términos de conocimiento científico,

arquitectónico y como posible modelo de coexistencia religiosa.

Por otra parte,

Pablo Sapag apunta que la imagen de un Oriente Próximo

y norte de África enzarzados permanentemente

en guerras de religión

no se corresponde con la realidad,

y responde a una exageración impuesta desde el exterior,

donde se desconoce la variedad y riqueza religiosa de la región,

sobre todo de Oriente Próximo".

Pablo Sapag es profesor de historia de la comunicación

y periodismo en la universidad Complutense de Madrid.

Es autor de varios libros, entre ellos "Siria en perspectiva",

ediciones Complutense.

Ha sido profesor visitante de las universidades de Sussex,

en el Reino Unido, aristotélico de Tesalónica, universidad de Chile,

y universidad Católica de Chile.

Ha investigado en Siria y Líbano sobre los cristianos orientales

y la estructura multiconfesional de las sociedades de esos países.

Ha sido periodista en la sección internacional de Telemadrid,

y escribe habitualmente

en distintos medios de América y Europa.

Gracias, Pablo, por aceptar nuestra invitación.

Un placer estar aquí en "Medina".

Pablo,

es frecuente que se achaque

a las religiones la existencia de conflictos irresolubles

que conducen a la violencia, sobre todo en el mundo árabe.

¿Es cierto que la pluralidad religiosa

es un obstáculo para la paz?

En absoluto.

La verdad es que la pluralidad religiosa en los países árabes,

sobre todo en Oriente Próximo,

es precisamente la solución que ha habido históricamente

a lo largo de los siglos

para solucionar otro tipo de problemas.

Se emplean las religiones como una excusa

respecto a otro tipo de problemas,

que son políticos, sociales, económicos,

que tienen que ver con la interferencia exterior,

pero que no necesariamente están basados en la cuestión religiosa.

Por eso, en absoluto, digamos,

la pluralidad religiosa es un problema.

Es una riqueza,

y es también un antídoto y una solución

a los problemas comunes que se dan en estas sociedades.

Sí, y, ¿se puede creer

la afirmación de que el peso demográfico

de ciertas religiones amenaza el equilibrio mundial?

En absoluto, porque digamos, la población va cambiando,

va mutando sus propias creencias religiosas.

Si nos fijamos, por ejemplo, en el propio mundo árabe,

hasta bien entrado el siglo XI, XII,

en muchos lugares el cristianismo seguía siendo

socialmente la religión mayoritaria.

Hoy sigue teniendo muchísimo peso

el cristianismo en muchas sociedades,

en Líbano, en Siria, en Egipto...

Si nos vamos, por ejemplo a América Latina,

vemos cómo se está produciendo un cambio del catolicismo

al evangelismo protestante.

Entonces,

cuantificar las religiones no se puede hacer

desde un punto de vista como compartimento estanco.

Hay variación, hay cambio, y por tanto,

decir que el crecimiento de una determinada religión,

en cuanto a su número de fieles o creyentes, es una amenaza,

pues es no entender cómo funciona el mundo

y la flexibilidad que tienen las propias personas

para ir mutando sus creencias.

Lo cual no quiere decir

que renuncien del todo a un marco religioso,

pero la van adaptando a sus diferentes situaciones.

Según tu opinión, ¿por qué se alertan muchos

sobre esa fecha de 2050,

se dice que la religión musulmana sería mayoritaria en el mundo?

Yo creo que eso es propaganda.

Es propaganda antirreligiosa, por una parte,

en este caso antiislámica, y por otra parte,

es un esquema que se utiliza para ocultar otro tipo de problemas

que tienen las sociedades.

Se simplifican realidades complejas,

que tienen que ver con lo económico, lo social, lo político,

y se busca un enemigo único,

en este caso, una religión determinada.

Yo creo que eso hace un flaco favor,

no solamente en este caso al islam, porque se le ataca injustamente,

sino que lo que se está haciendo es hurtarle a la población

el poder conocer cuáles son sus problemas verdaderos.

Sus problemas no son el crecimiento

o la disminución de fieles de una u otra religión,

sus problemas tienen que ver con otro tipo de cosas.

Es una simplificación interesada,

que yo situó en el ámbito de la propaganda,

y que me parece peligrosa.

Sí, peligrosa, ¿por qué?

Peligrosa porque la gente puede terminar efectivamente creyendo

esos discursos,

y eso nos lleva, en este caso en particular, a la islamofobia.

Podría ser otro el objetivo que se buscara.

Y eso es peligroso.

Yo creo que las sociedades son entes complejos,

y el ser humano está capacitado

para entender la complejidad de la vida en toda su extensión,

siempre y cuando se le proporcione la información adecuada.

Cuando estamos culpando o responsabilizando al crecimiento

de una religión determinada de todos los problemas de la sociedad,

lo que estamos haciendo es hurtarle a la sociedad

la posibilidad de tener

la información sobre muchos problemas

que no tienen nada que ver con la religión.

Eso es peligroso,

porque se termina arrastrando a la gente a un discurso simplista,

y el discurso simplista lleva también a tomar

soluciones muy simples respecto a problemas complejos.

Por eso digo que es peligroso.

La religión ha servido y sirve de acicate

de conflictos para muchos poderes en la historia.

¿Qué se puede hacer para que se convierta

en una herramienta para resolverlos?

Lo primero que se puede hacer es separar la religión de política.

Yo creo que ese ha sido un problema.

Cuando usted bien decía,

se ha utilizado históricamente para justificar conflictos,

para justificar disputas de poder,

en el fondo se estaba usando la religión con intereses políticos.

Nos podemos remontar a distintas etapas en la historia

y a distintas religiones.

La guerra de religión, por ejemplo,

entre el catolicismo y el protestantismo en Europa,

las guerras de religión también en Oriente Próximo y Medio...

En el fondo, eran disputas de poder.

¿Quién controlaba el poder?

Pero siempre ha sido más fácil, digamos,

convencer a la gente o arrastrar a la gente

a que combata por una causa que está muy dentro de ellas,

que tiene que ver con sus creencias.

Entonces,

yo creo que la solución pasa

por diferenciar claramente los ámbitos,

el ámbito religioso del ámbito político.

Y la religión, en ese sentido, o las religiones,

podrían jugar un papel muy constructivo,

aportando soluciones en el propio ámbito religioso

para resolver otro tipo de situaciones,

pero siempre al margen de la política.

El problema es cuando una determinada corriente política,

o un determinado político,

intenta usar la religión para conservar el poder

o para ganar el poder...

Yo creo que los ámbitos tienen que estar diferenciados.

Y esta separación de poderes

entre lo político y lo religioso,

está ya en este siglo XXI, ¿no?

No parece mucho en el mundo.

Bueno, está, digamos, en algunos países codificado legalmente,

pero una cosa es la ley y otra cosa es la costumbre.

Y la utilización de las religiones

como elemento de manipulación política es tan antigua

como el paso de la Prehistoria a la Antigüedad,

que es cuando nacen las primeras organizaciones políticas,

pero también nacen las primeras religiones organizadas.

En Roma ya se utilizaban la religiones,

en Grecia ya se utilizaban la religiones,

en la Edad Media en Europa, en Oriente Próximo...

No es nuevo ese fenómeno, entonces, sí,

podemos llevar cerca de 100 años

en los que en alguna zona del mundo sí se ha establecido

o se ha codificado legalmente que debe de haber

una separación entre iglesia o iglesias

y Estado y política,

pero luego en la práctica eso no funciona.

No funciona porque el marco sociocultural sigue estando

muy determinado por la cuestión religiosa.

Entonces,

muchos políticos pueden tener a veces ni siquiera conscientemente,

la idea de construir mensajes políticos

a partir de algún elemento religioso.

Es difícil separarlo, pero habría que trabajar en esa línea.

Que no solamente fuera

una designación desde el punto de vista legal,

en textos constitucionales, sino también en la práctica.

Hay que hacer ese esfuerzo

para que los ámbitos estén diferenciados.

Es lo que le daría respetabilidad a la política,

pero también le permitiría a las religiones

recuperar su espacio natural de actuación, que no es el político.

Sí,

¿y cuál es la situación

en el mundo árabe y musulmán en este marco?

Bueno, hay distintas situaciones.

Hay países donde no se ha hecho ningún esfuerzo por separar

la cuestión religiosa de la cuestión política.

Hay otros en los que se ha avanzado

y se ha llegado por lo menos a tener una definición del Estado

como aconfesional.

Y eso es muy importante, sobre todo en países de la región,

donde hay más de una religión.

Eso es importante.

Pero sí, es cierto, hay un cierto retraso en eso.

Yo creo que estos propios conflictos que se están viviendo ahora

y que se han manipulado mucho desde punto de vista de la religión,

yo tengo cierta confianza en que servirá

para que cuando se sedimenten estos conflictos

se pueda en esos países

establecer una separación más clara entre lo político y lo religioso.

Difícil es, porque sabemos que el islam,

digamos el islam clásico,

no distinguía entre lo político y religioso,

el poder político y lo religioso iban de la mano.

Pero también es cierto que el islam en distintas épocas,

sí que consiguió,

a pesar de que la cabeza política tuviera

una vinculación con lo religioso,

sí que consiguió que las poblaciones

que estaban bajo la soberanía de ese sultán, por ejemplo,

o de un califa,

pudieran mantener sus creencias religiosas invariables,

como las tenían.

Y se desarrollaron una serie de instituciones.

Hablo del Dihmmi, en su origen, hablo del Millet, hablo del Wakaf,

que permitieron, de alguna manera,

separar el hecho de que el sultán o el soberano tuviese una religión

y ejerciera el poder político,

y que eso no significase

que todos los súbditos tuvieran que tener la religión del soberano.

Y esas son instituciones importantes, que obviamente,

de alguna manera, se podrían recuperar,

adaptándolas a nuestro tiempo,

para solucionar ese dilema que ciertamente

no está cerrado en muchos sitios,

pero no solamente en los países árabes.

El actual renacimiento religioso suscita la cuestión

de si no sería posible encontrar

una base común a todas las religiones.

Una base de valores universales,

fundados sin las revelaciones de cada una de ellas.

Valores que servirían para fomentar activamente la paz,

la justicia y la tolerancia

y la manera de abordar las dificultades

y problemas de nuestro tiempo,

sobre todo aquellas que desembocan en la violencia.

Pablo Sapag, muchas gracias por darnos de tu tiempo.

Encantado, muchas gracias.

Señoras y señores, muchas gracias por seguirnos.

Hasta la semana que viene.

Que sean felices.

"Salam aleikum", adiós.

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Medina en TVE - Tres Festival de Granada

02 dic 2018

La convivencia, coexistencia y diálogo interreligioso han sido una constante en los países árabe de Oriente Próximo y el Mediterráneo.

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