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Para todos los públicos Medina en TVE - Religiones y paz mundial II - ver ahora
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Frente a posturas filosóficamente respetables

que consideran que las religiones

generan actitudes fundamentalistas, fanáticas y violentas,

postulamos que la defensa pacífica de las víctimas,

de los derechos humanos, de la paz y de la integridad de la creación

forma parte de los proyectos

de muchas de las grandes tradiciones religiosas.

Señoras y señores, muy buenos días.

Se trata, en este sentido, de la postura, los proyectos

y las acciones que llevan a cabo las religiones

respecto a la paz mundial, así como del potencial

de las comunidades religiosas para solucionar los conflictos

que, finalmente, acaban en violencias y en guerras.

El potencial de las comunidades religiosas

para solucionar conflictos y fomentar la paz

es el lema de este debate,

en el cual el profesor e investigador universitario Pablo Sapag

ofrece una visión, tanto de los discursos teológicos

y científico-religiosos sobre el tema,

como también algunos análisis de convivencia

y diálogo de carácter religioso,

aduciendo y analizando algunos ejemplos concretos de hechos

que han evolucionado hacia la paz en la historia del mundo árabe.

De entrada, hay que reconocer que las religiones

encierran un gran potencial de paz,

que constituye uno de sus valores fundamentales,

lo cual se deduce tanto de sus fuentes primarias,

la mayoría hacen referencia a una revelación trascendente,

como también de su misma historia.

Seguimos debatiendo con nuestro invitado, Pablo Sapag.

Recordamos que es profesor

de Historia de la Comunicación y Periodismo

en la Universidad Complutense de Madrid.

Es autor de varios libros, entre ellos, "Siria en perspectiva",

de Ediciones Complutense.

Ha sido profesor visitante

de la Universidad de Sussex, en el Reino Unido;

Universidad Aristóteles, de Tesalónica;

Universidad de Chile y Universidad Católica de Chile.

Ha investigado en Siria y Líbano sobre los cristianos orientales

y la estructura multiconfesional de las sociedades de esos países.

Ha sido periodista en la sección de Internacional de Telemadrid

y escribe habitualmente en distintos medios de Europa y América.

Bienvenido, compañero.

Te llamo así porque has sido periodista también.

Pues muchas gracias, un placer.

Pablo, ¿son frecuentes en nuestros días las propuestas

de fundar la convivencia en un orden racional

que excluya o relegue las convicciones religiosas?

¿Crees que esas propuestas tienen alguna posibilidad de éxito?

¿Cabe llegar a acuerdos basándose en una razón sin convicciones?

No lo creo, porque, si nos fijamos,

las religiones siempre han acompañado al ser humano,

desde la Prehistoria, ¿no?

En la Prehistoria había un marco religioso muy simple,

muy basado en la observación de lo que pasaba en la naturaleza,

se atribuía al poder de los dioses, ¿no?Sí.

Cuando ya las sociedades se empiezan a asentar,

se convierten en sociedades sedentarias,

surgen las primeras civilizaciones.

Por ejemplo, en las cuencas de los ríos Éufrates,

Tigris, Nilo, etc. surgen ya cosmovisiones religiosas

mucho más complejas.

La contraposición entre la vida y la muerte,

el bien y el mal, etc.

Todo eso es un acervo de siglos que se ha ido desarrollando

y que forma parte de la cultura de las personas,

independientemente de que practiquen o no una determinada religión.

Entonces, hacer una separación tajante entre la razón práctica,

por decirlo de alguna manera, y lo religioso es difícil

porque muchas de las cosas y las conclusiones

a las cuales llega la razón práctica, también están determinadas

por un determinado pensamiento o raciocinio

en el ámbito de lo religioso.

Pensemos que las primeras universidades, por ejemplo,

nacen vinculadas al mundo de la religión.

Entonces, yo no creo que eso sea posible,

lo que sí creo que es posible es transparentar el debate.

Y ser realistas

y reconocer que cuando hay algún elemento religioso

a partir del cual alguien desarrolla una determinada idea,

hay que decirlo, hay que transparentarlo,

hay que decir "pues esto viene de la tradición judeocristiana,

esto es una aportación que desarrolló el islam en el siglo IX, por ejemplo,

en tal sitio, etc.

Y saber que todo ese pensamiento también está influyendo, digamos,

en el pensamiento actual.

Pero separarlo del todo no me parece viable.Sí.

Entonces, ¿qué piensas del valor social

que pueden dar unas instituciones religiosas milenarias

a la construcción de una sociedad mundial de paz?

Yo creo que pueden aportar mucho porque, por ejemplo,

si hablamos del islam, el islam nunca negó su vinculación

con el judaísmo y con el cristianismo.

Por eso, en el propio Corán se habla de los "pueblos del libro"

y, de alguna manera, estaba reconociendo la aportación

de otros marcos religiosos en la suya propia.

A partir de ahí es cuando el propio islam

desarrolla una serie de instituciones

que sostienen la convivencia religiosa.

Una cosa es el marco político,

el islam político como poder político,

y otra cosa es la convivencia del islam

con otras religiones, que siempre se dio.Sí.

Ahí está el dhimmi, el millet,

en la época del Imperio turco-otomano,

o ahí están los wakas o, digamos, fundaciones de propiedades

vinculadas al mundo religioso en el cristianismo.

Yo creo que son instituciones

que, recicladas, actualizadas, sirven.

La gran cuestión aquí es sincerar el debate

y ser transparentes.

Lo que corresponde al mundo político, corresponde al mundo político,

lo que corresponde al mundo religioso,

corresponde al mundo religioso.

Si hay alguna situación en que se produce un interfaz,

hay que explicarlo, hay que señalarlo.

Y eso es lo que no se hace.

Pero yo sí creo que hay una serie de instituciones,

que han desarrollado muchas religiones,

que pueden contribuir, por supuesto, a una cultura, digamos,

que tienda más a la paz.

El gran problema es cuando desde la política

se utilizan las religiones para una cultura de guerra

y no de paz. Exactamente.

Y en el mundo árabe hay y conviven varias religiones.

¿Cómo es la convivencia de estos grupos,

especialmente en Oriente Medio?

Si nos fijamos con una perspectiva histórica,

la convivencia, salvo momentos puntuales

y casi siempre motivados por razones político-económicas,

ha sido siempre muy buena.

Entre otras cosas, porque estaba muy claramente determinado

cuál era el ámbito de lo religioso y cuál el ámbito de lo político.

Cuando el islam, en el siglo VII, se convierte en poder político,

no es poder religioso en Oriente Próximo y Medio.

Tarda varios siglos

hasta que se produjo una inversión demográfica.

Y el islam reconoce y asume la existencia del cristianismo,

del judaísmo, etc.

Y se marca muy claramente cuál es el espacio del sultán,

del poder, del que tiene el poder político,

y cuál es el espacio que tienen los líderes religiosos.

De eso nunca ha habido ninguna duda,

sobre quién decidía sobre leyes que tenían que ver con lo civil

o con lo social: matrimonio, divorcio, etc.

Cada confesión tenía sus propias normas

y el sultán no intervenía en eso.

Entonces, la convivencia, en general, ha sido buena,

salvo cuando ha habido situaciones normalmente instigadas desde fuera.

Si vemos, por ejemplo, las primeras grandes matanzas

que se producen en Siria o Líbano, se dan en 1860.

El motivo no es religioso.

El motivo es esencialmente político, y tiene que ver con la penetración

del Reino Unido y de Francia en la región

y con cómo el Imperio turco-otomano cambió el esquema de funcionamiento

para adaptarlo, de alguna manera, al esquema franco-británico.

Y eso generó una convulsión enorme en la región,

que se saldó con rivalidades que se justificaron con lo religioso.

Pero la causa era política, no era religiosa.

Estamos hablando de 1860, cuando el emir Abdel Kader,

ese argelino notable, vio con sus propios ojos

cómo ocurría eso.

Lo que estamos viendo ahora, en los últimos años,

es cómo se han azuzado conflictos religiosos

para justificar un tema de control político, de poder económico, etc.

En general, la convivencia ha sido buena porque es natural,

cuando la convivencia es natural, no es impuesta.

Quiero subrayar, en ese sentido, que tanto el cristianismo

como el islam, pero también el judaísmo,

son religiones nativas, oriundas, no son de importación,

y, por tanto, ellas mismas han desarrollado sus propias formas

de coexistencia sin ningún tipo de problemas

en un espacio que es común y que no es impuesto.

Eso es lo que, muchas veces, desde fuera no se entiende.

Sin embargo, en Europa sí que hubo un intento,

empezando por España en 1492, de homogeneizar al completo

las creencias religiosas.

Entonces, no se entiende que en esa parte del mundo

haya otra forma de entender esta cuestión.

No creo que sea un problema de la región,

creo que es un problema más de fuera de la región

que de la propia región.

¿De qué forma crees que se da la relación entre la religión

y la moral de un colectivo humano?

La moral es un concepto muy amplio,

además, la moral bebe de muchas fuentes.

Una de las fuentes de las cuales bebe la moral o su construcción,

además, la moral también va mutando, va cambiando con el tiempo,

es la religión o las religiones.

Las religiones aportan al discurso de la moral.

Pero no son la única fuente de la moral,

y eso también es importante.

Cuando se intenta imponer una moral solo a partir de lo religioso,

suele haber problemas, sobre todo cuando hay una parte de la sociedad

que, o bien tiene otra cosmovisión religiosa

o, sencillamente, ha desarrollado una forma de vida

que está fuera de lo religioso, separa claramente lo religioso

de otro tipo de formas de acercarse.

Entonces, ahí hay una cuestión muy importante.

Las religiones no pueden ser las únicas guardianas de la moral.

Las religiones tienen que entender que ellas han aportado

a la construcción del discurso de una determinada moralidad,

pero no tienen el monopolio de la moralidad.

Eso es importante.

Y, en sentido contrario, pretender que las religiones

no tienen nada que ver con lo moral, como pretenden algunos sectores,

también es quimérico, tampoco funciona.

Es decir, hay que encontrar ese terreno común

en el que se reconozca el aporte que cada forma de pensamiento,

uno es el religioso, pero también hay un pensamiento laico,

un pensamiento, incluso, antirreligioso,

que no necesariamente es inmoral, y que aporta a la moral.

Todos aportan a la construcción de una moral colectiva,

pero el monopolio no lo tiene ni lo religioso,

ni la laicidad, en este caso.

¿Y piensas que la diversidad religiosa trae beneficios?

Yo creo que sí.

Hace un momento hablábamos de Siria.

Yo creo que si Siria ha conseguido superar, en buena medida,

una de los episodios más críticos de su historia

desde que se independizó en 1946, es, precisamente,

por esa argamasa social que tiene.

Los sirios lo que han defendido es su forma de vida,

no han defendido una forma de gobierno

o una ideología política determinada,

han defendido el carácter multiconfesional

de la sociedad siria.

Es lo que le ha dado la fortaleza para enfrentar eso.

Pero lo mismo vemos, por ejemplo, en Líbano.

Líbano tuvo una relación muy compleja durante unos años

y, bueno, la sociedad libanesa no se ha partido,

no se ha fracturado más allá de lo político.

Es decir, esos elementos son muy importantes

porque vienen de lo profundo de la historia de esos países.

El mismo caso de Egipto.

¿Cómo se va a desconocer el peso que los cristianos coptos

tienen en la construcción de la identidad egipcia,

cuando resulta que copto significa egipcio en lengua griega?

No tiene ningún sentido.

Son elementos que sirven para enfrentar situaciones límite

y yo creo que los ejemplos están ahí.

Entonces sí, la diversidad, sobre todo cuando es natural,

como es en este caso, no es una diversidad impuesta,

no es que allí haya llegado gente de otra religión, no.

Ha habido procesos de conversión paulatinos en el tiempo

que han dado lugar a que se puedan asimilar cosas

de religiones que antes estaban, etc.

Cuando es un proceso natural,

yo creo que esa diversidad es muy positiva.

Los escritos sagrados de las grandes religiones,

así como sus seculares tradiciones,

contienen mensajes de paz y de concordia,

que constituyen una importante aportación

para la convivencia pacífica entre los hombres,

los pueblos y las diversas civilizaciones y culturas.

Pablo Sapag, ha sido un placer conversar contigo.

Muchísimas gracias. Gracias por venir.

Muchas gracias.

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  • Religiones y paz mundial II

Medina en TVE - Religiones y paz mundial II

09 dic 2018

Los escritos sagrados de las grandes religiones, así como sus seculares tradiciones, contienen mensajes de paz y de concordia.

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