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Para todos los públicos Medina en TVE - Cómo enseñar el respeto a los niños - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

La capacidad de respetar a las demás personas

es una habilidad que beneficiará a nuestros hijos

durante toda su vida.

Es importante que se enseñe a niños sobre el valor de la diversidad.

Y le muestre que las diferencias y creencias, culturas y religiones,

pueden enriquecer nuestras vidas

y aportar nuevas ideas a nuestro mundo.

Queridos amigos, saludos y bienvenidos.

Exponga a su hijo a personas que sean diferentes.

Cuanta más exposición tenga un niño a personas que sean diferentes,

sin ningún incidente negativo,

más tolerante será con las demás personas.

"Los niños varían de forma considerable

en cuanto a cómo reaccionan ante las diferencias.

Algunos pueden ser especialmente sensibles

a los niños con discapacidades médicas o de otro tipo.

Particularmente, si hay aparatología.

Otros,

se sienten incómodos por las diferencias

en la intensidad o el nivel de actividad.

Mientras que algunos pueden sentir

curiosidad por las diferencias en el color de la piel.

Los padres tienen que pedir a sus hijos

que encuentren semejanzas entre ellos y sus compañeros.

Además,

pueden hablar con sus hijos sobre las diferentes maneras

en las que las personas son semejantes,

pidiéndoles que conozcan

a sus nuevos compañeros de clase o de equipo

y descubran si les gustan las mismas cosas,

la misma comida,

los mismos libros, juegos o programas de televisión."

Nos acompaña este domingo Miriam González Pablo,

psicóloga social y de emergencias,

especialista en menores en el ámbito intercultural,

desarrollando funciones en varios países

de Latinoamérica y África.

Gracias, Miriam, por aceptar nuestra invitación.

Un placer, como siempre, poder colaborar con vosotros.

Muchas gracias, Miriam.

¿Cómo hablar de religión a los niños?

Cómo hablar de religión a los niños...

A ver, la religión es algo que,

si una familia es creyente en cualquier tipo de confesión,

es algo que se vive en la casa.

Entonces, realmente no lo hablamos,

sino que lo manifestamos en nuestros actos.

Es la mejor manera de poder hablarles de religión,

de confesiones y de creencias.

Pero llega un momento

en el que nuestros pequeños nos hacen preguntas.

Sí, y muchas.

Además, a veces nos llevan a un lugar que dices:

"No tengo respuesta", porque también nos pasa.

Los adultos no tenemos respuesta para todo,

y en el tema de las religiones, no las tenemos,

nos guiamos por el libro de nuestra confesión,

la que sea de cada uno,

y a partir de ahí,

le tenemos que dar respuesta a muchas preguntas

que nos van a hacer dudar a nosotros también.

Lo más importante es cómo lo vivimos.

Y a partir de ahí,

ellos van a aprender esas normas de convivencia

y van a empezar a profesar esa fe, que fíjate,

en los adolescentes también nos encontramos crisis de fe.

Sí, sí.

Porque empieza a haber ahí un pensamiento propio,

del propio proceso evolutivo, la propia capacidad de cognición.

Y de elaboración del pensamiento crítico en la que nos lleva a decir:

"¿Esto es verdad, esto es mentira,

por qué creer esto y no otra cosa...?

Y nos encontramos que la fe, a veces,

da paso a un momento de más espiritualidad

y como un poco abandonar la fe.

Sin embargo,

yo sí que tengo una creencia y una manifestación

en mi comportamiento

y en mi forma de relacionarme con la vida

que sí me habla de un entorno espiritual

pero que, a veces, puede que me aleje de esa religión.

Y eso, además, puede crear conflictos dentro de la familia,

porque es conflicto evolutivo y de choque intergeneracional.

Porque si tú,

de pequeñito o de pequeñita has estado teniendo

un determinado rito

y realizando unos determinados rituales,

de pronto, en la adolescencia, a lo mejor dices:

"No quiero saber nada de eso porque quiero pensar

y tener ese tiempo para mí".

Y ahí es cuando la familia tiene un papel muy importante.

También la comunidad religiosa a la que pertenezca,

pero el peso de la familia será fundamental,

porque es el núcleo de convivencia diario.

Sí.

¿Y cómo responderemos a sus preguntas?

Con la mayor sinceridad y desde nuestra propia creencia.

Desde nuestra propia fe.

Porque también, dentro de las familias,

los niveles de fe son diferentes, y la forma de sentir esa fe

es diferente.

Por mucho que yo quiera sentir la fe exactamente

como la persona que tengo al lado, es imposible.

Porque mi experiencia vital,

mis vivencias y cómo me he relacionado

en un entorno diferente a mi núcleo familiar

va a hacer que mi creencia y mi manifestación sea distinta.

Por ejemplo, tenemos al papá y a la mamá,

ambos que profesen la misma religión,

pero con diferentes matices.

Ahí también tenemos un aprendizaje...

No los paramos muchas veces a pensarlo.

Sí, lo hablamos y ya está. Lo hablamos y...

"Pues yo soy musulmán", vale.

Y no nos paramos a pensar:

"Pero mi manera de ver la religión es diferente a la que tú tienes".

Tiene muchos puntos en común,

pero mi manifestación y mi sentimiento es diferente

porque soy una persona diferente de ti.

Y ahí sí nos encontramos con esas diferencias que,

no nos damos cuenta,

pero nuestros hijos e hijas sí que perciben.

Entonces, si mamá hace esto y papá hace esto...

¿Dónde estoy?

Cuando llega la adolescencia, tienen esas preguntas.

Antes, entre los siete-ocho años,

tienen más la creencia todavía mitificada.

Digamos como diseñada en un cómic

de lo que es un dios, una deidad...

¿Qué es esto, dónde lo coloco?

Porque además,

vivimos en un contexto social plural donde tienen otras informaciones.

Todo eso lo tengo que ir integrando.

Y nos encontramos las grandes preguntas existencialistas,

a veces, incómodas.

Pueden ser en la adolescencia, y más pequeños, sí, te van a decir:

"¿Y dónde está Alá?

¿Y quién es Mahoma?".

A veces te hacen preguntas que dices: "Espera, a ver".

Que también viene bien, porque a veces,

nos hace volver a las bases de todo.

Repensar todo y volver a estudiar realmente la parte teológica.

La parte histórica de nuestra confesión.

Este repaso sí que nos permite volver al principio de todo.

¿La religión debería centrarse en una ética de la vida

en el entendimiento de un niño?

La religión debe centrarse en una ética,

pero la ética también tiene que estar separada de la religión.

Porque tenemos que tener una ética social, comunitaria,

y luego, una ética que sea acorde

y alineada con nuestra confesión.

Esto es un poco complicado.

Porque la ética va a estar de base en cualquiera de nosotros,

va a formar parte de nuestros principios

y la vamos a aprender de los diferentes contextos sociales.

Uno más es la religión, por lo tanto, no es exclusiva,

sino complementaria.

La religión es algo inclusivo dentro de la ética individual de cada uno.

Y tiene que estar alineado con los valores que tengamos.

Y en los tiempos que estamos viviendo,

trabajar valores éticos basados en la cooperación, la colaboración,

en la integridad, en el respeto a uno mismo y el respeto al otro,

que muchas veces nos quedamos en el respeto a mí mismo,

pero ya el respeto al otro no me interesa, porque es diferente a mí.

La diferencia no es mala, nos hace crecer.

¿Y se pueden...?

Las dos éticas comparten valores.

Claro, es que tienen que compartir valores, porque si no,

entraríamos en algo

que los psicólogos llamamos disonancia cognitiva

y entraríamos en un choque.

Porque es una situación de reacción entre lo que pienso y lo que siento.

Y nos daría lugar a no saber muy bien

cómo comportarnos en algunos momentos.

¿Qué ética cojo?

Esto no es como cocinar y qué pongo, ¿sal o una especia?

No, mi ética tiene que estar alineada.

¿Y qué haces si los padres pertenecen a diferentes religiones?

Pues mira,

los pequeños con los que he trabajado

que los padres tenían diferentes religiones

tenían una visión mucho más respetuosa,

mucho más integrativa.

Estoy pensando ahora mismo en uno que decía:

"A mí no me expliques de eso,

porque yo soy musulmán por mi padre y soy católico por mi madre,

así que yo sí sé de lo que hablo.

Porque yo lo entiendo mejor que tú".

Como tengo la posibilidad de ver dos mundos diferentes que conviven

y coexisten, porque en mi casa, se da el respeto a los dos,

me ha mostrado que eran más tolerantes.

Qué ejemplo fantástico.

Porque estaban explicándoles...

Este niño del que hablo ahora tiene siete años.

Estaba explicándole a sus iguales, porque era en un contexto escolar,

lo que estás diciendo es erróneo,

porque yo estoy viendo la convivencia,

yo estoy viendo que tengo

la posibilidad de conocer culturas diferentes,

pero que se respetan y que me da lugar a conocer.

Esto que hablaba de volver a las bases,

de conocer la historia y el origen de dos religiones diferentes

pero que, al final, confluyen.

Porque aunque las religiones sean diferentes,

confluyen muchos valores.

Lo que es más diferente en las confesiones es la manifestación,

pero los valores de fondo, siempre hablamos del prójimo,

hablamos del respeto, de la tolerancia...

Son las bases de todas las religiones.

Claro, entonces, al final,

ves que los menores sí que tienen esa proactividad.

Y tener contextos religiosos diferentes

en el domicilio es lo mismo

que tener una procedencia de padres de diferentes países.

Yo creo que es un enriquecimiento cultural.

Sí.

¿Y se le debe explicar al niño que tendrá confrontaciones,

digamos, por culpa de la religión?

Acabas de decir una cosa que yo te lo voy a cambiar, ¿vale?

¿Ah, sí? Vale, vale.

Sí, porque has dicho: "Por culpa de la religión".

Y no tenemos que culpabilizar lo que creemos o lo que sentimos.

Te he entendido...

Sí, no culpar la religión, pero digamos,

por causa de la religión...

Sí, por causa sí,

pero es verdad que se tiende a culpabilizar a las confesiones.

Porque vivimos en un momento en el que, socialmente,

y da igual la confesión que practiques

y la religión de la que seas creyente,

parece que no está de moda, que es algo malo, que es como:

"Uf, eso es antiguo".

No hay que culpabilizar nada, porque al final,

todos tenemos creencias, en unas cosas o en otras.

Sí. Entonces,

¿qué hacer con esta confrontación

que se va a producir más en la adolescencia?

Porque cuando nuestros hijos son pequeños,

tendemos también a compartir un espacio comunitario

con unas creencias parecidas a las nuestras.

Nuestros hijos nos acompañan a los sitios a los que vamos,

pero cuando son adolescentes,

es cuando empiezan a separarse del núcleo familiar,

a buscar su propia identidad y su grupo de iguales.

Y ahí es donde va a tener esa confrontación,

que los puede llevar a tener momentos difíciles

con otras personas de sus iguales.

De 13, 14, 16 años.

En el que, todavía, ellos se están buscando.

Ahí es momento de que les ayudemos,

porque su identidad

se va a construir también en relación al grupo y,

aunque el grupo sea nuestra referencia,

estamos también individualizados.

Yo soy una persona dentro de un grupo

y es donde tenemos que enseñarles

que el grupo te va a apoyar en unas cosas

pero que tú no tienes que perder tu identidad.

Y que no eres ni menos ni más por profesar una religión

o porque a mí me gusta llevar una camiseta rosa en vez de negra.

Cada uno lo que marque.

Pero sí que tengan esa capacidad de poder expresar

lo que sienten y lo que viven sin miedo al otro.

Y en el caso de que haya conflicto...

El conflicto siempre lo vemos como algo negativo,

porque no sabemos "discutir", con su amplio significado.

Discutir puede ser muy productivo siempre

y cuando una discusión sea respetuosa.

Si yo discuto contigo sobre un tema, podemos crecer los dos.

Pero si en esa discusión no hay un punto de entendimiento

y no nos escuchamos...

Por ponerlo algo gráfico.

Tenemos esta mesa y si discutimos, podríamos crear tres espacios.

El mío estaría aquí, aquí habría un espacio común

y ahí estaría el tuyo.

Este espacio común,

si yo estoy discutiendo teniendo en cuenta solo mi punto de vista

y estoy esperando que tú acabes para rebatirte

lo que has dicho, siempre estaría vacío.

Y en una discusión hay que intentar rellenar este espacio común.

Porque es la manera de crecer y de poder ver

puntos de vista diferentes y que seamos complementarios.

Ahí es donde tenemos que llegar.

A explicarles que la discusión o la confrontación no es mala

siempre y cuando haya un respeto

y esto nos sirva para crecer a los dos.

Y escucharnos.

Escucharnos es fundamental, que hablamos mucho,

pero nos escuchamos muy poco. (RÍE) Siempre.

No existe una fórmula de lo que conduce

a cualquier niño a sentirse cómodo.

Por lo tanto, los padres tendrán que ser pacientes.

Aumente la propia conciencia de un niño o un joven

sobre cómo hablan

los padres con las demás personas y se vuelva más deliberado

con lo que comunica.

Y sea coherente con sus mensajes.

Miriam, muchas gracias por participar en este programa.

Un placer participar con vosotros siempre.

Señoras y señores, muchas gracias por seguirnos.

Que sean felices, "salam aleikum", adiós.

(Música)

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Medina en TVE - Cómo enseñar el respeto a los niños

20 ene 2019

La capacidad de respetar a las demás personas es una habilidad que beneficiará a nuestros hijos durante toda su vida. Es importante que se enseñe al niño sobre el valor de la diversidad.

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