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Para todos los públicos Mamás y papás a la vista - Gemma y Vicens, Rebeca y Adrià, Íñigo
Transcripción completa

Hoy en "Mamás y papás a la vista" veremos a tres padres y tres madres

con actitudes muy diferentes ante sus embarazos.

Tres maneras distintas de vivir y un nexo en común,

amor a sus hijos.

Viajaremos a Girona para conocer a Gemma y a Vicens,

que llevan 20 años intentando tener un bebé.

Hemos estado 20 años intentando ser padres.

Y están de enhorabuena.

Muy pronto serán padres por primera vez a sus 48 años.

Y, de pronto, es que voy a ser padre. -Al final, lo voy a conseguir.

A casi 500 km de distancia, en Gernika,

Íñigo ejerce como amo de casa.

Es que yo ya me sentía padre antes de tenerlos.

Siempre he sentido que era yo más yo con dos hijos que sin ellos.

Su trabajo y el de su mujer

han provocado que tengan que dividirse cada minuto con sus hijos.

A Íñigo no le gusta despedirse de los niños.

Entonces, así sufre menos.

Abordaremos el sentido de la culpabilidad de Íñigo

por los viajes continuos.

¿Cómo me echas más de menos? ¿Como pareja o como padre?

Y llegamos a Barcelona para vivir un momento único.

Pichu, ¿estás bien? (RESOPLA)

-No sé, creo que son contracciones ya.

Rebeca y Adrià nos quieren hacer partícipes

de la llegada al mundo de su primer hijo.

Pues, entonces, ¿empezamos a movilizarnos para irnos?

-Esto ya viene.

Y hoy seremos testigos en primera persona

del nacimiento del pequeño Aleix.

Nuestros psicólogos Gala Almazán y Xabi Leal

siguen atentamente estas situaciones.

Tienen algo que decirles y se lo van a decir.

Esto es "Mamás y papás a la vista".

(Música)

De puertas para adentro de esta casa vive una pareja feliz.

Después de casi 20 años, por fin van a ser padres.

Mira, ven.

-¿Qué haces? -Ven, mira.

Estaba mirando las fotos.

Soy Xabi Leal, soy psicólogo,

y hoy os voy a contar la historia de Gemma y Vicens.

Ser padres con 47 años.

Me llamo Gemma, tengo 46 años,

en dos meses hago 47.

Y después de 19 años intentando poder ser madre,

ahora me he quedado embarazada

y estoy embarazada de cuatro meses y medio.

¿Estás mirando fotos? ¿Qué fotos estás mirando?

-Me llamo Vicens, tengo 48 años.

Y llevo casado con Gemma 20.

Las que tenemos por aquí. -¡Madre mía! A lo que has sacado...

-Mira, hace 20 años.

Me acuerdo cuando me casé con Gemma,

yo la veía tan guapa que me puse a llorar.

Soy muy emotivo y me pasan estas cosas.

La gente me decía: "No llores". Yo decía: "Si es que es tan guapa".

Y era el momento de la felicidad de por fin casarnos.

-Qué bien nos lo pasamos, ¿eh? -Sobre todo tú.

No había manera de que nos fuéramos. -¿Yo?

-Es verdad.

-Claro, tú solo quería irte a... -De fiesta y a dormir.

-De fiesta, a dormir, y yo quería bailar y bailar. Y me lo pasé...

La verdad es que pipa.

-Siempre he querido ser padre. Nuestro objetivo vital

es tener una familia y haber sido padres,

pero desde el primer momento.

-Al principio, la verdad es que estábamos existentes

todos los días. ¡Venga, hala!

Y no me quedaba y no me quedaba.

Al año fue cuando dijimos: "Bueno, pues vamos a ir a..."

Decidimos ir ya a un médico a ver qué pasaba

o a que nos hicieran alguna prueba o algo por si algo fallaba.

Allí estábamos muy felices. -Ya se nos nota.

¿Verdad? -Sí.

-Gemma se realizó tres inseminaciones artificiales y dos in vitro.

Digo Gemma porque fue ella la que lo sufrió.

Lo hicimos los dos, lo sufrimos los dos.

-Cuando me ponían tratamiento, siempre iba muy bien,

tenía un montón de óvulos,

pero a la hora de la verdad, nunca me quedé embarazada.

Qué bien te lo pasas con mi madre, ¿eh?

Cuando no estás haciendo croquetas, estás haciendo empanadillas.

-Es lo que toca. Me gusta. -O si no un cocido, da lo mismo.

Luego, psicológicamente, te cansas.

Porque te creas muchas expectativas.

Te animas mucho,

estás a 200... "¡Ay, qué bien!"

"Me están diciendo que esto va muy bien".

Y luego te decepciona. -Decidme qué es lo que me pasa.

"Si realmente está mal, lo arreglamos.

Si no está mal, no me digas que tengo una infertilidad desconocida.

No me digas que no soy fértil".

Entonces, era muy frustrante.

-Me voy a fregar los platos

que no he fregado los de la cena. -De eso nada.

"¿Y si probamos otra in vitro?"

Yo que sé, vamos a tirar un último cartucho, probamos otra vez.

-Hemos estado 20 años intentando ser padres.

-Gemma se hizo el test de embarazo

y la doctora nos dijo que sí, que había sido positivo.

Y, bueno, que estábamos embarazados.

-Yo puedo hacer vida normal y no pasa nada porque friegue dos platos.

-No, friego yo, que son dos minutos y no tardo.

Es impresionante ese momento en el que recuerdan

cuando les dicen: "Vais a ser padres".

Tú te quedas aquí con bebé y os cuidáis los dos.

-Pero si estoy bien, de verdad. -Os quedáis tranquilos y a descansar.

Y de pronto, es que voy a ser padre. Es que...

Es que no sé qué decir, es que es tan increíble...

-Que, al final, lo voy a conseguir.

(Música)

Comienza un día muy especial en esta casa

de la localidad barcelonesa de Granollers.

En las próximas horas,

es posible que nazca el primer hijo de Rebeca y Adrià.

(Música)

Soy Rebeca y soy la mujer de Adrià.

Y nada, esperamos nuestro primer bebé.

Una doctora en biología marina y un programador informático,

que llevan 10 años de relación y uno de casados.

Soy Adrià, el marido de Rebeca, y vamos a ser padres primerizos.

Soy Gala Almazán, soy psicóloga, y hoy con Rebeca y Adrià

vamos a ser testigos de algo excepcional,

las horas previas a ser padres por primera vez.

Rebeca empieza a sentir

las que parecen ser las primeras contracciones.

Seremos testigos del nacimiento de su bebé.

¡Adrià!

¡Sube! -¡Ahora subo!

-¡Adrià!

-Pichu, ¿estás bien?

¿Qué pasa? -No sé...

-¿Qué te pasa? ¿Tienes contracciones?

-No sé, creo que son contracciones ya.

-¿Sí? ¿Ya en serio? ¿Son regulares?

-No sé, tendríamos que controlarlo, pero...

-¿Quieres que las mida?

Empiezo a contar ya. ¿Pero qué notas?

-Se me endurece todo.

Y el dolor que me viene de aquí.

-¿Y cada cuánto tiempo? -No sé...

-¿Te tengo que llevar ya al hospital? ¿Va de parto?

A ver, ven. -No sé.

Estamos viendo una situación que resultará muy familiar

a muchas mujeres llegados a este punto.

Y es la cantidad de dudas y la incertidumbre

que acompaña a esta situación, a estas molestias,

a estas contracciones,

pensando si realmente ya nace el niño, no nace el niño,

y es lógico que Rebeca haya acudido a pedir ayuda

en este momento de cierta incertidumbre y tensión.

¿Llamo tu madre? -Sí, sí, porfa.

Al verme él también en esta situación de "Ostras, ¿qué hago?",

lo primero es llamar a mi madre. Trabaja dentro del mundo sanitario,

entonces, es un poco el ir a buscar ese apoyo.

-¿Silvia? Sí, que Rebeca se está quejando de que...

Tenemos que llevarla al hospital.

¿Cómo? ¿Una hora? ¿Tardarás una hora?

¡Uf! No, no. -Que venga, que venga.

-¿Sí? -Sí.

-Vale, ahora hablo con Rebeca porque dice que le duele mucho.

Dice que tardará mucho.

-Vale, llama también a la matrona. -Silvia, te dejo, ya hablamos.

Cuando Rebeca ya tiene las contracciones,

claro, ya empieza el nerviosismo de que la cosa ya llega.

Ya sí que te empiezas a hacer a la idea de que vas a ser padre.

¿Roser?

Sí, soy Adrià, estoy con Rebeca que se queja mucho

de que le duele la barriga

y me parece que ya tiene las contracciones

y que ya se está poniendo de parto.

¿Te esperamos? ¿Estás aquí cerca?

En cinco minutos dice que viene. -Vale.

-Vale, vale, te esperamos, pero ven rápido.

Vale, gracias.

Roser es nuestra matrona.

Poder consultar con una persona que tiene experiencia en este tema,

siempre ayuda.

(Música)

A primera hora de la mañana, Íñigo, monitor deportivo,

se pone en marcha en su casa de la localidad vizcaína de Gernika.

Este padre de dos hijos toma las riendas familiares

cuando, en días como hoy, su pareja Ianire

tiene turno de noche en el hospital en el que trabaja de enfermera.

También quiero que conozcan la historia de Íñigo y Ianire,

un matrimonio feliz, pese a los continuos viajes de él.

Me llamo Íñigo Vicens, soy de aquí del País Vasco,

tengo ya 33 años, que me cuesta decirlo.

Tengo dos hijos, uno de tres añitos y el otro de siete meses.

El mayor se llama Enai y el pequeño se llama Suar.

Mi pareja es Jani, o Ianire. Llevamos ya ocho años juntos.

Toda mi vida me he dedicado al ámbito deportivo.

Tengo la suerte de tener la filosofía de vida como trabajo.

(Música)

Lo que hago siempre es le levanto la persiana

para que ya le dé el golpe de luz, ya se está medio despertando.

Esto la gente no me lo entiende y muchas veces no lo sé explicar.

Es que yo ya me sentía padre antes de tenerlos. Esto es raro.

No sé explicarlo bien, pero la gente me dice que con dos hijos...

No, no, es que no me supone ningún esfuerzo, ningún sacrificio.

Siempre he sentido que era yo más yo con dos hijos que sin ellos.

Le dejamos con el biberón. Él te llama

y se trinca él solo el biberón.

No es tan dependiente de su padre o de su madre.

La verdad es que es una suerte.

-Los niños de tres años ya tienen una capacidad perfecta

para poder beber en vaso.

De hecho, desde los 12 meses es capaz de beber en vaso.

Más allá de los 18 meses, dos años, hay que quitarlo.

Les fastidia mucho la boca y no les beneficia para nada.

(Llanto)

Sí, el pequeño también tiene sus horas.

No sé si le despierto yo o no porque andamos para aquí y para allá,

pero sí tiene sus horas y cuando está Jani,

cuando está la pareja, lidia con él

y, cuando estoy yo, ya se dobla el trabajo.

De repente, tienes uno que ya se ha despertado,

el otro a medio vestir y ya empieza un poco el tema,

pero el pequeño también es muy noble, muy recto,

y no nos supone ningún sacrificio.

Pues ser padre por primera vez fue un puntazo.

O sea, no sé cómo puedes querer a una persona que no conoces.

Una persona que nunca la has visto en tu vida, sale, la ves,

y ya es un enganche, un bloque que no se puede explicar.

Inexplicable, no lo puedo explicar.

-Lo que está haciendo Íñigo de encargarse de la casa

y de los niños mientras la mujer trabaja,

ese es el papel que tiene que tener un padre responsable.

No el de ayudar a la mujer a lo que le diga,

sino de tomar las riendas de su casa

y encargarse de todo lo que compete a la familia.

Mientras que uno de los dos trabaja,

el otro debe de hacer el resto de cosas que hay que hacer.

Ahí no debería de haber sexos.

El padre tiene que hacer esa función. Me parece muy bien.

Me encanta, así debería de ser, sí.

-No, hoy vamos a jugar, vamos a la ikastola.

¿Qué es lo mejor de ser padre?

Mira lo que voy a hacer, mira.

(CANTURREA)

No lo sé.

No lo sé, es que son tantas cosas, que lo mejor no sé.

Nunca he sido de decir: "Esto es lo mejor o este es mi mejor amigo".

El serlo, ¿no?

El serlo.

(Música)

Gemma, de 46 años, y Vicens, de 48,

van a ver cumplido su sueño la próxima primavera.

Tras múltiples intentos

y cuando creían que nunca tendrían hijos,

este matrimonio que trabaja en el sector de seguridad,

esperan un bebé después de seguir

un tratamiento de reproducción asistida.

Me apetece mucho conocer a Gemma y a Vicens.

Y acabo de llegar a Gerona

y voy a ir directamente a su encuentro

a que me cuenten un poco su historia.

Buenos días. Hola. ¿Qué tal?

Soy Xabi. ¿Cómo estás?

Psicólogo del programa. Hola.

¿Cómo estamos? Encantada, bien.

17 años buscando un hijo.

Un poquito más, quizás. -Sí, 19.

¿Cómo se vive este proceso?

Creo que lo hemos llevado bastante bien.

Entre los dos como pareja, porque es muy difícil.

Porque nosotros nos conocimos

y, como cualquier pareja: "Somos novios",

luego nos casamos. Ahora vamos a tener niños...

Y ves que todo el mundo

se queda embarazado menos nosotros.

¿Cómo fue ese momento en el que os enteráis de que vais a sus padres?

Fuimos a la clínica, nos atendió una doctora,

y a mí me preguntó: "¿No te has hecho un Predictor?"

Digo: "No me han dejado".

Yo la decía: "No te hagas el test de embarazo, no quiero que lo hagas.

Vamos a esperarnos a llegar al día que el médico nos diga

pues sí o pues no".

-Allí mismo nos dijo: "Pues habéis dado positivo".

Entramos en shock.

Es una partir de ahí, una locura.

Es que me emociono solo de pensarlo. -Sí, porque...

Él lo que hizo fue agarrarse a mi cuello.

Se me agarró a mí y empezó a llorar.

No pudo aguantarse.

Bueno, yo me hice un poco más la fuerte,

estuvimos bastante rato allí

súperemocionados. -Fue un derroche de felicidad.

Fue por fin 20 años...

De...

De frustración, de lucha.

Fue 20 años de...

De algo que deseas de toda la vida.

La emoción es tan grande...

Que es que no podía hacer nada.

Bueno, no puedo, lo siento.

Lo siento. Es normal,

son 17 años buscando algo y, de repente, llega por fin.

Y toda la emoción acumulada estalla.

Es algo natural. Sí.

-Lo siento. -Habrá gente cuando nazca,

que yo vaya con el carricoche y que me digan:

"¿Eres su abuela?" Por ejemplo...

Me da igual, yo voy a ser feliz

y voy a decir muy orgullosa: "Pues no, soy su madre".

Es un proceso largo y, en este caso, la edad también es considerable.

Claro, claro. Y tú cuenta que Gemma...

Es que no nos hemos quedado embarazados nunca.

No es que digas que en estos 20 años has tenido un aborto

o te has quedado embarazado.

O sea, nada de nada de nada de nada.

-Tener un bebé con muchos años

no tienes la paciencia y la agilidad

que pueda tener una persona joven,

pero qué duda cabe que, si te puede la ilusión,

puedes con eso y con trillizos que te caigan.

-Para la gente que piense que son muchos años los que tengo,

que si tú lo que quieres es ser madre,

que da igual que tengas 40, 35 que 50.

En la semana seis fue, ¿no?

-Sí, en la semana seis fue... -Tuve pérdidas.

Y fuimos al hospital y nos dijeron... -A urgencias.

-"Eso es un aborto en curso". ¡Guau!

Sí, dijeron: "Esto es un aborto en curso".

Y dijimos: "Bueno, pues nada. Pues vamos a casa.

¿Qué vamos a hacer?"

"Sí, ya te bajará la regla o ya..."

Todo esto después de la buena noticia.

Sí, sí. El superpalo.

Al mes y medio.

Es duro, es muy duro.

Es complicado

porque pensamos: "Ostras,

a ver si ahora que lo hemos conseguido,

ahora vamos y lo perdemos".

-Pero en la ecografía se veía la bolsa.

Menos mal. Sí.

Entonces, llamamos a... -La clínica donde nos atendieron.

-A nuestro doctor en Barcelona y nos dijo:

"Si hay bolsa, tú estás embarazada.

Entonces, tú, reposo, no te muevas.

Del sofá a la cama y de la cama al sofá".

Y fuimos a los tres o cuatro días otra vez a Barcelona

y, bueno, allí nos pusieron con un ecográfico superpotente

y aquello empezó... (IMITA LATIDOS)

Empezamos otra vez a llorar de la emoción

porque la verdad es que pensábamos que no había nada.

Y al contrario, estaba ahí todavía.

Entre nosotros hablábamos en ese momento

que, si llegásemos a perderlo, que queríamos que no, por supuesto,

que íbamos a estar igualmente contentos

porque, por una vez en la vida, me había quedado.

Cosa que nunca en todos estos años

había tenido esa sensación de quedarme,

aunque luego hubiese tenido un aborto.

Pero, bueno, no ha sido el caso y estoy embarazada.

Está ahí enganchado.

Yo me lo toco así mucho y digo: "Que te quiero mucho".

No sé si es un niño o una niña todavía, pero me da igual.

Agárrate fuerte ahí, crece, hazte mayor

y ya verás qué pronto vamos a estar juntos.

Me ha encantado compartir con vosotros todo esto,

cómo habéis revivido toda esa emoción,

que se ve la intensidad de verdad que ha habido

porque, cada vez que habláis de ello, viene.

Ha ayudado mucho hablar con Xabi porque...

También parecía el monotema, como se dice ahora,

solamente hablamos de bebé y del embarazo,

pero creo que necesitamos también para nosotros

ordenar un poco y estructurar un poco qué es lo que hemos estado viviendo.

Antes del embarazo y ahora justo después.

-Nos ha gustado mucho hablar con Xabi

porque te desahogas con alguien que te entiende

y te hace las preguntas clave.

-Muchas gracias por todo. Venga.

Gracias. Hasta luego.

(Música)

La matrona llega al domicilio de los que, dentro de unas horas,

se convertirán en unos nuevos papás.

Hola, Roser. Has llegado. -¡Ey! Adrià.

Qué bien, ¿no? -Sí, pasa, pasa.

Está aquí, que ya tiene contracciones.

-Hola. -¡Ey! Qué bien.

Soy Roser García, soy comadrona desde hace 17 años.

-Bueno, ayer ya me empezaron un poco, lo que pasa es que no eran regulares.

Y yo creo que... Hemos intentado ahora calcular un poco

y es que me he puesto a trabajar y no podía.

-Y dime, ¿cada cuánto vienen? ¿Te has parado a cronometrarlas?

-En unos cinco o seis, más o menos.

-¿Son todas igual de intensas? ¿Unas más que otras?

-Tú decías que sí, ¿no? -Yo... Yo creo que sí.

Porque son... Cuando vienen, son fuertes.

Me está gustando mucho ver esta imagen

porque es verdad que, al igual que Adrià,

muchos hombres que intentan apoyar, acompañar a las mujeres,

lógicamente, también están nerviosos, inquietos,

con incertidumbre,

no saben si se acerca el momento del parto,

y eso lo vemos con él.

Y es muy habitual también que a otros hombres les pase.

Bueno, yo no me he fijado en eso. Me dice que le duele, que le duele,

y yo no estoy para eso. -Adrià lo vive distinto.

Distinto que yo, obviamente.

Nosotras tenemos las hormonas revolucionadas en todo momento.

Nosotras lo sentimos. -¿Duran un minuto?

¿Eso lo has contado? ¿Desde que viene hasta que se va?

-Sí, era un minuto.

-El parto se determina de atrás hacia delante.

No podemos saber si ahora estás de parto

porque puede que te mantengas así en calma chicha,

sin ganar un nivel más de potencia,

o que vaya a menos y de cara a la noche se vuelva a disparar

porque cada parto tiene una partitura diferente.

-O sea, que todavía me pueden quedar como 10 horas tranquilamente.

-No, no se sabe. No, no se puede saber.

Ya te digo que, una vez estés de parto de verdad,

porque ahora por cómo te veo

y por cómo estás hablando, todavía falta un poquito,

sabremos que sí.

Cuando me ha llamado me ha extrañado

porque raramente los partos empiezan de día.

La mayoría de mujeres arrancan con el parto durante la noche,

porque la oxitocina, la hormona protagonista de los partos,

tiene un pico nocturno.

Su ritmo circadiano alcanza máximos niveles por la noche.

Llegará un punto en que esas contracciones

sean más seguidas y más intensas.

-Más seguidas todavía. -Sí.

Cada 3-4 minutos.

El punto ideal para irse al hospital

sería tres contracciones en 10 minutos.

-Vale. -Más o menos, una cada tres minutos,

y todas de la misma intensidad. -Vale.

-Este tipo de llamadas se reciben a menudo,

y más en mujeres que esperan sus primeros bebés,

y parejas que esperan sus primeros bebés.

Están ansiosos, impacientes.

Necesitas un buen acompañamiento con Adrià,

por una profesional que esté pendiente de ti

sin interferir demasiado, que te dejen un poquito en paz.

Sin dejarte abandonada en la habitación.

Sobre todo, libertad de movimiento. Es importante.

Porque el bebé también sabe lo que tiene que hacer para nacer.

Es una danza entre los dos.

La fase en la que está

es latente que no sabe cuánto puede durar,

está arrancando, es cierto,

y toca descansar, comer, distraerse...

Para Íñigo siempre será insuficiente

el tiempo que pueda dedicar a su gran pasión,

sus dos pequeños,

ya que, por compromisos laborales,

viaja con bastante frecuencia por toda España.

Me gusta ver esta imagen porque no solo son los niños,

también están los perros, es una imagen de una familia feliz,

y además, está comprobado que crecer rodeado de mascotas es bueno

porque los niños aprenden a compartir,

a sentir empatía,

además de que refuerza sus sistemas inmunológicos

y les hace ser menos propensos a tener alergias el día de mañana.

Sí, tengo dos perros que parece que...

Que con dos hijos es como que no se puede llegar a dos perros,

pero las dos perras que tengo ya existían antes.

Incluso tienen su espacio, que es muy reducido

y saben estar. Salimos mucho con los perros.

¡Corre, Blade, corre! Sus hijos no lo saben,

pero en horas Íñigo viajará de nuevo.

No le gusta despedirse de ellos, pasar tanto tiempo distanciados.

Le marca como padre, le obsesiona.

Viajo bastante.

Es una formación continua la que llevo.

Sí me gustaría estar más en casa.

Yo siempre, el día que marcho, es el día que no quiero ir.

Es como: "¿A dónde voy teniendo este aquí y...?"

Siempre me pasa. Cada viaje que tengo que salir,

digo: "No quiero ir".

Antes de coger el vuelo no quiero ir.

-Ese miedo continuo que tiene por los viajes, por perderte momentos,

es muy natural y todos lo tenemos cuando se viaja,

cuando tienes un trabajo que te absorbe mucho.

"Me estoy perdiendo a mis hijos".

Bueno, pues hay que buscar las mayores posibilidades

para estar con ellos.

-¡Garfio! Bacalao.

Nada más dejarles,

si les dejo en casa o les dejo en algún sitio,

ya estás jodido.

Esa frase tan popular que dice "Cuando seas padre lo entenderás",

es lo que Íñigo está viviendo en sus propias carnes.

Durante su infancia, Íñigo vivió las continuas ausencias de su padre,

que era pescador. Entonces, tiene ese miedo

de que sus hijos vivan lo que él vivió cuando era niño.

Mi padre nunca me ha contado nada de lo que él vivía.

Ya sabes, pescador, tal, son sitios duros...

Yo un día le dije: "Cuando me voy..."

Me dijo: "Ahora te das cuenta de todo lo que yo sufría cuando iba".

Porque tú te quedas y piensas que sufren los que se quedan,

no el que va a alta mar o en este caso yo.

Y sufren las dos. Distinto, pero sufren las dos.

Y ahora me estoy dando cuenta la otra parte, del que se va.

¿Metemos aquí atrás la espada?

-No. -¿Y dónde lo dejamos?

-En la bicicleta. -¿En la bici? ¿La bicicleta?

Muchas veces no te das cuenta,

no sé si es porque somos el sexo masculino, que no me excuso,

ni por el forro,

pero muchas veces igual no te das cuenta hasta que estás con los dos.

No te das cuenta todo el trabajo que lleva dos hijos,

hasta que, de repente, tú estás con los dos dices...

Sudado.

No has hecho nada y, solo por cambiar el pañal, el biberón, y lo otro aquí,

ya estás sudando.

Pues imagínate eso 24 horas cuando tú estás fuera.

(Música)

Los latidos del corazón del bebé a punto de llegar

emocionan a esta madre primeriza.

Rebeca escucha con total claridad un sonido

que ya se va a hacer familiar para ella y su marido.

Rebeca, ¿quieres que escuchemos al bebé? Me he traído el Doppler.

-Sí, me quedaría más tranquila.

-En este rato, ¿te ha venido alguna contracción?

-Muy flojita.

-Pues señal también de que es un poco fase latente.

Vamos a escucharlo.

(Latidos)

Mira qué contento está.

-Porque estás escuchando el latido de...

De tu bebé, que lo vas a...

Que lo vas a tener contigo en breve.

-Está muy bien.

140-150. Con alteraciones de ritmo, altibajos.

Vemos situaciones muy emotivas con Rebeca

y esto es normal.

Primero, por un tema hormonal.

Muchas veces, durante el embarazo muchas mujeres

experimentan estos altibajos emocionales

y pueden reír con tanta facilidad como llorar.

Pero luego, además, y según se acerca el momento del nacimiento,

es lógico que tanta tensión, tanta emoción a flor de piel,

haga que muchas veces ellas reaccionen de esa manera,

como vemos con Rebeca.

Señal de que está muy a gusto. -Qué bien.

-Está contento.

Al acercar el Doppler, el aparato para el latido,

he escuchado que el bebé está perfecto

con las contracciones que ha ido teniendo.

Sabemos que el bebé está en condiciones óptimas

porque, durante la contracción, el latido se mantiene elevado

y postcontracción lo mismo.

Que mantenga altibajos es señal de vitalidad.

-Te has emocionado, ¿no? -Hombre... (RÍE)

Es que esto ya es más real. -Ya, ya, ya.

Claro, yo una patada no la noto.

Y el escuchar al... El corazón del bebé, te haces más a la idea.

-Escuchar cómo late su corazón es que es superbonito.

-El otro día me hablaste de tu madre alrededor del parto, cómo...

-De hecho, la acabo de llamar cuando ha notado las contracciones fuertes

y ahora está de camino. -Puede ser una interferencia

la presencia de la madre o de la profesional.

He tenido que morderme la lengua para decir: "No, páralo todo".

Si ya está viniendo, no le vamos a decir que se dé la vuelta.

Espero que no se instale aquí, por favor.

-La importancia de la madre, del entorno, de la tribu,

que alguien te diga: "Venga, vámonos, que esto ya va",

pues es muy importante tener ese apoyo.

Porque si no, probablemente, la pareja primeriza

viviría en el hospital todo el día por si acaso.

-Que te dé un par de besos, que te vea que estás bien.

-Es cierto que he llamado a la familia.

Grave error, según la matrona. Pero es el primer instinto,

un poco llamar a un punto de referencia,

alguien que ya haya pasado lo mismo que tú,

que te pueda aconsejar.

Y en este caso era mi madre. -¿Por qué no tiene que venir?

-Primero, que se angustian

y añaden presión a un momento en el que no se sabe

cuándo se puede disparar.

Falta un poco de potencia. De parto parto todavía no estás.

Faltan contracciones regulares, potentes y más seguidas.

Que esté tu madre aquí puede hacer que te corte la historia.

Para parir necesitamos intimidad, oxitocina,

casi el mismo ambiente en el que se fabricó el bebé, mucha intimidad.

Y la presencia de la madre en plan: "Ay, mi mía, pobrecita"...

-Claro, pero es como un punto de apoyo

el saber que tienes a tu madre o a alguien...

-Es vuestro momento precioso de espera,

de ilusión, de que por fin pronto nos veremos las caras.

Las abuelas hacen un papelazo en el posparto,

para cuidar a las mamás y traerles tuppers

y ayudarles con la ropa y la logística.

Pero en esa fase, en general,

no son necesarias ni ayudan, precisamente.

-Muchas gracias, Roser.

-De nada, un placer. -Te mantendremos informada.

-¡Sí! -Gracias.

-Adrià estaba pegadito a ella

dispuesto a servirla en lo que necesitase.

Me ha gustado mucho verlo.

Un pasito por detrás, pegado a ella,

con ganas de acariciarla, de masajearla

y de estar con ella las horas que haga falta.

La matrona deja que Rebeca y Adrià

disfruten de las horas previas al nacimiento de su hijo.

Finalmente, el futuro padre se involucra sin reservas

con el embarazo de su mujer. Llevamos 30 segundos.

Una.

Los ilusionados futuros padres

acuden a una tienda de ropa infantil.

Hola. -Hola, buenas.

Aunque todavía no saben el sexo del bebé,

si es niña, saben que se llamará Daniela.

Y si es niño, barajan varios nombres,

como Marcos, Álex o Martín.

Es que hay tantas cosas que es para volverte loco.

-¿Os puedo ayudar un poquito? ¿O guío un poco cómo van las tallas?

-Ayúdanos porque estamos buscando...

-Pues para un recién nacido, pero no sabemos qué...

-No sabéis qué será. -Todavía no.

-¿Y la fecha de nacimiento? -Para abril.

-Vale.

-Pero no sabemos si va a ser niño o niña.

Estamos muy contentos porque llevamos 20 años

queriendo quedarnos embarazados. -¡Qué me dices!

-Sí, 20 años. -Pues dinos tú

de recién nacido...

-De recién nacido lo tenéis todo por aquí.

Lo que pasa que tenéis que mirar que, si no va a nacer en invierno,

sea un género más fino.

Lo de primera puesta siempre mejor que sea unisex.

Si queréis comprarle algo ya y a partir de un mes, tres meses...

-Es que llevamos tanto tiempo queriendo comprar que, al final...

-La podéis elegir más cosas. -No sé cómo miráis las tallas.

-Sí, va por centímetros. Si os fijáis...

¿Ves? Normalmente corresponden los centímetros a los meses.

-Pues nos gusta mucho todo.

"¡Ay! Esto qué bonito, y eso, y..." O sea, todo nos gusta.

-Bueno, si queréis acabar de mirar... -Pues sí.

-Y después os guío con las tallas. -Vale, gracias.

-Estoy aquí al lado. -¿Y si le cogemos la mantita?

-Pues cógele la mantita. Cógele lo que tú quieras.

-Yo le cojo una mantita.

-Tiramos la casa por la ventana, ¿qué más da?

-Pues sí, porque total...

Y vamos a coger un pijama de esos grandes.

-Pero esos son... Hay que cogerlo más fino.

-Para cuando tengas que cogerlo en casa, ¿no?

-Vamos, que...

Veníamos a mirar y no veas todo lo que nos llevamos.

Ianire e Íñigo se conocieron hace ocho años.

Pronto se dieron cuenta de un deseo común,

ambos querían ser padres.

Los dos estaban de acuerdo en algo que años después

se convertiría para ambos en una realidad.

Soy Ianire, mi pareja es Íñigo. -Dila: "¿Qué tal?"

-¿Qué tal?

¿Bien la mañana?

-A ver, le he llevado al cole, biberón, como siempre.

Te lo has trincado, ¿verdad? -¿Has comido bien?

-Sí. -Sí.

-A ver, ahora yo me voy con él y tú te quedas con este, ¿vale?

Te quedas con el pequeño y yo me piro con este al box.

Entreno un poco...

Tras haber conocido a esta pareja,

una cosa que me gusta mucho de los dos

es que hablan muy bien el uno del otro.

Esto es muy bueno para la educación del niño

porque constantemente ve un refuerzo positivo de sus padres.

¿Sabes que "aitatxu" se va de viaje ahora?

¿Eh? Tengo que volar.

"Ondo, ondo". Me echarás de menos, ¿no?

-Un poquito.

Enseguida viene aita, ¿eh? -¿Me echarás de menos?

-Yo creo que, cuando está fuera,

viajando y eso,

los niños, como lo han vivido desde pequeñitos,

ya lo tienen interiorizado.

O sea que, saben que papá va a volver pronto

y suelen estar tranquilos.

Con hablar con él por teléfono y saben que va a volver...

-¿Me llamarás?

-Sí, ya le llamaremos a aita.

Y pongo en valor esto

porque hay muchas parejas que no se llevan bien

y delante del niño hablan mal el uno del otro.

Es lo peor que se puede hacer.

El peque lo voy a coger, que está quejándose.

-Iani lo trabaja muy bien.

Trabaja el que el padre está fuera, pero sabes cuándo va a venir,

te va a traer algo, entonces, la conexión no pierde.

No se olvida de mí porque le habla muchísimo de mí.

Es lo que hacían conmigo cuando yo era pequeño,

que me lo mantenían vivo.

Además, "Está currando, lo está haciendo bien".

Es muy importante para mí. -¿Has cuidado de tu hermanito?

-¿Cómo me echas más de menos? ¿Como pareja o como padre?

-Como pareja se puede aguantar más días,

pero como padre, sí que hace falta con estos dos terremotos.

-Me cuesta decirlo muchas veces, "Te echo de menos".

No lo sé si te echo de menos o tengo ganas de estar contigo.

No sé cuál es la frase. -Bueno, me llevo a este,

que si no, no me da... -Vale.

-¿Me echarás de menos como pareja o como...?

-Como los dos, como los dos.

A ver.

Un besito a "aitatxo".

Ahora sí que parece inminente el momento del parto.

Rebeca siente las contracciones cada tres minutos.

En ese instante llega su familia.

Solo cuando vienen, cuando vienen es cuando me duele más.

(Timbre)

Ves. -Debe ser tu madre que ha llegado.

En este caso no comparto del todo la opinión de Roser

porque a fin de cuentas las madres han sido madres

y ya cuentan con esa experiencia. Hola, ¿qué tal?

-Hola, ¿qué tal? -Bien, ¿cómo estás?

-Es un momento íntimo de la pareja el tener a su bebé,

pero es un momento comunitario, el niño va a llegar a una comunidad,

no llega solo con su papá y su mamá, llega a un entorno,

la colectividad que luego le va a acoger, le va a abrazar,

es muy importante. -Me llamo Silvia Guardiola,

vivo en Sabadell y soy la madre de Rebeca

y la futura abuela de Álex. -Soy Pedro Zabadarrios,

padre de la Rebeca, me va a dar el primer nieto,

estoy muy contento y aquí estamos para lo que haga falta.

-Es que cuando me dan es muy fuerte.

Yo creo que tendríamos que ir ya al hospital o no sé.

-Me emociona, me emociona muchísimo.

De poder volver a tener un algo tuyo, que es de tu hija,

pero realmente será ese niño malcriado que yo no puede hacer.

-Bueno, a mí la matrona antes me ha dicho que cada

tres o cuatro minutos que fuera... -¿Cuánto hace que tienes los cuatro?

¿Acabas de empezar? -No, bueno, hace ya un ratito.

-Pues entonces empezamos a movilizarnos para irnos.

-Esto ya viene, ya tengo las contracciones cada tres minutos

y esto sale ya.

Vale, va. -Nos entran unos nervios

Y corriendo ya no sabemos que tenemos que coger ni nada,

es el gusanito ese, ¿no? -Mi abuelo ha sido muy importante

en mi vida porque me ha criado, pero desde que estoy embarazada

le he visto unas emociones, un interés hacia mí y hacia el bebe

que nunca me hubiera esperado. -Pasa.

Acompañados por la familia de Rebeca, Adrià y su mujer

ultiman los preparativos del momento que consideran

más importante de sus vidas, el nacimiento de su hijo.

Cuando regresen a esta casa serán la familia y uno más.

(Música)

Nacida en Salamanca, Gemma echa de menos a su numerosa familia

repartida por varias ciudades españolas y países extranjeros.

Hoy Vicens quiere que su mujer viva un momento inolvidable

y lo va a conseguir.

(Continúa la música)

Hola. -Hola.

¿Ya estás aquí? -¿Qué tal?

Bien, ¿y tú? -¿Estás leyendo?

-Sí.

-Que me has visto que estaba un poco liado

que iba para arriba y abajo y tenía que hacer una cosa.

Es que me ha llegado una sorpresa que tengo para ti.

-Sí. -Entonces vamos a verla.

-¿Qué sorpresa es? -Sorpresa, una sorpresa.

-Sorpresita. -Ahí va.

-Gemma, hola, Vicente. Muchas felicidades por el embarazo

os desea tu hermano Gerardo desde Haití.

Enhorabuena y estamos deseando que ya nazca la niña

o el niño para darle muchos besos. Un abrazo, chao.

(AMBOS) -Hola. -Felicidades.

-Felicidades, os deseamos lo mejor, tener paciencia y mucho amor

y salud. -Adiós.

-Gemma, Vicente, felicidades, muchos besitos.

-Muchos besitos. -Felicidades.

-Sí que es una sorpresa muy grande.

-Estamos muy contentos de que vayáis a ser papás

-Y deseando de conocer a vuestro bebito

que seguro va a ser el niño más feliz del mundo.

-Un beso. -Un beso para los dos, chao.

-Hola, tía Gemma, tío Vicente. (RÍEN)

-Muchas felicidades y muchos besitos.

-Enhorabuena, hermanita, cuñado. Me alegro mucho

de que hayáis podido cumplir con vuestro sueño. Un beso.

-Hola, Vicente, Gemma. Estamos muy contentos

porque vais a tener un niño precioso. Y pronto querremos irle a ver.

A ver si puede ser. -Sí, sí.

(Música)

Qué sorpresa... -Más grande.

-Gracias. -Muchas gracias.

Cada vez faltan menos horas para emprender la partida.

Íñigo las aprovecha disfrutando de una tarde de juegos,

como un niño más, con sus hijos y sus amigos.

Pues Íñigo, como padre, es supercariñoso.

Le encantan los niños. -Así, no es forzado,

sí que me gusta besarles. Y me gusta el contacto personal

con ellos. Estoy todo el día encima de ellos o ellos encima de mí.

Venga, engánchate, engánchate otra vez.

Yo creo que muchos problemas nos los creamos nosotros

por falta de entendimiento con el pequeño.

Entra en su mundo, déjale, no le hables tanto.

Entra en su mundo, déjale. Está en su mundo y tú entras.

Yo esto lo hago mogollón. Vamos, venga.

-Bueno, es verdad que Íñigo, en eso, igual es más permisivo.

Yo, normalmente, soy más madre, creo.

Es como... no se tiene que manchar, pero le pongo el babero.

No se tiene que no sé qué, le pongo la ropa.

No se tiene que enfriar. -Mikel, agárrale.

Siéntate al lado de él. En ese instante y en ese lugar,

el monitor deportivo siente que se acerca el momento

de la despedida. Es duro pensar que hasta dentro de unos días

no volverá a abrazar a sus hijos. Déjale ser niño

y ya verás como no hay problema. No, es que quiero que esto...

¿Pero qué dices que haga esto? Eso lo quieres hacer tú, no él.

Chicos, ¿sabéis lo que vamos hacer? Lo más seguro es que llueva.

Vamos a ir al box, ¿vale?

Y le enseñamos a Mikel y a Nora el box, ¿vale?

Porque va a llover. Venga, cogemos las chaquetas y nos vamos.

(TARAREA)

Vamos, vamos, vamos.

Y al mayor, que es Enai...

La suerte, que para mí es una suerte, la suerte que tiene es que yo,

muchas veces, le llevo a entrenar conmigo.

Para él es un juego. Le llevo ahí al box.

Para él es... buah... Las barras, las anillas...

Y es un juego, pero es juego de mayores, o sea,

es un sitio de mayores; pero él juega como si fuera un niño.

-¡Eh!

-Para mí, es una suerte que tenga esa visión.

Igual lo vais a ver haciendo sentadillas,

se casca sus flexiones, o sea, copia y pega todo lo que ve.

Enséñales, enséñales a Mikel y a Nora cómo haces con los aros.

Venga. Mirad.

Mira. Olé, olé, olé.

-¿Qué hay que ser? ¿Padre o amigo? Padre... siempre.

Amigos se los busca él. El niño no va a buscar en ti

un amigo, eso es absurdo. Ni una amiga.

Busca una figura que le encamine, no que le lleve con una cuerda;

pero sí que le indique cuáles son los arcenes

de la autopista por la que tiene que correr

en su vida, claro que sí. -Venga, vamos.

Ay...

(Música)

Vamos, ahora.

(Motor)

Esta imagen es muy bonita. Me está gustando mucho ver esto

porque, a fin de cuentas, nos viene a demostrar

lo importante que es rodearnos de nuestros seres queridos,

de la gente que realmente queremos y que nos apoya

y que queremos a nuestro lado en situaciones tan importantes

como esa, ¿no? Y es el claro ejemplo de Rebeca,

que sale del brazo de su abuelo. Entonces,

aquí vemos una escena muy tierna, muy bonita que nos demuestra,

precisamente, el valor de estar en familia y de la gente

realmente importante en este momento.

Todos los caminos de esta familia conducen, en este momento,

al mismo sitio, el hospital en el que nacerá Aleix.

Nos subimos al taxi. En el taxi, ya me quedo más tranquilo

porque la cosa como que ya está hecha.

Bueno, a esperar a ver lo que pasa. Bueno, vamos con el coche para allá.

-Vamos para allí.

Los dejamos en el taxi y te quedas con aquello de que a mí me hubiera

gustado meterme en el taxi con ella. Eso es cierto, ¿no?

Y nosotros vamos con nuestro coche detrás de ellos.

Venga. -Ahora solo falta llegar al hospital

y esperar a que nazca Aleix y que todo vaya bien

y no haya ninguna complicación ni ningún problema.

(Música)

Con 46 años ella y él, 48, este matrimonio espera vivir

el que será el más crucial y deseado instante de sus vidas,

el nacimiento, en abril, de su primer hijo.

Después de la charla que tuve con ellos,

me pidieron trasmitir un mensaje para toda esa gente

que pueda estar viviendo lo que ellos han vivido.

Que yo, a mis 46 años, nunca se me pasó por la cabeza

ni me imaginé que me podría quedar embarazada ni tener un bebé.

-La fecundación in vitro es la que nos ha ayudado

y la que ha conseguido que, por fin, podamos ser padres.

-Dentro de poco, lo voy a poder coger,

lo voy a poder besar y le voy a poder dar el pecho...

-A mi bebé, decirle que le estamos esperando,

que estamos deseando su llegada,

que le vamos a querer muchísimo

y que le vamos a proteger

y que... que somos la pareja más feliz del mundo.

(Música)

A Íñigo no le suele gustar despedirse de los niños.

Entonces, así sufre menos. Cuando les deja,

se suele ir al gimnasio a desfogarse un poco.

(Música)

Mi rutina diaria... siempre es entrenar otros,

aun sabiendo que me entreno yo.

Solo ya en su gimnasio, con las maletas hechas

para el viaje de esa noche, Íñigo intenta olvidar

esa rutina en la que se ha convertido su vida,

las constantes separaciones de su familia por motivos laborales.

Pero no está solo o, mejor dicho, no lo va a estar.

Una de sus alumnas deportivas, Amaia, va a hacer su aparición

en la sala, una visita inesperada y un objetivo:

Emocionarle.

¡Eh! -¡Eh!

-¿Qué pasa, Iñi? Pues nada, aquí, a por unas zapatillas.

Venga, no. No he venido por unas zapatillas.

-¿Qué haces aquí? -Ven conmigo.

Bueno, yo te dejo aquí. Te doy esto. Dale al play.

Y la que se va soy yo. -¡Pero si no sé dónde está el play!

-¡Play, Iñi! -Ahí va la hostia...

A mí, el movimiento, me gusta demostrarlo andando.

A Íñigo siempre le gusta desaparecer sin despedirse de nadie.

Hoy, la jugada le va a salir fatal.

(Música)

Sé que es un muy duro para ti no estar el tiempo

que tú quieres con tus niños, pero estoy supersegura

que estarán muy orgullosos de ti. -Te quiero y espero verte pronto.

-Gracias por ser mi compañero de vida,

por ser un gran apoyo cada día y, sobre todo,

por ser el mejor padre para mis hijos.

-Estamos muy orgullosos de ti, de lo buen hijo y padre que eres.

Te queremos mucho, sigue así.

-Bueno, que sepas que te apoyaremos siempre en todo lo que hagas.

¿Vale? Te quiero mucho. Agur.

(Continúa la música)

(Aplausos)

(SUSURRA) Ahí va la hostia... Qué hijos de madre...

(Besos)

¿A quién se le ha ocurrido? -A mí.

-¿Qué es lo mejor de ser padre? El serlo, ¿no?

El serlo.

(Vítores, aplausos)

(Música)

Pues el taxi llegó y, como era esperable,

Rebeca prácticamente pasó de forma directa al quirófano

y, como les he dicho al principio, vamos a ser testigos

del nacimiento de su primer hijo.

Respira.

-Sí, la epidural es muy importante en el momento del parto.

La necesidad de parir con dolor es bíblica y es muy cultural,

pero yo creo que podemos obviarla. El dolor no le beneficia a la madre,

no beneficia al bebé para nada.

El parto es un trauma bastante grande para el bebé.

El bebé se adapta, es muy moldeable y es capaz de adaptarse,

de "apepinar" su cabeza. Por eso, sale morado y "apepinado",

porque tiene que atravesar un canal del parto que es muy estrechito.

Por eso, sale sin respiración al momento hasta que ya

pasa el canal y llora, abre pulmones, despierta...

y ya todo funciona. Ya tiene la vida.

(LLORA)

Ay, ay, ay...

-Para el bebé, es muy importante, nada más nacer,

que sea puesto rápidamente sobre el pecho de la madre.

Que oiga el corazón, que el bebé se relaje,

se tranquilice. Ha pasado un trauma importante del parto

y debe, rápidamente, volver a la tranquilidad que ha tenido

durante estos nueve meses.

(LLORA)

(HABLAN EN CATALÁN)

Hombre, cada pareja decide cómo quiere.

Para mí, la figura del padre, que reivindico, por supuesto,

me parece muy importante y debe estar ahí, al lado de la madre,

cogiéndole la mano, acariciándola, yo qué sé.

Lo que sea, lo que la madre necesite en ese momento.

Tiene que haber contacto de la pareja, debe estar presente.

Quiero dar las gracias a Rebeca y Adrián por haber compartido algo

que suele ser tan íntimo de las parejas y que, sin embargo,

puede ayudar a muchos futuros padres que se vayan a encontrar

en esta situación. Con lo cual, os agradecemos mucho

que hayáis compartido este momento tan especial.

Bueno, pues hola. -Hola.

-Todo ha salido bien. Ya tenemos aquí...

al chiquitín, a Aleix. Todo ha ido superbién.

La verdad es que la experiencia ha sido única y, bueno,

no nos podemos quejar de cómo ha ido todo.

Fue un parto muy rápido. Sin puntos.

Y nada, Aleix nació... muy bonito.

3,300 kilos.

Y nada, ahora ya nos vamos para casa. -Para casa.

-Hemos estado dos días en el hospital

y ahora para casa a ver qué tal... -Con esta maravilla.

-Exacto. -Así que...

-Gracias por todo. -Hasta luego.

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Mamás y papás a la vista - Gemma y Vicens, Rebeca y Adrià, Íñigo

31 jul 2018

Gemma y Vicens: unos padres que con 48 años de edad y tras varios intentos, logran convertirse en futuros papás. Rebeca y Adrià: participamos del nacimiento de su hijo Aleix, hasta el parto. Iñigo: por trabajo tiene constantes viajes que no le permiten disfrutar de sus hijos todos los días.

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  1. Maria

    Yo lo tengo que ver por la web porque es demasiado tarde.una lastima

    24 ago 2018
  2. Leticia

    Este tipo de programas, así como las series deberían empezar más pronto, justo después del telediario. Por favor, dejen de emitir los programas de calidad tan tarde.

    03 ago 2018
  3. Jose Antonio

    este programa tendrían que hacerlo antes de la serie, y no tan tarde,hagan lo posible ,para cambiar el horario.

    03 ago 2018
  4. Jose alfredo

    Deseando que llegue el lunes para ver el siguiente capítulo , una lástima que sea tan tarde de horario

    01 ago 2018
  5. Veronica

    Mamás y papás a la vista !nos encantó a mi y a mi hija de 11 años el programa de anoche . Muy interesante

    01 ago 2018