www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
4164320
Lorca, muerte de un poeta - El amor oscuro (1925-1928) - ver ahora
Transcripción completa

Subtitulado por Accesibilidad TVE.

-¡Federico García Lorca!

Disparos.

Y no quiero llantos.

La muerte hay que mirarla cara a cara.

¡Silencio! ¡A callar he dicho!

Nos hundiremos en un mar de luto.

¿Me habéis oído?

Silencio.

¡Silencio he dicho!

Silencio.

Trinos.

Este es mi primo, como dicen los gitanos.

Mi primo Rafael Alberti.

O sea, mi amigo.

Un andaluz del Puerto de Santa María que iba para pintor

y ahora, quiere ser poeta.

Cuando nos conocimos, hace ya unos meses, el año pasado,

le encargué un cuadro.

-Lo prometido es deuda. Aquí lo tienes.

Tuyo es. El último cuadro de Rafael Alberti,

que ya no volverá a pintar más.

Esa es una verdad de cante chico, como yo digo.

O sea, una mentira. Bueno, en este caso, piadosa.

Muchísimas gracias, primo. ¡Es maravilloso!

¡Me entusiasma! Ah. Y además, me lo has dedicado.

A Federico García Lorca, esta estampa del Sur

en la inauguración de nuestra amistad.

Rafael Alberti. 1924.

Gracias.

Ven, ayúdame. Vamos a ponerlo...

¡Ahí!

En la cabecera de mi cama.

¿Qué tal?

-Hará falta otro clavo, ¿no? ¿Otro clavo?

Entonces, habrá que esperar tiempos mejores.

(AMBOS RÍEN)

Y tú, primo, ¿qué haces ahora?

-Conspirar. Ajá.

-Todo el mundo conspira.

Contra los militares, la censura, los destierros,

y todo este disparate.

Conspirar para que vengan tiempos mejores,

no basta con esperar que vengan. Como dijo Marx.

(AMBOS RÍEN)

-¿Y tú? Nada, de momento.

Mis cosas están paradas.

La Bárcena ha cogido una afonía y el teatro está cerrado.

Don Gregorio Martínez Sierra se me escapa,

se me escapa definitivamente. -¿Qué vas a hacer?

Don Gregorio me cuenta, también, el miedo que le da

representar mi "Mariana Pineda", cuyo tema es la libertad.

Sobre todo, ahora, que en España no la hay.

Dice que pudiera ser tomada como una provocación,

y esa nunca fue mi intención.

-¿Por qué no llevas la obra a otras actrices?

María Guerrero, la Xirgu, eh... Sí, hombre.

Y la van a hacer por mi cara bonita.

Habrá que esperar.

Y eso es lo que me angustia.

Ya tengo veintisiete años y sigo dependiendo de mi padre.

Tengo que hacer algo.

Clases particulares, oposiciones... -¿Oposiciones?

Ajá. -¡Venga ya, primo!

¡Vete de vacaciones! ¿Para qué crees que es la maleta?

Me voy a Cadaqués. (AMBOS RÍEN)

-Hola.

Nos están esperando. Ya voy, Salvador.

Pero tengo que mirar con calma. -Luego lo miras todo.

Sí.

-"Bon dia". -"Bon dia".

-Federico. -Hola.

-Ana María, Federico. Hola.

-Hola. -Mi padre, Federico.

-¿Qué tal? Hola.

"Estic encantat de conèixer

i espero que la meva estada aquí

no sigui una càrrega per vostès

sinó motiu continu de joia".

-¿Conoces el catalán?

Me ha costado una noche entera memorizar lo que he dicho.

Pero, después de ver lo que estoy viendo...

me muero de ganas de aprenderlo.

-Repítalo otra vez, joven, por favor.

Me sonó como si fuera de verdad.

Mi compañero de vagón tenía un acento espléndido.

(TODOS RÍEN)

Allá voy: "Estic encantat...".

La primera versión de "Mariana Pineda" la terminó

Federico en los últimos días del año 1923.

Fue corrigiéndola y puliéndola a lo largo del año 24,

a pesar de trabajar simultáneamente en otros proyectos.

Mariana:

Yo soy la libertad porque el amor lo quiso.

Pedro. La libertad por la cual me dejaste.

Yo soy la libertad,

herida por los hombres.

Amor,

amor,

amor

y eternas soledades.

Un campaneo vivo y solemne invade la escena.

Y un coro de niños, lejano, empieza el romance.

Mariana se va lentamente, apoyada en sor Carmen.

Todas las monjas están arrodilladas.

Una luz, maravillosa y delirante.

Al fondo,

los niños cantan.

Oh, qué día tan triste en Granada

que a las piedras hacía llorar

al ver que Marianita se muere

en cadalso por no declarar.

Telón...

lento.

Aplausos.

-"¡Molt bé! ¡Molt bé!".

-Muy bien. Muy bien.

Gracias. Muchas gracias.

(RÍEN)

-"Val, deixeu de jugar".

"Quiets".

Los días que pasa Federico en Cadaqués, en compañía de Dalí,

le hacen olvidar todo aquello que le preocupa.

El pequeño pueblo blanco, el constante rumor del mar,

la luz, la dulzura de Ana María, la ganada admiración de su padre,

la ventana del comedor sobre la playa, los paseos,

la presencia de Salvador a su lado, permanentemente...

Nada de lo que había quedado pendiente en aquel otro mundo

al que tenía que volver perturba, lo más mínimo,

la gran felicidad que disfruta en aquel lugar de la costa catalana.

-¡Salvador! ¡Salvador!

-¿Qué te ocurre?

-¡Ven! ¡Federico está muy mal!

¡Yo creo que está muerto! ¡Corre!

¡Corre!

Va.

Ven.

-No te muevas, Federico, voy a dibujarte.

No te muevas, ¿eh? Voy a por mis cosas, es un momento.

(SUSURRA) Esto lo hace muy a menudo en la residencia.

Después, se echará a reír como un loco, le gusta.

-Me has asustado. ¿Por qué has tenido que hacerlo?

(VOZ FANTASMAL) Porque no quiero irme de aquí.

Y dentro de unos días, tendré que marcharme.

Me pongo nervioso.

Me entran unas ganas terribles de morirme.

Y entonces, yo...

me muero.

Me metéis en un ataúd estrecho.

Y a través de las calles

llenas de baches y pedruscos de Cadaqués,

me lleváis a enterrar.

(LÁNGUIDAMENTE)

Estoy empezando

a descomponerme.

(ASPIRA)

(GRITA) ¡Ah! (GRITA ASUSTADA) ¡Ah! ¡Oh!

(AMBOS RÍEN)

-Venga, vuelve a hacerte el muerto. Y no te muevas.

(REPRIMEN LA RISA)

En el verano de 1925, la familia García Lorca

ya estaba instalada en la Huerta de San Vicente,

una casa de campo en los aledaños de Granada,

que don Federico acababa de comprar.

A partir de ahora, la familia García Lorca

pasará, tradicionalmente, los veranos en la Huerta.

Para Federico, los días maravillosos de la Semana Santa

en Cadaqués, hace tiempo que han terminado.

Camino de Madrid, de vuelta de la costa,

Federico estuvo en Barcelona, donde estableció contacto

con el ambiente artístico de la gran ciudad.

A su llegada a Madrid, reencontró los viejos problemas

que había dejado atrás.

Algunas entre las mejores actrices del país

habían rechazado su "Mariana Pineda".

Su vida artística estaba estancada.

Tenía que darse a conocer al público.

Sólo un éxito comercial le puede liberar

de la dependencia económica de su padre,

dependencia que le duele y que le corta las alas.

Otros amigos tratan de abrirse camino fuera de España.

Buñuel, uno de ellos, había dejado ya la residencia

y en París, se dedica, por completo, al cine.

Después de la exposición celebrada en el Palacio de Cristal de Madrid,

donde se exhiben varias obras suyas,

la carrera de Dalí avanza a paso de gigante.

Lorca, que había soñado con viajar y conocer mundo,

tiene que regresar al entorno familiar en Granada,

donde escribe cartas, hace poesía

y espera la solución de sus problemas.

Aguarda, inútilmente, noticias de Dalí,

que ha prometido reunirse con él.

Su amargura se hace patente en cada carta que sale de sus manos.

Ahora, estoy sin proyectos. Y sin embargo, trabajo intensamente.

Pero no tengo fe en lo que hago.

Si la tuviera, podría, entre otras cosas,

ir a Italia, que es mi sueño. Y no puedo porque mis padres

están enfadados y, claro, no hay dinero para viajar.

Estoy pasando un verano turbio y melancólico.

Atravieso una de las crisis más fuertes que he tenido.

Mi obra literaria y mi obra sentimental

se me vienen al suelo.

Timbre de bicicleta. No me gusta nadie.

¡Dolores! ¿Hay alguna carta para mí?

-No hay nada del señor Dalí, señorito.

Ya le dije que yo estaría al tanto.

Timbre.

Timbre.

Bullicio. -¿Quieres que bajemos a cenar?

No. Yo estoy bien aquí.

¿Queda algo de beber? -Ajá.

Bullicio.

Gracias.

Sigue contándome cosas de París. -Ah...

Allí está el futuro. En París se mueven los mejores.

Y cuando aquí creemos que hemos inventado algo nuevo,

ellos ya lo estaban haciendo cinco años antes.

Estuve con Buñuel, con tu amigo Manolo Ángeles Ortiz,

con Borges... Y con Picasso...

Ah... -Cuando fui a verle a su estudio,

le dije: "He venido a verle antes de visitar el museo del Louvre".

Me contestó: "¡Ha hecho usted muy bien!".

(RÍE)

¿Te vas a ir definitivamente?

-Sí. Siento la necesidad de alejarme de aquí.

Lo tengo pensado. Cuando me examine, voy a declarar

incompetente al tribunal que me juzgue.

Armaré tal escándalo,

que nadie se va a olvidar de mí fácilmente.

Después, trabajaré un año en Figueras y a partir de ahí,

convenceré a mi padre para continuar mis estudios en París.

Lo tienes todo bien pensado. -¿Y tú, qué vas a hacer?

Me haré profesor.

De Literatura. -Habla en serio.

Estoy hablando en serio.

Todo en lo que yo soñaba,

todo en lo que yo creía,

ya no significa mucho para mí.

-¿Por qué?

¿Por qué, Federico?

Me he hecho viejo, de pronto.

Las cosas que me interesan, se me escapan.

No sé retener nada.

-La oda que me hiciste... ¿Qué?

-Me gustó.

Me sentí importante porque tú, que eres el mejor poeta

de este país, me creyeras importante.

Yo no creo que seas importante.

Creo que eres único.

¿Recuerdas?

Pero, ante todo, canto un común pensamiento

que nos une en las horas oscuras y doradas.

No es el arte la luz que nos ciega los ojos.

Es primero el amor,

la amistad

o la esgrima.

-No vas a ser profesor de nada.

Si la Xirgu te estrena, yo te haré los decorados.

(SONRÍE) -Vendrás conmigo a Cadaqués

y trabajaremos juntos.

Iremos al estreno de Barcelona y si no gusta,

haremos unas declaraciones a la prensa llamando a los críticos

putrefactos y cabrones. (SONRÍE)

¿Estaremos juntos en Cadaqués? -Claro, por supuesto.

Trabajaremos en los decorados de "Mariana".

Porque tenemos que salvarla.

-¿De qué?

Pues...

Ahora que se va a estrenar,

me da miedo.

Hace tres años, me gustó la idea de hacer un drama romántico.

Ahora...

La veo como al margen de mi obra.

Ah... No sé.

-No hay que salvar nada. Hay que entenderla y servirla.

Sólo yo te puedo hacer esos decorados.

Tú, tienes que dejarte llevar.

Dejarte llevar.

Cadaqués,

en el fiel del agua y la colina,

lleva escalinatas y oculta caracolas.

Las flautas de madera pacifican el aire.

Un viejo dios silvestre

da frutos a los niños.

El 31 de marzo de 1927, en el teatro Fontalba de Madrid,

leí "Mariana Pineda" a la compañía de Margarita Xirgu

y a un conjunto de amigos comunes, entre otros,

Melchor Fernández Almagro, Cipriano Rivas Cherif

y Manuel Azaña que, a la sazón, era presidente del Ateneo madrileño.

-Les ruego me disculpen. Hola, don Manuel.

-Siéntese, por favor. Aquí, por favor.

-No, no. Me quedaré ahí mismo, gracias.

Yo hubiese querido que don Manuel Azaña se sentara

a mi lado durante la lectura pero como llegó tarde,

no hubo manera de convencerle y escuchó toda la obra

un poco aparte de todos, sentado en un montón de listones.

Yo soy la libertad herida por los hombres.

Amor,

amor,

amor

y eternas soledades.

Un campaneo vivo y solemne invade la escena

y un coro de niños empieza, lejano, el romance.

Margarita Xirgu.

Nadie podrá saber qué colaboradora ha sido para mí Margarita.

Al final de la obra, cuando indican a Mariana Pineda

que el patíbulo va a ser su fin, Margarita expresará

tan extraños sentires que le hacen dudar a uno

de si aún existe Mariana Pineda en el mundo.

-Yo soy la libertad porque el amor lo quiso.

Campanas. Pedro.

La libertad por la cual me dejaste.

Yo soy la libertad herida por los hombres.

Campanas. Amor,

amor,

amor

y eternas soledades.

(CORO DE NIÑOS)

...en cadalso por no declarar.

Aplausos.

"Mariana Pineda" se había estrenado en Barcelona

la noche de San Juan de 1927 en el teatro Goya.

La misma compañía de Margarita Xirgu la representa,

por primera vez, en Madrid, en el teatro Fontalba,

cuatro meses más tarde.

Aplausos y vítores.

-¡Bravo!

-¡Bravo!

(EL PÚBLICO APLAUDE)

(EL PÚBLICO APLAUDE)

(EL PÚBLICO APLAUDE)

(EL PÚBLICO APLAUDE)

Silbido. En diciembre de 1927,

y con motivo de que ese año se conmemoraba

el tricentenario del nacimiento de nuestro poeta clásico Góngora,

el Ateneo de Sevilla ha invitado a siete jóvenes poetas actuales

para hablar sobre Góngora, sobre poesía y sobre su propia obra.

Y ahí van.

Rafael Alberti, Gerardo Diego.

No, no. Prefiero una aceituna. Esta.

Juan Chabás, Dámaso Alonso,

Jorge Guillén, José Bergamín

y Federico García Lorca.

Son los siete de la fama,

los siete del 27.

Sólo faltan Pedro Salinas y Vicente Aleixandre,

que no han podido venir.

Luego, en Sevilla, se les unirán unos cuantos poetas más.

La idea de este viaje y el dinero para poder realizarlo

han salido de este hombre, un verdadero mecenas,

Ignacio Sánchez Mejías, matador de toros.

Dejó los ruedos en 1922, en la cumbre de su fama,

y volvió a torear dos años después, porque se moría de tristeza

alejado de la fiesta, según él mismo dijo.

Cuñado de Joselito el Gallo, está unido sentimentalmente,

ahora, a la Argentinita.

Ignacio es un hombre maravillosamente vivo,

interesado por todo:

el cante jondo, el baile gitano, el teatro, la literatura...

Ha hecho de actor en una película

y el año que viene estrenará en Madrid una obra de teatro.

-Rafael Alberti, Federico García Lorca, Juan Chabás...

Los poetas, los siete poetas de la fama,

dieron en el Ateneo de Sevilla dos recitales,

en los que intervinieron, también, un buen número de poetas locales.

Entre otros, Luis Cernuda, Fernando Villalón,

Laffón Collantes, Adriano del Valle

y Joaquín Romero Murube.

(APLAUDEN)

-Las palabras que velan el secreto

placer, y el labio virgen no lo sabe;

el sueño, embelesado e indolente,

entre sus propias nieblas va sujeto,

negándose a morir. Y sólo cabe

la belleza fugaz bajo la frente.

(APLAUDEN)

-¡Vamos todos a Bailén que los gabachos nos copan!

¡Virgen de Consolación, de los camperos patrona!

¡Virgen de los marismeños, la de la carita mora!

(APLAUDEN)

-Tanto ajustar quisieron la sortija...

Más que un acto cultural, aquellos recitales fueron,

como dijo Rafael Alberti: "...una corrida de toros,

un mano a mano entre la brillante pléyade

que viene de Madrid y los poetas andaluces de aquí y de ahora".

-...unicornio, desnudada,

orgullo largo y brillo de su frente,

la siempre al norte espada,

chispas los cuatro cascos y las crines,

de mil lenguas eléctrico oleaje, ciego coral los ojos...

-Gran poeta, Rafael, ¿eh?

-Sí, ya lo creo. Es realmente extraordinario.

-...entró declarando la guerra a los eurítmicos jardines

de las ninfas, que huidas, en árboles crecieron convertidas.

-¡Monstruo fugaz, espanto de mi vida,

rayo sin luz, oh tú, mi primavera,

mi alimaña feroz, mi arcángel fuerte!

¿Hacia qué hondón sombrío me convida

desplegada y astral, tu cabellera?

¡Amor, amor, principio de la muerte!

-¡Muy bien! (APLAUDEN Y ACLAMAN)

-Pensaba en la trainera aguda y fina

que las olas enhebra con su aguja

por la regata azul de ventolina,

cuando el ritmo en los torsos se dibuja,

y se abre y cierra el vuelo de las palas

y la voz del patrón ahínca y empuja.

-Viendo la lentitud con que se pierde

serenando su fin tanta hermosura,

dichosa de valer cuando más arde

-bajo los arreboles- hasta el verde tenaz de los abetos y se apura

la retirada lenta de la tarde.

-¡Bien! ¡Muy bien! (APLAUDEN Y ACLAMAN)

A Jorge Guillén le han jaleado sus versos

como si fueran buenísimas verónicas.

-¡Bravo!

-Señoras y caballeros: Federico García Lorca.

(APLAUDEN Y ACLAMAN)

(APLAUDEN Y ACLAMAN)

"Romance de la pena negra".

(APLAUDEN Y ACLAMAN)

Las piquetas de los gallos cavan buscando la aurora,

cuando por el monte oscuro baja Soledad Montoya.

(APLAUDEN Y ACLAMAN)

-¡Bravo! -¡Bravo!

-¡Muy bien! ¡Muy bien!

¡Oh pena de los gitanos!

Pena limpia y siempre sola.

¡Oh pena de cauce oculto

y madrugada remota!

Aplausos y vítores. El entusiasmo llegó al paroxismo

cuando Federico recitó sus romances gitanos.

Había pañuelos agitándose, como en las faenas redondas.

Flores por el aire. Adriano del Valle se subió

al estrado y le tiró a Federico la chaqueta, el cuello y la corbata.

La fe mía de

bautismo

yo la había "empeñao" por tu querer.

En honor nuestro, Ignacio Sánchez Mejías

nos da una fiesta en su finca de Pino Montano,

en las afueras de Sevilla, ahora ya que nuestra actuación

en el Ateneo ha terminado.

Yo la había "empeñaíto" por tu querer.

Ignacio nos ha endosado unas chilabas

y nos colma de atenciones y de vino andaluz.

Ese que canta como un bronco animal herido,

como un terrible pozo de angustias,

es Manuel Torre, el Niño de Jerez.

El mismo que estuvo en Granada cuando el concurso de cante jondo.

Ay, que te castigue Undebel.

(APLAUDEN Y ACLAMAN)

-¡Bravo!

-¡Grande, grande! -Formidable, maestro. Formidable.

¿Habéis visto? Esto es arte. Cante bueno. Cante bueno.

Toma.

Manolo, ¡eres el más grande!

¿Cómo se puede cantar así?

En el cante jondo, lo que hay que buscar siempre

hasta encontrarlo es el tronco negro del Faraón.

¡Virgen mía!

¡Lo que acabo de oír!

Trae para acá la corona de laurel que te han puesto los del Ateneo

y dásela ¡al Niño de Jerez!

-¡No, no, no, no! (PROTESTAN)

-¡De eso, nada!

-Eso no sería justo, primo.

Algún mérito tendrá el señor.

Algunos, sí tiene.

Pero, para una corona de laurel, ¡hacen falta más!

(RÍEN Y APLAUDEN)

-¡Un momento!

¡Dejad hablar a Pepe Bergamín!

-¡Un momento, señores! -¡Callaos!

-¡Un momento!

¡Ya lo tengo! -¿El qué?

-La prueba definitiva para que Dámaso Alonso se quede

en propiedad la corona de laurel que le ha dado el Ateneo de Sevilla

y que Federico estima que no se merece.

-¡Y no se merece! (PROTESTAN)

-¡Bueno, bueno, bueno! (CHISTAN)

-¿Y qué es lo que tengo que hacer?

-Recitar, sin equivocarte, los mil noventa y un versos

de la primera "Soledad" de don Luis de Góngora y Argote.

(RÍEN)

-¿Ahora? -¡Ahora!

-¡Epa! (RÍE)

¡Bueno!

Pues, vamos allá.

Era del año la estación florida en que el mentido...

Tú eres Luis Cernuda, ¿verdad? -Sí.

Ven. No te preocupes por Dámaso.

Dirá los mil noventa y un versos, sin equivocarse.

-...ministrar podía la copa

a Júpiter mejor que al garzón de Ida...

Quería hablar contigo. -Tú dirás, Federico.

Ayer, cuando nos presentaron, tuve la impresión de que te debí

parecer muy endiosado. -No, hombre, no.

Y no soy así. Quiero que me conozcas mejor.

Que veas cómo soy de verdad.

Ah, y también quiero hablarte de tu libro, "Perfil del aire",

que leí esta primavera.

Me acuerdo de uno que empieza:

"Esa brisa reciente en el espacio esbelta.

Gallo. En las hojas, abriendo,

sólo una primavera.

Por el raso absoluto del cielo sin divisa,

pájaros en la mano: primeras golondrinas".

-Hola, Emilio. -Hola.

-¿Quiénes son? -Amigos míos.

Tengo que hablar con uno de ellos.

-¿Ahora? -Sí, ahora.

-¿Y yo, qué hago? -Lo que quieras.

¿Cómo estás? Muy bien.

-Hacía mucho tiempo que no nos veíamos.

Unos pocos meses. Nada más.

-¿De veras te acuerdas?

Sí. Un día quedamos en que vería tus esculturas.

Nunca lo hice.

-Todavía estamos a tiempo. Ajá.

Cuando tú quieras.

-Dos ginebras. No. Yo, no.

-Hoy, sí.

Por favor.

Aquí mismo. En voz baja.

Recítanos tus versos preferidos.

-"Romance de la casada infiel".

Y yo me la llevé al río creyendo que era mozuela,

pero tenía marido.

Fue la noche de Santiago y casi por compromiso.

Se apagaron los...

-No lo he preparado.

Lleva días diciendo tus versos al que le escuche.

Lo siento.

Tendría que sentirme muy halagado.

No ha salido el libro,

y ya se conocen los romances.

Debería sentirme muy bien.

Pero...

No sé por qué razón, no me gusta.

O me da miedo.

Intentaré explicártelo.

-Procuraré entenderlo. Perdóname, de nuevo.

Porque esta metedura de pata

no impida el nacimiento de una buena amistad.

Por los camareros que dicen versos.

-Me gustaría hacer tu cabeza.

¿Qué dices, mi cabezón? -Tu cabeza.

¿Tendrías paciencia y posarías para mí?

Creo que no.

Vamos a probar.

No le gusta.

Mucho me temo que a mi paisano y confidente Pepe García Carrillo

esta cabeza mía que, aún, no ha terminado de hacer

mi amigo Emilio Aladrén no le gusta nada.

Bueno, dime.

¿Qué te parece? -Malo.

Malo sin remisión.

¿Y sabes lo peor, Federico?

Que tú no quieres darte cuenta de eso.

De que es un escultor sin talento que nunca llegará a nada.

No, te equivocas, Pepe. Te equivocas.

Estoy seguro de que, a mi lado, Emilio podrá dar todo lo que tiene.

-¿Y qué es lo que tiene?

Ocho años menos que tú...

Y que es guapo.

O tú lo ves así.

"Entre tahitiano y ruso".

¿No es eso lo que tú dices?

Emilio te ha sorbido el seso y no ves más que por sus ojos.

En cambio, no ves cómo te utiliza.

Utiliza tu fama para subir, para que la gente le conozca.

El gran Federico se lo presenta a todo el mundo

y les dice a todos que Emilio es un artista extraordinario.

¿Y por qué no?

Es mi amigo.

Y le quiero.

-¿Y tú crees que él te quiere a ti?

No tanto como yo deseo.

No tanto.

-Tienes que cortar, Federico.

Tienes que dejarle.

Todos tus amigos de verdad te lo están diciendo desde hace mucho.

Todos.

Yo también, Federico.

Emilio no merece la pena.

Y te lo digo yo...,

que he tenido que ver con Emilio mucho antes que tú.

Eso es mentira. ¡Es imposible!

-No. No, no lo es.

Puedo darte toda clase de detalles.

Dónde estuvimos.

Y cuándo.

Y cómo.

No es posible.

No es posible.

(LLORA)

La primera verbena que Dios envía

es la de San Antonio de la Florida.

Luis: En el encanto de la madrugada

canta mi amistad siempre florecida,

la luna grande luce y rueda

por las altas nubes tranquilas,

mi corazón luce y rueda

en la noche verde y amarilla.

Luis, mi amistad apasionada

hace una trenza con la brisa.

El niño toca el pianillo,

triste, sin una sonrisa.

Bajo los arcos de papel

estrecho tu...

mano amiga.

-Ya he terminado de leer las pruebas de imprenta

que me pasaste de tu próximo libro, el "Romancero gitano".

¿Y qué te parece?

-Tu "Romancero gitano"...

me parece muy malo.

Muy malo.

Es una poesía que participa de lo fino y aproximadamente moderno

que debe tener cualquier poesía de hoy para que guste

a los críticos y a los poetas maricones y cernudos de Sevilla.

Bueno...

Hay imágenes magníficas y novísimas.

Pero muy raras.

Y mezcladas con un argumento que, a mí, se me hace insoportable.

Y que es lo que tiene llenas de menstruaciones las camas españolas.

Populachera y blanda. Así es la poesía de ese libro.

Yo creo que tú eres el más dotado del mundo.

No entiendo cómo has podido hacer eso.

¡Tú ni siquiera conoces Andalucía!

¡La desprecias sin conocerla!

Hablas sin parar del surrealismo, de las imágenes violentas,

de provocación, revolución.

Yo espero.

Hago lo que siento.

Lo que me sale de dentro.

No puedo apuntarme a lo primero que venga de fuera.

-¡El surrealismo ha modificado todos los conceptos!

El arte, la vida, el mundo...

Nada es lo mismo que era.

¿Hablaste con Salvador de esto?

-Estuve con él en Cadaqués y lo hablamos.

Él tiene sus propias ideas.

Pero está convencido del camino a seguir.

No me ha escrito.

¿Qué va a hacer?

-Colaborar conmigo en una película.

La haremos en París.

Ah, claro.

-Todavía no tiene título definitivo, por ahora, es:

"Es peligroso asomarse al interior".

"Il est dangereux de se pencher au-dedans".

Me vas a perdonar. Me muero de sueño.

(HACE SONAR EL MATASUEGRAS)

A finales de julio de 1928, se puso a la venta

la primera edición de la "Revista de Occidente"

del "Romancero gitano" de Federico García Lorca,

que tuvo una acogida extraordinaria.

Federico está a punto de regresar, como todos los veranos, a Granada

y su cuarto en la Resi está lleno de amigos, viejos y nuevos,

que vienen a despedirle o le traen ejemplares

del "Romancero" para que se los dedique.

Santiago Ontañón, decorador, con el que trabajará más adelante.

Jorge Zalamea, un muchacho colombiano al que aprecia mucho.

Rafael Martínez Nadal.

Y Carlos Morla Lynch, un diplomático

de la embajada chilena en Madrid, que acaba de conocer.

Él y su mujer, Bebé,

serán íntimos de Federico en los años venideros.

-¿Tú te has empapado bien

de lo que dice Ricardo Baeza en "El Sol"?

España tiene, de nuevo, un gran poeta,

el poeta que le faltaba desde que Antonio Machado

y Juan Ramón Jiménez enmudecieron.

Federico García Lorca ha logrado forjarse el instrumento

de expresión lírica más personal y singular que ha habido

en castellano desde la gran reforma de Rubén Darío.

No está nada mal, ¿eh? -Formidable.

-Verdaderamente, la publicación de tu libro ha revestido

carácter de acontecimiento.

"Las campanas del elogio han sido lanzadas al vuelo".

Y esto no me lo invento yo.

Lo dice Miguel Pérez Ferrero en "La Gaceta Literaria".

(RÍEN) -¿Y los chistes?

Se hacen chistes sobre la angustia de los libreros. (RÍE)

-Sobre todo, en provincias. Cuando se les agotan una tras otra

las ediciones y las nuevas remesas no llegan. Vas a crear

un problema de orden público. (RÍEN)

Fijaos lo que es la vida. Escuchad.

Se ha perpetrado un crimen en circunstancias misteriosas

en las inmediaciones de un cortijo de Níjar.

Mientras Federico leía esa crónica de sucesos,

nadie podía darse cuenta de que estaba, entonces,

asistiendo al nacimiento de una obra que el poeta escribiría

cuatro años más tarde, que se estrenaría en Madrid

en el 33 y de la que Ontañón haría los decorados.

"Bodas de sangre".

Detenida la novia, manifestó que había huido

en unión de su primo para burlar al novio.

Se fugaron a caballo y al llegar al lugar del crimen,

les salió al encuentro un hombre enmascarado

que hizo cuatro disparos.

¿No es extraordinario?

Es un drama perfecto...

que sólo hay que escribir.

A lo mejor, lo hago yo.

-Federiquito:

En el libro tuyo, que me lo he llevado

por estos sitios minerales de por aquí a leer,

te he visto a ti, la bestiecita que tú eres,

bestiecita erótica, con tu sexo y tus pequeños ojos de tu cuerpo,

y tus pelos, y tu miedo de la muerte,

y tus ganas, de que si te mueves, se enteren los señores,

tu misterioso espíritu hecho de pequeños enigmas tontos,

de una estrecha correspondencia con tu polla

y con las humedeces de los lagos de baba

de ciertas especies de planetas peludos que hay.

Te quiero por lo que tu libro revela que eres,

que es todo el revés de la realidad que los putrefactos

han forjado de ti, un gitano moreno de cabello negro,

corazón infantil, etc., etc.,

todo ese Lorca mariquita decorativo antireal, inexistente,

sólo posible por haber sido creado por los cerdos artistas.

Federico. El surrealismo es uno de los medios de evasión.

Es esa evasión lo importante.

-Hablamos de tus cosas, de tus relaciones, de tus estudios.

Y de pronto, tu padre me preguntó: "¿Qué le pasa a mi Federico?".

¿De verdad lo quiere saber?

El "Romancero gitano" está creando a mi alrededor

un mito de gitanería que me revienta.

Estoy sosteniendo un duelo a muerte con mi corazón

y con mi poesía.

Con mi corazón, para librarle de la imposible pasión

que lo despedaza. Con mi poesía...

He trabajado mucho y estoy trabajando.

Ahora, Rafael, hago una poesía abriéndome las venas.

Una poesía, ya, evadida de la realidad,

a través de la emoción donde se refleja

todo mi amor por las cosas. Y también, mi burla por las cosas.

Amor de morir y burla de vivir.

Amor...

Mi corazón...

No quiero que el mito triunfe, Rafael.

¿Qué le dijiste a mi padre?

-Que, que no te pasa nada grave. La resaca del éxito, seguramente.

Quizá... Quizá, un poco de depresión.

¿Qué otra cosa podía decirle?

¿Qué, Federico? ¿Eh?

Porque hay más cosas. Lo sé.

Emilio está cada vez más lejos de mí. Cada vez más.

Ahora sale con esa chica inglesa.

Y hasta es capaz de casarse con ella.

Y Salvador...

Salvador Dalí está en París con Luisito Buñuel.

Me han abandonado, Rafael.

(LLORA)

Me han abandonado.

-No, hombre, no. Están, simplemente, trabajando.

(LLORA)

-Van a hacer una película de vanguardia. "Un perro andaluz".

Y el perro andaluz soy yo. -No...

¡Claro que sí!

Hace años, Dalí, Buñuel, Pepín Bello y otros compañeros,

solían llamarnos perros andaluces a nosotros,

a los artistas de más abajo de Despeñaperros

que vivíamos en la Resi.

Nuestros complejos freudianos de infantilismo,

castración,

la asquerosa ambivalencia sexual...

¡Todo eso saldrá en la mierdecita de película que van a hacer,

ya lo verás!

Y lo que es peor.

Se morirán de risa mientras la ruedan.

-¿No te gustaría viajar?

¿Pasar una temporadita fuera de España?

¿Qué quieres decir?

-Lo que me ha preguntado tu padre.

Está dispuesto a costear el viaje.

¿Adónde sea? -Ajá. Eso parece.

Creo que vuestro amigo don Fernando de los Ríos

se va a Estados Unidos para dar una serie de conferencias.

Siempre he pensado que Nueva York debe ser una ciudad horrible.

Y por eso mismo, no estaría mal ir allí.

Don Fernando es un hombre encantador, maestro en su saber.

Y un amigo de verdad.

Me podría ayudar mucho.

Porque yo no sé una palabra de inglés.

Y además, soy un tontito para la vida práctica.

Lejos de España y de todo...

durante muchos meses.

No, no estaría mal.

Tengo que pensarlo.

Acabo de decir una tontería.

Uno no puede estar nunca lejos de España.

¿Has visto esto?

-¿Qué es?

Una carta que hemos escrito a Ortega y Gasset.

Firmada por 24 jóvenes escritores y por mí, también, claro.

Donde negamos, rotundamente, nuestra apoliticidad.

Expresamos nuestra repulsa a la dictadura de Primo de Rivera

y afirmamos querer buscar nuevos derroteros políticos

para este país, con la intuición de que, pronto,

va a nacer una nueva y esperanzada España.

En el mes de junio del año 29,

se estrena en el Studio des Ursulines de París

La película de Buñuel y Dalí, cuyo título definitivo es

"Un perro andaluz".

En esas fechas, Federico García Lorca

pasaba por la capital francesa camino de Inglaterra,

donde embarcaría hacia América en compañía de Fernando de los Ríos.

La dilatada estancia del poeta en Nueva York

va a representar una etapa fundamental

en la vida y en la obra de Federico García Lorca.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • El amor oscuro (1925-1928)

Lorca, muerte de un poeta - El amor oscuro (1925-1928)

04 ene 2019

Lorca no encuentra quien quiera estrenar su "Mariana Pineda". Rafael Alberti le sugiere que se vaya de vacaciones, y pasa unos días en Cadaqués junto a Salvador Dalí, quien se ofrece a diseñar los decorados de "Mariana Pineda", y es Margarita Xirgu quien la representa.

Histórico de emisiones:
02/09/2012
14/08/2017

ver más sobre "Lorca, muerte de un poeta - El amor oscuro (1925-1928) " ver menos sobre "Lorca, muerte de un poeta - El amor oscuro (1925-1928) "

Los últimos 6 programas de Lorca, muerte de un poeta

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios