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Libros con uasabi

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Para todos los públicos Libros con uasabi - 15/05/16 - Ver ahora
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Muchos creemos que el fin es la narrativa de nuestra época.

Unido, en tan noble tarea, a las grandes series televisivas

que han alcanzado un notable virtuosismo

y que, en estos momentos, acaparan la atención de los jóvenes

y de quienes, no siéndolo, hasta hace poco preferían leer.

Lo uno no quita lo otro.

La afición a escuchar historias, leídas, visualizadas o escuchadas,

es tan antigua como el hombre y se forja en la niñez.

Yo le leo un cuento todas las noches a mi hijo de tres años.

Háganlo también ustedes, si tienen un niño a mano. Comienza...

Todo está en los libros. Todo está en los libros.

Todo, todo, todo está en los libros.

Natalio Grueso era escritor y yo no lo sabía

hasta que Planeta publicó su primera novela, "La soledad".

Salió en la primavera de 2014 y en su primera línea dice

"nadie sabe tanto de la soledad como yo. Nadie".

Cuando Natalio me dio su libro, lo recibí con recelo.

Saben que me resisto a leer novelas.

Ese género que se aculebronó en el s. XIX

para entretener a las malmaridadas que, en aras del tedio conyugal,

corrían el riesgo de seguir a Madame Bovary, me aburre.

En esta ocasión, abrí el libro espoleado por la curiosidad,

leí la línea citada y no pude detenerme hasta llegar a su epílogo.

Añadía leña a mi reticencia inicial el hecho de que al tener que elegir,

y a diferencia de lo que dicen que dijo Aristóteles,

soy más amigo de mis amigos que de la verdad.

Gratísima fue mi sensación de alivio al cerrar la novela,

persuadido de que podía echar el elogio al vuelo

sin acogerme a las mentirijillas que suelen ser de rigor.

No pude por menos que avocar un episodio análogo

que se remonta a 1969, cuando regresé a Roma

tras un viaje de dos años por lejanas tierras.

Me dejé caer por la librería española de Vía Monserrato,

repasé las novedades, compré algunas

e incluí en el lote el libro de un autor, para mí, desconocido.

Esa noche leí su primera línea: "muchos años después,

frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía...".

Tuve el pálpito de que había caído en mis manos una obra de peso.

Algo parecido sentí al terminar la lectura de "La soledad".

Objeciones, sí. Ninguna japonesa tiene los ojos del color de la miel,

a no ser que truque el iris con lentillas. No importa.

¿Qué sería de la literatura sin las licencias poéticas?

Después de "La soledad", Natalio cambió de registro

y dedicó a Woody Allen esta obra editada por Plaza Janés.

Le puso por subtítulo, exagerado, "El último genio".

Por último aparece en estos días, casi simultáneamente lanzada

en América y en España, otra novela: "La suerte de los dados",

editada por La Pereza, con sede en Miami.

De los tres libros hablaré ahora con su autor.

Empecemos por "La soledad". Bruno Labastide eres tú.

Aunque lo niegues, no te creeré. Psicológicamente, tú.

Aunque no te haya pasado todo lo que le ha pasado a él;

ni hayas conocido a las personas a las que conviertes en personajes.

Ya me gustaría a mí ser Bruno Labastide.

Lo único es que yo he estado en los lugares que ha estado Bruno.

Desgraciadamente, mi vida no ha sido tan ajetreada

y tan bonita como la de este canalla encantador. Es un personaje

en el que a todos nos gustaría reencarnarnos.

En todos los personajes hay algo del que los escribe.

Supongo que has leído "El juego de abalorios", de Hermann Hesse.

El protagonista, Josef Knecht,

en un momento tiene que presentarse a las oposiciones

a "magister ludi" de esa comunidad, Castalia.

Le piden que presente un currículum. Escribe el suyo en tres historias:

el hacedor de sueños, el padre confesor y la vida india.

Aparentemente, no tienen que ver con él pero son su currículum.

Eso ocurre con todos los personajes. Se puede decir

que soy recetador de libros, locutor de radio en Argentina

o tengo un chiringuito en una playa de Camboya.

En los personajes de una novela siempre hay algo del autor.

Es la novela de un mirón; un hombre que atisba por una rendija

de las cortinas de casa qué sucede en la calle o en otros pisos.

En el epílogo se dice. El único mérito del autor

es haber tenido los ojos abiertos a lo largo de tantos años

de viajar y de dar vueltas por el mundo.

(BALBUCEA) Eso es cierto. Muchas de las circunstancias de la novela,

yo las he visto, las he vivido. Las que no son exactamente iguales,

con una pizca de imaginación, se traducen rápidamente.

Es una novela caleidoscópica. Cristales de muchas formas y colores

que dan vida a otros cristales de otras formas y colores.

Pretendía hacer algo diferente. Cuando uno se embarca

en una actividad artística, y la literaria es una de ellas,

lo más importante es aportar algo diferente.

En este sentido me apetecía hacer una arquitectura diferente.

Eso es arriesgado. Uno va tirando de un hilo

en el que parece que el lector puede escaparse

y, después, vuelves a traerlo. Tiene una parte de riesgo.

Pero sí, es un... Son cajas chinas. Un toque personal:

el Club de Corresponsales Extranjeros de Nom Pen, el FCC.

¿Has ido últimamente? Tú trazas una imagen idílica de ese lugar

que ahora es un miniparque temático para turistas en chancletas.

He estado por última vez hace dos años. El Club del que hablo

está ambientado en una época anterior. Incluso el embarcadero

en el Tonle Sap, el río, para subir hacia los templos

no tiene nada que ver con lo que era hace diez años.

Conocí el embarcadero cuando era un tendejón de uralita

y estaba uno a las seis de la mañana con 40 de calor.

Ahora es un centro comercial. Lo conocí hace 50 años. Imagínatelo.

Tu novela, a mí me parece... No sé si es una pregunta íntima,

que nace de una crisis existencial.

Ese momento en el que una persona decide cambiarlo todo:

la mujer o el marido, la ciudad, el trabajo, el domicilio.

Punto de ignición de una primera novela. ¿Es ese?

En cierto modo es así. Yo creo que, en realidad, una novela

indica que llega un momento en que hay que ser coherente.

Postergamos las cosas importantes. Cuando uno tiene una vocación,

y mi vocación de siempre es escribir,

lo va dejando por circunstancias que parecen imperantes en su momento

pero al final no son más que sueldo, dinero, llevar el pan a casa.

El pan se puede llevar de muchas maneras. Si no, Dios proveerá.

De todos los escenarios que aparecen el más intenso es Venecia.

Una ciudad que es como el Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

Una ciudad que, en la parte de los turistas

que van por el mismo camino, es un horror. En cuanto te apartas

de esa ruta aborregada, se convierte en una ciudad maravillosa.

Tengo la impresión de que Venecia es una ciudad irreal.

Es una ensoñación. Cualquiera que haya paseado al amanecer

no puede entender que pueda existir tanta belleza. Es maravillosa.

Es una ciudad ahora mismo invadida por los turistas.

En cuanto uno cruza dos calles hacia un lado u otro,

la ciudad cambia completamente y recupera esa magia.

Diría que es la única ciudad con esa magia, de las que conozco.

Frase de tu libro, muy judeocristiana:

"Bruno siempre tuvo conciencia. No hubo un solo día

en que no se pusiera en la piel de sus víctimas".

Es una frase muy judeocristiana. Ciertamente.

Bruno es francés y Francia es un país judeocristiano.

Todos llevamos la conciencia, la culpa, el dolor de los pecados.

Eso está inculcado en nuestro ADN por cuestiones educativas.

Bruno es una persona educada en un mundo judeocristiano.

¿No habíamos quedado que Bruno es asturiano?

(AMBOS) (RÍEN) Bruno puede ser de cualquier país.

Cuando me preguntan por qué funciona la novela en tantos países...

Creo que Bruno es un personaje

con el que nos podemos identificar cualquiera en cualquier cultura.

Una pregunta que va con segundas; y las segundas se refieren

a tu segunda novela, de la que hablaremos en un instante.

Tu novela está llena de artilugios narrativos. Esos mecanismos

son sincronías, serendipias, causalidades.

La vieja y falsa dicotomía de Monod entre "El azar y la necesidad".

El dios no juega a los dados de Einstein,

al que tanto irritaba el azar como factor que rige el universo.

El universo de tus dos novelas está regido por el azar.

Absolutamente. Asusta mucho pensar la cantidad de cosas

que dependen del azar; prácticamente todo en nuestra vida,

desde el momento de nacer. Es un sorteo

en el que unos nacen guapos; otros, feos; unos, ricos; otros, pobres.

En esta carrera, el punto de partida no es el mismo para nadie.

El azar es muy importante. Creo que en la vida no hay casualidades,

sino causalidades. Un neologismo mío: causualidad,

que une las dos cosas, causa y casual.

Todo tiene un motivo, un porqué. Eso es la serendipia,

palabra muy de moda. Sí. Creo que es un anglicismo

del "serendipity" inglés, y se toma como una palabra habitual.

Son palabras que se ponen de moda. Viene del cingalés,

pasa por el farsi, llega al inglés y desemboca en el español.

Última pregunta sobre "La soledad". Hay en ella un hilván;

la japonesa de los ojos de color de miel que vive en Venecia

y se acuesta con todo aquel que le deja una nota en su buzón.

¿Final feliz o no? En las películas nos quedamos sin saber qué sucederá

después del beso. Ese beso está aquí pero no se sabe qué pasará después.

Eso es lo que tiene que aportar el lector. En una novela,

lo que hace el autor es lanzar unos dados

y que después el lector lo organice como prefiera.

¿Es final feliz o no? Creo que sí. Me inclino por un final feliz.

Pero con las japonesas nunca se sabe.

Llegamos al segundo libro.

La soledad no casa con la amistad que te une a Woody Allen

y que te ha llevado a escribir un libro ageográfico.

Yo no diría tanto. Es una visión personal de un autor

sobre otro al que considero uno de los más grandes genios.

Genio es palabra mayor. ¿No es excesivo? ¿Por qué el último?

Como se dice en el libro, Allen no está de acuerdo con el título.

Él es el primero que dice que genios son Shakespeare, Mozart, Einstein.

Yo soy un humorista que ha tenido mucha suerte en la vida.

Probablemente ningún genio, sea Allen o no, te va a decir "no, no".

No te va a decir "sí, soy un genio". Excepto Dalí.

El problema es el contrario. Muchas personas no tienen

un ápice de genialidad y se lo creen.

Creo que Woody es el último genio. ¿Por qué el último?

Es el último de una forma de hacer cine que no se volverá a hacer.

El cine como lo hemos vivido, esa comunión colectiva de la sala

que se oscurece y, de repente, en la pantalla aparecen cosas

no lo vamos a ver más. El cine se está viendo ya en un móvil

o una tableta o un ordenador o una televisión.

Él es el último de los grandes de esa época dorada

(BALBUCEA) que comienza con Chaplin, con Groucho Marx.

Él es componente de esa santísima trinidad de humor inteligente.

¿Qué es un genio?

Uno tiende a pensar que es un señor que compone muy buena música;

que es muy culto o muy inteligente; o que escribe muy bien;

o que eleva grandes obras de arte. Una vez leí una definición:

"un genio es alguien capaz de ver la relación existente

entre elementos aparentemente muy dispares de la realidad

y anticiparse, así, al futuro; armarlo; ensamblarlo".

Es una buena definición. Creo que es cualquier persona capaz

de hacer con su talento algo que pueda

poner una semilla en la mente de los demás.

Eso ocurre con la música, la literatura, la pintura.

Ese talento es lo que vuelve a un artista genial.

¿Woody Allen ha leído el libro antes o después de que se publicara?

Él nunca lee nada que se escriba sobre él.

Lo argumenta de una forma muy inteligente.

(BALBUCEA) Dice "si lees una crítica mala,

te vas a enfadar. Aunque lo que hagas te haya salido mal,

has puesto todo tu esfuerzo por hacerlo bien.

Si te adulan, corres el riesgo de convertirte en un egocéntrico.

Siempre sales perdiendo. Lo mejor es no leer nada sobre ti".

No ha hecho una excepción. Me ha dicho

que puestos a que alguien escriba sobre él, mejor un amigo.

Hay un momento estelar en tu existencia;

en el que vas a ver "Manhattan", la primera que ves de Woody.

Te quedas deslumbrado y descubres Nueva York.

Dices que nadie ha descrito mejor Nueva York que Woody Allen.

Yo disiento. Creo que estaba muy bien descrita en el cine

décadas antes de que empezara a hacer cine.

Lo dice su protagonista, Mariel Hemingway,

que "cada fotograma es un cuadro". Es una obra maestra de fotografía.

La fotografía es de Gordon Willis, uno de los grandes.

Esa forma de retratar la ciudad, con esa música de Gershwin,

marca un clarísimo punto de inflexión en cómo se ha mostrado

esa ciudad en el cine. Ni siquiera existía el famoso banco.

(AMBOS) (RÍEN) El banco de Manhattan. Claro.

Por eso digo que la vida es más hermosa a través de los ojos

de Mr. Allen. Ese banco lo llevaron los de producción.

Ya sabes que Woody Allen no es santo de mi devoción.

Vi "Toma el dinero y corre" a comienzos de los 70. Me gustó.

He vuelto a verla hace nada y no me ha gustado.

Después vi "Bananas". Tampoco me gustó.

Vi "Annie Hall", "Manhattan", que bueno...

"La rosa púrpura de El Cairo", que tanto alabas tú,

al cuarto de hora la apagué. No he visto "Match Point",

que es lo que todos decís que es la gran obra de Woody Allen.

Influye mucho el estado de ánimo cuando ves una película.

Hay películas que envejecen bien; y otras, mal.

Para escribir este libro me he visto sus cuarenta y pico películas

y algunas han envejecido mal.

Hay algunas que tenía un recuerdo maravilloso de ellas

y ahora no me parecen tan buenas. Otras que me pasaron inadvertidas,

(BALBUCEA) como "Sombras y niebla", es una película maravillosa.

Dices que Allen es un ejemplo de absoluta integridad moral.

Nunca se presta a hacer el cine que él no quiere hacer.

(BALBUCEA) "Vicky Cristina Barcelona" y "A Roma con amor"

es una comedia digna de las comedias de España en los años 40.

No hablo de integridad moral, sino profesional. Son cosas

que pueden ser ligeramente diferentes.

Lo que ocurre con la película de Barcelona y de Roma,

y ahí se ven las semejanzas entre los latinos,

es que en los únicos lugares donde han sido criticadas

ha sido en sus propios países.

"Vicky Cristina..." ganó el Globo de Oro a la mejor comedia;

Penélope Cruz, el Óscar a la mejor actriz;

fue número 1 en Francia semanas; tiene todos los premios.

¿Dónde la criticaron? En España. "A Roma con amor" la han criticado

en todas partes. En todas partes, no sé; pero en España, también.

(BALBUCEA) Forma parte de ese mismo concepto.

¿Te gusta de "A Roma con amor"? No es de las que me gusta.

Lo define él: "es la mirada de un turista americano

que llega a Roma". Es eso.

Él no pretende hacer la gran obra que cambie el mundo del cine.

No es "El ladrón de bicicletas", de Vittorio De Sica.

Yo siempre digo que la peor película de Woody Allen es mejor

que la media de lo que se ve en la cartelera.

Dos maestros y dos amigos: Bob Hope y Groucho Marx.

Con una diferencia. Ellos inventaron personajes

y Woody se presenta en la pantalla tal como es. Lo cuentas tú también.

Tal como es, físicamente, y tal como viste.

El carácter y personalidad de Allen es diferente al personaje que vemos.

El personaje que vemos es un ser al borde del ataque de nervios.

(BALBUCEA) El Woody Allen persona es una persona normal

que tiene un control absoluto sobre todo lo de alrededor

(BALBUCEA) y que tiene una amabilidad con los que le rodean

que no tiene el personaje en la pantalla.

¿No es un director y un escritor de ocurrencias, de aforismos?

A lo largo de tu libro, la separación entre capítulos

es una foto con una de estas frases ingeniosas.

Va más allá de eso. Woody ha escrito obras teatrales, ha dirigido óperas

y ha dirigido películas que van más allá de una simple frase.

Él es bueno en lo que los americanos llaman "one liner";

la frase poderosa. Él lo compara, y creo que lo hace bien,

con los versos. Dice: "un verso, si le sobra una palabra, se pierde.

Si tiene una palabra de más, se pierde".

Con estas frases pasa lo mismo.

(RÍE) Si le quitas a Woody el psicoanálisis, ¿en qué se queda?

Se queda un señor de 80 años que le gusta escribir y hacer cine.

El psicoanálisis ha sido importante en su vida.

Forma parte más del mito que de la realidad.

Woody Allen hace muchos años que dejó de hacer psicoanálisis.

Esto es también una balada de las nieves de antaño.

Es una carta de amor al cine y una elegía por su decadencia.

Lo que fue Times Square, y ya no es; lo que fue la Gran Vía, y ya no es.

Exactamente. Creo que estamos viviendo un mundo...

El mundo que hemos conocido, que conocemos, está en extinción.

Creo que el barco ha chocado contra el iceberg, la grieta

está abierta y lo que nos queda es que la orquesta siga tocando

mientras nos hundimos. El hundimiento es seguro.

La globalización lo ha matado todo. Vivimos en un mundo

en el que, dentro de nada, pasear por Luang Prabang

será igual que por Montevideo. En todas las ciudades habrá

grandes marcas y tiendas que tienen más poder que los Estados.

El mundo se ha convertido en un parque temático.

Llegamos al tercer libro, a "La suerte de los dados".

Es también una carta de amor. No al cine, sino al teatro.

Más autobiografismo disfrazado, porque has sido

director de los espacios escénicos del Ayuntamiento de Madrid.

El teatro es una de mis debilidades; eso es clarísimo.

Ciertamente, es un campo que conozco bien.

Me apetecía escribir sobre una persona

que quiere recuperar un teatro, y todo lo que ocurre alrededor

de esa obra que quiere montar, que es una obra de Shakespeare.

Realismo mágico sin excesos verbales.

Santa María de las Postrimerías, que es el pueblo

en el que transcurre esta novela, podría ser Macondo o Aracataca.

Absolutamente. Intenté que fuese una novela de tierra caliente;

y que bebe de las fuentes. Además, no hay que ocultarlo.

Bebe de Valle-Inclán, que es uno de los grandes de la historia.

El problema que tiene es que su lenguaje es tan rico

que es intraducible. Por eso no es tan conocido fuera de España.

Lo que vino después, García Márquez... son herederos suyos.

Esto bebe también de esas fuentes, con muchísima más modestia.

Eso es también una "Crónica de una muerte anunciada".

Es una "Crónica de una muerte anunciada". Ciertamente.

Decía García Márquez que ese era su libro favorito.

Creo que tiene parte de razón. Es uno de mis libros favoritos.

Me gusta mucho, aunque ha sido muy criticado.

Fíjate en una cosa que tenía García Márquez que me parece vital.

Son los comienzos; que te cojan y lleven hasta la última página.

(BALBUCEA) Si "Cien años de soledad" empieza con muchos años después

en el pelotón de fusilamiento; "Crónica de una muerte anunciada",

con el día que lo iban a matar, Santiago Nasar...

Es maravilloso. A partir de ahí te lleva hasta la última página.

La filosofía imperante en esa segunda novela

es la del papa Francisco y la de Pablo Iglesias: la gente.

Todo el mundo es bueno. El amor y el odio al que viene de fuera.

Los buenos, buenísimos; los malos, malísimos. Los pobres y los ricos.

Los poderos y los marginados. Hay maniqueísmo.

Diría que es la vida misma. Es así. No estoy de acuerdo que eso sea

lo que dice Pablo Iglesias o el papa Francisco.

Pablo Iglesias habla de la gente. ¿Qué es eso de la gente?

Creo que lo hace con trampa. Esto es otra cosa.

Esto no es más que una fábula; y en las fábulas, como debe ser,

los personajes tienen que ser muy extremos.

Los malos tienen que ser malísimos; y los buenos, buenísimos.

La contraposición entre el sueño americano, encarnado por Nicolás,

el protagonista; y el infierno americano, encarnado por su hijo.

Creo que se muestra muy bien la contradicción de esos dos mundos:

el de Centroamérica o la América hispana, y el de EE. UU.

Son mundos que, estando tan cerca, viven completamente de espaldas.

Lo que pretende contar la novela es que hay muchas más gamas de grises.

Ni es tan bueno el sueño americano (BALBUCEA) ni es tan mala

la miseria, la pobreza centroamericana.

Hay un guiño a "La soledad" en forma de crucigrama.

(AMBOS) (RÍEN) Hay un horizontal, de nueve letras:

apellido del protagonista de la novela "La soledad".

La argamasa de la ternura y del amor como única vía de escape.

Orfeo, digo Nicolás, baja al infierno a rescatar a Eurídice,

digo a Diamantina, la puta, después de haber perdido

a la japonesa de los ojos de color de miel, digo Evelyn.

(RÍE) Todo viene de los griegos. Ahí está prácticamente todo.

Como estábamos hablando de teatro y es una novela de teatro,

desde Aristófanes, todo el teatro que se ha hecho

no ha sido nada más que releer y reescribir Aristófanes.

Casi todas las tramas y argumentos los marcaron ellos.

Y modelos cinematográficos. Diamantina es "Pretty Woman"

y Nicolás es Richard Gere. Hay otros.

En ese no había pensado yo, pero podría serlo.

Lo que trata de contarse es que la persona más despreciada

en un entorno, en este caso en Santa María de las Postrimerías,

al final tiene más dignidad. Eso ocurre mucho

en la vida real. Alguien no es mejor ni peor en función

de las cartas que te hayan correspondido en la vida.

Otra referencia cinematográfica.

Cuando leía la última parte estaba pensando en esa secuencia

de la película de Hitchcock "El hombre que sabía demasiado",

cuando Doris Day, cantando "¿Qué será, será?"

está buscando a su hijo, que ha sido secuestrado en aquella embajada.

Podría ser. Además, es una de mis películas favoritas.

Creo que hay escenas maravillosas. La escena en el Albert Hall

con la orquesta tocando y parece que matan a alguien

cuando los platillos... plas. Ese referente es bueno.

Un narrador omnisciente que no solo cuenta,

sino que opina y emite juicios morales y filosóficos.

Lo contrario del "no tratéis de explicaros", de Hemingway,

y su teoría del iceberg de permanecer oculto. Enseñas todo.

Debe de ser que soy muy exhibicionista.

Como te decía antes, creo que cuando uno hace un libro

tiene que intentar hacer algo diferente a los demás.

Por eso creo que era momento de narrarlo así, de esta manera.

El narrador tiene juicio y opinión y los puede desvelar.

Cine: "Ciudadano Kane", Orson Welles.

En esa película, una palabra clave de la infancia del protagonista:

"rosebud". En tu novela, también. De la infancia

del hijo del protagonista y del protagonista

hay una palabra clave que es "shikedbah". ¿Por qué?

¿Viene de tu infancia? Viene de un poquito después.

Si Orson Welles jamás reveló qué era "rosebud",

vas a permitirme que tampoco revele qué es "shikedbah".

Si se lo pudo permitir Orson Welles, permíteme que lo pueda hacer.

Chocolate negro, uasabi y, como tercer regalo, las chicas.

Todo está en los libros. Todo está en los libros.

Chicas: Bruno Labastide, Nicolás, Woody Allen y Natalio Grueso.

Me tienes muy desconcertada. -Eso me gusta.

-Me leí en rápida sucesión "La soledad",

el libro de Woody y "La suerte de los dados".

"La soledad" me parece conmovedora,

translúcida, llena de emoción.

El libro de Woody Allen me pareció bastante "baby mocosete".

Creo que se te va un poco la pinza, que admiras demasiado a Woody.

Le conocí en Nueva York y coincido contigo en una cosa y media.

En la cosa en que coincido es en que no es un neurótico.

Es una persona muy estable, sensata. Confiaría más en él que en otros

neuróticos que conozco. Y es verdad que es un pueblerino de Nueva York.

Es una ciudad donde te encuentras a cantidad de gente conocida.

El Nueva York de Woody Allen es como Móstoles; una cosa pequeña.

Eso explica el trasiego que os habéis traído con Dragó.

Tiene malas críticas "Vicky Cristina Barcelona" porque está hecha aquí.

Woody gusta de lejos, porque es un pueblerino que mola de lejos.

En Nueva York le tienen manía. Nosotros, cuando filma en Barcelona.

Tu última novela, "La suerte en los dados",

me tiene atormentada. Por una parte se te ha ido la pinza,

eres un cursi, intentas parecer un autor latinoamericano.

Creo que lo haces para vender fuera, porque aquí no venderás.

Por otro lado, hay momentos de nobleza emocional

de gallardía romántica en esa novela como hace 5 siglos que no se ven.

No sé qué hacer contigo: si comerte a besos o darte de bofetadas.

Lo de autor latinoamericano, ten en cuenta que es asturiano

y en Asturias hay mucha gente que se fue a América y volvió.

Entre "La soledad" y "La suerte en los dados" yo aprecio

(BALBUCEA) un intentar

hacerse el gabo. En tu novela hay momentos tan emocionantes,

tan dulces, estás tan lleno de amor

que no sé qué hacer contigo: enfadarme, adorarte, rezarte o qué.

Úntalo en pan. Venga, Natalio. Yo no sé por dónde empezar.

Creo que si un escritor escribe para vender, mal vamos.

Un escritor escribe lo que le apetece, para compartirlo.

-¿En la última no te has dejado cegar por el miedo a no vender?

-En absoluto. Todo lo que escribo está escrito

porque me apetece compartirlo con lectores.

Si hay momentos desgarradores, maravilloso.

Si hay momentos románticos, maravilloso también.

Mal consejo le daríamos a cualquiera que quiera escribir

y que piense en vender. Si queremos vender, está inventado.

Hacemos una "Sombras de Grey" o una cosa de estas y se vende.

Es otra historia. Lo de la novela latinoamericana, ojalá.

Ojalá pudiera parecerme a gente con el talento de García Márquez.

Es una novela de tierra caliente. Cada novela requiere un tempo.

Las novelas, para mí, no son letras que se van juntando.

Lo más importante es la música. Una novela es una partitura.

Cuando coges la música, se supone que cuando uno se dedica a esto

sabe juntar palabras y sabe hacer subordinadas y estas cosas.

Lo importante es encontrar la música y cada novela necesita una especial.

Yo creía que en esta hacía falta este tipo de música.

(BALBUCEA) Woody Allen. -Le quieres demasiado. Reconócelo.

-Le quiero mucho. -¿Estás enamorado de él?

-No llego a tanto. Le admiro mucho y es muy buena gente.

-A mí también me gusta. -Decías que vive en un sitio

más pequeño que Móstoles. Es mucho más pequeño.

El Nueva York de Allen va entre la calle 70 y la 50.

Es un pueblito pequeño y cuenta muchas cosas

que son muy difíciles de entender. Su sentido del humor

es un humor muy marcado por esa "gosh" divina

de Manhattan, de gente que tiene su vida hecha.

-¿Me dejas hacer un comentario sobre una cosa que me ha extrañado?

Voy a comparar a Woody Allen con Samuel Beckett.

A Samuel Beckett, cuando lo leía pensaba "menuda tontería".

En cambio, lo ves en el escenario y funciona muy bien.

Con Woody Allen pasa algo parecido. Ves la película, y está muy bien,

y cuando he leído libros suyos me han parecido,

con el debido respeto, una gilipollez.

-Seguramente no has leído "Cooler Mass".

-¿Está en "Cómo hundir la cultura"? -No.

(CARRASPEA) Es un cuento maravilloso.

Woody es un gran escritor; sobre todo de diálogos,

que yo creo que es lo más difícil. Creo que las novelas

son un género, ya sé que a Fernando no le gusta demasiado,

que pueden ser muy gris. Una novela puede ser

buena, ligeramente buena, mala, ligeramente mala.

El teatro y la poesía, o son buenos o son malos.

Ahí no hay término medio. -Tienes una razón inmensa.

-¿Cuál es la ventaja de Woody Allen? Es un gran escritor de diálogos

y es muy difícil hacer eso.

-Los temas son tan dispares... Woody como personaje, funciona.

Otra cosa es que él, de puertas para afuera, sea tan neurótico.

No son tan dispares, Elia. A lo largo de nuestra conversación

he intentado demostrar que entre los 3 libros hay relación.

No la encuentro. Lo voy a explicar. Por lo ageográfico que decías

de estructura casi de santo, se ve una admiración hacia Woody Allen

y no hay más que hablar. Escribes sobre un amigo y la objetividad

brilla por su ausencia. Te puede gustar más o menos.

Me voy a centrar en las novelas. "La soledad" me gusta mucho

en tanto en cuanto son fábulas, sin ser animales los protagonistas.

-A lo mejor nos gusta más porque es más europea.

-Las fábulas siempre tienen un punto de moraleja, de moralina

que, depende de cada uno, te puede gustar más o menos.

El contrabandista, lo del asilo... Hay historias interesantes.

La fábula, hoy en día, se está perdiendo un poco. Bueno, todo.

Recuerdo a Elliott que decía "qué pena los hombres del futuro

que no serán contemporáneos de Erodoto y no lo sabrán".

Es verdad que "La soledad" recupera eso.

Sin embargo la última novela, "La suerte de los dados",

a mí me han faltado páginas. Parece un realismo mágico.

Ha dicho Fernando que los buenos son muy buenos y los malos, detestables.

Me han faltado páginas. Diamantina se me queda corta; Nicolás, también.

(AG) -Eso es bueno, ¿no? Peor es que te sobren páginas.

Creo que podrías haber sido más descriptivo

y que hay muchos personajes dentro.

-Eso está hecho de forma totalmente intencionada.

Creo que una novela... tiene que ser casi como el aceite.

Al final te vas quedando con la esencia.

Cuando escribí "La soledad", inicialmente tenía 800 páginas.

A partir de ahí fui quitando cosas

para que la imaginación del lector le lleve a completar los personajes.

Yo sé perfectamente qué le pasó a cualquiera de los personajes.

Con "La suerte de los dados" pasa lo mismo. Eran 700 páginas y quité.

¿Por qué llega Diamantina a ser una prostituta en un pueblo?

Eso está escrito pero lo he borrado.

Que sea la imaginación del lector la que le diga por qué ha llegado.

(BALBUCEA) Creo que eso es bueno. Trato de escribir

de lo que me gusta leer. Los libros con exceso de páginas,

quizás por imposición de las industrias editoriales,

se tienden a llenar de páginas que les sobran mucho.

-Hay muchos que me he quedado... -Claro. Todos ellos.

Si me permites una anotación, Elia, ayer terminé de escribir un prólogo

para una historia de Tanizaki. El editor me lo haía encargado.

Hablaba de cómo en Tanizaki y en toda la literatura japonesa

hay una norma estética que es dejar la obra aparentemente inacabada.

Es el concepto de que nada es perfecto, nada es completo.

Tiene que ser el lector el que termine la novela.

No es el caso del iceberg de Hemingway. No es eso.

-Es un mérito, y coincido con él, que te sepa a poco y no te hastíe.

(ER) -Ayanta: ¿qué te ha parecido? (AB) -Entiendo que eres un hombre...

un amante de la literatura, del cine y del teatro.

También por tu recorrido profesional más allá del de las letras.

Me parece interesante lo que dices; que "La soledad",

un libro de 300 páginas, más o menos,

se haya quedado reducido desde las 800 páginas iniciales

y que supieras esas circunstancias de los personajes

que pueblan esta novela, no deja de ser un trabajo que tiene que ver

con un trabajo teatral en la composición.

En la composición del personaje tal y como la hacen los actores,

remitiéndonos a métodos como el de Stanislavski.

Siempre he encontrado que tiene mucho que ver

la creación de un personaje desde el punto de vista actoral

con la creación de personajes dentro de este formato, la novela.

Es interesante porque has encontrado una línea a estos tres libros

y yo también se la encuentro. Centrándonos en el de Woody Allen...

A mí me apasiona. No soy como el padre; yo soy una fan,

una gran admiradora de este hombre y me parece un genio.

Suscribo el título de este libro.

Como a ti, me ha pasado que hay películas antiguas

que volviendo a verlas ahora se me han quedado...

me han destrozado la idea que tenía. No importa.

Lo importante del cine es el momento en que lo ves.

No todo pasa a la posteridad. En el momento en el que lo ves,

sí te ha dejado una señal. ¿No recuerdas que viste conmigo

"Annie Hall"? La vimos en Roma. La primera de Woody que tú veías.

Eras una niña. Tenía nueve o diez años.

Me aburrí como una ostra porque no entendí nada.

La volví a ver muchos años... Tu padre también.

La volví a ver años después y dije "esta era la película de Roma".

El libro lo he leído con mucha curiosidad.

Me ha aportado datos que no sabía. Hay partes...

La carta que pones de Groucho Marx es como para aplaudir.

Ves cómo en una carta ves la personalidad de Groucho Marx,

o lo que nosotros hemos visto en el cine, pasándolo tan bien.

(BALBUCEA) Es muy difícil escribir una biografía de alguien

cuando tienes una relación estrecha, porque acaba siendo

un número de elogios en el que uno puede estar más o menos de acuerdo.

Hay también la parte oscura de Woody que a mí también me interesa.

Me llama la atención que lo escribas y pases por el escándalo familiar

y sexual que tuvo en su día, y que ha vuelto a salir,

sin ahondar en esta historia que me parece interesante,

pero no por el cotilleo puro de prensa del corazón

sino porque es una imagen que yo no he podido olvidar,

la de Woody Allen saliendo en rueda de prensa

y contando su versión de los hechos ante esas acusaciones de Mia Farrow.

Echo de menos que se hable solo del Woody perfecto

y no del otro lado, que conforma su personalidad.

(CARRASPEA) -Para empezar, no es una biografía. No soy su biógrafo.

Trato de mostrar una visión personal del personaje.

Tampoco soy periodista. No tengo que preguntarle la actualidad.

En tercer lugar, tengo por costumbre no hablar nunca

(RÍE) mal de mis amigos en público.

Lo tenía muy claro. No iba a incluir ninguno de esos pasajes.

Son tremendamente injustos, porque en esta sociedad

la difamación parece que siempre queda,

cuando ese supuesto escándalo se quedó en nada.

Todo era mentira. Ni él estaba casado con Mia Farrow,

ni Soon-Yi era su hija adoptiva, ni vivían juntos, ni era menor.

Está tan contado que lo interesante era revelar otras cosas.

-Está contado desde el otro lado. Eso que dices, no lo dice nadie.

-Lo puedes encontrar en cualquier sitio. Lo dijo el juez.

-Lo que dicen los jueces, muchas veces...

-En el libro, que más allá de que te guste o no...

A mí Woody me gusta en contadas películas.

Cuando cuentas lo de Vietnam o de no eres material de universidad

está muy bien. Él, como personaje, se mueve bien en la vida real.

Hay otra escena bonita, cuando él camina con Arthur Miller.

Con el tema del escaparate y las fotos de Marilyn.

-Soy yo el que camina con Arthur Miller.

-Perdón. Tú mismo. Ese momento también es bonito.

Creo que hay instantes.

El libro habla de otros personajes, como Susan Sontag o Arthur Miller.

Os tengo que interrumpir para dar paso a las recomendaciones.

Antes, querría saber por qué venís las tres descalzas.

¿Hay alguna razón o es casualidad? (AB) Es un homenaje a Natalio.

(AG) -Porque nos ha dado la gana. ¿Os ha dado la gana a las tres?

(AB) -Es un homenaje cinematográfico a Buñuel

y a Tarantino, que le encantan los pies.

(ER) -Mono amarillo no teníamos. ¿Por qué no a la Condesa Descalza?

(AB) ¿Quieres saber la verdad, que es menos interesante?

Se me olvidó traer calzado para este vestido.

Iba con zapatillas de gimnasia. Hemos ido pidiendo un par de botas.

No había manera y, por solidaridad femenina, vamos descalzas.

(RÍE) Natalio: ¿nos descalzamos? -Si quieres...

-En "La suerte de los dados" dice "los calcetines son la mortaja

y los zapatos, el ataúd". Es genial para este momento.

(AG) -Si él me cambia sus zapatillas por mis zapatos, se los cambio.

Recomendaciones.

Quería recomendar una edición de "Poeta en Nueva York".

Con ilustraciones de Alfredo González y Pedro Tabernero.

Se presentó hace unos años en Nueva York.

Yo estaba presente. El ilustre hispanista Gonzalo Sobejano

dijo que las ilustraciones eran propias de Woody Allen,

cuando los poemas de Lorca sobre Nueva York eran más oscuros.

El libro es precioso, hermoso, muy alegre, divertido.

Las ilustraciones, no teniendo nada que ver con la poesía,

alegran mucho la vida. Es un libro bonito de leer.

Elia. Va.

"Godot sigue sin venir", de Miguel Albero. Vademécum sobre la espera.

Páginas de Espuma es la editorial.

Es genial. Algo tan cotidiano como es la espera...

Esperamos para nacer, nueve meses en el vientre; esperamos el autobús;

que salga el agua caliente; la muerte; el amor; tantas cosas...

Hace un ensayo sobre eso: la espera literaria, existencial,

la incertidumbre. Esperar no es de esperanza.

Esperanza es expandirse, caminar, echar el pie adelante.

Esperar es todo lo contrario, de sufrimiento,

de esperar con ese sufrimiento. Como vademécum está muy bien.

Si están ustedes desesperados, vienen aquí, lo miran

y puede decirles Miguel Albero qué tipo de espera están sufriendo.

Rápidamente: "Lo que Sócrates diría a Woody Allen". Genial.

Son conversaciones de filosofía y de cine.

Plantea temas como existencialismo. ¿Lo ha escrito Sócrates o Allen?

(RÍE) Ninguno de los dos. Juan Antonio Rivera.

-He hecho una broma, pero quisiera preguntar a Natalio:

si Woody hubiera vivido en el siglo adecuado,

¿le habrían hecho tomar la cicuta?

Lo intentaron con el lío al que os referíais hace un momento.

(AB) Es una manera de cicuta. (AG) -Un ataque "ad hominem".

¿Algo más? El utilitarismo, el existencialismo.

Todo ello mezclado con películas: de Kubrick, Billy Wilder,

Woody Allen... Literatura, cine y filosofía

mezclados de una manera fantástica. Me gustaría saber

por qué comparan a Woody Allen con Ingmar Bergman y Fellini.

No les veo nada en común. Tú lo citas.

Absolutamente. ¿Cómo que hace cine europeo?

Hace una descripción constante en Nueva York.

No quiero discutir. Ayanta. Esto sería otro programa.

Os recomiendo "Las siete maravillas del cine",

de José Luis Garci. Es un libro

que repasa las siete películas que más le han gustado:

"Casablanca", "Perdición", "La palabra", "Vértigo",

"El hombre que mató a Liberty Valance", "2001" y "El Padrino".

Después hay una encuesta a 70 cinéfilos,

entre los que se encuentran Dragó y Elia.

Una encuesta en la que habla, cada uno, de las películas

que más le han gustado. Es un libro voluminoso,

bien escrito. Me parece que Garci escribe muy bien.

Escribe como escritor y no solo como cineasta.

Para los apasionados del cine, es un recorrido muy interesante

en el que se puede aprender y cotillear un poquito.

También es divertido saber las anécdotas de rodaje.

Seguro que entre las películas que recomiendo en ese libro

no hay ninguna de Woody Allen, pero habrá alguna de Hitchcock.

Quiero recomendar este libro de conversaciones que apareció

"in illo tempore" y que ahora reedita,

coincidiendo con el cincuentenario de la fundación de Alianza,

la propia Alianza Editorial. Es una larguísima entrevista

entre Truffaut, un grande del cine, y Hitchcock, para mí uno

de los tres o cuatro directores definitivos de la cinematografía...

Diferencia va con Woody Allen. Es una reflexión sobre el cine

llena de anécdotas de los rodajes de las películas.

Un libro fundamental para rendir homenaje al cine.

Me gustaría hablar de este libro publicado por Sergio Berrocal:

"Descafeinado con güisqui". Descubrí a Sergio

hace ocho o nueve años

leyendo un libro que se llamaba "Güisqui con cine".

Me deslumbró. Sergio es un periodista de toda la vida

que vive refugiado en Fuengirola. Fue redactor jefe de France Press.

Coincidió allí con Vargas Llosa, Javier Domingo, Juan Tomás de Salas,

con muchos fundadores del Grupo 16, Julio Ramón Ribeyro, etc.

Es un libro lleno de ciudades, gentes, amores, nostalgias.

Todo lo que su tiempo le arrebató. Es un escritor espléndido.

Aconsejo este "collage" de encuentros y de desencuentros.

El retrato miniaturista pero tórrido de un mundo que no volverá.

¿Algo para el cohete? (A LA VEZ) No tenemos nada.

(IRÓNICO) Querías recomendar algo, pero te veo cargado de libros.

Vengo sin libros. Si me permitís, voy a recomendar un libro

de Manuel García Rubio que se titula "El mirofajo".

¿Perdón? "El mirofajo".

Manuel es un escritor asturiano que tiene un puñado de novelas:

"Sal", "España, España"... Ha escrito este, que acaba de salir,

que es una auténtica maravilla y que lo recomiendo.

Para el cohete tengo algo, si me permites.

Yo lanzaría, expulsaría de este mundo

todos los libros de texto que estudian los chavales ahora.

Si uno los lee, se echaría las manos a la cabeza.

Creo que hay que recuperar los libros de texto antiguos.

Hay que volver a contar la historia como es, no como la cuentan ahora.

-Estoy completamente de acuerdo. Cualquiera que tenga hijos

y tenga contacto con estos libros, se queda sorprendido.

Simplemente con ojearlos, te das cuenta del nivel que hay.

Especialmente los de historia. Historia, literatura...

(AG) -Dan ganas de poner a tus hijos en manos de un profesor particular.

(ER) -Eso es de privilegiados. En época de crisis económica...

Sería interesante analizar cuáles son los libros

que recomiendan en los institutos de lectura obligatoria.

Es curiosito el tema. -Podríamos hacer un programa "punk".

-Un programa en el que se llenaría el cohete de libros.

Vamos a necesitar un cohete infinitamente más grande que ese

para enviar al espacio exterior todos los libros que se manejan

en la docencia española.

Hablando de docencia española, quería recomendar otro libro.

Es de esa colección de clásicos publicada por la RAE

con el amparo de la Obra Social La Caixa. Hemos traído muchos.

Quería hablar de "La epístola moral a Fabio".

Es uno de los grandes poemas de la literatura castellana.

Me la aprendí de memoria, y son 205 versos, cuando iba al colegio

en el que todavía se enseñaba literatura.

Una literatura que arrancaba del Ramayana,

o que arrancaba de los libros griegos o libros romanos,

o de los libros japoneses y que llegaba hasta nuestros días.

Es una obra maestra. Durante mucho tiempo veréis

que viene el nombre del autor, Andrés Fernández de Andrada.

Es una obra de comienzos del s. XVII y cuando yo la estudié en el cole

la estudié como anónima; hasta que los investigadores

fueron descubriendo el autor. Se había atribuido a Rioja, Medrano,

a los hermanos Argensola. Por fin sabemos que es Fernández de Andrada.

(BALBUCEA) Todavía podría recitar grandes partes de este libro

que empieza diciendo "Fabio, las esperanzas cortesanas

prisiones son do el ambicioso muere y donde al más activo nacen canas.

El que no las limare o las rompiere, ni el nombre de varón ha merecido,

ni subir al honor que pretendiere". Así comienza; y termina diciendo

"ya, dulce amigo, huyo y me retiro de cuanto simple amé:

rompí los lazos. Ven y sabrás al grande fin que aspiro

antes que el tiempo muera en nuestros brazos".

Esto es literatura. Anna: tu poema. Me vais a permitir...

Requiere cierta escenificación. (RÍEN)

Es un poema de José María Fonollosa, un poeta catalán.

"Dicen que arrodillarse es humillante.

Que es esta posición, la del vencido,

del sumiso, el vil, del que renuncia a la última esperanza de salvarse.

Que está arrodillado en una calle, en un templo o salón

afrenta, incluso, a aquel que lo contempla y no lo impide;

como afrenta una bomba que no estalla

a quien confiaba actuar a su explosivo. Sí.

Es innoble actitud arrodillarse delante de otro ser

cuando el sujeto es pasivo.

Mas no, si este es activo.

Porque hay una excepción, que es victoria y satisfacción esta postura

cuando el sexo la exige ansiosamente. Entonces...

(SUSPIRA) es divino arrodillarse".

Sobre todo en minifalda. Volvemos dentro de una semana.

(Música créditos)

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Libros Con Uasabi - 15/05/16

22 may 2016

Natalio Grueso es autor de la novela La soledad, (Planeta, 2014) y de un ensayo dedicado a Woody Allen (Plaza & Janés, 2015) de subtítulo El último genio. En estos días, casi simultáneamente lanzada en América y en España, ha aparecido otra novela suya: La suerte de los dados, editada por La Pereza, con sede en Miami. De los tres libros hablaremos con su autor en esta edición de Libros con uasabi.

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