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Libros con uasabi

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Para todos los públicos Libros con uasabi - 20/03/16 - Ver ahora
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Esto es un libro, "Más que famosos.

Auge y caída de la fascinación por el rock",

de Silvia Grijalba, editado por la Fundación Lara.

Y esto es un tarro de uasabi. Arranca...

Todo está en los libros.

Todo está en los libros.

Todo, todo, todo está en los libros.

Permítanme una confesión y digresión personal.

En 1967, llegué a Katmandú,

aproximadamente un año antes de que lo hicieran los jipis,

y me hice jipi. Más bien, paleojipi.

Tenía 30 años y era el más viejo del cotarro.

Me fui a Bali, a Bangkok, a Benarés, a Goa, a Estambul,

a Ámsterdam, a Ibiza...

Todo el itinerario del llamado "pueblo de las flores".

La banda sonora de aquel movimiento fue el rock.

El rock posterior a Elvis Presley.

El de los Pink Floyd, Jimi Hendrix, Janis Joplin,

Jethro Tull, Carlos Santana,

el de Woodstock, en 1969,

el de la Isla de Wight un año antes.

Pero yo no estuve en ninguno de esos dos legendarios festivales.

Jamás he ido a un concierto de rock.

No me gustaba ni me gusta esa música.

De verdad que lo siento.

Lo digo sin afán de crítica ni de polémica.

Durante varios meses, a comienzos de los 70,

armado de buenos propósitos y de buena fe,

hice todo lo posible para llegar a apreciar lo que, en definitiva,

ha sido la banda sonora del mundo entero en el último medio siglo,

y era ya entonces la de mi gente, la de mis correligionarios,

la de mis compañeros de andanzas, la de mis novias,

la de mi generación.

Me encerré en un cuartucho de ambiente psicodélico

y escuché, escuché, escuché todos aquellos discos

durante horas y horas, fumando un porro tras otro,

hasta que un buen día, quizá un mal día,

me dije: "Qué le vamos a hacer. Esto es ruido, no me gusta.

Hasta aquí hemos llegado.

Vuelvo a Mozart, a Nat King Cole, a Machín,

a Serrat y a la casta diva, por decir algo.

Y allá se las apañen mis novias y mis amigos".

Lo curioso es que mi estilo de vida era, siguió siendo

y, hasta cierto punto, lo es aún, el de los roqueros.

Nomadismo, fronterismo, transgresión, promiscuidad,

estados alterados de conciencia, búsqueda del trance...

La novelista y periodista Silvia Grijalba,

a la que ya he mencionado y a la que enseguida entrevistaré

sobre su último y muy reciente libro,

suele decirme: "Pero si tú eres más roquero que nadie".

Y yo sonrío y le digo: "Sí, pero de los del cine mudo.

Sin banda sonora".

Perdónenme ustedes la confesión y la digresión.

Aquí va mi mano, colegas roqueros,

pero no mis tímpanos.

Me quedé en los Beatles, en "Abbey Road" y en el vinilo.

"Come together", vamos con Silvia Grijalba.

(Música)

"Más que famosos", Silvia.

¿Qué significa ese "más", ese "plus" del título de tu libro?

En el fondo, está copiado

de una película que se llamaba "Casi famosos",

que era la historia de un periodista de "Rolling Stone"

que se iba de gira con un grupo de rock.

Yo lo que quería era hacer un poco...

Efectivamente, el libro tenía que ver con eso,

pero contar la otra parte de los famosos,

que son más que famosos, más allá.

Bueno, más que un libro sobre el rock,

es un libro sobre tu relación personal,

personalísima, con el rock.

Esto es una crónica autobiográfica muy sincera, muy íntima.

Una confesión de madurez

que se refiere a una veinteañera atrevida y mitómana:

tú entonces.

Sí, es un encargo. Yo tengo bastante ego,

pero no tanto como otros. No se te nota.

(RÍEN)

Y fue una encargo de la Fundación Fernando Lara,

que está haciendo una serie donde se habla en primera persona,

los autores hablan en primera persona de experiencias,

y me propusieron que fuera la de cuando yo era crítica musical.

Y me pilló en una época de mi vida en la que se me había quitado

esa fascinación por el rock.

Efectivamente, es una crónica de madurez, y es muy sincera.

Cuento todo lo que no pude contar en su momento.

Además, es un libro reflexivo.

Cuento todo desde el punto de vista de alguien que tiene casi 50 años

y que, en el fondo,

recupera esa ilusión cuando lo estoy escribiendo.

Vámonos a Torremolinos. Allí empezó todo.

Yo también estuve en esa fiesta de libertad,

la de los primeros bikinis, el primer toples,

creo que fue Gala Dalí la que lo protagonizó,

y la pansexualidad.

Pero mucho antes de que lo hicieras tú.

Llegué en 1960 y escribí mi primera novela: "El dorado".

Sí. Que es un pequeño clásico

de la literatura torremolinense. ¿Qué pasaba en Torremolinos?

¿Éramos pobres y felices, como decía Hemingway?

¿Jóvenes pobres y felices, como se ve en esta foto?

Pues Torremolinos para mí ha sido fundamental,

en el libro lo cuento, pero siempre ha sido el paraíso,

un paraíso de libertad durante los años 60.

Mis padres se fueron a vivir allí,

porque a mi padre lo trasladaron por trabajo,

pero también por ese ambiente que había en Torremolinos.

Tú eres malagueña. Yo nací aquí, pero me he criado allí.

Creo que soy lo que soy gracias a mi padre por una parte

y a Torremolinos.

Yo en el libro lo cuento, que a nosotros nos llegaba...

Yo sé tanto de música y me interesé por este tipo de música

porque nos llegaban antes, en los 80,

las revistas musicales inglesas que las que se hacían en España.

Y los guiris, los extranjeros,

nos traían discos que no se conocían aquí.

La cultura musical que tengo se la debo básicamente eso.

Yo, en esta novela, escrita en 1960, agárrate,

decía que Torremolinos era el centro de todos los caminos de la Tierra.

Silvia, primera página.

El rock, dices, es seducción, atracción,

pasión, amour fou.

Pero también artificio, añades,

y ahí es cuando empiezan a vérsele las arrugas

y aparece esa decadencia a la que también alude el título.

Sí, yo creo que, efectivamente, el rock es seducción.

Yo creo que las estrellas de rock...

De hecho, una de las cosas que critico,

en todo el periodo en que yo fui crítica de rock,

es eso, el momento en el que deja de ser seducción

y se convierte en algo que hace gente normal.

Yo creo que el rock, y las estrellas que yo he admirado,

Bowie, por ejemplo, que acaba de morir hace poco,

son grandes seductores.

Y esa parte sexual que siempre ha habido en el rock está presente.

De hecho, las fans, las groupies, y los fans y los groupies,

que no solo vamos a hablar en femenino,

se sienten atraídos por una estrella por eso.

Es una pasión sexual.

Pero luego tú dices más adelante en el libro

que al final acaban haciendo el amor las groupies, las fans,

todas esas chicas enloquecidas, con los técnicos de sonido

y no con los grandes astros del rock.

Yo creo que hay una etapa, yo que los he vivido muy de cerca

y que tengo estrellas de rock que se han convertido en amigos,

pocos, pero sí que alguno se ha convertido en amigo,

te terminas hartando.

Y yo lo he visto. Yo he estado de gira con ellos

y yo he visto cómo grandes estrellas,

por ejemplo, Bunbury, lo pongo siempre como ejemplo,

a lo mejor al principio sí que se quedaban fascinados

por esas fans tan guapísimas que venían,

pero he estado de gira con él cuando ya tenía novia,

y ahora que está casado va con su mujer y está feliz,

y es que te hartas.

Esto es como comer caviar todos los días.

Llega un momento en que te hartas.

Lo que quieren es irse a la habitación del hotel,

dormir, y, al día siguiente, poder dar un concierto.

Un libro, el tuyo, para contar, la frase la has escrito tú,

los que han sido hasta ahora los segundos años

más felices de tu vida.

No voy a preguntarte por los primeros.

Sí por el significado de esa frase.

Sí, porque durante...

Yo fui una privilegiada. Ser crítica musical en "El Mundo",

que era en ese momento el segundo periódico más importante de España,

con 22 años, era la ilusión de mi vida.

Yo empecé a hacer un fanzine,

que era una cosa que se hacía en fotocopias...

Lo sigue siendo, ¿eh? Sí.

El segundo periódico más importante de España.

Sí, pero entonces ya lo era.

Empecé a hacer un fanzine en Torremolinos,

y hablaba de música,

y de pronto, por circunstancias y por mi gran talento,

y por la buena visión de Pedro J., fundamentalmente,

al que siempre estaré agradecida, y de Fernando Baeta,

llegué a ser crítica musical de ese periódico.

Y yo llegué a entrevistar...

Era la época dorada del rock'n'roll,

de la industria musical más que del rock'n'roll,

y te ibas de pronto a Londres a entrevistar a Bowie...

Para, que ya llegaremos ahí.

Muchos años después, en el 92, el de la Expo y las Olimpiadas,

conociste, entrevistaste, a un hombre que acaba de morir,

al que idolatrabas y que, en sentido metafórico,

te desvirgó. La expresión es tuya también.

Hablo, hablas, estábamos hablando de David Bowie.

Sí.

Pues sí. Llegas a decir:

"Como el primer beso, como una operación a vida o muerte,

como presentarse al examen de conducir".

Fue tu encuentro con Bowie.

Pues sí, fue...

De pronto, te dan la ocasión de estar con la persona

que has estado admirando durante tu adolescencia.

Yo cuento en el libro, y además es verdad,

que, yo tendría 12 años, vi un vídeo de Bowie,

"China girl", en el que se da un beso con una chica

y después se dan un revolcón en la playa.

Yo tenía 12 años y en esa época no sabía...

Me hacía una idea de qué era el sexo, pero no lo sabía realmente.

Y la primera vez que sentí algo parecido a lo que después sentiría

fue con David Bowie viendo ese vídeo.

Y años después... O sea que tu primer beso

y tu primer revolcón fueron platónicos.

Fueron platónicos, sí. Además, yo he sido muy...

Vamos, he tardado mucho en dar besos y estas cosas.

He sido bastante poco avispada en eso.

Entonces, de pronto, estoy delante de esa persona,

y debes ser profesional porque eres periodista,

sigues ejerciendo, y tienes que disimular.

Pero el instante anterior a ponerme delante de David Bowie

era: "Yo me voy a desmayar. Me pasará algo.

No es posible que me esté ocurriendo esto".

Después he leído la entrevista, el libro me ha servido para esto,

y la verdad es que la entrevista fue muy profesional y bastante buena.

Y me quedo sorprendida, porque digo:

"Vaya templanza tenía yo con 23 años para eso".

Dices que, tradicionalmente, las mujeres se han interesado menos

por el rock que los hombres. ¿Tú crees?

Yo creo que sí.

No sé si te refieres a los cantantes.

Seguramente ha habido, no lo sé,

más cantantes varones de rock que mujeres, pero ¿seguidores?

Yo creo que las mujeres se han interesado mucho por ellos.

En cierto modo, son las que los han aupado.

Pero creo que hay una diferencia. Las mujeres a lo mejor...

Me refería a la hora de ser crítica de rock.

Cuando eres crítica de rock tienes que tener una forma objetiva

de ver el rock'n'roll y tener una cultura musical.

Y yo veo que ahora mismo hay muchísimas mujeres

de veintitantos años que saben mucho de rock

y que tocan en grupos y tienen una cultura musical amplia,

pero es verdad que yo durante muchísimos años

he ido a conciertos y había un 15 % de mujeres

y el resto eran hombres. Me acuerdo el primer Viña Rock,

que era un festival de rock que se hacía hace mucho tiempo,

las únicas mujeres que había en ese festival ese año

éramos una camarera y yo. Eran todo hombres,

todos roqueros. Es un festival de rock'n'roll.

Éramos ella y yo, y ya está. No había más.

Ni siquiera las novias iban a esto.

Y yo creo que es algo que ha cambiado,

y a mí me alegra muchísimo.

Y durante mucho tiempo éramos tres críticas musicales

en España mujeres.

En tu libro hay muchos momentos estelares.

Uno de ellos es el de la gira con Loquillo,

la primera gira con él.

La primera gira con Loquillo, yo explico...

Loquillo me presentó hace poco el libro

y se reía cuando decía esto.

Pero es verdad, yo la elegí porque, realmente,

es alguien a quien admiro muchísimo, pero en ese momento

su música no era lo que yo realmente escuchaba.

Yo oía música gótica...

Yo era siniestra en aquella época. (RÍE)

Loquillo no era alguien que yo admirara especialmente.

Con los años, le admiro como persona, como artista, por supuesto,

y la música que hace me encanta.

Pero imagínate meterte en un autobús, con 24 años,

con esa gente que se supone que es tan peligrosa,

con Loquillo y los Trogloditas.

Era como: "A ver qué va a pasar aquí".

Y después te das cuenta de que es gente encantadora.

Me cuidaron muchísimo. Y también después...

También cuento esa desconfianza de Loquillo hacia mí.

Esa desconfianza natural que tenían casi todos los artistas,

porque a ver, esta chica tan joven, y que además es mujer,

¿sabe realmente de rock'n'roll, o es la típica groupie

que viene con nosotros a ver si liga con alguno?

Con los años se demostró que no era esa groupie.

Página 29: "Habrá quien prefiera la vida doméstica.

Ir al mercado, cocinar, sacar la basura

y tener sus cosas cerca.

Es respetable, pero yo, aquella primera vez

que me sumé a una caravana del rock, entendí perfectamente

por qué algunas estrellas se pasan la vida haciendo giras.

El nomadismo chic y la idolatría perpetua

no parecen malos pilares para alguien que tiende al hedonismo".

Un estilo de vida, ¿no? Absolutamente.

El rock'n'roll es un estilo de vida.

Y yo admiro solo a artistas que llevan ese estilo de vida.

Creo que eso va unido.

Y como tú decías...

Si es que, en el fondo, eres...

Te acabo de definir a ti, ese nomadismo.

Yo también soy muy nómada.

Y lo entiendes perfectamente. Quién no va a querer...

Bueno, hay gente que se lo cuentas y dice: "Qué vida más espantosa".

Pero quién no va a querer que estés en un escenario

con toda la gente gritando y diciendo que le gusta lo que haces.

Que después las fans vengan casi llorando por la obra que has hecho.

Y después, estar cada día en una ciudad,

pero, además, muy bien cuidado.

No tienes ni siquiera que reservar las habitaciones de hotel.

Y tienes un manager que te lo hace todo.

Es como vivir en Disneylandia.

Después, cuando estos pobres vuelven a su casa,

se encuentran con que tienen que bajar la basura, algunos,

y con un tipo de vida que yo entiendo que...

Bob Dylan es uno de ellos. No necesita el dinero,

pero está siempre de gira porque es su forma de vida.

Y a Loquillo también le encanta estar siempre de gira.

Hay varios que son así.

Silvia, le voy a pedir a David Jiménez

que me nombre crítico musical de "El Mundo".

Alguien que en 1993 te cambió la vida: John Cage.

Es el momento en el que tú y él os estabais interesando

por el I Ching, el zen,

y va de repente y te dice, cosa que te desconcierta,

que el ruido es la música del silencio.

Sí.

Esa era una frase que yo ya...

Yo ya conocía la obra de John Cage, que es un músico experimental

y que es fundamental dentro de la música contemporánea.

Y dio la casualidad de que era la única persona

que pidió entrevistarle en España.

Y la entrevista, lo cuento ahí, fue estar en silencio.

Estar en silencio 20 minutos y oír lo que nos rodeaba.

Y cuando terminamos la entrevista, me dijo: "Bueno, ya está".

Fue un reto, pero también fue...

Yo creo que el periodismo, y es una cosa que agradezco mucho,

te cambia la vida. A mí me cambió la vida John Cage.

Yo estaba interesada por la música experimental,

pero, a partir de entonces, estuve especialmente interesada.

De hecho, yo me he dedicado a hacer música experimental.

"Tardé alrededor de 10 minutos en darme cuenta

de qué quería decir Cage con aquella frase.

Pero, a partir de ese momento, efectivamente,

empecé a captar el ritmo del paso de los coches,

la cadencia del aire acondicionado y, como melodía,

el aspirador que se oía en la planta de arriba".

Al final, hicimos una melodía.

Me preguntó que qué había oído,

y le expliqué..., le tarareé a John Cage

lo que había oído, y era todo eso.

Y era el latido de tu corazón también en ese silencio.

Y después, tenerle a él enfrente, que él hacía zen,

como con las manos así, todo tan serio...

Y John Cage. O sea, es que...

Yo soy muy mitómana, entonces, no me lo podía creer.

Decía: "Por favor, tengo a Cage enfrente".

Y tanto que eres mitómana. Otro encuentro de mitomanía: Cohen.

Sí. Pérfido y divertido, dices.

La vida te ha llevado una y otra vez a él.

Sí, la vida me ha llevado... Sí, sí.

Además es de esa gente...

Al principio, Cohen, cuando era más joven,

no me gustaba tanto. Le gustaba mucho a mi padre, no a mí.

Pero sí, le entrevisté y fue muy gracioso.

Me contó aquella anécdota de Nico, que todos estaban fascinados con ella

porque les respondía cosas rarísimas, pero lo que pasaba es que era sorda.

Y me di cuenta del sentido del humor que tenía.

Después, a lo largo de la vida, he vuelto a Cohen.

Una de mis mejores amigas es Perla Batalla,

que es corista de Cohen,

a la que conocí en una gira que hice con mi expareja,

con Javier Colis, que hicieron un homenaje a Leonard Cohen,

y la vida me ha ido llevando todo el tiempo a Cohen.

Sí, es verdad.

Llegamos a otro momento crucial en esta trayectoria tuya,

y del libro, y es el Morocco, Expandelia,

el curso de El Escorial dirigido por Escohotado y por mí,

Hoffmann, Shulgin, este químico que nació en California,

nació en Berkeley, dónde diablos iba a nacer si no,

y que ha escrito estos dos libros colosales:

"Pihkal" y "Tihkal",

en el cual va contando cómo descubrió

toda una serie de drogas, 179, creo,

cómo sufrió toda la persecución

por parte de la policía americana, etc., etc.

Y en aquel curso estaba Shulgin, Sasha para los amigos.

Un tipo verdaderamente fantástico, de lo más civilizado.

En fin, de las mejores personas que yo he conocido en mi vida,

y que se vio envuelto en todo esto.

Entre otras cosas, porque una de las sustancias que descubrió

para modificar la conciencia fue el MDMA, es decir, el éxtasis.

Tú dices que el propio Shulgin dijo, no sé si en El Escorial,

incluso en aquel curso nuestro,

que los efectos secundarios eran terribles.

Porque el efecto del éxtasis es acumulativo,

y que nunca hay que tomarlo en discotecas

ni en ambientes cerrados y llenos de gente

por los golpes de calor que genera, etc., etc.,

que es donde generalmente se toma.

Y al mismo tiempo, se presentó como la droga

de las terapias familiares y de las parejas

que no iban bien y que querían ir mejor.

Ahora, tres lustros después, dices: "Mejor ni hablar del asunto".

Pues sí, porque...

Yo a Shulgin lo descubrí gracias a ti.

Esto siempre te lo agradeceré.

Yo he descubierto muchas cosas gracias a ti,

y una de ellas ha sido estos cursos de El Escorial,

de los que hablo muy a menudo.

Porque a mí eso sí que me cambió la vida de verdad.

Y yo creo que el acercamiento... Yo te conocí allí.

Te recuerdo perfectamente.

Estabas sentada en una de las escaleras de la salida

del lugar donde se celebraban los cursos,

y es la primera vez que hablé contigo.

Te había leído en "El Mundo". Recuerdo aquella escena.

La estoy viendo. Yo te había leído muchísimo...

De toda la vida.

Sí, para mí ese curso fue maravilloso.

Esos cursos, ese primero... Estaba Alaska, por ejemplo.

Estaba Bunbury. Estaba Bunbury, sí.

Estaba Pito, el manager de Bunbury.

Y os conocí a ti y a Escohotado.

Y para mí ese curso fue maravilloso.

Después, yo he sido disc jockey. Yo he sido muchas cosas.

Y he sido...

Ahora soy una respetable directora de la Casa Gerald Brenan

y de la Fundación Pérez Estrada.

Pero sigo teniendo ese espíritu, por supuesto.

Y una de las cosas que he sido ha sido disc jockey en raves party.

Entonces, el éxtasis en los 90 estaba muy de moda.

Y lo tomaba la gente de una forma terrorífica.

Y yo, que había estado en esos cursos,

que era un poco mayor que la gente que solía ir a los raves,

ejercía un poco casi de madre.

Había una organización, Energy Control,

que aún sigue funcionando,

que recomendaba cómo había que tomar el éxtasis.

A mí me parecía terrorífico que esa gente de veintipocos años,

y de 18, estuviera tomando esa sustancia de esa manera,

que la estaban desperdiciando.

Porque es una sustancia que, efectivamente,

se tiene que tomar de una manera determinada,

y que era una forma de terapia familiar,

y que lo que te hace es tener empatía hacia los demás.

Y a mí me daba mucha pena ver cómo estaban desperdiciando

algo que es casi sagrado.

Hay un episodio terrible que cuentas en el libro,

probablemente de tu época de Dj,

cuando estabas al lado de un chico que estaba pinchando discos,

muy jovencito, que tenía 18 o 19 años,

que estaba destrozado, que tuviste que darle agua,

incluso pensaste en llamar a una ambulancia, etc., etc.,

y que luego te contó que se había tomado siete pastillas.

Y tú le preguntaste: "¿Por qué?", y te dijo algo terrible.

Te dijo: "Para no pensar". Es que es horroroso.

Se me pone la carne de gallina. Me acuerdo que además pensé:

"¿Y qué generación vamos a conseguir con esto?".

De pronto...

Esto era el año 90, y yo decía...

De hecho, lo estamos viendo ahora.

Hay mucha gente que empezó a tomar pastillas, éxtasis,

que después no era ni éxtasis ni era nada, en aquella época,

y eso estaba muy relacionado con una música

que me parecía interesante, que fue el acid house,

y fue todo un movimiento musical y social.

Y los raves. Y los raves y todo eso,

que me parecía muy interesante y una forma de vida,

de salir en los travellers, que era una especie de neojipis

relacionados con la música electrónica.

Hay música electrónica que ha salido de ahí muy interesante.

Pero esa parte sociológica

y esa parte de qué sociedad se va a crear,

y cuántos problemas ha tenido gente que ahora tiene treinta y pico años,

yo soy un poco mayor...

Yo creo que nosotros teníamos más conciencia

porque habíamos vivido la resaca de la heroína,

que había sido muy mala en los años 80,

que a nosotros nos había llegado.

Somos una generación que estamos en medio

de los efectos nocivos de una droga y de otra,

de la mala utilización de una droga y de la otra.

Y a mí eso me espantó.

Que un chico con 17 años te diga que está tomando algo

para no pensar, que, en el fondo,

cuando se utilizan mal las drogas es para eso.

Lo que contaba Shulgin, tú lo sabes,

que si le hubieran autorizado a seguir investigando,

esos efectos secundarios no hubieran existido.

Lo malo es que lo pusieron en las sustancias prohibidas.

Recta final de esta charla.

"El rock: milagro e industria", título del último capítulo.

"¿Por qué todo se fue al garete? El dinosaurio en la era digital".

Pues el resumen y lo que yo digo fundamentalmente son dos cosas.

El fenómeno indie, en el caso de España,

que hizo que todas esas estrellas...

Que, de pronto, el fenómeno de ser estrella y del rock'n'roll

se viera como algo vergonzoso.

Y ellos querían ser amateurs.

Entonces, cuando intentas ser amateur,

no te dedicas realmente a lo que te gusta.

Y después, que la industria musical

intentó hacer productos de consumo rápido.

Hacer Burger Kings de consumo inmediato.

Cuando tú haces algo que no vale nada,

la gente no paga por ello.

Creo que ahora estamos recuperándonos.

Vuelve el vinilo, vuelven los discos conceptuales,

y Bowie nos ha dado la lección de que vuelven los discos

de estar oyendo diez minutos una canción.

Silvia, "sic transit".

Chocolate negro preparado por los nanaístas.

Qué bien. Y un tarrito de uasabi.

Bueno, bueno, bueno. Te pongo en manos de las chicas.

Vale, con ellas me voy.

Todo está en los libros.

Todo está en los libros.

Chicas, ya habéis oído la magnífica entrevista

que le he hecho a esta mujer, así que sexo, Silvia,

y rock'n'roll. Ahí la tenéis.

Si me dejáis, yo es que sí que...

No he sido roquera, ni mucho menos mi generación es esa,

y perdonadme que hable de mí misma,

a mí me volvió loca Jim Morrison, date cuenta,

cuando yo tenía 13 años y vi esa imagen icónica de él,

y era un disco recopilatorio de los Doors.

Te estoy hablando de los años 90, lo sacaron aquello.

Y es verdad que el rock'n'roll como tal,

yo me acordaba durante la entrevista de esa imagen de Jim Morrison

en "A las puertas del Whisky A Go Go" diciendo: "¡El rock ha muerto!".

Parafraseando a Nietzsche, en vez de "Dios ha muerto,

"el rock ha muerto". Y él era muy poeta maldito también.

Algo que creo que va intrínsecamente ligado al rock.

También la figura de ser poeta.

Bunbury. Anda que no se le ha imitado.

Que sí que es verdad que de alguna manera podría imitarle.

Aunque ya hubiera querido Jim Morrison cantar como Bunbury.

Jim Morrison eran otras cosas.

Yo creo que eso sí que se ha perdido, Silvia.

Yo veo desencanto en el libro por eso mismo,

el poeta roquero...

Cuando leías aquello de:

"Están esperando para llevarnos al jardín amputado.

Ya sabes qué pálida y lasciva llega la muerte".

Eso eran los Doors, eran las puertas de la percepción.

Era Blake, era Huxley.

Y todo eso es como un poco ya...

-Sí, pero yo creo que sigue, que continúa.

Hay grupos. Y yo, ahora que...

Gracias a este libro...

Hablo de la caída de la fascinación por el rock y tal,

pero sí que me he vuelto a fascinar por el rock.

Ahora me estoy metiendo dentro del rock underground

en el que siempre he estado. He vuelto ahí.

Estoy tocando con un grupo que se llama Black Lennons.

Por ejemplo, este grupo, que es de gente más joven que yo,

están haciendo un disco conceptual.

Un disco como en los 70. Yo creo que hemos vuelto.

Y que era un poco...

En el obituario que hice de Bowie comentaba eso,

que en la era en la que se ven 30 segundos de un vídeo

y que la gente pasa a otra cosa,

Bowie te obliga a estar 10 minutos viendo su vídeo.

Y ha hecho un disco conceptual. Creo que se está volviendo a eso

y que las letras vuelvan a ser muy importantes.

Yo creo que, gracias a los dioses, se está volviendo a eso.

Y se vuelve a estar en el escenario con una actitud muy especial.

Pero es verdad que en los 90, hablo de eso también en el libro,

hubo una época en que ni las letras ni los artistas

eran realmente estrellas y no sabían de qué hablar.

Pero yo he empezado...

Yo descubrí a Blake gracias a Jim Morrison.

-Claro, claro. -Y mucha gente ha descubierto...

a muchísimos escritores gracias a Bunbury, por ejemplo.

O a un montón de... Realmente creo que son poetas.

-Con Leopoldo Panero, lo último que hizo...

Eso fue... Los últimos días de Leopoldo María Panero,

que le hicieron un gran favor. Estaba tan solo ahí en...

En el manicomio de Mondragón. Y fueron a buscarlo.

Eso es lo que noto que igual se ha perdido.

O el disco como objeto. Hacer cola, Fernando,

que yo era una loca de los discos, y hacer cola en las...,

en las casas musicales, porque salía el disco

de tu grupo favorito. Eso ya no existe.

Se lo bajan de Internet. -Pero ha vuelto el vinilo.

Ahora se fabrica en Checoslovaquia.

De hecho, han abierto dos fábricas de vinilo hace poco.

La gente vuelve a querer tener el objeto.

Si es que la gente es fetichista. -Qué bueno.

Sí, Elia, pero no me mires cuando hablas de Leopoldo María Panero,

porque a mí me parece un pésimo poeta.

No, por favor. Un pésimo poeta.

Basta con que te las des de maldito para que todos digan: "Oh là là".

Dejemos al pobre Panero, que era amigo mío.

Vale. Aparte de un pésimo poeta.

Yo, a propósito de... Te he pisado la palabra, Anna.

A propósito de pésimos poetas, leo tu...

(RÍEN)

-Este arranque promete.

-Tu libro no con asombro, con mucho interés, por supuesto,

pero me sucede una cosa, Silvia, jamás me he comprado un disco.

Detesto la música. No puedo...

Me gusta la música clásica, me gusta escucharla en un auditorio,

pero no soy una de esas personas, ni ahora ni antaño,

cuando era más joven o adolescente,

que tuviera ningún tipo de admiración ni por David Bowie ni por Bunbury.

Es decir, por ninguno de los que tú nombras en este libro.

Y nunca he podido comprender que a esto se le llame arte.

Lo digo en serio, ¿eh? -Sí, sí, sí.

Silvia, de tal palo, tal astilla. A mí no me ha llegado.

Este tipo de música, es decir, el rock, el pop,

me parece ruido. No consigo escucharlos.

Me molestan, es algo que me molesta.

Pero tengo que reconocer que sí me han interesado

algunos de los personajes.

Por ejemplo, la personalidad de David Bowie me parece fascinante.

Loquillo me parece un señor fascinante.

Y algunos de ellos también tras haberlos conocido.

Realmente son personas inteligentes y talentosas.

Tú dices que has escrito este libro, obviamente, con tu...,

tu experiencia que tuviste en aquellos gloriosos años,

y dices que lo has escrito sinceramente.

Si has escrito este libro sinceramente,

hay dos posibilidades.

O son unos sosos...

(RÍEN)

O no me lo creo.

O no me creo que realmente hayas relatado

todo lo que has contado, todo lo que hay en este libro.

El único del que cuentas así una entrevista un poco...

que efectivamente estaba colocado y tal y cual,

es el de Depeche Mode. -Sí.

-Pero todo lo demás, o todas tus giras y tal,

ahí debía pasar de todo, Silvia. Y tú no lo has contado.

-Maticemos. Yo he contado la verdad,

pero no lo he contado todo. -No lo has contado todo.

Es el problema de este tipo de libros,

que uno no puede contarlo todo.

-He dado un paso más,

porque lo que no podía contar en las entrevistas...

Si de pronto me iba de gira con Bunbury o con Loquillo,

o con otros artistas,

hay cosas que no puedes contar. Porque tú, como periodista...

Vale, eres periodista, pero también entiendes

que no le vas a hundir la vida a determinadas personas.

De todas formas, yo creo que tampoco es para tanto.

Cuando me hablaron, por ejemplo, de la droga y del sexo

en el rock'n'roll,

yo he visto que dentro del mundo del periodismo, parecido.

O sea que tampoco es para tanto.

Yo creo que ellos lo cuentan...

Y también hay mucho de lo que decía Fernando, por ejemplo, de Panero.

También hay mucho roquero que va de maldito

que no son tan malditos.

Y a mí eso no me gusta.

Es algo que especialmente no me gusta.

-El postureo, ¿no?

-Ese postureo de: "Ay, es que me he drogado

y no puedo hablar", y no sé qué, no sé cuántos.

Drógate en tu casa, pero si vienes a una entrevista, no te drogues.

A mí ese malditismo falso no me gusta.

Yo tiendo hacia el underground y hacia los malditos,

y todos mis novios han tenido siempre algo de malditos...

-Antecedentes de malditismo. -Antecedentes, o son malditos.

Pero es una cosa intrínseca. Es como cuando...

Cuando estás metido dentro del underground, que siempre...

Cuando yo he estado en grupos,

y en el grupo en el que estoy tocando el theremín,

te dicen: "Entonces, a ti no te gusta...

Tú quieres ser underground, ¿no?".

Y dices: "Yo no quiero ser underground,

yo quiero vender miles de millones de discos.

Quiero vivir de esto". Pero da la casualidad

de que si hago esta música no venderé miles de discos.

Pero esa actitud también es importante.

Y en el libro sí, en el libro cuento.

Todo lo que hay en el libro es verdad, pero no lo cuento todo.

Tampoco quiero que la gente se vaya divorciando

y que los padres de determinadas personas

se asusten por cosas que han pasado. Cosa rara, Anna Grau está callada.

Anna, habla. (ANNA CARRASPEA)

A mí me ha encantado tu libro.

Y me ha encantado lo que habéis hablado con Fernando.

Tanto es así que no tengo nada que preguntarte,

tengo solo cosas que contarte. A ver, te cuento.

Yo creo que, con la posible excepción de Elia

y, por supuesto, de ti,

soy de las personas aquí que más les guste el rock.

A mí el rock me gusta. También la música pop.

Lo que no me ha gustado nunca,

es la dictadura de tener que estar a la última,

de tener que enterarme de lo que se lleva...

Yo siempre he ido a mi aire.

Yo un día descubro a Prokófiev y otro día descubro a Leif Garrett,

y así me lo monto.

Pero a mí lo que me ha encantado de tu libro es que hace reflexiones

muy inteligentes sobre la degradación del concepto de la música

y de cómo la muerte de la jerarquía musical,

con Spotify, la interactividad,

que es como la muerte de la portada del periodismo.

Pero nos metemos en temas que no me interesan.

Lo que me ha interesado...

Me ha apasionado tu figura como mitómana.

Yo creo que la mitomanía es una de las formas más encantadoras,

inteligentes y creativas de ser esquizofrénico.

O sea, ser más que uno. Yo soy muy mitómana también.

De hecho, aprovecho para revelar este chaleco que llevo puesto.

-¿De quién es? -Bueno, es mío.

Pagué 10 dólares por él, pero me lo compré, a mano armada...

Me lo hizo comprar Frank Serpico.

No sé si habéis visto "Serpico", la película de Al Pacino.

El verdadero Serpico. Por desgracia, no era Al Pacino.

Era el original.

Y me he reído mucho leyendo tu libro.

Me acordé del día que le vi el culo a Loquillo,

que le iba a entrevistar, abrí la puerta del camerino

y estaba con un culo inmenso y cuadrado,

y cerré enseguida. Digo: "Perdón".

Y dice: "No, no. Perdón tú".

También hice una entrevista a medias con un imbécil,

como la que tú le haces a Bryan Ferry,

a mí me pasó con Orhan Pamuk, con el escritor Orhan Pamuk.

Y bueno, la verdad es que lo que quería contar,

que tu libro me lo ha hecho revivir...

Yo he traído un libro no para recomendar,

sino para enseñar. -Es lo que iba a decir,

Anna tiene que hablar de Patti Smith. -De Patti Smith.

Pero Patti Smith es uno de mis mitos.

La entrevisté en Nueva York.

Me enamoré de ella literariamente, curiosamente,

porque como musicalmente soy así de rebelde y de díscola,

no me había molestado en escuchar un disco de esta señora.

Y si lo había escuchado, no sabía si era ella o la Pantoja.

Me daba igual.

Ella escribió un libro maravilloso: "Just kids", "Solo unos críos".

Yo me obsesioné con entrevistarla. Y conseguí entrevistarla

moviendo cielo y tierra en Nueva York.

Es muy complicado entrevistar gente en Nueva York,

porque los fotógrafos americanos cobran mucho dinero.

Los fotógrafos españoles no, pero es difícil encontrarlo.

Pero yo amañé, encontré. Y cuando lo tenía todo montado,

me dicen: "La señora Smith exige esto, esto, esto".

Y entre muchas exigencias que me pusieron los pelos de punta,

yo pensé: "A ver si va a ser una cretina", que esto pasa mucho.

-Sí. -Es la pesadilla del mitómano.

-Sí, sí. -Que tu ídolo sea un cretino.

"Va a resultar ser una imbécil". Exigía nada de fotos.

Digo: "¿Nada de fotos? Con lo que me costó

conseguir un fotógrafo". Claro, me plegué.

Llega a ser Ana Torroja, no te pliegas, pero Patti Smith...

Y lo entendí cuando la vi bajar las escaleras del loft. Es bizca.

-Sí. -Patti Smith es bizca.

pero bizca bizquísima. De hecho, si os fijáis,

es muy raro una foto en la que ella mire de frente.

En casi todas las fotos siempre está con la cara en sombra.

Las famosas fotos con Mapplethorpe, siempre está mirando de lado.

-Mirando hacia abajo. -Es bizca total.

Y esta mujer, que fue novia de uno de los hombres

más hermosos de la Tierra, sufrió tanto por haber sido fea,

porque ahora ya no lo es, pero se la consideraba fea,

que el caso es que el tema me conmovió.

Entonces, te pregunto, ¿está en crisis la mitomanía?

Porque a mí el rock y todo esto, lo siento, pero me la repampinfla.

Si no se venden discos, me da igual.

¿Está en crisis los mitos, la capacidad de...?

Esa seducción. O sea, la seducción.

Dejarte seducir por una personalidad realmente galvanizante

y que eso a ti te mejore.

O sea, que de algún modo sea un proceso formativo.

-Yo sí creo que hay una cierta crisis,

que si que, a partir de los 90, con el movimiento indie,

en el que se suponía que tenías que ser normal,

y que la gente se avergonzaba de ser estrella de rock

y subían al escenario mirando hacia abajo y vestidos normales,

que es una cosa que he odiado siempre,

yo creo que ahí empezó a haber una crisis.

Pero sí que veo determinados grupos que están volviendo a tener

esa capacidad de fascinación.

Yo a Patti Smith la traje al festival de Spoken Word

y estuve cenando con ella. Me pareció...

Era fantástica. -Me regaló una libreta en blanco.

-Ay, qué mona. -Me dijo: "Para que escribas".

-Me parece un personaje...

Además, yo creo que pocos mitos de este tipo te desilusionan.

Son gente muy inteligente.

Y sobre todo, cuando hacen una entrevista,

intentan ser amables. Eso lo tienen muy claro.

-Ser bizca y tirar adelante de esa manera es de ser inteligente.

-El caso de Patti Smith es de esos casos.

Yo creo que no es cuestión de belleza.

Hay mucha gente que son grandes seductores

y que no son tan guapos. Es que si te fijas...

Jim Morrison, vale. Sí, era guapo.

-Janis Joplin era un cuero. Era delgadísima, 30 kilos.

-Pero era novia de Mapplethorpe

cuando él no había asumido su homosexualidad,

y cuando todo Nueva York se quería, digamos,

llevar a Mapplethorpe al catre, sin distinción de sexo,

nacionalidad, de edad o...

-Es que la inteligencia es muy atractiva.

-Decían: "¿Qué haces con esta tía tan fea?", y ella sufría.

Aún llora. En la entrevista se le salían las lágrimas.

"La gente no me aceptaba".

-Y qué bonito es el libro de "Just kids".

En la que cuenta toda esa historia

y su forma de relacionarse con todos los hombres.

Yo creo que esa historia es...

-Es la entrevista de la que guardo mejor recuerdo

porque, al acabar... Ella vive en el Village.

Me puse tan contenta de que no me hubiera decepcionado,

que fui a comprar un ramo de flores. Lo dejé en su puerta con tarjeta:

"Gracias por no decepcionarme", en inglés, claro.

Toqué el timbre y salí corriendo. -A propósito de la mitomanía,

¿no os parece...? Estoy un poco de abogado del diablo.

¿No os parece que a menudo, al menos a mí me ha sucedido,

cuando conoces a personas a las que admiras,

incluso sin llegar a ser mitómano de ellas,

es una enorme decepción?

Es más, yo no quiero conocer a nadie. -Ese es el problema.

-Me interesa su arte, no lo que son esas personas.

-A mí, en general, no me ha decepcionado casi nadie

de los que he admirado. Quizá es que elijo muy bien.

-Debes elegir muy bien, porque a mí un montón...

-A mí, en general, no.

Lo que cuento también en el libro es eso,

la pena por no ser tan mitómana.

Yo, de más jovencita, era muy mitómana.

Y eso, la pena de entrar en un camerino

y que de pronto ya no te excite entrar

y no digas: "Ay, qué nervios, qué voy a entrar

y les voy a ver antes del concierto", porque has entrado 200 000 veces

y has estado ya en un camerino. A mí me daba mucha pena.

Y lo estoy recuperando un poco.

De pronto veo a alguien en un escenario, y digo:

"Fíjate qué bien".

Pero cuando tu trabajo consiste en eso

y ves cinco conciertos diarios... -Admirar no es malo.

Parece que hemos pasado de admiraciones ciegas...

-Porque nos miramos demasiado al ombligo.

La mitomanía es difícil en estos tiempos.

-Es una forma de aprendizaje. -Hombre, claro.

-Es una forma de emulación. -Una cosita nada más.

Con brevedad, que tenemos que pasar a la recomendación.

Estabais desprestigiando de alguna manera...

Bueno, Anna dice que es roquera y que le va todo...

Pero Ayanta o Fernando, que el rock poco menos

que son sinfonías estridentes y aparatosísimas.

Depende. Yo soy de la opinión...

Yo tuve una época heavy, eso tiene para darle de comer aparte.

Y se ha perdido mucha de esa filosofía, muy mal contada.

Y esas partituras se estudiarán en los conservatorios

el día de mañana.

Yo siempre lo he dicho, yo he estudiado en conservatorio.

Igual que ahora hablamos de Ravel, de Prokófiev y de Beethoven,

hay verdaderas maravillas en rock.

Metallica, por ejemplo, qué quieres que te diga.

Y han tocado con sinfónicas. Para terminar, yo antes...

Al comienzo del programa he dicho que nunca he ido a un concierto.

Falso. Fui a uno.

Me parece que fue en 1980-81. De Manolo Escobar.

No, señor. Manolo Escobar, no. No voy a decir quién.

Con Luis Racionero y con Lucía Bosé, y con alguien más.

Y era en el campo de fútbol del Gerona,

de la ciudad donde tú naciste. De Girona, te refieres.

Gerona, porque estoy hablando en castellano.

Si dices Girona, campanillazo.

Es el topónimo legal de la ciudad, reconocido y valido en toda España.

Nos discutamos sobre esto.

¿Sabéis cómo tuve que pasarme todo el concierto?

Estaba sentado en la hierba, ¿eh?

Con la cabeza entre las rodillas y tapándome las orejas.

Palabra de honor. Salí con un dolor de riñones...

Yo lo entiendo perfectamente.

-Elia, yo vi a AC/CD en el Garden y nadie me avisó...

-Bueno, bueno. -Estuve, no es broma,

24 horas sorda. Bueno, ensordecida.

-Es que eso es la magia también. -¿Me dejáis ir un poco más allá?

Hay otro libro tuyo, Silvia, que he leído con mucho interés.

-"Palabra de rock". -"Palabra de rock",

que es una antología de los letristas españoles.

Por cierto, grandes letristas, o al menos es la fama que tienen.

Yo leo estas letras sin la música,

y tampoco entiendo que se puedan considerar grandes letras.

-Ayanta. -De verdad lo digo.

(HABLAN A LA VEZ)

Son tan malas como los poemas de Leopoldo María Panero.

No, perdón. Y de hecho...

(HABLAN A LA VEZ)

Excepto el primer Leopoldo María Panero.

El principio, claro.

Me parece que incluso poetas tan conocidos y admirados por mí,

y amigos, además, como es Luis Alberto de Cuenca...

-Para Loquillo ha hecho cosas fantásticas.

-Para la Orquesta Mondragón. -Bueno, sale aquí de hecho.

-A mí la versión de Loquillo del poema de Cuenca...

-Me parece un divertimento.

No me parece que se pueda poner a un nivel literario serio.

-Disiento absolutamente.

Yo creo que las letras de rock tienen un nivel literario... Alguna.

Muy bien, este programa me está gustando mucho.

Es que una letra de rock...

La música es una parte de la fuerza poética.

-Pero vamos, me parece que no tiene ningún valor literario.

-La audiovisión era algo tan sencillo

como que la música no solo debe acompañar a la imagen,

sino que debe aportar algo más.

Lo mismo pasa con eso. Una letra de rock por sí misma...

-Pero muchas sí que son poemas por sí mismas.

-Silvia, mi canción favorita de David Bowie es "Wild is the wind".

Es una letra sencillísima, pero con esa melodía tan dramática...

-Lo que es bueno es la melodía, la letra en sí...

-"Wild is the wind", "salvaje es el viento".

Es una letra muy sencilla, pero con esa música tan dramática...

-A mí me parece que hay letras de rock

que son mucho mejores que cualquier poema de los mejores.

Ya que habláis de letras de canciones,

acabáis de demostrar que las chicas son guerreras.

Así que ahora pasamos... Y roqueras.

-Anna y yo nos vamos a ir de concierto y vosotros os quedáis.

Yo quería empezar, para compensar, recomendando este librito

que acaba de aparecer, publicado por Fórcola,

de Richard Wagner, un libro sobre Beethoven.

Richard Wagner escribió este libro, es un libro breve, en 1870,

cuando se cumplía el primer centenario de Beethoven.

Y es un libro en el que parte del pensamiento de Schopenhauer

y se inspira en las ideas estéticas de Goethe y de Schiller. Casi nada.

Y es un libro en el que verdaderamente analiza,

elabora, una teoría de la música.

"Esa experiencia que nos fusiona con la totalidad de la naturaleza,

acercándonos al infinito.

Un más allá de la belleza, lo sublime".

Eso vale no solo para la música, vale para la literatura,

vale para el arte, para la escultura...

Y yo, francamente, es lo que no encuentro

en las canciones de rock.

Así que Richard Wagner, "Beethoven", Fórcola,

música que no es ruido. Otras recomendaciones.

A ver, yo quería recomendar en primer lugar este libro:

"Conversaciones con Glenn Gould", de Jonathan Cott,

editado por Global Rhythm. Salió hace la tira.

Muy bien traducido por un amigo mío, Ferran Esteve.

Hola, Ferran.

De verdad, está muy bien que lo haya traducido él

porque es un fan de la música, es un loco como tú del tema.

Anna. No he acabado.

Eso de saludar a la gente desde la televisión

es de otro tipo de programas. Hola, Ferran.

En fin, que está loco por la música,

y hay que estar loco por la música para traducir fehacientemente

un libro así, porque Cott es un grande del periodismo.

Como una Silvia Grijalba en EE. UU. -Bueno, no tanto.

-Y Glenn Gould creo que es el mejor intérprete que ha habido,

sobre todo de la música de Bach. Era un pianista canadiense genial.

Genial, loco, maravilloso, guapísimo. Lo tenía todo.

Y este es un libro mágico.

Y sobre todo este: "El ruido eterno", de Alex Ross,

"Escuchar al siglo XX a través de su música".

Realmente es difícil que, por poco que te guste la música,

porque este hombre trata igual a Prokófiev que a Loquillo,

para entendernos.

Trata todo con la misma seriedad y con la misma amenidad.

Para que el lector se haga una idea,

lo único vagamente parecido en España a lo que hace Alex Ross

yo diría que es lo que hace Rubén Amón,

el blog de música de Rubén Amón. Es un libro maravilloso,

y que te da una rabia no saber y no entender más de música

para disfrutarlo aún más, y que se lee como una novela.

Es una maravilla. Bueno, Anna...

Seix Barral. Procuraré que los técnicos

de "Libros con uasabi" corten tu saludo

al buen amigo Ferran, contra el que nada tengo.

Con lo que has dicho, no lo van a poder cortar.

Saludar desde un programa de televisión de libros, por favor.

¿Si le llamo Fernando vale? ¡Fernando!

No saludes, esto no es telebasura.

Elia.

Yo quería recomendar "El humor en la música".

Música clásica en este caso. O sea que mira, te gustará.

Galaxia Gutenberg, de Benet Casablancas.

Es un ensayo, a través del pentagrama,

sobre la sonrisa velada que puede haber en algunas obras

de Beethoven, por ejemplo. Mozart era un guasón.

"La ópera bufa" famosa, los géneros chistosos...

Algunas obras dedicadas incluso a los culos.

O sea que tampoco eran tan sublimes en aquella época.

Pero sobre todo parodias, el gag, la reiteración y la repetición

a través de la partitura. Cómo en música clásica

se puede hacer diferentes... Lo enseño a cámara.

No hace falta saber lenguaje musical porque te lo explica muy bien.

Sobre todo habla de lo traviesa que puede ser la partitura

a la hora de interpretar y cómo lo hacían los grandes.

Y tengo por aquí, que esto sí me gustaría que lo sacara,

por ejemplo, la famosa "Sinfonía de los gatos",

de Rossini, pues aquí está, por Moritz von Schwind,

llevada a la partitura, pero en plan...

collage, cuadro, de gatos arañando los pentagramas.

Sería muy extenso hablar de todo lo que va en el libro.

Esto es un Dal Segno, que es un signo que va en el pentagrama

que te tiene que llevar de nuevo al principio.

Y recomiendo esto. Benet Casablancas.

Y muy rápidamente, "Listas memorables".

No es literatura en sí.

Es una recopilación de Shaun Usher sobre...

pequeñas listas de grandes personajes.

Desde Susan Sontag hasta, yo que sé,

Elvis, Marilyn, Einstein...

Y yo creo que hacer listas, eso que hacemos todos,

es muy humano, es una espiral de progresión.

Quiere decir que hay esperanza por hacer más cosas.

Siempre es un buen propósito el hacer la lista.

Y es que aquí venía una lista de la cantante de Pretenders.

-De Chrissie Hynde. -Una roquera donde las haya.

Simplemente dice esto... ¿De quién?

Chrissie Hynde. -La cantante de Pretenders.

Ayanta, ¿sabes quién es? Pretenders sé quiénes son,

ya el nombre de la cantante no. -Dice: "No te quejes por ser chica,

no hagas referencias al feminismo ni te quejes por discriminación.

A todas nos han tirado por las escaleras y nos han jodido,

pero nadie quiere escuchar a una quejica.

Mejor escribe una canción nada sutil sobre el tema y sácale partido".

Esto es el espíritu roquero.

Y otra, muy breve, la lista de Einstein es bochornosa,

porque es la lista que le hizo a su mujer

para que no se divorciara.

Él le dijo: "Vale, no me divorcio de ti,

y nos quedamos, por el bien de nuestros hijos, juntos,

pero a condición de todo esto".

Y es una lista del tipo: "Tendrás que tenerme la ropa lavada",

"No hablarás conmigo a no ser que te lo pida"...

Bueno, una serie de cosas...

El libro es interesante por esto mismo,

desenmascara al personaje, que muchas veces puede ser un genio,

pero un auténtico idiota en lo personal.

-Un infierno para mitómanos. -Claro.

"Listas memorables", el infierno para mitómanos.

A ver, Ayanta. A propósito de "Listas memorables",

y no es una recomendación,

pero es cierto que hace un montón de años ya, quizá 30 años,

aquí el padre hizo una lista... Si no tengo 30 años.

Yo, yo. Hace 30 años míos, cuando yo tenía 15-16 años,

le pedí una lista de libros que había que leer,

y esa lista, que eran 30 o 40 libros...

Eran 100. Eso, 100 libros que, según él,

sin ellos uno no podía ir a ninguna parte,

esa lista fue pasando de mano en mano.

Y yo creo que para mi vida ha sido fundamental

y es una de las razones por las que tengo el honor

de estar aquí sentada. -Hala.

-Es verdad.

Alguna vez he pensado que hiciéramos en el programa

que cada uno de nosotros aportáramos dos o tres libros

cada programa para ir elaborando esa lista de libros imprescindibles.

Qué buena idea. -Sí, sí.

-Bueno, ahí va la idea.

Tengo una recomendación que aún estoy dudando si recomendarlo

o lanzarlo en el cohete. Ahora os cuento por qué.

Se trata de "El bar de las grandes esperanzas".

Este es un libro de J. R. Moehringer.

Es un autor estadounidense,

premio Pulitzer de periodismo,

que ha tenido un enorme éxito como negro,

es decir, como escritor en la sombra, de las memorias de Agassi,

tituladas "Open", que no las he leído porque no tengo ningún interés

en la vida de un tenista, pero todo el mundo me ha dicho

que realmente es un gran libro.

Saca esta novela, que es su primera novela.

Novela autobiográfica. La saca en el año 2015.

Se traduce y publica en España solo ahora,

en el 2015-2016.

Y bueno, es una novela en la que relata toda su infancia

y toda su vida, con una madre coraje,

un hijo abandonado por el padre, que es él,

un niño que crece con la obsesión de una presencia masculina

que no existe en esa casa, y que, poco a poco,

esa obsesión hacia lo masculino se va convirtiendo

en algo fundamental en su vida, y que frecuenta este bar,

que es un bar un poco a lo Dickens, llenos de borrachos

y de personas, por otra parte también, muy honestas.

Y es un aprendizaje de vida.

Pasa de niño a bebedor.

Como sois unas abusonas, no me dejáis tiempo

para recomendar dos libros más. Pero no he terminado.

Encima. Se nos ha acabado el tiempo.

Bueno, pues entonces... Iba a recomendar dos más

e iba a colocar uno en el cohete. Y Anna tiene que leer un poema.

Pues este libro, que está teniendo mucho éxito

y que lo tratan como si fuera una grandísima novela,

si bien no me ha parecido mal, es decir, lo leí con gusto,

me parece que las críticas son muy superiores

a lo que verdaderamente es, o sea que está sobrevalorado.

En este sentido, lo coloco aquí.

Colócalo de tal forma que se vea la portada.

Aquí, gruñón. No.

Pues ya no coloco el libro que iba a colocar, tiempo habrá,

que era este libro de conversaciones con el papa Francisco:

"El nombre de Dios es misericordia". Tiempo habrá. Lo dejo aparcado.

Pero quería recomendar a toda velocidad

este libro que acaba de publicar Nórdica Libros,

que es una editorial extraordinaria que publica libros muy buenos

y muy bien editados, y es nada menos

que "El hombre que pudo reinar", de Rudyard Kipling.

Uno de los mejores cuentos, cuento largo, novela corta,

que jamás se haya escrito,

que dio pie a aquella película maravillosa:

"El hombre que pudo reinar", dirigida por Huston,

con Sean Connery y Michael Caine. Qué maravilla.

Lleva una cita al principio, que dice...

Porque Kipling era masón, ¿no?

Y lleva una cita que dice: "Hermano del príncipe y compañero,

del mendigo en caso de merecerlo". Es una cita de la masonería.

Y bueno, iba a leer el "If" de Kipling,

porque lo que está detrás de este libro extraordinario

es ni más ni menos que el "If" de Kipling.

Lo mismo, volveré. Tiempo habrá.

¿Y qué más quería?

Ah, no, quería dar paso a Anna Grau para que lea el poema.

¿Y a Silvia? ¿La recomendación de Silvia?

-No sé si nos da tiempo. No nos da tiempo.

Pues nada. -Seré todo lo breve posible.

A ver, yo solo sé...

Supe de él que era...

De José Barroeta. Me gustaría llamarle Pepe Barroeta,

pero no tuve el gusto. Solo sé de él que era...

venezolano, poeta y sublime.

Y que tuvo... la curiosa,

indeseada y triste coherencia de morirse cuatro días antes

de que se editara este libro: "Todos han muerto",

que era una antología de su poesía completa

y salió en 2006.

Y bueno, simplemente, procedo.

"El vicio".

Todo lo horrible de hacerme perder por días enteros mi equilibrio

lo compensas con la fascinación.

Tú no perdonas a quien eriges,

a quien concedes movilidad en su pensamiento

y conviertes su cuerpo en punto viscoso.

Basta con que estés conmigo en la anchurosa tierra.

Basta con que seas mi compañero de rutas inequívocas.

Basta con tu dureza.

En una época enrarecida que envuelve, te situaste en mí como un punto.

Desde entonces,

he tratado de comprender

por qué has ocupado en mí la soberanía del doble.

He tratado también de vivir en un licor inmóvil,

sereno con el reproche.

Por complacerte a ti,

transito unido a la heroicidad y a la gloria.

Tú eres el vapor conciso que prohíbe soñar.

Silvia, volverás algún día para poder recomendar tu libro.

Estas charlatanas no te lo han consentido.

No, hombre. No. "Libros con uasabi",

volvemos la semana que viene.

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Libros con uasabi - 20/03/16

20 mar 2016

Esta semana Silvia Grijalba nos presenta su libro Más que famosos. Auge y caída de la fascinación por el rock . Más que un libro sobre el rock, es un libro sobre la relación personal, personalísima, de la autora con el rock.

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