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Libros con uasabi

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Para todos los públicos Libros con uasabi - 05/06/16 - ver ahora
Transcripción completa

Jaime Baylys. Periodista, escritor, niño terrible de la televisión,

bisexual, divorciado, padre de dos hijas,

con novio fuera del armario,

se enamora repentinamente de Lucía Santamaría,

una estudiante de psicología de apenas 20 años

que sueña con ser una escritora maldita.

Acabo de leer el primer párrafo de la contraportada de esta novela,

escrita por Jaime Bayly; no por Jaime Baylys, el personaje,

y publicada por Ediciones B. Este libro servirá hoy de eje a...

Todo está en los libros. Todo está en los libros.

Todo, todo, todo está en los libros.

Página 131. "Eso es lo bueno de ser escritor.

Todo lo malo que te va ocurriendo sirve para recogerlo en las novelas

y escribirlo de manera que te redima de esas miserias y pesares.

Todo lo malo en la vida misma,

acaso sea bueno para los emprendimientos artísticos.

Todo lo que te hace desgraciado, te hará, si perseveras,

menos tonto e insensible; y dotará a tu voz

de una musicalidad única, singular.

Todos los que te han despedido y humillado son, quién lo diría,

tus aliados impensados en el afán de dejar una huella,

algo que preserve una mínima belleza cuando no estemos".

Más adelante, en la página 139.

"Mi mayor ambición es ser un ciudadano ordinario y mediocre;

un sujeto lastrado por la pereza; un bueno para nada;

un cero a la izquierda; una sombra; un hombre que camina por la sombra.

Algunos premios me han sido dados. Ninguno debió concedérseme.

Devuelvo ahora los premios, menos la plata. Ha sido ya gastada.

Devuelvo los premios literarios que manchan mi biografía.

Un premio que me dieron en Galicia; que tuve el tino de no ir a recoger.

Otro que me dieron en Barcelona.

Solo para que el editor ganase más dinero con ese libro.

Uno más. El peor de todos. Entregado por un jurado catalán

que, al tiempo de darme el premio, me recordó lo que ya sabía:

que no lo merecía. Si pudiese, me quitaría el premio y el dinero".

Por último, en otras páginas, a cala y cata.

Si quieres ser escritor, escribe.

Si quieres ser escritor, lee, aprende de los maestros.

Si quieres ser pintor, contempla la belleza.

Si quieres ser músico, educa tu oído. Nada llega sin esfuerzo.

Ninguna obra de arte se consigue sin la pretensión

de que eso sea, algún día, una obra de arte.

Esta novela es un reguero de pólvora

y tiene que ser el lector quien aplique la llama.

Bayly. Baylys. Autor y personaje son, aquí, la misma persona.

Literatura egográfica a manos llenas.

No cabe llegar más lejos por ese camino y en ese ruedo.

El autor cita de frente al lector y le ofrece la taleguilla.

Novela suicida, harakiri, carnívora, autófaga.

La pluma como catana de un samurái que oficia el "seppuku".

Este libro puede amarse u odiarse. A nadie dejará indiferente.

Sospecho que a Elia, Anna y Ayanta, tampoco.

Quizá haya alboroto en nuestra charla.

Voy a hablar antes de que eso suceda con Jaime Bayly y Baylys.

Pónganse a salvo.

(Música suave)

Jaime: ¿cuándo se jodió Perú?

Creo que Perú se jodió cuando Vargas Llosa,

a través de Zavalita en "Conversación en la Catedral",

se planteó esa pregunta sin respuesta.

Alrededor de los mismos años, mediados de los 60, nací yo;

lo cual fue catastrófico para Perú. Cuando te jodiste tú.

¿O el día que te casaste con Casandra, en 1993?

¿O el día que te divorciaste, en 1997?

Todo está reflejado en tu novela. (RÍE) Sí.

(BALBUCEA) Yo empecé a joderme cuando nací en Perú.

Creo que terminé de joderme cuando, con 14 años,

mis amigos de un periódico me llevaron a un burdel,

quise inaugurarme sexualmente y fracasé.

Eso me dejó muy traumatizado. Eso sucede en las mejores familias.

La primera vez que vas a un burdel estás... impresionado y fracasas.

Me pasó algo parecido. En Mérida. ¿De veras?

Hablemos de ti. Digamos...

¿pudiste sobreponerte a la contrariedad?

¿Tú no? No fui capaz de obtener placer.

Volví un par de veces más y volví a fracasar.

(CARRASPEA) Sospecho, Jaime, que hay una maldición

que persigue a los escritores peruanos:

Arguedas se suicida; (CARRASPEA) César Vallejo

muere, joven, en París con aguacero;

Scorza... muere en aquel accidente de avión en Madrid;

Julio Ramón Ribeyro nunca llega a tener el éxito que merecía;

Bryce, anda como anda; y tú, toda suerte de calamidades.

Solo escapa a ellas Vargas Llosa. Sí.

Vargas Llosa también se ha metido ahora en un berenjenal.

Es un berenjenal más amable. Sí. Vive en un palacete.

Supongo que tiene mucho éxito. No había pensado que a los peruanos

nos persigue esa maldición. Una maldición autodestructiva.

¿Scorza se quería suicidar también? Lo traje para un programa

que hacía a finales de los 70, comienzos de los 80...

Me parece que muere en el 83 en accidente de avión.

Lo trajimos, lo metimos en el Palace y quiso suicidarse.

¿En el Palace? Tirarse por la ventana.

Acudí con un psiquiatra, le consolamos y no se suicidó.

No conviene suicidarse en el Palace. Es un hotel demasiado espléndido.

La tentación de la política. Es algo que está muy presente en tu libro.

Algo que se remonta a tu madre. Desde que naciste,

empezó a machacarte con que tú habías nacido para eso.

(RÍE) O cardenal. O presidente o cardenal.

Cardenal implicaba unos sacrificios inhumanos

de los que no sería capaz. Lamento defraudar a mi madre

pero no entré en política, no inscribí mi candidatura...

Es verdad que no tenía dinero ni un partido que me auspiciara.

Le pediste dinero a tu madre, que había heredado de su hermano,

para que te ayudara en la candidatura política.

Me negó la contribución. Tendría que habérselo pedido a Chaves.

A lo mejor me habría ido mejor. (RÍE)

Hay cierto paralelismo entre tu novela y la última novela

de Vargas Llosa, "Cinco esquinas".

No tienen nada que ver; pero en lo relativo a política,

al periodismo, a la corrupción de tu país; sí tienen que ver.

Interesante. Sí. La he leído. Me ha gustado mucho.

Él hace una exploración, casi humorística,

sobre el periodismo canallesco. Sobre cómo puedes usar el periodismo

para linchar moralmente a tus adversarios.

Y cómo el periodismo puede ser vil y abyecto. Lo hemos visto y sufrido.

Esta novela parece que trata de otras cosas.

Creo que es, fundamentalmente, una reflexión

sobre el oficio, la vocación, el arte de escribir.

Lleva, al comienzo, una cita de Faulkner que dice

"el artista es responsable solo ante su obra.

Si es un buen artista, será completamente despiadado.

Tiene un sueño. Ese sueño le angustia tanto

que debe librarse de él. Mientras no se libra, no tiene paz.

Arroja todo por la borda: el honor, el orgullo, la decencia,

la seguridad, la felicidad. Todo con tal de escribir su libro".

Faulkner decía... Una vez se le acercó un chico joven

y le preguntó qué había que hacer para llegar a ser escritor.

Faulkner dijo "¿eres capaz de vender a tu madre en letras de molde?

Si no eres capaz, no eres escritor". (RÍE)

Tú, aquí, vendes a todo el mundo: tu madre, tu mujer, tus hijas.

Ahora estoy en una encrucijada... tremenda.

Antes de escribir esta novela, dediqué unos años para escribir

otra novela titulada "La sagrada familia".

Es una novela muy voluminosa en la que cuento la historia

de la familia completa: abuelos, tíos, primos, primas.

Cuando he querido publicarla, mi madre me ha dicho

"si publicas "La sagrada familia", no me verás más en vida",

porque ella cree que hay otras vidas luego,

"y no esperes nada de mí en el testamento".

Yo hubiera añadido a la respuesta que dio Faulkner al chico,

si no eres capaz de vender a tu madre, espera a que se muera.

Yo, antes, era muy díscolo. Nunca le hice caso a mamá

y publicaba novelas muy a despecho de ella.

Ahora, viendo cuán diezmada está la industria editorial

he dicho "ganemos tiempo". A lo mejor ha influido

que se reconciliado con la Perra Chusca.

Es como llamaba tu exmujer, tu madre y todo el entorno

a la mujer que amas. A mi mujer.

A la madre de tu último hijo. Exactamente. Sí.

Es verdad. La llamaban Perra Chusca, Chola Blanca.

Chusca, ¿qué es? ¿Callejera? Callejera, vulgar, sin pedigrí,

sin nobleza...

En la vida misma, y en la novela, si hay una perra chusca, soy yo.

Silvia no es ni perra ni chusca. Por supuesto.

A Baylys, el personaje, le sobra la s. ¿Eres tú? ¿O no del todo?

Soy yo; del todo. La s no le sobra.

La s está bailando porque Baylys son varios o varias.

Yo creo que en Baylys caben...

el que quiso ser presidente; el que se aferra a ser un escritor

casi clandestino, fantasmagórico; el charlatán de la televisión;

el que en la cama puede ser un señor o una señora.

Por eso Baylys describe más exactamente quién soy.

En la novela, a propósito de un medicamento,

insinúas la posibilidad de que eres bipolar.

¿Eres bipolar, tripolar, multipolar?

Sí, soy bipolar. Silvia, mi mujer, me ha ayudado mucho

a descubrirlo. Me obligó a ir a unos médicos,

diagnosticaron ese trastorno, me cambiaron los medicamentos.

Esto ha ocurrido hace unos 4 años. Me ha mejorado enormemente la salud

y ya no quiero ser presidente. No tengo esas manías megalómanas.

Eso es muy bueno para mí, pero sobre todo para Perú.

Leyendo el libro uno llega a la conclusión,

y yo llegué a esa, angustiado, de que estabas a punto de morirte:

una fibrosis quística, una cirrosis. ¿Te lo has quitado de encima?

No me lo he quitado de encima pero estoy mejor.

No he querido hacerme ningún trasplante de hígado,

como me dijeron los médicos peruanos.

Yo sostengo que un médico peruano tiene el mismo grado de fiabilidad

que un chamán o curandero boliviano. No les hago caso.

No me voy a trasplantar nada y estoy mucho mejor.

Voy a llegar a los 80 años, como tú. (RÍE)

Yo creo que escribir es exagerar, generalizar y citar.

Tú exageras en todo. Eres excesivo. Yo tengo un buen amigo que dice

"sin cesura y sin censura no hay buena literatura".

Además de exagerar... es recordar.

Para mí todo parte en ese ejercicio arduo que es la memoria. Recordar.

Luego, contar exagerando; y falsificando.

Sobre todo, tratando no de embellecer tu autorretrato

sino de afearlo;

de acentuar tus rasgos grotescos, miserables, hediondos.

A mí me gustan esos pintores que se hacían autorretratos,

o que retrataban a sus mujeres e hijas, y todos eran monstruos.

Esta novela es, para mí, un autorretrato literario.

Aspiro a salir muy feo, muy humanamente feo.

Generalizas cuando hablas de la condición humana,

de la política y los políticos, de la televisión y el periodismo,

de la sociedad y, sobre todo, de qué significa ser escritor.

Este libro es una reflexión sobre el oficio de escribir.

Lo veo así. Y sobre lo incompatible que es el oficio de escribir

con el oficio del poder, de la política.

Siendo tan incompatibles, porque están reñidos,

porque si entras en política activa dejas de ser un escritor,

curiosamente es un mundo

que nos resulta fascinante y del que estamos siempre cerca.

Yo, no hay semana que no piense

"no me vendría mal ser embajador en Madrid o en Londres.

No me conviene pelearme con tal político o tal otro.

Quizá ganará las elecciones...

(BALBUCEA) y sería un estupendo Ministro de Cultura".

Cuando uno ve lo poco que venden sus libros,

el mundo de la política te puede tentar; pero es un paso en falso.

Vamos con el verbo citar. Tú te autocitas mucho en este libro.

Cuentas las vicisitudes de tu vida en esos dos años peligrosos,

que van de 2008 a 2010, e intercalas las columnas que vas publicando,

donde cuentas casi lo mismo, con matices. Vas añadiendo cosas

a la historia real, pero introduce cierto elemento un poco tediosos.

Sí, se repite un poco en las primeras 80 o 100 páginas.

Quizá es un fallo de la novela. Yo he querido

contar la historia en esos dos ámbitos: en el privado

y en el público. No es frecuente que un columnista, y yo lo hago,

todas las semanas, en un periódico, ventile sus asuntos íntimos.

(BALBUCEA) Al airearlos, al ventilarlos en un periódico,

modificaba la historia; alteraba el humor de los personajes:

a mi exesposa; a mi novio; a mi madre, sobre todo,

no les gustaba que yo contase todo esto.

Por eso he querido preservar las columnas periodísticas.

Todo eso acabó modificando bastante la historia.

En España, ese tipo de columnas no aparecerían,

no te las publicarían. Si te las publicaban, te comerían.

¿Por qué? Por puritanismo, corrección política

y acusación de narcisismo, ombliguismo.

Comprendo. A veces, los columnistas son tan tediosos, predecibles.

Están todos hablando de política. Por eso estoy criticando.

Creo que no hay que hablar de la vida pública.

Hay que hablar de la vida privada. En la vida privada

están los verdaderos secretos que definen la identidad

de un individuo. Totalmente.

Tu novela es un psicograma: el peso de la familia, de la madre,

de las hijas, de la culpa, del remordimiento.

Lo peor que me pasa en la novela, y me pasó en la vida

entre 2008 y 2010... Yo me consideraba un buen padre.

Recuerdo que en alguna entrevista dije: "me puedo perdonar ser

un escritor mediocre, un periodista mediocre,

pero no me perdonaría fracasar como padre".

Y he fracasado como padre. En la novela lo cuento.

Mis dos hijas, entonces adolescentes,

tan decepcionadas de mí, dejan de verme, de hablarme,

no me contestan al móvil. Cuatro años largos.

¿Sigues sin verlas? No. Nos hemos reencontrado.

Han sido cuatro años tremendos. Me recordaron mi fracaso como padre.

Es el precio que tuve que pagar por enamorarme de una Lolita.

Dije voy a ser, de pronto, un amante...

con bríos, apasionado; y descuidé al papá responsable.

Como en todos tus libros, hay mucho sentido del humor.

Lees esta novela y, a veces, te ríes a carcajadas.

Te estás burlando de ti mismo. Es por donde empieza el humor.

Sí. He tratado de que el humor recorra las páginas de la novela.

(RÍE) No ha sido siempre bienvenido. Hay personas

que quizá no se han reído como tú. Ya sospecharás.

Scott Fitzgerald decía que "los momentos más peligrosos

para la vida matrimonial son las mudanzas".

Las mudanzas de muebles, de casa. Tu novela está llena de mudanzas.

Estás continuamente mudándote. Una vida peligrosa.

Es muy peligroso que el escritor...

Nosotros, como escritores, estamos acostumbrados a ser pobretones,

a no tener dinero, a no poseer bienes inmuebles.

A mí me ocurrió, por razones dictadas por el azar,

que, de pronto, tenía un dinerillo. Así comienza la novela.

Aquí hay bienes inmuebles por todas partes: Miami...

Voy comprando por aquí un pisito, un escondrijo en Buenos Aires

para contentar a la exesposa, para contentar al novio argentino.

Como uno es escritor, uno es incompetente en asuntos de dinero.

Luego, cuando las amistades o los amores se acaban,

comienza la riña patrimonial. Eso está contado en la novela.

Es un aspecto épico de la novela. Hay otro más épico.

Cuenta la batalla de un libertino contra los biempensantes;

y la de un escritor contra los inquisidores

de la corrección política. Qué bonito hablas.

Cuando los biempensantes están en tu familia, en tu casa,

en el piso de arriba y de abajo... Estamos rodeados.

Estás sitiado. Es una guerra de guerrillas.

El recurso escatológico. Rara vez he leído un libro tan escatológico.

Un recurso que algunos lectores puedan decir que es de adolescentes.

Era necesario. Pido disculpas...

a las sensibilidades que se hayan sentido ofendidas.

A mí me ocurre... Tengo un novio, fui feliz con él, duré ocho años,

batí todos mis récords. Os veíais dos veces al año

porque él vivía en Buenos Aires y tú, en Lima.

Por eso duramos tanto. (BALBUCEA)

Mi amor por él terminó de una manera humillante para mí.

No la voy a describir, porque me rebajaría.

Él quedó despechado, fue a las televisiones, habló mal de mí.

Dijo que yo era "la gorda pasiva". (RÍE)

¿Cómo podría yo refutar eso? Es evidentemente cierto.

Yo soy totalmente gorda, pasiva. Cuando estoy con Silvia, mi mujer,

también soy gorda pasiva. Todo el tiempo.

Dices que a veces no se sabe bien, en el matrimonio con Silvia,

quién es el señor y quién la señora. Casi siempre yo soy la señora.

Por eso me enamoré de ella. Con ella cada juego amoroso es impredecible.

No disimulas, sino que esgrimes tu "peterpanismo".

(IRÓNICO) ¿Quién habló? (RÍE)

Está ya dibujado mi rostro en el flequillo, ¿no crees?

El eterno adolescente. Fobias y filias.

Está el libro lleno de ellas: las pastillas, el insomnio,

las manías de todo tipo. Has dejado de tomarla, pero tomabas para dormir

un ansiolítico, un sedante y un hipnótico. Dormías 4 horas

y volvías a tomar las tres pastillas para dormir otras 4 horas.

Por la mañana, te atizabas no sé qué para ponerte en marcha.

De locos. De nuevo volvemos al escritor peruano, bobo,

autodestructivo, que se quiere matar.

Esto ha cambiado. Silvia ha embellecido mi vida.

Mi madre es una mujer enormemente rica.

Tengo, y no lo oculto, sinceros deseos de heredar.

Quiero llegar a los 80 años como has llegado tú

y el egregio Vargas Llosa. Yo conocí a la escritora maldita,

a Silvia, poco tiempo después de que tú la conocieras.

Cenamos juntos en el restaurante japonés de Wellington.

Fue una charla muy animada.

Tú tienes una enorme erudición oriental.

(BALBUCEA) Recuerdo que Silvia y tú tuvisteis

una discusión cordial alrededor de la tauromaquia.

¿Lo recuerdas? Claro que sí.

¿Pesa ya la diferencia de edad entre Silvia y tú?

En el libro, no. No.

Ella tiene 27 y yo tengo 51.

Siento que tuviera su edad o que uno tiene la edad de la persona que ama.

¿Ella siente que tiene tu edad? (RÍE) De ninguna manera.

Es curioso.

Como compartimos ciertos vicios, que prefiero no describir,

cuando estamos, no precisamente sobrios, sino un poco alunados,

esos temas como la edad se disuelven en la niebla de la felicidad.

¿Ha llegado a ser una escritora maldita?

"Escritor es quien escribe", dices en el libro. ¿Escribe ella?

¿Ha publicado algo? ¿O la maternidad le ha desviado de ese destino?

(RÍE) Recuerdo que Bolaño, que fue mi amigo y venía de Blanes a verme

cuando yo estaba por acá, me decía "ten cuidado con escritoras malditas

porque generalmente son escritoras malitas".

Fin de la novela: estamos en Miami, han reaparecido tus dos hijas

acompañadas por tu madre. Te quedas citado con las hijas, no la madre,

y escribes. Así termina el libro: "llevabas tiempo sin verlas.

No habíamos hablado 20 minutos y ya no había de qué hablar.

Yo sentía que alguien las había obligado a verme

y ellas, en realidad, no tenían ganas de verme y no confiaban en mí.

Me dijeron que Casandra, su madre, tenía que pasar a buscarlas.

Les pegunté si debía quedarme para saludarla.

Me dijeron que debía irme, pues su madre no quería verme.

Las abracé, volví a llorar, sentí que no nos veríamos en un tiempo,

subí a la camioneta y les hice adiós.

Ellas, tan altas, guapas, preciosas, adorables, haciéndome adiós

como si fuera un alivio que desapareciera de sus vidas.

Desde entonces no he vuelto a verlas".

Me dolió muchísimo aquello y ocurrió tal cual lo he contado.

Llevábamos cuatro años sin vernos. Yo les rogaba un encuentro.

Se acercaron a Miami y me citaron en un Starbucks.

Las vi y lloré, como un bobo. Ellas estaban tranquilas.

Me impresionó mucho que, cuando estábamos conversando,

estaban todo el tiempo, lo que hacen los chicos, mirando los móviles

y mandando mensajes, yo no sé a quién o a quiénes.

Quedé muy...

muy aturdido, muy devastado por ese encuentro.

Luego han venido a casa, nos hemos hecho algunas fotos.

Un reencuentro más o menos feliz.

Cuando Silvia les ha preguntado si podía subir esas fotos

a Instagram o esas cosas que no conozco, le han dicho "no".

Jaime: uasabi, chocolate negro. ¡Hombre!

Elixires de larga vida. Ahora te entregaré a tres chicas

altas, guapas, preciosas e inteligentes.

Enhorabuena. Gracias. Estaré por tus 80 aquí, de vuelta.

Todo está en los libros. Todo está en los libros.

Ya he dicho prácticamente todo lo que tenía que decir.

Ayanta, Anna, Elia: aquí tenéis al niño terrible.

La escritora maldita no ha venido. (AB) Te he pillado antes.

Voy yo. Jaime. -Ayanta.

-Te tengo que agradecer... que he descubierto una palabra.

No pretendo que me la traduzcas.

Estamos en horario en que no es posible. Es porondongo

o porondonga. ¿Cómo es? -Poronga.

(A LA VEZ) -Poronga. (AB) -Fabulosa palabra.

-Proviene de la Argentina y alude al miembro viril.

(IRÓNICO) Parece que no la has aprendido muy bien.

(AB) La he alargado. (RÍE) Hay cierta lógica.

(A LA VEZ) (HABLAN)

(AB) -Te miro con cierta sospecha porque veo unas concomitancias

entre mi padre y tú, entre tú y mi padre que me hacen gracia.

He leído este libro como quien lee una tragicomedia

sobre la familia, las relaciones sentimentales y sexuales,

y sobre la paternidad. Yo soy hija de él.

Esta costumbre, manía o placer

de escribir sobre la vida personal, íntima

de todas las personas que os rodean

es algo que sé que genera muchos problemas

porque estamos rodeados, como decíais antes, de biempensantes

y ellos no tienen ningún sentido del humor.

Los hijos tenemos todavía menos sentido del humor

que las mujeres.

He visto en este relato tan triste,

que es la parte trágica, el problema con tus hijas.

¿Te has arrepentido de airear tu vida de esta manera?

¿Crees que es más importante tu faceta como padre

que la faceta como escritor? En definitiva, ¿yo o el otro?

-Es una gran cuestión. No me he arrepentido.

Pero... sí me arrepiento profundamente

de haber hecho algo muy miserable, que lo he contado en la novela.

Por amor a mis hijas, adolescentes, les obsequié un piso.

No quise inscribirlo en los registros públicos a nombre

de mi exesposa. Mis abogados me sugirieron que lo pusiera al mío.

Yo vivía en el piso de arriba.

Mis hijas habían decorado la casa. Tenían sus habitaciones allí.

Cuando tuve una pelea horrible con mi exesposa, le dije "te vas".

También eché del piso que les había regalado, a mis hijas.

Ellas, comprensiblemente, no me lo perdonaron.

Pasaron largos cuatro años sin que me hablaran.

No sé si tú, como hija de Fernando...

le has declarado cuatro años la guerra fría. Para un padre, eso

es devastador. (AB) -Soy madre. Lo puedo imaginar

Nunca le he declarado ningún tipo de guerra a mi padre.

Depende de qué tipo de hijo tengas

y si los padres aprendéis. ¿Has aprendido algo de esto?

(BALBUCEA) -Creo que no. Si te toca un padre escritor,

te va a decir "tengo que contar mi vida,

(BALBUCEA) también la de mis amores, de mis parientes y de mis hijas".

Esas personas, cuyas identidades son asaltadas por el padre escritor,

dirán "tú no tienes derecho. Yo soy tu hija.

Como hija, tengo derecho a mi privacidad.

Tú estás violentando mi privacidad; te estás apropiando de ella

para beneficio... artístico, literario".

Ahí hay una tensión que yo no he sabido resolver.

Uno no puede decir "por amor a mis hijas, dejo de escribir

las historias que tengo que escribir".

(AB) -¿Tiene solución? -Yo digo que no. Por ejemplo Picasso

pintaba siempre a sus mujeres y a sus hijas, y las afeaba.

Se enojaban con él. Uno no le puede decir a un creador:

"mutila..., de tu libre creación artística,

toda aquella zona que proviene de la experiencia íntima";

que es, precisamente, la más rica para fabular.

(ER) -No vale lo que estás diciendo. El idioma aquí es importante.

El alemán se presta mucho a términos filosóficos

porque son subordinadas. (TOSE) El inglés

es muy vitalista. Habla en futuro. Para la novela viene bien.

En el español somos más... No son pasionales. Es más derrotista,

más melancólico. En cambio, ese deje vuestro

va enredando, intentando convencer, el tú, mí, me, contigo.

No puedes justificar lo que dices de que "tengo que contar mi vida".

Es ir de escritor maldito sin necesidad.

Lo que he leído, y te lo digo con verdadero respeto...

¿Casandra se llama tu mujer? No, ¿no?

Casandra, la que enreda a los hombres...

-No es mi mujer; es mi exesposa. (ER) -Tu exesposa.

Es la que enreda a los hombres en la mitología, la que profetiza

y a la que nadie cree, junto con Laoconte.

(AG) -Eso, para un castigo divino. (ER) -Perdón. Un momento.

Yo tenía por aquí a Némesis, a la justicia retributiva.

Puede ser eso precisamente. Te ha podido pasar con tus hijas.

No pasa nada. Hay que ser consecuente en la vida y tú lo eres.

Lucía es Silvia, ¿no? tu mujer actual.

Le pones Lucía. Pues que Dios le conserve la vista.

Es lo que encuentro ahí por cómo la tratas a ella.

No es maldita, es malita. Y la gracia de la mujer

Hay un punto ahí que no me gusta.

La novela, si te digo que es onanista, me vas a decir

"qué bueno"; porque buscas provocar. Si te digo que es onanista,

que es egoísta... Lo que hacía Onán, que era tener sexo

con Tamar y no dejarla embarazada. El heredero sería el hijo y no él.

Él quería heredar; algo que has dicho tú.

La novela es digestiva. Leí a Steiner y decía que "hoy estamos

demasiado llenos de literatura digestiva".

El nombre lo indica, que es como los yogures. Nos lo comemos,

qué rico ha estado, pero no me queda ningún poso. Y ruidosa.

Onanista, ruidosa y digestiva. Lo más difícil en estos tiempos

es el silencio, de lo que tanto abogamos.

Es tan ruidosa... No porque tu mujer tenga 20 años menos.

Podríamos compartir historias y hablar largo y tendido.

No es eso. No es el sexo tampoco. Es la manera en que lo cuentas.

-Interesante. Nunca me habían dicho eso de la novela digestiva.

La novela digestiva, ¿es mejor o peor que la novela estreñida?

¿Es mejor o peor que la novela laxante?

(ER) -Puede ser laxante al mismo tiempo. O estreñido.

Hablamos de lo escatológico. Estás en lo mismo?

-Estoy tratando de ubicarme. En lo digestivo, hay un tránsito.

Yo he conocido novelas obstruidas o estreñidas.

(ER) -¿Cuál? Me gustaría saber ejemplos.

-No diré nombres. Quizá provienen de autores

que no... no contarían

sus refriegas más íntimas. Hay un tipo de autor

cerebral, intelectual, bibliotecario que dice

"yo no voy a condescender a novelar mi propia biografía.

Es un recurso adolescente". -Michel de Montaigne lo hacía.

Era ensayista. Decía "me pinto a mí mismo". Se pintaba de otra manera.

Lo políticamente incorrecto, hoy, es lo de Michel de Montaigne.

No exhibirse. Es mi humilde opinión. Tengo que ser sincera.

-Rembrandt se hizo 80 autorretratos. Van Gogh, como 30.

Picasso, 28. Sin contar los de sus amores y sus hijas.

Yo creo que esa novela es un autorretrato.

Entiendo que no te guste pero es un autorretrato.

Yo no he pretendido embellecerme, como le dije a Dragó.

¿Me permites que acuda en socorro de Jaime y cite a Borges?

Un poema de Borges. (ER) Sensei: soy tu alumna.

"A veces, en las tardes,

un rostro se adivina en la penumbra de un espejo.

El arte debe ser como ese espejo que nos devuelve nuestra cara".

Estoy citando de memoria. Probablemente no era así.

(AB) Lo que más admiro y adoro es al escritor sincero.

El escritor que nos abre su vida y la cuenta.

Es un libro sincero. (ER) Es provocador.

Lo que te molesta es lo escatológico del lenguaje.

(ER) Es provocador. Lo provocador, hoy en día... Yo estoy

harta de la provocación. ¿Por qué es provocador?

¿Porque dice la verdad, su verdad? En la manera. Parece que hoy en día

decir "burradas" es como voy a hablar mal de mí mismo

para que los demás no lo hagan.

(AB) -¿Qué es burradas? ¿Hablar de sexo, de la familia?

(AG)-¿Puedo intervenir? (JB) -Le toca a Anna.

(ER) -Tampoco Jaime ha inventado a Pasolini en el cine.

(AG) -Déjame hablar. (ER) -Perdón.

(AG) -Se han dicho dos cosas con las que no estoy de acuerdo.

Que la escritora maldita no ha venido. Creo que eres tú.

Creo que eres las dos personas del título.

(TODOS) (RÍEN) -Hay paralelismos entre tú y el jefe

pero también hay divergencias importantes.

Él no habla nunca mal de nadie. Tú, sí. Tu novela me ha encantado.

Hoy estamos en las antípodas, Elia. Lo nuestro no prospera.

Me ha gustado mucho por varias razones.

Es mucho mejor que las últimas cosas tuyas que había leído.

Hay una pujanza, un crecimiento, una aceleración brutal

de tus pistones literarios. -Gracias.

-Sí me ha parecido que todo estaba muy bien defendido.

Hasta el último zurullo que aparece, y hablo de algo literal.

Léanla y lo comprobarán. Está bien defendido. No hay nada gratuito.

Incluso lo más fuerte interesa y cuela.

Yo, la verdad, tanto como sincero...

Es una novela donde procesas un sentimiento de culpa importante,

que es lo que pasó con tus hijas y con tu esposa.

Lo digieres serpentinamente. En ese aspecto sí es digestiva.

(BALBUCEA) Lo haces con suma habilidad.

Me di cuenta de que García Márquez había perdido el toque

cuando un personaje que él quería que me cayera bien, me cayó mal.

Antes de perder el toque, te metía un narcotraficante,

un tratante de blancas que pagaba a su mujer, y tú simpatizabas.

En esta novela es imposible no simpatizar, a excepción de Elia,

y no darte la razón en todo. Tu exmujer, una bruja;

tus hijas, unas malcriadas; tu exnovio, un neurótico;

todos te quieren quitar la plata.

De algún modo, lo que haces es adelantarte.

Es como un feísmo preventivo. Yo me pongo... me ofrezco

en inmolación para que el lector me quiera y me perdone.

(ER) -Un holocausto. Él se quema. (AG) -Es absolutamente legítimo,

literario. Lo hace con inteligencia, con sensibilidad. Me encanta.

(JA) -Muchas gracias. (AG) -Y sentido del humor.

Tú tienes una mala uva que Dragó no la tiene. Dios me libre

de salir en una novela tuya. (TODOS) (RÍEN)

-Prefiero que seamos amigos y residentes en Madrid, en Perú.

-Si esos personajes quedan un poco mal a tus ojos...

(AG) -Yo voy a favor tuyo pero, en parte, es cómo lo cuentas.

-¿Mi personaje también queda mal? -No tanto porque se ve atrapado.

Él se ena... Su pecado es enamorarse y, a partir de aquí,

quieren que pierda a las hijas, los pisos, la dignidad.

(AB) -Tu personaje es adorable. (AG) -Eso es muy injusto.

Tal y como lo cuentas, me cuesta creer que fuera exactamente así.

Sé que es posible. Yo le declaré la guerra a mi padre cinco años

y tenía menos razones que las que tú describes. Me avergüenzo.

-Yo no lo encuentro adorable. (AB) -En el momento en que uno dice

"soy feo, una gorda", inspiras... (AG) -Inspiras mucha ternura.

(AB) -Se te defiende. (AG) -Lo de la Gorda Baylys acosando

al Mateo es enternecedor. Es dickensiano.

(JB) -Al modelo. (AG) -Sí. Al modelo de Nueva York.

Eso es tierno. (AB) -Entran ganas de cuidarte.

-Hay momentos en que mi personaje parece abyecto.

Uno es cuando le pide dinero a su madre para entrar en política

y su madre se lo niega. Otro es cuando echa a sus hijas a la calle.

Esto es indefendible.

Es algo que me va a atormentar hasta el último día.

Nada justificaba eso. Nada.

Yo estaba enamorado. No tendría que haberme rebajado a esa vileza.

Cuando uno descubre que es, además de un mal escritor

un peor padre, no queda sino escribirlo.

(AG) -Estamos repitiendo la jugada. -No voy a saltar como Scorza.

(A LA VEZ) (HABLAN)

(AG) -Creo que no te consideras mal escritor ni mal padre.

(ER) -Es una autolapidación. Podría haber una lectura más profunda.

El trayecto vital tuyo es ese; desde lo de la casa de...

el lupanar, con el que has comenzado hablando con Fernando...

(AG) -Es una palabra muy despectiva. (JB) -No. Es muy Borges, porteño.

(ER) -Por eso lo he dicho. No es fea. Bueno, pues puticlub.

Lo decimos a las claras. El trayecto vital puede ser ese.

Y tu madre. Qué jeta tengo. Le pido el dinero para ser presidente.

(AG) -Tu madre es una demente religiosa en manos de una secta.

Dices una cosa pero escribes otra, para que pensemos una tercera.

(AB) -Discutimos de tu vida sin dejarte hablar.

Perdonad. Perdonad un momento. Esta conversación es interesante.

Os ofrezco la posibilidad de renunciar a recomendar libros

y seguís, aprovechando los 12 minutos o 13 que nos quedan,

hablando con Jaime. ¿Qué preferís? (A LA VEZ) Hablar con Jaime.

Hoy no se recomiendan libros. Será la próxima semana. Sigamos.

Una cosa que se me había quedado en el tintero... Tú discutías, Elia,

o eras tú, Ayanta, la sensibilidad familiar cuando te ves retratado.

(BALBUCEA) Creo que, a veces, los parientes esperan periodismo.

No entienden que un personaje, por muy inspirado en ti, no eres tú.

Siempre hay una ficcionalización. Uno es soberano de esa ficción.

En la vida real tienes que atenerte a esas consecuencias.

-Los parientes no lo entienden. Recuerdo dos episodios.

Uno, el de "La tía Julia".

Es una de las mejores novelas de Vargas Llosa.

(AG) -A mí es la que más me gusta. -Allí, cuenta cómo se enamora...

A mí, junto a "Travesuras de la niña mala".

¿Sabemos quién es la niña mala? Sí. No sé si lo puedo decir.

(AB) Dicen que no se puede decir. Yo no lo sé.

Parece ser que era la mujer de Julio Ramón Ribeyro.

No sé si antes, después o durante el matrimonio.

(AB) -Si no se puede decir, es durante.

(JB) -Terminó siendo la mujer de Bryce.

(SORPRENDIDO) ¿La de Ribeyro? ¿La niña mala, si es verdad...?

Nos estamos convirtiendo en unos cotillas.

(AB) El cotilleo literario es muy divertido.

-"La tía Julia". A la tía Julia no le gustó la novela.

(AG) -Sacó "Lo que Varguitas no dijo"; y él le quito

los derechos de autor que le había regalado.

(AB) -Por lo que he podido observar en estos años de vida,

la familia se enfada tanto si hablas bien como si hablas mal.

También si hablas bien. (AG) -Nunca se reconocen.

-Como si no hablas de ella. También. Hagas lo que hagas, se enfada.

Vargas Llosa escribió como una columna periodística,

en Piedra de toque, sobre su hijo Gonzalo.

Se titulaba "Mi hijo el rastafari".

En la época en que Gonzalo fumaba mucha marihuana. Éramos muy amigos.

A Gonzalo, sobre todo a Patricia, no le gustó.

Se alegaba este argumento: "Mario, no tienes derecho

de asaltar la privacidad de tu hijo y de contar que fuma marihuana".

Me parece que Mario hizo muy bien en escribir eso.

¿No se dan cuenta que todo escritor es un asaltador de privacidad?

Privacidades cercanas o lejanas a él pero escribir es asaltar privacidad.

En ese sentido, dan satisfacción los muertos.

(TODOS) (RÍEN)

(AB) -A veces hay psicofonías.

Por eso decía que hay que esperar a que se muera tu madre.

-A veces, los escritores que han sido asaltantes

de las tías, los hijos y las primas, luego asaltan tumbas.

Novelan a un dictador muerto o a un pintor muerto.

Nadie te reclama. (ER) -Aunque no se hable de política

pero quiero... Sensei, ¿puedo? Por favor.

Keiko y... Háblame del panorama. (AG) -¿Keiko Fujimori?

(ER) -Vargas Llosa ha dicho que sería volver a su padre.

Ella quiere redimirse. No tiene por qué ser su padre.

Sabes que en este programa está prohibido hablar de política.

Pero me has dado permiso. No sabía que hablarías de política.

Eso es una línea roja, como se dice ahora. No se habla de política.

He leído en Dragolandia "Mis líneas rojas". ¿Qué es eso?

Una cosa que parece ser que inventó Pablo Iglesias.

Una línea que no franqueas. (AG) No hablemos de política.

Esto era hablar de lingüística.

Anulada la pregunta de Fujimori. (AG) ¿Qué opinas de la cruzada

desencadenada últimamente contra Vargas Llosa como escritor?

-Creo que es mezquina, injusta.

Él ha escrito, por lo menos, cuatro o cinco obras maestras.

Quizá después del Nobel no ha escrito una obra maestra.

Yo diría que "La Fiesta del Chivo" fue... Quizá "La niña mala" también.

Fueron sus últimas dos muy, muy bien logradas novelas.

Don Mario...

-Enmarco la pregunta. He leído muchas críticas a Vargas Llosa

relacionadas con su vida privada. Eso me parece fuera de lugar.

Un escritor tiene derecho a tener la vida... La puede usar

literariamente, o no, pero hay que respetarle la vida privada.

¿Te gusta su última novela? -A mí me ha gustado.

Va de política, periodismo... -A mí me ha parecido floja.

Esa crítica sí la veo pertinente; que me parece una novela floja.

No me parece que le ataquen por tener la compañera que tiene.

-¿No te ha gustado en "Cinco esquinas" el amor entre dos mujeres?

(AG) -Se puede contar mejor.

(AB) -Me ha parecido un antiguo. El amor entre dos mujeres, ahora,

o una situación de intercambio de parejas, ya no es así.

Me parece una visión antigua. (AG) -Si me permitís una maldad,

¿os acordáis cómo se llaman las mujeres de la novela?

Marisa y Chavela. Mario e Isabel. Creo que hay una pequeña...

(AB) -¡Qué perversa! Bayly, en comparación, nada.

(ER) -Tengo el libro de Mario. Lo trajo hace poco Ayanta.

Dijo que era una novela menor.

Yo, hoy, estoy quemando las naves. Me vas a permitir que me levante.

(AB) -¿A ti qué te ha pasado? (JB) -¿Qué vas a hacer con ella?

(AB) -Estás tremenda. (JB) -Elia.

¿Nos vamos Mario y yo? (ER) -A ti no te voy a echar.

(AB) -Alguien puede recuperarla. Así es el juego.

(ER) -En el fondo es más auténtico. Me explico. He dejado la novela...

Me están dando sudores fríos. (AB) -Nos van a echar a gorrazos.

(ER) -Lo de Jaime me parece más auténtico.

Dentro de que es una caricatura, y él lo reconoce, exagerada...

Lo que has dicho de criticar a un escritor por su vida privada.

Sí. Te explico.

Cuando tú no quieres sopa, toma tres tazas. Te lo tengo que decir.

Ese señor escribió... y chapó, porque soy lectora,

"La civilización en la cultura del espectáculo". Me moría leyendo.

Se me caía la baba. Era aquello en lo que creía. Soy muy mojigata.

Resulta que el mojigato es él. Lo que había escrito era humo

y se ponía a enamorarse de la reina de la civilización del espectáculo.

(AB) -Tú pretendes una coherencia. (ER) -¡Claro!

(A LA VEZ) (HABLAN) (ER) -Que cante la palinodia.

Escribe un libro y te retractas. (AG) -Piensa un momento en Tolstói;

en cómo era, vivía y pensaba cuando escribió "Anna Karenina";

y en cómo era, vivía y hacía vivir a su familia al final.

Es una evolución. Te puede gustar más o menos.

A mí me interesa más el Tolstói al principio que al final.

Al final me parece un sermoneador... bosquimano.

La obra es la obra... (RÍE) Sermoneador bosquimano.

La obra es la obra y el autor, el autor.

Esta novela que has puesto en el cohete me parece infumable.

Mario Vargas Llosa tiene derecho a salir en "Hola", si quiere,

a tener la compañera que tenga.

Eso ni le pone ni le quita como escritor.

Yo estoy encantado de poder ver los toros desde la barrera,

como estoy haciendo a lo largo de esta conversación.

¿Me permites una indiscreción, Elia? Sí.

Ayer me dijiste que ibas a colocar la novela de Bayly en el cohete.

Has cambiado de opinión y has colocado la de Vargas Llosa.

¿Ha pagado el pato Vargas Llosa

porque no te has atrevido a poner la novela de Bayly?

Si quieres, me cebo con Bayly, que me dé un derechazo y me deje KO

pero no pasa nada. (TODOS) (RÍEN)

-Tratándose de Perú y como dijiste "¿cuándo se jodió Perú, Zavalita?",

te lo estoy explicando. Por eso he puesto a Vargas Llosa.

Me parece más auténtico esto, dentro de que es caricatura.

(A LA VEZ) (HABLAN)

Tengo que hacer, aparte de otras mil razones, que las hay

y se han dicho aquí: las he dicho yo y las han dicho Ayanta y Anna;

tengo que hacer un elogio del libro que me parece infranqueable,

que no se puede poner en tela de juicio. Coges la primera página

y te lo bebes. (ER) Me lo leí en una tarde.

Es un libro extraordinariamente divertido.

Cuando estamos rodeados de libros tediosos...

(AB) Lo empecé y acabé del tirón. (JB) -Me has salvado del cohete.

(AB) -Además, mantener ese ritmo despiadado, truculento

no es fácil. Es fácil aguantar así 50 o 100 páginas.

No sé si lo escribiste bajo los efectos de la viagra.

(AB) -Es muy recta, Elia. (ER) -Soy hija de militar.

(AG) -¿A ti te ha ofendido el libro? (ER) -Sí, un poco.

(A LA VEZ) (HABLAN) Vamos a ver, Elia.

Elia: eres muy cristiana, ¿verdad? No lo ocultas.

Muy, no. Tengo fe. Estás en tu derecho.

¿Qué opinas de ese "dictum" que está detrás de la novela

que dice "ama y haz lo que quieras"? A él no le reprocho...

De San Agustín. Me parece lo más: amar al prójimo como a ti mismo.

Fíjate si hiciéramos eso. Es lo que hace.

Jaime se ama muy mal a sí mismo. Por tanto, ama al prójimo fatal.

¿Es o no es? (AB) (RÍE) -Dejad hablar a Jaime.

(ER) -Jaime echa sobre sí mismo... Él ve los toros desde la barrera.

(ER) -¿Es o no es, Jaime? (AG) -Me encantaría ser Jaime Bayly.

(ER) -Respóndeme a esto. ¿Te amas bien a ti mismo y a los demás?

Yo prefiero que sigas siendo Anna Grau.

Puedo hacer eso por ti. (ER) -Toma ya.

Interrumpe, que si no no te dejan.

-Estoy de acuerdo en que es una obra menor de Vargas Llosa.

¿Qué novela debería contar Vargas Llosa a los 80 años?

Yo digo que debería contar por qué le dio una trompada a Gabo.

Te he contado, Dragó, que si él no lo cuenta; lo contaré yo.

¿Tú sabes la historia verdadera? Sé la historia.

Igual que he contado quién era la niña traviesa...

Fue porque quiso ligar; porque Gabo quiso ligar con Patricia.

Eso está escrito.

Gabo la lleva al aeropuerto del Prat; se pierde,

no se sabe si es un despiste o deliberadamente,

y le dice que se quede con él;

que no se apure en volver. Mario está en América.

(IRÓNICO) Descubres el Mediterráneo. Eso está contado por Xavi Ayén

en el libro "Aquellos años del boom".

Tal cual, como lo has contado ahora. El bando Gabo dice que no;

que Gabo no le hizo nada a Patricia, nada indebido.

(AG) -A lo mejor no se dejó. Ella se resistió, parece ser.

Esa es la versión de Patricia. Hay muchos relatos.

Mi sospecha es que no ocurrió nada, como siempre,

y que Vargas Llosa, en su imaginación afiebrada

de excadete... se hizo una película.

(AG) -Tú describes un homicidio en grado de tentativa.

Que no ocurriera nada porque la señora Vargas Llosa...

declinara, no significa que Gabo no se mereciera la trompada.

Él hizo méritos para ganársela. -No se la merecía de ninguna manera.

(AB) -Me habría encantado ser Patricia y tener a esos dos hombres:

Vargas Llosa y García Márquez. Cada vez que traigo a Jaime Bayly

me sucede lo mismo. Me entran ganas de hacerte dos horas.

Es lo que me pasa ahora; pero no podemos.

(JB) Hasta pronto, entonces. Cuando cumplas 80, en octubre,

volveremos. Promete que vas a volver.

Con Silvia, seguro. Pero no haremos una fiesta...

A apagar las velitas de mi octogésimo cumpleaños.

Sin ministros que tengan "Panama papers".

(A LA VEZ) No. (AG) -Somos pobres, libres, felices.

¿Vas a traer un libro nuevo? No creo, de aquí a octubre.

Tienes ya escrito el de la familia. Ya.

(AG) -A lo mejor a tu santa madre, Dios la llama...

(AB) -No le líes. Hay una posible herencia que no hay que perder.

Necesitamos esa herencia para festejar mi cumpleaños.

La semana que viene, más. (ER) Un abrazo a Dorita.

(JB) -Como la madre de Mario. Sí; necesitamos esa herencia.

Lo dicho. La semana que viene, más.

(Música créditos)

  • Libros con uasabi - 05/06/16

Libros con uasabi - 05/06/16

05 jun 2016

Autor y personaje son aquí la misma persona. Literatura egográfica a manos llenas. No cabe llegar más lejos por ese camino y en ese ruedo. El autor cita de frente al lector y le ofrece la taleguilla. Novela suicida, novela harakiri, novela carnívora, novela autófaga...

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