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Para todos los públicos Libros con uasabi -  02/07/17 - ver ahora
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Sabino Méndez es un hijo de su época.

¿Todos lo somos? No.

Lo son algunos.

Hay mucha gente que pasa por la vida sorda a ella,

sin enterarse de nada, sin que su cabeza

atienda a razones ni su corazón a emociones.

Sabino Méndez, gozó de no escasa popularidad

en el ámbito de la música roquera, cerró un buen día

los postigos de esa actividad y abrió los de la literatura.

Lo hizo cuando aún era joven, al filo de los 40 años.

Esa es la edad en la que los novelistas

suelen entrar en sazón, aunque haya excepciones.

Su primer libro, "Corre, rocker", salió en el 2000.

El último recién aparecido con el sello de Anagrama es este,

"Literatura universal", una novela en la que todo

es memoria personal y radiografía de una época

evocada sobre el bastidor y por entre las líneas

de los libros leídos. Eso, hablar de esta obra

navegando entre sus líneas, es lo que haremos hoy

en la primera parte de...

Todo está en los libros.

Todo está en los libros.

Todo, todo,

todo está en los libros.

Y ya que Sabino Méndez nos cuenta su vida

inscribiéndola en el papel pautado de las citas,

recurro también yo a ellas antes de charlar con él.

"No enseño, cuento", escribía Montaigne.

"El arte es nuestra enérgica protesta,

nuestro valiente esfuerzo para enseñar a la naturaleza

cuál es su verdadero lugar", escribía Oscar Wilde.

He declarado ya que toda poesía es plena confesión de un yo,

de un carácter, de una aventura humana.

El destino así revelado puede ser fingido, arquetípico.

Novelerías de "El Quijote"; del "Martín Fierro";

de los soliloquistas de Browning; de los diversos Faustos.

O personal: auto-novelaciones de Montaigne;

de Thomas de Quincey; de Walt Whitman.

"De cualquier lúdico verdadero", escribía Borges,

citado por Iñaki Uriarte, autor de excelentes diarios.

Y es Uriarte, que tantas veces dice yo,

quien comparte, asegura, con el joven Borges

nuestra codicia de armas, de destinos, de idiosincrasias.

Codicia tan sabedora de lo que busca,

que si las vidas fabulosas no le dan abasto,

indaga amorosamente en la del autor.

Aprovecho la ocasión a cuento de ello

para aconsejar a los letraheridos la lectura de esta obra.

"Si te acercas más, disparo", publicada por Difácil

y escrita por el periodista, escritor y poeta

Fernando del Val, que también acaba de sacar

con el mismo sello "Los años aurorales", son poemas.

Este libro en un confesonario donde vierte sus reflexiones,

sus opiniones y sus secretos vitales o literarios muchos escritores:

Félix Grande, Miguel Delibes, Antonio Colinas,

Caballero Bonald, Juan Eduardo Zúñiga,

Martínez de Pisón, Javier Cercas, Vila-Matas,

Landero, Soledad Puértolas, incluso Dragó.

Leeré algunos poemas breves de "Los años aurorales"

al término del programa. Ahora llega él, Sabino Méndez.

Sabino, dos citas iniciales. La primera dice...

Bueno, no son citas, son frases tuyas.

"Cultura, conjunto de conocimientos que permite a alguien

desarrollar un juicio crítico". ¿Estás seguro?

La cultura también puede ofuscar, desviar, desvariar.

Si el hombre feliz no tenía camisa, puede que el hombre sabio

no haya leído "El Quijote". Te lo dice, Sabino,

alguien que ha leído al menos un libro al día desde hace 70 años,

aunque nadie se lo cree. Esa definición está escogida

con cierta malignidad. Más que nada porque ahora...

Esa es la definición canónica, la que antes se ponía

en los diccionarios y que ahora está olvidada

con esa idea de que cultura es todo aquello que nos llega

por vía no genética. Y esta definición moderna nueva

también tiene sus agujeros, unos agujeros bastante importantes.

Me parece importante recuperar la definición canónica antigua,

que no significa que esté de acuerdo con ella.

Voy a leerte un párrafo de tu novela.

"¿Por qué varios de mis contemporáneos

creyeron necesario en un momento u otro de su vida

dejar constancia en letra de sus invenciones o experiencias.

Unos lo hicieron innecesariamente; otros para ganarse un exiguo sueldo,

siempre miserable; algunos conocieron cierto éxito

y la mayoría conocieron tal fracaso y anonimato en esa iniciativa,

que hasta ellos mismos prefirieron olvidarlo.

Por eso yo..." El personaje de la novela, el protagonista.

"Que no soy un literato, he pensado que alguien

debería redactar el libro que narrara esas conductas.

Lo cual no quiere decir que este sea el que estáis leyendo.

No encuentro nada tan fácil como tratar eso en forma de novela,

pero no encuentro nada más difícil que responder a ello.

Dado que no confío en mis dotes, he pensado que podría hacerse

cogiendo palabras de otros". ¿Esa es la razón de que en todas

las páginas del libro figure a su pie una nota

que remite a un autor u obra? Esa es más bien la justificación

para permitirme el lujo de hacer un libro como un rompecabezas.

En cada página hay una cita de muchos de los libros

que me han gustado para explicar una historia

que me apetece explicar, pero con palabras de otros.

Es decir, ¿se puede explicar una historia que tú has inventado...?

Bueno, no siempre es inventado, a veces está tejida

con realidades que has visto. ¿Con palabras de otros,

de los mejores escritores, escritores mejores que yo?

Y para mi sorpresa empecé a caminar y parece ser que sí es posible.

Pero las citas no son literales, no están entrecomilladas

ni solapadas, están encapsuladas en el relato, metabolizadas por él,

irreconocibles en la mayor parte de los casos.

Están tejidas. A veces se cambia... Como una alfombra.

Exactamente. En función de las necesidades de la narración,

incluso a veces se cambia género o número,

pero siempre conservando la gramática original del autor;

conservando la construcción original de la frase

y cambiando cosas para hacerlo encajar en la historia.

Fue divertido con la correctora porque había fallos sintácticos

en algunos grandes escritores. Y le decía: "Puedo cambiar género

o número, pero si ha hecho un anacoluto u oxímoron,

hay que respetarlo porque son las palabras originales".

Yo qué sé, Homero. "No voy a corregir a quien lo haya hecho".

Al final la correctora me dio la razón.

Segunda definición inicial.

"Leviatán, monstruo marino fantástico,

cosa de grandes dimensiones y difícil de controlar".

¿A qué te refieres? ¿A tu vida, a la literatura?

¿A la condición humana? ¿Qué o quién es el leviatán?

A la cultura y a la condición humana. No sé si estarás de acuerdo conmigo

que son gigantescos maravillosos, pero vienen de mentes

difíciles de manejar y absolutamente imprevisibles.

Imprevisibles en el sentido positivo y en el negativo.

Por un lado sus inmensas posibilidades de fascinación

son maravillosas y sus posibilidades de hacer daño o destruir también.

Antes de la novela, el autor. Sabino, ¿cómo y por qué

te bajaste de la cresta de la ola de la música,

ahorcaste sus hábitos y te calzaste los de escritor?

¿Fue una especie de caída del caballo

o era algo que venía de antiguo? En un pasaje del libro

dices que naciste con el don, el genio de la palabra.

Quien lo dice es el personaje. Vale, sí.

Es una voz narrativa que he inventado,

a la que le doy datos míos para que tenga verosimilitud.

Mi caso es diferente, es más bien tópico

porque sigo tocando. Tengo dos pianos en casa,

grabadora, siete guitarras. Lo que pasa que ahora hago,

ocasionalmente, no sé, tres canciones para el disco de Loquillo

cuando me deja tiempo la escritura. Tampoco ha habido

ese abandono del mundo de la música. Abandoné el mundo de las giras;

el mundo de la industria que había entorno al rocanrol.

Pero eso fue por meras razones de salud mental y física,

que ya la tenía deteriorada antes de los 30 años

debido a la década de los 80 tan bestia que vivimos.

Y que me di cuenta de que si quería escribir

o sacar de mi cabeza aquellos libros que imaginaba,

necesitaba mi cerebro en pleno estado de salud

para conseguir hacerlo. Siempre he creído

que con la vocación se nace, no se hace.

Y así fue en mi caso, pero en el tuyo lo desmiente.

En el de Murakami también, que descubrió con 30 años

en un partido de béisbol que quería ser escritor.

No, ahí discrepo. Creo, como tú, que con la vocación se nace.

Pero yo no descubrí que había nacido con esa vocación

porque soy así de tonto, no me di cuenta.

Y un día te dijiste: "Tate, quiero ser escritor".

No fue tampoco una epifanía, sino creo que fue que lo sabía,

de hecho era el escritor de canciones del grupo, siempre lo fui;

era el escritor de obras de teatro en el colegio; dibujaba cómics.

Era una narrador innato. Lo que pasa es que me distrajeron las señoritas,

el rocanrol, las sustancias que habían por ahí,

todos esos ofrecimientos del mundo. Y cuando, por edad,

fueron cayendo esos telones, vi que estaba ahí esa vocación

que siempre había estado. El protagonista del libro,

que ha sido y sigue siendo un roquero, dice que se sorprende

de que en ese mundo de la música y tal se le dé poca importancia

a la palabra. Se le da importancia a la música,

pero la gente descuida las palabras. Eso a ti no te gustaba nada,

tú dabas importancia a las palabras, incluso en tu época musical.

Sí. Y lo que sobre todo me irritaba es que se usaran

con tanta facilidad los clichés estereotipados

que ya me resultaban agotadores. Era un desafío meter palabras

más completas, como en una letra meter la palabra sublimar.

Aun sabiendo que escribías aquella canción para un público

que no usaba esa palabra. Parecía que era como desautomatizar,

modificar, cambiar pequeñas cosas en las canciones.

Bueno, pero el personaje que creo la voz

para "Literatura universal" es músico también,

tiene opiniones parecidas a las mías, pero en otras somos diferentes.

Incluso tiene algunos defectos que me parecen repugnantes,

pero bueno, lo que se necesita para darle verosimilitud.

Novela generacional, gran fresco de una época.

Básicamente, la que empieza con la muerte de Franco

y llega prácticamente hasta nuestros días.

Novela generacional y su parodia, que es lo importante en la forma.

Esa forma de la novela generacional está tan satanizada y usada,

que haya sido usada no me molesta, me daba miedo que haya estado

tan sacralizada, como que estás dando testimonio y relato

de una generación, tú lo sabes, que te has dedicado

a la autobiografía, cuando haces autobiografía ficcionalizas.

Entonces, que algo pueda ser considerado el retrato fiel

de una generación me parece imposible.

O sea, tú haces tu visión con los ojos que pones sobre algo.

Aquí decidí pasarme directamente a la novela

y lo que me dio una salida para poderlo hacer

de una manera menos seria o con más posibilidades

de que hubiera todos los niveles diferentes de la biografía

fue usar la propia parodia, que hay muchos momentos paródicos

de la novela generacional, en los personajes, en sus nombres,

en sus comportamientos, etc. Primer párrafo del libro:

"Nada se pierde para siempre, nada. Repetir con decisión es importante.

Nada. La memoria guarda en su seno tesoros que ignoramos, crecen,

se expanden y brillan mejor entre el polvo y la oscuridad".

Tú fiel a esa frase, a ese párrafo, lo cuentas todo,

con una minuciosidad apabullante que recuerda en clave muy distinta

lo que Joyce quiso hacer en el "Ulises" y, según Anna Grau,

yo no estoy de acuerdo, Cortázar en "Rayuela"

y Bolaño en "2666". Sí que hay parte cortazariana

y parte de Borges e incluso de Nabokov, de "Pálido fuego".

Siempre me han gustado mucho los libros que son rompecabezas.

Esa minuciosidad, esa especie de mosaico collage

está hecho de diminutas piezas que puedes cambiar de sitio

y darte una visión diferente. De ahí el mecanismo de las citas;

de ahí que de los doce personajes, nueve están construidos

con las letras de mi propio nombre cambiadas de sitio.

Te encuentras a Simón Be, Omar, Marsé Bolónez...

Todos son variaciones de Sabino Méndez Ramos,

para indicar, dar una pista subliminal al lector

de que son criaturas de mi imaginación.

Lo cual no quiere decir que los hechos que se narran

no hayan sucedido. El lector no va a darse cuenta

de eso tan sutil. Hay lectores que sí,

hay lectores que no. Siempre me han gustado mucho...

Hay mucha ambigüedad. El título, "Literatura universal",

es como un título de manual escolar colocado a una novela.

Pero hay una segunda ambigüedad, cuando pongo "Literatura universal"

a una novela estoy hablando más de un universo personal literario.

¿Por qué toda esa ambigüedad? Porque me gustan mucho

los libros que tienen más de un nivel de lectura,

como "La isla del tesoro", de Stevenson.

Lo puedes leer como un cuento para niños

y lo puedes leer como una fábula moral;

lo puedes leer como una novela de crecimiento,

aquello del Bildungsroman, tengo un alemán horrible,

no sabría pronunciarlo, pero aquellas novelas

en que el protagonista crecía, como crece el niño

de "La isla del tesoro". Esos libros me encantan,

los que tienen más de un nivel de lectura.

E intenté un poco conseguir eso. Acabamos de mencionar a Bolaño

y Bolaño sale muy de pasada en el libro.

¿De verdad lo conociste dos años antes de que muriese

como el protagonista de la novela cuenta?

Bolaño y tú teníais una afición común, el rock,

y una estrategia parecida en vuestros libros,

la de mezclar vida y literatura. Sí, en ese sentido soy el alumno

y Bolaño era el maestro. Lo conocí, no mucho,

no nos conocimos íntimamente, coincidimos tres veces.

Lo conocí en la librería Laie, estaba con Rodrigo Fresán,

otro gran escritor que me gusta mucho,

y hablamos los tres, nos tomamos algo y tal.

Yo acababa de escribir "Corre, rocker",

mi primer libro autobiográfico, y a Bolaño le hizo mucha gracia.

Me escribió diciendo que le había parecido excelente

y ahí entablamos una relación, yo como músico

que acababa de debutar con un libro y él como escritor,

que le habían dado el premio Rómulo Gallegos,

digamos de maestro y alumno. Y fue breve porque murió

en dos o tres años. Pero siempre me pareció

que de alguna manera hay dos retóricas principales

que han influido, esto que decías de tejer la vida y tal,

que son la de Vila-Matas en los años 80,

desde "Historia abreviada de la literatura portátil",

y la de Bolaño, al filo del cambio de siglo;

que son los que desautomatizan un poco los usos narrativos

entretejiendo cosas reales y mucha ironía.

Curiosamente a ambos, yo que soy músico de rock,

les gustaba mucho el rock. A Bolaño le gustaba mucho Mano Negra.

El peso de la amistad y de la camaradería en este libro.

Hay muchos amigos que aparecen, luego desaparecen

y luego vuelven a reaparecer ya en la parte final de la novela:

Cárdenas, Paco Valls. Pijos y salvajes al comienzo,

dicho con todo el cariño del mundo, y luego van evolucionando.

Después aparecerán Tierri, Gus, Ramón, etc.

Yo notaba ahí cierto eco del "Aullido" de Allen Ginsberg.

"He visto los mejores cerebros de mi generación

destruidos por la droga..." Algunos acaban muy bien colocados.

Algunos acaban muriendo, como Omar de cáncer,

alguno muere de alguna cosa... Los que acaban bien colocados

no eran los mejores cerebros. ¡Estoy de broma!

Omar es un personaje al que le tengo mucho cariño.

Así como a Simón en la voz narrativa quise hacerlo tan verosímil

que lo doté de cosas que me pueden parecer repugnantes,

le tengo un odio cordial, a pesar de que algunos pensamientos

se los he prestado a él. En cambio, Omar es un personaje

al que le tengo mucho cariño. De hecho triunfa,

no como él querría, sino como suele pasar en la vida,

triunfa en otra cosa relacionada con sus dotes,

pero no en la que le hubiera gustado, es un autor de best sellers al final.

Todo gira en torno a las diversas formas de escritura

y cómo a veces la escritura nos devuelve los regalos

que le hemos hecho de maneras inesperadas

y al final te da cosas que no esperabas de ella.

Paco Valls aparece en las primeras páginas,

sigue apareciendo a lo largo del libro

y reaparece en Venecia, un poco tronado,

vencido por la vida. Y hay un pasaje muy curioso

en el cual invita al protagonista, mejor dicho, el protagonista

desea conocer su casa, se lo lleva a conocerla,

un viejo caserón allí en Venecia que apesta a orines.

Y este hombre se gana la vida haciendo pis encima de unos señores

que disfrutan con eso. ¿Eso es real? Sí, absolutamente real.

La casa llena de plásticos. Es una historia...

Lo que más me fascinó fueron los detalles.

Lo que tiene la literatura, los detalles pequeños

de cómo en realidad se hacen las cosas.

Esos detalles tan cotidianos, tan sórdidos,

que luego te pones a pensarlo y dices: "Es que realmente

hay cosas que son así". Ese caso, no diré quién ni cuándo

ni dónde, yo no lo presencié, sino que me lo contó alguien

que lo presenció y me lo contó con un notable talento narrativo,

pasa con los amigos que me cuentan historias,

por ese gusto, como decía Nabokov, por los detalles.

Nabokov decía los divinos detalles,

en este caso no sé si son los sórdidos detalles.

Pero he reflejado, que es lo que quise captar en el libro,

cómo toda esa cotidianeidad; lo que se supone

que es el mal, el vicio, la perversión,

que nunca te queda claro. Sobre todo en relatos,

como el Mr. Hyde de Stevenson, que es malísimo,

pero nunca lo ves pecando o no te dice los pecados que hace.

Aquí no, debía explicar esos detalles de cotidianeidad sórdida

y explicar que esto sucede, está ahí fuera.

Y también chicas por todas partes, fruto de la época, ¿no?

El sexo casi como obligación. Y chicos.

Y chicos también. Yo me he fijado más en las chicas.

Hay un pasaje, que es puramente cortazariano,

que es el del polvo en el baño de un bar en la isla de Formentera

con la chica motorista que ha recogido el personaje

en autostop, ¿no? Empleas seis o siete páginas

para describir ese polvo. Sí. Técnicamente fue muy difícil.

Te das cuenta cuando escribes que es difícil

cuando intentas describir sexo no caer en la cursilería

o al revés, en el malditismo de: "Voy a escribir siendo un tío duro

y diciendo todo".

Es difícil literariamente.

Es más fácil describir una historia de amor,

que estamos tan llenos de estereotipos,

de dos que se miran a los ojos y te enterneces,

que escribir una cosa tan fisiológica como la relación sexual.

El sexo escrito es muy poco sexi. Has de cuidar mucho las palabras.

Al final acabé trabajándolo tanto, buscando un tono nuevo,

que dio para seis o siete páginas donde hay verdaderas innovaciones

en la manera de describir el acto sexual.

El libro está lleno de excesos verbales, te recreas.

"Saint-Exupéry decía que escribir es cortar y recortar".

"Mairena en un pasaje del libro de Machado

enfrentaba el algo pasa en la calle a los eventos consuetudinarios

que acontecen en la rúa". También existe el camino inverso.

Yo como lector siempre he escuchado estas palabras,

pero siempre he preguntado luego: "¿Por qué?".

En arte todo es lícito. Y luego existe el camino inverso.

Existe un Joyce y su inacabable "Ulises";

un Nabokov, que dura horas la descripción de la adolescente

en "Lolita". Simplemente no es dejarte llevar

por ideas preconcebidas, sino intentar buscar

lo que crees que exige cada tema o el tono o la manera de escribir

que exige cada tema. En este caso ha sido divertido

y después de este libro lo que tengo ganas de hacer

es todo lo contrario, hacer un libro diáfano,

mondo y lirondo de 120 páginas y con prosa de frases cortas.

Pero esta historia tan de magma, de amigos que entran,

salen y desaparecen, creo que necesitaba esa minuciosidad.

Está también toda la geografía, en el sentido literal,

de toda esa generación: París, las Baleares todas:

Mallorca, Menorca, Ibiza, Formentera.

Los últimos destellos de la aventura jipi.

Yo al ser de la generación punk, es decir, yo nací en el 61,

en el 77 tengo 16 años y ya nos llegan directamente,

como Franco ha muerto, programas como "Los Reporteros",

"Informe Semanal", nos llegan noticias sincrónicas

de lo que está pasando en Londres con el punk.

Pero llegamos a ver los finales de esa época jipi,

lo que llamábamos nuestros hermanos mayores.

Y previo a ese punk con los grupos como Loquillo...

Al ser de Barcelona sí que hacía viajes en paquebotes,

que por muy poco dinero alquilabas una silla de cubierta,

dormías en silla de cubierta y hacías el viaje por la noche.

Y eso a los adolescentes de 16 años nos permitía escaparnos

a un paraíso de libertad donde se veían melenas;

donde dormías en las playas, etc. Entonces entreví todo ese mundo

y siempre me llamó la atención de que no haya una novela

que no haya retratado ese momento. Y yo perteneciendo

a la generación punk, me pareció que merecía la pena.

Yo hice ese viaje en ese paquebote que describes

en 1956 con Gonzalito Torrente, hijo de Torrente Ballester.

Y Gonzalito quedó como finalista del Planeta con una novela

que se llamaba "Hombres varados", donde recreaba ese mundo.

Vale. Pues es difícil encontrarlo. Eso es un ejemplo.

Imposible casi. Pero proporcionalmente,

para la importancia que tuvo, incluso la influencia

que tuvo en nosotros como subsiguientes punks,

es curioso que no haya habido su relator,

el narrador que ha contado ese tema que está lleno de posibilidades.

Cuidado, tampoco ha habido un relator de La Movida.

Quizá porque son fenómenos musicales y de sustancias estupefacientes,

pero no hay el gran escritor como tenemos de la posguerra,

de la guerra civil, de las migraciones,

de realismo social. Esta generación balear, ¿te acuerdas?

Claro. En aquellos mismos años, los de Ibiza, por ejemplo,

era cuando andaba por allí Escohotado

y había fundado esa especie de discoteca sui géneris

llamada Nirvana que dio pie, en fin, a lo que conocemos todos.

Yo llegué a ver eso. En esos viajes de 16, 17 años

veía a esos tipos de veinte y pico, que me parecían mayorcísimos,

que llevaban unas vidas bohemias y fascinantes.

Llegué a verlos como adolescente y parece que capté la mirada de niño

de Jim Hawkins con los piratas, en "La isla del tesoro".

Hay muchos que se han reconocido en eso.

Otro párrafo, Sabino. "No sé por qué escribo

como un loco esta noche. Febril, ansioso, nostálgico.

Echando ardientemente de menos a toda aquella gente.

Si volviera otra vez a ese tiempo estival

que escogieron entre todos y para el cual nacieron,

quizá sería más fácil expresarlo. Puede que baste decir,

usando palabras muy antiguas, que todos vivieron

y luego perdieron el verano". Hay como un toque de Hemingway,

de "París era una fiesta". Un toque de nostalgia, ¿no?

El tiempo perdido. Sí, pero es absolutamente real.

O sea, que es verídico por una sencilla razón.

Ahora si viajas a esos sitios, la lógica destructiva del comercio,

del turismo ya no están, no existen. Es como un sueño.

Dices: "Yo estuve aquí y ya no está.

"¿He tenido un sueño? ¿Qué ha sucedido?".

De ahí el privilegio de haberlo vivido

aunque fuera muy joven. Ya luego fui a Madrid

con mi grupo de rock, vivimos la generación del punk

y nos olvidamos, todo se quedó como un libro

que has dejado apartado en la biblioteca:

"Algún día lo leeré". Pero realmente cuando lees el libro

aparece todo ese fragmento que te digo,

esa fiebre de echarlo de menos y decir: "Qué suerte tuve

de haberlo vivido tan cerca". Están todos los hitos y mitos

de aquella época, el LSD. "Todo esto pasó en Madrid

cuando Madrid era un lugar al que todo el mundo quería ir.

El rock, un gran número de extravagantes criaturas

encontraron un paraguas de acogida bajo el espectáculo del rock".

Malasaña, Japón, etc. Es difícil y será difícil

que las generaciones futuras se den cuenta de que, por suerte,

nosotros, por edad,

entre 1970 y el año 2000

hubieron tres décadas de enormes cambios, cambios brutales.

No digamos ahora estos 17 años que nos han ofrecido

cambios tecnológicos, pero no tantos de modas,

costumbres, etc. Es lógico decir: "¡Caramba!".

Hemos vivido varios cambios muy seguidos, muy importantes.

Dudo que vaya a ser todo tan cambiante, tan fascinante,

tan estimulante como fueron esas épocas.

Y es lo que me precavo de confundir mi crepúsculo personal,

biológico, la vejez con el crepúsculo de las ideas.

Simplemente veo que ahora no tenemos cerca

unos paraísos de cambio como los que teníamos,

cuando vivías en Barcelona e ibas a las Baleares

en silla de cubierta. Ahora habrá que irse más lejos

y ver otros planteamientos absolutamente diferentes.

Muchos de aquellos personajes, los que no se echan a perder

a lo largo de la vida, sientan la cabeza al final.

¿Es tu caso? ¿Has sentado la cabeza, Sabino?

Mira, eso lo decía Bolaño: "La hora de sentar cabeza

no llegará jamás". Eso decía. Pero sí que es cierto

que te adaptas, no eres inmortal.

Yo principalmente me he adaptado

a los desperfectos de la biología. Hace poco me lo preguntaban:

"¿Bebes ahora?". Y decía: "Soy puritano,

pero por prescripción facultativa". Cada tres meses debo pasar

unos análisis y me dicen que no puedo tomar alcohol o sí,

depende de cómo esté mi hígado, que ha estado tocado desde los 80.

En la página 342, y es una de las claves del libro, dices:

"Envejecer fue una verdadera sorpresa para mí".

A propósito de esto que estabas hablando.

Es difícil que lo entienda alguien que no perteneció

a la generación punk. Teníamos 16 años en el 77

y lo vivimos sincrónicamente y el eslogan era: "No hay futuro".

Yo sé que esto ahora puede sonar raro o extraño,

pero Loquillo, yo, los que tocábamos en nuestro grupo,

pensábamos que probablemente moriríamos a los 30 años

dado el modo de vida que nos gustaba llevar.

Y lo encontrábamos natural. Es difícil poner a la gente

en aquella posición, pero era el momento

de un muro que dividía Europa; existía Berlín occidental,

Berlín oriental; había unas armas nucleares

y se apuntaban mutuamente la cabeza la URSS y EE.UU.

y sabías que cualquier día un zumbado podía volar el mundo

con una bomba de neutrones. Es lógico que pensáramos

que no había futuro y es lógico que dijéramos:

"Vamos a disfrutar lo máximo". Cuando empezamos ese periplo

después de 1977, en 1981, claro, ahora la gente

se cree que la transición era un pasteleo

que estaba todo diseñado, pero tú recordarás

que hubo un intento de golpe de Estado.

Con lo cual pensamos: "A ver si esto vuelve a ser otra dictadura".

Razón de más para querer vivir más rápido, más velozmente.

Llegamos a pensar que moriríamos antes de los 30 años

y luego nos hemos encontrado con desafíos

para los que no estábamos preparados. Corrijo una errata

en la que he incurrido yo. No era Nirvana la discoteca

de Escohotado, sino Amnesia.

Eran nombres comunes de la época.

Sí, eran nombres comunes. Amnesia, Nirvana.

Es curioso que haya tenido un ataque de amnesia

para referirme a una discoteca que se llamaba Amnesia.

¿"Et maintenant", Sabino? Como decía aquella canción

de Gilbert Bécaud escrita en 1962, cuando eras un bebé lactante.

Pero sigue plenamente de actualidad. Las grandes canciones

son por eso buenas.

Pues simplemente

tener muchos proyectos encima de la mesa.

Dejar de alguna manera, como cuando trabajaba con Valls,

Cárdenas, Simón, esos personajes, dejar que sigan enredando

los personajes en tu cabeza y en los libros

y ver qué sale de todo ello, de ideas concebidas

porque el mundo es muy ancho y la literatura también,

la escritura universal. Sabino, chocolate negro

para toda esa lactancia y wasabi. Muchas gracias.

Muchas gracias por estar aquí. A vosotros.

Todo está en los libros.

Todo está en los libros.

Tenéis un minuto de tiempo cada una, por razones obvias,

lo digo por barba, para hablar de la novela de Sabino.

¿Quién empieza? Ayanta.

¿Yo? Por ahí.

Empiezo yo si queréis. Venga.

Debo decir que es una novela que me ha gustado mucho,

más según avanzaba. Me iba metiendo en ella

y he sentido que me rebozaba como una croqueta.

Es una novela que pide mucho esfuerzo,

demanda mucha energía y no todo el mundo

está dispuesto a hacerlo. He seguido con atención

la entrevista, cuando hablabais del tema de las citas,

y debo reconocer que esta "cititis", por no decir cistitis,

de la literatura me resulta de entrada antipática.

No me gusta la literatura armada a base de citas

porque parece más un juego intelectual

para intelectuales que un juego literario para lectores.

Dicho lo cual, creo que puede responder

a un encantador complejo de inferioridad.

Tengo un amigo que dice que si Shakespeare naciera ahora,

sería roquero. Tú le preguntaste que en qué momento

colgó los hábitos del rock para meterse a escritor.

Creo que no hay una discontinuidad. Creo que un verdadero roquero

tiene mucho de verdadero escritor o puede tenerlo.

No todos lo trasladan al lenguaje verbal.

En este caso estas citas a mí no me aportaban nada,

dejé de mirar las notas a pie de página.

Creo que este tipo de literatura funciona cuando no dependes

de saber si es o no una cita para que la narración te funcione.

Creo que es una búsqueda de respetabilidad literaria

para personas que quizá no la tienen.

Un roquero la mirada que tenemos... Cuando igual escriben mejor

que muchos académicos. Anna, yo miraba las citas

para ver si había alguna mía, no la había.

No. Elia.

A mí el libro, tengo que ser sincera,

no me ha entusiasmado. No lo he entendido,

no el contenido, sino cómo está expresado.

Esto de ir poniendo las citas literarias

que no están entrecomilladas. Siendo estricto,

desde el punto de vista de la edición no lo entiendo así.

Luego él lo ha explicado, ¿no? Esos juegos que decía

en la entrevista con las sílabas de mi nombre y tal,

tampoco lo entiendo demasiado. Esos libros de:

"Vuelve al capítulo tres, ahora al dos",

yo los dejé en la infancia. A mí cuando me preguntan

qué es escribir, qué es la literatura,

en qué consiste escribir libros, suelo decir, no lo he inventado,

lo cito de otros autores:

"Escribir fundamentalmente es exagerar, generalizar y citar".

Llegamos a la literatura del siglo XXI

con milenios de literatura, está dicho todo

y tienes que estar citando. Claro. Pero ¿esto está bien citado?

Bueno, prácticamente hay una cita por página.

Por eso. Además con 1, 1, 1... Pero una cita...

Yo soy una enamorada de los pies de página,

pero aquí no los entiendo. No estorban.

A mí no me aportan nada. Creo que ahí no estorban.

Hay capítulos buenos, páginas buenas en cuanto al sexo.

De eso sí habéis hablado. Sí.

Y cuando ha dicho... El encuentro con la motorista.

Y veo aquí el de... Recuerda mucho a Cortázar

cuando escribe el coito al final en "Rayuela".

Es muy cortazariano. No, cuando habla de los maullidos

y de todo esto está bastante bien.

Lo que me chirría es esa cantinela

de lo "Envejecer fue una sorpresa para mí".

A mí me dicen esto y me quedo patidifusa, ¿no?

Porque a Gil de Biedma le quedó muy bien aquello de:

"Te das cuenta más tarde, de que la vida iba en serio.

Pero no me cuentes milongas. Phillip Roth...

Es literario, pero no me lo creí. Roth dice que la vejez

es una masacre. Hombre, si te... Yo a ti no te veo masacrado,

te veo vitalista. Siempre hay excepciones

para todas las reglas. (RÍE)

Claro, pero está muy bien eso de ir de punk y tal.

No sé, el empeño de convertir una generación...

También ha dicho: "El muro de Berlín y tal".

Quizá tú no sintonizas... Creo que lees con un acto

de soberbia lo que es un acto de humildad.

En realidad, para morir joven y dejar un bonito cadáver

no hace falta ni imaginación ni inteligencia ni plan B,

solo estar ahí y liarla. Para lo que hace falta

imaginación e inteligencia es para llegar a viejo,

sobre todo si no te lo has planteado.

Él reconoce la perplejidad al descubrir de repente

que no quiere morir joven y dejar un bonito cadáver,

que quiere durar, que quiere escribir

y tener la mente clara para escribir

y ahí empieza la carrera, el juego. Anna, si mueres joven,

podrás dejar un bonito cadáver,

pero seguro que no dejas un buen libro.

Y él eligió el camino que lleva a eso, al buen libro.

Sé que lo has leído, "Nueva York/Babilonia", de Villena.

Quería decirte que igual sintonizas menos con la novela

de lo que sintonizo porque ese es mi mundo,

es el mundo que yo he vivido. Pero no creo que tú...

Ha dicho que tú eres autobiográfico, tu literatura es así.

Sí. Pero ni juegas con las sílabas

ni con otros nombres, eres tú normalmente, eres el yo.

Sabino dice que en este libro todo está inventado,

que no hay personajes reales, que no es él el protagonista,

pero es inevitable pensar que es él. Y qué cuesta decir: "Mira, soy yo".

No entiendo esa manera de... Si no hace falta.

No es tan importante que sea o no sea él.

"Nueva York/Babilonia, los años de la generación maldita".

Es un libro que habla de los años 50 y hubo grandes literatos

muy autodestructivos también. Muchísimos.

Pero dejaron una obra... El "Aullido" de Ginsberg que citaba.

Efectivamente. Claro.

O Kerouac o muchos otros. Pero, ya digo,

no he encontrado... No sé, me he quedado un poco...

A mí, sin embargo, la parte juguetona del libro

sí me interesa.

El tema de las citas me parece que aporta algo muy...

Hombre, no diré novedoso, pero sí divertido.

Además, es algo que han hecho muchos escritores

y que forma parte de que haya secretos, sorpresas

dentro de lo que escribes que quizá solo algunos iniciados,

si no hay una nota a pie de página, que en este caso sí la hay,

solo algunos iniciados pueden pillarlo.

Quizá uno pilla por aquí y el otro por allá.

Me parece un juego de eruditos que...

Sí, ¿por qué no? Que está muy bien. Pero que funcione.

Creo que estáis exagerando un poco esto de las citas.

Es verdad que hay una breve nota en cursiva, en letra muy menuda

a pie de cada página, pero si vas leyendo

prescindiendo de esas notas ni te das cuenta de que las hay.

Da igual. Es lo que estoy diciendo.

Justifica el título, "Literatura universal".

Es lo que estoy diciendo. El espectador va a pensar

que es un libro para eruditos. No, no.

Hay guiños a la literatura universal

como su nombre indica, no la "Literatura universal"

de Sabino, sino a la literatura universal en sí misma,

y que me parece un acierto. No es algo que desmerece el libro,

en absoluto. Bien, recomendaciones.

Pues... Sorpresa.

Voy a recomendar no una novela, un libro de poemas o un ensayo,

sino un diccionario, "Gran Diccionario de anglicismos",

no es el primer diccionario que escribe,

de Félix Rodríguez González. Aquí recoge, en definitiva,

la oleada de barbarismos, es decir, de palabras procedentes

del extranjero que llegan a una determinada lengua,

van al hilo de la historia. En el caso de la lengua española

se produce una oleada de galicismos cuando llegan los Borbones

en el siglo XVIII, etc. Y desde hace ya tiempo,

ahora con Internet y eso aún más, estamos sometidos

a una oleada salvaje de anglicismos. Hasta el extremo

de que en este grueso diccionario hay más de 4000 voces

rescatadas del habla normal de nuestros días.

Por lo pronto, una persona que vive ajena

a la araña de Internet, como yo, este es un libro utilísimo

porque me aclara muchas cosas. Yo leo el periódico

y no me entero porque está todo plagado de anglicismos

y aquí vas y los encuentras. En segundo lugar,

es un libro muy bien escrito, muy divertido.

Félix Rodríguez ha escrito otros diccionarios

generalmente de temas, digamos, escabrosos: sexo, homosexualidad.

Tú los conoces, Ayanta. Es un libro lleno de curiosidades;

un libro para tener en la mesilla de noche.

Lo abres por aquí y por allá y te ríes y te diviertes.

Suena a consistente. La primera voz que aparece

en el libro. ¿Sabéis lo que es "abogartarse"?

No. ¿"Abogartear"?

¿Ponerte en plan Humphrey? Sí, viene de Humphrey Bogart.

¡Ah! Dice:

"Entre los fumadores de cannabis, expresión empleada

para indicar a alguien que tarda mucho en pasar el porro".

Y no lo hace circular, es verdad. Eso es "abogartarse".

"Expresiones sinónimas: sin oler a uña quemada, alicatarse.

El término es una adaptación del verbo inglés

'to bogart the joint'. Es una expresión jipi de los 60

que evoca el hábito que exhibía Humphrey Bogart,

que desempeñó el rol de duro en sus películas

en las que aparece como fumador empedernido,

siempre con el cigarrillo en la comisura de los labios".

Y luego anota Félix: "También lo fue en su vida real

y murió de cáncer de pulmón". (RÍEN)

¡Maravilloso! Que le quiten lo bailao'.

Soy una admiradora de los diccionarios de Félix.

Además, me parece impresionante que en estos tiempos de prisas,

alguien se dedique a este trabajo ímprobo

que es hacer un diccionario y de anglicismos.

Es un trabajo colosal. Un trabajo colosal.

Me recuerda un poco a aquella historia maravillosa

de María Moliner, esa mujer que dio nombre a ese diccionario,

que es uno de los diccionarios más especiales de nuestra lengua.

Y que se levantaba a las 4:30 de la mañana,

porque era ama de casa, para ir poco a poco

confeccionando este diccionario que es también otro portento.

Félix Rodríguez es discípulo de Seco,

que es autor del mejor diccionario de la lengua española, a mi juicio,

que jamás se haya dado a luz. Yo adoro los diccionarios

desde pequeño. Creo tener por lo menos 200 diccionarios,

que son muchos, ¿eh? Tengo un diccionario rarísimo,

pero así de grueso de onomatopeyas, esos sonidos que se reproducen...

¿Y da para eso? Es asombroso. Da para eso.

Un diccionario de onomatopeyas. Y los etimológicos.

¿No os ha pasado de ir a cenar a un sitio y la gente habla

con tantos anglicismos que yo no te enteras de nada?

Pero ya términos, americanismos también.

Los americanismos son anglicismos. Sí, bien.

Hay que decir que nada en comparación con otros países.

Yo que soy medio italiana, como sabéis,

en Italia es que es ya el destrozo total de la lengua.

Dices de los periódicos. En Italia no hay ni un titular

que no utilice un anglicismo. En España yo creo que todavía

se está cuidando un poquito más. Ratón lo mantenemos, no es "mouse".

El ordenador no es "computer". Y así muchos.

Ayanta. El español es una lengua muy fuerte.

Ya. Mira, el inglés estaría muerto

como lengua hegemónica si no fuera por Internet.

El inglés ya no es la lengua dominante en el mundo real,

lo es en Internet. Es la digitalización del mundo

lo que nos lleva a que no nos ofendan

anglicismos además muy feos y se introducen

en el habla cotidiana. En español tenemos aún

el prurito de traducir. Ayanta.

Sí. No seamos puristas en exceso,

no seamos integristas de la pureza de una lengua.

En este diccionario vienen citas al comienzo,

ya que hablábamos de citas. Hay una de Manuel Seco que dice:

"Si desterrásemos de nuestro léxico todo lo que tomamos

de otras lenguas, tendríamos que hablar por señas".

Una cosa es eso y otra así, con esposas.

La lengua es la identidad de una nación, eso está claro.

Hay barbarismos inútiles, pero hay otros necesarios.

Que sí. Es por pereza mental.

Lo que dice ella, hay gente que se deja llevar

por una pendiente de vulgarización. Internet es como los tontos,

siempre dice lo más fácil, la manera más fácil

y menos creativa de nombrar algo. Y todos nos deslizamos

por esa pendiente. Ayanta, Anna, Fernando.

Eso que has dicho me ha encantado, Anna.

Internet es para los tontos, por eso no me gusta Internet.

No... Has dicho para tontos.

He dicho que Internet siempre elige lo más tonto.

Yo cuando tomo notas en una rueda de prensa,

muchas veces las tomo en inglés porque es lo más fácil,

lo más rápido. Yo ahora digo:

"Voy a hacer el planning para esta tarde ir al networking

que he quedado con el community manager".

Así hablan en Italia. Yo me levanto y me voy,

que es lo que me pasa. ¿Qué tienes en la boca?

Sácatelo que no se te entiende. (RÍEN)

"Las preciosas ridículas", como decía Moratín del francés.

Es absurdo. ¿Por qué dices "weekend" y no fin de semana?

Claro. Exacto.

Eso es inútil. Yo me refería a eso.

Sí. Y yo también.

Planning, timing, networking. Y en mi otro país de origen

está sucediendo esto. A este paso no nos queda tiempo

para recomendar libros. Nos hemos enfrascados.

El tema de la lengua...

¿Recomiendo uno? Sí.

Hay una cosa de la que discrepo de lo que se ha dicho aquí,

tanto el autor del libro como Elia, de las escenas de sexo,

al menos de las que he leído, concretamente la de la motorista,

me parece que está bien, ya está. Aquí sí hay escenas de sexo potente.

A mí la escena de la motorista me ha excitado.

Sí, pero reconocerás... Sí.

(RÍEN)

Me excito con cualquier cosa.

Soy muy agradecido.

Que estamos en horario infantil.

Tengo un libro que es un homenaje a la alta literatura

que viene del mundo musical. Lo escribió Boris Vian

con el seudónimo de Vernon Sullivan. Yo me lo leí en catalán,

este es mi librito. "Escupiré sobre vuestras tumbas",

edición catalana. Existe, existe en castellano.

Hay una versión de Edhasa 2006. Curiosamente,

el título en catalán es en plural y en castellano en singular.

Vosotros más. Es una historia sobrecogedora

de un negro en el sur profundo de EE.UU.,

un joven adolescente negro, pero que parece blanco,

son casos de esos que racialmente das el pego.

Y él lo utiliza para acometer una venganza tremebunda

contra los blancos que han linchado a su hermana.

Esa venganza tremebunda incluye sexo

y está contada de una manera humeante.

Lee algo. Anna, ¿me lo prestas?

No, que no se dejan libros. No se prestan libros, es verdad.

Gracias por recordármelo. Voy a sentarme encima por si acaso.

El tema es que... Más sexo.

Realmente, tiene razón Sabino que no es fácil contar el sexo

de una manera que no quede ni vulgar ni cursi, que sea sexi.

Creo que él hace un buen trabajo en "Literatura universal".

Eh... Boris Vian.

Boris Vian, imagínate. Bueno, hay una maestra

en esto de hablar de sexo que es Anaïs Nin.

Anaïs es el monotema. Pensaba que era yo.

Es verdad. Un autor que no elige el sexo

como monotema, que lo trata bien. Tú escribes sobre sexo también,

es verdad, una columna. Incomparable con Nin.

Anaïs Nin es monográfica. Lo que tiene gracia

es hablar del sexo. A mí las novelas

de liberadas sexuales... Eso de monográfica,

porque toca todos los palos. El sexo queda como un tema más,

normalmente es más interesante. ¿Puedo recuperar de debajo

de tu retaguardia el libro? ¡Para verlo!

Queda entre tú y yo. Vale.

De este sofá no sale. Son más interesantes

porque son más sorprendentes. Si estás todo el rato

hablando de sexo... No, aquí Boris Vian,

y es una novela escrita de hace rato,

consigue una intensidad

que he visto pocas veces superada.

Me tenéis en una conversación de gineceo, me siento excluido aquí.

Excluido no, puedes escuchar. Eso es lo que hago.

Habla, venga. El jinete del gineceo.

Está de oyente. Ayanta, ¿qué traes?

Me ha entusiasmado este libro de Murakami,

"De qué hablo cuando hablo de escribir".

Es un libro que escribe Murakami, un escritor japonés.

¡No fastidies! ¿Es japonés? Ya estamos.

Hay algunos que piensan que es chino,

entonces lo especifico. En Japón piensan

que es norteamericano. Por eso...

Por su manera de escribir. Si me dejas hablar...

Le pasa a Woody Allen y es americano.

Dejadla hablar. Ayanta, venga.

Dejad que mi hija hable. Este escritor berlinés...

No, japonés. ¡Berlinés has dicho!

Era broma, te estoy tomando el pelo. Ya.

Está completamente occidentalizado, de hecho en Japón

es lo que le reprochan. Es un escritor

que se ha ido de Japón para luego volver

con una relación difícil con su país.

Empezó escribiendo este libro, en realidad era un artículo

y luego se convirtió en una serie de conferencias

sobre lo que es el proceso creativo de escribir novelas,

habla de la escritura de novelas, y al final lo fue ampliando

hasta el punto de que ha salido un libro en la editorial Tusquets.

Bueno, a mí me ha fascinado porque, claro,

tengo una curiosidad morbosa, entiendo que no todo el mundo

la pueda tener, sobre la manera de escribir de los escritores.

Cada uno es de su padre y de su madre, eso es evidente.

Murakami no solo cuenta el momento en que decidió ser escritor,

no es un escritor vocacional que a los cinco años

decidió ser escritor, sino que descubrió su vocación

a partir de los 30 años, además en una situación absurda,

peculiar, viendo un partido de béisbol tuvo esa epifanía.

Y luego... Eso se lo dije a Sabino

precisamente en la entrevista que ha abierto el programa.

El caso es que... No nos repitamos.

Es un hombre que le da mucha importancia

al ejercicio físico, dice que hay que estar

en plena forma física. Es un maratonista.

Ha llegado a correr el súper maratón ese de 100 km.

Lo cuenta en este libro. Idea sus libros mientras corre.

Lo han publicado en la revista "New Yorker".

Lo sé. Y fue realmente.

De hecho, escribió:

"De qué hablo cuando hablo de correr".

El fragmento que se publicó fue el origen de este libro.

Ya. Está muy feo tomar el pelo a un padre, ¿eh?

Eso es mal karma. ¡Si no me dejáis decir nada!

Habéis hablado vosotros. ¡Si llevas una hora

hablando de Murakami! Pues nada.

Iba a leer lo de los gatos, pero no lo leo.

¡No, no! Sí, sí. Por favor. Lee lo de los gatos.

Voy ronroneando hasta allí. Como un gato.

A Murakami le gustan los gatos. Claro. A todos los escritores.

El caso es que dice, lo único que dice sobre los gatos...

No subas las cejas, Anna. Habla de su manera de ser

y del mal carácter que puede llegar a tener.

"Recurro a esas distinciones que se suelen hacer

entre perros y gatos y las aplico a mi propia persona,

creo que daría un resultado de 100% gato.

Si alguien me dice que mire a la derecha,

mi tendencia innata es mirar a la izquierda".

Él trabaja en la última fase de la escritura de sus libros

con su esposa, con la que lleva casado toda la vida,

y es la que le ayuda a editar los libros.

Entonces cuenta que cuando ella le dice por aquí no,

él acepta que por ahí no es, pero nunca acepta por dónde.

Yo estoy 110% a favor de los gatos. Elia.

Me parece muy bien. A ver, con muchas reservas

y también disculpas de antemano, en esto hay que tener mucho cuidado.

"Excusatio non petita..." Exacto, "Accusatio manifesta".

El libro es "En la piel del paciente",

de Salvador Esquerra. Esquena.

Esquena, perdón, ha sido el subconsciente.

Es una palabra catalana. Esquena.

Es un libro de autocrítica. Hablamos de cómo escriben

los escritores. Por cierto, Pepa Roma

tiene "La trastienda del escritor", un libro fantástico.

Muy divertido. Bueno, aquí este médico

es un doctor especialista en oncología,

ha estado en muchos centros hospitalarios.

Pero una profesión que se supone debe ser vocacional

como es la medicina, llega un momento

que ve todo lo que hay alrededor. Si nos están viendo algunos médicos

que no digan: "No somos todos así", ni mucho menos.

Como tampoco son todos los militares de una manera

ni los escritores de otra. Hechas ya todas las excusas,

cuenta perfectamente cómo el negocio de la salud

cada vez está más patente en nuestros días.

Solo hay que entrar a una página web de cualquier diario online

y es un choteo absoluto al lector porque un día una cosa es buena,

al día siguiente es mala. Sobre todo, productos que te cuela

constantemente esa figura fantástica del visitador,

el visitador que va a los hospitales recetando su producto.

La espectacularización de la medicina

y sobre todo el tema que él critica, que se opera

sin a lo mejor...

horas de vuelo bien hechas.

Muchas veces necesitan prácticas, igual que nosotros horas de radio,

horas de tele, y lo que hacen es irse, no todos,

él lo cuenta desde un punto de vista personal,

al Tercer Mundo a operar

y en tres meses se hacen 300 operaciones

y vienen con unas prácticas pues de tantas horas operando.

Es una crítica mordaz, muy dura a la profesión de los médicos

y creo que se la ha jugado Esquena. Tengo una mala noticia,

solo nos quedan cuatro minutos. Muy bien.

He colocado la novela de David Trueba

junto a la de Sabino Méndez porque, aunque son muy distintas

en el tratamiento literario, en "Tierra de campos"

hay contención, la novela de Sabino es desbordante,

arborescente, frondosa, pero corre la misma sangre

por estos dos libros. La misma generación, la misma época.

Luego quería recomendar esta novela,

novela también de memorias, "Nuestra casa en el árbol",

de Lea Vélez, hija del legendario Carlos Vélez,

el director del programa "Encuentros con las letras".

Y mi intención es invitarla a venir. No queda mucho tiempo

para recomendarla, pero lo hago vivamente.

Es un libro en el cual cuenta cómo habiéndose quedado viuda

muy joven con tres hijos aún muy niños,

un buen día, harta de las tareas extraescolares,

de la vida de la ciudad, bueno, de eso que decía Bernard Shaw,

lo he citado alguna vez: "Mi educación terminó

cuando me llevaron al colegio". Agarra a los tres niños

y se va a vivir al sur de Inglaterra,

allí en un viejo molino en una aldea

y allí los educa a su aire, libres y felices.

Un libro delicioso. Te miro a ti, Elia,

que sé que eres aficionada a los toros, quería recomendar

este "Manual del aficionado taurino",

que ha escrito Fernando González Viñas, cordobés,

magnífico escritor. Tiene un libro delicioso,

"Japón, un viaje entre la sonrisa y el vacío".

Es el comisario del centenario de Manolete en Córdoba.

Y no hace falta ser aficionado taurino para leer el libro.

Muy bien escrito, muy divertido. Os voy a leer un párrafo

que os va a sorprender igual que me sorprendió a mí.

Los toros tienen una imagen de potencia masculina

y fecundidad que los ha acompañado simbólicamente

en todas las antiguas culturas del Mediterráneo. Pues fijaos.

Dice González Viñas: "Dentro de la manada

existen toros activos y toros pasivos

en el aspecto sexual". Esto te interesa, Ayanta.

"Como ocurre en otras especies animales

de comportamiento homosexual, caso del Homo sapiens.

Es muy fácil distinguir en una plaza de toros

si un toro es de los que mandan en la manada o de los que obedecen;

si es de los que dan o de los que reciben.

Solo hay que fijarse en sus posaderas.

Cuando se trata de un toro activo, su trasero se encuentra

manchado de excrementos porque al defecar

mueve la cola para dejarse marcado. Si se trata de un toro

de los sumisos sexualmente, su trasero se encuentra limpio,

pues al defecar encoge las patas y sube el rabo para no mancharse.

Curiosidades del mundo animal que no se ven

en los documentales de La 2 de TVE". Aquí estamos en La 2.

Dice Fernando González Viñas.

¿Habías oído hablar de esto? No. Es interesantísimo.

Es interesante. Muy diferente a todo lo que hay.

A no ser que se lo haya inventado González Viñas.

Tiene lógica lo del rabo y marcar. Interesante de comprobar.

Concurso. A ver. Ah, concurso.

Concurso que si no, nos olvidamos. @librosconuasabi es nuestro Twitter.

Dragó va a leer un fragmento. No lo puedo leer

porque no tengo el libro. ¡Vaya hombre!

No lo tengo.

No lo tengo. Vaya, hombre.

¿Qué hacemos? Para la semana que viene.

¿No te sabes algo de memoria? "En un lugar de la Mancha..."

(RÍEN)

A ver, venga, uno que le va a gustar a Anna.

Tú no puedes decir nada. Te la has cargado.

No puedes porque lo sabes seguro. Y ellas seguramente también.

Se me ha olvidado. "Un carnívoro cuchillo

de ala dulce y homicida sostiene un vuelo y un brillo

alrededor de mi vida. Rayo de metal crispado

fulgentemente caído picotea mi costado

y hace en él un triste nido. Mi sien, florido balcón

de mis edades tempranas, negra está y mi corazón,

y mi corazón con canas". ¿Qué libro empieza así?

"El rayo que no cesa". "El rayo que no cesa".

"El rayo que no cesa", de Miguel Hernández.

Muy bien, bueno. Para participar: @librosconuasabi.

Y entre todos los que participéis, uno de vosotros por sorteo

se llevará un libro de Dragó.

Bueno, está vacío el cohete, pero porque hoy quería poner

100, 200, 300, 400 libros en el cohete y no despegaría.

Me refiero a todas esas abominables, empalagosas,

dulzonas, falsamente románticas y sentimentales novelas rosas

que están inundando el mercado. Muchísimas.

Entras en una librería, sobre todo si es tipo vip,

y todo lo que se ve son esas novelas rosas

que eran las que antes se vendían en los kioscos.

Corín Tellado. Luisa-María Linares,

la de Rafael Pérez y Pérez, cuando yo era niño.

Ahora se ha inundado el mercado... Y algunas portadas horribles.

Las portadas, los títulos. Con brillo, portadas con brillo.

Portadas con lentejuelas. Portadas de lamé.

Anuncié al principio que leería unos cuantos poemas breves

de Fernando del Val, "Los años aurorales",

y aquí están.

"De tu boca sale un velero

y yo que siempre he creído en el mar, sonrío".

"Respiré en la luz de las lecturas

y allí estabas tú,

eres algo que me apetece siempre".

(RÍEN)

"Imperial y otomano el sol se levanta a tus pies.

La cesura de tu vientre la vi de pronto

envuelta en participios del verbo ser".

"Tristán sin Isolda, ¿qué pinta qué?

No es que él no atendiera a razones,

es que las razones no le atendieron a él".

Y para terminar:

"¿El tiempo de qué huye? ¿De qué?".

También nuestro tiempo se ha terminado. Volveremos.

Todo está en los libros.

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Libros con uasabi - 02/07/17

02 jul 2017

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