Actualmente más del 70% del litoral español está urbanizado. Esta serie documental, producida en colaboración con el Ministerio de Medio Ambiente, estudia la evolución de la costa y la riqueza de los ecosistemas acuáticos, ofreciendo un espectacular viaje audiovisual.

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Las riberas del mar océano - Los deltas - ver ahora
Transcripción completa

Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

Hace más de 3.000 años, los griegos llamaron delta

a una inmensa planicie formada en la desembocadura del río Nilo.

Navegando desde el mar,

el delta se muestra como la deidad de tierra y agua.

Bajando el río,

el delta invertido es el símbolo de la fecundidad

y la puerta de la esperanza.

Cuando las antiguas civilizaciones llegaron a las costas peninsulares

no encontraron ningún delta como el del Nilo;

ni el delta del Ebro, ni los deltas del Andarax, el Guadalfeo o el Adra;

llanamente no existían.

Navegaron aguas arriba por bahías y ensenadas

hasta topar con las aguas dulces y protegidas.

Allí, asentaron sus poblados.

Sin embargo, los ríos ya llevaban miles de años

trabajando afanosamente,

rellenando el cauce fluvial y la ensenada.

Hace menos de 1.000 años, el Ebro, el Guadalfeo y el Adra

lograron verter las aguas dulces cargadas de sedimentos

por delante de la línea de costa.

Hace poco más de cinco siglos

que consiguieron emerger y progresar hacia el mar.

Pero a medida que los deltas progresaron hacia el mar

las tierras interiores dejaron de recibir la acción marina

y sirvieron de pasto para el ganado.

De vez en cuando,

las avenidas del río las inundaban con agua dulce.

El ser humano, observador y experimentador,

comprobó que tras las lluvias intensas

aquellas tierras se volvían durante algunos años fértiles, muy fértiles.

Entonces, imitando a la naturaleza,

consiguió el control de los deltas.

Construyó presas, laminó avenidas y utilizó el agua dulce embalsada

para inundar las tierras y rebajar el nivel salino del subsuelo.

El desarrollo agrícola

y el crecimiento del tráfico marítimo

asentaron poblaciones y puertos en las zonas altas de los deltas.

De vez en cuando sufrían temibles avenidas

que arrasaban las ciudades;

pero también alargaban el delta y creaban nuevas tierras de labor.

Los árabes a comienzos del siglo octavo

introdujeron el cultivo del arroz en la península Ibérica

y los llevaron a las aguas pantanosas

entre las desembocaduras del Turia y el Júcar.

Se llegó al siglo XX de la mano de la ley Cambó,

de la extensión del cultivo del arroz al delta del Ebro y Doñana

y del desarrollo urbano

y de su última y más temible modalidad:

las urbanizaciones turísticas sobre marismas, deltas y humedales.

Las mejores huertas valencianas, tras siglos de paciente roturación,

yacen hoy en día bajo edificios, calles y avenidas.

Sin embargo, todavía quedan algunos deltas peninsulares

en los que se puede observar la titánica obra de relleno natural,

la grandiosidad de unas tierras negras en perfecta horizontalidad

frente a la geometría infinita de las aguas azules.

Delta y mar, el paradigma de la fecundidad.

Para el labrador, tierras fértiles de cultivo.

Para el marinero, aguas turbias en las que pescar.

Los deltas son el resultado de la competencia mutua

entre las dinámicas fluvial y marítima.

Interviniendo en él, construyendo sobre él,

alteramos su evolución natural

a la vez que ponemos en peligro nuestras instalaciones

y nuestras vidas.

¿Por qué se construye sobre los deltas?

¿Sabemos cómo se han formado y cuál es su evolución?

¿Se pueden recuperar?

Con la subida del nivel del mar,

¿se inundarán en este siglo los deltas?

¿Dejaremos de disfrutar de su diversidad?

Desde que las gotas de lluvia alcanzan el suelo

las aguas que escurre realizan una ingente labor.

Primero, desagregan y trocean el suelo

en partículas de diferentes tamaños.

Después, las deslizan por laderas, torrentes y arroyos

hasta el curso principal.

Allí, los tamaños más grandes

viajan por el fondo rodando, chocando con él

y dando saltos empujados por la corriente.

Las partículas más finas navegan en el seno del agua

en equilibrio entre las acciones de la gravedad y de la turbulencia.

Cuando las aguas dulces se encuentran con las saladas

el río pierde velocidad, serena su ímpetu

y finaliza su tarea de trasportar sedimentos

abandonándolos allí donde los agentes marinos

conforman la costa, crean ensenadas y abrazan marismas.

También liberan los nutrientes que fertilizan las aguas marinas

para finalmente alejarse entre la inmensidad.

El delta es una acumulación de sedimentos

depositados por las sucesivas avenidas del río al llegar al mar.

Allí, la acción marina del oleaje y las corrientes

lo dispersan a lo largo de la costa y hacia mar abierto.

Sin embargo, la lucha es desigual, el delta avanza

cuando las riadas raras e impetuosas aportan sedimentos.

El delta retrocede

cuando el oleaje día a día los dispersa, redistribuye y utiliza

para construir playas y otras formas litorales.

La superficie deltaica está formada

por sucesivas capas de materiales que descansan unas sobre otras.

Con el paso del tiempo el peso aprieta, une los granos de tierra,

expulsa el agua y reduce el espesor de las capas.

En la superficie se observa que el delta se hunde.

Es el proceso que nivela el delta,

favoreciendo que el río encuentre la ribera del mar.

Bajo las aguas,

en lo que se conoce con el nombre de frente deltaico,

el peso de las capas superiores

y las acciones del oleaje y de la gravedad,

provocan frecuentes deslizamientos del talud,

desplazamiento de ingentes cantidades de sedimentos

y liberación de gas metano

por la biodegradación del detritus orgánico.

Nos encontramos en el corazón del paraje natural

de los acantilados de Cerro Gordo y Maro,

este es el Barranco de la Miel

que se ha abierto camino entre las sierras de Tejera y Almijara

para alcanzar el mar.

El hombre lo ha utilizado creando huertas,

creando zonas de higueras bravías y chirimoyas.

Después, ha construido numerosos puentes y edificaciones.

Ahora es el turno del mar,

comienza con las olas a generar un nuevo cordón litoral,

unas lagunas,

un espacio donde con el paso del tiempo

se redondeará y volverá a formar una playa entre puntas

volviendo a hacer especial

este acantilado, esta playa, esta línea de costa y esta ladera.

El delta es un organismo vivo

que está continuamente cambiando de forma y extensión;

dependiendo de muchos factores

como el caudal del río, el tamaño de los sedimentos,

la forma de la costa, la dinámica del mar

y, no hay que olvidarse de ella, la acción del hombre.

No hay dos deltas iguales, cada uno tiene su personalidad.

Todos se han formado por la misma causa,

pero evolucionan y se están explotando de forma diferente.

En el litoral español

conviven un amplio número de tipologías de deltas.

Deltas en mares sin apenas marea astronómica

donde la forma depende principalmente

del río y de las olas, el Guadalfeo.

Deltas en mares con marea astronómica

compitiendo con las olas y el río, el Guadiana.

Deltas en ríos que han llegado a su tramo final

en amplios valles de poca pendiente, el Ebro.

Deltas descolgados por las serranías que penetran en el mar, el Albuñol.

Deltas encajados sobre las llanuras y las planas,

excavando el cauce y rellenándolo de bolos, el Mijares.

El río Ebro recoge y conduce

las aguas que dejan las borrascas atlánticas

en su viaje desde el Golfo de Vizcaya

hasta su encuentro con el Mar Mediterráneo.

Es un largo recorrido de más de 800 kilómetros

que recibe las abundantes aguas

acumuladas en las nieves de los Pirineos

y las escasas que bajan del Moncayo.

Los caballones se alinean en ambos márgenes,

adarves del cauce que evitan que el río rebose.

Entre ellos aparecen

pequeñas lagunas de agua dulce, canales y tributarios

en los que el agua se remansa y la vida parece detenerse

mientras en silencio, mansamente, los sedimentos finos

van colmando los fondos y taponando los huecos.

En su curso, el Ebro deja atrás el castillo de Tortosa,

observador pétreo del serpenteo de su cauce.

Desde las murallas del castillo

se observa una amplia extensión de tierras de pequeña pendiente

por la que discurre el cauce del río

entre giros, canales trenzados y vegetación de ribera.

La bruma cargada de sal disfraza el horizonte.

Cuando se estabilizó el clima en la Tierra,

hace aproximadamente unos 9.000 años,

la temperatura y el nivel del mar

llegaron a una posición cercana a la actual.

Entonces, el Ebro,

se encontraba con el mar aguas arriba de este punto,

aproximadamente a la altura de Tortosa.

Esto era un gran estuario.

Y en este estuario navegaron romanos, cartagineses, árabes...

Después, el río terminó de colmatar ese gran estuario,

y recientemente, no más de 500 años,

el río comenzó a verter sedimentos a partir de este punto.

Colmató la llanura y llegó hasta el frente deltaico

tal y como lo vemos actualmente.

Cuando las aguas del Ebro se apoyan en las murallas de Amposta

el olor a sal inunda el espacio.

Las tierras que rodean el cauce se abren en abanico

mostrando en toda su extensión la planicie.

El nivel de la superficie del delta decrece hacia el mar.

Ya cerca de él, la lámina de agua está al ras de los márgenes

presta a inundar los terrenos recién emergidos.

Donde se escucha el ronco sonido de las olas al romper

se encuentra el frente deltaico.

El río se convierte en chorro de descarga

soltando primero los materiales más gruesos,

luego, los finos.

Pero los sedimentos dispuestos en el frente deltaico

afectaron al oleaje, cambiaron su dirección de propagación;

provocaron su rotura

generando corrientes a lo largo de la zona de rompientes.

Con el paso del tiempo este proceso produjo una completa transformación,

se generaron barras que taponaron las múltiples desembocaduras.

El mar construyó dos largos cordones litorales,

las playas del Trabucador y del Fangar,

que conectaron el delta con la isla de los Alfaques y con el Fangar.

El viento consolidó grandes campos de dunas

que dieron estabilidad a la línea de costa.

Desde que el delta se inició en Amposta

el Ebro ha tenido muchas bocas,

unas, mirando al sur, otras, al norte.

En el siglo pasado, quizás ayudado por la acción humana,

el río orientó definitivamente su desembocadura hacia el este

abriendo múltiples canales cortos y estrechos

que comunicaban el cauce principal con el mar

avanzando en puntas de flecha.

Tras el frente deltaico,

toda una sinfonía de estructuras litorales,

marismas, cordones abandonados y lagunas intermitentes

que en otro tiempo fueron salinas y esteros

y que albergaron un diverso ecosistema marino.

A ambos lados,

dos grandes bahías someras abrigadas con aguas cálidas,

el entorno ideal para el marisqueo y el fondeo.

Existen ocho lagunas en el delta del Ebro

que constituyen el diez por ciento de la superficie deltaica.

Estas lagunas están caracterizadas

por el intercambio de agua dulce y salada.

El agua dulce,

la reciben principalmente por la gestión agrícola;

y el agua salada, la reciben por canales de comunicación con el mar.

Este intercambio de agua dulce y marina

hace que la gestión hidrológica de esta laguna

sea de vital importancia

para conservar la gran diversidad que presenta

tanto en especies de aves como de peces.

En las últimas décadas

el río Ebro ha sido regulado por múltiples presas.

Pero, no es este el único cambio que afecta al delta del Ebro.

La introducción del cultivo del arrozal,

las practicas de laboreo e inundación temporal,

la utilización de herbicidas, planicidas y fertilizantes

y el abandono de algunas salinas.

Han alterado sustancialmente los ecosistemas acuáticos marinos.

Ahora, las lagunas del delta de Ebro

se alientan artificialmente con agua dulce

y recogen los excedentes del regadío.

La creciente ocupación humana,

los desarrollos urbanos en la planicie y su litoral,

y la explotación de los acuíferos,

también están alterando los procesos naturales en el delta.

No se debe olvidar que en las próximas décadas,

cuando ascienda el nivel del mar,

las aguas azules y las tierras negras

volverán a ser salinas.

Nos encontramos al norte del delta del Ebro,

en la bahía del Fangar,

zona de fango que envuelve una porción de arena

sobre la cual nidifican los charranes.

Ellos, no conocen que la marea meteorológica

es capaz de inundar esta zona.

Y así, hace cinco años, fueron inundados por la marea meteorológica.

No nació ningún polluelo y se perdió la colonia.

Desde entonces, los charranes no confían en esta zona

y han dejado de volver.

La pregunta queda en el aire:

Somos previsores y actuamos ahora

o esperamos a mañana cuando las lagrimas empañen los ojos

y los costes sean insostenibles.

Quizás como dice la canción la respuesta está en el viento.

Desde el pico del Veleta en Sierra Nevada,

hasta la costa de Motril

en línea recta hay poco más de 30 kilómetros.

Allí nace el río Guadalfeo, a 3.000 metros de altura,

y alcanza el mar tras recorrer menos de 60 kilómetros.

Las aguas que escurren desde tan alto ven su destino al nacer.

Las laderas tiene fuertes pendientes

Y el suelo, tras miles de años de cambios de explotación

y de deforestación para uso minero no tienen protección.

Cuando llueve o se funde la nieve, las aguas bajan turbias

y en las riberas se oyen los sonidos

que bolos y gravas producen al chocar entre sí.

Mas abajo, el río Gudalfeo atraviesa las Hoces,

inmensos farallones calizos

por los que encontró la salida al mar.

En la ladera, al abrigo de las cuevas,

el hombre observó la pugna entre las dinámicas marina y fluvial

Cuando los romanos llegaron a Motril,

navegaron hasta el pie de la colina y se refugiaron tras ella.

Lugar en el que hoy se alza la iglesia.

El río se extendía hacia el este

y depositaba la mezcla de fango, arena y piedra

paralela a la costa.

Después, las sucesivas avenidas

fueron abriéndose paso entre los acarreos.

¡Cuán difícil para el río

llegar al punto de encuentro con el mar!

El ciclo se repitió mucho después,

quizá alrededor del siglo XI,

cuando el río abrió un nuevo cauce

que extendió el delta más de dos kilómetros hacia el mar.

El oleaje distribuyó sus sedimentos

que cerraron el acceso al fondeadero de Motril,

anegaron una gran laguna y formaron el cordón litoral

sobre el que se asienta hoy la población de El Varadero.

A finales del XIX y principios del XX,

tres grandes avenidas volvieron a romper el cauce del río.

Tras varias tentativas de cambiar el curso,

finalmente eligió, esta vez ayudado por el hombre,

un camino derecho hacia el mar que es el cauce actual.

El viejo curso fluvial se utilizó como camino

al que llamaron curiosamente "Camino viejo del río".

Hoy, está asfaltado

y es el acceso principal a las playas del delta.

Entre cauces viejos y nuevos,

quedaron lagunas, humedales y tierras bajas.

Con el tiempo, se fueron rellenando

y se convirtieron en tierras para el cultivo de la caña de azúcar

Después, cultivos bajo invernadero.

Hoy, además, albergan urbanizaciones y campos de golf.

En el margen derecho del cauce,

Salobreña, la ballena blanca varada en tierra,

antigua península árabe que vivió de la sal y de la pesca,

observa las transformaciones humanas.

Las últimas avenidas del Guadalfeo

aportaron grandes cantidades de sedimentos

que llevaron la línea de costa hacia el mar.

Tras ella, se ha construido

una nueva Salobreña turística y residencial,

una trama urbana que se asienta sobre el frente del delta.

En el año 2002, se terminó de cerrar la presa de Rules

a 8 kilómetros del litoral.

Desde entonces, la presa regula el río Guadalfeo

y minimiza el efecto de sus temibles avenidas.

Además, proporciona la reserva de agua necesaria

para el desarrollo de los municipios a los que abastece.

No se debe ignorar

que la capacidad de almacenar agua es limitada

y que para armonizar el desarrollo comarcal

es necesario que unos municipios

no crezcan a expensas de consumir el agua de los otros.

Qué dura reflexión para los alcaldes y ayuntamientos

con vocación de crecimiento a cualquier precio.

Pero, la presa no sólo almacena agua,

también retiene los sedimentos,

aquellos con los que el río construía el delta

y que la acción marina dispersaba.

Ya no llegan a la costa,

pero el oleaje sí continúa, día a día incesante,

erosionando y transportando los viejos sedimentos.

La costa está retrocediendo a un lado y a otro del cauce,

buscando una nueva ubicación para resistir los embates de las olas.

Dónde y cuándo la encontrará.

¿Estará más a tierra que las urbanizaciones?

Sí esto ocurre, ¿quién resolverá el dilema de proteger de por vida

o retrasar el frente urbano?

En la actualidad, prácticamente todos los años,

se requieren labores de reparación y mantenimiento de la línea de costa.

El río Adra tiene una historia similar a la del Guadalfeo.

En su interior, al abrigo de los temporales,

poblaron fenicios, cartagineses y romanos.

A principios del siglo XX, empujado por la ley Cambó

y tras un proceso lleno de avatares se desvió el río

abriendo en la montaña un tajo

de más de 30 metros de altura y 300 metros de largo.

En pocos años el río volvió a ganar la batalla al mar

y construyó un nuevo delta a levante del actual.

Ahora, el delta del río Adra, es bicéfalo.

El nuevo delta alberga invernaderos

que se extienden hasta la misma línea de costa.

Cuando el mar aprieta, todo sirve para proteger la propiedad:

piedras, restos de invernadero,

troncos, raíces de plantas que ya dieron su fruto.

El delta histórico está sirviendo para que Adra crezca hacia el mar.

El río ya no lleva sedimentos allí,

pero las olas tampoco alcanzan el viejo delta

el dique de abrigo del puerto le protege de su acción dispersiva.

Sin embargo, el dique está reteniendo los sedimentos

que los oleajes de poniente arrancan del acantilado

y recogen de las ramblas cercanas.

Ahora, forman parte de una playa de arenas y gravas

que crece a lo largo y a lo ancho del dique.

Superan su morro

y se adentran movidos por las olas en la dársena portuaria.

Varias veces se ha alargado el dique,

pero siempre las olas

vuelven a alcanzar el final de la obra humana.

Nos encontramos en el lecho del río Adra,

un ejemplo perfecto de la transformación del territorio

por la acción de las fuerzas naturales

y la acción del hombre.

Primero, una geología de materiales que se descomponen fácilmente.

Después, una climatología que produce lluvias fuertes, torrentosas

que arrastran cantidad de sedimentos.

Y después, un hombre que ha utilizado este espacio

quitando los bosques

para producir materiales necesarios en la minería,

en la azucarera y en la industria en general.

Diez metros por debajo de este nivel navegaban los fenicios,

navegaron romanos y árabes, vieron como se fundaba Adra la vieja

y como se fundaba Adra la nueva,

a unos dos kilómetros de la desembocadura.

¿Qué ocurrirá con Adra la nueva

cuando en este siglo suba el nivel del mar?

¿Se debe proteger el nuevo delta colmado de invernaderos

para mantener esa actividad industrial?

¿Cuánto cuestan estas intervenciones y quién debería pagarlas?

Estas cuestiones y muchas más se resumen en una sola pregunta:

¿Es este un desarrollo sostenible?

Tras ellas, surge espontánea esta otra:

¿Se puede hacer otro desarrollo socioeconómico y ambiental

que comprenda los procesos naturales

y no entre en permanente confrontación con ellos?

Entre el delta del Ebro y la península de Peñíscola

se encuentra la plana de Castellón.

Esta costa ha sido formada

por los sedimentos de ríos cortos y de fuerte pendiente,

que generalmente no llevan agua pero que se vuelven impetuosos

con esporádicas lluvias torrenciales.

Estamos en la plana de Vinarós-Benicarló,

en la cuenca baja de la rambla de Cervera.

La rambla de Cervera es una rambla

que ha ido formando una serie de abanicos aluviales

que ha rellenado la plana de Vinarós-Benicarló

a lo largo de los últimos dos millones de años.

La configuración de esta plana es de una serie de abanicos o conos

que han ido avanzando desde el último retablo montañoso

desde unos 30 kilómetros aproximadamente hacia el mar.

Un abanico aluvial, como su propio nombre indica,

tiene esa forma, tiene una forma de cono

y se trata de una acumulación de sedimentos

que son típicos de los ríos "braided" o trenzados como son las ramblas.

En la actualidad, la acción del hombre sobre esta rambla

mediante la extracción de áridos

ha provocado un déficit sedimentario importante.

Este déficit tiene como consecuencia

la aceleración de la erosión en la línea de costa.

Esta erosión se puede observar muy bien

en los acantilados que hay entre Vinarós y Benicarló.

En estos acantilados están cayendo gran cantidad de bloques

que ponen en peligro, en algunos casos,

las edificaciones que están demasiado próximas al mar.

Las sierras de la Contraviesa y de Lújar

son un balcón sobre el mar de Alborán.

En los días limpios, desde sus crestas, se puede otear África.

Fuertes pendientes, ausencia de cobertura vegetal,

facilitan procesos erosivos intensos.

En esta orografía dura, impactante, compiten desde hace varios años

dos usos del suelo en conflicto:

las promociones residenciales turísticas de segunda residencia

y la agricultura bajo invernadero.

El 18 de octubre de 1973 amaneció lloviendo,

era la primera vez tras seis largos meses de sequía.

A media mañana, la rambla ya llevaba un metro de agua en toda su anchura.

Pero, a partir de media tarde la lluvia arreció

y a las nueve de la noche el agua desbordaba los muros de la rambla,

tenían una altura de 7 metros.

A partir de media noche, iniciando el día 19 de octubre,

la lluvia se hizo torrencial

y a las tres de la mañana dos hondas asesinas de agua, lodo y bolos

arrasaron cuanto encontraron

en su vertiginoso descenso hacia el mar.

La Rábita, un pequeño pueblo de pescadores

construido bajo gravas y rocas bajo el castillo,

padeció toda la furia de la avenida.

Murieron más de 40 personas y desaparecieron otras tantas,

el pueblo quedó sepultado bajo el fango y los escombros.

Con el amanecer las aguas amainaron, y cuando por fin se retiraron

dejaron a la vista un delta que penetraba unos 200 metros en el mar

y cuya superficie se elevaba más de cuatro metros sobre este.

En regiones semiáridas con fuertes pendientes,

suelos desagregados y escasos de vegetación,

las lluvias traen aguas inmensamente fuertes

que arrastran ingestas cantidades de sedimentos

lo primero que hacen es rellenar el cauce

y después terminan formando un delta,

este es el caso de la rambla de Albuñol,

en la que nos encontramos,

y le llevo aproximadamente 6.000 años hacer esta operación.

Estas tierras, a su vez, han servido como tierras llanas

para albergar una agricultura intensiva

y la construcción de viviendas.

Ha sido una practica habitual en estas zonas

que muchas veces ha acabado en tragedia

como ocurrió aquí en la década de los 70.

Y al final, después de 9.000 años de historia,

tenemos el río enjaulado y vemos el mar desde una muralla.

La pregunta es obvia: ¿Es esto un desarrollo sostenible?

La respuesta es clara y contundente: No.

Entonces, ¿es posible otro desarrollo?

Evidentemente, lo es desde el conocimiento

y con el uso eficiente de los recursos

agua, suelo y energía.

Entonces, ¿por qué no lo hacemos?

En las últimas décadas

se están realizando grandes inversiones en obra pública

para amortiguar los efectos de las riadas.

Pero, ¿estas medidas de prevención son suficientes?

Para responder a esta pregunta

es imprescindible contar con el conocimiento científico.

En la Universidad de Granada se están estudiando los efectos

que la construcción de la presa de Rules

induce en la cuenca y el delta del río Guadalfeo.

El delta del Ebro ha reorientado su desembocadura.

El Guadalfeo no transporta sedimentos.

El delta del Albuñol está ocupado

por carreteras, viviendas e invernaderos.

En la desembocadura del Segura se construyen puertos deportivos.

Y en el río Ter, urbanizaciones.

La conjunción de lluvias intensas procedentes del mar

y las fuertes pendientes que rodean el litoral

y conducen los vientos ladera arriba,

volverán a producir grandes riadas

a lo largo y ancho de las costas peninsulares mediterráneas.

Han pasado más de 30 años

y La Rábita es hoy una población próspera,

merced al desarrollo turístico y al cultivo de invernaderos.

Pero, este desarrollo se ha realizado

sobre aquellas tierras

que depositó la gran riada del 19 de octubre de 1973

que causaron tanto duelo y dolor.

La mejor prevención, la única,

es no asentarse donde tarde o temprano

circulará la riada y romperán las olas.

Subtitulación realizada por María Sanz de Blas

Las riberas del mar océano - Los deltas

45:24 16 jun 2017

Los deltas son acumulaciones de sedimentos depositados en la desembocadura de los ríos por las sucesivas avenidas. Allí, la acción marina del oleaje y las corrientes los dispersan a lo largo de la costa y hacia mar abierto.

Histórico de emisiones:
14/11/2010

Los deltas son acumulaciones de sedimentos depositados en la desembocadura de los ríos por las sucesivas avenidas. Allí, la acción marina del oleaje y las corrientes los dispersan a lo largo de la costa y hacia mar abierto.

Histórico de emisiones:
14/11/2010

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  • 45:30 19 may 2017 A finales de los años 40, se podía caminar en grandes franjas de litoral español sobre playas de arena dorada. Primero líneas férreas y carreteras, más tarde autovías y autopistas, invadieron las arenas y dunas de las playas. Histórico de emisiones: 17/10/2010'

  • Orden en el caos

    Orden en el caos

    45:15 12 may 2017

    45:15 12 may 2017 La costa, es un organismo vivo, que está en permanente proceso de remodelación y embellecimiento gracias a los procesos geológicos y a la acción de las dinámicas marina y atmosférica. El resultado es un paisaje de gran belleza, complejidad y multiplicidad de colores y texturas en el que habitan flora y fauna diversas, capaces de soportar fuertes variaciones de salinidad. Histórico de emisiones: 10/10/2010

  • La historia compartida

    La historia compartida

    47:02 05 may 2017

    47:02 05 may 2017 Hace 9.000 años el hombre inició la transformación de la corteza terrestre para adecuarla a sus intereses y necesidades.

  • Las costas españolas

    Las costas españolas

    47:37 03 oct 2010

    47:37 03 oct 2010 La transformación de las costas españolas ha sido enorme en los últimos 50 años. Apenas quedan espacios vírgenes en nuestro litoral.

  • Entre el mar y la tierra

    Entre el mar y la tierra

    50:40 26 sep 2010

    50:40 26 sep 2010 Desde la Ley de las Siete Partidas, hasta la ley de costas, apoyándonos en la Constitución, defendemos que el litoral español es de todos los ciudadanos; pero deltas, playas, acantilados, lagunas, estuarios y rías del litoral español están sometidos a una gran presión urbanística y en gran medida han sido privatizados.

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