La otra mirada La 1

La otra mirada

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No recomendado para menores de 12 años La otra mirada - Capítulo 2: 'Un voto de confianza' - ver ahora
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(LEE) "Roberta Luna".

"Academia para señoritas. Sevilla".

(Suenan las campanas)

¿Es esta la academia para señoritas?

¿Es la nueva?

Aún no, pero espero serlo.

¿Por qué me entrevistas

si no cumplo los requisitos que sí cumplen las que están afuera?

Me gustas.

(TODAS) Buenos días.

(RIENDO) Parecéis el ejército prusiano.

Por favor,

¿podemos darle una oportunidad y juzgar los resultados?

Se tarde mucho tiempo en construir el prestigio

y, basta un soplido para tirarlo.

"La hora Peralta".

Es cuando pasan por la academia esos tres caballeros:

guapos, con planta

y, lo más importante,

con apellido. Así tienen a las niñas.

Creemos que Roberta y Rafita, el mayor de los Peralta, son novios.

¿Roberta dices que se llama? Sí, Roberta Luna.

Te matarán. ¿Qué quieres?

-Vengo a invitarte a una fiesta.

No puedo dejarte ir. Confía en mí.

¿No está?

Puedo interpretarlo. Es hora de que la voz protagonista

"la tenga otra que no sea Roberta".

Ahora te llevo. Espérate.

-No, me voy.

¡Roberta! La he visto llegar y caerse.

Roberta.

Hay que llamar al médico.

Pilar.

Señoritas.

Buenos días, Luisa.

Buenos días.

Que no soy tan feo. Perdona.

A ver, una poquita de coordinación. ¿Por favor?

Sin acritud.

Me quiero marchar.

Gracias.

Bueno,

contadme, ¿qué os ha parecido?

A mí me ha gustado.

Pero mi padre dice que votar no sirve para nada.

-Yo me he quedado igual.

-Mi padre dice que si no votas, no puedes quejarte.

-¿Qué más da? A las mujeres no nos dejan votar.

De momento. En los EE. UU.

Elizabeth Stanton y Lucretia Mott, junto a otras mujeres,

acaban de conseguir que se apruebe el voto femenino.

Y en Australia o Finlandia,

las mujeres ya hace años que pueden votar.

-Pero ¿la política no es cosa de hombres?

No debería serlo, ¿no?

Hasta que no nos dejen votar,

ninguna de las que estamos aquí podrá considerarse

ciudadana de pleno derecho. -¿Y eso por qué?

Votar no es solo meter

un papel en una caja.

Es depositar tu confianza en alguien

para que luche por tus derechos.

Si las mujeres no votamos, ¿quién va a defendernos?

¿Quién va a luchar por nosotras?

-Ya tenemos suficientes preocupaciones

como para pensar en política.

-Pues yo creo que mi opinión vale igual que la de un hombre.

Y me gustaría que se tuviera en cuenta.

Me temo que para que eso ocurra tendremos que pelearlo,

como Elizabeth y Lucretia en Estados Unidos.

Porque los derechos no se regalan, se consiguen.

(Llaman)

Te reclaman ahora. Es urgente.

Por supuesto. Ahora vengo.

¿Cómo es posible que Roberta Luna llegara borracha a la academia?

Por favor, calma.

Entiendo su preocupación,

pero hacemos lo que podemos. Les aseguro que va a ser castigada.

¿Y la maestra?

¿Qué maestra? La nueva.

-La que le dio permiso a Roberta

para irse con Peralta.

O echan a esa maestra, o nos llevamos

a nuestras hijas.

Se acaba de armar la marimorena.

Los padres se han enterado de que llegaste borracha.

Al parecer, Margarita lo vio todo,

y se ha dedicado a cascarlo por la academia.

Anda, trae,...

que estás para que te recojan las Hermanas de la Caridad.

¿Fuiste tú la que le dio permiso? Sí.

Pero le di permiso para ir a por material para la obra,

no sabía que había una fiesta.

Lo que importa es que los padres quieren tu cabeza,

y si no se la damos, se llevarán a sus hijas.

Eso no nos lo podemos permitir. Calma, por favor.

Es un tema muy delicado.

Lo siento. Me equivoqué fiándome de Roberta.

He pagado la novatada.

No volverá a pasar. ¿Seguro?

Está bien.

Voy a darte otra oportunidad. ¿Qué?

Todos hemos pecado alguna vez de exceso de confianza.

No me digas más, ¿a que tampoco vasa expulsar a Roberta?

Sinceramente, lo veo excesivo.

O aplicamos mano dura o nos toman por el pito del sereno.

Lo mejor es hablar con Roberta. ¿De qué?

Expulsarla es la forma de quitarle a las otras alumnas

las ganas de escapar.

También podemos encerrarlas en una torre.

(RESOPLA)

Esto es intolerable, Manuela.

A tu madre no le habría temblado el pulso ni un segundo.

Decisiones como estas son las que nos vamos a tener que tragar

a partir de ahora.

Es lo que pasa cuando te dan el mando por tus apellidos

y no por tus méritos.

Dime que los padres de Roberta no han dado señales de vida.

Han mandado un telegrama.

Como soy la responsable de esto, puedo hablar con ellos.

Gracias,

pero en todo caso, debería ser yo la que hable con ellos.

Bien.

Son las nueve, ¿no?

¿Qué?

-Me han dejado volver a las clases, pero no puedo salir de la academia

hasta nuevo aviso. -¿Y el Baile de Otoño?

-(RÍEN)

-¿No tenéis vida?

-Bueno, al menos te lo pasaste de muerte en la fiesta de los Peralta.

-¿Fueron todos? -¿Todos quiénes?

Álvaro Peralta, Tomás Peralta...

-¿Fue el mejor fiestón del mundo? -Sí.

-¿Álvaro y Tomás tienen novia?

-Mírala, a la caza del Peralta.

-Pues están ahí, ¿eh?

-Oye, vamos a clase que vamos llegamos tarde, ¿no?

-Eh, oye,

¿qué les ha pasado a las chiquillas?

-Perdóneme, señorito, pero tengo nombre, ¿eh?

Me llamo Ramón.

-Perdona, Ramón. Buenos días.

-Dígame, don Tomás, ¿en qué puedo ayudarle?

-Lo que le preguntaba mi hermano de las chiquillas.

-¿Qué pasa con ellas? -Que por qué no han salido.

-Después de la que se ha montado por venir la señorita Roberta

de la fiesta de ustedes con una "tajá" como un piano...

-¿Qué quiere decir?

-Supongo que no está el horno "pa" bollos.

-Buenos días. -Buenos días.

Berthe Morisot,

primera pintora impresionista.

Gracias a ella,

otras artistas entraron en este movimiento pictórico.

Mi abuelo compró una copia de ese cuadro en Lisboa.

Perdonad un momento.

Berthe Morisot inspiró

a otras artistas. Además, consiguió

el reconocimiento de sus homólogos masculinos,

como: Renoir, Degas o Monet.

-(GRITA) ¿Qué te pasa?

¿Quién ha sido?

He hecho una pregunta.

-Que te lo diga ella, que lo que más le gusta es chivarse.

Has sido tú.

Una cosa quiero que os quede clara,

los problemas no se resuelven lanzando pelotitas de arroz,

para eso está el diálogo y la confianza.

Pero con vosotras no se puede dialogar ni confiar.

Y sois una panda de becerras con enaguas.

¿Adónde os mandan cuando os castigan?

-¿A la biblioteca?

Pues a la biblioteca.

-¿A hacer qué? A hacer punto, a leer.

Vais a leer todo lo que encontréis de Morrisot

y me hacéis un resumen.

Margarita, tú tienes libre. Y Roberta se queda.

Quiero hablar contigo.

Es de un inventor español, De la Cierva.

¿Este aparato es seguro? -¿Qué va a serlo?

Si Dios hubiera querido que el hombre volara, le habría dado alas.

-Pues yo no pienso morirme sin saber qué se siente surcando los cielos.

-Anda, déjate de bobadas.

Espabila, que llegas tarde a la consulta.

-Que paséis un buen día. Adiós, padre.

Que tenga un buen día.

¿Tiene que hablarle así siempre?

-No me pidas que cambie a estas alturas.

¿Tienes 10 minutos?

Lo siento, pero tengo que volver a la academia.

Es importante.

Estoy enfadada.

Pero lo que más estoy es decepcionada, Roberta.

Muy decepcionada.

Confié en ti. Lo sé.

Por lo visto, ha llegado un telegrama de tus padres.

¿No tienes buena relación con ellos?

Son ellos los que no tienen buena relación conmigo.

Ni buena ni mala, no tienen, directamente.

Si quieres puedo hablar con ellos. ¿Para decirles qué?

Pues para conocerles, ver si puedo ayudar.

Preferiría que te mantuvieras al margen.

¿A qué viene este interrogatorio?

Tienes razón.

Debería estar

interrogándote por esto.

¿Vas a admitir que la has tirado tú

o volverás a mentirme?

Contéstame.

Se lo merecía.

Nadie se merece una respuesta violenta.

¿Por qué la defiendes? Defiendo el diálogo.

No ha hecho bien. Igual que tú no hiciste bien mintiéndome a mí

ni yo dejándote marchar.

Cada una tendrá que hacerse responsable de lo propio.

Muy bien, doña Teresa.

¿Me puedo ir ya a la biblioteca a hacer su trabajo?

Claro.

Estas garrapiñadas son mi debilidad.

La misma receta de siempre.

Cuando algo funciona, no se toca.

Qué sutil, madre. Quiere hablar de Teresa, ¿no?

¿No ves que esa mujer va a enterrar la academia?

Eso si no provoca un incendio, ¿no? O pone una bomba,

que seguro que está entre sus planes.

No ha dejado de poner bombas

desde que ha llegado. -Por favor.

Primero, el jueguecito de la libertad de expresión.

Después, dejar que una alumna se emborrache.

¿Qué va a ser lo siguiente? Roberta Luna le mintió.

Yo confío en Teresa.

Pues a tenor de los rumores que corren por Sevilla, no deberías.

Lee.

Es ella.

¿Arcadio?

¿Arcadio?

Hola, princesa.

-Corre.

-Qué guapa eres.

-Y tú, qué adulador. Sois los tres hermanos iguales.

-No sabes las ganas que tenía de verte.

Y las ganas que tengo de besarte.

-¿Y a qué esperas?

Viene alguien.

-Me encanta cómo hueles.

-Déjate de piropos, que nos van a oír.

Creo que ya.

¿Qué te pasa?

-¿Por qué tenemos que vernos siempre a escondidas?

No pongas esa cara.

Es normal que no lo entienda.

Debes de ser la única chica que escondería

su relación con un Peralta.

-Es por mis padres.

-¿Tus padres?

¿Te da vergüenza? -No, para nada.

Ahora quieren que me centre en los estudios.

Y si alguien nos ve juntos, se encabarán enterando.

-Pero no podemos estar así. -No.

Pero poco a poco. No me presiones más, Tomás.

A mí me encantaría salir a pasear de la mano contigo.

Pero ya llegará. -No me lo creo.

-¿Qué? ¿Me crees ahora?

Me vas a matar. -¿Por qué?

-Porque me tengo que ir. -No.

-Me tengo que ir. -No.

-Me tengo que ir, de verdad. Tomás, por favor.

Te quiero.

(Llaman a la puerta)

Un momento.

Adelante.

¿Puedo pasar?

Sí.

Sé que estás en una situación complicada.

Quería agradecerte tu voto de confianza.

Teresa, no me puedes volver a mentir.

Créeme que no lo haré. Me da mucha vergüenza.

No estás convencida de tu decisión, ¿no?

¿De cuál de ellas?

De no dar mi cabeza a los padres y a Luisa.

¿Por qué mis decisiones les parecen nefastas a todo el mundo?

¿A ti te parecen correctas?

Da igual lo que me parezcan.

Esta será siempre la academia de mi madre, siempre.

Lo que necesitas es deshacerte de su sombra cuanto antes.

Como si fuera tan fácil.

Seguro que encontrarás la manera.

Gracias.

Buenas noches.

"¿Elecciones?".

Como dijo Luisa, la dirección

no puede recaer en mí por mis apellidos,

sino por mis méritos, si los tengo.

Así que todas podréis refrendarme

o echarme. ¿Estás segura, Manuela?

Me parece una idea justa.

Me propongo como candidata.

¿Alguien más?

¿No? Muy bien, pues...

desde este momento queda abierto el proceso electoral.

¿Podemos defender nuestras propuestas en un debate?

Claro.

Perfecto.

Me parece muy sensato por Manuela, pero no me esperaba

que fueras a presentarte candidata. No perderé la oportunidad

de devolverle a esta academia su rumbo.

"¿Y si pierdes?".

¿Estás preocupada por si gana Luisa?

"Ser directora significa trabajar de sol a sol,"

¿Estás segura? Bonita manera de llamarme inútil.

Me refiero a que quizá no vas a ver a Arcadio cada tarde.

Ese es otro asunto. Ya me las apañaré.

Pero es muy sencillo, si no me crees capaz, vota a Manuela.

"¿No te parece una locura?".

Mira, Teresa,

me llamo Manuela Martín.

Mi apellido es, también, el nombre de mi marido.

Ya sea por mi apellido o por el nombre de mi marido,

seré siempre la señora de Martín,

siempre. Encima, me llamo como mi madre,

Manuela, la misma que me puso en la dirección a dedo, la misma.

Y, para colmo, las alumnas me llaman doña Manuela.

No tengo hijos. No tengo nada mío.

No hay nada que lo veas y, digas: "eso es de Manuela".

De Manuela hija, claro.

Si gano, será la primera vez

que sienta algo como mío, ¿entiendes? Mío de verdad.

Perdona, no quería hacerte dudar.

Has tomado una gran decisión. Gracias.

Tienes todo mi apoyo. De hecho, creo que vas a ganar.

De eso no te veo muy convencida.

Yo tampoco lo estoy.

Estoy estudiando, si no te importa...

-Ya,

pero como no puedo salir de academia por tu culpa, te aguantas.

-Yo no fui la que se bebió todo el Guadalquivir y medio Genil.

-Estaré encerrada unos días,

así que ves cambiando de habitación.

-Vete tú. Este cuarto es tan mío como tuyo.

Y yo estoy muy a gusto.

(Roberta cierra la puerta)

Hombre, parecerse se parece.

-Pues yo no la veo pinta de asesina.

-Esas son las peores.

¿Qué haces? -Pero...

(Se abre una puerta)

Buenas noches, hijo. ¿Cómo estás?

Tengo hambre.

Claro. Voy a por la cena.

Ven a la mesa, que esto se enfría.

¿Por qué no usas el cenicero?

(RAMÓN SILVA)

Roberta y Rafita, el mayor de los Peralta, son novios.

¿Y mis sábanas?

¡¿Y mi ropa?! ¡¿Dónde están mis cosas?!

-¿Has mirado en la basura?

¿Qué haces?

Tranquilo, solo voy a hacerme uno.

¿No había otra página para envolver el bocadillo?

No tiene pinta de usar pantalones.

Se la ve más...

¿Más qué, más femenina?

Que yo no digo que no seas una mujer como Dios manda,...

Ya.

pero si fumáis y usáis nuestra ropa,

¿qué nos queda a los hombres?

Me lo voy a tomar como una pregunta retórica,

porque si empiezo a contestarte, nos dan las tantas.

¿Te parece?

Fúmatelo tú.

(LLORA)

¿Mejor?

Ahora mismo voy a hablar con ella. No.

Lo último que quiero es volver a quedar como una chivata.

¿Me dejas que sea sincera contigo?

Que conste que lo que ha hecho Roberta está muy mal,

no hay excusa,

pero contarle a todo el mundo que llegó borracha, tampoco está bien.

¡Es que estoy harta!

Harta de que todas le bailen el agua aunque haga las cosas mal.

¡Yo hago las cosas bien, saco buenas notas, respetando las normas...!

La gente no te va a dar medallas por algo que no te han pedido.

¡Tampoco le pidió nadie a Roberta que fuera la reina de la colmena!

A Roberta le encantaría quitarse esa losa y que la dejaran en paz.

Pero es injusto. No te digo que no.

Pero no se trata de eso.

Se trata de que haces las cosas esperando un aplauso,

hazlas porque quieres.

¿Si hago eso dejarán de odiarme?

Si haces eso, empezarás a satisfacer a la única persona

a la que tienes que hacerlo, a ti.

Bien.

Quédate aquí a dormir. Me busco otro sitio.

Venga, vete a la cama.

Te ayudo.

Que descanses.

Teresa,...

gracias.

Que duermas bien. Hasta mañana.

Ramón. Teresa.

¿Está mejor la señorita Margarita? Sí, está mejor.

¿Sabes si hay alguna pensión por aquí?

Bueno, no es tan cómodo como tu cuarto,

pero es mejor que una pensión. Y sin pagar una peseta.

No sé qué decirte, ¿eh? Hace frío, ¿no?

La cuestión es poner pegas. Mira, en eso te pareces a todas.

A ver, espera.

Digo yo que algo te tapará, ¿no? Gracias.

Hubiese preferido una botella de vino para entrar en calor.

Ya con sus caprichos, que se apañe cada uno.

Si quieres vino, a la capilla.

¿Estás bien?

Sí.

Rezaré "pa" que gane Manuela.

¿Qué?

Que empiezas a caerme bien, Ramón.

Anda, toma,

el que no te has fumado antes. Gracias.

Don Arcadio. -Hombre, Ramón. ¿Y mi madre?

-Salió a hacer un "recao", no creo que tarde.

Dichosos los ojos.

Ángela, menos mal que me saludas.

Si llega a ser por mí, te confundo con una de tus alumnas.

No sé cómo sigues soltero.

Las mujeres perfectas estáis casadas.

Qué cosas tienes.

Arcadio, ¿qué haces aquí?

Venía a pedirle una cosa.

Claro.

Vamos fuera.

Si aquí estamos bien. Hay mucho jaleo,

fuera estamos más tranquilos.

Si es por mí, no os preocupéis, tengo cosas que hacer.

Venga, vámonos. Hasta otro día, Ángela.

Hasta otro día. Venga.

¿Qué quieres? Dame dinero.

¿Para eso has venido?

¿Se cree que me gusta pedírselo?

Déjeme unos billetes en casa, y me ahorro el paseo.

Ahora mismo llevo muy poco.

No me lo creo. Trae el monedero.

Espera, ya te lo doy yo.

Poco dice la miserable.

Hijo, ¿te acuerdas de Miguel, el farmacéutico?

Ayer me lo crucé.

Me dijo que buscaban a alguien para que les echara una mano.

Podrías aprender el oficio y ganar tu propio dinero.

¿Quieres que hable con él?

¿Seguro que estás bien? Sí, Ángela, estoy bien.

Ángela, espera un momento, por favor.

No quiero que te vayas con una idea equivocada de Arcadio.

Ha tenido un mal día, eso es todo.

Por muy malo que haya sido su día,

no está bien tirarle el bolso al suelo a una madre.

Desde luego que no.

El pobre... no ha superado la muerte de su padre.

Le echa mucho de menos. Y yo también.

Algunos días cuando me despierto,

me parece que va a estar a mi lado, figúrate.

Yo estoy más entretenida

con las clases,

pero... el crío lo paga conmigo, ¿con quién si no?

Ya no es un crío, Luisa.

Dime que no se comporta así siempre.

No. Solo de vez en cuando.

¿De vez en cuando?

Por eso te presentas a la dirección,

para ocupar tu tiempo y huir de él.

No digas tonterías. Ni que mi hijo fuera un monstruo.

No quería decir eso. Está pasando una mala racha.

Eso es todo. Lo entiendo.

Aquí no hay nada que entender.

Y mucho menos, nada que ir contando por ahí.

Por supuesto. Bueno.

Pues si te queda claro, me gustaría estar sola.

(LLORA)

En esta academia hemos entendido que educar es,

hacer que las alumnas aprendan lo que no saben.

A partir de hoy, debemos hacer de nuestras alumnas,

mujeres que todavía no existen.

Bravo, bravo, bravo.

Padre, ¿qué hace aquí?

He venido a darte un beso y a desearte suerte en el debate.

Pues la voy a necesitar, la verdad. Tranquila, hija.

Luisa tendrá buenos argumentos, pero los tuyos son los correctos.

Esta academia necesita al frente una mente abierta como la tuya.

Qué pena que madre no piense lo mismo que usted.

En el fondo, tu madre sabe que tienes mucho talento,

Ya. ...pero nunca

te lo va a decir.

Mira yo, 40 años esperando a que me diga que soy un buen marido.

Hazme caso,

olvídate de tu madre y pelea por lo que crees.

El mundo acaba de salir

de una gran guerra, ¿de verdad queremos mirar siempre al pasado?

Padre, eso es muy bueno. Déjeme que lo apunte.

¿Qué quieres que te cuente de la fiesta?

-Cotilleos.

Por ejemplo, si los hermanos de Rafita están con alguna chica.

-Álvaro sí. -¿Y Tomás?

-¿Y esa miradita preguntando por Tomás?

-No sé, es curiosidad.

-Flavia, ¿tienes algo que contarme?

-No. -Escúchame,

no te acerques a los Peralta. -¿Cómo?

-Hablo muy en serio.

-¿Perdona?

Yo me acercaré a quien me dé la gana.

-Hazme caso, por favor.

-Era solo curiosidad.

Puro cotilleo, nada más.

Pero tranquila, que ya no te preguntaré más.

Señoritas,

vamos al claustro, hoy no hay clase.

-¿Y eso?

Vais a vivir vuestro primer debate electoral.

Te he traído una tila.

(Se cierra la puerta)

No sabía si decírtelo, pero tenemos el claustro lleno.

Hay bastante expectación con todo este asunto de las elecciones.

Calla, que ni en el discurso de apertura de curso

estuve tan nerviosa.

Tranquila, Manuela, siempre ha sido un gusto escucharte.

No sé si las demás tendrán tantas ganas de escucharme como tú.

Piénsalo. Luisa tiene muchos apoyos.

Al menos sé que cuento con un voto, dos, con el de Teresa.

Porque tú me vas a votar a mí, ¿no?

A ver, Manuela...

A ver, ¿qué?

Yo también quiero escuchar lo que tiene que decir Luisa.

Sabes de sobra lo que va a decir. Se harta de decirlo todos los días.

Ángela, que soy tu amiga.

Eso no implica que pensemos igual.

Tú convocaste estas elecciones para ganarte el puesto con honradez.

Estabas harta de que se te juzgara por ser hija de quien eres.

Entonces, no me pidas que vote por ti solo porque seamos amigas.

Tú tienes tus razones para ser directora y Luisa tiene las suyas.

Hay algo más, ¿no?

Tengo cinco hijos, Manuela, y debo pensar en ellos.

Con Teresa de maestra y los padres amenazando con sus hijas, no...

Ya.

Bueno,

déjame sola, que quiero hacer un último repaso.

No dejes que se te enfríe la tila.

(ASIENTE)

Hola.

El mundo acaba de salir de una gran guerra,

¿de verdad queremos mirar al pasado?

Nuestros ojos deben estar en el futuro, porque es ahí

donde las alumnas pondrán en práctica lo que les hemos enseñado.

Y ese futuro solo podemos conseguirlo mediante el cambio.

Titular de prensa

de diciembre de 1917.

Leo textualmente.

"Antiguas alumnas de la escuela de señoritas

entre las intelectuales más destacadas del país".

Y como este, más de 50 artículos de prensa,

que corroboran un método de enseñanza infalible.

Por el bien de esta institución y del futuro de las alumnas,

dejemos los experimentos para las clases de ciencias.

Yo no quiero hacer experimentos,

pero tampoco quiero conformarme con lo conseguido hasta ahora.

¿Y por eso quieres tirar un método de enseñanza

que nos ha dado tantos éxitos

y, por el cual, las familias han traído a sus hijas para instruirse?

No quiero tirar por tierra nada.

Lo único que pretendo es añadir pensamiento crítico,

un poco de modernidad. Eso está bien,

muy bien, pero con sentido común, el que te da la experiencia.

Yo no tengo la misma experiencia que tú, Luisa,

pero al menos sé educar a nuestras alumnas para que sueñen.

Por favor, Manuela, aquí les enseñamos a enfrentarse a la vida

cuando salgan ahí fuera. A un mundo real, no de fantasía.

Una mujer de ciencias como tú, habrá oído hablar del autogiro.

¿Crees que el hombre habría conquistado los cielos

si no hubiese soñado antes con volar?

¡Un momento!

¡Un momento, por favor!

-(SUSURRAN)

Margarita, silencio, las preguntas al final.

Es que no quiero hacer una pregunta, doña Ángela.

Solo... quiero hacer una propuesta.

Lo primero, gracias a las dos.

Doña Manuela,

usted nos ha insistido sobre la importancia de votar

para ser ciudadanas de pleno derecho.

El caso es que llevan ustedes un buen rato discutiendo

sobre cuál es el mejor sistema educativo para nosotras,

sin contar con nuestra opinión.

Aquí somos todas diferentes.

A María Jesús le encanta la clase de ciencias.

Si se aplica, podría ser la próxima Marie Curie.

A Macarena le encanta pintar.

Y Roberta es una líder.

Se le da muy bien encabezar grupos de gente.

Mejor que a mí, desde luego.

A cada una se nos da bien algo y, por eso, deberíamos elegir

la propuesta que más nos convenga.

Creo que las alumnas también deberíamos votar

a la nueva directora.

Un receso.

No podemos dejar el futuro de la academia en manos de unas crías.

No sería justo

que les haya explicado la importancia de votar

y ahora no las deje.

Pues que empiecen votando el menú de la cena,

pero no algo tan crucial.

¿Tienes miedo de que no te voten?

¿No serás tú la que tienes miedo a perder

en la votación de las maestras y por eso acudes a las niñas?

Sé que amas tu trabajo. ¿Me puedes decir por qué?

Porque este trabajo es una parte muy importante de mi vida.

Porque, prácticamente, fundé esta academia con tu madre.

Por eso.

Y por lo que lo amo yo, Ángela y todas las demás.

Es por ellas,

Luisa, por las niñas.

Ellas son la academia.

Mira,

si te parece, para que sea justo,

propongo que su voto cuente un tercio.

Dime, ¿aceptas que voten?

Voy a retirar las sillas.

Enhorabuena por tu discurso.

Gracias. Espero que sirva de algo.

Has sido muy valiente.

Tus compañeras sabrán apreciarlo.

Eso espero.

Teresa, yo quiero que te quedes.

(SONRÍE)

Ahora que has conseguido que las alumnas podáis votar,

es posible que las elecciones estén más reñidas.

Con ellas nunca se sabe.

He conseguido que puedan votar, pero que voten o no

y a quién voten, no depende de mí.

Claro.

-"Menudo numerito"

que ha montado Margarita.

Hace lo que sea por pelotear a las maestras.

-A mí me ha gustado que dijera que puedo ser la próxima Marie Curie.

-¿Alguien me explica esto? -Yo no pienso votar.

¿Para qué? Gane quien gane, nos van a jorobar igual.

-Ya te digo. -Pues yo sí voy a votar.

Me hace ilusión decir que he votado antes que mi madre.

-¿Vas a seguirle el juego a Margarita?

-Yo también voy a votar.

Votaré por Manuela.

-Ya, pero si gana Manuela, Luisa va a estar insoportable.

Pero si pierde, pobre Manuela.

-Pues entonces, vota. A quien sea, pero vota.

-Yo no voto para que Manuela sea la directora,

voto para que Teresa no se vaya.

Yo la metí en este lío.

Tienes que ganar las elecciones

y quitarme las preocupaciones de la cabeza.

Ya. ¿Qué pasa?

Las alumnas han solicitado que las dejen votar.

Y tu hija ha aceptado.

Madre del amor hermoso. ¿Y tú?

¿Yo?

¿Qué puedo hacer yo, Manuela?

La decisión está en manos de tu hija.

Es la directora. Tú la colocaste ahí, no yo.

No te me pongas digna,

que la quieres casi como si fuera tu hija.

Sí.

Pero eso nada tiene que ver con su capacidad para asumir ese cargo.

No te veo muy convencida.

Mira, una cosa te digo:

eso de que voten las alumnas demuestra que sí ha salido lista.

Desde luego que sí.

Ahora tiene más posibilidades.

Por lo menos ha heredado alguno de mis genes.

¿Qué, lo dejamos estar?

Estoy pensando.

¿Nerviosa?

Tengo un nudo en el estómago...

Ni siquiera Ángela tiene claro si va a votarme.

Bueno, tú caes mucho mejor a las niñas que Luisa.

De aquí a Lima. A ver si votan, ¿no?

(Se abre una puerta)

Teresa, está aquí la Guardia Civil. Quieren hablar contigo.

(CHISTA)

¿Vosotras sabéis de que se trata? Será por lo del periódico.

Se lo repito las veces que haga falta,

yo no he estado en Portugal en mi vida.

¿Me niega que usted coincide con este retrato?

Coincido yo y media población femenina.

¿Dónde estaba usted el dos de agosto?

Déjeme pensar.

Piense, piense.

Eso fue antes de venir a Sevilla. Estaba en Madrid. En Madrid.

¿Está segura que no conoce a la víctima?

Caballeros, entiendo que están haciendo su trabajo

y, lo respeto mucho, pero ya he respondido a todas sus preguntas.

Están perdiendo el tiempo, me lo hacen perder a mí,

han interrumpido las clases...

Le sugiero que no salga de Sevilla. Claro.

Buenos días.

Buenos días.

Que vuelvan a sus clases. Se acabó el espectáculo.

Ha sido un malentendido. Está todo aclarado.

Esto no te ayudará en las elecciones, ¿no?

Ya pasará.

Lo siento.

-No encuentro palabras para agradecer la generosidad

que siempre tiene su familia.

-Lo hago encantada.

Ya sabe el aprecio que le tenemos a esta parroquia

desde que llegamos a Sevilla.

-Y esta parroquia, a los Martín Casado,

siempre le estará agradecida.

-Ahora que lo dice, padre, con su permiso,

me gustaría pedirle algo.

Dios sabe lo que me cuesta pedirle un favor a su eminencia,

pero es importante. -Lo que necesite.

-Las elecciones en mi academia, que me tienen muy preocupada.

Usted sabe lo que he luchado por su buen nombre,

aquí y en toda España.

Estamos de acuerdo los dos que no es de señoritas votar.

Y espero que no lo hagan.

Pero si las niñas van a votar,

usted podría visitar a sus familias para que con su consejo y la ayuda

del Todopoderoso, hagan lo correcto.

¿Arcadio?

(SOPLA)

Roberta, que lo siento.

-¿Sabes?

Me sorprendiste en el debate.

Lo que hiciste me parecía más propio de mí, que de ti.

-Ya, pues lo hice yo.

¿Te das cuenta que lo mismo se va Teresa por nuestra culpa?

¿Me perdonas entonces?

-No te hagas ilusiones, que no vamos a ser amigas.

Buenas noches, madre.

Hola, hijo. ¿Cómo estás? Te he hecho más compra,

que mañana no puedo venir. Una gran idea.

¿Ah, sí?

Tú quieres que me ponga a trabajar, ¿no?

Claro, hijo. Te vendrá bien ganar tu propio dinero.

Entonces esperaré a que ganes las elecciones

para que me coloque en la academia.

¿Cómo?

Que cuando sea la directora, me meta a trabajar allí.

No. Yo no puedo hacer eso.

Yo misma he acusado a Manuela de haber conseguido el puesto

por sus apellidos, no sería justo que...

Pero Manuela es Manuela y, yo soy tu hijo.

Y tú quieres lo mejor para mí, ¿no?

Deja,...

que ya la coloco yo.

Buenos días. Buenos días.

Bueno,

pues allá vamos. ¿Y Ángela?

No sé.

Buenos días. -Buenos días.

Buenos días. Buenos días.

Pues con ellas, ya han votado todas las maestras.

No me puedo creer que solo vaya a votar Margarita.

A mis padres les llamó su párroco y, me han dejado muy claro

que no quieren que vote. -¿Y qué vas a hacer?

-No lo sé.

Si ha votado Roberta, votarán las demás.

Mis padres me dicen que no vote, las maestras que sí.

Haré lo que me dé la gana.

Buenos días.

Buenos días.

No puedo desobedecer a mis padres, ¿no?

¿Tú qué vas a hacer?

-Tengo hambre.

Todavía quedan dos horas. Las niñas lo dejan todo para el final.

Hola. Buenos días.

Buenos días, María Jesús.

Buenos días.

Gracias.

Bueno... Solo han votado siete.

Creo que da igual a quien votemos, porque va a seguir todo igual.

-Dame una.

-Y lo mismo piensan las demás, que conste.

-Qué rica.

Con vuestro permiso, queda cerrada la mesa electoral.

Luisa.

Luisa.

Luisa.

Luisa.

Luisa.

Manuela.

Luisa.

Luisa.

Manuela.

Luisa.

Luisa.

Manuela.

Luisa.

Luisa.

Luisa. Para.

Para de contar.

Me retiro.

¿Cómo?

Luisa, pero si vas ganando. No.

Me retiro. Enhorabuena, Manuela.

(LLORA)

¿Ha pasado algo con Arcadio?

Arcadio se ha empeñado en que le coloque en la academia si gano,

y, yo no puedo hacer eso.

Podrías aceptar tu victoria y decirle que no lo vas a hacer.

No.

Gracias.

Es mejor que las cosas se queden como están.

Ese ramo es mío.

-¿Es usted la señorita Flavia Cardesa González?

-Sí. Muchas gracias.

-¡Flavia! ¡Flavia!

-¿Qué haces aquí? Iba a leer la nota.

Gracias por el ramo, es precioso.

-Ese ramo no es mío.

-Pues será de mis abuelos, por mi cumpleaños.

-Tu cumpleaños ya fue.

-Pero como no me mandaron nada, no sé.

-Bueno, lee la nota, ¿no?

-¿Lo ves?

(LEE) "De tus abuelos que te quieren. Felicidades, Flavia".

¿Nos vemos esta noche donde siempre?

Vaya sorpresa lo de Luisa, no me lo esperaba.

A ver si este toque de atención

te sirve para reconsiderar alguna de tus decisiones.

¿Se refiere a la continuidad de Teresa? Va a seguir con nosotros.

A la Guardia Civil le quedó muy claro

que Teresa no tenía nada que ver con la asesina del periódico.

Espero que a usted también le quede claro y no vuelva a llamarles.

¿Yo? ¿Que les llame yo? Dios me libre.

¿Por qué le cuesta tanto apoyarme?

Me ha costado media vida levantar esta academia.

No pienso permitir que la hundas.

¿Y por qué me dejó la dirección? Porque no tengo más hijas.

Buenos días, Carmina.

¿Y si dimito? Ni se te ocurra.

¿Por qué no? He perdido la confianza de todo el mundo:

de las maestras, de los padres,

de mi propia madre...

Pero tienes la de las alumnas, aunque no hayan votado.

Y por supuesto, la mía.

Quédate con eso.

Si es que, no he conseguido estimularlas nada.

No he conseguido inspirarlas ni siquiera un poquito para que voten.

Igual yo no valgo para esto. Tú vales mucho.

Es imposible abrirles los ojos en dos minutos.

Vas a hacer grandes cosas en esta academia.

Confía en mí, pero sobre todo confía en ti.

Esto se basa en la confianza mutua, ¿verdad?

Dime, por favor, que esta no eres tú.

Te lo juro.

Te lo juro.

Gracias.

"En un evento como el Baile del Otoño, la imagen lo es todo".

"Hay que lucir una gran sonrisa".

Una cara larga sería

"una falta de respeto".

"Reír eternamente, guardar las formas,

ser la más guapa, la más feliz,"

es una mentira.

No quiero ir al baile.

-"Roberta se ha encerrado".

"Debemos asegurarnos que nuestras parejas pasen una buena noche".

Estás preciosa. Hacía tiempo que no me lo decías.

-¿Cuándo os animáis? Cuando Dios quiera.

"Los hijos son una bendición".

-"Una familia preciosa, un trabajo vocacional,

debes sentirte afortunada".

"Siempre nos han dicho cómo comportarnos, y lo hemos aceptado".

(GRITAN)

"Mujeres siempre dedicadas a sus tareas,

nunca enfadadas ni sobrepasadas".

Después de las elecciones, es como si estuviera

en mi cargo de prestado.

"Las niñas cambian la obra de teatro, deciden

cómo ha de ser el baile...".

-¿Tienes pareja para ir al baile? -No.

-"Pues ya sí".

-¡No, eso no fue lo que pasó!

A tu cuarto, Roberta.

"¿Te acuerdas de mí? Nos conocimos en la embajada de Lisboa".

¿Qué haces aquí? Vengo a buscarte.

"Llorar,... Sonríe".

sentíos tristes".

Ya nada está bien. Suéltame.

"La imagen que dais es lamentable".

(LLORA)

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La otra mirada - Capítulo 2: 'Un voto de confianza'

02 may 2018

El claustro de profesoras se ve envuelto en una crisis en la que Manuela pone su cargo de directora a disposición de un referéndum. Sin pensarlo ni un minuto, Luisa decide presentarse como candidata y se convierte en la principal rival de Manuela por la dirección del centro. De esta manera, alumnas y profesoras se ven envueltas en una confrontación de ideas, sobre todo porque las chicas quieren hacer valer sus derechos y poder votar en el referéndum. Sin embargo, Luisa tiene sus propios problemas en casa con su hijo Arcadio, un holgazán que trata a su madre como si fuera una esclava. Por otra parte, Roberta tiene que afrontar las consecuencias tras haberse escapado de la academia, mientras que Flavia oculta a todas sus compañeras el romance que mantiene con el hermano menor de los Peralta: Tomás.

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