La noche temática
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La noche temática

Los sábados en la 23:00 h.

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Dirigido por: Cecilia Fernández

La Noche Temática comenzó su andadura en La 2 de TVE en octubre de 1995. A lo largo de su trayectoria, el programa ha conseguido unos índices de audiencia muy por encima de la media de la cadena y una aceptación por parte del telespectador que se ha mantenido prácticamente inalterable en el transcurso de los años.

La Noche Temática utiliza un formato poco habitual en la programación de las televisiones generalistas. Un formato interesante y distinto, abordar un mismo asunto desde distintas ópticas en una combinación de documentales, apoyado en ocasiones con largometrajes. Un espacio abierto a todos los conocimientos, que explora todas las corrientes de ideas, abierto a la innovación y al cambio.

Los contenidos de los documentales de La Noche Temática facilitan una mirada a los acontecimientos que han marcado el último siglo y a los asuntos que marcan las tendencias del actual. El programa invita cada semana al telespectador a perfeccionar sus conocimientos, a analizar los más importantes acontecimientos de la historia, a profundizar en los temas sociales, a conocer a fondo personajes relevantes, a descubrir otros horizontes y a entender otras culturas.

El equipo del programa utiliza una gran parte de sus recursos e infraestructuras en la búsqueda de las mejores piezas documentales que existen en el mercado mundial para proponer al espectador tanto obras originales como obras de patrimonio, nuevos talentos y valores seguros, formas sorprendentes y formas clásicas.

Este contenido solo está disponible para España y Andorra por restricciones de derechos.

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No recomendado para menores de 12 años La noche temática - La máquina de la adicción - ver ahora
Transcripción completa

Subtitulación realizada por TVE

En Australia, somos jugadores habituales.

La gente viene todos los días.

Para jugar basta con pulsar un botón,...

y tienes veinticinco líneas.

Están aquí para divertirse.

Las máquinas tragaperras.

En poco más de cincuenta años,

han pasado de ser ilegales a estar en todas partes.

Hay más de doscientas mil máquinas repartidas entre nuestras ciudades,

barrios residenciales y pueblos.

Seguimos jugando...

y seguimos perdiendo.

Doce mil millones de dólares al año.

Me dan ganas de coger a los jugadores y decirles:

¿Por qué seguís jugando? Os están robando.

¿Qué impulsa a la gente a seguir jugando?

Iremos detrás de las luces rutilantes

y preguntaremos si somos nosotros, o la máquina.

Tendemos a pensar que se juega a las tragaperras

para conseguir el bote,

pero las probabilidades de ganar son inferiores

a las de casi cualquier otro tipo de juego de azar.

Entonces, ¿las máquinas de póker proporcionan algo más?

Las máquinas tragaperras han sido denominadas el crack del juego,

la morfina electrónica.

Yo estuve en una nebulosa durante casi veinte años.

Con la ayuda de la neurociencia moderna

y de un mago de las matemáticas,

“¿Habrán creado los diseñadores la máquina de la adicción perfecta?

Las primeras máquinas de póker o tragaperras,

parecían ejercer un extraño poder

para separar a la gente de su dinero.

Bandidos armados.

Inventadas en Estados Unidos,

en los años treinta fueron prohibidas en todos los estados,

excepto Nevada.

Pero hubo otro lugar donde se declararon, legales en 1956

Nueva Gales del Sur, Australia.

Clubs comunitarios y deportivos obtuvieron el derecho exclusivo

para operar con máquinas tragaperras,

y pronto estaban nadando en dinero.

Hay baile varias noches a la semana, y squash, golf y snooker.

Muchos de estos clubs han evolucionado

para convertirse en algo totalmente diferente.

Mini casinos, repartidos por todos nuestros barrios residenciales.

Hemos crecido; tenemos unos siete restaurantes,

Hacemos eventos.

Intentamos ser locales de lujo.

Con un equipamiento de diseño.

Y tenemos trescientas treinta y dos máquinas tragaperras.

Durante décadas,

un club de Nueva Gales del Sur fue el único lugar de Australia

donde se podía jugar con máquinas de póker.

En Sídney, Len Ainsworth,

se convirtió en uno de los mayores fabricantes del mundo.

¿Cuál es la atracción de estos aparatos?

¿Por qué le gusta jugar a la gente?

-Bueno, puedes ganar dinero.

-¿Con una máquina de póker? -Por supuesto.

-¿Si tienes el método, el sistema?

-No, no se trata de eso.

Recuperas un promedio del noventa por ciento de tu apuestas,

y si consigues tener una racha ganadora,

irás muy por delante en ganancias.

Y entonces ese es, por supuesto, el momento de retirarse.

-Entonces, ¿su consejo al jugador sería saber cuándo parar?

-Saber cuando parar, sí.

Decidí entrar en la política, trabajando también como psicóloga,

y disfruté enormemente.

Como miembros del Parlamento fuimos presionados durante años

por los fabricantes de máquinas de póker,

que querían introducirlas aquí.

Yo era jefa del grupo parlamentario.

Así que terminé hablando a favor de su introducción.

Todo el mundo se sintió muy aliviado

al dejar de estar en bancarrota.

En los años 90, se abrieron las compuertas,

las máquinas de póker entraron en pubs y clubs de cada estado,

excepto Australia Occidental.

Cuando tocábamos rock and roll,

veías cada vez más máquinas de póker en los pubs y hoteles.

Atrayendo cada vez más gente para hacer caja.

-¿Cuanto dinero tenéis para gastar hoy?

Oh, es fantástico.

Empezaron a desembocar ríos de dinero en las arcas del estado.

Los gobiernos se volvieron adictos a los ingresos impositivos.

Nos habíamos convertido en el país de las tragaperras.

Nadie se manifestaba a favor de las máquinas de póker.

De hecho, sucedía todo lo contrario.

Entre el setenta y cinco y el ochenta por ciento de la población

piensa que deben ser prohibidas de nuevo.

-Cuando aparecieron las tragaperras, personas de mi iglesia,

que no tenían ningún problema de adicción...,

...de repente, empezaron a contarme historias

acerca de cómo estaban gastando demasiado dinero.

Algunos delinquieron, perdieron negocios, matrimonios, casas...

y recuerdo que pensaba: “¿Qué es esto?”

Las máquinas de póker modernas eran muy diferentes

a los primeros modelos mecánicos.

Transformados por la introducción de las pantallas de vídeo

y los chips informáticos,

los rodillos se habían vuelto virtuales,

manteniendo la fantasía de los rodillos giratorios,

pero dejando las probabilidades

y todos los trucos del juego en manos de los diseñadores.

Las monedas se convirtieron en billetes,

o incluso en tiques electrónicos.

Eran mucho más rápidas que cualquier otro tipo de juego de azar.

Los botones te permitían apostar cada tres segundos,

hasta diez dólares por jugada,

o lo que es lo mismo,

mil doscientos dólares a la hora.

En otros países,

estas máquinas de alta intensidad suelen limitarse a los casinos.

Aquí, estaban en los pubs locales.

A principios de los años 90,

iba a las grandes ferias de juegos de azar en Las Vegas,

y los australianos eran los reyes del evento.

Era la compañía Aristócrat

y realmente parecían aristócratas,

porque todo el mundo los seguía de un lado a otro.

Diseñaron unas máquinas increíblemente complejas,

con las que no sabías realmente si estabas ganando.

Eran máquinas multilínea.

-¿Cuál es el secreto del éxito?

Crear un producto superior a los demás.

-Mi madre me llamaba suertuda todo el tiempo.

Decía que era la persona con más suerte del mundo.

Cuando tenía dieciocho años,

gané cincuenta mil dólares con un rasca,

y aquello fue definitivo para mí,

estaba claro que era una persona con suerte.

Me compré una casa, y fue la casa que perdí.

Yo era una madre ejemplar.

Luego, nos divorciamos y se acabó todo.

Por desgracia, las máquinas tragaperras estaban allí

los fines de semana,

cuando no tenía a mis hijos,

así que no estaba sola;

me arreglaba y tenía la sensación de que iba a salir.

Tenía cigarrillos, un vaso de vino,

colocaba las piernas sobre la máquina,

y me sentía como en el paraíso.

Pero empecé a sentir una inquietud que se apoderó totalmente de mí.

Cuando quise darme cuenta, estaba totalmente atrapada.

Hace ya diez años que no juego,

y soy la directora del grupo Pokies Anonymous.

Alrededor de doscientos mil australianos

están pasando por dificultades a causa de estas máquinas.

Son la columna vertebral de la industria de las tragaperras,

proporcionando el sesenta por ciento de sus beneficios.

¿Qué hay en estas máquinas que atrapa de tal manera a la gente?

La industria en Australia es muy hermética;

así que visitamos el centro espiritual de las tragaperras:

Las Vegas.

Lejos del mundanal ruido, en el extrarradio,

uno de sus creadores nos recibió encantado.

Llevo en el negocio del juego unos veinticinco años.

Somos los creadores,

somos niños que nunca hemos madurado.

Tengo cincuenta y cinco años,

y juego dos horas de X-Box al día,

como mínimo.

Por ejemplo, el juego que estamos viendo aquí se titula Súper Pollo.

Es para bares y tabernas

a lo largo de Chesapeake Beach y Maryland.

Detrás, muy cerca de Chesapeake Beach,

hay una especie de zona de granjas rurales,

por eso se nos ocurrió la idea de crear un juego basado en un pollo,

un súper pollo.

No es Superman, no es un pollo, es Súper Pollo,

y básicamente hay muchos desplumes,

tiene muchos...

los bonos están basados en la eclosión de los pollitos.

Tiene que haber algo que los atraiga hacia las máquinas,

y para eso están los gráficos.

Ahora son imágenes animadas,

extienden los brazos y emiten sonidos...

unos sonidos extraños, increíbles,

y el jugador se queda como: “oh, esto es increíble”.

Imágenes de historias de aventuras,

con corceles árabes, con las pirámides;

son aquellas historias que leíamos en la infancia,

y que estaban llenas de aventuras.

Están dirigidas al niño, a nuestro niño interior.

Yo empecé en Australia, trabajando para Aristocrat,

y acabé aquí, en Las Vegas, hace tres años.

Suelo pensar en los juegos como pequeñas películas,

pequeñas historias.

Porque es como una película, en la que tienes una escena

que se repite una y otra vez.

Me gusta que el personaje tenga carácter, una mirada potente.

Cuando vas a decidir a qué clase de juego vas a jugar,

si el personaje te mira fijamente puede hacer que te detengas ahí.

Este es el mejor juego de nuestro estudio.

Con una bonita iconografía del desierto australiano:

el perro pastor ganadero,

y el hombre solitario en la carretera.

-Cuando tenía 17 años,

un amigo me llevó al club social de la zona.

No me pareció nada especial,

entré, eché unos dólares,

y ya la primera vez que jugué conseguí un bono.

Cuando el coche cruza la pantalla, algo bueno va a suceder.

Entonces, pulsas el botón,

y el coche atraviesa la pantalla.

-Luces, bien, todo marchaba de maravilla.

Y entonces, el dinero empezó a aumentar...,

a crecer.

Es como du, du, du, du, du,

como si alguien te gritara que vas a ganar dinero.

-Compuse música para máquinas de póker

durante unos cinco años.

Se trata de mantener la atención del jugador en la máquina.

No te interesa que se abstraiga y empiecen a pensar en cosas de casa,

en cosas negativas que puedan estar sucediendo en su vida.

Obviamente, hay gente que tiene problemas con el juego,

que pueden conllevar sentimientos de culpa y ese tipo de cosas.

Pero puedes reconducir eso con música positiva

que sea para ellos,

una especie de escape.

Todo compuesto en clave mayor.

Así que el sonido es optimista.

Si pierdes, no habrá sonido,

porque no interesa enfatizar que has perdido,

así que no sonará un pitido o...

Y cuando ganas...:

monedas, gente vitoreando.

Y al final, da, da, da, da, da... da.

Se sienten bien por lo que han conseguido....

y siguen jugando.

En el siglo XIX,

el científico ruso Iván Pávlov descubrió algo extraordinario.

Si hacías sonar un metrónomo o una campana

cada vez que dabas de comer a un perro,

simplemente el sonido hacía que el animal comenzara a salivar.

Se asocia premio a un sonido en particular,

y las máquinas de póker hacen exactamente lo mismo.

Si entramos en un gran salón recreativo,

donde hay cientos de ellas,

comprobaremos que están sonando campanas y pitidos constantemente.

Esto explica en parte

por qué los grandes salones ganan mucho más dinero por máquina

El refuerzo es casi constante.

El doctor Kevin Harrigan, residente en Ontario, Canadá,

es pionero en la investigación de nuestras respuestas biológicas

ante las máquinas de póker.

Tiene una frecuencia cardíaca muy estable.

Estos electrodos van a registrar el sudor de tu dedo,

lo que nos permitirá medir la excitación que vas a sentir.

-Bien.

-La primera información que nos llega es que la máquina

emite constantemente sonidos positivos.

Incluso cuando introduces un billete de veinte suena casi como un premio.

Es increíble, ganas algo casi cada dos giros.

Si el fabricante hiciera eso con demasiada frecuencia,

perdería dinero;

así que la pregunta es:

¿cómo se las arreglan para dar tantas ganancias”.

Es lo que llamamos pérdidas de ganancias.

Muchos de los premios de las máquinas tragaperras modernas

son en realidad pérdidas netas.

De manera que apuestas un dólar, y recuperas treinta céntimos,

así que tienes una pérdida neta de setenta céntimos;

pero la máquina celebra la ganancia de treinta céntimos

con gráficos y sonidos.

Eso ha sido un gran premio.

Esa ha sido una pérdida disfrazada de ganancia,

con una respuesta eufórica.

Curiosamente, descubrimos que la reacción corporal te está diciendo

que estás ganando mucho dinero.

Estas máquinas trabajan en niveles más profundos de nuestro cerebro.

En la década de 1950,

el psicólogo estadounidense BF Skinner

observó el comportamiento animal

para intentar comprender el comportamiento humano.

Skinner entrenó a una rata para que al presionar una palanca

y obtener así bolas de comida.

Si las recibía a intervalos regulares,

solo presionaba cuando tenía hambre.

Pero si se le servía el alimento de forma arbitraria,

si la rata no sabía cuándo iba a recibirlo,

presionaba la palanca una vez, otra vez y otra vez.

El experimento funcionaba con palomas

y también con humanos.

Hay un buen ejemplo de cómo se puede pasar del caso de la paloma

y es gracias a un programa realmente eficaz:

el programa de razón variable, con el que funcionan

todas las máquinas tragaperras.

En la época de Skinner,

los premios los determinaba el lugar donde se detenía el rodillo mecánico.

Pero desde que se impusieron los rodillos virtuales,

el lugar donde se detienen está en manos de los diseñadores.

Si cogemos el juego del Súper Pollo,

tal y como lo verá un jugador,

y le colocamos encima las fórmulas matemáticas,

así es como se juega en realidad.

Yo podría eliminar los gráficos, y el sonido

y permitir que la persona juegue en una hoja de Excell,

y el resultado sería el mismo,

pero no sería divertido.

No mostramos las matemáticas, pero son la esencia del juego.

Ese es nuestro producto.

No importa cuál sea tu trabajo,

ya sea diseñar máquinas tragaperras o cortar hierba,

creo que uno debe estar orgulloso de lo que hace,

y hacer su trabajo lo mejor posible.

Me llamo Michael Shackleford,

más conocido como el Mago de las Probabilidades.

Las grandes empresas de máquinas tragaperras

tienen grandes departamentos de matemáticas.

Hay muy poca gente que trabaja como autónoma, como yo.

Estoy observando un juego que titulé “Carros Dorados”.

Tengo entendido que Marcus, el cliente, lo ha rediseñado,

convirtiéndolo en un juego que se llama Súper Pollo,

pero el tema del juego no es importante para mí,

lo importante son las matemáticas y el diseño del juego.

Estas son las tiras de los rodillos.

El juego funciona de manera

que el mecanismo escogerá un número aleatorio

entre el uno y el ciento veintiocho en cada rodillo.

Hay ciento veintiocho elevado a cinco posiciones

donde los rodillos se pueden detener.

Imaginemos que el número aleatorio del segundo rodillo es 65,

entonces el rodillo se detendrá con el símbolo de bono en el centro,

con el arpa encima y el casco debajo.

Si consigues al menos tres símbolos de bono,

ganarás tres jugadas más.

El matemático recompensa al jugador lo suficiente para que siga jugando

mientras se asegura de que la máquina vaya siempre ganando,

de acuerdo a un cálculo denominado “porcentaje de retorno”.

Las tragaperras están diseñadas para devolver en torno

al noventa por ciento de tu dinero,

así con cada apuesta

estás dándole a la casa el diez por ciento, que es mucho.

A corto plazo, puede suceder cualquier cosa;

puedes perder mucho más o ganar mucho más.

Pero según las leyes matemáticas, en el largo plazo,

el porcentaje de retorno se aproximará más a ese diez por ciento.

¿Cómo son las máquinas tragaperras comparadas con otras formas

de juegos de azar?

Las otras formas son en general mucho mejores.

Las mejores apuestas son los dados, el blackjack

y el video póker.

La ganancia de la casa en la mayoría de los casinos oscila

entre el uno y el dos por ciento,

mientras que en las máquinas de póker oscila

entre el diez y el trece por ciento.

Cuando diseño una tragaperras,

una pregunta que le hago siempre a mi cliente si no me lo ha comunicado,

es que porcentaje de retorno quiere que aplique,

y normalmente el cliente me da una cifra;

digamos que el noventa y tres por ciento;

pero a veces no está seguro, y entonces le pregunto:

“¿Quiere usted esquilar a la oveja o quiere degollarla?”.

Si el cliente contesta: “Quiero degollarla”,

entonces yo puedo responder:

“Estableceremos el ochenta y cinco por ciento”.

Y si contesta: “No, solo quiero esquilar la oveja

y que sigan regresando”,

entonces les propongo el noventa y cinco

o incluso del noventa y siete por ciento.

En Australia las máquinas están prácticamente todas configuradas

entre el ochenta y cinco y el noventa y dos por ciento,

Siento mucha lástima por la gente que juega,

porque sé las pocas probabilidades que tienen.

He diseñado centenares de juegos y... lo siento,

pero son una apuesta pésima.

Aunque es la ganancia más alta de una casa con diferencia,

si un jugador perdiera solamente el diez por ciento de su dinero

cuando juega con máquinas tragaperras,

no sería ruinoso.

Pero, el problema es que si sigues jugando,

perderás todo tu dinero.

Imaginemos que ponemos cien dólares.

Aunque en el proceso hayamos ganado varias veces,

la máquina esta programada para devolvernos noventa dólares.

Ahora tenemos noventa dólares,

y la máquina está programada

para devolvernos el noventa por ciento de esa cantidad:

ochenta y un dólares.

Con ochenta y un dólares,

terminaremos con setenta y tres dólares,

y así sucesivamente.

Hasta que hayamos perdido nuestro último dólar.

La casa gana.

Cuanto más tiempo juegue, menos ganaré.

Si salgo hoy y juego, puede que gane.

Si juego todos los días, perderé.

No hay posibilidades.

Está diseñado así.

No sería capaz de decirle cuanto dinero he perdido.

Yo diría que fácilmente más de cien mil dólares.

Y la cifra podría ser incluso mayor.

Siempre piensas que la máquina va a ser tu amiga,

y se va a poner de tu lado.

Cuando ganas no puedes escapar.

Aunque tuviera mil dólares en una máquina,

no sería capaz de coger la mitad e irme de compras,

o poner gasolina en mi coche.

Me quedaría ahí,

no sería capaz de marcharme,

me quedaría ahí sentado hasta perderlo todo.

Jugaría mientras pudiera.

Una cosa que me sorprendió al principio de mi investigación

es algo que los jugadores repetían constantemente, decían:

“Es muy extraño, pero a veces, cuando gano un bote me pongo muy tenso,

me siento frustrado, me enfurezco”;

y yo les preguntaba:

“¿Por qué? ¿Cómo explicas eso?”

“Porque la verdadera razón por la que me siento ahí

es para seguir jugando”.

En la década de 1950,

los investigadores James Olds y Peter Milner

insertaron un electrodo en una región del cerebro de una rata,

que posteriormente fue denominada “el centro del placer”.

Las ratas podían autoadministrarse una corriente eléctrica

sobre esa región presionando una palanca.

La sensación era tan placentera,

que soportaban el dolor de pasar por una rejilla eléctrica

para poder recibir su descarga.

La rata ignoraba la comida y la bebida

y continuaba presionando la palanca hasta que moría de agotamiento.

Hasta que se llevó a cabo aquel experimento,

nadie había imaginado

que la estimulación de una parte del cerebro

podía anular la voluntad de vivir.

Pasarían décadas antes de que comprendiéramos

cómo era la poderosa sustancia química cerebral

que impulsa este comportamiento.

A principios de los años noventa,

Wolfram Schultz realizó descubrimientos clave

acerca de la dopamina.

Yo no veo una gran diferencia entre el cerebro humano

y el de los animales.

El comportamiento humano es simplemente

la expresión de lo que necesitamos hacer para sobrevivir.

Midiendo la dopamina en monos,

el equipo de Wolfram tuvo una revelación.

Estábamos en el laboratorio,

y había una caja de comida delante del animal.

Le mostramos un trocito de manzana,

y de repente sus nervios se desataron.

La placentera sustancia química Dopamina

estaba señalando al cerebro una recompensa.

Pero cuando el mono se dio cuenta de que la recompensa iba a llegar,

las neuronas de dopamina se desactivaron.

Si sabían que la recompensa estaba al llegar, no sucedía nada.

Pero cuando les dabas la recompensa repentinamente, perdían los estribos.

La dopamina se disparaba.

La clave es la sorpresa.

Y exactamente igual que con las ratas de Skinner:

la imprevisibilidad.

Con las máquinas de póker, nuestras neuronas de dopamina

se esfuerzan para predecir la recompensa,

para encontrar el patrón,

para decodificar la lógica de la suerte.

Forma parte de la propia naturaleza del ser humano

buscar que las cosas ocurran con cierto orden.

Y las tragaperras son aleatorias,

aunque a veces parecen manifestarse ciertos patrones.

Solía decirme a mí mismo

que no tenía ninguna posibilidad de ganar

hasta que no me saliera ningún indio.

A veces, tenía que esperar veinte, treinta, cuarenta giros

y entonces pensaba:

“¿Todo esto que me pasa es mental, o qué?

Vale, ahora ya lo tengo, no puede faltar mucho”.

-Cuando juegue con tragaperras,

probablemente utilizaré mi tendencia humana innata

para intentar descubrir un patrón.

En estas máquinas no hay patrón,

y las neuronas de dopamina estarán más activas

cuanto menos exista un patrón.

Todas las drogas adictivas aumentan la liberación de dopamina.

De manera que si estimulas las neuronas de dopamina,

estás a medio camino en la ruta a la adicción.

A algunas personas les cuesta entender

que una máquina pueda ser adictiva;

asocian la adicción a sustancias que se inhalan o se introducen

en el organismo.

Pero muchos neurocientíficos modernos pueden decirte cosas

como que el juego y estas adicciones procesales

se están aceptando como una forma pura de adicción,

porque nos abren una ventana directa a los cambios químicos

que se producen en el cerebro.

La primera vez que jugué no sabía que te podías enganchar.

Pensaba que podía ser una actividad esporádica

Lo había visto hacer cuando era pequeño

y nunca pensé que pudiera perjudicarme.

No sé por qué, pero me gustaba.

Algunas personas son más propensas a la adicción.

Igual que hay personas con ojos azules, o grises.

Es sólo una variación natural en el color de los ojos.

Algunas personas liberan más dopamina,

o tienen más neuronas post-sinápticas que son más sensibles a la dopamina,

o tienen un mecanismo de aprendizaje más fuerte

que podría explicar por qué se vuelven adictas.

Vuelves a jugar al día siguiente

porque necesitas vivir esa sensación otra vez.

A veces estaba desesperada por introducir esa primera moneda.

Casi temblaba de ansiedad antes de hacerlo y empezar de nuevo.

La técnica de la resonancia magnética

permitió por fin observar en mayor profundidad

el interior del cerebro hasta el núcleo accumbens,

donde se produce la dopamina.

Queríamos estudiar el sistema de recompensa.

En los animales se localizaron fuertes implicaciones fundamentales

para explicar comportamientos semi-adictivos.

Para observar la dopamina en acción,

Hans y su equipo diseñaron un experimento

en el que administraban cocaína a un adicto.

La zona de color rojo con un pequeño punto amarillo

está situada justo en el núcleo accumbens.

Sin embargo, la dopamina no era liberada únicamente

cuando la cocaína llegaba al cerebro.

El núcleo accumbens,

nuestro sistema de recompensa,

se activaba anticipadamente.

La liberación de dopamina era estimulada,

no sólo por una recompensa inesperada,

sino también por la anticipación de dicha recompensa.

Entonces nos planteamos una pregunta:

¿Qué otras cosas, aparte de las drogas,

podrían activar el sistema de recompensa?

¿Podría activarlo también un juego de azar?

En el siguiente experimento,

los sujetos apostaban en un juego de ruleta.

No habíamos previsto que los drogadictos

que anticipan una dosis de cocaína

tendrían el mismo aspecto que los individuos sanos

cuando anticipan una recompensa monetaria.

La anticipación es fundamental a la hora de experimentar una recompensa.

Cuando estamos ante una tragaperras

es una especie de vivencia reiterativa

de esa experiencia de anticipación.

Somos como ratas que presionamos constantemente un botón

para obtener una pequeña sacudida en nuestro sistema de recompensa.

La dopamina que liberamos en la etapa de anticipación del juego,

se ha incorporado en el diseño de las máquinas.

Cuando comenzamos a estudiar los juegos de las máquinas,

tuvimos un poco de suerte,

porque pudimos acceder a algunos documentos sobre su diseño.

Nos dejó atónitos.

Es lo que la gente llama un fallo por poco.

El símbolo del bote, el símbolo del bote,

y el símbolo justo por encima o por debajo de la línea de pago.

Es el símbolo en el primer rodillo; muy bien.

Lo ves en el segundo; muy bien.

Y no lo ves en el tercer rodillo. Y dices, "vaya".

Soy un estúpido por jugar,

pero me doy cuenta de ciertas cosas.

Por ejemplo, de las secuencias que se producen en las máquinas

Falta siempre un símbolo en un lado, o en otro lado.

Siempre donde lo necesitas.

Y el proceso se repite siempre.

Los fabricantes crean “fallos por poco”

hasta doce veces más de lo que ocurriría por puro azar.

En otros juegos de azar no ocurre lo mismo.

Si juegas a los dados,

el dado tiene que ser justo.

Si juegas a las cartas,

tiene que haber trece cartas y cuatro palos.

¿Quiénes alrededor de una mesa permitieron

que pudieran suceder estas cosas?

Creo que no es ético tentar demasiado al jugador con “fallos por poco”,

mientras que todos los juegos que yo diseño,

a no ser que se me diga específicamente lo contrario,

tienen rodillos independientes.

A veces algún cliente me pide que haga algo que considero poco ético.

Y yo trato de disuadirle, pero en última instancia,

si el cliente insiste en hacer algo de cierta manera, lo hago.

Mi hija mayor desarrolló una enfermedad mental.

Era una chica muy inteligente.

Tenía trabajos fantásticos,

ganaba sueldos elevados y viajaba mucho.

Yo solía llevar a mi nieta al colegio.

Un día, al volver a casa, me fijé en un cartel de un hotel que decía:

“Desayuno gratuito”.

Cuando entré,

vi todas aquellas máquinas de póker, y pensé:

“Estas son las máquinas que traemos”.

Había montones.

Me quedé mirando las máquinas

y a la pobre gente que jugaba, y pensé:

¿Qué están haciendo?

¿Qué interés puede tener?

Estaban allí sentados, completamente inanes,

a las nueve de la mañana, echando dinero en aquellos chismes.

Parecía la actividad más tediosa del mundo.

Ese mismo día, quise comprobar por qué lo hacían.

Y eché mi primera moneda en una de ellas.

Y aunque fue un proceso paulatino,

todo comenzó a partir de ahí.

Al año siguiente, mi hija se quitó la vida.

Se dio de alta voluntariamente del hospital,

y dijo que no se haría daño,

pero cuando fui a verla,

me la encontré ahorcada en el garaje.

Estaba muerta.

Durante años,

esa imagen de mi hija se me aparecía constantemente delante de mí.

Y descubrí que las máquinas tragaperras...

me tranquilizaban.

Me confortaban.

Um... Me consolaban. Sí.

Era un lugar donde podías perderte;

un mundo donde todo lo demás no importaba.

Como una especie de hipnotismo.

Diez, nueve, ocho...

Entras en el salón de juego,

y después de pulsar el botón unas cuantas veces, estás ahí.

Estás en la zona.

Y piensas: “A lo mejor esta vez”,

y pulsas el botón.

“A lo mejor esta vez”, y pulsas.

Y en un momento dado, ganas un premio, muy bien.

Pero eso no es lo importante.

Y pulsas otra vez el botón.

Es solitario.

Me recuerda a lo que he leído sobre los antros de opio,

donde la gente se recuesta en pequeños colchones, fumando opio.

pero sienten tranquilidad y consuelo.

Las máquinas están diseñadas para mantener las cosas fluyendo.

Hay una cierta velocidad asociada al sonido de los rodillos.

Hay un cierto ritmo en el giro del rodillo,

y en la cadencia del rebote.

Todo está diseñado para mantener ese flujo,

y para estar anclado a esa máquina que no está necesariamente viva,

pero es muy vibrante.

Un diseñador me dijo:

“Queremos diseñar matemáticas

para que la gente se recline sobre ellas como en un cómodo sofá”.

Otro me dijo:

“A la gente le gusta desangrarse lentamente”.

Solo diseñan esos salones llamados “la zona”.

Al introducir mi moneda en esas máquinas

daba mi consentimiento para jugar,

pero no daba mi consentimiento para ser hipnotizada ilegalmente.

Y no despiertas hasta que miras en tu monedero,

y no te queda ningún billete que cambiar.

Y te entra el pánico.

No has pagado el recibo de la hipoteca,

tienes un aviso de que te van a cortar la luz,

y no tienes comida para tus hijos.

Intentas escabullirte sin que nadie se percate, pero no.

Yo lo llamaba el camino de la vergüenza.

Y luego, al día siguiente, no hay comida.

Y tampoco tienes televisión, ni nada por el estilo,

porque lo has empeñado todo.

No tienes absolutamente nada.

He hecho tanto daño a mi familia.

Y financieramente hablando,

no tengo nada que dejarles.

Escuché muchas veces la expresión “jugar hasta la extinción",

al final comprendí que lo que eso significaba

era jugar hasta el punto en el que un jugador

ha perdido todo lo que tiene para apostar.

Y ese es realmente el punto al que quieren que lleguen los jugadores.

Ni siquiera recuerdo haber salido del salón aquel día.

Recuerdo, que iba conduciendo por la carretera

con la única intención de matarme.

Pero, de repente, me encontré asaltando una tienda.

Utilicé un cuchillo.

Y antes de darme cuenta,

la policía estaba allí.

Recuerdo que el juez me dijo:

“No tiene usted aspecto de delincuente”.

Tuve la suerte de salir bien parada.

La secretaria del juzgado me dijo:

“Sé lo que siente.

Yo también tengo un problema con el juego”.

Hay doscientas mil máquinas en este país de tragaperras,

y las comunidades más pobres

son las que tienen la mayoría de las máquinas

y las que pierden más dinero.

Esta es una de las zonas de mayor crecimiento de Australia,

y un municipio bastante desfavorecido en general.

No hay demasiados pubs y bares,

pero todos los que hay tienen máquinas de póker.

Estamos llegando al Hotel Plough.

Los jugadores pierden aquí más de cincuenta mil dólares todos los días.

Ahí está.

Cada máquina ingresa más de doscientos mil dólares al año.

Es una competencia muy dura para los otros negocios.

A todos les iría mejor

si parte de esos dieciocho millones se gastaran en sus negocios.

Estamos en el oeste de Sydney,

con gente de muy distinta procedencia.

El inglés no es la primera lengua,

el nivel socioeconómico es bajo...

Así que muchos tienen dificultades.

Queremos que cuando la gente cruce el umbral de nuestro establecimiento

lo haga con la cabeza alta.

Los empleados se dirigen a ellos llamándolos señor o señora,

y se les trata con cortesía y respeto.

Muchos clientes no podrían permitirse los muebles y accesorios del club,

pero nuestro objetivo es ofrecérselos

No cobramos nada por entrar

y disfrutar de nuestro servicio de lujo.

Nos hicimos cargo del pub

con la idea de que fuera una casa pública.

Puedes traer al perro, a los niños...

Todo el mundo es bienvenido.

Y es una extensión de la comunidad.

Las tragaperras son el genio del mal,

o más bien la persona que las creó.

Aquí no se ven, quizá porque me avergüenza tenerlas.

Si entras en un bar pequeño

y le dices al dueño que puede ganar cien mil dólares al año

pulsando un botón,

es muy difícil no hacerlo.

El negocio es adicto a las tragaperras.

El juego representa una cantidad significativa de ingresos.

Aunque somos una organización sin ánimo de lucro,

tenemos que generar un beneficio.

En Fairfield RSL,

de los 26 millones de euros que ingresan anualmente,

cerca de 24 proceden de las máquinas de póker.

Cuanto más dinero generamos a través del juego,

más dinero podemos revertir en la comunidad,

podemos invertir en activos de la sociedad

y beneficiar a sus miembros.

De los ocho mil millones de pérdidas anuales

que a través de estas máquinas, ingresa la industria del juego,

alrededor de la mitad proviene de jugadores adictos.

Ese dinero va a parar a los clubs,

a los pubs,

a los casinos,

y a empresas como Woolworths y Coles,

que poseen, entre ambas, quince mil máquinas.

Pero los mayores adictos son los propios gobiernos

que con los impuestos a las tragaperras,

obtienen entre un cinco y un ocho por ciento de su presupuesto.

Hay que subvencionar escuelas y hospitales con los ingresos,

y el juego es parte de ello.

Todos los primeros ministros

que inicialmente se alinearon contra las máquinas tragaperras

-Bob Carr fue uno de ellos-,

fueron llevados aparte por el Tesoro

para enseñarles la enorme cantidad de ingresos que generaban;

Lo declaro inaugurado.

Es oro político, y completamente indoloro.

Pero se trata de una transferencia despiadada

de la riqueza de los sectores más deprimidos

a la industria del juego y al gobierno.

Hola, soy Matthew. -¿Qué tal?

-¿Peter...? -Garrett.

-Fuerzas estadounidenses... -Eso es.

Entré en política en el año 2004,

cuando los clubes estaban bien establecidos.

Antes de las elecciones fui a un acto con el resto de candidatos,

al que estaban invitados también representantes de clubs y hoteles.

Uno se acercó y me dijo:

“Estamos deseando apoyarte”.

Y me entregó un sobre que cogí inadvertidamente.

Pensé que sería algún tipo de folleto o algo por el estilo,

pero era un cheque,

y lo devolví.

Para mí fue una prueba evidente de que la conexión entre los clubs

y los hoteles, y la política, era muy íntima.

El gobierno y la industria dirigen una política conjunta

que desvía el foco de las máquinas,

y hace recaer en el individuo

la decisión de jugar con responsabilidad.

Todos creemos que debemos hacer más para ayudar a aquellos

que sufren una terrible aflicción.

Perjudica a los jugadores y a sus familias.

Pensamos que es un problema humano que necesita una solución humana.

Me consideraba la persona más estúpida del mundo.

¿Por qué no puedo parar de jugar,

estuve esperando a que abrieran las puertas a las nueve de la mañana,

y ya es tardísimo?.

Pero había otras personas allí conmigo,

y ellos, también habían estado esperando, a que abrieran.

Cuando oyes hablar de todo ese debate sobre el juego responsable,

y no sabes demasiado sobre el tema y lo que hay detrás, piensas:

¿Quién está en contra de la responsabilidad?

Pero tienes que entender

que se trata de una campaña orquestada de relaciones públicas.

Mientras simulan preocuparse por los jugadores,

lo que hacen es cargar la responsabilidad sobre los clientes

y eximir de ella al producto.

Mientras ponga un cartelito con los números de teléfonos gratuitos

a los que llamar si tengo algún problema con el juego,

ya he cumplido.

Se carga toda la responsabilidad sobre el jugador,

y no se presta la menor atención al funcionamiento de las máquinas,

y así el debate queda zanjado.

Hay pautas muy estrictas en torno a la forma en que servimos alcohol.

Tenemos que servirlo con responsabilidad.

No puedes servir a una persona hasta el punto de intoxicarla.

Tienes que pedirles que abandonen el local,

o de lo contrario te cae una buena multa.

Para excluir a una persona de la zona de juego de mi establecimiento,

tienen que llenar un formulario, enviarlo con una foto,

y esa foto me llega a mí.

Pero hasta ese momento,

son libres de jugar

hasta que su corazón o sus billeteras estén vacíos.

No soy irresponsable por naturaleza.

Pasé por una crisis muy profunda.

No trato de eludir mi grado de responsabilidad personal.

Tengo que asumirla.

Todos lo hacemos.

Pero... esas máquinas están tan poderosamente diseñadas,

que están diseñadas para crear adicción.

El Manual de trastornos mentales

ha sido la Biblia de la medicina psiquiátrica durante más de 60 años.

En su última edición,

publicada tras diez años de investigación,

la ludopatía se incluyó en el capítulo dedicado

al abuso de sustancias.

Era la primera vez en la historia que el Manual equiparaba

una “no sustancia” a la nicotina, la heroína y la cocaína.

Hay pruebas que demuestran

que la ludopatía produce síntomas de abstinencia

similares a los que vemos en algunos trastornos causados

por el consumo de sustancias.

A menudo, las personas ludópatas hacen repetidos

pero infructuosos intentos por reducir su tendencia a jugar.

Fracasa, y acaban jugando otra vez en las tragaperras.

A medida que estas pruebas se acumulaban,

un importante estudio independiente recomendaba cambiar las máquinas

para que la apuesta máxima en una máquina de póker

se redujera de diez dólares a un dólar.

También para que el límite de dinero en efectivo

que un jugador pudiera introducir en un momento dado

pasara de diez mil dólares a veinte dólares.

Y que en los juegos de alta intensidad,

la gente estableciera previamente la cantidad de dinero

que estaba dispuesta a gastar antes de jugar.

Por primera vez en la historia,

parecía que el gobierno Australiano estaba dispuesto a regular el juego,

proponiendo una legislación

para minimizar el daño de las máquinas de póker.

La mayoría de mi electorado

estaba a favor de algún tipo de cambio.

Las nuevas máquinas estaban mucho mejor diseñadas,

y podían sacarle el dinero a la gente con mucha mayor facilidad.

Yo no quería prohibir las máquinas de póker,

pero no quería ver cómo la gente se convertía en una ruina social

como consecuencia del uso.

Busquemos un término medio.

Pero en mi electorado,

desde el punto de vista de los clubs y de los hoteles,

eso significaba la guerra.

Y declararon la guerra a las reformas,

y luego a mí.

Se trata de decir a los parlamentarios locales

que la destrucción de los clubs tendría consecuencias nefastas

a nivel local.

Los clubs han traído a unas cuatrocientas personas

para manifestarse y presionar a los políticos.

Dejad los en paz.

-De los grupos de presión que he visto

en más diecisiete años de vida pública,

el de la industria del juego es el más efectivo.

Y tuvieron la oportunidad de ver cómo operaban otros grupos similares,

como la Asociación Nacional del Rifle en Estados Unidos.

El siguiente.

Debemos conseguir que todos nuestros clubs se llenen de carteles

y posavasos de nuestra campaña.

Invertiremos en esta campaña lo que sea necesario.

Lo convirtieron en un debate sobre otra cosa.

Sin duda fue una iniciativa de los pubs y los clubs.

Lo que me sorprendió es que los casinos entraran en el juego.

James Packer estaba suave,

pero todavía tenía el aguijón preparado en la cola, como diciendo:

“Vuestra política tiene que ser mi política”.

¿Por qué, como gobierno, proponen una política

sin tener la más vaga idea de si funcionará?

-Hay una larga tradición de políticos y funcionarios

que acaban trabajando como grupo de presión

en beneficio de la industria del juego.

Tienen muchos contactos en el gobierno.

Casinos, pubs y clubs,

no sólo presionan al Partido Laborista

y al Partido Nacional Liberal.

Están incrustados en el Partido Laborista

y en el Partido Nacional Liberal.

-Queremos un gobierno como es debido,

y no vividores como ese tipo.

El revuelo que se organizó dio una idea

de lo difícil que iba a ser introducir los cambios.

La gente que estaba ganando una fortuna,

viendo la miseria humana que ello traía consigo,

clavó los talones y se opuso en redondo.

Lucharon con toda su furia y, por desgracia,

acabaron ganando la batalla.

Cuando piensas en la política que hay detrás de la protección

de las máquinas,

es un enorme fracaso.

La propagación de las máquinas tragaperras en Australia

es, desde mi punto de vista, un fraude.

Es un fraude dirigido por personas

que protegen un producto adictivo depredador.

Intento, intento mantenerme alejada de los salones de juego.

Pero, puedo decir honestamente

que han destruido mi vida,

y sólo quiero recuperarla.

Me digo a mi misma: Dios mío, tienes cuarenta y cinco años.

Y has estado veinte años jugando.

¿Cómo es posible?

Subtitulación realizada por: María Sánchez Grano de Oro

La noche temática - La máquina de la adicción

54:26 07 oct 2017

Las tragaperras son máquinas cuidadosamente programadas para crear adicción. Llamadas la cocaína del juego o morfina electrónica producen en el cerebro una válvula de escape para el estrés y la depresión. Pueden llegar a originar comportamientos extremos para conseguir más dinero dando lugar a la ludopatía.

Contenido disponible hasta el 22 de octubre de 2017.

Las tragaperras son máquinas cuidadosamente programadas para crear adicción. Llamadas la cocaína del juego o morfina electrónica producen en el cerebro una válvula de escape para el estrés y la depresión. Pueden llegar a originar comportamientos extremos para conseguir más dinero dando lugar a la ludopatía.

Contenido disponible hasta el 22 de octubre de 2017.

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