En multitud de ocasiones en la Historia no se ha buscado la respuesta más sencilla, sino que se interpreta a través de la magia y lo exotérico.

Serie documental de divulgación que ofrece al espectador una revisión crítica y racional de creencias ancestrales, mitologías y leyendas fantásticas.
Además, se muestra la realidad histórica y científica, rigurosa y material de distintas creencias irracionales. Durante esta primera temporada de seis capítulos, se abordan temas referidos a las brujas y sus aquelarres, animales malditos y sagrados, vampiros, hombres lobo, chamanes y horóscopo.
 

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No recomendado para menores de 7 años La navaja de Ockham - Las brujas y sus aquelarres - Ver ahora
Transcripción completa

Pactos con el diablo, sacrificios humanos,

siniestros conjuros y escobas voladoras

eran los protagonistas de malvadas reuniones secretas

que tenían lugar en plena noche.

Mujeres feas y viejas devorando niños,

preparando pociones en grandes calderos,

entregadas con desenfreno a las pasiones sexuales.

En Zugarramurdi, Navarra,

muy cerca de la frontera con Francia,

tuvo lugar a comienzos del siglo XVII

la caza de brujas más sangrienta y famosa de nuestro país.

Un fenómeno de histeria colectiva con el Diablo como protagonista.

Este caso sucedió hace más de 400 años

y se hizo famoso en el mundo entero.

Fue tan especial, que cambió para siempre

la actitud de la Iglesia ante la brujería

a lo largo y ancho de todo el Imperio español.

A mis espaldas podéis ver las famosas Cuevas de las Brujas.

Este es un sitio que impresiona.

El túnel principal recibe un inquietante nombre:

la Catedral del Diablo.

Es donde cuenta la tradición popular

que se celebraban las juntas de brujas

para adorar al Demonio.

Se han escrito ríos de tinta sobre la brujería,

se han narrado incontables relatos y rodado decenas de películas.

Casi todo son mentiras, fruto de la superstición, el miedo

y las falsificaciones históricas.

Los investigadores han encontrado una extensa documentación

que cambiará nuestra forma de entender

la caza de brujas de los siglos XVI y XVII,

uno de los episodios más dramáticos

y más difíciles de entender de la historia de Europa.

Me interesa saber quiénes eran esas mujeres

acusadas de asociarse con el Maligno

y por qué parecían tan peligrosas.

Venid, acompañadme, y descubramos juntos

la historia de las brujas y sus aquelarres,

una historia de terror y de persecución.

Los delitos de brujería,

bastante comunes en el Norte del país

y en zonas montañosas y aisladas,

llevaban tiempo en boca de las gentes del pueblo,

pero la antigua costumbre permitía resolver esos problemas

de manera local,

juntando a los aldeanos en la parroquia

y pidiéndose perdón unos a otros.

Hasta que algo cambió.

En 1609, aquí, en esta iglesia,

se juntó todo el pueblo, todas las casas.

No son todas estas que se ven hoy, había muchas menos.

Eran 49 vecinos, 49 casas. No había más.

Doscientos y pico vecinos. O más de doscientos.

Se reunieron todos los vecinos aquí

porque, como en todos los lugares, había líos entre vecinos.

El piso, en tu casa, en todos los lados.

Y había hostilidad.

En realidad, las acusaciones de brujería son eso.

Es un punto muy importante de hostilidad donde parece que...

No se llega a las manos, pero las miradas...

Esas cosas de que "Te vas a enterar".

Bueno, pues se junta todo el pueblo.

Pero este ritual es muy importante, es el más importante de todos.

Aquí se va a cosechar si el pueblo vive en paz

o se lanzan a despellejarse unos a otros.

Esto es la brujería.

La brujería es una tensión de hostilidad,

unas acusaciones y unas víctimas que se les acusa

de que son gente mala, que no la queremos en el pueblo.

En épocas de escasez, de malas cosechas,

era costumbre que la gente intentara ganarse la vida

en zonas con más movimiento económico.

Entre estas personas estaba

una joven muchacha que emigró al país vecino

a sacarse un salario.

A su regreso, la chica tuvo un papel protagonista

en la caza de brujas que asoló el valle.

María de Simildegi,

una joven de 20 años natural del lugar,

había pasado cuatro años trabajando de criada en Francia

y regresó a casa contando que asistió

a unas juntas de brujas en la playa.

La chica explicó cómo había volado desde Francia hasta Zugarramurdi

para participar en las reuniones secretas.

Empezó a dar algunos nombres

de los asistentes a los ritos satánicos,

señalando, en particular, a cuatro mujeres.

Varias de las vecinas, presas del miedo,

admitieron pertenecer a la secta diabólica

para descargar en público sus conciencias

y ser reconciliadas, o sea, perdonadas por la comunidad.

Todo habría terminado, como tantas veces,

con un perdón público en la iglesia,

haciendo las paces;

pero esta vez alguien tenía mucho interés

en que los rumores llegaran a la Inquisición.

El inquisidor viene aquí, a la abadía,

y establece un contacto con el juez francés,

y este le dice lo que es la brujería,

como es mucho mejor el aparato francés que el español,

como hay que tener mano dura

y que ellos, con dos acusaciones, liquidan a una persona.

Para comprender el interés de la Inquisición

en este caso concreto de herejía, viajo hasta Udax,

un pueblo vecino de Zugarramurdi.

Fray León de Araníbar era el abad del monasterio de Udax,

el monasterio de San Salvador.

Era poderoso, tenía asiento en las Cortes de Navarra

y además era confidente de la Inquisición.

Este punto es el nos interesa para comprender nuestro caso.

Los de Zugarramurdi trabajaban para el monasterio de Urdax

labrando la tierra,

y cuando las rentas del monasterio eran muy altas

para que las pudiesen pagar, los habitantes se revelaron.

Y esto es lo que el abad quiso reprimir

inventando cuentos de brujas y avisando a la Inquisición.

De manera que el abad tenía razones personales

para implicar a los acusados en la brujería.

El 19 de agosto de 1609 llegaron a Udax

el inquisidor Juan de Valle Alvarado

y su comitiva alertados por el ambicioso abad Araníbar.

A juicio del Tribunal de la Inquisición de Logroño,

se probó que existía una secta de brujos en Zugarramurdi y Udax;

brujos que, además, adoraban al diablo.

Fueron arrestadas 53 personas,

de las cuales 31 serían acusadas de cometer brujería.

En el aquelarre, para celebrar la misa negra,

el Demonio les unta con un agua verdinegra y hedionda las manos,

sienes, pechos, partes vergonzosas y plantas de los pies.

A la luz del fuego de difuntos desenterrados,

de la tibia luna y del cuerno medio del cabrón,

brujos y brujas adoran al diablo.

Se hincan de rodillas ante el dios cornudo

y le adoran besándole la mano izquierda,

sus partes debajo de la cola...

Después, venía el banquete.

El bocado más apetitoso era siempre el corazón,

que se reservaba al Diablo. Terminada la misa y el banquete,

se entregaban al desenfreno de las pasiones carnales.

Y a los niños, que son pequeños,

los chupan por el sieso y por su natura.

Apretando recio con las manos y chupando fuertemente,

les sacan y chupan la sangre;

y con alfileres y agujas les pican las sienes

y en lo alto de la cabeza y por el espinazo

y otras partes y miembros de sus cuerpos.

Y por allí les van chupando la sangre

diciéndoles el Demonio:

"Chupa y traga eso, que es bueno para vosotros".

El siguiente domingo se hizo público

el edicto de fe que tenía como fin enumerar

una serie de herejías que se daban en el pueblo.

La liturgia de los aquelarres fue narrada con todo detalle

por parte de los inquisidores.

Estaban sin saber hacia dónde ir.

Sin bienes.

Pasando un frío...

Murieron 13 de tifus en la cárcel ese invierno

del 9 al 10 y al 11.

13 de tifus de 31 personas.

Y, sobre todo, esa humillación de no saber por qué estás aquí.

Y se te hace decir unas cosas que tú no entiendes,

y si las dices delante de otra gente, te van a liberar.

Eso es como Auschwitz, vamos, que no sabes de qué va aquello.

Y sabes que está muriendo tu gente y que tus hijos están:

"¿Dónde está mamá? ¿Dónde está papá?".

El proceso de Logroño acabó con 11 personas condenadas

a arder en la hoguera.

De las 31 personas acusadas de brujería,

seis fueron quemadas vivas y cinco, en efigie,

porque habían muerto en prisión víctimas de enfermedades.

Para ello, se desenterraban sus restos mortales

y se quemaban junto a un muñeco,

una efigie, que representaba a los reos.

Nada más se supo de la joven María de Simildegi,

que volvió de Francia

con sus fantasiosos relatos de brujería

para acusar a sus vecinos.

Las frías y húmedas mazmorras de Logroño, el aislamiento,

la enfermedad y la imposibilidad de comunicarse en un mismo idioma

crearon una humillante distancia entre presos y alguaciles.

Los acusados de brujería que confesaban ser brujos

recibían misericordia

y, normalmente, se les perdonaba la vida.

Aquellos que se negaban a admitir su culpa y defendían su inocencia

eran condenados a morir en la hoguera.

La tortura o la amenaza de tortura eran los medios empleados

para obtener el testimonio que interesaba.

Muchas víctimas confesaban solo para terminar con el sufrimiento.

Los acusados eran, en realidad, las víctimas de todos los males.

Las mujeres...

Es curioso de que hay muchos más aparatos enfocados

a las mujeres, ya que siempre los torturadores en aquella época

eran los hombres, ¿no?

Como que había como un algo de: "¿Y si me lo hiciesen a mí?".

Entonces, tenemos aquí

estos aparatos más enfocados a las mujeres.

Y el desgarrador de senos; su nombre lo dice todo.

También existían aparatos de tortura diseñados

para el transporte de presos,

no solo para utilizarlos en mazmorras.

Tenemos, por ejemplo, aquí, el cinturón de San Erasmo,

que era un cinturón de hierro con unas púas.

Que podemos imaginar, añadiendo la poca higiene

que había en aquella época,

que se sujetaba a la cintura del reo,

y el verdugo, y muchas veces un caballo,

era el que tiraba de él para el traslado del preso.

El cepo era algo bastante, bastante brutal.

Que te trasladasen en un cepo o estar condenado al cepo

era, de verdad, una auténtica tortura.

Una auténtica tortura.

Eras víctima de los que, por sentirse mejores ciudadanos,

se ensañaban con el que estaba en el cepo.

Si tenemos en cuenta los escritos de la Inquisición y sus informes,

las juntas de brujas no se producían en las cuevas,

se producían exactamente aquí, en este prado,

llamado el Prado del Cabrón, que en euskera se dice “akelarre”.

Hasta el caso de Zugarramurdi, la palabra “aquelarre” no aparece

en ningún documento,

y a esas juntas las llamaban “sabbath”.

La explicación de por qué no la encontramos

hasta el proceso inquisitorial de Logroño es sorprendente.

Vale, Mikel, me interesa mucho saber

por qué no he encontrado la palabra “aquelarre” escrita

antes del año 1609 en los documentos.

Bueno, eso me lo preguntas porque ya sabes

que hay un documento de 1609 donde aparece por primera vez.

Es una palabra que se inventa,

se inventa en la Inquisición, en Logroño.

Seguramente, por obra de Ualde,

el Deán de Bera del Bidasoa,

que hacía de traductor.

y encontró que hay muchos nombres con “alka-”:

“alkerdi”, “alkezar”, “alkazuri”, “alkain”...

Vienen del...

Son nombres de una planta y el lugar de la planta.

O sea, que “alkelarre” es el lugar donde existe

esa planta.

El lugar para el ganado, “larre” siempre es lugar de ganado.

El historiador danés Gustav Henningsen

demostró documentalmente que el término “aquelarre”

aparece por primera vez en una carta

carta del Tribunal de Logroño a la Suprema

fechada el 22 de mayo de 1609.

No es de extrañar que pasara desapercibido hasta hoy en día,

ya que todos los interrogatorios se hicieron con intérpretes,

pues los acusados solo hablaban en lengua vasca.

“Aquelarre” no era un término vasco

que utilizaran los habitantes de la zona,

sino un invento culto de los inquisidores del proceso

para intentar demostrar a sus superiores

la existencia real de la secta satánica.

Según los traductores de la Inquisición,

la palabra “aquelarre”

se compondría de los términos “aker”,

que en euskera significa “macho cabrío”,

y “larre”, “prado”.

Hoy sabemos que el término real

que seguramente mencionaban los ancianos

era “alkelarre”, un topónimo formado por “alka-”,

una hierba común, y “larre”.

O sea, “el prado de la hierba alka”,

un simple campo de pasto.

Y así fue como un inocente campo de pasto para el ganado

se convertía,

gracias a la retorcida mente de estos inquisidores,

en “el demoníaco prado del cabrón”,

lugar que, según la Inquisición,

era el verdadero escenario de las juntas de brujas.

Es tremendo tener el descubrimiento de la invención de una palabra.

Descubrir cómo se ha inventado la palabra y para qué uso.

Se ve que el uso es...

para confirmar

que la brujería de aquí era autóctona,

que ya tenía su macho cabrío, el demonio era de aquí

y veneraban a un demonio propio, ¿no?

Para colmo de la manipulación,

el macho cabrío, llamado “aker” en euskera,

era tradicionalmente un animal protector del rebaño

para la mitología vasca,

y no el símbolo del Diablo, como quisieron hacer ver

los tratados teológicos de la época,

que todo lo interpretaron con feo interés

interés para poder demonizar a personas inocentes.

La plaza del Mercado de Logroño es una plaza céntrica,

donde la gente viene a pasar un rato y a disfrutar de su tiempo.

Sin embargo, este sitio fue extraordinariamente importante,

dado que el 7 de noviembre de 1610 se relató aquí el auto de fe,

se leyeron las sentencias que condenaban a las brujas

y, posteriormente, la brujas fueron quemadas.

Este lugar era un hervidero.

Se llenó de personas para saber qué ocurría con las acusadas

y, finalmente, la tragedia ya la conocemos.

Un auto de fe es un acto público

donde el reo, por cuestiones heréticas,

era procesado

ante todos los ciudadanos del municipio

y se le pedía que se reconciliara

con la fe de sus ancestros.

El Tribunal de la Inquisición de Logroño

estaba detrás de estas murallas, fuera de la ciudad.

Después de la ejecución de las acusadas de brujería,

uno de esos inquisidores, Alonso de Salazar y Frías,

inicia una impecable investigación

que tiene resultados sorprendentes para el caso.

El inquisidor Salazar logró de la Inquisición

un edicto de 17 páginas

en las que se pedía perdón.

Se amnistiaba a todos, se sacaba de la cárcel,

se quitaban los sambenitos. En esta iglesia

había unos sambenitos de los fallecidos

con tifus en la cárcel,

de los quemados vivos, etcétera.

Quitaron todos los sambenitos, se devolvieron los bienes,

la Iglesia había confiscado todos los bienes.

-Pero la Iglesia fue cambiando de actitud

con respecto a la hechicería.

Primero era herejía considerar que había brujas,

más adelante, se hablaba incluso de cuentos de viejos o de viejas

para los que creyeran

que había alguna cuestión sobrenatural,

de magia negra.

Así, podemos contar, como en 1478,

Inocencio VIII, el Papa,

da una bula para la persecución de las brujas

que después daría pie al martillo de herejes

y todos los tratados donde se detallaban con exactitud

las maniobras de las estrigas.

-Y se dijo que nunca más, esto es lo importante,

a parte de la cosa personal y de la satisfacción de la víctima,

nunca más la Iglesia condenaría a nadie por bruja,

dado de los brujos no existían.

Y da un suplemento de qué es lo que hay que decir,

entonces, sobre las cosechas perdidas,

los niños muertos súbitamente, las expectativas fracasadas...

Hay que decir, hay dos cosas, lo que queráis,

que porque Dios lo ha querido, él sabrá,

o por la meteorología y por las enfermedades.

Bueno, el inmenso mérito de la Inquisición,

que es la Iglesia en ese momento,

fue que aquello se aplicó a rajatabla

y nunca más, jamás,

hubo un juicio a ningún brujo o bruja.

Nunca jamás. Por tanto, hubo una condena.

Mientras que en Europa y América

se estuvo quemando personas acusadas de brujería

durante cien años más.

La lástima de este documento y de esta actitud de la Iglesia

que pidió silencio, porque la Iglesia creyó

que guardando silencio no se iba a hablar más de la brujería.

Creía que mandar callar a los aldeanos

iba a cambiarles la cabeza de la noche a la mañana.

Una cosa tan cultural, tan enraizada...

-Los temores de las violencias y prisiones

fueron muy bastantes para hacerles decir

cuántas mentiras les mandaban.

He tenido y tengo por muy más que cierto

que no ha pasado real y corporalmente

ninguno de todos los actos deducidos o testificados en este negocio.

No he hallado certidumbre, ni aun indicios,

de que se puede colegir algún acto de brujería que real

y corporalmente haya pasado.

No hubo brujas ni embrujados en el lugar

hasta que se comenzó a tratar y escribir de ellos.

En su informe al Inquisidor General, Salazar,

que era más jurista que teólogo,

concluye con unas palabras de aplastante verdad,

diciendo que todo aquello de las brujas era un cruel invento.

Él se arrepintió muchísimo de haber firmado

el auto de fe que condenó a la hoguera a los acusados.

Pero, afortunadamente, gracias a su investigación,

se abolió definitivamente la quema de brujas en el Imperio Español.

Realmente, el epicentro de la persecución

hacia las hechiceras y también en su vertiente masculina

estuvo en las naciones protestantes en Centroeuropa.

El cambio de postura fue radical.

La preocupación de la Iglesia y los estados feudales

era acabar con las alternativas a la religión del dios único.

En España, la persecución a brujos y brujas

corrió a cargo de autoridades y tribunales civiles,

que veían en ellos un atentado contra el orden público;

si bien las autoridades españolas estuvieron muy lejos de alcanzar

el grado de fanatismo de los países del centro y del Norte de Europa.

La explicación de ese cambio tan importante

podría esconderse detrás de un libro

que tuvo un gran impacto en toda Europa y más allá.

Sí, un solo libro,

uno de los más dañinos que se han escrito jamás,

hizo de la caza de brujas un fenómeno imparable.

El libro se llamó "Malleus maleficarum",

en Español, "Martillo de las brujas",

y fue publicado en Alemania en 1487.

Era difícil imaginar

cómo la publicación de un solo tomo,

del que se imprimieron muchísimas ediciones,

traería unas consecuencias tan trágicas.

El "Malleus" es un extenso y detallado manual escrito en latín

que intenta demostrar como las brujas existen realmente,

qué herejías cometen

y por qué es tan importante acabar con ellas de la forma más cruel.

El texto fue una macabra idea, un invento malvado

de un hombre rencoroso y vengativo que odiaba a las mujeres:

el monje dominico Heinrich Kramer.

Para Kramer, la brujería proviene del apetito carnal,

que en las mujeres es insaciable.

Este monje estaba obsesionado con la sexualidad femenina

y acusaba a las brujas

de toda clase de oscuros actos lujuriosos.

Lo peligroso del "Malleus maleficarum"

es que se convirtió en una Biblia para los cazadores de brujas.

Las delirantes descripciones de la brujería de aquí,

sumadas a los castigos y las torturas a aplicarles,

lo hicieron una obra de referencia que se tomó al pie de la letra.

El libro, eso sí, consigue un fin muy particular:

inventar la figura de bruja que se quería combatir y, de paso,

castigar a los escépticos que no creían en ellas.

La irracionalidad de esta obra, por desgracia,

tuvo que padecerse durante más de 300 años.

En este importante e infame libro

hay algo que llama mucho la atención,

y es que casi todos los males brujeriles

se atribuyen en exclusiva a las mujeres.

Cabe preguntarse entonces,

¿por qué el mito de la bruja es un mito femenino?

Las predecesoras de la bruja aparecen ya en la Biblia,

en la historia del rey Saúl,

que consulta a la así llamada bruja de Endor.

Por su parte, Circe, la hechicera de la mitología griega,

era capaz de transformar a sus enemigos en cerdos.

En el periodo clásico, estas hechiceras

toman la forma de estriges,

unas temibles criaturas con forma de lechuzas que se alimentaban

de la carne de bebés

volando de noche cuando nadie podía verlas.

Brujas, meigas, sorginas, fatilleras, lamias...

Han recibido muchos nombres

y han adoptado formas diversas, pero siempre femeninas.

Uno de los defectos del cristianismo,

su desarrollo como hecho histórico,

es la debilidad que le ha atribuido a la mujer,

sobre todo en relación a la caída en el pecado.

Todo por la tradición judeocristiana que habla de Eva

y de la llegada a través de esa manzana del pecado

al paraíso donde vivía con su esposo Adán.

-No, las brujas eran culpables de todo.

Las brujas eran culpables de todo lo que pasaba,

de lo bueno, de lo malo; porque tenían unos poderes

que había dado el Demonio.

Y ese fue el bulo que fue creciendo

y, entonces, eran discípulas del Demonio,

copulaban con el Demonio. Fijaos. Todo eso se inventaron

y se lo creyeron las autoridades de aquel tiempo.

Entonces, claro, por eso las persiguieron

y por eso las condenaron a la hoguera.

-De modo imaginario,

y muchas veces con sustancias alucinógenas de por medio,

las brujas volaban en escoba.

Pero ¿por qué este vehículo?

La vida de las chicas transcurría dentro de la casa,

no podían salir prácticamente,

sin el permiso de un varón,

por eso ellas soñaban con volar.

Pues, fíjate, Javier, que curioso es,

porque las plantas que pueden curar, muchas veces pueden matar.

Y en el caso de las brujas, mataban.

Y además, están en zonas incultivadas.

Zonas... Mira aquí lo que tenemos.

Pues eso parece estramonio, ¿no? Esto es estramonio. Creo que es...

una rama seca. Sí, fíjate.

Esto es el estramonio. Récord mundial de intoxicaciones.

Hasta el año pasado, ha habido una intoxicación en uno de estos...

Donde se reúnen a beber un poco.

Los botellones. Los botellones.

Y es que tiene dos alcaloides importantes,

la escopolamina y la atropina,

que producen alucinaciones y que atacan al corazón.

O sea que, quien no la conozca

y quien se haga un extracto de esto con jugo

puede estar ingiriendo un veneno gravísimo.

Y a dosis muy pequeñas, esto puede parar el corazón.

Por las arritmias.

Tengo entendido que los ganaderos la llaman “revientavacas”.

Se llama revientavacas. ¿Por qué?

Pues porque la vacas que la toman se morían en el momento

mientras las masticaban.

O sea que, claro, por alguna razón, claro.

Los alucinógenos más corrientes, que son los que usaban,

el beleño, que de ahí se hacía un jugo,

que ese jugo se daba para quitar el miedo

y para la incertidumbre, y para desinhibirse un poco.

Luego, la belladona, bellamujer,

pues, que tienen un componente, un alcaloide, la atropina,

que actúa sobre el corazón

y que a grandes dosis puede producir hasta una parada cardíaca.

Y el estramonio, que tiene escopolamina y atropina,

que son alcaloides también;

uno es alucinógeno y el otro actúa sobre el corazón.

O sea, que realmente son plantas muy peligrosas.

Se llamaban “hierbas infernales”

y se llamaban con el término general de alucinógenos.

La Inquisición española condenó a la hoguera por brujería

a 59 mujeres en España

tras los 125 000 procesos que llevó a cabo el Santo Oficio

entre los siglos XVI y XIX.

En ese mismo periodo de tiempo, 50 000 personas,

casi todas mujeres,

murieron quemadas vivas en otros países de Europa,

la mitad de ellas solo en Alemania.

82 años después del auto de fe de Logroño,

se celebraron en Estados Unidos los conocidos Juicios de Salem,

que terminaron con 20 personas ahorcadas.

Ambos casos, muy lejanos geográficamente,

tuvieron algo en común: el extremismo religioso,

las acusaciones falsas y la histeria colectiva.

El Araníbar, el abad, estaba muriéndose,

26 personas de aquí que habían estado encarceladas, de este pueblo,

fueron antes de que se muriera a pedir que dijera la verdad

y que pusiera cómo habían dicho ellos

que habían estado en junta del demonio,

que era por violencia y porque les habían presionado

con fuerza.

Y el abad...

La última carta del abad fue decir que efectivamente había sido así.

La persecución de la bruja

no empieza ni termina en la Edad Media,

es muy anterior y llega hasta nuestros días.

La bruja es lo que no podemos comprender,

es lo que nos asusta, lo que tememos.

Un personaje condenado a la marginación y al rechazo

y, también, una excusa para machacar a la mujer.

Desprovistos de los aquelarres,

sin plantas diabólicas ni sacrificios humanos,

se desvelan los misterios

y secretos sobrenaturales de la bruja,

que, al final, son, como sabíamos,

resultado de la falsedad, de la ignorancia y de la confusión.

La navaja de Ockham - Las brujas y sus aquelarres

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