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La huella del crimen - Jarabo - ver ahora
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Subtitulado por Telexto-iRTVE.

La historia de un país es también la historia de sus crímenes.

De aquellos crímenes que dejaron huella.

Sirenas

(El lunes, 21 de julio de 1958, hacia el mediodía,

la policía recibió aviso

de que en el interior de la tienda "Jusfer",

en el n 19 de la calle Alcalde Sainz de Baranda,

había aparecido el cadáver de un hombre,

Félix López Robledo).

(Era uno de los dueños de esa tienda

dedicada a negocios de compra-venta y empeño).

(Alguien le había disparado, a quemarropa, dos tiros en la nuca).

(El inspector Hinojosa,

de la brigada de investigación criminal,

estaba encargado de este caso y siguiendo sus instrucciones,

ese mismo día, horas más tarde, hacia las siete,

la policía forzó la entrada

en el domicilio del otro dueño de la tienda "Jusfer",

el socio de Félix, Emilio Fernández Díez,

en el piso 4 izquierda del n 57 de la vecina calle de Lope de Rueda).

Vamos, adelante.

(Allí encontró, en el cuarto de baño,

también asesinado de un tiro en la nuca,

al tal Emilio Fernández Díez,

a la criada, Paulina Ramos Serrano,

muerta, sobre su cama, con una puñalada en el corazón;

y a la mujer de Emilio, M de los Desamparados Alonso Bravo,

en el dormitorio principal, muerta de un disparo en la cabeza).

Cuatro muertos.

Cuatro muertos.

¡Cuatro muertos!

Dos hombres y dos mujeres.

Y, al parecer,

la esposa de Emilio Fernández Díez estaba embarazada de pocos meses.

La autopsia nos lo dirá.

Cuatro muertos... y ninguna pista.

¡Ninguna!

Solo el convencimiento de que se trata del mismo asesino

y la certeza de que es un hombre.

Esa puñalada que le partió el corazón a la criada

solo pudo haberla dado un hombre.

Y también, apostaría a que el asesino

es cliente de la tienda "Jusfer".

Una tienda de empeños, préstamos y, seguramente, duros y con usura.

Un cliente descontento, entonces.

Pero que muy descontento, ¿no crees?

Ah..., bueno.

Como en la tienda hay un fichero y un libro de registro

y recibos, pues... Pero, ¿has visto el fichero ese?

Tardaremos semanas en contactar con todos los clientes.

¿Y qué? Por algo hay que empezar, ¿no, digo yo?

¡Venga coño, moveros, que luego es tarde, vamos!

¡Venga!

Y que haya suerte.

Todo el fichero... es como dar palos de ciego.

¡Ya lo sé!

Pero es lo único que tenemos.

No tenemos nada..., ni huellas, ni nada.

La llamada...

Si hombre... átame esa mosca por el rabo, no me jodas.

¡No tenemos nada!

Solo cuatro muertos.

Y mucha sangre.

Mucha sangre.

Mucha.

¿Cuantas tintorerías habrá en Madrid?

¿Cuantas qué...?

Tintorerías.

Muchísimas, que sé yo...

200 ó 300, ¿por?

No, por nada..., nada.

O sea, que hoy es lunes...

y nuestro hombre empezó a matar el sábado por la noche.

El sábado...

¿Qué pasó el sábado por la noche en Madrid?

¿Cómo que qué pasó? Sí, ¿qué hacía la gente, dónde iba?

A lo mejor había una charlotada en Las Ventas.

Ahora se lo digo.

Este es del sábado.

A ver...

Cines, teatros... espectáculos varios.

Sí, había una corrida nocturna en Las Ventas.

El Bombero Torero y eso.

Ah, y verbena en Buenavista, al final de Narváez.

¿Con fuegos artificiales? Me imagino.

Por eso, nadie oyó los tiros en la calle Lope de Rueda.

Una pistola del 7,65 hace ruido...

y es verano... y las ventanas están abiertas...

Venga, ¿que más?

Que más.

Concierto de la Banda Municipal en El Retiro.

¿Le leo el programa?

Cobertura de Le'Mans,

el Barberillo de Lavapies,

Habanera.

Silbido

Silbido

Silbido

Silbido

(¡Sereno! -Va).

Silbido

Buenas noches, ¿está don Emilio?

Sí señor, pase usted.

Gracias.

Espere aquí.

¿De parte de quién le digo?

Morris..., señor Morris.

¿Qué tripa se te ha roto ahora?

Vaya plantón que nos has dado a mis socio y a mí.

Te hemos estado esperando en la tienda hasta las nueve y media

¡Eso se avisa, hombre!

Cuanto lo siento, Emilio;

te ruego me disculpes, pero las cosas han...

Y ahora, ¿qué quieres?

¿Tú crees que son horas de venir...? Perdona.

Perdona..., quiero lo mío.

Quiero la sortija de Veli y la carta;

quiero la carta.

Y lo quiero ahora, ahora mismo.

Pero, ¿tú qué te has creído?

Estas loco.

Los negocios se tratan en la tienda y en horas de trabajo;

conmigo y con mi socio, con Félix.

¿No teníamos una cita esta tarde, en la tienda, después de cerrar?

Sí.

O sea, que no vienes a la cita... ¡Te he dicho que no he podido!...

y que lo siento,

pero la sortija y la carta me las voy a llevar ahora.

No sabes lo que dices.

La sortija y la carta están en la tienda;

allí es donde tendremos que hablar de si te las llevas...

y de cómo te las llevas.

Pero no ahora, aquí y en mi casa, a estas horas.

¡Hablo claro! Hombre, Emilio, yo...

Tendrás que esperar hasta el lunes.

Pásate por la tienda en cuanto Félix levante el cierre.

Allí estaré yo, también y hablaremos.

Y te llevarás lo que tengas que llevarte...

si es que puedes llevarte algo.

¿De acuerdo?

De acuerdo, Emilio... de acuerdo.

Y ahora, vete.

Ya conoces el camino, no te acompaño.

No, no; no te molestes, no hace falta, hasta el lunes.

Grifo abierto

¡Ah!

¡Ah, ah!

Mmm... mmm...mmm...

Mmm... mmm...mmm...

Mmm... mmm...mmm...

Buenas noche, señora.

Por favor, no se inquiete, me llamo Rafael Aguado,

soy inspector de Hacienda y estoy esperando a su marido.

Emilio, ¿no está? No señora, ha ido a la tienda

con un inspector, compañero mío, vuelven enseguida.¡Paulina!

La criada... tampoco está, ha salido con ellos.Pe...

Verá señora.

En la delegación de Hacienda

estamos tras la pista de una banda internacional

que se dedica al tráfico de alhajas robadas.

Muchas veces, las empeñan,

para no ser cogidos con las manos en la masa;

como aquél que dice.

Un resguardo es mucho más fácil de esconder, ¿comprende?

Como tenemos la descripción de las piezas,

hemos venido a comprobar, si las joyas, algunas de ellas,

pudieran encontrarse entre las existencias de la tienda.

Sí, ya sé que no son horas; lo sabemos.

Pero, contra el delito, hay que estar en guardia permanente.

Su marido, con el que habíamos concertado, con antelación, una cita

no se... No me había dicho nada.

No se extrañe, señora.

En estas cosas,

la discreción más absoluta es de rigor;

así se lo hicimos saber a su marido

y don Emilio, que es todo un caballero,

ha cumplido, fielmente, nuestras instrucciones.

Y la criada, ¿por qué se ha tenido que mar...?¿Paulina?

Paulina ha ido, por orden de su marido,

a recoger las llaves de la tienda a la casa de don Félix López Robledo

el socio de su marido, ¿verdad? Sí...Que vive,

en la calle Fernán González, 73, bajo derecha.

Sí, sí, ya lo sé.

Perdóneme, porque al verle así... Comprendo...

comprendo su turbación, señora.

Pero a don Emilio le ha parecido mucho más prudente,

puesto que usted estaba al llegar, que yo la esperase en la casa,

para contarle lo que pasaba.

Fíjese usted, si llega usted y no encuentra a nadie;

ni a su marido, ni a la criada;

se hubiera usted alarmado y... con razón... ¿comprende?

Sí, sí..., ahora sí...

Al pronto, me había asustado, discúlpeme.

Ha sido usted muy gentil al quedarse aquí.

Pero... ¡pase, por favor! Estamos aquí como dos "pasmarotes".

Pase, por favor.

Gracias.

Siéntese.

Tenga la bondad de esperarme, un momento.

Voy a dejar esto.

Es un instante.

Timbre

Es el portero.

Como no esta Paulina, viene a recoger la basura.¡Ah!

Pero no se preocupe señora, yo lo haré.Quite usted, por Dios.

Eso es cosa de mujeres.

Bueno..., la verdad, no se me van a caer los anillos.

¡Ay, que cosas tiene! ¿Sacar la basura?

Yo lo hago muchas veces en mi casa, para ayudar a mamá,

cuando no está la chica, de verdad. ¡Ay, ni se le ocurra, quite, quite!

Timbre

-Con su permiso, señora. -Hola, Pedro.

-Gracias. -Hasta mañana.

-Hasta mañana.

Pero, pase usted a la salita, no se quede en la cocina.

Después de usted, señora. Gracias.

Perdón..., no se me asuste, señora. Ah, ah.

No se me asuste.

¡No grite, por favor!

Me gustaría explicarle.

Verá, es que...

Es que, yo necesito la carta.

¿Me entiende?

La sortija también, claro, pero...;

pero, sobre todo, la carta.

Se lo juro por mi madre, la necesito.

¿Es tan difícil entender... que la carta la necesito ahora?

Usted sí lo entiende.

Es tan solo una carta, pero, para mí, es muy importante.

Y su marido no ha querido entenderlo.

¡No ha querido entenderlo!

Y es tan fácil.

Pero Emilio no ha querido.

Es más...

No me ha hecho ni caso.

Me ha tratado mal.

Me ha tratado mal, ¡a mí!

¡Yo no me merezco que me traten mal!

¡Ni Emilio, ni nadie!

Me comprende.

Yo no quería, pero he tenido que hacerlo.

Ah. No he tenido más remedio, lo siento.

De verdad, lo siento. Pero..., ¿qué podía hacer..., eh?

Pero..., ¡qué podía hacer!

Eh, ¡dígame! ¿Qué podía hacer?

Qué otra cosa puedo hacer, ahora.

Fuegos artificiales

Fuegos artificiales

¡Ay! ¿Qué has hecho, imbécil, estúpido?

Música

(Nuestras almas se acercaron tanto así,

que yo guardo tu sabor,

pero tú llevas también sabor a mí.

Si negaras mi presencia en tu vivir,

bastaría con abrazarte y con besar,

tanta vida yo te dí,

que por fuerza tienes ya...

sabor a mí.

No pretendo,

ser tu dueño,

no soy nada,

yo no tengo vanidad.

De mi vida,

doy lo bueno,

soy tan pobre

que otra cosa puedo dar.

Pasará más de mil años, muchos más.

Yo no sé si tendrá amor la eternidad,

pero allá tal como aquí,

en la boca llevarás,

sabor a mí).

Como es posible,

¡como es posible!

¡pero, ¿qué queréis de mí?!

¡¿Qué carajo queréis de mí?!

Primero: Me disteis una miseria.

4000 pesetas por una sortija que vale 100.000.

Luego, cuando vine a rescatarla, me pedisteis 6500, ¿no os acordáis?

Después, cuando os traje las 6500, me exigisteis, además,

una autorización de la propietaria para entregármela.

¡Y os la traje!

Os traje una carta firmada por Veli, de su puño y letra.

¡Esa, esa carta!

Y ahora... ¿qué mas queréis de mí, eh?

¡¿Qué más?!

¿Vais a hacerme chantaje con esa carta o qué?

José María, venga José María.

(José María...)

José María.

Siempre llegas tarde.

-Estos nombres que voy a leer

son los elegidos entre los alumnos de 3 y 4 curso

para representar a nuestro colegio del Pilar.

Angoloti,

Bardem,

Maselga,

Cervera,

Godet,

Vaca de Osma,

Lori,

Luca de Tena,

Mañueco,

Martínez Bordiu,

Martínez Fresneda,

Pereira, Jarabo...

(Con motivo del 22 aniversario del Alzamiento Nacional,

se celebra en los jardines

del Palacio de La Granja de San Ildefonso

la recepción ofrecida por su Excelencia el Jefe del Estado

y Generalísimo de los Ejércitos,

al Cuerpo Diplomático acreditado en Madrid,

Gobierno y altas jerarquías de la Nación.

El Generalísimo y su esposa son cumplimentados

por las personalidades que aquí se encuentran congregadas,

a cuyos saludos corresponden,

antes de presidir el agasajo que ofrecen a sus invitados).

(Un recital de canciones y bailes españoles

sirve de epílogo a esta recepción.

En el espectáculo intervinieron artistas famosos

y también conjuntos coreográficos de positivo mérito

que interpretaron típicos bailes españoles).

(El conjunto de Monra tuvo una animada intervención).

(La bailarina, Pilar de Oro

y otras varias estrellas de la danza y el canto

intervinieron en este festival, en el que se destacó también

la labor artística del ballet de M Elena de Montijo).

¿Otra?

Hoy sí que...

¿qué le pasa?

¿es su santo, señor Mendoza? ¿Por?

Tres pepitos, cuatro perritos calientes,

cinco cervezas, seis whiskies...

y este siete.

¿Y qué?

Tengo ganas de comer, de beber y de cha, cha, cha, je, je,

¡Cha, cha, cha! Ja, ja, ja.

¿Molesto? Señora, señora, ¿molesto?

¿He faltado a alguien?

A sus pies, señora, ¿la he faltado a usted?

¿O a este caballero, verdad que no, a que no?

¡Ves como no!

A ver, tú. Pon a estos señores lo que pidan.

¡Yo invito!

Oye tú, la máquina es mía, la estoy usando yo.

¿Cómo dice?

Que quites esa música gringa de mierda,

¿me oyes?

No se te ocurra volverme la espalda, a mí la cosas cara a cara.

Suélteme, está usted borracho.

¡Tú no sabes con quién estás hablando!

¡Yo estoy sereno y soy más hombre que tú!

¿Quieres verlo?

Por favor, señor Mendoza, no ha pasado nada, cálmese.

¿Lo ve? Ya se acabó la música.

Ahora puede usted poner la que más le guste.

¿Una rumba? Usted es de por ahí, ¿no? ¿Cubano?

¡Yo soy español! ¡Más español que nadie!

¡Y déjenme ustedes ya de manosearme! que aquí no pasa nada.

No pasa nada.

Que soy un señor, ¿está claro?

A ver, ¿qué debo?

Bueno, y si no, toma.

Toma... lo que sobre para el bote.

Yo soy un señor...,

un caballero español.

Buenas noches, doña Julia.

¿Hace calor, verdad?

Pero, de madrugada refresca

y ahora son las tres de la mañana.

Tan tarde... Sí, tan tarde.

Demasiado para venir, encima, armando ruido

y molestando a mis otros huéspedes.

Y... como viene usted, además.

Vengo a dedo, simplemente a dedo, doña Julita.

¿Todavía no se ha desecho de ella?

Ya le dije que no quiero esa pistola en mi pensión.

Si no, sintiéndolo mucho, tendrá usted que buscarse otro alojamiento.

¿Otro?

Y ya no la voy a ver nunca más, doña Julita.

Doctor Balmaseda, le estoy hablando en serio.

No quiero esa pistola en mi casa.

Es la última vez que se lo digo; buenas noches.

Silbido

Músicas de distintos relojes.

Ruido de puerta.

Suena el teléfono

Suena el teléfono

¿Diga?

¿El señor López Robledo, don Félix?

(Sí, ¿de parte de quién?)

De un cliente de la tienda, ¿es usted su mujer?

(Sí, pero...) Mucho gusto señora.

Gracias, iba a decirle que Félix no está en casa.

¿Por qué no llama usted a la tienda? A estas horas ya habrá abierto.

Pues, precisamente por eso,

me he atrevido a molestarle a su casa.

La hablo desde un teléfono público.

La tienda está cerrada y nadie contesta al teléfono.

¿No es raro? No, no creo.

Se habrá retrasado.

Espere un poco, ya verá. (¿No le habrá pasado algo?).

¿Por qué?

Ah... no sé, algo.

¡Oiga!

Seguro que tiene un doble de la llave.

¿Por qué no va usted a la tienda y comprueba si pasa algo?

Mire, es lo mejor.

Vaya usted, ahora mismo y así me abre.

(Tengo necesidad de recoger algo que empeñé y traigo el dinero).

(Vaya usted, por favor, se los ruego).

Estoy sin arreglar.

Bueno, eso lo hace usted en un periquete.

No se imagina el favor que me haría.

Irá usted, ¿verdad?

Pues, no sé..., yo... irme hasta allí, ahora.

No sé... ¿por qué no espera un poquito más?

Mi marido llegará enseguida, ya verá.

¿De parte de quién, me dijo?

Campanadas de distintos relojes

¡Taxi!

Julián, tenemos visita, el señor Morris.

-Sí señor, el mismo.

Espero que no venga a pedirnos dinero.

Tú Cándido, ni un duro, ¿eh? -¿Le queda algún pufo?

-No, si el dinero lo devuelve siempre lo que pasa es que tarda lo suyo.

¿Qué tal familia, cómo va la vida?

"Achuchá", señor Morris...

Y a usted ya le veo, hecho un "pimpi".

Qué más remedio.

Tú ya sabes eso de...

"El tocador de señoras: servidor". Pues ese soy yo.

¡Venga ya, Cándido, un pitillito!

Oye..., ¿cómo aguantas que tu hermano te tenga aquí,

en esta locomotora, con el calor que hace?

Pues, ya ve usted..., por algo me pusieron Cándido.

-Bueno, ¿y qué se le ofrece?

Pues, verás.

Anoche estuve de juerga en el Molino Rojo y de ta-ta-ta.

Tuve una bronca con unos "gringos"; unos mierdas de la base de Torrejón.

Total, que nos liamos a hostias.

Yo agarré a uno y le puse la nariz en el cogote.

Ya podrá.

-¿No dice usted que es cinturón negro?

Joder, como sangraban; me puso el traje perdidito.

Y este es un traje al que le tengo ley.

Y anda que no tiene usted vestuario.

Sí, pero a este le quiero mucho.

Me lo vais a dejar como nuevo, ¿a que sí?

¿Para cuando lo quiere?

Para anteayer.

¿Mañana puede ser?

Cuando usted diga, señor Morris.

¿Mañana?, pues mañana.

Pásese a esta hora y aquí lo tendrá.

Eso ya lo sé; pero limpio, se entiende.

Oye, ¿os puedo dejar aquí este maletín?

¿Tengo alguna cuenta pendiente? No.

Mejor que mejor, pago adelantado...

y si sobra algo, os tomáis unas cañas a mi salud.

Gracias. ¿Puedo usar el teléfono?

Adelante, ya sabe usted dónde está. Gracias.

Plancha de tintorería

Suena el teléfono

Suena el teléfono

Suena el teléfono

Suena el teléfono

¿Diga?

¿Se puede poner Félix?

(Espere).

Llanto

-¿Sí?

Quisiera hablar con Félix.

Ahora esta...

ocupado con unos clientes.

¿Qué se le ofrece?

Nada en especial, llamaré más tarde.

¿Quién era?

No sé, no estoy segura, pero... esa voz...

¿La ha reconocido?

Creo que sí.

Me parece que es ese hombre que llamó esta mañana,

ese que quería que yo viniese a la tienda.

Ya puede usted decir que ha nacido hoy.

Si llega a venir, a estas horas, habría un cadáver más.

El suyo. (Llora).

Plancha de tintorería

Bueno familia...,

a ver si no me hacéis una chapuza con ese traje, ¿eh?

Os diré un secreto:

ese es mi uniforme oficial para conquistarme a las tías.

Hasta mañana, Cándido. Adiós.

A las 11, me tendréis aquí, como un clavo.De acuerdo.

Hasta mañana. Adiós.

¡Joder! Este señor Morris

se ha debido de pelear con todo el 7 de caballería.

¡Fíjate!

Shhh...

Shhh, shhh...

Ven.

-¿Qué te pasa, ahora? -Que me estoy meando.

Llevo tres horas ahí fuera y no aguanto más.

-¡Joder!

Bueno, quítate la gorra y sígueme.

-Vaya "ganao", tú. ¿A cuanto sale el "polvo"?

-Calla y disimula que como nos vea el "maitre" me la cargo.

Y va el cura y la dice: "Hija mía, date por jodida".

¡Qué bueno! Hija mía, date por jodida

Oye, el cabrito ese, ¿no nos hará perder la noche, verdad?

-No, es un señor.

Yo le conocí en su buena época.

Ahí, dónde le ves,

ese, se ha pateado en juergas y mujeres y en vivir como Dios,

unos 100 millones de "pelas", en un par de años.

-¡Venga, ya!

Risas

(Muy bueno, muy bueno).

(Oye, ¿vosotros os sabéis el del coronel?)

¡Taxi!

¡Pero bueno, qué sorpresa, tómate una copa!

A ver Manolo, un whisky para mi amigo.Oiga que yo...

¿Me lo vas a despreciar? No..., si no es desprecio,

como me he pasado tanto tiempo fuera, esperando...

¿Te preocupa la carrera? normal. ¡Venga, que no se diga!

Tómate una copa! No gracias, de verdad.

¿Cómo que no?

Tómate este whisky y ven conmigo, ven.

¿Cómo están mis niñas, eh? ¿Cómo están mis niñas?

Aburridas, rico.

¡Ves, a estas también les preocupa la carrera!

Mira, mira que caras tienen de funeral.

Ahora mismito os espabilo yo. Andando guapas, andando.

¿Y, dónde vamos? A dónde tú quieras, vida mía.

Hasta mañana, a las once, no tengo nada que hacer.

A partir de ahora,

no pienso despegarme de vosotras dos, venid.

Venid, que os voy a explicar qué es lo que vamos a hacer.

(RÍEN)

¡Cómo eres!

Tintorería Portillo. Nada.

Tintorería Caballero. Sin noticias.

Tintorería Zamora. Nada.

Tintorería Del Moral. Nada.

Tintorería La Rosaleda. Nada.

Tintorería Trujillo. Sin noticias.

Suave que me estás matando

que estás acabando con mi juventud

Yo quisiera haberte sido infiel

y pagarte con una traición.

Eres como una espinita que se me ha clavado en el corazón

Suave que me estás sangrando

que me estas matando de pasión.

Yo que sufro por mi gusto

este cruel martirio que me da tu amor,

no me importa lo que me hagas

Hasta mañana, buenas noches. -Hasta mañana.

¡Eh! ¿A este no se le acaba la cuerda?

-Este tiene cuerda para rato.

Es capaz de aguantar de juerga y sin dormir...

lo que no hay en los escritos.

No ve usted que...

-Así, cualquiera.

-¿Quiere otra? -Lo que quiero es irme a dormir.

Si no fuera por lo que es, ya me había "larga'o".

-Lógico, claro.

Hasta mañana.

¡Eh, don José María!

Lo siento, hay que irse.

Anda ya... qué dices. Que ya tengo que cerrar.

Bueno, pues cierra, pero yo no cierro.

¡Ni tú, ni ese!

Vosotros os venís conmigo a seguir la fiesta.

¡Mira! Aquí tenemos las provisiones.

¡Vete calentando motores!

¡Y a mis niñas me las llevo puestas!

A que sí, a que sí.

A ver si encontramos una buena cama para los tres.

Otro distrito.

La Latina.

Tintorería Olimpia. Nada.

Tintorería Trébol. Sin noticias.

Tintorería Los Rosales. Nada.

¡Ole!

¡María, vámonos ya que estoy "canza'o"!

Otro día, hombre, que estoy "canza'o".

Vale, está bien, marchaos ya, marchaos ya.

Siempre me hacéis lo mismo.

Cuando está mejor de la fiesta os queréis marchar.

Otro día no nos vamos, otro día cantamos más.

Toma, ¿está bien? Está bien José María.

¡Vámonos, venga!

¡Adiós!

Ruido de avión

Espabila.

¡Hala, vámonos!

¡Policía!

¡No te muevas!

José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris.

Edad, 35 años.

Natural de Madrid.

Nacionalidad, española.

Hijo de José María y Teresa.

Estado civil, casado.

Nombre de la esposa, María Luz Martín Álvarez.

Nacionalidad de la esposa, norteamericana.

Profesión, comerciante.

Domicilio, calle de Escosura, 21, Madrid.

Nada, ¿verdad?

No señor, no.

Y llevamos más de diez horas con él.

Está muy entero y aguanta lo que le echen.

-No ha abierto la boca ni una sola vez.

Según todos los datos

que habréis podido leer en el expediente del caballero este,

está más claro que el agua que aquí, el señor Morris,

no es más que un vulgar chorizo,

un chulo de mala uva...

y un estafador de perra gorda.

Eso sí, con las mujeres es muy valiente.

Tres denuncias por malos tratos a putas,

naturalmente baratas;

cinco apropiaciones indebidas, o sea..., cinco chorizadas;

y chantaje a una señora ya mayor y respetable.

Y para guinda de este pastel asqueroso,

cuatro asesinatos, por la espalda y a traición,

de dos hombres y dos mujeres, todos indefensos.

Lo que os digo: un cretino de mierda.

No soy un cretino, ni un chulo, ni un chorizo, ni he matado a nadie,

ni voy a contarles nada.

¡Yo soy un señor, un caballero, me oye!

¡Un señor!

Así que, basta ya de insultos.

Eso no se lo aguanto a nadie.

Yo lo único que quiero es que me dejen dormir.

Estoy muy cansado y... no me encuentro bien.

Mira, eso si es verdad, tiene cara de "vomita'o".

¿No decíais que era un tío "braga'o"?

Un mierda.

Y eso que ha tenido toda la noche en el calabozo para dormir.

Y vosotros lleváis más de 24 horas sin pegar ojo.

Y ya lo ve, señor Morris, o doctor Balmaseda,

o señor Mendoza...

ya lo ve...,

tan frescos.

Vamos a tomarnos un "cafelito", chicos.

No le importará quedarse a solas un rato, ¿verdad?

No, no se vayan..., por favor, no se vayan..., hablaré.

Sí..., hablaré.

Suena el teléfono

Suena el teléfono

Suena el teléfono

Les diré toda la verdad.

Pero con una condición.

Mejor dicho, tres.

A saber.

Una, que me quite las esposas.

Dos, morfina.

Necesito pincharme. No..., no aguanto más.

¿Y la tercera?

Que se vaya este guardia;

le huelen mucho los pies.

La comida ha sido estupenda.

Y el postre particular es maravilloso.

Ya podéis servir los cafés y las copas a estos amigos

Para mí solo y mi buena copa de Remy Martín.

Podemos seguir,

¿por dónde íbamos?

Bachillerato en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid.

Después de nuestra cruzada de liberación,

dos cursos de Derecho en la Universidad Central.

En 1942, se traslada a Puerto Rico con su madre, portorriqueña,

y de una prestigiosa y adinerada familia local.

Luego, vive en los Estados Unidos,

matrimonio con una ciudadana norteamericana,

divorciado de ella en la actualidad;

un hijo...

¿A que no os imagináis dónde está mi hijo ahora?

En West Point.

Es cadete de West Point.

¿Que le parece?

Entra en el hampa del tráfico de drogas,

detenido, condenado a cinco años;

ingresa en la prisión de Springfield en mayo de 1946;

cumple tres años de la sentencia.

Después, en mayo de 1949,

incidente con lesiones graves a terceros,

en un establecimiento público

por el cual es expulsado de los Estados Unidos.

Llega a Madrid en 1950 con mucho dinero.

Ya lo creo.

Unos diez millones de pesetas.

Pensé que no se acabarían nunca.

Pero se acabaron.

Juergas continuas..., mujeres...,

lujo..., juego...,

despilfarro...

¿Cual sería la expresión correcta...?

¿Vida disipada?

Muy cursi.

Con perdón, inspector.

Pero, queda fino...

Vida, simplemente.

Y, como dijo aquél: "Que me quiten lo baila'o".

No, no diga nada, inspector;

ya sé que me lo van a quitar y de cuajo.

Y también sé que me lo merezco.

¿Otra copa de coñac?

Yo, con su permiso, señor inspector, me serviré otra.

Pero, ¿os habéis vuelto locos?

Me lo han dicho y no me lo podía creer.

¿Cómo es posible que tratéis así a un chulo asesino.

A un canalla que no es más que un hijo de la gran puta.

Golpe

Me cago en tu puta madre.

Pero, a ti, ¿quién coño te ha dado vela en este entierro?

Tengo carta blanca para hacer las cosas a mi manera, ¿te enteras?

¡Y la única manera de que ese tipo hable, es así!

Así que, no me jodas mi trabajo con tus escrúpulos morales.

Mira, como ese tipo se cierre en banda y no hable,

me vas a oír, ¿eh?

Pero, ¿a dónde vas tú por aquí?

-Me han dicho que traiga a estos señores.

-Pero esto es aquí, hombre.

¡Los rojos, abajo!

A la Brigada político-social.

Siento haber metido la pata.

Ya no me mandaba mi familia, desde Puerto Rico,

mi asignación mensual.

Por primera vez en mi vida, andaba corto de dinero.

Hacía varios años

que estaba en relación con Emilio y con Félix

y siempre me estafaban

con las alhajas que les llevaba a empeñar.

En el 56 conocí a Benil,

Benil Martin Johns.

Inglesa...

Nos enamoramos.

Benil iba a separarse de su marido y nos íbamos a casar,

pero ya no teníamos dinero.

Entonces, empeñamos una sortija de Benil.

Ellos me dieron solo 4000 pesetas, cuando valía más de 100.000.

Para desempeñarla, tenía que devolverles 6500 solo.

En fin...

¿Le ha visto el médico?

Sí, gracias.

Me ha puesto un vendaje muy apretado.

No hay ninguna costilla rota, solo una contusión fuerte.

Os costó trabajo ¿eh?

Cinturón negro. (RÍE).

Habéis leído "Los tres mosqueteros", ¿verdad?

Eso de los herretes de la reina.

Pues con el marido de Benil y la sortija pasó igual.

Yo tenía que rescatar la joya

porque el marido de Benil la amenazaba con un gran escándalo.

Así que, me hice de las 6500 que ellos me exigían ahora

y fui a por la sortija.

No me la dieron;

me dijeron que solo me la darían si Benil venía conmigo

o yo les traía una autorización de ella.

Benil había vuelto a Inglaterra y me envió una carta.

La autorización que te pedían.

No, exactamente.

Era una carta de amor.

Me decía que era absolutamente imprescindible,

para su buen nombre, recuperar su sortija.

Que yo hiciera todo cuanto estuviese en mi mano para devolvérsela.

Y más cosas.

Palabras de una mujer enamorada.

Intimidades.

Les enseñé la carta.

Entonces me pidieron el 200% de lo que tenía que darles;

o sea 13.000 pesetas.

Y me anunciaron

que si no cerraba el asunto en un plazo de cinco días,

estaban dispuestos a vender la joya.

Pude convencerles de que no la vendiesen,

pero, como garantía, me exigieron la carta de Benil.

Y tuve que dársela.

A partir de entonces, las cosas fueron de mal en peor.

Me amenazaron constantemente,

con mandar una copia de la carta al marido de Benil,

a través de la embajada inglesa.

Los tres mosqueteros eran cuatro y yo solo era uno.

Pero, como soy un hombre y soy español;

una de las pocas cosas serias que se pueden ser en este mundo,

tomé la decisión de hacerme con la joya y con la carta.

Lo demás, ya lo sabe usted.

He perdido...

Y estoy dispuesto a pagar.

Como me gustaría poderle decir a Benil:

"España y yo, somos así... señora".

El 10 de febrero de 1959,

la sección 5 de la Audiencia Provincial de Madrid

dictó sentencia en la causa contra Jarabo.

Sentencia ratificada por la Sala 2 del Tribunal Supremo,

con fecha del 20 de mayo de 1959.

Dice así:

"Fallamos que debemos condenar y condenamos

a José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris,

como responsable, en concepto de autor,

de un delito de robo con homicidio,

en la persona de Emilio Fernández Díez,

con una circunstancia agravante

de otro delito de igual naturaleza

en la persona de Félix López Robledo con dos circunstancias agravantes,

y de dos delitos, cualificados por la alevosía,

en las personas de Paulina Ramos Serrano

y doña M de los Desamparados Alonso Bravo,

con una circunstancia agravante a la pena de muerte

por cada uno de los cuatro delitos".

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La huella del crimen - Jarabo

26 jul 2017

La policía descubre cuatro cadáveres en un domicilio particular el 21 de julio de 1958. El asesino pertenecía a una adinerada familia de gran influencia política y se hacía llamar José María Jarabo Pérez Morris. En su declaración Jarabo confiesa haber cometido los crímenes para salvar el buen nombre de Beryl, mujer de la que estaba enamorado. Es condenado garrote vil y ajusticiado.

Histórico de emisiones:
07/08/2012

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