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La huella del crimen - El crimen de las estanqueras de Sevilla - ver ahora
Transcripción completa

-La historia de un país es también la historia de sus crímenes.

De aquellos crímenes que dejaron huella.

Se rompen cristales.

-Hola, ¿Castillo, cómo le va? Muy bien, gracias.

-Robo nuestro de cada día. Por favor.

-Sevilla irá a la cabeza de crímenes de España.

Sevilla es una ciudad muy bonita, pero muy dura.

Dígale a los lectores del ABC que se queden tranquilos.

Estos muchachos cogerán a los que han roto el escaparate.

-Jefe.

¿Diga? -Han llamado por la radio del coche.

¿Qué pasa? -Un atraco en un estanco.

Han asesinado a dos estanqueras.

¿Quién avisado? -La comisaría de San Bernardo.

Ah, Ortiz, vamos.

-Ahí llega el jefe. -¿Es ese el Chaval?

-Javier Castillo, jefe de la brigada de investigación criminal.

¿Qué ha pasado? -Han asesinado a las 2 estanqueras.

¿Y? -Ayer por la tarde ya no abrieron.

Y hoy tampoco, esta mañana se ha celebrado un funeral.

Los familiares se extrañaron de que estas mujeres, tan devotas,

no acudieron. Un sobrino, de la policía armada,

al ver el estanco cerrado, forzó la puerta que da a la escalera.

Mis hombres han iniciado las diligencias.

-La primera, detrás del mostrador...

decúbito lateral derecho.

La segunda...

frente a la puerta de entrada, decúbito prono.

Ambos cadáveres muestran... ¡Hombre, Castillo!

Como ve, no es para darle los buenos días.

Buenos días, señor juez.

Qué barbaridad.

-Los asaltantes debieron entrar por la puerta.

Ellos mismos la cerraron después.

-A propósito,

este bolso está lleno de huellas muy visibles, llévenlo al gabinete.

Seguimos.

Aquí habrá casi mil pelas. -Ambos cadáveres...

-Las dejarían por el peso. Qué generosos.

-...número indeterminado de cuchilladas...

-Mira, comisario.

Tictac de un reloj.

¡Aquí hay más dinero! -¿Qué dinero?

Este.

¡Robo, por Dios!

Ya me explicaréis quién es el chorizo que se entretiene

en coser a navajazos a dos mujeres.

Una de un metro cincuenta y tres y la otra... ¡Vamos!

Si hubieran sido unos mangantes no dejan ni la chuleta de cordero.

(RÍE) Y las 600 pesetas en rubias.

Que pesan.

¿Qué van a pesar? Lo que pesan son los estómagos vacíos.

A esos de la Comisaría de San Bernardo,

que son tan espabilados,

se les puede pasar por alto la caja de puros con las 7 500 pesetas,

pero los ladrones no dejan de revisar el fondo de los cajones.

-He estado en el banco.

Las 7 500 pesetas era lo que venía haciendo el estanco a la semana.

Y hace exactamente una semana que no ingresaban.

O sea que los asesinos no se llevaron nada.

Yo creo que la clave la tenemos en el ensañamiento.

Tenemos que investigar a fondo, la vida de esas mujeres.

Posibles enemigos, odios, familia, herederos...

Ya sabéis, se mata por dinero o se mata por pasión.

Guitarra española.

¿Desde cuándo no nos hemos alegrado?

(RÍE)

Sigue la guitarra española.

Voces varias.

-¡Eh, quillo!

-17 reales.

No tengo nada, chaval. -¿Ah, no?

¿Estás seguro? No tengo nada.

Estoy más tieso que las vías del estanco.

Coche acelerando. -¡La bofia! ¡La bofia!

Griterío. ¡La bofia!

¡La bofia!

-¡Alto, alto!

Pasos.

-Venga, vamos, otros cuatro para arriba.

Tú, tú. Y tú también, guapita.

Voces.

-Sí, señor, sí.

Sí, sí, sí. -Me llaman la gaditana.

-Sí, señor. -¿Nombre?

-Carmela Ribero. -¿Natural de?

-Zaragoza.

-En Estepa, el pueblo de las dos mujeres,

hubo fusilamientos en el 36 y paseos en el 39,

pero las dos mujeres pasaron toda la vida en Sevilla.

Eso no quería decir nada.

Pudieron denunciar a rojos sin ir a Estepa.

Ah, quiero una relación de todos los individuos de izquierdas,

de Estepa,

que hayan salido de la cárcel beneficiados por el último indulto.

-La que ha liado Ortiz, jefe. ¿Qué pasa?

-Ha limpiado el muelle de la Paja. ¿Cómo?

-Anoche hizo una redada y detuvo a 23.

Vamos bien, dos crímenes sin aclarar,

y ese lameculos llena la cárcel de putas y mariquitas.

-¡Pasa! -¡Mía, pásala!

-¡Tira!

(MEGÁFONO) -Atención Marcos Alcalá a comunicaciones.

¡Ojitos, coño, comunicaciones! -Tú, quédate de portero.

-¿Qué tal, Ojitos? -Pues ya ve usted.

-Siéntate.

Veo es que es una pena que no te dedicaras al fútbol.

Te habría ido mejor.

-¿Ha venido a hablar de fútbol?

-Tú sabes a lo que he venido.

Lo que no se sabe en la calle, se sabe en la cárcel.

-Yo no sé nada.

-Te queda una semana todavía.

-¡Cinco días!

-¿Y si te meto otro arresto de dos meses?

Ya la tengo firmada.

-¿Por qué? -¡Por mis cojones!

-¿Qué ha pasado?

-Ah, ¿no sabes lo que ha pasado?

-Yo no sé nada. -Se ha vertido sangre decente.

¿Qué nombres suenan por aquí?

-Las estanqueras. Lo de las estanqueras, ¿no?

-No, los que fusilaron a José Antonio.

-Es un asunto muy feo.

-¿Qué se dice por aquí?

-Se habla de un tal Velasco.

Eso es lo que se dice.

Lo tiene usted aquí. -¿Solo?

-Fueron tres.

Velasco y los otros dos se han ido a la legión.

Carmona, que le dicen el Tarta.

Y un tal Antonio González.

-¿Estás seguro?

-Se lo juro por lo más sagrado.

-Así que...

Velasco.

¡Pero si yo no he hecho nada!

Yo no he hecho nada de importancia.

¡Si yo no he hecho nada! No he hecho nada, ¡ay!

Por favor, no me puedo mover.

Llevo todo el día aquí de pie. -¡A callar!

Se abre la puerta.

-¡Eh, tú, firmes! ¡He dicho que de pie!

-¿Cómo va eso? -Yo creo que ya está.

-Bueno, pues vamos arriba con él.

(LLORA)

-Vamos, hombre, no seas terco. Si lo sabemos todo.

Sabemos que fuisteis el Carmona... ¡No!

...Antonio González y tú.

¿Vas a hablar de una vez? ¡No!

(LLORANDO) Yo no fui.

¿Por qué tengo que confesar algo que yo no he hecho?

-Vamos.

¡No! ¡No, por favor!

¡Por favor, más no, por favor!

¡Por favor, no! ¡Ah!

Preso cantando.

Ay, ay, ay, ay, ay...

Ay...

Ay, ay, ay, ay...

Deja de cantar.

-¿Qué hora es?

-Las 11:30.

-Tengo unas ganas de irme a casa.

-Estate quieto de una vez. -¡En la cara no le des, joder!

-"Que el Carmona y el González habían concebido un plan

para antes de irse a la legión de realizar un robo

en el Estanco de Menéndez y Pelayo,

pues sabían que las propietarias tenían bastante edad

y el resultado les sería positivo.

Que no le hablaron de hacerle daño a las mismas.

Que a la una y media del día 11, llegaron los tres al estanco,

quedándose el dicente en la puerta.

El González conminó a la hermana, detrás del mostrador,

a entregar dinero y alhajas.

Ella se negó y pidió auxilio.

Él se echó sobre ella y le dio un navajazo cayendo ella muerta.

Que hizo presencia la otra hermana y el dicente se dirigió a ella

para taponarle la boca, como ella lo esquivó,

Carmona la hirió mortalmente con su navaja.

Que en el reparto del dinero robado le correspondieron 8 000 pesetas

que el dicente se ha gastado en bebida y comilonas

con gente de mal vivir.

Firmado: Julián Velasco Pérez". Y rúbrica.

¿Se ratifica en esta declaración?

¿Sí? ¿Eh?

No, no esa es la verdad. Lo que está ahí escrito.

-¿O sea, que la ratifica?

¿Que si me rectifico?

-No, no, ¿si la ra-ti-fi-ca?

Esa palabra, perdone, no la entiendo, Sr. Juez.

-Si está usted conforme con la declaración.

Ah... sí, sí, sí.

-¿Le coaccionaron para que la presentara?

¿Me coaccionaron?

-¿Si le forzaron? Sí.

No, no, no.

-He observado que...

que tiene unas contusiones en el cuello y la garganta.

Eh.

Me las he hecho yo mismo.

-Cuando le manifestó a la policía que le propusieron el golpe,

¿a quién se refería? ¿Quién se lo propuso concretamente?

-Velasco.

Julián Velasco fue el que me propuso robar en el estanco.

Con el Carmona y con Antonio González.

Yo me negué.

Pero él estaba muy decidido.

"A las bravas", dijo. "Lo vamos a hacer a las bravas".

-¿Qué quiere decir "a la brava"?

-A por todas. Ir a por todas.

-Yo lo vi. Allí estaban los dos, en el río.

Al día siguiente de las muertes.

Ella lavándole unas ropas llenas de sangre y...

el Tarta nadando tan feliz como si nunca hubiera matado una mosca.

-Llevaba mucho dinero y me estuvo invitando toda la tarde.

Gastaba el dinero como si tuviera prisa.

Y no llevaba puesta la camisa. Y me dijo que se le había manchado.

-¿A usted le dicen Granaína? -Sí.

-¿Y a cambio de qué le invitó a usted el Carmona?

-Carmona es el Tarta, ¿no? El Tartaja.

-Sí.

-Pues ¿de qué iba a ser?

-¿Quiere usted insinuar que el Carmona es homosexual?

-Ya ves tú. -¿Cómo?

-Yo no insinúo nada.

-Sí, yo le lavé en el río la camisa y los pantalones al Tarta.

Estaban muy sucios de sangre, me costó mucho sacarle tanta sangre.

-¿Y no le preguntó usted la causa?

-Sí.

Me dijo que lo hizo con una que estaba con el tomate.

-¿Con qué?

-¡Joder, la regla!

-¿O sea que ahora usted niega lo que afirmó en esta declaración?

Sí, señoría, es falsa.

(TARTAMUDEA) Todo lo que... he dicho ahí es mentira.

-¿Y por qué lo hizo?

¿Es que le coaccionaron?

Dije que lo había hecho para que me levantaran la incomunicación.

Y aún me... estarían dando.

Pero nunca estuve en ese estanco.

¡Nunca!

-No, novios, no. Simplemente hablaba con él.

-¿Con Julián Velasco? -Sí.

Algunas veces venía a recogerme al parque.

Como aquel día.

El del crimen.

Aquella mañana entró al estanco y salió a los pocos minutos.

-Ajá. ¿Y qué más?

-Nada.

Al otro día yo me enteré del horroroso crimen.

Todos lo comentaban,

que si les habían dado no sé cuántas puñaladas a las viejas.

Que les habían cortado la cabeza y puesto en el mostrador.

-Este y este.

La mañana del día del crimen estaban parados en la puerta del estanco.

Y lo recuerdo... porque tuve una sospecha de ellos.

Una semana antes, allí mismo,

me habían robado una regadera en un momento que me distraje.

Y al verlos allí parados, quietos y sin hacer nada, me dije:

"Mira tú, si fueran estos los que me quitaron la regadera".

-Vamos a ver, vamos a ver. Esta es su declaración número 12.

En diez reconoce su culpabilidad.

Y en dos se retracta.

Eso es... Me retracto... Eso es.

-¿Cuándo dice usted la verdad? ¿Ahora o antes?

Ahora.

Yo no fui.

No he estado nunca en ese estanco.

No he estado nunca en ese estanco.

No he estado nunca en ese estanco.

Nunca.

-"El reconocimiento médico empezó a las 11 y terminó a las 14:40.

Y pasaron estos dos:

Antonio González y Lorenzo Carmona".

-¿Y no podría precisar a qué hora pasaron reconocimiento ellos dos?

-No, eso no consta en el informe, ni se puede procesar.

-¿Y usted no lo recuerda? -Tampoco.

Solo puedo asegurar que entre las 11 y las 14:40 pasaron reconocimiento.

-O sea que...

pudieron hacer otras cosas esa misma mañana.

-Puede ser, sí, puede ser.

-Pudieron ir...

desde el banderín de enganche hasta el estanco hacia la una y pico

y cometer esos crímenes.

Estás loco, estás... majara, me vas a buscar la ruina.

Haz como yo, lo mejor es decir la verdad.

Confiesa la verdad.

Pero ¿qué verdad? ¿Qué quieres... que confiese,... desgraciado?

¿Qué te he hecho yo, eh?

Di todo lo que hicimos.

¿Adónde tirasteis las navajas tú y González?

¡¿Qué navajas, hijo de puta?! -¡Siéntese!

Cierto o no que arrojaron las dos navajas al río

en las inmediaciones del puente de Triana?

Se lo ha inventado, Señoría.

Se lo ha inventado o se lo han dictado.

Está loco, pero ¿no lo ve? Está loco, está loco, ¡está loco!

Están equivocados.

-Lo que pasa es que nos tenemos que callar.

Porque los de S. Bernardo se han apuntado un tanto.

Este caso se está llevando mal.

-A esos tres desgraciados, les ha caído un paquete.

Nada.

Ni una prueba, ni una huella y ahora ni siquiera las navajas.

-Bien, procedamos a reconstruir los hechos.

¿Quién fue el primero en entrar en el estanco?

El primero fue el Tartaja.

-A ver, a ver, a ver. Que traigan al Carmona.

¡Ya estoy harto de contradicciones!

Carmona...

¿así que usted fue el primero en entrar al estanco ese mediodía?

¿Que yo fui el primero?

¿Eso has dicho, hijo de puta?

Yo no he estado allí nunca, Señoría.

¡¿No ven que se ha vuelto loco?!

Que pregunten a González.

Me he equivocado, me he equivocado, fue González.

-Que traigan a González.

González, vamos a ver...

¿en qué orden entraron ustedes en el estanco?

-Yo entré el último. ¡Mentira!

-Me situé junto a la puerta para cerrarla.

Y cuando me vuelvo,

¡veo que el Carmona le da un navajazo a la estanquera!

¡Fuiste tú! -¡¿Qué hace?!

¡Ve de frente, desgraciado!

Gritos de los dos inteligibles. (LLORANDO) ¡Decid, la verdad!

Por el amor de Dios.

¡Decid la verdad, por el amor de Dios, decid la verdad!

¡Decid la verdad! La verdad.

Gritos, aplausos, vítores. -¡Viva el Tarta!

-Sr. Velasco, explique al Tribunal la palabra transversal.

¿Transversal? No lo sé.

¿Y el término ínfero-anterior? ¿Tampoco lo sabe?

No. -¿Y tampoco el significado...

de términos como: situación topográfica, casa de lenocinio

y tantos otros escritos es su declaración?

Esto es lo único que acusa a esos tres hombres,

de ser autores del crimen de las estanqueras,

la declaración de Julián Velasco,

una declaración llena de términos que él jamás ha usado,

y de los cuales ni siquiera conoce el significado.

Conminar, merodear, articular, propiciatorio...

Sr. Velasco,

¿quién le dictó esta declaración?

La policía, fueron ellos.

Ellos me obligaron. -¡Yo soy inocente!

Aplausos. ¡Inocente!

¡Tengo madre! -¡Silencio! ¡Orden!

Cesan los aplausos. -¡No!

-No le voy a consentir ninguna interrupción.

¡A la próxima le expulso!

¡Y ustedes también!

O guardan compostura o les desalojo!

Y a ustedes les ruego más seriedad y menos dramatismo.

Sabemos de sobra que Sevilla entera está pendiente de este proceso,

no le echemos más leña al fuego.

-Con todos mis respetos, debo aclarar que mi deber ético

y profesional es echar al fuego toda la leña necesaria

para que resplandezca la verdad. Y si todo arde, pues que arda.

Si es en bien de la justicia.

-Me uno a las palabras de mi compañero.

-Y yo también.

Y quiero que conste en acta la advertencia del Sr. Presidente

por si significara una restricción en el ejercicio de la defensa.

-Muy bien, que conste en acta.

¿Ha terminado su interrogatorio? -Sí, Señoría.

-Póngase en pie Lorenzo Carmona.

Señor fiscal, su turno.

-Usted es conocido en el hampa como el Tarta, ¿no?

Eso en la cara no me lo llaman.

-Usted fue el primero en entrar en el estanco, ¿cierto?

Entré por primera vez en el estanco cuando me llevaron esposado.

-¿Cuánto dinero se llevó exactamente después de matar a las estanqueras?

Yo no maté a nadie.

Ni me llevé nada, porque nunca estuve allí.

Pero si al día siguiente de lo del estanco,

tuve que robar dos carteras en la estación de Córdoba.

Si robé por algo sería, ¿no?

Porque no tenía nada.

-Pues claro que sospeché de ellos al verlos frente al estanco.

Pero si me habían quitado la regadera unos días antes.

-¿Los vio entrar en el estanco?

-Ni los vi entrar, ni salir.

Estaban de pie, quietos. -¿Y qué ocurrió?

-Pues que al echar lo que barrí en la basura me entretuve un rato.

Y cuando me di la vuelta ya no estaban.

-Usted declaró

que lo suspendieron 5 días de sueldo por haber perdido la regadera.

Sin embargo, el ayuntamiento en este comunicado,

niega que usted sufriera sanción alguna.

-Yo no sé lo que dirá eso, pero a mí se me quedaron con 5 días de jornal.

-Declaró que Velasco le propuso dar el golpe en el estanco, ¿no?

-Sí, señor. "Y a las bravas", añadió.

-¿Podría señalar cuál de los tres procesados es Julián Velasco?

-Sí.

Aquel. Pero si yo soy Carmona.

-No nos conoce el hijo de puta. -Silencio, callen o les expulso.

...en la vida. -Prosiga el interrogatorio.

-¿Es usted un maleante? -No, señor.

-¿Y por qué estuvo 15 meses preso? -Me aplicaron la gandula.

-La gandula es la ley de vagos y maleantes.

-Sí, señor. -¿Si no era un maleante, por qué...

le propusieron los procesados dar el golpe en el estanco?

-Eso digo yo.

Carcajadas de la sala.

-Porque si pedimos la máxima pena para los procesados,

es porque tenemos el convencimiento de que fueron los autores

del doble crimen.

Tan solo un detalle ha faltado en este juicio.

Hubiera querido traer de testigos a las víctimas.

-¡Si vivieran yo no estaría aquí! -¡Silencio!

¡Si las pobres viejecitas vivieran dirían que soy inocente!

Campanilla. -¡Fuera de la sala!

(FORCEJEOS) -¡Fuera! -¡Soy inocente y me quieren matar!

¡Me quieren matar! ¡Soy inocente! -Quiero terminar mi informe

señalando que sería partidario de abolir la pena de muerte.

Pero que antes la supriman los criminales.

-¿Qué hay contra ellos? Nada.

Unas declaraciones que ni confesiones personales son.

Y el testimonio de algún individuo de deplorable catadura moral.

Y nada más.

No hay nada que los acuse definitivamente.

Ni una sola huella de su paso por el estanco.

Ni rastro de las navajas usadas.

-Ponga Dios mucho acierto en vuestras manos.

En las que se encuentran las vidas de estos tres desgraciados,

que si bien es cierto constituyen verdadera escoria social,

no lo es menos que son ajenos a tal repugnante hecho.

Por eso pido su libre absolución.

-¡Vivan los abogados! (TODOS) -¡Vivan!

Canta el loro. Agüita, ahora.

Buenos días.

Buenos días.

¿El padre Antequera? Ajá.

Soy Javier Castillo.

Le hacía mayor. (RÍE) Yo a usted... más joven.

El Chaval, ¿no? ¿No es así cómo le llaman?

Es un apodo de hace ya muchos años. Ajá.

Cuando entré en la policía era apenas un chaval.

He venido a verle porque está usted en contacto permanente

con los acusados del crimen de las estanqueras.

Sí, además es que el caso de estos tres es muy especial.

Cada día estoy más convencido de que son inocentes.

Desde un punto de pista policial ha sido mal llevado el caso.

Tenía idea de que usted también estaba convencido de su inocencia.

No, no es eso.

Me preocupa que no se aportaron pruebas de su culpabilidad.

Además se está dando en ellos un cambio que no es nada común.

Están empezando a aceptar su terrible situación

con cierta resignación cristiana.

Eso no está en mis manos, yo pienso seguir investigando.

Sí, ellos necesitan su ayuda.

Porque ahora solo les queda la clemencia.

Y no sé si ha llegado a sus oídos o no,

una frase tremenda que parece que dijo alguien estos días.

No. ¿A qué se refiere?

Parece ser que alguien ha dicho:

"Esos tres van al garrote, porque yo no pierdo mi cargo".

Déjennos solos.

Pena de muerte, ¿no? Sí.

Dios va a impedir que nos maten, su misericordia es infinita.

¡No!

Fuiste tú quien nos lió.

Le seguiste el juego a la policía y quieren liarnos con el fraile.

¡Yo no quiero nada de ese! ¡¿Me oyes, cagado?!

Yo necesito justicia.

Justicia.

(LLORANDO) ¡Necesito justicia! Él es la única justicia!

¡Y la mano de Dios aquí soy yo!

Lucharé con todas mis fuerzas

para que se reconozca vuestra inocencia.

-No lo hicimos, Padre. No lo hicimos.

Ahora os van a incomunicar.

Y no os podréis ver ni entre vosotros mismos.

Debéis conseguir que ese aislamiento

no sea una tortura para vosotros.

Solo lo podréis conseguir pensando en que no estáis solos.

¡Haré que todas las cofradías, hermandades, sociedades...

que toda Sevilla os apoye!

Confía en mí, Carmona.

No tienes más remedio que empezar a creer en algo.

(LLORA)

Quiero la identificación de cada huella

y sobre todo de las del bolso negro.

-El bolso fue remitido al juzgado y ya no sirve.

Habrá que utilizar las copias de las huellas fotográficas.

Las que no eran del Tarta, ni de los otros dos.

Quiero cada huella con nombre y apellido

y conocer la vida de cada persona que tocó el bolso.

-Muy bien. Voy a reclamar las copias fotográficas.

Ya.

-La bofia. La bofia.

-Tranquilos. ¿Qué pasa? Tranquilidad.

-A la paz de Dios, jefe. ¿Les apetecen unos pescaditos?

¿Dónde está el Ojitos?

Me refiero a Juan Marcos Alcalá, el Ojitos.

-¿No habéis oído hablar de él?

¿No eres tú Carmela, la gaditana, la novia del Tarta?

-Eh, que yo no tengo novio.

¿No sabes dónde está el Ojitos, que denunció a tu hombre?

-Señor, comisario, ¿por quién pregunta usted?

¿Por ese tiñoso, canijo y malasangre?

(RÍEN) -Hace mucho que no viene por aquí.

Escuchadme.

Tengo que encontrarlo.

Si doy con él, puede que el Tarta se libre del garrote.

-¿Qué tengo yo que ver con el Tarta?

Por mí como si le dan garrote y le tiran a los peces.

(REZA MUY BAJITO)

En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

(SIGUE MURMURANDO)

-Sangre de Cristo.

Cuerpo de Cristo.

Sangre inocente de todos los mártires.

¿Perdidas? -Sí, esto es todo lo que hay.

El informe negativo y algunas huellas tomadas del anterior.

¿Cómo pueden haberse perdido las huellas del bolso negro?

-Pues en el trasiego Sevilla Madrid, Madrid Sevilla.

-La Hermandad de la Santa Caridad apoyará la petición de indulto.

Pero hay que movilizar más gente. Sí.

-Desde 1924, no ha habido ninguna ejecución en Sevilla.

Ejecución ordinaria, quiero decir.

Aunque solo fuera por eso,

creo que Sevilla respaldará la petición de clemencia.

Sí, pero yo quiero llegar a lo más alto.

-Usted está mucho más cerca de ello que nosotros.

Rezan en latín el Ora Pro Nobis.

-Ahí está. Gracias.

Graznidos.

Pintan bastos, ¿eh, Ojitos?

-Malos tiempos, sí.

¿Por qué denunciaste a esos tres?

-Dije lo que se hablaba en la cárcel.

Pero a ti no te invitaron a participar en el golpe, ¿no?

-No. ¿Y por qué dijiste que sí?

-Pregúnteselo al comisario Ortiz.

¿O declaraba o la gandula?

Si te llevo al juez,

¿rectificarías lo que declaraste?

-No.

No serviría para nada.

Pero a esos tres les espera el garrote.

-Suerte para ellos.

(LLOROSO) ¿Y a mí sabe lo que me espera?

Los míos me ven como un apestado.

O por robar.

Porque en la cárcel me rajarían en un abrir y cerrar de ojos.

Ya ni para chivato puedo.

(LLORA) Esos tres me han jodido bien la vida.

Que paguen.

Malos tiempos para todos.

Te entiendo, Ojitos.

Pero si vuelvo a verte por Sevilla,

te juro que te arrepentirás de haber nacido.

-Su Eminencia le está esperando.

Gracias, Padre.

Cánticos de misa.

Ilustrísima.

-Siéntese.

Me han llegado noticias del enorme esfuerzo con el que actúa

para apoyar a esos... condenados por el crimen de las estanqueras.

No hago más que cumplir con mi obligación, Ilustrísima.

Pero es que en este caso se reúnen unas especiales circunstancias.

-Diga, diga, adelante.

Estos tres desgraciados están a punto de ser ajusticiados.

Yo estoy plenamente convencido de su inocencia.

-El Tribunal Supremo ha confirmado la sentencia.

Comprendo su entusiasmo.

Pero no es misión nuestra interferir en los problemas temporales.

Sí, pero estos presos son un caso excepcional, Ilustrísima.

Se está dando en ellos un cambio extraordinario,

están empezando a mostrar una actitud religiosa y piadosa,

que nada tiene que ver con la vida que llevaban antes.

Donde antes no había más que desesperación...

hoy reina la Fe.

-No se me escapa que eso es fruto de su labor.

Sí, pero bueno, hay algo más a tener en cuenta, Ilustrísima.

Pasos apresurados de personas.

Desde 1924 no ha habido ninguna ejecución en Sevilla,

y la ciudad se enorgullece de ello.

La justicia ya ha dicho su palabra.

Ahora solo cabe apelar a la clemencia.

Además, un indulto llenaría de alegría a la ciudad.

-Conozco muy bien la generosidad del pueblo sevillano,

y sus nobles sentimientos.

Por eso he venido a pedirle, Ilustrísima,

que apoye la petición de conmutar las 3 penas de muerte en Madrid.

Ante el Jefe del Estado.

-No es mi intención salirme de mis límites.

Hacerlo podría ser mal visto.

Aunque repito que aplaudo su esfuerzo.

Pero yo desgraciadamente no puedo hacer nada

para apoyar su causa.

Hermano.

¿Qué quieres, hijo?

Quiero saber una cosa.

¿Qué?

¿Cómo es el garrote?

Venga, no pienses ahora en eso.

Ten esperanza en que llegará el indulto.

Vamos a rezar. ¿Y si no conceden el indulto?

Venga, vamos a rezar.

¿Cómo es?

¿Cómo es?

Bueno, parece ser que es una pieza metálica compuesta de dos partes.

En la parte de delante se sujeta el cuello,

y la parte de atrás es un mecanismo que al girarlo,

tira de la parte de delante para atrás y...

-¿Se sufre mucho?

No lo sé.

-¿Se tarda en morir?

Me han dicho que no.

-¿Y qué más le han dicho?

Que cuando se aplasta la garganta se pierde el conocimiento...

y cuando se rompe el cuello se produce...

-La muerte.

Hay una cosa, Padre...

que le vengo dando vueltas en la cabeza.

Si yo digamos...

acepto la muerte como viene,

pero no he cometido ese delito,

¿de qué va?

Es un sacrificio.

Sería como una forma de... expiar todas tus culpas.

Está así bien, entonces.

¿Qué quieres decir?

Que lo deje como está.

¿Qué? Que no pida más el indulto.

No merecemos morir por ese crimen que no hemos cometido,

pero si hay justicia divina en este mundo,

lo merecemos mil veces por nuestra vida anterior.

Por todos los demás... crímenes por lo que no pagamos nada.

Si ahora el indulto llegara,

solo nos haría volver a nuestra vida anterior.

Es mejor así.

Y que Dios nos conduzca al lugar que nos tiene reservado.

Pájaros cantando.

Gracias. -Adiós, buenas tardes.

-¿Cómo es?

Es curioso, con esa voz...

No, pero impone un gran respeto.

-¿Qué ha dicho?

Se ha mostrado interesado

y sorprendido al ver la cantidad de firmas pidiendo el indulto.

Sobre todo que fuese de gente tan diversa.

-¿Cree que lo concederá? Pues no lo sé.

Estamos ante el problema de siempre,

de que la clemencia no parezca debilidad de la justicia.

Martillazos.

-Lo mismo dentro de un rato te toca desmontar todo esto,

empaquetar y volverte de vacío.

-Bueno... cosas del oficio.

Yo estoy aquí a lo que me manden.

Que atrás, atrás.

Que adelante, adelante.

Ladridos.

¿Qué quieres, hijo? Hermano.

Quiero morir el último.

El orden lo marca un reglamento.

Tú serás el último porque fuiste el último en ser detenido.

No le temo a la muerte, fray Antequera.

Pero sí al garrote.

-Buenos días, ¿qué desean? -Buenos días.

Somos los abogados de los condenados.

-¿Qué, cómo fue?

-Nada.

-¿No se ha recibido ninguna llamada de última hora?

-No, todavía no.

-La gestión de Madrid no ha sido positiva.

Hablamos con el Pardo, con el jefe de la casa civil,

que prometió enterarle del asunto una vez más.

Pero...

-Voy a preparar unas inyecciones de morfina,

es lo más indicado, creo.

-No es necesario, se lo propuse y lo rechazaron.

Quieren ofrecer ese sacrificio a Dios Nuestro Señor,

y su Santa Madre.

-Ya está amaneciendo.

-Sí, ya va siendo hora.

Campanas.

(RESPIRA ANGUSTIADO)

(SOLLOZANDO) Ah...

Hermano...

¿Qué quieres, hijo?

Quiero rezar.

¿Qué quieres rezar?

(LLORANDO) La salve, la salve a la virgen.

(LOS DOS) -Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,

vida dulzura y esperanza muestra.

-Dios te salve.

(LOS TRES) -A ti llamamos los desterrados hijos de Eva.

(SORBE Y LLORA MUCHO) a ti suspiramos, gimiendo y llorando

en este baño de lágrimas.

(LOS TRES) -Ea, pues, Señora abogada nuestra,

vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos,

y, después de este destierro, muéstranos a Jesús,

(LLORANDO MUCHO) a Jesús....

(LOS TRES) -¡Oh, clementísima! ¡Oh, piadosa!

-¡Oh, siempre virgen María!

-Ruega por nosotros pecadores. Ruega por nosotros... pecadores...

-...para que seamos dignos de alcanzar.

las promesas de nuestro señor Jesucristo, amén.

(LLORA MUY ALTO)

Ruido de la palanca.

(SE QUEDA SIN RESPIRACIÓN) ¡Ah!

(SIGUE PERDIENDO EL AIRE) Aaaag, aaaag....

Adiós, patio de la cárcel.

Adiós, patio de la cárcel.

Patio de las tres palmeras.

Donde se mueren los hombres.

Donde se mueren los hombres

de sentimiento...

y de pena.

(RESPIRA ANGUSTIADO)

(RESPIRA ASMÁTICO)

(COGE AIRE DESESPERADO)

(DESGAÑITÁNDOSE) -¡Viva Cristo Rey!

Gira la palanca. ¡Aaaaaaaah!

No, no me cubra los ojos.

-Levántese, por favor.

(LLORA)

Fortaleza, hermano.

No me importa nada dejar este mundo.

¡No quiere que se lo ponga! ¡¿No lo ha oído?!

Es que, padre, no es por aliviarle a él,

es por los testigos, para que no...

¿Vamos, pues...?

¡Vamos!

(EXPIRA DOLORIDO)

Aquella no fue mi única experiencia asistiendo a reos de muerte,

pero sí la más impresionante.

Pues ya entonces estaba seguro de que habían ejecutado

a tres inocentes del delito que se les imputaba.

Incluso cuando me despedí del verdugo,

y le entregué un puro y un paquete de cigarrillos

que Carmona me había dado para él,

me comentó que le habían parecido tres buenos tipos.

Pero aún habría de pasar mucho tiempo

varios años,

para que aquel convencimiento mío de su inocencia

se convirtiera en una certeza total.

Pasos.

-¿El padre Antequera, por favor? -¿Qué desea?

-Confesión. -Espere un momento.

-Ave María purísima. Sin pecado concebido.

-Usted es el padre Antequera, ¿verdad?

Sí.

-He estado mucho tiempo buscándole

para poderme confesar con usted.

¿Por qué conmigo?

-Por lo que tengo que decirle.

He tardado mucho en decidirme a dar este paso.

Y si por fin lo he dado es porque tengo la seguridad absoluta

de que todo lo que yo le cuente

sabrá guardarlo bajo el secreto de confesión.

Quiero confesarme de que hace casi veinte años

yo fui el que asesinó a las estanqueras.

Y no me arrepiento por ellas,

sino por aquellos tres hombres que pagaron con sus vidas

por un crimen que no habían cometido.

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La huella del crimen - El crimen de las estanqueras de Sevilla

03 ago 2017

En julio de 1952, en el interior de un estanco de la calle Menéndez Pelayo de Sevilla, se encontraron bañadas en sangre a las dos hermanas solteronas propietarias del negocio. Nada apareció revuelto y nada se llevaron los asesinos. La justicia se cebó en tres parias con numerosos antecedentes. El 4 de abril de 1956 fueron ejecutados en el garrote vil lanzando gritos de inocencia. Nunca se supo el móvil ni la razón del ensañamiento. No apareció el arma homicida, ni fue hallada en el estanco una sola huella de ninguno de los tres inocentes agarrotados.

Histórico de emisiones:
03/07/2012

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