www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
4145038
La huella del crimen - El crimen de la calle Fuencarral - ver ahora
Transcripción completa

Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

"La historia de un país

es también la historia de sus crímenes,

de aquellos crímenes... que dejaron huella".

¡Socorro!

¡Socorro!

¡Socorro!

Es el de doña Luciana. ¡Fuego, fuego!

¡Fuego!

Oye, tú, que dice que hay fuego. -Pues sí, hay humo.

¿A dónde irá ahora? -A apagar el fuego; dónde va a ir.

Por el humo se sabe donde está el fuego...

¿Y si subiéramos? -¿Crees que doña Luciana

nos dejará entrar? Soy el portero, ¿no?

-¡Anda, pues es verdad, hay fuego!

¡Como no nos demos prisa!

Hay fuego, ¿no lo ves? Fuego, que hay fuego.

Ya decía yo que la nueva criada de doña Luciana

era un poco tonta. -A lo mejor no es nada.

Eusebio, ¿a qué viene esta algarabía,

o es que estamos en carnaval?

No, mi coronel; es que hay fuego.

-¿Fuego?, ¿a dónde? En casa de doña Luciana.

Apartaos, apartaos, que estoy yo aquí.

Que te apartes mujer. ¡Que te apartes!

Apártese.

¡Paco!

¡Jesús, María y José!

¡Luciana abra que somos nosotros! -¿Y una llave?

-Sí, mi coronel. Abra.

-Enseguida, mi coronel.

Déjeme que no sabe usted abrir ni una puerta.

No hay forma. Han debido de echar el cerrojo por dentro.

-¿Y qué hacemos mi coronel? ¡Que qué hacemos?

¡Tirar la puerta abajo! -¡Eso, tira la puerta abajo!

¿Y cómo la echamos abajo? -Se ahoga usted en un vaso de agua.

¡Se le pega una patada y en paz! ¡Una patada sereno!

-Dejad sitio, dejad sitio.

Como estoy yo de la reuma. -¿Usted también? ¡Venga!

¡Vamos, vamos! Abre Eusebio.

¡Ay!

-¡Estoy rodeado de inútiles. Dejadme, dejadme!

¡Qué gente, qué gente!

¡Ay... va!

¿Se ha hecho usted daño? -No me he hecho daño.

¡Sois una pareja de inútiles! Huele a humo.

-Claro mi coronel, hay fuego. El humo viene de allí.

-¡Doña Luciana, Higinia! ¿Pero dónde se habrán metido?

Desde luego huele a humo. -¡Higinia, doña Luciana!

¡Higinia!

¿Dónde estará, dónde estará? -Tenga usted cuidado con el perro.

¿Pero hay perro? -¡Carajo que si hay perro! "Chato".

¿Y muerde? -¿Qué si muerde? Mire lo que me hizo

cuando aún no me conocía. ¡Venga, hagan algo,

no se queden mirando! Usted, agarre el cojín, usted el otro.

A apagar las llamas. -Tenga mucho cuidado con el "chato".

¿Veis cómo no era para tanto? Con orden y disciplina

no hay fuego que se resista. -Bueno, ¿vamos a apagar el fuego...?

Usted quítese de aquí. -¡Aaaah!

¡Pero si es doña Luciana! -Que nadie la toque.

¡Fuera, fuera todo el mundo. Fuera!

A esta señora se la han cargado. -¿Qué quiere decir, mi coronel?

-Hay que avisar al juez. No ha muerto a consecuencia del fuego,

sino que un sinvergüenza le ha metido cuatro o cinco puñaladas.

-¿Y quién pudo haber sido? A saber, hay tanto sinvergüenza.

Pero ¿y la criada? ¿Dónde se ha metido la criada?

-Avisarnos nos avisó por el balcón. ¡Vamos a buscarla!

Mi coronel, no se olvide usted del "chato".

¡Jodido perro! Vaya nochecita que nos está dando.

¡La madre que los parió! Esta casa es un infierno.

-¿Pero también ella está muerta? Tal y como está la cosa

la verdad es que no me extrañaría nada.

Mi coronel, "el chato".

Este ya no cuenta, alguien se lo ha merendado.

¡Respira, mi coronel! -¡Respira, respira!

Déjadme pasar.

Quita de en medio. ¡Quita de en medio!

¡Dios mío, está viva!

¿Dónde estoy?

Ya se lo he dicho señor juez. Yo estaba en mi cama, durmiendo,

entonces me desperté cuando me llegó el olor del humo;

salí y pedí auxilio por el balcón. ¿Y qué ocurrió luego?

¿Luego? Nada. ¿Cómo que nada?

Que me desmayé. ¿No oíste gritar a tu señora?

¿Estás segura? Sí señor, sí.

¿Por qué estaba echado el cerrojo? Lo echamos todas las noches,

antes de acostarnos. ¿Lo haces tú personalmente?

Sí señor, todas las noches.

Y el perro, ¿qué pasó con el perro?

No lo sé, señor. ¿Estaba ya muerto

cuando entraste en la cocina para pedir socorro?

Pues no me fijé. ¿Había alguien en la casa,

además de tu señora, cuando echaste el cerrojo?

No, no señor, no.

Cuántas veces tengo que repetírtelo, alguien ha apuñalado a tu señora,

y si alguien la ha apuñalado y sólo estabas tú con ella

pues ya me dirás. Yo no sé nada señor juez,

yo no sé nada. ¿Por qué no dices la verdad?,

será mejor para ti y para todos. Si he dicho la verdad, señor juez.

Yo no he visto ni escuchado nada. Yo estaba en mi cama, durmiendo,

y me desperté con el olor del humo. Ya sé, ya sé, ya sé; sí.

Llévensela. Pero si yo no he hecho nada.

Sí, eso dicen todos. Señor juez ¡que yo no he hecho nada!

Yo le he dicho la verdad. ¡No, yo no he hecho nada señor juez!

¡Le juro que no he hecho nada. No he hecho nada señor juez!

Está visto señor juez, en estos tiempos que corren

no está uno seguro en su propia casa. Perdóneme que le haya recibido así,

pero cuando empezó el jaleo me probaba el uniforme de gala;

mi mujer quería comprobar si me estaba estrecho;

ya sabe uste cómo son las mujeres. Hace tiempo que no me lo pongo,

pasado mañana tengo un desfile y... Venga conmigo.

Anote. La mujer identificada como Luciana Borcino,

ha sido apuñalada en el pecho y en los costados,

y tiene los brazos y la cara carbonizados.

Viste ropa de cama,

y luce sortijas en los dedos, pulseras en las muñecas

y un collar de perlas en el cuello.

Junto al cadáver se ha encontrado

un quinqué de petróleo. Estaba de pie y en perfecto estado;

y anote, el cadáver ha sido trasladado de lugar,

ya que el suelo no presenta huellas de quemaduras.

Junto al cadáver se ha encontrado una camisa ensangrentada

con las iniciales... JV.

José Vázquez.

José Vázquez Varela, el hijo de doña Luciana.

¿Está seguro?

EL hijo se llama José Vázquez, ¿verdad?

Sí señor juez. Anote que la camisa ensangrentada

encontrada junto al cadáver pudiera ser del hijo de la víctima.

Doña Luciana era viuda, y el tal don José Vázquez Varela es hijo único

Él heredará toda su fortuna. -Un millón 500.000 pesetas dicen.

Pero lo más interesante que hemos descubierto

es que el año pasado agredió a su madre con una navaja.

¡No me digan! Se había encaprichado con un caballo,

y como su madre no se lo quiso comprar la apuñaló;

pero ya sabe usted cómo son las madres, lo perdonó,

y dijo que había sido ella misma la que se había hecho las heridas.

Sí, hay amores que matan. Si le hubiese denunciado entonces,

no estaría ahora criando malvas.

Resumiendo, tenemos un móvil, la herencia,

y un sujeto de mala catadura que para más inri

apuñaló antes a su madre. Creo señores

que ha llegado el momento de buscar a ese Vázquez Varela y detenerlo.

El caso es que ya está detenido. Buen servicio señores,

permítanme que les felicite. Creo que no me he expresado bien.

No hemos sido nosotros los que le hemos detenido.

¿Entonces? Lleva dos meses y pico en la cárcel.

¿Dos meses y pico? Sí, señor juez, dos meses y pico.

El abril pasado robó una capa. Está cumpliendo condena en La Modelo.

Dos meses y pico.

Pues tenemos que volver a empezar.

Aquí le tiene usted señor juez.

La noticia que tengo que comunicarle

no es nada agradable. Si usted lo dice.

Su señora madre...

fue apuñalada anoche.

¿Pero es que no le conmueve a usted la muerte de su madre!

Ya me conmoví cuando me enteré. No me pregunte cómo;

aquí se sabe todo.

Bueno, ¿han encontrado ya al que lo hizo?

No... todavía no,

pero no dude que lo encontraremos. A mí no me mire.

A los presos no nos suelen dar permiso

para que salgamos a matar a nuestra madre.

Si no me cree, el señor director podrá confirmárselo.

El chico será lo que usted quiera, pero tiene una coartada

que no se la salta un gitano. Déjese de coartadas don Andrés,

aquí lo que importa son los hechos, los hechos.

¡Pero qué hechos ni que niño muerto! Si está en la cárcel

no pudo matar a su madre, a menos que crea usted

en esas zarandajas de los curas sobre la ubicuidad.

Por favor, don Andrés, estamos hablando de cosas serias.

¿Se ha fijado usted doctor en lo raro que es eso

de que el perro apareciese narcotizado?

Claro, la persona que fuera tenía que quitárselo de en medio.

Por lo visto le sobraba mala leche.

Pues a eso precisamente me refería. ¿Usted cree que con lo feroz

que era el "chato" ese iba a dejar que un extraño

se le acercase para narcotizarlo? ¡Ni hablar!,

le hubiera dado un par de tarascadas que le hubiera dejado en el sitio.

Al perro lo mató una persona a la que tenía confianza,

y ¡hala!, fue el hijo. Deje usted al hijo en paz,

el hijo está en la cárcel y no cuenta,

y para mí que la criada tampoco ha sido.

No, si al final va a resultar que la señora se mató sola.

La autopsia ha demostrado que quien propinó las puñaladas

a doña Luciana debió de ser alguien de fuerte envergadura;

y la criada de fuerte envergadura nada. Según los que la conocen

es una cagadita de cabra.

¿Usted de quién sospecha?, porque si no ha sido el hijo

y no ha sido la criada... Hombre, lo que se dice sospechar,

sospechar, yo sospecho hasta de mi sombra.

¿Por qué se presentó en casa de doña Luciana con nombre falso?

Y yo qué sé.

Le gustaría más llamarse Isidora que Higinia. A ver quien es el guapo

que entiende a las mujeres. -¿Qué más sabes de ella?

Durante una temporada estuvo viviendo en casa de las hermanas Ávila.

-¿Y quienes son esas hermanas? Ah, pero...

¿no lo saben? Yo creí que la policía lo sabía todo. ¡Ay!

¿Quiénes son las hermanas Ávila?

Dos medio putas que de cuando en cuando hacen un favor.

¿Dónde viven?

En el número seis de la calle de la Salud.

¡Eh, oigan!, ¿pero no van a pagar esta juerga?

¡Hijos de su madre!

Esto me pasa a mí por ser confidente.

Yo me largo sin pagar.

¿Higinia Balaguer? -¿Cuánto tiempo estuvo aquí?

Hasta hace unas semanas entró en la casa de esa señora.

Cuando vivía aquí ¿a qué se dedicaba?

Pues igual que todas, a trabajar. -Pero a trabajar en qué.

Desde que dejó la cantina sólo se dedicó a servir.

-¿Qué es eso de la cantina? Pues... la cantina.

¿Qué cantina es esa? La cantina de ahí enfrente

de la cárcel Modelo.

¿Eres tonta o qué?

Sí señor, la Higinia; sirvió aquí durante unos meses.

-¿Por qué lo dejó? Un señorito la ofendió al servir

en casa del carcelero y...

Un momento vayamos por partes. ¿Quién era ese señorito?

-Don José. Don José que más.

¡Ay que memoria esta! ¿Cómo se llamaba?

¡Eh, tú!, ¿cómo se llama don José? -Don José Vázquez Varela.

Sí señor. Don José Vázquez Varela.

Solía venir aquí con frecuencia. Yo creo que estaba encoñado con ella.

¿Y quién es el carcelero ese con el que se fue a servir?

-Pues que carcelero ha de ser, don José Millán Astray,

el director de La Modelo. Quien sino.

¿Voy a estar aquí mucho tiempo? Quien sabe, a lo mejor toda la vida.

Oiga, espere, espere un momento.

¿Qué quiere ahora? Ver al juez.

¿Otra vez? Sí, otra vez.

Cuando llamaron a la puerta debían ser...

cerca de las once de la noche. Yo estaba en la cocina,

fregando los cacharros, y acudí a abrir,

pero doña Luciana ya estaba allí, delante de la puerta,

y me ordenó que me retirase a mi cuarto.

Continúa. Me extrañó que estuviera levantada,

porque la señora acostumbraba a retirarse muy temprano,

en cuanto que terminaba de cenar. ¿Qué más viste?

Pues...

antes de meterme en mi cuarto...

vi cómo doña Luciana... abría la puerta

y se abrazaba a un hombre;

luego los dos... muy amartelados,

se dirigieron a la habitación de la señora

y se encerraron en ella. ¡Y para contarme

toda esa sarta de mentiras es para lo que querías verme?

Pero si no son mentiras, señor juez, ¡que es la verdad!

Y si no le he hablado antes de ese hombre pues ha sido porque...

¿Qué pasó después?

¿Después? ¡Sí!, después de que según tú

se encerraran en la habitación. No sé, me dormí,

y luego me desperté cuando me llegó el olor del humo...

Sí, ya sé, ya sé, y pediste socorro por el balcón.

Eso, socorro.

¡Socorro, socorro que me matan! -¡Desgraciada!

¡Socorro, que me matáis!

¡Revolverlo todo, y no paréis hasta encontrarlo!

¡Sacadla de aquí!

¿Qué buscan en mi casa? ¡Enseguida lo sabrás!

¡Traedla aquí!

¿No querías saber lo que buscábamos?

Esto, las joyas de doña Luciana. Es mío.

¡Es mío... es mío!

¡Soltadme, que me soltéis, hijo de la gran puta!

¡Cabrón!

¡Soltadme! ¡Hijos de puta!

¡Guarras!

¡Soltadme!

Incomuníquela, así se amansará.

Descuide usted.

¿Dónde tiene a la Balaguer? ¿Quiere verla?

Sí, a lo mejor hay suerte y se sincera conmigo.

Higinia Balaguer.

Hola, Higinia.

¿Cómo estás? ¡Señorito!

Estamos de enhorabuena, Higinia ha confesado.

Es la única culpable. Dice que mató a su señora en un arrebato

porque doña Luciana la había maltratado;

luego, para simular un robo, se apoderó de algunas joyas

y del pañuelo donde doña Luciana guardaba el dinero,

y fue a casa de las hermanas Ávila para que Dolores se lo escondiese.

¿Y el incendio entonces? Dice que cuando volvió

de casa de las hermanas se asustó e intentó quemar el cadáver

para hacerle desaparecer, pero estaba tan alterada

que cuando pidió socorro el fuego aún no había prendido lo suficiente,

y los vecinos vieron las puñaladas. Afortunadamente para todos,

el caso está cerrado.

Vaya crimen, crimen, crimen,

vaya un crimen criminal...

Han detenido a Millán Astray. ¿Qué me dice uste?

Que han detenido a Millán Astray. ¡Pero eso no puede ser!

¿Qué no? Que se lo pregunten a Millán Astray a ver sino.

Detenido, preso e incomunicado, que es como está ahora ese señor.

Vaya un crimen de verdad,

con incendio y "puñalás",

con nuevos misterios grandes "pa" que no le falte "na".

Dicen que si la criada,

dio "mulé" a doña Luciana,

dio "mulé" a doña Luciana, que es la víctima "matá".

Ella dice que no ha sido

y no quiere confesar.

Parece que la criada, por Higinia bien "nombrá"...

El juez se ha cansado de sus meteduras de pata

y la ha enchiquerado. Como no se explique un poco mejor.

Es que a usted don Andrés hay que dárselo todo mascado.

Parece memo ¡coño! Espabile hombre, espabile,

que no estamos en la Edad de Piedra, estamos en 1888.

¡Bueno, bueno, no se sulfure!

Y bien pudo el señorito

a la Higinia complicar

diciendo mata a mi madre que no te va a pasar "na".

Vamos a ver. ¿Quién es Millán Astray

para detener a las hermanas Ávila y para interrogar a Higinia?

Nadie. Exactamente, nadie.

Ni es policía ni es juez, es simplemente el director

de la cárcel Modelo. Se ha extralimitado en sus funciones

y por lo tanto, ¡catapún, al saco!; así de fácil.

¿Va usted entendiendo o no?

Dicen que dicen que dicen,

y nadie quiere callar, y la Higinia que se calla,

la quieren hacer hablar.

Y hablando de otra cosa, ¿qué papel cree usted que juegan

en toda esta historia las hermanas Ávila?

¡Hombre!, que estuvieran en su casa el pañuelo y las joyas

es muy sospechoso. Ya lo creo.

Pero es más sospechoso todavía

el que Millán Astray supiera que eran exactamente ellas

las que tenían en su casa el botín.

Vaya crimen, crimen, crimen, vaya crimen criminal

el que pasó el mes pasado

en la calle Fuencarral. Vaya crimen, crimen, crimen,

vaya crimen criminal

el que pasó el mes pasado en la calle Fuencarral.

Vaya crimen, crimen, crimen, vaya crimen criminal...

Campanilla

Han detenido a Millán Astray.

¿Que han detenido al señorito Millán!

¡Tengo que ver al juez! Pero qué haces chica.

¡Suéltenme, suéltenme, necesito ver al juez! ¡Suéltenme!

¿Quieren callarse de una vez? ¡Suéltenme!

¡Quiero ver al juez! Tengo que hablar con el juez.

Y me prometió... que me daría mucho dinero

si yo estaba dispuesta a hacer todo lo que me pidiera.

¿Y qué te pidió?, ¿que mataras a su madre?

No señor juez, yo no la maté,

fue él. Está bien, está bien.

Cuéntame lo que pasó.

El señorito... iba mucho por casa de su madre;

aun estando en la cárcel no pasaba un día

en que no la visitara, para pedirla dinero, claro.

La noche... del crimen

estuvo allí varias veces.

Por las voces que daba... debía necesitar dinero urgentemente.

Ya.

La última vez que vino...

era casi medianoche;

cuando llamó yo fui a abrir, pero como le dije el otro día,

la señora estaba delante de la puerta

y me dijo que me retirara. Total, que ahora va a resultar

que el amante era el hijo. Sigue, sigue.

Se encerraron en la habitación... de la señora,

y cuando el señorito salió... me dijo

que había matado a su madre.

Me obligó a encubrirle, y me prometió mucho dinero.

Esa es la verdad, señor juez,

se lo juro por Dios. ¡Porqué confesaste entonces

que habías sido tú! Don José Millán Astray

me aconsejó que dijera eso para ayudar a su amigo,

al señorito Varela.

¡Miente señor juez! Es mentira lo que dices.

¿Te dije alguna vez que declarases nada que no fuera la verdad?

Sí señor, me dijo que confesara que yo había matado a mi señora.

Está mintiendo señor juez. ¡Está mintiendo!

Sí, sí, mintiendo. ¿Pero por qué me acusas así?

¡Por qué me acusas? ¿Qué yo le acuso?

¿Se ha olvidado ya lo que me dijo sobre el dinero, el que me daría

si yo me declaraba culpable? Niéguelo. ¡Niéguelo!

Además me dijo señor juez... que él tenía muchas influencias,

y que aunque me condenasen no me pasaría nada,

porque él me sacaría de la cárcel. ¡Mientes, cerda! Mientes.

¡Mienteees!

¡Miente! ¡Miente, miente, miente!

A este hombre le va a dar algo.

Usted doctor, ¿a quién le cargaría el mochuelo?

Hombre, eso no se discute, a Varela, a Millán le veo más

como cerebro de la operación en todo caso.

Lo malo es que está la palabra de Higinia

contra la de Millán y Varela. Si pudiese comprobarse

que Varela salía de la cárcel, tanto él como Millán Astray

estarían cogidos. Sí, pero eso hay que demostrarlo,

y hasta ahora nada de nada. El juicio se promete movidito.

Alguna pena de muerte tiene que caer, ¿no le parece?

¿Tanta sed de sangre tiene usted? ¡Hombre!, que quiere que le diga,

sería el mejor broche a este berenjenal.

¿Se imagina la plaza llena de gente, y al verdugo ajusticiando

a troche y moche; que si Higinia que si a Varela...

Pare el carro hombre, pare el carro, que cualquiera diría

que disfruta usted con estas cosas. No me diga que no se le hace a usted

la boca agua. Sí, pero no soy tan salvaje,

y por lo menos me lo creo. Señores, cuando gusten.

Las niñas ya están dispuestas. No hay que hacer esperar a las niñas

Con que vicios privados y virtudes públicas.

Ya le voy conociendo a usted doctor, ya le voy conociendo.

Y a propósito de vicios privados, ¿no pensará usted

volverse a acostar con Rosita? Pues claro que lo estoy pensando.

Hoy me toca a mí. De ninguna manera,

se acostó con ella la semana pasada, hoy le toca la gallega.

¡Tendrá cara! Permítame que le diga, doctor, que tiene que tomar fósforo.

Eso es cosa mí. Le toca la gallega. ¡No lo permitiré!

-¿Tú cuál prefieres? A mí me da lo mismo;

todos los pollos son iguales. -¡Pollos!

¿Por qué no hacemos algo que resuelva el litigio?

Y cómo. -¡Cómo? Los cuatro juntos.

Hola. ¿Cómo estás hija?, ¿qué le has dado a don Andrés,

que lo tienes loco? Permítame doctor.

¿Cómo estás, Rosita? No sé porque te lo pregunto.

Es un honor recibiros señor,

en nuestra casa. No esperábamos esta visita, Excelencia, pero...

todo está en orden. -Tranquilícese,

ya no soy presidente del Gobierno.

No es misión mía investigar nada,

sólo he venido por un asunto muy concreto: Higinia Balaguer.

¿Higinia?

Lávate esa cara. ¡Deberías bañarte más a menudo!

Vaya greñas que tienes. ¿Qué pensará don Nicolás de ti?

¡Virgen santa! ¿Desde cuándo no te has cambiado de ropa?

Dame eso.

Qué dirá don Nicolás de nosotras. -A ver, el peine.

Esto no hay quien lo arregle. ¡Pero qué demonios pasa!

Dejadme tranquila. Estás loca.

¿No sabes quién es Nicolás Salmerón? ¿Don Nicolás Salmerón?

Yo nunca he sido partidario de la pena de muerte,

y si dimití como presidente de la república,

fue porque me opuse a que fusilaran a ocho soldados

del primer regimiento de artillería. ¿No lo recuerda?

Por eso dejé el poder. Yo la defenderé,

y la salvaré de la ejecución.

Confíe en mí, Higinia, confíe en mí.

¿Es usted don Nicolás Salmerón? ¡Claro, mujer!

¿De verdad? ¿En serio? Sí.

¡Ay, don Nicolás! No, no, no.

Levántese, levántese, levántese.

No estoy aquí como presidente que fui,

sino como su abogado. No pierda las esperanzas.

Usted es inocente, y lo demostraré. Sí, don Nicolás, soy inocente.

¿Quiere contarme lo que ocurrió aquella noche?

Sí, don Nicolás.

Habla Higinia, yo confío en ti. ¿Qué pasó?

Como usted mande señor presidente. No soy presidente, no soy presidente,

soy tu defensor... tu amigo.

Cuéntame qué pasó la noche del crimen.

Pues... aquella noche...

Todos:¡Justicia, justicia, libertad para Higinia!

La verdad es que todo esto no deja de tener su gracia.

Sería la primera vez en la historia que un pueblo hiciera una revolución

por salvar el pellejo a una cretina que se ha dejado embaucar.

¡Oh, ya sé, ya sé!, pero esto puede terminar peor...

que el rosario de la aurora.

Todos:¡Justicia, justicia!

Se empieza pidiendo justicia y se termina

estropeando tierras y rompiendo cabezas.

Todos:¡Justicia, justicia!

No te preocupes, verás como todo se arregla.

Sí, don Nicolás. No temas,

todavía no está todo perdido. Confía en mí, y en la justicia.

Sí, don Nicolás. Y alegra esa cara mujer,

tienes que estar muy guapa cuando te declaren inocente.

Anda, ve a tu sitio.

Y yo me pregunto: ¿cómo pudo Higinia

asesinar por sí sola a doña Luciana

cuando las heridas de ésta indican una fuerza

que Higinia no tiene?

¿Qué hacía junto al cadáver una camisa ensangrentada

con las iniciales... JV?

Murmullan

¿Por qué Vázquez Varela está en la cárcel

por un delito tan fútil como el robo de una capa?

Robo perpetrado a plena luz del día y ante numerosos testigos.

¿No parece como si fuera una maquinación

para lograr la coartada perfecta

que lo exculpe del asesinato de su señora madre!

¿Por qué Vázquez Varela y Millán Astray

consintieron que mi defendida entrara a servir con doña Luciana

usando nombre falso?

¿Por qué Millán Astray se entrevistó con Higinia en la cárcel

fuera de la presencia del juez de Instrucción!

Murmullos

Muchas preguntas... ¡y una sola respuesta!

Estamos señores ante un complot

organizado para que una pobre criada, trabajadora y honesta,

cargue con las culpas de un hijo que no merece tal calificativo,

y de un funcionario

que en vez de ayudar a redimir a los presos a su cargo

les permite salir de la cárcel siempre que lo desean,

y no sólo para dar satisfacción a sus vicios,

sino para asesinar a sus madres.

Porque, y esto es lo que me propongo demostrar ahora,

José Vázquez Varela salió de la Modelo

¡con la autorización de su director

la noche en que apuñalaron a doña Luciana!

Bueno, pero al perro quién lo mató. -¡Ah, otro misterio!

¿Por qué no lo dice? -Yo no lo sé, mi coronel,

pero bien muerto está. Le dije que con don Nicolás Salmerón

no hay quien pueda. Lleva usted razón.

Pido que se llame a declarar... a Luis Ramos Querencia.

¡Luis Ramos Querencia!

Diga su nombre por favor.

-Luis Ramos Querencia.

¿Cuál es su profesión? -Soy vigilante de la cárcel Modelo.

¿Conoce a José Vázquez Varela? -Sí señor.

¿Se encuentra en esta sala?

Sí señor. Es aquel.

Lo que se viene comentando por ahí es cierto.

Vázquez Varela salía de la cárcel...

con el consentimiento del señor Astray,

unas veces disfrazado y otras

por el departamento de presos políticos; pero el caso es que salía.

En 1 de junio fue uno de los días que salió.

Cuando regresó, a eso de las cuatro de la mañana,

venía bastante borracho.

El preso que estaba haciendo la limpieza de la galería

le preguntó al verle en tan mal estado

si le ocurría algo, y él le respondió:

sí, vengo muy apenado,

he dejado a mi madre enferma

y estoy seguro de que va a morirse muy pronto.

El preso me contó lo que pasaba y fui a verle.

Estaba tan abotargado

que le saqué al patio, para que se despejara.

Estuvimos un rato dando vueltas hasta que fue y me dijo:

he hecho una barbaridad,

acabo de matar a mi madre. -¡Eso ya lo sabía yo!

Al principio pensé que era

un delirio de borracho, y no le hice caso,

pero cuando leí los periódicos

comprendí que había sido él el que mató a doña Luciana.

Murmullos

¡Silencio!

¡Silencio!

¡Silencio o les desalojo!

¿Por qué no ha declarado esto antes?

Temía...

que el señor Millán Astray

me hiciera la vida imposible.

Es por todo ello

por lo que pido que se haga justicia con Higinia,

y se castigue a los verdaderos culpables,

de lo contrario... todos,

sí señores,

todos los que nos encontramos en esta sala

no sólo seremos responsables de un error judicial

que caerá sobre nuestras conciencias como un baldón ignominioso,

sino que seremos expulsados definitivamente, para siempre,

del concierto de las naciones civilizadas,

al que nos sentimos orgullosos de pertenecer.

Estoy decidida ¡a terminar de una vez!

¡Lola!

Voy a decir la verdad.

Las únicas culpables de la muerte de doña Luciana

somos... Dolores Ávila y yo.

Eso es mentira.

Está loca.

Está loca. Todos los demás procesados

están libres de culpa.

Campanilla ¡Silencio!

Silencio o mando a desalojar la sala.

¿Tiene la acusada algo más que añadir?

Sí.

Quiero... pedir perdón al señorito Varela,

a quien...

sin conocer apenas

acusé infamemente de haber asesinado a su madre,

a la que Dolores y yo matamos...

para robarla.

Quiero pedir también perdón a don José Millán Astray,

a quien comprometí... calumniándole,

sólo por el afán de amontonar mentiras,

y a ver si así

me libraba del palo, que bien tengo merecido.

Es mentira, María, es mentira.

¡Te juro por madre que es mentira!

Por aquí señores, por aquí.

Desde aquí van a verlo todo mejor que si estuvieran en primera fila.

-Quedamos en lo convenido, ¿no?

Sí, sí, muchas gracias. Si necesitan alguna cosa

no tienen más que avisarme. Buenas noches.

Yo creo que a ella la eligieron para el papel de víctima,

y lo mismo que hay actores que se identifican con su personaje

y cuando interpretan ya no interpretan el papel

sino que son el personaje, así ella se ha convencido

de que es la víctima y se ha inmolado,

Dios sabe a quien y porqué.

A mí no hay quien me quite de la cabeza

que alguien logró convencerla de que su única salvación

estaba en arrepentirse públicamente. La engañarían con el indulto,

y ella cayó en la trampa.

¿A qué ha sido una buena idea la de alquilar este cuarto?

Desde aquí no nos lo perderemos. Sí, pero con este ruido

no vamos a poder descansar ni un momento.

Hombre prevenido vale por dos.

¿Pero tanto interés tiene en que le desplume?

Siéntese doctor, siéntese; ya veremos quien despluma a quien.

Como última voluntad...

deseo repartir el efectivo de mis bienes,

que ascienden a 136 pesetas, del siguiente modo.

Una cuarta parte la destino

al sufragio de misas por mi alma

en la iglesia del Pilar de Zaragoza;

esta cantidad es de 34 pesetas.

La mitad del resto, es decir, 51 pesetas,

las destino para análogo fin,

pero aplicadas a la memoria de mi padre

en la parroquia de Ainzón;

la otra mitad

quiero que le sean entregadas a mi hermano Elías

para que pueda disponer de ellas libremente.

¿Está conforme? Sí.

Firme aquí.

Organillo

¡Agüita fresca!

¡Agua! ¡Agüita fresca!

¡Que no se quede nadie con la boca seca!

Esto parece una fiesta. -¿Tomamos un aguardiente?

No, no, prefiero agua. ¡Aguador!

¿Ve señor alcalde cómo el pueblo es sano y sólo piensa en divertirse?

-Siempre pensé señor ministro que el pueblo de Madrid

no me defraudaría. Si han armado algo de galeo

con esto de la Higinia es porque tienen un corazón

que no les cabe dentro del pecho.

¡Aaah!

¡Aaah!

¡Aaah!

"Higinia Balaguer fue ajusticiada el 19 de julio de 1890.

Su muerte puso fin a las ejecuciones públicas

en la capital de España.

Dolores Ávila, acusada por Higinia como cómplice del crimen,

se la condenó a 20 años de cárcel.

A su hermana María se la declaró inocente.

Años más tarde también fue condenado José Vázquez Varela

por arrojar desde un balcón a una prostituta.

Por este delito sufrió cadena perpetua

en un presidio de África.

Vaya un crimen criminal el que ha "pasao el mes pasao"

en la calle Fuencarral.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • El crimen de la calle Fuencarral

La huella del crimen - El crimen de la calle Fuencarral

01 ago 2017

Una noche de verano de 1888, en un piso de la calle Fuencarral, fue descubierto el cadaver de una marquesa viuda a la que habían apuñalado. En el interior de la vivienda encontraron tambien a la criada, Higinia, desvanecida a consecuencia de los gases producidos por un incendio provocado.

Histórico de emisiones:

05/09/2012

ver más sobre "La huella del crimen - El crimen de la calle Fuencarral" ver menos sobre "La huella del crimen - El crimen de la calle Fuencarral"

Los últimos 39 programas de La huella del crimen

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios