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La huella del crimen - El caso del procurador enamorado - ver ahora
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Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

"La historia de un país

es también la historia de sus crímenes,

de aquellos crímenes... que dejaron huella".

Todos:¡Goool!

Silbato

Y han ganado la prima como jabatos.

Voy a pasar por los vestuarios a felicitar a los muchachos.

A las siete os espero a todos en el bar del Gran Hotel,

hay que tomarse unas copas con el mister.

¡Prieto! ¡Eh!, Prieto.

No contéis conmigo, tengo un compromiso.

Pero a las siete en el Gran Hotel. No, no, lo siento, no podré;

es un compromiso familiar.

¡A Primera! Todos:¡A Primera!

¿Le llevo a casa o a dónde? Llévame a la Plaza Mayor.

No voy a necesitarte más, Sixto, vuelve a casa.

Si la señora te pregunta dile que tengo una reunión con...

con un señor de Béjar.

¡A ver si mira por donde va!

¡Ángela!

Sí, Roberto, compréndelo, es lo mejor para los dos.

Lo hemos hablado cien veces. No, si lo entiendo,

si sé que es lo mejor. A mí...

bueno, a nosotros,

no pueden estar viéndonos juntos cada dos por tres.

Los encuentros aquí no son lo que merecemos.

Este lugar sórdido. Yo quiero lo mejor para ti, Ángela.

También para mí va a ser una dura prueba esta separación,

y te voy a echar mucho de menos, pero qué le vamos a hacer.

Por lo menos a mí me queda la ilusión por la carrera,

y con lo difícil que ha sido obtener una plaza en Madrid...

Dímelo a mí. Tuve que remover Roma con Santiago.

Quizás si no hubiera buscado tantas recomendaciones

ahora no me dejarías.

Tonto.

Ángela,

te juro que hoy mismo hablaré con Carmen,

y pondré las cartas sobre la mesa. Quiero la separación,...

y la quiero ya.

Y si hay escándalo que lo haya, no me importa.

Esto debe quedar claro, Roberto. Yo no te pido nada;

me enamoré de ti sabiendo quien eras, qué eras,

sabiendo los problemas que iban a surgir.

No te pido nada; por favor no te precipites, yo no te empujo.

Las cosas suceden... cuando deben suceder.

Es tarde. Tenemos que irnos.

¿Te has despedido ya del colegio? No.

Como el tren sale a las seis voy a ir por la mañana.

Entonces yo iré a buscar a Elsita.

Será como la primera vez que te vi. ¿Te acuerdas?

¡Cómo no voy a acordarme! En cuanto te vi pensé:

qué padre más atractivo.

Elsita come, ¡me tienes harta! ¡No quiero, no quiero!

Va a venir quita panzas y te va a comer por mala.

¡Papá, papá! ¡Señora, señora!

¡Ah!, todo el día igual, siempre peleando.

¡Ay!

Este año campeones. ¿Qué?

Que ya estamos en Primera, ¿no? Seguro.

¿Es verdad que vamos a fichar a Juanín?

Bueno, pide mucho dinero.

¿Y no lo tenemos?

Muy mal criada, eso es lo que está esta niña.

Papá, papá. ¿Qué le pasa a mi pequeña?

Dame un beso.

¿Quieres que papá te dé sopa? Sí, sí, dame sopa.

Así no vamos a llegar a ninguna parte.

¡Schss!

Mira, ahí está papá. -¿Dónde?

Allí, ¿no le ves?

¡Cómo está mi pequeña? ¿Me has traído las chocolatinas?

No, pero en cuanto salgamos te la compro.

Hola. Hola.

¿Te has despedido ya? Sí, de todos,

sólo me faltabas tú.

Pensaba traerte un regalo, pero... Fíjate que tontería,...

no sabía qué comprarte. Estás aquí,

ese es el mejor regalo que podías hacerme.

¡Don Roberto, qué alegría de verle por aquí!

Buenos días doña Agustina, ¿qué tal?

Ya ve, luchando con estos diablillos. ¿Ya sabe que la señorita Aguirre

nos deja? ¿De veras?

Sí, aquí donde la ve, se marcha a Madrid.

-¿Papá, me has comprado las chocolatinas?

-Espera, Elsita, luego te lo compra. Tu papá nunca dice mentiras.

Yo lo siento por nosotros,

porque perdemos a una profesora a quien todos los niños adoran,

pero me alegro por ella.

En Madrid tendrá más oportunidades de abrirse camino.

Bueno pues...

que tenga mucha suerte en Madrid.

"Mi amor, lo que parecía imposible ya ha sucedido,

nos hemos separado físicamente,

tú ahora ya estás muy lejos,

pero es este vacío que siento y la angustia que me embargará

los próximos días, la prueba más clara

de la grandeza de nuestro amor.

Yo tengo nuestro futuro en mis manos,

la posibilidad de hacer real nuestro cuento de hadas proyectado,

y yo te juro, Ángela, que cuando vuelvas

no lo harás como mi amante,

sino como mi mujer,

como la señora de Prieto".

Música de la radio

Trabajas demasiado,

aunque la verdad es que me siento orgullosa de ti.

¿Sabes lo que me dijo papá el otro día?

Que también está orgulloso de ti.

No presume ni nada desde que a su yerno le han elegido

procurador en Cortes. ¿Es que vamos a dormir

con la radio puesta? ¿Dormir? Quién piensa en dormir.

Carmen... ¿Sí?

Estoy cansado. Pero ¿qué te pasa?

¿Es que también perdisteis ayer?

Dichoso fútbol.

No me pasa nada, y ayer ganamos,

pero estoy cansado.

Antes dijiste que querías hablarme.

¿De qué?

No, ahora no, mañana.

Bueno... pues mañana.

Veremos cómo me va esta noche el plan de conquistas en Florencia.

Cuando toco el mandolín ninguna se me resiste.

Veremos en este balcón.

Al llegar el cielo azul a Cupido descubrí

disparaba con sus flechas pero el blanco no le vi.

Tal vez yo o tal vez tú, tal vez a ti...

Como tú y yo, dabadabada, dabadabada...

cantando así nuestra canción siempre junto a ti

quisiera estar badabada, dabadabada

con la esperanza

de nuestro amor.

Con la ilusión

dabadabada, dabadabada.

No separarme de ti, siempre junto a mí...

no he de olvidar dabadabada

estos momentos

de nuestro amor.

Cuanta emoción,

cuanta dicha

y también

que dulce despertar.

Siempre

se repite

esta vieja historia...

Gracias. ...del amor.

¿Qué estás viendo?

Uno de estos programas que te gustan tanto.

Estaba aburrida. Son de una vulgaridad espantosa.

Siempre junto a ti

quisiera estar, dabadabada, dabadabada...

Yo también soy vulgar.

Carmen... ¿Eh?

¿Me quieres todavía? ¡Claro, te quiero!

Oye, cómo pesas. Deberías hacer más ejercicio.

Repítemelo.

Que deberías hacer más ejercicio. No, repíteme lo que me dijiste antes

Qué.

Dijiste que me querías.

¿De veras dije eso? Ni me di cuenta.

Me lo dices tampoco últimamente.

Es que no soy nada romántico. Que mentiroso, antes sí lo eras.

¿Ah, sí? Perdona.

Carmen...

Si te dijera que hay otra mujer.

¿Otra mujer? Sí, otra mujer.

Mira no estoy dispuesta a oír tonterías de este tipo.

¡Pero a qué viene todo esto ahora!

Se trata simplemente de un juego;

de eso, de un juego. Di, qué harías.

La mataría.

La mataría a ella y luego te mataría a ti.

¿No podríamos separarnos como hacen las personas civilizadas?

¿Otra mujer, separarnos, personas civilizadas...?

Oye, Roberto, ¿no se te habrá subido el whisky a la cabeza?

Ayer, cuando me llamaste, pensé que eras tú el que tenías problemas.

No. Bueno yo también, pero es a causa de ella.

Está pasando una mala época y viéndola sufrir...

sufro yo también. Ya.

Lleva una temporada con los nervios muy alterados,

y temo que algún día... ocurra algo irremediable.

Está siempre en tensión.

Su carácter se ha vuelto violento, ve fantasmas por todas partes.

¿Fantasmas? Sí, fantasmas.

Cree que le soy infiel, que la engaño,

y está reconcomida por los celos.

En fin, que por unas cosas y otras

la vida en casa... es imposible;

y no quiero ni pensar en que tengamos que internarla.

No podría soportar la idea de ver a mi mujer encerrada

en uno de esos... manicomios.

Hombre Roberto no exageres.

Se han dicho y escrito tantas cosas sobre eso que llamas... manicomios.

Hoy en día existen centros modernos en los que se trata

a enfermos mentales como a enfermos. Pero en fin,

no precipitemos las cosas.

¿Por qué no la traes a la consulta? Se lo he dicho y se ha negado.

Dice que no tiene porque ir a ver a un psiquiatra.

Ya.

¿Por qué no comemos o cenamos juntos y hablo con ella tranquilamente,

sin el respeto que impone la consulta?

¿Crees que eso bastaría para hacerte una idea?

Sí, luego ya veremos.

¡Don Roberto!

¡Don Roberto!

Pasa Luisa, pasa.

¿Qué quieres? Perdone que le moleste,

pero es que... ha ocurrido algo que...

Di, ¿qué ha ocurrido? Me acaban de llamar para decirme

que mi hermano Antonio ha tenido un accidente en el trabajo.

Si me da permiso me gustaría ir a hacerle un poco de compañía

a mi cuñada. Naturalmente que sí. Vete ahora.

El problema es que a las seis tenía que ir a recoger a Elsita.

No te preocupes por eso iré yo.

Señor, no sabe cómo se lo agradezco.

Mujer vete, vete. Gracias.

Luisa, Luisa espere un momento.

Acabo de darme cuenta de que yo tampoco podré ir a las seis,

tengo una reunión en media hora. ¿Entonces...?

¿La señora no ha vuelto aún de la peluquería?

No, dijo que volvería a las cinco. Entonces todo arreglado.

La dejaremos una nota para que vaya ella a buscar a Elsita.

La pondremos aquí. Aquí seguro que la ve.

Dios mío, es tardísimo. Me temo que no llego a la reunión.

Adiós, Luisa. Que no sea nada lo de tu hermano.

Gracias, señor. Que Dios se lo pague.

Vamos, que ya está dormida.

Y no os preocupéis más. Le he dado un calmante

y dormirá tranquila toda la noche. Gracias por haber venido, Enrique.

¡Vamos, hombre, que no ha sido nada!

La niña se asustó cuando vio que no ibais a recogerla,

y eso es todo. Ya veréis como mañana está bien.

Y lo dicho, no os preocupéis. Gracias otra vez, Enrique.

Gracias.

Te juro por lo que más quieras ¡que yo no vi ninguna nota!

Cuántas veces tengo que decirte que estaba aquí, ¡aquí!

¡Luisa y yo la dejamos aquí! ¡Yo no vi ninguna nota!

¡Luisa, Luisa! Ven.

¿Dónde dejamos la nota?

Ahí. Lo ves Carmen, lo ves.

¡Estaba ahí! A lo mejor se cayó,

y está por aquí.

Aquí están, señor.

¿No dijiste que no había ninguna nota?

¿Por qué la rompiste? ¿Por qué la rompiste?

¿Por qué la rompiste? Yo no rompí...

Dios mío, creo que me voy a volver loca.

No, no creo que puedas entender cómo la quiero,

ni hasta que punto me es imposible vivir sin ella.

¿Cómo no voy a comprenderte? Si es muy normal,

a todos los casados que conozco... No,

no es eso, no es lo que piensas.

Mira Roberto, conocí a un tipo al que le pasó algo parecido.

Se encoñó como tú ahora y... Te prohíbo que uses esos términos.

No has entendido nada, para qué te lo habré contado.

¿Quién era este tipo?, ¿un presidiario como tú?

De lo único que entiendes es de la cárcel.

Vaya amigos que tengo. Tú y yo no tenemos nada que ver.

Quizá no tengamos nada que ver,

pero tú me necesitas. Necesitas personas como yo...

para que te hagan el trabajo sucio. Bien pensado, Rafa.

Quizá vaya a necesitarte de veras.

Cuando quieras. Estoy a tu disposición,

como siempre. Dime.

No, ahora no. Volvamos a la oficina.

¡Luisa!

Luisa, ¿no compraste ayer una botella de whisky?

Sí señor. No la encuentro.

¿Es que no está ahí? No.

Qué raro.

No, no, déjalo. No te preocupes.

Seguramente se la habrá llevado la señora. Mejor

El alcohol no es buen compañero de trabajo,

y a mí me espera toda la noche. Que descanses, Luisa.

Buenos días, Luisa. Buenos días, señor.

El desayuno ya está listo. No, de veras, no me siento con ganas

Aunque sea un zumo de naranja y una tostada.

¿Se lo preparo? No, no, además tengo prisa,

me esperan en el despacho. Tanto trabajo y sin comer

no debe ser bueno.

Tenga cuidado, no vaya a enfermar. Bueno, Luisa, me marcho.

Una cosa, Luisa.

Ahora, cuando me he levantado, me he dado cuenta de que la señora

anoche estuvo bebiendo. ¡Jesús!

Hay un vaso en la mesilla, y una botella vacía en el suelo.

Anda, ve y límpialo todo sin que ella se dé cuenta,

y limpia también la alfombra. Si se tomó el somnífero.

Tal vez fingió tomarlo... y no lo hizo.

Ve y haz lo que te he dicho.

Lo mejor es que ella no se entere que sabemos que bebe,

eso podría ser aún peor.

Bueno, hasta luego Luisa.

Quien lo iba a decir de la señora.

"Amor mío...

Dios aprieta pero no ahoga,

y escribe derecho con renglones torcidos.

Falta muy poco ya para que estemos definitivamente juntos,

para que dejemos de ser las víctimas de esta historia,

y el final va a ser muy distinto del que yo había imaginado.

Es doloroso decirlo a pesar de todo, pero Carmen... se ha vuelto loca,

y por lo que me ha dicho el psiquiatra,

no hay otra solución que internarla.

Cuando así se haga yo podré pedir la anulación del matrimonio

y la patria potestad de los niños.

Nosotros ya hemos pagado el precio de la felicidad que nos aguarda,

y este es nuestro mayor argumento ante Dios y ante los hombres,

y tendrá peso ante los tribunales.

El tiempo de separación, sufrimiento y sacrificio que hemos vivido

no pueden vivir separados ya,

y lo han intentado todo noblemente.

En la ciudad la noticia será una conmoción sin duda,

y convulsionará a muchos. ¿Cómo reaccionarán todos?

El padre de Carmen callará,

y quién sabe si lo resistirá. Me duele por él,

porque me ha ayudado mucho en mi carrera.

Elsita será parte de mí, la más afortunada.

Te ganará a ti como madre, que tanto cariño le has dado;

y Robertito. ¿Verá mi hijo derrumbarse

al ídolo que soy para él? Todo va a cambiar.

Está a punto de acabar esta estúpida vida que estoy llevando

en una estúpida familia, en una estúpida casa,

en la que cada vez... me siento más extraño".

No sé a que viene tanto empeño en llevarme a cenar con un señor

al que ni siquiera conozco. Mujer, ya te lo he explicado.

Se trata de un viejo compañero de colegio.

Nos encontramos el otro día por casualidad y...

que menos que ir a cenar una noche. Pero si al menos viniera su mujer.

Y si está fuera qué quieres que haga el hombre.

Enrique Gil te va a gustar.

Es uno de los psiquiatras más prestigiosos del país.

No me habías dicho que fuera psiquiatra.

Dame un poco más.

Sin hijos y con la mujer fuera de casa

se lo debe estar pasando en grande, ¿no?

No crea, tengo mucho trabajo.

¡Ah!, ya sé porque es usted psiquiatra.

Ustedes no suelen hablar mucho, ¿no?,

les gusta más escuchar.

Debe ser divertido eso de...

meterse en la vida de los demás y que nadie se meta en la suya.

Son como los curas pero sin voto de castidad.

Carmen, por favor. No, no, deja, deja, deja.

Se lo debe de estar pasando en grande,

¿no ves que me está analizando?

¿Qué piensa de mí?

¿Nada?

¡Ay!

Nada, qué pena.

¿No te parece que has bebido mucho? ¡Déjame en paz!

Carmen, deberías ir un momento al lavabo.

Para que me despeje. ¿Vas a decirme lo que tengo que hacer?

Te estás comportando como una...

¿Como una cualquiera? ¿Era eso lo que ibas a decir?

¡Anda éste, mira por donde me sale!

Tú, precisamente.

¿No le has contado a tu amigo que si eres algo me lo debes a mí?

¿Que lo único que has hecho en esta vida es dar un braguetazo?

Fíjate,... ese callado como un muerto.

Tú, qué,

¿sigues analizándome?

¿Sabéis lo que os digo?

Qua ahí os quedáis.

Meter a mi hija en un manicomio. Eso ni hablar.

Si está tan mal que tiene que separarse de los chicos

que se venga aquí a vivir conmigo.

Los psiquiatras... aconsejan un tratamiento.

Los psiquiatras no saben lo que dicen.

El mejor tratamiento para todo es la vida tranquila,

en el campo. Aquí mi hija se recuperará.

No se trata de un manicomio don César,

es un centro con todos los adelantos

Mismos perros con diferentes collares. Un manicomio.

Se trata de la salud de Carmen y no podemos jugar con ella.

¿Y quién juega?, o es que crees que no quiero lo mejor para mi hija.

Con un poco de suerte será cuestión de unas semanas.

He dicho no y es ¡no!

Mañana mi hija aquí. Mañana precisamente

tengo que ir a Madrid, hay pleno en las Cortes.

No me importa, yo mismo iré a recogerla.

Muy bien don César.

"Todo es mentira mi amor.

Yo, que estoy en la cúspide de mi vida,

desde lo más alto, puedo decirte que la vida no es sino una mentira.

Me refiero a la vida cotidiana, a lo vulgar,

al ganar dinero, al subsistir.

Con un poco de inteligencia es fácil ganar dinero, mucho,

pero eso no me basta.

Tú eres lo único que anhelo, Ángela.

Vivir contigo.

Lo deseo tanto que no acabo de entender porqué parece imposible.

Todo, mi poder, mis relaciones,

todo lo daría por un solo día de vida marital contigo,

y sé cómo conseguirlo todo excepto una cosa,

la forma de que tú y yo seamos marido y mujer;

pero lo lograre". Perdone señoría,

pero hemos de cerrar. Sí, sí, claro.

Estaba preparando mi intervención de mañana.

Ya me voy. Muchas gracias.

¡Por Dios, Roberto! Que habíamos quedado a las ocho

y son las nueve y media. Perdona, pero la sesión

se prolongó más de lo previsto. La cena es a las diez,

si nos damos prisa... No voy a ir.

¿Qué no vas a ir? No.

Pero Roberto, es el subsecretario,

y son 20 escuelas, 20, toda la provincia.

Chollos así no se encuentran todos los días.

No se hable más. Vas tú solo y asunto terminado.

¿Tan en serio va lo de esa chica? ¿Qué va a tomar, señor?

Whisky.

¿Sigues sin verla?

Sí.

Podría coger un taxi y estar a su lado en menos de media hora;

y a pesar de que Dios sabe que es lo que más deseo,

me he prometido no hacerlo,... y no lo haré.

No es mi amante... es mi amor,

y no quiero medias tintas.

Tanto ella como yo sabemos que jugamos a todo o nada;

y vamos a ganar.

Te juro por lo más sagrado que vamos a ganar.

Mugidos

Muge

Juanín, joven promesa procedente del Béjar Industrial,

pretendido por equipos como FC Barcelona y Real Madrid

y que ha recalado en las filas de la Unión Deportiva Salamanca.

-Señores, por favor, después del entrenamiento las entrevistas.

Ahora muchacho ¡a entrenar!

Bueno, presidente, ¿nos puede decir cuánto costó

el fichaje de esta gran figura, de Juanín?

-Pues yo me limitaré a deciros que... es un gran fichaje.

¡Coño!, ahora sí que no se os escapa el ascenso.

Vaya fichaje; le habéis quitado a Juanín al Barcelona y al Madrid.

Hombre, ya sabes cómo me muevo yo.

Silbato

¡Muy bien! Vamos Rafa otra vez, juégala para el compañero.

Ya me he enterado de que Carmen y tú estáis de nuevo juntos.

¿Juntos?

Bueno, es un paso adelante.

¿Un paso adelante? ¿Para qué? Para deshacerme de ella.

No te comprendo.

Lo tengo todo decidido.

No tengo otra opción que eliminar a Carmen.

¡Pero Roberto!, ¿te has vuelto loco? Se trata de su vida o la mía,

de mi felicidad. Pero... Roberto,

¿tú vas a se capaz... de matarla?

Entonces...

Lo vas a hacer tú.

No, Roberto no, pídeme lo que quieras pero eso no.

Tienes que hacerlo. Pero si la conozco de toda la vida.

Yo también la conozco de toda la vida.

Lo harás Rafa; sabes que vas a hacerlo.

No corres ningún riesgo, mañana es el día ideal.

Hay pleno en las Cortes y yo estaré en Madrid.

Luisa, la criada, tiene el día libre,

y ella estará sola al mediodía.

Yo te esperaré en Madrid. Sí, tú tienes la coartada perfecta,

pero ¿y yo? Tú también... estarás en Madrid.

Por la mañana en cuanto llegue te inscribiré en el hotel,

y comentaré que estás haciendo una gestión;

incluso llevaré tu maleta.

Cuando termines, coges el coche... No, Roberto,

no tienes derecho a pedirme eso.

¿Qué no tengo derecho? Me lo debes.

Tú a mí en la vida me lo debes casi todo.

Un don nadie, un golfo, carne de presidio.

¿Cómo te van las cosas ahora?

¿Quién pagó la fianza para sacarte de la cárcel

y te ha estado manteniendo hasta hoy?

Irás a las 12, después...

simularás un robo. Ya sabes,

el dinero... las joyas.

Carmen. ¿Sí?

Carmen, cariño, soy yo.

Esta mañana me fui tan temprano que...

Roberto ¿sigues ahí? Sí, sí, claro.

Me fui tan temprano que no pude despedirme de ti,

no quise despertarte.

Te di un beso pero dormías.

¿Y para decirme eso me llamas? Sí.

¿Volverás esta noche?

No, no creo que pueda. Mañana.

Bueno, pues si me lo recuerdas, mañana te devolveré el beso.

Llaman al timbre ¿Quién será ahora?Perdona, perollaman a la puerta.

Debe de ser algún pesado que viene a vender algo. Bueno,...

Adiós, Carmen.

Adiós.

Hola. Hola, Rafa, qué sorpresa.

Pensé que eras un vendedor. ¿Cómo?

No, nada. Roberto está en Madrid. Pero venga, pasa. Pasa.

¿Qué tal, Prieto? ¿No entras? Parece que el discurso de Arias

va a ser sonado. Estoy esperando a un amigo

que me trae noticias de Salamanca, y esta mañana han operado a mi hijo.

¿Algo grave? No, no, apendicitis, pero...

A esas edades no tiene importancia. Hasta luego.

¿Cómo fue todo?

No he tenido valor para hacerlo.

¿Quieres decir que no?

No he podido. Me las pagarás.

¡Te juro que me las pagarás!

¡Roberto! ¡Roberto, por favor!

Cuando estaba en mi habitación se me ha ocurrido una idea.

He pensado que podría hacerlo otro. ¿Ah, sí?

Y qué quieres que haga,

¿poner un anuncio en el periódico? No.

Creo que sé quien puede hacerlo. Le conocí en la cárcel;

por dinero sería capaz... de cualquier cosa.

¿Pero es de confianza? Totalmente.

Fue compañero mío de celda.

Murmullos

Fichas grandes, por favor.

Hola.

Para los empleados.

Ven. Ven.

Hombre, Almeida, que casualidad. Déjame que te presente.

Luis Almeida, Carmen, mi mujer.

Hola. Encantado.

Cenarás con nosotros, claro. Te dije que tenía el presentimiento

de que hoy sería nuestro día de suerte.

No, si a mí la idea de venir a Portugal me encantaba,

aunque la verdad es que no soy nada aficionada al juego.

¿Y usted? Bueno, vamos,

porque habrá que pedir mesa, se hace tarde.

Disculpadme un momento, vuelvo enseguida.

Mientras tanto ir viendo la carta.

No, somos tres.

¿Los señores desean tomar algo? -Sí, un vinito.

¿Y usted, señora? No, nada, gracias.

Sí, sí, César. Hemos ganado casi 500.000 pesetas.

Claro, Carmen está encantada, imagínese.

Algo nerviosa, porque dice que ha visto

unos tipos extraños... observarnos

mientras yo cambiaba las fichas.

No, no, no se preocupe. Debe ser la emoción por haber ganado

No, vamos a cenar algo y volvemos enseguida.

Hasta mañana. Adiós.

Habla en portugués

Sí, traiga la carta, y para mí un café solo bien cargado.

Yo lo tomaré con una copa de ese aguardiente.

Ha sido una cena estupenda. Nosotros nos vamos enseguida.

¿Tú vas a seguir jugando? No, no, me tomo el café y me voy.

Que tipo tan extraño. ¿Quién?

Ese amigo tuyo.

¿A qué se dedica? Negocios.

No veas lo mal que lo he pasado cuando nos dejaste solos.

¿Por qué? Olvídalo.

Probablemente no volverás a verlo en tu vida.

Habla en portugués

¿Cómo dice? -Las "luses"

Pasaporte.

-Entró en Portugal. Sí, estuve en el casino.

Oiga,

otra cerveza y otra copa de ginebra.

La cerveza refresca la garganta.

Hace una noche de perros,

pero mañana será otro día.

¿No me escucha? -¡Qué!

Que mañana será otro día. -Sí, sí.

Vas bueno.

Con un poco de suerte te matas.

Voy a parar un momento.

Estoy cansado y quiero estirar las piernas.

¿Quieres que conduzca yo? No, no, no.

Es sólo un minuto. Además es de noche

y prefiero hacerlo yo.

Vamos, baja. Es que hace mucho frío.

Anda mujer, a ti también te vendrá bien estirar un poco las piernas.

Grita

¡Aaah!

¡Basta! ¡Basta!

¿Hacía falta ensañarse así?

Estás borracho.

¿Quién te ha mandado emborracharte?

Sí,

estás borracho.

Está bien, simulemos la pelea. ¡Venga!

¡Pégame!

¡Pégame, imbécil!

Ahora con la barra.

¡Ahí no, imbécil!

Ahí.

El terrorismo ha golpeado de nuevo en el lugar

en que sabían los asesinos que más daño podían hacer.

A los dos meses del terrible atentado que costó la vida

al presidente del Gobierno... han elegido como víctima

a uno de los políticos más jóvenes

y con mayor futuro de España.

Roberto Prieto Gil era un político... de casta.

Un hombre que sabía anteponer los intereses colectivos de la nación

a los suyos propios.

Roberto Prieto estaba llamado a los más altos...

Subtitulación realizada por Yolanda Fernández Gaitán.

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La huella del crimen - El caso del procurador enamorado

27 jul 2017

Roberto Prieto, casado con Carmen, hija de un ganadero salmantino, con una brillante vida social y política tras haber sido elegido procurador en cortes por el tercio familiar, se enamora y mantiene relaciones con la maestra de su hija.

Histórico de emisiones:
14/08/2012

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