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La galería - Paquita Sauquillo - ver ahora
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(Música cabecera)

Paquita Sauquillo es una mujer muy fuerte.

La vida se lo ha probado golpeándola en lo personal

con el asesinato de su hermano en la matanza de Atocha,

la muerte de su hijo,

abandonado por vigilantes del metro en plena calle,

la muerte de su marido, también en tiempo inesperado,

pero siempre se ha rehecho.

Nunca se ha rendido,

y esa actitud, trasladada a la política,

la situó firmemente en primera línea desde los tiempos de Franco.

Abandonó la política activa en 2004 siendo eurodiputada,

pero sigue, de forma más sutil,

presidiendo el Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad.

Yo salí en la universidad. Empecé a trabajar contra el SEU,

que era lo que había entonces, pero no me afilié entonces a nada.

Pero sí, en el último año de la carrera universitaria,

me fui a hacer un curso de derecho laboral,

y empecé a tomar contacto con los sindicatos

que entonces había clandestinos, que era USO

y, fundamentalmente, AST,

que estaba muy ligado a la vanguardia obrera.

Nada más acabar la carrera,

me puse a trabajar con Jaime Cortezo Velázquez-Duro,

que fue miembro del Consejo del Poder Judicial,

que luego apareció muerto en el trastero de su coche

porque le debieron de robar y le maniataron.

Este hombre, que era democratacristiano,

que defendía a mucha gente en el Tribunal de Orden Público,

y defendía a trabajadores sindicales,

pues con el que estuve de pasante dos años.

Luego, inmediatamente, monté el despacho

y empecé a ir a los barrios periféricos de Madrid

junto con otros compañeros, a las iglesias,

porque era el sitio en que nos dejaban poder atender.

Porque estaba prohibido reunirse más de 20 personas.

Eso ahora no se entiende, pero entonces sí.

Empecé a trabajar con AST.

Fueron los momentos en que se constituyeron

las Comisiones Obreras en Madrid.

Fundamentalmente, estoy hablando de los años 1965-66-67.

Montamos el despacho laboralista,

que ahora es el despacho José Ortega y Gasset,

pero era el despacho Lista,

y fue uno de los primeros despachos laboralistas

en donde empezamos a defender a gente de Comisiones Obreras,

porque AST y la gente que procedía del Partido Comunista

se metieron en Comisiones Obreras.

CCOO tenía mucha fuerza.

CCOO hizo una cosa muy importante,

que fue meterse a trabajar dentro de las fábricas

como representantes sindicales

frente a lo que significaba el sindicato vertical.

En el despacho empezamos a trabajar defendiendo a los trabajadores.

Defendía a gente de Standard, gente de Pegaso, gente de Marconi...

Pero luego montamos un partido,

que era la Organización Revolucionaria de Trabajadores,

que en aquel momento sonaba muy raro, y desde luego sonaba más raro

que una chica que había estado en el colegio de religiosas Loreto,

con monjas, y que era de una familia de clase media,

y que su padre había fallecido...

Mi padre era militar.

Aunque, efectivamente, yo creo que era demócrata.

Pero éramos una familia, se puede decir,

de los que habían ganado la guerra.

Pues que estuviese en una organización

que entonces sonaba horrorosa.

La ORT era el partido más clandestino del mundo.

Eran clandestinos incluso entre ustedes, me da la sensación.

Al extremo de que lo dirigía el camarada Intxausti,

que era como una entelequia. Sí, efectivamente.

Que resultó ser José Sanroma. Exacto, sí.

Incluso para los militantes, a veces teníamos reuniones con él

y no le veíamos, porque se tapaba.

Hay que reconocer que en aquel momento

cualquier partido político, por supuesto, el Partido Comunista

y los que estábamos a la izquierda,

o nos considerábamos a la izquierda del Partido Comunista,

como era la ORT, el PTE, el MC o la Liga,

estábamos perseguidos.

En una reunión, que te cogieran con tres compañeros y tal,

si tenías papeles, si tenías documentos,

el "Lucha", que era el documento que nosotros sacábamos,

que luego todo se ha entregado a la Fundación Pablo Iglesias

como hemeroteca, estabas en la cárcel años.

Tenías que tener cuidado.

Tú salías a la calle, veías si te perseguían...

Yo siempre trabajé en el despacho,

o sea que podía decir que trabajaba en la parte legal.

Y me acuerdo que, cuando me detuvieron,

había salido en muchos sumarios, y me acuerdo de Yagüe, que me dijo:

"Pero ¿cómo no ha estado usted más detenida?".

Y no había estado. Yo estuve detenido en el año 76,

ya cuando se había muerto Franco,

en aquella famosa "La calle es mía" de Fraga,

que nos detuvieron a todos los que encabezábamos la marcha.

Que era decir: "Hasta aquí hemos llegado.

Tenemos que tener libertades".

Pero en la Dirección General, en la Puerta del Sol,

no entendían que yo no hubiera estado allí más tiempo.

Había que cuidarse. Ahora es muy fácil.

Vamos, no es fácil, es otro momento político

y no se puede comparar con el anterior,

pero entiendo que ahora los jóvenes pueden decir las cosas que quieran.

Claro.

Incluso hay insultos y no pasa nada.

En cambio, en aquel momento, la libertad de expresión no existía,

la libertad de reunión no existía.

Más de 20 personas era una reunión ilegal.

Y si pensaban que estabais 10 y era una reunión ilegal,

también te detenían.

Nosotros, las asambleas de los vecinos, por ejemplo,

que era un tema legal,

las asociaciones de vecinos eran legales,

en muchas ocasiones no nos reuníamos más de 20.

Porque tenías que pedir autorización para reunirte en una asamblea.

Sus primeros contactos con la política y el sindicalismo,

¿fueron de la mano del padre Llanos en el Pozo del Tío Raimundo?

Yo creo que en esa época, en los años 60 y 70,

estábamos en una época de la Iglesia muy diferente.

Bueno, ahora parece que el papa Francisco quiere volver.

Pero una época en donde la Iglesia, una parte de la Iglesia,

fue una Iglesia que jugó un papel importante contra la dictadura.

Era la época del Concilio Vaticano Segundo.

En mí tuvo mucha influencia.

Yo procedía de movimientos cristianos,

y, por lo tanto, el Concilio Vaticano Segundo,

lo que eran las encíclicas Mater et Magistra, Pacem in Terris.

Bueno, plantear un cambio. Para mí fue un cambio muy importante.

Cuando llegué del colegio de monjas,

en donde habían explicado los "buenos" y los "malos",

y llegué a la universidad y me encontré con que eso no era así.

Y había la época en la que jugó

el diálogo marxista con los cristianos.

Para mí tuvo mucha influencia el avance de la Iglesia.

Conocí al que luego ha sido mi marido, hasta que se ha muerto,

en una asamblea de universitarios progresistas.

Pero el padre Llanos, cuando se estudia su biografía

y se le conocía, él sufrió una metamorfosis importante.

Él había sido confesor y había tenido mucha relación

con el régimen, él procedía del régimen.

Habían asesinado a sus dos hermanos.

A él le mandaron, y él fue, como jesuita,

al Pozo del Tío Raimundo.

En esa sociedad donde lo que había

era gente que procedía de Andalucía y Extremadura,

inmigrantes que venía toda la familia.

Yo conocí a algunos de ellos que venían con los ocho hijos

y que montaban una chabola, y por la noche ponían el techo.

Había una leyenda de que, si ponías el techo por la noche,

los guardias municipales que llegaban no podían tirar la chabola.

Era leyenda. En Barcelona, parece ser que estaba regulado,

pero aquí no.

Y él llegó y se encontró con que la gente pasaba hambre.

Él llega allí y, como él dice, se produce un cambio.

Empieza a darse cuenta de que fue a conquistar el barrio

y que el barrio le había conquistado a él.

El hambre, la miseria y la gente que había sido represaliada

le conquistan. Entonces se produce un cambio.

Es cuando él pide el carné del Partido Comunista.

Se hace fotos con la Pasionaria y tiene una relación muy estrecha.

Él produce un cambio. Era una persona de mucho carácter.

Y con su carácter y el cambio que le produce...

Para mí no fue el cambio de Llanos, porque no era la misma historia,

pero yo aprendí de ver a la gente que estaba pasándolo mal.

Estaba en el despacho, en el centro de Madrid,

como era mi despacho Lista,

pero, por las noches, cuando iba ahí, veía...

No teníamos calles,

el agua tenían que sacarlo del pozo...

Empezamos a hacer reivindicaciones de un semáforo, de la escuela...

Y te dabas cuenta de cómo vivía la gente.

Eso para mí también fue un cambio.

¿De quién había sido confesor, de Franco?

Sí. De Franco, me parecía.

Pero en la última etapa no quiso saber nada...

Vamos, a partir de esa metamorfosis que sufrió,

cortó totalmente.

Y en una visita que quiso hacer Franco al Pozo,

se negó a que fuera. Vamos, no lo recibió.

-La tercera visita fue la de don Francisco Franco,

al cual ya no recibí porque...

No le recibimos.

Para una dictadura católica militar

sería muy difícil enfrentarse a los curas.

Al final de los años 70, cuando nos reuníamos en la iglesia,

el juicio 1001, que les pidieron a Marcelino Camacho

y a todos los que les acusaban,

y, entre ellos, al que yo defendí,

a Zamora Antón, de Zaragoza, les pedían 20 años.

Y entraron en el convento de los dominicos.

Y la Iglesia jugó un papel muy represaliado.

La convivencia entre una Iglesia oficial

y una Iglesia contestataria...

Bueno, convivían, pero fueron represaliados muchos de ellos.

Llegó a haber una cárcel solo para curas.

Ah, sí, la cárcel concordataria, la cárcel de Zamora,

que es donde estuvo Mariano Gamo, estuvo Paco García Salve,

y estaban algunos curas vascos.

Era curioso porque no existía en toda Europa.

En ninguna parte de Europa, que yo sepa,

hay una cárcel concordataria.

¿Cómo convivía la ideología maoísta de la ORT

con la ideología católica-cristiana de los fundadores de ese partido?

Era mucho más que eso, porque la ORT

era la Organización Revolucionaria de Trabajadores.

Pensamiento teníamos.

Pensamiento leninista, diríamos, y maoísta.

Hay que comprender el contexto.

En ese momento, había sido la Revolución Cultural china.

En China, Mao había sacado a la gente del hambre.

Para nosotros era un modelo muy diferente

a lo que era en aquel momento Rusia.

Era la revolución que se había producido

no solo con la clase trabajadora, sino con clases culturales, etc.

Cuando llegabas ahí y veías China...

Yo hice el primer viaje en el año 75.

Veías China y veías que no tenía nada que ver con tu país,

por lo tanto, aquellos esquemas no coincidían.

Pero sí, entiendo que también había que tener en cuenta

la revolución de Mayo del 68, que era una revolución diferente.

Ahora es muy difícil explicar cómo tú en aquel momento

tenías admiración por lo que significaba Mao,

por lo que significaba Lenin, etc. Ahora es difícil explicarlo.

Pero en aquel momento, en el fondo, lo que queríamos,

o por lo menos la ORT, en la que yo militaba,

lo que queríamos era un cambio en nuestro país

para que las clases trabajadoras y las clases que vivían mal

vivieran mejor y que hubiera libertad y democracia.

Teníamos modelos.

No estamos de acuerdo con el modelo que estaba implantando Rusia.

Estuvimos en contra de lo que pasó en Checoslovaquia.

Estábamos en contra de muchas cosas y no nos gustaba el modelo.

Había otro modelo, que lo conocíamos casi por la prensa,

hasta que no lo veías, y únicamente por textos.

Esto era un poco la situación que teníamos en aquella época.

Su hermano Javier, posteriormente asesinado en Atocha,

¿no trató de llevarla al redil del Partido Comunista?

Javier era una persona estupenda.

Y además, una persona muy respetuosa.

A mí me marcó mucho alguna frase que dijo

ya en el año 77, unos días antes:

"A veces piensas que los buenos están aquí

y los malos son todos aquí. Y a veces no es así.

Hay buenos en un sitio y malos en otro".

Esa idea que teníamos a veces de que toda la izquierda éramos buena

y toda la derecha era mala...

Me acuerdo que dijo una frase lógica.

"Tenía que ser así, pero hay gente de izquierdas

que no debía serlo o que no debía ponerse esa etiqueta,

y hay gente de derechas que es buena persona".

Yo creo que mi hermano nunca lo intentó.

Mi hermano empezó en la universidad. Era una persona muy inteligente.

Una persona muy amiga de sus amigos.

Y la realidad es que nos queríamos como hermanos

y nos respetábamos, aunque él no estaba de acuerdo

con que yo estuviese en la ORT.

Pero hay una frase que me impresionó.

Creo que fue una semana antes de lo de Atocha.

Me dijo: "Ahora que parece que está cerca la democracia,

¿qué vais a hacer? Los partidos tienen que cambiar.

Ahora ya no estamos en la misma situación".

Él ya tenía claro que esto iba a cambiar

y que los despachos laboralistas,

como era el mío, de Lista, como el suyo, de Españoleto,

o el de Atocha, que habíamos sido como una plataforma

y una pantalla, diríamos, para reunirse los trabajadores,

aparte de hacer defensas jurídicas,

que iban a llevarlo ya los sindicatos legalizados.

Su mala suerte, por decirlo de alguna manera,

no acabó con lo de Atocha, con lo de su hermano,

también a su hijo de pronto lo encontraron muerto

después de tenerlo abandonado en el metro.

Tengo una mochila de cosas positivas,

pero una mochila con bastantes piedras.

Desde luego, aparte de la muerte de mi padre,

cuando tenía 14 años, y luego el asesinato de mi hermano,

pues sí, la muerte de un hijo,

que eso solamente el que lo ha pasado...

Yo cada vez que leo que un chico joven se muere,

me pongo mala porque pienso en su madre y su padre.

Pues sí, te arranca el alma.

Eso que no se sabe si el alma existe, pero te arranca las entrañas.

Es lo que sientes cuando se te muere un hijo.

Yo tuve la mala suerte de que mi hijo Javi,

que era un chico estupendo, listísimo,

estudiante magnífico,

todo lo que puedes querer para un chico, deportista y tal,

entró en una enfermedad horrorosa, que es la anorexia.

A los 15 años. No sabemos por qué entró en la anorexia.

Quizá porque le salieron granos, no lo sé.

Estuvimos tres años peleando contra la anorexia.

Y cuando ya salía de ella, o creíamos que salía de ella,

pero yo creo que salía de ella

porque ya entendía que tenía que cuidarse,

había acabado de salir del hospital dos días antes,

tuvo una bajada de glucosa y se quedó sentado en el metro,

y le dejaron tirado allí.

Pensaron que era un drogadicto o un mendigo.

No sé lo que pensaron, porque luego se oyeron las cintas.

Y cuando llamaron al Samur, dijeron que era un sidoso,

y posteriormente, cuando le llevaron al hospital,

ya era tarde.

Pero su corazón aguantó hasta las ocho de la mañana.

Y a mí no me llamaron, llevando el carné de identidad,

el carné de estudiante, las señas de casa,

las llaves, todo. Hasta que estaba muerto.

Tuvimos el juicio por el delito de omisión.

Yo creo que tuvo un efecto muy positivo,

eso es lo único que te reconforta.

El que mucha gente, cuando ve a alguien tirado...

Porque luego me enteré de muchos casos

de que, la apariencia,

si te caes en la calle y vas bien arreglado

y estás bien de cuerpo, bien,

pero si piensan que eres un mendigo,

y en aquel momento pensaban que tenía sida,

ya no se preocupan de ti.

Estamos en la sala Campoamor,

en la que hay como fondo

un periódico, "El liberal", del 2 de diciembre de 1931,

que dice que "ayer se acordó por cuatro votos de diferencia

que el sufragio femenino entre enseguida en vigor".

¿Por qué cuesta tanto trabajo conseguir las cosas evidentes?

En aquel momento, hubo compañeras socialistas

que se opusieron a Clara Campoamor porque pensaban

que iban a perderse las elecciones por parte de la izquierda...

Victoria Kent, ¿no? Exactamente.

Yo creo que a veces el no ser arriesgado,

el no ser suficientemente tirado para adelante,

como fue Clara Campoamor, produce retrocesos a la larga.

Yo creo que hay gente que se opone

a cualquier tipo de cambio y de avance.

El voto fue muy importante, fue un cambio increíble,

como ha sido luego, durante la época socialista,

de gobiernos socialistas, sobre todo del 83 al 90,

cómo el que quisiéramos introducir, primero, las cuotas,

que ha habido mucha gente que no ha estado a favor,

pero gracias a las cuotas hay muchas mujeres que en España,

y lo copiamos de las nórdicas, estuviéramos en política.

Dicen algunas conservadoras: "No, es que la que vale, vale".

Sí, pero es que la que vale no la dejan llegar.

No llega.

Hay que poner una fórmula de apoyo positivo para que pueda llegar.

Después, el tema paritario.

Ahora estamos con el tema cremallera, que haya hombres y mujeres.

La inteligencia está entre los hombres y las mujeres.

El PSOE recuperó en el momento justo a personajes importantes

que se estaban perdiendo en partidos pequeños.

Me llamó el Partido Socialista

para ofrecerme ir en las elecciones del año 82 como diputada por Madrid

en el puesto 16.

Era el momento en que el Partido Socialista

se abría, por un lado, al partido de Fernández Ordóñez,

y, por otro lado, a la gente que procedíamos de la izquierda.

Yo pregunté en qué puesto iba a ir Fernández Ordóñez,

y me dijeron que el sexto. Y me dijeron que yo iría la 16.

Yo dije que o íbamos por igual

o que, si no, no iba al parlamento.

Se quedaron un poco asombrados.

Recuerdo las caras de algunos compañeros del Partido Socialista.

Y dije: "Pues nada. Sigo trabajando en el despacho".

Entonces me ofrecieron ir de diputada

a la primera Asamblea de la Comunidad Autónoma de Madrid.

Y senadora por la Comunidad Autónoma de Madrid.

Entré en el Partido Socialista sin ser militante en el 83.

Como diputada autonómica y senadora.

Y en el 85, me acuerdo que la compañera Carmen Romero

y varias más dijeron: "Estáis aquí trabajando,

decís que las mujeres tienen que integrarse en la política.

Pues para integrarse hay que militar y pelear dentro del partido".

Por las dos cosas que siempre hemos peleado.

Por las ideas del partido de un cambio de la sociedad

en la lucha contra las desigualdades y la pobreza,

pero también en la lucha por la igualdad entre mujeres y hombres.

En el 85, entré en el Partido Socialista como militante.

Evidentemente, desde el 83 era senadora del Partido Socialista,

pero no tenía el carné.

En el 85, entré como militante,

y me acuerdo que salió una foto que nos fastidió mucho a nosotras,

que era "las chicas de Txiki",

que entonces era el secretario de Organización.

Era un grupo de mujeres... ¿Dónde salió eso?

Salió en toda la prensa, porque era una forma de...

Al Partido Socialista, en aquellos momentos,

le querían degradar.

Era decir que éramos chicas que dependíamos de un chico.

No podíamos ser por nosotras mismas. Una foto muy nefasta.

Usted fue parlamentaria autonómica, nacional y europea.

A mí me concedieron el premio de mujer europea en el año 93.

Me concedieron el premio porque, en el año 84,

junto con otro grupo de compañeros, hablamos de la época de la OTAN,

cuando hicimos la manifestación contra la OTAN,

montamos después una organización, que era Movimiento por la Paz.

MPDL, Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad.

Esta organización trabajó mucho.

Antes de la guerra de Yugoslavia,

hicimos campañas por toda la zona de lo que era Yugoslavia:

Macedonia, Eslovenia, Croacia, Serbia...

Intentando evitar la guerra, que fue muy impresionante,

en el año 90-91.

Durante la guerra, estuvimos haciendo ayuda humanitaria en las tres partes.

En la parte serbia, en la parte croata

y en la parte bosnia,

que era difícil mantenerse en las tres partes

atendiendo a la gente, pero las víctimas son iguales.

Los asesinos son unos, pero las víctimas,

no porque seas serbio no eras víctima.

Y eso nos costó.

Fruto de ese trabajo, me dieron el premio de mujer europea.

En el año 94, entonces el gobierno era de Felipe González,

la ejecutiva quiso que fuera al Parlamento Europeo.

Y desde el 94 hasta el 2004 fui parlamentaria europea.

Usted tuvo una experiencia importante

en juicios muy importantes.

El juicio 1001, que fue el juicio a la cúpula de CCOO,

coincidiendo con el asesinato de Carrero Blanco.

Sí, el asesinato fue cuando estábamos en el juicio.

Empezando el juicio en ese momento.

Acababa de empezar a hablar Gil Robles el primero, sí.

Estaban Gil Robles, Joaquín Ruiz-Giménez, Cristina...

Estábamos todos los abogados.

Acababa de empezar cuando nos pasaron una notita

para que se la lleváramos al primero.

Los consejos de guerra en los que se condenó a muerte

a los últimos condenados en este país,

¿cómo se vive como abogada?

En mi despacho, que éramos conocidos como de la ORT,

nos hicimos cargo de las defensas.

Porque en aquel momento el PCE no quiso hacerse cargo

porque tenía miedo de que les acusasen

de estar de acuerdo con unos hechos

que acusaban de que habían matado a un policía y a un guardia civil.

Había gente de la ORT que tampoco estaba de acuerdo

en que defendiéramos, pero yo y mis compañeros

teníamos muy claro que contra la pena de muerte defendíamos a cualquiera.

Estábamos en contra de ella entonces

y, por supuesto, ahora.

Y defendíamos que estos chicos eran unos chicos que había que probar

y que había que defenderles hasta el final.

Yo defendía a una chica, María Jesús Dasca.

Y había dos mujeres que les pedían pena de muerte,

y luego había tres en El Goloso.

Luego hubo el juicio en el País Vasco y el juicio en Cataluña.

Hubo cinco personas que fueron ejecutadas.

La forma de defenderlas era imposible.

El juicio, cuando yo me hice cargo,

era un sumario que llevaban los militares,

pero lo pasaron en 24 horas a ser sumarísimo.

Te dejaban cuatro horas para leerlo y defenderlo.

Y el juicio fue muy violento, muy tenso.

Yo fui la última abogado que abandonó

diciendo que no teníamos defensa posible para hacerlo.

Fui sustituida y los demás compañeros por abogados militares.

La verdad es que ellos estaban muy impresionados como nosotros.

¿Abogados militares o militares a secas?

Yo creo que el que me sustituyó a mí sí era abogado.

Es que en los consejos de guerra... A lo mejor no era.

La verdad es que intentaron hacer lo que podían jurídicamente.

Yo tengo buen recuerdo del que me sustituyó.

Pero aquello no valía para nada.

Entonces, en el Consejo de Ministros, se acordaron las ejecuciones.

Esa noche del 26 de septiembre,

desde el Colegio de Abogados se pidió clemencia al papa,

que lo pidió Joaquín Ruiz-Giménez, que habló con él.

El papa intentó hablar con Franco.

No consiguió Franco ponerse, o no se quiso poner.

Y el día de las ejecuciones yo estuve con las familias.

Fue una cosa que,

cuando vives con alguien y hablas con alguien que le van a ejecutar,

eso no se te puede olvidar.

Paquita Sauquillo es el símbolo vivo

de resistencia ante situaciones que jamás deberían volver a suceder.

Aunque la historia nos enseña la capacidad que tenemos

más que probada para repetir los errores y los horrores.

Ha buscado siempre, y sigue buscando,

lo más noble de la política:

que a los demás no les arrollen las desgracias

que ella ha tenido que conocer y que soportar.

(Música créditos)

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La galería - Paquita Sauquillo

15 mar 2019

Programa de entrevistas con grandes personajes de la política que ya viajan de vuelta tras haber vivido en primera línea situaciones que pasaran a la historia de nuestro país. Todos ellos protagonistas de nuestra Transición política, social y cultural a la democracia.

Paquita Sauquillo, senadora y eurodiputada entre 1983 y 2004.

Histórico de emisiones:

25/11/2015

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