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La galería - Carlos Martínez - ver ahora
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(Música cabecera)

"Da la sensación de que a Carlos Martínez Gorriarán

le va el papel de antilíder porque no tiene ningún empacho

en decir cosas durísimas sin importarle lo impopulares

que puedan llegar a ser.

Miembro de la junta fundadora de UPyD

y diputado por ese partido,

no parece que semejante cosa entrara en el marco

de sus previsiones vitales.

Pero las corrientes tumultuosas de las aguas bravas

político sociales vascas

le arrastraron y le pusieron en el punto de mira

de los asesinos de ETA,

y le colocaron en situaciones límite,

inicialmente fuera de su agenda".

Estamos en el salón de plenos del ayuntamiento de Ermua.

Aquí empezó todo.

Aquí empezaron muchas cosas.

El asesinato de Miguel Ángel Blanco fue un revulsivo especial.

Por el significado que tenía que asesinaran a un chico

que era un concejal de pueblo.

Quizá mucha gente no lo sepa.

Es uno de los trabajos, si se toma en serio,

más sacrificados y más ingratos, y peor pagados que hay.

El significado que tuvo aquel acto tan cruel, en fin,

creo que fue un gran revulsivo.

Realmente lo de la movilización contra ETA

comenzó bastantes años antes.

Usted es uno de los fundadores del Foro de Ermua.

Pues eso.

Digamos que el insistir más en la necesidad de movilizar

a la sociedad contra ETA,

que hubiera conciencia de que el terrorismo

afectaba a todos y también para tratar

que las instituciones del Estado y los partidos políticos de Gobierno,

concretamente los constitucionalistas,

hicieran una política más decidida en contra del terrorismo.

En aquel momento dejó de ser solamente atentados,

para extenderse, socializarse, como decían ellos,

a través de la kale borroka y de unas campañas de persecución

y de intimidación más extensas socialmente.

Claro.

En este salón de plenos, precisamente, señor Gorriarán,

en uno de estos asientos estuvo sentado durante tiempo,

precisamente, Miguel Ángel Blanco.

Ajá.

A lo mejor, incluso sabe usted en cuál de estos sillones se sentaba.

Yo no lo sé tampoco.

Es tan pequeño que, realmente, aquí era donde pasaba su vida.

Cuando yo digo que aquí empezó todo,

me refería a que el asesinato de Miguel Ángel Blanco

fue el que hizo que cambiara la visión de España con respecto a ETA,

me da la sensación, ¿verdad?

De forma radical ya.

Seguramente, sí.

Fue el que provocó las primeras grandes manifestaciones.

En muchos casos no puedes convocar a nadie.

Imagino que eso fue una línea roja de un poco

"Hasta aquí hemos llegado".

Es verdad que podía haber habido, en ocasiones anteriores,

que también había razones para decir que hasta aquí habíamos llegado.

El primer muerto debería haber sido suficiente.

Pero es lo que decíamos antes.

Asesinar con esa sangre fría, ese ensañamiento a un chico

que era un concejal de pueblo de un partido perseguido aquí,

como era el Partido Popular tiene un significado, cómo diríamos.

Era mucho más evidente para todo el mundo el fondo criminal

de lo que era el terrorismo, ¿no?

Quitándole todo el idealismo, toda la supuesta excusa política, etc.

Paralelamente se generó la respuesta de Manos Blancas.

Sí, esa fue la universidad autónoma,

cuando el asesinato de Tomás y Valiente.

Eso nació en la universidad, pero en Madrid.

En la autónoma, sí. En la autónoma.

Usted, cuando decide empezar esa operación, no se mira al espejo

y dice: "Me la voy a jugar a partir de ahora".

Bueno... No estaba solo, por supuesto, ni mucho menos.

Éramos bastantes.

En realidad lo empezamos a hablar entre un grupo de profesores

de la universidad del País Vasco, que luego, a su vez,

teníamos contactos con políticos, amigos, periodistas...

No valen estos casos, pero llevábamos bastante tiempo

firmando y haciendo cosas, digamos, denunciando a ETA.

Sobre todo en artículos de prensa al principio.

Llegó un momento en el que vemos que son insuficientes.

Y luego, de jugarse la vida, pues claro.

Es un hecho. Si eres realista, sabes que esto es así.

Pero tampoco era algo que pudiera ser ignorado.

Si no das un paso en un momento dado no importa,

porque ya vendrán a por ti.

Si hubiéramos dejado a ETA seguir adelante

y avanzar con su proyecto, hubiera llegado un momento en que,

aunque no hubiéramos hecho absolutamente nada,

nos hubiera tocado el turno a nosotros.

Exactamente igual que el famoso poema de Bertolt Brencht,

"Vinieron los comunistas y como no era comunista, no hice nada.

Fueron a por los judíos, como yo no era judío no hice nada".

Bueno, pues aquí hubiera ocurrido exactamente igual.

Era también algo de tener realismo, no solo en el sentido de riesgo,

sino de la oportunidad.

Y la oportunidad era de que sí se notaba en el ambiente

que la sociedad sí estaba dispuesta a exigir más en contra del terrorismo,

y ese fue el comienzo del fin del terrorismo.

Si no, igual estaríamos ahora pactando no sé qué.

Nuestra extradición...

o nuestra salida de la cárcel.

Después siguió ¡Basta Ya!, Plataforma Pro.

Usted fue portavoz de ¡Basta Ya! Sí, también.

Y Fernando Sabater y Cristina Cuesta.

En realidad, el Foro de Ermua hizo una labor importante, sin duda.

Pero se fue orientando más hacia un grupo, vamos a decir,

de opinión y presión política a las instituciones.

Eso estaba bien, pero estábamos algunos cuantos

que pensábamos que eso era insuficiente.

Lo que queríamos era que hubiera una verdadera rebelión social.

Que hubiera manifestaciones, que la gente saliera a la calle

y disputara el espacio público, la calle,

que es lo más importante, en estos casos...

pues en los terroristas y a sus amigos, ¿no?

A su partido político, que era Herri Batasuna,

y luego las diferentes marcas que han ido teniendo.

Al final todo es lo mismo. O sea que, para abreviar, Batasuna.

Foro de Ermua tenía sus peculiaridades

y no estaba demasiado por esa labor.

Entonces decidimos fundar ¡Basta ya! en el año 2000.

Concretamente en el verano del 99, pero empezamos a trabajar en el 2000.

Nuestro objetivo desde el principio fue que había que hacer,

no solo dar opiniones, que estaba muy bien,

pero ya había todas las necesarias.

Era necesario convocar a la gente y salir a la calle.

Estuvimos una vez...

Con Fernando Sabater, Rosa Díez, María San Gil...

En fin, gente variada,

pero compartíamos y estábamos convencidos

de la importancia que tenía eso.

Disputar la calle y la imagen pública de que la sociedad del País Vasco

no era una sociedad rendida,

ni que estuviera apoyando, ni muchísimo menos,

no solamente al terrorismo, sino a lo que nosotros llamamos

el nacionalismo obligatorio.

Es esa especie de presión social, que no es violenta, aparentemente,

pero que es una presión moral

para que digamos o te abstengas y te vayas al margen de la sociedad

y te calles o seas nacionalista.

Es algo que también ha pasado en Cataluña todos estos años

y ha llevado a la situación presente, ¿no?

Ustedes no quería ninguna negociación con ETA, me parece, ¿no?

Hombre... Como decía uno en broma.

Una vez que estén en la cárcel se puede discutir con ellos

el color de la celda.

Digamos que a partir de ahí, nosotros lo que les exigíamos,

y yo sigo pensando lo mismo, era que el código penal español

en ese sentido, por cierto, por mucho que esto no tenga valor,

es muy partidario, está muy a favor de los presos.

Las posibilidades de reinserción son muy amplias y muy sencillas.

Basta comer ahora mismo la cantidad de presos de ETA

que están soltando con tercer grado, con condenas larguísimas,

y muchas veces con excusas, porque desde luego,

creo que ha habido poca colaboración con la justicia.

Pero si hay colaboración con la justicia y hay una autocrítica

de la vida criminal, y una petición de perdón a las víctimas,

hasta un terrorista en 300 años de cárcel se puede reinsertar.

¿Qué más facilidades se pueden pedir para, vamos a decir,

dar una vida normal a gente que se la ha quitado a los demás?

¿Y se reinsertan?

Usted, que es profesor de ética, ¿cree que se reinsertan o no?

Algunos sí.

Hay casos muy interesantes de presos de ETA

que se reinsertaron y desafiaron a su propia organización criminal,

e incluso históricos de ETA más conocidos.

Por ejemplo, Mario Onaindia, que murió hace unos años

estuvo condenado a muerte en el consejo de Burgos.

Cierto es que nunca mató a nadie.

Era uno de los jefes de ETA en su época,

y no solamente se reinsertó, sino que fue uno de los líderes

de esa lucha contra el terrorismo y todo lo que significó.

Usted, señor Gorriarán, empezó de muy jovencito

precisamente en un partido que era próximo a ETA.

No...

Era un partido como maoísta. Trotskista, perdón.

Trotskista, sí. Trotskista, trotskista.

Usted era de la liga comunista revolucionaria.

No era exactamente. ¿Tampoco?

Yo era muy jovencito.

Estábamos en ese mundo, en ese ambiente.

Lo que pasa es que luego, esas cosas de la Wikipedia

y todas estas historias que te escriben por ahí,

ni siquiera merece la pena. Pasas el día con desmentidos.

Estaba en un grupo, que estaba a su vez en la órbita de ETA.

Se llamaba ETA sexta porque, en la sexta asamblea de ETA

hubo una facción que se salió, luego se hizo trotskista

y se unieron con la LCR, la Liga Comunista Revolucionaria.

Pero con ETA no tenían nada más que ver

que ese origen común.

No había ninguna relación y jamás fue un grupo violento.

Yo quería que me hubiera hablado usted de algo desde dentro,

aunque fuera poco dentro.

Hombre, ese mundo lo conocí. Como toda mi generación.

Yo ese mundo lo conocí muy bien. Era muy fácil coincidir.

Hay cosas que ahora las ves y son entre divertidas y patéticas.

Por ejemplo, en la clase que yo estaba,

estaba Fernando Aramburu, autor de "Patria"

y estaba Txelis, José Luis Santamaría,

el miembro de la dirección de ETA que cayó en la redada de Bidart.

Ese fue el teórico de la kale borroka.

Él no venía mucho a clase, por fortuna, porque era mayor,

era seminarista y estaba en otra historia,

pero estaba en aquel grupo de COU.

Y en ese grupo, en concreto, por casualidad,

estuvimos personas que luego hemos tenido unas implicaciones.

Txelis era uno de los jefes de ETA,

yo después estuve en los movimientos contra ETA

y Fernando Aramburu ha escrito la novela.

No deja de ser una casualidad curiosa.

¿Pero usted cree que las víctimas deben influir

e incluso decidir en la política de un país?

Decidir no.

La política en general, pues no.

Pero la política que tiene que ver

con la resarción a la que tienen derecho, sí.

Por ejemplo, COVITE es el único grupo

que ahora lleva adelante y está presionando.

Lo hacen admirablemente, sin medios.

La exigencia de que se investiguen los 300 y pico asesinatos de ETA

que hay sin resolver.

Además, se están archivando casos.

No es tolerable en un Estado de derecho

que haya 300 casos de asesinatos por un grupo terrorista

y que no se investigue por lo menos la autoría.

Que se sepa quién ha sido.

Primero, porque las víctimas tienen derecho,

segundo, porque psicológicamente lo necesitan

y tercero, porque es una obligación del Estado.

Pero gracias a que existen colectivos como víctimas,

al final se convierten en muy antipáticos

porque recuerdan cosas que la gente prefiere olvidar.

Ojalá no hubiera pasado nunca, etc. En el fondo se incordia.

Pero gracias a que incordian,

es la única posibilidad que tenemos de que haya un Estado de derecho

respetable y una justicia aceptable.

¿Perdió vigor el espíritu de Ermua en algún momento?

Sin duda.

Está claro que estas cosas también son temporales,

que funcionan mucho por razones emocionales.

Cuando desaparece el origen de esa movilización,

las cosas se van enfriando, ¿no?

Los propios grandes partidos hicieron todo lo posible por enfriar esto.

Una de las razones por las que nosotros fundamos ¡Basta ya!

era porque el Foro de Ermua acabó estando excesivamente

en la órbita de las agendas de los partidos políticos,

y pensábamos que los partidos políticos

son muy importantes y necesarios,

pero lo mismo que las víctimas tienen su terreno,

los partidos políticos tienen el suyo.

Y desde luego, no se puede hacer.

Se demostró una movilización social, vamos a decir, como tiene que ser.

Si estás pendiente de la agenda de conveniencias

del partido del Gobierno y del partido de la oposición.

Y el espíritu de Ermua se fue enfriando.

Lógicamente, también,

no puedes tener a una sociedad movilizada permanentemente.

Esto es una quimera.

Plataforma Pro era sentar las bases

del partido político que iban a crear, de UPyD.

Era hacer un experimento que sí era posible crearlo.

A ver si había suficientes personas implicadas.

Digamos que cuando estuvimos en ¡Basta ya!

fue una experiencia estupenda.

Entre otras cosas, descubrimos que era muy fácil,

con las personas adecuadas, trabajar gente con ideas muy distintas.

Es decir, por ejemplo, con María San Gil,

que es una persona estupenda, por cierto,

con la que trabajamos mucho en ¡Basta ya!

Ella trabajaba como una activista más.

Sin ningún tipo de trato especial. Rosa Díez también.

Gente del Partido Socialista, del Partido Popular,

gente sin partido, algunos de IU y Comisiones Obreras.

Gente con ideas muy diferentes en muchos campos

trabajaban de acuerdo para objetivos concretos.

De ahí se nos ocurrió que,

visto el muy mal funcionamiento de los partidos tradicionales,

que de hecho, intentaron liquidar a ¡Basta ya!

Desactivarlo porque estábamos molestando.

Igual era buena idea fundar un partido político

si no había mejor alternativa.

De ahí sale un poco la idea de hacer una plataforma digital.

Como no teníamos otra posibilidad

y donde nos movíamos bien era en el mundo digital e internet,

creamos una plataforma digital, Plataforma Pro,

a ver si había gente suficiente en España

para hacer un partido nacional con unos puntos muy sencillos.

Cuatro que pusimos.

De ahí salió UPyD, cuando vimos que sí.

Se dijo mucho que la creación de UPyD se debía especialmente

al enfado de Rosa Díez con su partido.

Con el PSOE.

Ya se sabe que las teorías simplistas

y conspiradores son las que más éxito tienen.

Pero es una tontería.

Rosa se lo pensó hasta el final.

Insistimos mucho y creo que hizo muy bien.

Ella fue consciente y coherente.

La habían votado como eurodiputada por la lista socialista.

Entonces ella no utilizó en su propio beneficio ser eurodiputada.

De hecho, antes de hacer nada con UPyD,

dimitió, entregó el carné,

se marchó y dejó el escaño del Parlamento Europeo,

cuando se podía haber ido, como hacen casi todos,

a un supuesto grupo mixto, independiente

y estar viviendo tan ricamente hasta que se acabara la legislatura.

Y no lo hizo, ¿no?

De manera que, en realidad,

los que promovimos el partido UPyD desde el principio

éramos los que no tenemos partido.

Luego se fueron implicando personas y, por supuesto, Rosa Díez,

sin ella no hubiera sido posible hacer UPyD,

por su liderazgo y popularidad social.

Cuando ya teníamos decidido que había la posibilidad,

o a la piscina, que se suele decir, para hacer un partido nuevo.

El caso UPyD, señor Gorriarán, asombra bastante,

porque arrancó modestamente,

de pronto consiguió un diputado por Madrid, que fue Rosa Díez,

a la siguiente, un millón y pico de votantes y cinco diputados,

y de pronto se extinguió de la misma manera

y a la misma velocidad.

Fue una cacería que salió bien. Fuimos víctimas de una pinza

entre cierta disidencia interna que tenía una ambición personal

mayor de la que el partido podía satisfacer,

y luego la presión mediática, que fue brutal,

tras la aceptación por la Audiencia Nacional

de la querella por la salida a bolsa de Bankia.

Quienes decidían en este país dijeron: "Hasta aquí hemos llegado.

Con estos señores no se puede hacer nada,

no se pueden hacer negocios. Entonces, vamos a por ellos".

Y fue así.

Fue un martilleo de malas noticias todos los días.

Todo lo que hacía UPyD era espantoso,

no hacíamos nada que mereciera la pena contarse.

Por otra parte, Rosa Díez era mala, autoritaria, era una bruja.

En realidad, por ser mujer, por mucho que esto moleste a mucha gente.

Descubrimos con toda evidencia que hay un machismo soterrado

en política.

A las mujeres políticas no se les juzga ni se les mide

igual que a los hombres.

Un hombre, cuando tiene ambición, tiene un proyecto político

y tiene una ambición sana.

Si es una mujer, es una mandona, una bruja autoritaria.

Es así. A pesar de que en otras cosas hayamos cambiado mucho.

Y eso, curiosamente, fue un flanco débil

en el que nos dieron mucho.

Por otra parte, en UPyD, como no puede ser de otra manera,

entró mucha gente que entraba con sus ambiciones personales

como luego se ha demostrado.

Entonces, mientras UPyD iba como la seda, hacia arriba,

subíamos en las encuestas...

Llegamos a tener encuestas que nos daban un 12, un 16 %

de intención de voto en generales.

Todos estaban de acuerdo con todo, todo era estupendo,

todo era maravilloso. Empezaron a ir las encuestas mal,

esta gente se va separando de UPyD y comienzan las intrigas internas

y el tráfico de favores, como luego se ha podido comprobar.

Gente que estaba en UPyD, y Ciudadanos, sobre todo,

les ofrecía la garantía de tener cargos

o estar en puestos privilegiados en listas políticas

a cambio de volar UPyD. Recordaba un poco a la UCD.

Cuando se cargaron a Suárez, todos los barones territoriales

que tenían una ambición que pensaban que Suárez les cerraba el paso

a su futuro político.

Pues aquí, a otra escala, por supuesto,

y en una circunstancia histórica distinta,

pero la conducta humana fue la misma, la de la traición

y la del "¿de lo mío qué hay?".

Cuando ese coincide con que desde fuera

hay una inofensiva por tierra, mar y aire para liquidarte

y expulsarte de la política, pues es mortal.

A nosotros nos mató.

Porque su seña de identidad más clara era el antinacionalismo

y estar incluso en contra del Estado de las Autonomías.

Matizo. Nosotros, cuando fundamos UPyD,

era porque pensábamos que el antinacionalismo

no es un proyecto político.

Nunca nos hemos definido ni hubiéramos aceptado ser definidos

como antinacionalistas ni antinada.

Nosotros éramos pro una democracia avanzada,

por un Estado de Derecho de verdad, por una política sin corrupción, etc.

Lo de antinacionalismo es la vitola negativa

que nos colocaron los nacionalistas,

que nos conocían de hace mucho tiempo por nuestro pasado,

y sabían que eso era bastante eficaz.

Porque es un epíteto negativo y estas cosas.

Nosotros, lo que hemos dicho siempre,

Rosa Díez tiene magníficos discursos parlamentarios sobre esto,

hemos dicho siempre que el problema no son los nacionalistas,

que tienen su ideología,

el problema son quienes no son nacionalistas

y les hacen concesiones incluso mayores

de las que ellos creen que pueden conseguir.

Como se ha visto que ha pasado en el caso vasco, evidentemente,

y en el caso catalán ahora mismo también.

Ahora mismo no, durante los últimos 30 años.

Por ejemplo, entregar la educación a las Comunidades Autónomas.

El Estado no tiene competencias en educación más allá

de hacer una ley marco y tener un sistema de inspección.

Es un disparate. Eso no ocurre en ningún país de Europa

que tenga una educación avanzada. Es un ejemplo.

Es una concesión, no una victoria nacionalista,

sino una concesión que, desde el principio,

decidieron hacer los partidos supuestamente no nacionalistas,

que al final lo han sido más que los propios nacionalistas.

¿Cuándo sitúa usted el principio de la afonía de UPyD?

La señal de disparo al aire para ir a por nosotros

comenzó con la salida...,

con la querella de Bankia sin absolutamente ninguna duda.

Luego ha habido gente que ha tenido la amabilidad de decirlo.

Y usted fue partidario de disolver finalmente el partido.

Claro.

Sobre todo porque nosotros, cuando fundamos UPyD,

pensamos que era un instrumento político,

que no era una secta.

Lo digo porque recuerdo unas declaraciones de Julio Anguita

cuando al Partido Comunista le iba fatal

que dijo que el PCE podía desaparecer,

pero que el alma del Partido Comunista era inmortal.

Una declaración muy religiosa y digna del papa Francisco.

Papal en cualquier caso. Nosotros estábamos en contra de eso

porque somos partidarios de la política laica.

Un partido no es una iglesia.

Un partido es un instrumento político.

Y si tienes la desgracia, como nos pasó en UPyD,

de que los electores te retiran su apoyo,

pues vámonos a casa.

Es decir, está claro el veredicto.

¿Fue la indignación con el terrorismo

lo que le hizo dejar el mundo de la universidad,

el trabajo de profesor, para dedicarse a la política?

No. En realidad, en mi caso, no dejé de trabajar voluntariamente.

De alguna manera, me echaron. Entre comillas.

Sí, porque las amenazas que empezó a haber

contra los profesores que estábamos implicados

en el Foro de Ermua primero y después en Basta Ya

fueron subiendo tan de grado que nos pidieron desde el rectorado,

y nos pidió la policía.

Aquí había una coordinadora, no recuerdo su nombre,

donde estaban la Policía Nacional, la Guardia Civil y la Ertzaintza,

que eran quienes decidían poner escoltas y a quiénes

según el riesgo que evaluaban que tuvieran,

y también te pedían cambios de hábitos de vida.

En nuestro caso era que, por respeto a los alumnos,

cosa que todos aceptamos, dejáramos de dar clases.

Ponían en nuestros lugares unos sustitutos

y nos seguían pagando el sueldo, como es natural.

Es decir, fuimos apartados a punta de pis...

Por decirlo claramente, fuimos apartados a punta de pistola.

Así de claro. Aunque esto se quisiera disfrazar

de diferentes maneras o con diferentes excusas.

Por otra parte, nos dio, si quieres, valga la ironía,

más tiempo para dedicarnos al activismo y estas cosas.

Mi verdadera profesión, y lo tengo muy claro,

más claro tras haber sido diputado, es la de profesor.

Es una profesión que me gusta mucho y que hago con sumo gusto

a pesar de la universidad.

Y no fue irme a la política porque me trajeran.

También es verdad que me interesaba mucho

tener la posibilidad de ver qué podíamos hacer en política.

O sea que a punta de pistola le hicieron político.

Podríamos decir que sí. Hay varias maneras.

Supongo que esa es una de ellas.

Estamos precisamente en el campus de la Universidad del País Vasco,

donde usted da clase. Así es.

¿Ha notado cambio en los alumnos en estos nuevos tiempos

donde ya la ETA no es la presencia...?

Pues ha cambiado mucho. Entre el alumnado, a mejor.

Evidentemente, no existe la presencia que había antes

directamente de Jarrai, que eran las juventudes de ETA.

En general, con los alumnos el trato es muy correcto,

y estoy satisfecho.

Sin embargo, en lo que es el profesorado,

lo que es el mundo de la universidad como institución,

es evidente que estos años los han aprovechado muy bien

para ir dejando fuera a gente molesta e ir entrando afines.

Claro. En este sitio tan bucólico que vemos que es el campus

de la Universidad del País Vasco, ¿les amenazaban a ustedes,

a los profesores? Sí, claro.

Había pintadas, había carteles, nos hacían...

En fin, qué sé yo, ponerte delante de la puerta del despacho

un saco de carbón, que tenía que ver con algo que acababa de pasar.

Constantemente, todo tipo de amenazas.

¿Historias del tipo de ponerle un gato muerto en la puerta del...?

Bueno, gatos muertos a mí, por fortuna,

o a nadie de mi facultad le ha ocurrido,

pero cosas parecidas sí.

Eso significaba que ETA amenazaba a alguien de muerte.

Sí, claro. Había muchas maneras.

No es que hubiera una forma específica.

Salvo que alguien fuera muy despistado,

era muy fácil saber que estaba siendo amenazado.

¿Y se ha notado el cambio en los alumnos,

se les ve más tranquilos? Sí.

¿Más dispuestos a ser universitarios?

Yo creo que sí, que en ese sentido se ha normalizado.

En todo caso, los problemas que puede haber son los típicos

de un sistema educativo que tiene sus problemas.

Ese nivel de fanatización, al menos lo que yo conozco,

ha desaparecido en gran parte, y el trato es más cordial

y mucho más agradable con la inmensa mayoría.

En estos despachos realmente es donde nace el Foro de Ermua

más que en Ermua propiamente.

Se constituye por Ermua, pero nace aquí, ¿verdad?

Bueno, los que éramos profesores, como ya teníamos la costumbre

de manejarnos con Internet y cosas de estas,

sabíamos cómo son los recursos, los pocos que teníamos,

y muchas de estas cosas comenzaron como una red entre profesores.

Sí.

¿Hubo mucho matonismo de alumno aquí en ese tiempo con otros alumnos?

Sí. Hubo casos graves.

Aquí había informantes de ETA que estaban matriculados

directamente para informar.

Comandos de información, vamos, que popularmente se decía.

Había gente que te amenazaba directamente

si te encontraba por aquí. Cosas así. Todo eso ha ocurrido.

¿Tuvieron mucho apoyo de los alumnos ustedes

cuando crearon el Foro de Ermua?

Pues no hubo gran cosa, para qué engañarnos.

La mayor parte tenía mucho miedo, y los que estaban más de nuestro lado

o con posiciones parecidas a las nuestras

disimulaban y eran prudentes.

Sin duda, éramos un pequeño grupo. No vamos a decir lo contrario.

Cualquiera que diga otra cosa es que no conoce la verdadera historia.

¿Tuvieron algún episodio violento aquí,

algún episodio serio, tremendo?

Aquí, en este campus, no demasiados,

pero en el campus de Álava volaron un par de coches

de profesores en el campus.

En Lejona, pusieron una bomba en un ascensor.

Hubo ataques directamente que podían haber provocado víctimas.

¿Se sentía uno muy solo en estas situaciones?

Muy acompañaba no, desde luego.

No había demasiada gente dispuesta a enrolarse en esta guerra.

¿Y los poderes? ¿Qué poderes?

(RÍE) Los poderes que hubiera.

No, digamos que era la cosa de la inhibición.

Hombre, sí, mucha gente te daba apoyo de tipo moral, etc.,

pero procurando tener cierta distancia.

También hubo cosas que estuvieron bien.

Una vez hicimos un manifiesto de profesores protestando

por el acoso, la violencia en la universidad,

y era bastante duro, elevado de tono y criticando al gobierno vasco

por su absoluta pasividad.

Bueno, más que eso, el gobierno vasco no es que fuera pasivo,

es que nos atacaba a nosotros. Nos difamaba directamente.

Decía que éramos profesores que queríamos vivir

del papel de víctimas e irnos a Madrid,

y que estábamos obteniendo todo tipo de beneficios,

cuando en realidad casi todos nosotros

vimos interrumpida nuestra carrera profesional

porque no podíamos dedicarnos a hacer nuestro trabajo de investigación

ni de docencia mientras te han impedido dar clases

y estás en una situación que no estás para fantasías.

Pero una vez hicimos un manifiesto, que en aquel momento

la Universidad del País Vasco tendría 6000 profesores,

y creo que lo firmamos casi 2000. No estuvo nada mal.

Porque era firmar, no era un apoyo moral.

La tercera parte. Sí, hubo cosas.

No estuvo mal. En ese sentido, no tengo ningún resquemor

respecto a la actitud de la gente, pero quiero dejar claro

que el vacío que se creó cuando a muchos nos desplazaron

ellos lo aprovecharon para meter a sus afines,

y esto ha sido así.

Pero es un problema de gobernanza de la universidad española

que ningún gobierno español de ningún partido

ha querido nunca asumir.

Ellos son corresponsables de que estas cosas pasaran.

Irremediablemente político, Carlos Martínez Gorriarán

es doctor en Filosofía, licenciado en Historia

y profesor titular de Estética y Teoría de las Artes

en la Universidad Pública del País Vasco.

Tiene la medalla de la Orden del Mérito Constitucional

y el premio de la fundación pro derechos humanos

Miguel Ángel Blanco.

Su compromiso en la lucha contra el terrorismo

ha sido y es su seña de identidad indiscutible.

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La galería - Carlos Martínez

02 ago 2019

Programa de entrevistas con grandes personajes de la política que ya viajan de vuelta tras haber vivido en primera línea situaciones que pasaran a la historia de nuestro país. Todos ellos protagonistas de nuestra Transición política, social y cultural a la democracia.
Entervista a: Carlos Martínez,

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