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La Galería - Carlos Garaikoetxea - ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

Anaitasuna es la peña de más alegría.

Durante la primera década de la Transición,

el lehendakari Carlos Garaikoetxea

formó parte de la vida cotidiana de los españoles

a través de su presencia continua en los telediarios.

En ese tiempo estaba en otros puntos de mira bastante peores.

El de la ETA más criminal

y el de la derechona todavía franquista radical,

incapaz de digerir realidades democráticas

como su presencia al frente del Gobierno vasco.

¿Cómo recuerda, señor Garaikoetxea,

la impresión de ser el primer lehendakari

después de la dictadura?

Pues fue una época de muchas ilusiones,

y para mí, particularmente,

ser sucesor de aquel mítico José Antonio Agirre

y Leizaola y de aquellos hombres,

que para mí eran un mito,

que habían vivido 40 años en el exilio

en penalidades increíbles,

me sentía muy empequeñecido,

y por eso también muy abrumado,

en aquella jura que hice en Gernika

con la solemnidad del lugar

y del entorno humano que había en aquellos momentos.

Es uno de esos recuerdos de la vida que se quedan grabados para siempre.

¿No se planteaba usted:

"Vuelve a haber lehendakari, y soy yo"?

Sí.

Lo del lehendakari, en aquella época...

Ahora, con el transcurso del tiempo, la normalización de la política,

la burocratización incluso de la política,

por decirlo en esos términos,

pues esa mitificación del término lehendakari,

y de lo que representa quizá, se ha ido normalizando.

Pero entonces era una cosa que en el País Vasco

sonaba bastante fuerte.

Al principio, no es que me tuviera que pellizcar,

pero me había ido haciendo a la idea, porque también,

como había sido presidente de aquel gobierno provisional,

que dio en llamarse Consejo General Vasco,

o ente autonómico, nunca mejor empleado el término ente,

porque era una cosa sui géneris,

pues ya había sido un preámbulo

que, con algunas solemnidades como las citadas, etc.,

me habían ido poniendo un poco en el lugar.

¿Por qué razón la transición en Euskadi

no se produjo de la misma manera que en Cataluña,

que volvió Tarradellas,

el gobierno en el exilio estuvo un tiempo?

En Euskadi no. En Euskadi empezó con un lehendakari nuevo como usted.

Yo, por respeto, y respeto sincero a Leizaola,

yo mismo, que entonces era presidente del partido,

propuse que el lehendakari fuera Leizaola,

que venía siendo el lehendakari en el exilio.

Pero las cosas se sucedieron con cierta lógica también,

porque nosotros pensamos primero que el gobierno provisional

no debía suplantar al gobierno en el exilio.

Algunos criticaron esa posición demasiado irreductible nuestra,

pero nos parecía que había que respetar

al gobierno en el exilio.

Era un gobierno de concentración además.

Nacionalistas, socialistas, comunistas...

Y Leizaola era mayor.

La gente opinó que había que mandar a alguien...

con nuevas energías.

A mí me produjo cierto embarazo el tener que asumir el cargo,

porque, insisto, yo mismo propuse que fuera Leizaola.

Leizaola estaba de acuerdo en eso, claro.

Leizaola sí.

Era un hombre al que quizá no se le ha hecho justicia

en el recuerdo porque era un hombre muy sabio,

muy discreto, no era un hombre...

Ni tenía oportunidad en el exilio humilde en el que vivía.

Le describe un detalle de esos

que señalan la personalidad de un individuo

mejor que cualquier descripción.

Él vivía en París en el exilio,

en la residencia del Gobierno vasco,

y todas las mañanas iba a una cafetería

a tomar un café con leche con un cruasán.

Y cuando se organizó su viaje de vuelta

se organizó un gran revuelo con televisiones,

cámaras por aquí y por allá, periodistas.

Y el dueño de la cafetería,

que le había visto desayunar 40 años allí, preguntó:

"¿Quién es este señor, que viene tanta gente aquí?".

Él nunca había estado blasonando ser lehendakari ni nada.

Ya en los años 60, usted, en un acto público,

homenajeó a Leizaola.

Sí, sí.

Yo fui a presentar una película.

Entonces era el presidente de la Cámara de Comercio.

Tenía, era bastante jovencito, veintitantos años.

Me invitó a presentar una película que había hecho...

Pío Caro Baroja, que acaba de fallecer ahora.

Era "Navarra, las cuatro estaciones".

Y salí con el alcalde al escenario,

estaba lleno de gente, de exiliados, etc.,

y pensé echar allí una pequeña soflama.

Y de repente vi a Leizaola en medio de la gente

en el patio de butacas.

Era un hombre así de discreto y de sencillo.

Entonces, empecé mi saludo diciendo: "Lehendakari jauna".

Aquellos momentos, decir "lehendakari",

o incluso euskera, o palabras que sonaran a Euskadi,

era poco menos que incurrir en un acto de insurrección.

Y me acuerdo que se armó un alboroto, un rumor muy fuerte,

que se hizo luego mucho más patente cuando dije:

"Después de atravesar esta frontera artificial

que nos separa a los vascos del norte y del sur".

Se armó un lío muy grande.

Y así fue mi primer encuentro con Leizaola.

Lehendakari, resulta complicado comprender cómo un navarro

que ha trabajado siempre en Navarra, que ha ejercido política en Navarra,

de pronto se convierte en lehendakari del País Vasco.

Porque Navarra es la Vasconia histórica.

Aunque ahora parezca extraño, las circunstancias de entonces

no tienen nada de demasiado extraño.

Hay que pensar que en aquel momento se estaba dilucidando

si se establecía un autogobierno compartido

entre todos los territorios de las vascongadas y Navarra.

Lo mismo que se discutió en el año 31

y en los años subsiguientes de la República.

O se hacían autonomías diferenciadas.

La mayoría en aquel entonces, incluido el Partido Socialista,

que en Navarra era Partido Socialista de Euskadi...

Se llamaba Partido Socialista de Euskadi

y tenía en su sede la ikurriña ondeando.

Y en los mítines que hacíamos por los pueblos,

compartían con nosotros y conmigo personalmente

enfervorizados mítines con ikurriñas

y con la reivindicación de una autonomía compartida.

Con tiempo, confederativo,

respetando la personalidad de cada territorio.

En esas circunstancias fui yo presidente del gobierno provisional

y, acto seguido, presidente del Gobierno vasco.

Y desde la concepción política nuestra,

nunca hemos distinguido a esos efectos...,

incluso para que funcionarios de un territorio y otro

pudieran ser admitidos en nuestra organización gubernamental,

pues no había ninguna traba.

Porque nuestra concepción es que somos un país, ¿no?

¿Qué tuvo usted, una relación de amor en la distancia corta

y de cierto odio en la larga con Suárez?

No, no. De odio nada. Fue una relación muy amistosa,

que además, yo siempre, deportivamente,

incluso en los momentos de tensión política, siempre proclamé.

Tengo muchas anécdotas que son más ilustrativas

que cualquier manifestación.

Cuando en aquel tórrido julio estábamos negociando

semanas interminables en la Moncloa,

yo me quería escapar a las fiestas de mi pueblo.

Yo le decía: "No me he traído ropa siquiera".

"Yo te dejo camisas, seguro que te vienen bien".

Y eso, los periodistas, que sois muy sagaces,

lo supisteis y luego se proclamó en más de un titular.

"Suárez le da la camisa y hasta el reino de Navarra

a Carlos Garaikoetxea",

dijo un titular de "El pensamiento navarro",

un periódico integrista de la época de aquí.

Bueno, la anécdota sirve para explicar

que la relación era muy cordial.

Mi madre murió estando en el momento final

de la negociación del Estatuto,

que nosotros llevábamos en un mano a mano

mientras una comisión se atascaba de vez en cuando

y nos encomendaba desatascar algún punto de fricción

o de dificultad a veces insuperable.

Pero él tuvo la delicadeza de entender mi situación.

Entonces, me puso un avión

para venir al entierro de mi madre.

Volví a la tarde.

Mejor dicho, inmediatamente después del entierro, que fue a la mañana.

Se culminó la negociación,

y nuevamente volví en ese avión al funeral de mi madre.

De manera que, aunque sea una anécdota humana,

pero eso explica en qué circunstancias

a veces tenemos que hacer las cosas.

Y él siempre tuvo un trato muy cordial.

Y no de cortesía de circunstancias, sino de proximidad auténtica.

Con Calvo-Sotelo, ya más difícil, ¿verdad?

Fue diferente, sí. Fue más difícil.

Se habían producido los llamados pactos entre Felipe

y la Moncloa

para una regresión del proceso autonómico

que dio a llamarse la LOAPA famosa.

Aquella ley de armonización

de los procesos autonómicos, que era una marcha atrás.

Fue un mal momento.

Pero así como Suárez era, suelo decir yo, un fajador,

que en las negociaciones descendía si hacía falta a las 4 de la mañana

a los detalles y se resolvían los problemas,

Calvo-Sotelo, no sé si no era una estratagema,

pero era de los que te decía:

"Carlos, no vamos a empequeñecer nuestro diálogo

descendiendo a los detalles".

Claro, descendía a los detalles, pero no se resolvía nada.

Y con Felipe González, ¿hacia dónde evolucionó la relación?

En el terreno personal fue muy buena.

Más propia de la alegría

del andaluz que era Felipe.

La verdad es que, lo tengo que reconocer,

fue un hombre muy considerado.

Cuando yo estaba negociando en la época de Suárez y Calvo-Sotelo,

nos reuníamos siempre con él y con Carrillo.

Tenían la deferencia de venir al hotel donde yo me alojaba

y hablábamos.

Esa llaneza la tengo que proclamar,

porque la relación era muy buena.

Pero pertenece a la época en la que se produjo el colapso

del desarrollo del autogobierno.

Y eso para nosotros fue una gran contrariedad.

Y por eso, por las tensiones políticas...

Luego surgieron problemas muy serios como los del GAL

y las connotaciones de terrorismo de Estado

que tenían muchas de las acciones que se produjeron aquí.

¿Desde qué momento empieza el GAL y los movimientos anteriores

como el Batallón Vasco Español?

El problema más grave desemboca en el GAL,

pero desde el momento mismo de la transición

y los prolegómenos previos,

hay una proliferación de siglas.

GAE, ATE, Guerrilleros de Cristo Rey,

etc., etc.,

que son además en muchos casos grupos parapoliciales.

Eran episodios macabros.

Algunos de los que se produjeron, como el de Lasa y Zabala,

que aparecieron en cal viva al cabo de años y años,

eran también víctimas de esa contraviolencia,

por citarla eufemísticamente con ese nombre.

Lehendakari, usted tenía, además, como telón de fondo,

el terrorismo de ETA, a la ETA, por supuesto,

que motivaba el anterior del que estábamos hablando.

Sí, claro. Eso fue tremendo.

ETA consideró que nosotros, que habíamos elegido

esa vía pragmática a la que me he referido antes,

éramos la otra alternativa.

En ese sentido,

y para algunos paradójicamente, pero tenía su lógica,

cuando nosotros iniciamos el proceso autonómico,

ellos consideraron que éramos los a batir.

Porque éramos los que íbamos por el camino equivocado.

Mientras que ellos, por la vía rupturista

y por la llamada lucha armada, habían elegido el camino.

Eso explica que hubo más atentados,

por ejemplo, en los dos primeros años de mi primer gobierno,

que los que ha habido nunca jamás.

Yo tenía cada dos días un funeral.

Y eso a mí me marcó mucho.

Me marcó también un camino que...

Si algo me ha dolido en la vida es que alguien haya podido poner

a veces en duda la actitud radical nuestra

contra toda violencia o vulneración de derechos humanos.

De hecho, ustedes convocaron la primera gran manifestación

contra la violencia, si no recuerdo mal.

Sí, sí, sí.

La manifestación la convocamos en el año 78.

Y fue una violencia que tuvo una manifestación

que hay que verla en su contexto,

porque todavía era la época en que ETA

acaba de salir de la clandestinidad,

de aquella aureola de grupo de resistencia

por antonomasia que tenía el Estado,

que en muchos lugares era objeto de cierta admiración,

todo hay que decirlo.

Y dentro del nacionalismo vasco todavía subsistía esa imagen,

esa aureola,

que ha ido evolucionando a medida que se ha ido pasando

de una situación de dictadura a una situación de libertades,

en la que se ha hecho absolutamente paradójica,

digamos, su actuación.

Entonces, hasta que hemos conseguido...,

y hablo en primera persona del plural,

porque habría que decir con mucho detenimiento

cómo se ha producido esa evolución,

ese abandono de la violencia para ir a la lucha política

propiamente dicha.

Pero claro, eran momentos, el año 78,

en que esa manifestación produjo una gran convulsión nacionalista

porque algunos no entendieron que se produjera.

Hubo rupturas de abandonos de gentes que todavía estaban con la mentalidad

de la ETA, de la resistencia.

Luego se ha dicho que las grandes manifestaciones

se habían producido a raíz de otros episodios muy serios.

Como el pobre Miguel Ángel Blanco y otros por el estilo.

Lo cierto es que el paso y el salto cualitativo

fue aquel y lo vimos nosotros, Los nacionalistas vascos.

¿Por qué cree que se trataba de hacer ver que su posición

contra el terrorismo y la violencia era tibia?

Yo supongo que había de todo.

Había gente convencida de ello,

pero había gente que quería explotar políticamente

mezclando ambas cosas.

Hay un periódico, no voy a decir su nombre,

de Madrid, importantísimo, que sacó en su portada,

y la tengo para el que la quiera ver,

el momento en que una rueda de prensa en una conversación como esta,

hago un gesto clásico que no da por concluida una consideración

y pone en portada "Garaicoetxea pide perdón a ETA

y promete ser condescendiente".

Eso está en la portada de un periódico.

De manera que,

¿qué iba a pensar gentes que veían esas imágenes?

Pero injusta, totalmente.

La bicefalea de su partido, es decir,

el presidente del partido,

el presidente del Euzkadi Buru Batzar

no sea lehendakari hizo que las cosas acabarán mal

entre Arzalluz y usted

y así apareció la fundación de Eusko Alkartasuna.

Fue durante muchísimo tiempo muy cordial.

Pero llegó un momento en el que había razones de fondo

que fueron envenenando la situación.

Una de ellas fue Navarra.

En un momento dado, inexplicablemente,

la dirección entonces del partido en manos de Arzalluz

pidió a los navarros que apoyarán a la derecha anti vasca.

Era como el anticristo.

A cambio para una alcaldía o apoyos.

Estas cosas que pasan en los partidos.

En los procesos electorales.

Hubo una crisis tremenda.

Llegó un día que se produjo la escisión

y salió un partido que era de vocación.

Somos socialdemócratas, somos autosdeterministas,

soberanistas.

Vías políticas pacíficas, derechos humanos, no violencia.

Eso es lo que es Eusko Alkartasuna.

Y eso es lo que Eusko Alkartasuna, si se me permite decirlo,

está tratando de inspirar en EH Bildu.

También vivió usted el episodio de la casa de juntas de Guernica.

Sí. Aquella fue buena.

El rey me había llamado dos o tres veces

con ese lenguaje coloquial que emplea él

que no voy a reproducir aquí.

"Van a decir que no tengo arrestos para ir

que estoy en todas las partes menos en la comunidad vasca y tal".

Yo le dije que no era una fiesta

mientras no se alcance un acuerdo en el convenio económico

que fue expropiado por un decreto de guerra de Franco.

Hay alguna comunidad autónoma...

Estábamos justo en la negociación.

Fue mano de santo porque fue en el mes de octubre la tercera vez

que me llamaba.

Al mes siguiente, más o menos, apareció Suárez.

Desbloqueamos todo eso.

Acto seguido fue la visita al rey.

Todas estas cosas tiene su historia.

(Aplausos)

En la casa de juntas, cuando empezaron a cantar,

yo dije para mí: "Sí, vosotros cantad,

pero no sabéis los prolegómenos de esta visita

en que han cristalizado.

Hay dos formas de política.

Cantando y haciendo esas maniobras.

El rey estaba tranquilo. No tenía la mayor preocupación.

Tenía que decir unas palabras en euskera.

A ver cómo se pronuncia esto, ¿no?

Yo tenía otra preocupación,

que era que iba a haber algún alboroto.

Le dije al presidente del parlamento,

que era el que ordenaba la sesión,

porque era una sesión parlamentaria amplia.

Con junteros, los que iban de HB a juntas generales

y no iban al parlamento vasco,

pero iban a algunas cosas de ámbito municipal.

Le dije: "Mira, cuando hay un lío de estos,

lo mejor es tener un micrófono, el más potente de todos,

porque te tendrás que imponer".

Hazme caso y ten un micrófono,

que pase lo que pase...

Llega el momento y el micrófono no funcionaba.

O alguien lo había desenchufado o habían pisado un cable.

Yo recuerdo esas anécdotas, ¿no?

Pero estamos acostumbrados.

El rey también tuvo el sentido del humor

de hacer así como que no oía bien.

No pasó... Más de lo que pasó allí, pasó luego en los periódicos,

en las redacciones, en los cuarteles, etc.,

que se calentaron bastante.

¿Cómo eran sus relaciones con los reyes?

Fueron muy buenas.

Para el rey muy bien.

Muchas veces la gente le dice en bromas:

"Hemos hablado en profundidad".

Y a lo mejor estás media hora hablando de fútbol también.

Pero la reina sí.

Tuvo unos detalles que yo la agradecí mucho.

Usted siempre ha dejado claro que es independentista,

pero dentro de la ley y por medios pacíficos.

Sí, sí.

Además con respeto también.

La voluntad mayoritaria de un pueblo.

Podrá irritar que uno proclame esa autodeterminación de los pueblos,

pero es proclamar el derecho a que una sociedad nacional,

porque nosotros tenemos un sentido de ser un pueblo,

tenga la capacidad de decidir de su forma de relacionarse.

Hay muchas formas de encarrilar esas reivindicación nacional.

En un momento dado creímos que nuestro estatuto

debe terminar en una herramienta indispensable y urgente

para apuntalar un edificio en ruinas en todos los aspectos,

cultural, lingüístico y económico.

La situación económica era dramática.

Tuvimos también una dosis de pragmatismo

para hacer la política que requería la época.

Coherente, sin fisuras, el lehendakari Garaikoetxea

procura ser amable en su juicio

sobre actitudes y personajes de la época.

Pero no regala ni una sola palabra para quedar bien.

Y como antiguo pelotari,

nunca da ni ha dado una pelota por perdida.

(Música)

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La Galería - Carlos Garaikoetxea

10 may 2019

Programa de entrevistas con grandes personajes de la política que ya viajan de vuelta tras haber vivido en primera línea situaciones que pasaran a la historia de nuestro país. Todos ellos protagonistas de nuestra Transición política, social y cultural a la democracia.

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