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Para todos los públicos La aventura del saber - 04/02/19 - ver ahora
Transcripción completa

Hola a todos, muy buenos días.

Bienvenidos a "La aventura del saber".

Hoy contaremos en el estudio

con el maestro de periodistas Diego Carcedo.

Fue reportero y directivo de esta casa

y ha escrito un libro extraordinario para responder a la pregunta

que más veces le han planteado amigos y conocidos:

¿Alguna vez pasaste miedo?

El libro es un regalo para cualquier lector,

lleno de una verdad muy instructiva sobre la naturaleza humana

y lo mismo da

que uno esté o no esté interesado en las labores de un reportero.

Lo comprobaremos enseguida.

El escultor Jaume Plensa

es uno de nuestros artistas con más prestigio internacional.

Sus obras se hallan dispersas por todo el mundo.

Actualmente podemos disfrutar

en España de tres muestras significativas de su arte.

Hoy nos acercaremos a él.

La realidad sólida y cotidiana en los vídeos de SAM3

es disuelta, animada y trascendida.

SAM3, famoso por su arte urbano, parece hacer vídeos

como si dibujara en su cuaderno.

Hoy es el invitado que nos propone

la revista de videocreación "La Bolsa".

El historiador y periodista Diego Carcedo

acaba de publicar este libro,

"Sobrevivir al miedo", de la Editorial Península,

y con el que trata de responder

a la pregunta que más veces le han hecho:

¿En alguna ocasión pasaste miedo?

Recordemos por encima que Diego Carcedo ha sido

reportero, director y creador de programas de radio y televisión,

director de informativos de esta casa,

director de Radio Nacional,

consejero del Consejo de Administración de RTVE,

presidente de la comisión de expertos

para la evaluación de candidaturas

al Consejo de Administración de RTVE

y lo hemos invitado como escritor.

Recordemos a este respecto

que obtuvo el Premio Espasa de ensayo en 2011

por "Entre bestias y héroes:

los españoles que plantaron cara al Holocausto".

Bienvenido. Muchas gracias por aceptar nuestra invitación.

Encantado de estar aquí. ¿Has sentido alguna vez

eso que ahora se llama estrés postraumático?

(RÍE) Seguramente sí, pero no sabría cómo definirlo.

Esa es una expresión muy moderna y lo que he sentido muchas veces

ha sido remordimiento de conciencia, sería un término anterior.

Preocupación por lo que hice.

También sé que muchas veces te duele más lo que has dejado de hacer.

En mi caso también. O cosas que tenía haber hecho,

pero también me ha dejado así el estrés postraumático

el haber hecho algunas cosas de las cuales no quedé satisfecho.

El caso, por ejemplo,

de aquella señora que te entrega a su hija,

te dice que te la lleves. Es un caso muy paradigmático y duro

que estos días, con motivo de la presentación del libro,

ha salido mucho a flote y yo casi no lo había contado,

entonces sí, entonces escribí un artículo,

pero después era la típica cosa

que traidoramente me viene a la cabeza, la recuerdo

e intento apartarla de la mente, pero vuelve.

Pero tampoco podrías haber hecho mucho, ¿no?

Eso quiero creer permanentemente, que no podía haber hecho otra cosa.

¿Qué hacía yo con un niño en los brazos

subiéndome a un helicóptero,

con unas películas para llevarlas a Lima,

para mandarlas a Madrid en un vuelo?

¿Qué podía hacer yo?

Te queda ahí un poso de amargura.

Sobre todo al final, cuando la mujer ya...

El niño se veía que estaba ya casi muerto, además,

se sacó un pecho y me decía:

"No tengo leche, lleva dos días sin comer, me muero,

pero no se preocupe usted. -Yo no puedo.

-Donde llegue usted, la primera casa donde llegue,

deje al niño en la puerta, toque el timbre

y que el que salga a abrir no le va a dejar morirse

y a mí se me muere".

Y eso, cuando le queda a uno esa frase...

Porque, en realidad, el trabajo de periodista tiene eso,

sobre todo cuando eres un reportero que vas a zonas de guerras...

No hace falta, aquí mismo, por supuesto, en un atentado...

Te encuentras a veces con esa dificultad.

¿Cómo te comportas? ¿Como ser humano o como periodista?

A veces parece que es lo mismo, pero...

Que es una contradicción. Pero claro, muchas veces dices:

"¿Qué hago antes? ¿Socorrer a esta persona?"

Yo creo que, si no hay otra alternativa, sí, es lo primero.

La tentación de obtener la mejor imagen,

de obtener mejor información,

ir corriendo al teléfono para transmitirla y publicarla

y darla a conocer,

que es la función que uno tiene en ese caso

y el encargo que tiene profesionalmente,

socorrerla son otros, son los servicios de asistencia,

pero cuando hace falta el periodismo

tiene que poner por delante su condición humana.

Hay un libro que acaba de publicarse,

no inmediatamente ahora, hace algún tiempo, de Lord Moran,

"Anatomía del miedo", en el que se dice...

Este fue un médico de la I y II Guerra Mundial

que dice que el caso de los soldados

que agotaban su capacidad para sentir miedo.

¿Tú has sentido que tu capacidad de sentir miedo,

de estar en situaciones difíciles

se ha ido agotando o no?

¿Ahora te irías a Venezuela?

Sí, por supuesto, a Venezuela es muy fácil además.

Me iría a Siria, a Yemen encantado, volvería a hacerlo.

Ya ahora tengo menos facultades físicas para moverme por allí,

corriendo entre las balas, pero yo lo haría.

Yo creo que la capacidad para resistir al miedo no se agota,

lo que pasa es que uno se habitúa al miedo.

Cuando ya llevas...

Por ejemplo, el primer día que vas a un sitio de conflicto

y oyes el primer cañonazo cerca

te pega un temblor el cuerpo impresionante,

pero cuando llevas ya,

como cuando estuve en Vietnam la última vez,

que estuve tres meses, pues ya todos los días había algo,

ya no te sorprendía tanto, estabas acostumbrado,

te parecía normal que llegaras a un sitio

y que hubiera enfrentamientos de artillería.

Se habitua uno bastante, sin la menor duda.

No leí el libro este, me hubiese interesado.

Yo evité en este libro hacer un trabajo científico, por supuesto,

ni psicológico, ni sociológico de lo que es el miedo.

Yo conté unos hechos y el miedo es el nexo que lo suma todo.

El miedo que yo pasé en estos casos concretos,

pero también los pasé en otros muchísimos casos.

Todos los días. Hay 19 casos que cuentas.

Ahora mismo tengo miedo a estar haciéndolo muy mal

después de tantos años.

Después de tanto tiempo ya te da menos miedo, ¿no?

No porque en eso no ha cambiado.

¿Y qué se aprende en esas situaciones terribles?

En las que ha habido un terremoto, hay una guerra...

Ves al ser humano en otras circunstancias.

La respuesta es complicada.

Yo digo que a veces pierde uno el control de uno mismo.

Me pasó en algunas situaciones.

En las más extremas, y me daba cuenta después de haber pasado,

perdía el control de mí mismo.

Me pasó por lo menos en cuatro o cinco ocasiones muy específicas.

En otras ocasiones estás obsesionado con tu trabajo,

tienes que hacer lo que tengas que hacer,

las imágenes, escribir la crónica, transmitirla...

Estás obcecado con eso, mirando el reloj permanentemente,

porque en este trabajo de la televisión

el reloj es algo que tortura

y probablemente aquello lo ves

dentro de un marco de normalidad

en cuanto a la violencia, la sangre, los muertos...

Los muertos impresionan mucho.

Yo el primer viaje que hice de ese tipo fue a Sicilia,

a un terremoto en Sicilia, en Trapani,

estaba Miguel de la Quadra,

el mejor reportero de los de mi época.

Era el reportero estrella.

Él era la estrella, yo era el aprendiz.

En Trapani, cuando llegué allí

me di cuenta de que nunca había visto...

Vi una fila enorme de ataúdes. Nunca había visto a ningún muerto.

Tenía yo 27 años o por ahí.

En la familia no se había muerto nadie,

no había visto ningún muerto.

Me daba mucho miedo a mí lo de la muerte, los muertos y tal.

El primero que vi fue

una grúa desmontando un edificio que se había quedado en ruinas

y levantó de pronto un cadáver de una persona así, colgando.

Espeluznante. Pero acabas acostumbrándote a todo, claro.

Yo en Vietnam vi cientos y cientos de muertos.

Campos regados de muertos por todas partes.

Al principio te impresiona. Luego vas saltando entre ellos.

Cuando lo recuerdas te vuelves a arrepentir.

Qué duro estaba yo en esos momentos.

Las historias que cuentas, por ejemplo creo que es la primera,

que se desarrolla la Guerra del Fútbol.

Sí.

Recuérdanos un poco qué fue aquello de la Guerra del Fútbol.

Es curioso.

La Guerra del Fútbol, que yo pensaba que era más conocida.

En Latinoamérica sí es conocida.

Fue una guerra que estalló en Honduras

después de un partido entre Honduras y El Salvador,

dos países vecinos, muy rivales en el fútbol.

Yo no sé cuál fue el resultado. Yo estaba en Chile, en Santiago,

fue uno de mis primeros viajes al extranjero como periodista.

Se creó un conflicto muy grande, aquella noche se desencadenaron

en Tegucigalpa y San Pedro Sula y otras ciudades de Honduras

actitudes de violencia contra salvadoreños,

se cruzaban insultos en las emisoras de radio

y El Salvador, que tenía más poder militar,

atacó a Honduras y ocupó la región de Ocotepeque

y estuvieron tres semanas a tiro limpio,

hubo no sé cuántos muertos, unos 15.000.

Fue una guerra pequeña,

pero cogió mucho nombre en ese momento

por lo de la Guerra del Fútbol. Pero la situación tuya era...

Recordándola tuvo que darte miedo, ¿no?

(TOSE) Estabas a merced del policía este,

creo que era en Honduras. Eso fue una peripecia para llegar.

Ajá, eso. Eso fue antes de la guerra.

A veces, los peligros...

Decía un amigo mío y no sé en cuál de las guerras en que estuve,

Vicente Zanón,

un veterano periodista que había hecho muchos conflictos:

"Mira, Diego, esto de las guerras, este peligro,

que te peguen un tiro es mala suerte,

el gran riesgo es el coche que te lleva al frente,

en todo el follón, en todos los bombardeos".

Y es verdad, en la guerra hay una serie de peligros

que no se ven.

Si no eres un idiota ni un suicida, si no te metes en líos...

Primera cuestión, lo primero que tienes que hacer en un conflicto

es salvar tu vida, no morir, no vas de suicida.

Hay otra serie de riesgos muy grandes.

El primero es el bandolerismo que se genera,

la delincuencia que se genera en un ambiente de guerra

y las dificultades económicas, no hay nada,

empieza a escasear de todo

y ahí es muy frecuente que vean a un extranjero,

que se distingue, que llevará dinero, pues a asaltarle.

Esto fue alguno de los casos que pasaron

en los últimos periodistas españoles muertos en la guerra.

El caso de Anguita en Afganistán, que fueron unos bandoleros.

Ese es uno de los grandes peligros que hay.

Otro peligro, que en un bombardeo te caiga una bomba encima,

pero ese peligro, que existe y también ha habido muchos muertos,

pues es el que están sufriendo millones de personas

en el lugar donde es la guerra.

Esa sí es una víctima de la guerra, que sufren ese peligro,

que sufren el peligro de las privatizaciones

y después son personas que tienen un futuro...

"¿Después de esto qué pasa?". El que va de periodista, vuelve.

Yo vuelvo, tengo pasaporte, un país que me acogerá de nuevo,

traigo dinero para subsistir, si se me acaba, me mandarán más...

Y luego en las guerras

también está el peligro de lo que pasó con Couso.

En medio de aquel ambiente de tensión,

que te disparen a bocajarro, muchas veces indirectamente,

pero otras a bocajarro.

Hay que pensar

que los que están pegando los tiros no están felices,

están probablemente tan nerviosos como tú

y son capaces de cualquier disparate.

Cambiando de tema, para que no sea tan dramático,

hablemos de Filipinas.

Sí, yo cuento que cuando la editora estaba leyendo el libro,

me llamó y me dice:

"Diego, estoy llorando -¿Qué pasa?".

Pero luego a otra persona que yo se lo había dado para leer,

Ángeles Bazán, de aquí de Radio Nacional,

muy amiga y buena crítica, me llamó,

estaba en la playa y me dijo:

"Diego, me estoy leyendo el libro y me estoy muriendo de risa.

-Menos mal".

El de Filipinas es muy divertido. Allí no lo fue tanto.

Tú ibas y te ofreciste como conejillo de indias

para que te sacaran el apéndice. Para que me operaran.

Te operaban y te quitaban tripas y tal.

Yo viendo que lo hacían con aquella gente

y que salían diciendo que estaban curados

y nosotros llegamos allí

haciendo un montón de curanderos con dos cámaras,

plano y contraplano,

porque queríamos desmitificar aquello.

Se había puesto muy de moda, muy de moda.

"Paris Match" había hecho un reportaje muy grande

que había movilizado a media Europa enferma.

En Italia habían movilizado aviones chárter todas las semanas

a Manila para llevar a enfermos terminales a curanderos.

De aquí había gente

que se iba a Italia para coger esos aviones.

Fuimos dispuestos a desmitificarlo,

pero no lo conseguíamos ni con nosotros mismos.

Íbamos a uno y hacía alguna cosa. De pronto llegaba un ciego,

le empezaba a quitar así una especie de telitas

y cogía la guía telefónica y la leía.

Te quedabas asombrado. "¿Será un truco esto?"

Y cuando fuimos a esta curandera, sanadora que se llaman allí,

que era la mejor, estuvimos en la cola y pasaba gente,

ya era el último día que estábamos allí,

pues volvemos igual que vinimos, peor, pues voy a meterme yo.

¿Era verdad lo del apéndice? No. No era verdad.

Yo había tenido un ataque de apéndice

en el viaje a Chile y había una huelga de médicos,

por lo que hubo un poco de dificultad para atenderme

y vino un médico al hotel

y me dio un tratamiento

para curar la apendicitis de momento.

Y me dijo: "Hay que ingresarle, hay que operarle".

Había pasado un tiempo. Yo me acordé. Tenía algún dolor.

Yo le dije: "Tengo un dolor. Me duele por aquí. Tengo dolores".

La señora me dijo: "Túmbese aquí". En un sitio muy despejado.

En una mesa grande y muy limpia.

La señora vestida de blanco, como una enfermera, de blanco,

con manga corta.

"Túmbese, súbase la camisa".

Procurando que estuviesen las dos cámaras enfrente,

plano y contraplano para ver el truco,

enfocar las manos, porque ya sabíamos

y de pronto empecé a contarlo y la señora me hizo así,

pum, pum, por aquí, y de pronto pegó un susto,

salió un chorro de sangre, que se vio en televisión,

un chorro de sangre que impresiona a cualquiera.

La señora sacó cosas, las fue tirando a un cesto

y me limpió, yo estaba bastante asustado,

porque no sabía de dónde venía aquella sangre.

Y el equipo también. Claro.

Y antes de empezar:

"Diego, no te metas en esto. Esto está muy sucio".

No estaba sucio.

"Y después de tocar a tanta gente. -De aquí no nos marchamos".

Pues nos marchamos sin saber lo que pasaba.

Después aquí yo pasé

por unas pruebas médicas exhaustivas en el Clínico.

¿Seguías teniendo el apéndice? Y lo sigo teniendo todavía.

Eso sí, los españoles que vieron el programa,

que entonces fueron muchísimos, me vieron por dentro todo,

porque colgaron detrás todas mis radiografías,

allí estaba todo. Perdona, sigue, sigue.

El médico diciendo: "El apéndice está aquí, intacto".

Hay otro momento en el que tienes que falsificar un documento.

Eso me impresionó mucho.

Desde el punto de vista del que trabaja hoy en la tele,

madre mía, nunca falsificaría un documento,

pero te atreviste a hacerlo.

Asumiendo los riesgos, el primero, el de la tele.

Que se enteraran.

No, bueno es que trampitas y cosas por ahí

creo que todos hemos hecho unas cuantas

y yo uno más.

Quiero disculparme pensando

que antes era más difícil llegar a los países,

conseguir visados,

había más lugares cerrados a los pasaportes españoles.

El problema nuestro era el pasaporte que ponía:

"Válido para todo el mundo, menos Albania y 50 países más".

Tenías que ir saltándote las fronteras, sobornar...

Yo creo que algunos colegas

hicieron cosas mejores que yo incluso,

pero sí, algunas falsificaciones sí hice.

Hice varias. Una, por ejemplo, cuando estaba en Israel

y tuve que pasar a Egipto y no se podía pasar

con un pasaporte que tuviese el sello de Israel

y fui a la embajada en Grecia, dije que había perdido el pasaporte,

me dieron uno nuevo y así me quedé con el viejo,

con uno entraba en Israel y con el otro entraba en Egipto.

Bueno, sí, en algún caso falsifiqué con alguna complicidad.

El final del libro es fantástico también.

Cuando te da un ataque al corazón y escribes tendido en la uci.

Eso no fue hace muchos años, es más reciente

y no fue en ninguna guerra, no había tiros ni nada raro,

pero bueno, me tocó sufrir un infarto,

ingresé en la uci tres días y estar en la uci también,

hablando de miedo y eso, es una experiencia...

Tumbado allí, no te puedes mover, no puedes levantarte al baño,

lo único que siendo uci de cardiología

podía hablar por teléfono,

pero te quedas mirando a los monitores

donde está el electrocardiograma, la tensión,

las gráficas viendo cómo suben y bajan...

Se puede hablar por teléfono, claro. Ahora me muero, ahora no sé qué.

En ese momento no sabía que podía hablar por teléfono,

lo descubrí después.

Hasta que vino... Me llamaron por teléfono.

Desde Asturias, ¿no? Sí, de El Comercio.

Y me pidieron en ese momento,

que había muerto Isidoro Álvarez, el presidente de El Corte Inglés,

si podía escribir una necrológica. ¿Lo conocías?

Sí, lo conocía, sí. Era asturiano como yo.

En aquel momento estaba pensando.

Aquello te da mucho tiempo para pensar y piensas en la muerte.

Cada vez que ves las gráficas piensas: "Ahora me tocó".

Y desmitificas la muerte.

En mi caso la desmitifiqué completamente.

Joder, tanto miedo que tuve en algunos sitios

y al final es tan fácil, mira, en cualquier momento.

Pensaba yo. Digo: "Si me muero, ¿qué pasa?

Tampoco no dejo familia complicada,

la historia del periodismo español no se va a resentir,

ni la de la literatura ni nada.

Lo lamentará mi familia y mis amigos".

Me piden ese artículo y les dije que no podía,

pero luego lo repensé y dije: "¿Por qué no voy a escribirlo,

si estoy aquí y en vez de pensar maldades como morirse..."

En realidad te servía como calmante, en cierto modo.

Le pedí a la enfermera unos folios.

Le pedí un bolígrafo y me dijo:

"Solo puede escribir así, boca arriba.

-Sí, sí. -¿Va a hacer testamento?"

Joder. (RÍEN)

Me llamó una amiga también que leyó el libro

y me dijo:

"Diego, a ti te pasa de todo". A mí como a todos.

A todo el mundo le pasa de todo, a todos nos pasan muchas cosas

lo que pasa que no las recordamos, no les damos importancia.

¿Qué has aprendido escribiendo el libro?

¿Qué he aprendido escribiendo el libro?

Yo escribo artículos todos los días,

de diferentes tipos.

Escribo para el Grupo Vocento, escribo para "Historia y Vida",

este mes salió un trabajo mío muy largo en "Historia y vida".

Pero aquí el protagonista eres tú. Lo escribí en 20 días.

En 20 días, el mes de agosto.

En el mes de agosto, por razones familiares,

no pude salir de Madrid

y como en Madrid no hay mucho que hacer

y tenían entre manos lo de Comisión de Expertos de RTVE,

pero nos habíamos tomado un paréntesis de un mes

porque no podíamos hacer nada, no podíamos tener reuniones,

entonces empecé y... Ahora ya ha terminado, ¿no?

Sí, ya terminó, el mes pasado. Ahí me puse a...

La historia tiene un poco de...

Me pidieron un artículo un día de "ABC".

Había un aniversario de Vietnam, de la Ofensiva del Tet.

Entonces me llamó el jefe de Fin de Semana

a ver si podía escribir un artículo de aquello.

La verdad que de entrada dije: "Buf".

Concretamente en ese no estuve, había sido antes.

Dije: "Bueno, no sé". Porque yo no sé decir que no.

"Pues sí, lo hago. -Tiene que estar para mañana".

Esto era un jueves por la tarde. "Para mañana a las 10:00".

El jueves tenía otras cosas que hacer,

el viernes madrugué y a las 10:00 lo escribí.

Me habían pedido 600 palabras y yo escribí 800.

Tenía que hacer otra cosa. No tenía tiempo para cortarlas.

Pensé: "Ellos son profesionales, que las corten,

yo también tuve que cortar muchas veces".

Y yo no soy de los que se molestan cuando les cortan algo.

Se la mandé y les dije:

"No tengo tiempo para cortar 200 palabras".

Al poco rato me llamó: "Diego, está muy bien".

Y me sorprendió enormemente leer, leer no,

cuando salió un domingo, además lo desplegaron,

lo pusieron en primera página, muy bien.

Me sorprendió muchísimo.

Yo que salí en televisión durante años y años,

todos los días, a veces dos veces al día,

y la repercusión que tuvo este artículo en el "ABC"

fue impresionante.

Y bueno, es uno de los que vienen en el libro.

Yo había escrito 800 palabras, luego lo amplié.

Lo amplié porque vi que había tenido mucho éxito.

Fue cuando la editorial me pidió que por qué no lo escribía.

Y aquí está el resultado. Aquí está.

Muchas gracias.

Una foto de un compañero de RTVE,

Vicente Romero, que me la hizo en Vietnam.

Me la hizo Vicente Romero.

El que está es un vietnamita, militar, pero no lo sé muy bien.

Muchas gracias. Encantado.

Seguimos. Jaume Plensa está de plena actualidad.

Artista consagrado

tras una larga trayectoria internacional,

por fin su arte para todos los públicos

es reconocido en España.

"Este hombre que a mediados de los 80,

con el pitillo calado en la boca,

trabaja afanosamente haciendo esculturas en metal

es Jaume Plensa.

Nacido en Barcelona, en 1955, y catalán universal,

Plensa es, sin duda, uno de los artistas españoles

más relevantes a nivel internacional.

Sus obras escultóricas e instalaciones están dispersas

por espacios públicos de todo el mundo

dotando de poesía al espacio comunal,

alegrando y haciendo la vida un poco más bella

para sus habitantes".

Botafogo es un poco

como un corazón de agua en la ciudad.

Está en un centro en el paisaje.

Esta obra quiere transmitir paz.

El espacio público creo que es una cosa muy fundamental,

porque me gusta mucho

y creo que es muy importante la relación con la comunidad.

El museo, de alguna forma, te da un contexto que te protege,

la galería de arte, etc., pero en el espacio público

la obra ha de sobrevivir por ella misma

en relación con alguien que la utilice,

es decir, el espacio público es nuestra casa común.

A mí me encantaría que la gente pudiera participar

o sentirse uno en mi obra,

como la belleza es un lugar donde encontrarnos,

siempre lo digo.

"Tras casi 40 años de actividad artística,

Jaume Plensa sigue buscando

la espiritualidad, la afectividad y la belleza

imprimiéndolas con generosidad en sus obras.

Quizá porque está convencido de que el arte,

pese a que por esencia es algo inútil e incuantificable,

tiene la capacidad de mejorar, siquiera fugazmente,

la vida de los ciudadanos.

Jaume Plensa trabaja con todos los materiales

susceptibles de conformar una escultura,

desde los más clásicos, como el hierro forjado o fundido,

el bronce, la piedra, el mármol o la madera,

hasta el aluminio, las estructuras metálicas reticulares,

el cristal, la fibra de vidrio o el plástico,

incorporando a veces

elementos tecnológicos lumínicos, audiovisuales o cibernéticos.

Plensa, además, ejerce habitualmente como dibujante,

incluso ha hecho incursiones

en la escenografía teatral o el vídeo.

Por fortuna para él, Plensa posee el don

de que su arte gusta por lo general a todo el mundo.

Sus obras, aparte de ser gozosamente bellas,

tienen distintas capas de lectura

y pueden hacer disfrutar a cualquier ser humano,

con independencia

de su origen geográfico, extracción social o nivel cultural.

Plensa gusta tanto a los críticos, marchantes y coleccionistas de arte,

como, por ejemplo, a los variopintos ciudadanos de Chicago,

que disfrutan como niños del juego del arte con el agua

en la célebre fuente Crown Fountain,

un gigantesco vídeo-mural con mil caras anónimas

de los propios habitantes de la ciudad

que se convierten así en auténticos protagonistas del arte".

Cada vez que vengo a Chicago

lo primero que hago es venir a ver la pieza,

más que la pieza, a la gente.

Creo que es mi pieza más física

y esta respuesta con una sonrisa, el agua, todo el mundo queda mojado,

toda esta idea de tanta relación con la obra

yo creo que es maravillosa.

¿Qué más puedes pedir como regalo que provocar una sonrisa?

Hoy en día, con un mundo tan complejo.

"Jaume Plensa hace escultura poética

o poesía en tres dimensiones, si se prefiere.

Su variado repertorio de materias y formas

no obedece a un estilo monocorde o definido,

si bien es cierto que hay un elemento recurrente

que se observa en muchas de sus piezas

a lo largo del tiempo, las letras y las palabras,

corpúsculos que ejercen la función de células escultóricas.

Letras y palabras carentes de función gramatical,

pero que ensambladas en su obra adquieren un gran significado,

aquel que surge del alma de cada uno de los espectadores sensibles

que las contemplan".

Es una invitación de nuevo al espectador a utilizar mi obra

como un espejo donde se pueda reflejar él

y mirar en su interior toda la belleza que ocultamos,

estos paisajes extraordinarios que ocultamos,

que por pudor, por educación,

porque siempre nos parece que no es el momento

nunca hablamos de nosotros

y entonces lo que hacemos muchas veces

es repetir como un eco los mensajes,

las informaciones que nos llegan

y perdemos una información de una riqueza extraordinaria.

"Con Jaume Plensa, además, el personaje del artista

está a la altura de la obra.

No solo son bellas y reconfortantes sus piezas,

sino que también lo son sus palabras.

Plensa es un filántropo

en el sentido estricto de amante de la humanidad.

Su discurso rezuma sabiduría, afecto y bondad,

filosofía sencilla al alcance

de la comprensión e identificación de cualquier ser humano".

(HABLA EN CATALÁN)

"Pese a todos sus méritos y galardones, Jaume Plensa

quizá no ha gozado plenamente

de la dicha de ser profeta en su propia tierra.

Pues bien, ha querido la casualidad o quizá el destino

que este prestigioso y celebrado autor internacional

esté recibiendo ahora mismo

tres reconocimientos muy importantes en España.

En su ciudad natal, Barcelona,

el Museo de Arte Contemporáneo, MACBA,

celebra una gran exposición homónima

que constituye una gran retrospectiva de su obra.

Paralelamente en Madrid, se exhiben dos muestras excelsas de su arte:

la exposición Invisibles,

que el Reina Sofía lleva a cabo en el Palacio de Cristal del Retiro

y la instalación de la bella y espectacular escultura Julia,

inaugurada recientemente en la Plaza de Colón".

(HABLA EN CATALÁN)

"Como diría el tópico,

en el incomparable marco del Palacio de Cristal

del parque del Retiro de Madrid,

el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

lleva a cabo una exposición que, además de bella y emocionante,

es de entrada libre y gratuita.

El título no podría ser más acertado: "Invisibles".

Aunque, sin duda, su significado encierra una metáfora,

las tres enormes cabezas de mujeres jóvenes que la conforman

son espacialmente ostensibles, pero difícilmente visibles.

Grandes mallas de varillas de metal, a modo de hilos,

cuya forma ha sido moldeada mediante un programa informático

que recrea en 3D el diseño original del artista".

Hace muchos años que trabajo el rostro femenino.

El rostro de mujeres jóvenes, niñas

porque estoy obsesionado

con introducir lo femenino en nuestro pensamiento.

Siempre he pensado

que la memoria es femenina y el futuro es femenino.

Yo creo que el Palacio de Cristal tiene estas tres ramas

que se unen en un centro

en el que convergen estos tres rostros

en una posición de silencio.

Creo que es ideal la arquitectura del palacio para eso.

"Las tres esculturas forman un grupo,

algo habitual a lo largo del tiempo en la obra de Plensa.

Muchas veces sus piezas se presentan

en parejas, tríos, grupos o familias

unidas por un nexo común matérico, conceptual o estilístico.

En ese caso, cada una de las tres cabezas invisibles

se corresponde

con cada uno de los tres módulos arquitectónicos del palacio.

Grandes cabezas que parecen flotar

suspendidas en el aire como pompas de jabón,

pero que pesan nada menos que 250 kilos cada una

y que por su tamaño han tenido que ser ensambladas "in situ"

en el interior del palacio para poder ser exhibidas.

Las piezas se integran de tal manera

en la arquitectura metálica reticular

del Palacio de Cristal que se mimetizan con él".

Yo sé que fuerzo un poco al público

a hacer un esfuerzo de percepción visual.

Durante el día cuestan de ver,

están allí y prácticamente se te van escapando.

De noche se vuelven mágicas y son una locura.

Es decir, las piezas son muy bonitas antes de que abra el museo

y muy bonitas cuando cierra el museo.

Mientras el museo está abierto son invisibles.

Esto era algo que me importaba.

Creo que lo más importante en la vida siempre es invisible.

"Los suaves rayos del sol de invierno

acariciando la textura de las caras

producen un juego sutil de luces y sombras

que ofrece la posibilidad de vislumbrar

los rasgos de tres personas ideales.

Laura, Anna y Rui Rui, como así se llaman,

nos representan a todas y a todos

y con su dedo índice apoyado en sus labios piden silencio.

Silencio, serenidad, sosiego,

todo un lujo en la atribulada vida actual

y algo que Plensa con su obra lleva reclamando

para sí y para todos desde hace años".

La voluntad de fabricar silencio,

de convertir cada obra en una actitud,

de otorgar al sueño su papel fundamental

en el crecimiento de nuestras mentes.

Y por encima de todo, la gran responsabilidad

de introducir belleza en el día a día de la sociedad.

"La otra muestra del arte de Plensa que se exhibe para uso y disfrute

de los ciudadanos y visitantes de Madrid es Julia

y representa a una niña ideal con los ojos cerrados.

Un busto ligeramente anaformizado en vertical, estirado hacia arriba,

que parece elevarse hacia el cielo,

una colosal estatua de 12 metros de altura

formada por grandes piezas ensambladas

de resina y polvo de mármol

que no obstante aparece ante nuestros ojos

liviana y espiritual.

Un inmenso soplo de belleza en medio del caos

en un espacio urbanizado durante décadas con escaso acierto.

El proyecto Julia ha sido posible gracias a la colaboración

entre la Fundación María Cristina Masaveu Peterson

y el Ayuntamiento de Madrid.

La Fundación Masaveu

es una institución sin ánimo de lucro

de promoción del arte y mecenazgo

que ha costeado la restauración del pedestal

donde antiguamente se ubicaba la estatua de Colón

y ahora se halla Julia.

La idea es crear un lugar

donde se expongan por un tiempo definido

obras de gran formato de prestigiosos artistas

en este emblemático y controvertido espacio público de Madrid.

Plensa, con su Julia, ha sido el primer artista invitado

y, a juzgar por la respuesta ciudadana,

la experiencia puede constituir todo un éxito".

Cuando la Fundación me pidió trabajar en este proyecto,

hace tal vez tres o cuatro años ya, era un desafío,

porque conocéis la Plaza de Colón

y es un lugar muy icónico de lo que sería el espacio público,

los ambientes urbanos,

que para solucionar un problema creas otro.

La iniciativa era crear una pieza que estuviera durante un año,

es decir, es una pieza temporal,

pero que diera una nueva vida al lugar,

algo que hiciera pensar que tenía futuro como proyecto.

Es una cabeza de una niña con los ojos cerrados,

que introduce algo

que a mí me importa mucho en el espacio público,

que es ternura, silencio, cosas que parece

que están en contradicción con lo que de verdad vivimos,

pero que creo que individuo por individuo

es algo que necesitamos recuperar para que la sociedad sea mejor.

Hemos de cambiar uno a uno para que el todo cambie.

Yo creo que esta pieza invita a este pequeño momento

porque sé que no puedes estar mucho tiempo,

pero un pequeño momento

en que parece que tú y el mundo estáis en orden.

Tú mismo contigo, oírte otra vez, tus vibraciones, oír tu corazón,

tus ideas, tus sueños, tus pensamientos...

Cosas que parece que el ruido de la vida diaria

te despistan, ya no puedes escuchar.

Esta pieza me gustaría que fuera como un espejo

donde cada uno de nosotros, durante un momento,

tuviera esta voluntad de mirar a su interior

y volver a recuperar cosas que creo que son fundamentales.

Yo creo que el arte en esto puede tener una gran capacidad

de fijar un lugar, un lugar donde nos podemos encontrar.

Me encantaría escuchar un día que alguien en Madrid dice:

"¿Dónde quedamos? -Quedamos en Julia."

Porque es una forma de aceptar y entender al otro.

Julia es un individuo, es un lugar.

"Julia, una niña con los ojos cerrados que sueña.

Quizá todos seamos Julia. En el fondo todos amamos la belleza

y todos aspiramos a ser mejores,

a soñar y a cumplir nuestros sueños".

Seguimos. Tiempo ahora para la colaboración

con la revista de acción y videocreación "La Bolsa",

que hoy se ocupa de la obra de SAM3.

En sus vídeos las esculturas toman vida

y el mundo se convierte en una guitarra.

(Música)

(Agua)

(Puerta)

(Campanadas)

(Música lejana)

(Portazo)

(Portazo)

(Claxon)

(Portazo)

(Música)

(Música)

(Música)

La Editorial Taurus acaba de publicar

este estudio de la historiadora, profesora y divulgadora

Catherine Nixey, "La edad de la penumbra:

cómo el cristianismo destruyó el mundo clásico",

que ha merecido los más encendidos elogios

en Reino Unido.

Se trata de su primer libro.

Es un ensayo sobre su especialidad, el mundo clásico,

y está construido como una documentada historia

de lo que pasó con los antiguos dioses paganos

a manos del naciente monoteísmo cristiano.

Leído bajo la perspectiva del presente

resulta un canto a la tolerancia y la ilustración

y a los valores que hoy casi todos compartimos.

Todos si exceptuamos

a los afectos a las diversas formas del absolutismo.

Quizá por eso su lectura resulta

tan necesaria, tan refrescante y tan convincente.

Absolutamente recomendable.

La Universidad Miguel Hernández de Elche

nos plantea hoy una pregunta

que seguramente muchos de nosotros nos hemos planteado alguna vez:

¿Por qué no podemos vivir sin dolor? La universidad responde.

La connotación de la palabra "dolor" es siempre sinónimo

de una experiencia o sensación desagradable o muy desagradable

que necesitamos eliminar.

No cabe duda

de que las personas que sufren dolor y particularmente dolor crónico

necesitan reducir esta sensación

con el fin de poder tener una mínima calidad de vida.

Sin embargo, hay que constatar que no todo el dolor es malo,

sino que existe también el dolor bueno.

Llegados a este punto,

seguro que nos preguntamos qué es el dolor bueno.

La respuesta es muy sencilla si tenemos en cuenta

cuál es la finalidad del dolor.

Desde un punto de vista de la supervivencia de las especies

el dolor es una señal de alarma o alerta

frente a un daño de facto o posible.

Si nos acercamos a una llama,

los sensores de temperatura de nuestra piel

inmediatamente informan al cerebro de una posible quemadura,

de forma que reaccionamos

y nos apartamos de ella para evitar la lesión.

¿Qué pasaría si no tuviéramos dolor? Nos quemaríamos.

De hecho, las personas insensibles al dolor,

condición poco frecuente o rara, pero existente,

tienen una esperanza de vida inferior a las personas normales.

Paradójicamente, el dolor es bueno y es malo.

Desde el punto de vista médico hemos de centrarnos

en convertir el dolor malo en bueno

más que en tratar de eliminar completamente el dolor.

La vida sin dolor no es, me temo, una opción viable.

Justo antes de terminar, como siempre,

recuperamos uno de nuestros trabajos,

concretamente

un fragmento del documento que dedicamos a la lucha medieval,

un combate duro en el presente, pero con base histórica.

El resto, en la página web.

La intención de esta liga un poco precipitada

es, precisamente, que la gente se pruebe

y ver qué deportistas

son material para el campeonato del mundo.

Ahora, con la liga sabemos quiénes son

la gente que realmente tiene capacidad, no quien sea bueno,

sino quién puede llegar a ser material de élite,

que es el campeonato del mundo.

¡Al suelo, ve al suelo! -¡A la tierra!

-¡Ve al suelo!

Nos centraremos en seleccionar el equipo nacional.

Esa gente que veamos que tiene potencial,

se hará un grupo de control, por así decirlo,

que se reunirá una vez al mes en Castillo Belmonte

a hacer las prácticas, combates a modo de ejercicios

para potenciar al máximo posible a cada luchador.

De esos ejercicios y combates, que sirven también como experiencia,

pensados en el desarrollo técnico y táctico del equipo,

se quedará el mejor equipo posible para ir al campeonato del mundo.

Somos un país muy nuevo,

pero estamos teniendo un desarrollo realmente rapidísimo,

con lo cual nuestra intención es, obviamente en un deporte

no te conviertes en campeón en un año,

con gente que nos lleva tanta ventaja,

pero con la mentalidad adecuada

y la seriedad que estamos intentando inculcar

en la selección y el deporte a nivel nacional

podemos ser un equipo muy competitivo,

sobre todo a nivel europeo, en muy poco tiempo.

Empezó en Rusia, hace 20 años,

y no se practicaba en ningún otro sitio.

Se ha empezado a extender por el resto del mundo,

literalmente, Australia, Nueva Zelanda...

Muchísimos países de todos los continentes.

Y eso es porque ha llegado un momento

en que el reglamento es seguro

dentro de las cualidades de un deporte de contacto.

Hay un reglamento disciplinario estricto

y no se permiten actitudes negligentes, antisociales

o directamente agresivas innecesariamente.

Se lleva a rajatabla. Es la esencia de este deporte.

Si no, no podríamos estar compitiendo

con cosas tan peligrosas como hachas a dos manos.

Tienes que tener cierto instinto para ver dónde estás.

Nunca des la espalda a un combate. (ASIENTEN)

Ellos tienen que estar pendientes de nosotros también,

pero, lógicamente,

su visión es de un tercio de lo que nosotros podemos ver.

-Vale.

-En el próximo intenta que se te vea un poco.

La formación que hemos recibido ha sido el contacto

con gente más experimentada que nosotros de otros países.

Hemos tenido otras veces árbitros extranjeros ayudándonos.

(Gritos y música)

Estamos teniendo mucha gente que viene de artes marciales,

porque al ser un tipo de lucha tan libre,

no tiene restricciones de técnicas y también es muy nuevo,

con lo cual todo el mundo puede aportar

y adaptar técnicas de muchos estilos.

Eso atrae a mucha gente muy distinta.

Después, los valores

que son parte inherente del deporte,

que intentamos incluir, cosas que...

La gente se lo toma un poco

como si fuera una historia novelesca,

pero el honor, el compañerismo, la deportividad no es una opción,

es una parte inherente a este deporte.

No es solo mi tiempo de ocio,

yo soy artesano, soy armero.

Muchas de las piezas que uso las realizo yo,

también las tengo a la venta y de todas maneras

esto es un deporte, apasionante, con una gran exigencia.

Yo lo veo bastante atractivo.

-Todo el mundo hace la misma pregunta.

Acabamos. Mañana martes volvemos con una entrevista a Álex Grijelmo,

el autor de "La gramática descomplicada"

y otros libros.

Ahora acaba de escribir su primera novela, una policíaca,

en la que como no podía ser menos

tiene gran importancia el análisis del lenguaje.

También volvemos con los psicólogos clínicos

Guillermo Blázquez y Alfredo García Gárate,

que nos harán un taller de convivencia

hablando de lo que hoy llaman "poliamor"

y en épocas pretéritas llamábamos "amor libre".

A ver qué nos cuentan.

También recuperaremos nuestros trabajos

sobre el colectivo Boa Mistura y la iniciativa "Grandes vecinos",

un programa francés para acabar con la soledad de los mayores.

Pasen un buen día.

Ha sido un placer y un honor tenerles ahí.

Hasta mañana.

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La aventura del saber - 04/02/19

04 feb 2019

Ofreceremos los reportajes "Jaume Plensa. Un lugar donde encontrarnos" y "LaBolsa: Sam3". Además, entrevistaremos al periodista y escritor Diego Carcedo.

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