Jara y sedal La 2

Jara y sedal

Viernes a las 18:00 horas

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Para todos los públicos Jara y sedal - El final del largo viaje - ver ahora
Transcripción completa

Continuamos nuestro viaje.

Desde East London, ponemos rumbo a la región del Transkei,

una tierra indómita que representa mejor que ninguna otra

los años más oscuros del apartheid

y la resistencia de su población negra.

Transkei significa "más allá del río Kei".

Este río es la frontera sur del territorio

y el puente más cercano para cruzarlo

está a más de dos horas por carretera.

En este lugar solo una barcaza da servicio a vehículos y personas,

y conecta el Transkei con el resto del país.

(Música)

Nuestros protagonistas llegan al punto de recogida

a la hora prevista.

Aún queda un largo camino de pistas de tierra y poco asfalto

hasta llegar a nuestro destino, la bahía de Mazeppa.

La desembocadura de este río también es un buen lugar de pesca

de especies como el kob o la herrera del cabo,

pero no hay tiempo para detenerse en este lugar,

los pescadores deben continuar su viaje.

(Música)

La región del Transkei,

con una extensión similar a la de Extremadura,

fue el primero y más grande de los bantustanes,

una especie de reservas

creadas por el gobierno surafricano del apartheid

para segregar a las diferentes etnias presentes en el país.

(Música)

En el caso del Transkei,

es la etnia Xhosa, a la que pertenecía el propio Nelson Mandela,

la que habita estas tierras.

Gentes humildes que viven de la agricultura

y la ganadería, principalmente.

(Música)

Con el final del apartheid en los años 90,

desaparecieron los bantustanes

y el Transkei volvió a formar parte del país de pleno derecho.

(Continúa la música)

Las pistas de tierra va serpenteando

entre las suaves ondulaciones del terreno,

hasta que este se quiebra bruscamente al mar.

El océano Índico golpea sus costas

sin que el hombre apenas haya alterado el entorno.

Solo existen unos pocos hoteles y núcleos de población

en sus cientos de kilómetros de costa.

Uno de ellos es la bahía de Mazeppa, un destino de descanso,

pero sobre todo, de pesca,

en el que destaca una gran barra de rocas que se adentra en el mar.

Este lugar permite la pesca desde la orilla

de especies pelágicas como el tiburón toro,

el objetivo de nuestros protagonistas.

(HABLAN EN INGLÉS)

En el único hotel de la bahía, los pescadores descansan

mientras recorren sus jardines y observan desde las terrazas

el islote desde el que pescarán a partir de la mañana siguiente.

(Música)

El trayecto desde East London ha merecido la pena,

desde el principio,

pero cuando los pescadores llegan al extremo sur de la isla,

el viaje cobra todo su sentido.

Lo primero que llama la atención

son los potentes equipos de pesca que necesitan.

Para sacar un tiburón que puede sobrepasar los 2 m de largo,

es obligatorio el uso de un arnés de combate.

Al pescar a fondo, se hace necesario el uso de grandes plomadas.

El pescado azul siempre funciona bien

porque son ricos en aceite

y desprenden un intenso olor bajo el agua,

que aguanta mejor el paso de las horas.

Owen corta un kob en piezas

y las vuelve a unir para que desprenda aún más olor.

Es entonces cuando aprovecha las partes óseas del cebo

para fijar los dos anzuelos que forman el montaje,

y así dar más consistencia al resultado.

El bajo de 1 m de longitud

es un trenzado de acero recubierto por una funda roja.

Este color es el primero que desaparece

a los pocos metros de profundidad,

y evita los destellos propios del metal.

Owen usa el resto del kob para un segundo montaje.

Tendrán varias cañas puestas en diferentes puntos

para aumentar las probabilidades de captura.

Abrimos ahora el capítulo del lanzado,

porque en Mazeppa merece la pena prestarle una atención especial.

Lo más obvio sería lanzar el montaje con el plomo incluido

y sentarse a esperar,

pero emplean otras fórmulas aún más interesantes

y que pueden dar buen resultado también en nuestras costas.

Owen laza la línea únicamente con el plomo,

lo que le permite llegar más lejos

que si lo hiciera también con la pesada carnada.

El bajo de línea termina en uno de sus extremos,

en una espiral rígida de acero,

que Owen deslizará por la línea que acaba de lanzar,

de manera que funciona como una polea.

Entonces, tensa del sedal

y la carnada se desliza como por una tirolina.

El bombeo de los brazos genera ondas en la línea

que empujan el cebo hasta su punto más bajo,

donde se encuentra el plomo.

El proceso lleva un rato, y solo la experiencia

determina cuándo el cebo ha llegado a su destino.

Sin embargo, cuando hace viento, algo habitual en estas latitudes,

el sistema que emplean para hacer llegar aún más lejos la carnada

es todavía más sorprendente y, desde luego, más efectivo.

Una cometa.

La cometa, hecha con dos cañas y unas bolsas de plástico,

es suficiente cuando el viento sopla fuerte.

El hilo de la cometa es de nylon, de un grosor considerable.

El hilo de la cometa y el sedal

quedan unidos en un punto con un nudo corredizo

y se deja volar la cometa para que arrastre el cebo

mientras el carrete de la caña de pesca deja salir el sedal.

La fuerza del viento hace el resto.

John, con la caña de pesca, y Owen, con la que usan para la cometa,

esperan hasta que la carnada ha llegado a su lugar.

Cuando esto ocurre, un fuerte tirón deshace el nudo corredizo,

el cebo cae al fondo y la cometa se recoge.

Solo queda esperar y entretenerse con lo que ocurre alrededor.

(Música)

Una ballena franca austral le da lecciones de pesca a su cría,

apenas 100 m mar adentro.

Esta parte de la costa sudafricana

es uno de los principales lugares de reproducción del hemisferio sur.

(Continúa la música)

Y una numerosa manada de delfines

patrulla cerca de la rompiente en busca de bancos de pescado.

Es buena señal.

Significa que hay alimento en abundancia,

y eso atrae a los depredadores,

que es lo que John y Owen están buscando.

(Música)

Otto es un pescador con el que comparten la jornada.

En Mazeppa,

lo habitual es que se termine pescando con otros aficionados

en un agradable clima de compañerismo.

Y parece que Otto ha tenido suerte.

La picada del tiburón no es explosiva

porque toma la carnada suavemente y tarda en notar la fuerza

al otro lado de los, por lo menos, 300 m de línea

que ha soltado el carrete.

Pero una vez que comienza la pelea,

esta puede prolongarse durante muchas horas,

que nosotros hemos resumido en unos pocos minutos.

A diferencia de la pesca desde un barco,

desde la costa apenas hay margen para moverse,

porque el pescador no puede seguir la trayectoria cambiante del animal,

como ocurriría desde una embarcación.

Desde la orilla,

Otto solo puede trabajar con mucho cuidado sobre el carrete,

dando línea o recogiendo muy poco a poco.

Una de las claves es evitar que el sedal roce con las piedras

porque la tensión es tan alta, que enseguida se rompería.

Por otro lado, se debe estar alerta

porque a un tiburón de varios metros de longitud

no le costaría nada lanzarlos al agua en cuestión de segundos.

Pasado un rato, los pescadores observan las aletas del animal,

que empieza a sentir el agotamiento tras más de una hora de combate.

Se trata, efectivamente, de un tiburón toro

de, al menos, 2 m de longitud.

El nado lento, pero poderoso, de los tiburones toro

puede dar al traste con el lance en el último momento,

que es el más delicado.

El escualo debe volver al agua intacto

y, al mismo tiempo, es preciso desanzuelarlo

sin sufrir ningún corte de sus afilados dientes.

El final del lance se hace a mano.

Necesitan llevar al tiburón hasta un lugar

donde ni el pescador ni el animal resulten heridos.

(Música)

Los instantes finales son los más tensos.

Los tiburones necesitan moverse para respirar,

y Otto y su ayudante deben actuar rápido.

(Continúa la música)

Meter la mano en la boca de un tiburón para desanzuelarlo

requiere de grandes dosis de valor.

Esta labor resulta menos arriesgada

si el escualo está fuera del agua o boca arriba,

porque se quedan en un estado similar al adormecimiento.

(Continúa la música)

Otto retira el deslizador para que la línea no le moleste,

y a continuación el anzuelo, que apenas se ha clavado

entre las numerosas filas de dientes del tiburón.

Con mucho cuidado, devuelven a este bello animal al océano,

lugar al que pertenece,

y el pescador se queda en la orilla,

a la espera de poder medir sus fuerzas en el futuro

con otro animal tan espectacular como este.

(Música)

Owen y John no abandonan.

Este lugar es perfecto para practicar la pesca desde costa

más espectacular de cuantas hemos tenido ocasión de grabar.

Y aunque esta picada de John terminó con la rotura del sedal,

regresamos a casa muy satisfechos con este viaje.

Sudáfrica nos ha dejado momentos inolvidables

y grandes amigos,

a los que esperamos volver a ver muy pronto.

(Continúa la música)

Es tu instinto, es tu refugio,

es tu futuro,

es tu gente, es tu vida,

es tu desafío.

"Jara y sedal", La revista de los cazadores.

(Música créditos)

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Jara y sedal - El final del largo viaje

02 mar 2018

Jara y Sedal termina una serie de tres programas dedicados a la pesca y la caza en Sudáfrica. En esta ocasión muestra la pesca del tiburón toro y rayas azules, donde llama la atención el uso de cometas para el lanzado de la carnada y el tamaño de las capturas.

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