Dirigido por: Ana María Peláez

Serie de documentales sobre los personajes más destacados de la cultura española del siglo XX cada semana en La 2 y en RTVE.es. Dirigido por Ana María Peláez

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Para todos los públicos Imprescindibles - Unamuno, el pensador apasionado - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

Vamos a empezar, si usted nos lo permite,

por los sucesos sobradamente conocidos

que tuvieron lugar el 12 de octubre de 1936

en el paraninfo de la Universidad de Salamanca

tres meses después de iniciarse nuestra contienda fratricida.

Se celebraba un acto en honor de la festividad de la raza,

y usted, como rector perpetuo,

después de que el general Cabanellas le repusiera en ese cargo

del que le había desposeído la República

había acudido sin intención de hablar.

Se ve que conocía bien su temperamento.

Estuvo tomando notas y acabó por pedir la palabra.

"Se ha hablado aquí de guerra internacional

en defensa de la civilización cristiana.

Yo mismo lo he hecho otras veces.

Pero no...

La nuestra es solo una guerra incivil.

Nací arrullado por una guerra civil y sé lo que digo.

Vencer no es convencer.

Y hay que convencer. Sobre todo.

Y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión.

El odio a la inteligencia que es crítica y diferenciadora,

inquisitiva, mas no de la Inquisición.

Se ha hablado también de los catalanes y los vascos

llamándoles la "antiEspaña",

pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto.

Y aquí está el señor obispo, catalán,

para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer.

Y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida

enseñándoos la lengua castellana... que no sabéis".

Fue entonces cuando el general Millán-Astray

fuera de sí gritó aquello de: "¡Viva la muerte!",

pero usted, don Miguel, no se dejó intimidar por el grito necrófilo.

Incluso arremetió directamente contra él,

lo que le hizo gritar de nuevo al general:

"¡Muera la intelectualidad traidora!".

Alguien ha dicho que fue "muera la inteligencia".

"¡Viva la muerte! ¡Viva la muerte!",

repitieron algunas decenas de gargantas enfervorizadas

y usted continuó...

"Este es el templo de la inteligencia

y yo soy su sumo sacerdote.

Vosotros estáis profanando su sagrado recinto.

Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta,

pero no convenceréis,

porque para convencer hay que persuadir.

Y para persuadir necesitaréis algo que os falta,

razón y derecho en la lucha".

Puedo imaginarme la tensión de aquellos momentos

y el peligro que corrió su vida.

Usted se dejó sacar de allí medio aturdido

ante el odio que había desatado.

¿Qué desencadenó usted, don Miguel, en aquellos momentos

para que algunos pidieran su fusilamiento inmediato

o arrojaran enseguida sus libros a la hoguera?

El general Franco, caudillo de España

desde el 1 de octubre le cesó de su cargo de rector.

Era la historia de su vida, don Miguel.

Tan pronto encumbrado como defenestrado.

Y usted se encerró en su casa en la que moriría 2 meses más tarde

el último día de aquel terrible 1936.

Un oso enjaulado entre 4 paredes.

Un búho sabiondo, habría dicho Eugenio D'Ors,

metido dentro de una jaula.

"Y yo en mi hogar, hoy cárcel desdichosa,

sueño en mis días de la libre Francia

en la suerte de España desastrosa".

¿En qué pensó usted, don Miguel, durante ese cautiverio?

Quiero imaginar que repasó su existencia desde aquel 1864

en que naciera en Bilbao.

El tercero de los 6 hijos que tuvieran doña Salomé de Jugo

y don Félix de Unamuno,

aquel comerciante que murió cuando usted tenía solo 6 años.

Sí, esta es la casa en la que nació Unamuno.

Hay una placa conmemorativa.

Su padre era de Vergara. Marchó a Tepic, a México.

Con el dinero que trajo se convirtió en panadero, hacía pan.

Y se casó con su sobrina, bastantes años más joven.

Pero no solamente trajo un pequeño caudal

con el que hacer una fábrica de pan, sino que trajo libros

que fueron los que en primer lugar sirvieron a Unamuno

para satisfacer sus curiosidades intelectuales

que estaban naciendo en él.

Eran libros que nos hacen reír... bueno, reír no, sonreír por lo menos,

libros de Balmes, de Donoso Cortés, etcétera.

Trajo también ideas liberales muy importantes

porque le toca vivir a su padre en tiempos de Juárez.

No hay que olvidar un detalle que hemos sabido hace poco

y es que el padre de Unamuno fue concejal liberal

del Ayuntamiento de Bilbao

que en las primeras elecciones democráticas,

a raíz de la revolución de septiembre en el 68.

Fue usted un niño tímido y triste que dudaba entre ser santo o sabio,

que hacía allá por entonces pajaritas de papel

y jugaba con los insectos con el telón de fondo

de aquella Guerra Civil a la que tantas veces se refirió.

Un niño que vivió en un hogar

en el que el poder recaía en dos viudas:

su abuela y su madre.

Aquí en esta plaza es donde estaba el instituto

donde él hizo su bachillerato.

El instituto va unido también...

va unido también a la Segunda Guerra Carlista.

Que fue un momento, para él, inolvidable.

"Somos liberales y derramaremos..."

Y regocijante.

Él se divirtió mucho con los bombardeos.

Y jugaban a la guerra... Se organizaron partidas...

de combatientes internos, entre los muchachos,

y, sobre todo retuvo de la Segunda Guerra Carlista...

retuvo la lección de historia que recibió.

Esa lección de historia por la práctica, si se puede hablar,

y por la guerra que le inició en las guerras internas,

en las guerras civiles.

Y el también creía que en su interior existían dos bandos

en continua lucha lo mismo que había ocurrido

durante la Guerra Carlista.

Y fue usted un niño que aplicaba también toda su intensa devoción

a las ensoñaciones de una paradisíaca Vasconia.

"Aquellos días en que me empeñaba en llorar sin motivo,

en que me creía presa de un misticismo prematuro,

en que gozaba de rodillas en prolongar la molestia de ellas,

en que me iba a Los Caños con Ossián en el bolsillo

para repetir sus lamentaciones al Morven,

a Riño y a los hijos de Fingal,

aplicándolo yo al viejo Aitor y a Lecobide,

las creaciones del romanticismo vascongado".

(Música)

Muy vasquista, muy convencido de lo vasco,

muy influido por los escritores

de lo que él denominó un ingenio romanticismo,

Vicente Arana, Iztueta, Navarro Villoslada...

y quizá más que todos Antonio de Trueba.

De esa fuente brotaron muchos de sus primeros escritos.

Alguno de ellos contra aquel rey, Alfonso XII,

que les había desposeído de los fueros.

Pero seguro que ahora, al volver la vista atrás desde su encierro

una de las primeras imágenes que le llegan

es la de su primer y definitivo amor:

Concha Lizárraga,

con la que tantas veces se sentó a la sombra del árbol de Guernica.

"Iba de corto.

Sus cortas sayas dejaban ver las lozanas pantorrillas,

su pecho empezaba a alzarse,

la trenza le colgaba por la espalda

y sus ojos iban iluminando su camino.

Y mi soñada santidad flaqueaba, ¡cómo flaqueaba!"

Conchita, su amor, su sostén, su compañera abnegada.

La mujer que será madre de sus 9 hijos,

y también su segunda madre,

la que le consolará en sus momentos de flaqueza llamándole "hijo mío".

Para Unamuno la condición de vasco era como una especie

de versión acrisolada de la identidad española.

Y por tanto, digamos esos dos aspectos

de su identidad jamás los separó.

Él siguió afirmándose, además, de una forma, yo creo que,

puerilmente orgullosa y se sigue afirmando vasco

a lo largo de toda su vida.

-Él se consideró vasco por todos los lados y además tenía gala

de considerarse como vasco.

Él decía siempre que Baroja tenía antecedentes italianos,

Maeztu inglés y que él era por todos los lados y costados vasco.

-Bueno, de hecho, cuando se ponía en cuestión

su condición de vasco por los nacionalistas

él aludía siempre a sus 64 apellidos vascos.

No me extraña que vuestra alma se quebrara al dejar atrás todo eso

una vez concluido el bachillerato en 1880.

Al pasar de la peña de Orduña en el tren en el que iba,

que pasó llorando y cantando una canción de Iparraguirre.

Porque no es que fue triste y se dice llorando, no, no.

Es que él recalca en algún momento que lloró.

"A las sensaciones que experimentara al darme cuenta

de que me alejaba de mi patria más chica,

la sensitiva,

uníase el sentimiento de dejar mi patria chica,

la sentimental,

y, aún más que sentimental, imaginativa".

(Música)

Madrid le desagradó a usted de entrada.

Escribió de la capital que era el vasto campamento

de un pueblo de instintos nómadas, Pero poco a poco

Madrid le hizo revisar la parte de su ideario.

En la Universidad de Madrid descubre, digamos, un tipo de modernidad...

yo diría que casi cosmopolita, porque él, en el Ateneo de Madrid

y la universidad conoce a los nuevos científicos sociales del momento,

a Herbert Spencer, a los lingüistas, etcétera.

-Allí entra en contacto con los krausistas,

con el pensamiento ilustrado, en definitiva, el krausismo

y la institución libre de enseñanza

que son movimientos de intento de recepción

de la filosofía de la ilustración.

Madrid se atrevió a hacerle pensar también

algo para usted más importante, la fe.

Esa fe que le empujaba a una misa diaria

y a una comunión mensual y que ahora, según sus palabras,

despojaría de sus formas y reduciría a sustancia y jugo informe.

¡Qué difícil, don Miguel, dejar de acudir a Dios

con la inocencia de un niño

para tratar de encontrarle ahora mediante la razón!

¿Pero es eso tarea fácil?

"La frente sobre el polvo del camino junto al inmenso mar

muriéndose de sed un peregrino clamaba a más clamar:

'Pide, ¿de mí qué quieres?', le decía a Dios,

'pide, tuyo es mi corazón'.

Callábase el Señor y el mar seguía con monótono ritmo su canción".

-En el momento en que Unamuno está en la universidad central

y contacta con las corrientes de pensamiento de la época,

el positivismo, el krausismo, el darwinismo, el evolucionismo...

Todo esto es un fluir de ideas que le van a llevar a una crisis,

a una profunda crisis, yo me atrevería a decir,

la auténtica crisis de Unamuno, la que vive en esta época,

y le hace pasar de unos presupuestos tradicionalistas

a unos presupuestos liberales que van a desembocar después

en un liberalismo extremo como es el anarquismo o las teorías libertarias.

Al cabo de 3 años muy duros en Madrid

concluyó usted sus estudios de filosofía y letras

y al año siguiente, en 1884, se doctoró con una...

"Crítica sobre el origen y la historia de la raza vasca",

que es una obra pionera de filología,

pero en la que palpitan muchos de sus nuevos conflictos

con esa querida lengua vasca a la que con pesar ve,

son sus palabras, llamada a perderse como el arroyo

en las grandes corrientes del anchuroso río.

Unamuno se va cargando, digamos, sistemáticamente,

todos los mitos que se habían puesto en circulación en el s. XIX

acerca del origen de los vascos.

Digamos que sí, que hay una actitud de distancia,

de tomar distancia y hacerlo sobre unos presupuestos positivistas

o científicos, presuntamente científicos,

frente a lo que son las ideologías románticas regionalistas.

-La tesis fue conocida muy tardíamente,

porque fue publicada en las obras completas

por García Blanco.

Y ahí aparece el Unamuno que todos conocemos.

No hubo que esperar a las oposiciones de euskera porque en esta tesis,

5 años antes Unamuno consideró que el euskera iba a morir fatalmente

porque no era lengua de cultura,

que la mayor parte de las palabras espirituales

eran términos abstractos pedidos en préstamo...

al latín... o al castellano, etcétera.

Las oposiciones a las que se refiere el profesor Antonio Ereño

se convocaron para crear una cátedra de vascuence.

y a las que usted compitió con otros 4 candidatos.

El fallo, que hoy sabemos que estuvo amañado,

le dejó fuera de ese puesto y dejó fuera también, curiosamente,

a Sabino Arana, el padre del nacionalismo vasco.

De modo que, usted lo sabe bien,

hay quien ha querido interpretar su pelea continuada desde entonces

con el nacionalismo como fruto de un supuesto resentimiento

por la decisión de aquél jurado.

Unamuno venía de una familia liberal.

El padre había sido concejal...

progresista en Bilbao en el 69

y el padre de Sabino Arana era un carlista conocido, relevante,

y por tanto había esa enemistad política entre las familias.

Unamuno y Arana eran casi exactamente de la misma edad.

Unamuno había nacido en el 64 y Arana en el 65.

Se conocieron de niños, pero mucho más de jóvenes.

Mantenían, sobre todo, debates o polémicas

de tipo lingüístico, filológico, en torno al vasco.

(Música popular vasca)

Consideraba que los vascos existían como una entidad

diferenciada dentro de España, pero que formaba parte de España.

Los vascos pertenecían a lo que Unamuno llamaría

el pueblo intrahistórico español.

Y como núcleo del pueblo intrahistórico español.

Esa especie de pequeño nacionalismo para hacer coincidir lo étnico

con lo político a Unamuno le merecía un desprecio absoluto.

Más cómo explicar a un nacionalista

que usted no se oponía a la diferencia cultural vasca,

al orgullo de ser vasco, sino a que al quedarse solo con eso

olvidase su patrimonio español y el carácter universal

del hombre y de la historia.

En la primavera de 1891

usted se consideró preparado para volver a Madrid

y competir por una cátedra de griego que salía a concurso,

pero antes, en enero, había contraído matrimonio

con Concepción, su amor de infancia, y en la que usted, don Miguel,

esperaba encontrar un freno para su talante.

"Yo, firme en mi ideal de cuáquero, despreciador de la etiqueta,

tallado para la casa, y ella empeñada en domesticarme.

Que me ha civilizado, es indudable,

pero aunque el oso es susceptible de cultura,

queda siempre oso, y yo, siempre cuáquero".

Y consiguió lo que se proponía: una cátedra de griego en Salamanca.

Se contaba, pero vaya usted a saber lo que hay de cierto en ello,

que don Juan Valera dijo de ustedes, los opositores:

"Ninguno sabe griego, pero hemos dado la cátedra

al único que podrá saberlo".

Y el mes de julio se acercaba por primera vez a aquella Salamanca

que habría de ser tan fundamental en su vida.

Me estoy acordando en este instante

de lo que diría más tarde acerca de que Vasconia, Bilbao,

le dio su sangre espiritual al hueso del alma

y Castilla, Salamanca,

le proporcionó el meollo tuétano español.

Qué lacónica su semblanza de aquel lugar

en su primera toma de contacto.

"Salamanca no me disgusta.

Unos soberbios edificios rodeados de casuchas tísicas

y callejas anémicas.

Yo no tengo manía a los pueblos de Castilla.

Se come bien en ellos y son sanos".

-Unamuno llega a Salamanca en el año 1891.

Y se encuentra con una ciudad que marca contrastes con la actual.

En primer lugar, demográficamente, es mucho más pequeña que hoy,

quizá 8 veces menos, es decir, 25-26 000 habitantes.

En lo que hace referencia a la higiene de una ciudad

deja mucho que desear.

Hay un dicho que se repite a menudo, que Salamanca era una gran señora,

una señora de gran nobleza a la que le olían los pies.

-Estamos delante del Palacio de Anaya,

que es la sede de la Facultad de Filología.

Es aquí donde transcurrió toda la vida académica y profesional

de don Miguel de Unamuno.

Primeramente dando clases de lengua griega

y en su última etapa dando clases de historia de la lengua.

Curiosamente el Palacio de Anaya está frente a la catedral.

Es bien sabido por todos las disputas que Unamuno

mantuvo siempre con la iglesia y con todas sus jerarquías.

Algo que hemos podido seguir a través de la prensa

y de las cartas tan duras que se escribió

con el obispo padre Cámara.

-También la universidad es muy distinta a la actual.

No había más de 400 estudiantes,

mientras que hoy estamos cerca de 30 000.

Y, por otra parte, el claustro era mucho más reducido.

Los catedráticos eran 35.

Este tipo de contrastes ambientan la llegada de un vasco

que viene a una ciudad castellana

y que va a saber acomodarse a su ambiente, no sin tensiones sociales

y sin otro tipo de tensiones

propias de las disputas políticas del momento.

En este sentido hay que referirse a las luchas

entre absolutistas y liberales.

Y, sin embargo, don Miguel,

usted empezó a apreciar la ciudad del Tormes

ya durante aquel primer curso en que su mujer estuvo a su lado.

Aunque no se lo negaré, ni la primera casa de huéspedes

en que se alojaron ni aquella otra en el campo de San Francisco

a la que luego se trasladaron reunían muchas comodidades.

"Este pueblo me gusta.

No es tan feo como lo ponderan en Bilbao los inaguantables 'parvenus'.

Hay mucha casa nueva y se conoce lo están mejorando.

Comemos bien y tenemos una habitación,

cuarto y sala independiente.

Estamos de huéspedes por ahora y pagamos 6 pesetas por los dos,

yo y mi mujer.

Tengo la universidad a la puerta de casa".

En Salamanca ya se produce la simbiosis de Salamanca y,

si quiero Castilla, tradición, fe...

Mientras que Bilbao es la razón, es la ciudad comercial,

la ciudad moderna... Y por tanto sería, de alguna forma,

Bilbao, razón; Salamanca, fe, tradición, modernidad.

-La llegada de Unamuno a Salamanca sirve también de contraste

de una ciudad industrial que está siendo testigo

de todos los capítulos que llenan el libro

de la Segunda Revolución Industrial, por lo tanto de la industria pesada,

de la de bienes de capital,

frente a una ciudad bastante anclada en el tiempo,

al menos porque la actividad fundamental

es la actividad agraria.

Evidentemente este contraste económico y demográfico

lleva también aparejado un contraste ideológico.

Es más fácil que el liberalismo se difunda en una ciudad como Bilbao

donde hay una masa de obreros que leen prensa, como el socialista,

que no en una ciudad de provincias que tiene una influencia ideológica

muy fuerte del obispado con periódicos muy controlados

por las clases conservadoras.

"Es Vizcaya en Castilla mi consuelo y añoro en mi Vizcaya mi Castilla".

El socialismo.

Usted, don Miguel, había conocido el socialismo en Bilbao

y más tarde en Madrid pero es en Salamanca donde lo redescubrió,

aunque fue en la asociación socialista de Bilbao en 1894

donde se inscribió como militante.

"Ha acabado por penetrarme la convicción

de que el socialismo limpio y puro, sin disfraz ni vacuna,

es el único ideal hoy vivo de veras. Es la religión de la humanidad".

Descubre el partido socialista, descubre el marxismo,

más o menos, digamos, él...

intenta adaptarse al pensamiento marxista

o aprender un poco de ello.

Lo interpreta al principio como una especie de hegelianismo

para uso de las masas y después se desilusiona totalmente de ello.

Yo creo que usted estaba buscando

qué podía sacar a España de esa ruina y de aquel tedio

en el que se estaba sumiendo.

Y de ahí ese pensamiento que late en sus artículos de aquel momento.

"En torno al Casticismo",

donde tan pronto parece inclinarse hacia Europa como la salvación,

como hacia ese algo que subyace por debajo de los pueblos

y que usted llamará intrahistoria.

Empieza a plantearse algo que se plantean también

muchos otros pensadores europeos

de su generación o de esa época...

Y aparte de esa modernidad europea o esa modernidad común,

¿no tendremos una modernidad propia?

Es decir, ¿no habrá una forma española

de ser moderno que no tenga que ver con la forma luterano-germánica

ni con la forma empirista inglesa?

Algo, una modernidad que arraigue en la propia tradición española.

-El gran debate.

Unamuno casticista, españolista, versus Europa.

Como en tantas cosas de Unamuno y unido a razón y fe

porque ahí podríamos decir también que España es la fe, Europa la razón.

Europa tuvo una ilustración y España apenas la tuvo.

¿Y si no debiéramos preocuparnos tanto por Europa?,

se preguntaba usted, don Miguel.

¿Y si dejamos a los europeos a lo suyo y nos afianzamos en lo nuestro?

Cuando se le ocurrió decir aquello de "que inventen ellos",

era como decir que España queda al margen,

España que se dedique a la vida espiritual

y que aporte desde ese punto de vista pero no en la ciencia

porque eso no es lo nuestro.

Eso es dejar a España fuera de la modernidad.

"Si fuera imposible que un pueblo dé a la vez

a Descartes y a San Juan de la Cruz

yo me quedaría con este".

Cambió de casa una vez más y su mujer fue dándole nuevos hijos.

Ya hemos dicho que hasta 9.

Pero Dios, ese que no acababa de encontrar por más que lo perseguía

le sometió a una dura prueba con el tercero de ellos, Raimundo.

que nació en 1896.

Primero aquel severo ataque de meningitis

y enseguida el desarrollo de una hidrocefalia imparable.

Qué duro reto para su maltrecha fe.

"Una noche bajó a mi mente uno de esos sueños oscuros,

tristes y lúgubres que no puedo apartar de mí.

Que de día soy alegre.

Soñé que estaba casado. Que tuve un hijo.

Que aquel hijo se murió y que sobre su cadáver, que parecía de cera,

dije a mi mujer: 'Mira nuestro amor. Dentro de poco se pudrirá'.

Así acaba todo".

Puedo imaginarme su tormento

alimentado por su particular personalidad.

La congoja que le invadía a todas horas,

los dolores en el pecho, los llantos hasta enmudecer.

Le veo abandonando su casa en plena madrugada

y encerrándose en el Convento de los Dominicos.

Ausentándose de sus clases

a la espera de que Dios le dé alguna señal.

Le veo preguntándose si está enloqueciendo

o incluso barajando la idea del suicido.

Escribiendo compulsivamente para escapar a una desdicha

que se mantendrá latente hasta 1902 en que Raimundín,

con 6 años, fallezca.

"Cuando el sol se levante, mi pobre estrella

derretida en el alba, te irás con ella".

Mientras el país, ajeno a su dolor personal, don Miguel,

andaba sumido en la profunda crisis que había acentuado el 98

y hablaba y hablaba de regeneración.

"La moda ahora es la regeneración.

La moda a la que no he podido sustraerme.

Pero la verdad es que estos dramas nacionales me interesan mucho menos

que los que se desarrollan en la conciencia de uno".

Sin embargo, usted no es hombre que se quede al margen de la acción

cuando esta aprehende.

Y ahora que ha sido nombrado rector de la universidad

le bulle en la cabeza la necesidad una vez más de comprometerse.

Está claro, don Miguel, que no concibe el papel del intelectual

sin ese estrecho compromiso con su pensamiento.

Aun a riesgo de equivocarse públicamente.

Estamos delante de lo que hoy es la casa-museo Unamuno.

Este edificio siempre se conoció con el nombre de la rectoral

porque era la residencia que la universidad ofrecía a sus rectores.

por ello Unamuno se vino aquí a vivir de 1900 a 1914,

que son los años que dura su mandato como rector.

-Es un rector joven.

Cerca de los 36 años, aproximadamente.

Es nombrado rector cuando se crea el Ministerio de Instrucción Pública.

Hasta entonces era una dirección general

dentro de un gran ministerio,

el Ministerio de Fomento.

Su pasión se deboca.

Su siempre omnipresente pasión le empujará a dar a la imprenta

en 1905 ese libro capital

que lleva por título "Vida de don Quijote y Sancho".

Todo un programa de acción, o como usted escribió,

"un ensayo de genuina filosofía española".

El afirma que España necesita su libro nacional, su biblia,

y que la tiene en "El Quijote".

Y en esa visión de Don Quijote que tiene Unamuno en 1905

es de donde derivan y parten las distintas

especulaciones cervantinas que a lo largo del siglo

van a aparecer en la obra de Américo Castro,

en "las meditaciones del Quijote" de Ortega, etcétera.

En esta idea de Don Quijote como...

símbolo de la nación española.

-Unamuno quiso encarnar en estos dos personajes un símbolo complejo

de la España de su tiempo. La España derrotada por partida doble,

derrotada en la guerra inmediata contra los Estados Unidos

y derrotada previamente por una industrialización

que no llegó a arraigar.

Los dos personajes se constituyen en una antítesis, que está en Cervantes,

pero que Unamuno lleva mucho más lejos.

Don Quijote representa el ideal, la voluntad, representa...

el querer ser, mientras que Sancho representa el carácter acomodaticio,

representa, él lo dice, la humanidad que lastra

esta ansia de ideal que encarna Don Quijote.

-Y si tanto miedo tienes, retírate a una parte y déjame a mí solo,

que yo solo me basto para dar la victoria

a la parte a la quien yo diere mi ayuda.

-Vuélvase, vuesa merced, señor don Quijote.

¡Que juro a Dios que son ovejas y carneros lo que va a embestir!

-El Quijotismo es la verdadera filosofía española para Unamuno.

Nosotros no tenemos que hacer del Quijote un culto,

sino tenemos que seguir a Don Quijote.

Tenemos que cambiarnos en "Don Quijotes" y, si no podemos,

que por lo menos seamos "Sancho Panzas".

Porque Sancho Panza es alguien que admira a Don Quijote.

El quijotismo es la filosofía por antonomasia de España.

-Es un libro contra la atonía,

es un libro contra la situación inerme en la que está España

en aquellos momentos, y en otros y, por tanto,

lo que fundamentalmente implica desde el punto de vista de la acción

con la historia de España es la propuesta de un pensamiento

y unas perspectivas en las que hoy llamaríamos pasotismo

o lo que los griegos llamaban el "idiotés",

el que dice que no quiere saber nada de nada público,

que se dedica a su jardín...

Unamuno es el antiidiota. Él dice que hay que estar ahí siempre.

Hay que estar presente siempre, y además protestando.

Por eso cuando dice que hay que ponerse en marcha...

La vida de Quijote y Sancho, lo que fundamentalmente dice Unamuno,

y está dedicando a los jóvenes de su tiempo, lo que dice es:

"Salid, poneos en marcha".

(Música)

Usted fue el primero en seguir ese dictado, ponerse en marcha,

perseguir el ideal.

El primero en involucrarse en campañas políticas

con los socialistas.

Aunque haga 6 años que se diera de baja del partido.

Y uno de los primeros también en salir a los pueblos,

en conocer a esos españoles tantas veces olvidados.

Ahí Unamuno tuvo un papel muy próximo al campo y a los intereses

que posiblemente no eran tanto los de la patria como él decía,

sino los intereses de la gente que buscaban otro lugar donde vivir.

A Unamuno esto le escandalizó, el que se pudiera despoblar

de esta forma determinados lugares de Salamanca

y mantuvo una postura en gran entereza para él

defendiendo que no tenía derecho de hacerse este tipo de despoblación.

"Arrojaron a los vivos las orejas y a poblar van desterrados

los desiertos de la América tragándose sus quejas.

Y han arado el camposanto de sus muertos.

Con las piedras que ciñeron sus hogares

ha hecho cercas la codicia de los amos".

Unamuno, como muchos intelectuales,

opina que el cobrar la renta de la tierra

y el ser absentista no tiene sentido

en una sociedad que necesita cultivos

y necesita tierras donde sobrevivir.

"Hay gentes que hablan de revolución.

Yo no creo en la revolución desde arriba,

ni en la revolución desde abajo, ni en la revolución desde en medio.

No creo más que en la revolución interior, en la personal,

en el culto a la verdad.

No creo que las cosas se hacen a golpes.

Y eso solo puede sucederle a un pueblo epiléptico".

Pero precisamente por ese compromiso con su sociedad estaba usted

poniendo en peligro su cargo de la universidad,

plantando cara a la monarquía y a todo un sistema político

que mantenía anestesiada a España.

Yo creo que Unamuno siempre se sintió

en esta etapa de rector como un hombre vigilado.

Y esto me sirve también para decir que acabó como un hombre solitario.

Incluso el padre Cámara hasta 1904, que es cuando muere,

va a intentar por todos los medios luchar

contra la influencia de Unamuno.

El lema que entonces servía para orientar ideológicamente

a los católicos era: "El liberalismo es pecado".

"Una terrible paz modorrienta, una paz de osario moral,

pesa sobre nuestra ciudad, donde ni siquiera un eficaz

y arrollador cacique surge.

En todos los órdenes, acabando por el político,

la consigna es no alterar no que hay".

Algo que pone siempre de manifiesto, a veces muy explícitamente

es que su pensamiento y soluciones son también las de España.

Él se identifica de alguna forma con España

en algún momento casi insoportablemente

porque parece que es el único interprete

o el español que sabe por excelencia lo que hay que hacer con España.

Pero como la España convulsa de su tiempo era como era también él,

digamos que esa simbiosis entre Unamuno y España

no es dogmática.

Y en 1914, el año en que publica "Niebla",

y antes de que le expulsen del rectorado,

seguramente porque ha acabado sacando de sus casillas

a Palacio y al Gobierno, entre otras cosas con sus campañas agrarias,

usted no se entrega a otro libro para comprendernos

y comprenderse usted mismo un poco mejor.

El sentimiento trágico de la vida.

Hay un cierto elemento de eternidad en las naciones

pero pertenece a la intrahistoria, digamos a los pueblos.

Y en cambio los individuos y las naciones pasan por el mundo.

Es una posesión muy unamuniana, la fugacidad de la vida

de los hombres y de las naciones

y sin embargo la permanencia de los pueblos.

Lo que le interesa a Unamuno

es plantear este elemento de tragicidad

o derivado de la finitud de la vida

en los individuos y en las naciones.

Frente a eso está lo que él dice citando a Horacio,

el "non omis morian", "pero no todo morirá".

"Pero no todo morirá".

Hay algo que queda. Las naciones no pueden morir.

Dice que a usted también le preocupaba alcanzar

una suerte de inmortalidad a través de su obra.

"Hay que inmortalizar nuestro fantasma aquí abajo.

Tenemos que pasar a la historia.

Hay que alcanzar los favores de la sin par Dulcinea.

La gloria".

Pero de momento son ya muchos los que ven en usted

el rector depuesto que ahora vive en una casa

de la calle Bordadores con su familia,

la referencia moral de ese país que se consume.

Todo el mundo parecía quererle en sus filas.

Es verdad que fue elegido concejal del Ayuntamiento,

pero donde aspiraban a verle algún día era en el congreso.

"Todavía no he perdido la fe en la acción política,

pero no tengo ninguna en la parlamentaria".

El ministro le cesó como rector,

pero sus compañeros le nombraron por unanimidad decano

y poco después, vicerrector.

Pero en este arranque de la década de los 20,

el dedo inquisitorial de sus artículos

a quien señala con más energía

es a ese monarca al que no deja de fustigar.

Uno de esos escritos contra Alfonso XII

le ha valido la condena, aunque no se ejecute

de 16 años de prisión.

"Truene sobre los tronos todos,

truene el tenebroso nubarrón cargado de diluvio y truena,

que es de más pavor, bajo el suelo.

No solo las aguas,

las tierras se conmueven y revuelven.

Pero hay faraones a los que Dios parece haber ensordecido,

como aquel que echó de Egipto al pueblo escogido".

Y usted escribía y escribía.

¿Pero qué va a hacer, don Miguel, cuando su homónimo,

el general Miguel Primo de Rivera,

con la aquiescencia del monarca,

de en 1923 un golpe de Estado?

"Yo creía que ese ganso real que firmó el afrentoso manifiesto

del 12 de septiembre, padrón de ignominia de España,

no era más que un botarate sin más seso que un grillo,

un peliculero tragicómico,

pero he visto que es un saco de ruinas y rastreras pasiones".

(GRITA) Esa trayectoria gloriosa

que le corresponde correr a España...

-La idea de tener un militar al frente del Gobierno,

a Unamuno le repugnaba, le horrorizaba.

En ese sentido, era retrospectivamente antiesparterista,

a pesar que Espartero había sido liberal.

Han conseguido encenderle,

su apasionamiento es más incontenible quizá que nunca,

y usted es hombre al que no se calla fácilmente.

Me imagino pues, que no le sorprendió nada

que en 1924 la dictadura le desposeyera de sus cargos.

Otra vez la misma historia.

Y le condenara al destierro en Fuerteventura.

Y puedo entender, créame, que rechazara la posibilidad

que le brindaban algunos amigos para fugarse.

"Volveré, no con mi libertad,

que nada vale, sino con la vuestra".

De nuevo ese alto grado

de identificación con España, don Miguel.

Usted ha elegido ser un símbolo,

el del intelectual comprometido que no cede,

que no transige mas que ante la verdad.

Atrás queda Salamanca, su familia, sus amigos.

Son muchos los que aquí y en el extranjero

pidieron su indulto.

Y varios los que le animaron a que usted mismo lo solicitara,

lo que es conocerle bien poco.

Para cuando el dictador decidió indultarle, unos meses después,

usted ya había aceptado el plan de fuga de unos amigos

para escapar hasta Francia en una vieja goleta holandesa.

Los símbolos, y usted se había convertido en uno de ellos,

tienen que llevar a veces hasta el final sus pulsos.

"Olas que sois ensueños del océano

y en cuya vista mi recuerdo anego,

lavad meciendo mi pasión, os ruego,

mas sin abrirme el misterioso arcano.

¿Cuándo, Dios de mi España,

pondrás tasa al baldón de tu pueblo envilecido,

no pueblo no, sino cobarde masa".

Todo el mundo se lo disputó en Francia.

Todo el mundo quería conocerle, hacerse una foto con usted.

Pero nada de todo aquello contribuyó a paliar su nostalgia.

"Cierro los ojos para ver,

cierro los ojos para ver,

cierro los ojos para ver".

Sí, son muy famoso en Europa, tan famoso como Lenin,

Y acudían escritores de Francia, de Italia, de Holanda también

a entrevistarlo en Hendaya.

O sea, que Unamuno era una figura muy famosa en Europa,

y cada cosa que escribía,

se traducía inmediatamente, como por ejemplo,

"La agonía del cristianismo",

hasta incluso apareció en francés antes que en castellano.

Nostalgia de su hogar en Salamanca

que se acentuaba con alguna de las visitas de su mujer.

Nostalgia de España.

Nostalgia, como siempre, de su País Vasco,

lo que le llevó a instalarse en Hendaya para sentirla allí cerca.

Casi a tiro de piedra.

"Verdor nativo,

la niñez que vuelve y el porvenir disuelve.

Juega el sol con las nubes y sonríe,

la mar me cuna, y en sus olas la cuita se deslíe,

con ello mi fortuna,

brotan aquí, en Hendaya,

las aguas lentas de mi fiel Vizcaya".

Qué ironía que la dictadura le suspendiera de su cátedra,

por no acudir a sus clases.

Pero una buena parte de España sentía ya que aquel régimen,

y la monarquía misma, tocaba a su fin.

Cuando usted firmó el manifiesto a favor de una república,

estaba ya intuyendo la caída de Primo de Rivera,

que tuvo lugar en 1930.

Usted, don Miguel, cruzó la frontera para regresar a su universidad

prácticamente al mismo tiempo que el general

la cruzó en sentido inverso para exiliarse en París,

donde moriría poco después.

La hora de la república había llegado.

(GRITOS) ¡Viva la república!

(Marcha republicana)

"Hay que comprender que la república en España

tiene que ser para todos los españoles,

republicanos o no republicanos".

Le veo, don Miguel, de nuevo empeñado en la acción.

Concejal por la coalición republicano-socialista

en las elecciones de abril de 1931,

aquellas que empujan al monarca a abandonar España.

Y le veo en el balcón del ayuntamiento de Salamanca

proclamando el advenimiento del nuevo régimen,

ante el fervor popular.

El entusiasmo de Unamuno por la Segunda República

fue indudable. Hizo un discurso

en el que claramente

llama a la ilusión republicana.

Termina así: "...y ahora mucha serenidad y tranquilidad,

a ser ante todo hombres, a no doblegar la cerviz

ante los poderes que carecen de autoridad.

El porvenir es nuestro".

Usted había contribuido como pocos a ese cambio.

Y la República le nombró alcalde honorario de Salamanca,

y le repuso en su puesto de rector.

¡Menudo vaivén!

Lo que no acabo de entender

es que desconfiando como desconfiaba de los representantes parlamentarios

entrara como diputado en aquellas nuevas Cortes.

"La mayoría de los políticos viven del engaño

y en él quieren mantenernos a todos,

sin darse cuenta de que no es posible

idiotizar a los ciudadanos libres, que conservan la cabeza en su sitio,

y un espíritu crítico al cual no van a renunciar".

"¡No huyáis, cobardes y viles criaturas,

que un solo caballero es el que os acomete".

Sin embargo, en 1931

es el diputado más votado en Salamanca, no en la ciudad,

en Salamanca, consiguiendo un 14 y pico por ciento de votos.

Qué desgaste, don Miguel, tener que vérselas,

a veces casi en solitario, contra tantas nuevas decisiones.

Como el Estatuto de Cataluña,

o la cooficialidad de las lenguas regionales.

Hizo críticas importantes

haciendo como digo, el papel de la negación

pero cuando llegó el momento de asumir, diríamos, como síntesis,

sus propias críticas, Unamuno acabó votando

a favor del Estatuto de Cataluña.

Siempre discutiendo, poniendo todo en duda,

para obligar a sus contrarios a reflexionar de lo que defienden.

"Hay que procurar que todo ciudadano español sea buen español,

y después, que sea universal".

Esta vez va a ser más que desencanto.

Va a ser hastío.

Hastío de las luchas partidistas.

Hastío de la sinrazón de las masas.

No me sorprende que en 1933,

el mismo año que entrega a la imprenta su novela

"San Manuel Bueno Mártir"

desechara la idea de presentarse a la reelección.

"España está entregada a la más lamentable anarquía,

a luchas de supuestas clases,

a luchas de comarcas, a luchas de confusiones.

Y si ha de constituirse algo,

ha de ser sobre el sentimiento de justicia,

que no es venganza ni represalia".

Y para colmo,

para sumarse a esa sensación de que España, su España,

está perdiendo la cordura,

muere su mujer, doña Concha.

La abnegada doña Concha.

La que ha soportado estoicamente todas sus depresiones,

todos sus arrebatos.

"Me llega desde el olvido, tierna canción de ultracuna,

que callandito al oído, me briza eterna fortuna.

Es el perdido recuerdo de mi otra vida perdida.

Me dice, por si me pierdo,

¡vuelve a tu primer partida!

(Música popular vasca)

¿A quién puede importarle en esas circunstancias

que coincidiendo con los fastos de su jubilación,

en septiembre de 1934,

el presidente Alcalá Zamora

le nombre Rector Perpetuo de la Universidad.

O que se cree una cátedra que llevará su nombre,

o que se le haga Ciudadano de Honor de la República.

La República fue acogida por todos los españoles,

la mayoría se echó a la calle, pero tuvo muchos problemas.

Muchos republicanos vieron que el desarrollo de la República

no era el acertado, no se mantenía ese pacto social.

Las libertades de los individuos no se respetaban,

no había realmente un Estado limitado a la voluntad de los individuos.

Hemos llegado, don Miguel,

a uno de sus momentos más controvertidos.

Cuando en julio de 1936 se produjo el alzamiento militar.

¿Qué le llevó a usted,

a quien no le gustó nunca el protagonismo del ejército,

a ver aquel levantamiento con buenos ojos,

y a hacer un llamamiento a los intelectuales europeos

para que apoyaran aquellos sublevados?

"Hay que salvar la civilización occidental,

la civilización cristiana, tan amenazada.

Bien de manifiesto está mi posición de los últimos tiempos

en que los pueblos parecen regidos por los peores".

Unamuno no ve el levantamiento del 18 de julio

como un levantamiento fascista.

Cree que se trata de un pronunciamiento militar

que tiene como objetivo la rectificación de la República.

-Lo más duro llega a partir del 18 de julio de 1936,

el 19 en Salamanca,

que acaba en el asesinato de varias personas en la Plaza Mayor,

y Unamuno, al día siguiente, como si no hubiera pasado nada,

se sienta en un velador del Novelty, la Plaza Mayor,

aislado, pero sin negar que él está de acuerdo

con el movimiento salvador de España que va a acabar con la barbarie.

"Yo no estoy ni a la derecha ni a la izquierda,

yo no he cambiado, es el Régimen de Madrid el que ha cambiado.

Cuando todo pase, estoy seguro de que yo, como siempre,

me enfrentaré a los vencedores".

El Régimen de Madrid, en un acto simbólico,

le destituye de su cargo de Rector Honorario,

para los republicanos

se ha convertido usted en un apestado, en un fascista.

Esa idea de un Unamuno fascista

es la que agita desde el bando republicano

la prensa en esos momentos.

Yo creo que es absurdo, Unamuno era un liberal,

lo que pasa es que era un liberal al viejo estilo,

no hay que olvidar que realmente,

lo mejor de la inteligencia republicana,

empezando por Azaña y terminando por Besteiro,

o por Fernando de los Ríos, también se horrorizan

del sesgo que van tomando los acontecimientos.

Los sublevados le hicieron concejal de Salamanca,

y le repusieron en su cargo de rector.

Y usted, don Miguel, reconózcalo,

siguió durante un tiempo

viendo el horror solo en uno de los bando en liza.

"Estamos ante una ola de destrucción,

asesinatos y crímenes de todas clases.

Los comunistas nunca tuvieron una noción de política constructiva.

Los anarquistas, por su turno, no fueron rozados por tal idea.

Esos hombres están atacados de delirio furioso.

Tal vez se trate de una crisis de desesperación.

Las iglesias que saquean e incendian,

las imágenes que decapitan, los esqueletos que exhuman,

acaso sean solo gestos de desesperación".

Muy pronto ve que aquello no es una rectificación de la República,

aquello es la barbarie y aquello es una sublevación militar

que conduce inevitablemente a un régimen dictatorial

y a un régimen que vincula enseguida a los regímenes fascistas.

"La barbarie es unánime.

Es el régimen de terror por las dos partes.

España está asustada de sí misma, horrorizada.

Ha brotado la lepra católica y la anticatólica.

Aúllan y piden sangre los unos y los otros.

Y aquí está mi pobre España,

se está desangrando, arruinando, envenenando".

Unamuno escribe un texto durísimo

sobre la situación personal y política que está viviendo,

y lo titula "El resentimiento trágico de la vida,

notas sobre la Revolución y Guerra Civil españolas".

Y realmente es un texto impresionante

porque Unamuno aquí refleja

la soledad tan tremenda que está viviendo

y la decepción de los unos y de los otros.

Y es especialmente valioso

porque es lo último que escribió, poco antes de morir.

"Da asco ser hombre".

(Música)

"Está permitido matar.

¡Aprovechaos, vamos, aprovechaos!

Porque ahora se puede matar sin ningún tipo de responsabilidad".

(Música dramática)

Y así, don Miguel,

hemos llegado a donde empezamos.

El acto del 12 de octubre en el paraninfo de la universidad.

Hay discursos que se están haciendo

en esa mañana en la que está Unamuno presidiendo,

y mientras están hablando los demás conferenciantes,

Unamuno va escribiendo una serie de notas,

y cuando le tocó hablar a Unamuno,

cuestionó toda la idea de hispanidad y toda la idea de patria

que había sido defendida por unos soldados

y por un ejército colonial.

¿Quién estaba allí? Estaba Millán-Astray,

y evidentemente se sintió aludido

y fue cuando exclamó aquello de: "¡Mueran los intelectuales!"

Que fue respondido a su vez con una ovación múltiple

de: "Muera la inteligencia y viva la muerte".

Fue un incidente realmente de consecuencias graves.

Hoy se conserva una carta dirigida al hijo de Unamuno, Fernando,

por Francisco Bravo en la que le dice exactamente:

"Querido Fernando, que debes irte a Salamanca, (al hijo)

y convencer a tu padre que en tanto duren las circunstancias

evite actuaciones públicas que alarmen o indignen

a gentes que andamos metidos en la guerra.

Sería doloroso que a tu padre, cuya contribución

al Movimiento Nacional es tan significativa y magnífica,

sobre todo para el extranjero,

pudiera sucederle algún incidente desagradable".

"Horas de espera, vacías,

se van pasando los días, sin valor,

y van cuajando en mi pecho

frío, cerrado y desecho,

el terror".

Sigue escribiendo unas cartas muy valientes,

denunciando la situación,

fundamentalmente arremetía contra Mola

y el bombardeo inútil de Bilbao, decía él,

y escribe cartas, recibe periodistas, entrevistas, y finalmente,

este es el hombre que, inesperadamente,

porque no estaba con una enfermedad, muere el 31 de diciembre del 36.

Y que muere, aunque luego le entierran los falangistas,

pero que muere en sus últimas manifestaciones

enormemente crítico con lo que iba a venir,

de aquí no saldrá la paz, de aquí saldrá la victoria.

(Música)

Ha terminado la guerra principal,

la guerra contra usted mismo.

Y hoy es el entierro, a las 4 de la tarde.

Un grupo de notorios falangistas, qué ironía,

todos con camisa azul y sus correajes,

saca su féretro sobre el que se ha colocado

el birrete de rector,

de la casa de Bordadores para llevarlo hasta el cementerio.

El cortejo se ha detenido ante el nicho abierto

en el que reposa vuestra hija Salomé.

Manuel Gil Ramírez, que será alcalde de Salamanca,

hace el saludo a la romana

mientras la caja que os contiene se introduce en él.

Los presentes le secundan y extienden el brazo.

"¡Camarada Miguel de Unamuno" grita Gil.

"¡Presente!"

Le responde un coro de enérgicas voces.

(Música)

Imprescindibles - Unamuno, el pensador apasionado

59:53 19 mar 2018

El documental profundiza en la figura de Miguel de Unamuno, su pensamiento, "la creencia en una única revolución, la interior" y la influencia que esto supuso para nuestra sociedad en aquellos momentos.

Histórico de emisiones:
03/10/2014

El documental profundiza en la figura de Miguel de Unamuno, su pensamiento, "la creencia en una única revolución, la interior" y la influencia que esto supuso para nuestra sociedad en aquellos momentos.

Histórico de emisiones:
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