Dirigido por: Ana María Peláez

Serie de documentales sobre los personajes más destacados de la cultura española del siglo XX cada semana en La 2 y en RTVE.es. Dirigido por Ana María Peláez

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Para todos los públicos Imprescindibles - Domènech i Montaner, un arquitecto poliédrico - Ver ahora
Transcripción completa

Estamos en el Hospital de San Pablo,

una de las joyas del modernismo catalán,

una obra de Domènech I Montaner,

quizá la mas importante, por su volumetría, por su dimensión,

que hay en Europa.

Ha funcionado como hospital hasta mediados del 2009.

La actividad sanitaria desarrollada en esos últimos 100 años

ha dañado la estructura y la volumetría de los edificios.

El primer trabajo de la rehabilitación

ha sido deconstruir ese hospital

y una vez recuperados los volúmenes originales,

hacer todo el trabajo de rehabilitación

para adecuar esos espacios a nuevos usos.

Mi bisabuelo, Lluís Domènech I Montaner,

fue uno de los arquitectos más importantes del modernismo

en la Cataluña a caballo entre el siglo XIX y el siglo XX.

Domènech nació en 1849, en el seno de una familia de industriales.

Su padre era impresor,

fue de los primeros industriales que importó maquinaria moderna,

sobre todo de Alemania.

Y Domènech aprendió en su taller,

el rigor y el tipo de trabajo objetivo de las técnicas de impresión

y creo que él lo aprovechó

para su propia formación como arquitecto.

Aunque nació en Barcelona,

siempre estuvo muy vinculado a Canet del Mar,

localidad cercana de donde procedía su madre.

Por influencia de la empresa familiar,

empezó estudios de Ingeniería,

que abandonó para cursar Arquitectura en Madrid,

sede de la única escuela oficial en ese momento.

A pesar de su inclinación por las materias técnicas,

también estaba muy interesado en las Humanidades,

especialmente en la Historia.

Domènech era políglota.

Dominaba la lengua alemana, que aprendió de su institutriz,

lo que le dio acceso a la literatura técnica en alemán,

la mejor del momento.

Domènech I Montaner, con su compañero, Josep Vilaseca,

participaron en un concurso,

promovido por la Diputación de Barcelona,

para reunir en un solo complejo,

en una especie de Universidad Técnica,

la serie de escuelas de Artes y Oficios,

que existían en aquel momento.

Para hacer esto, viajaron por el centro de Europa

y de este viaje, importaron una serie de conocimientos técnicos

sobre nuevos materiales, sobre procedimientos,

que les influyó profundamente, en Domènech, sobre todo

y posibilitaron una nueva visión de la arquitectura.

El contexto era de rápido desarrollo de las ciudades,

los transportes, el comercio y la producción,

a raíz de la Revolución Industrial.

Las necesidades y las costumbres cambiaban

y la arquitectura debía responder a ello.

Tenía 29 años, cuando escribió un artículo,

a modo de manifiesto y programa para una nueva Arquitectura.

"Todo anuncia la aparición de una nueva era para la arquitectura

pero preciso es confesarlo,

nos falta aún un público de un gusto y de ideas afirmadas,

nos falta un público

al cual la enseñanza de dibujo decorativo en las escuelas

o la práctica en la apreciación de obras artísticas,

le den un sentimiento artístico.

Hace una serie de reflexiones de qué tipo de arquitectura

debe hacerse en aquel momento.

Y, después de analizar y descartar los estilos académicos miméticos,

propone una síntesis de los nuevos materiales,

de las nuevas funciones

y una especie de nuevo estilo que sería una relectura

de todo lo que la Historia de la Arquitectura nos ha deparado.

La arquitectura moderna, hija y heredera de todas las pasadas,

se levantará por encima de todas,

enjoyada con los tesoros de aquellas

y con los de la industria y de la ciencia.

El primer proyecto de importancia que realizó

fue un encargo familiar,

el edificio para la editorial de su tío.

Su proyecto rompe con lo anterior,

porque se atreve a mostrar lo que antes se escondía.

En la Montaner i Simón,

Domènech I Montaner aporta unas novedades.

Una es la propia fachada.

Sustituye, incluso, un primer croquis que había hecho de piedra,

por una fachada, que es la que se construye,

en ladrillo totalmente visto, cosa insólita,

con unos elementos estructurales de hierro también a la vista

y, en el interior, utiliza una estructura modulada de hierro,

como estructura industrial, a la que estamos habituados,

pero que, en aquel momento, fue una novedad total.

Por entonces, contaba 30 años y ya hacía tres que era catedrático

en la reciente escuela de Arquitectura de Barcelona.

Como las cátedras más importantes estaban ya dirigidas

por guetos de mayor edad,

él inventó una asignatura

llamada Aplicación de las Ciencias Físicas a la Arquitectura.

Esta asignatura es la moderna asignatura de Instalaciones,

donde se enseña lo que es la calefacción,

la refrigeración, ventilación, la acústica, la iluminación,

todas las nuevas técnicas que hoy día aplicamos

con naturalidad a la Arquitectura,

entonces, no se enseñaban y Domènech la sintetiza en un curso

del que se conserva un programa original muy interesante.

Precisamente, la escuela de Arquitectura de Barcelona

fue decisiva para salvar la ciudad del desastre,

cuando la iniciativa privada se vio incapaz de tirar adelante

la Exposición Universal de 1888.

En sólo un año, levantaron los edificios para el certamen.

"La Exposición Universal, mito ayer, empresa risible luego,

determinación lejana después,

siempre tropezando con obstáculos de todo genero,

ha llegado a ser un hecho glorioso

para la historia de esta región privilegiada,

que hace del trabajo un culto y del progreso, una deidad".

A Lluís Domènech I Montaner le correspondieron

dos proyectos públicos: el Café Restaurante

y la reforma de la Sala de Plenos del Ayuntamiento de Barcelona,

conocida como Salón del Consejo de Ciento.

Recibió el encargo privado de proyectar

el gran Hotel Internacional.

Ahí tuvo la oportunidad de materializar sus reflexiones.

El Café Restaurante es un edificio importante,

porque es un edificio a cuatro vientos.

Hasta ese momento, Domènech no había podido hacer

un edificio de esas características.

Él quería romper con los esquemas neoegipcios, neoclásicos, etc.,

porque pertenecía a una rama política

que defendía el nacimiento de la Cataluña independiente

y eso tenía un origen en la Edad Media.

Exteriormente, el edificio parece un castillo,

tiene aspecto impenetrable.

Un edificio que tiene la idea de San Agustín

de "La ciudad de Dios",

en la que las cuatro torres defienden un ámbito interior.

Cuando entramos en el edificio, es muy diáfano,

es un edificio muy abierto.

Ese edificio mezcla muchas cosas:

el ladrillo de Toledo, el arco romano sobre la puerta principal,

mezcla esas almenas de los castillos, mezcla el hierro

y el hierro está mezclado, a la vez,

con la idea de la aguja alemana.

Es un edificio que mezcla muchas cosas,

como cualquier buen edificio ecléctico del siglo XIX.

Todo eso junto a la arquitectura nueva y moderna,

que es lo que a él le interesó desde un primer momento.

Cómo conseguir una arquitectura nacional y moderna simultáneamente.

Domènech idealizaba la Cataluña medieval,

como su momento de máximo esplendor y autenticidad.

Y apostaba por reforzar la identidad catalana del presente

con los referentes del pasado.

Eso le llevó a convertirse en un experto en heráldica

y en armas medievales.

El símbolo, el detalle, como dicen los historiadores del arte

no es superfluo, sino que es la intensificación de la forma.

Domènech entendía que el detalle no era una cosa añadida,

sino que era inherente a la propia forma,

es lo que daba fuerza a la propia forma.

Todo eso no son decoraciones,

como hoy entendemos la palabra decoración,

hoy la entendemos, incluso como un insulto.

La decoración es lo que se podría eliminar

y el edificio quedaría igual.

Domènech no lo entendía así

como buen arquitecto del siglo XIX que era.

En un principio, Domènech lo acabó para seguir siendo restaurante,

pero inmediatamente el municipio se dio cuenta

que no le hacía falta un restaurante tan grande

y cambió de función.

El alcalde le dice: "vamos a hacer un Museo de Historia".

Luego se convirtió en Museo de Zoología,

también, ningún problema.

El edificio es lo suficientemente arquitectura,

para mantener todos esos usos y seguir existiendo.

El Gran Hotel Internacional fue el otro gran proyecto

de Domènech I Montaner,

con motivo de la Exposición Universal de Barcelona de 1888.

Nació ya como un edificio efímero,

de muerte programada.

Se construyó en terrenos del puerto, ganados al mar.

Fue una gran aventura constructiva, un alarde de ingenio y organización.

Cubrió aguas en sólo 53 días y se concluyó en 83.

Es un edificio que se construyó fuera de medida.

Es un edificio que no cumplía las expectativas de la propia ciudad

Es un edificio extraordinario,

porque tenía una medida extraordinaria.

Estaba hecho para la ocupación de unas personas extraordinarias

y además usó unos métodos consultivos extraordinarios.

"Prosiguen activamente los trabajos para la construcción del hotel

del Paseo de Colón".

Era un experimento, que consistía en colocar unas vigas,

unos raíles de tren en el suelo,

construir unas bóvedas de cerámica entre ellos

y hacer que eso trabajase como una losa de hormigón continuo.

Lo que hoy llamaríamos una losa.

Lo que hacía era repartir el peso del edificio

no en unos puntos concretos,

como en los edificios tradicionales en aquel momento,

sino repartirlos en una superficie continua y homogénea.

Así, cada centímetro cuadrado del terreno resistía poco peso.

Para agilizar las obras, usaron materiales de serie

y elementos repetitivos.

Las diferentes brigadas trabajaban a destajo a lo largo del edificio,

en tareas muy concretas y simples.

Si se presentaba alguna dificultad, pasaban de largo

y seguían a lo suyo.

Entre turnos, Domènech con sus ayudantes,

hacían una ronda para solucionar estas incidencias,

al mando de una brigada especial,

que realizaba los arreglos de emergencia.

En total, se emplearon 650 albañiles y peones,

100 carpinteros y 40 enyesadores.

Todos ellos muy bien pagados.

La huelga de diciembre del 87 no afectó al hotel,

afectó a todas las obras, pero no al hotel.

Siguió trabajando de día y de noche.

"Las dificultades que tuvieron que vencerse fueron innumerables

y muchas veces, despertaban al Sr. Domènech

a altas horas de la noche,

para preguntarle cómo se resolvía algún inconveniente grave

que había surgido.

Y él, en un abrir y cerrar de ojos, reconstruyendo mentalmente la obra,

contemplando el plano en el espacio, contestaba de forma precisa

y se volvía a dormir.

Y lo que está haciendo es en un edificio muy largo,

él parte el hotel con un eje de simetría,

en donde está la entrada, la recepción

y los elementos comunes al hotel.

El Café está en un extremo y el restaurante está en el otro.

Y esto lo une no fuera, sino dentro del edificio,

por una calle interior, que va del Café al restaurante

pasando por la recepción

y eso le permite a lo ancho de ese pasillo de esa calle interior,

colocar los alerones de recepciones,

donde se van a reunir los industriales,

que están exponiendo en la Exposición Internacional,

donde se van a hacer negocios,

con su mente organizadora salvó el reto.

Eso no hubiera pasado, si el ensanche no hubiera estado en construcción.

En ese momento, la industria de la construcción en Barcelona,

era una industria puntera.

"El Gran Hotel Internacional podría calificarse

como una construcción portentosa.

Recordando aquellos castillos y palacios

de que nos hablaban los cuentos.

Hechos como por encantamiento de seres sobrenaturales".

Era el hotel más monumental de España.

Ocupaba la mitad de un campo de fútbol.

En el gran vestíbulo central, cubierto de claraboyas,

había peluquería, estanco, camisería, dispensario de paraguas,

librería y despacho de localidades.

Tenía 600 habitaciones y una capacidad de 2000 huéspedes.

"Las habitaciones de la planta baja están destinadas a familias,

cada una de las citadas habitaciones se compone

de una sala, dormitorio espacioso, un gabinete tocador,

un cuarto para baúles o para criados y retrete".

Encontramos muchas cosas

que tienen que ver con el Café Restaurante.

Las torres de los extremos son torres de castillo.

Las almenas de la parte alta son medievales.

Su construcción despertó la curiosidad ciudadana

y fue blanco de la prensa satírica.

Barcelona se llenó de obras

a raíz de la Exposición Universal de 1888.

Pero esas molestias dieron como resultado

la urbanización de un amplio espacio,

beneficios económicos y proyección internacional.

Barcelona estableció entonces un modelo a seguir

para el progreso de la ciudad,

a través de la celebración de grandes eventos.

Las múltiples obras atrajeron a muchos trabajadores

y propiciaron cambios demográficos.

Las duras condiciones de trabajo espolearon la conciencia obrera.

La Exposición significó también el impulso al modernismo

en la arquitectura.

Un estilo que imprimió carácter a la ciudad.

Y el Gran Hotel Internacional, así como se armó, se desarmó.

Tenían que derribarlo 20 días después del fin de la Exposición,

pero los pleitos para prolongar su vida,

le permitieron cumplir un año.

"De todos los alardes que hizo,

de todas las audacias que llevó a cabo Barcelona,

en el glorioso año de 1888,

aquel fue el mayor, el más digno de no ser olvidado".

Fue un acontecimiento arquitectónico de trascendencia internacional.

El alcalde de Nueva York se interesó por el edificio

y quiso saber si, en realidad, se había construido

en el tiempo récord de 83 días.

43 años más tarde, el Empire State Building fue edificado

en sólo un año y 45 días.

Un nuevo alarde de logística.

El Café Restaurante y el Gran Hotel Internacional

dieron gran popularidad a Domènech, que tenía entonces 38 años.

"Era de estatura regular,

pero con aspecto distinguido y esbelto.

Hablaba poco con una cierta timidez, brusco en ciertas ocasiones.

Alguna vez irritable por su temperamento tímido,

era, en el fondo, un corazón que se inflamaba

de santa indignación por la injusticia

y se fundía de ternura con la bondad".

"Áspero por fuera y tierno por dentro.

Luchador, susceptible y mordaz.

Erudito, hombre de acción.

Gran organizador y gran trabajador

y, a la vez, muy negligente con sus propios bienes.

Contradictorio, pero muy digno de admiración".

"Trabajador infatigable más inclinado

a la tarea reposada de investigación en museos, archivos y bibliotecas

o a los viajes y excursiones, que a la dura y exigente de las obras

entre operarios, contratistas, juntas y propietarios.

Renaixença fue un movimiento novecentista en Cataluña,

que tiene sus raíces en el Romanticismo.

Con su característica exaltación de la patria

y las glorias del pasado.

Fue una época de concienciación nacionalista,

centrada en la recuperación de la lengua catalana,

que, desde hacía 100 años, no era oficial

y de todas las manifestaciones culturales propias.

Lluís Domènech i Montaner pertenece a la generación

de finales del siglo XIX,

la última generación de la Reinanxença catalana.

Y es un caso atípico,

porque es, sobre todo, un gran arquitecto,

un hombre de éxito profesional,

que vincula su actividad profesional también

con una notable catalanidad

y con una militancia en el catalanismo.

Como presidente del Ateneo barcelonés,

organiza la gestión de lo que será un manifiesto

a la reina regente,

en la que reivindica para Cataluña una consideración especial

y se plantea claramente el propio concierto económico

y la descentralización de España.

"Vos, mejor que nadie, en estos momentos,

podéis juzgar hasta qué punto está obligado

por el más sagrado de los deberes un pueblo como el nuestro,

a reclamar lo que le pertenece".

Domènech era presidente de la Unión Catalanista,

organización que reúne a la inmensa mayoría

de las asociaciones catalanistas, que hay por todo el país,

asociaciones de tipo local, comarcal, diarios, revistas,

que se reúnen en marzo del 92,

aquí, en la Sala del Ayuntamiento de Manresa,

para crear, debatir y aprobar lo que será un programa,

unas bases de cómo desearían que se constituyera Cataluña

dentro de la monarquía española.

"Cataluña será soberana de su Gobierno interior,

por lo tanto, dictará libremente sus leyes orgánicas,

se ocupará de su legislación civil, penal, mercantil y procesal.

Del establecimiento y recaudación de impuestos,

de la acuñación de moneda

y tendrá las demás atribuciones inherentes a la soberanía

que no correspondan al Gobierno central".

Ahí aparece como el inspirador, el protagonista,

eso le permitirá que, pocos meses después,

el general, Polavieja, busque un acercamiento a Domènech

para ver si se hace una confluencia entre descentralizadores españoles

y moderados catalanistas.

"Manifiesto mis ideas descentralizadoras

y mi firme resolución de dar a la vida regional

en todo lo que afecta a la unidad del Estado

y al ejercicio de la soberanía,

la amplitud necesaria para que se desenvuelva

sin las trabas a que hoy está sujeta".

Para congraciarse, Polavieja mandó que el Estado se hiciera cargo

del nuevo mausoleo para Jaime I,

rey de la Corona de Aragón en su momento de máximo esplendor.

Domènech i Montaner se encargó de ello.

Para él, fue una gran satisfacción rendir con su obra un homenaje

a su venerado rey medieval.

Eso no acaba de cuajar,

pero sí le da suficiente identidad y prestigio

para que, en 1901,

cuando, ante la crisis política española existente,

se configura una candidatura a diputados a Cortes,

de lo que podíamos llamar la sociedad civil catalana,

frente a los partidos españoles del turno dinástico,

los conservadores y liberales.

Y la victoria de esta candidatura, en 1901,

implica una cierta ruptura política,

porque, por un lado, es la irrupción de los catalanistas

en la política española.

Aparecerán cuatro diputados elegidos,

en la ciudad más poblada de España, en Barcelona

y significa la primera derrota

de las candidaturas gubernamentales españolas

en todo el Régimen de la Restauración.

Cuando Robert y Domènech i Montaner van como diputados a Madrid,

serán mal recibidos.

Se les acusa de separatistas, en ningún momento, lo han sido,

de sectarios, reaccionarios

y tendrán grandes dificultades

para poderse insertar en la política española.

Se convierte en un hombre muy escéptico

y, cuando aparezca dentro de su Partido,

de la Liga Regionalista,

un sector más partidario de tender puentes

y pactar con los partidos españoles,

como el sector de Prat de la Riba y Francesc Cambó,

él se opondrá notablemente.

"Había unos cuantos individuos

que, por ambición, vanidad o inconsciencia,

eran capaces de comprometer el Organismo que tanto amaban".

Esto provoca una escisión,

la decepción final de Domènech de la vida política

y el hecho de que se fuera marginando y ser al mismo tiempo marginado,

como individuo incómodo,

porque es de los que dice lo que piensa,

Lluís Domènech i Montaner desaparece del mundo político catalanista

cada vez más, al tiempo que entra

en la etapa más culminante de su obra como arquitecto.

Los artistas modernistas, como Domènech i Montaner,

fueron muy populares en Cataluña.

El modernismo fue uno de los periodos más brillantes

del arte catalán.

Aunque fue mucho más que un movimiento artístico,

ya que se extendió al ámbito político, intelectual y moral.

Ser modernista era una actitud vital,

una forma de vivir colectiva,

con la cual la población se sentía muy identificada.

Impulsó Cataluña

hacia una modernidad de corte europeo

y reforzó su identidad.

Cuando se estaba formulando el modernismo en Europa,

en Cataluña, se buscaba hacer algo distinto.

Algo moderno y, a la vez, autóctono.

Algo lógico, porque, en los años 90,

es cuando se define el catalanismo político.

Y se buscan las raíces.

Y esta aparente contradicción, entre modernidad y sentido autóctono,

es lo que diferencia al modernismo catalán.

En este línea, Domènech buscó recuperar los oficios artísticos

de los antiguos gremios.

Relacionaba la decadencia de los gremios medievales,

con la de las estructurales políticas y sociales de Cataluña.

Domènech i Montaner consiguió reunir a su alrededor

una serie de artesanos e industriales

de primerísima categoría.

El modernismo catalán

y otros movimientos artísticos contemporáneos, en Europa,

apostaron fuerte por las artes aplicadas y decorativas,

que experimentaron en esa época, un enorme desarrollo.

La producción se benefició de las innovaciones técnicas

que permitían formas antes imposibles de conseguir.

Domènech actuaba como criterio organizador

en esa auténtica obra colectiva.

Con el objetivo de conseguir una obra total,

una armonía global.

Los arquitectos, realmente, eran los que organizaban

cómo tenía que funcionar la estructura del trabajo,

los arquitectos y los propietarios,

porque el propietario tenía mucho que decir.

Es un movimiento burgués.

Es una nueva clase social,

que hace de su manera de vivir un distintivo,

pero lo que es curioso es que el modernismo

fue un estilo muy popular.

Ese retorno a lo artesanal se daba también

en otras sociedades industrializadas

como reacción a la producción en masa.

Se convirtió en un signo de distinción.

Se trataba de que todos los objetos de uso cotidiano

estuvieran bien diseñados

y hablaran del refinamiento de sus propietarios.

Desde el siglo XV, hasta el XIX, la arquitectura y artes decorativas

habían sido los estilos históricos que se iban repitiendo y repitiendo.

Finalmente, en el modernismo, cierran la puerta a los históricos

y se inspiran en la naturaleza.

Esto es un campo increíble.

Un ejemplo conspicuo de utilización de toda clase de artes aplicadas

es este palacete urbano de Domènech i Montaner,

la Casa Navas, en la ciudad de Reus.

Reus era entonces la segunda ciudad de Cataluña,

en riqueza y población.

Domènech recaló en la ciudad,

a raíz de su amistad con un político local

y dejó en ella obras importantes.

La Casa Navas es un símbolo de lo que es la vivienda

en Cataluña, es decir, es tienda y casa.

Primero, tienda, luego, casa.

Todos los bajos eran una tienda.

Navas y su mujer, Pepa Blasco, no tenían carruaje,

porque como eran modernos, viajaban en tren.

Es una casa que no tiene cocheras.

La planta baja tiene una tienda espectacular.

La Casa Navàs marca una evolución clara del lenguaje arquitectónico

de Domènech i Montaner.

Desde la sobriedad y la lógica neomedieval,

hasta la fantasía y creación de ambientes.

El tratamiento de la luz es de una calidad extraordinaria.

Dominaba mucho el uso de las claraboyas

y además trabajó con un equipo de primerísima fila,

que era la empresa de Rigalt, Granell y Cía.,

que había hecho la mayoría de las claraboyas del modernismo

y muchas para Domènech i Montaner.

Eran casas muy aparatosas, muy de lucirlas todas.

Era el prototipo de la modernidad.

Se ha mantenido con los servicios como estaban en origen,

aquí puedes ver una cocina como era en 1905.

Y unos cuartos de baño como eran en 1905,

que, incluso, las canalizaciones de la luz y el agua,

son las originarias.

La Casa Navàs está también de símbolos.

Aquí es un programa relacionado

con la conquista de Mallorca de Jaime I,

que salió esta expedición de Salou, a 10 km de Reus.

"Nacida como princesa en un cuento de hadas,

a la luz sonriente de los vitrales transparentes,

todas las bellas artes fueron invitadas

y todas vinieron a traer sus presentes".

Las dos viviendas, en las que Domènech i Montaner,

consiguen crear un clima totalmente de viviendas,

son la Casa Navàs y la Casa Lleó Morera.

Hay dos cosas que unifican la Casa Navàs y la Casa Lleó Morera,

es la absoluta integración

entre las artes aplicadas y decorativas y la arquitectura

y el extraordinario gusto en el diseño.

"¿Dónde vas, Barcelona?

Espíritu catalán que has vencido la sierra

y has saltado la verja y te vas más allá,

con tus casas dispersas,

como embriagada de tan gran libertad.

Barcelona, aún con tus pecados, nuestra, nuestra.

Barcelona nuestra, la gran hechicera.

En esta época, Lluís Domènech i Montaner

ya era un auténtico referente ciudadano.

Su figura era representativa de la transformación que Cataluña

experimentó a finales del s. XIX y principios del XX,

la industrialización, el ascenso de la burguesía

y las aspiraciones de autogobierno.

Un pedido muy brillante el de Cultura Europea,

por la síntesis de las distintas especialidades

y de las distintas posiciones intelectuales.

Hay unidades de pensamiento que engloban pintura, música,

arquitectura, pensamiento político y pensamiento social, sobre todo.

Siempre animado por el ideal de construir un país mejor,

Domènech i Montaner ejerció a la vez de arquitecto,

urbanista, historiador, humanista,

fundador de partidos y periódicos.

Diseñador gráfico, ilustrador,

editor y aglutinador de iniciativas culturales y políticas.

Cuando aceptaba un cargo, asumía la responsabilidad

y la obligación de trabajar en un sentido,

no era presidente o secretario

sólo para cumplir los elementos reglamentarios de la burocracia,

sino que era para hacer una determinada transfiguración

en aquel ambiente.

Era una persona que reunía muchas condiciones

para ser requerido por instituciones culturales y cívicas.

Era arquitecto en una época en que esta profesión

tenía cierto prestigio social y daba garantía de estar

en las esferas influyentes de la sociedad.

Y dentro de las posibilidades del momento,

era una persona de la alta burguesía con sentimientos de izquierdas,

esto también le daba una situación de balance

entre un bando y otro de conservadores y progresistas.

Fue catedrático en la Escuela de Arquitectura de Barcelona,

durante 45 años, los 20 últimos como director.

Entre otros muchos cargos,

que su alto sentido de la responsabilidad,

le impedía rechazar.

Domènech i Montaner era un hombre polifacético

y entre sus actividades, destacó el interés por el Románico catalán.

A finales del s. XIX, principios del XX,

el arte románico no era valorado.

Personajes como Domènech i Montaner, pero no sólo él,

sino sus profesores, como Elies Rogent,

encontraron en el arte románico un material de estudio,

que les servía de distintas formas.

Por un lado, les daba el estudio

de los orígenes del pasado medieval de Cataluña

y de otro le servía para buscar elementos ornamentales

que le sirvieran para reorganizar o rehacer las artes industriales

que eran incipientes, en aquel momento, en toda Europa.

El excursionismo científico es un fenómeno de finales del s. XIX

al que Domènech se dedicó con su entrega habitual

con el objetivo de dar a conocer el país

y salvaguardar su patrimonio.

A principios del s. XX, Domènech junto a su hijo,

estuvieron haciendo varios viajes a distintos lugares de Cataluña

catalogando el Románico que aún existía.

En la arquitectura, hizo plantas de los edificios,

hizo descripciones muy detalladas de la ornamentación

que había en los capiteles románicos o en las pinturas

que aún se conservaban en algunos edificios

y, sobre todo, utilizó un método que hoy llamaríamos científico,

en relación al uso de la cámara fotográfica.

La mayoría de pinturas románicas, a principios del s. XX,

estaban escondidas detrás de retablos posteriores,

cubiertas por algunas capas de otras pinturas.

Domènech hizo la primera fotografía que hoy conocemos

de las pinturas de Sant Climent de Täull.

En la fotografía, se ve cómo el pantocrátor

sale de detrás del retablo que había en el altar.

Domènech usa la cámara fotográfica de una manera muy moderna.

Llamaba a su cámara "la detectiva"

y valoraba que la fotografía era una información objetiva.

Creó una sección de fotografía en la Escuela de Arquitectos

de Barcelona, adonde fue a parar este fondo.

Muchas de estas iglesias se saquearon,

después de la Guerra Civil, muchas obras de arte se perdieron

y algunas se restauraron,

con lo que la visión de Domènech de principios del s. XX,

es un material inédito de las iglesias románicas,

como estaban a principios de siglo.

"El monasterio es un inmenso esqueleto.

Todo se han llevado, altares y rejas,

puertas y ventanas, arcos y columnas.

Todo cuanto era arrancable y transportable

lo han quitado, queda solo la osamenta del gigante".

Domènech recogía toda esta información

del Románico catalán,

porque pretendía hacer una publicación

sobre la Historia del Románico en Cataluña.

Siendo presidente del Ateneo, hizo una conferencia

con la introducción de este libro que nunca se publicó.

La razón por la cual Domènech nunca publica

su Historia del Arte Románico, es porque uno de sus alumnos,

que, inicialmente, fue uno de sus alumnos predilectos,

Josep Puig i Cadafalch, a principios del siglo XX,

publica un arte románico en Cataluña.

"Hace poco este señor tan pretencioso se apropió de unos trabajos

sobre arte románico en Cataluña.

Hechos por simples alumnos de mi clase.

Subrepticiamente, sin permiso de sus autores, ni de la escuela,

los sustrajo del archivo,

valiéndose de la buena fe de un auxiliar.

Se ve traicionado por el que había sido su alumno predilecto,

que usa el material de base de su libro,

para poder hacer una lectura que, desgraciadamente, para Domènech

acaba siendo una lectura reconocida dentro del mundo

de la historiografía del Arte.

Son elementos que se suman a ese mal entendimiento

entre estos dos personajes,

que pertenecían a facciones políticas distintas,

que habían tenido una vida política también distinta

y que, claramente, hay uno que gana y uno que pierde.

Cuando, en 1905, Lluís Domènech i Montaner se le encargó construir

una sala de conciertos y sede social para el Orfeón catalán

apreció enseguida el valor simbólico del proyecto,

ya que esta institución cultural estaba en la vanguardia

de las reivindicaciones catalanistas.

Se lanzó, entonces, a crear su obra más exuberante y apasionada,

el Palau de la Música catalana.

A Domènech, el Orfeó catalá le encargó una misión imposible,

porque basándose en que el solar quedaba cercano a las viviendas

de los cantores del Orfeó,

en vez de coger un solar virgen en el reciente ensanche barcelonés,

le dieron un solar pequeño e irregular.

Domènech se ve obligado a poner la sala

a seis metros por encima del nivel de la calle,

porque la planta baja está dedicada a servicios del propio Orfeó català,

el archivo musical, las salas de reuniones, el bar, etc.,

el esquema de Domènech era un esquema muy claro,

donde una parte correspondía a los artistas,

una parte correspondía a la sala,

una, a los accesos verticales

y otra, a las salas de descanso, entrada, etc.

El cliente quería que cada socio del Orfeón tuviera derecho a asiento

pero el gancho del propio proyecto incrementó la afiliación

y Domènech tuvo que hacer malabarismos.

Domènech se vio obligado a invadir la zona de escaleras

y de zonas de descanso al público con la sala.

Esto le crea un problema grave y además como el solar,

es un solar que el Convent de San Francesc,

ocupa una parte importante de esta última crujía,

pues le daba en la sala, un bulto rarísimo,

que él intenta disimular con unas cerámicas de colores y tal.

El espacio era tan limitado que, incluso, encima de la sala,

dentro de la estructura que la sostiene,

había tres apartamentos dedicados al bedel que vigilaba

y cuidaba la sala.

Había váteres situados encima con el desagüe,

desaguando Dios sabe cómo.

A medio concierto se oía al perro del maestro, que ladraba.

Era una locura funcional.

Domènech quiso hacer una obra

en la que esos condicionantes pasaran desapercibidos.

Domènech tenía una obsesión por la luz natural,

es de las cosas mejores de su arquitectura.

Y se imaginó una sala que fuera una linterna de luz.

Tenía sus dificultades de aislamiento acústico,

por eso, hay poquísimas salas de conciertos en el mundo,

que tengan alguna ventana, la mayoría no tiene ninguna.

Y él decide que las fachadas eran de cristal,

que en el techo habrá una lámpara importantísima,

que es un patio con luz natural.

Y esto, en el solar que tenía, era imposible.

Entonces, abre un pequeño patio de menos de tres metros de anchura,

entre el Convent y la Sala

y piensa que la luz entrará simétricamente por los dos lados.

El tema de la simetría del solar está resuelto con tal talento

por parte de Domènech,

que es inapreciable para la gente que no es arquitecto.

Y es que la fachada importante del Palau

es más estrecha que el solar.

Es una cosa rarísima.

Entonces, Domènech crea una fachada muy original e insólita,

que tiene en su eje de simetría un gran pilar, no una gran puerta.

Entonces, crea este eje de la fachada,

que llamo EGB, para entendernos.

Y en el centro de una de estas grandes puertas,

está el eje de la sala.

De tal manera, que al entrar

parece que la entrada está en el eje de la sala,

cuando realmente está totalmente desplazada.

Esto está jugado con un grandísimo talento.

La sala es ligeramente trapezoidal.

Todos estos errores geométricos los juega con tal talento

que no nos damos cuenta que cada ventana es un poco diferente

o que cada anchura es un poco diferente.

Me parece que es de oficio ordenadísimo.

En este sentido, Domènech era un maestro.

Trabajé en la Casa Lleó Morera,

realizada en los mismos años que el Palau

y el contraste de materiales es notable,

porque lo que allí es mármol, aquí es imitación, es estuco,

imitación mármol

y lo que allí es una madera preciosa, aquí, es pino teñido,

pero, realmente, el dinero está muy bien empleado.

Este suelo es de rasilla, es cerámico, de hacer terrados.

El Palau está hecho con materiales muy pobres.

Los metros cúbicos que hay por espectador

están muy por debajo de lo recomendable.

El público está tan apiñado, tan cerca uno del otro,

que a pesar de esta desobediencia a los cánones,

la acústica del Palau es muy buena.

Y hay algo muy bueno en el Palau

y es que el público está muy cercano al intérprete.

Está tan apelotonado y tan superpuesto,

que el público está muy cercano al intérprete.

El escenario se mete en la sala.

Y de todas la maneras,

el escenario es una obra excepcional de Pau Gargallo,

de su época modernista,

de la cual, los críticos y él mismo después hablaban poco,

pero es brillantísima.

Esta alegoría de "Las valquirias", en aquel momento,

Barcelona era una ciudad wagneriana a tope

y los caballos desbocados, con las riendas de otro material,

porque son metálicas.

Las lanzas, alusión al arte clásico.

La idea del fondo tan figurativo y tan importante,

que después cuando cayó en desgracia se criticó mucho,

porque detrás de los músicos hay todo exceso de figuración.

Una cosa impresionante es que no hay dos pilares iguales,

ni en la fachada, ni en el interior.

Todos los pilares son diferentes.

Hay muchos temas recurrentes en Domènech,

pero hay una serie de símbolos catalanistas,

hay cuatro barras en muchísimos sitios,

que eran una aproximación ideológica entre Domènech y el Orfeó Català.

El Palau se hizo con muy poco dinero, por lo que ha sido al final.

El Orfeó Català consideró que Domènech había despilfarrado

y que ellos querían una sala muy sencilla

y hasta el final, tuvo problemas con el cobro de honorarios.

"Créame, Sr. Domènech, que querría ponerle en mi lugar

y estoy seguro que viendo despreciadas

las órdenes y consideraciones,

que de palabra y por escrito le hemos transmitido tantas veces,

habría propiciado una ruptura violenta.

"Por el afecto, que llevamos a la Institución.

A pesar de tratarse de un edificio público,

conviene reducir, en este caso, un 20% de los honorarios

que cobro a particulares".

"Confío que este último ruego

no será desatendido como tantos otros

y que, en la fecha indicada, sin más contrariedades y disgustos,

abriremos la sala, con la conciencia tranquila

de haber hecho lo que debíamos y aún más de lo que podíamos".

Cuando un movimiento tiene una popularidad que arrasa

y el modernismo, en Cataluña, arrasó,

porque la cantidad de ferreterías, farmacias, tiendas de tejidos,

que hay esparcidas por Barcelona, muchas de las cuales aún quedan,

panaderías, por ejemplo,

demuestran que fue un movimiento de una popularidad arrasante.

Cuando esto sucede, la caída es proporcional.

Hubo un momento en que una serie de intelectuales,

dijeron: "Nuestra tradición es la griega, la mediterránea,

el orden, la serenidad.

Y no, el gótico, el norte de Europa, los fantasmas, el Romanticismo.

Esto era anatema.

El extremo del mal gusto.

Si hubiera habido dinero, el Palau se habría derribado

y se hubiera hecho una sala nueva.

Al final de su vida, legó su obra más ambiciosa,

un hospital jardín.

El Hospital de San Pablo se sitúa en el centro de Barcelona,

dentro de lo que es la trama Cerdà.

Más o menos ocupa una cuadrícula de cuatro por cuatro manzanas.

Es una superficie considerable.

Y tiene una estructura de pabellones.

Como se solía hacer en ese momento,

en el que la salud iba muy vinculada al sol, a la ventilación,

a la renovación de aire, al paseo por los jardines.

Los ocho pabellones que se encuentran en el eje central,

junto con el de quirófanos y el pabellón de la administración,

que es el que da entrada al recinto,

son los que él pudo construir

y que siguen fielmente esta línea de construcción.

Y tiene una característica que es la unión por el subsuelo

a través de una red de túneles.

Son pabellones ricos en cuanto a su estética,

sobre todo, en la exterior,

a base de cúpulas, torres del agua, cubiertas con cerámica vidriada,

esta cerámica es un material muy utilizado,

que permite darle color y brillos,

que otros tipos de arquitectura no utilizan.

Se empezó con gran intención

de que estuvieran los pabellones muy enriquecidos y muy decorados.

El dinero se va acabando

y esto hace que los pabellones vayan perdiendo parte de su esplendor

pero principalmente en su interior.

A Domènech I Montaner, la ventilación le permitía realmente controlar

cuál era la temperatura que tenía dentro del edificio.

Éste es un concepto que es muy moderno

que, actualmente, es lo que buscamos en los edificios,

es el ahorro energético,

el aprovechamiento de los medios naturales

para poder hacer funcionar los edificios.

Domènech I Montaner culminó la primera parte de la obra.

Recibió entonces la medalla de oro del Ayuntamiento de Barcelona,

por ser autor de tres edificios galardonados

con el Premio Anual de Arquitectura.

Tras ello se retiró de la vida pública

y se dedicó a sus estudios eruditos durante 11 años.

"Españoles: Ha llegado para nosotros el momento más temido que esperado,

de recoger las ansias, de atender el clamoroso requerimiento

de cuantos amando la patria,

no ven para ella otra salvación que libertarla".

Domènech había diseñado en Canet de Mar,

el panteón familiar donde deseaba ser enterrado,

pero la coincidencia de su muerte

con la proclamación de la dictadura de Primo de Rivera,

desaconsejó un funeral con símbolos catalanistas,

como estaba previsto.

Se decidió entonces darle sepultura en un humilde nicho,

en Barcelona.

Lluis Domènech I Montaner, el arquitecto poliédrico,

tuvo dos tumbas para su sueño eterno.

Subtitulación realizada por Azucena Maire Montero.

Imprescindibles - Domènech i Montaner, un arquitecto poliédrico

58:44 04 mar 2016

Lluís Domènech i Montaner fue un arquitecto modernista catalán capaz de levantar un hotel como medio campo de futbol en 83 días. Autor del Palau de la música y del Hosp. de St. Pau dos edificios declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Histórico de emisiones:
08/04/2012

Lluís Domènech i Montaner fue un arquitecto modernista catalán capaz de levantar un hotel como medio campo de futbol en 83 días. Autor del Palau de la música y del Hosp. de St. Pau dos edificios declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Histórico de emisiones:
08/04/2012

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